203. Vivien de Saint-Martín.—Historia de la geografía y de los descubrimientos.
204. Nazario y Causel.—Revista de Puerto-Rico: 19 de Diciembre de 1893.
205. Antonio del Monte y Tejada.—Historia de Santo Domingo, 1890.
206. Dice Navarrete: “De los descubrimientos que acababa de hacer, formó Colón una carta, que más tarde remitió á los Reyes... Los primeros descubrimientos de Colón habían reanimado el gusto por las expediciones de mar á que los peninsulares se habían manifestado en todos tiempos inclinados... Protegió con todo su poder el gobierno este noble espíritu de empresas... El primero que al intento se aprestó fué Alonso de Ojeda... Hallábase en Castilla cuando llegaron las primeras noticias del descubrimiento de Paria, y favorecido del obispo de Burgos, no solo obtuvo permiso para navegar á los nuevos países, sino una copia de la carta geográfica que el descubridor había formado y remitido á los Reyes.”
207. Américo Vespucci ó Vespucio, al regresar á Europa, escribió á petición de uno de los príncipes de la familia de los Médicis, la relación de sus aventuras en la expedición de Ojeda. El relato, en estilo pomposo corrió por Italia, Francia y Alemania. En 1507 el alemán Martín Weltzemüller publicó un libro sobre las navegaciones de Américo Vespucio, intitulado: Cosmographiæ introductio insuper quatuor Americi navigationes, en el cual por primera vez se proponía dar á Orbis Novus el nombre de América. La proposición hizo fortuna, la moda la adoptó y el tiempo la fué sancionando. Contribuyó mucho á este fin el mapa mundi dibujado en 1520 por el célebre cosmógrafo Petrus Appianus y el de Gemma Frisius para el Ptolomeo publicado en Strasburgo, en 1552, que inscribieron el nombre América en las nuevas tierras al sur del mar Caribe, conservando, sin embargo, esta anotación contradictoria: Hæc terra, cum adjacentibus insulis, inventa est per Columbum Januensem, ex mandato regis Castellæ (Esta tierra, con las islas adyacentes, fué descubierta por Colón de Génova, bajo los auspicios del rey de Castilla.)
208. Fray Pedro Simón.—Primera noticia histórica de las conquistas de Tierra-firme.
209. P. Mártir de Anglería.—Ob. cit. Década segunda, libro I cap. II.
210. Leguina.—Ob. cit.
211. Picatoste.—Ob. cit.
212. Periódico: Unión ibero-americana. Número 82.
213. Nazario y Cansel.—Ob. cit.
214. Pedro Mártir de Anglería.—Ob. cit.
215. Nazario y Cansel.—Ob. cit.—Dice el cronista Oviedo:
“Tornando á nuestro propósito é camino, digo que después que passó esta armada á la isla de Boriquén ó Sanct Joan, vino á esta de Haytí, que llamamos Española, é tomó puerto en ella el mes de deçiembre del mesmo año de mill é quatroçientos é noventa é tres años, en Puerto de Plata, que es de la banda del Norte. E desde allí fué por la costa abajo al Occidente á la Isabela, é de allí pasó á Monte Crispto, donde señoreaba el rey Guacanagarí, que es á donde agora se llama Puerto Real.”
216. En el mapa está signado mt. xp.
217. Cerca de lo que es hoy Cabo Haitiano; está signado en el mapa C. St. (cabo Santo); y en el mismo sitio está trazado con letra gótica: nabidat. (El fuerte de Navidad).
218. En el mapa está signado: y tortuga.
219. En el mapa: p. de S. nicul. (San Nicolás).
220. En el mapa: punta de Cuba.
221. En el mapa están designados varios nombres de esta costa de Jamaica.
222. En el mapa: p. bueno.
223. En el mapa: C. de Cruz.
224. Están signadas en el mapa.
225. En el mapa está puesta la palabra abangelista en el último extremo occidental de la figura trazada como isla de Cuba. Los indios la llamaban Guanaja.
226. Falta todo el Departamento occidental.
227. En el mapa, mar oceanny.
228. En el mapa: C. de. S: miguel.
229. En el mapa: alto belo.
230. En el mapa: beata.
231. En el mapa: naiba.
232. En el mapa la isla adamanay está unida á la Española, y signado: saona.
233. Nazario y Cansel.—Ob. cit.
234. Los indios llamaban á Colón Guanimiquení, que significa: el señor de tierra y agua.
235. Nazario y Cansel.—Ob. cit.
236. No hay que confundir este viaje, que podemos llamar parcial ó inter-colonial, con el tercero de Colón que fué en 1498 y en el cual descubrió á Trinidad y Continente sud-americano. Juan de la Cosa no acompañó al Almirante en su tercera empresa, como equivocadamente dice el padre Nazario en su artículo de la “Revista de Puerto-Rico”.
237. “La Correspondencia de Puerto-Rico.”—21 de Noviembre de 1893.
238. Periódico: “Revista de Puerto-Rico”.—19 de Diciembre de 1893.
239. Montaner y Simón: Editores.—1890. Tomo 5°
240. Imp. lith. de Lemercier Benard et Cie.
241. Periódico: [Unión ibero americana].—1° de Mayo de 1892.
242. Cronau.—Ob cit. Tomo I pág. 358.
243. Colón descubrió Tierra-firme en su tercer viaje—1498.—Divisóla, en efecto, el primero de Agosto, y el gran marino, que muchas veces había tomado las islas por tierra-firme, esta vez fué á la inversa y tomó el continente por isla, y le llamó Isla Santa.
244. El padre Nazario atribuye á este navegante—núm. de la Revista citado—el descubrimiento que corresponde á Giovanetti Cabotto ó John Cabot, como dicen los ingleses. La patente de autorización dada por el rey Enrique VII es de 5 de Marzo de 1496.
245. Así como se supieron inmediatamente los descubrimientos del gran Ligur en las cortes de Europa se tuvo conocimiento en España del descubrimiento de Juan Cabot; máxime, cuando los aprestos marítimos se efectuaron públicamente, en la bahía de Bristol, por una sociedad de comerciantes. Los cuatro navíos equipados en Bristol se dieron á la vela en la primavera de 1498, fondeando el 24 de Junio de ese año en la costa de Labrador. En el estío de ese mismo año emprendió Sebastián Cabot otro viaje, siguiendo el derrotero de su padre, descubriendo la isla de Terranova, que llamó Tierra de los bacalaos y llegando hasta las inmediaciones de la Florida.
246. En el mapa de Juan de la Cosa está con letra gótica esta asignación: este cavo fe descubierto en ano de mil cuatrocientos noventa y nueve por castilla syendo descubridor Vicentians.
247. Nazario y Cansel.—Número de la Revista citado.
248. Dice Cronau, tomo II, pág. 47: “Por más que Cristóbal Colón ya hubiese descubierto á Cuba en el año de 1492, quedó aún por bastante tiempo indeterminado el problema de si era isla ó continente. Ya se sabe que el gran genovés murió en la creencia de que Cuba pertenecía al continente asiático y que era idéntico al país de Mangi.—Mas ya en vida del Almirante había personas que opinaban de distinta manera.”
249. Dice el doctor Sophus Ruge—citado por Cronau:—“Como fiaba más en la carta geográfica de Toscanelli y otros, referentes á las discusiones de Cipangu, que en su propia experiencia, creyó que la isla Española era tan grande como toda España, y colocó la costa septentrional de la Gran Antilla (Cuba) bajo el grado 40 de latitud”.
250. Mártir de Anglería—Década segunda, lib. X, cap. I. (1516) dice: “Desde que resolví obedecer á los que me pedían que en nombre de Vuestra Santidad escribiera estas cosas en latín, yo, que no soy del Lacio, puse cuidado de no poner nada sin averiguarlo bien. Fuí á verme con el Prelado de Burgos, patrono de estas navegaciones, de quien arriba se hizo amplia moción. Encerrándonos en una habitación, tuvimos en las manos muchos indicadores de estas cosas; una esfera sólida del mundo con estos descubrimientos, y muchos pergaminos, que los marinos llaman cartas de marear, una de las cuales la habían dibujado los portugueses, en la cual dicen que puso mano Américo Vespucio, florentino, hombre perito en este arte, que navegó hacia el Antártico. La otra (carta de marear) la comenzó Colón cuando vivía é iba recorriendo aquellos lugares, y en ella su hermano Bartolomé Colón, Adelantado de la Española añadió lo que juzgaba, pues él también recorrió aquellas costas.—Además, cada uno de los castellanos que, según su propia persuasión, sabía medir tierras y costas, se trazó su pergamino de navegar. De entre todas conservan como más recomendables las que compuso aquel Juan de la Cosa, compañero de Ojeda, que dijimos lo mataron los caramairenses en el puerto de Cartagena, y la de otro piloto llamado Andrés Morales, ya por la mayor experiencia de aquellas cosas (pues el uno y el otro estaban ya no menos familiarizados con aquellas regiones que con las habitaciones de su casa), ya porque estaban reputados por más entendido que los demás en Cosmografía naval.”
251. Brau.—Ob. cit.
252. Las Casas empezó á escribir de los asuntos de Indias en 1527.
253. Nazario y Cansel.—Ob. cit.
254. Puerto-Rico (Nav.) Los indios se referían á las islas de Barlovento, ocupadas por los caribes.
255. Puerto-Rico. (Nav.).
256. Revista puertorriqueña: 19 de Noviembre de 1893.
257. El Diario popular de Mayagüez; núm. del 19 de Noviembre de 1893, dedicado á conmemorar el Cuarto Centenario del descubrimiento de Puerto-Rico.—Citamos los dos periódicos porque encontrando los vocablos Burinkem y Burikem, dados á luz en un mismo día y en diversos periódicos, ignoramos cuál es el verdadero del doctor Domínguez, y en cuál pecó el cajista á juicio del erudito escritor de la ciudad del Oeste.
258. Téngase en cuenta, que antiguamente se escribía la q ó la ch, indistintamente. En la obra de don Fernando Colón unas veces se lee Borichén y otras Boriquén. Aunque haya error en la manera de escribir Anglería el nombre indígena de la isla de Puerto-Rico, ni interpola la n, ni la denomina Carib.
259. En esta fecha fué que se dió á la estampa, por vez primera, el manuscrito del hijo del Almirante.
260. Memorial al Cardenal Cisneros, por los Padres Priores de San Gerónimo, en Santo Domingo, á 20 de Enero de 1517.—Colección de documentos inéditos del Archivo de Indias.—Ni hay la intrusa n, ni llaman á la isla Carib.
261. Gómara empezó á escribir su Historia de las Indias en 1540, y la publicó en Zaragoza el año de 1552, habiendo sido traducida al latín, al francés y al italiano.
262. Otto Neussel toma el vocablo tal como lo trae la carta de Chanca al nombrar por primera vez la isla de Puerto-Rico, y lo traslada al mapa que presenta para ilustrar Los cuatro viajes de Colón. También comete el error de signar á toda la Española Bohío.
263. Periódicos citados.
264. Barcia: Diccionario general etimológico de la lengua española.—1881.
265. Jozón.—Ob. cit.
266. Jozón.—Ob. cit.
267. M. Max Müller—Leçons sur la science du langage.
268. Max Muller.—La Stratification du langage.
269. Mr. Julien Vinson, profesor de la Escuela de lenguas orientales vivas de París ha sostenido con brillantes datos que “el oeste y el norte de Europa fueron poblados en los tiempos prehistóricos por razas que hablaban lenguas que se refieren al tipo eúskaro.” Y el filólogo E. Sanchez Calvo—ob. cit.—esplica todo el origen etimológico de los nombres de los dioses de la Mitología por medio de estas dos palabras claves: han y ber. Aquélla onomatopeya de la espiración, y ésta del hervor del agua, cuyo fenómeno al observarlo por vez primera la familia salvaje y contemplar atónita, que del fondo de la vasija llena de agua y aproximada al fuego salía, al poco rato, un rumor y luégo un ruido creciente, se aproximarían todos á admirar la nube de vapor y la multitud de burbujas agitándose y estallando. En el agua hirviente, que murmuraba ber, ber, ber, ber, creerían, los primeros que la observaron, que había un sér animado, un espíritu en movimiento.
270. E. Alvarez Pérez.—Gramática filosófica é histórica-comparativa de la lengua castellana. 1893.
271. Tomada de la edición que se hizo en Viena en la tipografía imperial y real de la Corte. 1868.
272. Había una lengua general en todas las islas, excepción hecha de las islas ocupadas por los Caribes, que constituían otra raza con otros usos y costumbres, Colón tomó en San Salvador varios aborígenes y los retuvo para que le sirvieran de intérpretes. Estos se entendieron perfectamente con los naturales de la 2.ª, 3.ª y 4.ª isla. En Cuba el políglota Luís de Torres, en unión de Rodrigo de Jerez, llevaron una embajada al Cacique y creyéndose que habían llegado al reino del gran Kan le hablaron primero en hebreo, después en caldeo y por último en árabe, teniendo que apelar al intérprete de Guanahaní para que los asombrados siboneyes les entendieran. Por fin pasan á Haití, donde entran en fácil y amistosa correspondencia con los aborígenes, anotando el Almirante en Diciembre 22.—: “... tienen alguna diversidad de vocablos en nombres de cosas.”
273. Las Casas reconoció en Haití, además de la lengua general, tres dialectos. En Jamayca se hablaba la lengua general de Cuba y Haití. Refiere Bernal Díaz del Castillo.—Ob. cit.—que al desembarcar con Juan de Grijalva en la isla de Cozumel “vino una india moza, de buen parecer, é comenzó á hablar la lengua de la isla de Jamaica... y como muchos de nuestros soldados é yo entendimos muy bien aquella lengua, que es la de Cuba, nos admiramos y le preguntamos cómo estaba allí”; y resultó que el naufragio de una canoa de pescadores de Jamayca la llevó á la isla de Cozumel.
274. El padre Nazario opina—Ob. cit. pág. VIII. Prólogo—que los indios de Puerto-Rico, á quien él llama Carib, tenían una escritura más perfecta que la de México y el Perú.—No es posible comparar el lenguaje indo-antillano, correspondiente á tribus, que estaban en la edad de la piedra pulimentada, y cuyo mayor desarrollo de cultura tuvieran en la Española en la corte del régulo Bohechio, á unas lenguas como la azteca é inca, que tenían ya su escritura entre ideográfica y jeroglífica, y correspondientes á imperios con una civilización análoga á la asiria y caldea.—Fray Román Pane, heremita de la Orden de San Gerónimo, escribiendo sobre los haitianos, dice: “... pero como los indios no tienen escritura, ni letras, no pueden dar buena razón del modo que han sabido ésto (su origen) de sus antepasados, y así no conforman en lo que cuentan, ni aun se puede escribir con orden lo que refieren.”—En cambio los mexicanos fabricaban papel con los filamentos de las hojas del maguey, el cual machacaban en agua, y extraida la fibra, la unían por capas, como las hojas del xiperus de Egipto. Y el arte de trasmitir los hechos, por medio de las pinturas jeroglíficas en este papel, y en pergamino ó lienzo, existía en el Anahuac antes de la llegada de los Aztecas. El mismo Cortés tuvo ocasión de apreciar estos trabajos: habiendo dicho á Moctezuma le indicase sobre la costa oriental un buen fondeadero para sus buques, mandó Moctezuma al momento se le trajese el mapa de toda la costa, desde el punto en donde hoy se eleva Veracruz hasta el río Guazacalco. Los Incas usaron los quipos ó cordones gruesos como nudos, de los cuales pendían cordoncillos de diversos tamaños y colores, y de ellos se valieron para contar el tiempo y las cosas. El blanco significaba la guerra; el amarillo el oro, etc.
275. La radical bo, grande, señor, está en contraposición, en el lenguaje indo-antillano, con la radical bi, pequeño; por ejemplo, bibijagua, especie de hormiga; bija, la semilla del achiote, de la en cual hacía el indio una pasta para untarse la piel y defenderla de la picada de los mosquitos; bijirita, pajarito de Cuba; bieque, tierra pequeña; biminí, pequeño lugar de agua, etc.—No debe confundirse la radical bo con el sufijo abon, que lo encontramos en la terminación de muchos nombres de ríos, como Cayrabón, Manatuabón, Mucarabón, Taynabón y Usabón en Puerto-Rico; y Daynabón, Inabón, Macabón, Quiabón y otros en Santo Domingo. Algunos nombres de ríos han perdido la final n, como Gurabo y Guaorabo por Guarabón; Guanajibo por Guanajiabón, y otros han sufrido mayor evolución, como Bayamón por Guayabón, y Cañabón por Caynabón, etc.
276. En asirio, señor es belu, en hebreo ba’al; en árabe ba’l. En persa, jefe es bari; en celta, bren; en galo, brenno; en bretón, brenín; en irlandés, barn; y en anglo-sajón, beorn. Derivados de la raíz ber, cuya forma arcáica se conserva mejor en el eúskano bero, que significa calor. “Dos palabras iguales al principio, viajando luégo cada una con su tribu, adquieren tan disfrazadas formas que es difícil reconocerlas por más que guarden siempre su raíz.”
277. La n entraña plural de que.
278. Los indígenas llamaban á sus ídolos Cemi, evolución de Guamí, equivalente á el que manda, el dueño.
279. En el Mapa para ilustrar los viajes de Sir Walter Raleigh, desde la isla de Trinidad hasta el bajo Orinoco, compilado de observaciones personales y del Atlas de Venezuela de Codazzi, por Sir Robert Schombuck, y cuyo mapa se encuentra en la obra de F. Michelena y Rojas: Exploración oficial del Orinoco y Amazonas (1867), se le aplica el nombre de Carí á la isla de Trinidad.
280. Padre José Gumilla.—Las naciones de las riberas del Orinoco. 1745.
281. Restrepo.—Ob. cit.
282. Hemos usado la palabra raza y no pueblo ó nación, por que creemos que la tribu india de los Guaycure, en la costa occidental de la América del Norte, y de la cual se supone procedían los indígenas de las grandes Antillas, no pertenecía á la raza caribe, procedente del Continente Sur.—Está probada la existencia del hombre en el Nuevo Mundo desde los tiempos más remotos, encontrándose sus vestigios en las lejanas épocas del mammut, el mastodonte, el milodonte. el megaterio y otras especies de animales monstruosos; de lo cual resulta insostenible la teoría de que la raza americana se deriva de la mogólica. El problema, pues, del origen del indio americano está por resolver. Pero nosotros tomamos el Archipiélago antillano, para el estudio de sus habitantes, tal como le encontraron los conquistadores, y de sus propias crónicas se destacan las dos razas, con sus usos, costumbres, lenguajes y tipos humanos muy diversos.—Generalmente se acuerda hoy día mirar la especie humana como única; pero esto no impide reconocer, entre las diversas naciones que pueblan nuestro globo, diferencias numerosas más ó menos acentuadas, conformaciones hereditarias más ó menos permanentes. Se ha convenido en designar estas modificaciones particulares bajo el nombre de razas, y admitir así la variedad en la unidad. Estas razas, tan pronto se propagan por generación, tan pronto se combinan y se transforman por crecimiento. La idea de estas modificaciones es muy antigua. Moisés, y más tarde Eforo de Cumes, han dividido los hombres, el uno en tres razas, según los tres hijos de Noé, y el otro en cuatro, según los cuatro puntos cardinales. Linneo reconocía (1766) en su Homo sapiens, cuatro variedades. Blumenbach proponía cinco razas: caucásica, mogola, etiópica, americana y malaya. Dumeril seis, añadiendo la hiperbórea. Bory de Saint-Vincent, que distingue quince especies de hombres, reconoce razas y sub-razas. Cuvier y Moquin Tandon tres razas principales: blanca, amarilla y negra. Isidoro Geoffroy Saint-Hilaire analiza las razas humanas, tomando por punto de partida los cabellos lisos ó crespos, la nariz sobresaliente ó deprimida, la piel blanca, amarilla ó negra y las condiciones de talla, ojos y miembros.—Esta confusión de los sabios en sus clasificaciones ha hecho que algunos admitieran para América una sola raza, otros dos, la colombiana y la americana, y por fin Morton en su Crania americana ha notado las diferencias considerables, y ha ensayado el primero una clasificación de las razas del Nuevo Mundo.
283. Los indígenas le llamaron Mímasipí (el padre de los torrentes). Merino (1666) escribió Messippí; Dablon (1671) Mississipí; Hennepin (1680) Meschonipí; Coxe (1698) Micissip; Charlevoix (1731) Mechaseba.
284. Las islas Lucayas, de constitución madrepórica, son de más reciente creación que la isla de Cuba, constituida por rocas eruptivas antiguas.—En el Archipiélago antillano es digno de observación una banda de islas al norte, que empezando en San Bartolomé y San Martín continúa por las Vírgenes, Santa Cruz y Puerto-Rico hasta el nudo central de Santo Domingo donde se bifurca, yendo una de las ramas por el cabo Tiburón hasta Jamaica, y la otra pasando á Cuba por el cabo San Nicolás. Estas islas son todas constituidas por rocas eruptivas antiguas, acompañadas de depósitos sedimentarios de diversas edades, desde el terreno silicoso hasta los calcáreos conchíferos y madrepóricos de época reciente, que se continúan por los arrecifes más nuevos aún de las islas Lucayas. La banda del este tiene otro carácter: comprende una docena de pequeñas islas volcánicas, formando dos alineamientos, que vienen á cortarse en la Martinica bajo un ángulo muy obtuso, lo que da al conjunto el aspecto de una curva, cuya convexidad mira al Atlántico. Una segunda hilera de islas, colocadas con menos regularidad, casi exclusivamente compuestas del calcáreo moderno, y en el número de las cuales debe contarse la isla Trinidad, que marca la unión de las islas calcáreas al Continente sub-americano, y la Barbada, arrojada 60 millas de las otras, en pleno Atlántico, constituye una cadena exterior, que al primer golpe de vista parece no tener ninguna relación con la hilera anterior. Un examen atento demuestra, que estas dos cadenas se tocan, y que la isla de Guadalupe es el punto de encuentro. La Guadalupe es, en efecto, la única de estas islas, donde se encuentra una isla calcárea unida á una isla volcánica. Todas las que preceden de sur á norte, la Granada, San Vicente, Santa Lucía, Martinica, Domínica, son exclusivamente volcánicas, sin trazas importantes de depósitos calcáreos. Después de Guadalupe la cadena se desdobla y se continúa, de un lado por las islas volcánicas de San Cristóbal, Monserrat, Santa Cruz, con las Grandes Antillas, y del otro por las islas planas y calcáreas de Antigua, Nieves, etc., á las Lucayas y al continente de la Florida.—(Ch. Sainte-Claire de Deville. E. Rochefort).
285. Ponce de León le llamó La Florida, por haberle descubierto el domingo de Resurrección ó de Pascua Florida.
286. El antiguo nombre del Orinoco fué Paragua, que hoy lleva un afluente del Caroní, según Rojas. Cuando Ordaz cruzó el Orinoco en 1536, el río era conocido con el nombre de Uríaparia, llamándose así también uno de los caciques de la comarca. En la misma región conocieron el río con el nombre de Urinuco, y por corrupción, Worenoque, Orinoco.
287. Hemos dicho en una Nota anterior, que al negar el señor Armas la antropofagia en los Caribes había ido contra los Cronistas y la lógica de los hechos. La Mitología y la Historia nos la presentan en los pueblos primitivos. Saturno, Tántalo, Thyeste, y Lycaón son, en la fábula mitológica, antropófagos como los Lestrigones y los Ciclopes. Y la Historia nos dice, que fueron caníbales, los Scitas, Germanos, Celtas, Fenicios, Tártaros y Etíopes. La esclavitud, que hemos sostenido hasta ayer en nuestros ingenios con los pobres negros, era un canibalismo moral; pues bien, si nosotros hemos creído legal apropiarnos á nuestra satisfacción el beneficio del trabajo del esclavo, el salvaje, el caribe, creía ejercitar un derecho natural disponer de su prisionero, de su conquista, de su propiedad. A la vez, aguijoneado por el hambre en las islas pequeñas, sin rebaños ni animales, y escaso de vegetales, disponía como vencedor del fruto de su victoria, y no sólo celebraba su triunfo comiéndose, en ceremonia religiosa, algunos de sus prisioneros, sino que, como conocedor de la carestía de víveres en sus posesiones, guardaba los garzones para las épocas en que el hambre azotara sus comarcas. La vida del caribe, en la lucha por la existencia, se reducía á esta frase: matar ó ser matado; comer ó ser comido.—Los mexicanos habían reducido ya la antropofagia á festividad religiosa, era una atenuante del proceder caribe y un paso tardo á su desaparición, ya iniciada y acentuada en el Perú. Aquella infeliz víctima, tendida en el ara porfidiana y á la cual el cruento victimario, con silíceo cuchillo de obsidiana arrancaba el corazón, para llevarlo sangriento y humeante, á los labios del ídolo, esperando del terrible dios auspicios favorables, ¡cuánta similitud con el sacrificio de Ifigenia, la hija de Agamenón y de Clitemnesta, ante el altar de Diana en Aulide, para obtener del tremendo é irascible oráculo favorables auspicios en pro del jefe de los ejércitos griegos en la guerra de Troya! Sacrificio por sacrificio, entrambos obedecían á fanatismo religioso; pero eran, sin duda, el reflejo y la reminiscencia de tiempos antropofágios muy posteriores, y los últimos arranques instintivos de una época sanguinaria.
288. Dice Pedro Mártir de Anglería.—Primera década, libro I, cap. III:—“Aunque usan saetas de caña muy agudas, caben, sin embargo, que les aprovechan poco para reprimir la violencia y furor de los caribes, pues confiesan todos los indígenas, que en la lucha diez caribes vencerían fácilmente á ciento de ellos.”
289. D’Orbigny.—L’Homme américain. 1834.
290. A. Rojas.—Los jeroglíficos venezolanos. 1876.
291. El doctor Virchou en su Clasificación antropológica de los pueblos salvajes antiguos y modernos de América (1888) demuestra con el estudio de cráneos indios precolombianos, que hay grandes diferencias entre las muchas razas salvajes que poblaron el Nuevo Mundo, bien patentes en la configuración de sus cráneos; pero sin precisar su antigüedad, ni cuáles pudieran ser sus procedencias genealógicas.
292. Han dicho nuestros cronistas, y se repite como verídico, que los boriqueños llamaron á los caribes para defenderse de Juan Ponce de León.—Basta fijarse en la condición belicosa y feroz que tenían los caribes para no aceptar su presencia en el encuentro de la boca del río Yauco, ni en la derrota, al replegarse á Yagüeca, donde bastó un tiro de arcabuz aplicado á Guaybaná para terminar la campaña. Vendrían á auxiliar á los de Boriquén los naturales de la isla Mona, muy poblada para aquella época; pero es ilógico inmiscuir entre ellos á los caribes, tiradores de flechas emponzoñadas y diestros arqueros. Para el caribe la caída del jefe ó caudillo no era señal de rendición; peleaban sin contar sus enemigos y con una ferocidad leonina.—Esos caribes de Barlovento fueron el terror de los primeros pobladores de Puerto-Rico hasta el año de 1635, en que los franceses, protegidos por Richelieu, se dedicaron á la conquista de las Antillas menores. Se empezó por San Cristóbal y Guadalupe: se les hizo una guerra de exterminio, y á pesar de ello, fué preciso hacer, en 1660, un tratado de paz, por medio del cual los caribes reducidos á seis mil, se retiraron á Domínica y San Vicente.
293. El gua es guaraní y muysca y el hua es quechúa ó peruano. El hua quechúa tiene menos fuerza que el gua caribe, pero se han confundido muchas veces aunque tienen pronunciación y ortografía diferentes.
294. Dice Mártir de Anglería, Década tercera, libro VII, cap. IV.: “Gua es entre ellos artículo, y hay pocos nombres, principalmente de reyes, que no comiencen por este artículo gua, como Guarionex, Guacanagarí, y así también muchos nombres de lugares.”
295. Ruíz Montoya.—Vocabulario y arte de la lengua Guaraní.
296. A. Rojas.—La sílaba gua ó hua, como interjección, sustantivo, artículo, afijo y partícula en las lenguas americanas.
297. Esta palabra, según está conservada en el Diario del Almirante trasmitido por Las Casas, tiene una h intermedia: Guana-h-aní. Hoy nosotros al pronunciar el vocablo prescindimos de ella; pero entre los indios la aspiración tenía la fuerza de una consonante, como acontece con los árabes.—En la Carta de Cristóbal Colón escrita en el mar cuando regresaba del primer viaje, y enviada desde Lisboa, en Marzo de 1493, á Barcelona, donde se encontraban los Reyes Católicos, se lee: “A la primera que yo fallé puse nombre San Salvador, á conmemoración de su Alta Magestad, el cual maravillosamente todo esto ha dado: los Indios la llaman Guanayaní.” Vése, pues, que el Almirante le dió á la aspiración el valor de y. Lo cual prueba, que esa h, que nos conservan los cronistas, representa una aspiración del lenguaje indo-antillano con el valor de consonante.
298. Colón le puso el nombre de Juana, en obsequio al príncipe don Juan; pero, después del bojeo de la isla por Sebastián de Ocampo, se llamó Fernandina, en honor del Rey Católico.
299. Dice Pedro Mártir de Anglería.—Primera década, libro II, cap. III:—“se descubrió otra mayor que todas las demás, la cual, llamada Ay-ay por los indígenas, quisieron ellos (los viajeros) apellidarla con el nombre de Santa Cruz.”
300. Nazario y Cansel.—Ob. cit.—pág. 66.
301. Dice el Diario del Almirante: “Lunes 26 de Noviembre.—Andaría en todo aquel día treinta y dos millas, que son ocho leguas. Dentro de las cuales notó y marcó nueve puertos muy señalados.” Y glosa Navarrete: Entre los nueve que dice vió y marcó en aquel trozo de costa, deben notarse la ensenada Yamanique y los puertos Jaragua, Taco, Cayaguaneque, Nava y Maraví.
302. “Viernes 7 de Diciembre.—Al rendir del cuarto del alba dió las velas y salió de aquel puerto de San Nicolás.”