Ydo Lucendo de la camara de su hija, entra Justina, y entre Belisea y ella hablan sobre lo que Lucendo tractó con la hija.
Justina, Belisea.
[Just.]—O, quán gran cosa es el amor del padre! o, cómo me paresce que ni las cosas van del talle que él piensa encaminallas con la hija, ni aun pienso que ha de faltar algun grande mal, si Dios no lo remedia! Porque Belisea ya declina en el amor de Floriano, y él, que no afloxa en el seguirla, y Marcelia, que tercia, e yo, que fauorezco; de manera que somos muchos contra vn herido y descuydado de nuestras tramas, tan a su costa. Y aunque hasta agora ella se ha mamparado con la honra y honestidad, por mi salud que si el amor leuanta estandarte contra ella, y comiença de tirarle al coraçon sus doradas flechas, que todo se le rinda: porque no ay poder, sin el del muy alto, que oy en la tierra a tal potencia resista. Entrar quiero como que no sé nada de lo que ha passado, para que si ella me lo contare todo, vere que se acredita de mí, y si algo me callare, tambien vere yo qué es lo que tengo de dezille, o hazer por ella, que ha de ser a mi saluo, y siempre guardando algo para mí.
Bel.—A, Justina, acaba ya de entrar, que te has tardado mucho, y no sé si mi padre te vio allá.
Just.—Pense, señora, que aun dormias, y ansi no entraua, ni pienses que me vio mi señor allá, porque en le sintiendo me puse en cobro, y todo se ha hecho bien, a Dios gracias.
Bel.—Llegate acá, y sientate sobre esta cama: que me siento con tantas penas y tan rodeada de congoxas, que no querria que me dexasses sola vn momento. Pero dime, oyste la plática de mi padre?
Just.—Y con quién?
Bel.—Conmigo; que vino desnudo con sola vna ropa, con dezir que oyó no sé qué ruydo en su cámara, y vino a verme con pensar no sé qué.
Just.—Ay, señora, y cuentame esso, y riñó te a dicha?
Bel.—Ay, Justina, y cómo creo que para el descanso de su vejez, y para mi mayor guarda y honestidad, a él y aun a mí fuera bueno hauer me él retraydo mis desasosiegos, antes que aprouar mis obras.
Just.—Anda, que bien sabe él lo que tiene en ti; pero dime, qué fue?
Bel.—Bien querria contartelo punto por punto; pero dixo me tantas cosas, que no te sabre más de en substancia dezirte: que tiene tanta confiança de mi bondad, sin poner freno como zeloso padre a mis desenfrenados hechos. Y como veo yo que en esto él no acierta, ansi no sabre dezirte cómo dexa en mi querer y voluntad suelta toda la voluntad suya para en mis cosas, porque en ver yo esta confiança buena de mi padre bueno de su hija estimada buena totalmente, en mis obras al reues a mí con obligar me más a la virtud, me redarguyo de mis vicios. Y ansi pienso que como forçada soy lleuada a las manos del amor, y como confusa huyo de las puertas de la virtud.
Just.—Mira, señora, que soy Justina: que no caben en mi entendimiento tantos retruegados, y ansi, si quieres hablarme a fin que te entienda, habla como con tu criada y como con tu fiel seruiente, y como con la que pondra la vida por tu mandado y honra, y finalmente, hablame claro, para que entendiendote no yerre en lo que cumpliere a ti y a mi cargo fuere de obrar, o si no, como señora puedes guardar tus cosas y cozellas en tu pecho si no te hizieren daño a la voluntad.
Bel.—Bien veo que con tener tú tanta prenda de mis secretos en tu confiança depositados por mí, hazes porque quieres como quieres de mí potajes a tu modo. Y esto porque bien adeuinas de mí que quien te ha dicho el origen de mi pena, y todo lo que a mí me es penoso, a mi honestidad afrontoso, y a mi honra vergonçoso, que tambien en todo lo demas tocante a mis fatigas no te podre encubrir cosa. Porque ya de mí tengo menos confiança, conosciendo mis manifiestos defectos, que de ti temiendo algunas sospechosas so las sospechas. Y por esto nunca los hombres aurian de dar tanta parte a nadie de sí, que no les quedasse para sí de sí algo guardado. Pero como tú me vayas ya a cada passo, por mis obras, dando alcance a mis pensamientos, no seria buen callear te lo que o has de oyrme tú despues de mí como descuydada, sin tener que me agradescer porque te lo digo, y tambien por lo que tú auisada verás en mis descuydos lo que mi notorio y gran mal no podra encubrirte. Ansi que, veniendo al punto, te digo que ya bien tú verás y sabras cómo no sé cómo ni por qué via me hallo tan mudada de mí, que aunque veo que hago contra lo que deuo, me siento desseosa de oyr nombrar el nombre de Floriano, de mí antes tan huydo. Y junto con esto siento ya pena de su pena, y pesa me de su mal. Y ansi me turbó tanto aquel paje endenantes en dezirme que está muy malo, que de desmayada me fue forçado dexar le tan secamente, que pienso que en mis preguntas y alteraciones entendio mi turbacion. Ansi, pues, veniendo me a mi camara sola de sosiego, y acompañada deste mal, acudio mi señor padre con su buen crédito (sin por qué) que de mí tiene, y comiença me a dezir que querria casar me, y que lo dessea. Y segun las condiciones que él me puso del casamiento y lo que él querria que tuuiesse quien fuesse mi marido, ni yo sé cómo de mi mal yo pueda sanar, no se cumpliendo lo que al presente me pide la voluntad, pues de otra manera es escudado ni tan poco sé cómo le responda quál sea mi voluntad. Porque si digo lo que quiere mi voluntad, he de dezir (que no te lo puedo a ti encubrir) que quiero y amo a Floriano. Y dezir esto va muy fuera de lo que él querria; pues dezir otra cosa contra mí y mintiendo, ni lo haré ni podré.
Just.—Y qué es lo que él quiere en el que querria por yerno?
Bel.—Quiere le como hijo, quiere le natural; quiere le que, allende los bienes de fortuna y natura, que sea de tanta obediencia para mi padre como yo que soy hija, y que no me saque por la vida de mi padre de su presencia, ni de su casa y plato como agora.
Just.—Y en esso te atas? y por esso te congoxas? y calla, mi señora, que para todo pone Dios remedio, queriendo lo él, en especial en esta. A la fe, si a ti te paresce que está bien a lo que tú desseas y meresces, cierra con ello: que ello vna por vna hecho, él lo tendra por bueno, visto que no se puede deshazer. Pero y dime, mi señora, tu padre quiere cierto casarte?
Bel.—El ansi me lo ha platicado agora, y aun tambien sé que lo ha intentado dias ha con quien a mí jamas cayó en voluntad, y temo que cierre con ello, porque de allá le combaten. Y si lo haze sin pedir mi consentimiento primero, presupuesto lo que él cree de mí que no le saldre de obediencia, yo me veo perplexa. Porque, por vna parte, como a tal padre le deuo toda subjection, y por otra parte es cosa muy agra tomar la muger compañia perpetua contra su voluntad.
Just.—Todo esto va bueno; agora creo yo que Dios encamina mis negocios.
Bel.—Qué dizes?
Just.—Digo que no tomes estas cosas tan por el cabo. Tracta primero con Marcelia, que lo tramó primero, e informate de quién sea este cauallero; sabe si es libre, que de ser te merescedor, aunque tú merezcas mucho, no lo dudo yo. Y si la cosa es la que cumple y desseamos, hagase, y despues buscar la suelda y los remedios. Porque muchas veces haze daño tomar las cosas y pensar las de tan atras, porque suelen al medio y al cabo variar los successos.
Bel.—Ay, no digas tal cosa, porque siempre el entendimiento ha de anteuenir y guiar a la voluntad, para que el entendimiento proponga y la voluntad elija, y las manos acompañen despues a la obra. Porque las obras preuenidas y meditadas, las menos vezes se yerran, excepto o si el entendimiento es muy torpe o la potencia para el obrar poca.
Just.—Todo como lo dizes es ansi. Pero ha de ser que el pensamiento o el entendimiento en su meditar la tal obra ha de tomar principios de ella mesma, para preuenir los medios y los fines. Pero agora aun no hemos entrado en el juego, y quieres que alcemos ya las tablas? y (como dizen) hija no tenemos y nombre le ponemos. Ya que yo sé tu voluntad, te suplico que, pues quesiste communicarme tus cosas, tambien tengas por bien de en algo te dexar guiar por mi poca capacidad y menos juyzio, aunque en esto, a Dios gracias, libre. Y aunque te pareszca (lo que es) que yo no tenga saber para tan gran empresa, ya sabes que a las vezes el simple sin passion es mejor juez que el sabio apassionado, mayormente quando a de juzgar en sus proprias causas, y tambien tanto por tanto menos veen dos ojos que quatro. Y ansi podria ser que yo, como ando más, y bullo más, y puedo, con no perder punto de honra ni grauedad como tú, bulliendo entremeter me en más cosas que tú, por donde, tú estando a tu seguro queda, te podré yo yr descubriendo todo el juego.
Bel.—Ay, que estas cosas son tan delicadas, que no son para entre todas manos.
Just.—Pues tambien sabes, señora, que el muy delicado y fragil vidrio con hierro se rebuelue, y con hierro se bruñe y hace, y con hierro se tracta de los que lo labran; pero si son buenos los que lo labran, lo menos se quiebra, y ansi la honra no en todos peligros peresce, porque lo que de Dios está ha de yr al cabo. Y con tanto, pues comiença a amanescer, te quiero dexar dormir, porque dexemos de dar occasion a las que leuantandose te vieren ansi, y te juzgaren a mal tal estada toda la noche en vela. Y yo te haré venir a Marcelia veniendo el dia, y tractando con ella despidirás los ñublados de tus tristezas, Dios mediante, para todo bien. Y suplícote que duermas y pongas tus cuydados en mi pecho.
Bel.—Con la confiança de tu buen zelo me esfuerço a forçar me a mí para confiar me de ti en todo y por todo. Y ansi como a mi aya te tengo de seguir en todo y por todo, pues yo tal estoy, con que mi honra y honestidad esten muy enteras, y quiero lo desde luego començar y dormir si pudiere; por esso cierra essa puerta y quita essa vela, pues no es menester.
Just.—Pues yo tambien voy a pasar vn sueño por aliuiar el cuerpo, para que tome más fuerças para en tu seruicio, y encomiendo te al señor del mundo y criador de los cielos.
Fulminato y Felisino lleuan a Marcelia de su casa al llamado de Floriano, el qual le encarga vna carta que lleue a Belisea, con la qual tambien le bu[e]lue juntamente el anillo que le diera Belisea: con lo que más passan, etc.
Marcelia, Felisino, Fulminato, Lydorio, Floriano, Polytes.
[Mar.]—Pues que ya estamos todos a punto, mouamos antes que sea más tarde, y vere qué me quiera Floriano.
Fel.—Poco más o menos todos lo adeuinamos ya.
Ful.—Por los sepulchros de mis antepassados, que es verguença ver cómo tan sin porqué pene y muera este hombre.
Mar.—Pues bulle poca gente, me ve declarando qué llamas sin por qué? pues que si tú sabes qué cosa es ser hombre, y aun si yo lo fuera como él, me preciara de perder me por tal dama.
Fel.—Todos hariamos esso mesmo por tal joya, aunque al cabo, como sea vna, vno la ha de lleuar, y los otros quedarán descontentos y no pagos de hauer penado por ella.
Ful.—Qué cosa, pues, mugeres, que les bastará vno? aunque no lo digo por ti, Marcelia.
Mar.—Por sólo que voy presente te agradezco la cortesia, aunque despues de enlodada. Pero pues hablas lo que tu pensamiento malicioso te dize y siente. Y ansi no te pido sino porque pena (a tu parescer) sin por qué vn hombre, que por de buen entendimiento supo escoger una muger que cierto no es digna lengua tan maldeziente como la tuya aun de loarla, quanto más poner la en tacha; que muy fuera va de su sangre, y nobleza, y bondad, y honestidad, y honra. Y guardate de juzgar a nadie si no quieres condenar a ti mesmo.
Fel.—Y aun muchas vezes, ansi como por los meneos de gesto saca un buen entendimiento por conjectura lo que otro tenga en el pensamiento, como agora la señora Marcelia entendio que tachauas a Floriano y Belisea, ansi tambien muchas vezes atreuidamente se sueltan los hombres a juzgar lo que no alcançan por alguna cosa que veen, que no basta para hazer los acertar; como agora tú, Fulminato, menos acertaste en tachar al amante mancebo cauallero Floriano, que es enamorado al modo de caballero, y paresce te a ti que a menos costa (como tú a otra que has debalde, porque debalde es muy comprada) que ansi él pudiera hauer vna señora tal a menos costa suya.
Ful.—Mas dime si no es ansi que por su dinero hallará oy quinientas que le rueguen?
Fel.—Y ansi no hallará otra que le merezca.
Mar.—Bien da a entender Fulminato quán pegadizo sea en el aprouechar se de mugeres, y quán desamorado en querer a ninguna. Pues ruega a Dios que no vengas a ser constante en amar, y tan herido de amor, que sientas y entiendas cómo amor no se alcança sino con amor. Y ansi como tú por dinero aurás oy en el pueblo quinientas de que gozar como dizes, ansi las mesmas, por el mesmo gozo y por la moneda, buscarán cada vna otros quinientos, y ni por esso amarán a ninguno, porque las cosas que se ponen en venta, vendense segun son los compradores, y segun la variedad de los tiempos.
Fel.—Y aun tengo por aueriguado que si se saca, que como el sólo tenga ojo a la moneda, que le harán confrade de san Corniel.
Ful.—Y aun por esso como yo de emprestado. Pero aunque seays entramos contra mí, sí que Floriano todo el fin de lo que haze es por gozar de la que ama.
Fel.—Ansi es.
Ful.—Pues luego, qué diablo son menester essos rodeos, ni cartas, ni plantos? que por el sancto relox de Roma, que soy mas quisto y estimado de mugeres que Floriano, y que tengo por derramar la primera lagrima por alguna, y que ninguna se me a escapado. Y por qué, si pensays, soy quisto tanto de ellas? a la fe, porque hago y callo, y todas quieren esto, y las más de valor, y las más guardadas, y las más honestas, hauiendo de tractar desto, más quieren vn hecho que veynte haré, porque dizen: que haré, haré, mala casa comporné.
Mar.—O, cómo quisiera que no estuuieramos ya a la puerta del palacio, para darte a entender cómo, si te loas de muchas gozadas (lo que no creo), no te loarás ser de muchas querido. Y que si (como dizes) caen las buenas (lo que no es sino en las menos), que de las muy pocas, las muy menos vienen a esso, y si vienen será por flaqueza, y porque se atreuen a dexar se vencer de la tentacion graue, con la oportunidad encubierta, por no dar quiebra en el crédito público; y entonces las tales en tal hecho no buscan el ser amadas, sino el librarse de la furiosa concupiscible, que a muchos sauios y fuertes basta a derrocar, y aun los hombres dados a esto, con la facilidad que ganan lo que buscan, con essa la oluidan; y ansi tanto aman quanto les cuesta lo ganado. De donde prouiene que, con ser engañadas las recogidas mugeres de los hombres burladores y mentirosos y desamorados, ellos son de muchas amados, porque cada vna le ama, porque cada una se le rendio por bien querer, y ellos a ninguna aman, porque ninguna les costó amor de las voluntades, sino que las amaron por el amor de los cuerpos de las escarnidas.
Fel.—Altamente lo has prouado, señora Marcelia; pero ya se ataja la platica con la venida del camarero.
Ful.—Y aun pese a tal porque él viene, que yo saliera de algunos scrupulos que me quedan del razonamiento; pero otro dia nos dara Dios.
Lyd.—Buenos dias, señora, y los escuderos te agradezcan que no les reño, porque ansi desaparescen. Y tú, Felisino, ve presto en busca del paje Polytes, que tambien pide por él Floriano, que agora me escabullí dél, que me ha tenido toda la noche contandome cosas que, colegidas, he cogido que o pierde el seso o él es de muerte. Yo me voy vn rato a reposar; si me llamare, buscad me en mi aposento; y tú, señora Marcelia, perdona.
Mar.—Señor, ve a descansar; nosotros entremos a él, que no es possible que el mal ture mucho, si Dios le quiere dar remedio.
Ful.—Pues quiero ver si duerme; pero ya ya por de mas es, que cantando está devaneos.
Flor.—Pajes, quién está ay?
Ful.—Señor, Fulminato es, que no durmiendo en tu seruicio te trae a Marcelia, que mandaste llamar.
Flor.—Ni sé quién es, ni para qué la mandé llamar.
Mar.—Espera, vere le, y verá me. A, mi señor Floriano, que vengo a saber cómo te fue en la romeria de Prado.
Flor.—O, la mi Marcelia, que agora te conozco y con razon, porque a no te ser tan contraria en mí la fortuna, mucho te deuia yo en me auer presentado delante de mi señora, y hauerme traydo este anillo, sin el qual yo fuera ya defuncto.
Mar.—Anda, señor, no desmayes, que más espero hazer por tu seruicio si me lo mandas, que agora que tengo manto, sin verguença osaré parescer por tu seruicio donde gane mayores mercedes, con tanto que no me mandes yr descubierta a parte de afrenta, porque traygo malas sayas, que me corro de verme.
Flor.—Anda, hermana, que si tú me vistiesses a mí de alegria, poco es a mí hazer te despedir todas tus necessidades y vestir te de sayas y más sayas.
Mar.—Con besar tus illustres manos, por tan magnificas promesas, porque no se vaya la mañana en balde, me di, qué mandas?
Flor.—Querria restituyr este anillo a cuyo es, y saber de mi señora.
Mar.—Pues quieres que se desempeñe mi palabra con lleuarle? Dame le luego, y voy, que tambien me han embiado a llamar de su parte, y lo que de mi yda te prometo traer es alguna joya que tengas en más que ésta.
Ful.—O, pese a la tierra con esta embaydora, y si no creo que ha de robar a este hombre; pero saque y pele, que yo con quatro manos a la particion.
Flor.—Qué dizes, Fulminato? ve, llama me a Polytes, que tambien quiero saber vn poco de él delante desta dueña.
Ful.—Aun si lo quiere a solas con estotra? porque dizen que el perro con rabia de los palos traua, y aunque no voy muy satisfecho, pero allá se lo ayan, que si algo fuere, ay se me quedan las paredes, y aun la heredad, y tambien aurá más ganancia que partir.
Pol.—Qué haze?
Ful.—Entra y verás los secretos que tiene muy de mañana con Marcelia, que yo yua en tu busca.
Pol.—No creo que te come donde te agora rascas.
Ful.—Anda ya, que más me come la hambre, que voy a buscar con qué me desayune. Y por tu fe, que aunque pidan por mí, que no me sientes ganancia, no me vayas en rastro.
Pol.—Entro, que ansi lo haré.
Flor.—Di me, Polytes, por qué no me has venido a dezir cómo te fue anoche, y si viste a mi señora, pues ansi te lo mandé? y dime lo luego, que alegre me paresce que vienes.
Pol.—Yo la vi y buena; otras cosas muchas ay, pero para su tiempo.
Mar.—Señor, da me licencia, y dare lugar a su embaxada.
Flor.—No quiero que te vayas, sino que lo oyas todo, porque al confessor, y al juez, y al medico, se les ha de dar toda relacion, porque despues no yerren; y tú no me calles cosa que ayas passado.
Pol.—Pues quieres, señor, que publique hombre de dia lo que passa solo en la noche, passa ansi: que yo fuy a hablar por vna rexa de las baxas que caen a la huerta con vna donzella.
Mar.—Y cómo se llama?
Pol.—No ay para qué decirlo.
Flor.—Di lo por mi amor.
Pol.—La donzella se llama Justina, de quien tu, señor, deurias de tener noticia, y ésta (que por su industria deuio ser) me hizo hablar con Belisea, la qual se me dissimuló ser otra, aunque luego yo la conosci.
Flor.—Dichoso tú, e yo bienauenturado si me vuiera ydo contigo, como yo queria; pero qué te dezia?
Pol.—Señor, todo era preguntarme por ti, y esto con tales palabras, y con tantos ahincos, que yo vi bien que ella yua sintiendo en sí el mal que yo le dixe que tú passauas por ella, sin pensar que era ella, sino diziendo el mal que passauas por Belisea, y al cabo con harto sentimiento, sin darse me a conoscer, me dexó.
Flor.—Pues no me calles cosa; y di, cómo supiste ser ella?
Pol.—Porque luego ella me embió a la que yo buscaua, y ella me certificó ansi de ello como de que aunque a costa suya e industria desta donzella; pero que su señora está tan otra, que huelga de preguntar por ti, y hablar lo más del tiempo de ti, lo qual soy yo buen testigo por el rato que la hablé.
Flor.—Anda, luego me llama al camarero.
Pol.—Aun no creo en la vida, si no pienso que sospechaua bien Fulminato, porque aunque Floriano tenga el amor en Belisea, el aparejo le incitará al gozo destotra, porque dizen que el aparejo haze a muchos castos luxuriosos, y a muchos fieles ladrones, y a los justos peccadores, si Dios no accorre. Pero allá se lo ayan, que ella bien se lo sabra pegar, y aun le sabra pelar, y aun que no es tal que le hieda el huelgo: mayormente que a hambre no ay mal pan.
Mar.—Aun si le toma, pues, a estotro dentera con mi sola presencia, porque no haze sino despedirlos a todos! Pues a la fe, vea lo que le cumple: que yo con hazer de la que se ruega, no le quebraré los braços, ni descorcharé los chapines huyendo, porque al fin aqui me vendrian honra y prouecho. Pero cata, qué buscar haze entre las almohadas? si busca la bolsa? pues venga, que a todo dire adueniat; pero mi gozo en el pozo, que papeles saca, alguna carta de deuaneos será para Belisea. Y él paresce me que se oluida que estoy con él; pues quiero jugar de mala y traerle a la memoria que estamos solos, para que si algo se le antoja concluya en breue.
Flor.—Dizes algo, Marcelia? perdona, que buscaua vn papel.
Mar.—Todo perdon te diera; pero pues no me entiendes por señas, quiero hablar te alto y más claro. Mira si me quieres algo en secreto antes que venga alguien, pues estamos solos.
Flor.—Sólo encargarte que me vayas a saber de mi señora, si es lo que el paje me dixo, y lleua le este su anillo, y lleua le este joel de esta fina esmeralda, para que si la quisiere tomar como cosa mia, si no, tomela por tuya, con que sepa que yo te la di para ella, y lleuar le has este papel, y pon le en su mano ansi cerrado. Y mira que si mi ventura fuere que yo le vea traer essa joya, tú lleuarás de mí las mercedes. Y para luego que me vengas con buena respuesta de todo, te haré tener aqui el sastre que te vista toda, y di al que te paresciere de mi parte que se vaya contigo. Y mira que no te tardes, si quieres que, yo muerto, tú pierdas tu buen gualardon e yo la vida.
Mar.—Agora os digo yo que no salimos todos a vn camino.
Flor.—Qué dices?
Mar.—Que luego tomo el camino.
Flor.—Pues ve con Dios.
Pol.—Qué relamiendo que se sale la señora! aun quiça que labraron la heredad de Fulminato. A, señora Marcelia, mandas que te acompañe?
Mar.—Si fuera para mi casa, grata me fuera tu offerta; pero voy donde no creo que te aure menester, aunque bien tengo entendido ya el por qué tan tarde y de mala gana asomas a mi casa.
Pol.—Sin falta que es porque jamás me dexa Floriano. Pero dexando enoxos aparte, te ruego que si allá se offresciere en qué donde vas, que me seas buen tercero, y si me quieres hazer la merced por entero, sea que des esta carta en su mano a Justina.
Mar.—Anda, Polytes, que aunque te quieras aprouechar de mis fuerças para contra mí, pero porque veas quán sin interes ni doblez te amo, haré lo que me mandas, y te daré el recaudo de lo que me dixeren, y quedate a Dios, que no quiero dar que dezir a los que nos vieren, ni tardar me en mi mensajeria.
Pol.—San Miguel vaya contigo, que voy yo tambien en busca del camarero. Allá va el diablo; y qué faldear lleua! Asuadas que o lleua ya ganancia o la espera, porque ni ella da passo sin porqué, ni Floriano haze sino hazer le mercedes. Pero allá se auenga; cada qual corte su ropa como la boca le pidiere y la bolsa le mandare.
Ida Marcelia a casa de Lucendo, despues de hauerse visto con el despensero, habla con Justina y con Belisea muchas y buenas razones a su proposito, quedando concertada la visita de Floriano a Belisea para essa noche. Y tratado el cómo y por dónde y la hora, se despide Marcelia, hauiendo dado las cartas a las dos donzellas, ama y criada.
Marcelia, Despensero, Justina, Belisea.
[Mar.]—Agora que voy en mi cabo desde aqui a la casa de Lucendo, quiero yr pensando en lo que allá me podra succeder, porque ya de entramas partes va tramada la tela segun veo, pues que de entramas partes me han buscado tan apriesa para que se la texa. Pero no sé qué medio me tenga en los comienços de la claridad, en el descubrir mis gramalleras, porque estas donzellas son tan espantadizas, que temen antes del golpe. Mas lo que a mí me paresce más acertado y para mi prouecho mejor será, que si la veo picadilla, vender me caro, porque pite tambien para la lumbre del candil con que yo alumbro, y aun encandilo, a tales bonos como los que al presente traygo entre manos. Y aun para mi santiguada, que aunque a ella no le viene de casta el ser dadiuosa, que si la hallo en el garlito, que en pago de lo que le lleuo, y lo que yo le sabré mentir, y que ella querra creer, que ella me ha de dar las tocas y camisas, pues el otro me da las ropas por las quales le boluere luego con la respuesta. Y aun que de acá sea mala, que la oya él de mi boca buena, porque la buena nueua es hermana de la alegria, y la alegria, prima de la liberalidad, porque, a la fe, despues que ellos juntos, ni aurá Marcelia, ni aun racion, ni más mensajes; porque oy en dia todos dan porque les den. Pues yldos a ver desque ellos contentos y juntos; que haziendo de los graues, os daran con vn tan seco vos en ojos, y con vn quién sois tan sin sal, y vn qué quereys tan sin çumo ni gracia, que a vos se os pegue la lengua al paladar para no les pedir; y ellos atando las manos al dar, sueltan la lengua a dilataros la venida para otro dia, con mandaros por algun paje dezir que estan sus señorias occupados, y aquel dia ellos le tienen tan oluidado luego como el del juycio; por tanto agora me cumple a mí al primer descorchar tener presta la lengua al pedir, y abiertas las manos al asir; porque más vale verguença en cara que lástima en coraçon. Y en estos palacios, con no medrar los comedidos ni vergonçosos al pedir, tambien diz que no oye Dios a quien no le llama. Que pues yo le traygo a él en mi poder, y aun ella ya me viene a las vñas, mientras estan enfermos del mal que yo les curo, a la fe, dilatando la cura, pedir para las vnturas; porque mientras ellos más dolientes, mi bolsa y mi casa sanará más. Y ellos hauiendo me menester, con lo que a ellos les paresciere y yo les haré encreyente, aurá más occasion a que me vengan siempre a mis manos, sueltas al tomar, con las suyas embaraçadas con el traerme, con que su enfermedad rica sane mi necessidad pobre. Y aun el majadero de Fulminato, si me ha cogido en opinion de boua, para esperar de mí ganancia, y en tal parescer haze ya del voto tal, y como se sueña rico, se quiere mostrar ya mandon? pues ande se tras mí, que dél me aprouecharé para suplir soledades, y despues qualquier occasion me bastará para dexarle soplar sus manos, mientras yo lauo las mias. Que estos tales ha los de tomar la persona de manera que siempre se tengan por desasidos, porque con darles el dedo no os quieran el braço; porque en viendo que se hinchan con vn fauor, dar les vna coz de desuio con que reuienten, y tractarlos como quien los ha menester, porque quien sus carros vnta, sus bueyes ayuda, pero de manera que no se os atreuan. Porque quien de mucho mal es duecho, poco bien le empalaga; en especial que creo yo que éste en toda su vida salio de cauallerizas y burdeles, sino en mi casa, y agora piensa ya el don duelo que de ruin se cae a la persona el pelo, y que ayer entró rogando, y que oy se ha de assentar mandando. Pues aguarde que se me caya el bocado de la boca por boua, que quando más se quisiere llamar a possession, le haré yo que se quede del agalla. Y aun le tengo de enseñar que mientras labrare en la heredad que agora labra, siempre ha de pagar las rentas adelantadas, y aun no se descuydar en la labrança; porque ha de saber que dare mi tierra a quien mejor me la barbechare. Y aun por mi vida que para en esto he alli el despensero de Lucendo sale, que con ruegos y dineros, y aun no menos labor, se tendria por dichoso de tener la possession. Y aun por mi salud que creo que aure de aguardar en su camara a que sea de dia allá adonde voy, porque en estos palacios ya está harto el sol de alumbrar a los otros quando a ellos les amanesce. Porque paresce que es estado de caualleros no se recoger al compas del sol como los otros, sino hazer del dia y de la noche partes para hazer su dia. Y esto, a mi ver, o porque mejor cuenten sus patrañas a la luz de las velas, porque de menos sean oydas sus necedades y de más sean aprouadas sus bouerias. Porque entonces, como son veedores de sus dichos y juezes de sus obras sus criados, no osan desengañar los en lo que yerran, por no perder de ellos la medra que esperan. Y ansi no ay oy en dia quien menos sea desengañado ni menos verdad le sea dicha que vn señor, porque la cobdicia de los que esperan de lo que él tiene, y el acatamiento de los inferiores, tapa las lenguas a los que los podrian desengañar. Cata, cata estotro, qué plazer le ha tomado con verme! A la fe, pues abra él la boca al reyr, que yo la bolsa al recebir. Y sepa que en la fe de mi casa que él se saluará, si él lo haze siempre como ha començado.
Desp.—No te me encubras, que ya eres conoscida; pero dónde bueno tan de mañana?
Mar.—A verte.
Desp.—Dios te visite tan de mañana; pero qué es lo que ay por acá?
Mar.—Vengo huyendo de la justicia: a me acoger con mi señora Belisea.
Desp.—Pues en tanto que arriba se leuantan me da la mano y sube esta escalerita de mi camara, que tambien está sagrada para tu temor, con que perdones el mal asseo de la posada, pues que donde no pisa muger no ay cosa compuesta.
Mar.—Bendito Dios, que las hallays para algo prouechosas. Pero perdoname la subida, porque entran y salen en estos palacios, y oy en dia de todos se ha de guardar la persona y a ninguno offender. Pero hablando al punto me di si será leuantada Belisea, porque vengo de la missa del alua y antojó se me de visitarla antes que me torne a encerrar en mi cassa; porque a la verdad se lo deuo, y tú tambien, dónde yuas tan de mañana?
Desp.—A visitarte tambien, y a ver si me querrias oy por combidado.
Mar.—La memoria que tienes de mí te agradezco; pero ya sabes que, aunque no falte voluntad, mal puede vna viuda pobre hazer essos cumplimientos faltando el con qué.
Desp.—Esso, mio era de proueer; pero pues no aurá lugar agora, embiaré para la noche para mí y vn paje de cámara de Lucendo, que tambien tiene desseo de te seruir, y aun querria cortar vnas camisas de tu mano, porque en esto tienes loa.
Mar.—Pues para esso en todo tiempo podra yr; porque ya que yo falte, queda Liberia mi hija, que ya haze mejor labor que yo, y mira qué mandas otra cosa, que me quiero yr arriba.
Desp.—Y anda estos pocos passos, que tambien te seran de romeria. Y mientras miras mi aposento, tal qual le hallares, embiaré un muchacho a saber si arriba han abierto ya las puertas. Moço, pon aqui sillas, y ve arriba, y sabe si es leuantada Belisea, y mira si verás a la donzella Justina, que te lo dira, y no vengas sin buen recaudo.
Just.—O, cómo deuo de hauer dormido poco, pues con ser ya todas las mugeres acostadas anoche muy antes que yo, agora ninguna anda en pie. Quiero salir fuera a los corredores; veamos si hallo algun paje con quien tornar a embiar por Marcelia, porque Belisea en pensar en estas sus cosas me paresce que ha passado la noche, pues agora la oy estar sospirando, y a mi ver ella començo tarde a caminar, y veo que ha corrido tanto, que Dios quiera que no desmaye antes del fin de la jornada: porque en todas las cosas el medio es de tener siempre. Pero qué moço es aquel que ansi va corriendo en verme? creo que de verme tan mal atondada (sic) me cobró temor con verme sola.
Mar.—Ay, Jesus, aparta te allá, señor, que sube no sé quien.
Desp.—Pues perdona en lo passado, y voy a ver quién sube.
Mar.—Alla yrás diablo, y qué pegadizo es, aunque bien se le cae la moneda, que con este real de a quatro bien haré yo la costa de dos dias; pero ya torna.
Desp.—Señora, diz que en este punto queda Justina en el corredor.
Mar.—Pues perdona, que no puedo tardar punto, y tú yrás a hora competente a mi casa, y podras lleuar al que me nombraste para ver qué quiere.
Desp.—Ansi se hará. Cata qué faldear lleua el diablo: que la más insaciable de apetitos es que la tierra en el recebir agua. Pero quiero mandar lo que tengo de mandar allá antes que aya testigos, y avisaré al paje Grisindo que se vaya con mi moço quando lleuare la vianda para que dé vna tentatiua a la muchacha, mientras la madre anda por acá en estaciones. Y aun a esto aurá de ser presto, porque no le preuenga otro, y halle ya la posada occupada; porque aunque pienso que la muchacha aun nunca se sangró, pero tales leciones le lee la madre, que pienso que ya deue de andar buscando hallar desoccupacion para entrar al officio de la madre; pues bien aya quien a los suyos sale. Y porque Grisindo y ella pienso que se auendran bien, voy a auisarle, antes que pierda punto por mi tardança, pues es obra de charidad auisar a los proximos lo que les cumple.
Just.—Quiero me acoger adentro antes que el ama me vea y tengamos que gruñir. Pero cata, cata y qué reboçada viene la dama; ya, ya el lobo anda en el rebaño; que Marcelia es! quiero hacer que no la he visto, porque no se leuante a mayores con pensar que la estaua yo ya aguardando.
Mar.—No huyas, que vista eres, mi Justina hermana.
Just.—Ay, Jesus, y qué saltear es este tan de mañana? que vengo tan desnuda, que he verguença aun de verme yo a mí mesma; que mi mal dormir de esta noche me ha hecho anteuenir tanto la mañana.
Mar.—Anda ya, que si yo fuera quien te quitó el sueño esta noche, aun más desnuda te quisiera, porque al fin el oro bien paresce sin esmaltes, y aun a las vezes mejor.
Just.—Porque no te entiendo, me sigue a mi cámara, para que te me declares donde no nos vea sino Dios.
Mar.—Y a mí qué me va que me vean todos? cata que no entraria en esta casa si pensasse que no holgauan conmigo, porque en mi casa me verás algun dia, donde toda soy mia, y de Dios, y del rey, y de los buenos, y donde no estoy tan encogida como tú, aunque en menor casa, pues viuo con más libertad para hazer honra a quien la deuo, sin essos sobresaltos ni escondrijos. Pero qué tal está Belisea?
Just.—Quiça tú lo sabras mejor; pero no me taches por encogida en no yr a tu casa. Y en lo demas que dizes, alcança tú licencia, y verás allá si soy encogida; porque en cada parte se han de guardar los estilos de la tierra.
Mar.—Pues por vida tuya y del tu galan Polytes, que yo busque occasion con que te vayas conmigo.
Just.—Ay, cata que me corro en llamar a nadie mi galan; pero dime, quién es esse que me nombraste?
Mar.—Ya, ya, que tan bouilla te me tornas? Pues porque sepas que sé quién a ti ni a Belisea no dexó dormir esta noche, toma esse papel tan cerrado como él me le dio que te le diesse, y si te puedo lleuar conmigo, allá le verás, y verás que no hablo de coro. Y porque tengo mucho que hazer, me mira si duerme tu señora, porque quiero ver qué me quiere, y saber cómo le fue en Prado con el toro. Que contigo que te me corres y eres vna simplezilla, no quiero nada, pues tú más lo querras con Polytes, y tienes razon, porque a la verdad él es joya para tal engaste. Y ve presto, porque te quede tiempo para leer tu carta, que si yo supiera leer, quiça te hurtara la bendicion en ver la, y en responder a ella el sí que tú aurás de dar, pues al fin ello se aurá de hazer, tarde o ayna; ya me entiendes.
Just.—No oso altercar contigo, que estás muy puntosa; espera, que luego torno. Y valgala el diablo si no pienso que es adeuina, que ansi sabe ya lo que tan poco ha que passó.
Bel.—Entra, Justina, que no duermo; qué hora es?
Just.—De mañana es; yo tampoco he dormido en tu seruicio, que aqui está ya Marcelia esperando.
Bel.—Y han la visto las mugeres?
Just.—Ninguna.
Bel.—Pues luego te entra acá con ella.
Just.—Y aun esso es lo que busco? sino verme con el gozo de leer mi carta, que me parescen coplas, que es cosa muy a mi gusto si son buenas, y tambien aure menester dar la respuesta a Marcelia.
Bel.—Anda, meneate presto; qué dizes de Marcelia?
Just.—Que te quiere muy en secreto.
Bel.—Pues entre sola; y tú abre vn quartel de aquessa ventana, y mira que no entre acá nadie en tanto.
Just.—Ansi lo haré, voy; y aun que si mi carta no me impide, tengo de oyr lo que entramas passaren, por auisar.
Mar.—Ya vienes?
Just.—Poca detenencia auia en mi mensaje, segun con la priesa que te llama Belisea. Y no te oluides de mi yda, y entra hasta su cama.
Mar.—En todo tendre cuydado; a buen entendedor poca plática.
Bel.—Quién entra?
Mar.—Es tu sierua Marcelia, desseosa de tu bien. Pero sacame, señora, de la alteracion qué me pone en te ver en la cama con dezirme que tal estás, y sea dezirme que estás buena.
Bel.—Buena venida sea la tuya; y cómo, di, no me visitas más a menudo? pues sabes que no verás cosa en toda esta casa que te quite la occasion de la venida.
Mar.—Ay, mi angelito, y quánta gracia puso Dios en ti, para poner en admiracion a los mayores, y atraer los iguales, y con graciosa grauedad despertar a todos los inferiores a tu seruicio. Pero dime, cómo te va agora?
Bel.—Por cierto tú me preguntas aquello que menos sé de mí; porque ni estoy tan mala que guarde la cama, pues aun es gran mañana, ni tan poco estoy tan buena que en la cama esté por dormir ni descansar, ni menos leuantada me aliuio, ni sentada reposo, ni andando no me desmayo, porque me paresce que mis miembros gouierna ageno imperio. Y con todo esso he sentido esta noche vnas basquas en el coraçon, que me hazen anteuenir el dia con el dormir.
Mar.—A la fe, mi angel, aunque yo bien duermo sin perro, como tú le tienes, pero con el ladrar grande de mis necessidades no es para mí tan de mañana agora, que no vengo de oyr la missa del alua de nuestra señora de los Remedios. Pero como tú (Dios te me guarde) no lo has de ganar ya para el comer, duermes con más sosiego. Pero dexando mis necessidades, que todos me las hará dexar la falta de salud que tú tienes, me di algo de tu mal, ya que estoy acá; porque si no es vno que ya tú sabes, podra ser otro que yo sospecho.
Bel.—De entramos essos no te entiendo; pero dimelos tú, para que yo entendiendo me, me puedas tú entender, e yo a ti.
Mar.—El primero, señora, será el acostumbrado; porque aun que yo te acuerdo bien niña, y no me tengo yo por vieja, asuadas que sepas ya qué es, pues suele traer semejantes descontentos, aunque por ser nos tan ordinario, no lo tenemos por enfermedad; en especial que nos es euacuacion de muchas postemas de malos humores.
Just.—Mi fe, escusado me es por agora leer mi carta, para gustar la como es razon, pues estoy en sobresalto de los que passan, y tanbien me cumple oyr lo que hablan las dos, para andar sobre auiso.
Mar.—Y no te me encojas tanto; no vistes de que ha empacho? sí que mal es que, con ser costumbre en mugeres y no perdonar ninguna que viua sana y ser euacuacion natural, más es defecto de natura que vicio de particular culpa; por donde con él ninguna en particular se ha de sentir agrauiada más que otra. Pues en quanto al ser mugeres, todas somos yguales.
Bel.—Anda ya, que ni tengo esse mal, ni menos querria ser subjecta a él. Pero di el que sospechas, que soy más inclinada a saber lo que no estotro.
Mar.—Siempre nos paresce más lo que no tenemos, y menos lo que sabemos. Y de aqui dizen que naturalmente dessea el hombre saber. Pero buelto a lo que me pides, antes que te diga qué mal es en ti el que dize mi sospecha, te suplico que me digas qué sientes, y a qué parte del cuerpo carga más el dolor; porque ni yo precipitando sentencia diga lo que no alcanço, ni tú con pensar que yo acierto te quieras curar del baço, teniendo enfermo el coraçon.
Bel.—Ay, que ay está la raiz de mi mal.
Mar.—Pues de qué piensas que se te ha recrescido?
Just.—Mejor la quemen a la hechizera que no sabe ella el mal que es! pues ella se lo acarreó, y otro se lo da.
Mar.—A, mi señora; por qué no me respondes? quiero te cubrir de ropa, porque quiçá el friezito de la mañana te dara alteracion de madre.
Bel.—Ay, que no es frio, sino fuego que me abrasa, y no es madre, sino hija, que solia ser mi regalada, que yo llamaua honesta pudicicia, y ésta la auia engendrado en mi voluntad vn amoroso y pujante amor de la virtud. Pero agora, hermana y amiga mia, este tal amor se va desuiando de mí, y sin saber cómo, ni de dónde, ni para qué, se van entrexeriendo estrañas occupaciones de las que mi casta temperancia y mi fuerte limpieza solian traer a mi memoria, para delectacion de la voluntad y contentamiento del entendimiento muy dado a la virtud. Ansi que te he dicho de mí más de lo que sé, sin te hauer dicho mi mal; porque es esta dolencia en mí tan moderna, y tan al punto me tiene toda mudada en nueuo ser, que con no saber lo que es, aun lo que sé no oso publicar por mi corrimiento, por ver que me oyan querellar de mal tan delicado, y tan sin señales de calentura, a la estimacion de los otros, y a mi sentir ser vn fuego que pienso que me tiene ya abrasado el coraçon, segun las basquas que en él he sentido hasta este punto. Y si agora calla, o pienso que es por ser ya consumido, o que descansa para más penar.
Mar.—Dentro estays, pues, doña leonaza!
Bel.—Qué dices? y di, para qué me pides relacion de mi mal, pues que sabiendo que todo está en el coraçon, no me curas si puedes?
Mar.—Pues porque veas cómo Dios lo encamina todo, cata aqui la tu sortija, que me diste para aquel tan herido y tu buen cauallero Floriano. Ay, Jesus, Jesus; señora, señora!
Bel.—Calla, calla, no des vozes, que yo tornaré.
Mar.—Pues toma; ponte la en el dedo del coraçon, que en ella te embia el suyo sano por ti el tu enfermo Floriano, y ten más suffrimiento, si quieres que vaya adelante la cura.
Bel.—Ay, que ni essa sortija puede curarme, ni es mi mal de remedio, si no sabes más en él; porque ya te dixe que las rayzes nascen de la voluntad, y en ésta no puede causar mouimiento terrestre compuesto. Ya te dixe tambien que se me yua enflaquesciendo en mí el amor casto, y en el amor ya sabes que no cabe violencia, pues es virtud que haze asiento en la voluntad, por donde fuerça exterior de un compuesto corporal elementado no podra disponer en lo puro espiritual, y ansi no te confies que essa sortija sane el mal de la voluntad.
Mar.—Agora que algo más te me aclaraste, quiero que sepas lo que sé de tu mal y la cura que tenga.
Bel.—Pues sea luego.
Mar.—Sepas que essa tu hija que llamaste honesta pudicicia, de pocos tan amada, como oy en dia de muy pocos conoscida, engéndrase en la voluntad y limpieza de la voluntad, o la ay en pocos, o tura tan poco, que no basta a engendrar nada. Y esta tal hija en ti engendróse con vn amor, y agora essa tu voluntad, que siempre la engendraua en ti, hizo punto, y en haziendo punto, paró a la rectitud, y en parando a la rectitud, faltó la virtud, y en faltando la virtud, nascio el desorden, y en nasciendo el desorden, en lugar de la hija vna virtuosa primera han se engendrado en la desordenada tu voluntad dos hijos, y estos llamanse amores lasciuos. Y como éstos agora nascan en ti de nueuo, quiere tu voluntad conoscerlos para amarlos. Y como sean más de vno en apellido, aunque no en ser, y muchos en effecto, aunque ninguno en ser substancial, ama los la voluntad. Lo vno, porque todas las cosas nueuas aplazen, y lo otro, porque éstos, con ser en el nombre más de uno, y hijos, y la primera vna e hija y cansada y quasi oluidada en ti ya, y tambien con que tienen la sensualidad éstos de su valia contra la honesta prudencia, y la carne no los rehuye, y la voluntad no los despide, de aqui es que la hija que dizes, teme, y los hijos nueuos que digo, preualescen.
Just.—O, hi de Dios, y qué altamente han hablado debaxo de sus figuras entramas; pero quiero ver en qué paran.
Bel.—Tantas contrariedades de mi salud me has propuesto, que más desconfio de sanar, y aun que agora pienso que sé menos de mi mal. Pero dime, cómo son differentes en effectos? pues diziendo que son dos, dizes que nascen de vn principio, y dizes que no tienen actual ser?
Mar.—Señora, estos dos que ansi engendra la voluntad desordenada por la concupiscible, en quanto nascen de la voluntad llaman se amor, y en quanto es desregulada, por no ser ya la voluntad vna, llamanse amores. Y en quanto al primer nombre, su effecto es amar, y en quanto al segundo, como falta la regla y niuel de la razon, ansi son más de vno por sus effectos. Por manera que donde hay esta cosa intellectual, que ansi llamamos amor, o amores, ni ay concierto en el querer, ni en el aborrescer, ni en el viuir; porque vnas vezes el tal paciente ama lo que ya aborrescio; en tanto que en sí paresce que desama la virtud que algun tiempo mucho le deleytaua. Y el que deste mal está herido, dessea la muerte, por acabar la pena, y busca la vida, por prolongar su tormento, y siente se mucho el tal tormento, y es tan dulce, que entonces se llama dichoso el penado quando más y con mayor razon pena; de manera que este mal, con siempre matar, nunca acaba de quitar la vida. Tiene en las potencias del ánima otros effectos; porque paresce que os muda la voluntad, queriendo lo que más os mata; quita la memoria, por manera que ni os querays acordar de vos, ni podéys acordaros de Dios, ni oseys acordaros del mundo, ni sepays acordaros de la vida, ni os desmandeys a la memoria de la muerte, ni os entremetays en la memoria de la honra, ni de los amigos, ni de los padres, ni os vaque lugar para os acordar del descanso del proprio contentamiento. Pues en el entendimiento obra tanto, que os haze auiuar en cosas jamás pensadas, y haze que no sepays otras vezes aun entender de vos mesmo qué tal estays, ni apenas quién seays.
Just.—O, y cómo que aquella habla maestralmente con experiencia de lo que es ansi! pero veamos qué dirá Belisea.
Bel.—Ay, mi Marcelia, y cómo que eres sabia, pues me has descubierto el venero de mi mal. Pero dime, de qué se engendra essa tal ponçoña.
Mar.—Mi señora, como esta virtud que es amar siempre presuponga, allende del subjecto donde está, otra cosa por objecto, ansi se comiença en vno y haze parada y fiel y assistencia en otro; y despues torna a parar en el mesmo de donde salio. Y ansi dizen: que el coraçon amante más está donde ama que donde habita, porque quando amamos vna cosa, aquel amor que hay de nueuo en nuestra voluntad fué causado por estraña y agena virtud, que lleuó y atraxo para sí nuestra voluntad. Y ansi nos mouemos a amar la tal cosa, porque nos paresce digna de nuestro amor, y ansi despues no la querriamos partir de la memoria, por el gozo que en ella halla nuestra voluntad. Pero estas cosas amadas son differentes: porque el auariento ama las riquezas, y en ellas pone su fin, y el soberuio la soberuia, y el goloso el comer, y el hombre amante a la muger que ama, y la muger amante al hombre que ama. Y el que ansi ama, siempre querria que le nombrassen la cosa que ama. Y la muger que ama, como de menor virtud, ansi hazen más impression estos effectos en ella; porque con amar tanto al amigo, siempre le querria presente; y visto, se turba; y oyendole nombrar, se demuda; y esto es, o por tristeza de la absencia del que ama, o por el temor reuerencial que en ella pone el amor del tan amado. E de aqui verás tú, mi señora, quánto poder tenga en el amante aquella cosa que es amada, que trayda a la memoria, altera el supuesto del paciente, como haria, pongo exemplo, que si tú estuuiesses enamorada de aquel tan galan y próspero cauallero Floriano, en oyendole nombrar absente te alterarias y en viendole delante ti te turbarias. Pero qué hazes? qué sientes, angel mio? por qué ansi lloras? ay, por amor de Dios, que te me esfuerces; que, por tu vida, mi perla preciosa, que no querria sino ser agora vn Floriano para aqui te retoçar, por quitarte essa tristeza.
Bel.—Ay, buena amiga, que agora veo que auia en mí mucha razon para tener tantas bascas, pues hallo en mí que la absencia de esse cauallero me tiene triste, y el nombrar me le causa nueuas turbaciones. Porque aun essa tan grande rauia de amor que tú llamas, aun no ha consumido las fuerças de mi honestidad, para que no me altere con las nueuas pláticas. Pero pues ya conozco mi mal y no te le puedo encubrir, y pues tú le juzgas tan peligroso, e yo le hallo tan poderoso, buscame el remedio con que sane este coraçon tan triste y poco experimentado a suffrir tales afanes, o si no, lleua se le a esse que me le tiene y se está ceuando en él, para que, pues yo no puedo ya no le amar, a lo menos muriendo de presto pudiesse no dar tal quiebra en la honra de la casa de mi padre. Y torna le la sortija que para él sanar yo te dando enfermé; pues ni yo sanaré con ella, ni él dexará de enfermar sin ella. Y si con su salud ha de hauer remedio en mi mal, remedie se primero la suya, como principal causa, y despues la mía, como accessoria y causada y dependiente.
Mar.—Anda, señora, pontele en el dedo del coraçon, en memoria que Floriano le traxo, y verás la mejoria que sientes. Y suplico te que juntamente te pongas este rico joyel desta esmeralda, que ansi con su cinta verde la traya el tu Floriano, y toma essa carta, y mira qué me respondes, pues quieres tractar de tu salud.
Bel.—Ay, Marcelia, qué grande es la virtud deste mal mio (que tu llamas) de amor, que todo esto amo, y todo lo quiero, y todo lo tomo, y no puedo no le tomar, y veo que hago mal en tomarlo. Y porque ya andan las mugeres por la casa, quiero que te vayas luego, que la respuesta yo te la daré quando pudiere.
Mar.—Cata, angel mio, que, como no experta en este mal, no caes en la cuenta del daño que te hará essa dilaccion.
Bel.—Pues cata que no puedo tan de presto ahogar mi honestidad, para que del todo gouierne la sensualidad; pero qué te paresce a ti?
Mar.—Que le hables, para que entramos deys el orden que os pluguiere en vuestros males.
Bel.—Las carnes me tiemblan en pensar lo, aunque la sensualidad me dice que lo haga.
Mar.—Pues mira que en los males furiosos es peligroso pasar vn punto; por esso manda le venir esta noche, y habla le lo que te parezca.
Bel.—Paresce te?
Mar.—Digo lo que te cumple.
Bel.—Llama me a Justina.
Just.—Quiero entrar antes que me llamen.
Bel.—Di, Justina, qué te paresce que haga en lo que me aconseja Marcelia?
Just.—Señora, aunque no sé lo que es, pero presuppuesto que no te dira cosa que no sea de tu bien, me paresce que el consejo siempre es bueno, y mayormente del amigo.
Bel.—Pues allá os concertad las dos, que yo quiero guiarme por lo que entramas vieredes mejor. Y di le que venga esta noche a la hora que a las dos os parezca, y adonde y como más vieredes cumplir a mi honra.
Mar.—Pues has me de otorgar vna merced.
Bel.—Di qué es.
Mar.—Que me dexes lleuar conmigo a Justina, porque agora aure empacho de yr sola disfraçada, y fiala de mí, que yo la tornaré a traer.
Bel.—Ella es para fiar por sí, porque en más la tengo yo que tanto; pero agora no puedo escusar la: otro dia aurá para todo. Pero tú, Justina, en pago del tiempo que has occupado a Marcelia de su lauor, le da la pieça de Holanda que sobró de mis camisas: y da le vno de mis sayuelos de terciopelo, el que quisieres, para su hija, y vno de mis volantes de los mejores, y dale para chapines dos pieças de oro; y tú perdona, que vna donzella no tiene que dar, pero algun dia tendre.
Mar.—La merced es grande, y por todo te beso las manos, que bien sabes dónde hazes que no lo sabra oluidar, aunque no lo pueda seruir.
Bel.—Anda, Justina, da le cobro luego, y ven me a dar de vestir.
Just.—Todo se hará a punto. Agora, mientras saco lo que te he de dar destas arcas, me di, qué tal queda Belisea?
Mar.—Mira, hermana, no me entres por ay; a quien cueze y amassa, no hurtes hogaça; todo lo oyste, y cuerda eres, y a ti no va menos que a tu señora; por esso en dos palabras concluyo: en que pues queda en tu gouierno el hecho y en mi consejo, yo les mandaré a los requebrados de entramas que vengan juntos esta noche a la vna, que es propria hora de reposo. Por esso dime por dónde y de presto, que ciernen estas mugeres en torno de nosotras, no nos entiendan, y di me qué venia en el papel de tu galan, y qué respuesta le embias.
Just.—Toma ya todo lo que te mandaron dar y ve con Dios; que a esso que me pides, pues han de venir, vengan por el jardin, que si yo pudiere, les tendre abierta la puerta entre doze y vna; o si no, suban se por las paredes, porque ansi dire yo que ellos se entraron: y despues de hecho, yo lo aure bien con mi señora, aunque se torne a mí; porque si se lo digo, no baxará allá.
Mar.—Pues tú y Polytes asuadas que no ayays menester liga para asir os; porque, Dios os guarde, la mocedad os ayuda, y la semejança es causa de amor.
Just.—Anda, que no quiero altercar contigo, que todo lo calas y nada callas; pero mira que les auises que son las paredes muy altas por de dentro más que de fuera.
Mar.—Bien paresce que como amas, temes: yo lo tramaré todo allá, y voy me.
Just.—Dios vaya contigo. Pero al diablo la no encomiendo, y qué taymada y auisada está en todo, y qué desembuelta va; yo seguro que no le deue yr mal a ella en estas romerias; que quando de acá lleua tanto, qué sera de allá? Pero buena pro le haga, que con los buenos han de medrar los siruientes menesterosos; porque si el gualardon no terciasse, ni auria señor seruido, ni pobre subjecto. Yo quiero acudir a Belisea, por desembaraçar me, para tener a punto alguna buena colacion para sobre plática en el jardin, aunque yo sé que ella no baxaria allá si supiesse que ellos han de estar dentro, porque ella por entre las puertas del jardin a la calle le quiere hablar. Pero porque aquello no es tan seguro, más quiero que se torne a mí, y despues me loe lo hecho, que no hazer lo que manda sin mirar lo que le cumple, aunque, si por bien es, ellos se concertarán, y quedará todo apaciguado.
Entrando Justina halla a Belisea desmayada y llena de congoxas: y concertando el cómo hablar a Floriano essa noche, entra Lucendo, y tracta con la hija de lo que otras vezes le ha propuesto.
Belisea, Justina, Lucendo.
[Bel.]—O soberano Dios y quán rodeada me veo de congoxas, que cada una de ellas basta a ponerme a las manos de la muerte. Porque lo que tracto al presente es muy contra lo quo deuo a la virtud, y al estado de mi recogimiento, y a las costumbres de donzella, al crédito que de mi es tenido, al tierno amor de mi cano padre y a la antigua nobleza de mi sangre. Ay de mí, que no sé cómo ya puede estar segura la virtud en vn tan combatido y flaco supuesto como el mio. Ay, mi viejo padre, que si tú no pusieras en mí más crédito del que mi flaqueza y poca experiencia requeria, ni la libertad a mí me vuiera dado occasion a desmandar me, ni la honra de tu casa y el sosiego de tu vejez esperara de mí el pago que agora tracto de te dar. Porque bien sé que hago mal en admitir sin tu licencia estas mensajerias de parte del que espero hablar esta noche. Pero pues ya no puedo no amarle, ni en lo hecho ay tanto yerro que no pueda ser todo guiado en bien, quiero leer esta carta, para ver si él quiere amar me en aquel amor que yo en Prado le dixe. Porque si con amor limpio me ama, estendere yo las velas de mis desseos en querer le. Pero si toda via guia como antes desordenadamente, yre yo, con el diuino acorro, teniendo la rienda a su pasion con la guarda de mi honestidad, aunque no podré menos de mostrarle aquellas muestras de amor que me meresce su perseuerancia.
CARTA DE FLORIANO A BELISEA
Ha querido vuestra misericordia, angel mio y mi señora Belisea, hazer tanto por mí en hauer querido ver me y oyr me, y tener memoria deste tan enfermo de vuestro amor, y tan preso de vuestra hermosura, y tan subjecto a vuestro poder, que mi ningun merescimiento sabe ya más que os pedir. Pero puesto que para mí es sobrado lo que hasta aqui aueys hecho, para vos es tan poco, que si más no hazeys por este vuestro paciente, hauiendo començado a poner la mano en su cura, él no puede dexar de tornar a empeorar, y a morir en la empeora. Porque dado que para mí sea el fauor muy sobrado, como mis desseos sean los más nobles y encumbrados de todos los amantes, aun el fauor no ha allegado a les dar cumplido remedio; porque toda cosa que sea menos que vos, no puede suplir la minima necessidad de mis desseos. E suplico os que, pues vuestro poder no suelta mi coraçon, que vuestra misericordia y hermosura lo acabe de sanar, o vuestra justicia de castigar. Allá os lleua essa mensajera vuestro anillo, no porque no le aya bien menester en vuestra absencia para sustentar la penada vida, como reliquia vuestra, pero como él no me sana sino da fuerças para esperar de vos la salud, ansi os le embio para que allá no haga falta. Y para que vos sepays quel vuestro enfermo no queda sin peligro de muerte, y ansi torneys por vuestra honra, en que no se os muera el que vuestra mano començó a dar la salud. Essotra joya que os lleua la mesma mensajera no os la embio por seruicio, sino para que en vos torne a recobrar la piedra tan rica y buena la virtud natural que en mí perdia. Y sepa yo, mi señora, de vuestra salud, para que la mia torne a auiuar se. Y no me atreuo a pedir os que me mandeys que os vea, pero mirad que la presencia de la vista del sabio y poderoso médico es gran parte para el aliuio del paciente. E perdonad me si excedo de lo que me mandastes, en mostrar que os amo, no como me distes licencia, porque si en ella os doy pena, sabed que ni de mí se puede sacar sino pena, ni puedo (obuiando a mi contentamiento) guiar por el aranzel de vuestro casto amor. Y pues si esto es peccado, e yo no puedo arrepentir me dél, concluyd con matarme, o perdonad mis importunidades. Y socorred a este que más lagrimas echa escriuiendo que letras lleua este papel, pues tras estas lluuias vienen los rayos del coraçon, que me ponen a la muerte.
Bel.—O, la más sin ventura de las mugeres! ay, que muero!
Just.—Y calla, no quiero más estar escuchando, que cierto ha hablado altamente. A, señora, señora! o, sin abrigo, mezquina yo, que está muerta! Pero qué papel es éste? carta deue ser de Floriano, y en estos papeles le deue aquella Marcelia traer algun mal. O, qué traspassada está! quiero echarle desta agua rosada en el rostro; ya comiença a tornar en sí. A, señora, esfuerça por vn solo Dios; cata que te tractas mal. Yo quiero yr a llamar a mi señor Lucendo, porque ya no cabe en razon dissimular con este tu mal; porque tengo temor que alguna vez te quedes ayslada.
Bel.—Buelue acá, no me dexes, que yo me esforçaré; dame de vestir, que no me va bien en la cama.
Just.—De carmesi te tengo aparejadas aqui las ropas, porque me paresce que has bien menester acorro para alegrar te oy.
Bel.—Ya bien pienso que me dexará primero el viuir que esta tristeza. Cierra essa puerta de essa quadra y vestireme; pero dime, diste lo que te mandé a aquella dueña?
Just.—Sí, señora, y luego se fue.
Bel.—Y tú oyste lo que ella e yo passamos a solas?
Just.—Señora, no sé más de que por mucho que le pregunté lo que la querias, no pude sacar le más de que me encargó que te regozijasse, y te hiziesse tomar todo el más plazer que pudiesse, y aun me encomendó que te vistiesse vestiduras de colorado.
Bel.—Y para qué fin?
Just.—Porque muchas vezes de la alegria exterior redunda alegria y aliuio al triste de coraçon; y el spiritu alegre haze enmocescer los viejos y refresca a los moços; y por el contrario, el spiritu triste consume el viuir, no sólo del hombre, pero de los sensibles brutos.
Bel.—Pues dime, y ella no te dio parte de lo que me queria?
Just.—Dixo me tan solamente que yua muy alegre con el don que le diste, y con el sí que le prometiste.
Bel.—Qué sí?
Just.—De que holgauas que aquel buen cauallero Floriano te viniesse a hablar de media noche arriba en el jardin.
Bel.—Ay, que nunca tal sí le di; y pues ella no lleua las palabras como se las dizen, tampoco yo le atendere aun a lo que le prometi.
Just.—Cata, señora, que peor es, concedida vna cosa, no atender la, que no el no prometerla; porque dizen que al buey por el cuerno, y al hombre le tienen por la palabra. Y pues tú le dixiste que le mandasse venir, e yo espero en Dios que será para bien, no te arrepientas de lo dicho, pues que antes no lo miraste.
Bel.—Cata que yo no le dixe sino que viniesse, que por la portezilla del jardin le oyria, y aun aquello fué por escabullirme de sus importunidades.
Just.—Pues di me: sí que para hablarle. Ya que te pones a ello, y él no dexará ya de venir, ni ella de se lo dezir, mejor es que sea donde ni él en ser visto de los que passan corra peligro, ni tu honra detrimento en que se sepa.
Bel.—Ay, que no es de donzellas andar a tales horas escondiendo los hombres.
Just.—Por ninguna via es licito a ti, si a esso miramos; pero ya que se haze, prudencia es hazer lo sagazmente: porque más vale que sólo sea tachada nuestra vida de solo Dios, que no de Dios y de las gentes, que nada callan y en nada perdonan.
Bel.—Perplexa estoy; porque negar le la habla, voy contra lo que prometi, y tambien (pues no te quiero celar cosa) no hallo sossiego en mí. Y quiero ver de dónde nascen estos mis desaboramientos; porque la sensualidad, en mí ya muy mandona, me persuade y aun fuerça a esto.
Just.—Anda, señora, un dia en el año dexa te gouernar por mi mal seso y buen desseo de tu descanso, y bien, y honra, y aun por ventura a mayor seruicio de Dios. Porque dizen: que si no fueres casto, sey cauto, y con razon, porque de la honra ha de hazer el hombre gran caudal. Pero, mudando plática, por mi salud que esse volante con essos pinjantes, acompañado con la saboyana y verdugado de carmesi, te pone tal, que quisiera ser me yo agora quien yo me sé, para gozar de ver cosa tan bella.
Bel.—Calla ya, boua, que no estoy para essas burlas.
Just.—Pues esfuerça te a estarlo, y escucha, que mi señor Lucendo está a la puerta de la quadra.
Bel.—Pues abre presto, y dexa me sola, que quiero rezar las horas de nuestra señora.
Luc.—Di, Justina, qué hazia mi hija?
Just.—Señor, queda rezando.
Luc.—Y qué tal está?
Just.—Señor, no anda muy buena; que porque anda triste la hize vestir de colorado.
Luc.—Bien heziste; pero qué siente?
Just.—No lo alcanço, pero deurias la de mandar a solazar por el jardin algunos ratos.
Luc.—Y quién se lo quitó nunca? que ella se tiene la llave, y sabe que me haze plazer. Pero anda ve, di que se vista el capellan para la missa, que luego salgo, que quiero ver a Belisea. Qué hazes tú, hija? nunca acabas de rezar? cata que no te haze prouecho a la cabeça.
Bel.—Señor, poco ha que comence las horas de la reyna del cielo, que rezo cada dia, que, mal peccado, no soy tan deuota como me pintas.
Luc.—Pues dizen me que no has dormido esta noche, y aun que no has tenido sossiego en la cama.
Bel.—Por pensar que lo ha hecho la calor, me he leuantado algo tarde.
Luc.—Bien estoy en esso; pero para qué permites que tan de mañana te entren a quitar el sueño de la vida, en especial mugeres de fuera? Porque ya de mañana diz que vino a te despertar vna vecina, y tú, de bien acondicionada, a todas das audiencia; no lo hagas, ansi te gozes. Pero dime: venia te a pedir alguna cosa? que pienso que te han olido por santera. Y si comienças a darles crédito, nunca acabarán de molestar te con lloros, diziendo que mueren de hambre, aunque a la verdad las necessidades de las gentes oy en dia son grandes. Pero ay algunas personas que el dar les para ayuda de passar su vida las haze holgazanas y viciosas; porque desque abren boca al pedir y los ojos cierran a la verguença, atan las manos al trabajar y los pies a la solicitud, y ansi vienen a caer en mil inconuenientes.
Just.—Agora os digo yo que el viejo está en la cuenta; por mi salud que creo que tiene tanta opinion de la hija, que aunque la hallasse el galan en la cama, no pensasse que era para mal; pues eche se a dormir, que quiças quando buscare tocinos no hallará estacas, y aun que en lugar de virginidad con que la case, le dara la hija un nieto que crie, si las cosas van adelante por los passos que Marcelia las encamina; pero allá lo ayan; agora me voy a lo que me mandó, y no quiero escuchar les más.
Bel.—Ay, señor, como ya te he dicho que ni soy tal que me tengan por tan misericordiosa, ni aun tan poco sin tu expresso mandado no osaria disponer de cosa.
Luc.—Anda, hija, que como yo te ame tanto, y tú sepas que lo tendre yo por bueno, basta esto para que sin scrupulo pueda tu prudencia hacer por tres viuos y defunctos el bien que yo con occupaciones y negocios no puedo todas vezes. Pero qué te quería aquella muger? y quién era?
Bel.—Señor, es vna que fue casada con vn criado de casa, que agora dias ha que embiudó, y es vna buena muger, por cierto, segun lo que de ella me dizen.
Luc.—Su nombre?
Bel.—Marcelia.
Luc.—Ya, ya, conozco la como a ti. Pues essa bien tiene por qué reconoscer seruicio a esta casa; que en no sé qué mala famezilla la rastreó la justicia agora vn año, y era en cosa fea, y que no librara bien si no entendiera yo en ello. Y piensa, hija, que de estas que ansi moças quedan viudas tienen trabajo y aun peligro, mayormente si les sabe la casa la ociosidad, madrastra de las virtudes y abogada y madre de los vicios.