Mañana será otro día.—Análoga á la precedente, «Si la primera, dice V. Schmidt, nos da á conocer la índole divina de la mujer, que, mortificada por una desconfianza injusta, deja ver todo el mérito de su carácter, por cuya razón Leonor aparece desde un principio enamorada, debiendo á este mismo amor su desdicha, en ésta se nos ofrece una flor, aún no abierta, que se desenvuelve á nuestra vista, y resplandece á los rayos del sol del amor, ostentando sus perfumes y sus colores magníficos. Al ruido de las espadas y al oprobio, cuya consecuencia ha de ser la muerte entre esos nobles españoles de Calderón, crece ese amor celestial de la mujer, que sólo teme la pérdida de su amante, moviendo al fin la misericordia de un Dios compasivo y bondadoso.»
Aseméjanse también á estas últimas, ya por su fábula y por el colorido serio, que en ellas predomina, ya por su característico más importante: No hay cosa como callar, Primero soy yo, Cuál es mayor perfección, La desdicha de la voz y Dar tiempo al tiempo. Todas estas comedias de la edad más provecta de Calderón, por la pureza del estilo y por el mayor esmero con que se distinguen sus varios personajes, son, sin duda, superiores á las demás obras suyas que les precedieron; pero en cambio, á nuestro juicio, no se muestra tan vigorosa esa frescura juvenil y esa animación propia de las demás, notándose á veces como cierto cansancio y repetición amanerada de motivos dramáticos manoseados.
Hay una sola comedia de Calderón, de las llamadas burlescas, que se titula Céfalo y Procris, parodia de otra suya, Celos aun del aire matan. Esta pieza burlesca es de mucha gracia, haciendo alarde el poeta de agudezas y chistes extremados, y ofreciendo, además, un efecto cómico incomparable, porque las burlas más desatinadas y hasta las más absurdas revisten tono patético, y se expresan en elegantísimos versos. Es la única comedia de Calderón, en que lo grosero y lo ordinario se usan como incentivos de lo cómico; con libertad extraordinaria eleva lo más bajo, y hasta se mofa en apariencia de sí mismo, de todo el mundo y de su propia obra. Los actores se olvidan sin cesar de sus papeles: una dama griega, por ejemplo, al contar su nacimiento, dice sencillamente que es hija de Luis López, y que se llama María. El príncipe Rosicler monta en un jacucho, trayendo en la mano un zapato monstruoso, y recorre toda la tierra para buscar la dama á quien pertenece aquella enorme lancha. Los versos siguientes darán una idea del tono, que domina en toda la composición. El Rey habla en estos términos á sus vasallos reunidos:
Vasallos, deudos y amigos,
Cuya lealtad y virtud
Canta el sol por fa, mi, re,
La fama por re, fa, ut;
Ilustre nobleza y plebe,
Que al brindis de mi salud
Agotárades ahora
Aun la cuba de Sahagún:
Ya sabéis que yo, inclinado
Fuí desde mi juventud
Á las letras, estudiando
Todo el ban, ben, bin, bon, bun,
Hasta el arte de Nebrija
Y las tablas del Talmud.
Céfalo, después de matar con un venablo á su querida Procris, exclama así:
República celestial,
Aves, peces, fieras, hombres,
Montes, riscos, peñas, mar,
Plantas, flores, yerbas, prados,
¡Venid todos á llorar!
Coches, albardas, pollinos,
Con todo vivo animal;
Pavos, perdices, gallinas,
Morcillas, manos, cuajar,
¡Procris murió! Decid, pues:
¡Su moño descanse en paz!
Hemos hecho mención hasta ahora, ya prolija, ya ligeramente, de todas las comedias auténticas de Calderón; en cuanto á aquéllas, reputadas evidentemente por falsas, aunque lleven su nombre, ó sobre las cuales se abrigan dudas muy fundadas, así como respecto á los sainetes y loas, puede consultarse el apéndice, que ilustra esta parte de nuestra obra. Vamos á tratar en seguida de sus autos sacramentales.
ÍNDICE.
| Págs. | |
CAPÍTULO XXVIII.—Alarcón.—Sus obras dramáticas. | |
CAPÍTULO XXIX.—Felipe Godínez.—Luis de Belmonte.—Rodrigo de Herrera.—Otros dramáticos de este tiempo. | |
CAPÍTULO XXX.—El italiano Fabio Franchi acerca del arte dramático en España. | |
CAPÍTULO XXXI.—Actores famosos de la época de Lope de Vega. | |
CAPÍTULO XXXII.—Otros actores famosos de la época de Lope de Vega.—El teatro español en el extranjero. | |
| TERCER PERÍODO. | |
| EDAD DE ORO DEL TEATRO ESPAÑOL. | |
CAPÍTULO PRIMERO.—Afición de Felipe IV al arte dramático.—Teatro Real del Buen Retiro.—Fiestas de corte y lujo de decoraciones. | |
CAPÍTULO II.—Nueva época de la poesía dramática.—Nuevas especies de piezas dramáticas.—Aparato escénico de esta época.—Principios de la decadencia del teatro español en el reinado de Carlos II. | |
CAPÍTULO III.—Calderón.—Carácter general de sus obras dramáticas. | |
CAPÍTULO IV.—Otras bellezas dramáticas, comunes á las comedias de Calderón, que las caracterizan y distinguen. | |
CAPÍTULO V.—Defectos de Calderón.—Clasificación cronológica de sus obras dramáticas.—Su versificación.—Otros defectos de sus comedias.—De los errores históricos y geográficos de Calderón. | |
CAPÍTULO VI.—Comedias religiosas de Calderón.—El Príncipe constante.—El Josef las mujeres.—El mágico prodigioso.—Los dos amantes del cielo.—El purgatorio de San Patricio. | |
CAPÍTULO VII.—Las cadenas del demonio.—La exaltación de la Cruz.—La devoción de la Cruz.—Origen, pérdida y restauración de la Virgen del Sagrario.—La cisma de Ingalaterra.—La aurora en Copacavana.—El gran príncipe de Fez.—San Francisco de Borja.—La sibila del Oriente.—La estatua de Prometeo.—La vida es sueño. | |
CAPÍTULO VIII.—Dramas históricos de Calderón.—La niña de Gómez Arias.—El postrer duelo de España.—El médico de su honra.—A secreto agravio, secreta venganza.—Las tres justicias en una. | |
CAPÍTULO IX.—El alcalde de Zalamea.—Amar después de la muerte.—Luis Pérez el Gallego.—El sitio de Breda.—Gustos y disgustos son no más que imaginación.—Saber del mal y del bien.—En esta vida todo es verdad y todo es mentira.—El mayor monstruo los celos.—Los cabellos de Absalón.—Las armas de la hermosura.—La gran Cenobia. | |
CAPÍTULO X.—La hija del aire.—Comedias mitológicas y otras caballerescas y novelescas de Calderón. | |
CAPÍTULO XI.—Comedias románticas de Calderón. | |
CAPÍTULO XII.—Comedias de azar y algunas otras de Calderón. | |
Este libro se acabó de imprimir
en Madrid, en casa de
Manuel Tello, el día
18 de Noviembre
del año de
1887.