[242] Badajo, dícese metafóricamente al bobo y necio. S. Horozco, Cancionero, p. 16: “Pues bien sacado de cuajo | de ambos el ser y valor, | cada cual sin gran trabajo | podrie ser gentil badajo | de la campana mayor”. L. Rueda, Eufem., 1: “Superlativo quieres decir, badajo”.

[243] Hurtan que es bendición. Corr., 633: “Hurtar la bendición. (Llegar primero que el otro al bien y provecho)”.

[244] Los saludadores, propiamente curanderos que dan la salud del mal de rabia. Diz que tienen una cruz en el cielo de la boca, que nacen en Viernes Santo, a las tres de la tarde, y no sé qué más. Contra dicho mal suele dar el saludador al mordido de perro rabioso pan sin sal para sanarlo. Mediante una bendición, y más comúnmente algunos esputos que arroja en una jofaina de agua, ve en el fondo la figura del perro y en su aspecto conoce si estaba o no rabioso. Chupa la ponzoña de la herida, bendice los ganados con su soplo y aliento en el nombre de Dios, con los que los preserva de enfermedad, a lo cual alude Quevedo al decir luego que andan siempre soplando, y en la Jácara 1: “Gran saludador de culpas, | un fuelle de Satanás”. Igualmente soplan al que tiene mal de corazón. F. Aguado, Cristiano, 74: “Alude en estas palabras el Apóstol al oficio que hacen los saludadores con los que padecen mal de corazón, a los cuales, cuando los derriba el accidente en tierra, ellos, con un soplo suave, los ponen en pie”. J. Pin., Agr., 24, 38: “Los saludadores curan con el soplo”.

[245] Los porquerones viven de soplar o ir con el soplo al alguacil. Llamaban así a los corchetes o ministros de justicia. Comed. Florin., 10: “Los que acompañan los alguaciles, que llaman aquí porquerones.—Alguno que tiene envidia a su oficio, les llama tal nombre”.

[246] Además de Raimundo Lulio y los citados, fueron maestros de la alquimia Rosino, Alchindo, Morieno, Gilgilides, Jever, Pitágoras, Avicena, Alberto Magno, Aristóteles, el Panteo, etc, etc. Sobre todo, metió ruido el libro de Juan Francisco Pico Mirandulano, de Auro conficiendo. Pero nadie hizo oro, sino que gastó el suyo y el de sus amigos.

[247] “Y sobre que cada uno quería decir cuál era la cosa más vil se ardían todos”. (Edic. de Barcelona, 1635).

[248] La piedra filosofal llamaban a la materia vil, de la cual soñaban poderse hacer oro puro.

[249] Quiromántico, adivino por las rayas y demás señales de la mano.

[250] Monte de Saturno, la carnosidad que hay en la base del dedo del corazón o medio o dedo de Saturno; el pulgar es el dedo de Venus y monte de Venus toda su gran base, y así, de Júpiter el índice, de Apolo el anular, de Mercurio el meñique, con sus montes correspondientes. Del monte de Saturno baja una línea hacia abajo por toda la palma de la mano, que llaman línea de Saturno o de la suerte. Sin duda, los quirománticos la tienen de irse al infierno.

[251] Vive Dios. Sacaba el horóscopo este astrólogo judiciario, levantando figuras para averiguar qué astro ascendía en el meridiano en el momento de nacer él mismo.

[252] “Otro corría seguido de una tarasca con uñas de a vara y rabo de macho, como vara de alcalde manchego, que le atenazaba con un asador, diciéndole: ‘Aguarda, salta-tumbas, come-estolas y arañón de altares; págame las dos hijas que me robaste en el honor en el campanario de tus hazañas, y que cansado remitistes, por hechiceras, a la hoguera del Santo Oficio’. ‘Cierto’, gritaron dos furias vestidas de sambenitos, por cuyas caperuzas salían negras llamas, y arremetieron a él. El pobre iba dando alaridos que me horrorizaron”. (Lo suprimió la censura en la primera edición, según Castellanos, tomo I, pág. 399).

[253] Calza, hecha de punto de media.

[254] Pedro de Abano, médico y astrólogo. Nació en 1250, en la aldea de Abano, cerca de Padua. El nombre latino de aquel pueblo es Aponus, y por esto se le llamaba Pedro de Apono o Aponensis y también Pedro de Padua. En Medicina poseía todos los conocimientos de su siglo; pero añadió a ellos los sueños todos y delirios de la astrología judiciaria. Acusado de mágico y hereje, fué por la Inquisición perseguido y procesado.

[255] Henrico Cornelio Agripa, a quien el padre Martín del Río da el nombre de archimago, Paulo Jovio el de portentoso ingenio, Luis Vives el de milagro de todas las ciencias y Gabriel Naudeo compara con Argos; nació en Colonia en 1486 y llegó a hablar ocho idiomas. Secretario del emperador Maximiliano, soldado en Italia bajo las órdenes de Antonio de Leiva, médico y jurista en Francia y España, teólogo en su patria y en Lombardía y libre y atrevido y soberbio en toda Europa, fué médico, historiador y consejero de Príncipes, amigo singular de Cardenales y Obispos, y en todas partes inconstante y malquisto. Escribió diferentes obras, y entre ellas las que más celebridad le dieron, son: De incertitudine et vanitate scientiarum declamatio invectiva, impresa por vez primera en 1527, donde intenta probar no haber nada ni más pernicioso ni de mayor peligro para la vida de los hombres y para la salud de sus almas que las ciencias y las artes. De occulta philosophia libri III, publicada en Amberes, 1531, por la cual se le acusó de mágico y arrojó a una prisión en Bruselas. Aunque sus escritos le confiesan apreciador de Lutero, y Melanchthon, jamás abrazó la religión reformada; bien que es difícil averiguar la religión de un hombre que a diestro y siniestro repartía recetas para hacer sahumerios, hechizos y talismanes. Murió en Grenoble, en un hospital, por los años de 1535.

[256] “harto de demonios, ya que en vida parece que siempre tuvo hambre dellos, muy enojado con Cardano”, etc. (Edic. de Pamplona, 1631).

Juan Trithemio, historiador y teólogo, tomó su apellido de Trittenheim, lugar del electorado de Tréveris, donde nació en 1462. Vistió el hábito de San Benito y por muchos años fué abad del monasterio de Spanhein, y después en Wurtzbourg, donde falleció en 1516. Escribió muchas obras históricas, utilísimas para el conocimiento de la Edad Media; otras muchas espirituales y místicas y otras de filosofía oculta, que dieron al autor fama de hechicero. Estas últimas son: primera, Philosophia naturalis de Geomantia, arte de adivinar por medio de líneas, puntos y figuras trazadas en la tierra; segunda, Tratado de Alquimia; tercera, la Polygraphia, en seis libros. No entiende por este nombre Trithemio una miscelánea de diferentes asuntos o distintos géneros, sino el modo de escribir una misma palabra de varias maneras, para lo cual enseña trece alfabetos nuevos, compuestos de letras tomadas de idiomas extranjeros o de caracteres arbitrarios. Esto contribuyó a perfeccionar y extender, por medio de cifras, las comunicaciones diplomáticas; cuarta, Steganographia, hoc est, ars per occultam scripturam animi sui voluntatem absentibus aperiendi. Las voces inauditas y caprichosas de que está lleno este libro enigmático hicieron creer que era de nigromancia. No contiene otra cosa que secretos ingeniosos de extender cartas, y jamás fué otro el intento de su autor que el de servir con ellos a Felipe, duque de Baviera. Con motivo de lo que dice Quevedo sobre la Polygraphia y Steganographia, el erudito y juicioso Feijóo deduce que ni las vió ni tuvo bastante noticia de estos dos libros de un sabio y ejemplar religioso. El primero de ellos nunca ha ofrecido, ni podido ofrecer a nadie, reparo alguno; mas la Inquisición de España, lo mismo que el autor de Las Zahurdas de Plutón, condenaron sin fundamento el segundo.

[257] Jernimo Cardan o Cardano, médico y geómetra, nació el 1501 en Pavía. Contribuyó mucho a los adelantamientos de las Matemáticas; pero se dejó arrastrar de las extravagancias y locura de los astrólogos y nigromantes. Baste decir que afirmaba tener un demonio asistente, que le inspiraba sus escritos. Formaba horóscopos de todos los personajes de su tiempo, y, cuando los sucesos desmentían sus predicciones, atribuíalo, no a incertidumbre del arte, sino a ignorancia del artista. Murió de setenta y cinco años, y sus dos tratados De subtilitate rerum y De rerum varietate, sobre todo, abrazan el conjunto de sus conocimientos en Física, Metafísica e Historia natural: vivo ejemplo de los errores deplorables en que suelen caer hombres de no vulgar ingenio. Sus obras se imprimieron en 10 volúmenes en folio, Ginebra, 1620.

[258] Julio César Scaligero, del territorio veronés, estudió en Padua la Medicina y las bellas letras. Nombrado médico del Obispo de Agen, se connaturalizó en Francia, donde murió en 1558. Tuvo disputas literarias con Erasmo y Cardano, y, como éste, su espíritu familiar. Fué mediano poeta y el mejor prosista de aquel siglo, obligando con su ejemplo y censura a que observasen los escritores las reglas de la Gramática e hiciesen su estilo más claro y elegante. Su gusto, sin embargo, era pésimo y disparatadas sus opiniones acerca del mérito de los antiguos vates. Conociendo las reglas de crítica, hablando de ellas con acierto, siempre las aplicó desatinado, privándole una severidad caprichosa de estimar y saborear las obras de los grandes maestros. Escribió contra el libro De subtilitate, de Cardano. Increíble parece que prefiriese Virgilio a Homero y a todo lo griego lo latino, con ser una hijuela e imitación todo el arte romano del helénico.

[259] Artefio (Artephius), filósofo hermético, vivía hacia el año 1130, musulmán o judío. Suyos son los tratados siguientes: primero, Clavis majoris sapientiae; segundo, Liber secretus; tercero, De characteribus planetarum, cantu et motibus avium, rerum praeteritarum et futurarum, lapideque philosophico, que es el que refiere Quevedo; cuarto, De vita propaganda, que dice el bueno de Artefio concluyó a la edad de 1025 años; quinto, Speculum speculorum.

[260] Cecco d’Ascoli. Por este nombre es conocido Francisco Stabili, natural de aquella populosa ciudad de la marca de Ancona. La palabra Cecco no es otra cosa que un diminutivo de Francesco. Nació en 1257, y en Bolonia explicó Filosofía y Astrología. Acusado a la Inquisición por hablar mal de la fe, quitóle el Tribunal los títulos de doctor y maestro, prohibióle enseñar y le impuso una multa. Por sustraerse al castigo, refugióse en Florencia, donde los admiradores del Dante y Cavalcanti, ingenios a quienes el Cecco había censurado con torpe saña, uniéndose a los jueces del Santo Oficio, le quemaron como hereje en 1327, a los setenta años de su edad. Absurda y bárbara sentencia, que en vano se busca fundada en el comentario de Stabili, In sphaeram Joannis de Sacrobosco, aun cuando lo coloque Martín del Río entre los escritores supersticiosos, ni en el indigesto poema L’Acerba, baturrillo de física, historia natural, moral, filosofía y visiones astrológicas. Publicaron la primera de estas dos obras los moldes de Basilea en 1485, y la segunda vió la luz en Brescia, sin año de impresión, que es sumamente rara. Quevedo, en vez de Cecco d’Ascoli, dijo en las primeras ediciones Mizaldo. Antonio Mizaldo, monsluciano, gran charlatán, publicó por los años de 1549 y 1551 las obras siguientes: primera, Cometographia: crinitarum stellarum quas mundus nunquam impunè vidit, aliorumqué ignitorum aëris phaenomenorum natura et portenta, duobus libris philosophicè juxta ac astronomicè expediens, París, 1549, en 4.º; segunda, Planetologia, rebus astronomicis, medicis, et philosophicis eruditè referta, Lyon, 1551, en 4.º. En M, F, P: aves; y Misaldo muy triste.

[261] Teofrasto Paracelso, famoso alquimista del siglo XVI, nació en Suiza en 1493. Después de recorrer la mayor parte de Europa y parte del Asia, ejerció la Medicina en Alemania con extraordinaria fama, que se granjeó por su charlatanería. Murió en un Hospital de Saltzburgo (1541), sumido en la pobreza, en edad de cuarenta y ocho años, quien se vanagloriaba de poseer los secretos de trasmutar en oro los metales y de prolongar por muchos siglos la vida.

[262] Ubecherio y Vbequer estampan dos muy antiguos manuscritos de la Biblioteca de las Cortes, que fueron de don Luis de Salazar y Castro: F. 3, L. 31, págs. 107 y 94. Hubequer las impresiones de Ruán, 1629; Pamplona, 1631; Barcelona, 1635; Madrid, 1648. Habequer la de Bruselas, de 1660, y desde entonces todas.

[263] Clavícula de Salomón. El padre Martín del Río, hablando del origen de la magia, dice: “A estos desatinos entrelazan torpemente la autoridad de Salomón, a quien atribuyen cierta Clavícula y otro gran volumen dividido en siete partes, lleno de sacrificios y encantamientos de demonios. Los judíos y alárabes de España dejaban por derecho hereditario a sus sucesores este libro y por él adoraban algunas maravillas y cosas increíbles. La Inquisición entregó a las llamas cuantos ejemplares pudo haber de estas obras, y ojalá ni siquiera uno solo hubiera dejado a vida”. Teófilo Folengo, en la Macaronea, XVIII, dice de ellas:

“En Salamonis habet liber hic pentacula plumbi.
Aspice cum quantis sunt compassata figuris”.

[264] El Catan, Cattan o Catanes (Cristóbal), filósofo hermético suizo, nacido en Ginebra, escribió Géomane, livre non moins plaisant et recréatif, etc. Le tout suis en lumière par Gabriel du Préan. París, 1577; Londres, 1591; París, 1558. Rázes o Rasis, célebre médico y fecundísimo escritor persa. En la Edad Media corrieron por Europa, como de obras suyas, bárbaras traslaciones latinas, y le atribuyó mil delirios la malicia y la ignorancia, utilizando la noticia de haber escrito Rázes un libro de medicina mística o talismánica, apoyado en la influencia de los astros o en la de torpes figuras de animales. Latan dice el manuscrito de la Biblioteca de las Cortes, L. 31, pág. 95.

[265] Juan Taysnerio (Taisnier), capellán del emperador Carlos V en la empresa de Túnez (1535), peregrino estudioso en África y en Asia, maestro de Matemáticas en Roma y Ferrara, músico del Arzobispo de Colonia, retirándose a su patria Ath, en el Hainau, publicó un Tratado sobre el imán, que fué muy útil para los navegantes, escrito algunos años había por Pedro Peregrini. Apropióse también otra obra De motu locali et perpetuo; mas la que en justicia le pertenece es una que imprimió con el título De Sphaera. También sacó a luz un libro de Physionomia, que, según Gabriel Naudeo, fué compuesto por Bartolomé Cocles. El deseo de adquirir riquezas le hizo dedicarse a la quiromancia y al arte de adivinar y predecir lo futuro, con que engañaba al bajo pueblo, vendiéndole a muy caro precio sus groseras mentiras. Envejecióse en este oficio y murió lleno de ignominia en 1598.

[266] Un triste autor. Llámale Quevedo Cicardo Eubino en todas las ediciones anteriores a los Juguetes de la niñez. Eylhardo Lubino dice el manuscrito de la Biblioteca de las Cortes, L. 31, pág 95. Acaso deba leerse Siccardo Eugubino, tomando el sobrenombre de Eugubio o Gubio, lugar del ducado de Urbino.

[267] Miguel Scoto nació en el condado de Fife (Escocia), en el reinado de Alejandro II. Vivió algunos años en Francia y, noticioso de que el emperador Federico II favorecía las ciencias, pasó a la Corte de este Príncipe y exclusivamente se dedicó al estudio de la Medicina y de la Química. Se cree que murió en 1291. Su afición a las ciencias ocultas le ocasionó ser blanco de las críticas severas de Pico de la Mirándula en su obra contra los astrólogos. Boccaccio, en sus Novelas, habla de él como de un hábil mágico. Folengo, en su Macaronea, afirma lo propio en estos versos:

“Ecce Michaelis de Incantu Regula Scoti,
Qua post sex formas cerae fabricantur imago
Demonii Sathan, Saturni facta piombo.
Cui suffimigio per sirica rubra cremato,
Hac (licet obsistant) coguntur amare puellae”.

En fin, Dante le representa de la propia manera en el Infierno:

“Quell’ altro che ne’ fianchi è cossi poco,
Michele Scotto fu, che veramente
Delle magiche frode seppe il giuoco”.

Landino, expositor de Dante, cuenta que muchas veces convidaba Scoto a sus amigos sin aparejar manjares ningunos; pero, sentado a la mesa, hacía venir por obra del diablo infinitos y preciosos de la cocina de los más prepotentes Monarcas de la tierra. Añade que, siendo astrólogo (matemático) del Emperador de Alemania, le señaló el lugar en que había de morir y que el mismo Scoto se predijo su muerte. Porque muchos italianos le tuvieron por español, cuando este hombre exclusivamente pertenece a la historia de Italia, cuéntale con harta razón Quevedo entre los de aquel país. Escribió Physiognomia et de homninis procreatione, libro que se imprimió en 1477. Ítem: Quaestio curiosa de natura solis et lunae, esto es, de la naturaleza del oro y de la plata para la pretendida trasmutación de los metales.

[268] “de la gente peor que Judas”. (Edic. de Pamplona. 1635).

[269] Quevedo, para estos argüídos de herejes antes de la venida de Cristo, no hizo sino compilar el Catálogo de las herejías, formado por el Obispo de Brescia, Filastrio, varón doctísimo en las Sagradas Escrituras, amigo y familiar de San Ambrosio de Milán. Floreció en el imperio de Teodosio por los años de 380. Philastrii episcopi brixiensis haereseon catalogus. (Basilea, 1528, sin noticia del impresor, que debe de ser Juan Fabro).

[270] Ofitas (ophitae). Advierte Filastrio que deben contarse los primeros entre los herejes anteriores al Salvador, como que atribuían alguna fuerza divina a la serpiente, suponiéndola arrojada del primer cielo a otro, por haber dado a Eva la ciencia del bien y el mal, que de allí trascendió a todo el género humano.

[271] Cainanos. Caiani los llama Filastrio. Habla éste en seguida de la herejía de los sethianos, quienes deliraban suponiendo que en el principio, creados los dos hijos de Adán y constituidos ángeles en disensión (tenían a los varones y a las hembras por dioses y diosas), la virtud femenil se retiró al cielo por la muerte de Abel el justo. Eva entonces creyó necesario parir al justo Seth, que le sustituyese, y en él puso un espíritu de gran virtud para destruir a las virtudes enemigas. Más adelante hubo herejes que aseguraban que Cristo era el mismo Seth.

[272] A Dositheo, mágico de Samaria, que pretendió ser el Mesías, se le reputa primer heresiarca. Es sabido que los samaritanos seguían la ley de Moisés como los judíos, como ellos esperaban al Mesías. Dositheo pensó, valiéndose de la magia, pasar por enviado de Dios y tuvo treinta discípulos predilectos, que sostuvieron tamaña impostura. Observaba la circuncisión y guardaba el ayuno, y, para hacer creer que había subido al cielo, dicen que se encerró en una cueva y que allí se dejó morir de hambre. Fué, según San Jerónimo, maestro y guía de los saduceos. Estimaban sus sectarios en mucho la virginidad, y una de sus peculiares costumbres era la de permanecer por espacio de veinticuatro horas en la misma postura que tenían al comenzar el sábado. Simón Mago perteneció a esta secta, que hasta el siglo VI duró en Egipto. En P: Dorileo; en B: Dotileo.

[273] Los saduceos (sadducaei) tomaron su nombre de Saddoc, discípulo de Dositheo, quien afirmó la herejía de su maestro. Profesaban la locura de Epicuro más bien que la divina ley, no esperando en la otra vida premio ni castigo, y sosteniendo, por consiguiente, que ni el temor ni la esperanza debían ser parte para odiar el vicio y abrazar la virtud. Predicó el Redentor contra esta pestífera herejía. En P B: Estaba luego Aspad, autor.

[274] En el Catálogo siguen, después de los fariseos, los samaritanos, nazareos y essenos.

[275] En P: Eliogaristas; en B: Eliogaristas, Divictiacos.

[276] Musoritos. (Reg., I, cap. 6). En P B: muscoritos.

[277] Mosca accaronita. Beel-zebub (esto es, señor de las moscas) era el ídolo de la ciudad de Accaron. (Reg., IV, 1; Math., X, 25).

[278] Troglodytas, voz griega, que designa los que idolatran en cavernas escondidas, sin cuidarse de labrar casas ni cultivar tierras. Este nombre es imaginario, porque sobre la visión del profeta Ezequiel (c. 8, vv. 8, 9, 10 y 11), que vió idolatrar a setenta ancianos, imaginó Filastrio que lo ejecutaban ocultos en cuevas, no siendo sino en edificios, y el que hizo el índice de Filastrio, equivocado así, los llamó trogloditas.

[279] Los de la fortuna (o reina) del cielo. Era la luna o Iside o Diana. (Ierem., XLIV, 17).

[280] Baal, que significa señor, era el ídolo de los samaritanos y moabitas. Unos le creen Marte y otros Júpiter, en cuya representación le adoraban los sidonios y como a supremo hacedor los caldeos. Éstos al sol llamaron Baal y los fenicios le veneraban por criador único del firmamento. Baal fué un rey de los tirios, cuyo nombre, conservado en la memoria de los hombres, llegó a convertirse en el de un dios. (Num., XXII, 41; Jud., VI, 25; Philastrii, 6).

[281] Los astharitas veneraban y ofrecían sacrificios a Astar, simulacro de los sidonios, y a Camos, escándalo de Moab, ídolos de hombres y mujeres, a quienes ofrecían sacrificios. Así como los gentiles entendían por Baal todos los dioses, del propio modo todas las diosas por Astar o Astaroth; aunque Astaroth o Astarthe en el presente caso es propiamente la Venus siria, nacida en Tiro y casada con Adonis. (Jud., II, 11; Reg., IV, cap. XXIII, 13; Cicerón, De nat. deor., III. 23). En P B: los de Astarot.

[282] Moloch o Mélech (esto es, rey), dios de los ammontas: créese que era el sol. En su honor, Salomón hizo edificar un templo en el monte Olivete, que el rey Josías quemó y redujo a polvo. Para la superstición de este ídolo había consagrado cierto valle al Oriente de Jerusalén, llamado Topheth. (III, Reg., XI, 5, 6, 7; Act., VII, 43).

[283] La estrella de Rempham se cree que fuese la de Saturno. (Act., VII, 43). En P B: Moloch y Temphan.

[284] El ara de Topheth estaba en el valle del hijo de Ennom, al pie del monte Moria. Se llamó Topheth (tambor) porque los sacerdotes del ídolo de Moloch tocaban tambores para que no se enterneciesen los israelitas oyendo los gritos de sus propios hijos e hijas, a quienes, ofrecidos en holocausto, devoraban las llamas lastimosamente. (Reg., IV, cap. XXIII; Math., 10, v. 22).

[285] Puteoritas. Filastrio incluye estos herejes en su Índice, tomando la letra y no el sentido metafórico del versículo 13, cap. II de Jeremías. Herejes veraníseos los nombran las ediciones de Pamplona, 1631, y Barcelona, 1635, lo que parece un yerro de imprenta, no obstante que una y otra lo escriban del propio modo. En P B: pateoritas.

[286] Los de la serpiente de metal. Moisés la hizo por mandado del Señor para que su pueblo se acordase del milagro que obró con Israel, librándolo de aquellos mortíferos reptiles. Abandonados los judíos a la impiedad, ofrecían inciensos al simulacro, como si fuera un dios, y tuvo Ezequías, para restaurar la pureza del culto, que hacer pedazos la serpiente de bronce. (Reg., IV, cap. XVIII, 4).

[287] Thamur es el mismo Faraón, rey de Egipto en los tiempos de Moisés. Las mujeres de Judea, sentadas en derredor de su simulacro, le adoraban con grandes llantos y gemidos. (Philast., 9). En P B: lloraba Shamar.

[288] Los bahalitas o belitas adoraban en cuevas escondidas a Belo y sus hijos. Este rey del Oriente fué el primer autor de la idolatría y del sacerdocio entre los caldeos. (Ídem). En P B: dathalitas.

[289] La pythonisa y los pythones eran los magos y adivinos. Quitólos y acabó con ellos el piadoso rey Josías. (Reg., lib. I et IV, cap. XXVIII et XXIII).

[290] Los de Asthar y Astharoth son cuantos adoran figuras de hombres y mujeres, y con este nombre genérico se conocen los que después de la muerte de Josué y de los ancianos cayeron en abominaciones. (Jud., II, 12 et 13).

[291] Los herodianos confesaban la resurrección y recibían la ley y los profetas, esperando como el Cristo a Herodes, rey de los judíos. (Philast., 12).

[292] Para los herejes posteriores a la venida de Jesucristo se valió Quevedo, buscando siempre lo más raro, según su genio, además del índice de Filastrio, de los Catálogos de Juan Ravisio Textor. Joannis Ravissi Textoris Officinae. Lugduni, 1585, t. II.

[293] Menandro, mago de Samaria y discípulo de Simón, hizo porque le creyesen el salvador bajado del Olimpo para la salud de los hombres. Decía que su bautismo libraba de vejez y enseñaba que no se podía vencer a los ángeles con ningún pacto, sino con los recursos de la magia.

[294] Simón Mago, samaritano, alucinó con sus artes depravadas a muchos en Palestina, hasta el punto de que le veneraban como a padre. En Roma, imperando Claudio, logró ser tenido por Dios y dicen que honrado con aras y sacrificios. Fué autor de la simonía, esto es, dar lo espiritual en precio de cosas temporales. Pretendiendo volar por los aires, en la capital del mundo, delante de Nerón, cayó por oración de San Pedro y murió, dejando manifiesta su impostura.

[295] Saturnino, antioqueno, discípulo de Menandro, cuyas máximas siguió; deliraba estableciendo el sistema de la creación del mundo por los ángeles y negaba que Cristo se hubiese hecho hombre. Reputaba la vida como funesto presente, era la continencia uno de los principales puntos de su herejía y condenaba las nupcias. En P B: Saturno.

[296] Basílides, heresiarca del siglo II, fué natural de Alejandría, discípulo de Menandro y maestro de Marción. Sus desatinos cundieron por todo el Egipto. Creía en la metempsícosis. Enseñaba que de un Dios único e innato provino el entendimiento, de éste el verbo, de éste el sentido, de éste y de la virtud la sabiduría, y de ambas procedieron el principado, las potestades y los ángeles. Decía que ellos fueron los autores del mundo, dieron principio al bien y al mal que le gobierna, y que las inteligencias angélicas, distribuidas en trescientos sesenta y cinco órdenes, presidían otros tantos cielos; que el Hijo de Dios, enviado para libertar al género humano, sólo tomó el aspecto de hombre y que fué crucificado bajo la figura de Simón Cirineo. Murió en 131.

[297] Nicolao, antioqueno, cabeza de la secta de los nicolaítas, suponen que fué uno de los siete diáconos elegidos por los Apóstoles, de quienes hubo de separarse y de la Doctrina verdadera, cayendo en lastimosos errores; pero varios santos Padres creen que los nicolaítas quisieron autorizar su herejía con el nombre del antiguo diácono. Estos sectarios rechazaban la ley del matrimonio, pretendiendo que las mujeres fuesen comunes. Llamáronse gnósticos, esto es, sabios y espirituales.

[298] Carpócrates, heresiarca, natural de Alejandría, vivió en los tiempos de Hadriano. Educado en la filosofía platónica, sostuvo la existencia de un ser supremo y de los ángeles derivados de él por una infinidad de generaciones. Creía que eran las almas emanaciones de la divinidad; pero que, habiendo degenerado de su origen celeste, fueron condenadas a estar unidas a cuerpos mortales. Reputaba a Jesucristo puramente hombre engendrado por San José. Admitió un dios bueno y otro malo.

[299] Cerintho, heresiarca famoso del tiempo de los Apóstoles; nació en Antioquía, de una familia judaica. Estudió con los célebres filósofos de la escuela de Alejandría, y, trasladándose a Jerusalén, se alzó cabeza de una facción compuesta de judíos conversos que, uniendo las ceremonias de la ley antigua con los preceptos del Evangelio, se oponían a la predicación de la fe del Crucificado a los gentiles. Por ello, anatematizado Cerintho y separado de la comunión de los fieles, pasó al Asia, y mezclando ideas de la filosofía oriental con doctrinas judaicas y cristianas, formó una secta, que se extendió por varias provincias. Tiénesele por inventor del error de los milenarios carnales y groseros.

[300] Ebión, su discípulo, cuyos sectarios se llamaban ebionitas; negó la divinidad de Cristo, sosteniendo que con el Evangelio se había de guardar la ley de Moisés, que fué también error de los nazareos. En P: Elión; en B: Abión.

[301] Valentino, egipcio, a mediados del siglo II ambicionaba y no logró un obispado. El despecho le hizo caer en tales demencias, que admitía hasta treinta dioses, a quienes llamaba aeonas. Dijo que Jesucristo tomó cuerpo celeste y no de las entrañas de María. En P B: Valentiniano.

[302] Menandro, el mozo de Samaria, es el mismo de quien se habló antes.

[303] Montano, heresiarca del siglo II, nació en Ardaban, pueblo de la Misia. Abrazó el Cristianismo creyendo ascender a las primeras dignidades eclesiásticas, y no habiéndolo alcanzado, se propuso que le venerasen profeta. Como se atrajese a dos damas de la Frigia, llamadas Priscilla y Maximilla, que abandonaron con extraña locura a sus maridos por seguirle, comenzó a predicar que era el profeta escogido para revelar a los hombres las verdades que no estaban en estado de oir en tiempos de los Apóstoles. La severidad de su moral y las rigorosas penitencias que imponía a sus discípulos atrajéronle considerable número de partidarios, que se llamaron cataphryges, quienes le daban el nombre de Paracleto. Murió, según la opinión más cierta, en 212. El grande Tertuliano se inficionó en la herejía de los montanistas. En P: Prisca; en B: Prisea.

[304] Hubo un obispo en Egipto llamado Nepos, que decía, como Cerintho, que los santos reinarán con Cristo mil años en la tierra en deleites sensuales y groseros.

[305] Sabino, obispo de Heraclea, llamó a todos los cristianos que en el Concilio Niceno anatematizaron a Arrio, idiotas, perezosos y de ingenio enfermizo.

[306] Este período falta en las ediciones de Pamplona y Barcelona de 1631 y 1635.

[307] El emperador Sigismundo, muerta su primera mujer María de Hungría, de quien no tuvo hijos, se casó con Bárbara, cuyo padre era Herman, conde de Cillei. Bárbara fué tan mala como Isabel de Baviera, su contemporánea y pariente, mereciendo por su disolución y vicios el nombre de Mesalina de Alemania. Isabel, hija de este matrimonio, casó con Alberto de Austria.

[308] Zancajo, el hueso que forma el talón, y lo pone por el zancarrón, o hueso del pie desnudo y sin carne, y el de Mahoma dícese por sus huesos, que van a visitar los moros en la mezquita de Meca. Los cencerros, por haber sido recuero, y tales son los dijes de arriero, que después pone.

[309] Manes, hereje persa, que vino a Roma imperando Aureliano. Sus discípulos son llamados maniqueos. Establecía dos principios, uno a otro contrario, siendo el malo autor de las bodas, de las comidas de carne y del vino. Afirmaba que él de una virgen era hijo, y que fué educado en las selvas. Ponía en Cristo una sola naturaleza, la divina, y suponía fantástica la humana, por no creer verisímil que Dios hubiese querido padecer.

[310] Josepho Scalígero, uno de los más célebres filólogos de Francia, fué hijo de Julio César Scalígero, y nació en 1540. Dotado de prodigiosa memoria y de tanto tesón para el estudio, llegó a saber trece lenguas e instruirse profundamente en las bellas letras, la historia, la cronología y las antigüedades. Hízose protestante a la edad de veintidós años, absteniéndose de tomar parte en las tenaces contiendas religiosas de su época. Consagróse a corregir y explicar los autores antiguos, y, aun cuando les atribuye frecuentemente sus propias ideas, no por eso dejó de ilustrarlos. Murió en 1609.

[311] Felipe Melanchthon nació en Breten, en el Bajo Palatínado, año de 1497. Llamábase Schwart-Erde, que en alemán quiere decir tierra negra. Tomó por consejo de un tío el otro nombre, que en griego significa lo mismo. Dió muestras desde muy temprano de una disposición extraordinaria para las letras, y a los veintiún años fué nombrado catedrático de Griego en Wittemberg. Allí trabó amistad con Lutero, que enseñaba Teología, y de común acuerdo trabajaron para restablecer la Reforma. El carácter de Melanchthon era tan dulce como arrebatado y bilioso el de Lutero. Por esta causa fué escogido aquél para redactar su célebre confesión de Ausburg. Murió en 1560, dejando escritas muchas obras, la mayor parte en defensa del protestantismo. Corr., 596: “Comerse las manos. (Por lo que se come con gusto)”. Gitanilla: “Cuando le sepas, has de gustar del de modo que te comas las manos tras él”.

[312] Teodoro Beza nació en Vezelai, pequeña ciudad del Nivernais, año de 1519. Estudió en París y vivió mucho tiempo en Francia, donde gozaba pingües beneficios eclesiásticos. Retiróse a Ginebra en 1548 y públicamente abrazó la Reforma. Atrajo a estas opiniones a Antonio de Borbón y Juana de Navarra, su mujer; concurrió al coloquio de Poissy; sucedió a Calvino en todos sus empleos, y falleció de ochenta y seis años.

[313] “doctísimo”. (Edic. de Pamplona de 1631). Henrico Stéphano nació en París, año de 1528, de una familia de sabios impresores. Sus conocimientos extraordinarios en las lenguas griega, latina y vulgares de Europa, el trabajo que puso en restaurar y anotar las obras de los antiguos, sus frecuentes viajes en busca de manuscritos preciosos y la comunicación con todos los ingenios de su época, le dieron grande nombradía. Como abrazase la religión reformada, echó sobre sí el odio de los católicos, atrayéndole la animadversión de muchos literatos la crítica mordaz que usaba contra los que no seguían sus opiniones. Murió en el Hospital de Lyon, 1598.