No existe nada en la naturaleza que tenga más vida que las palabras, y para llegar á poseer tal vitalidad ha debido el lenguaje estar en un estado de fluctuación ó indecisión hasta llegar á constituir un verdadero organismo. Hoy podemos admirar la diversidad que hay, en el modo de expresarse por medio de las palabras, entre unos y otros pueblos; pero con un detenido exámen se pueden señalar los jalones de una marcha evolutiva, llegando hasta encontrar las tres grandes divisiones del lenguaje: monosilabismo, aglutinación y flexión.
Los sabios están unánimes en admitir que la construcción del lenguaje ha principiado por la génesis de las raíces. Dice Max Müller[268]: “Si el sánscrito, el hebreo ó el griego no hubiesen atravesado la aglutinación ó capa aglutinativa, si no hubieran atravesado un período como el chino, aislado ó monosilábico, su forma actual sería un milagro.” El monosilabismo, pues, ha sido el primer medio que los hombres han tenido para comunicarse sus afectos, sus necesidades y sus ideas, prescindiendo de la mímica y de la onomatopeya; de aquí han pasado por una evolución secular de grados diferentes á la aglutinación; y por fin, han alcanzado algunos pueblos por medio de la compenetración y las tendencias flexivas, la forma más perfecta del lenguaje.
Es, por lo tanto, una cosa reconocida en el progreso de la lingüística, que la raíz ha tenido que existir por sí misma antes de llegar á la aglutinación y á la flexión.
En el estudio de las raíces de las lenguas indo-jaféticas es un auxiliar poderosísimo el zend y el sánscrito, manantiales fecundos donde el investigador filólogo sacia la sed que le devora; pues no conforme la Filología con darnos á conocer el hebreo, el griego y el latín asciende en busca de progenie más antigua. Las investigaciones interesantísimas de Grimm sobre las lenguas germánicas, y los trabajos de Bott y otros filólogos sobre las lenguas indo-europeas constituyen la escala de Jacob para la Filología comparada, pudiendo considerar esos estudios como fuente regeneradora de la Historia antigua[269]. Pero en las investigaciones del lenguaje indo-antillano, todo es tinieblas; no nos queda un dialecto siquiera, que pueda servir de apoyo para verificar nuestros estudios; únicamente, palabras sueltas, ya designando un árbol, una comarca ó un río, ya el nombre de un cacique, ya alguna que otra palabra recogida por los cronistas de la época de la colonización.
Estas palabras, que quedan al azar en la roca, en el arbusto y en el cronicón son aún verdaderas margaritas. Las hemos recogido, con asiduidad, no para reconstruir un lenguaje, lo cual es imposible, sino para propia satisfacción en nuestros estudios filológicos; tratando de averiguar sus raíces, sus temas y desinencias, para fijar sus etimologías, porque el estudio de los elementos de una voz es el estudio de la formación de la palabra. Y como dice muy bien el docto catedrático del Instituto don Enrique Alvarez Pérez en la gramática española que está editando[270]: “El filólogo, como el naturalista, analiza los distintos elementos que constituyen el organismo de la palabra; estudia las diversas fases que presenta en su desenvolvimiento; y compara las analogías y diferencias que tiene con otras del mismo idioma ó de los congéneres.”
En la carta de Cristóbal Colón escrita en el mar cuando regresaba del primer viaje, y enviada desde Lisboa, en Marzo de 1493, á Barcelona, donde se encontraban los Reyes Católicos[271], se lee:
“En todas estas islas non vide mucha diversidad en la fechura de la gente, nin en las costumbres, nin en la lengua, salvo que todos se entienden que es cosa muy singular.”
Dice el Almirante en su Diario de navegación:
Lunes 12 de Noviembre.—“... y también estas mujeres mucho enseñarían á los nuestros su lengua, la cual es toda una en todas estas islas de India y todos se entienden y todas las andan en sus almadías.”
Además de un lenguaje indo-antillano, conocido en todo el archipiélago[272], ocupado por los indios procedentes de la Florida, había sus dialectos en algunas islas[273], nacidos de la peregrinación de las palabras, y de la evolución en el continuo fermento en que se hallaban, principalmente en un idioma, como el indo-antillano, que no había llegado á la cristalización fonética[274].
Algunos hay que opinan que la lengua MAYA, ó primitiva del Yucatán, tuviese sus afinidades con la que se hablara en Cuba, especialmente en la parte occidental de la isla, tan cercana á la península yucateca. Indudablemente había diferencia de dialecto en la región del oeste de Cuba; pues el intérprete Diego, que acompañaba á Colón, cuando viajaba cerca de BATABANÓ ó MAYABEQUE, no fué comprendido de los indígenas, y sí por los indios de Vueltarriba. Pero el lenguaje SIBONEY, ó de los indios de Cuba, era un dialecto con ligeras diferencias de la lengua general indo-antillana.
Ahora bien, ciñéndonos á la palabra BORIQUÉN, cuya etimología queremos estudiar, tenemos, que existen en ese vocablo tres raíces aglutinadas: bo-ri-quen.
La inicial BO[275] equivale á GRANDE, SEÑOR[276]. Y la encontramos con este valor en las palabras indígenas:
La sílaba intermedia RÍ, de Boriquén, entraña el concepto de VALOR guerrero, así como la idea de FUERTE. Y la encontramos en los vocablos:
La final QUEN[277], de Boriquén, implica idea íntima ó de relación con la TIERRA, según lo prueban las palabras:
De modo que BORIQUÉN puede traducirse por TIERRAS DEL VALIENTE SEÑOR, calificativo justificado; pues, aunque los boriqueños no constituían un pueblo belicoso, ni tenían necesidad para subsistir de hacer la guerra á sus convecinos, es fama que se mostraron siempre muy valerosos en la defensa de su país contra las invasiones y depredaciones de los isleños de Barlovento, sus encarnizados enemigos. A Cuba la conquistó Velázquez sin pérdida de un solo hombre, Juan de Esquivel se adueñó de Jamayca sin sacrificio alguno, y respecto al VALOR de los boriqueños, comparándolos con los haitianos, dice Oviedo: “En la manera de la gente, no difieren en cosa alguna de lo que tengo dicho de la isla Española, excepto que estos indios de SANCT JOHAN, eran flecheros é más hombres de guerra; pero assí andan desnudos é son de la misma color y estaturas.”