(69) Apolo, despues de haber vencido á Marsias
en un desafio, le hace desollar vivo.

FÁBULA IV.

APOLO Y MARSIAS.

Despues que no sé quien concluyó esta relacion, otro de la compañía se acordó de la aventura de Marsias,[167] vencido por Apolo quando le desafió á tocar la flauta. El hijo de Latona tomó la mas horrorosa venganza. En la hora pues en que le estaban desollando vivo, exclamó así el infeliz de Marsias: „¡Ay de mí! ¿por qué me despedazas de esta suerte? Ya me arrepiento de mi temeridad. ¡Ah! ¿Es posible que haya de costarme tan caro esta desgraciada flauta?” Le estaban desollando de pies á cabeza, quando llenaba el ayre de sus tristes lamentos. Ya su cuerpo no era sino una llaga; la sangre caia por todas partes; se veian todos sus nervios, venas, intestinos, y se podian contar fácilmente hasta las menores fibras de su cuerpo. Los Faunos y Sátiros de los vecinos montes, y Olimpo,[168] que ya entonces era célebre, las Ninfas y pastores de aquellos campos, todos lloraron su muerte. La tierra recibió todas las lágrimas en su seno, y formaron el rio impetuoso, que aun hoy conserva el nombre de Marsias, cuyas aguas son mas transparentes que las de los otros rios de la Frigia.

La relacion de estas antiguas historias renovó la memoria de lo que acababa de suceder. Todos lloraron la desgracia de Anfion y de sus hijos; al paso que les indignó el orgullo de Niobe. Solo Pelope, su hermano, la tributó algunas lágrimas; y en el exceso de su dolor rasgó sus vestidos, y manifestó su hombro izquierdo de marfil. No habia nacido con él, sino que era de la misma naturaleza que el derecho quando nació; pero habiéndole degollado su padre para servírsele á los Dioses en una cena, estos recogieron cuidadosamente todos los miembros para reunirlos, y como no hallaron el hombro izquierdo, pusieron en su lugar uno de marfil, y así volvió á vivir todo entero Pelope.

Todos los magnates de las provincias vecinas tomaron parte en la afliccion de Pelope, y todas las ciudades de la Grecia persuadieron á sus Reyes á visitarle en persona. Argos, Esparta, Micenas, engrandecida por Pelope, y Calidonia, que aun no se habia grangeado la indignacion de Diana; la feraz Orcomeno, Corinto, célebre por su metal precioso; la invencible Mesene, Cleone, Pilos, Trecene; en una palabra, todas las ciudades que encierra el istmo de Corinto bañado de dos mares, y las que estan situadas por la parte de afuera, le enviaron diputados.