HERACLES

¿He recibido, por ventura, algún nuevo daño de esa diosa?

ANFITRIÓN

Olvídate de ella y acuérdate solo de tu infortunio.

HERACLES

¡Perdidos somos! ¿De qué calamidad hablas?

ANFITRIÓN

Mira, contempla estos cadáveres de tus hijos.

HERACLES

¡Ay de mí! ¡Horrible espectáculo! ¡Oh desgracia!

ANFITRIÓN

Guerra nefanda, ¡oh hijo!, has hecho a los tuyos.

HERACLES

¿De qué guerra hablas? ¿Quién los mató?

ANFITRIÓN

Tú y tu arco, y el dios que te sugirió ese crimen.

HERACLES

¿Qué dices? ¿Quién es el asesino? ¡Oh padre, mensajero de desdichas!

ANFITRIÓN

Víctima de tu delirio, deseas oír narración deplorable.

HERACLES

¿También soy yo el asesino de mi esposa?

ANFITRIÓN

Todos estos atentados obra son de la misma mano.

HERACLES

¡Ay, ay de mí! Tristes tinieblas me cercan.

ANFITRIÓN

¡Tus males me hacen llorar!

HERACLES

¿Furioso derribé, pues, mi palacio?

ANFITRIÓN

Solo sé que en todo eres desdichado.

HERACLES

¿Cuándo me acometió la locura? ¿Cuándo se ensañó en mí?

ANFITRIÓN

Al purificar con el fuego tus manos junto al ara.

HERACLES

¡Ay de mí! ¿Cómo no me arranco la vida,[147] cuando he asesinado a los hijos de mi corazón, o me precipito de algún peñasco escarpado, o atravieso mi pecho con la espada, para que yo sea también el vengador de su muerte, o abrase el fuego mi cuerpo para lavar esta infamia que me agobia? Pero aquí viene Teseo, mi pariente[148] y amigo, que se opondrá a mi suicidio. ¿Me verán los ojos de mi huésped más amado lleno de sangre de mis hijos? ¡Ay de mí! ¿Qué haré? ¿A qué soledad dirigiré mis pasos para librarme de estos males? ¡Ay, si pudiera volar por los aires, o esconderme en la tierra! Ocultaré mi rostro, que me avergüenzo de mis crímenes, y ya que estoy manchado con esta sangre, no quiero contaminar a los demás. (Aparece Teseo con su séquito de guerreros atenienses).

TESEO

Acompáñanme otros jóvenes guerreros de Atenas, que acampan a las orillas del Asopo, para auxiliar a tu hijo, ¡oh anciano! A la ciudad habitada por los descendientes de Erecteo llevó nueva la fama de que Lico, después de apoderarse de esta región, os había declarado la guerra y se preparaba a pelear con vosotros. He venido, pues, a pagar a Heracles el beneficio que me hizo sacándome de los infiernos, y por si necesitáis de mi auxilio o del de mis aliados. ¿Qué es esto? ¿Qué hacen aquí estos cadáveres? ¿He venido acaso tarde para evitar esta desgracia? ¿Quién mató a estos niños? ¿Cúya es esta esposa que miro? Porque presumo que no han muerto en la guerra, sino que han sido víctimas de alguna otra calamidad.

ANFITRIÓN

¡Oh rey, dueño de la colina cubierta de olivos!...

TESEO

¿Por qué comienzas tu plática con tan triste exordio?[149]

ANFITRIÓN

Hemos sufrido graves males, obra de los dioses.

TESEO

¿Quiénes son estos niños a quienes lloras?

ANFITRIÓN

Engendrolos mi desventurado hijo, y él mismo los mató; él osó asesinarlos.

TESEO

Otras palabras quiero oír.

ANFITRIÓN

Y de buen grado te obedeciera.

TESEO

¡Horribles son las que has proferido!

ANFITRIÓN

¡Perdidos somos! ¡Perdidos somos!

TESEO

¿Qué dices? ¿Cómo lo hizo?

ANFITRIÓN

Arrastrado por la locura; los mató con veneno de la hidra de cien cabezas.[150]

TESEO

Débelo al odio de Hera. ¿Quién es ese que yace entre los muertos, anciano?

ANFITRIÓN

Mi hijo, mi hijo mísero, que, armado de su escudo, combatió en mortal pelea a favor de los dioses, y luchó contra los gigantes en los campos de Flegra.[151]

TESEO

¡Ay, ay de mí! ¿Qué mortal fue nunca tan desdichado?

ANFITRIÓN

No hallarás otro víctima de tantas calamidades ni de tan inauditos infortunios.

TESEO

¿Por qué el infeliz oculta su cabeza bajo sus vestidos?

ANFITRIÓN

Porque se avergüenza de verte, recordando tu amistad fraternal y la muerte de sus hijos.

TESEO

También vine a compartir su dolor; descúbrelo.

ANFITRIÓN (que se arrodilla delante de Heracles).

¡Oh hijo!, quita ese vestido de tus ojos, sepáralo a un lado, muestra tu faz al sol, que un noble amigo viene a enjugar tus lágrimas. ¡Por tu barba, por tus rodillas y tu mano te lo suplico, por el llanto que vierte este anciano! ¡Hijo mío, aplaca tu ira de fiero león, que te arrastra fuerza mortífera e impía, y quieres añadir nuevos males a los que ya sufrimos!

TESEO

Vamos; a ti me dirijo, que yaces en tan deplorable postura; muestra tu rostro a tus amigos. ¡No hay nube tan negra que pueda encubrirnos la plaga de tus males! ¿Por qué extiendes hacia mí tu mano, y me señalas esos muertos? ¿Temes acaso contaminarme si me hablas? No rehúso compartir tus desdichas, que fui feliz algún día, y no olvido que me sacaste de las tinieblas a la luz. Detesto a los que muestran fría gratitud a sus amigos, y al que quiera disfrutar con ellos de sus placeres y abandonarles en la desgracia. Levántate, descubre tu cabeza desdichada, míranos. (Quítale el vestido del rostro). El mortal que es noble sufre con resignación la cólera del cielo.

HERACLES

¡Oh Teseo!, ¿no eres testigo del estrago que he hecho en mis hijos?

TESEO

Ya me lo han referido, y mis ojos contemplan el desastre a que aludes.

HERACLES

¿Por qué descubriste mi cabeza a la luz del sol?

TESEO

¿Y por qué no? Tú, siendo hombre, ¿ofendes acaso a los dioses?

HERACLES

Evita, ¡oh desdichado!, mi contagio impío.

TESEO

Nunca contagian los amigos.

HERACLES

Te alabo; no me arrepiento de los beneficios que te hice.

TESEO

Y yo que los recibí, me compadezco ahora de ti.

HERACLES

Digno soy de lástima por haber asesinado a mis hijos.

TESEO

Lamento tu desdicha y la mudanza de tu suerte.

HERACLES

¿Viste nunca a algún otro víctima de mayores males?

TESEO

Desde la tierra llegan los tuyos al cielo.

HERACLES

Dispuesto estoy a morir.

TESEO

¿Crees, acaso, que se cuidarán los dioses de tus amenazas?

HERACLES

Crueles son conmigo, y yo lo seré con ellos.

TESEO

Refrena tu lengua, que agravarás tus dolores si hablas con soberbia.

HERACLES

Tantos son ya mis males, que no hay lugar para más.

TESEO

¿Qué harás? ¿En dónde descargarás tu ira?

HERACLES

Muerto iré al infierno, de donde he venido.

TESEO

Palabras son las tuyas de un hombre vulgar.

HERACLES

Tú me aconsejas así porque no sufres lo que yo.

TESEO

¿Cómo? ¿Así se expresa Heracles, el que padeció tantos trabajos?

HERACLES

No los sufriré tan crueles, suponiendo que pueden tolerarse.

TESEO

¿El bienhechor y grande amigo de los hombres?

HERACLES

De nada me sirve esto, que vence Hera.

TESEO

No consentirá la Grecia que tan temerariamente mueras.

HERACLES

Oye, pues, y mis palabras desvanecerán tus escrúpulos; yo te explicaré por qué no debo vivir ahora, ni debía vivir antes. Recuerda, en primer lugar, que este es mi padre, manchado con la sangre del anciano que engendró a mi madre Alcmena, su esposa.[152] Cuando es vicioso el tronco de un linaje, es necesario que sean desgraciados sus descendientes. Zeus, sea quien fuere, me dio el ser y me hizo odioso a Hera; no te ofendas, anciano, que para mí eres tú mi padre, no Zeus. Y cuando todavía mamaba envió a mi cuna terribles serpientes aquella diosa para que me ahogasen.[153] ¿A qué contar los trabajos que después sufrí, cuando la pubertad sombreó mi labio? ¿Qué luchas no he sostenido con leones, con tifones de tres cuerpos,[154] con gigantes o con innumerables centauros? Y después de dar muerte a la hidra, perro de muchas cabezas que sin cesar renacían, terminé otras muchas empresas, y fui a los infiernos por orden de Euristeo, para sacar a la luz del sol al monstruo de tres cabezas que guarda la entrada. Y ahora, por último, me aflige la desdicha de haber asesinado a mis hijos, para poner el colmo a los males que se ensañan en mi familia. A tal extremo he llegado; ni aun me es lícito habitar en mi amada Tebas, porque si permanezco en ella, ¿qué templo visitaré, qué amigos? Tan grande es mi desventura que no puedo hablar con nadie.[155] ¿Me encaminaré a Argos? ¿Cómo, estando desterrado de mi patria? ¿A qué otra ciudad iré? Me mirarán con malos ojos, porque todos me conocerán y amargamente murmurarán así de mí: «¿No es ese aquel hijo de Zeus que mató en otro tiempo a sus hijos y a su esposa? ¿No se irá de aquí a expiar en otra parte su crimen?». Tristes son las mudanzas de la fortuna para los que se reputan felices, que quien fue siempre desdichado no siente los nuevos males que le atormentan. Pienso que algún día ha de ser tan extremada mi desventura que la tierra me dará voces para que no la toque, y el mar para que no lo atraviese, y las fuentes de los ríos, y que sufriré un suplicio análogo al de Ixión en la rueda. Lo mejor es, por tanto, que ningún griego vuelva a verme, ya que entre ellos fui feliz. ¿Para qué he de vivir ya? ¿Qué ganaré, hombre inútil y deshonrado? Dance ya contenta la ínclita esposa de Zeus, hiriendo el Olimpo con sus pies; logró lo que deseaba, aniquilar por completo al héroe más ilustre de la Grecia. ¿Quién adorará a semejante deidad? Por celos de una mortal, amada de Zeus, ha perdido al bienhechor de la Grecia, de todo punto inocente.

TESEO

La esposa de Zeus ha sido la única autora de todo: con razón lo has creído. (Más fácil es aconsejarle que soportar sus males). En todos los seres se ensaña la fortuna, hasta en los dioses, si no son falsas las narraciones de los poetas. ¿No han contraído entre sí incestuosos himeneos? ¿Por mandar, no han cargado a sus padres de ignominiosas cadenas?[156] ¡Y habitan en el cielo y no se afligen mucho recordando sus faltas! ¿Y qué dirás tú, mísero mortal, que sufres tan impaciente los males de esta vida, y quieres superar a los dioses? Deja, pues, a Tebas, si la ley te prohíbe residir en ella, y sígueme a la ciudad de Palas. Allí, purificando tus manos de este crimen, te daré un palacio, y parte de mis bienes, y los presentes que me hicieron los ciudadanos por haber salvado la vida a los catorce jóvenes, después de dar muerte al toro de Creta. Campos tengo propios en toda esta región: mientras vivas, tuyos los llamarán los hombres; y cuando mueras y desciendas al infierno, edificarán en ellos monumentos, se instituirán sacrificios en tu honor y te rendirá culto toda Atenas. Bello galardón es para sus ciudadanos alcanzar fama entre los griegos por servir a un hombre eminente. Y yo te lo debo por haberme salvado; además, no tienes ahora amigos. Cuando los dioses favorecen a un mortal, no los necesita, que nos basta su celestial protección si quieren dispensárnosla.

HERACLES

¡Ay de mí! Leve es este consuelo para mitigar mis males. No pienso probar que los dioses han celebrado himeneos incestuosos, ni he creído nunca, ni creeré jamás que encadenaron a otros, ni que haya uno que domine a los demás. El dios que lo es verdaderamente, de nadie necesita: esas son deplorables invenciones de los poetas.[157] Pero temo que alguno me llame cobarde si abandono la luz por evitar mis males. Porque el hombre que no sabe soportar los embates de la adversidad no podrá resistir tampoco los dardos enemigos. Aguardaré impávido la muerte; iré a tu ciudad, y desde ahora agradezco infinito tus dones. Pero ya he sufrido innumerables trabajos que no me hicieron mella alguna, ni mis ojos derramaron lágrimas, ni creí nunca que llegara al extremo de derramarlas. Ahora, según parece, debo también resignarme. Sea así: ya ves cómo me destierro, asesino de mis hijos, ¡oh anciano! Dales sepultura y adorna sus cadáveres, y hónralos con tu llanto (la ley no me lo permite), acercándolos al pecho de su madre y depositándolos en sus brazos; unión deplorable, obra involuntaria de mi mísera locura. Y después que la tierra los reciba en su seno, habita, infortunado, en esta ciudad y cobra ánimo para sufrir conmigo estos males. ¡Oh hijos!, el mismo padre que os engendró os ha perdido y ningún fruto sacasteis de mis triunfos, ni de lo que gané para vosotros en mis trabajos, la más grata recompensa para vuestro padre. También te perdí, ¡oh desventurada!, no pagándote como debía, que fielmente guardaste mi lecho, encerrada tan largo tiempo en mi palacio. ¡Ay de mi esposa y de mis hijos! ¡Ay de mí! ¡Lastimoso fue mi delito, y ya me separo de ellos y de mi amada compañera! ¡Oh amargos ósculos! ¡Oh funestas armas! No sé si conservarlas o abandonarlas, pues pendientes de mis hombros me reconvendrán así: «Con nuestra ayuda mataste a tus hijos y a tu esposa; no nos dejas y somos sus asesinos». ¿Y yo las he de llevar? ¿Qué podré replicarles? Pero sin ellas, instrumentos de tan gloriosas hazañas en la Grecia, ¿me expondré a que mis enemigos me den muerte ignominiosa? No las soltaré nunca, para mi mayor tormento. ¡Oh Teseo!, solo te ruego que ayudes a este desdichado. Acompáñame a Argos a pedir conmigo el premio que se me prometió si traía al Cancerbero, no me suceda alguna otra desgracia, sin amigos y afligido por la pérdida de prendas tan caras. ¡Oh tierra de Cadmo y pueblo entero de Tebas!: cortad vuestros cabellos, llorad, sepultad a mis hijos, y gemid a un tiempo por los muertos y por mí. ¡Todos perecimos! Hera nos ha herido: a ella debemos esta horrible calamidad.[158]

TESEO

Levántate, ¡oh infeliz!; bastantes lágrimas has derramado.

HERACLES

No puedo; rígidos están mis miembros.

TESEO

También las desdichas abaten a los fuertes.

HERACLES

¡Ay de mí! ¡Ojalá que me convierta en monumento imperecedero de mis males!

TESEO

Basta ya; da la mano a un amigo que te ama.

HERACLES

Cuidado, no llene de sangre tus vestidos.

TESEO

Llénalos, no tengas miedo; poco me importa.

HERACLES (levantándose).

Huérfano de mis hijos, tú harás sus veces conmigo.

TESEO

Apóyate en mi cuello; yo te guiaré.

HERACLES (abrazándole).

He aquí dos amigos verdaderos, pero el uno es desdichado. ¡Oh anciano!, así deben ser los tuyos.

ANFITRIÓN

Afortunada es la patria madre de tales hijos.

HERACLES

Teseo, déjame mirar de nuevo a mis hijos.

TESEO

¿Podrá esto consolarte? ¿Sentirás así algún alivio?

HERACLES

Lo anhelo, y quiero abrazar también a mi padre.

ANFITRIÓN

Aquí me tienes, ¡oh hijo!; dulce es para mí tu recuerdo.

TESEO (mientras Heracles y Anfitrión se abrazan).

¿Te olvidaste ya de tus trabajos?

HERACLES

Inferiores son a estos todos ellos.

TESEO

Si alguno observa tu abatimiento, no te alabará.

HERACLES

Débil te parezco ahora, no antes, según creo.

TESEO

Seguramente: ¿qué se hizo el famoso Heracles? ¿Es este acaso?

HERACLES

¿Y cómo pensabas cuando yacías mísero en los infiernos?

TESEO

Encontrábame más abatido que otro cualquier hombre.

HERACLES

¿Y cómo dices que los males me humillan?

TESEO

Prosigamos nuestro camino.[159]

HERACLES (desprendiéndose de los brazos de su padre).

Adiós, anciano.

ANFITRIÓN

Adiós, hijo.

HERACLES

Que sepultes a los míos como te he dicho.

ANFITRIÓN

Y a mí, ¿quién me sepultará, ¡oh hijo!?

HERACLES

Yo.

ANFITRIÓN

¿Cuándo volverás?

HERACLES

Cuando entierres a mis hijos.

ANFITRIÓN

¿Cómo, pues?

HERACLES

Desde Tebas te llevaré a Atenas. Pero cuida tú de depositar a mis hijos en su última morada. ¡Triste encargo, en verdad! Nosotros, que deshonramos a nuestra familia, seguiremos a Teseo como perdida navecilla. Se engaña el que apetece el poder o las riquezas y las prefiere a los buenos amigos.

EL CORO

Alejémonos de aquí llenos de tristeza y derramando abundantes lágrimas, que hemos perdido a nuestro mejor amigo.