JASON ROBA EL VELLOCINO DE ORO.

En el dia siguiente, quando la roxa aurora hacia retirar á las estrellas, concurria el pueblo en gran tropel al campo de Marte, colocándose sobre las eminencias y colinas que le cercaban. Sentóse en medio de la asamblea el Rey vestido de púrpura, y con el brillante cetro de marfil en la mano. Luego que se colocaron todos, sacan los toros con pies de metal, echando fuego por las narices diamantinas, con el que hacian arder las yerbas de alrededor. El fuego salia de sus narices con un ruido semejante al de un horno encendido, ó de la cal quando se la echa agua. Jason sin embargo se presenta ante estos brutos. Los toros que le ven acercarse, le presentan sus cuernos calzados de hierro, le miran con furor, escarban la tierra con sus pies hendidos, llenan el ayre de polvo y humo, y le hacen resonar con sus espantosos bramidos. Los Argonautas se pasman de miedo; pero el intrépido Jason embiste á los dos monstruos sin sentir el fuego que respiraban: tal era el poder de los encantos de Medea. Este heroyco jóven, despues de halagarlos algun tiempo con la mano, los amansó de tal modo, que les obligó á llevar el yugo, y á arar un campo que jamas se habia cultivado. Llénase de pasmo todo el concurso, y los Argonautas animaban á su caudillo con sus vítores repetidos.

Arado ya el campo, Jason tomó en un morrion los viperinos dientes, y los sembró en los surcos. Como antes habia tenido cuidado de untarlos con las yerbas encantadas que Medea le habia dado, se ablandaron en poco tiempo, y de ellos nacieron y crecieron nuevos cuerpos. Pero así como el infante no sale del útero materno hasta que está formado, y con la debida perfeccion en todos sus miembros, así aquellos hijos de la tierra no aparecieron hasta ser hombres perfectos; y lo que es mas de admirar, salieron enteramente armados. Los capitanes griegos, que vieron que enristraban las lanzas contra Jason, se asustaron en extremo; y aun la misma Medea, que le habia asegurado de este ataque, se amedrentó á la vista de tantos enemigos que combatian contra uno solo; una palidez mortal apareció en su rostro, y la sangre se heló en sus venas. Como temia que los encantos que habia empleado para sacarle de aquel riesgo no fuesen bastante poderosos, pronunció algunas palabras mágicas, y se valió de todos los secretos de su arte. Entre tanto Jason, arrojando una pesada piedra en medio de los enemigos, se vuelven inmediatamente unos contra otros; y estos hijos de la tierra caen heridos mutuamente, y mueren en una guerra social. Los Griegos al punto dan el parabien á su caudillo, y no se cansan de abrazarle. Bien hubieras querido, Medea, ostentar con iguales caricias el gozo que te causaba una victoria tan inesperada, pero te detienen el pudor y la modestia; y le hubieras abrazado, á no perder tu opinion; pero bien siente tu corazon esta alegría, dando gracias á tus encantos y á los Dioses autores de ellos.

Para salir victorioso de tantos riesgos, solo le quedaba á Jason vencer al dragon que guardaba el vellocino de oro. Este monstruo, singular por la cresta que tenia en la cabeza, y por sus tres lenguas; temible por los agudos dientes de que estaba armado, velaba noche y dia en guarda del vellocino de oro. Despues que este héroe derramó sobre él el xugo de algunas yerbas, y pronunció tres veces unas palabras que tenian la virtud de adormecer, y aun de calmar las olas irritadas, y detener los impetuosos rios en medio de su curso, el sueño se enseñoreó por la primera vez de sus ojos; y aprovechando Jason tan feliz momento, se apoderó del vellocino de oro. Soberbio con este rico despojo, y aun mas con la conquista de Medea, con cuyo socorro habia salido de tantos riesgos, se embarcó con ella, y llegó con felicidad á Yolcos.[200]