[245] trastornarse, trasponerse. Barahona de Soto dio a trastornarse esta misma acepción en los siguientes versos de su Égloga III:
«Cual con sencillo rostro y pecho tierno
Al levantar del sol o al trastornarse
Te ofrecerá el panar recién cogido...»
[246] «Adagio es latino: Aquae furtivae dulciores. Mucho sabe lo hurtado.» (Brocense, nota 225.) No latino, sino hebreo, cree Tamayo, fol. 77, esto de que las aguas hurtadas son las más dulces o las que mejor saben.
[247] «Aquí, sin duda, se descuidó nuestro poeta, porque hace dos vientos, siendo uno; porque al que los griegos llaman zephyro, porque trae vida, llaman los latinos favonio, porque favorece la vida, de modo que la cosa es una y los nombres son dos.» (Brocense, nota 227.) A este parecer se inclina también Herrera; pero D. Tomás Tamayo defiende a Garcilaso con el testimonio de muchos escritores antiguos que, como él, tuvieron a zefiro y favonio por vientos diferentes, notas, fol. 78. D. Adolfo de Castro, pág. 23, prescindiendo de esa defensa, cree que, «o Garcilaso se engañó o puso el nombre de otro viento que equivocaron los escribientes o los impresores». Queda, pues, esta cuestión en planta como la de la sierpe de Eurídice, Eg. III, v. 130.
[248] «El cuerno de Amaltea —o cornucopia—, que denota la fertilidad y abundancia de las cosas, no era de buey como fingían los pintores, sino de plata, que quien la tuviere puede pedille lo que quisiere, que se lo dará. Fue Amaltea... una mujer vieja y muy rica que contrataba, la cual guardaba en un cuerno la mayor parte de la ganancia... y robándoselo Hércules lleno de dineros, vivía a su gusto y deleite, y de aquí tuvo origen decir que el cuerno de Amaltea ministraba a Hércules todos los bienes.» (Herrera, pág. 686.)
[249] Dijo Garcilaso esto de morir la yerba «por la opinión de Pitágoras que creía que las plantas y otras cosas, no solo vivían, sino que sentían el mal que les hacían; o porque la resolución de la forma no es otra cosa que muerte.» (Tamayo, notas, fol. 79.) Esto último, sin necesidad de acudir a la doctrina pitagórica, es suficiente explicación, dada la natural inclinación y libertad que tienen los poetas para suponer vida y sentimientos en lo inanimado.
[250] escogiolo. Andrés Rey de Artieda en sus Discursos, epístolas y epigramas de Artemidoro, Zaragoza. 1605, censuraba a Garcilaso esta forma, porque, según él, sería más concreto escogiole. (Castro, pág. 23.) Nuestro texto —es decir, el de Herrera— es loísta, Eg. II, v. 1088, 1099, 1307, 1308, 1364, 1399, 1400, 1567, etc.; en todos estos casos el de Tamayo es leísta. La indecisión entre le y lo, que aún dura en nuestra lengua, viene manifestándose desde los textos más antiguos. (V. R. Menéndez Pidal, El Cantar de Mío Cid, tomo I, Parte II, § 130.)
[251] Al Duque de Alba en la muerte de D. Bernardino de Toledo, su hermano. — De regreso de la conquista de Túnez (1535), y de resultas de los muchos padecimientos que en aquel país ardiente, seco y arenoso había pasado, murió el gallardo joven D. Bernardino de Toledo, hermano del gran Duque de Alba y amadísimo amigo de Garcilaso. Murió en Túnez, según Argote de Molina, Nobleza de Andalucía, lib. II, cap. XXII; en Trápana, camino de Palermo, según Sandoval, Historia de la vida del Emperador Carlos V, lib. XXII, § 48, o en la ciudad de Palermo, como dice Navarrete, pág. 67, desmintiendo a los anteriores.
[252] «Frase italiana.» Azara, pero por empero: «quise, no obstante, probar si me bastaría el ingenio para escribirte»...
[253] «Algunos, pareciéndoles que está falto este verso de Garcilaso, no considerando la diéresis, lo han enmendado o dañado desta suerte: No quedará ya toda tu alma entera; pero Garcilaso que conocía mejor los números, se contentó con aquel modo, porque demás de sinificar así la falta del alma, que él pretendió mostrar, no es flojo número de verso, sino artificioso y no ajeno de suavidad.» (Herrera, 305. Del mismo parecer es Tamayo, notas, fol. 30.)
[254] Erídano es el río fabuloso donde las Helíades, hermanas de Faetón, lloran su muerte convertidas en álamos. (Son. XII, 14.) Han creído muchos que se trataba del Po, otros, del Ródano, y autor de tanta antigüedad como Esquilo, dijo que era un río de España. (Herrera, 305.)
[255] Lampecie, Lampetura y Faetura fueron las tres Helíades.
[256] Censuró Juan de Mal-lara la dislocación de esta frase tal como aparece en el verso, y defendieron a Garcilaso Herrera y Tamayo: «la prosa no tiene licencias, a los versos se les consienten... el juicio de la una se puede quedar al oído, como el de la otra a la licencia de los poetas; pero menos lo fue Mal-lara, que docto y hombre de bien, y rara vez juzgan bien de los poetas los que no lo son». (Tamayo, notas, fol. 31.)
[257] «Abastanza. Voz antigua, hoy desusada enteramente en nuestra lengua. Los italianos la han conservado.» (Azara.)
[258] «Más propio es esto que dice Garcilaso para alabar una dama que a un caballero... mas, porque D. Bernaldino era mancebo de edad tierna que no había dado muestra de su valor, pudiera emplear esto en lamentar las esperanzas perdidas.» (Herrera, pág. 311.) Esta misma consideración requiere el pasaje de la Eg. II, v. 1254 y siguientes. Por lo demás, en muchos autores antiguos se encontraron ejemplos semejantes, «porque la hermosura es siempre digna de imperio y no desdice a la fortaleza viril». (Tamayo, notas, fol. 56.)
[259] «Declara la índole y lo que prometían las esperanzas de su valor.» (Herrera, pág. 312.)
[260] «Cosa muy usada fue poner dioses a los ríos, pintándolos recostados, y alzado el medio cuerpo, y con las urnas debajo el brazo, enviar de allí los ríos como de una fuente; coronábanlos por la mayor parte con guirnaldas de cañas, y cubiertos hasta el ombligo de un carbaso, que es vestidura floja y ancha, y desnudos la parte superior del cuerpo; tal se ve Tibre en Roma en casa Cesi, tal Arno en los huertos del Pontífice y tal describe Virgilio en el 8.º al mesmo Tibre...» (Herrera, 312.)
[261] Trinacria es lo mismo que decir Sicilia. (Herrera, 316.)
[262] Los lascivos sátiros, compañeros de Baco, provocadores y deshonestos, con su busto de hombre, cuerpo de caballo y patas de carnero, tuvieron para los antiguos tal realidad, que algunos historiadores hablan de sátiros de carne y hueso conocidos por las gentes. (V. Herrera, 317.)
[263] Refiérese a Héctor, defensor de Troya, vencido y muerto por Aquiles.
[264] Recuerda de nuevo la fábula de Adonis. (Véase Eg. III, 176, nota.)
[265] Oeta es un monte de Tesalia que, según Estrabón, lib. 9, se extiende de oriente a occidente, desde las Termópilas hasta el golfo de Arta. (V. Herrera, 331.)
[266] «Alcides se llamó Hércules por su gran fuerza, porque en griego Alce es fuerza. Otros dicen que por su agüelo Alceo. Dicen que sintiéndose morir de la ponzoña de la camisa, que su mujer Dejanira le había enviado, hizo una hoguera en el monte Oeta y allí se quemó. Esta ficción quieren que sea la purificación de los excelentes hombres que suben a ser dioses, dejando acá la vestidura grosera del alma.» (Brocense, nota 59.)
[267] «El claro padre. D. García de Toledo, que murió en los Gelves de poca edad. El sublime abuelo. D. Fadrique, Duque de Alba.» (Azara.)
[268] «El mar, sin duda, cerca la tierra y la tierra el mar, mas creyendo los antiguos que este era mayor, dijeron que la coronaba... Pero los modernos que con curiosidad lo tienen especulado, prueban ser mayor la tierra que el Océano, según, no sus superficies, sino sus cuerpos, en que es, sin comparación, mayor la tierra, como fácilmente se deduce de sus diámetros...» (Tamayo, notas, fol. 35.)
[269] Como si dijese desde el polo Sur al polo Norte Calisto es la Osa Mayor. Antes fue una bella ninfa de quien Júpiter anduvo enamorado. La iracunda Juno la convirtió en osa, y entonces Júpiter la transportó al cielo. (Ovidio, Metam., lib. II, fáb. IV.)
[270] Elegía a Boscán; la escribió Garcilaso a su amigo desde Sicilia, de regreso de su expedición a Túnez con el ejército del Emperador, año de 1535. Esta Elegía y la anterior debieron ser escritas hacia la misma fecha.
[271] «Anquises fue hijo de Asáraco y padre de Eneas, que lo engendró en Venus junto a la Ribera de Simois, río de Troya.» (Herrera, 356.)
[272] «Este confusísimo terceto quiere decir que el Mantuano Virgilio, en sus eternos versos, nos conserva la memoria de que Anquises está enterrado en Trápana —ciudad de Sicilia—. Libro III de la Eneida.» (Azara.)
[273] «Llama César Africano al Emperador Carlos quinto porque venció a África.» (Brocense, nota 66.)
[274] De la celebridad de este verso dan testimonio Sa de Miranda, en su égloga Nemoroso; Barahona de Soto, en su soneto a Herrera, a propósito de las Anotaciones, y Lope de Vega, v. Cayetano A. de la Barrera, Nueva biografía, tomo I de las Obras de Lope de Vega, publicadas por la R. A. Española, Madrid, 1890, pág. 122.
[275] Dice Cienfuegos (Vida del Grande San Francisco de Borja, Madrid, 1726, pág. 49) que «lo que más robaba en Garcilaso la afición del Marqués de Lombay... era el no haber sentido jamás en sus labios respiración que empañase la fama ajena...; escribiendo con pluma elegante en todos los estilos, solo parece que ignoraba el de la sátira, en que son elocuentes y agudos aun los menos discretos».
[276] Llama la patria de la Sirena a Nápoles, que antes se llamó Parténope, por una de las tres Sirenas así llamada, cuyo cuerpo allí se halló. (Brocense, nota 66.)
[277] Nápoles fue tierra de muchos deleites y regalos, según el testimonio de los clásicos (V. notas de Azara y Tamayo, y acaso por esto la tradición la hizo patria de las Sirenas.) Era una ciudad nobilísima, vestida de jardines y bellos edificios, y llena de caballeros y gente rica, «domicilio de hombres ociosos, que muchos, por huir de negocios, se iban de Roma a ella». (Herrera, págs. 359-364.)
[278] Sobre estos amores a que alude el poeta véase adelante, nota al Son. XXVI, v. 1.
[279] «Quiere decir: Este temor persigue la esperanza y oprime el gran deseo de su holganza, con el cual deseo van mis ojos.» (Brocense, nota 69.)
[280] «La túnica de diamante significa la fortaleza, que tan importante es para la guerra; aunque escribe San Isidoro que pintaban a Marte con el pecho desnudo y sin armas, porque el que se halla en la guerra, se debe arrojar en la batalla sin miedo de la muerte.» (Herrera, pág. 346.)
«Y en medio de la guerra peligrosa...
Te acuerdas del amor y del ausencia
Y maldices allí el rigor de Marte
Pronosticando en ti dura sentencia...»
(Cristóbal Mosquera de Figueroa, Elegía a la muerte de Garcilaso, Anotaciones de Herrera, pág. 40.) Pocos meses después de escribir Garcilaso la presente Elegía se cumplió, en efecto, este siniestro presentimiento de su muerte.
[282] «Y se cumplió —su pronóstico— hasta en sus términos literales, porque murió... asaltando una torre como a su valor cuadraba, pero no cayó traspasado de hierro agudo y fuerte, sino prosaicamente descalabrado por una piedra...» (M. Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, pág. 147.)
[283] Las venas dulcemente desatado, es una cláusula casi absoluta en que el participio desatado no concierta con el substantivo de su oración, venas, sino con el sujeto principal, aquel, mantenido por el pensamiento aun dentro de la aposición; en prosa habría que decir, las venas dulcemente desatadas. Es tan rara tal construcción que las gramáticas no dan cuenta de ella; sin embargo, pueden recogerse algunos ejemplos:
—«Los alemanes, — El fiero cuello atados, — Y los franceses van domesticados.» (Garcilaso, Canc. V, v. 18.) — «Desnuda el pecho anda ella.» (Góngora.) — «Desnuda el pecho, el brazo descubierta.» (Góngora.) — «Febo... cantó — Revuelto en oro la encrespada frente.» (Herrera.) — «estuve... ya entregado — Al agudo cuchillo la garganta.» (Ercilla.) — «El cuerpo de nieve pura — Que excede a toda blancura — Vestido del sol los rayos — Vertiendo abriles y mayos — de la blanca vestidura.» (Cristobalina Fernández.) (V. Castro, Poetas líricos, etc., pág. 31, nota.)
[284] Elogia también la playa de Barcelona, patria de Boscán, D. Diego Hurtado de Mendoza en su carta V, a María de Peña (Auts. Esps. poetas líricos de los siglos XVI y XVII, pág. 59): «Que, como desparece Barcelona — Y huye aquella plaza gloriosa, — Ansí va enflaqueciendo la persona...»
[285] Alude a D.ª Ana Girón de Rebolledo, dama valenciana, esposa de Boscán. «Era de singular belleza, como se deduce de estos versos de Garcilaso. D. Diego Hurtado de Mendoza la llama sabia, gentil y cortés, en una epístola a Boscán. Este, en su respuesta, encarece la vida quieta, dulce y sosegada que llevaba en compañía de su esposa, de quien elogia con entusiasmo la belleza, bondad y discreción. Dícese que juntos leían y saboreaban los poetas clásicos, especialmente Homero, Virgilio, Catulo y Propercio, lo cual arguye en pro de la cultura literaria de doña Ana... Al frente de las ediciones de Boscán va un prólogo que, bien leído, a nadie puede ser atribuido sino a D.ª Ana...» (M. Serrano y Sanz, Apuntes para una Bibl. de Escritoras Españolas, Madrid, 1903, tomo I, pág. 459. V. Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, págs. 131-136.)
[286] La presente Epístola es el único ensayo de verso suelto que de Garcilaso conocemos. Boscán y Garcilaso fueron los primeros artífices castellanos que se ejercitaron en esta clase de verso. En sus composiciones es preciso apreciar el valor histórico más que el artístico. El verso suelto tuvo que pasar por muchas pruebas antes de conseguir la perfección clásica del Aminta de Jáuregui. (V. Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, pág. 239.)
[287] «...facilidad, descuido, libertad sin afectación de palabras ni exornación de sentencias, todo lo tiene esta carta, cuya llaneza, en vano y sin razón es culpada, pues ella es particular alabanza en este género de escritura.» (Tamayo, notas, fol. 38.)
[288] Garcilaso había venido desde Nápoles a Barcelona, enviado por el Virrey D. Pedro, para informar personalmente al Emperador de los desastres que había causado en las costas de Italia la armada de Barbarroja. Debió llegar a Barcelona poco después del 4 de septiembre de 1534, y estuvo en ella hasta el 1.º de octubre, en que emprendió su regreso a Nápoles, haciendo en doce días el camino, a caballo, desde Barcelona a Valclusa. (V. Navarrete, pág. 237.)
[289] De Boscán a Garcilaso hay una sincera expresión de amistad honda y sentida en el soneto: Garcilaso, que al bien siempre aspirante...
[290] En honor de Garcilaso se ha dicho que, en medio de la llaneza de esta carta, da idea de su erudición el hecho de que la mayor parte de sus consideraciones sobre la amistad coinciden con la doctrina de Aristóteles en su Ética, lib. VIII. (V. Conti, Col. de poesías castellanas, traducidas al italiano, Parte 1.ª, tomo II, pág. 345.)
[291] «Vulgar dicho es: Beatius est dare, quam accipere.» (Brocense, nota 76.)
[292] Volvía Garcilaso esta vez a Italia por la Provenza, patria de los trovadores, no siendo acaso prudente ir por mar a causa de las naves de Barbarroja que lo infestaban. (Navarrete, pág. 59.)
[293] Varlet, palabra francesa antigua, como vaslet, hoy valet: criado, fámulo.
[294] Argén, es otro galicismo, que solamente por donaire emplea Garcilaso en esta ocasión.
[295] Mosén Durall, uno de los mejores amigos de Boscán, fue un caballero principal y rico de Barcelona, maestro racional o contador del Principado, y hombre de noble trato y buen burlar, según el mismo Boscán en su Epístola a Hurtado de Mendoza. Era muy gordo el Dorall, y por eso dice Garcilaso lo de abrazad si pudiereis. (Herrera, pág. 384.)
[296] 12 del mes de octubre del año 1534. Escribe Garcilaso desde Valclusa, do nació madona Laura, claro fuego del Petrarca.
[297] como perdido: ciegamente, como loco. «Noto que es frase particular de las ponderaciones de nuestro poeta, esta como perdido, así en el Son. VIII, v. 7: Salen fuera de sí como perdidos.» (Tamayo, notas, fol. 17.)
[298] Hállase repetido este pensamiento en varios poetas, en Horacio, Petrarca, Tansillo, y aun en el mismo Garcilaso, Eleg. II, v. 176 y sigs. Horacio en la Oda 22, libro I, acaba diciendo:
«...ya me ponga alguno
En la región al sol más allegada,
Do no vive ninguno,
Siempre será de mí Lalage amada:
La del reír gracioso
La del parlar muy más que miel sabroso.»
(Brocense, nota 19.)
[299] esecutarse, ejecutarse. (V. Eg. II, v. 253, nota.) La doble ss que pone Herrera, conforme a la ortografía de su tiempo, en essecutarse, fuessedes, supiesse, desso, passarse, etc., no la conservamos en ningún caso.
[300] A esto aludió F. de Cangas, diciendo:
«Porque no quiere el amor — La muerte del amador, — Sino tomallo a partido; — Que perdonar al rendido — Es gloria del vencedor.» (Herrera, Anotaciones, pág. 224.)
[301] Lo de tendido en este verso y en el 13 de esta misma canción fue enmendado en rendido por D. Diego Hurtado de Mendoza, considerando aquella voz menos digna, «pero juzga doctamente D. Juan de Fonseca y Figueroa que no se ha de mudar, por ser modo ordinario de los poetas latinos jacere ante pedes... y en los griegos frecuentísimamente, mirando por ventura a la costumbre de los que rogaban tocando las rodillas y echados a los pies.» (Tamayo, notas, fol. 18.) (V. Eg. II, v. 661, nota.)
[302] La amarillez de los que aman, dice Herrera que «debe proceder, por ventura, de tristeza y profundo cuidado, porque arrebatados en consideración de lo que desean, gastan y destruyen la propia virtud y impiden sus operaciones con la vigilia y trabajo de los espíritus», pero reconoce como causa general «la poca fuerza del calor natural que no puede digerir bien ni hacer buena sangre». (Anotaciones, pág. 225.)
[303] Contrastar: hacer frente, resistir.
[304] «Pensaron los antiguos que los vientos eran intérpretes y mensajeros que llevaban los ruegos y votos y todas las palabras a las orejas de los dioses... y los votos que no tenían suceso y eran vanos, pensaban que los vientos no los llevaban ante los dioses, antes los disipaban o arrojaban lejos, en regiones apartadas.» (Herrera, pág. 231.)
[305] Los últimos versos de esta estancia, mal conocidos en su forma original, han sido modificados a su manera por cada anotador, como puede verse en Tamayo, notas, fol. 20.
[306] Herrera llama aquí la atención con estas palabras: «Ningún poeta élogo (de elegía), conforme a lo que yo he leído dellos y me acuerdo, pudo alcanzar a decir tanto como esto.» (Anotaciones, pág. 233.)
[307] En esta Canción hay diez versos agudos, uno en la Canción primera, cuatro en la tercera y cuatro en el Soneto XXVII, y estos versos troncados o mancos, que llama el toscano, «son dinos de reprehensión», como dice Herrera, pág. 232. Tienen versos endecasílabos agudos el Marqués de Santillana, y en el Boscán, Sa de Miranda, Hurtado de Mendoza y otros. Siglo XVI. Parece seguro que en tiempos de Garcilaso, el rigor del criterio paroxitónico, o de acentuación grave, que después ha prevalecido, no se cumplía ni entre los mismos italianos, puesto que en el mismo Orlando de Ariosto hay cinco o seis casos de versos agudos. Hoy solamente son lícitos en ciertas combinaciones métricas. (Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, págs. 219 y sigs.; Rodríguez Marín, Luis Barahona de Soto, págs. 414-417.)
[308] «Más abajo de Presbourg, ciudad de la Hungría occidental, se divide el Danubio en dos brazos, los cuales no se reúnen hasta Komorn, plaza fuerte de la Hungría oriental, y forman una gran isla a la que se ha dado el nombre de Schut. Previendo Carlos V —cuando el socorro de Viena, 1532— que Solimán podía traer embarcados por el río víveres y pertrechos de guerra, para estorbarlo envió algunas tropas a esta isla con orden de formar en ellas cuantas baterías se juzgasen necesarias.» (Navarrete, páginas 40-43.)
[309] En la isla de Schut, cuya frondosidad y belleza tanto alaba Garcilaso, estuvo él preso, en efecto, de orden del Emperador, desde marzo a junio de 1532, por su intervención en el desposorio de su sobrino con D.ª Isabel de la Cueva. Ya se ha dado noticia de este suceso en la Introducción.
[310] «... Tú, Danubio, río divino, — Envolviste en tus ondas sus razones...» (Elegía a la muerte de Garcilaso, por Cristóbal Mosquera de Figueroa, Anotaciones de Herrera, pág. 39.)
[311] Fieras tiene el valor de belicosas, y el poeta lo dice particularmente por los antiguos suevos, etc., pobladores de las naciones del Danubio. (Herrera, pág. 240.)
[312] De esta Canción hace Tamayo, notas, fol. 21, el siguiente elogio: «Es tal, que a mi ver, no tienen todas las lenguas juntas cosa más culta, y así, es la primera de las obras de Garcilaso, que cuando sola quedara de tanto como tenemos que agradecer al tiempo que nos ha conservado, como de quejarnos dél por lo que nos quitó, bastaba para la honra de un gran varón; porque si se mira la poesía, es cuidadosa; si la materia, importantísima; si la disposición, extremada; si la dificultad de la mucha filosofía que en sí encierra, reducida con suma claridad a lo que solo el ingenio capacísimo de Garcilaso podía comprehender, no otro...» Poco menos dice Herrera en sus Anotaciones, pág. 250.
[313] El licenciado Juan López de Úbeda dice en el prólogo de su Vergel de Flores divinas (1582) que Garcilaso, Boscán, Castillejo y otros muchos autores después de haber gastado tiempo en escribir versos a lo humano, vueltos en sí, y comprendiendo la vanidad de sus escritos, «escribieron cosas maravillosas a lo divino, como la Conversión, de Boscán, que anda escrita de molde; la Elegía al Alma, de Garcilaso, y ansí otras muchas». No se sabe a que elegía de Garcilaso alude Úbeda. (Menéndez y Pelayo sospecha que acaso quiso referirse a esta Canción cuarta, Antología, XIII, pág. 393.)
[314] «Confesado: habiendo publicado mi mal. Este verso humilló mucho la grandeza de esta estanza.» (Herrera, pág. 250.) Es la única alusión de Garcilaso al dogma católico.
[315] «Describe hermosamente aquella interna discordia y guerra en que contrasta, reluchando, la razón, con el apetito sensual y bruto...» (Herrera, pág. 252.)
[316] a la hora por luego, inmediatamente: el escribano Rodrigo de Idoyaga, que actuó en el proceso de Garcilaso por lo del desposorio, empleaba con frecuencia este giro: «dijo que estaba presto de las complir, y para ello ir a la hora a la villa de Tolosa.» «E luego a la hora, visto lo susodicho, el dicho Corregidor dijo:» (Navarrete, págs. 211 y 220.) «Él, avergonzado, conoció su yerro; pidió perdón, que le dio a la hora de buena gana, contento de sastisfacerse de su injuria con la muestra de su valor y esfuerzo.» (Mariana, Historia. Conquista de Sevilla.)
[317] Se rindió la razón al apetito.
[318] «Aquí moraliza la fábula de Tántalo, el cual fingen los poetas que está en el infierno metido en el río con el agua hasta la boca, y cuando quiere beber, le huye el agua.» (Brocense, nota 40.)
[319] «Moraliza la fábula de Venus, que fingen los poetas que la prendió Vulcano en una sutilísima red, tomándola en adulterio con el dios Marte.» (Brocense, nota 41.) «Clemente Alejandrino dice en el Libro 2.º de su Pedagogo, que las cadenas con que fue presa Venus... son el oro y ornato mujeril... los aderezos, y vestidos y joyas, señales del adulterio...» (Herrera, Anotaciones, pág. 256. Trató esta fábula Ovidio en sus Metamórfosis, lib. IV, fáb. III.)
[320] Escribió Garcilaso esta Canción a la Flor de Gnido —D.ª Catalina San Severino, hermana del Príncipe de Bisignano y viuda del Duque de Traggeto— para persuadirla a ser menos esquiva con Mario Galeota, su cortejante, gran amigo del poeta. Hay otras opiniones, como se verá en la nota al verso 12; pero esta, apoyada directamente en el testimonio de D. Antonio Puertocarrero, yerno de Garcilaso, parece la más autorizada. (Herrera, pág. 266.) De esta bellísima composición dicen los críticos que nada le faltó si acertó con su halago a conseguir lo que antes no pudieran los rendimientos y obsequios del galán. (Navarrete, pág. 52.) El nombre de Mario Galeota aparece otra vez en el Soneto XXXIII.
[321] Este género de estrofas que Garcilaso trajo al castellano han quedado en nuestra poética con el nombre de liras por aparecer esta palabra en el primero de los presentes versos. Entre los que siguieron a Garcilaso escribiendo en liras sus canciones, ninguno honró tanto esta combinación métrica como el ilustre Fr. Luis de León.
[322] Tal fue el maravilloso prodigio que obró el infortunado Orfeo en los montes de Tracia lamentando la pérdida de su bella esposa Eurídice. (V. notas a los versos 942, Eg. II, y 144, Eg. III.)
[323] «En Nápoles hay un barrio que se dice Il Seggio di Gnido, que es como una parte donde se ayuntan los caballeros. Allí había muchas damas, entre las cuales una, llamada Violante Sant Severino, hija del Duque de Soma, era servida de un amigo de Garcilaso llamado Fabio Galeota.» (Brocense, nota 43.) Por Fabio, hijo de Vicencio Belprato, Conde de Aversa, que sirvió a Violante San Severino, escribió Garcilaso esta Canción, dice Tamayo, fol. 10, sin tener en cuenta la explicación dada antes por Herrera; y de estas afirmaciones viene la duda sobre si los interesados en esta Canción fueron Mario o Fabio, Catalina o Violante.
[324] En lo de sublimes ruedas se debe entender carros triunfales. (Herrera, pág. 268.) Si aludiese a la rueda de Fortuna sería superfluo el plural ruedas, como dice Tamayo, fol. 24; mas Garcilaso habla de los Capitanes romanos y sus triunfos, y así sublimes ruedas serán los carros triunfales y sublimidad del triunfo en que aquellos Capitanes se manifestaban al pueblo entre trofeos de sus victorias y cautivos encadenados; «y al tiempo que los truhanes van delante de los carros triunfales diciendo: ¡Viva, viva la invencible Roma!, por otra parte los pobres cautivos van, en sus corazones, diciendo a los dioses: ¡Justicia, justicia!...» (A. de Guevara, Reloj de Príncipes.) (Razonamiento de un germano al Senado de Roma.)
[325] Aquellos capitanes que domesticaron a los alemanes y a los franceses fueron los romanos, domesticadores también de España.
[326] Dice bien Herrera, pág. 266, que lo de ver una alusión al nombre de Violante, en convertido en viola, y negar por ello que esta Canción fuese escrita a D.ª Catalina, «es conjetura muy flaca y de poco fundamento». La conjetura es del Brocense, nota 43.
[327] Venus apareció en el mar flotando en una concha. A la concha de Venus amarrado, es alusión al apellido Galeota, como si dijera galeote, forzado de la galera de Venus. En esto están de acuerdo el Brocense, nota 43, y Herrera, pág. 269.
[328] Palestra: «En la habla griega significa lucha. Halló la palestra Mercurio, y su invención dice Filostrato que fue en Arcadia; y por ser el autor della, fingieron que era su hija.» (Herrera, Anotaciones, 269.) Garcilaso dice la polvorosa palestra, por el lugar o sitio donde se lucha.
[329] De estos versos se deduce que el cortejante de la Flor de Gnido era poeta; y, al efecto, dice el Brocense, nota 43, que «entre las rimas de diversos poetas hay una elegía de Fabio Galeota a Violante, que comienza: Andrete senza me, chara Violante...» Tal noticia defiende mucho a Fabio en cuanto a la propiedad de esta Canción de Garcilaso; mas, por lo que toca a Mario, candidato de Herrera, siendo joven, cortesano, galanteador y amigo de nuestro poeta, en tiempos en que tanto se estimaba la poesía en los palacios, no es difícil suponer que también escribiría versos.
[330] «Este lugar muchos le han querido enmendar por no entenderle; quiere decir: No debe ser notada una dama de ingrata, pues no tiene otra falta.» (Brocense, nota 43.) «No debe merecer nombre de ingrata quien carece de todos los demás vicios.» (Herrera, 270.)
[331] «Esta fábula cuenta largamente — Ovidio, Metam., lib. XIV, fáb. XIII. En suma es que Ifis andaba muy enamorado de Anaxárite, y no pudiéndola enternecer a sus plegarias, amaneciole un día ahorcado a la puerta. Y ella, como le vio, quedose helada y fue vuelta en mármol.» (Brocense, nota 43.) Está traducida por D. Diego de Mendoza, en coplas españolas, en la carta que empieza: «Amor, amor que consientes — que los días se me alarguen...» (V. Auts. Esps. Poetas líricos de los s. XVI y XVII, pág. 73.)