[99] El Parnaso, monte de la Fócida, consagrado a las musas, cuyas dos cumbres se llamaban Cirra y Nisa, según Juvenal y Lactancio. Virgilio en sus Georg., lib. III, dice así:
[100] Estas palabras del coro y las anteriores que Lico le dirige, parecen indicar que existían entre los tebanos dos distintos partidos, en uno de los cuales dominaban los ancianos, enemigos de Lico, y en el otro los jóvenes, sus favorecedores. Eurípides retrata así al vivo la situación especial de aquellas ciudades griegas, dominadas por facciones, ya para hacer resaltar los inconvenientes de los partidos políticos cuando el patriotismo no los contiene en ciertos límites, ya la tendencia natural que se observa en los ancianos a conservar lo antiguo, opuesta a la de los jóvenes, irreflexivos y ávidos de novedades.
[101] Eurípides, en boca de Mégara, habla como filósofo que rechaza los mitos y tradiciones, no como griego que les da crédito. Orfeo, antes que Heracles, bajó a los infiernos y volvió de ellos, y después Heracles y Odiseo, y entre los romanos Eneas, supuesto fundador de su ciudad.
[102] Aquí tenemos el fatalismo oriental, que lleva al hombre a la inercia y al aniquilamiento de su ser, aunque bajo otro aspecto pueda también inspirarle la indiferencia ante el peligro.
[103] Allá va esa tirada filosófica, que parece de Voltaire, nada propia, en verdad, de un espectáculo esencialmente religioso. Sin embargo, ahora al menos no está de todo punto injustificada, atendida la situación especial de Anfitrión y de sus nietos. Tampoco se puede negar que lo frecuente en tales casos es renegar de los poderes sobrenaturales, lo que por desgracia así sucede entre los gentiles como entre los cristianos, siendo de observar que semejantes impiedades prueban siempre lo que está muy lejos de pensar el que las profiere: la existencia de Dios o de los dioses.
[104] El plectro (en griego πλῆκτρον, de πλήσσω, hiero) era un pedacito de madera o de pluma, que servía para tocar la cítara. En el Vaticano se conserva un antiguo fresco de Pompeya, en el cual vemos una joven que toca la lira con su mano izquierda, y con la derecha hace vibrar las cuerdas con el plectro.
[105] Los centauros fueron hijos de Ixión y de una nube, que tomó la forma de Hera. En La Ilíada de Homero, como hemos dicho antes, los que luchan con los centauros son los lapitas y su rey Pirítoo, ayudado de Teseo, no de Heracles.
[106] Famoso río de la Tesalia, que nacía en los confines de la Macedonia, corriendo entre el Olimpo y el Osa, y el célebre valle de Tempe. Desembocaba en el golfo Termaico, y se le miraba como a padre de Dafne, porque el laurel (δάφνη) abunda en sus orillas.
[107] El Pelión es un monte de la Tesalia, en la Magnesia, al S, especie de prolongación del Olimpo, que formaba un cabo. Fue obra de los gigantes para escalar el cielo.
[108] Hómola, monte de Tesalia, inmediato al Olimpo.
[109] Esta cierva de cuernos de oro habitaba en la Acaya y en Énoe (Argos). Uno de los trabajos de Heracles fue apoderarse de ella, y lo consiguió al cabo de un año, según unos aprisionándola en una red, según otros sorprendiéndola de noche, y según Eurípides matándola con sus flechas. Como su muerte no agradó a Artemisa, que se veneraba en Énoe, la aplacó ofreciéndosela en don.
[110] Diomedes, hijo de Ares, rey de la Bistonia (Tracia), tenía caballos antropófagos, de los cuales se apoderó Heracles, matando a su dueño y a los que los guardaban, y derrotando a los bistonios.
[111] Hebro, río de la Tracia que sale de los montes Ródope, corre primero hacia el E, después hacia el S, y desagua en el mar Egeo.
[112] Anauro, río de la Tesalia.
[113] Cicno, hijo de Ares, que residía en Anfanas, ciudad situada en la parte meridional de la Tesalia, cerca de Traquinia, ya en los confines de la Lócrida. Cicno era un bandido como Sinis y Escirón, que murieron a manos de Teseo. (V. el Hipólito).
[114] Atlas, hijo de Jápeto y de Clímene, y rey de la Mauritania, fue transformado en montaña por haber hecho la guerra contra los dioses en favor de los gigantes. Se cree que la fábula de que sostenía el cielo con los hombros proviene de sus conocimientos astronómicos, o de que, mirando los gentiles al monte Atlas como al más alto de la tierra, que tocaba al cielo, supusieron que lo sostenía. Heracles lo sustituyó en esta penosa tarea por algún tiempo.
[115] Mujeres guerreras que habitaban a las orillas del Termodonte, y que, según se dice, extendieron sus conquistas hasta las fronteras de la Asiria y del Tanais, y fundaron a Éfeso, Esmirna y Magnesia. Fueron vencidas por Heracles.
[116] La laguna Meótide, hoy mar de Azov, al N del Ponto Euxino, con el cual comunicaba por el Bósforo cimerio. El río más caudaloso que desagua un ella es el Tanais o Don.
[117] Este vestido de oro y este famoso tahalí estaban en poder de las amazonas y de su reina Hipólita, y fueron un presente de Ares, dios de la guerra. Acompañaron a Heracles muchos griegos, y su expedición es muy parecida a la de los argonautas.
[118] Gerión, hijo de Crisaor y de Calírroe, y rey de la Eritea o de las Baleares, gigante robustísimo de tres cuerpos, poseía grandes rebaños de bueyes, que alimentaba con carne humana. Guardábalos además un perro de dos cabezas y un dragón de siete. Heracles lo mató y se apoderó de sus bueyes. Diodoro de Sicilia enumera en este orden los trabajos de Heracles: 1.º, el león de Nemea; 2.º, la hidra de Lerna; 3.º, el jabalí de Erimanto; 4.º, la cierva de cuernos de oro; 5.º, las aves de la laguna Estinfalia; 6.º, los establos de Augías; 7.º, el toro de Creta; 8.º, los caballos de Diomedes; 9.º, las amazonas; 10, Gerión; 11, el cancerbero; 12, las Hespérides y Atlas. Eurípides ha omitido algunos y trastornado el orden en que los ejecutara, según convenía a su propósito.
[119] Otros dicen que Heracles recibió la clava de Hefesto, en recompensa de los servicios que prestó a los dioses en la guerra de los gigantes.
[120] Máxima epicúrea y doctrina moral filosófica, muy del gusto del vate de Canossa. Sin embargo, examinándolas sin pasión, podemos decir que no es tan perjudicial como a primera vista parece, porque la tristeza y la falta de salud, que tanto amargan la vida, suelen ser hijas de los excesos, los cuales deben evitarse, con arreglo a esta doctrina. Entre el ascetismo y estos principios no hay otra diferencia sino que, predicando el primero, no es tan fácil que sus prosélitos incurran en la exageración, al paso que las máximas epicúreas son resbaladizas de suyo.
[121] Zeus Salvador, Ζεὺς Σωτήρ, una de sus infinitas advocaciones. Según leemos en Pausanias, se veía en Tespias una estatua de bronce de este dios, que se le había consagrado por libertar a dicha ciudad de un terrible dragón. Tenía un templo en Argos, otro en Trecén, otro en Mantinea y otro en Megalópolis.
[122] Irónicamente.
[123] Conocida es la veneración que en Grecia y Roma se mostró a los ancianos. Aulo Gelio, II, 15, dice así: Apud antiquissimos Romanorum neque generi neque pecuniæ præstantior honos tribui quam ætati solitus : majoresque natu a minoribus colebantur ad deum prope et parentum vicem : atque in omni loco, inque omni specie honoris priores potioresque habiti : a convivio quoque, ut scriptum est in antiquitatibus, seniores a minoribus domum deducebantur : eumque mores accepisse Romanos a Lacedæmoniis traditum est : apud quos Lycurgi legibus major omnium rerum honos majori ætati habebatur.
Juvenal en la sát. XIII, 54, dice también:
[124] Elocuente testimonio de que nada hay nuevo en la tierra, cuando hace tantos años los revolucionarios obedecían a móviles interesados y egoístas, como ahora sucede con frecuencia. Y, en efecto, el hombre es siempre el mismo, y las mismas sus debilidades y pasiones.
[125] Los eruditos no están de acuerdo en este punto, y unos piensan que Heracles fue iniciado en los misterios de Eleusis antes de bajar a los infiernos, y otros que Eurípides, como Aristófanes en Las Ranas, habla de misterios infernales. Acaso los primeros fuesen necesarios para ser iniciados en los segundos, o que Eurípides hable en sentido figurado.
[126] Hermíone era una ciudad edificada en la misma península en que estaba Trecén, en la costa SE, a la falda del monte Pron. (Pausanias, II, c. 35, pág. 191). Después dice así este autor: «Es digno de verse el templo de Deméter, situado en la cima del Pron, construido por Clímeno, hijo de Foroneo, y por su hermana Ctonia... Detrás del templo hay dos explanadas, que se denominan de Hades y de Clímeno, y después la laguna Aquerusia, cercada de un muro de piedra. En la explanada de Clímeno hay una sima por la cual sacó Heracles al Cancerbero, según cuentan los habitantes de Hermíone».
[127] De buen grado sonreímos observando el placer de los héroes de la antigüedad cuando se ven libres del infierno. Natural era, en efecto, que así sucediese, porque, entre otras cosas, eran muy amantes del sol y de la luz, y en el palacio y en el reino de Hades se vivía en las tinieblas.
[128] Horacio, en su De Arte Poet. (169-175), dice a este propósito:
[129] Mnemósine, hija de Urano. Enamorose de ella Zeus, y de estos amores nacieron las nueve musas, llamadas también piérides, porque vieron la luz en el monte Piero. Mnemósine era la Memoria. Eurípides dice en otra tragedia que la madre de las musas fue Harmonía, la esposa de Cadmo.
[130] Delos, una de las Cícladas, en donde Leto, perseguida por mar y tierra por la celosa Hera, dio a luz a Artemisa y Apolo. Poseidón se apiadó de ella e hizo brotar a Delos del seno de los mares.
[131] Esta fábula del canto del cisne antes de morir, tan en boga hace muchos siglos, es una pura ficción de los poetas, porque nunca canta. Su voz, como la de todos los palmípedos, es áspera y desagradable.
[132] El texto griego dice terminantemente ὄλβου κελαινὸν ἅρμα, el negro carro de la felicidad. El epíteto κελαινόν parece impropio a primera vista, porque debiera ser lo contrario; pero en nuestro concepto no lo es, porque el poeta, al llamarle κελαινόν, negro, horrible, sombrío, no se refiere al color o aspecto del carro antes de romperse, sino después de roto, y ya desde entonces debe serlo así para el que lo poseyó.
[133] Coronábanse los griegos y usaban guirnaldas de flores en sus fiestas, danzando y cantando en coros, a semejanza de los que formaban las ninfas y las musas. Por esta razón los ancianos invitan a las de los parajes vecinos más famosos a compartir su alegría. El Asopo era un río de la Beocia, hijo del Océano y de Tetis, que tuvo veinte hijas y dos hijos; el Ismeno, otro río que corría cerca de Tebas. Las rocas de Apolo son las de su templo de Delfos, o el Parnaso con sus dos cumbres.
[134] Iris, hija del centauro Taumante y de Electra, mensajera de los dioses, y especialmente de Hera, que la transformó en el arco llamado Iris, llevándola al cielo. La Locura es un ser alegórico.
[135] La celosa Hera, perseguidora incansable de las amadas de su celestial esposo, no ofendió a Heracles, hijo de Zeus y de Alcmena, mientras obedeció las órdenes de Euristeo, esperando que perecería en alguna de sus arriesgadas empresas. Ahora que se ha salvado de todas y ganado inmensa gloria, firme en su propósito de perderlo, trama su ruina y la de toda su estirpe.
[136] Cuando leemos estas palabras que Eurípides pone en boca de la Locura, nos parece que asistimos a la representación de los dramas religiosos que tan en boga estuvieron en otro tiempo. En el Prometeo encadenado, de Esquilo, aparecen también la Fuerza y la Violencia. Así es que los griegos son muy dignos de estudio, porque entre ellos encontramos en germen todas las invenciones dramáticas de los tiempos posteriores. Y esto que afirmamos de un género literario, es extensivo a todos los demás, como sucede también en la Filosofía y en la Política, pues que muchas ideas nuevas, o que pasan por tales en ambas esferas, fueron ya conocidas entre ellos.
[137] Las Gorgonas eran hijas de Forcis y Ceto, y se llamaban Esteno, Euríale y Medusa. Habitaban cerca del jardín de las Hespérides, y su aspecto era tan horroroso que convertían en piedras a los que las miraban. Perseo las mató con ayuda de Atenea, y esta, en trofeo de su victoria, puso la cabeza de Medusa en su égida.
[138] El tímpano y el tirso eran instrumentos de que usaban los gentiles en las fiestas de Dioniso. El primero era exactamente igual a nuestros panderos o panderetas, adornados también con cascabeles, y se tocaba con la mano o con un pedacito de madera. El tirso era un palo largo en cuya extremidad se sujetaba una piña u hojas de yedra o de parra, formando ramillete.
[139] Encélado, terrible gigante, hijo del Tártaro y de la Tierra, vencido por Atenea en la guerra de los titanes y los dioses. Zeus lo sepultó en las entrañas del Etna, y cuando se revuelve tiembla la Sicilia. Es el mismo de quien nuestro Herrera dice en su oda A don Juan de Austria:
[140] Siempre que se derramaba sangre humana creían los griegos que se manchaba el que la tocaba y el lugar en que se vertía, y, por consiguiente, era preciso purificarlo, ya haciendo un sacrificio, ya fumigaciones religiosas. En el primer caso, todos los asistentes rodeaban el altar, y un esclavo, llevando el cesto donde se guardaba el cuchillo del sacrificio, la ceniza y las coronas, daba una vuelta alrededor, de izquierda a derecha. El sacrificador entonces imponía silencio (en latín favete linguis) y, cogiendo un trozo de leña encendido, lo sumergía en el agua lustral, y rociaba con ella a los circunstantes. Este agua servía después a todos, y se llevaba con el cesto y la ceniza en torno del ara. Seguía a esto la oración, después la consagración de la víctima, poniéndole ceniza en la frente y arrojando al fuego parte de su lana o crin, y por último, el sacrificio.
[141] Mégara. Niso, hijo de Pandión, tenía entre sus cabellos uno color de púrpura, de cuya existencia dependía la conservación de su reino. Cuando Minos, rey de Creta, puso sitio a Mégara, Escila, hija de Niso, enamorada del sitiador, cortó el cabello purpúreo de su padre y lo dio a Minos, que se apoderó de la ciudad y desdeñó a la traidora doncella. Los dioses convirtieron a Niso en gavilán y a Escila en alondra.
[142] Las cuarenta y nueve hijas de Dánao, que degollaron a sus esposos la noche de bodas. (V. Las Fenicias).
[143] Procne, hija de Pandión, rey de Atenas, se casó con Tereo, rey de Tracia, y tuvo un hijo llamado Itis. Su esposo violó a Filomela, su cuñada, arrancándole después la lengua para que no lo supiese Procne. Esta precaución bárbara fue inútil, sin embargo, porque lo supo la agraviada esposa. Para vengarse mató a Itis, sirviéndoselo a su marido en un festín. Los dioses convirtieron a Procne en golondrina, a Filomela en ruiseñor y a Tereo en abubilla.
[144] Indudablemente debieron formar un cuadro trágico por excelencia los cadáveres de los hijos de Heracles no lejos de su padre, entregado al sueño y sujeto con cuerdas a una columna, el mísero Anfitrión y el coro de ancianos. No sabemos que en ninguna de las obras que tratan de la literatura dramática griega se haya llamado la atención hacia esta tendencia artística de los griegos, que hoy se denomina plástica, y que está tan en consonancia con sus ideas y costumbres.
[145] Este símil de la nave es muy frecuente en Eurípides, y podríamos indicar muchos pasajes de sus tragedias en que se repite casi en los mismos términos. Sabido es que los atenienses eran un pueblo muy dado a la navegación y al comercio y la primera potencia marítima de la Grecia, y que sus comparaciones habían de ser análogas a sus costumbres.
[146] Esta sobriedad que muestran los griegos en sus composiciones dramáticas es muy notable en más de un concepto, porque nos revela su depurado gusto en tales materias. Heracles despierta poco a poco, y al pronto no conoce a sus hijos, atento solo a las palabras de Anfitrión, que lo prepara antes de oír la horrible nueva. Otro poeta no lo hubiera hecho así: Heracles despertaría de repente, reconocería a sus hijos, y atado a la columna daría voces y horribles lamentos.
[147] Todos los héroes y heroínas de la antigüedad pagana, así los griegos como los romanos, apelan al suicidio cuando la desesperación los agobia, y especialmente cuando la vergüenza los mueve. Áyax en Sófocles, Fedra en Eurípides, y los ilustres suicidas romanos, prueban todos a una que lo que nosotros miramos como un crimen, casi era para ellos una virtud. Recuérdese que en los distintos poemas en que los héroes descienden a los infiernos, nunca se hace mención de la pena que sufren los suicidas. Esto debe atribuirse, en nuestro juicio, a sus ideas religiosas, porque el arrepentimiento no era entre ellos una de las más estimables virtudes, y a sus nociones confusas de los premios y castigos de la otra vida, y en parte también a su amor exclusivo a la patria, pues fuera de ella no esperaban gloria ni salud, y a cierto deseo del renombre que les daba su muerte.
[148] Teseo y Heracles eran primos segundos, porque Etra, madre del primero, fue hija de Piteo, y Alcmena, madre del segundo, de Lisídice, y Piteo y Lisídice, hijos de Pélope e Hipodamía.
[149] M. Artaud, en sus notas a esta tragedia, II, 430, dice así: Ce dialogue entre Amphytrion et Thésée est un chant lyrique: il est probable que les paroles de Thésée font allusion au mode lugubre sur lequel Amphytrion a entonné son chant. Parécenos, sin embargo, que se equivoca este ilustrado traductor de Eurípides, porque ni el metro nos autoriza a pensar que exista tal canto lírico, ni hay necesidad de semejante hipótesis para explicar las palabras de Teseo. Basta el tono con que se pronuncian las palabras, y el gesto y expresión, para indicar el afecto que domina a quien habla, ya de tristeza, de alegría o de otra pasión cualquiera.
[150] Otra vez nos vemos obligados a citar a M. Artaud, y no para alabarlo, como quisiéramos y como lo hemos hecho otras veces. El texto vulgar griego dice así:
(Furioso stimulo agitatus, venenis hydræ centipitis). Su traducción por el escritor citado es la siguiente: C’est dans l’égarement de sa fureur, causé par les poisons de l’hydre aux cent têtes. Esta versión, demasiado literal, no expresa el pensamiento del poeta, porque el sentido es absurdo. De la tragedia se desprende claramente que la locura de Heracles es obra de la vengativa y celosa Hera, nunca del veneno de la hidra de Lerna. Tampoco puede deducirse así de la tradición mitológica, porque a dicho veneno no se le atribuye más virtud que la de matar a aquellos a quienes hería la flecha empapada en él. Nosotros creemos que la respuesta de Anfitrión comprende dos partes, que es preciso entender de distinta manera: la primera, Μαινομένῳ πιτύλῳ πλαγχθεὶς, furioso stimulo agitatus, se refiere a Heracles, y la segunda, ἑκατογκεφάλου βαφαῖς ὕδρας, venenis hydræ centipitis, es la contestación a la pregunta de Teseo: δράσας.
[151] En estos campos de Flegra, cerca de Cumas, se dio la batalla entre los dioses y los gigantes. Llamáronse así porque abundaba en ellos el azufre, y porque se ven llamas, que provienen de la combustión natural de esta sustancia.
[152] Cuando Anfitrión traía los rebaños de bueyes de Electrión, padre de Alcmena, que habían robado los teléboas, lanzó su maza contra un buey que se había separado de sus compañeros, acertándole en los cuernos, y de rechazo, hirió en la cabeza a su suegro, dejándole muerto. Es necesario tener esto presente, y entender lo que dice Heracles de Anfitrión en el sentido de que, siendo desafortunado el tronco de un linaje no criminal, sus descendientes también lo son. De otra suerte no se comprendería que así tratase a su padre.
[153] Cuando su madre Alcmena vio las dos serpientes que amenazaban en la cuna a su hijo, entonces de ocho meses, comenzó a dar gritos horrorizada; pero Heracles se incorporó, y estrechándolas entre sus manos, ahogó a ambas.
[154] Este Tifón, dios egipcio, hermano de Osiris, aparece también en la mitología griega como el principal gigante que hizo la guerra a los dioses. Fue padre de Gerión y del Cancerbero, y yacía vencido por Zeus bajo el Etna o bajo la isla Inarime.
[155] Los homicidas sufrían por cierto tiempo la pena del destierro, y no volvían a su patria hasta después de haberse purificado. Cuando el muerto era pariente del asesino y habían de perseguirlo las Furias, todos estaban obligados a huirlo para no mancharse con su contacto.
[156] Todo esto parece rezar con Zeus, que se casó con su hermana Hera y cargó de cadenas a su padre Cronos por reinar en el cielo. Indudablemente este diálogo es un anacronismo, por razonable que nos parezca, pues Heracles y Teseo no hablaron nunca, o no debieron hablar así. Dedúcese de las frases osadas e irreligiosas de Eurípides, que oye un pueblo entero en una fiesta popular y consagrada al culto, cuáles debían ser las creencias del auditorio y la honda brecha que la filosofía había hecho en el politeísmo. Los dioses no solo cometen verdaderos crímenes, según afirma el poeta, sino que tal es su moralidad que ni aun se inquietan ni afligen por esto. No se puede decir más porque tales dioses ni podían ni debían ser adorados.
[157] Este es el complemento filosófico de lo dicho antes por Teseo acerca de los dioses. A la noción politeísta, desfigurada por los poetas y por la imaginación popular, cuya existencia combate Eurípides, sustituye esta otra idea más elevada de Dios, que revela sin ambages una nueva creencia. Probable parece que este trágico la aprendiera en la escuela de Anaxágoras, cuyas persecuciones provinieron principalmente de la osadía y entereza que desplegó atacando las preocupaciones religiosas populares, y defendiendo doctrinas monoteístas mucho más racionales y sensatas.
[158] Es muy bella esta despedida de Heracles, por la ternura que respira y por los sentimientos que expresa. No es posible negar que Eurípides, siempre que quiere, y cuando no lo arrastra su filosofismo o sus pretensiones oratorias, es incomparable en la pintura de afectos. Poseía a raudales ese raro e inapreciable don de sentir cierto orden de belleza moral que nace con el hombre y no puede adquirirse con el estudio.
[159] Por su candor, naturalidad y sencillez nos agradan estas palabras de Heracles y Teseo. Viendo este a su amigo agobiado por tan grandes calamidades, le recuerda sus gloriosas empresas e inolvidables trabajos, más bien para infundirle fortaleza que para humillarlo, y Heracles, algo picado por el recuerdo, lo reconviene de manera que le obliga a callarse.
[160] Vorlesungen über dramat. Kunst und Literatur, IX. pág. 161. La traducción francesa de esta obra notabilísima se ha agotado hace ya tiempo.
[161] Argos fue fundada por Ínaco hacia el año 2000 antes de J. C.
[162] El fenicio Ínaco, padre de Ío y de Egialeo, dio su nombre a este río de la Argólida (hoy Najo o Planizza), que corre de N a S, pasa por Argos y desagua en el golfo Argólico.
[163] Este rey, el último de Ilión y descendiente de Dárdano, fundador de su linaje, murió al pie del ara de Zeus Herceo, adonde se había refugiado, a manos de Pirro o Neoptólemo, hijo de Aquiles.
[164] El texto griego dice ὑψηλῶν δ᾽ ἐπὶ ναῶν, en los elevados templos, porque los de Zeus, Hera y Atenea, según Vitruvio, se edificaban generalmente en las eminencias. Adviértase que Hera era adorada generalmente en Argos, y que, como sucede entre nosotros, se depositaban en los edificios consagrados al culto los trofeos de los enemigos.
[165] De todos estos personajes hemos hablado ya en nuestras notas al Orestes.
[166] Este pretexto, como puede verse en el Agamenón de Esquilo, y más adelante en esta misma tragedia (versos 1010-1014), fue el sacrificio en Áulide de Ifigenia, hija de Clitemnestra y de Agamenón. En Esquilo se atribuye también a sus celos de Casandra, esclava hija de Príamo, que trajo de Troya.
[167] Electra pronuncia aparte estas palabras que encerramos en un paréntesis, porque de otra manera no se podría suponer que diga en ellas delante de su esposo que no lleva el cántaro en su cabeza obligada por la necesidad, y poco después lo contrario.
[168] Los griegos se rasuraban el cabello en señal de duelo, y lo ofrecían a los manes de sus parientes muertos, como hace aquí Orestes.
[169] El mesodo (en griego μεσῳδός) significa propiamente entrecanto. Era una especie de estribillo o canto corto que se halla entre las estrofas.
[170] Esquilo refiere en Las Euménides la muerte de Agamenón a su vuelta de Troya. Al salir del baño, su esposa Clitemnestra lo envolvió en una red, y ella y Egisto lo cosieron a puñaladas.
[171] El palio (φᾶρος, ἱμάτιον) era un paño grande de lana, cuadrado o cuadrilongo, que se sujetaba en la garganta o en el hombro con un broche. A veces era el único vestido que cubría el cuerpo; pero generalmente se ponía encima de la túnica. Se llevaba de distintas maneras, según el capricho de su dueño o la estación del año.
[172] En todas las casas había a la puerta una estatua de Febo, θυραῖος o ἀγυιεύς. (V. nuestra nota a Las Fenicias).
[173] Esto es, que varía de residencia, errando de una ciudad en otra, por lo cual es más triste su condición.
[174] De Orestes.
[175] En efecto, no se podía llevar más lejos la continencia, lo cual, si choca a nosotros, más extraño debía parecer a su auditorio, poco acostumbrado a la práctica de esa virtud. Así lo siente Eurípides, y de aquí sus esfuerzos para hacer más verosímil su singular ficción, hija solo de su deseo de no imitar en nada a Sófocles y Esquilo.
[176] Porque ni era su padre, ni la casó como debía, sino con la dañada intención de envilecerla.
[177] La malevolencia de Eurípides al bello sexo no puede ocultarse, porque, ansioso de ofenderlo, no teme faltar a la verdad. Ordinariamente sucede lo contrario.
[178] Estas frases bárbaras y desnaturalizadas, y en boca de una virgen como Electra, de regia estirpe o hija del ínclito Agamenón, nos repugnan hasta lo sumo. No cabe belleza de ningún género en este espectáculo, cuando hasta tal punto se atropellan los sentimientos naturales, y sabiendo sobre todo que el poeta no cree en la influencia del destino, ni el pueblo que lo escucha. Cualquiera diría que su objeto, más que revestir con los gratos colores de la poesía estas tradiciones populares, es hacerlas odiosas a toda costa.
[179] El texto griego dice así:
La traducción de M. Artaud es la siguiente:
Une sagesse trop raffinée chez les sages n’est pas non plus sans dangers.
Hartung lo traduce de esta otra manera:
Ohne Schmerzen ist es nicht, Dass höhre Einsicht Menschen über andre hebt.
El pensamiento del autor parece ser, o que en igualdad de circunstancias el hombre más civilizado es más sensible que el inculto y el muy sabio más que el civilizado, o que el exceso de sabiduría tiene, entre otros inconvenientes, el de afectar más el alma, porque cuanto más sabio es el hombre mejor conoce la extensión y alcance de una desdicha.
[180] Las de oír a Electra.
[181] Electra alude aquí a su situación excepcional de ser casada y virgen, y a esto atribuye su aislamiento, pues siendo virgen no puede concurrir con ellas a las fiestas, porque no pasa por tal, ni tampoco con las matronas, porque su conciencia se lo impide, sabedora de su virginidad. Esta es también la causa de que huya de Cástor (hijo, como su madre, de Zeus y de Leda, que es mortal y dios de año en año), pues para él ya no es virgen, habiéndose casado con el colono.
[182] De molde viene aquí a Eurípides esta ocasión para disertar un poco sobre la nobleza, la virtud y el valor, aunque ni la situación de los personajes lo consienta ni lo exija, ni tal disertación aumente en lo más mínimo los quilates de la tragedia. Nuestra opinión en este particular es que deben mirarse como síntoma de decadencia literaria estos esfuerzos de los escritores en poner de relieve su persona o sus ideas siempre que se trate de una fábula (llámesele drama, epopeya o novela), en la cual, a ser posible, se debería suprimir hasta el recuerdo de su existencia.
[183] Según dice Pausanias, el Tanao es un río poco caudaloso que riega las fronteras de la Argólida y desagua en el golfo Tiríntico.
[184] Sabida es la fábula de Arión, el poeta músico griego, que se supone autor del ditirambo, su viaje a Italia con Periandro, rey de Corinto, su exposición de ser robado a la vuelta, codiciosos los marineros de las riquezas que traía, y el medio de que se valió para librarse de la muerte, tocando la lira y precipitándose al mar, en donde lo recogió un delfín, llevándolo ileso hasta el cabo Ténaro, en la Laconia.
[185] Estas famosas armas fueron un presente que Hefesto hizo a Aquiles, el hijo de Tetis, y la causa de la locura de Áyax cuando, a la muerte de su dueño, fueron adjudicadas a Odiseo.
[186] El Osa es un monte de la Tesalia, en la Magnesia, a lo largo del golfo Termaico, célebre porque en él habitaron los centauros, y por ser uno de los que levantaron los gigantes para escalar el cielo.