CANCIÓN TERCERA

Con un manso ruído

de agua corriente y clara,

cerca el Danubio una isla, que pudiera[308]

ser lugar escogido

para que descansara5

quien como yo estó agora, no estuviera;

do siempre primavera

parece en la verdura

sembrada de las flores;

hacen los ruiseñores10

renovar el placer o la tristura

con sus blandas querellas,

que nunca día ni noche cesan dellas.

Aquí estuve yo puesto,

o por mejor decillo,15

preso y forzado y solo en tierra ajena;[309]

bien pueden hacer esto

en quien puede sufrillo

y en quien él a sí mismo se condena.

Tengo solo una pena,20

si muero desterrado

y en tanta desventura,

que piensen por ventura

que juntos tantos males me han llevado;

y sé yo bien que muero25

por solo aquello que morir espero.

El cuerpo está en poder

y en manos de quien puede

hacer a su placer lo que quisiere;

mas no podrá hacer30

que mal librado quede,

mientras de mí otra prenda no tuviere.

Cuando ya el mal viniere

y la postrera suerte,

aquí me ha de hallar,35

en el mismo lugar;

que otra cosa más dura que la muerte

me halla y ha hallado;

y esto sabe muy bien quien lo ha probado.

No es necesario agora40

hablar más sin provecho,

que es mi necesidad muy apretada;

pues ha sido en un hora

todo aquello deshecho

en que toda mi vida fue gastada.45

Y al fin de tal jornada

¿presumen espantarme?

Sepan que ya no puedo

morir sino sin miedo;

que aun nunca qué temer quiso dejarme50

la desventura mía,

que el bien y el miedo me quitó en un día.

Danubio, río divino,[310]

que por fieras naciones[311]

vas con tus claras ondas discurriendo,55

pues no hay otro camino

por donde mis razones

vayan fuera de aquí, sino corriendo

por tus aguas y siendo

en ellas anegadas;60

si en tierra tan ajena

en la desierta arena

fueren de alguno acaso en fin halladas,

entiérrelas, siquiera,

porque su error se acabe en tu ribera.65

Aunque en el agua mueras,

canción, no has de quejarte;

que yo he mirado bien lo que te toca.

Menos vida tuvieras

si hubieras de igualarte70

con otras que se me han muerto en la boca.

Quién tiene culpa desto,

allá lo entenderás de mí muy presto.