[187] Quirón, centauro, hijo de Cronos y de Fílira, gran cazador, médico y astrónomo famoso. Habitaba en el monte Pelión, en la Tesalia, y fue maestro de Heracles y de Odiseo. Herido por una flecha empapada en la sangre de la hidra de Lerna, murió y fue trasladado al cielo, en donde forma el signo de Sagitario.

[188] Maya, una de las Pléyades, hija de Atlas y de Pléyone, fue amada por Zeus, de quien tuvo a Hermes.

[189] Las Pléyades, cuyo nombre proviene, según unos, de su madre Pléyone, según otros del verbo griego πλέω (navego), porque transformadas en astros se muestran en la época más favorable a la navegación, fueron hijas de Atlas y de Pléyone, como queda dicho. Eran siete: Maya, Electra, Táigete, Astérope, Mérope, Alcíone y Celeno.

[190] Véase Las Fenicias. Esta presa era los caminantes, que llevaba en sus garras cuando no acertaban sus enigmas.

[191] La Quimera, hija de Tifón y de Equidna, tenía la cabeza de león, la cola de dragón y el cuerpo de cabra, y vomitaba llamas. Denominose también así un monte de la Licia, en donde, según se dice, hubo un volcán que dio origen a esta fábula. Murió a manos de Belerofonte, que la atacó montado en el caballo Pegaso.

[192] El pañuelo no era, sin duda, conocido de los antiguos griegos.

[193] La malignidad de Eurípides y su envidia a Esquilo aparecen claramente en esta crítica que hace de la Electra de aquel poeta. La semejanza que en ella encuentra esta heroína entre su cabello y sus huellas con las de su hermano le bastan para afirmar su proximidad y después reconocerlo. Pensamos, sin embargo, que no es esto tan pueril como se supone, y que Esquilo, habiendo trazado a valientes rasgos el carácter de Electra, doncella vehemente, apasionada y cuya imaginación solo piensa en su padre y en Orestes, preocupada constantemente con la idea de su venganza, crea que el cabello y las huellas que ha visto junto al sepulcro de Agamenón pertenecen a su hermano. De todas maneras, ni al poeta ni a la composición conviene descender a estas críticas literarias, que rebajan la elevación necesaria en uno y otra.

[194] Esta invención de la señal o cicatriz de Orestes no tiene el mérito de la originalidad, porque es una imitación de la escena que leemos en el canto XIX de La Odisea, cuando la nodriza de Odiseo lo reconoce al lavarse, viendo la que le hizo el jabalí del Parnaso al visitar este héroe a Autólico y sus hijos.

[195] La palma (φοῖνιξ, phœnix dactylifera) símbolo de la victoria entre griegos y romanos, a causa de su mucha elasticidad y de la resistencia que opone al que intenta romperla. (Aulo Gel., III, 6). Dábase como premio a los atletas y conductores de carros que vencían a sus adversarios, como dice Horac., IV, 2: Sive quos Elea domum reducit palma cœlestes; y de aquí, por extensión, a todo el que triunfaba.

[196] Era costumbre de los griegos invitar al sacrificio a los caminantes o extranjeros que llegaban en el momento de celebrarlo, porque, como es sabido, los dioses solo saboreaban el humo que despedía la carne de las víctimas, y los sacrificadores la misma carne.

[197] Los gentiles, lo mismo que los hebreos, se purificaban con frecuencia, sobre todo en ciertos actos solemnes, simbolizando la pureza del alma o el deseo de adquirirla con la purificación del cuerpo. Entre los griegos, las paridas se purificaban a los diez días del parto, porque los nueve primeros son los de más peligro.

[198] Zeus fue padre de Tántalo, este de Pélope, Pélope de Atreo y Atreo de Agamenón, padre de Orestes y Electra.

[199] M. Artaud recuerda a este propósito que si Pan trajo esta cordera de vellón dorado, fue para vengar al cochero Mírtilo, a quien Pélope precipitó en la mar, porque uno y otro eran hijos de Hermes. Nosotros, en honor de la verdad, debemos decir que Apolodoro no hace a Pan hijo de Hermes, sino de Zeus, y que este es el padre que le dan los mitólogos. Dice así Apolod., Biblioth., cap. IV, pár. 2:

Ἀπόλλων δὲ τὴν μαντικὴν μαθὼν παρὰ Πανὸς τοῦ Διὸς καὶ Ὕβρεως

Para entender bien estos cantos del coro, es preciso recordar nuestras notas al Orestes, en donde se refieren las discordias de la casa de Pélope.

[200] Llamábase ágora, ἀγορά, la plaza pública de las ciudades griegas. Las más bellas y regulares, sobre todo las del Asia Menor, eran cuadradas; en la Hélade había muchas, cuya forma se ajustaba a la configuración del suelo; pero todas estaban rodeadas de pórticos, στοαί, compuestos de una o de dos filas de columnas, que terminaban en un terrado. Las antiguas ágoras no tenían pórticos continuos, sino que las atravesaban distintas calles. Tal era, entre otras, la plaza pública de Elis, descrita por Pausanias, l. VI, c. XXIV. En el ágora celebraba el pueblo sus asambleas; en ciertos casos, como en Megalópolis y en Atenas, una parte de los pórticos estaba dispuesta de tal manera que los magistrados podían administrar en ellos justicia. Dentro se elevaban los templos de muchas deidades, y altares y estatuas en honor de los dioses y de los ciudadanos que habían merecido bien de la patria. Algunos pórticos estaban decorados con pinturas, y en ese caso se llamaban poeciles, ποικίλια: eran verdaderos museos llenos de retratos de hombres ilustres, o conmemorativos de las hazañas más gloriosas de los ciudadanos. De estos monumentos no quedan ni en la Hélade ni en el Asia Menor sino restos incompletos. (Batissier, Histoire de l’art monumental, pág. 189).

[201] Amón, nombre de Zeus entre los pueblos de la Libia. Se le representaba de ordinario con cuernos de carnero. En los desiertos de la Libia tenía un celebérrimo templo, cuyos oráculos fueron muy famosos. Alejandro lo visitó, y corrompiendo a los sacerdotes, fue proclamado hijo del dios.

[202] Esto es, de Hades, el Zeus de las tinieblas, como el otro del cielo.

[203] Tal es el terror y la ansiedad de Electra que no reconoce a este mensajero, servidor de su hermano. Verdad es que nada tenía de extraño, pues solo lo había visto entre otros momentos antes, y cuando su ánimo, embargado por la alegría de ver a Orestes, no podía fijarse mucho en él.

[204] Alfeo (hoy Rufia), río de la Élide que nacía en la Arcadia, cerca de Megalópolis, pasaba por Herea, regaba las llanuras de Olimpia y de Pisa y desembocaba en el mar Jónico.

[205] Salsamola, harina de cebada tostada y espolvoreada de sal que se usaba en los sacrificios, y aun se ofrecía sola, y se esparcía sobre las víctimas. Compárese este sacrificio con el descrito en el Heracles furioso, advirtiendo que uno es propiciatorio y otro expiatorio.

[206] Este cuchillo dórico era grande, parecido al que usan nuestros carniceros para despedazar la carne. Hállase representado en muchos bajorrelieves de sepulcros, sobre todo en uno bellísimo de Pompeya.

[207] Los griegos medían a veces el tiempo ateniéndose al que se invertía en recorrer el estadio, ya por la frecuencia con que se celebraban entre ellos estos certámenes, ya para expresar con alguna novedad su pensamiento. Según Pausanias, la carrera a caballo del estadio era de dos diarcos, es decir, cuatro veces su longitud.

[208] No se sabe la diferencia que había entre el cuchillo dórico y el ftío, pero es de presumir que su distinta forma se adaptase a los dos diversos usos a que alude el poeta, y este último debía ser más pesado y fuerte que el primero.

[209] El Alfeo, como hemos dicho más arriba, pasaba por Olimpia, en donde se celebraban los famosos juegos. El anacronismo es evidente, pues los juegos comenzaron 775 años antes de Jesucristo, y la época en que se supone ocurrir la acción cae hacia el año 1180 antes de dicha Era.

[210] De su padre Estrofio el focidio.

[211] Este rencor inextinguible que Electra abriga contra Egisto hasta después de muerto, es repugnante e indigno de una doncella de su estirpe. Ni sus pasadas desdichas e intolerables agravios, ni su espíritu de venganza debían hallar satisfacción en proferir tales injurias contra un muerto. No obstante, el odio de la mujer, dado cierto carácter, es profundo y vehemente hasta el delirio, como lo probó Fulvia, la mujer de Antonio, atravesando con un punzón de oro la lengua de Tulio.

[212] Prosigue el poeta desenvolviendo en este diálogo el carácter de la virgen Electra, de la hija de Agamenón, descendiente de dioses, y en verdad que es poco feliz en esta parte, porque solo nos inspira el horror y el desprecio, y es infinitamente inferior a Esquilo, su odiado rival. La Electra de Esquilo es una especie de Medea, dominada como esta de un furibundo vértigo, ciega y desatentada, que asesina a su madre en uno de sus transportes. Esta, a pesar de los esfuerzos de Eurípides, nos parece fría, calculadora, egoísta, cruel e interesada, y, a nuestro juicio, como dijimos en el prólogo, una criminal tan despreciable como vulgar.

[213] Cástor y Pólux, los Dioscuros, hijos de Zeus, que eran para los marineros paganos lo que San Telmo para los nuestros, su protector y abogado.

[214] Ifigenia, la sacrificada en Áulide por Agamenón.

[215] Este largo discurso de Clitemnestra es ocioso e inoportuno, porque ni la ocasión es a propósito para pronunciarlo, ni lo exige el desarrollo del drama. Eurípides, sin embargo, a lo Voltaire, no pierde esta coyuntura de desahogar el odio que profesa a las mujeres y su animadversión a las tradiciones y héroes más venerandos, y examina con la impasibilidad de un filósofo las causas a que se atribuía el sitio de Troya y los sucesos que, como el sacrificio de Ifigenia, le precedieron.

[216] Casandra, la inspirada hija de Príamo, que, al finalizar el sitio de Troya, tocó en suerte a Agamenón, que la trajo consigo a su palacio. (V. el Agamenón, de Esquilo, y Las Troyanas, de Eurípides).

[217] Lo mismo que en Hécuba esta y Poliméstor defienden su causa ante su juez Agamenón, y en Orestes él y Tindáreo ante Menelao, así en esta tragedia Clitemnestra y Electra, madre e hija, atacan y defienden a su esposo y padre como si se hallasen en un juicio, lo cual prueba, o que el gusto del público había sufrido no poco detrimento, o que el poeta, recordándoles en sus tragedias espectáculos tomados de la vida real de los espectadores, buscaba por este medio atraerse sus simpatías con menoscabo de su fama y sin consideración alguna a la índole augusta y elevada de este linaje de composiciones, que nunca debía confundirse con la comedia.

[218] Dice bien Eurípides, porque la felicidad posible en la tierra no es hija de las riquezas ni de la nobleza, sino de la virtud y de la modestia. Ordinariamente, los que se casan con mujeres más ricas que ellos son esclavos, y los que lo hacen con nobles, si no lo son ellos, tenidos en poco, y una cosa y otra motivo continuo de disgustos. Creemos que fácilmente convendrán con nosotros los lectores en que una de las causas principales que contribuyen a la inmortalidad de ciertos poetas griegos y latinos es que sus sentencias son verdaderas y útiles casi siempre, interesantes a la vida humana y universales para todos los hombres y para todas las épocas y países. Muchas de ellas en su tiempo pudieron tener hasta el mérito de la novedad.

[219] Electra habla aquí irónicamente, porque sabe muy bien que no debe temerlo habiendo muerto a manos de Orestes.

[220] Esto es, los diez días, como Electra había dicho antes.

[221] Estos grandes golpes de efecto, estas escenas perfectamente calculadas para hacer fuerte impresión en el auditorio, son frecuentes en las tragedias de Eurípides. Figúrense los lectores cuáles serían los sentimientos de aquel innumerable público cuando se abrían las puertas de la casa de Electra y dejaban ver los cadáveres de Egisto y Clitemnestra, mientras sus hijos, presa ya de terribles remordimientos, se abandonan a ellos, y en cantos sublimes invocan a los dioses, expresan el horror que su propio delito les infunde y lloran y se quejan.

[222] No se puede llevar más lejos la criminal impudencia de una doncella. No solo anima a su hermano a cometer el matricidio, crimen raro por lo horrible; no solo le ayuda con sus manos a perpetrarlo, sino que se vanagloria y enorgullece de haberlo cometido, cuando Orestes, que es un hombre, parece pesaroso de su acción. Ni aun tiene la disculpa de pronunciar estas palabras para aminorar la culpa de su hermano y para atenuar hasta cierto punto el delito, compartiendo con él su responsabilidad, puesto que, a ser así, lo hubiese indicado el poeta de otra cualquier manera.

[223] Halirrotio fue hijo de Poseidón y de la ninfa Éurite, y murió a manos de Ares por haber violado a Alcipe, hija de este dios y de Aglauro. Poseidón acusó a Ares, y se celebró el juicio en la colina de Ares, y fueron doce los dioses que absolvieron al acusado.

[224] Las sentencias del Areópago fueron respetabilísimas hasta la época de Eurípides, de general corrupción en todas las instituciones.

[225] Pausanias (Arcad., c. 38) y Estrabón (l. VIII, c. 8) hablan de un célebre templo de la Arcadia consagrado a Zeus Liceo. Este nombre de Liceo viene de λύκος, lobo, sin duda porque, abundando estas fieras en la Arcadia, sus habitantes miraban a Zeus como su protector contra ellas.

[226] Llamose así una ciudad poco conocida de la Arcadia. Esta misma profecía hace Apolo en Orestes, v. 1013, en donde dice:

κεκλήσεται δὲ σῆς φυγῆς ἐπώνυμος
Ἀζᾶσιν Ἀρκάτιν τ᾿ Ὀρεστεία πóλις.

[227] Esta fábula forma el argumento de la Helena, de Eurípides.

[228] Este Proteo, distinto de su homónimo el dios marino multiforme, fue un rey de Egipto que, según una tradición distinta de la de Homero, tuvo a Helena en depósito en su palacio hasta que se acabó la guerra de Troya.

[229] Región del Peloponeso, cuyos límites eran la Élide, la Arcadia, la Sicionia, el golfo de Corinto y el mar Jónico.

[230] Parte de la Grecia antigua, entre la Beocia al E, la Etolia al O, el mar de Eubea al NE, y rodeada de las tres Lócridas.

[231] El colono.

[232] La ciudadela de Atenas.

[233] Obsérvese el arte con que Eurípides acumula al fin de su tragedia las escenas patéticas, que han de hacer en su auditorio más duradera impresión. Tras la muerte de Clitemnestra y los lamentos y quejas de sus hijos, la aparición de los Dioscuros, el destierro de los criminales, calamidad gravísima entre los antiguos, y su tierna separación.

[234] Áulide, ciudad ribereña de la antigua Beocia, situada frente a Calcis, en Eubea.

[235] Euripo, estrecho que separa a la isla de Eubea del Ática y de la Beocia, famoso por los singulares remolinos que en él producen el flujo y el reflujo.

[236] Sirio es una estrella muy brillante que forma un ojo de la constelación de Taurus o el Toro. No está, sin embargo, inmediata a las Pléyades, por cuya razón hay que suponer con M. de Boissonnade que el poeta emplea la palabra Sirio en el sentido de estrella muy reluciente.

[237] Tindáreo, hijo de Ébalo, rey de Esparta, y esposo de Leda, madre de Clitemnestra, mujer de Agamenón.

[238] Testio, rey de Etolia.

[239] Calcas, célebre sacrificador y adivino griego, hijo de Téstor, que, según dice Homero, murió despechado al verse vencido en su arte por Mopso.

[240] Taltibio, heraldo del ejército griego.

[241] Calcis, capital de la Eubea, y esta isla grande, de forma oblonga, hoy Negroponte, en el mar Egeo, que se extendía a lo largo de las costas del Ática, de la Beocia, de la Lócrida y de los Melieos, desde el cabo Sunio hasta la Tesalia.

[242] Esta Aretusa, porque hay otras tres, es de la Eubea.

[243] Protesilao era rey de una parte de la Tesalia, y Palamedes, hijo de Nauplio, rey de la Eubea e inventor del juego de ajedrez.

[244] Héroe cretense que con Idomeneo fue a Troya con las naves de Creta.

[245] Nireo, rey de Naxos, hijo de Caropo y de Aglaya, el más hermoso de los griegos de la expedición a Troya después de Aquiles.

[246] Quirón, centauro famoso por su sabiduría, pedagogo y maestro de Aquiles.

[247] Eumelo, hijo de Admeto y nieto, por tanto, de Feres, padre de Admeto, reyes de una región de Tesalia.

[248] Porque su madre Tetis era nereida.

[249] Euríalo, según La Ilíada.

[250] Uno de los siete sitiadores de Tebas.

[251] Teseo, personaje histórico, héroe griego y fundador de Atenas, pero cuya vida ha llegado hasta nosotros exornada con innumerables fábulas. Créese que floreció en el siglo XIII o XIV antes de Jesucristo. No se sabe quién puede ser este hijo, porque en La Ilíada, de donde está tomado este pasaje, no se dice nada del hijo de Teseo.

[252] Cadmo, hijo de Agénor, rey de Fenicia, fundó a Tebas, en la Beocia, e importó en Grecia la escritura fenicia. Sembró los dientes de un dragón y nacieron hombres, y uno de ellos fue Leitos.

[253] La Fócida era una región de la antigua Grecia, entre la Beocia al E, la Etolia al O, el mar de Eubea al NE y el golfo de Corinto al S, y rodeada de las tres Lócridas. Delfos y el Parnaso estaban en su territorio.

[254] Áyax el impío, no el de Salamina; Tronio era la capital de su reino.

[255] Néstor, rey de Pilos y de los mesenios, hijo de Neleo y de Cloris, héroe griego, notable por su edad avanzada y por su prudencia. Pilos era una ciudad de la Mesenia, en frente de Esfacteria, que desempeñó un papel importante en la guerra del Peloponeso. El Alfeo era un río de la Élide.

[256] La Élide era una región pequeña del Peloponeso, en su parte occidental, entre la Acaya y la Mesenia, que comprendía varios estados insignificantes autónomos, y a Olimpia, tan célebre por sus juegos. Todos estos personajes y pueblos no merecen aclaraciones prolijas, que serían además superfluas e impertinentes. Otro tanto puede decirse de los tafios, que le siguen, porque todo esto discrepa de las tradiciones y datos autorizados preexistentes acerca de la guerra de Troya y del ejército griego. Solo añadiremos que las islas Equínadas estaban situadas en el golfo de Corinto, frente a la desembocadura del Aqueloo.

[257] Parece probable, o casi seguro, que en esta larga tirada de versos del Coro hay interpolaciones posteriores a la fecha de la composición de esta tragedia por Eurípides, desde el Epodo, que sigue a la primera estrofa y antístrofa, hasta su conclusión. Lo advertimos así a los lectores, y nos fundamos para hacerlo en la extensión innecesaria y evidentemente absurda de este pasaje, en su inoportunidad manifiesta, en su contradicción con cuanto ha escrito el poeta en casos análogos, en la ignorancia de las exigencias escénicas del autor, sea el que fuere, en la impropiedad de que esas mujeres, que, como fugitivas y avergonzadas, vieron la armada griega, se fijaran en lo que no pudieron contemplar con detenimiento ni tampoco interesarles, y, por último, en el fondo, en la forma y en la exposición y los detalles. No ya Eurípides, ningún poeta mediano se hubiera atrevido a estampar su nombre al pie de centón semejante, prosaico y no bueno, sin orden ni concierto, plagado de inexactitudes, y en abierta oposición con La Ilíada, su fuente, que sabían de memoria los griegos, y a la que rendían todos un verdadero culto.

[258] Esta comparación de Clitemnestra y de Ifigenia con las yeguas y su lavado de pies en la fuente, nos chocan, desde luego, y han chocado también antes a otros, porque algunos lo han suprimido. No imitamos su ejemplo porque, como traductores, no estamos autorizados para enmendar la plana al autor, diga lo que dijere, a no ser alguna indecencia o porquería inadmisible por completo. Por otra parte, la relación común entre los dos términos del símil es la de la mayor libertad, y en este sentido es exacta. Además, a un niño inocente se asemeja con frecuencia un corderillo, y hasta a algo más alto y sagrado, un valiente a un león, un hombre sanguinario a un tigre, etc. La consideración y el respeto que sentimos y demostramos a la mujer influye también en nuestro desagrado, pero conviene no olvidar que las costumbres, ideas y sentimientos de los griegos del tiempo de Eurípides eran más sencillos y naturales que los nuestros, y que los de la época de la guerra de Troya, en que pasa la acción, lo eran más todavía.

[259] Estos cestos contenían las primicias que habían de ofrecerse en los sacrificios.

[260] En señal de reconciliación.

[261] Olimpo, famoso tocador de flauta.

[262] Egina, isla y ciudad del mar Egeo, entre la Argólida y el Ática, en el golfo Sarónico, llamada así de la ninfa del mismo nombre, hija de Asopo, uno de los ríos helénicos.

[263] Pelión, monte de Tesalia, en Magnesia, al sur, prolongación del Olimpo.

[264] Apídano, río de Tesalia, que nace en el monte Otris, pasaba cerca de Farsalia y desembocaba en el Peneo.

[265] La luna llena, así entre los griegos como en otros pueblos, se ha mirado como causa bastante para influir en la vegetación, en la madurez de los frutos y en la procreación de los animales.

[266] Febea por haber construido Apolo sus murallas.

[267] El texto griego dice así: Δεξιᾶς ἕκατι μὴ μέλλ᾽, εἴ... Como han sido tan diversas las versiones que se han hecho de estas palabras, ambiguas y poco inteligibles para nosotros, sobre todo después de conocer dichas versiones, a semejanza de lo que sucede a los jueces después de oír a los abogados de los litigantes, y hasta se ha llegado a dudar si la diestra en cuestión es la de Clitemnestra o del esclavo, nos atrevemos a disentir de todos y a traducir esta frase de otra manera. La diestra es a nuestro entender de Clitemnestra, porque es lo más natural y sensato suponer que el esclavo, conmovido profundamente por noticias tan aflictivas para su antiguo dueño y la hija de este, Clitemnestra, y por la venida de la madre y de la hija al campamento, y por otra parte deseando vivamente besar o tocar la mano de su señora por afecto, y acaso como medio de contar de antemano con la aquiescencia y el permiso de ella para hablarle, diese a entender ese deseo en sus ademanes, retardando, por consiguiente, explicarse, y que Clitemnestra, comprendiéndolo y ansiando oírlo, pronunciase las palabras que escribimos, no opuestas tampoco, sino conformes con la gramática y el significado del texto. La continuación del diálogo entre la señora y el siervo parecen continuar también nuestra opinión.

[268] El Sípilo es un monte de Lidia, en cuya cima se fundó una aldea del mismo nombre, en donde reinó y vivió Tántalo, padre de Pélope, y tronco de la estirpe de los Atridas.

[269] La salsamola o harina salada, la cebada sagrada, el agua lustral y los pelos de la víctima que se arrojaban al fuego componían las ofrendas de las sacrificios.

[270] Ínaco, fundador del reino de Argos, era un fenicio que al frente de un ejército compuesto de pastores fenicios, egipcios y árabes, conquistó la parte del Peloponeso llamada la Argólida, y reinó allí sesenta años.

[271] Este Tántalo no es ni puede ser el fundador del linaje de los Atridas, como dice uno de los traductores extranjeros de Eurípides, a quien no nombramos, sino otro Tántalo, primo hermano de Agamenón e hijo de Tiestes, su tío, esto es, de la misma familia de Egisto, el amante adúltero de Clitemnestra y asesino con ella de Agamenón.

[272] Por haber soñado su madre Hécuba que daría a luz una antorcha que abrasaría a Europa y Asia.

[273] Sísifo, hijo de Eolo y nieto de Heleno, cuya concubina, Anticlea, fue la madre de Odiseo. Fundó a Éfira, después Corinto, e instituyó los juegos ístmicos. Cometió grandes crímenes, y murió al fin a manos de Teseo. Hades le concedió volver a la tierra un solo día para hacerse enterrar, y no quiso regresar al infierno, siendo entonces condenado a subir un peñasco a lo más alto de una roca escarpada, desde cuya cumbre caía de nuevo en el abismo.

[274] Perseo, héroe griego, hijo de Dánae y de Zeus, que se convirtió en lluvia de oro para poseerla. Cortó la cabeza de la gorgona Medusa, de cuya sangre brotó el caballo Pegaso, y al fin sucedió a su abuelo Acrisio en Argos, fundando a Micenas con murallas pelásgicas o ciclópeas.

[275] Las llama el poeta paternales porque el sacrificio es en favor de su padre, y por lo mismo se dice antes que Agamenón toque el ara con su diestra, para que le sea propicio.

[276] Táuride, puerto del Quersoneso Táurico (Crimea), en donde habitaban los tauros, pueblo escita o medio escita, que inmolaban a su gran diosa Opis, o Artemisa Ortia, víctimas humanas.

[277] Pisa, capital de la Élide, en donde reinaron Enómao y Pélope.

[278] Estrofio era rey de la Fócida y padre de Pílades, el amigo inseparable de Orestes, y esposo después de la misma Ifigenia. Electra, hermana de Orestes, lo envió a la corte de Estrofio para salvarlo de las asechanzas de su madre Clitemnestra y de su amante adúltero Egisto.

[279] Estos dos peñascos que se besan son las Simplégades o Cianeas, en el Bósforo, el uno en Asia y el otro en Europa.

[280] Dictina, invocación de Artemisa, cazadora, que tiende redes, de δίκτυον, red.

[281] El texto aparece aquí tan embrollado y confuso, y la significación de las palabras tan oscura e ininteligible, que no es extraña, sino, al contrario, muy natural la diversidad de versiones que se han hecho. La intención del poeta es sin duda recordar los crímenes espantosos de la estirpe de los Atridas, raza maldita, que inspiraron repugnancia y horror hasta a los dioses, y entre ellos al Sol, el más impasible, cuya aversión y enojo se manifestó de dos maneras, alejándose hacia el Sur y aumentando el frío en nuestro hemisferio boreal, cuando comenzaron los Tantálidas y Pelópidas sus fechorías, y ocultándose o eclipsándose cuando Tiestes robó a su hermano Atreo el cordero de vellón de oro, cuyo poseedor había de ser el rey de Argos, y Atreo, en venganza, dio a comer a Tiestes su mismo hijo.

[282] Los Titanes eran hijos de Titán; hermano primogénito de Cronos, a quien cedió el reino del cielo con la condición de no criar hijo varón alguno; y como no cumpliera su palabra, se sublevaron contra él los Titanes, batallando entre sí los dioses, y siendo vencidos los Titanes. Después los Gigantes, parientes próximos de los Titanes, guerrearon también contra Zeus, para vengar a los Titanes y despojarle del cetro, en cuya lucha tomaron parte Heracles y otros dioses, entre ellos Atenea. Esto estaba representado en el rico y artístico peplo de Palas, que se sacaba en procesión en Atenas, a lo cual alude Eurípides.

[283] Melicertes, hijo de Atamante y de Ino, huyendo con su madre de su padre, se precipitó en la mar. Fue transformado en una deidad marina bajo el nombre de Palemón. Ino, numen también marino como su hijo, fue llamada Leucótoe.

[284] Nereo, dios marino, esposo de Doris y padre de las nereidas, ninfas del mar, habitaba en el mar Egeo.

[285] Viento de Zeus, favorable a sus deseos.

[286] Eurípides dice aquí que Clitemnestra no acompañó a Ifigenia a Áulide, y lo contrario en la Ifigenia en Áulide.

[287] Adviértase que el poeta no afirma que sea necia Artemisa, ni ignorantes los dioses que se regalaron con las carnes de Pélope, el hijo de Tántalo, sin conocerlo, a pesar de ser dioses, sino solo que esas invenciones y patrañas son obra de los hombres.

[288] Ío, hija del río Ínaco, amada por Zeus, que la transformó en vaca para librarla de los celos de Hera. Guardada y vigilada por Argos, el de los cien ojos, le fue robada por Hermes, que lo durmió con sus artes, y picada después por un tábano, enviado también por la celosa cónyuge de Zeus, que la obligó a emprender esas carreras furiosas a que alude Eurípides.

[289] Eurotas, río de Esparta, y Dirce, fuente famosa inmediata a Tebas.

[290] Los peñascos que se juntan son las Simplégades o Cianeas, y los escollos Fineos, otros peñascos peligrosos inmediatos, y Leuca o Léucade, una isla cerca de la desembocadura del Danubio, en donde se suponía que habitaba Aquiles con su madre Tetis.