[81] El culto de Dioniso estaba muy extendido en la Tracia desde que, ayudado de las Ménades, triunfó de su rey Licurgo. Más tarde encontramos una prueba evidente en la afición que mostraron al vino los reyes macedonios Filipo y Alejandro. Su oráculo, según el escoliasta, estaba en el monte Pangeo o en el Hemo. Heródoto habla también (VII, 111) de otro entre los satras, pueblos belicosos de esta región.

[82] Lefranc, Histoire de la littérature grecque, página 152.

[83] Ponto Euxino, hoy mar Negro, al SE de Europa, que comunica con el Mediterráneo por el estrecho de Constantinopla, el mar de Mármara y los Dardanelos, y con el mar de Azov por el estrecho de Yenikaleh. Baña a la Europa al N y al O, y al Asia al S y al E. Llamose primero Axenos o inhospitalario, y después Euxenos, hospitalario, como el cabo de Buena Esperanza se llamó primero de las Tormentas.

[84] Hipólito era hijo de Antíope, reina de las Amazonas y prisionera de Teseo en la guerra que sostuvo contra ellas.

[85] Piteo, abuelo de Teseo e hijo de Pélope y de Hipodamía, rey de Trecén, famoso por su sabiduría. Educó sucesivamente a su nieto Teseo y a su biznieto Hipólito.

[86] Trecén, hoy Damala, ciudad de la Argólida, cerca de la costa oriental.

[87] Hubo en Atenas dos reyes de este mismo nombre: el uno fue hijo y sucesor de Erictonio y padre de Erecteo, de Procne y Filomela; el otro padre de Egeo, y por consiguiente abuelo paterno de Teseo. Es probable que Eurípides se refiera a este último, y que llame campo de Pandión a las cercanías de Atenas, en donde estaba edificada Eleusis.

[88] Estos sagrados misterios son los de Eleusis, instituidos en honor de Deméter, de su hija Perséfone y de Triptólemo. Consistían en ciertas reminiscencias del culto cabírico o pelásgico, se celebraban todos los años y duraban nueve días. Menudeaban las procesiones, las abluciones, las carreras con antorchas y los juegos. El iniciado en el primer grado se denominaba mysto, y en el secundo, epopto o que veía. Eleusis, según Pausanias, fue fundación de Ógiges, y estaba situada en el golfo Sarónico, a 17 kilómetros al NO de Atenas, entre el Pireo y Mégara. Pericles edificó allí a Deméter un templo suntuoso.

[89] La acrópolis de Atenas.

[90] Cécrope, egipcio fundador de Atenas, que instituyó el Areópago y el culto de Zeus y Atenea. Enseñó también la agricultura y ordenó los casamientos y las sepulturas.

[91] Los Palántidas eran los cincuenta hijos de Palante, hermano de Egeo, que intentaron arrebatarle el cetro de Atenas, y fueron vencidos por Teseo.

[92] Este coro secundario, distinto del principal y compuesto de cazadores, abandona pronto el teatro para dejar su puesto a las mujeres trecenias. El escoliasta cita otros dos ejemplos de coros de esta especie: el uno de la tragedia de Paris, hoy perdida, en la cual aparece este personaje rodeado de pastores, que se retiran, y el otro en el Faetón del mismo poeta, en que el rey Mérope sale a la escena con otro coro secundario, semejante a estos.

[93] Generalmente se traduce este verso: «Puesto que solo a los dioses se puede llamar señores»; pero varias razones nos inclinan a traducirlo de otra manera. No es probable que un esclavo que osa hacer a su señor esta advertencia comience, para conciliarse sus buenas gracias, recordándole la distancia que lo separa de los dioses. Lo natural es lo contrario. Además la palabra ἄναξ (príncipe o rey) es más honorífica que la de δεσπότης, porque esta era aplicable a cuantos tenían esclavos, y la otra solo a los personajes del más elevado rango. El texto de Jenof., Anab., III, 2-8, que cita Valckenaer, nada prueba, porque allí se habla de griegos libres, aquí de un esclavo. Estas anfibologías, que a veces se encuentran en griego y en latín por la construcción de dos acusativos con un infinitivo, o por las licencias del hipérbaton, deben entenderse siempre con arreglo a lo que indique el buen sentido. Tradúzcase esta frase de Juvenal, Sát. 8, 20, nobilitas sola est atque unica virtus, y será incompresible, o se expresará lo contrario de lo que quiere decir el poeta, puesto que solo asegura que la virtud es la sola y única nobleza.

[94] Gran verdad, sin duda, que no supo o no quiso practicar Diógenes el Cínico y sus secuaces antiguos y modernos.

[95] Esto es, que cuanto los hombres poseen es don de los dioses, y la afabilidad uno de ellos.

[96] Ya se ha visto que su estatua estaba a la entrada del palacio.

[97] Lo que quiere decir este servidor de Hipólito es que su dueño, como joven, irreflexivo e inexperto, no es tan racionalmente religioso como él, ya anciano, y, en efecto, es lo que sucede de ordinario.

[98] Punto de reunión, sin duda, como sucede entre nosotros.

[99] Mirábase a Pan como al dios que inspiraba repentinos e infundados terrores; a Hécate como a la diosa de encantadores y mágicos, que enviaba a la tierra espectros y fantasmas, y a Cibeles como a la deidad que daba la locura. Loco estuvo, en efecto, Atis, pastor frigio, que la desdeñó. Los coribantes eran sacerdotes que danzaban y aullaban como furiosos para impedir que Cronos oyese los gritos de su hijo Zeus.

[100] Dictina, advocación de Artemisa, de δίκτυον, red, porque cazaba con ella.

[101] Fedra era hija de Minos, rey de Creta, y de su mujer Pasífae.

[102] Limnes, paraje inmediato a Trecén, de donde viene el sobrenombre de Artemisa. El escoliasta dice así: Λίμνη, τόπος Τροιζῆνος ἔνθεν Λιμνῆτες Ἄρτεμις καλεῖται. Allí mismo debía haber un gimnasio, pues también dice el escoliasta: Λίμνη γυμνάσιον ἐν Τροιζῆνι, ὡς καὶ ἐν τοῖς ἐζῆς φησὶ Λίμνης τροχόν.

[103] El escoliasta reprueba este anacronismo, puesto que hasta la olimpiada 89 no consiguió el premio en Olimpia el lacedemonio León con caballos vénetos, y en esta época, si damos crédito a Polemón, ni siquiera se conocían.

[104] Esta máxima, fundada en el egoísmo, es inmoral y absurda, y probablemente alude a ella Cic. cuando dice en su libro De amicitia, cap. XIII, lo siguiente:

Nam quibusdam, quos audio sapientes habitos in Græcia, placuisse opinor mirabilia quædam, sed nihil est quod illi non persequantur argutius; partim fugiendas esse nimias amicitias, nec necesse sit nullum sollicitum esse pro pluribus: satis superque esse suarum cuique rerum: alienis nimis implicari molestum esse: commodissimum esse, quam laxissimas habenas habere amicitiæ, quas vel adducas, quum velis, vel remittas;

cuya traducción, de don Fernando Casas, Cádiz, 1841, pág. 76, dice así:

«Rarísimas son en esto las opiniones de algunos que, según oigo, son tenidos en Grecia por sabios, los cuales nada hay que no trastornen con sus agudezas. Pretenden que hayan de huirse las muchas y muy estrechas amistades para no verse uno rodeado de graves atenciones, pues harto tiene cada cual, y le sobra, con el cuidado de sus propios negocios, sin necesidad de mezclarse en los ajenos. Por esto les parece que deben traerse muy flojas las riendas de la amistad, para apretarlas o aflojarlas todavía más si conviniere».

[105] Alude a los amores de su madre Pasífae con el toro de Creta, en los cuales tanto le sirvió el ingenioso Dédalo.

[106] Ariadna, que dio a Teseo el hilo para salir del laberinto y matar al Minotauro, y huyó después con él, siendo abandonada en Naxos, de donde se la llevó Dioniso.

[107] Porque viniendo del Ática hacia el Peloponeso era la primera ciudad de esta región que se encontraba.

[108] Este discurso filosófico de Fedra no está exento de algunos errores, aparte de su inoportunidad dramática. La sagrada Biblia, al hablarnos del pecado original, nos recuerda la imperfección humana y la necesidad de poseer el supremo bien a costa de infinitos esfuerzos. La diferencia que hay entre el bien moral y el intelectual, es que el primero no se oculta a la generalidad de los hombres; no así el segundo, por lo mismo que aquel es más esencial que este. La vida del hombre virtuoso es una constante lucha contra el vicio y las pasiones, época de peregrinación y de prueba, oscuro laberinto a cuya salida le espera el paraíso. Obsérvese que el poeta vacila muchas veces, y ya atribuye la pasión de Fedra a causas humanas, ya a la ira de Afrodita; que el cristiano no da a la vida esta importancia, ni se resuelve nunca a quitársela, ni alcanza así gloria alguna.

[109] Recuérdese la escasa consideración social de que disfrutaba la mujer en la sociedad antigua.

[110] Porque nació de la espuma del mar.

[111] La madre de Dioniso. Tan lejos fue su amor, que llegó a abrasarla.

[112] Céfalo, esposo de Procris, hermosísimo mortal, de quien se enamoró la Aurora. Como esta deidad deseaba alejarlo de su esposa, a quien amaba tiernamente, le persuadió que probase su fidelidad disfrazándose. Procris no salió bien de la prueba, y se separó de ella, aunque se reconcilió después. Por último la mató involuntariamente con un dardo, y, desesperado, se atravesó con él. La Aurora entonces lo llevó al Olimpo.

[113] Los filtros (en griego φίλτρον, de φιλεῖν, amar) eran de dos especies: unos trastornaban el juicio, y otros infundían o borraban el amor. Para componerlos valíanse de los más variados y repugnantes ingredientes, como del pescado llamado rémora, de ciertos cartílagos de rana, de la piedra astroides, del hippomanes, de sangre menstrual, de cortaduras de uñas, etc., etc. Preparado el filtro, según leemos en el idilio 2.º de Teócrito, se hacía a la claridad de la luna un sacrificio. Echábase harina en el fuego, que simbolizaba los huesos del hombre, y después hojas, cera y salvado, fleco o resto de su traje y zumo de hierbas. Si a su conclusión se oía ladrar algún perro, era señal indudable de que Hécate en persona venía a dar su aprobación y consentimiento.

[114] Esto es, Hipólito.

[115] Alfeo, río de la Élide que nacía en la Arcadia, cerca de Megalópolis, pasaba por Olimpia y Pisa, y desembocaba en el mar Jónico. Estas hecatombes de que habla el poeta se hacían en Olimpia en honor de Zeus, y en Delfos en honor de Apolo. El Amor, dios alegórico, no tuvo altares ni templos hasta más tarde.

[116] La Ecalia era una ciudad tesalia, próxima a la Etolia. Eurito, su rey, prometió dar la mano de su hija Yole al que lo venciera tirando el arco. Heracles lo venció, y no queriendo cumplir su promesa, fue tomada su ciudad y él pereció delante de su hija, que como furiosa bacante recorría el campamento enemigo. (V. las Traquinias, de Sófocles.)

[117] Teseo.

[118] Célebre frase, sutileza de Eurípides tan inmoral como sofística, que justamente ha levantado contra él a todos los críticos sensatos. Sin embargo, como el ingenio humano es siempre el mismo, y siempre hábil en buscar argucias para eludir sus deberes o paliar sus faltas, no han escaseado en épocas posteriores sectas heréticas y perniciosas que han aplicado este mismo principio falso, probablemente sin conocer las palabras de Eurípides.

[119] Esta larga y sangrienta sátira contra las mujeres, tan del gusto de Eurípides, es, sin embargo, en nuestro juicio, muy inferior a la celebérrima de Juvenal, imitada después por tantos otros, y entre ellos por nuestro Quevedo. Afortunadamente no escasean en ella las puerilidades, y en general es injusta y poco sólida. Shakespeare en su Cymb., acto II, última escena, se desata también contra el bello sexo en estos términos:

Could I find out
The woman’s part in me! For there’s no motion
That tends to vice in man, but I affirm
It is the woman’s part: be it lying, note it,
The woman’s; flattering, hers; deceiving, hers;
Lust and rank thoughts, hers, hers; revenges, hers;
Ambitions, covetings, change of prides, disdain,
Nice longings, slanders, mutability,
All faults that may be nam’d; nay, that hell knows
Why, hers, in part, or all: but, rather, all;
For even to vice
They are not constant, but are changing still
One vice, but of a minute old, for one
Not half so old as that. I’ll irrite against them,
Detest them, curse them. Yet ’t is greater skill
In true hate, to pray they have their will:
The very devils cannot plague them better.

[120] La castidad de Hipólito envolvía al mismo tiempo no leve ofensa a la diosa Afrodita, una de las más veneradas, y no dejaba de ser extraña en un pueblo que siempre dio grande importancia a los goces de los sentidos. Sin embargo, la venganza de Afrodita es inmoral, cruel y egoísta. Es seguro que ni en Sófocles ni en Esquilo encontraremos nunca dioses de esta índole, que si infunden temor, infunden también desprecio.

[121] Porque Minos, su padre, rey de Creta, era hijo de Zeus y de Europa.

[122] Conocida es generalmente la fábula de Faetón, hijo de Apolo y de Clímene, su disputa con Épafo, en que este sostenía que no era hijo del Sol, el juramento de su padre, y su desventurado ensayo al regir el carro paterno, siendo precipitado en el Erídano o Po, a cuyas orillas le lloraron tanto sus hermanas las Helíades, que fueron convertidas en álamos blancos y sus lágrimas en ámbar.

[123] Conocida también, como la anterior, es la fábula de las Hespérides Egle, Aretusa y Hesperetusa, hijas de Atlante y de Hespéride, y su jardín de manzanas de oro, y el dragón que las guardaba. Eurípides indica claramente que moraban al pie del Atlas, en la Mauritania. Otros dicen que habitaban en la Cirenaica, en donde había una ciudad llamada Hésperis, o en nuestra España, cerca de Cádiz, o en las Canarias o islas Afortunadas.

[124] Muniquia, aldea y puerto del Ática, entre el Pireo y el cabo Sunio, uno de los tres puertos de Atenas, célebre por su fortaleza y por el templo de Artemisa que había allí edificado.

[125] Teseo, que, según dice, vuelve de consultar al oráculo, trae puesta una corona de las hojas del árbol consagrado al dios Apolo. Tito Livio (lib. XXIII, § 11) dice así hablando de la embajada a Delfos de Q. Fabio Píctor: Hæc ubi ex græco carmine interpretata recitavit, tum dixit, se oraculo egressum ex templo iis omnibus divis rem divinam thure ac vino fecisse; jussumque ab templi antistite sicut coronatus laurea corona et oraculum adisset, et rem divinam fecisset ita coronatum navem adscendere, nec ante deponere eam, quam Romam pervenisset.

[126] Ordinariamente se ponen en boca del coro las palabras que siguen, contra el sentido y la costumbre, puesto que, al contemplar tan doloroso espectáculo, Teseo es quien debe hablar, y porque su versificación y traza indican claramente qué las pronuncia Teseo, no el coro.

[127] El texto griego dice ἀβίοτος βίου, una vida que no es vida.

[128] Esto es, el de la Providencia, que todo lo ve.

[129] El texto vulgar griego dice καὶ δι᾽ ἀψύχου βορᾶς σίτοις καπήλευ᾽. Valckenaer, comentando esta frase, se expresa así: Vim non animadverto, quam istis δι᾽ ἀψύχου βορᾶς adjungere possit vox σίτοις. Mathias, por el contrario, observa que σίτα opponuntur τῇ ἀψύχοῳ βορᾳ, et fruges, ac fructus, herbas, radices, etc. significat, quibus terra natis homines vescuntur. Parece, pues, que por ἀψύχου βορᾶς debe entenderse los vegetales, cibus inanimis. Es extraño, sin embargo, que tan célebres críticos no hayan leído con atención las palabras del escoliasta, que literalmente son estas: ἢ ἐν λόγοις ἐμπορεύου, καθάπερ οἱ λεγόμενοι λογέμποροι, καὶ μὴ κατὰ φύσιν φιλοσοφοῦντες, ἀλλ᾽ οἱ τοὺς λόγους καπηλεύοντες. De ellas se deduce que Eurípides alude a los sofistas charlatanes, esto es, a ciertos pitagóricos que, alimentándose de vegetales, engañaban al vulgo hipócritamente. Adviértase también que, como dice Suidas, καπηλεὺειν se construye con acusativo, como vemos en Esq., Los Siete del T., v. 545, ἐλθὼν δ᾽ ἔοικεν οὐ καπηλεύσειν μάχην, traducido por Ennio (Cic., Off., I, 12) non cauponantes bellum, sed belligerantes. No vacilamos, pues, en traducir, como Hartung, λόγους, en vez de σίτοις.

[130] Ya en tiempo de Eurípides circulaban muchos versos órficos, compuestos por sectarios de Pitágoras, fórmulas ridículas de encantamiento para devolver la salud corporal y la espiritual. Platón, en su Rep., II, 7, califica a los sectarios de Orfeo de ἀγύρται καὶ μάντεις, charlatanes y adivinos.

[131] Por Atenea, aunque realmente fuese fundada por Cécrope, y por una colonia egipcia.

[132] Sinis, famoso bandido griego que en el istmo de Corinto robaba a los caminantes, arrojándolos al mar, o matándolos con su maza, o atándolos a dos pinos encorvados hasta la tierra, que después soltaba de repente. Murió a manos de Teseo.

[133] Escirón, bandido del Ática, hijo de Éaco, que robaba en el camino de Atenas a Mégara, precipitando a sus víctimas en el mar desde unos elevados peñascos. Teseo lo venció también, y le dio muerte.

[134] Es un verdadero anacronismo suponer la existencia de los juegos en una época en que no se conocían; pero a este propósito recordamos los que cometió el pintor Rafael en su cuadro titulado La Escuela de Atenas, que no por eso deja de ser excelente. No defendemos por eso tales yerros, sino solo observamos que, a pesar de ellos, sus autores fueron grandes poetas o grandes artistas, y que, evitándolos muchos de nuestros contemporáneos, no lo son; en una palabra, que, sin ser arqueólogo, es posible remontarse mucho en la Poesía o en el arte.

[135] Este discurso de Hipólito es muy bueno como discurso, y justifica los elogios que Quintiliano prodiga a Eurípides. Como Hipólito ha sido atacado en lo más sensible, tiene que hablar de sí, pero lo hace con cierta modestia, sin faltar a la verdad. Su carácter se retrata en él al vivo, y está trazado de mano maestra.

[136] Esto es, más allá de las columnas de Heracles, último término del mundo entonces conocido.

[137] Vemos, pues, que Hipólito, a pesar de las célebres palabras que profiere en su diálogo ron la nodriza, ἡ γλῶσσ᾽ ὀμώμοχ᾽, ἡ δὲ φρὴν ἀνώμοτος, no viola su juramento. Así se comprende fácilmente que, apoderándose de una sola frase de una composición poética, cuyo correctivo o complemento viene después, se haga decir al autor lo que no quiso. En este caso, sin embargo, es preciso confesar, no solo que Eurípides nunca debió escribirla en absoluto, sino que ni aun ponerla en boca de Hipólito, tan religioso y tan puro; adviértase, no obstante, que Hipólito no lo quebranta sino por lo convencido que se halla de que no le serviría, dando a entender que lo haría en otro caso.

[138] El carro de los griegos era de dos ruedas como el romano, y se entraba en él por detrás. Por delante no tenía abertura alguna, y era descubierto. Iban en él dos personas: el guerrero y el cochero o conductor. El carro griego era más ligero, elegante y esbelto que el romano, según se deduce del bajorrelieve de un vaso que se encontró en Santa Ágata.

[139] Parece, según dicen Eustacio y el escoliasta, que en los carros se usaban estos borceguíes, o como quiera llamárseles, con el objeto de ofrecer sólido apoyo al que lo regía y no exponerlo a los continuos vaivenes, naturales en vehículos sin muelles y que caminaban por toda clase de terrenos.

[140] Caminando de Trecén a Epidauro se encuentra a la derecha una pequeña península, en donde está edificada Metana, e inmediatamente después, siguiendo por la costa, el golfo Sarónico, entre Epidauro y Mégara. Hacia el norte se descubren los altos peñascos Sarónicos, en donde se halla el desfiladero que lleva de Corinto a Mégara, en donde habitaba el bandido Escirón, y cerca, y a la derecha, la costa de la península mencionada, desde la cual se alborotaron las olas y arrojaron al toro que mató a Hipólito, e impedían ver el istmo y el promontorio de Esculapio.

[141] M. Artaud dice así: Il s’agit ici du mont Ida de La Crète, patrie de Phèdre. ¿Por qué ha de ser el Ida de Creta y no el de Troya, mucho más célebre y conocido en toda la Grecia, a no ser que hagamos la singular suposición de que Fedra trajo las tablillas de Creta, de que eran del Ida, y lo sabía este esclavo?

[142] Aunque Valckenaer opine que este canto del coro es superfluo, adviértase que siempre se oía su voz en la transición de una escena cualquiera a otra interesante, aludiendo, sin faltar a la discreción, a la causa de los sucesos ocurridos.

[143] La frecuencia con que intervienen los dioses en las tragedias de Eurípides, sobre todo a su conclusión, y cuando la intriga parece más complicada o el desorden moral más profundo, nos autoriza a pensar que no siempre es pobreza de recursos dramáticos del poeta. Acaso el carácter religioso de esta clase de espectáculos, o la necesidad de que fuese obra de un dios el restablecimiento del equilibrio moral, perdido por la influencia de otro, inclinaran al poeta a desatar el nudo de esta manera. Como en las de Esquilo y Sófocles eran los conflictos humanos resultado de los decretos del destino, superior a todos los dioses, no podía suceder esto.

[144] Teseo, como Heracles y los demás héroes de la antigüedad pagana, no era hijo de Egeo, en opinión de las gentes, sino de Poseidón y de Etra, esposa de aquel. Alejandro Magno pretendió serlo más tarde de Zeus Amón.

[145] El suicidio de Fedra y la muerte de Hipólito.

[146] Aunque no estemos completamente de acuerdo con Hartung (Religion der Römer, P. I, pág. 100 y siguientes), que sostiene, fundándose en algunos datos, que entre los griegos y romanos el omen, el oráculo y la imprecación determinaban los sucesos, y no declaraban simplemente lo resuelto con anterioridad, no podemos prescindir de llamar la atención de los lectores hacia estas palabras de Hipólito, que revelan la creencia universal de todos los pueblos en el carácter religioso y respeto inherente a los padres, cuyas maldiciones (justas de ordinario) eran ensalzadas por la divinidad.

[147] Piteo, abuelo materno de Teseo, era hijo de Pélope y de Hipodamía, esto es, de la familia de los Tantálidas o Pelópidas, tan famosos por sus crímenes.

[148] M. Artaud cita muy oportunamente a este propósito las palabras del Prometeo, de Esquilo, v. 115, al acercarse las Oceánidas, que dice:

Τίς ἀχώ, τίς ὀδμὰ προσέπτα μ᾽ ἀφεγγής.

y las de Virgilio (Eneida, I, 407):

Ambrosiæque comæ divinum vertice odorem spiravere.

[149] Por más que algunos sostengan, por defender ciegamente a Eurípides, que estas palabras no debían asustar al público, nosotros pensamos que son irreligiosas en absoluto, e impropias de Hipólito, varón santo y perfecto.

[150] M. Artaud, citado hace poco, dice que C’est Adonis, qui fut tué à la chasse par un sanglier, sin acordarse de que este jabalí era Ares, celoso de Adonis, tan querido de Afrodita.

[151] Luciano (de Licia Dea, p. 60) dice así: Τροιζήνιοι τῇσι παρθένοισι, καὶ τοῖσι ἠιθέοισι νόμον ἐποιήσαντο, μή μιν ἄλλως γάμον ἰέναι πρὶν Ἱππολύτῳ κόμας κείρασθαι.

[152] Políxena en Hécuba dice también a Odiseo:

Κόμιζ᾽ Ὀδυσσεῦ μ᾽ ἀμφιθεὶς κάρα πέπλοις

y Macaria a Yolao en Los Heráclidas:

πέπλοις δὲ σῶμ᾽ ἐμὸν κρύψον παρών.

[153] Se comprende desde luego que esta es la Tebas griega, capital de la Beocia, distinta de la Tebas egipcia de las cien puertas.

[154] Cadmo, hijo de Agénor y hermano de Europa. Fue a buscarla por mandato de su padre, después que la robó Zeus, y no encontrándola, se fijó en la Beocia y fundó a Tebas. Créese que importó en Grecia la escritura fenicia.

[155] Harmonía, hija de Ares y de Afrodita, esposa de Cadmo, transformada como él en serpiente.

[156] De aquí que su linaje se llame Labdácida.

[157] Podía ser hijo de distinta madre.

[158] El Citerón es un monte famoso al sur de Tebas. En uno de sus extremos, confinante con el Ática, se encontraba un valle consagrado a Hera, en donde fue expuesto Edipo.

[159] Οἰδίπους, de οἰδέω, me hincho, y πούς, pie.

[160] Monstruo que tenía el cuerpo de mujer, la cabeza de león y las alas de águila. Proponía enigmas a los caminantes, y los ahogaba si no los acertaban. Cuando Edipo descifró el que le propuso, se precipitó despechada en la mar.

[161] Broche con alfiler de oro y piedras preciosas, marfil, bronce y otras materias con que se sujetaban las vestiduras en el pecho o en el hombro.

[162] Bajo el nombre de pedagogo (de παῖς, niño, y ἄγω, yo llevo) entendían los griegos ciertos esclavos que desempeñaban con los niños las funciones de nuestros ayos. Unas veces se nombraba para este cargo al de más experiencia, otras al más servicial, a veces al más inútil. Plutarco, en su tratado de La Educación, nos dice que se empleaban en este servicio los esclavos más estropeados del trabajo y los que habían costado menos. Acompañaba al niño a las escuelas y gimnasios, vigilaba sus pasos, le aconsejaba y enseñaba, pero sin el derecho de castigarle. Diógenes fue pedagogo de Jeníades de Corinto.

[163] Como el pedagogo queda solo en la escena, el escoliasta dice que esto provenía de la necesidad en que estaba el actor que había representado el papel de Yocasta, de mudar de traje y de máscara para representar el de Antígona.

[164] Ismeno, río de la Beocia que nacía al norte de Tebas, consagrado a Apolo.

[165] A Dirce, segunda esposa de Lico, rey de Tebas, Zeto y Anfión, hijos de Antíope, primera mujer de Lico, la ataron a las colas de varios potros cerriles, que la desgarraron. Compadecidos de ella los dioses, la convirtieron en fuente, que corría cerca de Tebas.

[166] Por ser las armas de bronce, no de acero.

[167] Anfión, hijo de Lico y de Antíope, reinó en Tebas con su hermano Zeto. Había recibido de Apolo una lira de oro de tan dulce sonido, que las piedras se movieron al oírla, y colocándose unas sobre otras, formaron los muros de Tebas. Casó con Níobe, hija de Tántalo.

[168] Clípeo, escudo grande y redondo que usaba la infantería griega. Era convexo, y tan vasto que resguardaba el cuerpo desde el cuello hasta las piernas. A veces era todo de bronce, aunque de ordinario se componía de varias pieles de toro superpuestas y cubiertas de placas de metal. En ocasiones estaba resguardado con ramas de mimbre entrelazadas, forradas de cuero crudo y de metal.

[169] Lerna, región y famosa laguna de Argólida. En ella habitaba la hidra que mató Heracles, y sus aguas recibieron las cabezas de los esposos de las Danaides.

[170] Hermano de Adrasto, rey de Argos. Se llama rey porque rige o manda tropas.

[171] Tideo, hijo de Eneo, rey de Calidón. Mató involuntariamente a su hermano Menalipo y se desterró a Argos, en donde se casó con Deípila, hija de Adrasto. Fue padre del célebre Diomedes.

[172] Etolia, región de la Grecia antigua, separada al oeste de la Acarnania por el Aqueloo. Confinaba al este con los Dorios Ozoles, el Parnaso y los Eteos; al norte con el Epiro y la Tesalia, y al sur con el golfo de Ambracia y el de Corinto. Sus ciudades principales eran Calidón y Termo.

[173] La lanza griega se componía de tres partes: punta de hierro o bronce, astil de madera y spiculum o cuento, terminado en punta. Era también arma arrojadiza.

[174] Zeto, hijo de Zeus y de Antíope, y hermano de Anfión. Fue gran cazador, y ayudó a su hermano a edificar los muros de Tebas.

[175] Su padre fue Meleagro.

[176] Atalanta, célebre cazadora, la primera que hirió al jabalí de Calidón. Su amante Meleagro le regaló la cabeza.

[177] Adrasto, rey de Argos y generalísimo de esta expedición desastrosa. En la segunda, o de los Epígonos (descendientes de los capitanes de la primera), perdió a su hijo Egialeo, y murió de dolor.

[178] Níobe, hija de Tántalo y mujer de Anfión. Tuvo siete hijos y siete hijas, y orgullosa con ellos, insultó a Leto, madre solo de Apolo y Artemisa, que se vengó de ella matándolos a flechazos. Níobe, de dolor, fue convertida en piedra.