CAPÍTULO IX

TIPO DE LA SUPERVALÍA

I.  Trabajo necesario y sobretrabajo. — Grado de explotación de la fuerza de trabajo. — II.  Los elementos del valor del producto expresados en partes de este producto y en fracciones de la jornada de trabajo. — III.  La «última hora». — IV.  El producto neto.

Vemos, pues, por una parte, el capital constante que suministra a la fuerza de trabajo los medios de materializarse; medios cuyo valor, reapareciendo solamente, es igual antes y después del acto de producción; por otra, el capital variable, que antes de la producción equivale al precio de compra de la fuerza de trabajo, y después es igual a este valor, reproducido con un aumento mayor o menor. Resultando la supervalía del aumento que experimenta el capital variable, es evidente que la relación de la supervalía con el capital variable determina la proporción en que tiene lugar este aumento. Consideremos las cifras del capítulo séptimo. Siendo 4 pesetas la parte de capital empleado en la compra de la fuerza de trabajo de un hombre durante una jornada o día de trabajo, en una palabra, siendo el capital variable y la supervalía 4 pesetas, esta última cifra expresa la magnitud absoluta de la supervalía producida por un trabajador en un día de trabajo; la magnitud proporcional, es decir, la magnitud comparada con la del capital variable antes del aumento de valor, está expresada por la relación de 4 a 4, esto es, de un 100 por 100. A esta magnitud proporcional es a lo que llamamos tipo de la supervalía. No se debe confundir el tipo de la supervalía, que es la relación de esta con la parte variable del capital adelantado y que solo expresa directamente el grado de explotación del trabajo, con el tipo del beneficio, que es la relación de la supervalía con el total del capital adelantado.

I.  Trabajo necesario y sobretrabajo.

Hemos visto que, durante una parte de la jornada, el obrero solo produce el valor diario de su fuerza de trabajo, esto es, el valor de las subsistencias necesarias para su sostenimiento. Como hay una división del trabajo social organizada por sí misma en el medio en que trabaja, el obrero produce su subsistencia, no directamente, sino bajo la forma de una mercancía particular, hilados, por ejemplo, cuyo valor es igual al de sus medios de subsistencia, o al del dinero con que los compra.

En esta parte de la jornada, mayor o menor según el valor medio de su subsistencia diaria, el obrero, trabajando o no trabajando para un capitalista, no hace más que reemplazar un valor por otro; en realidad, la producción de valor durante este tiempo es una simple reproducción. Llamamos tiempo de trabajo necesario a la parte de la jornada en que se verifica esta reproducción, y trabajo necesario al trabajo gastado en este tiempo: necesario para el trabajador, que, sea cualquiera la forma social de su trabajo, gana la vida en ese tiempo, y necesario para el mundo capitalista, cuya base es la existencia del trabajador.

La parte de la jornada de trabajo que traspasa los límites del trabajo necesario, no forma ningún valor para el obrero, forma la supervalía para el capitalista; llamamos tiempo extra a esa parte de la jornada, y sobretrabajo al trabajo gastado en ella. Si el valor en general es una simple materialización de tiempo de trabajo, la supervalía es una simple materialización de tiempo de trabajo extra, es sobretrabajo realizado. Las diferentes formas económicas que la sociedad ha revestido, por ejemplo, la esclavitud y el salariado, solo se distinguen por la forma de imponer y de usurpar este sobretrabajo al productor inmediato.

Grado de explotación de la fuerza de trabajo.

Por una parte, el valor del capital variable es igual al valor de la fuerza de trabajo que compra, y el valor de esta fuerza determina la parte necesaria de la jornada de trabajo; por otra, la supervalía es determinada por la duración de la parte extra de esta misma jornada, por el sobretrabajo. Luego el tipo de la supervalía, expresado por la relación de aquella con el capital variable, lo está también por la relación, igual a la anterior, del sobretrabajo con el trabajo necesario.

El tipo de la supervalía es, por consecuencia, la expresión exacta del grado de explotación de la fuerza de trabajo por el capital, o del trabajador por el capitalista; pero no se debe confundir el grado de explotación con la magnitud absoluta de esta. Supongamos que el trabajo necesario es igual a cinco horas y que el sobretrabajo es también igual a cinco horas; el grado de explotación expresado por la relación de 5 a 5, es de 100 por 100, y la magnitud absoluta de la explotación es de cinco horas. Si, por el contrario, el trabajo necesario y el sobretrabajo son cada uno de seis horas, el grado de explotación expresado por la relación de 6 a 6 no varía, sigue siendo de 100 por 100, en tanto que la magnitud absoluta de la explotación, que antes era de cinco horas, crece en una hora, es decir, en un 20 por 100.

Para calcular el tipo de la supervalía consideramos el valor del producto sin tener en cuenta el valor del capital constante, que ya existía y que no hace más que reaparecer; el valor que queda entonces es el único valor realmente creado durante la producción de la mercancía. Conocida la supervalía, es preciso restarla de este valor para encontrar el capital variable; conociendo el capital variable, habrá que restar este para encontrar la supervalía. Conocidos ambos, solo hay que calcular la relación de la supervalía con el capital variable, es decir, dividir la supervalía por el capital variable, y multiplicando por 100 el cociente que resulte, se tiene el tanto por ciento del tipo de la supervalía.

II.  Los elementos del valor del producto expresados en partes de este producto y en fracciones de la jornada de trabajo.

Volvamos al ejemplo que en el capítulo séptimo nos sirvió para mostrar cómo el capitalista convierte su dinero en capital. El trabajo necesario del hilandero ascendía a seis horas, lo mismo que su sobretrabajo; por consiguiente, el obrero trabaja media jornada para sí y media para el capitalista; el grado de explotación es de 100 por 100.

El producto de la jornada es 10 kilogramos de hilados, que valen 40 pesetas; los ocho décimos de este valor, 32 pesetas, están formados por el valor de los medios de producción consumidos: 26 pesetas por la compra del algodón y 6 pesetas por el desperfecto de las brocas. Por lo tanto, estas 32 pesetas representan el valor que no hace más que reaparecer; es decir, que los ocho décimos del valor de los hilados consisten en capital constante. Los dos décimos que restan son el nuevo valor de 8 pesetas creado durante la hilanza y por la hilanza. Una mitad de este valor reemplaza el valor diario de la fuerza de trabajo, que ha sido adelantado, es decir, el capital variable de 4 pesetas; la otra mitad constituye la supervalía de 4 pesetas. El valor de 40 pesetas en hilados es igual a 32 pesetas de capital constante, más 4 pesetas de capital variable, y, por último, más 4 pesetas de supervalía.

Puesto que el valor total de 40 pesetas está representado por 10 kilogramos de hilados, los diferentes elementos de este valor, que acabamos de indicar, pueden representarse en partes del mismo producto.

Si existe un valor de 40 pesetas en 10 kilogramos de hilados, los ocho décimos de este valor o su parte constante de 32 pesetas, existían en ocho décimos del producto o en 8 kilogramos de hilados. Estos 8 kilogramos representan, pues, el valor del algodón comprado y el desperfecto de las brocas; en total, 32 pesetas, lo cual corresponde a 6 kilogramos y medio de hilados, que representan las 26 pesetas de algodón, y kilogramo y medio, que representa las 6 pesetas del desperfecto de las brocas.

En 6 kilogramos y medio de hilados solo se encuentran realmente 6 kilogramos y medio de algodón, que valen 16 pesetas y 90 céntimos, pero los 10 kilogramos cuestan 26 pesetas; la diferencia de 9 pesetas y 10 céntimos equivale al algodón contenido en los otros 3 kilogramos y medio de hilados. Pero los 6 kilogramos y medio de hilados representan todo el algodón contenido en el producto total de 10 kilogramos de hilados; en efecto, a 4 pesetas kilogramo, valen 20 pesetas, como los 10 kilogramos de algodón; en cambio, no representan nada más. Puede considerarse que no contienen una partícula del valor de los instrumentos de trabajo utilizados, ni del nuevo valor creado por la hilanza. De igual modo, kilogramo y medio de hilados valen 6 pesetas, como las brocas gastadas en doce horas de hilanza; en este caso, kilogramo y medio representa el valor de los instrumentos de trabajo utilizados mientras dura la producción de 10 kilogramos de hilados; pero no representa más que esto, y no contiene ni una partícula del valor nuevo creado por la hilanza.

En resumen, ocho décimos del producto u 8 kilogramos de hilados se considera que no contienen nada del valor nuevo creado por el trabajo del hilandero. Y, de hecho, cuando el capitalista los vende en 32 pesetas y recobra con esta suma lo que ha gastado en medios de producción, aparece evidente que 8 kilogramos de hilados son brocas y algodón bajo otra forma. Por otra parte, los dos décimos restantes, o sean los 2 kilogramos de hilados, representan, por consecuencia, el valor que queda, el valor nuevo de 8 pesetas creado en las doce horas de trabajo. El trabajo del hilandero, materializado en el producto de 10 kilogramos de hilados, se concentra ahora en 2 kilogramos, en dos décimos del producto, de los cuales un décimo, esto es, un kilogramo, representa el valor de la fuerza de trabajo empleada, es decir, las 4 pesetas del capital variable adelantado, y el otro décimo las 4 pesetas de supervalía.

Puesto que doce horas de trabajo crean un valor de 8 pesetas, ascendiendo el valor de los hilados a 40 pesetas, representa sesenta horas de trabajo. Esto es porque, además de las doce horas de hilanza, en las 40 pesetas está comprendido el tiempo de trabajo que contenían los medios de producción consumidos: cuatro jornadas de doce horas o sean cuarenta y ocho horas de trabajo, que precedieron a la operación de la hilanza y se realizaron en un valor de 32 pesetas.

Se puede, pues, descomponer el resultado de la producción, el producto, en una cantidad que representa únicamente el trabajo contenido en los medios de producción, o parte constante del capital; en otra cantidad que solo representa el trabajo necesario añadido durante la producción, o parte variable del capital, y, por último, en una cantidad que representa el sobretrabajo añadido o supervalía.

El producto total fabricado en un tiempo determinado, por ejemplo, en una jornada, descompuesto de esta suerte en partes que representan los diversos elementos de su valor, puede también representarse en fracciones de la jornada de trabajo.

El hilandero produce en doce horas 10 kilogramos de hilados; por consiguiente, en una hora y doce minutos produce 1 kilogramo, y en siete horas cuarenta y cinco minutos 6 kilogramos y medio de hilados, es decir, una parte del producto que vale por sí sola todo el algodón empleado en la jornada. De igual suerte, la parte producida en la hora y cuarenta y cinco minutos siguientes es igual a kilogramo y medio de hilados, y representa, por lo tanto, el valor de las brocas utilizadas durante las doce horas de trabajo. De la misma manera, el hilandero produce en la hora y los doce minutos que siguen 1 kilogramo de hilados, que representa un valor igual a todo el valor que ha creado en las seis horas de trabajo necesario. Finalmente, en los últimos setenta y dos minutos produce otro kilogramo de hilados, cuyo valor es igual a la supervalía producida en sus seis horas de sobretrabajo.

Nótese bien que lo que produce en estos setenta y dos minutos es un kilogramo de hilados, cuyo valor entero es igual a la supervalía que la jornada de trabajo rinde al capitalista; pero el valor entero de este kilogramo se compone, además del valor que resulta del trabajo del hilandero, del valor del trabajo anterior, que produjo el algodón y las brocas consumidas para su fabricación.

III.  La «última hora».

De la representación de los diversos elementos del valor del producto en partes proporcionales de la jornada de trabajo, y de que la supervalía esté representada por el valor del producto de los setenta y dos últimos minutos, no hay que deducir, como algunos economistas que en nombre de la ciencia intentan oponerse a toda reducción de la jornada de trabajo, que el obrero en su jornada de doce horas consagra al fabricante para la producción de la supervalía tan solo los últimos setenta y dos minutos, la «última hora», como ellos dicen.

La supervalía es igual, en efecto, no al valor de la fuerza de trabajo gastado durante los últimos setenta y dos minutos, sino al valor del producto para el cual se ha realizado el gasto de la fuerza de trabajo en ese tiempo, es decir, que es igual al valor de los medios de producción (algodón y brocas) consumidos en setenta y dos minutos, más el nuevo valor que a ellos añade, durante el mismo tiempo, el trabajo del hilandero al consumirlos.

Y, de creer a estos economistas, si se disminuyese en setenta y dos minutos el tiempo de trabajo, siendo igual el salario, no habría supervalía, y la ganancia del infeliz capitalista sería nula. Su razonamiento es, en suma, el siguiente: siendo un kilogramo de hilados el producto de setenta y dos minutos de hilanza, si se reduce la jornada del hilandero setenta y dos minutos, el capitalista tendrá un kilogramo de hilados menos, y valiendo 4 pesetas el kilogramo, tendrá 4 pesetas menos; y como su supervalía, es decir, su ganancia, era de 4 pesetas, desde el momento en que gana 4 pesetas menos, no gana nada. Examinemos el asunto más detenidamente.

Para un kilogramo de hilados hace falta un kilogramo de algodón, más las brocas que se desgastan funcionando. Costando los 10 kilogramos de algodón 26 pesetas, un kilogramo cuesta 2 pesetas y 60 céntimos; ascendiendo a 6 pesetas el desperfecto de las brocas para la hilanza de 10 kilogramos, representa 60 céntimos por kilogramo. Un kilogramo menos que se produzca equivale a un gasto menos de 2 pesetas 60 céntimos, más 60 céntimos; total, 3 pesetas 20 céntimos. Si bien es cierto que el capitalista gana 4 pesetas menos, gasta también 3 pesetas 20 céntimos menos; por una disminución de setenta y dos minutos en doce horas de trabajo solo pierde, pues, 80 céntimos. Si solo pierde 80 céntimos de lo que antes ganaba, su supervalía o beneficio líquido, que era de 4 pesetas, es ahora de 4 pesetas menos 80 céntimos, o sean 3 pesetas 20 céntimos, y el sobretrabajo dura cuatro horas cuarenta y ocho minutos en lugar de seis horas, es decir, que el tipo de la supervalía es de 80 por 100, lo cual es aún muy agradable.

Decir, en nuestro ejemplo, que el hilandero, cuya jornada es de doce horas, produce en los últimos setenta y dos minutos el beneficio líquido del capitalista, quiere decir, en puridad, que su producto de setenta y dos minutos, un kilogramo de hilados, representa, tomado en conjunto, tanto tiempo de trabajo como la parte de la jornada consagrada a la fabricación de la supervalía. En efecto, acabamos de ver que los medios de producción consumidos para producir 10 kilogramos de hilados contenían antes de la hilanza cuarenta y ocho horas de trabajo; los medios de producción consumidos para un kilogramo contienen, pues, el décimo de este tiempo, es decir, cuatro horas y cuarenta y ocho minutos de trabajo anterior, que, añadidas a los setenta y dos minutos de hilanza, dan, para un kilogramo de hilados, un total de seis horas, igual al tiempo de sobretrabajo diario del hilandero.

IV.  El producto líquido.

Llamamos producto líquido a la parte del producto que representa la supervalía. Así como el tipo de esta se determina por su relación, no con el capital total, sino con la parte variable del capital, así el total del producto líquido se determina por su relación, no con el producto entero, sino con la parte que representa el trabajo necesario. La magnitud relativa del producto líquido es la que mide el grado de elevación de la riqueza.

El total del trabajo necesario y del sobretrabajo, es decir, la suma del tiempo durante el cual el obrero produce el equivalente de su fuerza de trabajo y la supervalía, forma la magnitud absoluta de su tiempo de trabajo, esto es, la jornada de trabajo.