Mar.—Qué turbado se ha el panfarron! pues espera, que yo te la armaré, si puedo, como me la pagues.
Ful.—Acaba ya, pues; boqueame a dezir que baxe a te le amontar, o sacar la vida si me esperare.
Mar.—Ay, mezquina yo, que me dizen que es vn diablo arriscado y valiente y suelto, y aun diz que anda no sé quántos dias[686] ha en tu busca, y no querria que hiziessedes algun desatino los dos oy en mi casa.
Ful.—De esso me guardaré si yo puedo por oy.
Mar.—Qué dizes de oy?
Ful.—Que quisiera que tuuieras por bueno ver oy quien es Fulminato y quánto acato se le deua. Pero porque veas quánto más estimo tu honra que seguir tras mi condicion, quiero sacar de madre agora mi gran desseo de andar a la espada, y dando lugar a la yra, seruir te con el officio de los pies en yr me por la puerta del corralejo.
Mar.—Ay, que ya sube; quiero le yr a detener, que le hauran dicho que estás tu acá.
Ful.—Qué, qué? no paro más; que mejor es que digan: por aqui se saluó bien corriendo, que aqui cayó muerto esperando como necio; pues con la vida y salud todo lo suelda el hombre auisado despues.
Mar.—Cata, cata, qué priesa lleua el diablo del valiente! O, hi de puta, y quién confiasse en su ayuda! Pero no me llamen a mi Marcelia, hija de Marcelio y de Liberina su legítima muger, si antes de mañana a estas horas él no me tiene pagado el bofeton. Y aun que, por vida del alma peccadora que me gouierna estas carnes tristes, y por la bendicion de todo mi linaje, que yo le haga que aya menester los dos ducados que le di como necia, para pagar cirurjanos, o que si puedo, que con ellos le pague adelantado el entierro, porque al vellaco sea castigo, y a otros enmienda, y occasion de miramiento, y lecion de mejor criança. Y aun que a estotro que sube yo le halagaré el lomo, de manera que no sienta que con su mano quiero yo sacar esta castaña del fuego. O, mi señor, y qué buena venida la tuya: en buena fe, y ansi yo parezca ante el rey como tú me paresces bien, sino que vienes muy de tarde en tarde a esta casa, y hazes nos mil mercedes cada dia. Ay, por amor de Dios, que perdones mi mala criança en no hauer baxado; porque he hauido cierta turbacion, porque essa muchacha me dexa la casa sola, y todo de par en par.
Grac.—Anda, tia, que conmigo ha estado.
Desp.—No baxes enojada, que pensaré que lo has porque yo vengo a ver si ay en qué te siruas desta persona.
Mar.—Con tales intercessores yo perdono a essa descuidada, aunque no perdonaré el desafuero que aquel lebron malauenturado moço de espuelas me ha hecho.
Desp.—No llores ansi, señora; mas dime quién es, que yo le dare su merescido oy.
Grac.—Asuadas que fue el panfarron de Fulminato, que es valiente de lengua en presencia de las mugeres, que le temen sus dichos.
Mar.—A la fe, para mí tuuo manos, en que a bofetadas me bañó la boca en sangre por ver me sola. Y aun si no fuera por ti, señor, que, aunque más le pese, has de entrar en mi casa, y te querré, y amaré, y seruiré, no lo sintiera por tanto. Y agora sobre todo me dexó amenazada, desuenturada de mí.
Desp.—Y el por qué, por mí?
Mar.—No sé, sino que no sé qué desgracia le acontesció en el establillo contigo, y quiso que lo pagasse yo, desmamparada de mi honra y querida y tractada de los buenos.
Desp.—Ya, ya no es de suffrir esto; pero qué fue lo del establillo?
Lib.—Que por miedo tuyo, quando baxauas este dia, se abscondio en el establejo, y como es el muradal de casa, y aun de muchos de fuera que le hallan a mano, él se paró tal, que quando salio, siendo ya ydo tú, salia qual él merescia.
Desp.—Por Dios, que agora cayo en la razon por que baxando, senti dentro rebullir, y estuue por entrar; pero vi tal la entrada, que me hizo perder imaginacion que alli estaria tal galan, porque pense que era algun puerco. Pero con todo esso, él conoscio me?
Lib.—Muy bien; porque despues de tú ydo te mató en seco de boca como él suele delante tales como nosotras brauear. Y estaua tal, que por vna parte no le podia aplacar y por su hedor no le osaua llegar.
Desp.—Pues subo arriba a él, que agora veré yo quién él es.
Mar.—Anda ya, que no es hombre que ansi espera; que en saber que eras tú estaua ciscado de miedo, estando de antes vn leon conmigo. Y en dezir le que subias, sin más ni más toma la puerta del corralejo, y allá va como vn trueno.
Desp.—Siempre aborresci (y agora más) estos desaguaderos de puertas falsas de casas. Pero descreo de la vida que viuo si no voy a buscarle a su casa, que ya me hauian dicho que parlaua en mi absencia, aunque soy hombre que tarde doy credito a chismerias.
Lib.—Y cómo, pues, que dize de verdad y no acaba? sino que en esta casa no tenemos estilo de derramar, sino de acumular la paz.
Desp.—Pues voy luego; que si no ouiesse castigo, no andaria nadie seguro.
Mar.—No te has de poner por mí en esse peligro.
Desp.—Ni tú me mandes esso, ni tan poco lo mataré, o él a mí por ti, sino por lo que me toca a mí en la honra.
Grac.—Y calla, dexa le tia; que bien es que sea castigado el ruin, y el bueno torne por su honra.
Mar.—Ansi no cumple a la mia que de dia se haga nada, ni que este señor sea conoscido. Esta noche tiene de yr con su amo por allá hazia tu barrio, que él me dixo que se escabulliria, y solo me vendria a ver; entonces harás, señor, como vieres que cumple.
Desp.—En esso me dexa el cargo; pero a qué hora te dixo que saldria?
Mar.—De dos a tres me dixo que vendria a ver me.
Desp.—De media noche?
Mar.—De media noche; y entonces vendra solo, excepto si desde agora no lleua ya el miedo cobrado.
Grac.—Pues por mi salud que yo y mi prima tomemos a cargo de auisar a Pinel y a Felisino que no vengan con él.
Desp.—Anda vengan, que a más moros más despojos.
Grac.—No es bien, sino que lo pague quien lo meresce.
Lib.—Y aun allende de esso, los otros son gente determinada y de hecho, y defenderle han si con él vienen.
Desp.—Pues, con tu licencia, me voy, aunque holgaria de saber qué señas lleua, para conoscer le y hauer lo con él.
Mar.—La capa de grana fina, y cuera de carmesi, que le dio su amo, pensando que yua bien empleado, me dixo que ha de traer, por contentarme, y por yr con su amo bien adereçado.
Desp.—De la yda de su amo allá se auenga; mientras no padesciere honra la casa de Lucendo, ni me va ni me viene; pero al de lo colorado yo le acortaré los passos, si pies y ventura no le valen, ó él no sale. Y tú, señora, si no pudiere venir a la cena aplazada, me perdona.
Mar.—Dios vaya contigo, aunque en essotro del enojo te ruego que lo dexes.
Grac.—Anda, tia, mueran los malhechores, porque de otra manera cada qual seria alcalde, y aun mandon en casa agena.
Lib.—Y aun, si no ouiesse castigo, los mantos nos hurtarian de acuestas.
Grac.—Y aun porque no me le hurten del arca, me voy a mi casa, que aunque cerre la puerta, y queda en el arca, oy en dia no es tiempo de esperar a comedimiento de mill vagamundos que de dia ojean donde roben de noche.
Mar.—Pues queda cerrada la puerta tuya, cerrad essa de essa escalera, y subamos a comer, o a merendar, o a almorzar, que alli ay vianda con que yo pueda almorzar, que estoy ayuna y bien desmayada.
Grac.—Pues vamos, que nosotros comida y merienda, y aun cena, haremos de vn golpe.
Lib.—Ya estara todo frio; pero quién lo traxo para ver si haura que guisar?
Mar.—Fulminato lo traxo, que dos platos de plata dexó alli llenos de buena vianda, de plato de principe.
Grac.—Pues si estuuiere frio, siendo bueno, a vianda fria estomago caliente, y a vianda dura, muela aguda, y a vino de mal parescer, cerrar los ojos al beuer.
Lib.—Pues cierra la puerta antes que aya huespedes, que todos los duelos con pan son buenos.
NOTAS:
[683] En el original, por errata, muestras.
[684] Don Pero Miago parece ser el verdadero nombre de este personaje, célebre en el folk-lore de Valladolid.
[685] En el original, gallan.
[686] Suplida la s.
Ido el despensero, concierta con Grisindo de matar a Fulminato. Justina leyendo la carta de Polytes, vee se la Belisea, y tomada sabe sus casamientos. Tractan las dos de la entrada de Floriano. Y Belisea tracta a solas de hazer casar a Justina y Polytes delante de ella y Floriano essa noche, para tomar mejor occasion a sus desseos y mejor color a sus hablas.
Despensero, Grisindo, Justina, Belisea.
[Desp.]—Agora que voy en mi cabo será bien pensar cómo salir a mi honra con lo que me encargué, porque el hombre ha de mirar quántas bueltas y cifras tenga vn sí, antes que le diga; y despues quántas razones ouiere para no le faltar, pues al buey tienen por el cuerno y al hombre por su palabra.
Gris.—O, gracias doy a Dios que te hallo, que peor eres de hallar que vn abogado.
Desp.—Dices lo porque ay muchos?
Gris.—No por otra cosa; pero dónde has estado, que no te he podido sacar de rastro?
Desp.—Tengo la condicion del rey: que donde no está, no le hallan.
Gris.—Ansi lo hazia mi padre; pero dónde has estado que toda la casa he andado en tu busca?
Desp.—Tambien fuy yo en la tuya en casa de Marcelia, y creo que te me negaron.
Gris.—Y aun no sería mucho, porque encerrado me tuuieron vn rato, por vnos yentes y vinientes, que por Dios diez puertas haurian menester para entrar y salir negociantes en aquella casa.
Desp.—Presto la conociste; mas dime por tu vida, y encerraron te?
Gris.—Y aun por la de entrambos; porque estando parlando con la que sabes, vino la madre, y luego otro diablo Centurio baladron, y, finalmente, que la muchacha me tuuo como thesoro tras llaue, hasta que menguó la cresciente.
Desp.—Marauillo me cómo no me oyste.
Gris.—Antes te vi, y te oy preguntar por mí; y despues de ydo tú, e yda la madre, vino aquel come siete, vn panfarron de vn Fulminato. Y él queriendo subir, yo puse me a punto a le defender la escalera, por que ya me hauian sacado de tras llaue para botar me fuera.
Desp.—Pues cómo os despartistes?
Gris.—No sé más de que la muchacha baxó a él, queriendo yo baxar a ver me con él, y no sé si huyó o qué fue, pero sé que tomó el passo bien largo.
Desp.—Agora me sacas de vna duda.
Gris.—Qué tal?
Desp.—Que no le tenia por tan hablador y por tan lebron; pero lo que no heziste entonces de tentar te con él, tienes agora tiempo, si te atreues a me acompañar esta noche.
Gris.—Pon me tú en qué, y verás si me atreuo.
Desp.—Pues sabe te que él ha afrontado oy a la madre y a la hija, e yo les di palabra de vengar las esta noche, y ellas me dieron auisos de cómo le conosciesse, y dónde le encontrasse, y a qué hora le hallasse, porque andará solo. Por esso, si te contentó la muchacha, agora tienes tiempo de ganar la por tuya, e yo con la madre, seremos dos a dos.
Gris.—Sin más causas de saber que tú te pones en ello, me llama quando mandares, y aun si quieres, lleuaré tres o quatro de los escuderos, que holgarán de acompañarme.
Desp.—Basta que vamos los dos yendo bien armados; por esso duerme a prima noche, que yo te llamaré a la vna.
Gris.—Pierde cuidado, que yo voy arriba, y tú desembaraça te de tu officio.
Just.—Agora que estoy a solas quiero leer otra vez este papel del mi Polytes, porque nunca a mi contento le he podido de espacio bien acabar de leer gustosamente.
CARTA DE POLYTES Á JUSTINA
Señora de mi coraçon, aunque he recebido de vos más fauores que jamás ni pense merescer ni osé confiar de recebir, pero mi voluntad que os ama, y mi entendimiento que en sola vuestra meditacion se occupa, han leuantado tanto todas mis potencias, y con ellas son ya mis desseos tan altiuos, que os oso dezir, que soy ya tan malo de contentar quanto sé estimar me en más, por ser tan vuestro y tan fauorescido. Ansi os suplico, vida mia, que pues vuestro gracioso sí me hizo vuestro esposo, e yo en ello tuue, y tengo, y tendre tanta hufania y tan próspera ganancia en recebiros por mi señora y muger, en lo qual torno a retificarme con nueuo sí, que vos tengais cuidado de mirar por mí, como por cosa vuestra. Y de nueuo os suplico que tengays por bien de querer que aya fin mi tormento antes que no le hauiendo en él, le veays vos en mí. Todo esto digo, mi señora, porque como la noche passada yendo a veros con vuestra licencia y mandado, me parescio que me communicastes por menos tiempo vuestra vista, que no hauia desseosamente aguardado por os hablar. Y junto a esto me enviastes con algun sobresalto de algun descontento que tengais de mí; pues suplicando os me mandassedes para hora cierta que os hablasse, y paresciome que, como desganada, no me quesistes dar sí determinado. Y aunque me mandastes esperar vuestra determinacion, yo vine tan lleno de congoxa, que con ella se me ha passado lo poco que me quedaua de la noche. Por tanto, suplico os que, perdonando mi importunidad, me mandeys para quándo con toda breuedad quereis que os vea, porque si os dilatays y cresce mi pena, yo soy perdido.
Porque yo viuir no puedo
sin os ver presto, señora,
pues os sé dezir que quedo
tal, que me perderé cedo
si vos me oluidays vn hora.
Por tanto, mirad por mí,
no por mí, sino por vos;
mirad que a vos me offresci,
por[687] donde, si muero ansi,
a vos lo pidirá Dios.
Y ansi os torno a suplicar
que, ansi como os obedezco,
querays vos a vos forçar
para mi mal remediar
por vos, por que no os merezco.
Bel.—Qué hazes, di, Justina? qué papel es esse que te tenia tan occupada, que ni me sentiste baxar, ni agora aun miras que estoy hablando contigo? Amuestra esse papel, que en ver que te turbas y le procuraste absconder me pones sospechosa y ganosa de ver qué sea.
Just.—Ay, perdona me, que ando algo mala, y el descontento me quitó el aduertencia en caer en mala criança de no me leuantar luego.
Bel.—Si esso te escusó del descuido, qué te escusa del no hazer lo que te digo en dar me esse papel?
Just.—No mires, señora, en esso, que son vnas gracias de chocarreria.
Bel.—Ya sabes, pues, que, aunque fuesse carta de requiebros, que más obligacion tienes a me la hauer ya dado, pues la has de dar al cabo, que no yo tenia de te hauer descubierto quantos secretos tengo.
Just.—Más quiero que, sabiendo tú mis culpas, me las castigues, que eres mi señora, que por encubrir te algo, con enojo de mí te oluides de mi remedio, y aunque con harta confusion mia. Pero pues este papel me ha de culpar, yo te quiero, confessando mi atreuimiento, suplicarte que mires que soy mujer y moça, y poco experimentada, y menos auisada; y que como atreuida podré hauer hecho lo que esse papel te dira. Y piensa que el no hauer caydo en más de lo que ay hallarás declarado ha sido por mirar a tu bondad, y a lo que te deuo, y a la honra mia. Y aunque fuy desmandada en lo que ay verás, sin otra cosa de más hauer de por medio, poniendo mi honra y todas mis cosas en tu misericordia, te pongo en las manos el papel de la informacion de mi liuiandad, esperando la sentencia que contra mi poco miramiento con misericordia pronunciares.
Bel.—Ay, ay, ay, Justina! qué te paresce desta carta? que, sobre leyda dos vezes, aún no puedo persuadirme que sea para ti, porque el credito que yo de tu bondad tenia no me dexa ser facil a creer que tú pudiesses caer en esto. Dime, Justina, qué fruto te da agora esta tan gran confusion? O Justina, Justina, que essas lagrimas que agora tú derramas por lo que yo te digo, que soy vna flaca donzella como tú, vuieras de hauer tú derramado viendo la llaneza con que yo te recibia tus palabras suaues, que tan llenas de ponçoña para mi quietud y mi honra y mi salud venian. O, qué mal pago has dado, en andar en piel de oueja hecha vn lobo contra mí, al viejo de mi padre que te ha criado, y a mí mesma en vender me, amando te tanto y fiando mi llaneza de tu malicia encubierta. Dime, Justina, qué has visto en mí que te desenfrenasse a soltar tu limpieza y auenturar ansi la perdicion de mi honra? Dime qué has ganado en perder a ti, perder a mí, y perder los canos y afanosos dias de la postrimeria de mi viejo padre, de mí tan confiado, y de ti él y aun yo tan descuydados? Agora veo bien que, quando Dios alçare la mano de los más buenos, que bastarán los más flacos tentadores para hazer los caer. Y agora veo tambien que al que el occulto juyzio de Dios le tiene permitido a que caya en algun mal, que montan poco, ni palabras de buen predicador, ni buenos exemplos de justo obrador, si Dios no le da acorro y obra en el tal. Pues es assi que todo lo vio el peruerso de Judas en el redemptor del mundo, pues vio buenas obras de exemplos, buenas palabras de doctrina, y buena potencia de milagros, y aun desseos en su señor de querer le perdonar, si él endurescido le pidiera con la enmienda perdon. Pero ni lo vno le retraxo de que no le vendiesse, ni lo otro le apartó de que no desesperasse. Pues tú, Justina, aunque no en comparacion del que agora referi, pero qué has visto en mí quanto ha que viues que no te aya sido ayuda para la virtud, y muy para estoruarte de lo que has hecho? Pero pues ya tú, o que por ignorancia no viendo el mal que me hazias, o que por malicia por querer tu gozo con sagacidad cautelosa y con cautela maliciosa, me has enlazado adonde, si Dios no, o por la muerte sobreuenir, no puedo ser libre, a lo menos quiero que mi nobleza se aproueche contigo para en lo de adelante, no en el amor que te deuo tener para me fiar más de ti, pero en la voluntad que te he tenido y obras de bien querencia que de mí tienes hasta agora. Para que a esto mirando como generosa, te perdone como poco auisada y no te condene por maliciosa. Y en esto verás la differencia que ay de mí a ti: que donde tú buscaste mi cayda, quiero yo sacar tu leuantamiento, y donde tú en ti buscaste y occasionaste mi muerte y captiuerio, buscaré yo en mí razones no sólo para perdonar te, pero tambien para no aborrescer te.
Just.—La culpa mia me pone muda al escusarme, y tu bondad me da confiança de tu promesa. Pero en todo te suplico que como señora me corrijas, y como sabia, mirando a mi ignorancia, no tengas dubda de mi limpieza, puesto que seas cierta de mi yerro.
Bel.—Anda ya, que basta que ni en ti ay satisfaction para tu escusa por tu yerro, ni en mí fuerças para te castigar por mi piedad. Y por la limpieza tuya que has guardado, me quiero persuadir a leuantar te. E ansi quiero que no hagas cosa de oy más sin que me des parte. Y digo que me fiaré de ti no menos, pero más que antes, y que tractes cómo lo que está concertado se haga. Y concluyo, para que veas en lo que te tengo, que me voy dexando lo todo a como tú lo ordenares. Y con tanto, nos subamos arriba, no venga alguien que piense otra cosa de te ver a ti llorosa y a mi demudada; pues en lo hecho no ay enmienda, remedie se lo por hazer, para seruir a Dios.
NOTAS:
[687] Pro, en el original.
Venida la hora señalada, aparejado Floriano, se carea con Belisea en el jardin: entre los quales passan razones muy sabrosas. Desposan a Justina con Polytes, Floriano y Belisea, y despues Justina hace á los dos amantes prometer se palabras de matrimonio.
Floriano, Polytes, Fulminato, Felisino, Pinel, Despensero, Grisindo, Justina, Belisea.
[Flor.]—Dime, Polytes, essos moços que han de yr conmigo, si estan leuantados.
Pol.—Señor, bien haurá media hora que estan los tres que me mandaste apercebir en la sala a punto.
Flor.—Y la gente de casa, si está recogida toda?
Pol.—Señor, como les dieron de cenar temprano, y el mayordomo (como mandaste) entendio en hazer recoger la casa, todos estan agora a los braços con el sueño, los que no les cabe parte del cuydado de nuestro camino, que en casa lo barruntan bien pocos.
Flor.—Pues el reloxito de mi recamara en qué punto está?
Pol.—Un quarto passa ya de las doze.
Flor.—Pues si esse, como perezoso, no ha dado más de doze, y los grandes del pueblo han dado la vna, y mi señora, como presta a me hazer merced, salio ya a buscar por mí, e yo como tardio me he descuydado en yr a tiempo, qué será de mí, si mi señora se torna como burlada e yo quedo como perdido?
Pol.—Señor, yo he estado bien en vela, y aun andan algo más perezosos; que ha menos que dieron las doze que este chiquito.
Flor.—Pues traeme esse montante, y sin ruydo vamos. Y di a essos que vengan juntos, y dexen las puertas todas apretadas, y tú echa la llaue a mi camara, y trae tus armas, y vamos.
Ful.—A, hermanos, qué os paresce quál va agora Fulminato?
Fel.—Vas más para ruar de dia que para peligros de noche.
Ful.—Dizes lo porque no lleno armas secretas?
Fel.—Y no es harto esso? si que no es bien yr hombre a discrecion de qualquier que encontreys, que al primer tiento os quede ayslado, y despues de que os haya enclauado os dira: perdonad, que pense que era otro.
Ful.—No he menester yo más de que me conozcan para que aun la espada y capa me será peso para el no alcançar los, y a ellos que huyran de mí les plazera que lleue yo estoruo que me quite el bien correr para coger los.
Pin.—Yo más quiero lleuar mi cota y guante y caxco y broquel y espada, con algun tanto de ventura, que esse tu yr en condiciones si me conoscen o no. Y aun más querria no ser conoscido, porque si lo hago yo bien, a mis contrarios les tiene de yr mal, y si yo lo hago mal, menos affrenta me es a mí solo, quedando sano, y no siendo conoscido, que no llevar los caxcos quebrados y que a la mañana me puedan, señalando con el dedo, dezir: veys donde va el couarde que huyó o el necio que fue herido.
Fel.—Yo soy de voto que de noche, secreto y seguro.
Flor.—Hola, moços, por qué no estays callando?
Ful.—El gozo que lleua la persona de yr donde se pueda hazer conoscer haze con la risa desmandar se la voz.
Flor.—Pues antes que salgamos de la sala quiero ver cómo va cada vno. Todos vays a mi contento y bien a recaudo. Pero tú, Fulminato, cómo vas tan de fiesta y sin armas?
Ful.—Señor, la color del colorado demuestra el alegria que lleuo en yr a estas estaciones, y el no lleuar armas es por yr más suelto, para que los que a los armados se os fueren por pies, esta espada los castigue con mi soltura.
Pol.—Mejor le ahorquen al lebron, que es si no para huyr mejor, porque él desto nos ha de aprouechar allá.
Flor.—Salid todos passo, y vamos juntos sin ruydo; tú, Felisino, torna [a] apretar esse postigo, y tú Fulminato, pues quieres yr desembaraçado, te ve delante de nosotros siempre, porque yrás como cauallo ligero a descubrir campo, y si no ouiere embaraço, ya sabes por qué calles y adónde has de guiar.
Ful.—Agora lo verás quién va delante, que yo os aseguro que no topeys quien os llegue a la ropa. Pero agora que voy apartado, quiero mirar por mí; que estos necios bien pensaron hazer a Fulminato prueua de peligros. Pues yos voto a la municion de la carraca de la sancta religion de Malta, que al primer gruxir de malla yo les lleue tanta delantera, que lo ayan a solas. Y aun porque auisen con quién lo han, que al primer siluo esté yo en la cama al lado de Marcelia, porque al fin alli hauran de parar mis estaciones, si no me sale algun auieso; porque agora la tengo tal, que temblando me baylará delante, y no haure llamado, quando le parezca que es tarde para me abrir, y temprano para yo enojarme, y bastante causa para le dar otra tunda, porque al fin el fuego y la muger a cozes se han de hazer.
Desp.—Ya dio, hermano, la vna.
Gris.—Pues qué aguardas a la puerta de la calle? anda, guia, que más vale que por anteuenir cacemos que por tardar nos arrepintamos y perdamos tiempo.
Ful.—Ya estoy en par de Sanctiago, y aun ellos quedan tan atras, que podré yo sin que me vean, hurtando les el cuerpo, baxar por esta armeria a la plaça, y boluer me a la cal nueua. Pero al fin, pues no ay peligro, quiero yr hasta que me vean allá, que despues podran lo hauer a solas. Que burlando ni de veras, no quiero bregas con la gente de Lucendo; mayormente que en estos negocios todo tiempo se les haze poco, y será de dia y pensarán que es la luna, y aun ellos estarán dentro. Pero por las reliquias de Constantinopla que me paresce que viene gran tropel de gente de pie.
Gris.—A, hermano, cata que me paresce que vi meterse vno agora a la sombra de la iglesia de las señas del que tú buscas.
Desp.—El paresce; ve tú al ras dessas casas y ataja le el passo de la plaça, y presto, no se nos vaya, que él es, e yo enuisto con él.
Ful.—Sancta Maria val me, que muerto soy! por todas partes me han cercado; más son de diez; esto a los pies y a Dios se ha de encomendar, y sus, hazia la plaça, que ay más anchura para escapar.
Gris.—Nos[688] monta huyr, que aqui dexareys la vida.
Desp.—O, pese a tal, que toda via se le coló: yr se le tiene. O, hi de puta, pues y qué determinadamente le sigue el moço! por Dios que es vn Hector. Cata, cata, esta es la capa del esforçado, que aun le cargaua al huyr. Bien está, tras ellos sigo, que a peor librar, ya terné con qué crea Marcelia que hize algo, y que me le libraron los buenos pies, pues me dexó la capa en las vñas. O, mal empleada tan rica grana de capa; ni pan que aquel come, aun de borona.
Gris.—O, hi de puta, y qué pata tiene.
Desp.—Mas que se te fue el brauon?
Gris.—Alcançara le el diablo.
Desp.—Pues vamos derechos en casa de Marcelia, y si desembarcó allá, pagarálo, y si no a lo menos daremos la capa del Hector a la Marcelia, contando le lo que pasa.
Gris.—Pues lleuas su capa, guia; que lo que agora no ouo effecto, haurá lo otro dia, pues ya le sabra hombre las mañas.
Flor.—Ya estamos acá, y pues a esta puerta no me responden, guia tú, Polytes, donde es lo más baxo del muro. Pero qué fue de Fulminato?
Pol.—Asuadas que él está agora en casa, o donde yo me barrunto[689], porque en querer yr él delante, y en verle sin armas, me dio el alma lo que auia de ser.
Fel.—Hazia Sanctiago endenantes oy yo vn ruydo, y me paresce que reconosci su voz.
Pin.—No será mucho que aya hecho alguna caualgada de las que suele, o quiça se dio priesa a correr, y estara ya acá dentro.
Flor.—Sea lo que fuere, que él boluera.
Pol.—Por aqui, señor, podremos subir el muro, que es lo más baxo; pero por de dentro está tres tantos de alto.
Flor.—Subamos sobre la pared, que está bien segura, que es de piedra, y essos moços tengan essa cuerda desde fuera, que por ella nos guindaremos allá dentro; y despues al salir o nos la tornareys a echar de la mesma manera, o si no buscar se ha remedio.
Pol.—Pues estamos, señor, sobre la muralla, oye, veamos si ay bullicio dentro.
Just.—O, vala me Dios, que ya ha dado la vna, y no vienen, ni han hecho señal a la puerta, y mi señora que estara esperando por mí, que la entre a llamar, pensará o que yo me he dormido o la hemos burlado. Pero gente veo sobre la pared al puesto de la otra noche. Dos son; voy a llamar a mi señora, para que vea cómo quiere hablarlos, ó que los ayudemos a baxar.
Flor.—Tened la cuerda vosotros, que yo baxo, que ya he visto por qué.
Fel.—Baxa seguro.
Bel.—Dónde vienes tan despauorida?
Just.—Anda, señora, que ya es tiempo, que estan sobre el muro aguardando.
Fel.—Pues ya estan dentro, guardemos, hermano, el cordel para la buelta, que de Fulminato bien podemos descuydar por esta noche.
Just.—Ea, señora, cata que será mala criança hazer esperar tanto aquel cauallero.
Bel.—Ve tú, Justina, por tu vida y hablale como vieres; que yo no puedo acabar conmigo tal maldad y atreuimiento, tan fuera de mi costumbre y tan contra mi condicion.
Just.—En esso, señora, me haurás de perdonar, porque hay personas y lugares adonde no caben bien burlas; mayormente que pues este señor viene en tu nombre, no es como la plática del paje de la noche passada, que hemos de andar con disfraçes y vna por otra. Que pluguiera a Dios que fuera yo tú en esse casso (dexando aparte los merescimientos) que ya ouieras visto quán liberalmente, y aun sin quiebra de honra ni bondad, le vuiera hecho con quien tanto me amasse como él a ti, y adonde los estados ni condiciones de las personas no desuian mucho los que el solo amor hauria de bastar a ligar más y más. Pues el amor no se paga sino con amor, so pena de ingratitud, y el amor no consiste en las buenas palabras, pero, como dizen, obras son amores, que no buenas razones. Ansi que, por mi vida, que has de yr, y luego, y muy doblada de tu condicion natural, y muy halaguera, y muy de palacio, y muy llena de muestras de amor, pues sé bien que por mucho que te esfuerçes a mostrar que le amas, no te pagarás a ti mesma en la satisfacion de lo medio de lo que en el coraçon yo sé que tienes de su amor. Y perdona me en lo que atreuidamente te digo (pues ya lo posiste todo en como yo lo guiasse), que, por mi salud, que si otra cosa hiziesses, que a él ayudando, y a ti no obedesciendo, pues ya ni es tiempo, ni ay sazon, ni cumplen alteraciones ni encogimientos, que a tu cama que tú fuesses, a él lleuasse por la mano; y hasta cumplir tu palabra, que le mandó venir, y el como yo lo encaminé que te hablasse, que yo le dexasse contigo solo. Y en lo que toca al hazer tú o no, allá hiziesses como Dios te ayudasse. Pero mira, mira si es perezoso en buscarte, que dentro estan los dos, y él viene ya hazia acá. Mas huelgo que en tal caso que te arguyan de perezosa a la verdad, pero mira que en hablar le y saber te hauer con él, como dicho tengo, te noten de sabia y buena y honesta y del palacio, antes que de encogida y turbada, como quien desseando temes.
Bel.—Ay, mi Justina, que todo lo que me dizes y persuades lo entiendo y lo desseo, y con querer lo y parescer me bien ansi, estoy tan turbada y tan temblando, que no sé de mí.
Just.—Pues ya él nos ha visto, que vienen para acá, yo quiero como en Prado abrir el camino a tu turbacion y a su buena mesura. A, cauallero, quién os ha traydo a las manos nuestras, fiando os de quien no conosceys?
Flor.—La potencia de essa señora, que conmueue mis potencias segun su libre querer, me ha traydo a que agora como su captiuo me humille a le suplicar con atreuimiento que perdonando mis demasias, me dé las manos para que se las bese, como sieruo a su señora.
Bel.—Bien quisiera, señor Floriano, que me hallaras con aquella furiosa indignacion que mi honestidad y honra y grauedad requeria tener para en tal caso, para que ansi pudiera y osara reprehender tu atreuimiento en esta entrada, y mi descuydo de quien yo soy, en mi venida a te oyr en tal hora. Pero pues para esto (por tú me hauer salteado primero e yo acudir tarde a mirar por mí) no ay lugar ya, bastete que, sin dezirte las causas que me hauian mouido a lo que agora he hecho, sepas que vengo muy determinada de te oyr, pues con tan importunos medios lo has desseosamente procurado. Y en el dar te las manos, ni pedir te las tuyas, hasta que veamos por qué, te descuyda y me perdona. Y porque primero quise oyr te que començar te a pedir (pues ya te he oydo publicar tan por mio), agora te quiero como a tal començar a mandar, y sea lo primero que te tornes a poner en pie luego. Agora que te hallo buen obediente, determino, para hazer más por ti, mandar te lo segundo, y es, que en este cenadero, al sonido destas fuentezitas, te sientes en este poyo, y luego, porque vaya cumpliendo mi palabra de hazer algo por ti, me quiero yo sentar en el mesmo poyo par de ti. Pero mira que al ver me sentar tan cerca de ti piensses que es más para mejor oyr te, y responder te sin sonido de voz, que para despertar en ti algun atreuimiento de los que soleys tener los hombres, en semejantes trances puestos que agora tú; porque como a cauallero a quien se deue todo acatamiento y cortesia, no te tendre apartado para oyr te, y tambien como a mi enfermo (segun te publicas) te quiero tener más a mano para te curar el mal que en ti yo hallare ser curable. Y ansi te auiso que con esto que tú á tu parescer llamas gran fauor, no buelen con juueniles alas de mancebo los tus pensamientos a hazer asiento en alguna liuiandad, ni tus manos salgan de la compostura exterior que mi honestidad les mandare. Pues en lo primero te haurás contigo mesmo, como amante mancebo, y en lo segundo te haurias conmigo como desmandado sieruo, y en niuelar tu compostura y grauedad con la mia harás como generoso, noble, y sabio, y virtuoso cauallero. Y sepas que tanto estaremos sentados ansi juntos quanto no salieres punto destas reglas que te he leydo, sacadas de toda glosa que les puedas poner para en escusa si excedieres, ni para culpa en mí si cumpliere lo que digo de te dexar como libre, no obedesciendo tú como sieruo que se dize ser de amor.
Flor.—Tu tan suaue razonamiento ouiera bastado a me hazer conceder en quanto me mandas, y adelante mandares, aunque no vuiera en mí la obligacion que ay a no salir punto de tu querer. Por tanto, como cauallero, tu sieruo por merescimiento, y esclauo por tu amor, te prometo de no tomar de tu voluntad más de lo que me manifestaren tus palabras. Porque a tan grande merced como me hazes en darme audiencia no se puede ni deue seruir con menos seruicio.
Bel.—Pues en esto verás, señor Floriano, cómo (atendiendo a lo que algun dia te dixe ya) te amo con muy sano y llano y hermanable amor, pues que, creyendo la palabra que agora me diste, me descuidaré de recatarme, fiando me en todo de ti. Y ver lo has en que huelgo que a solas me propongas tu razonamiento. Tú, Justina, apartate a esta entrada del cenadero, y esse gentil hombre, por venir con quien viene, yo huelgo que hableys los dos, con que sea a vista mia, sin perjudicar al credito que de entramos se deue tener.
Pol.—Por mi parte te beso las magnificas manos por tan buen principio de las grandes mercedes que de ti esperamos.
Bel.—Agora me di, señor Floriano, qué es lo que de mí quieres? pues tan al cabo (me dizen) te ha puesto la necessidad de hablar me. Y sepas que si cosa me pidieres que dentro de los límites de la razon, mi honra en pie, te pueda y deua otorgar, ansi sabre sin gran encarescimiento cumplirlo, como si tambien fuere por auieso camino de virtud, barahustarlo y rechaçarlo, y negarte con vn muy libre nó cortés, lo que tu sí descomedido pidiere. Y junto con esto quiero que sepas de mí que, viendo en ti por qué, te sabré amar y mostrar toda obra de limpio y casto y llano amor.
Flor.—Bien quisiera, mi señora, que no me ouieras limitado los meneos, para poder y osar hincarme de rodillas a te pedir las manos, las quales, aun ansi sentado, por te obedescer, te besaré si me las das por tales fauores y mercedes como de mi señora.
Bel.—De esso aparta el cuydado, y dime si quieres algo más hablar me; que pues tú vienes a esto, yo quiero primero oyr tu razonamiento, antes que tú de mí sepas el intento de mi baxada a te oyr como agora estamos, en tal tiempo y lugar. Porque sepas que primero quiero oyr el cabo de tus razones que te riña tus demasias y importunidades passadas, y atreuimientos en tantas cartas y mensajerias tuyas, a mí que no te he dado alguna occasion a ello, más de la que tú te has querido occasionadamente tomar. Porque, a te començar a reñir antes de oyr te, quiça que la passion despertara en mí la gana de no te escuchar, e en ti atajaria la osadia en el proponer, por donde ni tú dirias lo que quieres, ni yo te responderia lo que deuo. Por tanto, con breuedad, segun lo pide el tiempo, y manso, segun lo pide el lugar, y libremente, segun te es concedida la occasion, di lo que quisieres, y ten las manos muy metidas en toda obediencia, segun te he pedido.
Flor.—Ay, angel mio, y mi señora Belisea, la más acabada y más perfecta en todo genero de perfection, de mí la más amada, la más temida, la más reuerenciada, qué os podre dezir de mí? porque en ver me delante vos, vuestra majestad ata mi lengua, vuestra alteza desuanesce mi juyzio, vuestro valor despide mi baxeza, vuestro merescer entierra mi atreuimiento. Que os diga que soy vuestro? injurio vuestro gran merescer. Que os diga que me teneys muerto? he os confessado por vida de mi viuir. Que os llame mi señora? no sé aún si vos me aceptays por vuestro. Que os diga que estoy enfermo? hago agrauio a vos, que soys mi salud, ante cuyo acatamiento no puede en cosa vuestra por amor parar mal. Pues dezir os, alma mia, que estoy sano? no me dexará mentir este mi vuestro coraçon, ni los mortales sospiros concederan conmigo, ni las vertientes de mis ojos permitiran que os engañe. Porque dado que yo huelgue penar y morir y passar todo tormento por el vuestro amor, y aun teniendo me en ello por ganancioso en dichas, y dichoso en suaues tormentos, no creo que querra consentir el coraçon, que pues es vuestro, y de la dorada flecha del vuestro amor está herido, sino que se diga y se publique y manifieste su pena, con la qual suffrir gana muy gran cumbre de gloria; ni aun tampoco querra dezir, ni sabra hablar la lengua sino el idioma y plática que supo hablar quanto ha que yo supe amar os. Porque despues que comencé a os querer, como luego se descubrio vuestro merescimiento y mi baxeza, luego con la demasiada fuerça de la occasion, cresciendo más y más la passion, nunca la lengua supo sino loaros y temeros, y quexarse del mal del coraçon. Por tanto, señora de mi libertad, pues hasta en esto bien sé deziros que soy tan vuestro, que en mí no tengo parte sin vos, suplico os que, ansi como en cosa que es vuestra, vos pongays aquello que vuestra voluntad quisiere hallar en mí, y entonces digo que no os callaré cosa. Mandad vos a mis sentidos y potencias interiores que bueluan en sí, robados de la majestad de la gloria vuestra, no para que se les sea hecho tanto agrauio que del todo dexen de ser vuestros y del todo sean mios, pero para que en mí sean instrumentos de vuestro querer, y entonces os sabré dezir qué quiero. Aunque bien sé que no sabre jamas dezir sino de vos, ni sabre qué pueda querer sino sólo bien querer os, y siempre querer os. Pero mirad, señora mía, que en lo que os pido no mireys al dezir de mi lengua, si no la gouernardes vos, pero a lo que dessea mi voluntad. Porque si yo sin vos me hallasse, no sería mio, pues me he renunciado y dedicado todo por vuestro. Y el querer vos apartar me de ser vuestro es por de más, excepto si no me apartays de la vida, y aun alli, si querer tuuiesse, siempre sería vuestro. Y ansi, pues que tan ajeno estoy de mí y tan vuestro soy de vos, no me pregunteys a mí de mí, pero preguntaos a vos de mí, y en vos sabreys qué es lo que os quiero pedir. Porque sí pregunta me hizierdes a mí, ha de ser de vos, pues sabre dezir, no lo que hay, pero lo que mi lengua bastare a explicar de vuestro merescimiento, hermosura, bondad, majestad, alteza de gloria.
Bel.—Agora que, señor Floriano, has concluydo tu largo razonamiento, y a tu proposito muy bien hablado por cierto, te quiero dezir y digo: que quisiera que la muestra tan al descubierto que te he mostrado del amor que te tengo, con la occasion que a conoscer esto de mí tienes en hauer te permitido venir, o (por mejor hablar) en hauer te mandado y querido que viniesses a este lugar, me dieran libre rienda para te hablar lo que la razon me mandaua, y yo sé que deuiera dezirte. Pero porque veo bien ya que es por de mas ni bien absconder se el fuego en el seno, ni aun yo tampoco poder encubrir te que te amo y quiero y estimo tanto, que ni yo te lo sabre dezir, ni sería a mí licito dezir te lo, ni tú deues inquirir lo de mí, vistas las muestras tan al descubierto del fauor presente que tienes de mí, como de mucho más merescedor. Pero basta que tan en auentura de mi honra, y tan despedido otro todo temor, he venido forçada a oyr tus querellas. Y porque sepas que te amo, digo que no digo bien en dezir que vine forçada, porque ni en ello meresceria delante ti, si ansi fuesse, ni tan poco (si culpa en mí venida ay) la quiero echar sino sobre mí, pues a solas me atreuere a poner por ti a toda pena. Pero mira como sabio cauallero que todo este gran camino de amor que en mí te voy descubriendo no es otro del que te prometi la primera vez que me hablaste y te hablé, aunque, porque veas quánto tienes en mí si lo sabes conseruar en ti, te quiero descubrir vn punto de amor más que tienes en mí, y es: que dado que te ame, como entonces te dixe, por hermano, por agora la corriente furiosa del amor, continuando su curso, ha hecho en mí vn tal remanso, donde hallo en mí vn más profundo ser de amor que entonces, el qual ha venido por aguaduchos tan secretos, que aunque casi siento que me voy anegando en la tal cresciente, no alcanço el cómo ni por dónde crescio tanto este rio de agua tan suaue de amor en mi tan obscuro y amargoso coraçon.
Just.—Ay, por vn solo Dios, que seas, señor, comedido, que si vuiera mirado en ello mi señora, no me fuera bien destos tus retoços y burlas; y tambien has me hecho desaduertir de las más bien habladas razones que jamás pensé de oyr de entramos a dos.
Pol.—Altamente ha hablado ella, y en tanto fauor dél, que no sé qué más espera sino tiempo arepentido y occasion perdida.
Just.—Y qué más hauia de hazer?
Pol.—Yo te lo mostrara luego a faltar terceros; pero con todo esso, algo se han rebullido desque callaron. Pues callemos nosotros, porque piensen ellos que están solos, porque la soledad suele ser vna de las más emparentadas hermanas de Cupido.
Just.—Si no tornaran a hablar, yo te demostrara cómo te he calado por muy malicioso y por más atreuido; pero, por amor mio, que te reposes vn rato, y oyamos.
Bel.—Cata, hermano y amigo mio en sano amor, que me paresce que deues querer perder me antes de tener por cierto el tener me ganada. Y cómo no te bastaua lo que hago contigo, ni te basta a vedar lo que te tengo auisado, para que no me anduuiessen tus manos con mis tocas?
Flor.—Angel mio, la sobrada gloria en que me hallo me tiene tan fuera de mí para mejor gozar de vos, que no tengo a mucho haueros injuriado Sin saberlo yo. Porque a certificar me vos que os he enojado, y dando me licencia vos para ello, como señora de mi vida, yo con este puñal por mi mano me castigaré luego en vuestra presencia. Aunque temo que no podría yo matar me por mi; por tanto, pronunciad el sí de que lo acceptays, y vereys cómo más viuire en morir vuestro que viuire en viuir mio.
Bel.—Ay, torna luego el puñal a la vayna, que me turbas. Ven acá, Justina, yr nos hemos, que me paresce que es tarde, y aun tambien que he oydo ruydo arriba.
Flor.—No me quieras quitar, mi señora, tan presto de la gloria.
Bel.—Por agora te contenta con lo hecho: con saber que no lo tendras otro dia si más no estás subjecto a lo que te yo mandare.
Just.—Dime tú qué castigo meresce este cauallero, que aunque más armado venga, te vengaré yo dél.
Flor.—Si vos truxessedes el mandado de mi señora, no hauria acero de Milan que os resistiesse, ni aun de vos me osaria yo defender.
Pol.—Cata, señor, que es más braua esta donzella de lo que paresce.
Just.—Pues aún vos no sabeys bien quién yo soy!
Pol.—Pluguiesse a Dios y a mi señora Belisea que lo pudiesse yo saber como yo desseo.
Bel.—Pues por cierto, paje, que, si el señor Floriano quiere, que yo os la entregue deuida y libremente.
Flor.—Que se haga todo lo que mandares.
Bel.—Pues luego quiero que me des de tu mano a esse paje, que le quiero yo gualardonar los trabajos que ha passado en sus mensajerias y penas en suffrir mis asperas respuestas.
Flor.—Pues él ya hizo lo que deuia en poner se de rodillas en tu poder, tambien con él te besaria yo las manos si me las diesses por la merced que a mí me hazes en hazer la a cosa mia.
Bel.—No te las dare yo a ti las mias. Pero quiero que hagas que estos dos se las den el vno al otro, y los casos de tu mano en mi nombre.
Flor.—Dad acá, Justina hermana, essa mano, que por vengar me de vuestras amenazas quiero luego que se haga lo que mi señora os manda. E yo os le doy como a sangre mia (pues lo es) de mi mano por marido, con quedar en obligacion, porque os lo deuo, de os dar (allende del proprio patrimonio y mayorazgo que el paje tiene) con que vivays honradamente como vos lo meresceys. Y luego quiero, pues tengo licencia de padrino de mi señora Belisea, que os abraceys como desposados, y beseys las manos a mi señora por la merced quo os ha hecho.
Pol.—Pues en todo he cumplido lo que se me ha mandado, os suplico, mi señora, y a ti, mi señor, que me deys las manos, pues confio en Dios de os las besar por mis señores a entramos en la mesma vnion.
Bel.—Leuanta os, galan, que agora os tendre yo en más; que al fin bien reluzia en vos ser de tan alta sangre en vuestro seso y prudencia, y agora quiero que vengueys a vuestro señor de essa leonaza.
Just.—Porque la turbacion de lo que me ha sido mandado en presencia de tanto merescimiento me escusa en hablar en lo hecho, callando en ello como obediente, os pido luego a entramos vn don, que acompañe a la merced passada.
Flor.—No seria razon negaros, rezien desposada, la primera cosa que pedis; yo os le otorgo por mí y por mi señora.
Just.—Pues tú, mi señora, no has de ser menos liberal en el conceder me el tu sí que fuiste en me mandar.
Bel.—Que digo tambien te doy el sí que me pides, pues tengo de ti credito que no pediras cosa que no sea buena.
Just.—Pues el don ha de ser que tú, mi señora, des esse sí que me diste agora al señor mio Floriano en la manera que me le mandaste dar a mi esposo Polytes. Y tú, señor Floriano, al tanto te pido en don, que te otorgues por esposo y marido, segun la ordenacion de Dios y de la sancta Iglesia, de mi señora Belisea.
Flor.—A mí me paresce que haueys jugado a luego pagar. Pero pues del tal juego yo salgo solo el ganancioso, digo que os obedezco, y doy el sí de la palabra que me pedis, en cuya señal os doy mi mano derecha, y tambien suplico a mi señora, que pues es en mi fauor lo que pedis, que os obedezca.
Just.—Anda, señor, que el sí de mi señora, yo te quedo por él; por tanto, confirma el vinculo del tal sí con las pazes del rostro, segun a mí me lo mandaste en el mesmo caso.
Pol.—O, hi de Dios, y quán hambriento abraço y beso que la dio! y ella que se lo desseaua, y aun quiça lo trayan ellas dos ansi vrdido entre si.
Bel.—Paresce te, Justina, que has dado buena cuenta de mí?
Just.—A la fe, señora, nadie ha de pensar desta agua no beuere (como dizen). Y mira que lo que está de Dios, él lo encamina. Y pues él es tu esposo, y tú su muger, de oy más tractad de vuestros cuydados, que nosotros dos nos entenderemos en los que nos mandastes tomar. Y agora, como a mis señores, os quiero hablar libremente: ya veys que comiençan a salir arreboles del alua, y pues esto lo gouernó Dios sin lo pensar vosotros, y el tiempo ni lugar no os dan espacio para más, aprouando entramos lo hecho, busque se medio para en lo de adelante: tú, mi señora, le manda venir otro dia, que yo y el mi Polytes nos auendremos. Y pues, señora (como dizen), qual por ti tal por mí, habla ya algo, y con el sí que digo los manda yr, que si te pesa que se vayan, a mí no plaze mucho. E al fin acá nos quedaremos, llorando a medias, y esperando a las parejas, pues cada qual ama su ygual y siente su bien y su mal.
Bel.—Veo te, Justina, tan desembuelta, e yo me hallo tan cortada, que con vn sí que he dado no sé qué te diga, mi señor Floriano, sino que, pues ya el dia nos amenaza, que es despartidor de semejantes obras, y Dios lo ha querido encaminar de manera que te aya de llamar mi señor, digo que holgando y teniendo lo por bueno, pues ya quedo por tuya, me bueluas a ver mañana en este lugar a la hora de esta noche. Y porque de lo hecho la turbacion me quita el saber, ni bien lo que hago, ni de poder dezir bien lo que quiero, te ve luego con Dios. E tú, Justina, toma essa llaue y abre les aquella puertezilla del jardin, y muy passo, porque no tornen a saltar paredes con peligro y bullicio.
Flor.—Pues, mi señora, me voy por obedescer os; los angeles queden en vuestra compaña.
Bel.—Y a ti, mi señor, lleuen seguro. Anda, Justina, y desembuelue te, que aqui te aguardo.
Just.—Mi señor Floriano, pues el tiempo no da lugar a largas platicas, la buelta será por esta puerta, que yo estare a punto en tocando con el dedo para abrir, y cata que vengas muy a buen recaudo, y no vengas solo.
Flor.—No osaré venir sin el vuestro Polytes; quedaos a Dios; yd luego a mi señora, que paresce que quedaua penada.
Just.—Esto está concluydo y bien hecho, pues agora mi señora e yo jugaremos dos por dos al descubierto, y resto abierto.
Bel.—Fuesse ya aquel cauallero?
Just.—Señora, sí fue.
Bel.—Pues di me agora: paresce te que me has puesto buena? E di, no fuera razon que miraras más por mi honra y de la casa de tu señor y mi padre, en que aunque yo quisiera errar no me dexaras tú?
Just.—Anda, señora, que ni agora ha hauido deshonra donde interuiene Dios, ni esta estada es ya cumplidera; por esso entrate, cerrare la puerta.
Bel.—Pues sea muy passo, y presto me da la mano por esta escalera, que no puedo de cortada andar, y callando nos vamos a mi camara.