[415] Obtuvo, más bien que mereció, los honores de una traducción italiana, que apuntaré porque no la registran nuestras bibliografías:
«Istoria di Don Cristaliano di Spagna, e dell Infante Lucescanio, suo fratello, figliuoli dell' Imperatore di Trabisonda, tradotta dallo Spagnuolo nelle lingua Italiana, novamente ristampata e con somma diligenza corretta. Venezia, apresso Lucio Spineda: 1609». Dos tomos en 8.º. Es segunda edición como se ve. También el original castellano tuvo dos (Valladolid, 1545; Alcalá de Henares, 1586).
[416] En el Romancero Historiado de Lucas Rodríguez (Alcalá de Henares, 1585) hay trece romances largos y desmayados sobre las aventuras del Caballero del Febo (n. 338-350). El Castillo de Lindabridis, comedia de D. Pedro Calderón, funda también su argumento en un episodio del Espejo de príncipes.
[417] Fácil sería adicionar con más títulos esta lista, pero todos é casi todos constan en el catálogo de Gayangos. Mencionaremos sólo el Don Philesbian de Candaria, de autor desconocido (1543), por ser casi el único libro de caballerías que se cita en el Quijote de Avellaneda.
[418] El Satreyano de Martin Caro del Rincon, pagador de artilleria de la Real Magestad, el qual trata de los valerosos hechos en armas y dulces y agradables amores de Pironiso, principe de Satreia y de otros caualleros y damas de su tiempo. Dirigido al illustrisimo señor don Juan Manrique de Lara, señor de la villa de San Leonardo y su tierra (son 49 cantos en octava rima). Existe manuscrito en la Biblioteca Nacional, donde se halla también, procedente de la de Segovia, el Canto de los amores de Felixis y Grisaida, que es un poema en 19 libros, de autor anónimo.
[419] En la última octava da á entender que ya era médico, y parece imposible que á tal edad lo fuese:
Mas porque mis cuidados y fatiga,
Y el acudir forzoso á mi ejercicio,
Que es conservar las vidas, más me obliga,
Dejo á los más ociosos este oficio...
Debe de haber equivocación en la fecha de su nacimiento, que Morejón y otros fijan en 1573.
El Florando de Castilla fué reimpreso por D. Adolfo de Castro en el tomo de Curiosidades bibliográficas de la colección Rivadeneyra.
[420] Completaré la cita con el final de este pasaje, que en la pág. CI omití por tener aquí lugar más propio:
«Eruditio non est expectanda ab hominibus (los autores de libros de caballerías), qui ne umbram quidem eruditionis viderant; jam quum narrant, ¿quæ potest esse delectatio in rebus, quas tam apertè et stultè confingunt? hic occidit solus viginti, ille triginta; alius sexcentis vulneribus confossus, ac pro mortuo jam derelictus, surgit protinus, et postridie sanitati viribusque redditus, singulari certamine duos Gigantes prosternit; tum procedit onustus auro, argento, serico, gemmis, quantum nec oneraria navis posset portare. ¿Quae insania est, iis duci aut teneri? Deinde argutum nihil est, praeter quaedam verba ex penitissimis Veneris scriniis deprompta, quæ in tempore dicuntur ad permovendam, concutiendamque quam ames, si fortè sit paullo constantior: si propter hæc leguntur, satius erit libros de arte lenonia (sit honos auribus) scribi; nam in aliis rebus; ¿arguta quæ possunt proficisci ab scriptore omnis bonae artis experte? Nec ullum audivi afirmantem illos sibi libros placere, nisi qui nullos attigisset bonos; et ipse interdum legi, nec ullum reperi vel bonae mentis, vel melioris ingenii, vestigium (tomo IV de la ed. de Valencia, p. 87).
Se ve que además del peligro moral, lo que preocupaba á Vives y á la mayor parte de los sabios de su tiempo contra los libros de caballerías era la ignorancia de sus autores, ingenios legos la mayor parte y ayunos de cultura clásica.
[421] Hablando de la aridez de las crónicas y compilaciones historiales de su tiempo, dice que muchos se retraían de leerlas por lo pesado de su estilo, y se daban á la vana lección de los libros fabulosos de caballerías:
«Idcirco nec eos, nisi homo curiosus legit, et cognoscendi temporum cupidus; qui vero relegant, non inveniunt, ut satius ducant libros legere aperte mendaces, et meris nugis refertos, propter aliquod stili lenocinium, ut «Amadisum» et «Florisandum» hispanos, «Loncilotum» et «Mensam Rotundam» gallicam, «Rolandum» italicum; qui libri ab hominibus sunt otiosis conficti, pleni eo mendaciorum genere, quod nec ad sciendum quidquam conferat; nec ad bene, vel sentiendum de rebus, vel vivendum, tantum ad inanem quandam, et praesentem titillationem voluptatis; quos legunt tamen homines corruptis ingeniis ab otio atque indulgentia quadam sui, non aliter quàm delicati quidam stomachi, et quibus plurimum est indultum, saccareis modo et melleis quibusdam condituris sustentantur, cibum omnem solidum respuentes» (De Causis corruptarum artium, lib. II, cap. VI, p. 109 del tomo VI de la edición de Valencia).
[422] Nam et aetas nostra sacerdotem vidit, cui persuasissimum esset, nihil omnino esse falsum, quod semel typis fuisset excusum. Non enim est, ajebat, tantum facinus Reipublicae administros commissuros, ut non solum divulgari mendacia sinerent, sed suo etiam communirent privilegio, quo illa tutius mentes mortalium pervagarentur. Quo sane argumento permotus animum induxit credere, ab Amadisio et Clariano res eas vere gestas, quæ in illorum libris commentitiis referuntur (De locis Theologicis, libro XI, cap. VI).
[423] «Nec de fabulis istis polissimum excrucior, quas modo dixi, quamvis ineruditis, et nihil omnino conferentibus, non dico ad bene, beateque vivendum, sed ne ad recte quidem de rebus humanis sentiendum. Quid enim conferant, merae ac vanae nugae ab hominibus otiosis fictae, a corruptis ingeniis versataes? Sed acerbissimus est dolor, et vix omnino consolabilis, quod dum quidem (utinam tam prudenter, quam ferventer) incommodum hoc rejicere, ac devitare cupiunt non pro fabulis veras et graves historias edunt, id quod esset plebi utilissimum; sed libros mysteriorum ecclesiae plenos, a quibus arcendi profani erant: id quod est, mea quidem sententia, pestilentissimum, eo vero magis, quo vulgus eos libellos securius legit, quia probatos non videt modo a civili magistratu, verum etiam ab iis, qui doctrinæ censores sunt in Christi Republica definiti» (Ib.).
La primera edición de la obra de Locis es de Salamanca, 1563. Sigo el texto de la de Padua, 1734, página 333.
Quien haya leído la Censura de Melchor Cano sobre el Catecismo de Carranza comprenderá que su alusión va contra los libros místicos en romance, y particularmente contra los de Fr. Luis de Granada.
[424] Prólogo al Apólogo de la Ociosidad y del Trabajo del protonotario Luis Mexia, en las Obras de Francisco Cervantes de Salazar, Madrid, Sancha, 1772, p. IX. (La primera edición es de Alcalá de Henares, 1546). Análogos conceptos expresa Venegas en la prefación que escribió para la moral y muy graciosa historia del Momo, obra de León Bautista Alberti, florentino, traducida al castellano por Agustín de Almazán (1553).
Á Venegas siguió casi literalmente su discípulo Francisco Cervantes de Salazar en una de sus adiciones á la versión que hizo de la Introducción y camino para la sabiduría, de Luis Vives: «Tras el sabroso hablar de los libros de caballerías bebemos mil vicios como sabrosa ponzoña: porque de alli viene el aborrecer los libros sanctos y contemplativos, y el desear verse en actos feos, cuales son los que aquellos libros tratan... Guarda el padre a su hija, como dicen, tras siete paredes, para que quitada la ocasion de hablar con los hombres sea más buena; y dexandola un Amadis en las manos, donde deprende mil maldades y desea peores cosas, que quiza en toda la vida, aunque tratara con los hombres, pudiera saber, ni desear; y vase tras el gusto de aquello, que no querria hacer otra cosa; ocupando el tiempo que habia de gastar en ser laboriosa y sierva de Dios, no se acuerda de rezar ni de otra virtud, deseando ser otra Oriana como alli y verse servida de otro Amadis. Tras este deseo viene luego procurarlo; de lo cual estuviera bien descuidada si no tuviera donde lo deprendiera. En lo mesmo corren tambien lanzas parejas los mozos, los cuales con los avisos de tan malos libros, encendidos con el deseo natural, no tratan sino cómo deshonrarán la doncella y afrentarán la casada. De todo esto son causa estos libros, los cuales plega a Dios, por el bien de nuestras almas, vieden los que para ello tienen poder». (P. 24 de la ed. de Sancha, ya citada).
[425] Libro de la Conversion de la Magdalena, en que se ponen los tres estados que tuvo de Pecadora, y de Penitente, y de Gracia... Compuesto por el Maestro Fray Pedro Malón de Chaide, de la orden de S. Agustin... En Lisboa, impresso por Pedro Crasbeeck. Año 1601. Pág. 2 vta. y ss. La primera edición de este clásico libro parece ser la de Barcelona, 1588.
[426] Libro llamado auiso de | priuados y doctrina de cortesanos. Compuesto por el illustre señor don Antonio de Guevara | obispo de Mōdoñedo, predicador y chronista y del cōsejo de su magestad... M. D. XXXIX (Valladolid, por Juan de Villaquiran). Hoja 7 sin foliar.
[427] Historia Imperial y Cesarea... compuesta por el Magnifico Cavallero Pedro Mexia, vezino de la Ciudad de Seuilla... Año 1655... En Madrid, por Melchor Sanchez. Pág. 205. La primera edición es de Sevilla, 1545.
[428] Summa de philosophia natural, en la qual assi mismo se tracta de Astrologia y Astronomia, y otras sciēcias. En estilo nūca visto, nueuamēte sacada. Por el magnifico cauallero Alonso de Fuentes... 1547 (Sevilla, por Juan de León). Fols. CXV y CXVI.
[429] Rhetoricorum libri IIII. Benedicti Ariae Montani... Antuarpiae, ex officina Christophori Plantini. M. D. LXIX. Pág. 64.
[430] El Caballero Celestial, de que hablaré en seguida, es una alegoría mística, y se prohibió por razones teológicas. El Peregrino y Ginebra, traducido del italiano por Hernando Díaz, no es libro de caballerías, sino una novela erótica.
[431] Colofón: Fenesce el quarto libro y ultimo del pelegrinaje humano trasladado de françes en castellano por el rreuerendo padre presentado fray vinçente de maçuelo a ynstancia del honorable señor maestre henrrico aleman que con grand diligencia lo hizo imprimir en la villa de tholosa en el año del señor de mill e quatroçientos e LXXXX. Fol. gót.
[432] El cavallero determinado traducido de lengua Francesa en Castellano por don Hernando de Acuña y dirigido al Emperador don Carlos Quinto Maximo. Anvers, por Juan Steelsio, 1553. 4.º, con grabados en madera, que se repiten en todas las posteriores de Barcelona, Salamanca y Madrid. La plantiniana de 1591 tiene grabados en cobre.
Sobre la colaboración de Carlos V en este trabajo véanse las Lettres sur la vie interieure de l'empereur Charles Quint, par Guillaume Van Male, gentilhomme de sa chambre, publiées pour la première fois par le baron de Reiffenberg (Bruselas, 1843, publicado por la Sociedad de Bibliófilos Belgas). En la ep. VI, escrita en enero de 1551, dice Van Male: «Caesar maturat editionem libri, eui titulus erat Gallicus «Le Chevalier deliberé». Hunc per otium a seipso traductum tradidit Ferdinando Acunae, Saxonis custodi, ut ab eo aptarentur ad numeros rithmi hispanici; quæ res cecidit felicissime. Caesari sine dubio, debetur primaria traductionis industria, cum non solum linguam sed et carmen et vocum significantiam mire expressit.
[433] Discurso de la vida humana y aventvras del Cauallero determinado, traducido de Francés, por don Ieronymo de Vrrea. Anvers, en casa de Martin Nucio, M. D. LV. 8.º.
[434] Las partes primera y segunda fueron impresas en folio por Juan Mey en Valencia, 1554, y reimpresas en octavo por Martín Nucio en Amberes el mismo año.
[435] Il Cavalier del Sole, che con l'arte militare dipinge la peregrinazione della vita umana... tradotto di Spagnuolo in Italiano per messer Pietro Lauro. In Vinegia, per Gioanbattista et Marchio Sessa, 1557. Tuvo tres reimpresiones: en 1584, 1590 y 1620.
Sobre la traducción alemana (Der Edele Sonnenritter), impresa en Giesen, 1611, vid. Schneider en su citado libro Spaniens Anteil, p. 205.
[436] Para la bibliografía de todos estos libros puede verse, el Catálogo de Gayangos y las notas que puso en su traducción castellana del Ticknor.
[437] Título XVII de los Claros Varones de Castilla.
[438] No hay inconveniente en admitir que el germen de la creación de D, Quijote haya sido la locura de un sujeto real. De uno muy semejante nos da cuenta D. Luis Zapata (Miscelánea, pág. 91): «Mas en nadie estas cosas maravillaron en nuestros tiempos tanto como en un caballero muy manso, muy cuerdo y muy honrado. Sale furioso de la corte sin ninguna causa, y comienza á hacer las locuras de Orlando; arroja por ahí sus vestidos, queda en cueros, mató un asno á cuchilladas, y andaba con un bastón tras los labradores á palos, y no pudiendo escudriñar de él la causa, decían que de una tía suya lo había heredado, y así es cierto que hay dolencias y condiciones hereditarias».
[439] «Era aficionada (mi madre) a libros de caballerías, y no tan mal tomaba este pensamiento como yo le tomé para mí; porque no perdia su labor, sino desenvolviemonos para leer en ellos; y por ventura lo hacia para no pensar en grandes trabajos que tenia, y ocupar sus hijos, que no anduviesen en otras cosas perdidos. Desto le pesaba tanto a mi padre, que se habia de tener aviso a que no lo viese. Yo comencé a quedarme en costumbre de leerlos, y aquella pequeña falta que en ella vi, me comenzo a enfriar los deseos, y comenzar a faltar en lo demas; y pareciame no era malo, con gastar muchas horas del dia y de la noche en tan vano ejercicio, aunque ascondida de mi padre. Era tan en extremo lo que en esto me embebia, que si no tenia libro nuevo no me parece tenia contento». (Vida, cap. II).
[440] «Diose, pues, a estos libros con gran gusto, y gastaba en ellos mucho tiempo, y como su ingenio era tan excelente, ansi bebio aquel lenguaje y estilo, que dentro de pocos meses ella y su hermano Rodrigo Cepeda compusieron un libro de caballerias con sus aventuras y ficciones, y salió tal que hubo que decir dél», (Vida de Sta. Teresa, libro I, cap. V).
[441] Diálogo de la lengua (ed. de Usoz), pág. 180.
[442] Obras de Fr. Luis de Granada, ed. Rivadeneyra, tomo I, pág. 327.
[443] Trezena parte de las Comedias de Lope de Vega... 1620. El Desconfiado es la quinta de las comedias incluidas en este tomo.
[444] Corte en aldea y noches de invierno (Traducción de Juan Bautista de Morales), Valencia, 1793, página 17.