[426] Bajar, mirar, infinitivos, como imperativos (véase Cejador, Lengua de Cervantes, I, 214).
[427] “mal tiempo si sabe”, etc. (Ediciones de Pamplona, 1631, y Barcelona, 1635, y todos los impresos).
[428] Corr., 559: “No dijera más Mateo Pico. (A la cosa disparatada que dicen)”. Llamó así el pueblo al que disparataba por mucho hablar, por su pico, que es por lo que dice de él Quevedo que era agudo y que sin hacer más cortesía metía su cucharón.
[429] Pedro Vega, ps. 6, 4, 2: “Los que apelan con las mil y quinientas aventuran tanta moneda como depositan, por ver su pleito en mejores manos”. H. Santiago, Juev. dom., 1 cuar., f. 155: “Aunque vee tres sentencias conformes contra sí, apela con las mil y quinientas al último y supremo tribunal de la misericordia”. Eran las mil y quinientas doblas que depositaban para recurrir en última apelación judicial en una de las salas del Consejo de Castilla. (Novís. Recopil., l. 4, t. 5. l. 1).
[430] “que se rezumaba” (A); “coyunturas” (A B).
[431] “bullía en un hervor” (A).
[432] “nacido de un jigotado” (A).
[433] 1621 dice el Ms., copia muy antigua de lo que hasta fin de aquel año tenía bosquejado Quevedo. Sin número son las erratas que la desdoran por torpeza del amanuense, que no entendía los originales; pero debemos a toda ley reconocerla como utilísima para aclarar y fijar el texto de este Sueño, uno de los más estropeados por antiguos y modernos impresores.
[434] “el marqués de Villena? ¿No has oído”, etc. (El manuscrito).
[435] Don Enrique de Villena fué nieto del Marqués de Villena, primer Condestable de Castilla, y después Duque de Gandía, hijo del infante don Pedro de Aragón. Tuvo don Enrique por madre a doña Juana, hija bastarda del rey don Enrique III, y trabajó más en las ciencias que en las armas, afición natural que en vano contrariaron sus padres, queriéndole más caballero que letrado. La ignorancia, legislador universal, le trató con desdén; la envidia extendió que el Marqués supo mucho en el cielo y poco en la tierra; la malicia le disfamó con el vulgo y con todas las generaciones: le dió los nombres de estrellero y nigromante, haciendo aprender al vulgo que el Marqués dispuso que le picasen y convirtiesen en jigote y le encerrasen en una redoma para volver a segunda vida. Fué historiador y poeta y murió en Madrid de cincuenta años, a 15 de diciembre de 1434. Depositaron su cuerpo en el convento de San Francisco. (Fernán Pérez de Guzmán, Generaciones y semblanzas, cap. XXVIII).
[436] Dijes, dij ó dije en singular: evangelios, relicarios, chupadores, campanillas y otras bujerías que ponen a los niños en la garganta, etc., para preservarlos de algún mal, divertirlos o adornarlos.
[437] “Sabe, dijo, que no fuí marqués de Villena, que ese título me da la inocencia: llamáronme don Enrique de Villena, fuí infante de Castilla; estudié y escribí”, etc. (El manuscrito). Pertenecióle el marquesado de Villena legítimamente; pero fué desheredado de él, quedando anulado su derecho por el mismo poder que se lo otorgara, aún en vida del agraciado con él, su abuelo don Alfonso de Aragón, disfrutándolo en tiempo de don Enrique dos Infantes de aquel reino. Llamóse él siempre, en son de protesta, de Villena, no usando nunca su apellido, así como su hija doña Isabel, que se llamó de Villena (véase Felipe Benicio Navarro, en su edición del Arte Cisoria).
[438] Con motivo de esta quema bárbara, el bachiller de Cibdarreal escribió al autor de Las Trescientas: “No le bastó a don Enrique de Villena su saber para no morirse, ni tampoco le bastó ser tío del Rey para no ser llamado por encantador. Dos carretas son cargadas de los libros que dejó que al Rey le han traído; e porque diz que son mágicos e de artes non cumplideras de leer, el Rey mandó que a la posada de fray Lope de Barrientos fuesen llevados; e fray Lope, que más se cura de andar del Príncipe que de ser revisor de nigromancias, fizo quemar más de cien libros, que no los vió él más que el Rey de Marroecos, ni más los entiende que el Deán de Cidá Rodrigo; ca son muchos los que en este tiempo se fan dotos faciendo a otros insipientes e magos; e peor es que se fazan beatos faciendo a otros nigromantes”. (Epístola 66). Sabido es que las Cartas de Cibdarreal son apócrifas, pues se escribieron el siglo XVII. El mismo Barrientos, en su Tratado de las especies de adivinanza, dice al tratar del libro mágico del Angel Raziel: “Este libro es aquél que después de la muerte de don Enrique de Villena, tú, como rey christianissimo (era don Juan II), mandaste a mí, tu siervo et fechura, que lo quemasse a vuelta de otros muchos, lo cual yo puse en ejecución en presencia de algunos tus servidores, e puesto que aquéste fué et es de loar, pero por otro respecto en alguna manera es bueno de guardar los dichos libros, tanto que estuviessen en guarda e poder de buenas personas fiables”. La Crónica de D. Juan II dice: “Fr. Lope miró los libros e fizo quemar algunos e los otros quedaron en su poder”.
[439] “estabas enterrado en San Francisco de Madrid; mas hoy me he desengañado”. (Ms.).
[440] “¿Hay paz en el mundo?” “Paz, respondí, universal. No hay guerra con nadie”. “¿Eso pasa? Torna a tapar, que en tiempo de paz mandarán los poltrones, medrarán los vicios, valdrán los ignorantes, gobernarán los tiranos, tiranizarán los letrados, letradeará el interés, porque la paz es enemiga (amiga) de pícaros. No quiero nada de allá fuera: bien estoy en la redoma. Vuélvome jigote”. Afligióme grandemente, porque empezaba ya a desmigajarse, y díjele: “Aguarda, que toda paz que no se hace con buena (voluntad) es sospechosa. Paz rogada, y comprada y pretendida es salsa y apetito para guerras. No hay para quién sea la paz; porque si los ángeles dijeron: Pax hominibus in terra bonae voluntatis, el sobrescrito de la paz viene a muy pocos de los que hoy viven en el mundo. Está para dar un estallido; todo se va revolviendo”. Con esto se sosegó y puesto en pie, dijo: “Con esperanzas de guerra saldré de aquí, porque la necesidad fuerza que los príncipes conozcan y diferencien al bueno del que lo parece. En la guerra se acaban las raposerías de la pluma y la hipocresía de los dotores, y se restaña el pujamiento de licenciados. Abre ahí; pero dime primero: ¿hay mucho dinero en España?”, etc. (Ms.). El penúltimo párrafo confirma haberse bosquejado la Visita de los chistes en 1621, época en que terminaba la tregua de doce años con los holandeses y en que dominaba en todos los españoles el espíritu guerrero, por creer que dicha tregua y la paz que hubo en gran parte del reinado de Felipe III fueron origen de todos los males de la Monarquía. Rota la guerra en el mismo año y vistos los desastrosos resultados de ella, la opinión varió completamente, y Quevedo, al retocar su discurso, eliminó el párrafo.
[441] “Génova ha hecho unas sanguijuelas”, etc. (Ms. y edición de Pamplona, 1631).
[442] Los ginoveses, con sus cambios, recambios y demás mohatras, se llevaban todo el dinero de España.
[443] Zacapela, o zacapella o sacapela, riña, como en pela-mela, pelotera, escara-pela, gara-pela, del sacar y tirar los pelos y a pelladas (Cejador, Tesoro, Silbantes, 196). Cuento de cuentos: “La zacapela que traía la gente bajuna”.
[444] Gatos, tomado también aquí por bolsa, como se usaba de su piel y aún se usa por Segovia y el resto de Castilla.
[445] “sana de esos lamparones, porque el rey de Francia no admite”, etc. (Ms.). Decíase que el Rey de Francia tenía virtud de curar los lamparones.
[446] “usajes de bolsas”. (Edic. de Pamplona y Barcelona y todos los impresos). Usagre, especie de sarna acre que roe y come la carne en perros, etc. J. Pin., Agr., 20, 3: “Y su desnudez y su sarna y usagre”.
[447] Empréstidos. A. Veneg., Agonía, 3, 10: “Las limosnas y empréstidos que hicieron”.
[448] Corr., 182: “La verdad adelgaza, mas no quiebra su hilaza”.
[449] “no ha de perdonar nada, que no ha de sufrir cosa ninguna; que el hombre honrado antes”, etc. (Ms.).
[450] “mundo. El diablo puede salir a vivir en ese mundecillo, dijo el Marqués. Considero yo” (A).
[451] Palillos, los bolillos de hacer encaje y randas, y dícese de lo sin consistencia, substancia ni solidez. Timoneda, p. 225: “Que yo no quiero llevar | mi vida puesta en palillos”. D. Vega, S. Dom.: “El reino del mundo es reino de palillos y que tiene los fundamentos de agua y lana”. Cerv., Juez div.: “Ya había yo de haber procurado algún favor de palillos de aquí o de allí”. Cabr., p. 485: “Justicia armada sobre palillos”.
[452] “putos y borrachos” (A).
[453] “No había entonces otro puto sino oxte, que siempre fué oxte puto, que todos eran mujeriegos, a puto el postrero; ahora me dicen que los... se han introducido en barrigas”. (Ms.).
[454] Corr., 328: Cada buhonero alaba sus agujas.
[455] Lo que arrastra honra, de las ropas rozagantes, y con ironía del desaliño. Grac., Crit., 3, 6: “Antes lo que honra, arrastra y trae a muchos más arrastrados que sillas”.
[456] Dos dedos. Quij., 1, 13: “No estoy en dos dedos de ponello en duda”. Ídem, 2, 52: “No faltaron dos dedos para volverme loca de contento”. Díjose del dedo como medida.
[457] Al quitar, de censos, ventas, etc., no perpetuas. Tirso, Vill. Sagra. 2, 2: “Hay parientes al quitar, | que son de casta de censos”. Ídem, 3, 26: “Bodeguero de por vida, | no bodeguero al quitar”.
[458] Ya yo, así se decía y nunca yo ya. Quij., 1, 8: “Que ya yo os conozco”. Cal. Dimna: “Ya yo oí decir”.
[459] “hale” (A).
[460] Mujer, en vez de la conjunción anticuada maguer, aunque, estampan muchas ediciones antiguas y modernas. Todas, sin exceptuar una siquiera, ilustrada o sin ilustrar, dicen cuerno en lugar de cuemo, adverbio también anticuado, que vale como: descuido ciertamente digno de censura.
[461] Santiago Menochius, jurisconsulto, fué natural de Pavía y profesor de Derecho en Padua por muchos años en el siglo XVI. Felipe II le nombró consejero y Presidente del Consejo del Milanesado. Murió en 1607. Sus obras componen ocho volúmenes en folio: la más interesante es un tratado de Praesumptionibus, conjecturis, etc. Juan Pedro Surdo escribió, entre otras obras, las que llevan el título de Decisiones, Decisiones Senatus Mantuani y Consilia, sive responsa juris, que he visto impresas desde el año de 1599 al de 1611, en folio. Juan Fáber, Fabre o Le Fevre, jurisconsulto, murió en Angulema, de cuyo territorio era natural, en 1340. Escribió un Comentario a la Instituta y otra obra intitulada Breviarium in Codicem. La primera se imprimió en Venecia en 1488, en folio. Próspero Farinacci nació en Roma el año de 1554. La colección de sus obras, que todas tratan sobre los derechos civil y canónico, se compone de 13 tomos en folio. Murió en 1618. Jacques Cujas (Cuyacio), célebre jurisconsulto, nació en Tolosa en 1520. Sus obras componen 10 tomos en folio, reimpresas distintas veces.
[462] “Doctoris Putei in legem 6, volumen 1, 2, 3, 4, 5, 6, hasta 15. Licentiati Abtitis de Usuris, Petri Cusqui, in Codigum, Rupis, Bruticarpin, Castani, Montoncanense de Adulterio, et Parricidio, Cornarano, Rocabruno. (Impresión de Pamplona, 1631.) Doctoris Putiri in legem sextam, volumine 1.º, 2.º, 3.º, 4.º, 5.º, 6.º hasta 15. Licenciati Nupti de Usuris, Petri Jusque in quodigum, Ruptis, Bruti, Corpin, Castan, Monto, Canente de Adulterio, etc. Los letrados”... (Ms.).
[463] Doctoris Putei. Jacobus Puteus o de Puteo escribió las obras siguientes: Decisiones; Decisiones Rotae Romanae; Allegatio pro communitate Terrae Valentiae contra communitatem sancti Salvatoris, que, desde los años de 1583 a 1610 he visto impresas en Venecia y en León de Francia. De Bernabé Cornazzano conozco la obra en folio intitulada Novissimae decisiones Rotae Lucensis, impresión de Venecia de 1598. Casi todos los demás nombres de autores están corruptos, en mi sentir. El asunto no merece la pena de que, por fijar la verdadera forma en que deban escribirse, abandonemos otros trabajos; tarea dificilísima además, por la multitud de libros que aparecían a cada hora en aquella época sobre materias jurídicas, y cuya memoria se ha perdido, y empresa aventurada tal vez, siendo posible que, a vueltas de nombres verdaderos de autores, añadiese Quevedo otros imaginados. Petri Cusqui pudiera ser Rochus de Curte, que escribió De jure patronatus, impreso en León de Francia, 1573. Rupis, acaso J. B. Lupi, de quien es el tratado De usuris et commerciis illicitis. Brutiparcin es, a no dudar, Jacobo de Butrigariis, que escribió De oppositione compromissi, et ejus forma. Para el nombre Castani se ocurren los de Bartolomé Chassaneo, consejero del Parlamento de París en 1531, y que publicó alguna obra jurídica, y del abad Nicolao Cataniense, que escribió muchos Tratados sobre derecho pontificio. Pero esto es hablar a Dios y a ventura.
[464] Qué tan, cuán. Tac., 1, 9: “Yo le diré a v. m. qué tan doctos”.
[465] En lugar de leen aprisa, arremedando un abejón, que dice el Ms. y pide el sentido, en la edición de Pamplona se estampa: leen de prisa, reméndanle un anexion; en la de Barcelona: leen de priesa, remedándole una anexion; Ibarra y Sancha imprimieron de propia autoridad remiéndanle una anexión. No hay un ejemplar donde el sentido esté recto.
[466] Es-parr-anc-ado, de parr-ar, extender (Herr., Agr., 2, 21) y anca. En Murcia parr-anc-ana es la persona pequeña y gruesa; en Andalucía, a-parr-an-ado. En Palencia a parr-anqu-illas es a horcajadas, extendidas las anquillas. Entrem.: “Muy esparrancado de ojos decía”. Desparrancado en P. Espinosa, Perro y Cal.
[467] Tenuta, posesión de los frutos, rentas y preeminencias de algún mayorazgo, que se goza hasta la decisión de la pertenencia de su propiedad entre dos o más litigantes. Recop., l. 4, t. 19, l. 5.
[468] Corr., 545: Un alcalde de palo lo mandará. Esto es, de madera, un zote, sin juicio; sino que Quevedo hace un chiste sobre el palo.
[469] Lo embelequen, lo engañen con embelecos.
[470] “dos días ha, dije yo”. (Ms.). Aquí llegaba Quevedo el 2 de abril de 1621, cuando se extendió por su prisión de la Torre la noticia de la muerte de Felipe III.
[471] Rasgo ingenioso, pero de amargo desconsuelo, porque pinta hasta qué extremo habían prostituido los Tribunales en aquella época la inmoralidad y la avaricia.
[472] Agrajes, sobrino de la reina Elisena, madre de Amadís de Gaula, e hijo del rey Languines, es uno de los héroes del famoso libro de Amadís, cuya lectura, muy común entre próceres e hidalgos en los siglos XV y XVI, llevó al pueblo el adagio en fórmula de amenaza, que tan galanamente se ridiculiza en este sitio. Corr., 57: Agora lo veredes, dijo Agrajes con sus pajes. La expresión Ahora lo veredes solían decirla el mismo Agrajes y los demás caballeros, respondiendo a las provocaciones de sus contrarios y remitiéndose a las manos. “Poniendo mano a la espada, arremetió contra Florambel, diciendo: agora lo veréis, don cobarde caballero” (Florambel de Lucea. 4, 1). “Ahora lo veréis, dijo Amadís, y abajando su lanza se vino para él”. (Amad. de Grecia, 2.ª pte., c. 48). “Ahora lo veredes, dijo Agrajes, respondió don Quijote” (Quij., 1, 8).
[473] “hecho en remate de cuchara”. (Ms.).
[474] Dígote sastre. Ser un sastre es ser un pillo, y por tal le tuvo, viéndole con pelo como cerdas de limpiadera, erizado y bermejizo, esto es, de pelo bermejo y malo, señal de ello.
[475] Oir, que no pica. Doy oídos, que eso no daña nunca.
[476] “mirar a quién”. (Ms.).
[477] Este período hállase en todos los impresos estragado y falto. Muchos antiguos manuscritos escriben Harbalias. De arbar; en Covarrubias, harbar, el cual dice que significa “hacer la cosa muy de priesa, como harbar la plana el muchacho, cuando escribe de priesa y mal”. Quij., 2, 4: “Porque no hará sino arbar, arbar, como sastre en vísperas de pascuas”. Nótese que a esto alude Quevedo al tenerle por sastre. J. Enc., 78: “Come, no nos tome | la cuaresma rellanados. | Arbemos estos bocados”. Aquí vale arrebatar, y tal es su propio valor, y lo supone Quevedo, diciendo era un solicitador y un sastre y que parecía remate de cuchara; en fin, que no se ha de dar este nombre a cualquiera, sino al solicitador. La h de Covarrubias es de la etimología que él le dió, del hebraico harbagh, cuatro, porque dice que el que escribe mal hace cuatro letras por una. Véase su etimología en Cejador, Tesoro, R, 48.
[478] “ojos a lo sombrero” (B).
[479] “honda y desenfadada”: “Idos”, etc. (Ms.).
[480] Chisgaravís, “el hombrecillo de poca substancia”. (Rosal.) Dícese del muchacho revoltoso, vivaracho y bullidor, y del revoltijo y enredo: su etimología en el Tesoro, Silbantes, 5. L. Grac., Crit. 2, 1: “Aquél que sale hecho un Catón, ¿no era poco ha un chisgarabís?”
[481] Me hacéis el santo, fruta, me convertís en fruta, esto es, en Pero, el santo, esto es, San Pedro. Pero decíase antes por Pedro, de donde Per-ico y Pé-ez.
[482] Vía se decía por veía.
[483] Las alas, como a grullo.
[484] Los villanos, cuando se les anuncia o explica lo que no requiere explicación y no puede menos de suceder, cantan hoy todavía esta copla:
Son esas profecías
De Pero Grullo,
Que a la mano cerrada
Llamaba puño.
Y llámanse perogrulladas aquellas verdades que de puro manifiestas, afirmarlas es necedad. El autor de la Pícara Justina escribió que Pero Grullo fué asturiano y que hay una profecía suya en Asturias de que ha de venir por el río una avenida de oro y toneles de vino de Ribadavia, y, por estar prevenidos para la pesca, los paisanos andan siempre descalzos. Etimológicamente de gorullo, montón, es uno del montón, un cualquiera. Es el que dice claramente verdades tontas, necedades, y si la principal, que le atribuyen de que a la mano cerrada llamaba puño, fué causa de su nombre, como pudiera, gorullo aludiría al puño o amontonamiento de dedos. Quij., 2, 62: “No dijera mas el profeta Perogrullo”. Corr., 432: Vámonos a acostar, Pero Grullo, que cantan los gallos a menudo; hilar, hilar, Teresita, que, si los gallos cantan, no es hora.
[485] Estantigua, como quien dice visión, fantasma, y de su valor traté en mi edición del Lazarillo.
[486] “dijeron”. (Ms.). “refieren”. (La impresión de Bruselas de 1660).
[487] Termina aquí el Ms. de Lastanosa, y tal vez lo que hasta fines del año de 1621 tenía escrito el prisionero de la Torre de Juan Abad.
[488] Cotorrera, la que anda de cotorro en cotorro, parlanchina y chismera, de donde la hembra del papagayo. Parra, Luz, 1, 1: “¿Qué diremos de tantos papagayos y qué de tantas cotorreras, que ni entienden lo que piden a Dios ni saben lo que ruegan?” Quev., Rom., 6: “De las mizas cotorreras”. En Aragón también es cotorrero el que asiste a toda diversión y quiere verlo y saberlo todo y parlarlo todo. Rosal: “Cotorrera, la que a tales lugares (cotorros o pedazos de tierra o monte cercado, que dicen soto o sotillo) se retira con hombres, como a lonja de sus torpes mercaderías, como de cárcava, carcaveras”.
[489] Al dedo, trocado en una sortija.
[490] “A Dios y a ventura. (Cuando nos arrojamos a lo dudoso en confianza que Dios ayudará y podrá haber buena suerte)”. (Corr., 505). Lo de a diablos y desgracia es por contraste.
[491] “de risa”. (Edición de Madrid, 1648, y todas las siguientes).
[492] Por el dicho del nacer, por lo que se dice acerca de nuestro nacimiento, de ser hijos de tales o cuales padres, sin otra certeza.
[493] Nos vuelan... el dinero, hacer volar, hacer que desaparezca, llevándoselo, factitivo. P. Vega, ps. 3, 8, 2: “Quedan firmes, no las vuela el aire (las tejas)”. D. Vega. S. Pedro: “Y el otro que la oye (la palabra), la coge y la vuela, y así va pasando de lengua en lengua”.
[494] Ringlón, como ringle, ringlera, ringla, etc. Zamora, Mon. mist., pte. 3, 86, 6: “Apenas he borrado ringlón, trasladado hoja ni vuelto al molde razón ninguna”.
[495] Zahorí. Cree el vulgo que el zahorí, esto es, el que tiene virtud para ver lo que hay debajo de la tierra, nace el Viernes Santo. Alude a Felipe IV, el cual “nació en Valladolid, Viernes Santo, 8 de abril 1605. Baptizóle en el Convento de S. Pablo, del Orden de Santo Domingo, en la misma pila que fué baptizado este Santo, don Bernardo de Rojas, Cardenal y Arzobispo de Toledo”. (Gil Gonzál., Dávila, Teatr. Madrid, p. 51).
[496] Corr., 141: “Echar la soga tras el caldero. (Es tras lo perdido, soltar el instrumento y remedio con que se ha de obrar y echar lo menos tras lo más)”.
[497] Con un Cuarto, con Felipe IV. Faltan esta redondilla y la anterior en la edición de Barcelona, 1635; en la de Madrid, 1648, y, menos en las de Pamplona, 1631, y Bruselas, 1660, en todas las demás, antiguas y modernas. Únicamente la impresión de Ruán, 1629, incluye la penúltima profecía, pero suprime la tercera. Sin duda, convencido Quevedo de que el mal gobierno de Felipe IV hacía bueno el de su padre y que los apuros y empeños del Tesoro, lejos de menguar, iban en creciente, al reimprimir su discurso en 1629 echó abajo mucho de cuanto le había hecho ver el buen deseo y las esperanzas, risueñas siempre, de un nuevo reinado.
[498] Y (hechos) cuartos, descuartizados.
[499] Muy blanco, por ser el Otro un cualquiera, que está en blanco, para que cada cual fantasee a quien se le antoje y lo escriba en ese blanco.
[500] Corr., 361: “Como dijo el otro. (Dicen esto probando lo que hacen, y a veces refiriendo un refrán al propósito)”.
[501] Vais, por vayáis, era común, y lo mismo en todo el indicativo por el subjuntivo.