NOTAS:
[1] La dedicatoria es enteramente diferente en la edición de Pamplona de 1631 y en el Ms. de Lastanosa. Hela aquí: “A don Pedro Girón, Duque de Osuna (a). Éstas son mis obras: claro está que juzgará vuecelencia que siendo tales no me han de llevar al cielo; mas como (b) yo no pretendía dellas más de que en este mundo me den nombre y el que más estimo es (c) de criado de vuecelencia, se las envío para que, como a tan gran príncipe las honre; lograrán de paso la enmienda. Dé Dios á vuecelencia su gracia y salud; que lo demás merecido lo tiene al mundo su virtud y grandeza. En la Aldea (d), abril 26 de 1612.—Don Francisco Quevedo Villegas”.
a) “y conde de Ureña”. (Ms. de Lastanosa).
b) “ya no pretenda de ellas más que en este mundo”. (Ídem).
c) “el de criado de vuecelencia, se las invío para que como tan gran príncipe”. (Ídem).
d) “abril 1623.—Don Francisco Gómez de Quevedo y Villegas”. (Ídem).
[2] 1610 es el año que fijaron los Juguetes de la niñez en 1629 y desde entonces hasta hoy viene reproduciéndose.
[3] Deparare; en A: depare. Adviértase que con cándido, pío y benigno quiere decir lo mismo, no menos, que con purpúreo, cruel y sin sarna, que le moleste criticándole.
[4] Toda la verdad. En el Libro de vidas y dichos graciosos, agudos y sentenciosos de muchos notables varones griegos y romanos, traducción por Juan Jarava, de los Apotegmas de Erasmo, se lee (Anvers, 1549, fol. 87): “Esto se loa y se tiene en más que todas las otras cosas que dijo (Sócrates), porque decía que no sabía otra cosa sino esto sólo, que no sabía nada. Porque se inquiría e informaba de cada una cosa como dudando. No porque de verdad no tuviese algo de cierto sabido; mas con esta ironía y contrario sentido declaraba su modestia y reprendía la soberbia de los otros, que se decían saberlo todo, como de hecho no supiesen nada. Unos sofistas decían públicamente que responderían de presto y sin pensar a toda materia y cuestión propuesta. La ignorancia destos soberbios destruía muchas veces Sócrates con argumentos, y por esto fué juzgado por Apollo sabio, porque, aunque no supiese todas las cosas, como ni los otros las sabían, pero en esto los excellía, que conocía su ignorancia, como ellos no supiesen tampoco esto, que no sabían nada”.
[5] Gastan, hacen gastar dinero en comprar los libros: notable uso de gastar como factitivo, esto es, hacer gastar.
[6] En A P: emprentas; en A: especerías.
[7] Sin ton ni son... no es bailar, alude al origen del dicho, según lo declaramos en el primer sueño, del bailar sin música, a destiempo.
[8] De tan mala cosa, retruécano, el mundo es mala cosa, no mi discurso.
[9] Descontento. Como que el deseo es tendencia a una cosa; lograda, el deseo desaparece, quedando uno descontento, porque todo el contento se cifraba, no en la cosa, sino en desearla.
[10] “unas grandes y descompuestas voces y tirado muy porfiadamente del manteo”. (Edic. de Barcelona, 1635).
[11] Desmentir es lo que hoy dicen despistar o hacer perder la pista, bonito verbo moderno, bien formado y que no tiene que ver con el dépister francés, que vale lo contrario, dar con la pista de alguno, descubrir, indagar. Pero no se olvide el clásico desmentir. Diablo coj., 7: “Don Cleofás y su camarada no salían de su posada por desmentir las espías”. Saavedra, Empr., 45: “Borrar con la cola las huellas para desmentir al cazador”. En el texto vale disfrazar para desmentir o despistar, como factitivo, al modo que en Zamora, Monarquía mist., 3, 86, 2: “Cuando se desdeña el rey de entrar en una casa, entra disfrazado, desmintiendo el nombre”.
[12] Acuérdase Quevedo del Petrarca, De Remediis utriusque fortunae.
[13] Aciago de cara; en P: ciego de cara. Aciago, encapotado y nublado, de mal agüero, metáfora aquí del tiempo que amaga tormenta, triste, melancólico.
[14] “del alguacil”. (Ms. de Lastanosa).
[15] Huésped. Quij., 1, 2: “Pensó el huésped”. Ídem, 1, 32: “A lo cual respondió la huéspeda”.
[16] Ermita, y añaden de Baco. Ilustre fregona: “Visitaba pocas veces las ermitas de Baco”.
[17] Casa, propiamente casa llana, por estar allanada o abierta para todos. Rufián dichoso, 1: “De los de la casa llana”.
[18] Damas. Coloquio de las damas, del Aretino, traducido por Fernán Xuárez, Sevilla, 1607.
[19] Honrados. Guzmán de Alfarache, 2, 3, 5: “Pero los más honrados basta que dejen la casa franca y se vayan a la comedia o al juego de los trucos, cuando acaso les faltan las comisiones”.
[20] Moreno. Celoso extremeño: “Enseñó a tañer a algunos morenos”.
[21] Gallofero, mendigo, que pide la gallofa. Lazarillo, 2: “Tú, vellaco y gallofero eres”.
[22] Capigorrón, o capigorrista, que anda de capa y gorra para más fácilmente vivir libre y ocioso, sobre todo los estudiantes. Píc. Just., f. 91: “Llegaron otros ocho capigorrones tan grandes bellacos como los primeros”. Colmenares, Hist. Segov., pl. 774: “Acercándose un capigorrón, mozo insolente”. Laber. amor, 2: “Capigorrón, brodista, pordiosero”. Ídem, 1: “Estudiantes capigorristas”.
[23] “fraile motilón, o lo que fuere, reverencia y aun paternidad; a todo escribano”. (Edic. de Pamplona, 1631, y el Ms.).
[24] a las apariencias. (Ms. de Lastanosa), las experiencias en la edición definitiva y en la de don Aureliano.
[25] “que son hipocresía”. (Ms.).
[26] Qué bien; en A: cuán bien.
[27] Job, 27, 8: “Quae est enim spes hypocritae?” Y en el 8, 13: “Et spes hypocritae peribit”.
[28] Y por eso, como quien sabía lo que era y lo aborrecía tanto sobre todas las cosas, Cristo, habiendo dado muchos preceptos afirmativos a sus discípulos, sólo uno les dió negativo, diciendo: “No queráis ser como los hipócritas 'tristes'”. (Mat., VI.) De manera que con muchos preceptos y comparaciones los enseñó cómo habían de ser: ya como luz, ya como sal, ya como el convidado, ya como el de los talentos. Y lo que no habían de ser todo lo cerró en decir solamente: “No queráis ser como los hipócritas 'tristes', advirtiendo que en no ser hipócritas está el no ser en ninguna manera malos, porque el hipócrita es malo de todas maneras”. (Edic. de Pamplona y el Ms.).
[29] Taracea, o ataracea, adorno o disposición de una cosa de dos colores echados como a manchas con proporción y hermosura. Saavedra, Repúbl., pl. 89: “Se daban a hacer escritorios de taracea y mesas de diversas piedras engastadas en mármol”.
[30] Mullidor, el que mulle, y mullir aquí por muñir o llamar y convocar, de monere, como en Fonseca, Vid. Cristo, 3. 27: “Sácanse lutos, cómpranse hachas, múllense cofradías, convídanse gentes, vístense pobres, alquílanse endecheras”. Muñidor o mullidor, el criado de las cofradías, que sirve para avisar a los hermanos las fiestas, entierros y otros ejercicios a que deben concurrir. Dice Quevedo que los pícaros muñidores ofrecían a los ojos con sus sayos de diferentes colores como una vistosa taracea.
[31] Incensando; en A: incitando.
[32] Meninos, caballericos que entraban en palacio a servir a la Reina o a los Príncipes niños. Nieremberg, S. Luis Gonz., 4: “En España hizo el Rey a nuestro Luis y a sus dos hermanos meninos del príncipe don Diego”.
[33] “gritando su letanía, luego las Órdenes, y tras ellas los clérigos, que, galopeando los responsos, cantaban de portante, abreviando, porque no se derritiesen las velas y tener tiempo para sumir otro”. (Edición de Pamplona y el Ms. referidos). Chirriando la calavera quiere decir cantando la letanía detrás del difunto con sus vocecillas chirrionas.
[34] Los de la capacha, los de la religión de San Juan de Dios, llamados así del vulgo porque en sus principios pedían y recogían la limosna para los pobres en unas capachas o cestillas de palma. Cerv., Casam. engañoso, pl. 350: “Ya v. m. habrá visto, dijo el alférez, dos perros, que con dos linternas andan de noche con los hermanos de la capacha, alumbrándolos cuando piden limosna”.
[35] Hombreando, hacer fuerza con los hombros para sostener o tirar. L. Grac., Crit., 1, 6: “Porque no tiene espaldas, que a tenerlas, él hombreara”.
[36] Anegado, aquí por sumergido, metido en el capuz.
[37] Devanado en una chía, envuelto en la chía, como el hilo se devana y envuelve en la devanadera. Exagera lo largo de la chía o manto negro, regularmente de bayeta, que se ponía sobre el capuz y cubría hasta las manos, usado en los lutos. Pantoja, Rom., 2: “Viste el corazón de chía | y de capuz la memoria”. El capuz era vestidura larga, a modo de capa, cerrada por delante, que se ponía encima de la demás ropa y se traía por luto, la cual era de paño o bayeta negra y tenía una cauda, que arrastraba por detrás, y Quevedo, exagerándola, dice que pesaba diez arrobas.
[38] Mullidores; en A: muñidores.
[39] “¿Quién no juzgara que los unos alumbran algo y que los otros no es algo lo que acompañan y que sirve de algo tanto acompañamiento y pompa? Pues sabe que lo que allí va no es nada. Porque aún en vida lo era y en muerte dejó ya de ser y que no le sirve de nada todo; sino que también los muertos tienen su vanidad y los difuntos y difuntas su soberbia”. (Edic. de Pamplona y el Ms.).
[40] Hablar de mano, gesticular.
[41] Misacantano, el clérigo que canta misa nueva. Crotalón, 17: “El padre, de su parte, convidó todos sus parientes, vecinos y amigos, juntamente con sus mujeres, y Cenón, misacantano, de la suya, llamó a todos sus preceptores”.
[42] Doblar el capuz, plegarlo para guardarlo hasta el entierro de la nueva mujer. En S: doblarla el capuz en poco tiempo.
[43] Pujados, como empujados a la fuerza.
[44] Soltar el trapo, dar rienda suelta al llanto, a la risa, sentimiento, vicio, etc., tomado del soltar la vela al viento. Igualmente echar trapo. Valderrama, Teatro, Dif., 5: “La mesana y contramesana, el chafaldete y cebadera y el papahigo, y no queda trapo que no eche”. Esteb., 3: “Llegamos a la faluca y echamos todo el trapo”. No lo entendió bien Correas, cuando dijo (p. 141): “Echó el trapo” (Para decir que uno echó el resto e hizo mucho o todo su poder en una cosa. Comenzó en Andalucía a semejanza del dinero atado en trapo).
[45] Llorar a cántaros, ponderación que trasladó Quevedo del llover a cántaros, que es lo común. Cáceres, ps. 10: “Lloverá el cielo sobre ellos miserias, afanes y desventuras a cántaros”.
[46] “les dió la Sagrada Escritura nombre de mudas”. (La edic. de Pamplona).
[47] Viuda en hebreo suena almȃnȃ (אַלמָנָה), y, según Gesenius, deriva de (םלא) ȃlam, atar, ser atado, enmudecer, callarse, como en persa sebȃn besten, linguan ligare est obmutescere, y en árabe, jhubsat ligatio es lo mismo que silentium y ghaquida ligatum y sermone impeditum esse.
[48] Mucho cuidado tuvo Dios dellas en el testamento viejo, y en el nuevo las encomendó mucho. Por san Pablo: “¡cómo el Señor cuida de los solos y mira lo humilde de lo alto!” “No quiero vuestros sábados y festividades, dijo por Isaías, y el rostro aparto de vuestros inciensos, cansado me tienen vuestros holocaustos, aborrezco vuestras calendas y solemnidades. Lavaos y estaos limpios, quitad lo malo de vuestros deseos, pues lo veo yo. Dejad de hacer mal, aprended a hacer bien, buscad a la justicia, socorred al oprimido, juzgad en su inocencia al huérfano, defended a la viuda”. Fué creciendo la oración de una obra buena en otra buena más acepta y por suma caridad puso el defender la viuda. Y está escrito con la providencia del Espíritu Santo decir: “Defended a la viuda”, porque, en siéndolo, no se puede defender, como hemos dicho, y todos la persiguen. Y es obra tan acepta a Dios ésta, que añade el Profeta consecutivamente, diciendo: “Y si lo hiciéredes, venid y argüídme”. Y conforme a esta licencia que da Dios de que le arguyan los que hicieren bien y se apartaren del mal y socorrieren al oprimido y miraren por el huérfano y defendieren la viuda, bien pudo Job argüír a Dios, libre de las calumnias que por argüír con él le pusieron sus enemigos, llamándole por ello atrevido e impío, que lo hiciese con esta del capítulo 31, donde dice: “¿Negué yo por ventura lo que me pedían los pobrecitos? ¿Hice aguardar los ojos de la viuda?”, que convienen con lo dicho, como quien dice: “Ella no puede, porque es muda, con palabras, sino con los ojos, poniendo delante su necesidad”. El rigor de la letra hebrea dice: “O consumí los ojos de la viuda”, que eso hace el que no se duele del que la mira para que la socorra, porque no tiene voz para pedirle. (Edición de Pamplona, 1631).
[49] Esto remedian, parece decirlo el viejo, al cual luego Quevedo responde. Contra las dueñas o viudas de respeto que guardaban a las demás criadas en las casas de los señores, hablaron todos nuestros escritores críticos y todos lo saben por el Quijote.
[50] El que pudre, ya enterrado.
[51] “las cosas, sino el que las hace, como no es rico el que sabe dónde está el tesoro, sino el que le saca y le trabaja”. (Ms).
[52] Cuerpo de responsos, como muerto de puro viejo.
[53] De aleluyas, de alegría, pues se cantan en Pascua y suenan alegría en hebreo.
[54] Verde decimos del viejo que alimenta pensamientos y deseos de mozo, y de las conversaciones y palabras que frisan en cosas de mozos enamorados. P. Vega, ps. 5, v. 24 y 25, d. 2, proem.: “Un mancebo, que debió tener alguna conversación verde y de mozo con una liviana de su pueblo”. Guevara, Menospr. Corte. 12: “Qué cosa es oír a un viejo en la Corte..., y con todo esto que han visto y mucho más que por él ha pasado, tan verde se está en el pecar”. Coloq. perros: “Salta por aquel viejo verde que tú conoces”. Cabrera, p. 81: “¡Qué de jueces viejos y venerandos, que tienen más verdes los pensamientos!” Obreg., 1, 6: “Dejan pasar los verdes años sin acordarse de la vejez”.
[55] “Escupir, sonar, arremedar” (A).
[56] Hechizo, de factitium, hecho por arte, aposta y adrede, de donde falso y fingido. L. Grac, Crit., 3, 5: “Aquélla es la tiranía de la fama hechiza”. Guerra, Cuaresma, Ceniza: “Úsanse unas cruces hechizas, que sólo tienen de cruz las apariencias”.
[57] Hechos una yesca, de secos, sin lágrimas verdaderas, término común de comparación.
[58] En S: y le haga. En este caso había que escribir: que no le dé un trago y le haga comer.
[59] “a solas”. (Ms).
[60] “con sólo un tarazón de vara” (A).
[61] “haberle dado muchas puñaladas” (B); haber dado (P); haberle (M).
[62] Soplones, los porquerones, que vimos los llamaban así del ir con el soplo al alguacil.
[63] “seguras”. (Ms).
[64] por vengarse (A); por vergüenza (P).
[65] Lo que han menester. En P: han de menester. Decíase haber menester y haber de menester, como ser menester y ser de menester, aunque Juan Mir asegura no haberse dicho haber de menester. Corr., 517: “Haber menester como el pan de la boca. (Varía personas y tiempos: Helo menester como el pan de la boca; habíalo menester como el pan de la boca)”. Docum. archivo de Madrid, 3, p. 33: “Por quanto la dicha villa auia de menester de enbiar la dicha carta”. S. Abril, Andr.: “Pero ¿qué es menester palabras?” L. Rueda, Registr. pas. 2: “¿Cuántos huevos son de menester para una clueca?” (Repítese tres veces).
[66] “divirtiera la grandeza”. (Ms).; “detuviera” (S).
[67] Husillo, eje de carro o carroza. A. Pérez, Ceniza, f. 10: “Es como mandarnos untar los ejes y el husillo del carro para que no rechine”.
[68] Ropilla, ropa pobre.
[69] “y se diferencian en muy poco” (A S).
[70] Tejadillo, la postura del manto de las mujeres encima de la frente, dejándola descubierta. Nótese el realismo recio y español de esta maravillosa descripción.
[71] Tarazón, pedazo, de tarazar. Guevara, Avis. priv., 18: “En otro banquete vi dar lechones rellenos con tarazones de lampreas y de truchas”.
[72] En A: atrás diciendo.
[73] En S: haces lo mismo.
[74] En B: y luego la razón.
[75] Visión, dícese de lo imaginado sin realidad, de las apariciones y fantasmas, de donde persona ridícula y fea. Quev., Mus. 6, r. 72: “Visión cecial destestable, | rellena de crocodilos, | aspaviento ya carroño, | mandrágula con zollipo”.
[76] “a sí mesma” (Ms)..
[77] Tienda, ostentación, de donde decimos vender y venderse por. F. Aguado, Crist., 19. 9: “Y véndeme el vicio con nombre de virtud”. J. Pin., Agr., 2, 22: “Que os vendéis por tan bueno como los religiosos”.
[78] Cera de los oídos se ha pasado a los labios, alude a las cerillas de afeites, de que habla La Celestina, 1.
[79] marqués de Villena, salir (M S). El famoso don Enrique de Villena, tío de don Juan II, que “fué muy gran letrado y supo muy poco en lo que le cumplía”, que dice la Coronica de dicho Rey, por su mala maña y peor ventura en cuanto emprendió. El cual, por su “amor de las escrituras, no se deteniendo en las sciencias notables e católicas, dexóse correr a algunas viles o raeces artes de adevinar e interpretar sueños y esternudos y señales e otras cosas tales, que ni a príncipe real e menos a católico christiano convenian”, como dice Fernán Pérez de Guzmán en las Generaciones y semblanzas. Habiendo quemado fray Lope Barrientos, por orden del Rey, “algunos” de sus libros “e los otros quedaron en su poder”, tomaron su nombre los astrólogos, alquimistas y embaucadores, como símbolo y enseña, y la leyenda de mágico que aún en vida comenzó a formársele, creció más y más, hasta el punto de que “el teatro y la novela, como dice M. Pelayo (Antol., V, XXXVII), se apoderaron ávidamente de tales invenciones, y desde La Cueva de Salamanca, de Alarcón; Lo que quería ver el Marqués de Villena, de Rojas, y La Visita de los chistes, de Quevedo, hasta La Redoma encantada, de Hartzenbusch, y el ingenioso cuento de Bremón, La Hierba de fuego, don Enrique ha sido protagonista obligado de comedias de magia y narraciones fantásticas, y prosigue en su redoma hecho jigote y picadillo para renacer continuamente y servir de solaz a las futuras generaciones infantiles”. Forjóse el cuento y corrió por todas partes que don Enrique había ordenado que, muerto, le picasen e hiciesen jigote, encerrándolo en una redoma para volver a segunda vida.
[80] Jalbegue, posverbal de jalbegar, y se usan en Extremadura, derivados de enjalbegar y enjalbegue, como si en- fuese preposición; de ex-albicare, blanquear, encalar, afeitar el rostro. L. Rueda, 2, 234: “Enjalbegase aquel rostro”.
[81] Zapatillas de ámbar, perfumadas de ámbar, como los coletos de ámbar, que así se llamaban.
[82] Aquí concluye el texto en la edición de Pamplona y en el Ms.
[83] Serena se decía por sirena. J. Mena, Pecad. mort.: “Huid o callad, serenas”.
[84] De par en par, del abrir enteramente ambas hojas de la puerta, y por metáfora, enteramente abierto, sin embarazo. A. Pérez, Dom., 1 cuar., f. 133: “El pellejo duro, empero tan adelgazado, que se podían ver por él de par en par las entrañas”.
[85] Tecleados de moños, acción de teclear en el moño, componiéndoselo con los dedos, como suelen, para atraer las miradas y dejando ver su continua ansia de aliñarse.
[86] Trompicar, dar trompicones. Gallo, Job, 53, 28: “Andar de día a ciegas y de noche trompicando”. Rebullosa, Teatro, p. 306: “Los derriban trompicando en un valle de miserias”.
[87] “Por debajo de la cuerda. (Dícese cuando se juega a la pelota en un corredor, puesta una cuerda, y pasa la pelota por debajo, y así en otras cosas: echar faltas por debajo de la cuerda)”. (Corr., 603). Pero aquí está tomado de lo que se hace tirando encubiertamente de una cuerda, así que por debajo de cuerda es lo que por debajo de mano, escondidamente, con intento solapado. L. Grac., Crit., 2, 7: “Para hacer bajo cuerda cuanto quieren y todo va bajo manga”.
[88] Atusado; en B: atufado.
[89] El tanto más cuanto. Andar, ponerse en tanto más cuanto, en cuentas y regateos. Quev., Cuent. de cuent.: “Quitaos de cuentos y no andéis en tanto más cuanto”. H. Santiago, Dom., 2 cuar, p. 216: “Antes que el hombre se ponga en tanto más cuanto, Dios le enseña hoy más que lo que le puede caber en la codicia”.
[90] Azuzando, así en M S; en la edición corregida, aguzando. En M S: alimentando cizañas.
[91] Tema femenino es porfía y terquedad. No se confunda con el masculino tema, voz moderna tomada del griego. Dar pistos a temas desmayadas es alimentarlas como a enfermo, con alimentos líquidos y fáciles, que ésos son los pistos.
[92] Ese propio, mismo. A. Álv., Silv. Fer., 6 cen., 6 c.: “Si fuere moderado..., nada desto se le pega al Señor, sino a ti propio te heciste mejor”. Dos Hablad.: “Tiene mi mujer la propia enfermedad”. J. Pin., Agr., 2, 7: “Vos soléis decir que está mal dicho yo propio, y es lo que comúnmente se usa en esta tierra”.
[93] Basilisco, por matar con sola la vista.
[94] Pujar, acrecentar o subir la puja o puesta en subastas, ganarle por la mano, adelantarle en ceremonias.
[95] De buces, como de bruces y de buzos, bajando la cabeza, y díjose el uno de buz, como el otro de buruz, de cabeza, que suena en vascuence.
[96] Roerle los zancajos a uno es hablar mal de él por detrás, como gozquejo que ladra, y se tira a los zancajos o talones. Cáceres, ps. 100: “Aquéllos que andaban royendo los zancajos: 'Detrahentem secreto proximo suo'”.
[97] Que ya, tanto, que de tanto roérselos, se le ve el hueso. Sobre el que comparativo véase Cejador, Leng. de Cervantes, I, 266, 17.
[98] Coleo, posverbal de colear, menear la cola.
[99] Jeta, los labios y narices como salientes, a modo de hocico y trompa. Quev., Son., 48: “Llamava labio y jeta comedera”.
[100] Maridillo le llama, por ser poco marido, a fuer de consentidor, que por una promesa que le haga se amansa y amodorra, vase de casa y al volver tose fuerte para que el otro y ella sepan que llega y se pongan de pura visita de etiqueta. Todo ello lo había bien pintado Mateo Alemán.
[101] “sueño de los que no pueden”. (Edic. de Madrid de 1648 y siguientes). Quiere decir que a los que no tienen que dar no les da el menor pie para que pretendan su mujer ni menos tomen alas en su casa, que esto es tenerles el ceño a raíz, que no salga afuera; en cambio, a los generosos déjales el campo libre, inventando viajes y ausencias, como hacía Guzmán de Alfarache.
[102] Trompicones, la cornamenta. A la cabeza dicen M S.
[103] Corr., 574: “Dar jabón. (Por una reprensión)”.