NOTAS:
[577] En el original, huertes.
[578] Así en el original. ¿Querrá decir son cosas?
[579] En el original, corro.
[580] En el original, hombre.
[581] moços, en el original.
Theophilon e Florinarda hablan en secreto sobre la guarda de Philomena su hija, y acabada su plática, Theophilon va a la huerta e manda a los hortolanos que suelten vn Leon que allí está en vna jaula para que espante las zorras que andan entre los arboles. Despidese de los hortolanos y vase a cenar, y entretanto Pamphilo e Siluerio aguardan a la Claudina que viene por la sortija e la dan tantos palos hasta que piensan dexarla muerta, etc.
Florinarda. Theophilon. Machorro. Polidoro. Siluerio. Pamphilo. Claudina.
[Flor.]—Theophilon señor mío, despues de nuestro passado razonamiento, en lo que á la honrra e guarda de nuestra hija toca, yo como madre, y a quien a lo biuo de las entrañas llega qualquier macula de su desonor, he inuestigado por diuersas vias si nuestra tan amada hija aya intentado algun delicto de liuiandad como moça; y avida toda la possible relacion de los criados e donzellas de casa no he hallado indicio por donde deua con razon castigar la como culpada, porque pública e secretamente sus exercicios son de donzella illustre e honesta e bien mirada, sin que aya alguno que en ella aya visto señales de hembra apassionada.
Theoph.—Amiga Florinarda, yo doy credito a tus palabras y assi confio ser verdad, pues nuestra generacion tan noble jamas admitio macula ni discolor de infamia, pero siempre te encomiendo no te descuydes en su guarda e zeloso miramiento. Porque si dizes que no la has visto hablar con alguno, e con esto tomas alguna confiança, hago te saber que los que de ueras se aman, cosidas las bocas, se hablan con los coraçones. Yo no te he dicho que nuestra hija es mala, sino que mires por ella, porque con el aparejo puede dexar de ser buena. Oyes, Siluerio, di a Pamphilo que me traiga mi libro, y entretanto que es hora de çenar visitaré mis hortelanos y allí rezaré mis acostumbradas deuociones.
Pamph.—Señor, vamos, que a punto está todo.
Theoph.—Venid vosotros comigo, que os quiero hablar aquí en esta huerta.
Mach.—Hola hola, Polidoro. Cara acá viene nuestramo cargado de mas cordojos que tiene hojas vn mançano.
Polid.—O cuerpo de la casa sancta, qué desmaginatiuo viene.
Mach.—Prissa prissa, porque si viene sañudo no quiebre en mosotros ell enconia. Echa por esse tablar del colino e yo desmollire las godenes, que es fructa apazible para viejos.
Theoph.—Aun me parece, Machorro, que estos arboles quieren más labor.
Mach.—Agora, mi padre señor nuestramo, dom'a Dios que en todo el dia dexa hombre ell açada de la mano. Ellos mi fe son de mal vidueño; que no les cunde cosa que hombre les haga, que en lo al no a que her.
Polid.—Si su mecé otease acos fructales que alcançan mejor terruño, e avn son vn cacho más castizos, cuydo que viesse bien lo que hombre afana.
Theoph.—Estos çidrales estan roidos, e siempre he temido que andan animales que de noche los estragan. Vosotros dormis a sueño suelto. Si no les poneys remedio camino van de perderse.
Mach.—Los canes abondarien si algo de esso anduuiesse en la huerta, que en toda la sancta noche con su ladrido no escampan: yo desmagino que algunos holgazanes dende afuera tiran piedras a las mançanas, segun que los alanos ventean.
Theoph.—La jaula deste leon me paresce que está desclauada; en vn rato que ande fuera tened cuydado de echarle vn buen clauo.
Polid.—De las mientes me ha salido que no haria daño soltar de noche esta alimaña por la huerta, que al menos no andarian raposas ni sabandijas donde él anduuiesse.
Theoph.—Si no fuesse dañoso para la ortaliza, no me paresce mal tu consejo, porque en estas cercas parescen señales de auer entrado por ellas.
Mach.—A todo hará prouecho si el leon anda de noche suelto, que aunque mosotros andemos con él no ayas miedo que él resciba pabura.
Theoph.—Ora, pues ansi os paresce, tened cuydado de soltarle en siendo de noche, e dexad abierta la caxa para que entre y salga quando quisiere, que al leon no hará daño e la huerta rescebira prouecho.
Mach.—A buena huzia, nuestramo, que ello se haga a plazer.
Theoph.—Prissa prissa, que yo por aquí me quiero apartar a rezar vn poco.
Polid.—Vaya a salud su meçé.
Theoph.—Pamphilo é Siluerio hijos, despues de aquel penoso razonamiento entre nosotros passado, ni yo he tenido lugar ni vosotros cuydado para auisar me si en aquel negocio aueys sentido algun indicio o señal de lo que yo temo. Tengo el coraçon tan leuantado y el entendimiento tan sin libertad para gouernar me, que algunas vezes consiento con la voluntad en cosas muy escandalosas e con la pena las pondria en effecto, si el zelo de mi fama no tuuiesse la rienda a mi desseo. O canas ya caducas. O años desdichados. O pobre viejo, para qué veniste al mundo, pues toda la vida mia no es sino vn curso de miseria, e vna hedad de cuydados y vn tiempo semejante al tránsito de la muerte! qué haré? Si descubro lo que siento y lo quiero castigar, poco castigo es que esta ciudad se abrase. Pues si lo dissimulo por quitar los paresceres del vulgo, vendra en términos mi honrra que se acabe con mi vida. O mis fieles criados, dezid me qué haga o tomad este puñal e dad con él fin a mis dias.
Pamph.—Señor, muy delicadamente siento tu pena, porque con agudo sentimiento traspassas mi coraçon. E segun lo que de tu plática se puede collegir, deues auer rescebido alguna penosa relacion, pues tales effectos produzes. Con astucia auemos mirado lo que como a criados nos mandaste, e hasta agora no auemos hallado en Philomena tu hija indicio que malo sea. Aunque estas contractaciones que esta vieja nueuamente ha trabado en esta casa bastan a engendrar todo género de sospecha. Este dia passado passó por la puerta de casa, e dió a Siluerio encomiendas para todos. No ay otra cosa de que se pueda formar malicia.
Theoph.—O padres, no deuiades de nascer los que hijas mal inclinadas aueys de engendrar. Qué bien tiene quien de honrra caresce? pues qué honrra tiene quien liuiana hija ha criado? pues vn hombre deshonrrado, cómo biuira sossegado? Ora, mis fieles criados, el principio de mi remedio consiste en que esta vieja muera para que por la rayz se comience a curar mi dolor, e despues como esto succediere, tomaremos nueuo consejo.
Siluerio.—Señor, veo te tan penado, que en qualquier peligro pondre mi vida por ver la tuya libre de tristeza, e si en solo esto que mandas que hagamos consiste tu contentamiento, y eres seruido que a su casa vamos e la saquemos el alma, alli la daremos tal muerte con que tú, señor, quedes satisfecho.
Theoph.—Todas las cosas arduas quieren maduro consejo. Mejor es que aguardeys a acometer en vuestra casa, que no yr a la agena de donde vengays offendidos y no satisfechos.
Pamph.—Señor, pues en este caso puedes perder cuydado, que nos sabremos dar a buen recaudo.
Theoph.—Ansi confio de vuestra fidelidad. Vamos, que me paresce ya hora de çenar.
Siluerio.—Vamos, señor, que ya estará aparejado.
Theoph.—Florinarda amiga, no se haze ora para que çenemos?
Flor.—Sí, mi señor, todo está adereçado.
Theoph.—Pues yo voy. Vosotros, hijos, tened cuydado de mirar entretanto por lo que os tengo encomendado.
Pamph.—De muy buena voluntad. Qué sientes, hermano Siluerio? quán lleno está nuestro amo de cuydosos pensamientos!
Siluerio.—El coraçon tan triste como está agora el suyo, es impossible no dar señales de passion.
Pamph.—O qué lastima tan grande es verle sus lagrimas derramadas por su faz tan venerable. Y cómo procura soledad por no descubrir su pena.
Siluerio.—O hembras hembras, que de tantos enojos soys causadoras. O vieja Claudina, Dios te trayga a nuestras manos para que rescibas el pago de tus pisadas. Mira, Pamphilo hermano, esta vieja es cobdiciosa, e ha de venir agora a cobrar de Philomena vn anillo que acá tiene, porque ansi está entre mi y ella concertado. Estemos sobre el auiso, e aparejemos tales leños que al primer leñazo no haya menester segundo. Por aqui por la puerta de abaxo suelen ser sus venidas secretas. Yo te digo, Pamphilo, que no tarda mucho en venir.
Pamph.—Por las reliquias de Roa que o yo me engaño o es ésta que por aqui abaxo desciende haldeando.
Siluerio.—Ella es, cierto. Mira, hermano Pamphilo, que todos la demos a vna, e no arrojemos golpe sino fuere sobre las tocas.
Pamph.—Ora dexala llegar. Oye qué rallo trae.
Clau.—Es possible? es mi Siluerio? es el que yo quiero como a hijo? Jesu, Jesu, aosadas, putico, que no digo yo en balde que eres tu enamorado. A qué hora de la noche está a la puerta el gallito!
Siluerio.—Y tú mira[582], madre vieja, en qué andas a tal hora con tus haldas luengas que paresces estantigua?
Clau.—Hijos, mal peccado, la necessidad es carrera de perdicion. Cómo estan tus señoras vieja e moça? yo te asseguro, hijo[583] Siluerio, que no tuuiste memoria de lo que te dexé este dia encomendado?
Siluerio.—Por cierto, madre, sí tuue, y a mi señora Philomena hablé en secreto de tu parte e holgó mucho en saber de ti.
Clau.—Huelgue se Dios con su merced. E di me, hijo Siluerio, no rescibiria yo de ti tanta gracia que ella supiesse como está aqui la Claudina?
Pamph.—O mala vieja, e qué cuentas tienes tú de aueriguar con ella a tal hora?
Siluerio.—Dala, Pamphilo hermano.
Clau.—Jesus sea comigo.
Pamph.—Y avn rebullis?
Clau.—Confession.
Siluerio.—Confesion o qué? O puta vieja.
Pamph.—Dala dala, que avn todauia rebulle. Siete almas tiene como gato.
Clau.—Conffession.
Siluerio.—Aun rebulles, puta vieja, canas de infierno? pues espera que con este leñazo yo asseguraré la honrra de muchos con acabar tu mala vida.
Pamph.—Mira, Siluerio, si rebulle.
Siluerio.—A mí me paresce que ya está muerta, pero dala otro leñazo para que pierdas la dubda.
Pamph.—Ora, hermano Siluerio, este negocio es concluso. Las tinieblas de la noche encubren esta obra pia que auemos hecho, porque Dios ha tenido por bien que tan maldictos años sean acabados. No es razon que a la puerta de Theophilon aya rastro de tan mala muerte. Arrastrando o como quiera la lleuemos hasta la puerta de su posada para que putas e rufianes la den honrrada sepultura.
Siluerio.—Ten de esos pies, Pamphilo hermano.
Pamph.—O puta vieja, e cómo pesas, qué cargada deues yr de pecados!
Siluerio.—Mejor dixeras que los pecados van cargados con ella.
Pamph.—Aqui junto a su puerta la pongamos para que quien primero entrare pueda lleuar las nueuas.
Siluerio.—Allá quedarás, vieja falsificada, que no es mucho que coman el cuerpo los perros, cuya ánima se lleuaron los diablos. Mira, Pamphilo hermano, aunque nuestras manos se hayan mostrado sangrientas, e con crudos coraçones este caso ayamos acabado, mayor es el bien que la republica rescibe con la muerte desta hechizera que el mal que nosotros hezimos en darla tan mala muerte: ya sabes, hermano, quánto es necessario que vna puta vieja muera, porque las famas e honrras de tantos buenos no perezcan.
Pamph.—Ora a nosotros perdone Dios, pues; a la Claudina se llevó el diablo.
Palermo e Piçarro van a casa de la Claudina para traer a su estancia a Parmenia e Libertina, e llegados a la puerta de la vieja, la hallan en la calle, que avn pide confession: metenla dentro en su casa, donde manda que llamen a Celestina e la dexa por tutriz de sus hijos e tenedora de sus bienes, lo cual hordenado e por la vieja Celestina aceptado, da el ánima al diablo e dexa el cuerpo á los gusanos.
Palermo. Piçarro. Claudina. Parmenia. Libertina. Celestina.
[Pal.]—Hermano Piçarro, ya ues que nuestra pobreza no quiere tanta dilacion en lo que cumple al roço quotidiano. Si te paresce que demos vna buelta por casa de aquella puta vieja e traygamos aquellas piel de ouejas al rancho, ya sabes que no podemos hazer viaje que más sano sea.
Piç.—O hermano, hermano, cómo te hiede la vida. Despecho de la casa de Pilatos si tú no me hiedes a muerto. Estas son vnas marcadas rameras, que cada qual tiene vna dozena de amigos, e sobre todo: estos moços de Policiano son mucho de aquella casa, y aun por milagro es quando de allá salen; no pensemos yr por las pellejas e dexemos allá los pellejos.
Pal.—O pese a la fe de Tremeçen con hombre diuino, vamos, despecho de la condicion, y siquiera lo lleue todo el diablo.
Piç.—Veo te tan enojado que no cumple dar te consejo, mas descreo del puerto del Muladar si no estoy temblando como vn azogado. Qué armas te paresce que lleuemos para que no caygamos en falta?
Pal.—Espadas e capas y aun no muy costosas, pues no estamos ciertos de lo que nos ha de acaescer.
Piç.—Lo que yo te sabre dezir, no es más de que si en la posada ay varon no entraré allá más que en el Infierno. E avn que si tomo las viñas vn cauallo no me alcance. Mira, hermano Palermo, por sí o por no, haz como yo hiziere e yo pagaré por ti si murieres mal logrado.
Pal.—O, despecho de la peña camasia con tan pocas fuerças como tenemos. Pues si para este embaraço es menester algun desgarro, o hazer vn repiquete de broquel, o algun golpe de pomo, no llegaremos a un amigo que vaya con nosotros?
Piç.—Donoso estás, leydo has donde yo. Maldito seas, hermano; si hauemos de huyr, no vale más solos que con testigos? Más honrradamente haremos el salto peligroso yendo solos que muy acompañados. Toma, hermano, tu follosa e ata te la bien al cinto, porque al huyr no se te cayga, e si mal te succediere, assientalo a mi cuenta.
Pal.—Ora vamos, e Dios nos libre de traydores, que yo temeroso voy deste camino.
Piç.—Mira, hermano Palermo, cuerdo eres. No te pongas en auentura, sino en viendo me huyr aliuia tras mí, que sé muy bien los atajos.
Pal.—Por aqui por esta callejuela es más cerca e sin peligro.
Piç.—Cerca llegamos. Mas dime, hermano Palermo, no te paresce que vees vn bulto negro hazia la puerta de la vieja?
Pal.—Por el passo en que vamos que creo que dizes verdad. Lleguemos vn poco más adelante.
Piç.—A vn en ora mala acá venimos si auemos de quedar esta noche por estos cantones. Ora está atento, veamos si se menea.
Clau.—Ay, ay, que me fino.
Pal.—Escucha, que boto a tal que habla no sé qué ay.
Clau.—Confession.
Piç.—Huye, huye, Palermo. Huye, que vienen tras nosotros.
Pal.—Detente, Piçarro, detente que no es nada. Ha, Piçarro, buelue acá que no viene nadie, pese a la peña de Francia.
Piç.—O hermano mio, e cómo se me auia elado la sangre. Viste bien lo que era? certificaste te no fuesse alguna traycion?
Pal.—Calla, cuerpo de la vida mala, que lo que alli está ni se menea ni puede.
Piç.—Ora lleguemos allá, Dios e nuestra Señora nos guien. Quién va ay?
Clau.—Confession.
Pal.—Despecho de tal si no es la madre Claudina. Ha, madre señora, eres tú?
Clau.—Que me fino. Confession.
Piç—Ella es, e descreo de tal si de su casa la han visto. Hola, damas.
Par.—Quién llama?
Pal.—Abri, descreo de la media nata que está aqui la madre vieja cuasi a punto despirar.
Par.—Jesus, e qué es esto que veo? Eres tú mi madre? Justicia de Dios, señores, que me han muerto a mi madre. Madre mia, madre de mi alma. Mirame acá, señora.
Clau.—Que me fino.
Lib.—Madre, mira me acá. Buelue a mí los ojos. Quieres algo, madre de mis entrañas?
Clau.—A mi comadre Celestina. Que me fino.
Par.—Libertina, amiga mia, por la passion del que se puso en Cruz, que tú vayas corriendo hasta casa de Celestina, y la digas lo que passa, que tome luego su manto, porque mi madre la quiere ver para siempre.
Lib.—Gentiles hombres, uno de vosotros se vaya en mi compañia.
Piç.—Vamos, señora, donde tú seas seruida.
Par.—Madre de mi coraçon, por qué no me quieres mirar? Di me lo que te ha acontescido. Cuenta me tan gran desuentura. Qué dizes, madre?
Clau.—Que me fino. A Celestina.
Pal.—Ya, ya, madre vieja, ya viene la madre Celestina. Quieres algo que se haga en tu seruicio?
Clau.—A Celestina.
Par.—Ya viene, madre mia.
Cel.—Paz sea en esta casa.
Par.—Ay, tia de mi coraçon, mira mi desdicha grande, mira mi madre y mi bien todo; mira su cabeça hecha pedaços. Justicia, señores.
Cel.—Paciencia, hija mia, paciencia. Qué es esto, comadre de mi alma? qué mal tan grande fue el tuyo? alça los ojos, señora Claudina, mira que soy venida a ver lo que mandas.
Clau.—Comadre, yo me voy a dar cuenta a Dios de la vida passada. Llegado es el remate de nuestra tan larga amistad. E como en la vida te aya sido leal amiga, maestra e compañera, quiero en este tránsito que sepas el amor que te tengo: lo primero para que fuiste llamada será encargar te esta casa con los muebles y aparatos della, donde hallarás muchos instrumentos e materiales a nuestro arte necessarios, de los quales en esta mi vltima voluntad te hago libre e perfecta donacion. Especialmente te pongo en la possession de vn arca mia, donde hallarás las cosas siguientes: quatro botes grandes de olio serpentino, e otros dos pequeños de sangre de abubilla, vna caxuela llena de dientes de ahorcado y otra caxa grande de tierra de vna encruzijada; redomas para azeytes, porque son en quantidad no tengo memoria de las differencias dellas, pero de todas, con lo que dentro está, te hago libre donacion. En vn pellejo de gato hallarás embuelto seys dozenas de agujas para costuras de virgos, y en vna caxa pintada todo el aparejo junto. De todo esto, comadre, tomarás la possession en el punto e hora que mi ánima salga desta carcel. Otra cosa que deues estimar en más que todo te quiero agora dar de mi mano á la tuya. Cata aqui, comadre, vna matricula e memorial en que hallarás ciento e quarenta e dos moças que a mí estavan encomendadas, e setenta e ocho despenseros a quien estaua obligada a proueer, e veinte e cinco virgos que tengo de remediar. Todo esto e a todos éstos te encomiendo, comadre mia, que les hagas tal tractamiento que ninguno dellos sienta mi falta. Mi hijo Parmenico, ya sabes, comadre, quánto ha que está absente. En qualquier tiempo que venga le tendras por hijo[584] adoptiuo, e hasta que sea de hedad será[s] tutriz de su hazienda. Esta mochacha ya queda en hedad para ganar de comer, pero si como moça anduuiere errada, en tu consejo e auiso la encomiendo. Muchas cosas se me offrescen a la fantasia para dezirte, pero ya mi turbada lengua no me da lugar. Hija Parmenia, ven acá, abraçame.
Cel.—Comadre, ha comadre señora Claudina. Jesus, Jesus. Sancta Pascua fue en domingo.
Par.—Madre mia, madre de mis entrañas.
Cel.—A esotra puerta, hija Parmenia; ya puedes dezir que no tienes madre.
Par.—Ay, madre mia. Ay, entrañas mias. Cómo me dexays tan sola? Cómo quedo desamparada? Ay la desdichada. O pérdida grande. O mal sin medicina. O arrebatada muerte. O salteado tránsito. O madre, mi solo remedio.
Lib.—Ay, mi agradable compañia. Ay, tia de mis entrañas, qué será de nosotras? Adónde yremos en tu absencia? Quién cubrira nuestras faltas? Con qué honrra sabremos entre nuestras yguales?
Par.—Ay, señora Celestina, ayudame a llorar mi angustia grande. Siente comigo mi perdimiento.
Cel.—Hijas de mi alma, no desmayeys, tornad en vosotras, aparejad de dar sepultura al cuerpo de mi madre, que aunque la pérdida fue grande, biuiendo os Celestina no biuireys desamparadas. Y aunque los coraçones lastimados pocas vezes admiten consejo, especialmente quando la pena está reçiente, como agora la nuestra, las personas cuerdas y experimentadas en trabajos a toda aduersidad hallan medicina. Para esto nascimos, para tornar a la tierra lo que della rescebimos. La dilacion de la muerte, el deffecto quotidiano de nuestra corrupcion que de dia en dia se dilata, no es otra cosa sino vna muerte prolixa e vn continuo estar boqueando. El termino de nuestros dias por el soberano acto[585] del uniuerso está determinado, y éste no puede passar el más fuerte de los que biuen. Esta ventaja nos lleuan los que en morir nos preceden, porque al fin, hijas mias, todos a este rigoroso tránsito estamos obligados, y a pagar a la muerte este tributo, qualquier hidalgo es tan pechero como quien mayor pecho paga. Poned, hijas, vuestra voluntad con la de aquel que a mi comadre crió para lleuarla, que aunque hagays, como dizen, de la necessidad virtud, con esta conformidad no perdeys vuestro galardon; e ya, pues esta desdicha es acaescida, no podemos los que biuimos tener la rueda a la fortuna que no ruede como e quando quisiere. E tú, hija Parmenia, no çiegues ni atormentes tus ojos llorando, ni te aflijas por lo que perdido es e yrrecuperable. Pon, hija mia, essas alhajuelas en recaudo, e tomad ambas vuestros mantos e vamonos a mi posada, que mientra yo biuiere y tú de mi compañia holgares, no te faltaré ni echarás menos a tu madre.
Pal.—Damas, muy pesantes somos desta desgracia acontescida; por lo que a vuestra gentileza se deue os somos muy obligados si algo a vuestro seruicio tocare, ya sabeys el estancia, e nos podeys embiar a mandar. E pues la madre vieja os lleua a su posada, allá acudiremos para ver lo que os cumpliere.
Piç.—A Dios, a Dios, hermosas, y él consuele vuestra tristeza.
Cel.—El os guie, hijos; andad acá, moças; cubrid bien las cabezas, que muy presto somos en casa.
Policiano con sus criados va a gozar de los amores de Philomena. Y entrado en la huerta sale el leon de entre los arboles, e sin que dél se pueda defender, le haze pedaços. Y luego viene Philomena al lugar determinado, donde halla a Policiano muerto. E despues de hazer su llorosa lamentacion, con la espada de Policiano da fin a sus dias.
Policiano. Solino. Salucio. Machorro. Polidoro. Philomena. Dorotea.
[Pol.]—O noche bienauenturada. O nocturno curso de mí tan desseado. O nocturnas tinieblas, lustrosas e llenas de claridad. O escuridad apazible, quánta alegria das a mi coraçon tan vfano. Los dias me son tan aborrescibles quanto las noches agradables, porque estoy ya tornado aue nocturna que con la claridad pierdo la vista, y en tinieblas estoy muy claro. Oyes, moço.
Sal.—Señor.
[Pol.][586].—Adereçad mis armas, para que vamos a ver a aquella hermosa diana con quien mi vida tiene luz de bienauenturada alegria.
Sal.—Señor, todo está aparejado, vamos quando fueres seruido.
Pol.—Oyes, Siluanico, ve delante, mira no hallemos alguno en el camino de quien seamos conoscidos.
Sol.—Señor, dónde mandas poner el escala?
Pol.—Por esta parte más secreta, e aguardadme con el silencio possible, pues no está en más mi perdimiento que en auer señales públicas de mis amores secretos.
Sal.—Puesta está el escala, sube y los angeles vayan contigo.
Sol.—Buen pelo trae nuestro amo. Encaramada anda la Luna sobre el horno.
Sal.—Todas las cosas puede el oro. Todos los hedificios soberuios allana, e avn los coraçones remontados abate. Dadiuas en fin, hermano, dizen que quebrantan peñas.
Sol.—Es verdad. Pero el coraçon de Philomena crey yo ser de vn diamante. Vn inexpunable castillo e vn rio caudal sin puente, todo lo ha batido, todo lo tiene aportillado, todo lo ha destruydo Policiano con dineros, e la Claudina con conjuros.
Sal.—Pulilla es que consume, cançer que carcome, ladron que en poblado saltea, la vezina mala junto a la casa virtuosa.
Pol.—Mi señora no deue ser venida, muy temprano fue mi camino. Pero entre estos arboles deleytosos esperaré a la reyna de mi vida. Jesus sancto, Dios sea comigo. O, qué animal tan feroz.
Mach.—N'os digo yo? Huera aqui, Bardino. To, to, to.
Pol.—Jesus, muerto soy.
Polid.—Huera aquí, Manchado. Qualque raposa deue de andar retoçando con el leon de nuestramo, segun que se assombran estos canes.
Pol.[587].—O cómo soy burlado. O mi señora, cómo muero sin ver te. Confession. Confession.
Mach.—El diabro veo que tienen esta noche estos allanos.
Polid.—Estan despauoridos con acotra[588] alimañaza; no escamparán de ladrar en toda esta mesada. Mas no has, Machorro, emaginado qué diabros de cudados le toman a nuestramo con esta su huerta? Que dende estotra semana no sel cueze el pan mirando cada dia las almenas de la cerca. Creo que sospecha que le hurtan la ortaliza.
Mach.—Ande se pues a essas, que yo te juro, Polidoro, que vale más vna traspuesta que dos assomadas. No busca él quien le hurta las berças, son que sospecha que ésta su hija anda en qualque pel damor, e reçela se no se entren los enamorados por estas paredes.
Polid.—Valate el diablo cara de asno. Pues por aquella paredaza tan grande se auie de entrar nenguno, aunque huesse el Gigante de cuerpo criste?
Mach.—Poco sabes de garçonia. Pues para alli tienen estos escoderotes vnos diablos de escalones de soga, con vnos garauatos que suben con ellos hata la torre de sancta Maria.
Polid.—El diablo me lo daua. Quiera ella, la zagala, que no ha menester nada de essos armandijos.
Mach.—Ora, durmamos vn cachuelo, pues que los perros han parado.
Phil.—Çe, çe, Dorotea, muy quedo porque no seamos sentidas, te leuanta y escucha si en el aposento de mi señora ay algun rumor o alguno está por dormir.
Dor.—Señora, todo está sossegado. Leuantate, que no tienes de qué temer.
Phil.—O cómo creo que nos auemos tardado. Pues si Policiano mi señor es venido e cansado de esperar se me ha tornado, no será más mi vida.
Dor.—Passito, señora, no sientan estos hortolanos nuestra venida. Tú mi señora te ve sola, e yo daré vna buelta por estas ventanas, e miraré si paresce alguno de sus criados.
Phil.—Ve, amiga, e si yo no te llamare no vengas donde yo estuuiere, que no quiero que impidas mi gozo tan desseado. O mal grande. O desastre sin segundo, qué es esto que veo? qué puede ser tan desastrado caso? Eres tú, mis amores? Eres tú, mi Policiano? Eres tú el que dauas luz a mi coraçon? Impossible es que la hermosura de tu cara aya afeado algun género de muerte. Quierome certificar, e si tú eres Policiano mi señor, no ay razon para que yo biua angustiada muriendo tú despedaçado. O desdicha sin comparacion. Mi plazer es consumido. Mi gloria es acabada. Mi vida desuanescio como humo. O la más triste[589] de las tristes. O mi Policiano e mi descanso: dónde está la lindeza de tu hermoso rostro? dónde está tu esfuerço e gentileza? O dolores que este mi coraçon atormentays, por qué no le rasgays por medio? para que mi alma acompañe en la muerte a aquel que tanto quise en la vida. Mas bien acertada fuera la furia deste animal sangriento en mí, que quedo para morir con dolor, que en ti, mi vida, que començauas a gozar de los premios del amor. O animal[590] sin conoscimiento. O sanguino furor, cómo pudiste executar tu saña en el origen de la mansedumbre? Gran sinrazon haria yo, coraçon mio, a tus angustias, por mi padescidas, a tus sospiros con tanta fidelidad continuados, a tus encerramientos de dia e a tus vigilias de noche, e finalmente a morir tú por mí, si en la misma moneda no te pagasse, muriendo yo por ti; e pues biuiendo con tanta voluntad te segui, justo es que en la muerte te siga, sin tener compassion de mí. O mi Policiano, espera me que quiero morir consolada con derramar las possibles lagrimas, e dar los postreros gemidos con que se hagan tus lastimosas obsequias. E no me incuses de hembra desconoscida, diziendo que me llamas para la sepultura, e me quiero yo alçar con la vida, porque bien conozco que sin ti el biuir es muerte prolixa, mar de tempestades que fortuna remueue, e que tu sepultura e mia son el puerto de nuestro reposo, y que a quien fortuna quiere ser fauorable, junta en la sepultura a quien juntó en las afficiones. O muerte dichosa, que tú sola me pondras en la possession de aquel que en la vida me nego ventura. Tú das morada perdurable e amorosa a los que biuiendo no gozaron de los premios del amor. En ti no moran cuydados, tú ya no me darás vanas esperanças. Crueldad grande es la que hago con mi viejo padre, e mayor la que executo con mi querida e amada madre. Pero mayor la haria comigo, si con la vida de acá me priuasse de seguir a quien me está allá esperando. Mucho quisiera dar cuenta desta mi repentina muerte, a lo menos a esta mi fiel secretaria; pero porque no impida este mi forçoso camino, me será forçado el silencio. Ella dará cuenta de mi muerte a mis viejos padres, pues sola ella queda por coronista de mis amores. O espada de aquel cuyo esfuerço ponia a los mortales ánimo y osadia, que tú serás oy verdugo de mi tardança en morir, e salario de lo que yo meresci con amar. Padres mios, quedad con Dios. Madre mia, perdona me si contigo soy cruel. Dorotea, mi fiel criada, la breuedad de mis dias no me da lugar para gratificar tus seruicios: perdona me por amor de aquel que a todos perdonó en la Cruz, y a él encomiendo mi ánima, y el cuerpo acompañe en la muerte a aquel que no pudo gozar en la vida.
Sil.—Mucho se detiene esta noche Policiano. No sé qué me sienta de su tardança.
Sol.—Yo juraré que está él agora tan embeuido en la señora, que ni se acuerda que tiene moços que le esperan, ni avn de sí creo que no tiene memoria.
Sal.—Canta, Siluano, vn poquito, e acudira la moça al chillido, sabremos della qué mundo corre.
Sil.
Rio verde, rio verde,
más negro vas que la tinta;
entre ti e sierra bermeja
murio gran caualleria[591].
Dor.—No puede ya mi suffrimiento darme espacio para dexar de gozar de tu angélica conuersacion. E pues el tiempo perdido me causa congoxa, sin razon seria perder la resta si ganar se puede.
Sil.—O ángel mio, cómo has salteado mi turbada melodia, nascida de mi desseo, e continuada con el esperança que de mayor gloria me queda. Plega a Dios, Dorotea, si en mi remedio pusieres dilacion, que presto se acabe mi vida.
Dor.—Passo, passo, Siluano, que no meresce tu fe ser pagada con el oluido. Plega a Dios Policiano e mi señora por el presente, no impidan nuestro gozo, que lo que de mi parte se te deue tienes de mí muy ganado. Dexa me dar vna buelta por este jardin e veré si estos nuestros enamorados están en lugar donde puedas entrar por el escala sin ser visto, que yo te auisaré de lo que hazer se pueda.
Sil.—Pues mi señora, en tus piadosas manos encomiendo las penas mias.
Dor.—Valame Dios, tan grande es el silencio destos enamorados que en toda la huerta no rebulle criatura? A dónde estarán? Sancto Dios, qué es esto que veo? Señora mia, señora, oye me. Mira que soy Dorotea. O grande mal. O incomparable desdicha. O caso más que desdichado. O casa desuenturada llena de tan crudas muertes. O Philomena, Philomena, dechado de hermosura. Cómo pudo la muerte destruyr la cosa más estimada de la vida? O espada sangrienta, que de vn golpe tantos coraçones trauessaste. Heriste el de aquel viejo triste cuya luz oy es escurecida. Ensangrientaste las entrañas de la desdichada madre, que en esta hija como en espejo se miraua. Lastimaste a esta sin ventura que a todos excede en sentimiento. Mejor emplearas, muerte rauiosa, tus mortales sañas en mí, que a pocos diera dolor con mi acabamiento, que en aquella que tantos ojos alumbraua con su acatamiento. O Policiano, Policiano, quán desastrado fin tuuieron tus amores. Sola la muerte pudo darte lo que tan difficultoso hallaste en la vida. O amor mundano. O loco mundo. O variable mundo, lleno de tantos desatinos. Loco es quien en ti confia. Vario el que te cree. Sin seso quien tus pisadas sigue. No das vn momento de plazer sin mil años de sobresaltos. Muchos en ti confiaron y a todos dexaste burlados. A todos prometes descanso e nadie lleua de ti sino tristeza. Plega a Dios, amor, que a quien te creyere lo mejor de la vida le falte. Tú eres ciego: pues a quién puedes guiar en camino que se salue? Vete amor, vete mundo, vete Siluano, que quien vanamente ama, vanidad es su salario. Yo quiero agora dissimular este desastre e tornar me al aposento, que al fin el tiempo descubre sus obras.
NOTAS:
[586] Falta aquí en el original el nombre de Policiano.
[587] Polidioro, en el original.
[588] Forma villanesca del compuesto aquesotra. Ya anteriormente hemos visto, hablando estos mismos rústicos, aco, aca, acos y acas, por aquello, aquella, aquellos y aquellas.
[589] En el original, treste.
[590] En el original, amimal.
[591] También impresa como prosa esta cabeza de romances.
Theophilon, muy cuydoso de la liuiandad de Philomena, habla con Pamphilo e Siluerio, los quales le cuentan la muerte de la Claudina, y estando en el regozijo de ver acabada su mala vida, entra Machorro el hortolano a dezirle que Philomena su hija está bañada en su sangre en la huerta, e con el llanto de Theopilon se acaba esta tragedia.
Theophilon. Siluerio. Pamphilo. Dorotea. Machorro. Florinarda.
[Theoph.]—Oyes, Siluerio, alça vn poco essa antepuerta, veamos si es de dia, que todo esta noche he tenido el coraçon tan desassosegado, que en mi pena no he hallado vn momento de reposo; qué sientes de mi honrra, Pamphilo?
Pamph.—Señor, más deue ser al presente lo que ymaginas con el recelo, que lo que a tu hija passa por el pensamiento. No te fatigues, señor, ni con la ymaginacion penosa des fin a tus pocos dias, que no ay cosa que tanto duela que el tiempo no le dé su remedio, y para principio del tuyo, te hago saber que Siluerio e yo nos hallamos la noche passada a la puerta falsa con la vieja Claudina, e la hezimos tan buen tractamiento, que la embiamos a çenar al otro mundo. Y esto se hizo no tanto por la culpa que en ella hallamos quanto por cumplir lo que tú como señor nos mandaste.
Theoph.—Agora mis penas son acabadas. Ya mi congoxa tendra sossiego. Ya no temeré que con ocasiones malas mi hija tan querida será liuiana. O mis fieles criados, yo os prometo de gratificar vuestro seruicio como vosotros meresceys, e con él me aueys obligado.
Mach.—Hola, señor nuestramo, yergue te dende malora para todos nosotros acá donde esta madrugada nascimos.
Sil.—Qué es esso, Machorro? qué mal es el que te ha acontescido?
Mach.—Qué, señor? que nuestrama la moça Dios prega es finada e alli esta patitendida en medio de acos tablares, que es mal dolor de otealla.
Theoph.—Vienes por ventura loco o hablas entre sueños? qué dizes? mi hija no está en su retraymiento?
Mach.—Aora de cas de mi madre la garrida. Yergue te day priado, que ni caté si está comida dell alimaña ni si murio de qualque dolencia; que alli vide tanto del sangradero, que vengo medio pasmado.
Theoph.—Oyes, Dorotea, Dorotea, no me oyes?
Dor.—Señor.
Theoph.—Ven acá, dónde está mi hija?
Dor.—Señor, no sé si ha madrugado a coger el frescor de la huerta, que no está a mi parescer en su cama.
Theoph.—O dia triste. O dia aziago. O dia de mi fin desuenturado. Vamos, Siluerio, a ver este desastrado caso para mi.
Dor.—Yo voy a la huerta e vere si a lo fresco de algun limon mi señora está dormida. Ay dolor grande. Ay mal sin remedio. Ay lástima sin segunda. Ay desdichada sola. Ya no tengo quien me mire, ya no tengo quien me halagure, ya fenescieron mis fabores. Ay casa desdichada. Corre, señor, verás las arras de tus caducos años. Anda, verás la lumbre de tus ojos eclipsada, verás a la hija que engendraste bañada en arroyos de sangre que de su coraçon salieron. Corre, señor, rescibe el dote que la muerte te embia en el fin de tus antiguos dias.
Theoph.—O lastimada vejez. O canas mal fortunadas. O mi hija, lumbre de mis ojos, baculo de mi vejez cansada. Qué caso tan inopinado fue, hija mia, el que a ti trauessó el coraçon y a mi cortó el hilo de la vida?
Flor.—Qué es esto, señor mio? qué gemidos tan sin consuelo son los tuyos? Dime la causa de tus penas e sentirlas he como mias.
Theoph.—Ay dolor grande. Ay muger tan amada. Cata aqui mis reçelos, para mientes [en] mis temores. Cata aqui mis castigos no acostumbrados. Cata aqui la hija que tú pariste, su coraçon hecho pedaços. Cata aqui nuestra casa deshonrrada, y sola de la compañia para mi vejez mas agradable. O gentes que lastimas excessiuas aueys gustado, mirad si ay a mi dolor otra pena que se le yguale. O amor, amor, pues me priuaste oy de la cosa que en esta vida más amaua, pues te llamas amor a tuerto o a derecho, a quién has cometido que mitigue mis ansiosos cuydados? qué remedio pones a mi dolor tan estraño? quién aliuiará la cuydosa carga de mi vejez trabajada, pues me lleuaste oy en flor la fructa que para mi enferma senectud Dios e naturaleza me auian prestado. Pero aunque me la dieron prestada, no para tan poco tiempo: dexaras amor desamorado que mi hija començara a conoscer se para que te conosciera, e como de cossario ladrón se apartara de ti. Armaste le el lazo de tus amargos dulçores en la hedad más sin cautela para que menos te resistiesse, e más presto en tus escondidas trampas cayesse. Dime, amor tramposo, mal pagador de seruicios, quándo te offendi yo tanto que meresciesse tan crudo castigo? pues si por demeritos mios, amor falso, me castigaste, executaras tus sangrientas rauias en mis caducos años y en mi faz arrugada, e no me lastimaras en esta juuentud hermosa y en esta moçedad tan delicada. Si comigo tuuiste el enojo, por qué diste tan cruel açote a la ynocente? O amor loco. O amor desatinado. Maldigo tus pensamientos vanos, maldigo tus palabras fingidas, maldigo tus passatiempos lisongeros, maldigo tus enojosos plazeres, maldictas sean tus açucaradas çaracas, e tus deleytosos enojos, tus apassionados deleytes e los instrumentos de tus prisiones; que otros prenden para soltar, y tú captiuas el coraçon para matar. Mataste oy a la joya más acendrada que entre los mortales fue nascida. Lastimaste con mortal dolor a este triste viejo, cuyo fin á mi puerta está dando aldabadas. Pusiste en términos la vida de aquella madre desconsolada que alli veo entre aquellas yerbas medio muerta. Pues si a todos matas, e matar los hombres tienes, amor, siempre por officio, muerte rauiosa te llamen de aqui adelante y no amor halagueño. Porque si halagas es para mejor lastimar, e si lastimas, no más de para matar. Pues, mortal amor, no me puedes hazer ya mayor mal del passado, seguro estoy ya de tus ondas reboltosas, e de tus amargos desconciertos. En lo vltimo de potencia has executado comigo tu rigor; lastimado me dexas los pocos dias que en el mundo biuiere. Pues quien mi lástima tan grande supiere, no es possible sino que de ti se guarde. Si con tiento me hirieras, e tan adentro no me tocaras, mi pérdida no fuera tan grande, e siendo mi mal tolerable, mi quexa fuera templada, pues si yo de ti no me quejara, muchos en tus trampales cayeran. Ya, amor falso, de aqui adelante, porque a ninguno como a mi maltrates, todos huyran de tus sabores[592], con nadie tendras crédito, ni abrá quien de ti se fie. Amor falso malauenturado, tus fabores son humo, tus plazeres no son durables, e al fin fin amor. Omnia pretereunt preter amare Deum.
ACABOSE ESTA TRAGEDIA POLICIANA A . XX . DIAS DEL MES DE NOVIĒBRE,
A COSTA DE DIEGO LOPEZ, LIBRERO, VEZINO DE TOLEDO.
AÑO DE N[=R]A. REDĒMPCION DE MIL E QUINIENTOS
E QUARENTA Y SIETE.
Nihil in humanis rebus perfectum.