NOTAS:
[609] Sic, por Epimenides.
[610] Sic, por Euristeo.
[611] Sic, por temerario.
[612] En el original, arrogó por errata.
[613] En el texto portugués de Ferreira, Britonia.
[614] Sic, por Anfitrión.
[615] En el original, Potis.
Eufrosina, Siluia de Sosa.
Sil.—Qvé soberuias son éstas, señora? quién será poderosa con vos? ya no quereis ver a nadie, todo vuestro entretenimiento es con aquel primo; pues tiempo vendra que tendremos por acá algun pariente.
Sil.—Pues, señora, hago muy bien, cada vno ama los suyos.
Euf.—Es assi, pero estais tan vana, que no se atreue nadie a hablaros.
Sil.—Ay tal cosa? algo me ha visto? si me tuuiesse embidia, qué ventura seria, mas bien sé que burla siempre de todo. Truxome vna carta de mi hermano, con que me alegró en estremo.
Euf.—Y qué os dize en ella?
Sil.—Que espera venir muy rico de allá, y que no me case en su ausencia, porque todo lo quiere para mí.
Euf.—Traygaoslo Dios con mucho bien; mas para esso confío que no será necessario, que si yo tuuiere amparo, no faltará para vos, segun sé de mi padre, que no es el que menos bien desea.
Sil.—Assi confío yo, y con essa esperança viuo, y la tengo de veros Condesa; pero, señora, quanto más, tanto mejor.
Euf.—Quereis mostrarme la carta?
Sil.—De mil amores, y en ella vereis que os besa la manos.
Euf.—Escriue muy bien; mostrásela á mi padre, que se alegrará de verla; vuestro primo y él serían grandes amigos.
Sil.—Como vña y carne, y camaradas en la Corte con otro mancebo natural desta ciudad, criados todos del Rey, y vinieron ambos aqui a holgarse este verano. Mi primo, señora, es hombre de importancia, muy discreto, Poeta, musico y muy galan; en la conuersacion tan afable y entretenido, que os perdereis por él si lo comunicassedes. Ayer os vio y os alabó de muy hermosa; juró que no auia en Palacio dama que os igualasse, y que si allá fueredes, que los embelesarades a todos, mas que le parecia que sereis fria de condicion.
Euf.—Ay mal hora, tan presto me conocio? contadme más desso, por vuestra vida.
Sil.—Assi me salve Dios, que me dixo que no creyera que huuiera en el mundo tal hermosura; y que si la copiaran al natural, sólo el retrato bastaua para matar de repente, como la imagen de la fortuna al mancebo ateniense.
Euf.—Libreme Dios en buena fe, con vuestra licencia, y no lo digo porque lo quiero mal, él me parece vn grande bobo.
Sil.—Ay, ay, en qué? Esso tiene, señora mia? desechaldo, buen galardon es esse: bobo? O qué gracia, sí, desse pie se calça él! piensa el otro que las mata en el ayre y que no hay más bizarria en el mundo que la suya!
Euf.—Por pensarlo él no ha de ser luego, pues se ve lo contrario.
Sil.—Aora no más, no más; entendida sois, señora; lo cierto es que nos azechastis quando hablamos.
Euf.—Pues sí, vistis vos esto? No tenia yo aora otro cuydado.
Sil.—Cómo se haze de nueuas!
Euf.—Qué, me vistes? Iesus, líbreme Dios; ya oy no lo passaré sin falso testimonio.
Sil.—Assi me vea yo Reyna como la vi con estos ojos, y aun la oi reirse, quando él se quedó como muerto con la passion de vna cierta cosa.
Euf.—Y él qué diablos os contaua para tanto sentimiento?
Sil.—Como ella lo vio también lo oiria.
Euf.—Mejor me oyga Dios en su Reino; acerté a passar y no sé cómo miré por vna raja de la puerta, y entonces lo vi sin sentido.
Sil.—Ha, confessar sin tormento; cómo la cogi luego!
Euf.—Qué confiesso yo? he dicho que azeché?
Sil.—No a mí, que las vendo y las reuendo.
Euf.—Mirad, pues, qué cosa para azechar ni hazer caso dél.
Sil.—Pues bien, bien, de aquellas cosas tales tiene ella muchas.
Euf.—Qué buena ventura para desear tenello, antes lo querria perder que hallar; pero hablando verdad, qué os contaua que le hazia estar tan lastimado? Eran algunas necedades?
Sil.—Sí, necio es el moço! pues a fe que si se lo dixesse, que seria cierto el holgarse.
Euf.—Ea, pues, dezid.
Sil.—En buena fe no lo diré, ni me saldra por la boca.
Euf.—Por vida mia, Siluia[616] de Sosa, que lo digais.
Sil.—Señora Eufrosina, verças que no aueis de comer, no las procureis cozer.
Euf.—Si yo lo adiuinare, me lo direis?
Sil.—Podra ser.
Euf.—El más ordinario entretenimiento destos galanes es en amores; contariaos algunos cuydados con ansias de ausencia de la Corte y algunas alabanças vanas.
Sil.—Esso es, mas son de aqui desta ciudad.
Euf.—Y el cuytado tan desfauorecido anda o es de muy enamorado?
Sil.—A vos qué os va? dexadme os ruego, señora; muy bien dizen que las mugeres son muy inclinadas á saberlo todo. Vos qué teneis que ver con los amores del otro?
Euf.—Cómo sois inocente, amiga! qué va en esso aora o qué pesadumbre os da que lo sepa yo? si por saberlo le huuiesse yo de hazer algun mal tercio!
Sil.—Quiça sí.
Euf.—Mas á mí por vn oido entra y por otro sale.
Sil.—Pues, señora, descanse y repose, que no lo he de dezir; qué queria ella? burlar de mi primo y dezirlo a quien lo quisiesse oir?
Euf.—Bien casaré yo con essa fama; qué me vistes vos descubrir? ahora quiero tener enojo por la opinion en que me teneis.
Sil.—Cómo se haze de la enojada! quiere que lo diga?
Euf.—Quiero.
Sil.—Hame de jurar que a viua criatura no lo dira.
Euf.—Iuro por vida de mi señor padre.
Sil.—Assi lo promete como quien es?
Euf.—Prometo.
Sil.—Mire, señora, lo que promete.
Euf.—Acabad ya; Iesus, cómo sois desconfiada; yo no sé qué os diga; por lo que a mí toca, juro a estas letras con que se escriuen las palabras de Dios, pues me hazeis poner la boca en él.
Sil.—Que no lo direis?
Euf.—Que no lo dire. Ay cosa como ésta? aunque yo fuera la mayor parlera del mundo.
Sil.—Aueis de saber, señora, la mayor gracia que aureis oido; él me quiso dar a entender que era perdido de amores de la señora Eufrosina desde la primera hora que la vio; esto con grandes conjuros, que no saliesse de mí.
Euf.—Callad, no me lo digais; mas dezid, es verdad, por su negra vida negrecida?
Sil.—Assi yo viua, que estos eran sus sentimientos.
Euf.—Aora lo aueis mejorado. El diablo me dio adiuinar que él era algun gran loco. Pensará que por ser cortesano le he de estimar? qué de engaños que ay en el mundo! Pareceos qué cosa son hombres desuanecidos, que piensan que todo lo que les viene a la imaginacion es lo cierto, y que en mirando sus ojos, luego les queda el campo por suyo? Mirad, pues, quién para poner en mí el pensamiento; no puedo escusar de tener vn grande pesar de semejante locura. Vistes aquella fantasia de insensato? querria mucho saber si tiene noticia de quién soy o qué vio en mí para presumir esso; y vos, señora, muy desapassionada lo estauades oyendo hablar alto y a buen son, y fuera bien le dixerades que no os dixera tales locuras.
Sil.—Qué le auia de hazer, o qué sabe ella lo que yo le dixe? podiale tapar la boca ó darle con vn palo? En lo que yo tengo culpa y fui vna gran boba, fue en dezirselo. No de valde me rezelaua yo y queria callar; dixelo por acabar con sus persecuciones, que quando empieça nunca acaba, no para otra cosa sino para reirnos; bien adiuinaua yo esse enojo quando me escusaua.
Euf.—Y no es para tenerlo? qué graciosa es!
Sil.—Estas cosas, señora, quanto menos caso se haze dellas más se deshazen. Los hombres tienen ojos y nadie se los puede tapar, ni estoruar los pensamientos. Y las estrañezas de las mugeres en estos casos no se alaban, porque ninguno las obliga ni fuerça a lo que no quieren, y quanto más se descuydan destas memorias, más esfrian el fundamento dellas.
Euf.—No me aconsejeis en esto, que yo sé muy bien lo que me conuiene; y de tener por ligeras las cosas en los principios vienen despues los fines a ser muy pesados; y porque yo entiendo quánto importa atajar malas opiniones, desde aqui os lo digo, que si vuestro primo boluiere acá, que lo desengañeis muy bien, y le digais que no os hable más en esso, o no venga aqui, que no os lo consentiré, ya que estais en esta casa conmigo.
Sil.—Yo merezco todo esto y mucho más; el diablo me mandó a mí hablar. Siempre el callar fue bueno; no ay cosa más prouechosa que el silencio. Bien me temia yo lo que auia de ser, y pues assi lo quise, assi lo tengo; mas de los escarmentados se hazen los arteros; por esso si yo puedo, no me sucedera otra tal.
Euf.—Y pues qué quereis vos, señora, que él se alabe por la ciudad que trata amores conmigo? pareceos que será bien?
Sil.—Para qué es hablar en esso? tan ignorante soy yo, que no entiendo lo que va en este caso? y bien, señora, qué cuenta diera yo de mí dessa manera, si no supiera yo muy cierto que todo es en él piedra en poço? con mis manos me matara; quanto más que yo no alabo ni alabé el hecho, mas echélo a burla y passé ligeramente por ello, como quien no quiere la cosa, ni me acordaua, ni me passaua por el pensamiento pensar en lo que me trató, si no me hablarades en ello; mas por bien hazer, mal recebir, sacóme los ojos porque lo dixesse, y yo sencillamente no lo supe negar, y aora quiereme quitar que no hable con vn primo que tengo por hermano; pues qué parecera esso, hazer caso donde no hay de qué? mejor sería echarlo a las espaldas, que yo segura estoy de hablar más en esta materia.
Euf.—El loco, si viene a mano, andaralo diziendo a todo el mundo, y a mi fama le estara muy mal; que la de las mugeres más consiste en lo que dizen que en lo que es, pues qué cosa para llegar a los oidos de mi padre, qué brauezas hiziera! quedaramos bienauenturadas vos y yo!
Sil.—El cómo lo ha de saber? estais muy engañada, señora; bien podeis descansar en essa parte, porque él es el más callado hombre del mundo, y tiene gran pundonor en serlo; sabeis quánto, que quando me dixo que andaua aflixido, que yo le importuné que me dixesse la causa; dixomela por cumplir conmigo por lo que me quiere, y en ninguna manera me quiso dezir el nombre, diziendome que su mal no lo tenia; mas como nosotras somos siempre inclinadas a saber, hize con él lo que vos aora conmigo, y tanto lo conjuré, que sobre mi fe me lo dixo.
Euf.—Dessa manera se descubren todos los secretos, y de vno en otro dichos secretamente quedan más públicos que la plaça. Todos essos son disimulos y engaños y más engaños, particularmente estos Cortesanos, que tienen por gala ser parleros y deslenguados.
Sil.—Essos serán vnos que se precian de despejados, por lo que dizen: hombre vergonçoso, el diablo lo lleuó a Palacio, y todo su saber lo tienen en la lengua; mas mi primo es muy diferente y tiene otra capacidad.
Euf.—Venga el diablo y escoxa: tales son vnos como otros; del rio manso me guarde Dios, que del brauo yo me guardaré. Estos tales muestran el pan y asconden la piedra. Qué mayor locura y necedad puede auer que ponersele en la cabeça quererme bien?
Sil.—Aora, señora, no hablemos más en esso, y se quitarán quistiones.
Euf.—Sea assi; mas hablando verdad, qué razon le hallais o qué disculpa?
Sil.—Antes, mirandolo sin passion, pues quiere que le responda, es muy grande discrecion; porque vos, señora, sois muy noble, y los grandes espiritus siempre se inclinan a cosas altas; vos muy hermosa, don de naturaleza que tiene juridicion sobre los más claros entendimientos; vos muy discreta, singular excelencia y por lo que más se estima qualquiera persona humana; y finalmente, en vos, señora, estan todas las gracias. Pues siendo esto assi, como es, yo diria que quien no se rinde a tantas causas juntas, que le falta entendimiento para conocellas. Y como mi primo tiene tan viua discrecion, tuuo este conocimiento por su mal, como él repetia. Dezia muy bien quando yo burlaua dél y le reprehendia su poca razon: menos la teneis vos, prima; a vn simple que no alcança lo que yo entiendo, no fuera de admiracion enamorarse de la señora Eufrosina; pues la hermosura tiene tanta fuerça, que Ciro, careciendo del sentido natural, con ver vna muger hermosa lo cobró, y mucho menos será perderlo como Orestes por su Hermione, y la vida como el hijo de Demetrio; quanto más yo, que en viendola me eleué, deslumbrado de su vista, porque nunca vi tal resplandor, y contemplando su interior le consideraua vna alma de mil perfeciones que daua lustre a lo de fuera, publicando marauillas de la diuina naturaleza, de manera que sus excelentes partes traen consigo la disculpa y la razon de lo que causan. Si yo no tuuiera ojos ni entendimiento, me pudiera disculpar, y otras muchas razones que alegaua en su fauor, que no sé dónde hallaua tanto que dezir. Coucluyome y no supe qué responderle; sólo le dixe que se despidiesse desso como de vn impossible; y como he dicho, por vn oido entró y por otro salió, para en quanto deziroslo[617] sino me atormentarades, aunque tuue dolor de sus ansias, que parecian de grande amor.
Euf.—No hablemos más en essas necedades, que me corro de gastar tan mal el tiempo; y os auiso que os guardeis como del fuego de dezirle que yo lo sé, ni cosa alguna otra de mí.
Sil.—Iesus, señora, guárdeme Dios, esso le auia yo de dezir? mejor juyzio me dio el Señor; hallastis la moça parlera? antes me mostré con él tan airada, que desesperado de hallar en mí remedio, con rabia hizo voto solemne de quereros siempre bien y morir por esso.
Euf.—Enterraránlo, y no se perderá en él Venecia, y haránle lo que no hazen al caballo del Rey.
Sil.—Callemos, señora, que viene vuestro padre.
NOTAS:
[616] En el original, por errata, Silua.
[617] Aquí debe de haber errata ó está confusamente traducido el texto portugués: quanto para respeito de volo, senhora, dizer.
Cariofilo, Andrade, Zelotipo.
Car.—Qué ay por acá? Andrade, qué haze tu amo?
And.—No sé, señor; despues que venimos a esta tierra no le entiendo, pareceme que anda muy enamorado.
Car.—Por tu vida, en qué lo conoces?
And.—Yo soy demonio y nada se me encubre.
Car.—Dime, aqui nueuamente en esta tierra?
And.—Bien lo sabe V. m., no disimule. Ellos encubrense de mí, y al fin lo he de saber, que todo se sabe. Piensan los enamorados que los otros tienen los ojos quebrados, y nada es tan secreto que tarde o presto no se descubra.
Car.—Tú, picaro, te tienes por gran Profeta; mas yo atendriame a Merlin; dónde está aora tu señor?
And.—En su aposento tañendo vna vihuela; mandóme que me fuesse a pasear, por quedarse solo en sus contemplaciones. Todo su entretenimiento aora es trobar o estoruar.
Car.—Voy a ver cómo passa esso.
And.—Vete, que tal cabeça es la tuya como la suya; doylos al diablo a todos juntos y a quanto poder en ellos tengo. No me sacará Dios de seruir escuderos? mas qué digo? éstos aun son peores que çapateros, su exercicio murmurar en su aposento de vnos y de otros. A vnos dizen que son desalentados; a otros faltos de vista, por dezirles inocentes; al otro desluzido, y yo no sé quál es lo mejor o lo peor. A los honrados llaman pobres, á los ricos villanos ruynes. Concertáme esta gerigonza: todo es locura y blasonar de hijos de sus padres, y que a ninguno han de sufrir nada; desprecianlo todo y son poco conuersables; su vanidad ponen en visitar grandes señores; no disimulan ni sufren nada a los criados, y burlanse dellos. Atengome a los que traen las bolsas de sus amos, que no ay oficio en la tierra que no alcancen. Estos pelones nunca leuantan cabeça, y todo su fin es ir a morir a la India y peregrinar en armadas. Fuerte género de gente son estos cortesanos; todos se roen vnos a otros como carcoma; a quien hazen más cortesias y dan más gorradas, desean mayor mal; aora yo he de azechar y escuchar lo que éstos dizen.
Car.—Las de su merced beso; vos estais vn Apolo sobre los muros de Troya, dezid alguna cosa.
Zel.—Ha, señor, que me muero poco a poco y no sé qué ha de ser de mí; siento que se me destila el alma y se me gastan los espiritus.
And.—Ya mi amo empieça a eleuarse; bueno va el negocio, alguna grande historia es ésta, yo no sé qué diablos tiene, ni qué no; solia burlarse de quien queria bien, sino por passatiempo, y pregonauase por más entero y libre que guardenos Dios; yo he de procurar entender dónde va esto; mas si quisiesse bien a Silua de Sosa su prima? y lo presumo, porque quando la va a visitar se limpia y adereza, y persuade a su hermana que le embie presentes; quiero escuchallos.
Car.—No sabeis qué ha de ser de vos? Yo os lo diré: lleuad delante las buenas obras, no espereis que despues de muerto os las hagan acá, que hecha la preuencion, yo fiador que sereis bien recebido en la diuina posada; y no os fieis de herederos que hagan lo que vos no hizistes, que les sobra escusas para no hazerlo.
And.—Es diablo este Cariofilo, todo de buena ventura y de darse al tiempo y holgar.
Zel.—No hablais a proposito, que aun yo no voy allá tan de prisa.
Car.—Buena señal, segun esso no os quereis morir.
Zel.
Que pene y viuiendo muera
Por tan honrada ocasion,
Basta por satisfacion.
Car.—Bueno está, mas essa vihuela tiene las vozes sordas.
Zel.—Tales son los oidos de alguna para las mias.
And.—Mal pecado; esso te entrará a ti por casa, antes que la buena ventura; creed que al hombre pobre nada le sucede bien.
Car.—Y os tocastis en su tiempo el Conde Claros, y conozco de vos que lo hariades bien.
Zel.—Esso dexolo yo para vos, que sois todo vna pandorga, y más si es descantada con agallas y pitos de varro. Esto sí que os sonará bien.
Car.—Arte tuuistes aora, aunque poca; aun teneis necessidad de ser más dias mi platicante, porque mi galanteria es superior.
And.—Ya ellos empieçan a burlarse y de ahí vendran a murmurar, que es más sabroso, y por no perder costumbre.
Zel.—Tenemos vos y yo muy diferentes estados: a vos todo os corre viento en popa, y yo canto siempre el cantar de Telamonio.
Car.—Dezid algunos versos, y vere adónde llega vuestra lança, y mirad si os podeis hazer de rogar.
Zel.
Contento con mi cuydado,
Dado en mi pecho de assiento,
Siento yo que me es prestado
Estado en que estoy contento.
Car.—Essos ecos y diriuaciones pienso que llamais flores de componer y grande habilidad. A mí no me agradan tantas rebueltas, al menos vsadas mucho: porque yo querria que mis versos tuuiessen sentencias; y no me peno mucho que sean con harmonia ni desharmonia, porque parece mucha obseruancia de Poeta, y sólo el nombre me calma.
Zel.—No sé si os diga que essa opinion es vulgar, porque el verso ha de seguir arte; y este es el fundamento de su artificio, y si no, hablad y escribid prosa.
Car.—Si he de dezir verdad, essa es la que me satisfaze, sino que el lenguage Portugues ay pocos que lo vsen.
Zel.—Menos ay que lo entiendan, y nace de que todos se esmeran en inuentar nueuas vozes y poner tassa a los bocablos, y no saben ni guardan la compostura y orden de las clausulas, y son tan demasiados en cercenar, que no le queda vestido. Mas dexado esto, al verso no se le puede negar el primer lugar, por muchas razones, y tened vos la opinion que quisieres. Aora quiero os dezir vnas coplas que hize poco ha en Castellano, por ser más recebido y menos glossado.
Car.—Dezid, que ya sabeis que tengo buen oido.
Zel.
En la falta de no veros
Sobra a los muertos dolor,
Los viuos en conoceros
Reciben mortal temor.
Los vnos porque no os vieron,
Y los otros en miraros,
Yguales penas sintieron,
Primeros, porque os perdieron,
Segundos, por no esperaros.
Que quiso Dios tal hazeros,
Que a los muertos sois dolor,
Y a los que viuen temor,
Por no veros y por veros.
Car.—Estan buenas, mas parece que van muy embueltas, y esse veros y no veros es más viejo que Sarra.
Zel.—Pues qué quereis, lenguage nueuo?
Car.—Sí, si pudiesse ser, porque estos diriuados son ya muy ordinarios y enfadanme mucho estos terminos, honrarme por deshonrarme, y son vnas guaridas más trilladas que el camino de la Corte.
Zel.—Sabeis de qué nacen essos fastidios? de estomago dañado, y leer sin gusto a fin de censurar, por mostrar discrecion, es vna purga que haze que no se logre nada en el pecho.
Car.—Con todo, no me negareis que noto bien; pero os dare vn remedio para assegurar vuestra mercaduria: partios a Castilla y dexad a Portugal a los Castellanos, pues les va tan bien en ella. Poned tienda en Medina del Campo y ganareis de comer con glosar Romances viejos, que son apacibles, y poneldes por título obra nueua sobre mal huuistes los Franceses la caza[618] de Roncesvalles; mas temo que ande ya allá el trato dañado como acá, donde lo censuran todo estos criticos que no medran ya chocarreros.
Zel.—Bien me honrais por buenas palabras; pero essos glossadores deuen de saber poco de los muchos y grandes Principes que vsaron el verso, no para cosas de burlas, sino para cosas de tanto tomo, que quando los primeros hombres quisieron hazer peticiones a Dios, ordenaron el verso por mejor, más discreto y breue modo de orar; y los que más fauorecieren la prosa, que vos autorizais, trabajarán por acabar las clausulas en consonantes.
Car.—Digo que teneis razon, mas yo no sé que aya cosa que tanto enfade como estos Poetas vulgares, ni que se puedan sufrir malos versos.
Zel.—En esso vereis quán fina es la poesia, que no sufre vn atomo de descuydo; y assi lo dize Horacio en el Arte Poetica, que no se admite mediano Poeta.
Car.—Y pues vos, en qué rumbo os poneis? de Poeta o de Porreta?
Zel.—No os burleis tanto conmigo, que me correre.
Car.—Esto es para vos agua rosada y fauores que os doy.
Zel.—Qué poca caricia hago yo a estos gustos, como quien lo tiene perdido en la vida y cosas della, sin poderlo emplear donde todo es bien empleado!
And.—Otra vez buelue mi amo a sus sentimientos, y Cariofilo tiene razon, que por todas sus coplas no dare medio real. Atenermeia yo antes a saber notar peticiones, y quando no, a escriuir cartas missiuas, como aquellos que estan en las plaças, que es dinero de cada dia.
Car.—Y pues, fuisteis a casa de vuestra prima o qué teneis sabido?
Zel.—Querria saber y temo.
Car.—Quien mucho mira los fines, nunca hizo buen hecho. Si Anibal considerara la dificultad de passar los Alpes, no enbiara tantos anillos a Cartago. Alexandro inconsideradamente passó el río; echa el dado como Cesar, que la necessidad haze la razon; id a veros con vuestra prima, que ya tardais: porque Alexandro ninguna cosa sufria menos que la tardança.
And.—Esso esperaua yo; con la prima es el negocio, como yo sospechaua; todo al fin se sabe, por más que se encubra.
Zel.—Temo hallar peores nueuas que las que rezelo.
Car.—Estaos ahi, que yo os pagaré lo que es vuestro. No aueis oido dezir que huye la muerte de quien la desprecia, porque ella sigue a quien más la teme?
Zel.—No enojé a mi prima con serle importuno.
Car.—Luego dezis que sois enamorado; qué cabeça para gouernar a Venecia!
And.—Dize la caldera al sarten.
Car.—No ay cosa para acreditaros con ella como que os vea con poco descanso, y que andais con dessasossiego y le dais prisa, porque a las mugeres lo que más obliga es locuras.
And.—Luego vos no podeis errar en valer con ellas, porque otro tendra menos desso y más de moneda.
Car.—El principio y medio dizen que es más que el todo; quebrastis la lança del primer encuentro; deste segundo la lleuareis a tierra con el arçon trasero, como Florestan el buen justador.
And.—Con la paciencia que está mi amo Cariofilo, creed que es determinado, y sabe de memoria estos negocios. Mi amo buen piloto solia ser, no sé qué es esto aora, sin duda que le ha dado algun mal ayre.
Car.—Quereis vn buen consejo de mala cabeça? escreui vna carta y lleuasela a vuestra prima, para que se la dé a la señora Eufrosina; porque destas dize el Castellano, la letra con sangre entra.
Zel.—No la ha de querer dar.
Car.—Qué desesperado sois! quiero enseñaros, pues os tornais a los dias en que nacistes y aueis menester maestro. Aueis de saber que las mugeres son mentiras y trampas en estos negocios; no creais a vuestra prima, que por muy amiga vuestra que sea, siempre hazen vnas por otras, y fingen essos miedos y encarecimientos por hazer mejor su partido; mas en todo tiempo estan dispuestas a otorgar aun más de lo que les pedis. El estar algunas escarmentadas de nuestra poca verdad las haze cauteladas y querer medirlo todo con el tiempo; mas quanta experiencia pueden tener de nuestros engaños, no basta para que se guarden dellos, antes gustan de ser engañadas para su disculpa. Porque a la verdad, nosotros nunca las acometemos a que se echen al amor, siempre nos vamos costeando con su voluntad; y si bien suele suceder, pedir el goloso para el vergonçoso.
And.—Yo os prometo que es Cariofilo matrero.
Car.—Lleuad vos la carta, que nada se pierde, y si no la quisiere tomar, echadla en su regazo y venios como quien arroja barro a pared; si pegare, pegue, y sobre mí que ella tendra cuydado.
And.—Otra historia es aquélla; no entiendo esto bien, mas si a mi amo se le ha puesto en la cabeça enamorar a Eufrosina? si asi es, mandole yo mala ventura, no le arriendo la ganancia. Estos ni temen ni deuen; no ay cosa que no intenten; mas miren ellos allá, no busquen tres pies al gato. Yo estoy contento de verme fuera destos negocios, no quiero sus gustos por sus pesares. Dios me ha hecho merced.
Car.—Este es el mes de los gatos; estamos en Abril, quando rebientan los arboles y crece la sangre, ya me entendeis, que quando la hoja de la higuera haze pie de gallina, etc. Estas todas se tienen por los pies como cerezas, y vuestra prima luego como os venistis dio con la lengua en los dientes, y la señora Eufrosina lloró de placer de auerse acordado el amor della; llaman ellas a esto passatiempo; hará cuenta de passarlo con vos como quien viue en ociosidad, que es la yesca deste fuego, y las armas de Cupido; que a Egisto sola esta causa de viuir ocioso da Ouidio para ser adultero, y la misma haze por vos; querra desenfadarse con ver quatro papeles de amores, pareciendole que todo será gracia, y nunca os pese destas gracias, que de las burlas vienen las veras, y mas éstas muy nobles, que quanto son más altas, estan más cerca de los estremos, y les puede llegar mejor el viento para mouerlas, y empeñanse poco a poco, y viene a ser mucho, porque no pueden limitarse en lo que hazen, por ser en ellas todo en los estremos, y el amor como es sutil se imprime mejor en los espiritus delicados.
And.—Ya lo he entendido todo, no he menester saber más; hazeis vos la cuenta sin la guespeda, guardad no os salga al rebes, y bien sé yo quien lleuará lo peor, porque Cariofilo no haze más que meter los perros en la mata y salirse afuera; tales son los consejeros en los malos sucessos: todos quieren sacar la castaña del fuego con mano agena; mas si mi amo sale con esta pretension, nunca hombre tal hizo; yo no soy amigo de esperanças tan dudosas; con su pan se lo coma, no le tengo embidia. Negocio es este de mucho secreto, y yo muero ya por tener a quién dezirlo, no me detendre sin parlarlo siquiera a su hermana; por esso mire cada vno dónde y con quién habla.
Car.—Sola una duda ay en esto y no tiene otra.
Zel.—Quál?
Car.—Tener ella otro enamorado, porque es muy dificultoso desarraygar voluntades; pero el Propercio, que fue hombre de experiencia, afirma que se muda y rebuelue el amor como lo demas, y que la letra de su rueda es venceras o serás vencido. Vn clauo con otro se saca, y vn amor con otro, y con porfias pudiera ser vencida Penelope; si me creis, no teneis que temer. La fortuna ayuda a los atreuidos, y en esto no pueden escusarse todos los inconuenientes, que amor trae continuas discordias, mas el tiempo haze obedecer a los leones, y con él se ablandan. El agua caba la dura piedra, y con agrado y buen seruicio todo lo vence el amor. Y si esto no os parece bien, amigo mio, quien consigo se aconseja, consigo se despene.
And.—Assi digo yo; hombre de chapa y determinado es el Cariofilo; estotro no parece que es él, porque solia aconsejar a todos: no es possible sino que le han dado algunos hechizos de los que quitan a los hombres sus inclinaciones.
Zel.—Vuestros consejos me dan la vida, que sin ellos no la tuuiera; y pues siempre me hallo bien con executallos, quiero escriuir el papel.
Car.—Dios delante, y mirad lo que hazeis; empeçad con palabras blandas, graues y de crédito, pocas y ciertas, que digan lo vuestro y lo ageno; y si os parece bien, no seria muy malo poner copla al fin con alguna cifra que declare vuestro intento, como vn coraçon asaeteado ó en vñas de leon, y otras semejantes, con vna letra que diga:
Por amor de vos, señora,
passé yo la mar salada.
Zel.—Picastes os ya en alguna llaguilla que tuuiessedes, vos heristes en el dedo para escriuir con sangre, que es caso de gran piedad, y seria buena letra:
Coraçon de carne cruda,
veslo tu amor aqui[619], etc.
Car.—Mas si quisiessedes competir conmigo sobre esta materia en que yo pienso que soy aguila!
And.—No hay cosa que ellos no glossen; todo lo que hazen los otros no les está bien, y no faltará quien haga con ellos lo mismo y descante en sus cosas por más resabidos que sean. Todo hombre cré de sí vna cosa y piensa de los otros otra.
Car.—Sabeis quánta destreza tengo en cartas de amores, que me atreuo a dezir que leeré de catedra a quantos hay en Paris.
Zel.—Pues leedme a mi alguna cosa que pueda injerir en ésta.
Car.—Soy contento, aora oid notar.
And.—El roer de vñas que mi amo trae, el tirarse los dedos, el escriuir y borrar! Acierta Iuan, piensalo bien y hazelo mal.
Car.—A esta alta y practica filosofia no le penetra la entrañas sino hombre tan experimentado como yo: porque Bartulo ni Baldo nunca passaron de saber hazer vna peticion y vnos articulos acomulativos, y de aqui viene que a sus sequazes, si les hurtais el viento al estilo ordinario de la facultad que tratan, deslizan luego con frialdades y no dexarán el discurrir por vn verosimile et in rei veritate, aunque los açameis como a lebreles. Pues essotros peones de Aberrois, carniceros de naturaleza humana, si pierden el norte a hablar por fimbria intonsa, apoplexia y recetar por cifras, luego se despeñan por vnas gracias hambrientas que a legua muestran el interes y la codicia, y traen muy mala burla: porque es con la vida, que no tiene apelacion. De todos éstos ay entre vosotros grandes remolinos de maliciosa necedad, in vtroque iure, como ellos dizen, más peligrosos que los baxios de Padua. Por esso como huuieredes vista dellos, id siempre con el timon en la mano, y desviaos de su conuersacion y trato, por escusar anotomias en la hazienda.
Zel.—Mucho os diuertis de nuestro proposito.
Car.—Ya soy con vos; assi que digo que son muy raros los que saben tratar esta materia, muchos los confiados y pocos los bien sabidos; porque los sufribles son musicos de sentido y dan mil consonancias falsas.
And.—Vos solo sois el que acierta; tal sea vuestra vida, y para mí éstos que más enmiendan son los que yerran.
Zel.—En qué tono os poneis vos?
Car.—No me atajeis, que no me amarro a Diapante ni a Diapason, porque soy más multiplicado en los puntos que la misma musica.
And.—Confiança como la mar, mas el juyzio buscaldo.
Car.—Mas el fundamento desta arte corre assi: tenemos ciertos puntos fixos o propositos confirmados; declarome: al principio aueis de hazer vna entrada con vna preparacion comedida, vn respeto obediente, vna sumission segura, vna fuerça sujeta, y todo se remate en cumplimientos más prolijos y más sueltos que los de vn Castellano. Exemplo: Pues mi ventura quiso y tal assi, no fue más en mi mano, cien muertes es poco para, etc. De manera que tomada la rienda por estos terminos, que son los elementos desta ciencia más incierta que la Astrologia, podeis escaramuzar por la vega de Granada, con todas vuestras obligaciones a modo de peticion, hasta llegar a poner el cuento de la lanza en P. Siguese luego de aqui boluer sobre lo que pretende pedir, merecer o tener merecido, porque quien bien sirue premio alcança; para lo cual son necessarias eficacissimas y obligatorias razones deriuadas y que tengan energia, codiciosas, mas desinteressadas, que son dos contrarios en vn sujeto, y tan blandas como lima sorda, porque amor toda su guerra la haze por contraminas; assi aueis de procurar que por lo que dezis no seais sentido hasta que le leuanteis la vandera en el muro, porque si os entienden antes, escandalizanse como pajaros de las redes, donde ojos que las vieron ir no les daran más alcanse. Y si les parece que sois buey, y que no pretendeis más que apastar en el prado de la obediencia, y que estareis sujeto a su gusto y hareis lo que quisieren, sin otro fundamento que el de su voluntad, fianse de vos y las lleuareis hasta el Cayro. Ay algunas ariscas y zahareñas que quando pensais que las teneis asidas se os escapan de toda obligacion; y si bien confiessan y acetan la voluntad, niegan la satisfacion. Esta es ocasion de grandes quexas al mundo, y se permite que llegueis a inuocar y pedir vengança al amor, brauear y enfureceros como endemoniado, con tal que con rabia no llegueis a murmurar ni amenazar, que es estilo baxissimo, y nunca os desamarreis de la esperança, porque todo lo alcança el comedido sufrimiento. En alabarla sereis tan continuo, que sea la salsa de quanto le escriuieredes, porque les haze grande apetite, y con la presuncion que de sí tienen no desprecian alabança ninguna, antes estan satisfechas que la merecen, aunque más leuantada sea de punto, tanto que las más feas quieren ser más alabadas.
And.—Dize verdad; doylo al diablo, y cómo las conoce!
Car.—Como son compuestas de vanidad, naturalmente desean ser alabadas, y más de hermosas, que sobre todo procuran y estiman; sucede tambien que se enojan y por daca aquella paja hazen pendencia a fuego y a sangre. Aqui aueis de acudir luego a pedir perdon, aunque sea de sus culpas, y ofrecer obediencia y sujetaros a recebir mil penas, culparos quando no tengais culpa, negar a pies juntos toda sospecha que os condena; si sois culpado, dalle escusa; en caso de zelos, ni confesseis ni negueis; porque dexallas sospechosas quanto a vos y confiadas quanto a sí haze mucho en vuestro fauor; quitalles la ira es importante, porque no dexeis, como dizen, criar la yerba en el trigo, y en teniendola mansa con las blandas disculpas, es conjuncion de mejoraros y acrecentar el premio de los fauores, porque la reconciliacion de los enamorados es con doblados gustos.
And.—Iuro a tal que les sabe los intrinsecos; mas cómo no ha de saber, que éstos de dia y de noche no sueñan en otra cosa? y assi contraminan a las inocentes, que les parece que no ay más en el mundo que dezilles que las adoran, y no saben que ningun hombre les habla verdad, por más bien que las quiera. Antes quanto mayor amor les tienen, más les mienten, por lo que les conuiene; ellas como naturalmente son aficionadas y locamente creen que todo se les deue, creen más de lo que se les dizen (sic), y assi lleuan siempre lo peor.
Car.—Sucede tambien que se os amotinan y hazen rabiar con echar brauatas, por prouar y tentaros de paciencia; a lo qual os aueis de mostrar cordero y muy deseoso de acertar en su seruicio: sufrid afrentas, dissimulad injurias, y razonad largo, que ellas siempre se rinden a porfias. Veis aqui toda la teorica, pero quiere prática y continuacion: porque tomada assi en terminos, queda cruda, y con el vso tiene grande espidiente. Aueis tambien de hazer aqui vna larga digression sobre las calidades de las personas, que es el sinderisis del alma. Distingo: si escriuieredes en ausencia a moça de cantaro, habladla de tú y de vos entreuerado, que llaman honra y media; y para ser apacible, porque no son capazes de los eleuamientos de Garci Sanchez[620], aueis de llamar mona, gata de tripera, paloma sin hiel, rapacilla de mi alma, pidiendola zelos de algun zurrador, porque piense que la quereis bien, los quales nunca pedireis a muger principal, a quien tuuieredes mucho amor, porque lo que es malo para el vientre es bueno para el diente; porque en estas recordais al perro que duerme, daislas municiones con que os hagan guerra, mostrais desconfiança, con abatimiento de ambos; en las otras humildes poneyslas en cuydado de cumplir con vos, por quitaros la sospecha y que creais que os quieren solo, y Dios sabe la verdad; y si la dais esperança de boluer presto a la tierra, os preuiene regalos, pela las sobrecejas y se apercibe para recibiros con trompetas, viendo que tuuistes memoria della y no fuistes como otros que dizen: a muertos y a idos no ay amigos; y si este estilo os parece de lacayos, conuiene assi por hablar en su lenguaje, ya que estamos tan sujetos a vsar la lengua agena donde quiera que vamos y despreciarnos de la nuestra.
And.—Cosas dize este Cariofilo del diablo! mas quánta raposeria sabe! Alomenos ganan los hombres de Palacio aprender estilos varios, aunque ya passó el tiempo en que dezian: mejor es saber que auer; aora es por lo contrario, mas yo atendriame al saber de nuestro Vicario, que lee y entiende, que estos Cortesanos todo lo traen en el pico de la lengua.
Car.—Si escriuieredes a costurera, que habla flautado, se muerde los labios, laua sus manos con jaboncillos, canta de sol fa, inuenta cantares, es perdida por tomar de memoria coplas, da quartos a vn muchacho de escuela porque le lea comedias, si quereis recabar della a pocos lances lo que pretendeis, escreuidla que se estime en mucho, porque lo merece, aconsejandola que sea honesta y no trate conuersaciones odiosas, dandole sospechas de grandes fundamentos. Esta tal es como el villano, toma esperanças de lo que quiere, haze castillos sobre lo que desea, pretende rendiros y por no perderos auentura su persona a quedarse burlada; y para efeto deste intento conuiene darle a comer el negocio por blandos y apacibles terminos, publicando sus gracias y hablandole en ellas, como Heliogabalo al esquadron de sus amigas, representandole más generos de deleytes que los de Cirena, porque ellas son naturalmente vergonçosas; si no las desembolueis, es alargar el tiempo; con buen despejo y gracia desembueltas, os tienen por de buena conuersacion y desean saber qué yerua es el ajo, y nunca les atajeis sus discursos y la cuenta que hazen; mas disimulad, que ellas todo lo esperan, y quando nada alcançan, satisfazense con quexarse de su confiança y de vuestra poca fe; con esto cumplen consigo y con el mundo; y quando queden quexosas, quedan habilitadas. Esto en quanto aquellas que no alcançan cómo sabe la pimienta y rezelan la carga, si no las arman con mañas y sutilezas, con que se disculpen de lo que desean. Mas para con las maestras experimentadas en escandalos son necessarias grandes cautelas y fingir de lo bobo, porque no se azoren, prouarla que no sois como los otros hombres, mostraros inocente de lo que sabeis y dispuesto para passar por qualquier fingimiento; aunque lo más cierto es con estas tales no andar en estas escaramuças; mas ojos por ojos y barba por barba, y ayudaros del lugar y tiempo, que dize el Italiano que perduto non retorna may. Estotras rapacillas, por mostrar vna carta y dar embidia a vna amiga suya, daran quanto tienen.
Zel.—Si alguno os oyera de los que yo conozco, cómo se riyera de vuestros preceptos y arte graciosa; muy poco contestais para satisfazer a los entendimientos de primor, que no sufren sino los escritos de dos palabras, y essas preñadas.
Car.—Ya conozco essos que tienen estilo forjado en breues sentencias y nunca salen fuera de la villa y su término, ni se apartan de los primeros trastes, donde lo puntean todo sobre Conde Claros; y tened por cierto que aunque quieran, no passarán de alli vna tilde, y por su poco discurso fauorecen el vando de la breuedad sin entenderla, y no llegan a conocer la copia de hablar y escriuir.
Zel.—Pues aun yo conozco otros de ralea más plebeya, que se daran en los broqueles con las virgenes Vestales por modos comtemplatiuos, y piensan que ponen la suya sobre el hito, si arremangan los pulsos a ruego de algun nouel que entra de nueuo en la estacada, y sus frases tienen más orin que aquel Romance: