NOTAS:

[677] Asi el original, quizás sea errata; por lo tengas.


ARGUMENTO DE LA SCENA XIX

Lydorio pregunta a Fulminato lo que passó en Prado. Floriano haze gran lamentacion de su pena y quiere embiar a Fulminato a su señora, el qual escusandose le manda llamar a Marcelia.

Lydorio, Fulminato, Floriano.

[Lyd.]—Dime, Fulminato, qué nueuas tenemos? cómo ha venido tan mustio Floriano? qué successo vuo la yda?

Ful.—No sé por Dios; porque quando solo me vi, y alla vi la dama...

Lyd.—Qué dama?

Ful.—La que nos trae dansantes sin son: y digo que quando conosci la cosa como yua, se me alegró el ojo, y juro por las bendiciones de la letania que ya me bullia la espada en la vayna, y al cabo mi gozo en el pozo, porque no vuo persona de resistencia.

Lyd.—Y Floriano habló ya con la dama?

Ful.—Y cómo ansi; que bien dizen que a los bouos se aparesce la virgen Maria.

Lyd.—Calla en mal punto; no desmandes la lengua contra quien te mantiene.

Ful.—Digo lo porque da Dios hauas a quien no tiene quixadas. Porque si en mi poder la viera, en la meytad del tiempo que él gastó con ella en circunloquios, la tuuiera yo encinta; porque al fin yo juro por ella que le querra más buen obrador que buen parlador: porque dizen que gato miador nunca buen murador.

Lyd.—Mira que todas las cosas quieren sazon y tiempo.

Ful.—Y aun ansi es, que quien tiempo tiene y tiempo atiende, tiempo viene que se arrepiente. Y mejor es buscar suelda para lo hecho que tiempo para lo por hazer, porque el ser mejor es en las cosas, que no la potencia.

Lyd.—Dizes bien en las bien guiadas.

Ful.—A la fe, todo hombre obra por el fin. Y el fin de Floriano es venir a lo que yo començara por la obra, porque excusados son rodeos donde ay llano atajo.

Lyd.—Nunca verás atajo sin trabajo.

Ful.—Ni aun rodeo sin desseo; al fin, de dos males, mejor es el yerro en el hazer que no el yerro por esperar. En especial que, segun la troba, los yerros por amores son dignos de perdonar.

Lyd.—Dexando pues esto, yo seguro que deue de hauer algun aliuio, pues sobre hauer precedido esso, te manda llamar de prisa. Ve, pues, a ver qué te quiere.

Ful.—Voyme a armar; que él no me querra sino que le vaya por la dama allá sobre noche.

Lyd.—Lo que fuere allá lo sabras; entra dentro.

Ful.—Pues porque aya tiempo para me apercebir, voy.

Flor.—O captiuo amante, cómo ahora del todo has conoscido tu poco valor, pues tan despedido vienes de tu señora, y tan sin confiar remedio en lo que esperauas! O mi señora, o mi bien, o, qué gracia mostrauas en la compostura de tu honesto semblante! o, qué señorio en la persona, o, qué grauedad y majestad en el retraerme, o, qué compendio en las palabras y qué elegante facundia en las razones! Ay de mí, que el tú despedirme me lleva más para ti, y el combidarme a la guarda de tu honestidad, con tus dulces y amigables palabras, me pone mayor desseo de te ser en esto enemigo. Porque o tú me tienes de acabar la tan penada vida, o has de perdonar mis tan importunas querellas; porque mientras más virtudes y gracias veo en ti, más de la razon soy lleuado, y más la voluntad me combida quererte, y adorarte, y seguirte como a objeto final de mis presentes desseos. Bien puedo morir en el campo del amor, pero no dexaré, mi señora, de publicar me por dichoso tu captiuo, y a ti declarar por injuriada en ser mi señora, y ansi, vida mia, huelgo que me acabes de matar, porque gane mi victoria el triunpho de mi pelea, y la gloria en acabar la vida en seruicio de quien me le da. Y ansi yo muriendo haré fin a mi penar, y tú, mi señora, quedarás libre de mi captiuerio, que en tu prision dulce passo, pues ya no tendre en qué te ser molesto. Pero qué digo? qué hablo? de qué me querello? de quien tanto fauor me ha mostrado en querer me hablar? Perdona me, vida mia, que gozoso de tu vista se me ha desmandado la lengua a dezir lo que no le dieron licencia, ni yo ingrato le vuiera de dexar pronunciar.

Ful.—O, pesar de Mahoma con hombre tan sin acuerdo, que haze de passear, y sin verme a mí presente habla con la otra, por auentura bien sin memoria de el que está ausente. Agora deue hablar con ella lo que ayer lleuaba pensado y no osó en verse delante ella. Quiero despertar le de su oluido, si no aquí me estaré oy. A, señor, mira que ha rato estoy esperando tu mandado.

Flor.—O Fulminato, y ay estauas? mira quál deuo estar yo que aun no te auia visto; pero qué quieres?

Ful.—Otra vez a doze; vengo a ver para qué me llamaste.

Flor.—Ya sé que te llamo para ver qué sientes de mi mal y qué esperas de mi remedio.

Ful.—De lo primero, por sentir tanto, quisiera que me vuieras dexado libre, y ansi supiera responderte a tu remedio.

Flor.—Y qué licencia quieres?

Ful.—Para dexarme hazer a mi modo, que allá donde estaua ayer contigo te tomara la señora y te la pusiera a ancas del cauallo. Y con poco que la ayudaras a tener, ella fuera buena de aplacar; y en guardar te el passo[678] dexarasse a mí, pues estas son mis missas.

Flor.—Y tú no miras que en esso se offendia la libertad de quien a mi me aprisiona?

Ful.—Anda, señor, no te captiues tanto, que ella, como muger, hecha fue para el hombre.

Flor.—En las otras ansi es, pero a mi señora criola Dios solo para sí, y a mí solo para ella; y como Dios sapientissimo inclina cada cosa para su fin, a la piedra en yr a lo baxo, y el fuego a lo alto, y la tierra para ser pisada, y el mar para habitacion del pece, y el mundo para seruicio del hombre, y al hombre para la bienauenturança, y como para mí, por particular priuilegio, como por tal fin en lo desta vida me deputó Dios a mi señora por objecto, ansi la amo, ansi la busco y ansi la quiero, como cada cosa busca su conseruacion.

Ful.—Ni a mí me crió Dios para tantas rhetoricas, ni a ti para menos que Dios; y ansi me di luego lo que quieres que haga, porque tambien me dio Dios por natural el poco hablar y el mucho obrar; y si mandas concluyda la prouança, sea luego la sentencia el mandarme que te vaya por ella.

Flor.—Esse tan libre hablar no es para contra tal poder como el de mi señora; pero dexando de hablar como mi pena y la razon lo pide, y hablando segun tu supuesto requiere, te querria me supiesses cómo queda mi señora conmigo.

Ful.—Bien digo yo que este hombre agora habla lo que lleuaua pensado entonces. Dime, y quién mejor que tú sabra esso, pues que la hablaste ayer?

Flor.—Sí que no luego se conoce vn coraçon humano.

Ful.—Pues si mandas que en su retraymiento lo sepa de ella, dame licencia.

Flor.—Pues antes que sea más tarde la noche, ve y sabe qué tal vino, y todo lo que tú más pudieres.

Ful.—Bien sé yo que ella quedó descontenta, si no quedó dueña, si, con todo, otro no auia ya madrugado antes; porque al fin damas: el que antes llega y más da, la lleua.

Flor.—Qué dizes? no vayas de mala gana.

Ful.—Bien me has conoscido y entendido; antes dixe que me hazes merced en lo mandado, y seria cumplida la merced en darme ya lugar; porque por el sancto cerrojo de Burgos que no escuso oy de darme a conoscer con los de su casa, que me traen ya sobre ojo: e yo pica viento por tener la oportunidad que agora para que del todo me conozcan y aun ayunen.

Flor.—Pues mira que esta cosa no ha de yr por via de fuerça.

Ful.—Pus para esso, el paje Polytes ha de yr allá esta noche sobre concierto de la su donzella. Pero al fin, acudiendo a lo que haze al caso, voy [a] hallarte a Marcelia, que ya sabes para quánto es, y aunque ya ella no saldra de su casa por agora, pero luego por la mañana te la hago venir dando de manos.

Flor.—Pues ansi lo pon por obra, y ve luego, llama me a Polytes.

Ful.—Alla quedarás diablo, y qué pensado tenia que auia de yr yo donde me mandaua. A la fe, auise el pelo, que a mi saluó de honra y persona y ganancia, y aun sin offensa de Dios, seruirele porque me lo paga. Y en lo demas, él con su locura e yo con mi prouecho y vida. Y pues por el presente me libró Dios deste moledor, será bien yr a dar vn ojeo a la cal nueua, porque la presencia del hombre quita a la muger de muchas occasiones de deslealtad. Pues dizen que al molino y a la muger, andar sobre él. Y despues desto, tractaré con Marcelia destas cosas de Floriano, y si ella queriendo entender en ello piensa sacar algun fructo, yo le dare soga de libertad; pero de lo que sacare, a medias, y aun mi parte la primera, que, si yo puedo, con las manos de aquella boua sacaré yo agua con que me yo refresque. Que pues ya la cosa se va vrdiendo, yo haré que por mal recatado no me alcançe algun torbellino. Y en lo de mas, pues me tengo buen arrimo en Marcelia, y aun no tan viejo que no me sustente este año todo, para el otro, si viuos somos y acá estamos, Dios proueera de algun fresco. Y en tanto, pues ella me guarda lealtad (que tan poco le cale menos) pues bien ha de madrugar quien a mí engañe, porque dizen que no hurtes hogaça a quien cueze y amasa, quiero lleuarla a sobre peyne, porque dizen que el que mucho exprime saca la sangre. Y ansi yo tanto la podre acossar, que me pierda el temor al castigo, y la verguença al offender me, y entonces perderse ya rozin y mançanas; porque quien todo lo quiere, todo lo pierde. Quiero ver, pues, si Felisino querra encaminar para allá, porque ni lo quiero aguardar para más noche, ni aun sé bien si Felisino perdio bien el enojo de estotro día, que aun no me mira catholicamente; que paz querria con todos, y más con las tauerneras. Y con todos querria a mi saluo mi ganancia, que tambien Pinel aun anda algo de costana, porque alli los vi estar hablando a solas los dos, y tengo por ruin señal que en verme se traspusieron. Voy los buscar para ver en qué ley viuimos.

NOTAS:

[678] Así el original, mas parece que debiera decir y el guardarte el passo.


ARGUMENTO DE LA SCENA XX

Belisea descubre á Justina sus bascas y mal, y entramas platican de dónde proceda el amor en el hombre. Justina descubre a su señora el concierto que entre ella y Polytes auia, de hablarse essa noche. Y conciertan de que le hable Belisea al paje, porque sepa de Floriano.

Belisea, Justina.

[Bel.]—O donzella triste y la más sin ventura de las mugeres! Ay de mí, que no sé en qué han de parar estas mis vascas: que si quiero dar alguna razon de mi mal, no la conozco, ni la alcanço; si propongo dissimularlo, no es possible. Mi recogimiento, mi honestidad, mi limpieza me hazen no saber cómo pueda, ni ose, ni sepa hablar la lengua lo que el afligido coraçon le manda. Pues la razon acompañada de mis antiguas virtudes me da sofrenadas para que lo que la concupiscencia platica y representa a mi memoria, mi limpia voluntad lo despida, y mi castidad lo destierre, y mi honestidad lo huya, pero ay de mí, que con la memoria de aquel cauallero me siento muy acouardada y perezosa y soñolienta a la virtud. Ya mis desseos dan lugar a mi entendimiento para que se esté ceuando en su contemplacion, mis ojos lloran por verle, y todos mis sentidos exteriores pierden su officio para no estoruar a las potencias interiores que se harten, y ceuen, y sustenten en aquella meditacion que la voluntad toma por final descanso. Y esta meditacion y esta gloria no me prouiene sino de parte de aquel cauallero: que mi voluntad ansi le ama, que manda a mi memoria no partir de sí, aunque mi honestidad algo resista; pero no como de primero, porque ya se halla muy debilitada de sus primeras fuerças. Pero grande es mi mal, pues ansi me siento affectionar a lo contrario a mi honestidad y honra, y pues ya la razon en mí predomina, quiero obedes er y seguir tras la sensualidad, y ansi sanaré lo acessorio, que es el cuerpo, con la muerte de lo essencial, que es el alma. Determino me de no lleuar tanto mal a solas; pero descubrirme a Justina, para que como cuerda me encubra, y como fiel y libre de tal rauia me busque algun remedio, o a lo menos aliuiarme en algo, pues el mal conmunicado con el amigo se disminuye, y el bien y alegria cresce.

Just.—Grande es el mal de Belisea, pues ya discae la guarda de su honestidad; y pues ella (como he oydo) quiere comunicar me sus cosas, quiero le salir al camino, porque, yo preguntando a ella, tenga occasion de me lo dezir con menos empacho. A, señora, qué hazes a solas? por tu vida que te pongas a esta rexa deste jardin, y oyras el armonia de las aues con el frescorcito de la noche. Y mira que andas muy descaida y te haze daño toda soledad y tristeza, porque dizen que el espiritu triste seca los huesos, y el ánimo jocundo haze la edad florida.

Bel.—Ni yo puedo tener atencion a la armonia de las auezillas, por tener yo como absortos y muy occupados los sentidos en la contemplacion del suaue sonido que hazen mis pensamientos en la cosa que más me deleyta. Y tambien no pienso que ay mal que mal me haga, pues tengo vn mal que con le tener por gran bien, me tracta de muerte.

Just.—Veo te tan agena de ti, que no sé qué te diga, mi señora.

Bel.—Ay, Justina, qué gran llaue de mi mal tocaste, que es no estar yo en mí. Y pues te tengo por secretaria de mis congoxas, las quales dan exterior muestra y muy clara de no ser yo la que gouierno en mí mesma, excusado será callar lo que querria saber dezir te.

Just.—Esso, pues, si mandas me aclara cómo sea ansi que no te gouiernes tú a ti mesma, aunque bien sé que Dios es general causa y concurso de todo acto de vida; y ansi él es el que en nosotros nos gouierna. Pero junto con esto proueyó al hombre (sobre todo otro animal) de vna razon discursiua, que al hombre gouierne como un ayo, guiandole a la conseruacion del natural ser y vida, y junto con esto para encaminalle en el camino de la inmortalidad de gloria. Y a este amor y para este gozo inclina Dios al hombre como para el fin porque fue criado. Y ansi la concupiscible voluntad o potencia regulada por la razon inclina y guia y lleua al hombre para Dios por vna manera de fuerça de amor.

Bel.—Pues bien sabes tú que vna de las obras de essa virtud que tú llamaste concupiscible, que al hombre inclina a buscar descanso, es el desseo. Y desseo no es otra cosa saluo vn querer el hombre lo que no tiene.

Just.—Oydo he que esta virtud concupiscible tiene obras en tres maneras, que son: desseo, gozo y amor. Y el desseo, en quanto obra desta virtud, encamina el bien con voluntad de delectacion.

Bel.—Tú me vendras a lo que yo digo; por manera, que el desseo ha de ser de delectacion, y de cosa que la persona que dessea no tenga. Y porque yo querria lo vno, y lo otro me falta, de aqui es que por buscar el tal bien con delectacion o gozo, amo el oluidarme de mi, por acordarme de...

Just.—Dilo, dilo, mi señora, que yo tambien soy muger.

Bel.—Ay, Justina, que ya bien veo que ha de poder más en mí la necessidad que la honestidad. Y pues son escusados contigo rodeos, sino que sepas que ha querido mi ventura que desseo ya oyr nombrar el nombre del que tú me trayendo algunas vezes a la memoria, fuiste retrayda de mí, como perseguidora de mi libertad, la qual yo he perdido.

Just.—Cúyo nombre, mi señora? el de aquel buen cauallero Floriano? Ay, Jesus, y cómo desmayas ansi?

Bel.—Porque enflaquescen ya las virtuosas fuerzas de mis castos y limpios desseos y firmes propositos, y leuantan su estandarte en mi homenaje muy victoriosos mis enemigos malos desseos con la memoria de ese cauallero. Al qual por vna violenta fuerça que me haze la virtud concupiscible (de que me hablaste) soy forciblemente, queriendolo yo, lleuada y compellida a le dessear y amar, y no sé cómo, ni de dónde, ni en qué, ni por qué, ni para qué.

Just.—A la fe, esse tal concupiscible apetito no le baptizes ansi, que no se llama desseo, porque el desseo, en quanto es obra desta virtud, si es guiada por la imperante razon, llámase como tú le llamas desseo. El qual ordinariamente se toma por cosa buena y de virtud. Pero quando al tal apetito le faltan estas tales condiciones, no se llama desseo, ni lo es.

Bel.—Pues yo nunca le supe en mí otro nombre.

Just.—Pues mira, señora, que te auiso que quiero que sepas, o ya que lo sabes (hablando más claro), que al tal lo llames de oy más amor, o porque mejor en ti le conozcas, y conosciendole le aciertes el nombre, porque trae en ti desordenacion de la voluntad y va perdiendo el amor de la virtud, tambien tú en ti le quita el tal nombre, y llama le amores. Y perdona me que voy poniendo la habla en singular en ti, que no lo digo sino para declarar mi intento, y no para injuriarte ni darte pena.

Bel.—Anda, que ni me das pena, ni aun siento injuria; porque no sé por qué llamas a un acto solo de amar nombre de muchos, que es amores; que aunque me paresce que aciertas a lo que yo siento, pero no me declaras lo que yo entiendo.

Just.—Puesto que no lo podré mejor que tú dezir como más sabia ni experimentada, pero por hazer lo que me mandas dire lo que supiere, como más libre y desembaraçada de tal dolencia.

Bel.—Y qué dolencia es ésta?

Just.—Diz que el desorden que acarrea la declara ser vna enfermedad spiritual, propiamente mal de la voluntad, y esta ponçoña ciega endereça sus venenosos rayos contra los ojos del alma, que son el entendimiento. Y ansi diz que pintan sin vista el amor, porque vno de sus effectos y daños que haze en el paciente o herido es ceguedad de entendimiento.

Bel.—Mucho me huelgo en te oyr hablar tan delicadamente; pero querría me declarasses más qué cosa es esse amor.

Just.—Señora, si lo dicho no basta, la experencia (según voy viendo) te sacará maestra en lo de más. Porque ni para entender tu mal he menester maestros, ni consiento que más te hagas fuerça a ti mesma en me descubrir tus penas; porque sepas que estoy muy al cabo de lo que es, y tambien presumo lo que ha de ser. Y ansi te prometo buscar aliuio a tu mal y alegria a tu tristeza, y despues tomarás tú el remedio que tu enfermedad pidiere y a ti paresciere mejor.

Bel.—Gran consuelo es esse; pero cómo lo cumpliras?

Just.—Embia, señora, a llamar la que tramó la tela, que essa mesma la texerá.

Bel.—Por tu fe que, pues no soy ya la que solia, y tú dizes que mi mal cegó el entendimiento, que no me hables por figuras lo que quisieres que te entienda.

Just.—Digo que mandes por Marcelia, que podra hazer mucho a tu caso. Ya bien me entenderas, y entiendes que te entiendo.

Bel.—Ay, mezquina yo, que ni me deues dezir lástimas, ni querria me diesses pena sobre pena. Y si quieres dar me la con que más me aliuies, dame la muerte. O si quieres granjear me la vida, trae me á Marcelia, y muy en secreto y muy en breue, porque no espero llegar a la luz de mañana.

Just.—Pues tanto te congoxas por lo que luego no será possible hazer se, te quiero, por aliuio desta noche, descubriendo mis secretos, fiarme de ti, aunque como señora mia me deurias castigar mis defectos. Y sabras como a gran importunidad de aquel paje de Floriano, del qual como su muy allegado él se fia, le mandé me viniesse hablar esta noche por vna destas rexas, y ha de ser de media noche arriba, quando el sueño asegura las partes; entonces le podras hablar sin que te conozca, y saber dél lo que quisieres, pues ya viste que fue con su señor a Prado.

Bel.—Ay, Justina, que si yo (como te he dicho) me gouernara a mí mesma, ni tú en hazer esso sabiendolo yo me fueras sin castigo, ni aun de ti jamas confiara cosa. Pero agora, ya que yo quiera soltar la lengua en el retraerte, sabiendo que hazes mal, la voluntad me manda que te dé licencia para no más del honesto hablar, con que se haga lo que tú has dicho de mí sin quiebra de mi grauedad y dislate de mi honra.

Just.—Anda, señora, que Dios mediante no se tractará cosa que mal lustre tenga, porque ni yo lo haria, ni las rexas darian lugar a que las voluntades se comuniquen, por más de las lenguas en el solo parlar. Y tú yendo dissimulada sola le podras hablar, o si no, yendo conmigo, dexa hacer a mí como allá verás...

Bel.—Pues que yo ya no puedo guiar me a mí sin errar, quiero errar por tu parescer, y hagase como tú ordenares.

Just.—Pues tú dexa hazer a mí y entrate a entender en cenar, porque te recojas más antes, y ansi daras lugar a que las mugeres anticipen la hora del dormir, e yo tenga más desembaraçado lugar para lo que quiero, y tú más segura tu grauedad y honra.

Bel.—Pues que hemos de procurar euitar toda occasion de mal sospecha, quiero hazer lo que me dizes. Di que enciendan velas y entiende en que se me dé de cenar quando te paresciere hora; y mira que dexo en tu prudencia mi gouernacion.


ARGUMENTO DE LA SCENA XXI

Oyendo Fulminato lo que Pinel contaua a Felisino de lo que Marcelia passaua con el despensero, segun se tractó arriba, al fin perdiendo el enojo se van Fulminato y Felisino a casa de Marcelia, donde passan algunos entremeses de risa.

Fulminato, Felisino, Marcelia, Liberia.

[Ful.]—O, descreo de los retajados, con tantas trayciones como ay en el mundo, y que tal ha de passar como a Felisino ha contado Pinel? Vida es ésta? que se me ha de echar aquella bagassa con quantos despenseros ay, y aun que les asse yo la cena? A ella yo le cruzaré la cara, porque viua con su castigo, y al Pinel yo le cortaré las piernas, porque sepa atar la lengua. Pero al fin el diablo me mete en pleytos excusados; que ella no es mi muger, y como es conmigo puta lo será con quien le agradare, en especial que deue ser todo mentira; pues estotro es moçaluillo y arriscado, no quiero pleyto con él, mayormente que ni ellos me vieron quando lo hablauan, ni él sabe que yo sé que él lo ha dicho, para que en no se lo demandar me tenga por couarde. Alli sale Felisino; quiero dar le vn tiento, y como viere, ansi haré. Adónde bueno, hermano?

Fel.—Sigue me y verlo has, como vieres la racion que agora lleua vn moço de despensa a la cal nueua.

Ful.—No te aclares más, que lleuar me has para esso por vn cabello, aunque los tengo cortos, y sigue. Pero agora que vamos fuera, me di si me confessarás vna verdad?

Fel.—Si lo es y deuo dezirla, sí.

Ful.—Qué te dezia Pinel de mi?

Fel.—Con que te aseguro que no se hablaua de tu daño no me pidas más.

Ful.—Con esso me has quitado de le no quitar las narizes o la vida. Pero porque a dicha passando quando él te hablaua oy que me nombró, me di lo que ay, pues la amicicia sabes que la pintauan descubierto el corazon.

Fel.—No me pidas de vidas agenas, que jamas supe ser chismero, en especial que no se tractaua sino de quán bien te diga la ropa del colorado, y que quiça embiaras a Ceruantes alguno por ella. Pero dexando esto, me di como discantaua el amicicia, porque es cosa que a muchos oyo asomar y a ninguno oy el cabo.

Ful.—Aunque en mí más has de pedir obras de amigo que relacion de la figura, pero dire lo que he oydo a otros. Diz que la tenian los Patricios pintada en el senado Romano entre las otras memorables antiguallas en forma de hombre, y en edad de mancebo, con alegre rostro, con presencia robusta, la cara exempta y sin algun sobrecejo ni ruga, la cabeça descubierta, la ropa aspera y corta y no rica, los pechos abiertos, y con la mano diestra enseñando el coraçon descubierto, del que procedia vn letrero matizado de fino oro que dezia: muerte y vida; de la parte de los pies por baxo yua otro del mesmo matiz, que dezia: cerca y lexos, y por alli diz que conoscian qual era buen amigo o no.

Fel.—Pues declara lo significado.

Ful.—Ya te digo que me pidas a mí las obras, y las significaciones pide a Lidorio, que lo oy de su boca todo, y no se me acuerda ya.

Fel.—Pues con todo esso, ya estamos en la calle. Pero cata, cata, quién será el que salio de allá y tomó a passo largo la banda de arriba?

Ful.—Espera me, que cortando le las piernas le haré que te espere y tú le preguntes lo que quisieres.

Fel.—Qué determinado va el diablo! y al cabo si algo ay, yo me aure de quedar solo, aunque él no ha corrido como quien quiere pescar; quiero al fin detener le, pues veo que ama la vida como yo. A, hermano, y ansi me has de hazer correr por no te dexar solo?

Ful.—O, pesar de los Moabitas[679] contigo, y no me riesgues la ropa, que de ver tengo que vellaquerias son éstas.

Fel.—Anda, está quedo; que ni todas las cosas se han de apurar, ni todos los amigos de prouar, ni todos los enemigos de descubrir.

Ful.—Sí, que no acometo yo con esperar acorro de otro que Dios y mi espada.

Fel.—Bien lo veo; pero tampoco soy yo hombre que te auia de dexar solo. Y otra vez asegura te más si quieres prender, porque madre e hija nos han sentido, y si algo han hecho, has las preuenido para buscar suelda y trapos con que encubrir la herida.

Ful.—Y qué escusa le quitará que yo no las marque?

Fel.—Habla sin mote, que si marcares, sea tu ganado.

Ful.—Hi, hi, hi.

Fel.—Ries te? ansi lo haz siempre, y enoja te tarde, si no quieres tener siempre de qué te arrepentir.

Ful.—En cosa de honra no ay paciencia sino escrita.

Fel.—Bien dizes que los primeros mouimientos no son en mano del hombre; pero hemonos de ayrar sin peccar.

Ful.—Por ay me entras? con las ouejas me aprisco.

Fel.—Pues donde no te deuen sustentacion, no entres con enojo, ni entres sin llamar a la puerta de fuera, porque no te obligues a dar pesar, o ver con que le recebir.

Ful.—Pues llamo. Ta, ta, ta.

Mar.—Mira, ve quién llama.

Lib.—Felisino y Fulminato son.

Mar.—Pues el despensero fuese? o encontraronle?

Lib.—No le alcançó Fulminato que corrio tras él, porque le detuuo Felisino.

Mar.—Ve, abre la puerta, que el agudo a los ojos los verá, y le haré que se le antoja, porque no sea tan sentible y se haga a la carga. Porque éstos que lo blasonan todo, ansi los sé yo domar que lleuen el albarda, y aun suffran el aguijon, y no gruñan; y dar les hemos de cenar, pues nos viene de bobilis bobilis y en tanta abundancia que lo hemos de lançar a mal, y aun esto no es seguro, porque no gana la honra nada de la muger pobre y sola quando tales viandas rebosa por las ventanas. Y tú mira que muestres mejor cosplaz a Felisino, pues huelga de te hablar, pues comiença ya a bullir la ganancia.

Lib.—Voy, madre, aunque de mala gana, que más quisiera que tractaramos de acostarnos; pero asuadas que no lo haya con sorda ni perezosa mi madre, que pues ella con Fulminato y con vn hato, que yo ansi con Felisino, porque bien aya (dizen) quien a los suyos semeja.

Ful.—O, descreo de Jason y aun de Medea con tal tardança; aun aun si ay algun vasiadero de puerta falsa? pero ya baxan. Quiero ablandar con Marcelia, porque de las ganancias me acuda con tercio y quinto.

Fel.—O, alabado Dios, que no nos amanescera ya en la calle; pero con tal encuentro, facilmente se perdera la quexa.

Lib.—Mas no, sino venid muy mendoças, tarde y gruñendo; aun agradesced que se os abre puerta.

Ful.—Y por qué, hermana? esse galan lleue la pena que tiene la culpa.

Lid.—Y aun porque paguen justos por peccadores, a todos hiziera yguales.

Ful.—Yo arriba me acojo, que vosotros a la lucha aureys de venir, y aun bien sé yo quién caerá debaxo, y aun quién quedará vencido.

Lib.—Nunca desborona sino malicias.

Fel.—Pues que nos dexó perdona le. Pero dime si me has perdonado el enojo destotro dia?

Lib.—Mas te turan a ti essas mañas que a mí el enojo; pero está quedo, y dexame, que está sola mi madre.

Fel.—Anda, mi señora, que allá va quien la despierte si dormia.

Ful.—Buenas noches, señora Marcelia. Mas pesar de quantas piedras y junturas y aun roturas ay en la casa del Turco, y es cosa de passar que estés en acuerdos, é yo quebrando la puerta? aun aun si mis sospechas han de salir ciertas!

Mar.—Y de qué? que vienes muy reñidor.

Ful.—De que si no pisas llano, para estas que en la cara tengo...

Mar.—Ay, el diablo lleue este rufian; quiero le halagar, no se me atreua. A la fe, sí; bien piensas que no te entiendo, que vienes corrido por el que se te fue por pies? pero quién era?

Ful.—Esso me di tú.

Mar.—Y qué sé yo, mi amor, que por tu vida no sé más de quanto aquella muchacha te conoscio en el correr y habla. Pero ay, que no ha subido Liberia. A, hija, qué hazes alla?

Ful.—Quedaua reñiendo con Felisino.

Mar.—O, maldita sea tal boua, que nunca acaba, por vn aguja que le perdio.

Ful.—Mas no le dé el otro la suya y se rompa la tela!

Mar.—Qué dizes, mis ojos? que me huelgo en ver te sin enojos alegre ya.

Ful.—No te espantes, pues por allá los coge hombre.

Mar.—Pues no los descargues donde no te lo deuen: pero espera, vere cómo no suben.

Ful.—Anda, no seas sospechosa, que pies tienen y todos son seguros.

Mar.—Sí, pero ha de dar cuenta la persona de sí, y dexame. Dónde vas, a la camara? que no ay allá candela.

Ful.—Pues ansí es menester para nuestra cuenta.

Lib.—Ay, Felisino, cómo no me deuiera yo fiar ya de ti.

Fel.—Perdona, pues tu hermosura y mi pena me dan occasion de enojarte.

Lib.—Bien sabes que la muger (mayormente donzella) que haze quiebra en la honra, que amortigua su fama y menoscaba su honestidad, e pues tú te sirues de mi honestidad para tu apetito, has de no lastimar mi honra.

Fel.—Anda, señora, que ni soy tal que todos pierdan conmigo honra, ni a ti te tendre en menos porque liberalmente me hagas semejantes mercedes. En especial que donde fuerça ay, derecho se pierde.

Lib.—Huelgo yo de te seruir, y porque tengo madre y renzillosa, agora no oso subir, lleuando mi delicto delante los ojos.

Fel.—Asuadas que no ayan estado ellos ociosos, y si algo fuere, yo responderé.

Lib.—Mas dexa me subir delante, y tú de aqui a vn poco subiras, ya que veas que yo aure puesto la mesa, porque piense mi madre que entonces llegastes.

Fel.—Pues anda, que en tanto haré yo vn poco que por aca me cumple.

Lib.—Cata, cata, y ascondido se han, y dexaron acá la candela! Buena se anda mi madre, vno ydo y otro en casa; yo pues, como boua, con vno y tarde me congoxo ayna. A la fe creo que de oy más auremos de jugar al descubierto. Quiero, pues, allegar en torno del fuego esta vianda en tanto que concluyen.

Mar.—Ea pues, dexa me salir, que anda Liberia fuera y no nos haya sentido.

Ful.—Donosos scrupulos te matan a cabo de rato; pero vamos donde mandares. A, hermana Liberia, y Felisino?

Lib.—E yo qué cargo tengo dél? pues que si no quiso subir, suya la culpa.

Ful.—Por Dios que aun sospecho que el asno nunca ha osado llegar a ella, como la deue hallar coxquilla como potranca nueua.

Mar.—Qué dizes, Fulminato?

Ful.—Acá lo ha Marta con sus pollos. Digo que está bueno este guisado, y que seria bien ablandar a Floriano, porque se le desgaje con que siempre medremos. En especial que agora vengo de su parte a llamar te, que luego por la mañana le vayas a ver, y asuadas que siempre se nos pegue de tu yda alguna ganancia.

Mar.—Pues confia en essa estaca, y verás adonde paras.

Fel.—Buenas noches, y haga buena pro, que a buen tiempo vengo, si la señora Liberia no está tan braua como endenantes; que de miedo de su enojo he dado dos bueltas a la rua, hasta que desflemasse la cholera.

Mar.—No hagas cuenta de sus renzillas, que de boua aun no sabe mostrar amor a quien le tiene. Sientate, que está el pastel grande y marauilloso, y esta cena a ti se agradesce, aunque Fulminato entra en ella primero. Y tú, hija, anda en vn salto, cierra la puerta, que la dexaria Felisino de par en par, y luego vente a sentar, y cenaremos de nuestro plazer todos juntos, loando a Dios que nos lo dio.

NOTAS:

[679] En el original, por errata, Maobitas.


ARGUMENTO DE LA SCENA XXII

Polytes va a hablar a Justina, y Pinel que le acompaña. Belisea sin darse a conoscer le habla. Justina y Polytes passan grandes pláticas. Lucendo, padre de Belisea, oye ruydo, y leuanta se a ver a Belisea.

Polytes, Pinel, Justina, Belisea, Lucendo.

[Pol.]—O immenso Dios, y si en más no tengo ver me escabullido de Floriano que hauer hecho vna gran hazaña! y quán en su seso y quán importuno estaua en el querer se yr conmigo! Descreo de tanto parlero como ay en esta casa, que apenas he dicho que auia yo de yr esta noche, e ya lo sabia Floriano. Paresce que ansi como ay hombres que tienen cuenta con la virtud para el obrar, ansi ay otros que tienen cuenta con lo que oyen para medrar. E ansi como el virtuoso meresce lo que gana por sí mesmo, ansi el chismoso, visto que no es para ganar con sí o por sí, acuerda de ganar con contar lo que otros hazen, para esperar lo que el señor le dé. Y al fin, como el señor no le contenta el mal que haze su criado, tampoco toma buen crédito del traydor que le vende los criados. Y ansi con negar lo que a Floriano auian dicho de verdad, él me creyendo, a ellos quedé por mentirosos y a mí por libre. Y es castigo justo que a los mentirosos que les cuentan mil mentiras, quando despues les contaren verdad, no tengan más crédito que la Cassandra con sus naturales Troyanos. E yo aunque mentiendo condené delante de Floriano la verdad de los otros, suya la culpa, porque ni todas las verdades se han de dezir en todo tiempo, ni a los amos y señores ha de dar hombre cuenta de todas sus cosas. Porque él sabiendo vuestros secretos de vuestra boca, sabe que ansi sabran los otros los suyos tambien de la vuestra, y ganays que ni se fie de vos y que os trayga muy sobre ojo. Pero buelto a mi negocio, él me mandó agora que fuesse y lleuasse algunos criados de casa en mi guarda, de manera que yo yendo en su nombre, hago mi facto. Y lleuo compañia la que me paresciere, sin me obligar con ellos a otro tanto, pues al fin cumpliendo el mandado de quien los mantiene, hazen lo que yo les pido y a mí cumple. Y pues yo ya tengo las armas que me cumplen y el caso pide, aunque vale más yr solo que mal acompañado, pero quiero lleuar algun moço, porque al fin el solo da occasion a que más se le atreuan. Bien está, he alli a Pinel, que es determinado a todo. A, hermano, es despues de cena?

Pin.—A tu mandado y a mi prouecho. Por esso mira si ay en qué conozcas lo que haré por ti.

Pol.—Yo te agradezco tu liberal offerta. Y sepas que me envia Floriano a vn mandado, y mandó me que no vaya solo.

Pin.—Pues no quiero que busques otro, y espera, en vn salto subo a la camara por algo que lleue con la espada.

Pol.—Y cómo, ya vienes? bien paresce que tengas obra con la palabra.

Pin.—Alomenos tendre voluntad buena; y sin más aguardar, guia.

Pol.—Mucho me obligas, hermano.

Pin.—Esto que es acompañarte deuolo al mandado de quien a ti te manda yr. En lo demas, hasta que veas en la necessidad (si la vuiere) mis obras, no me las antepagues con gracias. Porque menos se amaña hombre a hazer por lo ya pago que por lo que espera ser pago; y ansi dizen que dineros pagados, braços quebrados.

Pol.—En todo hablas bien, y fio que obrarás mejor. Y a la mano de Dios vamos de aqui, porque yendo sin testigos no tendremos juezes de nuestra yda, ni sentenciadores de nuestra tardança.

Pin.—Tú guia o dime por dónde, que hasta caer no torceré, y despues de verme caydo, harás como te paresciere en defender mi cuerpo, que muy al mando de tu voluntad lleuas en mi.

Pol.—Aunque confio en Dios de nuestra seguridad, pero porque a tu voluntad buena deue mi lengua no tener callado cosa, como porque tambien preuendras en lo que deuamos hazer, sabiendo donde ymos, y porque no seria buena amistad communicar al amigo los trabajos, y no le dar parte en los plazeres aquella que se suffre, y los que no pueden ser communicados, darle cuenta de ellos, lo qual haré yo agora.

Pin.—Mas antes, con hazer me plazer, cumple que preuenga el entendimiento para guiar los passos de los pies, y preuenir los peligros del cuerpo, porque hombre apercebido medio combatido.

Pol.—Es pues el paradero de nuestra jornada en casa de Lucendo.

Pin.—Ya, ya, no busques más testigos en contar lo que sea, pues sabiendo dónde vamos, adeuino el a qué. Y tú allá puedes hazer quanto te permitieren, que yo te aguardaré quanto tardares.

Pol.—Ansi lo tengo yo de ti creydo. Pero pues estamos acá, qué medio tendre en la entrada?

Pin.—En esso me perdona, que no sé essos passos. Pero, si miraste, luz ascondieron en aquella ventana que cae hazia la esquina de la huerta, y quiça que hazen alli llamamiento de sangre. Por esso, si vienes llamado, será bien que hagas como sepan que eres venido, porque no se pierda tiempo.

Pol.—Bien dizes; pero cata que aun el relox no ha dado las doze.

Pin.—Pues qué, es menester el relox para la entrada? lo que me paresce es que mires dónde y quándo te mandaron venir, porque en estas cosas pierde se mucho en vn punto.

Pol.—Pues ansi, te digo que por esta huerta a las doze me mandaron venir.

Pin.—Pues entrar dentro? la puerta no te dara lugar, excepto si no eres cuerpo glorioso, o te ayudasse el demonio. E ansi digo que te subas sobre esta pared, y de aquella ventana donde vi la lumbre os podreys hablar, que viene a dar con el canto del muro de la huerta, o si vuiere para qué daras alli orden en descendir abaxo, aunque esto, sea muy sobre seguro.

Pol.—Tu consejo quiero tomar; pero las armas me ayudan mal a trepar la pared, e yo quedé algo baxo para alcançar arriba.

Pin.—Anda, que quando hombre auentura la vida por acompañarte, poco se auentura en que me enlodes la ropa con los pies, en que te aproueches deste mi hombro para escalera. Y despacha presto, que otra vez vi lumbre de passo, y quiça te hazen despertadores para que acuestes hazia alli.

Pol.—Pues perdona, y alto, a la mano de Dios.

Just.—A, señora, toda la gente duerme; por esso mira si te determinas[680] a yrle a hablar por aquella rexa de la esquina que cae más sobre el muro del jardin. Y luego, que da el relox las doze.

Bel.—Miraste si duermen todos?

Just.—Ve segura de esso.

Bel.—Pues sin chapines y en vasquiña me voy.

Just.—Echa te essa saboyana de grana, siquiera por el sereno.

Bel.—No podré suffrir la, que se me hará pesada.

Just.—Pues agora has de andar al prouecho y no al contento: porque ropa de seda, que es liuiana, haze mucho ruydo para en tales casos.

Bel.—Avisadamente hablas; pero paresce me que ay ruydo en el jardin.

Just.—Mala eras para yr a hurtar; espera, abriré los lienços y veré qué ay.

Pol.—Dame, hermano, la espada y rodela mia, y perdoname por un rato, que bullicio oyo a esta ventana de sobre este muro.

Pin.—Toma; desque concluyas, dame vn siluo, que por al rededor destas paredes andaré. Y no dilates tanto la plática que te halle ay el dia, y por ser visto pierdas lo mucho por no perder lo poco.

Pol.—En todo te entiendo, y lo haré como verás.

Just.—Hala[681], quién anda sobre las paredes? entrays a hurtar fruta?

Pol.—Donde vuestra lindeza estuuiere, mi señora, ni ay otra cosa que buscar, ni quien con tal guarda se atreua a hurtar.

Just.—Ay, señora, llega, llega, que él es, si quieres hablar le a solas.

Bel.—Ay, que querria y ni oso, ni tampoco tengo qué le hablar, mas de que holgaria saber si está bueno su amo; pero para qué?

Just.—Anda, señora, que obra pia es embiar a visitar los enfermos y saber de ellos. Pero llega, no le detengamos como espantajo sobre la pared. Y mira que no dilates la plática de manera que seas vista, que yo me pongo por guarda de aquella puerta de la quadra, y tú llega sin temor.

Pol.—A, señora mía, no me quereys hablar?

Bel.—O, mezquina y cómo soy forçada á hazer lo que no puede dexar de parescerme a mi mesma mal! Pero quiero condescender a esta mi passion en esto, para ver si contenta dará lugar a que en lo de mas me gouierne la razon. Quiero, pues que torna a llamar, hablarle, que él no me conoscerá.

Pol.—Por Dios que temo que soy burlado; pero qué digo? que de mano de mi señora vine, y por ella no puede salir me mal successo. A, señora mia?

Bel.—Quién soys, que ansi llamays, y a tal hora, y en tal instancia?

Pol.—Es el obediente de vuestro mandado.

Bel.—Pues dezidme vuestro nombre.

Pol.—Para qué de nueuo preguntays a este vuestro Polytes por su nombre, pues acordandose de vos se oluida de sí?

Bel.—Y quién pensays que yo soy, que ansi os llamays tan mio?

Pol.—Vos soys mi señora y la que puede mandarme auenturar la vida. Soys la que despues de Dios me puede quitar el viuir y tornar me le. Soys la que tiene las llaues de mi querer, y en cuya mano está mi coraçon, y en cuya libertad mi subjecion, y en cuya hermosura mi memoria, y en cuya misericordia mi libertad; soys a mis ojos la flor del mundo, y en quien la hermosura está más encumbrada; pues vos, mi señora Justina, soys espejo donde todas las damas conoscen ser faltosas, y cualquier amante halla mil causas de se os rendir por captiuo de vuestra hermosura.

Bel.—Sin duda que essa dama que ansi loays os deue mucho, y a ella todas las mugeres deuen loor, por ser ella muger entre ellas, y que ansi pone en ella el estado mugeril gran corona de gloria. Y dado que yo y las demas os deuamos poco seruicio, pues a sola essa que vos amays days la gloria, y a las demas los defectos; pero porque os conozco que estays bien empleado, y por ser cuyo os publicays, holgaré hazer os todo complazimiento.

Pol.—O, cómo la affection no da lugar al entendimiento todas vezes a hacer su operacion! y ansi yo agora he hablado sin saber con quién, aunque la fe que tengo en la palabra de mi señora no me da lugar a sospechar que me pueda succeder auiessamente, y porque ésta con quien hablo me paresce Belisea, quiero saber con quién lo he. A, señora, si mal he hablado, os suplico por el perdon, con dezirme quién soys.

Bel.—Ni a vos haze mucho al caso mi perdon, ni el saber mi nombre, pues no me conoscereys; baste que me conozcays por muy seruidora de la que tanto y con razon vos loays. Y porque sé yo lo que ella vale, tengo por cierto que en ser vos tan suyo aurá ella escogido conforme a su valor. Y ansi os quiero hazer tal seruicio, que os quiero auisar que no penseys que os ha burlado quien os mandó venir, pero por estar ella aun occupada, que Belisea la ama tanto que no la parte de sí, me embió a mí a que os auisasse no tomeys pena con su tardança, porque ella será luego que se desembarace de con Belisea mi señora, que anda algo mala. Y pues yo hize mi mensaje, porque conmigo no gasteys tan mal empleado tiempo, me dad licencia, yreme.

Pol.—Señora, fuera del merescimiento que vuestra persona en el hablar representa, por venir en cuyo nombre venis me tendreys a vuestro seruicio, y tengo por muy buena occupacion la mia en semejante gastar de tiempo; pero suplico os me digays: qué mal es el de la señora Belisea?

Bel.—No ay quien entienda su mal.

Pol.—Pesame de ello; pero pluguiesse a Dios que fuesse del mal de Floriano, por su mal apiadarse de los pacientes.

Bel.—Por vuestra fe que me digays qué mal tiene vuestro señor, para ver qué mal es el de mi señora.

Pol.—El está enfermo porque ella está tan sana, y él está sujecto y captiuo por ser ella tan libre.

Bel.—No penseys qne tengo tal entendimiento que os entienda si más no me hablays claro.

Pol.—Por Dios que toda via digo que es Belisea!

Bel.—Pues no quereys dezirlo?

Pol.—Señora, no sé si abrá más orejas de las vuestras, pues las paredes suelen oyr a ratos.

Bel.—Ved vos si de allá ay seguridad, que acá todo está saneado esse temor; por esso me dezid del mal de esse cauallero, que acá todas pesaria dél, aunque los hombres sabeys dezir que moris y moris, y deste mal que os quexais los menos entierran; ansi que, mientras viene la que esperays, pues no tenemos en qué, occupemos el tiempo yo en oyros y vos, galan, en dezirme esto.

Pol.—Bien creo yo, señora, que deueys de ser tan cruda como las otras; pero por no tachar lo que no sé loar, por no os conoscer, digo: que en Floriano, con tener tantas gracias repartidas de Dios y tanta prosperidad de bienes naturales y adquisitos, pero veo que todo le es nada en comparacion del daño que le haze acá essa señora Belisea; porque ni le oyen hablar sino de ella, y todo es loarla, y todo es morir por ella. Tanto que si yo a ella no viera ser tan hermosa, a él tuuiera por sandio en pasar tal, como a ella tengo por cruel en dexar perder ansi la flor de la caualleria, aunque no ay quien sepa bien su mal, porque él se tiene por tan ganancioso en padescer, que si no es a quien tiene muy gran necessidad, no dira qué siente, pero a todos loará lo que ama, y ansi no sé, señora, qué os dezir de Floriano y Belisea, sino que él es su martir de ella, y ella la más libre y cruel para él, que a no ser mal nombre para tal dama, dixera que era verdugo de amor.

Bel.—Pues aun si bien supiessedes qué entera y libre muger es! Pero por qué la culpays? pues quiça o ella no sabe su mal, ni deue de caer en obligacion a le socorrer. Pues que passe nadie por mí lo que yo no le mando, ni soy occasion, qué culpa le tendre? mayormente que esse cauallero fingira esse mal por mi señora: porque tales son las condiciones de los que saben estimar la honra de vna muger, y tal muger como Belisea.

Pol.—Por Dios que me desatina esta muger, y que no creo que es la que yo sospechaua; pero quiero dar razon de mí, sea quien fuere. No penseys, señora, que pongo culpa yo a essa señora porque sea buena y honesta y de tanto merito en todo lo que de ella se dize; pero porque, guardado todo esto, pudiera ella a su saluo, sin se mostrar tan sacudida, atraer con su hermosura, y con su cordura ser siempre señora de sí, y como honesta guardarse donde no la auian de forçar, que ya no se vsa como solia, dado que se dessee más que nunca. Y tambien vsança de corte es seruir los caualleros a las damas, y todo es honesto y todo es bueno. Y siempre vi que las çahareñas más ayna caen si las siguen, y si caen, con más deshonra suya; porque ellas se auian vendido por muy fuertes.

Bel.—A esso no sé qué os responder, pues cada qual mirará por sí, y Dios por todos. Pero dezidme, quánto ha que está tan malo esse señor?

Pol.—Cada dia anda tal que no sé peoria en su mal, pues siempre está dél peor; pero de ayer acá, que pensamos (con auer porqué) que le fuera mejor, no sé si podra escapar segun anda el pobre, que es lástima, que tengo para mí que si ella lo viesse, aunque fuesse vna leona, ablandaria, pues sus lagrimas pienso que ablandarian las piedras, quanto más los coraçones. Y todo lo que dize a solas es razonar con ella y ansi está por ella, que presto pienso que rogará ella por su alma, pues tan desapiadada le ha sido del coraçon.

Bel.—Perdonad me, galan, que oyo no sé qué acá dentro; quiero ver si viene la que esperays.

Pol.—Pues, señora, por merced que en su venida presto me seays fauorable. Ida es, y por Dios que aun me estoy en mis treze en sospechar ser Belisea.

Pin.—O, hi de puta el diablo, y quien no tuuiera buenos pies! el diablo traxo a cabo de rato al aguazil por aqui, y tan acompañado; algo deue de barruntar o auer olido. Pero quiero saber qué fue de Polytes, que si alli le topó, sera bien menester que se auise Floriano luego; paresceme que aun está allí; bien fue; torno me a mi passeo.

Bel.—O sin ventura de mí, o, qué gran mal es el mio! A, Justina, duermes?

Just.—Sí dormia; pero qué mandas?

Bel.—Que vayas y le despidas presto, y en ningun caso le digas que era yo, y mira que te aguardo; luego ven tras mí, que me hallo mala.

Just.—Yo voy, que asuadas que te hizo mal el sereno. Hola, quién estay (sic) a tal hora?

Pol.—Soy tu captiuo; y agora bien conozco que tú eres de verdad quien yo amo.

Just.—Perdoname, que no pude antes auer venido; pero ha mucho que veniste? y quién traes en tu guarda?

Pol.—Poco a sido mi aguardar, pues meresci ver os, y en guarda de mi coraçon traygo a ti, que sabras quál está.

Just.—O mi buen querido, y cómo con justa causa pongo yo la honra en condicion por verte y hablarte, aunque no te quisiera gozar a tanto trabajo tuyo y tanto apartamiento mio, en especial con tan poco tiempo como al presente la necessidad me concede.

Pol.—Pues qué cosa haurá que, vos no queriendo, os compella a yr os?

Just.—Es que va de aqui muy mala mi señora.

Pol.—Luego con ella he departido hasta agora? que me dixo que venia en tu nombre.

Just.—Ay, que no quise dezir sino que vine de con ella agora, y la dexo mala, y me espera ya.

Pol.—Anda, señora, dexala padezca, en especial si padesce el mal que yo por ti y Floriano por ella. Pero dime si era la que va de aqui? que cierto en todo me parescio ella.

Just.—Escusado es negarte lo que tú conosciste.

Pol.—Y qué me queria?

Just.—Esso me di tú a mí.

Pol.—No hizo sino preguntarme vna vez y otra por Floriano, y al cabo que le dixe que estaua muy malo, ansi me dexó tan en seco, que pensé que ella yua tambien mala, y ansi la dexé yr.

Just.—Agora confirmaste mi sospecha. Y tú sepas de cierto que Belisea está muy rendida al amor de Floriano. Y ansi ella no me dexó a mí hablar te, por te preguntar por el que ella ama. Y porque agora oyo arriba bullicio te ve presto, con perdonar me, y espera de mí auiso que te mandaré para quando nos veamos más a nuestro saluo, y ve con Dios, que oyo hablar a Lucendo mi señor.

Pol.—Los angeles queden en tu guarda.

Pin.—Qué hazes, hermano, baxas te?

Pol.—Anda, vamos a la mano de Dios, y di me qué ruydo fué vno que oy endenantes?

Pin.—Pues que tú tuuiste ventura de que ni a ti viesse el aguazil ni a mi cogiesse, encaminemos para casa antes que torne, y allá communicaremos los idiomas.

Luc.—Qué hazes, hija? Cómo tan tarde estás por acostar? asuadas que deuias de andar en tus acostumbradas deuociones; mira que te haze mal desuelarte. Y tambien, como otras vezes te he dicho, más quiere Dios el obedescer que el sacrificar. Y pues sabes que es mi voluntad que te temples más el rigor en estas cosas, porque sin la prudencia, aun las virtudes se tornan en vicios.

Just.—O, mezquina yo, y si no está mi señor Lucendo con la hija! quiero oyr si tractan de casamiento, para ver qué esperança tendre en mis cosas.

Bel.—Ay, señor, y cómo, mal peccado, no soy tan deuota que no sea más menester espuela que freno para mí en esse caso; y si no estoy durmiendo, es más falta de salud que sobra de deuocion.

Luc.—Pues ansi yo vea gozo de ti, que no me calles cosa tuya, porque como tengo crédito de tu cordura, fíome de tu poca experiencia, en que pienso que me granjearás toda buena vejez, con tu descanso y contentamiento y salud.

Bel.—Bien veo, mi señor, que como tantos regalos no se den ni se deuan a todos hijos, que ansi tú obras conmigo como padre, y amoroso padre, y regalador padre, en más de lo que yo te merezco, sino es en ser tu hija. Y como esto se me represente, ansi temo el darte algun enojo, que toda mi vida me querria ver en tu mamparo.

Luc.—Esso, hija, será como Dios fuere seruido. Pero, por tu vida, que ansi me siento atado del amor con que te amo, que por gozar de tu vista como bien querida me descuydo en lo que deuo como padre, al buscar la permanencia de tu estado. Y bien sé que lo yerro, porque tu estado y mi edad ya piden que yo te diesse tal marido que fuesse contigo hijo para mi vejez, y señor para mi casa, y gouernador para mi estado, y sustentador de la nobleza de nuestros progenitores, y augmento de gozo para mis canos dias. Pero a esto me estoruan dos cosas: lo vno, el temor que al partir te de mí me pone el amor que tengo a tu virtud, y lo segundo, que como las cosas de casamiento, fuera de ser guiadas por Dios, consisten en vn delicado punto, temo intentar aquello que asido es malo de soltar, y mal vnnido peor de suffrir; por manera que desseo no te quitar de mí, y deuo y querria verte puesta en tal descanso, que diesse descansado fin a mis tan canos dias. Y aunque no es dado a las hijas el hablar en esto, como te tengo por tan cuerda, que sin affection ni pasion hallaré tu buen parescer, y porque antes de decir te quál sea en esto mi parescer quiero oyr el tuyo y tu voluntad, y agora es muy tarde para esto, tú te acuesta y piensa sobre ello y declara me tu querer, para que de tu voluntad y mi desseo se haga vn acertado consejo, y del consejo yo tracte del hecho. Y porque agora te veo con rostro de honesta turbacion de la plática, ni quiero tu sí tan sin pensarlo, ni desuelarte más, sino por mi vida que luego te desnudes y duermas con reposo; y hasta que yo te hable más en esto te descuyda y reposa, y queda te con mi bendicion y la de Dios.