TRAGEDIA POLICIANA

EN LA QUAL SE TRACTAN
LOS MUY DESGRACIADOS AMORES DE POLICIANO E PHILOMENA,
EXECUTADOS POR INDUSTRIA DE LA DIABOLICA VIEJA CLAUDINA,
MADRE DE PARMENO E MAESTRA DE CELESTINA

EL AUCTOR[495] A VN AMIGO SUYO

Si la soledad de mi vida, muy noble señor, no ouiera faborescido a vuestro desseo, dandome tanta copia de oçiosidad en este desierto, ni yo cumpliera con esta obra aunque començada, ni vos señor gozarades desto que con tanta insticia[496] (sic) tantas vezes me aueys pedido. Porque despues que los dias passados puse en ella la primera pluma he tenido tantos desaguaderos para no acabarla, que solamente el desseo de satisfazeros me hizo tornar a la primera ymaginacion, la qual infinitas vezes tuue condenada al fuego. Pero, ocasion de gastar el tiempo, de quitarme de guardar los cantones, e de hazer mi persona vagabunda, junto con daros a vos este plazer, ha seydo parte para que ella se acabe: rescebirla heys con mi voluntad, quitando de las sobras de vna para cumplir las faltas de la otra.

A LOS ENAMORADOS[497]

El falso Cupido, por quien padescemos
Litigios y enojos que no sé dezillos,
Burlando, burlando nos echa[498] sus grillos,
Adonde metidos salir no podemos.
Captiuos, subjectos, sus graues extremos
Humillan, e baten el seso e razon,
E quando amor finge soltar la prision,
La pena es tan dulce, que más la queremos.
Los casos fallaçes que amor vrde e trama
Estando el amante ya puesto en cadena,
Rebueltas que causa, passiones que ordena,
Sospechas, recelos que pone en la dama,
Eclipsan la vida y enturbian la fama,
Borrando lo illustre con vicios muy feos.

Abaten y allanan los altos desseos.
Si amor da vn descanso, mil cuentos derrama.
Tan gran negligencia, tan cierta locura,
Juzgad si meresce castigo menor.
Andando el mundano siguiendo al amor,
Ni espera sossiego ni avn hora segura.
Fallesce en la casa de amor la cordura.
Está transformada memoria en oluido.
Razon no paresce y ausenta el sentido.
Notad, amadores, qué es vuestra holgura.
Andays tras vn viento de amor acossados,
Ni el alma descanssa ni el cuerpo reposa,
Dezís que es amor y es muerte rauiosa.
Estays ya mortales con gustos dañados.
Zelosos del cielo, dexad los pecados
Y en solo buscarle poned la memoria.
Porque si aueys del mundo victoria,
De gloria e honor sereys coronados.
Amen.

EL ACTOR AL LECTOR

Doctrina es del apostol sant Pablo, y escriuelo a Timoteo, que vendra vn tiempo en que no se esperará el consejo sano, e será estimado el maestro que halagare a las orejas de los malos, e que apartados los oydos de la doctrina de verdad se conuertiran los hombres a oyr las fabulas e fictiones. Considerando yo que esta prophecia apostolica del todo en nuestros tiempos con nuestras maldades se va cumpliendo, e que a causa de la malicia tan encastillada en el mundo, la caridad está muy resfriada, acordé, no tanto por faborescer la opinion[499] de los malos quanto por seguir el exercicio de algunos escriptores buenos, ocuparme en componer esta escriptura: con la qual, aunque debaxo de algun color ridiculo, tomen auiso los malos mançebos de los desastres que el amor encubre con el çeuo del deleyte mundano. Verdad es que todo lo que en este caso yo puedo dezir, está tan dicho e por tan graues varones tan repetido, que paresce demasiado y aun malgastado el tiempo en que yo me he desuelado buscando nueuas inuenciones de auisar. Pero si mi principal intento caresciesse de buen fructo, a lo menos conseguire lo segundo, que será gozar de algun tiempo recogido e libertarme del nombre de ocioso. Agradóme esta manera de escreuir, ansi porque conozco estar açepta en el vulgo, como por estar alabada por antiguos Poetas e oradores, e por Horatio en su arte de poesia no menos autorizada por estas palabras: Omne tullit punctum qui miscuit vtile dulci. Lectorem delectando pariterque monendo. Las quales palabras tienen esta sentencia: aquel dió en el blanco e lleuó el nombre de bien escreuir e de tal manera mezcló lo prouechoso con lo dulce que juntamente dió auiso e deleytó las orejas del oyente. Pues aunque en esta mi obra no falten palabras graciosas, e apazibles donayres, tampoco la hallarán tan desnuda de erudicion que si para mientes el auisado Lector no halle tocados en ella los sobresaltos, las angustias, las affrentas, los sinsabores, las poquedades, los abatimientos, los gastos e prodigalidades, e finalmente el total perdimiento de los professores del amor. Los quales con su caliginosa enfermedad biuen tan çiegos, que todo el mundo los escarnesce, e los murmura, e los engaña e finalmente anda con ellos en assechanças, e nunca los malauenturados llegan a ver su abatimiento hasta que como çiegos sin guia dan de ojos en el hoyo de vergonçosa pobreza[500] en esta vida y en el lago de eterna condenacion en la otra. Quál de los hombres si no está desanimado, no teme aquel Diabolico embeuescimiento, e aquel no comer de dia, e velar de noche, e aquel esperar de ventana con aquel si sale, no sale, cata que assoma, escondete que viene su padre, o su marido, daca el manto para la alcahueta y el dote para su hija, aquel poco concierto en la casa, e menos cuenta con la conciencia; aquel no poderse arrepentir de su afficion, e aquel continuo mentir en confession. De lo qual se viene a hazer en el hombre vn habito tan endurescido, que viene el tiempo de la vejez, y avn el dia de la no esperada muerte, e ansi como acá fueron martyres del diablo, por justa sentencia seran coronados de eterno fuego en el infierno. Pues si en alguna manera para alumbrar a los amadores del mundo de vna çeguedad tan notable esta mi obra fuesse prouechosa, paresce me que antes se deue tener por saludable pildora embuelta y engastada en oro apazible, que por çaraça mortifera con pan blanco dissimulada. E si alguno con su parescer, mi obra quisiesse condenar por sospechosa, a lo menos no me puede negar ser mi voluntad virtuosa. Pues en el processo de mi escriptura no solamente he huydo toda palabra torpe, pero avn he euitado las razones que puedan engendrar desonesta ymaginacion, porque ni mi condicion jamas se agradó de colloquios suzios ni avn mi profession de tractos dissolutos. Si alguna cosa aqui se hallare digna de algun mundano loor, suplico al discreto Lector no lo atribuya a mi, que soy tal que de mi cosecha no tengo sino todo mal, saluo aquel que es la fuente manantial de todo el bien. E si algo paresciere que a los oydos del honesto e casto Lector haga offensa, crea de mí que no lo digo con animo desonesto, sino porque el phrasis e decor de la obra no se peruierta. Vale.

NOTAS:

[495] Alctor, en el original.

[496] Sic, por iusticia.

[497] Las iniciales de estos versos dan el nombre del autor, El Bachiller Sebastián Fernández.

[498] En el original, no echa.

[499] Suplida la i primera de esta voz.

[500] Popreza, en el original.


ARGUMENTO DEL PRIMERO ACTO

Policiano, cauallero de illustre sangre, auiendo visto a Philomena, hija de Theophilon e de Florinarda, en vna huerta, e preso de la yerua enamorada de Cupido, viene a su casa dando gemidos por el dolor que la vista de Philomena le ha causado. Llama a Solino su criado, con el qual toma consejo para començar el seguimiento de sus amores. Solino le aconseja que escriua a Philomena vna carta: lo qual ansi acordado, se acaba este primero acto.

INTRODUZENSE EN ESTA TRAGEDIA[501]

Policiano, Solino e Salucio sus criados e Siluanico su paje. Cornelia e Orosia, rameras. Palermo e Piçarro, rufianes. Claudina, alcahueta, e Parmenia su hija, e Libertina su criada. Theophilon e Florinarda, e Philomena, e Dorotea su criada. Machorro e Polidoro, hortalanos. Pamphilo e Siluerio, criados de Theophilon, y Celestina.

Policiano. Solino[502].

[Pol.]—Despues que mis ojos temerariamente miraron aquella diana figura, ante quien no eran dignos de parescer, ay de mí, que siento en lo secreto de mis entrañas continua guerra, sin rostro de ninguna paz. O desdichado de ti Policiano; ¿qué es de ti, adónde pusiste tu libertad? Es possible[503] mitigarse con los diluuios de mis lagrimas el fuego que mi corazon abrasa.

O amor, insanable enfermedad, o seuero e cruel cupido, pues con tanta crueza hieres a quien te sirue, qué será de aquel que te enojare? O infelix nocturno dia en que mis ojos te miraron, Philomena, pues me succedio junto mirarte y el perdimiento de mi libertad. O eclipsado de mí, a quién boluere mis ojos en absencia de Philomena que es la lumbre dellos? Con quién me consolaré, pues me mata todo género de consuelo? Quién dara rastro de vida á quien biue con tan dulce muerte? O Philomena, Philomena, si supiesses mi dolor imposible es que mouida con piedad no dixesses: cuytado de ti Policiano. Pues si de mí tienes compassion en la muerte, para qué quiero yo de oy más[504] la vida? pues cuytado yo, si muero, que sé yo si tú mi señora te sirues o te desplaze? por fe tengo que el subjecto e fuerças que me ha dado naturaleza, no son para más que padescer por ti mi señora. Pues bienauenturada passion que tan alto tiene el objecto. Moços, moços.

Sol.—Señor.

Pol.—Ven acá, amigo Solino, ayudame a sentir mi mal.

Sol.—Y qué mal tan grande tienes que a solas no le puedas passar?

Pol.—O loco insensible, pues en las piedras haria sentimiento lo que mi solo coraçon padesce.

Sol.—Mas de veras, señor, qué mal es el que tanto te duele? dimelo, que si es dolor affable, no puede faltarle remedio. Ha te mirado algun basilisco? o aojote alguna hechizera?

Pol.—Quien tiene poder en la vista para sanar la enfermedad de la muerte puso los ojos en mí y ha puesto en cuentos mi vida.

Sol.—Pues al hombre dichoso la puerca le pare perros. Yo juro al sancto martilojo que has topado con alguna putilla.

Pol.—Qué es esso que dizes?

Sol.—Ya es dicho, señor. Por la fe en que creo, que estás dessemejado. Dime tu mal, si a ti te paresce que tiene remedio y no me tengas suspenso con tu callar.

Pol.—Qué remedio puede tener dolencia que sana con la muerte?

Sol.—Arriedro vaya tan mala cura, pues si con morir se sana, que será el fin peor de tu enfermedad.

Pol.—Lo más malo que ay en mi mal es quedar con la vida que yo biuo.

Sol.—Y lo mejor?

Pol.—Morir en seruicio del amor.

Sol.—Y esse amor qué premio da a quien por seruirle pone la vida?

Pol.—Satisfaze la voluntad del amante, que de penar toma sabor, y al fin corona sus martires de aquella gloria suaue que para ellos tiene aparejada, cuyos fructos son dignos de todo precio.

Sol.—Ora pues a tu sabor; finalmente quieres dezir, señor, que eres enamorado?

Pol.—Sí, y con la más alta afficion que en coraçon humano pudo caber.

Sol.—Saluo el guante.

Pol.—Cómo es esso?

Sol.—Digo, señor, que dichoso tan buen amante; y tiene nombre la señora?

Pol.—Nombre de tanto merescimiento, que no ay hombre digno de traerle en su boca.

Sol.—Ora pues, señor, hablando con honor de nombre tan reuerendo, me di quién es essa dama, y entendamos en tu remedio, que por los euangelios es lástima uer tu gesto despues que andas en esso enbeuido.

Pol.—O mi Solino: quánto es mayor mi sentimiento que las señales que en mí parescen; dime, Solino, dueleste de mi mal?

Sol.—O, pese a la fe de los moros, si me duele me preguntas? más me pesa tu pena que si fuesse propia mia.

Pol.—O pue[505], y cómo es poco el sentimiento que en ti paresce!

Sol.—De puro discreto no te doy a entender la pena que rescibo, porque mi sentimiento no enternezca tu dolor. Cuenta me, señor, qué fue el principio de tu mal e mira lo que yo puedo y dexarás todos temores.

Pol.—O Solino, mi fiel criado, pues ya me determino de poner en tu pecho mi tan profundo e secreto dolor, ruego te por la fidelidad que me deues, no como temeroso criado, sino como muy fiel amigo, que siempre en ti sea tan secreto quanto en mi pecho hasta agora secretamente me ha dado tormento. E mira que oy siendo señor me hago tu esclauo, pues en dar te mi secreto no te doy menos que mi libertad; y debaxo desta confiança has de saber, mi Solino, que ha pocos dias que passando yo a la huerta de los cipresses por mirar la ribera que muy apazible estaua, entre los naranjos y limones, vi acompañada de ciertas donzellas vna que a mi parescer priuaua al Sol de su resplandor phebeo: de cuyo ojos y aspecto inuisiblemente salio vna saeta que trauessó e rompio lo secreto de mis entrañas, e dexó tal mi coraçon, qual mi debilitado aspecto con enfermos indicios publica. He tolerado mi pena con el silencio posible, pero quién tendrá el fuego en su seno sin que se abrase e le duela, y el dolor no le consuma? vn rezio diamante se ouiera quebrantado con los golpes que este mi triste coraçon ha padescido, e no sé si mi mal tiene termino en que se acabe.

Sol.—Ora, señor, todo amor es vn pleyto ordinario que al fin tiene sentencia: e como sea muger en cuyas manos tu justicia se aya de sentenciar, o viento, o ventura, o dineros, o ruegos, sé cierto la haran torcer la vara, por muy derecha que la tenga.

Pol.—O mi Solino, que tan firme la hallo en aborrescer, quanto yo me siento en amar.

Sol.—Esfuerça, señor, no desconfies por semejantes disfabores, que no ay cosa tan facil que de su grado se caya ni tan difficil que con la perseuerancia no descubra alguna facilidad. Mayormente que los fauores del amor estan cubiertos con essos sin sauores, para que los enamorados estimen las dulçuras quando vengan. De manera que nunca amor dio plazer sin çoçobra, ni descanso sin trabajo, ni avn fauor sin azedia. Dime por mi vida, señor, el nombre de la dama, no temas de mi fidelidad.

Pol.—O coraçon mio!

Sol.—Grande es la pena que muestras en nombrar a quien tienes por señora. En opinion contraria biues de todos los que bien aman.

Pol.—Ansi mi dolor enamorado es contrario del que mata a todos.

Sol.—Cómo ansi?

Pol.—Quanto es contrario el fuego que me abrasa del agua que a los otros enfria, porque no ay amor sin refrigerios, ni avn trabajo sin esperança de premio, sino este que a mi triste coraçon atormenta.

Sol.—Señor, pues no me dizes cómo ha nombre tu señora, dime cómo se llama tu pena?

Pol.—Philomena.

Sol.—Sancto dios, con buenos ojos la miraste, pues tan bien[506] te parescio.

Pol.—Qué dizes, asno? paresce que mi afficion cubra algun defecto que en ella aya.

Sol.—No digo yo tal. Pero más fuerte era Troya, y fue pisada de los Griegos: agora confiesso que tengas razon de tener passion, pero no de estar desconfiado.

Pol.—Si ay algun rastro de confiança en mi salud, conozco ser yo pusillanimo; di, nescio mal mirado, qué proporcion hallas de mí a Philomena sino la misma que ay de lo finito a lo infinito e de lo soñado a lo verdadero, e de lo biuo a lo que está pintado?

Sol.—No dara vna sin otra.

Pol.—Qué dices?

Sol.—Digo, señor, que a vna muger derribarla con otra.

Pol.—Cómo es esso? quién ay tan fuerte como Philomena, para que en sus ojos offensiuos pueda poner resistencia?

Sol.—Mira, señor, la fortaleza feminil. Porque muchas hembras vimos, conoscimos[507] cuyas honestidades de grandes muros e contramuros fueron guarnescidas y torreadas, y del primero o segundo tropel batidas y aportatilladas: lee las escripturas antiguas y hallarás notables cuentos de hembras por amores infamadas cuya honrra[508] dende la cuna començaron a estar guardadas. Mira a la hermosa Helena con Paris, a Dalida con Sanson, a Bersabe con Dauid. Estas todas matronas illustres fueron o tan recatadas y miradas como Philomena, pero heridas de la saeta enerbolada de Cupido mostraron bien su femenil flaqueza. Comiença, señor, a poner artilleria contra el muro que tan fuerte te paresce, y bate con destreza e confiança la torre que más se te deffendiere, que ansi se batio y assolo la fuerte ciudad de los cartaginenses y la famosa Roma fue abrasada, cuyos contrarios y enemigos con sola tu pusilanimidad boluieran las manos en la cabeça.

Pol.—Mira, nescio, esse Paris, y esse Sanson, y esse Salomon que dizes, acometieron con armas yguales, e sin que de la vna parte ouiesse[509] conoscida ventaja; no auia entre ellos la disparidad tan grande como entre mí e mi señora, pero cuytado yo, qué castigo ay en el mundo con que yo pagasse la temeridad de solo mi loco pensamiento?

Sol.—O sancto dios, y cuánto tienes abatidas las inclinaciones, despues que el amor te hirio! Si Philomena es illustre, tú no eres Cauallero? si ella hermosa, a ti falto te naturaleza? si copiosa en patrimonio, andas tú de puerta en puerta? o, por Dios, señor: no te confundas con la ymaginacion muy alta, ponla en vna medida razonable para que como varon tengas osadia de acometer, e acometiendo sepamos a quántos estados ay agua.

Pol.—Dios te consuele, Solino, que tanto me has consolado. Pues dime tu parescer, tú que hablas con libertad. Dame consejo, pues vale mas errar[510] por el tuyo libre, que acertar por mi parescer apassionado.

Sol.—Señor, el primero acometimiento desta batalla deues hazer con una carta en la qual procura de pintar alguna parte de tu dolor, aunque no tan al natural quanto en el ánima le sientes. Haziendo lo que es possible para que sepa Philomena ser la causa de tu mal. E daremos vn sano remedio, como esta venga a tus manos; y no se diga por ti que eres enamorado y que no lo sabe ella.

Pol.—O dificultoso remedio. Qué sé yo si mi carta que es la suma de mi secreta passion, andará en manos de quien me cause mayor dolor con infamia que el primero que hizo el amor?

Sol.—Cómo ansi?

Pol.—Alterada mi señora con carta mia, vendra mi secreto en el vulgo.

Sol.—No temas, señor, de caer en semejante peligro. Porque las damas illustres son de naturaleza recatadas, e si Philomena no lo fuesse, por el mismo caso deue ser aborrescida. E siendo ella tal, tendra más auiso de callar, quando más alterada, que tú de no gemir quando te sientas penado. Escriue, señor, que aunque aprouechasse poco hacerlo, menos aprouecharia dexarlo.

Pol.—Ora yo me determino de te dar auctoridad, viendo que compasion te ha mouido a remediarme. Yo me entro a escreuir, y tú vete a reposar, pues para mí solo se ha quedado el tormento.

NOTAS:

[501] Esta lista de personajes va en el original según aqui se copia, ó sea después del argumento del 1.º acto, orden de colocación no el más lógico, pero que respetamos para que el lector disfrute del texto en su primitiva forma.

[502] En el impreso original que nos sirve para esta reimpresión, hállase á la cabeza de cada uno de sus actos un grabado que representa las figuras que en él entran.

[503] Possble, en el original.

[504] En el original se lee un las después del mas, que suprimimos por creer sea yerro de la impresión.

[505] Sic.

[506] En el original, tambien.

[507] Así en el original. Quizás deba leerse vimos e conoscimos.

[508] Hanrra, en el original: ¿cuyas honrras?

[509] Ouisse, en el original.

[510] En el original, herrar.


ARGUMENTO DEL SEGUNDO ACTO

Confuso Solino de se auer offrescido a rescebir la carta de Policiano para Philomena, está hablando consigo quando viene Salucio su compañero; van se a dormir en casa de sus amigas, e por el camino cuenta Solino a Salucio lo que con Policiano ha passado, e llegados a la puerta de sus amigas, las hallan en cierto requiebro con vnos rufianes, e passada la renzilla de los celos se acaba este acto.

Solino. Salucio. Palermo. Cornelia. Orosia. Piçarro.

[Sol.]—Agora que mi amo está reposando, e yo en mi libertad para considerar este negocio, paresce me será discrecion mirar bien si de las palabras que le offresci y de las poner en effecto, se me puede recrescer alguna pelazga nueua; porque quien de prissa se determina, muy despacio se arrepiente. Las cosas no consideradas, e con discrecion no preuistas, jamas tuuieron ordenados effectos. Qué sé yo si a esta señora le cayra en tanta desgracia el mensage de Policiano, que antes que de allá saque el pie me hagan dexar la cabeça? no quiero por falta de prouidencia hazer algun desconcierto que por lo menos me cueste la vida. Aqui viene mi compañero Salucio, bien será que lo sepa, y en todo rescebir su consejo, que mas veen dos ojos que vno; todos somos de casa e de fuerça lo entiende todo.

Sal.—Vamos, Solino hermano, a dar por ay vna gatada, veremos aquellas moças y quiça dormiremos en buena cama.

Sol.—Comigo estás a fe de hidalgo; molido estoy de dormir en essos poyos; vamos, e por el camino sabras vn secreto que de nuestro amo he sabido.

Sal.—Di lo que quisieres, que ya viejo es Pedro para cabrero; más sé de essos secretos que pueda contar en diez años; no hay en la ciudad quien no sepa de Policiano hasta el menor de sus pensamientos, y a todos dize que lo cuenta en confession.

Sol.—Pues a mí, pese a tal, no en confession mas en confusion suya y mia me ha dado parte de su pena, y de la causa della, confiando que yo tengo de ser medianero de sus amores. Teniendo respecto al pan que en su casa he comido, plega a Dios no se pague con setenas, no le pude perder verguença, y me determiné a lleuar vna carta suya a Philomena. Despues que en mi libertad me he hallado, he considerado quién es Philomena; no piense el pobre Solino yr por lana y boluer tresquilado, o apaleado.

Sal.—Mira, Solino, mi amigo eres y soy obligado a serte fiel y verdadero. Porque es flaca la fe del amigo, que ningun accidente la torna en lisonja ni falsedad. Quando te determinaste a oyrle, auias de yr aparejado para no caer en algun hoyo o barranco de negligencia. Porque viendo primero la piedra no hiere tanto como la que viene de improuiso.

Sol.—Pues para eso te lo he contado, para que errado[511] me corrijas.

Sal.—El rapaz de Siluanico me paresce que tiene platica con vna moça de Philomena, por donde creo tendra esse negocio mejor corte.

Sol.—Descreo de la ley del quaderno si no apunctas como letrado. Dexa me hazer, que yo le hecharé a Siluanico el gato a las barbas, y avn sacaré desta hecha el ascua con mano agena. Oye oye, Salucio, no creo en la fe de Mahoma, si no ay requiebro con las damas.

Sal.—A la sombra desta pared oygamos lo que passa; conosces a los galanes?

Sol.—Descreo de tal si no es Palermo el padre de las putas y Piçarro su compañero.

Sal.—Ora escucha vn poco la plática.

Pal.—Ola ola, damas, no cesse el fabor al pobre gentil hombre, que descreo de el hijo de la Magdalena, si aya en el Reyno dama más bien seruida que la que por seruidor me tomare; dos estays, y dos estamos, cada vna escoja a sabor de paladar.

Cor.—Mira, señor Palermo, no te engañe la sombra, cata que somos viejas, y no valemos nada para tu servicio.

Pal.—Vieja te me hazes, traydora? por el cuerpo sancto de la rehoyada, si aca abaxo te apañasse, yo te embiasse que la madre Bereçinta no te conosciesse.

Piç.—No es justo, hermosas, que tengays en poco nuestras personas, que despecho del mar e las arenas si no ay damas en la ciudad que se hallassen dichosas de nos tener por amparo, porque si al seruicio de qualquiera cumpliesse hazer campo con diez ó quinze aunque fuessen Diablos, descreo de tal si ay aqui quien les huya la cara.

Oros.—Gentiles hombres, ya es muy noche y paresce deshonesto estar a tal ora a la ventana; mañana de dia a la ora que mandaredes, mi prima e yo holgaremos que deys por aca la buelta.

Pal.—O linda gracia de muger, voto a tal. Qué te paresce, señor Piçarro? quién no perdera mil vidas por ganar tan graciosa joya?

Piç.—Hola, señora Cornelia, mi compañero va perdido por tus amores, e yo no menos por los de la compañera; suplico te, señora, que pues nos vamos me seas buena tercera.

Cor.—Ve, señor, en buena ora, que mañana ay tiempo para todo.

Sol.—O vellacos rufianes, e esta es hora de andar rondando?

Pal.—Huye, huye, Piçarro.

Sal.—Dales, mueran los ladrones, mueran.

Piç.—Aliuia, aliuia, que vienen cerca, sancta Maria val me.

Sol.—Dexalos, dexalos yr a los couardes e tornense por acá de mañana. Qué te paresce, Salucio hermano, del tracto que se traen con nosotros estas damas?

Sal.—Ansi binen todas; no ay quien más tenga fe con hombre de quanto buelue las espaldas.

Sol.—Dexa hazer agora: llegarémos a la posada, que tú veras en qué para.

Sal.—Ora vamos callando, que ya estamos a la puerta. Tha, tha, tha.

Sol.—Ya dormiran las dueñas. Llama con el pomo del espada. Descreo de tal con las putas. Tha, tha, tha.

Cor.—Qué porradas da el asno, sea se quien se fuere, quién llama?

Sol.—Abri, dueña.

Cor.—Donosa es la venida a la ora de los borrachos.

Sal.—O, descreo de la çuratica[512] piscina; e hazes del ventero? toma porque os echeys con tiempo.

Cor.—Justicia, justicia, que me mata este vellaco.

Sal.—Hablas, mala muger?

Sol.—Dala, acabala, despecho de la condicion; pues cómo es esto, hermosa? tan cansada os dexó el requiebro que tan presto caystes dormida?

Oros.—Requiebro o qué? donoso vienes[513] por mi salud: oxala, que he estado todo oy de esta negra madre que he pensado espirar.

Sol.—Leuantad, leuantad, señora; tiradme de aqui estas botas, que en todo se entendera.

Oros.—Quita te allá, Solino, descalçate tú o acuestate calçado, essos duelos me faltauan!

Sol.—Ea, dueña, por vida de la vellaca!

Oros.—Si por tu vida, el azemilero de tu padre lo soño, mala pasqua le de Dios a quien tal nescedad hiziere[514].

Sol.[515]—Haz lo ya, señora, no des lugar a más enojo, que boto a los corporales de Daroca que basta vna muger a perder vn reyno entero.

Sol.—Que no os quereys leuantar? o, descreo de tal con la vellaca.

Sal.—Da la, da la, acaba ya con ella.

Oros.—Justicia, justicia, señores, justicia, que me matan.

Sal.—Salta presto, vamonos antes que se llegue gente.

Sol.—Corre, toma la puerta, si no aqui somos todos muertos.

Cor.—Ansi, vellacos, rascamulas, azemileros, que ansi se tratan las mugeres honrradas?

Oros.—Justicia de Dios descienda sobre mí si yo no me vengare de ti.

Cor.—Que te paresce, prima? por los huessos de Aphrodisia madre y de la leche que mamé reniego, si no les vrdo vna trama que en ella dexen la vida; andar, pago es de mundo, yo me lo merezco; pero quien no cae no se leuanta.

NOTAS:

[511] En el original, herrado, consecuentemente con llamar hierros á los yerros siempre que sale esta palabra.

[512] Sic.

[513] En el original, bienes.

[514] Hieciere, en el original.

[515] Debe ser Salucio.


ARGUMENTO DEL TERCERO ACTO

Salidos Solino y Salucio de casa destas mugeres tornan a la posada de Policiano. Van por el camino hablando de la renzilla passada, e llegados a casa, Policiano da a Siluanico una carta para Philomena.

Solino. Salucio. Policiano. Siluanico.

[Sol.]—Qué te paresce, hermano Salucio, en quántas trapaças nos meten estas señoras?

Sal.—Hermano Solino, jamás me paresció bien, por grande que fuesse la ocasion, que ningun hombre en la muger pussiese manos. No quiero dezir que agora yo no fui demasiado, pero al fin conozco que fue grande nuestro yerro[516].

Sol.—Donoso estás para sermonador. Dime por qué las tales no merezcan peor tractamiento?

Sal.—Yo te lo dire; porque si a la muger le das materia de aborrescimiento, aunque muy poquita sea, tiene qué gastar toda la vida. Quieren ser tractadas como animales ferozes, más con ronces e halagos que con vituperios e palos. Es muy flaco género, e las cosas fragiles muy facilmente se quiebran.

Sol.—Cree me, hermano Salucio, que todas las cosas naturales tienen su contrario, y el hombre no tiene otro sino a la mala muger.

Sal.—Nunca oyste dezir a los sabios de nuestro tiempo que es más segura la habitacion con los dragones que con la mala hembra? Sabe, Solino, si no lo sabes, que la muger en todas las cosas tiene extremo. Quiero dezir, que si es buena, es corona de su género, e la que es mala no tiene cosa buena.

Sol.—Ora yo mal suffrido soy para tolerar vna muger e no sé cómo biuen los hombres que largos años las tractan.

Sal.—Maldito seas, asno, e no sabes que el amor todas las faltas encubre? e las cosas azedas haze suaues e dulces? En el estado del matrimonio da Dios amor tan abundante que haze de dos coraçones vna voluntad, y como aya vnidad entrellos cessa todo género de discordia. Estas malas mugeres, como de amor verdadero tengan carestia, si el interesse falta no son para bien ninguno.

Sol.—Ya ya, hecho ha Orosia comigo para quanto biua, puesta lleuo ya la sal en la mollera.

Sal.—No más en esta plática, que llegamos a la posada.

Sil.—Es buena hora esta de venir a casa?

Sol.—Qué te toma el diablo, rapaz vellaco? qué haze nuestro amo? Ha pedido de vestir?

Sil.—Ay está en esta cama que no haze más ruydo que vn muerto.

Sal.—No has entrado a ver qué haze?

Sil.—Casa es de locos esta por la fe en que creo. El amo troba, los moços van a rondar, pues algun dia no ha poder que no sea la mia.

Sal.—Troba por auentura el triste de Policiano?

Sil.—Doy al diablo otra cosa haze sino dezir disparates; llora como niño, da bozes como loco, no sé qué se tiene.

Pol.—Oyes, paje.

Sil.—Señor.

Pol.—Es de dia?

Sil.—E muy gran parte passada.

Pol.—O desdichado de mi, que despues que mi coraçon se escurescio, no sé qué cosa es ver claridad. Yo no entiendo quándo amanesce, si a caso no es por oydas. Estan ay essos moços?

Sil.—Sí, señor.

Pol.—Pues aderescen me vn cauallo con vn jaez negro. Entretanto que en mi pena busco algun rastro de reposo.

Sol.—Qué dize nuestro amo, paje?

Sil.—Que se aderesce presto vn cauallo.

Sal.—Y él pienssa leuantarse oy?

Sil.—No que pienssa para trobar.

Sol.—Por tu vida, Siluanico, que escuches si debanea.

Sil.—Avn me paresce que está trobando.

Pol.

Bienauenturada pena,
e alegre tal padescer,
pues de todo quiso ser
principio mi Philomena.

Sil.—Corre, corre, Solino, e oyras las locuras de Policiano.

Sol.[517].—Passo, passo, rapaz; no le cortes la vena.

Sil.—Aqui detras de esta antepuerta le oye, que aun no lo ha dexado.

Pol.

Aunque piensse mi passion
combatir mi sufrimiento,
de mi más graue tormento
nasce mi consolacion:
ser tan sabrosa mi pena,
tan dulçe mi padescer
es la causa el merescer
de la linda Philomena.

Sal.—Juro por los euangelios que disparata concertadamente el desdichado; cata, cata, Solino, no has oydo al asno como blasona del metro? o hideputa, qué Virgilio, o qué Homero, para metrificar de improuiso.

Sol.—Calla, dexale con su dolor al desdichado, que yo te digo, Salucio, que tiene harto mal.

Sal.—Cómo? e qué tanto mal pienssas que tiene? Tan mal estómago haze el amor?

Sol.—No le tuuo tan estragado Apuleyo con el veneno. Poco has estudiado en las escuelas de Cupido, porque si de amor verdaderamente supiesses, verias muy a la clara el desorden de sus accidentes. No ay entre los animales alguno tan insensible como el hombre que está herido de la amorosa flecha de Cupido, porque adormescido con el sueño de aquella sabrosa yerba que en el coraçon[518] del amante se pega, ni siente gusto en lo que come, ni avn sabe responder a quien algo le pregunta. No quiere compañia con el plazer, e quéxase que se muere de tristeza: e por esta variedad que el amor trae de passiones, le llaman los doctores de esta facultad muerte sabrosa, porque de la misma passion nasce siempre vn no sé qué sin nombre, y avn sin subjecto, que da mayor dolor e causa mayor pena al enamorado, quando en el dolor se siente más resfriado.

Pol.—Moços.

Sol.—Señor.

Pol.—Entra acá, descansso mio. No me preguntas por mí? No me dizes cómo me ha succedido en esta noche con mi alegre tristeza?

Sol.—Señor, avn no he tenido lugar de saber dónde estás? No te marauilles si no te pregunto cómo estás.

Pol.—O, mal fuego te consuma, vellaco insensible, estoy me yo abrassando y estás tú philosophando? Vete de ay al amalauentura y plega a Dios que vna de mis ardientes centellas te abrase para que sientas parte de mi triste sentimiento: anda, vete con el diablo.

Sol.—Harto tiene agora que hazer contigo.

Pol.—O desconsolado de mí. O dia aziago en que tuuo principio mi mal. O atreuidos y desatinados ojos, qué hezistes? De vosotros me quexaré todos mis dias y años, pues otros miran para ver, y vosotros vistes para cegar me. Solino, oyes.

Sol.—Señor.

Pol.—Entra acá; para qué me dexas?

Sol.—Pensé que te dexaua bien acompañado. Aqui estoy.

Pol.—Dónde está Salucio?

Sol.—Señor, aqui en esta sala.

Pol.—Ha sentido algo de mi mal?

Sol.—Y avn la causa dél mucho mejor que yo.

Pol.—Cómo es esso, Solino? quién dize que se lo dixo?

Sol.—Quién, señor? tú, que se lo has contado y avn le has lleuado mil vezes por la calle de Philomena, sino que ya no tienes dello memoria.

Pol.—No me pidas, Solino, memoria ni entendimiento, que ya con mi dolor todo se conuertió en voluntad: llégate aqui, Solino. Cata aqui vna carta mia que por tu parescer escreui para aquella Reyna de mi vida, en la qual va alguna e la más pequeña parte de mi pena relatada. Pido te por el amor que te tengo, que en ella me pongas aquel recaudo con aquella discrecion e secreto que sientes que ha menester mi passion.

Sol.—O, señor, descreo de la bruta de Hércules, que soy más conoscido ya por aquel barrio que tauernero en aldea. No quieras, pese a mi pecado, que por falta de prouidencia cayamos en algun yerro[519]. Siluanico me dizen que tiene cierta trabacuenta con vna moçuela de essa dama; mándale, señor, llamar, que en ser mochacho es libre de sospecha, y puede con la rapaza negociar quanto quisiere.

Pol.—Auisado eres: la vida me has dado con tu buen seso. Llama me acá a Siluanico.

Sol.—Oyes, paje?

Sil.—Quién llama?

Sol.—Entra acá.

Pol.—Ven acá, hijo Siluano, tú sabes la casa de Philomena mi señora?

Sil.—Mucho bien, señor.

Pol.—Y conosces por auentura alguna de sus criadas?

Sil.—Señor, una criada suya me habla por ser de mi tierra, e me dize que hará lo que yo la encomendare.

Pol.—O negocio bien acertado. Pues mira, hijo mio, no menos me va que la vida en que tengas manera con essa moça que dé esta carta mia a mi señora Philomena. E si mi voluntad tan alto premio meresciesse, tuuiesse yo con breuedad de aquella angelica mano respuesta, que si en esto, mi Siluano, tú me pones diligencia, yo gratificaré tus pasos y essa doncella será muy bien pagada.

Sil.—Pues, señor, pierde cuydado.

Pol.—Esso no, sin que se pierda la vida. Pero tengo confiança que por tus manos tengo de auer el remedio de mis penas. Confio que donde tú vas voy yo, y que en procurar[520] mi salud no hará falta mi presencia. Ve luego, y los ángeles te acompañen. Oyes, Salucio?

Sal.—Señor.

Pol.—Saca me vn cauallo á la puerta, e dexa me yr solo, pues tan bien[521] me hallo con la soledad.