NOTAS:

[555] viejo, en el original.

[556] animos, en el original.

[557] Querrá decir vanear ó devanear.


ARGUMENTO DEL XVIII ACTO

Salida la Claudina de casa de Philomena, va por el camino hablando consigo hasta llegar a casa de Policiano, al qual siendo llegada, da parte de lo acaescido con Philomena e le da su carta.

Claudina. Policiano. Siluanico. Solino. Salucio.

[Clau.]—O liberal trabajo, o vtil e prouechosa affrenta. O turbacion necessaria, o discreta paciencia. Si en trance tan yracundo y en salto tan peligroso se afloxaran los ñudos de mi sufrimiento e mi discreta respuesta no templara la furia de Theophilon, yo quedaua sin vida, mis hijos sin madre, Policiano sin amiga, los garçones desta ciudad sin amparo, las moças todas sin abrigo, e mi honra por plaças y ayuntamientos destruyda. Aunque Theophilon estuuo corto en las palabras, mostrosse compendioso en el enojo, e aun colerico en sus amenazas. Ladreme el perro y no me muerda. Plega al señor que la sentencia desta carta sea diffinitiva e por nosotros, que de otra manera, auiendo lugar [a] apelacion, seguir tengo el pleyto hasta auer la victoria. Bien pensará la golosita de Philomena gozar de la possession de mi anillo, pues dexeme Dios sacar de haron a Policiano, que yo saldre de quexa y ella de pecado. O carta carta que en ti está oculta la voluntad de aquella princesa, la vida o muerte de Policiano, y el salario de la vieja Claudina y el descanso de Solino e Salucio. Plega a Dios, carta, que si bazia vas de mi prouecho, mal fuego te queme y a Philomena consuma. A casa llego de Policiano, muy çerradas estan las ventanas: o es por plazer de la siesta o por luto de la pena. Llamar quiero, sea lo que fuere. Tha, tha.

Pol.—Oyes, paje?

Sil.—Señor.

Pol.—O, mal fuego de muerte te acabe, mal sueño mortal durmiesses o de arrebatado dolor mueras rauiando. Corre, vellaco perezoso, mira quién llama a essa puerta.

Sil.—Señor, la Claudina viene.

Pol.—O torpe negligente, abre las puertas de par en par. Moços, moços.

Sol.—Señor.

Pol.—Qué hazeys, dormilones? ven acá, Solino, mete aqui una silla.

Sol.—Mejor pidieras vna albarda.

Pol.—O rostro de paz bienauenturada. O aspecto de alegre misericordia. O venerable forma de fortaleza. Abraça me, vieja tan desseada.

Clau.—Passito, señor Policiano, que estoy vieja e flaca, no me aprietes ni maltractes, si para tu seruicio soy de algun prouecho. Cómo te va, señor mio? Bonito estás e alegre, Dios te bendiga. Amarillito vn poco, mas gentil hombre por mi vejez. Ay si tan cerca tuuieras a aquel angel de Philomena como a este espantajo de vieja, qué tal la pararas?

Pol.—Madre mia, no enternezcas mi dolor, si bienes desierta de mi remedio? Mi señora Philomena merece ser tractada con venerable acatamiento, e quando más communicable se me diesse, con mayor reuerencia e temor la tractaria. Yo estoy con tu venida indifferente, con tu aspecto e señales regozijado. Dime ya con breuedad tu embaxada, en quien mi vida o mi fin consiste, pues no con menor desseo he desseado tu presencia que el mundo su dichosa reparacion.

Clau.—Hijo mio, porque de culpa e pena es releuado quien sin juyzio libre a otro haze offensa, no quiero reprehender tus aceleradas priessas, tus pocas confianças, tus violentas presumpciones, y avn tus molestas importunaciones, porque el amor te haze dessear, y el desseo te causa sperança, y el esperança te haze dubdar, y la dubda te causa temor, y el temor sospecha, y ésta siendo continua te puede traer en desesperacion.

Pol.—O madre mia, pues si el esperança que en ti he tenido me falta, en quién mandas que confie para que mi desastrado principio tenga fin venturoso?

Clau.—En quién, hijo Policiano? en mis años, en mis cautelas, en mi sagaçidad, en mis astucias y en mi voluntad. Esfuerça, esfuerça, cauallero. Dame albricias e dar te he la sentencia de tus amores escripta de aquella mano e sellada con aquel sello de quien tiene la llaue de tu secreto cuydado.

Pol.—Sancto Dios. Si tal cosa es verdad, pide, madre Claudina, que no ay precio en el mundo para comprar joya tan bien[558] auenturada. Cata aqui las llaues de mi casa; cata aqui el cofre de mi thesoro, toma, madre mia, la possession de lo que yo tengo, e damela tú de aquello sin lo qual mi vida e mis riquezas son escorias de la fragua.

Clau.—No tan largo, hijo, que es indicio de quedar corto al tiempo de la obra. Bastame çamarro e saya, e de lo demas te hago gracia.

Pol.—Saya e çamarro dizes? y todo lo que ay en mi casa está, madre, a tu seruicio, e confia en mí que lo gratificaré como cauallero aunque tú pediste como bien comedida.

Clau.—Con tal confiança, hijo Policiano, cata aqui vna carta que tu señora Philomena escribio con sus manos eburneas. Y no quiero encarescerte lo mucho que de afrentas e peligro de muerte me ha costado, porque yo ya estoy pagada. Lo que resta es que para que yo goze del fructo de mi trabajo seas servido de leer essa carta en mi presencia para que yo sepa si esta sentencia es interlocutoria o diffinitiua, que en lo que toca al secreto, más guardado estará debaxo de mis tocas viejas que entre las cuchilladas de tu jubon de brocado.

Pol.—O mensagera de mi remedio, o medicina de mis cuydosos dolores. O papel bienaventurado. O letras escritas por aquella seraphica mano. Plugiera a Dios que con la sangre de mi coraçon fuerades esculpidas, para que al tiempo de cerrar el processo de mi vida o muerte me fuerades fauorables.

Clau.—Baste ya, señor Policiano, mira que con tus lagrimas de plazer rompes y estragas la carta, e despues sentiras más trabajo en leer la que plazer rescibes en besar la. Lee ya, señor, que me tienes colgada de la lengua.

Pol.—Ora sea como tú mandares.

CARTA

La noticia de tu passion atreuida llegó a tal tiempo a las puertas de mi coraçon desamorado, que si no se junctaran en tu fabor tu dicha e mi piadosa condicion, más justo fuera ocupar mi saña en tu castigo que mis manos e pluma en tu remedio. Pero con tan lastimada molestia se me notificó tu passion, causada de tu presumpcion enamorada, que he seydo forçada a auer piedad de tus dolores, o a negar la misericordia de illustre doncella; e para que conozcas que te escribo no tanto porque con este fabor estés vfano quanto porque tu pena tenga algun refrigerio, quiero que esta noche despues de la media passada, vengas muy secreto a las ventanas que desta mi huerta salen a la ribera, e alli dare orden contigo para que o tu passion afloxe o tu vida enamorada de todo punto se acabe. No digo más porque me he mucho alargado.

Clau.—Qué te paresce, hijo Policiano, de lo que deues a la Claudina, cuya vida en tu seruicio mil veces se ha puesto al tablero? y todo por librar te del desamor que Philomena en su pecho tenia escondido. El qual no templado con mi discreta diligencia bastaua para quitarte de la compañia de los biuos, e ponerte como a desdichado amador en la region e sombra de los muertos. No estimo en tanto la satisfacion de mi trabajo quanto la estimacion de mi persona e nombre. Porque quiero, hijo, que sepan tus yguales que yo sola nasci en esta vida para hacer tiernos los coraçones diamantinos, e que de mis manos nunca salieron sino semejantes labores. Tú, hijo mio, quedas alegre e yo voy de tu contentamiento muy contenta. Mira, señor, qué me mandas, porque es hora de acudir a mi posada.

Pol.—Madre mia, lo mucho de que tus obras te han hecho merescedora merescen mucho más de lo que yo puedo gratificarte; pero si tus obras son de tanto merescimiento que excedan mis flacas fuerças, haziendo yo lo que puedo salgo de toda deuda. Yo estaba triste, e con tu jocunda venida me has alegrado, e me dexas con seguridad de no conoscer jamás tristeza. Estaua captiuo e quasi muerto, y en todo has proueydo como fiel administradora. Cata ay quinientas monedas de oro en señal de lo mucho que te deuo, y lo que demás desto te he mandado embiaré luego con mi paje. Perdona, madre, la poquedad de la obra, que si rescibes en pago mi deseo me quedarás siempre deudora.

Clau.—Señor Policiano, yo voy muy gratificada con el copioso galardon presente e quedo obligada para seruirte quando en esta arte o en otra de mi tengas necessidad. E porque antes que sea tarde es bien recoger me a casa, yo me voy, e suplico te, señor, que te guardes e mires cómo vas e por dónde, e te proueas de muy fiel compañía e me informes si fueres seruido de lo que en este viaje se te ofresciere.

Pol.—Todo se hará como dizes, madre; vete, e los angeles te acompañen.

Clau.—E contigo queden.

Pol.—Moços, acompañad a mi madre.

Sol.—Señor, yo voy con ella.

NOTAS:

[558] En el original, tambien.


ARGUMENTO DEL XIX ACTO

Claudina sale de casa de Policiano e Solino va con ella hasta su posada, donde seyendo llegados hallan a Dorotea, criada de Philomena, a la cual la Claudina encarga los amores de Siluanico. Yda Dorotea, quedan Parmenia e Libertina, las quales se van con Solino a casa de Policiano, etc.

Claudina. Solino. Parmenia. Dorotea. Libertina. Salucio.

[Clau.]—Solino hijo, holgado he por mi vejez que este negocio de Policiano tu señor aya auido tan dichosa conclusion, no tanto por mi interesse, porque no ha seydo tan grande, quanto por el bien de vuestro amo y el reposo de vosotros. Mira, Solino hijo, Policiano es cauallero noble, mançebo, liberal, enamorado, sabe le seruir, sabe le agradar, que no está en más la liberalidad del señor que en la diligencia del criado. Entre todas las cosas que como varon virtuoso deues tener, el secreto te recomiendo, que es virtud suprema en dignidad. Cata, hijo Solino, que la vida e la muerte puso naturaleza en las manos de la lengua, e que no ay espada que tanto corte como la lengua desenfrenada. Quiero dezir, hijo Solino, que este caso que Policiano tu señor ha intentado e yo acabado, es de su natural tan peligroso, que la vida de muchos e la honra de todos nosotros consiste en estar secreto, y éste te encomiendo como ves[559] que es necessario. En lo demás, yo he sabido cierto enojuelo que entre vosotros e vuestras amigas ha passado por alguna palabrilla azeda que ellas hablaron como moças; a ellas les ha pesado por mi vejez, e yo lo sé muy de veras. Resciba yo de vosotros tanta gracia que lo passado sea passado sin que dello se tenga más memoria, e que tú, hijo Solino, huelgues de tener a Orosia por amiga, e Salucio tenga amistad con Cornelia, e todos a la vieja Claudina por madre, pues los enojos de los que bien se aman suelen ser mayor vinculo de amistad. Esto aueys de hazer ansi por lo que a mi amor deueys como por lo que aquellas moças merescen, que ansi goze yo de mí que he sentido dellas que por bien que las ameys nunca salgays de su deuda.

Sol.—Madre señora, despues de tener en mucho tu consejo e la voluntad de donde nasce, huelgo que hayas sabido la renzilla de nosotros e de esas mujeres, para que veas a quánto trabajo se dispone el hombre que a estas tales haze rostro amigable. Estas son vnas malas mugeres escandalosas e sin vergüença y a quien ningun hombre de honrra deue tener amistad, pero con todas sus faltas las auemos sufrido porque somos estranjeros y en esta ciudad no conoscidos. Ya que con ellas auemos desbaratado, no mandes, señora, que tornemos a su amistad, porque tan dañoso es el amigo reconciliado como el manjar dos veces guisado. Lo que por nosotros harás en pago de lo que en tu honrra desseamos, es que nos busques un par de moças de prouecho e con quien no tengamos rebueltas a cada passo, que Orosia e Cornelia no son para nosotros que no queremos quistion con nadie.

Clau.—Pues si esso desseas, hijo, por qué no te declaras comigo? dexa hazer a la Claudina, que yo dare buelta a mis registros y os dare dos mochachas tan a vuestra condicion, que por peso y medida vengan como las quisiéremos. A mi puerta llegamos, sube, hijo Solino, veras a mi Parmenia, descansarás vn rato y boluer te has a dormir. Vala me la cruz, e cómo está abierta mi puerta a tal hora? quién está en esta casa?

Par.—Sube ya, madre, que desesperar es esperar tus venidas cada noche.

Clau.—Nunca Dios te dexe callar, qué tenemos de nueuo?

Sol.—Paz sea en esta casa. Qué es esto, señora Parmenia? nunca dexas de reñir?

Par.—Está aquí Dorotea esperando a mi madre más ha de dos horas. Jesus y qué fastio.

Clau.—Ay mi doncellita de oro, y aca estás, mi coraçon?

Dor.—Sí, madre, grande rato ha que te estoy esperando. Mandaste me venir de prissa y has me hecho esperar de espacio.

Clau.—No te marauilles, hija, que tengo muchos negocios, y el que contigo agora se me offresce te quiero dezir en secreto. Desciende te, hija, aqui abaxo, porque te vayas corriendo, que es noche. Hija de mi alma, para contigo no he menester prolixo preambulo, sino que sepas que te quiero como a la luz de mis ojos. Mochacha eres, hermosa estás, sin cuydado biues. Ea loquitas, tengo de subir allá? A quantos te miran dexas perdidos de amores.

Dor.—Aosadas, madre, mejor me ayude Dios que ay quien de mí se acuerde.

Clau.—Calla en mal ora, que eres muy niña, e sabes poco del mundo. Pues hago te saber que un gentilhombre, no menos que tú para muger, muere por tus amores. E me ha rogado que te hable no para más que si te hablare le respondas, e si te mirare le mires, e si te siguiere le esperes. Yo le prometi de te lo rogar, e aun ansi, hija, te lo aconsejo. Tu señora Philomena quiere a Policiano; por mi amor, hija Dorotea, quieras a Siluanico, su paje, que es como hecho de oro, pues sabes que tal para qual, que ansi casan en Dueñas.

Dor.—Madre, por mi vida que de esse paje he sido algunas vezes requestada y aun importunamente seguida.

Clau.—A, locos, aueys me de echar la camara encima?

Dor.—Pero como la hedad no me aya dado a conoscer qué cosa es amar de coraçon, hablar me en amores es para mí muy escura algarabia. Bien me ha parescido Siluano, pero no me da pena la demasia del amor.

Clau.—Pues, hijita mia, preciate de mujer atauiate, enrrubiate, ponte un poquito de color en esse rostro y adelgaza un poco essa çeja. Arreate[560] de ser seruida de galanes e requestada de gentiles hombres, e si mal te fuere con mi consejo, no me tengas por buena maestra. Esse pajezito te quiere agora, aprouechate dél en lo que pudieres, y entretanto dexame el cargo, que yo te daré tu ygual o mal me andarán las manos. Mira, hija, que si Siluanico te hablare le tractes bien y le digas que yo te le encomendé, y le muestres fauor, pues a mí me puso en este ruego.

Dor.—Yo te lo prometo, madre, e porque es noche da me licencia, que me esperará mi señora e no sabe que estoy fuera de casa. Un poco de lexia me mandaste; mira, madre, que no te lo perdono.

Clau.—Esso tengo yo muy bueno, quando quisieres puedes venir por ello.

Dor.—Yo lo seruire todo, los angeles queden en esta casa.

Clau.—E contigo vayan. Sancta Maria del cielo, e qué diablo trauessito eres, hijo Solino. Jesu, Jesu, e qué tropel aueys traydo, diablos loquitos.

Sol.—No sabes, madre, qué auemos concertado? que Parmenia e Libertina se vayan esta noche comigo a la posada.

Clau.—A osadas, yo lo creo que essos conciertos e otros tales hareys vosotros. Landre que te dé, Parmenica, e has me de dexar aqui sola?

Par.—Por cierto, madre, que es grande marauilla a cabo de cient años salir vna noche de casa.

Lib.—Anda, madre, dexanos yr, que ansi goze de mí, antes que amanezca estemos a la puerta.

Clau.—Dime agora, loquito, si tu amo sale fuera esta noche, no has de yr con él a tenerle compañia?

Sol.—Ansi biua el puto de mi padre, por vida del resto que le hagamos entender que para estos negocios es dañosa la mucha gente, y que se ha de yr solo si algo quisiere hazer. Ay está Siluanico, que yrá con él, e avn sobra.

Clau.—Ora pues alto, moças, adereçaos e tomad la puerta ante que más noche sea, e en la mañana no venga nadie las manos en el seno.

Lib.—Suso, Parmenia, que yo a punto estoy.

Par.—Anda delante, Solino.

Sol.—Madre, quedate a buenas noches.

Clau.—Dios os guie, puticos.

Sol.—Boto a tal, señoras, que he seydo venturoso en atornar a mi casa tan bien acompañado. Qué digo, damas? mientras Policiano anduuiere guardando los cantones descreo de la vida mala si no auemos en casa de guardar bien los colchones.

Par.—Bao, contigo me entierren, esto ha que entra en sabor e haze buen prouecho, y no andar de noche en garçonerias como gatos en Hebrero.

Lib.—En cargo de mi alma caros amores son los amores que passan estos escuderotes, e al fin e al cabo por vna haldraposa que tiene más celestres en la cara que el arco del cielo, que ansi goze de mí de asco no hay quien al rostro las ose mirar.

Sol.—A la posada llegamos. Esperad vn poco, yre delante a llamar a la puerta. Tha, tha.

Sal.—Quién llama ay?

Sol.—Abre, hermano Salucio, qué haze nuestro amo?

Sal.—Gran rato ha que reposa.

Sol.—Podemos entrar seguros, que traygo comigo vnas moças?

Sal.—Entren passito, pese al mundo malo, que no hay agora embaraço en casa.

Sol.—Ce, ola, damas.

Par.—Salue Dios al gentil hombre.

Sal.—Vengan en buen ora las frescas. Entrad muy quedo porque estas moças de casa no os sientan.

Lib.—Adonde mandays, que no seamos sentidas?

Sal.—Hola, hermano Solino, arriba en la camarilla de las escobas entretanto que nuestro amo recuerda.

Sol.—Bien dize este nescio, vamos, que leuantado Policiano descreo de tal si no auemos de entrar en su lugar, porque no aya nada bazio en las cosas naturales.

Par.—Jesus, Salucio, qué es esto, adónde entramos?

Sol.—No pidas agora essa cuenta, que en la mañana lo sabras.

Lib.—Calla, hermana, assienta te donde hallares, que no se dize embalde qual el tiempo tal el tiento.

NOTAS:

[559] e vees, en el original.

[560] ¿Alégrate?


ARGUMENTO DEL XX ACTO[561]

Venida la media noche, Policiano llama a sus criados, e pide de vestir, e por consejo de Solino va solo al concierto que tiene hecho con Philomena; lleua consigo a Siluanico; Solino e Salucio[562] se quedan en casa con Libertina e Parmenia, etc.

Policiano. Solino. Salucio. Libertina. Parmenia. Siluanico. Philomena. Dorotea.

[Pol.]—No sé si mi importuno desseo tiene mi ymaginacion temerosa, pero o yo estoy desatinado o más de la media noche es passada. Quiero llamar a mis criados, e sabré si es tiempo para adereçar este bienauenturado camino; pero si es avn temprano para acostar, no es mucho que me incusen de am[a]dor molesto. Ansi lo acostumbro hazer con la pena que me acuçia, que siempre hago mis cosas quándo tarde quándo muy de prissa. Llamaré? Sancto Dios, no sé qué haga. Moços, paje.

Sil.—Señor.

Pol.—Qué hora es?

Sil.—Señor, las doze ha dado el relox.

Pol.—O qué ora tan a mi voluntad. Llama presto a essos moços, diles que me den de vestir. Aderescen armas y lo necessario para este mi concertado viaje.

Sil.—Oyes, Solino?

Sol.—Qué, te toma ya el diablo tan temprano?

Sil.—Alto de ay, que llama Policiano mi señor.

Sol.—Aun enoramala madrugaremos a morir mala muerte martes de mañana. Hola, Salucio.

Sal.—Qué nueuas ay?

Sol.—Nuestro amo pide de vestir y manda que nos armemos. Segun Dios le hizo de asno, penssará que auemos de yr con él.

Sal.—Donoso recaudo tiene, en tus manos lo encomiendo, Solino, que por la Trinidad de Gaeta allá no vaya.

Sol.—Ora dexame tú con él, que yo le embiare solo y avn penssará que va más a rrecaudo.

Pol.—Moços, teneys adereçado?

Sol.—Todo está a punto, señor; quién mandas que te acompañe? porque a mi parescer antes deues yr solo que muy acompañado. Mira, señor, que en tales casos como este suele dañar la demasiada compañia, porque ay vezinos que miran por las ventanas e viendo gente de noche a la puerta de vna dama, no dexarán de sospechar algo con que se derrame nuestro secreto.

Pol.—Creo que no es malo tu auiso. Di a esse paje que tome un montante, y dame a mí mi espada e rodela, e quedaos vosotros en casa para aguardar me a la madrugada.

Sol.—De muy buena voluntad. Allá yrás con el diablo a hazer conjuros por las encruzijadas. Si amores tienes, buen prouecho te hagan, y malo, porque sepas de todo. Qué te paresce, Salucio? Qué buena maña me he dado para que no le estorue el requiebro la sobra de la compañia.

Sal.—Descreo de la playa de Valencia si no lo has hecho de capitan; qué digo, moças? Començad a dexar las faldetas, que la cama no estará mal mollida.

Sol.—Digo, hermano Salucio, en la cama de nuestro amo no me hablas? que descreo del diablo si no la he ganado por mi lança.

Sal.—Nunca por esso reñiremos, hermano, que en casa llena presto se guisa la cena; todo lo haze sacar quatro colchones, y esta noche que nos cabe hazer cama de canónigos, pese a tal. Prissa, damas, que se passa el tiempo, e lo que se pierde tarde se cobra.

Par.—Digo, señor Solino, o hi de puta, traydor de Policiano, cómo tiene garrida cama; ansi goze de mí, cada noche quiero ser tu conuidada.

Sal.—Ora, damas, mientras que nuestro amo vela trabajemos en dormir, porque creo estamos muy cerca del dia.

Pol.—Siluanico hijo, muy cerca llegamos de la huerta de mi señora, y el silencio grande me haze tener sospecha de ser nuestra venida muy temprana. Llegate a las ventanas, y estaras atento si oyes alguna señal de mi remedio.

Dor.—Señora, bullicio oygo de esta parte de la huerta. Mira si mandas que me assome para ver qué es lo que passa.

Phil.—Muy passo por entre las puertas, mira si es mi señor Policiano, e no hables si no te certificas de su venida.

Sil.—Ce ce, señora, es mi señora Dorotea?

Dor.—Soy tu muy cierta seruidora. Soy la que por ser tuya no tengo memoria de ser mia.

Sil.—O mi luzero del alba, no penssé que tan presto amanesciera, siendo el punto de la media noche. Mi señor Policiano está aquí. Manda, señora mia; dezir a Philomena que vea lo que quiere que se haga, y entretanto que ellos estuuieren en su plática, daremos conclusion á la nuestra.

Dor.—Sea como tú mandares, pues yo voy.

Sil.—E yo contigo.

Dor.—Señora, aquel cauallero está esperando, e con vn su paje mandó que supiesses su venida.

Phil.—Llégate aquí comigo, no me dexes hasta que dél sea despedida.

Pol.—Es angel dissimulado el que ante mis ojos veo? O es sueño el que padezco para quedar más burlado? Estoy despierto? O no soy yo Policiano? Pues si soy yo, impossible es caber en tan immerito subjecto tantos quilates de gloria.

Phil.—Passito, señor, no hables tan alto, porque duermen aqui los ortolanos desta huerta, e sería grande mal si a tal hora fuesse hallada en tan sospechoso lugar.

Pol.—O mi señora e mi bien todo, qué llengua puede callar lo que mi ánima siente de gloria delante de tu bienauenturada presencia? Por cierto yo creo que Paris con la hermosa Elena, ni el desconoscido Jasson con Medea, ni el cruel Turquino con la castissima Lucrescia, ni Eneas con Elisa Dido, no gozaron del bien que yo en tu acatamiento posseo. Agora que mis ojos vieron lo que jamás penssaron merescer, a cualquier tiempo que mi fin viniere no rescibo agrauio con su venida.

Phil.—Señor Policiano, si creyesses la pena que tus males me han causado quánto ha seydo excessiua a mis fuerças feminiles, esta sola deue ser recompensa de tus trabajos, sin que otra jamás me pidiesses. Y si mayor la quieres porque otra mayor meresce tu firmeza, pide a tu voluntad de mi patrimonio e riquezas sin que pongas lesion en mi honrra tan delicada. Ninguna cosa de la vida me hiziera consentir en tu mal, sino mi bondad sola, a quien más que a tu vida soy obligada. E ansi la natural compassion mia de que te pienssas aprouechar, porque es enemiga de mi fama te auiso que te ha sido muy contraria. Por tu carta e mensagera me certificas de la afficion grande que me tienes; pues si esto es verdad, antes deues dessear tu pena con mi honrra que tu remedio con mi culpa. No me juzgues[563] ser inconstante porque començé a faborescer te y agora te niego el fabor, pues te auisé por mi carta del respecto que tube a tu salud, sin acordar me de cosa que fea paresciesse.

Pol.—Señora de mi vida, si como fui dichoso en mirarte lo fuera en no auer te mirado, aunque perdiera el mayor bien de esta vida, que es auer te visto, fuera bienauenturado en no ver a quien con dura sentencia me condena a muerte, sin merescerla más que con mi atreuimiento en amar. Acostumbrado estaua ya a biuir triste, tanto que con las tristezas tomaua recreacion, por ser tú la causa dellas; pero agora que de mí las auia desterrado con el descanso que de esta merçed esperaua, agora que en mis debilitadas fuerças auia conualescido con la ymaginacion de esta diurna noche, ni mi mal rescibe consuelo, ni mi pena admite el reposo, ni mi coraçon apassionado consiente ningun sossiego.

Phil.—Mira, señor, que me matas con tus quexas apassionadas, e no soy parte para amanssarlas, sin que mi infamia comiençe quando tu quexa se acabe. No pongas, señor, con este acidente en peligro tu vida, y en disputa mi honrra, porque si a noticia de mis padres viniesse, no que te hablo, sino que de ti ni de otro tengo memoria, solamente mi fin te quedaria por aliuio de tus trabajos.

Dor.—Nunca yo medre si más aquí espero; poco a poco se va todo a perder.

Pol.—No consiento que se piense que el temor entibie lo que amor encendio con su fuego. Manda tú, señora, que yo resista e allane qualquier fuerça, que yo acabaré la vida con quedar en el mundo mi nombre por espejo de fortaleza. Mira, reyna mia, que el valor de tu persona haze osado mi atreuimiento, porque ningun seruicio puedes rescebir que en quilates suba a la alteza de lo que meresces.

Dor.—Ce, señor Siluano.

Sil.—O mi señora Dorotea, no sé si meresce perdon el agrauio que esta noche he rescebido, pues creo que de voluntad me has dexado esperar hasta agora. Pero dexadas aparte mis quexas, qué sientes de mi dolor causado de mi afficion?

Dor.—Señor mio, lo mismo que de mí siento deuo sentir de tu pena, pues con una misma saeta están heridos dos coraçones. Como me amas te amo, como me quieres te quiero. Despues que aquella buena madre Claudina me nombró tu apazible nombre, huyó de mí mi libertad, e no soy parte para querer más de aquello que de mi quisieres ordenar.

Sil.—O mi señora, que nunca me burló mi confiança. E pues estas redes duras impiden agora nuestro gozo, nuestro final requiebro se dilate hasta que Policiano mi señor acabe con Philomena estos sus prolixos amores. E porque me parece que se despiden, yo me aparto a esperar a Policiano e los angeles queden en tu guarda.

Dor.—Y a ti acompañen como yo desseo.

Phil.—Cauallero, ya no es razon se dissimule y passe en secreto lo que mis apassionados desseos tan a la clara publican, porque si las tinieblas de la noche no impidieran tu vista, en mis señales públicas conoscieras mis congoxas secretas. Algunos dias han passado despues que tus cartas e amorosos mensages rescebi, en que mis captiuas fuerças han rescebido muy rezios golpes, e yo varonilmente contra ellos he peleado. Pero al fin, si como tengo el coraçon de carne le tuuiera de un rezio diamante, no dexara de caer de mi voluntad en la tuya: tal ha seydo el combate que en mi coraçon he sentido. Finalmente estoy rendida a tu querer, porque eres quien en mis ojos más meresce de los nascidos. Ordena, señor mio como nuestros apassionados desseos ayan aquel effecto que dessean, porque hasta esto ningun momento passará que para mí no sean mil años de infernal tormento. Las fuertes rexas de estas ventanas impiden el remate de nuestros sabrosos amores. La mañana paresce que comiença a embiar sus candidos resplandores por despidientes mensageros de nuestro gozo. Toma, señor mio, la possession de mi voluntad, e della e de mí ordena de manera que mi passion se afloxe y la tuya se acabe, e si te paresciere, para la noche venidera se quede el concierto por las cercas de esta nuestra huerta, por la parte donde el rio bate en ellas, que es lugar más sin sospecha e donde yo estaré esperando tu venida, no menos que mi desseada libertad.

Pol.—Pues, señora mia, angel mio, descanso mio, la claridad del dia causa el eclipsi de mi coraçon, con la forçosa partida de tu presencia: yo acepto la merced a la hora e por el lugar por ti determinado. Yo me voy, e la gracia de Dios te acompañe.

Phil.—E contigo vaya, e te me dexe ver con la breuedad que yo desseo. Muy passito, Dorotea, al passar del retraymiento, porque no seamos sentidas de mi señor Theophilon, pues Dios me ha librado de las manos destos cauadores; qué te paresce que hagamos?

Dor.—Que aunque no sea para más de dissimular, nos tornemos a la cama hasta que sea la ora en que acostumbras leuantarte.

Phil.—Bien has dicho, pero cómo reposará quien su reposo tiene en poder ageno? Cómo dormira quien tiene el coraçon captiuo? Ydo mi señor Policiano, mi ánima lleuó consigo. O mi angel, o mi señor, por qué te consenti apartar de mí? Por qué te dexé de la mano al tiempo que te posseya? O rexas, rexas, mal fuego os consuma, que solas vosotras defendistes mi refrigerio e toda mi gloria. Pero si en otra tal me veo, no lloraré mi daño que causare mi negligencia.

NOTAS:

[561] En el original se numera equivocadamente XXII acto.

[562] Saulcio, en el original.

[563] En el original, suzgues.


ARGUMENTO DEL XXI ACTO

Polidoro e Machorro, hortolanos de Theophilon, estan cauando en la huerta; llega Theophilon y encargales la labor, e donde a poco vienen Philomena e Dorotea a la huerta, dende Philomena dize a Dorotea el concierto que tiene con Policiano, etc.

Polidoro. Machorro. Theophilon. Philomena. Dorotea.

[Polid.]—Hola hola, Machorro, alto, adereça las açadas e almocafre, porque antes que nuestro amo venga el açequia esté limpia, los naranjos descubiertos, e cogeremos el azahar de los çidros, e aun escauaremos vn buen rancho de limones.

Mach.—Yo tomo de coto aporcar el cardo, regar la verengena, escardar la yerua buena e torongil, trasponer vn tablar de col murçiana. Esto hata que sea hora de la beuedilla, que soncas en ayunas mal se puede her hazienda de mas al jobo.

Polid.—Dom'a Dios sino me leuanto esta mañana mas laçio que col trasnochada, no se me yergue ell aliento para her hazienda. Para calonigo estó aora bueno.

Mach.—Prissa prissa, que no engorrará el zagal con ell aparato, y entretanto ell açada ande derecha, que acabada mi tarea te ayudaré a rregar el lechuguino, que ay en ello bien que afanar.

Polid.—Antañazo trabajé con Teodosio su hermano de nuestro amo, mas algo que de mejor jornal sacaba hombre que no agora.

Mach.—Ansi me dizen; que da buena soldada a los que andan en su hazienda, e aun par Dios ques m'antojado de coger me con él vna temporada, son por no enojar a Theophilon que es hombre de bien.

Polid.—No era Dios alboreado quando mos embiaua la bota hata las empulgueras, la cedra llena de hogaça, que auie bien que desbastar; ortaliza no marraua, a la noche olla e quarenta de jornal pagados en somo la tabla.

[Mach.][564].—Prissa, diziendo e haziendo, como la borracha al jarro, pues aun nuestro amo no paga mal por buena fe: a rreal e olla a medio dia, e pan abasto e ortaliza quanto hombre puede desgarrar, e ver a nuestra ama la moça sobre comida, que vale más que todo.

Polid.—Esso ha, boto yo al ciego. O hi de puta, e cómo se despeluzan los pelos[565] desque ensoras la veo.

Mach.—Cata cata, que tambien presumes tú de garçonia como ell otro çanquiuano que la festejea?

Polid.—Par Dios, amorio la tengo que ensoras me medio fino desque la estoy desmaginando.

Mach.—Bueno va, e avn para ti como dizen se peyna la otra. Par Dios, vn zagalon anda por alderredor de casa todo este verano que cuydo que deue ser su requebrado, segun que las bueltas da por estas entreçercas.

Polid.—Ora nuestro amo viene, no hablemos mas en este causo.

Theoph.—Cómo anda la labor, Machorro? Cómo estan los çidrales despues de aquel nublo de antenoche?

Mach.—Por Dios, nuestro amo, que se han agastado mucho, y el malhojo que les cae me da mala espina dellos. Estan plantados en tierra arenisca, avn donde no ay acogidas de las luuias, mal caletre tienen, dame en qué pararan.

Polid.—Vale que estan como en ladera, e los vnos defienden a dellelisco a los otros, que de otra manera no vuiera quedado brusco.

Theoph.—La ortaliza se cure, que esté bien escardada de yerua y espina e cardo, y esto se haga a tiempo que la tierra tenga humedad e esté bien temporizada.

Mach.—Bien deue de entender nuestro amo de hancio de agrecoltura, pues a mosotros el cargo, que la huerta estará qual cumple.

Theoph.—Paresce me que estos laureles estan estragados de sauandijas; soltad los perros algun rato para que un rato con otro las espanten.

Polid.—Do yo al diabro el barzino si en toda esta noche paró su ladrido, e asmo que se deuen recelar de zorras que en esta huerta se entran por los albollones y estragan lo que hombre afana, mas yos boto a Lucifer que yos les arme alguna noche qualque trampa que tengamos caça maguer que se engorra.

Theoph.—Pues, Machorro, donde tú andas yo estoy cierto que abrá buen recaudo.

Mach.—A buena huzia, nuestro amo, ell almuerzo venga, que en lo al pierde cudado. Qué digo, Polidoro hermano, comol suenan acos chamelotes a nuestramo, allentos me toman de emplear el jornal de dos semanas en otra gauardina como aquélla.

Polid.—Mira, Machorro; par Dios que estoy por dezir que es mejor hato el gauan que aquellos pellejos de gato, al menos si haze ventisco mejor abriga las coradas. Si el sol resprendea en demasia, debaxo del gauan se escapa hombre. Pues si se desmanda el pedrisco, mi capote hara lo que no haze su chamelote.

Mach.—Mia fe. Polidoro hermano, no les tengo embidia [á] sus mangotes. Quantis que aquestos que enfingen de escoderia no tienen son mucha veleza e poca salud. Yo ha que biuo del afan de estas manos y a la ley de Dios. Estoy contento con mi trabajo, e no hago mal a mi vezino.

Polid.—O Machorro hermano, no hay tal como ganar hombre el gouierno con el sudor de la cara, la olla podrida, y el gauan no muy roto, y el testamento en la vña. Todo lo al es echar ell alma a los perros.

Mach.—Aquestos escoderotes, mal pecado, comen de lo que hombre suda, e visten de lo que hombre afana. Estan llenos de dineros, y avn no menguados de cordojos.

Polid.—Dalo a huego, Machorro, biuamos como Dios manda, que esto mi fe es lo que vale. Coman se ellos sus perdigones e dexen me a mi con mi hogaça e macho, que me sabe como Dios hizo la nieue.

Mach.—Prissa, que te oluidas el golpe dell açada, y allego yo al cabo del tablar viejo, e a ti no te luze la labor que a cargo tomaste.

Polid.—Basta que me crezca la gana de beuer, aunque se me acabe la que tengo de cauar. Dios me liembre a bien hazer. Di, Machorro, liembrase te de Collaço, el capataz de Caldorio el viejo?

Mach.—Y avn de Lamberta su zagala, que más de quatro noches me ha dado malas.

Polid.—Pues abonda que el sacristan la festejea, y a ella que nol pesa mucho por auer nascido.

Mach.—Dola ya al diabro, que a la contina fue ganosa de manteles. Tambien antañazo anduuo aqui medio de puntillas con Frontino el cogedor de la humazga: no hará ya aquella moça cosa que buena sea. Prissa, prissa, que sube el sol por el ventanaje, e no está llena ell alberca de los adoquines.

Polid.—O hi de puta, qué açada esta para reboluer vassura entre estos mançanos nueuos! Tal sea mi uejez qual ella es, si la bota cumpliesse las marras.

Mach.—Ox, ox, ojo a la puerta, verás a nuestrama la moça qué resplendiente viene de mañana. O hi de puta, y chen la sobase aca pechadura, e le assentase media docena de nalgadas en acas llunadas muertas.

Polid.—Calla, que viene cerca. Do te al demoño enalbardado.

Phil.—Dorotea amiga, despues de la passada noche y de aquel açucarado rato con aquel cauallero passado, no he auido oportunidad para te dezir lo que con él tengo concertado.

Mach.—Alleguese acá, señora nuestrama, tome de la verdura.

Polid.—En secreticos andas? Cabal anda la cuenta; en tres pies deue de estar la domenica.

Dor.—Señora, habla passo, que estos villanos son maliciosos.

Phil.—Amiga mia, mi sola secretaria, aquel cauallero se fue, e consigo llenó mi coraçon e mi alma, y si alguna parte dexó en mi, más fue para amar que para animar. Su fidelidad de amor es tanta e tan fiel, que no bondad sino ingratitud fuera dexarla de conoscer, e con el conoscimiento no gratificarla. Pues como mis fuerças han seydo antes de agora combatidas, e con tan rezios golpes de amor mis entrañas quedassen aportilladas, fue el impetu amoroso que de su vista rescebi tan bastante, que destruyó mi verguença, robó mi honestidad, e finalmente tomó la verbal possession de mi captiuo consentimiento. Dile mi sí de le aguardar la noche que viene en esta huerta de mi padre, y aunque el temor despues acá me ha hecho algun tanto de resistencia, es el amor tan poderoso, y está tan encastillado en mis tan pocas e flacas fuerças, que ningun inconueniente basta para estoruar mi enamorado concepto. Dime, amiga mia, lo que te paresce, con condicion que en caso de impedir mi determinacion no gasto tiempo porque será mal gastado.

Mach.—Ha, señora nuestra ama, de guis que no chere de la fructa? De a rauia su mecé tanta filosomia con la moça y tome dell albahaca.

Phil.—Luego, Machorro.

Polid.—Ea, pues, ata me si ha gana, que está hombre parado por atendella.

Mach.—Prissa, prissa, que ella se llegará si le pluguiere.

Dor.—Señora mia, en el coraçon determinado dizen los que algo entienden que mal se rescibe el consejo; pero ya que este mal ha de venir en effecto, bien será que miremos cómo se haga menos mal, e que de dos daños el menos rescibamos por bien. Estos villanos duermen en esta huerta, e tienen el dormitorio en los poyos de aquel jardin, e pues se cree que el cansançio del dia e la çena de la noche los dexará presos del sueño, el tiempo de esta visitacion sea al punto de la media noche y por la parte más secreta de esta huerta. Plego a Dios que los perros no uenteen y acometan a hazer su officio, porque si tal cosa fuesse, todo tu gozo en el pozo, e tu concierto seria desconcierto, e muerte de muchos e infamia de la casa de tu padre.

Phil.—En mi coraçon estás, e como yo lo siento lo sientes, pues lo que yo temo has apuntado que temes. El concierto está hecho al punto de las doze por la parte de la cerca donde bate el rio en la huerta. En manos de la fortuna encomendemos nuestros apassionados desseos, que donde ésta no fauoresce nunca ay succession venturosa. E porque estos cauadores no sospechen mal de nuestro largo secreto, no se hable más en esta materia.

Mach.—O gozo bueno vea della la que la pario, quan roçagante fegura trae su meçé.

Dor.—Di, Machorro, por tu vida, paresce te bien mi señora?

Mach.—O, pese a quien me hizo el sayo con la parescida, si el rato que la está hombre oteando no me semeja son que los memoriales estan en passamiento.

Phil.—Miras me con buenos ojos, Machorro, e parezco te más de lo que soy.

Mach.—Con buenos ojos dizes, señora? Boto a la coronica de Olmedo que me escantas la condicion con sola tu catadura.

Polid.—O, vala te la maldicion, e qué ensenito enamorado enfinges.

Mach.—Tome, señora, este ramo de limon con que se espacie, e perdone que se le do con la mano.

Dor.—Deuias con el pie.

Phil.—Yo te lo agradezco, Machorro, e queda te a Dios, que nos vamos.

Mach.—Yda buena vaya con ella.