ÁGAVE
¡Bacantes asiáticas!
EL CORO
¿Para qué me llamáis?
ÁGAVE
Traemos de los montes al palacio hiedra recién cortada y rica presa.
EL CORO
Ya la veo: bienvenida seas, ¡oh compañera de mis danzas!
ÁGAVE
Cogí sin lazos... este león nuevo, como puedes verlo.
EL CORO
¿En qué desierto?
ÁGAVE
En el Citerón.
EL CORO
¿Qué hizo el Citerón?
ÁGAVE
Lo mató.
EL CORO
¿Cuál fue la primera que lo hirió?
ÁGAVE
Mío es este honor. Yo, la bienaventurada Ágave, seré inmortal en las asambleas báquicas.
EL CORO
¿Y cuál después?
ÁGAVE
Los descendientes...
EL CORO
¿Qué descendientes?
ÁGAVE
Los de Cadmo; pero después que yo, después que yo se acercaron a esta fiera.
EL CORO
¡Felices vosotras, que os apoderasteis de tal presa!
ÁGAVE
Ya participarás del banquete.
EL CORO
¿De qué banquete, desventurada?
ÁGAVE
Este novillo, tierno aún, tiene en sus mejillas vello reciente, y suaves cabellos adornan su cabeza.
EL CORO
Notable es su melena; como de salvaje alimaña.
ÁGAVE
Dioniso, prudente cazador, excitó sabiamente a las ménades a cazarlo.
EL CORO
Este rey es el que preside a la caza.
ÁGAVE
¿Lo apruebas?
EL CORO
¿Cómo no? Lo apruebo.
ÁGAVE
Y después también los cadmeos...
EL CORO
Y Penteo también a su madre...
ÁGAVE
Alabará por haber apresado a este león.
EL CORO
Hermoso, en verdad.
ÁGAVE
Hermoso, en efecto.
EL CORO
¿Te alegras?
ÁGAVE
Me alegro por las grandes, por las grandes hazañas que se han ejecutado en esta región.
EL CORO
Enseña, pues, ¡oh desventurada!, enseña a los ciudadanos el trofeo que traes de tu victoria.
ÁGAVE
¡Oh vosotros!, que habitáis la ciudad bien fortificada de este campo tebano, venid y veréis esta presa, esta fiera que apresamos nosotras las hijas de Cadmo, no valiéndonos de los aguzados dardos tesalios, no de redes, sino de los dedos de nuestras blancas manos. ¡Vanagloriaos, pues, ahora, y preparad, fabricando lanzas, inútiles armas! Nosotras con esta mano nos apoderamos de él y en diversos trozos portamos sus miembros. ¿En dónde está mi anciano padre? Que se acerque. Y mi hijo Penteo, ¿en dónde está? Que traiga escalas de compactos peldaños, y clave en los esculpidos artesonados esta cabeza de león que os presento.
CADMO
Seguidme, cargados con el cadáver del mísero Penteo; seguidme, siervos, al palacio: con mucho trabajo encontré su pecho despedazado en las gargantas del Citerón, no en donde lo inmolaron, sino en lo más áspero de la selva, en lugar oculto y de difícil acceso. Contáronme las maldades que han cometido mis hijas al atravesar las murallas y penetrar en la ciudad, acompañado de Tiresias a mi vuelta de las bacanales; y regresando otra vez al monte traigo aquí a mi hijo, muerto a manos de las ménades. Y vi a Ino y a Autónoe, que de Aristeo dio a luz en otro tiempo a Acteón, danzando todavía furiosas, y alguno me dijo que Ágave se dirigía aquí con pie báquico, y no fue falso, en verdad, que la veo, y al mismo tiempo un espectáculo nada grato.
ÁGAVE
Mucho, ¡oh padre!, puedes vanagloriarte por haber engendrado dos hijas de las más ilustres; todas ellas lo son y yo principalmente, que, dejando la tela en la lanzadera, acometo más altas empresas, apresando en persona a las fieras. Ves en mis brazos la recompensa que ha tenido mi valor, para que puedas clavarla en tu palacio. Acéptala, ¡oh padre!, y gozoso con el fruto de mi caza, convida a tus amigos: bienaventurado, bienaventurado eres por haber dado el ser a hijas capaces de tales hazañas.
CADMO
¡Oh asesinato funesto, fuente de inagotable llanto! ¡Y tú lo has perpetrado con tus manos desventuradas! Inspirada por los dioses celebraste este sacrificio y me invitas al festín y también a Tebas. ¡Ay de mí! ¡Qué desdicha para ti y para mí también! Justamente, aunque con rigor, nos perdió el dios, el rey Bromio, a pesar de su parentesco con nosotros.
ÁGAVE
¡Cuán molesta es para los hombres la vejez, y cuán triste su aspecto! ¡Ojalá que mi hijo sea afortunado en la caza, y tan ingenioso como su madre, cuando persiga a las fieras con los jóvenes tebanos! Pero solo sabe resistir a los dioses. Tú, ¡oh padre!, y yo también debemos aconsejarle que no se complazca siguiendo las lecciones de malhadados maestros. ¿En dónde está? ¿Quién lo llamará para que venga a verme tan gozosa?
CADMO
¡Ay, ay de mí! Grave dolor ha de causarte tu acción, cuando recobres el juicio; si siempre permanecieras así, aunque no fuerais felices, no conoceríais, sin embargo, toda la extensión de vuestro infortunio.
ÁGAVE
¿Pero hay en todo esto algo que no te parece bien o es causa de pena?
CADMO
Primeramente mira el aire con tus ojos.
ÁGAVE
Así lo hago. ¿Por qué me lo mandas?
CADMO
¿Es para ti el mismo, o crees que ha variado?
ÁGAVE
Figúraseme más transparente y que brilla más que antes.
CADMO
¿Sientes todavía en tu alma la misma perturbación?
ÁGAVE
No entiendo lo que dices, pero poco a poco recobro mi juicio y vuelvo a mi estado natural.
CADMO
¿Oirás lo que te diga? ¿Me responderás con claridad?
ÁGAVE
Como que ya no me acuerdo de lo que acabo de decir, ¡oh padre!
CADMO
¿A que palacio viniste después de celebrar tu himeneo?
ÁGAVE
Me casaste con Equión, hijo, según dicen, de los dientes del dragón, que se sembraron.
CADMO
¿Qué hijo nació en ese palacio, de tu marido y tuyo?
ÁGAVE
Penteo, fruto de nuestra unión.
CADMO
¿Y cúya es la cabeza que sostienes con tus brazos?
ÁGAVE
De un león, según dijeron las cazadoras.
CADMO
Mírala con cuidado; poco cuesta observarla.
ÁGAVE
¡Ay de mí! ¿Qué veo? ¿Qué es esto que traigo en mis manos?
CADMO
Contémplalo y examínalo atenta.
ÁGAVE
¡Desventurada de mí! ¡Contemplo la mayor desventura!
CADMO
¿Te parece ahora semejante a un león?
ÁGAVE
No. ¡Qué infortunada! Tengo en mis manos la cabeza de Penteo.
CADMO
Llorado antes de ser reconocido.
ÁGAVE
¿Quién lo mató? ¿Cómo ha venido a mi poder?
CADMO
¡Mísera realidad, cuán intempestiva eres!
ÁGAVE
Habla, porque tiemblo al pensar en lo que vas a decir.
CADMO
Tú y tus hermanas lo matasteis.
ÁGAVE
¿En dónde pereció? ¿En el palacio, o en qué lugar?
CADMO
En donde tus perros despedazaron antes a Acteón.
ÁGAVE
¿Y por qué fue al monte este desdichado?
CADMO
Fue a burlarse del dios y de tus bacanales.
ÁGAVE
¿Pero cómo nosotras nos acercamos a él?
CADMO
Estabais furiosas, y toda la ciudad corría al mismo tiempo agitada por el ardor báquico.
ÁGAVE
Dioniso nos perdió; al fin lo entiendo.
CADMO
Lo injuriabais no adorándolo.
ÁGAVE
¿Pero en dónde está el cuerpo de mi hijo muy querido, ¡oh padre!?
CADMO
Aquí, habiéndolo encontrado con no poco trabajo.
ÁGAVE
¿Pero no ha sufrido mutilación alguna?
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
ÁGAVE
¿Y qué relación hay entre Penteo y mi locura?
CADMO
Os imitó no adorando al dios. Sin duda por esto padecisteis igual daño así él como vosotras, y arruinasteis a esta familia y a mí, que, no teniendo hijos varones, veo, ¡oh desventurada!, muerto torpe y tristemente a este fruto de tu vientre; que en ti, ¡oh hijo!, cifrábamos todos nuestra esperanza, y tú eras nuestro báculo, hijo de mi hija, venerado de los ciudadanos; ninguno, solo al mirarte, se atrevía a ofenderme en mi vejez, que pronto le hubiese alcanzado justo castigo. Despreciado ahora, me echarán de este palacio, a mí, aquel famoso Cadmo que sembró el linaje de los tebanos y segué óptima mies lisonjera. ¡Oh hijo!, el más amado de los hombres, aunque no existas, siempre serás el más querido, ya que no tocaré más esta barba con mi mano ni abrazarás más al padre de tu madre, diciéndole: «¿Quién te injuria, anciano? ¿Quién te desprecia? ¿Quién aflige tu corazón? ¿Quién te ofende?, dímelo que yo castigaré al que tal haga, ¡oh padre!». Ahora soy desdichado, y tú también, y tu madre y tus infelices hermanas dignas de lástima. Así, si alguno no venera a los dioses, acuérdese de la muerte de Penteo y crea en ellos.
EL CORO
Duéleme tu suerte, ¡oh Cadmo!; tu nieto ha recibido el castigo que merecía, aunque te llene de amargura.
ÁGAVE
¡Oh padre!, ya ves cuánto he cambiado... si no cometiese este crimen que debo expiar.[193]
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
DIONISO
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
dragón serás, cambiando de forma, y tu esposa Harmonía, hija de Ares, con la que te casaste, siendo tú mortal, será convertida en fiera serpiente. Con tu esposa guiarás una yunta de novillos, como dice el oráculo de Zeus, y reinarás entre los bárbaros. Y con tropas innumerables derribarás muchas ciudades; pero cuando devastaren el oráculo de Apolo será infeliz su vuelta.[194] Ares, sin embargo, te salvará, y también a Harmonía, y te llevará a vivir al país de los bienaventurados. Yo, Dioniso, lo digo, no nacido de padre mortal, sino de Zeus. Si hubieseis sido prudentes, cuando no queríais, os hubiese ayudado el hijo de Zeus, y sería feliz vuestra suerte.
ÁGAVE
¡Oh Dioniso!, nosotros te suplicamos que nos perdones nuestros pecados.
DIONISO
Tarde lo conocéis, no cuando debíais.
ÁGAVE
Así lo confesamos; pero es cruel tu venganza.
DIONISO
Vosotros, siendo yo dios, me injuriabais.
ÁGAVE
Los dioses no han de imitar a las mortales.
DIONISO
Zeus, mi padre, lo había decretado largo tiempo hacía.
ÁGAVE
¡Ay, ay de mí! Condenados estamos, ¡oh Cadmo!, a mísero destierro;
DIONISO
¿Por qué, pues, vaciláis en cumplir vuestro destino?
CADMO
¡Oh hija, qué deplorable es nuestra suerte, y tú qué desdichada, y cuánto tus hermanas! Yo, mísero anciano, pediré hospitalidad en tierra extranjera, y obediente al triste hado, traeré a la Grecia mis tropas de bárbaros, y a la hija de Ares, a Harmonía, mi esposa, convertida en dragón espantoso, como yo, al frente de mi ejército, a devastar los altares y sepulcros griegos, y será tanta mi desdicha, que nunca me veré libre de males, ni tranquilo pasaré el Aqueronte en la navecilla.
ÁGAVE
¡Oh padre!, y yo, separada de ti, seré también desterrada.
CADMO
¿Por qué me abrazas, ¡oh hija desdichada!, como si fuese un cisne, blanca ave agobiada por los años?
ÁGAVE
¿Adónde iré, expulsada de mi patria?
CADMO
No lo sé, hija; de poco puede servirte tu padre.
ÁGAVE
¡Adiós, palacio, adiós, ciudad en que nací; mísera desterrada de mi hogar, te dejo presa de amarga pena!
CADMO
Busca, ¡oh hija!, a Aristeo...
ÁGAVE
¡Por ti lloro, padre!
CADMO
¡Y yo por ti, hija, y por tus hermanas!
ÁGAVE
Cruel es el castigo que el rey Dioniso da a tu familia por la injuria que le hicisteis.
CADMO
Atroz fue también el agravio no honrándose en Tebas su nombre.
CADMO
¡Adiós, hija desdichada! Difícilmente recobrarás tu alegría.
ÁGAVE
Guiadme, ¡oh amigas!, en busca de mis hermanas, que me acompañarán en el destierro. Lejos iré del abominable Citerón, en donde no lo vean mis ojos, ni sepan lo que es tirso. De él cuidarán otras bacantes.
EL CORO
Bajo múltiples formas se muestra el hado, y muchas cosas que no se esperan hacen los dioses y lo que se aguardaba no viene, y el cielo les da fin inopinado. Así ha sucedido ahora.