NOTAS:
[147] En P: y que el diablo nunca dijo verdad. Llamamos el malo al diablo.
[148] Se nos esconden. En P: nos esconde Dios, vi, guiado del ángel de mi guarda, lo que se sigue, por particular providencia de Dios. La corrección evita todo lo que mira a lo religioso.
[149] Dos sendas. El mito que traen Jenofonte (De dictis et factis Socratis, l. 2) y Ateneo (Dipn., l. 12, c. 1), y cuenta así Juan de Pineda (Agric. crist., 7, 7): “Siendo Hércules mancebo, llegó por un camino adonde se repartía en dos, y el de la mano derecha era muy áspero y estrecho y se llamaba de la virtud, y el de la mano izquierda muy ancho y llano y andadero era el de los vicios y pecados. Como él allí llegó, reparó un poco, pensando lo que le cumpliría más, y vió venir para sí dos mujeres, la una de las cuales, adelantándose de la otra, llegó a él muy compuesta y afeitada y con melindres de ramera, y le convidó al camino de los deleites, que le prometía con poco trabajo; mas llegando poco después la otra, vestida de blanco y con muy honesto y grave semblante, le avisó que se guardase de aquella engañadora, que le prometía vivienda enemiga de bondad, por la cual se perdería. Insistió mucho que la siguiese a ella por el camino más arduo y angosto, en el cual puso Dios el trabajoso sudor antes de la virtud, porque, considerándolo atentamente, vería que lo que se da barato es cosa vil, mas lo precioso siempre vale caro, y que ni Dios ni buenos amigos se pueden ganar sin diligencias trabajosas. Con los consejos de la blanca virtud determinó Hércules de se meter por el camino de la virtud, significado por el brazo diestro de la letra de Pitágoras (Y), que al principio sube agro y angosto y en el fin pára en anchura llana y holgada con perpetuidad”.
[150] De la gente..., de causal, a causa de.
[151] En P: me dijo: S. Pablo le dejó para dar el primer paso a esta senda. Y miré. Caballerías, ejercicios a caballo, y, metafóricamente, fantasías. Jineta, p. 30: “De muchas maneras se corre con lanza y mil reglas hay escritas desta caballería”. Valderrama, Ejerc. Fer. 5 dom. pas.: “Ni pasear las plazas haciendo caballerías, que ya no está gallardo ni para eso”. Galindo, 655: “Cayó de su asno, del desengañado del error, que defendía por ignorancia crasa”. El error del ignorante es asno que lleva caballeros a muchos.
[152] Pesia, pese a. Pedr. Urdem., 3: “¿Son por ventura mostrencas | mis gallinas, pesiatal?” Tirso, No hay peor sordo, 1: “Yo entonces le dije: ¡Pesia | a tal! no es el perro mío”.
[153] Gente honrada, de probidad, irónicamente, gente perdida, como aquí.
[154] Tósigo, ponzoña, o hierba de ballesteros, que es lo que propiamente τόξιχος suena en griego, de τόξον arco, por emponzoñar con ella las flechas.
[155] Lechigada, camada, conjunto de crías propiamente, de lecho. Contra los taberneros, que bautizan el vino.
[156] “Había muchas mujeres tras éstos besándoles las ropas, que en besar algunas son peores que Judas, porque aquél besó (aunque con ánimo traidor) la cara del Justo, Hijo de Dios y Dios verdadero, y ellas besan los vestidos de otros tan malos como Judas. Atribúyolo, más que a devoción (a algunas) a golosina en el besar. Otras iban cogiéndoles de las capas para reliquias, y algunas cortan tanto, que da sospecha que lo hacen más por verlos en cueros o desnudos, que por fe que tengan con sus obras. Otras se encomiendan a ellos en sus oraciones, que es como encomendarse al diablo por tercera persona. Vi alguna pedirles hijos, y sospecho que marido que consiente en que pida hijos a otro la mujer, se dispone a agradecérselo si se les diere. Esto digo por ver que, pudiendo las mujeres encomendar sus deseos y necesidades a san Pedro, a san Pablo, a san Juan, a san Agustín, a santo Domingo, a san Francisco y otros santos que sabemos que pueden con Dios, se den a éstos que hacen oficio la humildad y pretenden irse al cielo de estrado en estrado y de mesa en mesa. Al fin conocí que iban éstos arrebozados”, etc. (Edición de Pamplona, 1631).
[157] Adrollas, trapazas y engaños, sobre todo comprando o vendiendo al fiado. Oña, Postrim., 1, 1, 8: “Tantas adrollas y trapazas inventadas en daño del bien común”. En Aragón, trola y drola; en Galicia, drola; en Germanía, droll, embuste. Embustidor, embustero, de embustir, cuyo posverbal es embuste.
[158] “repúblicas. No faltaron en el camino muchos eclesiásticos, muchos teólogos”. (Edic. de Pamplona, 1631).
[159] Corrilleros, los soldados fanfarrones, rompepoyos, que se pasan el día sentados, contando al corrillo de gente que les rodea mil hazañas embusteras.
[160] “Y nada desto les creíamos, teniéndoles por mentirosos, sólo cuando por encarecer”, etc. (Edición de Pamplona, 1631).
[161] “porque hacíanse recuas de mosquitos que les rodeaban las bocas golosas del aliento parlero, del mucho mosto que habían colado”. (Ídem).
[162] Hojas de lata, donde aún hoy llevan la licencia los soldados licenciados del servicio, y entonces llevaban los testimonios y fees de sus hechos de armas y merecimientos.
[163] Coronan. En P: coronan al que legítimamente peleare. De San Pablo: “Non coronatur nisi legitime certaverit”. (2 Timot., 2, 5).
[164] “Militia est vita hominis super terram”. (Job, 7, 1).
[165] “Atentamente y corridos de lo que les decían, como unos leones se entraron en una taberna. Y tan”. (Edición de Pamplona, 1631). El texto corregido perdió este brío y quedó sosísimo.
[166] “del cielo”. Ídem.
[167] “del cielo”. Ídem.
[168] “por el otro camino”. (Edición de Bruselas de 1660).
[169] De mal pelo. Hay cien frases en castellano que aluden al bueno o mal pelo y pelaje, tomadas del de los animales, que, estando lucios y gordos, les luce el pelo, y mal cebados, lo presentan malo.
[170] Acá estamos todos, frase hecha, sobre todo de negros, igualándose con los demás blancos; en el texto viene muy a cuento entre diablos negros.
[171] Recuero, trajinero con recuas.
[172] Humazos, que se daba por las narices (humo a narices), con lana encendida, a las mujeres que padecían de flato o mal uterino, o los muchachos, al dormido, en las narices, con papel encendido, etc. Villalva, Empr., 2, 34: “Como se queda la colmena cuando le dan humazo, desamparándola y huyendo las abejas”. Fons., Vid. Cristo, 3, 2, 14: “Ya le den humazos a las narices..., para el demonio eran pebetes, para Dios eran humazos”.
[173] Chasquear los azotes, menearlos con chasquido. F. Aguado, Crist., 44: “La conciencia tiene el azote en la mano, y antes que el hombre se desmande, le chasquea y después revuelve sobre él”.
[174] “de cuellos bajos; por lo que parecíamos confesores en saber pecados, y supimos muchas cosas nosotros que no las supieron ellos”. (Edic. de Pamplona, 1631).
[175] “a don, como a la pila santa catecúmena, que por tirar”. Ídem.
[176] Perogotero, Pero Botero, Satanás, que así le llaman, por andar entre pez, como los boteros.
[177] Sahumado decíase de lo muy bien dispuesto y a gusto, propiamente perfumado con sahumerios. En particular, “encareciendo que cobrará y hará volver y pagar algo”. (Corr., 566). Quij., I, 4: “De pagaros... un real sobre otro y aun sahumados”. G. Alf., I, 3, 3: “Nos ponían la moneda sobre la tabla, sahumada y lavada con agua de ángeles”.
[178] “Los demás cocheros, en comparación de mis mosquitos eran ranas. No se probará”, etc. (Edición de Barcelona de 1635). Aguanoso lo suele decir Quevedo por aguado, el que sólo bebe agua y no vino.
[179] Vía, paso, abran paso o camino, mientras le azotaba, como el verdugo al que pasea por las acostumbradas. El abuso de los coches en aquel tiempo y lo que con ellos se cometía, hizo se diesen pragmáticas, y hay alusiones a ello en todos los escritores.
[180] Frialdad, sosera en los chistes, poca gracia, y frío se dice del soso en el gracejar. J. Pin., Agr., 1, 8: “Ateneo dice una frialdad”. F. Silva, Celest., 29: “Decidor y desenvuelto como Grajales, que no otro tan lindo como Felides, si fuera frío”.
[181] Calofriado, por el frío que da escalofríos o calofríos. Césped. Meneses, Historias, c. 44: “Dejando aquel pecho de mármol con unos calofríos que si no procedieran de amor”.
[182] De entre cuero y carne, que hieren mucho más, como los que con bromas pesadas y murmuraciones dan que sentir. Cáceres, ps. 63: “Son hombres, que traen las lenguas bien amoladas y afiladas. Cortan entre cuero y carne”.
[183] “respondieron que como se condenan otros por no tener gracia, ellos se condenan por tenerla o quererla tener”. (Edic. de Pamplona, 1631).
[184] Corr., 21: “A mesa puesta y cama hecha. (Entiéndese venir, sentarse y ser admitido)”. Ídem, 567: “Sentarse a mesa puesta. (El que no pone cuidado y nada le cuesta)”. Ídem, 54: “Asentaisos a mesa puesta con vuestras manos lavadas y poca vergüenza”.
[185] Matar hachas, apagarlas.
[186] Tuerto, torcido, lo contra derecho. Galindo, D, 414: “A veces con el tuerto llega el hombre a su derecho, o con un poco de tuerto”.
[187] Sufrir, condescender, vendiéndola a otros por dinero. Sufrir es tolerar, y sólo por galicismo lo emplean hoy como padecer; véase Lazarillo, mi edición.
[188] Hacer plato es servir; metafóricamente, ofrecer con ostentación, ostentar. Fonseca, Amor de Dios, 37: “Sentóle consigo a la mesa y mandó a sus criados trujesen una espalda de carnero y haciéndole el plato”. Cáceres, ps. 40: “Hace honra de la maraña que me tiene urdida. Hace plato de la traición que usa conmigo”. Ídem, ps. 48: “Aquellos que hacen ostentación y plato de sus muchas riquezas”.
[189] Acerca de esta clase de comediantes dice en su Viaje entretenido Agustín de Rojas: “Pues sabed que hay ocho maneras de compañías y representantes, y todas diferentes: bululú, ñaque, gangarilla, cambaleo, garnacha, bojiganga, farándula y compañía. El bululú es un representante solo, que camina a pie y pasa su camino y entra en el pueblo, habla al cura y dícele que sabe una comedia y alguna loa, que junte al barbero y sacristán y se la dirá, porque le den alguna cosa para pasar adelante. Júntanse éstos y él súbese sobre una arca y va diciendo: ‘Ahora sale la dama y dice esto y esto’. Y va representando y el cura pidiendo limosna en un sombrero. Y junta cuatro o cinco cuartos, algún pedazo de pan y escudilla de caldo que le da el cura, y con esto sigue su estrella y prosigue su camino hasta que halla remedio”.
[190] En cueros, en que tratan los zapateros.
[191] Por los pies ajenos, que calzan.
[192] Silo, granero debajo de tierra. Herrera, Agr., 1, 6: “El grano... de silo soterraño”.
[193] Pecado de carne, por engañar metiendo en los pasteles carne mala y prohibida y huesos machacados.
[194] Jinetes, por la carne de caballo, metida en los pasteles, y estómagos a caballo sobre rocín, que también metían en ellos.
[195] Padeced, no dice sufrid, que es padecer con paciencia.
[196] Este oficio, de soplones, de ir con el soplo, como lo explica en lo que sigue.
[197] Vah-ar-ada, tufarada de vah-o. Buscón, 23: “Bébase, me dijo, esta media azumbre de vino puro, que, si no da vaharada, no parecerá valiente. Ellos y los malditos alguaciles. Por soplar, daban crueles voces. Uno de ellos decía: ‘Yo al justo vendí: ¡Que me persiguen!’ Dije yo entre mí: ‘¡Al Justo vendiste! Éste es Judas’. Y lleguéme con codicia de ver si era barbinegro o bermejo, cuando le conozco, y era un mercader”, etc. (Edición de Pamplona, 1631).
[198] Pensaron los ladronazos que no había más y quisieron con la vara de medir hacer lo que Moisés con la vara de Dios y sacar agua de las piedras.
[199] Por sus pulgares, con trabajo, y díjose propiamente del menearlos al hilar. Corr., 633: “Hilado con estos pulgares, por mis pulgares. (Encarece el cuidado de hilarlo)”.
[200] Pulgar-ada es medida del ancho del dedo pulgar, el cual se llamó así del servir para matar las pulgas: Éste mata los cocos, como dice la formulilla para enseñar al niño los nombres y usos de los dedos. Siglo pitagór., 7: “¿Piensas que es esta tela terciopelo | que crece a pulgaradas?”—Dice que a puras pulgaradas, a puro medir se van los mercaderes al infierno.
[201] La oscuridad de sus tiendas, buscada a propósito para engañar, y así muchos colgaban telas delante de ellas. Ordenanz. Valladol., 24: “Otrosi ordenamos y mandamos que ningun mercader de sedas y paños, lienzos y fustanes o sargas tenga en las luces de sus tiendas o votivas colgada ninguna cosa con las que pueda oscurecer ni menos delante de las puertas de las dichas tiendas, si no fuere de manera que libremente pueda entrar la claridad por todo el grandor de ellas”.
[202] Raso, tela, y el cielo limpio de nubes. Márquez, Tr. Jer., 2, 3: “El viento deja el cielo raso”.
[203] Talle de Cerv., Cuev. de Salam.: “Así tiene el talle de hablar por el colodrillo como por la boca”. Laber. amor, 1: “Talle tienen los mozos de avisados”.
[204] Se acuerda Quevedo del comienzo del c. IV, parte 3.ª, De Rege, de Mariana.
[205] Aban-illos, pliegues, y dijéronse por su parecido al aban-illo o aban-ico, de aban-o, que se derivó del vannus o aventador latino. Lope, Entrem. Marq. Alf., t. II, p. 276: “El abano es de su gusto”. Lope, Vaq. Moraña, t. VII, p. 568: “¡Qué abanillo! Una sartén”. Abanillos son lo que, a la francesa, llaman hoy feamente plisé, y que de ordinario se decía aban-ino, otro diminutivo de aban-o, Lope, Dorotea, 2, 5: “Tengo que almidonar tres o cuatro abaninos de cadeneta”. Cuchillada, abertura a lo largo para adorno en los vestidos, que se viese el aforro de otro color. Calzas eran los calzones; atacadas, cuando se ajustaban mucho y se atacaban con muchas agujetas por la cintura para que estuviesen firmes y sin arrugas.
[206] Sin tono y sin son, sin ton ni son, a destiempo, sin discreción ni substancia en lo que dicen. Corr., 564: “Salir sin ton ni son. (Cuando uno habla sin tiempo ni sazón)”. Díjose acaso del cantor que se salía del tono y sonido que le acompañaba, saliéndose de tono, y más ciertamente del bailar fuera de sazón, sin música.
[207] Corr., 553: “Ni es carne ni pescado. (Como el que ni ata ni desata y no es para nada)”.
[208] Que tanto, cuanto. Valdés, Corint.: “Por estas contraseñas se conoce qué tanto tiene el hombre de esta caridad”. Entremeses, s. XVII, p. 55: “Sabéis que tanto lo quieren, que ha enseñado a mi amo el amo, amas, amavi”.
[209] Corr., 288: “Dichoso el hijo, que tiene a su padre en el infierno. (El italiano)”. Ídem, 300: “Guay del hijo, que el padre va a Paraíso”.
[210] Son los del penséque. Corr., 388: “Penseque, asneque, burreque con sus parientes. (Añádenlo al que se excusa diciendo ‘pensé que’)”. Del pensar por considerar y por dar pienso al asno, esto es, a sí propio. Corr., 388: “Penseque, asneque y burreque, todos son hermanos. (Trata de asno y burro al que pierde la cosa y se excusa con ‘pensé que’)”. A penseque y a creíque los ahorcaron en Madrid. L. Grac., Crit., 2, 13: “Y señalaron pienso a los penseque”. Es el Non putaram, de Cicerón.
[211] Corona de hueso, cuernos.
[212] Si pensara, aunque pensara. En el Quijote passim (Leng. Cervantes, 1, 265, 8).
[213] Lleno de bote en bote, lleno, frase conocida y con el retruécano de los botes o vasijas de la botica. L. Grac., Crit., 1, 7: “No faltó quien dijo que estaba de bote en bote vacía”. Q. Benav., 1, 270: “La triste casa del mundo | de bote en bote está llena | de los locos que”.
[214] Ayudas, lavativas.
[215] De los palos, que sirven para medicinas, sobre todo alude al que servía para las bubas, “el palo santo” o guayaco, que dice Lucas Hidalgo en su magnifica apología de estas bravas señoras (Diálog. de apacible entretenimiento, 3, 2). De este palo, árbol americano, trata Monardes (Drog. Ind., f. II), y fué introducido en España en 1508 y en Italia en 1517. Conocidas son las coplas de Cristóbal de Castillejo “en alabanza del palo de las Indias, estando en la cura dél”. De todas esas cosas que recuenta Quevedo, y de otras, se hacían medicinas y los boticarios oro y dinero.
[216] Moleta, muela pequeña para moler colores, medicinas, etc. Palomino, Mus. Pict., 5, 3, 5.
[217] Aceite de matiolo. De los raros aceites y ungüentos véase Laguna, Dioscórides, 1, c. 28 y siguientes, y es de notar entre las porquerías de la añeja medicina lo siguiente: “Tratando de los aceites, Dioscórides hace juntamente mención de tres especies de suciedades que solían en su tiempo cogerse. Era la una y la primera de todas aquélla que de los que se bañaban después de untados, nadaba sobre el agua del baño. Por la segunda entiende el sudor, que se raía de los que se ejercitaban en las palestras, el cual era envuelto con polvo y tierra, tenía necesariamente más cuerpo. La tercera suciedad era la que se cogía de las paredes y de las estatuas de la palestra”. Matiolo es una crucífera, mathiola, o alhelí blanco.
[218] Lamedor, composición pectoral, de consistencia media entre electuario y jarabe, y se daba a los enfermos para que, poco a poco, la dejasen deslizar por la garganta al pecho; por tomarse lamiendo. Fragoso, Cirug. Simpl., voz violeta: “Sin el lamedor ordinario, se hace de las violetas un jarabe purgativo con la novena infusión de ellas y azúcar fino”. Mosquete y esmeril son armas de fuego antiguas.
[219] Zurdos. Supersticiones viejas. La del zurdo se funda en no ser derecho, sino siniestro, y las cosas siniestras o los siniestros son desgracias. La del cuervo, en ser negro, y malo y negro es todo uno en castellano y en la etimología latina. La de la lechuza, en ser ave nocturna.
[220] Scévola, así llamado de scaevus, zurdo. El cuento lo traen Plutarco (Poplicola, 17), Valerio Máximo (3, 3, 1), Floro (I, 10), Silio (8, 385) y Livio (2, 12). Queriendo matar a Porsena, rey de Etruria, por error, no conociéndolo, mató a uno de los cortesanos del Rey. Para castigar su mano, que así erró el golpe, la puso en el fuego, teniéndola en él hasta consumirse. De aquí tomó el nombre de Scaevola, esto es, zurdo, scaevus, σχαιός, porque desde entonces no le quedó más que la zurda.
[221] En Correas, 191: “Lanzada de moro izquierdo, que atraviese el corazón”. (De un romance).
[222] Tomarse puntos es coserse los puntos sueltos de la media, y de ahí coserse algún chirlo o herida. Tan de nuevo se hacen con los afeites, que éstos se llamaron mudas, por mudarse con ellas el color del rostro y manos.
[223] El cohol o alcohol con que se alcoholaban, como todavía las moras y los moritos, para que se les agranden los ojos, que los llevan llenos de churretes negros. De ello traté en mi edición de La Celestina.
[224] Con cabellos ajenos, como hoy con las trenzas de muertos o de chinos, que gastan las mujeres.
“Carmina Paulus emit,
Recitat sua carmina Paulus:
Nam quod emas, potes dicere iure tuum”.
Que escribió un célebre humanista imitando a Marcial, el cual dice (l. I, ep. 30):
“Fama refert nostros te, Fidentine, libellos
Non aliter populo, quam recitare tuos.
Si mea vis dici, gratis tibi carmina mittam.
Si dici tua vis, haec eme, ne mea sint”.
“Se ruge, Fidentino, que mis obrillas
las lees a la gente, cual si fueran tuyas.
Si quieres que pasen por mías, te las enviaré de balde.
Si quieres que pasen por tuyas, cómpralas, para que dejen de ser mías”.
[225] Mateo, 26, 24: “Bonum erat ei, si natus non fuisset homo ille”.
[226] Sin cara, descarados, desvergonzados.
[227] Barbirojo. Tirso, Mari Hernánd., 1, 10: “Que acá son | los jodíos barbirojos”. Ídem, Vergonz. en Palac., 1, 4: “Tenéis el cabello rubio, | no hay que fiar dese pelo”. Es tradición haber sido Judas de poca barba y roja, y debe fundarse esto en que los de tal barba son tenidos por traidores y malos. Corr., 402: “Poca barba y bermeja color, debajo de Dios no le hay peor”. Ídem, 304: “Barba roja y mal color, debajo del cielo no le hay peor”. Ídem, 388: “Pelo bermejo, mala carne y peor pellejo”. Ídem, 54: “Asno cojo y hombre rojo y el demuño todo es uno”. Ídem, 123: “En ruin ganado poco hay que escoger y en barba roja menos que creer”. Ya antes (edic. de Pamplona, 1631, nota 191) dice el texto, hablando de Judas: “Lleguéme con codicia de ver si era barbinegro o bermejo”. En Tac., 13, el dómine Cabra es de pelo bermejo. En Perinola: “Eso dijo la pelijudas, una bermejuela abuchornada de rizos”. Peliju(d)as llaman en Andalucía a las de pelo rojo.
[228] Ello. Corr., 536: “Ello. (Esta palabra ello comienza muchas veces ociosa y se entremete baldíamente en muchas ocasiones: otras es pronombre)”. Píc. Just., 1, 2: “Ello, yo no sé por qué mi padre no me llamó la torda”. Ídem, 2, 1, 2, 3: “Ello, nunca faltan bellacos”.
[229] En P: muy cierto lo que manda la Iglesia Romana; pero en el infierno, capón.
[230] Que el estar, repetido el que, sospecho que... que el estar. Era común, por la claridad, cuando se corta la frase por un inciso cualquiera.
[231] Titio, por haber pretendido deshonrar a Latona. Véase Virgilio (Eneida, 6), Ovidio (Metam., 4), Horacio (Od., 3, 4), Tíbulo (1, 3), Píndaro (Pit., 4), etc.
[232] Sisón, especie de francolín ceniciento. Diálog. montería, 13: “Los sisones gallardos y pintados, que vuelan con tanta gala, que parece que silban con las alas, hiriendo el viento, de donde se les debió de poner el nombre que tienen”. Además es el que sisa, como los despenseros saben hacerlo.
[233] “Tenía un bote junto a sí. No me sufrió el corazón a no decirle algo. Y así, llegándome cerca, le dije: ‘¿Cómo, traidor infame sobre todos los hombres, vendiste a tu Maestro, a tu Señor y a tu Dios por tan poco dinero?’ A lo cual respondió: ‘Pues vosotros, ¿por qué os quejáis deso? Que sobrado de bien os estuvo, pues fué el medio y arcaduz para vuestra salud. Yo soy el que me he de quejar y fuí a quien le estuvo mal, y ha habido herejes que me han tenido con veneración, porque di principio en la entrega a la medicina de vuestro mal. Y no penséis que soy yo solo el Judas; que, después que Cristo murió, hay otros peores que yo y más ingratos, pues no sólo le venden, pero le venden y compran, azotan y crucifican, y, lo que es más que todo, ingratos a vida y pasión y muerte y resurrección, le maltratan y persiguen en nombre de sus hijos. Y si yo lo hice antes que muriese, con nombre de apóstol y dispensero, este bote lo dice, que es el de la Madalena, que codicioso quería que se vendiese y se diese a pobres, y ahora es una de las mayores penas que tengo ésta, ver lo que quería para remediar pobres, vendido. Porque todo lo aplicaba a vender, y después, por salir con mi tema y vender el ungüento, vendí al Señor que le tenía, y así remedié más pobres que quisiera’. ‘Ladrón, dije yo, que no me pude reportar, pues, si viendo a la Madalena a los pies de Cristo te tocó la codicia de riqueza, cogieras las perlas de las muchas lágrimas que lloraba, hartáraste de oro con las hebras de cabellos que arrancaba de su cabeza y no cudiciaras su ungüento con alma boticaria. Pero una cosa querría saber de ti: por qué te pintan con botas’,” etc. (Edición de Pamplona, 1631).
[234] Sólo hallo en Correas, 192: “Las botas de Tobías. (Es apodo ordinario a botas viejas de camino)”.
[235] De Calabria, alude acaso a Calabrés, el del Alguacil alguacilado.
[236] Por comprar, sisando en las compras.
[237] Los judíos fueron siempre tenidos por avariciosos, sobre todo de dinero, así siempre se dieron a mercadear. Corr., 275: Judío para la mercadería y fraile para la hipocresía; o judío por la mercadería y fraile por la hipocresía. Ídem, 33: Al judío dalde un palmo y tomará cuatro. Ídem, 275: Judío ni puerco, no le metas en tu güerto.
[238] “lo que conviene? No por cierto”, etc. (Edic. de Barcelona, 1635).
[239] Ensalmadores, los que curan con ensalmos; saludadores, los mismos, porque dan salud. Corren todavía por ahí las nóminas o lóminas, que llaman, y son oraciones antiguas, corrompidas, medio en latín y medio en romance, que venden todos estos embustidores contra el aojo y otras enfermedades de niños y de ganados.
[240] Santiguaduras o santiguaderas, acción de santiguar los ensalmadores. Quev., Tac., 16: “El cual se había hecho ensalmador con unas santiguaderas y oraciones que había aprendido de una vieja”. Santiguar es hacer la cruz sobre enfermo o endemoniado. Castillo, S. Domingo, 1, 1, 45: “No me echéis esa maldición, padre mío, decía el hereje, sino santiguadme, como soléis, con la señal de la cruz”. Lozana andal., 216: “Yo sé ensalmar y encomendar y santiguar cuando alguno está aojado, que vieja me rezó, que era saludadora como yo; sé quitar ahitos, sé para las lombrices, sé encantar la terciana... Sé sanar la sordera y sé ensolver sueños, sé conocer en la frente la phisionomía y la chiromancia en la mano y prenosticar”.
[241] Enfistolarse o afistolarse la herida; convertirse en fístula. Selvagia, 3: “Pone la triaca saludable en la infistolada y encurable herida”. P. Vega, ps. 3, 5, 1: “Vinieron las llagas a afistolarse”.