Por serviros a todo aparejados,

lejos de vos, a vos son obedientes:

en cumplir son, señor, vuestros mandados,

sobre cuantos se hallan diligentes;

Canto X, Estr. 148.

»Mira esotro debajo que esmaltado

de cuerpos lisos anda, y radiantes,

que en él guardan su curso concertado

y en sus ejes se muestran las errantes;

bien ves cómo se viste y está ornado

de un largo cinto de oro que, estrellantes,

doce animales tiene figurados,

aposentos de Febo limitados.

»Mira por otras partes la pintura

que las estrellas claras van haciendo;

mira el Carro, la Barca y Cinosura,

Andrómeda, su padre, y el horrendo

Dragón, de Casiopea la hermosura,

de Orión el gesto tan tremendo,

mira el Cisne muriendo que suspira,

la Liebre, la Canícula, la Lira.

»Debajo de este grande firmamento

de Saturno es el orbe que prosigo:

Júpiter luego hace movimiento;

Marte debajo, bélico enemigo,

del ojo el cielo, tiene el cuarto asiento;

y Venus los amores trae consigo;

Mercurio, de elocuencia soberana;

con tres rostros abajo está Diana.

»En todos estos orbes diferente

curso verás: cuál grave, cuál más presto;

ora huyen del centro largamente,

ora hacen su curso cabe él puesto:

bien como quiso el Padre omnipotente

que el fuego, el aire y viento y nieve ha puesto,

a los cuales verás estar más dentro

y que tienen la tierra y mar por centro.

»Este centro es posada a los humanos,

que no sólo de osados se contentan

con sufrir de la tierra los insanos

peligros, mas la mar experimentan:

verás las varias partes que indianos

mares dividen, donde se aposentan

varias naciones, reinos eminentes,

en leyes y costumbres diferentes.

»Ve la Europa cristiana, muy más clara

que las demás en gracia y fortaleza;

África, de sus bienes tan avara,

inculta y toda llena de bruteza;

mira el cabo que siempre se os negara

que al Austro lo asentó naturaleza;

mira esa tierra toda, que se habita

de la gente sin ley casi infinita.

»Ve de Monomotapa el grande imperio,

de selvática gente negra y perra,

donde el santo Gonzalo vituperio

padecerá por Cristo y dura guerra:

nace por este incógnito hemisferio

el metal, por quien más la gente yerra:

mira del lago donde se derrama

el Nilo, cómo corre el río Guama.

»Ve las casas de negros siempre abiertas

y cómo viven todos confiados:

la justicia las guarda más que puertas,

y a ninguno sus bienes son robados:

mira las tierras de éstos ya cubiertas,

cual de tordos los árboles cuajados,

de Zofala cercar la fortaleza,

que defenderá Añaya con destreza.

»Ve las lagunas donde el Nilo nace,

que los antiguos nunca conocieron,

en cuya playa el cocodrilo pace

y gentes de Abasís en Dios creyeron;

a quien ni la muralla falta hace,

mas siempre a sus contrarios resistieron:

ve a Meroe, que isla fué de antigua fama

y ahora el natural Nobá la llama.

»Aquí en aquesta tierra un hijo tuyo

en armas contra el Turco será claro:

Don Cristóbal será el gran nombre suyo,

mas contra el fin fatal no habrá reparo:

ve la costa del mar, de do no huyo,

pues Melinde dió en ella hospicio caro:

el río, nota bien, que su romance

suele llamar Obi y entra en Quilmance.

»Ve el cabo que fué Arómata llamado,

y llaman Guardafú sus moradores;

de la boca comienza del nombrado

mar Rojo, que del fondo trae colores:

éste como mojón está arrojado

que Asia y África parte, y las mejores

poblaciones de Libia que aquí miro

Mazuá son, Zuarque, con Arquiro.

»Ve la extrema Suez, que antiguamente

de Héroas dicen ser ciudad nombrada:

otros dicen que Arsinoe, y al presente

con la flota de Egipto es afamada:

mira el agua do abrió por su corriente

camino el gran Moisés siendo tocada:

Asia comienza aquí, que se presenta

en tierras grande, en reinos opulenta.

»Mira el monte Sinaí, que se ennoblece

con el cuerpo de Santa Catalina:

mira Toro y Gidá, a quien enflaquece

la falta de agua clara cristalina:

las puertas del estrecho do fenece

el reino de la Adén, que allá confina

con la sierra de Arcira, piedra viva,

donde la lluvia nunca se deriva.

»Ve las Arabias tres, que tanta tierra

toman, todas de gente vaga y baza,

donde vienen caballos para guerra

ligeros y muy fuertes, de alta raza;

ve la costa que corre hasta que cierra

otro estrecho de Persia y hace traza

con el cabo que el nombre lo apellida

de Fartaque, ciudad allí subida.

»Mira a Dofar, insigne en oloroso

incienso, necesario al sacrificio;

y a Rozalgate, reino populoso,

cuyas playas desiertas hace el vicio;

mira el reino de Ormuz, que tan famoso

Castelblanco lo hizo con su oficio,

rindiendo a su valor la turca armada

por virtud de su brazo y de su espada.

»Mira el cabo Asaboro, que llamado

ahora es Mozandán de navegantes:

por aquí se entra el lago que es cerrado,

de Arabia y Persia tierras abundantes:

mira la isla Barén, que el fondo ornado

tiene de ricas perlas, rutilantes

más que la Aurora: ve en la agua salada

de Tigris y de Eufrates una entrada.

»Mira el persiano imperio memorable,

siempre puesto en el campo y en caballos,

a quien el cobre fué injuria notable

y no traer de las armas duros callos:

mas la isla Gerum, muy miserable,

que ve el tiempo sus muros derriballos,

muestra cómo de Armuza, que allí estuvo,

ella el nombre después y gloria tuvo.

»Aquí de don Felipe de Meneses

se muestra la virtud en armas clara,

cuando con muy poquitos portugueses

los muchos Párseos vencerá de Lara:

querrán probar los golpes y reveses

de don Pedro de Sosa, que probara

ya su brazo en Ampaza, sujetada

con valor de su capa y de su espada.

»Dejemos el estrecho y conocido

cabo de Iasque, Carpella llamado,

con todo su terreno mal querido,

de bienes de natura despoblado:

Carmania tuvo ya por apellido,

mas ves el Indo que del fresco lado

de aquella altura baja sonriendo,

y de otra igual el Gange está corriendo.

»Ve la tierra de Ulcinde fertilísima,

de Iaquete la íntima ensenada:

la henchiente de la mar mira grandísima,

la vaciante que huye apresurada:

la tierra de Cambaya ve riquísima,

donde del mar el seno hace entrada:

ciudades otras mil, que voy pasando,

a vosotros aquí se están guardando.

»La costa para el Sur corre indiana

y al cabo Comorí, Cori llamado,

que enfrente de sí tiene a Taprobana,

que de Ceilán el nombre haya tomado:

por este mar la gente Lusitana,

después de ti, vendrá con brazo armado:

tendrá victorias, tierras y ciudades,

y en ellas vivirá muchas edades.

»Las provincias que entre uno y otro río

ves, con varias naciones infinitas,

de varios reyes es su señorío

a quien el diablo dió leyes escritas.

Ve de Narsinga, que el terreno frío

las reliquias posee, santas, benditas,

del cuerpo de Tomé, varón sagrado

que la mano a Jesús metió en su lado.

»Aquí la ciudad fué que se llamaba

Meliapor, hermosa, grande, rica:

los ídolos antiguos adoraba

como lo hace aquesta gente inica:

lejos del mar en aquel tiempo estaba

cuando la fe de Dios Tomé predica,

que doctrinando al mundo ya pasara

provincias mil y a todas enseñara.

»Llegó aquí a predicar la salud, dando

a los enfermos y a los muertos vida:

acaso por la mar viene nadando

un leño de grandeza desmedida:

desea el rey, que andaba edificando,

llevarlo do la obra le convida,

y piensa de moverlo con pujantes

fuerzas de hombres, ingenios de elefantes.

»Era tan grande el peso del madero,

que para menearlo nada basta;

mas el nuncio de Cristo verdadero

menos trabajo en tal negocio gasta:

ata el cordón que trae por lo postrero

del leño y del gran peso lo desbasta:

tráelo donde se haga un sacro templo

que quede a los futuros por ejemplo.

»Sabía bien que si con fe formada

mandase a un hombre sordo que se mueva,

tiene de obedecer la voz sagrada,

que así lo enseñó Cristo y él lo prueba:

la gente queda de esto alborotada:

los bramines, que ven ser cosa nueva,

viendo aquestos milagros tan patentes,

han miedo de quedar menos potentes.

»Estaban ya con celos envidiosos,

temiendo que la gente en Dios no crea;

buscan maneras mil, casos astrosos

por do Tomé se vaya o muerto sea:

el principal de aquestos orgullosos

quiere que un caso horrendo el mundo vea,

que enemiga no hay tan dura y fiera

como la virtud falsa a la sincera.

»Un hijo propio mata, y luego acusa

de homicidio a Tomé, que era inocente:

con falsos testimonios, como se usa,

lo condenan a muerte brevemente:

el santo, que no ve mejor excusa

que apelar para el Padre omnipotente,

quiere delante el rey y los señores

un milagro hacer de los mayores.

»El cuerpo muerto manda ser traído,

que resucite y sea preguntado

quién fué su matador: será creído

por testigo fïel más aprobado:

el mozo se levanta con sentido

en nombre de Jesús crucificado:

da gracias a Tomé que le dió vida,

descubre ser su padre el homicida.

»Causó aqueste milagro tal espanto,

que el rey se baña luego en agua santa,

y con él muchos: uno besa el manto,

otro loor a Dios y a Tomé canta:

los bramines se hinchen de odio tanto,

púnzales con veneno envidia tanta,

que, persuadido el vulgo innoble, obscuro,

muerte le quiere dar sobre seguro.

»Un día que enseñando al pueblo estaba

fingieron en la gente un gran ruido:

ya Cristo en este tiempo le ordenaba

que con palma a los cielos sea subido:

la multitud de piedras que volaba,

al santo da, a la muerte ya ofrecido,

y un malo, por hartarse más de priesa,

por el pecho una lanza le atraviesa.

»Lloráronte, Tomé, el Gange famoso

y el Indo, con la tierra que pisaste:

más te lloran las almas que el lustroso

rayo de fe perdieron que enseñaste:

los ángeles con canto sonoroso

a la gloria te llevan que ganaste:

pedímoste, Tomé, que favorezcas

tus Lusos y que a Dios se los ofrezcas.

»Vosotros que usurpáis el nombre claro

de ser, como Tomé, de Dios enviados,

¿cómo os estáis de asiento, y sin reparo

dejáis a los infieles deslumbrados?

Sal sois, y si os podrís en vuestro caro

nido, donde profetas no hay nombrados,

¿con qué se salarán en nuestros días

(infieles dejo) tantas herejías?

»Mas paso esta materia peligrosa:

tornemos a la costa dibujada:

ya con esta ciudad tan populosa

se encorva la gangética ensenada:

corre Narsinga, rica y poderosa;

corre Orixa, de ropas abastada,

y al fin de aquesta entrada el dulce río

Ganges viene al salado señorío.

»Ganges, do es abusión de habitadores

que muriendo bañados, con certeza,

aunque hayan sido grandes pecadores,

recobran con esta agua gran pureza:

ve a Chatigán, ciudad de las mejores

de Bengala, que estima su realeza

y no ve que está puesta en tierra angosta

al Austro, ladeada a aquesta costa.

»Mira el reino Aracán, mira el asiento

de Pegú, que ya monstruos lo poblaron

monstruos hijos de feo ayuntamiento

de una mujer y can, que aquí se hallaron:

alambre usan aquí en el instrumento

de la generación, el cual usaron

por maña de la reina que, inventando

tal uso, fuera echó el error nefando.

»Mira Tauay, ciudad de do se sigue

de Sión el imperio tan crecido:

Tenasarí, Quedá, que dar prosigue

pimienta que su tierra ha producido:

mira cómo a estas todas las persigue

Malaca, con su imperio ennoblecido,

y cómo todas a ella por mil vías

procuran enviar mercaderías.

»Dicen que de esta tierra con pujantes

aguas el mar entrando dividiera

la noble isla Samatra, que ya de antes

juntas ambas la gente antigua viera:

Quersoneso fué dicha de abundantes

venas de oro que la isla produjera:

Áurea por epiteto le ayuntaron;

otros que fuese Ofir imaginaron.

»En punta de la tierra Singapura

verás donde el camino más se estrecha

a la flota; la costa a Cinosura

se encorva, y a la Aurora está derecha:

ve a Pan y Patane, reinos; la altura

de Sión a quien todo el lado pecha:

mira el río Menón, que se derrama

del grande lago que Chiamay se llama.

»Ve en este gran terreno diferentes

nombres de mil naciones no sabidas:

los Laos, en tierra y número potentes;

Anás, Bramás, por sierras tan cumplidas:

ve en los remotos montes otras gentes

que Geos se llaman, de silvestres vidas:

humana carne comen, y pintados

con husillos ardiendo son quemados.

»Ves pasa por Camboya Mecón río,

que capitán del agua se interpreta:

tantas recibe en sí por el estío

que los campos aniega e inquieta:

hinchentes tiene como el Nilo frío:

la gente de su orilla cree indiscreta

que los brutos tendrán de cualquier suerte

o gloria o pena eterna con la muerte.

»Este recibirá plácido y blando

en sí los tristes Cantos que mojados

vendrán, del gran naufragio miserando

de procelosos bajos escapados,

de hambres, de peligros grandes, cuando

serán con mando injusto ejecutados

en aquel cuya lira sonorosa

será más celebrada que dichosa.

»Mira la costa que Champá se llama,

con oloroso palo celebrada,

y a Cochinchina, sin su nombre y fama,

y de Ainán la incógnita ensenada:

aquí el soberbio imperio, que se afama

en tierras y riqueza no pensada,

de China corre, ocupa el señorío

desde el Trópico ardiente al Cinto frío.

»Mira el muro, edificio no creído,

que entre un imperio y otro se edifica,

indicio claro, cierto y conocido

de su grande potencia extraña y rica:

el rey que de ella es rey no es rey nacido,

ni la casta real se multiplica;

mas escogen por rey al más famoso

caballero, discreto y virtuoso.

»Aun otra mucha tierra se te esconde

hasta que venga tiempo de mostrarse;

mas las islas del mar no dejes, donde

quiso naturaleza señalarse:

esta medio escondida, que responde

a la China, por donde va a buscarse,

es Japón, donde nace plata fina

que ilustrada será con ley divina.

»Mira acá por los montes del Oriente

las infinitas islas derramadas:

ve a Tidore, a Ternate, y la ferviente

cumbre que de sí arroja llamaradas:

las árboles verás de clavo ardiente,

con Portuguesa sangre bien compradas,

y las doradas aves, que en el suelo

no se ven, sino muertas y sin vuelo.

»Ve de Banda las islas, que se esmaltan

de la color que pinta el rojo fruto;

las aves tan pintadas que allí saltan,

cogiendo de la nuez verde tributo:

ve también a Borneo, do no faltan

lágrimas, ni licor cuajado, enjuto,

del árbol que alcanfor blanco es llamado,

con que de la isla el nombre es celebrado.

»Ve a Tinor, que a tu reino llevar manda

sándalo salutífero oloroso:

ve la Sunda, tan larga, que una banda

esconde para el Sur dificultoso:

la gente del país, que tierras anda,

un río dice haber miraculoso

que por adonde corre no mezclado

convierte en piedra el palo que es echado.

»Mira la que por tiempo fué isla hecha,

que por la cumbre llamas evapora;

la fuente que olio da de su cosecha,

oloroso licor que el tronco llora,

más fragante que cuanto se aprovecha

de la hija de Ciniras, do mora:

de cuanto las más tienen es tesoro,

y más da blanda seda y muy fino oro.

»Mira el Ceilán, que monte se levanta

sobre las nubes con nueva grandeza:

por cosa los de allí la tienen santa,

porque hay señal de un pie en la suma alteza:

mira a Maldivia, do nace la planta

en el agua con tal naturaleza

que es su fruto al veneno más potente

antídoto escogido y excelente.

»Verás defrente estar del rojo estrecho

Socotorá, con áloe famosa:

otras islas también rendirá el pecho

del Luso en la africana costa astrosa,

que darán en olores gran provecho

la masa al mundo incógnita y preciosa:

de San Lorenzo ve la isla afamada,

de algunos Madagascar fué llamada.

»Aquestas son las partes del Oriente

que vosotros haréis claras al mundo,

abriendo al ancho mar puerta patente

con un pecho invencible, furibundo;

mas es también razón que en el Poniente

un hecho se celebre sin segundo

de un Portugués que, del rey agraviado,

camino ha de hacer nunca pensado.

»Mira la grande tierra que contina

va de Calisto a su contrario polo:

¡qué soberbia será con rica mina

de metal que color tiene de Apolo!

Castilla de tal presa será dina,

el poder castellano la habrá sólo,

suyas serán las tierras y las gentes

en ritos y costumbres diferentes.

»Mas donde más se alarga tendréis parte

que del palo bermejo quede nota:

el nombre es Santa Cruz, do cuando parte

primero la descubre vuestra flota:

a par de aquesta costa, con grande arte,

descubrirá la parte más remota

Magallanes, en hechos marinero,

mejor que Portugués ni caballero.

»Después que más que media la rodea,

por donde al polo antártico se inclina,

de una estatura casi gigantea

hombres verá en la tierra que es vecina;

y adelante el estrecho que se arrea

con nombre de él ahora, do camina

para otra tierra y mar que queda donde

Austro con alas frías nos la esconde.

»Hasta aquí, Portugueses, concedido

os ha sido saber los fuertes hechos

que por el mar que ya dejáis sabido

han de hacer varones de altos pechos:

ahora, pues habéis acometido

trabajos por quien gracias y provechos

os darán estas ninfas tan hermosas

que coronas os tejen tan gloriosas,

»podeisvos embarcar, que tenéis viento

y mar bonanza, a vuestra patria amada.»

Esto dicho, hicieron movimiento,

al punto, de la isla Enamorada:

llevan de ella refrescos y alimento,

llevan la compañía deseada

de ninfas, que tendrán eternamente,

por más tiempo que el Sol será luciente.

Así fueron cortando el mar sereno

con viento siempre manso, nunca airado,

hasta que hubieron vista del terreno

en que nacieron, tanto deseado.

Entraron por la hoz del Tajo ameno:

a su patria querida y rey amado

el premio y gloria dan porque enviara

y con títulos nuevos se ilustrara.

No más, oh Musa, que la lira tengo

destemplada y la voz enronquecida,

y no del canto, mas de ver que vengo

cantando a gente sorda, endurecida;

el favor con que el ánimo sostengo

no me lo da la patria, que metida

está en grande codicia y vil dureza

de una austera, mortal, zafia tristeza.

Y no sé por qué influjo o qué destino

no tienen un orgullo y gallardía

que los pechos levanta de contino

a buscar en trabajos alegría;

pues, rey que por consejo alto, divino

la gente gobernáis que el Luso cría,

mirad que sólo sois (ved otras gentes)

señor de unos vasallos excelentes.

Mirad qué alegres van por las tormentas,

cuales fieros leones, toros bravos,

pasando mil peligros, mil afrentas,

cual si os fueran, señor, presos esclavos:

a hierro, a fuego, a saetas turbulentas

ofrecen su vivir, por poner clavos

al eje de la rueda de Fortuna,

porque no os sea mudable, mas siempre una.

Por serviros a todo aparejados,

lejos de vos, a vos son obedientes:

en cumplir son, señor, vuestros mandados,

sobre cuantos se hallan, diligentes;

y con saber que son de vos mirados,

demonios infernales, brutas gentes,

rendirán con esfuerzo esclarecido,

que vencedor os deje, no vencido.

Favorézcalos luego vuestra alteza

mostrándoles humana esa presencia:

de leyes les mitigue la aspereza,

que es el cierto camino de excelencia:

a los dignos encumbre en la grandeza

(que tuvieren bondad con experiencia)

de vuestro gran consejo, pues que saben

el cómo y cuándo y dó las cosas caben.

A todos dad favor en sus oficios

según tienen de vidas el talento:

los religiosos sean sus ejercicios

orar por vuestra vida y vuestro aumento:

con disciplina, ayuno por los vicios

comunes, la ambición tendrán por viento,

que el religioso bueno y verdadero

no busca acá las honras ni el dinero.

Tened los caballeros en estima,

pues con su sangre intrépida, ferviente,

la ley no sólo aumentan que es de encima,

mas vuestro claro imperio, preeminente:

pues aquellos que a tan remoto clima

os fueron a servir con celo ardiente,

dos enemigos vencen, unos vivos,

y, lo que es más, trabajos excesivos.

Haced como no digan admirados

los de Alemania, Italia y los ingleses,

que son mucho mejor para mandados

que no para mandar los Portugueses.

Tomad consejo de experimentados

que vieron largos años, largos meses,

que puesto que en letrados mucho cabe,

el viejo mucho más por viejo sabe.

De Formión, filósofo escogido,

Aníbal, en batallas señalado,

habiéndole de guerra un poco oído,

con gallardo donaire se ha burlado:

«La milicia, le dijo, no he aprendido

y en ella me conozco más letrado:

más se aprende en la guerra con las manos

que en estudios con dichos sabios vanos.»

Mas ¿quién mete en aquesto a un ignorante,

de vos no conocido ni soñado?

Es porque de la boca del infante

suele ser el loor más estimado.

En las armas soldado, y estudiante,

a las letras he sido dedicado

con ingenio, que aquí veréis presente,

cosas que juntas hay muy raramente.

Brazo para os servir a guerras hecho,

Musa para os cantar a versos dada;

mas fáltame el no seros de provecho,

ni mi fuerza de vos ser estimada:

si esto me dais, y emprende vuestro pecho

digna empresa de ser por mí cantada,

como mi entendimiento lo adivina,

viendo la inclinación vuestra divina,

o haciendo que, más que de Medusa,

de vuestro mirar tiemble el monte Atlante,

o rompiendo en los campos de Ampelusa

de Marruecos el muro y Turudante,

en empresa tan alta mi alta musa,

por ser vuestra, haré que al mundo os cante,

siendo vos de Filipo el heredero

y yo a vos lo que a Aquiles le fué Homero.

FIN