NOTAS:
[725] Apl. dice el original, pero es errata evidente.
[726] En las dos ediciones se atribuye esta pregunta á Asosio, pero bien se ve que es yerro de imprenta.
SCENA 8. DEL TERCER ACTO
Melania va al concierto de su cortesano y effectuasse el casamiento.
Melania, Doleria, Asosio.
[Mel.].—Peccadora de my si me spera ya aquel gentilhombre; no querria por ninguna cosa darle enojo. Qué bien criado es y comedido, qué bien hablado y lindo, qué más riqueza quiero; él muestra amor, no sea apetito solamente, que los hombres por complille prometen quanto les piden, pero en medio está el amiga que me quiere como a hija, y no consentirá que se me haga tuerto. Queria verme ya en ello, que son vanos estos temores y causan daño algunas vezes.
Dol.—Asosio, albricias.
Aso.—De qué, Doleria?
Dol.—De la venida del cauallo que sperauamos; menester será calçar espuelas.
Aso.—Gran nueua es essa; de todo vengo proueydo.
Dol.—Y que oluides tambien a Asosio y sus burlas y te hagas aora Vlisses para Circe.
Aso.—Sobre mí que no le valgan sus encantamientos.
Mel.—A la puerta veo a Doleria.
Dol.—Assi hazes sperar la gente?
Mel.—Por vida tuya que vengo cansada de apressurarme; no fue possible más, que es menester dissimular en casa y fingir vna mentira; mas qué ay, vino?
Dol.—Sí, y boluiose.
Mel.—De verdad? o triste!
Aso.—No lo seras tú nunca, señora, a mi poder.
Mel.—La burlona? y engañauasme?
Aso.—Hazialo por te prouar, y pues tan claramente se paresce la obligacion que de seruirte tengo, bastame.
Mel.—En buena fe, señor, ya que la verdad dezir se deue, yo no vengo sin amor aqui, ni es pequeño, pues me venia doliendo de la tardança.
Aso.—Tanto mayor es la deuda.
Mel.—Entremonos en casa, hijos, y reposaros eys; tambien se entendera en la comida.
Aso.—Y esso mas?
Mel.—Tantos regalos?
Dol.—Todo es poco para lo que yo desseo, y con el tiempo haré, a fe que no te quexes nunca de balde.
Aso.—Bienauenturado dia que assi pudo glorificarme y traer a mi poder la muerte y vida.
Mel.—Dios nos guarde, señor, de muerte.
Aso.—Paresce que quien la tiene no la teme.
Mel.—Pues tan fea soy?
Aso.—No es fea quien tiene fuerça para matar.
Mel.—Todos estan los hombres de acuerdo en esto.
Aso.—Esso es peor; pues, señora, a tantos as oydo?
Mel.—Parte de oyda, parte de vista lo alcanço.
Aso.—No fuesse en mi perjuizio, que te adoro.
Dol.—Yo quiero despartir esta contienda, hermano; lo mejor es no perder tiempo; esta donzella viene aqui a fuerça de mis ruegos y se a offrescido hazerme la voluntad en todo, siendo cosa de su honrra; si tú assi lo quieres como affirmaste, daca la mano y recibila, que a la ora se harán las bodas.
Aso.—A tal gracia y merescer cómo puede faltar firmeza? Digo que soy suyo aun despues de muerto, si ella no está arrepentida.
Mel.—Yo soy la dichosa, mi señor.
Aso.—He aqui dos manos en vez de vna que me pides.
Dol.—Prometes de cumplir todo lo que dixiste?
Aso.—Prometo.
Dol.—Prometes, Melania, de complazelle en todo?
Mel.—Prometo.
Dol.—Dios os haga bien; aora podeys quedaros solos.
Mel.—Mira, señora, lo que te digo, pues basta esto?
Dol.—Y sobra.
Mel.—No me dexes sola.
Dol.—Boba, no quedas con tu marido?
Mel.—No, por tu vida, que tengo verguença.
Dol.—Verguença? si algun dia auia de ser, no vale más aqui que en otra parte? trabaja por contentalle en todo, que fuiste bien auenturada.
Mel.—Es verdad, pero...
Dol.—No es pero, sino mançano; dexale coger su fruto y buena prol le haga.
Aso.—Qué secreto es este? Ay falta en mí que esta señora dessee ver enmendada?
Dol.—Sí, por esso hazele la voluntad en quanto se adereça la colacion.
Aso.—O reyna mia, ánima mia, y es possible? o dichoso hombre, qué boca esta, qué nariz esta.
Mel.—Manso, señor, que me maltratas.
Aso.—Calla, vida mia, que no puedo menos.
Mel.—Entremonos allá dentro.
Aso.—Esso quiero yo.
SCENA 9. DEL TERCER ACTO.
Heraclio va a casa de Logistico a consultar de sus amores, y alli scriue vna carta a Astasia, que lleua Honorio.
Heraclio, Logistico, Honorio, Page.
[Her.].—Quán bien empleada es en mí la tempestad deste viage, pues de barca tan mal adereçada quise fiar mi gran tesoro, sin mirar tiempo ni reuolucion de cielos o creerme de pylotos experimentados! Aora que dexé el timon y la furor del viento rompio las velas, los marineros con el impeto de las olas se cayeron, que'sperança aura de puerto? Mas pues mientras dura la vida no se deue dexar el arte y diligencia (con que se restaura muchas vezes lo perdido y el juizio y sentidos con mano prompta boluiendo a su officio se restituyen) gouernaré hacia el amigo, para que juntamente carteemos sin passion y trabajemos por tomar la altura. Honorio, adelantate, y sabe de Logistico si está en casa.
Hon.—Direle algo?
Her.—No le digas más.
Hon.—Qué [he] de mandalle si está en casa?
Her.—Doyte al diablo.
Hon.—Y yo a ti, porque no quedes solo.
Her.—Aun sea gruñendo. O Dios, y qué pesada carga es la de vn necio. Más queria que me engañase vn auisado. Este a sido parte de mis desgracias, es vn asno que por dezir piedra dize pallo, y quando alla le embio, quiere motejar tambien y requebrarse, y no pueden auelle fuera de casa.
Hon.—Quánto a de durar a mi amo la callentura, si no se muere della, que maldita sea la cosa que come o beue. Tengo me yo a Logistico, que lleua vida de Emperador y no entiende en otro que en pasatiempos.
Her.—No acabas de llegar? cantas o metrificas?
Hon.—No conosco, señor, tales yeruas; pero venia hablando en nuestro amigo, que se levantaua de dormir la siesta, la moça adereçaua la colacion y el page tañia en el clauicimbolo, cantando como vna golondrina, y tu merced no sabe quándo es de dia, ni quándo las noches sone, como dezia el prisionero.
Her.—Bien me las assienta el bobo, y algo dice.
Hon.—Todo se va en suspirar. Reñiego de los amores; yo les cantaria el requiescat si comigo lo ouiessen.
Her.—Paresceme vas acertando, pues otra ay que dice; no son amores para todos los odres.
Hon.—No dire sino bien, que sean para todos los diablos.
Her.—Mucho me huelgo que te hagas auisado.
Log.—Qué madrugada es esta, mi señor?
Her.—As lo soñado; de la siesta hazes mañana?
Log.—Perdone su merced, señor, que de como anda cercado de neblina y vapores gruesos, perdí la concorriente.
Her.—Mas el sueño embaraça assi, si de antes no auia otro achaque.
Log.—Buena estaua la comida y el vino harto fresquissimo.
Her.—De ay proceden luego los vapores que me assaca, y haze bien, que es el tiempo peligroso de ayres corruptos.
Log.—Soy yo tú, que traes en pleyto a Iupiter sobre el hurto de Europa? No se me da más por toda la Asia y Africa que por essos paxaros que van bolando. Hermano, la vida es breue, el arte larga y todo se queda por acá. No sabes que Charon no consiente a nadie cargar ropa en su barquilla?
Her.—Qué burleria essa si bien se mira; pero no lo pensamos sino quando dariamos la buelta, y no ay lugar.
Log.—Muchos ay que por vengarse dello beuen más vna vez.
Her.—Y otros menos con essa ansia.
Log.—No más ni menos a segun es la philosophia, verde o madura, y la complexion sanguiña o melancolica, como de los dos que vno reya, lloraua el otro por una mesma causa. Pero dexadas las circunferencias por el centro, mande dizirme V. m. que le trae por acá a estas oras, que para la grauedad y compasso con que biue, es extraordinaria esta visita.
Her.—Esso es buscar sophisterias para no me lo agradescer. No es occasion harto bastante la de ver a su merced y gozar de la musica de su page? y sobre todo de su tan dulce conuersacion y plática?
Log.—O qué passo! Todo es poco, señor mio, para seruir la gracia con que lo dize; mas si por acá no ay tan buen guisado como sobra a él, pese la voluntad y hallará vn cuernocopia.
Her.—No es esse muy buen manjar quanto a la superficie, pero el sentido y buena intention lo suple.
Log.—Estays entre las dos columnas sin auer para que buscar plus ultra.
Her.—Ni menos lo ay donde está V. m., sino fuesse en sueños, y aprouecharia poco assi.
Log.—De acuerdo estamos, ora sientese su merced, mientras me lauo, y perdone la descortesia.
Her.—No ay de qué, señor; laue si puede.
Log.—Bien dize, porque algunas veces conserua la suziedad la gentileza.
Her.—Essa es otra nueua alchimia.
Log.—Qué necio! No as encontrado con ollas de damas?
Her.—Podria ser.
Log.—Pues qué más quieres? Aquella hiel de buey, higos podridos y otros mil perfumes, para qué son sino para dexar su agua á los cauallos? Moço, canta algo con que lloremos todos.
Page.—Romance, señor, o cantiga?
Log.—Lo que quisieres.
Her.—Sea de las vuestras, page, que yo os lo pagaré en el laud.
Page.
Para qué me dan tormento,
aprouechando tan poco
que suffra, mas no tan loco
que descubra lo que siento?[727]
Log.—Ya vees cómo aqui todos andamos a adeuinar lo que te cumple, y tú no lo agradesces.
Her.—Si ouiesse de hazello conforme a las mercedes, todo se me yria en humo de gracias. Ora, page, la buelta dessa que es excelente.
Log.—Vete de ay, no cantes bueltas, que sólo por el nombre las aborresco; sean todo estradas y adelante siempre; dize ay
por amores me perdí
y si me cobrasse un dia
nunca más me perderia.
Her.—Buena pascua tengas, que de razon assi a de ser, y huela la casa a hombre.
Log.—Dame licencia y verás si te hago justicia, poniendo en obra alguna de mis magicas.
Her.—Bien sabes soy tu sombra y que no me puedo mouer sin ti; pero sea cuerdamente y conforme a nuestra profession.
Log.—Assi se entiende, mas vna cosa es menester primero.
Her.—Qué?
Log.—Ya sabes que mujeres son antojadizas sospechosas, desconfiadas, celosas, vengatiuas, mentirosas; que por todos estos escalones a de subir el triste que aya de ser sentenciado dellas. Veamos, pues, si en alguno dellos diste occasion de recibir la muerte: en el primero mostrando otro de lo que sentias; en el segundo, si sob specie de dar consejo vsaste de reprehension; en el tercero, si por tentar su calor mostraste frio, y en el quarto, si heziste oracion a alguna otra sancta o eres general; en el quinto, si no tomaste con alegre cara su desseo de satisfazerse o no diste lugar con generoso y manso semblante a su furor, y en el sexto, si le contrariaste en algo o dexaste de finxir que creias sus mentiras.
Her.—No te sabria dezir particularmente la orden del proceder, porque amor es figura aparte, y no conosce señorio de tiempo o otra fuerça humana, pero en summa sabe que Marco Antonio no fue más leal a Cleopatra, aunque me dexe solo aora en la pelea desta mar de mis males, como ella hizo a él.
Log.—Bien hacia yo el Palinuro; pero tu hechasteme en la mesma mar: es fuerça todauia, que aun me atreuo lleuar tu nao a mejor puerto. Mi consejo es que aun lo dissimules y le scriuas vna carta.
Her.—Quieres hazerme perder el seso? si nunca me responden, que es indicio de tenerme en poco.
Log.—Podria ser que no, y fuesse tentacion, que en fin tiene su término. Hagase aqui y lleuesele luego; quiza será principio d'algun contentamiento o el remate o cabo de todos sus contrarios, hechando las ancoras en otra parte sicut et nos. Entiendes este verso del Paternoster?
Her.—Demasiado; sea hecha tu voluntad en esta tierra. Page, traed papel y scriuanias.
Page.—Si haré, señor, aqui estan.
Log.—Vna merced queria del señor peregrino de amor o desamor: que contasse por los dedos sin curar de cifras d'esta vez, que yo prometo seruirselo de otra.
Her.—Soy muy contento, mas si ay negra alguna allá, podria ser que se corriese.
Log.—Proprio es de negros correr y huir, pero aqui estamos nos que le alcançasemos con los perros de Asosio.
Her.—Ah, ah, ah, esto es mejor ya de lo que será la carta. Empieço: Mi señora.
Log.—Señor, sí.
Her.—Ya sabes que no estando mi alma en otro cuerpo que en el tuyo, para biuir contento conuiene que te busque.
Log.—Vn poco va alatinado, pero vaya.
Her.—O, ni tambien a de ser el A. b. c. que presumen allá de soletrear.
Log.—Essa es la cuenta.
Her.—Mas si lo hago y el tiempo y lugar me faltan para recibir el acostumbrado nutrimiento, es matarme.
Log.—No salieras en ayunas, si lo dixieras en el campo de Xeres.
Her.—Por qué? es descortesia?
Log.—Señor, no; prosiga.
Her.—Doyte al diablo que tanto sabes de Guydo, fueras bueno para barbero.
Log.—Y su merced para montar en banco, como charlatan italiano, y vender pelotas de xabon y otras species; adelante.
Her.—No sea tan rigurosa la ley del Monasterio, que no aya excepcion en ella.
Log.—Aora me diste en el paladar, porque esse es el sexto punto de que tratado tenemos, dexareste engañar y tener por cierto lo incierto.
Her.—Nunca menos hize sino vna vez que la reprendi de general.
Log.—Entonces perdiste el juego.
Her.—Antes me lo agradescio.
Log.—Son mañas; Dios sabe que le quedó en las narizes.
Her.—Ya es hecho, la intencion me salua.
Log.—De buenas intenciones está el infierno lleno.
Her.—Assi lo dizen. Si tu merced me da licencia yre acordar oy cierta musica que tengo pensada y darle algunas nueuas.
Log.—Bueno, porque es más sentida que vn delfin y muy amiga de nueuas para tener en qué morder.
Her.—Si no, quédese para mañana, si oy no puede ser, que tus honestos exercicios no te dexan tiempo para otras cosas. Dios te conserue en ellos.
Log.—Ad quam gloriam. Andaste de capitan, cierra aora, y ay está Honorio que porna todo en su lugar.
Hon.—Assi fuesse en mi mano cómo las haria baylar al son.
Her.—Ya sé vuestra buena voluntad; yd, pues, y cortesmente, sin más historia, como os tengo dicho, dad esta carta, y mirad lo que os responden, que en casa os speramos o allá fuera.
Hon.—Si haré, señor.
Her.—Vamonos passeando por aqui a coger ayre.
Log.—No será menester yr para esso lexos, que aqui cerca está vn molino que da harto.
Her.—A do lo[da]?
Log.—En su cabeça de V. m.
Her.—Y en la vuestra ay agua y tierra. Algun dia me lo pagareys, vellaco.
Log.—Mucho aueys de sperar, hombre honrrado.
NOTAS:
[727] Éstos y los demás versos que hay en la comedia están escritos como prosa en las ediciones originales.
SCENA 10. DEL TERCER ACTO
Asosio de retorno de sus bodas encuentra con Logistico y Heraclio, con que se burla un rato en su mascara y buelue Honorio.
Asosio, Logistico, Heraclio, Honorio.
[Aso.].—Y vos, señora Alcumena, pensauades no auia otro Amphitrion y que se oluidaua Iupiter de los pollos? por vida de Martes el soldado, que os an de saber a grajos, y quedays señalada de manera que todo el Balsamo de Ierico no os aproueche. Qué bien le supo la comida; a fe que es de buena boca la señora y alegre en la conuersacion, sino que era el dia claro y descobria al Pauon los pies. Andará la burla assi algunos dias; alquilaré despues la mascara a otros. Entendamos aora en la cadena de la otra Nimpha, para ganar el precio del torneo y contar de la batalla, pues soy auenturero. Qué paxaros son éstos? ah, ah, ah, los mesmos. Asosio otra vez al grano y entonado.
Log.—Este buelue a ser mi cortesano de oy; alguna cosa busca por aqui.
Her.—Será enamorado. No tiene mala vista ni representa mal, si lo demas responde a ello.
Log.—O, es discreto y buena arte d'hombre! lleguemosnos a él que ya nos conoscemos. Señor, alegrome en pensar que lo detenga alguna cosa en esta tierra.
Aso.—Mucha ay, señor, si yo valiesse la menor.
Her.—Bueno. Beso las manos de V. m.
Aso.—Beso las manos de Vs. ms.
Her.—Cierta regla de valer mucho es ser confiado.
Aso.—Si yo lo soy es en el desseo, pero aqui deuen querer más.
Log.—Aqui, señor, por dinero baylla el perro, como en tierra de Salomon. Y sepa que si el señor Homero viene sin él, duerma al sereno, aunque trayga a Hector de rienda.
Aso.—En toda parte, señor mio, saben ya essa oracion, pero en algunas hay más cortesia y quieren los cumplimientos reboçados.
Her.—Señor sí, como si dixiessemos aora, vn hermitaño de vn pagode allá en la India no tomará vn quarto, mas otras charidades que valgan mil, dando en prendas d'ello la posada y sus ayunos.
Aso.—Aueriguado. Rehusan diez ducados por una cadena ó sortija que valga treinta. Sed libera nos a malo, que el oro es ya carisimo, y murieronse los Alexandres y Pompeos.
Her.—Leydo es este gentilhombre.
Log.—O es mucha marca.
Aso.—Si le conosciessedes, señores, ternan que platicar, ny yo tampoco quiero ser huesped enojoso. Accuerdense deste perigrino, que es de las obras encomendadas; y si lo fueren, algun dia les será pago.
Log.—Antes nos hazia merced muy señalada, mas si assi quiere como mandare.
Her.—Como natural será seruido, acceptando las casas y personas.
Aso.—Ya esso queda contado por merced recibida, porque no se escusen.
Log.—Señor mio, aqui todo responde a esta prenda.
Aso.—Beso las manos de Vs. mercedes.
Her.—Y nos los pies de V. merced.
Log.—No veys qué bien assienta sus razones?
Her.—De los nuestros es; no seria malo conuersalle y hazelle algun seruicio.
Log.—Mas quiero conbidalle para mañana y negociar oy damas y musica.
Her.—Passarás en esso al Cid Ruy Diaz. Acá viene la nao por que speramos.
Log.—No trae mucha carga segun paresce.
Her.—De mala gracia viene.
Log.—Pues, hermano, traes recaudo conforme a essa cara?
Hon.—Mala cara y mal recaudo venga por ellas y por ellos y por los gatos.
Her.—No lo digo yo? algo ay.
Log.—Si ay.
Hon.—Algo ni alga; bien puede tu merced passarse a otra calle, que aqui no le conoscen y hace frio demasiado.
Log.—Diste tú la carta?
Hon.—Di la carta, y leyóse la carta, y anduuo la carta pagando portazgos y haziendo más caminos que el Troyano de que leya tu merced el otro dia.
Log.—Quiere dezir Vlises; Griego diras.
Her.—En summa?
Hon.—En summa, señor, gente ruyn.
Log.—A quién la diste?
Hon.—A la Patrona.
Log.—Qué semblante hizo?
Hon.—De perro.
Log.—Qué te dixo?
Hon.—Spera. Pensé que yua scriuir y dixome la moça que no auia tiempo.
Her.—Viste más que a ella?
Hon.—Otras ellas vy, y todas ya lo son, que paresce se burlauan.
Her.—Quererias (sic) motejar.
Hon.—Para esso estaba Honorio; biuas las comiera, assi me despidieron y de tibio no podia llegar.
Her.—Impleta est iniquitas Saul; a otro Rey auremos de seruir.
Log.—Entremos y auremos nuestro consejo.
Her.—Ya no hay para qué.
Log.—Sí ay, y sigueme.
SCENA 1. DEL QUARTO ACTO
Amertia va a casa de Mania por saber del cortesano: ella la despide[728] porque le speraua.
Amertia, Mania, Asosio.
[Amer.].—Aquel gentilhombre se detuuo ayer a la puerta de Mania; holgaria de saber lo que passó con ella. Quiça donayres como por acá. Por mi vida que es auisado y tiene buena gracia y en su vestir paresce rico, que es lo que importa. Puesto caso que estos cortesanos son como el conejo, y toda su hazienda traen a cuestas, no auiendo en casa estacas ni tocinos: mas por sustentar la vanidad se deguellan[729] algunos dellos. Otros ay tan redoblados que por engañar a quantas ay no se les da vna blanca. Guay de quien les cae entre las manos, que le hazen ver las estrellas a medio dia.
Man.—Allá viene mi prima, qué dirá de bueno? No la queria aora aqui, porque viendra aquel galan, que importa más si trae la cadena. O, si llegasse! bien, hermana, a dónde bueno qué me traes?
Amer.—No basta esta gentileza?
Man.—Sí, mas es acostumbrada. No sabes que no se para en dessear?
Amer.—Es assi; pero vn rato de buena conuersacion no tiene precio, mayormente quando ay algun villancico que glosar.
Man.—Esse es el parayso. Pues tienes alguno que sea nueuo?
Amer.—Nunca falta. Viste aquel nueuo seruidor que ayer nos vino?
Man.—Qual? un gentilhombre de vnas piernas y cabeça, que anda haziendo paradillas a las puertas y todo son milagros lo que dize?
Amer.—Esse, prima, por tu vida.
Man.—Dónde nos vino el axuar, que paresce grulla de Alemaña?
Amer.—No sé; aqui lo vy ya otra vez; dizen que es persona principal.
Man.—Pocos moços lleua para principal.
Amer.—No va en esso, prima; precianse aora los caualleros de andar assi y dissimular su estado, y los que no lo son ni tienen sangre para hazer morcillas, hinchinlas de mulas viejas o de moços alquilados.
Man.—Tanto menos estimará la de quarenta assi, prima? qué poco sé yo del mundo!
Amer.—Mejor te açoten, traydora.
Man.—Qué dizes?
Amer.—Que es traydora la orden de biuir aora.
Man.—Bien entona sus canciones.
Amer.—Es auisado.
Man.—Qué te dixo?
Amer.—Muchos requiebros.
Man.—Qué respondiste?
Amer.—Al mesmo tono.
Man.—Y yo muy fuera dél.
Amer.—Por qué eres assi? No serias más humana?
Man.—No es tiempo ya de cortesias. Todo nos merecen mientras no abren la bolsa y cierran la boca, entiendes?
Amer.—Qué desuergonçada.
Man.—Más qué niña tú: bien te conosco, mejor darias vn salto que el ladron Caco. El natural de la raposa es fingirse muerta para caçar; yo soy mas a la clara, doy el desengaño luego sin perder tiempo, y desta suerte venci muchos desafios. Pues vno tengo aplazado[730] aora que puede ser me valga tres.
Amer.—Con quién, prima, assi Dios te dé salud.
Man.—Despues te lo diré, y perdoname que se llega la ora.
Amer.—Norabuena vayas; si bien te fuere, dame parte.
Man.—Todo está a tu seruicio.
Amer.—Si no la bolsa.
Man.—No seas incredula, que no me burlo.
Amer.—Ya lo sé, prima; a Dios te encomiendo.
Man.—Tus manos beso, nunca faltan diablos; si veniera el conde todo se gastaua; mande Dios no hallase estropieço alguno, a mengua de regalos no se boluera. La mesa puesta, la casa perfumada, dos pares de pañezuelos muy galanes y vn par de guantes adobados que traya por mi amor. Podria ser que este anzuelo pescasse más vna lamprea. Suspiros y ojos quebrados, que son los alguaciles de prender libres, de casa los tenemos; mientras aya que dar todo andará a punto. Allá assoma una cabeça, la suya deue ser. Quiero boluer la mia a su lugar, haziendo ademanes de soledad y cantando la cantiga de vn ora m'era mil años (y quando esté acá) mas aora mil años me es vn ora. Graue, tristoña, con mis descansos de pecho a ratos, que son los escaueches que aprendi de niña.
Aso.—Iusto es, señora, buelua por sí quien se dexó.
Man.—Por tan poco?
Aso.—Si el comer no fuesse tan ordinario, la hambre no mataria. Para poder biuir sin ti, es menester verte de quando en quando, mi señora.
Man.—Mira lo que dize su merced.
Aso.—Aqui traygo el rescate de mi palabra.
Man.—Esso buscamos. Cómo, señor, prometióme algo tu merced?
Aso.—O qué pieça, ya se te oluida, amores mios? no te dixe que queria adornar tu hermoso cuello con vna prenda mia?
Man.—Ya ya, señor, pensé que burlaua tu merced.
Aso.—No biuas más.
Man.—Yo no pretendo [más] que tu amistad y seruirte con la pobreza desta posada.
Aso.—Esso me obliga a darte lo que queda y a prenderte assi.
Man.—Guardeme Dios, y qué verguença; no señor, no la tomaré por todo el mundo.
Aso.—Será luego por amor de mí, que soy parte dél.
Man.—No, no señor, que no soy dessas. Si mi madre la viesse, matarme ia.
Aso.—No hará, que yo te defendere.
Man.—Assi, señor, con qué gracia lo dize su merced; entre, señor, que haze calor aqui y refrescarse a con algo.
Aso.—Dispuesto vengo a obedescerte en todo.
NOTAS:
[728] Por errata dispede en las dos ediciones.
[729] Deguallan en la primera edición. Está corregido en la segunda.
[730] Plazado en la primera edición.
SCENA 2. DEL QUARTO ACTO
Melania buelue a casa muy vfana de su buena ventura y habla con su ama y con Idona.
Melania, Idona, Astasia.
[Mel.].—O dulce sueño (que no es menos tan breue gozo) por qué te acabaste? cómo no detuuo el sol su curso y me ayudó a celebrar mis bodas? no fuera mejor quedarme allá en braços de Apollo como Daphne hecha Laurel? qué gracias, qué lindeza, qué buena conuersacion! Otra fuera que no se fiara tan ayna, pero yo fiara más si más tuuiera de aquel angel y de aquella palomita de Doleria. A la puerta está mi ama; no sé si reñiremos, pero yo no he tardado tanto; haré del graue, que es el defensiuo destos peligros y arguye consciencia sin manzilla.
Ast.—De dónde bueno, Melania? pues sin licencia?
Mel.—Dias ha la tengo de tu merced para mis visitas, que bien sabes quáles son.
Ast.—Es verdad, y esta ha sido tal?
Mel.—Y cómo, señora, a vn doliente que estaua en pensamiento.
Ast.—Quién es?
Mel.—No lo conosces? ha dias que está malo.
Ast.—No me lo dixieras; fuera yo tambien allá.
Mel.—No medres más de lo que yo le queria en tu poder.
Ast.—Qué dizes, hija?
Mel.—Que podria ser viniesse a tu poder si el mal se le arreziasse.
Ast.—Es mancebo?
Mel.—Y hermoso, que es vna lastima dexalle solo.
Ast.—Viste por allá nuestros amigos?
Ido.—Venistes ya, señora?
Mel.—A su seruicio. No vi a nadie; de quáles dizes?
Ast.—De los más familiares, que los otros deuen estar aora midiendo el cielo y contando las estrellas. Y essos passando la calor debaxo de algun ramo.
Ido.—De más si está quexoso Heraclio.
Ast.—No sé, presumolo.
Mel.—Desso me daria a mi bien poco; vistes qué gente?
Ast.—Con todo no ay para qué escandalizalle, que el buen hombre quierenos bien y es buena persona. No será malo saber dél, emendando lo passado y lo presente, con palabras y alhagos, conforme al tiempo; ternemos a lo menos quien nos entretenga.
Ido.—Nunca le respondiste a ninguna de sus cartas, y pensará que nasce de tenelle en poco.
Mel.—Y en qué más le han de tener? no veys qué principe?
Ido.—Qué sabes tú? quando no lo sea, las obras hazen la nobleza, que esto es tambien en fauor nuestro.
Mel.—Tienes razon, pero hombres tan pesados no nos arman. La conuersacion ha de ser alegre; biuan nuestros amigos Apio y Metio.
Ast.—Estoy contigo, que son llanos essos y de buena ventura.
Ido.—El Heraclio, a la verdad, todo queria fuesse suyo.
Ast.—Dios nos guarde. A mi padre ternia odio sólo por esso. Ya se lo dixe algunas vezes, pero el natural no se pierde assi liuianamente. Embia tú, hija, de mi parte a rogalle con el moço nos venga a ver mañana.
Ido.—Assi lo haré.
Mel.—No pudieras tener más cuenta con el Duque de Saxonia; nunca yo lo hiziera.
Ast.—Eres aun moça; el tiempo te enseñará. Está assi bien, entendamos aora en lo de casa.
Mel.—Bien sera, señora.
SCENA 3. DEL QUARTO ACTO
Heraclio llamado de parte de Astasia, Logistico le aconseja cómo se ha de auer con ella y va asechalles detras la huerta y oye sus razones.
Logistico, Heraclio, Astasia, Morio.
[Log.].—Mira si soy Propheta yo? quántas vezes te he dicho que es lo mejor hazer muy poco caso destas y dexallas para quien son.
Her.—Aun yo no sé a qué fin me llama.
Log.—Porfias? no es otro; mugeres nunca salen de vno de dos extremos, demasiada desconfiança o soberbia del diablo; si les huyes muerense por alcançar la causa, y si te mueres por ellas y las sigues, persuadense que todo es por su beldad y gracias, poniendose en los cuernos de la luna. Ya prouaste lo vno, aora prouarás lo otro. Bien puedes yr, oyr y ver, y si mi opinion es verdadera, habla como hombre libre de amor. Y viniendo a proposito las quexas o desengaños, asientale la capilla para confirmalla en su sospecha.
Her.—Dexa a mí el cargo.
Log.—Ha de faltarte el ánimo; que ata este traydor manos y lengua, y quedarás más embarbascado que si ouieras visto el lobo.
Her.—Para saber cómo te engañas, haré una cosa.
Log.—Qué tal?
Her.—Vete detras la huerta asecharnos, que allá prometo de lleuartela.
Log.—Si esso hazes, empieças a ser hombre y no podrias darme mejor fiesta por discantar a mi plazer los ademanes de Zirfea, Reina de Cartas, esclaua de Argenes. Mas haze tú otro por amor de mí, que si quisiere tratar de treguas, con alguna colacion de ensalada y carne fria, digas que ayunas.
Her.—Con quién se toma? no embargante que puedes estar seguro desso, porque cumplimientos que cuesten algo no los ay alli, sino con quien les cuesta mucho y vale poco.
Log.—Que tú por Philosopho y hombre de bien eres más pesado que la campana mayor.
Her.—No ay duda en ello. Ora, hermano, por allá te cuela, que en ella ha de estar en vela, como otras vezes, que en esto paga todo y no queria[731] nos viesse juntos.
Log.—Eya, pues, yo estoy en poluorosa. Acuerdese de sí, señor, y haga por salir del estacado con la victoria.
Her.—Scripto está, tomá si se detuiera más vn poco, allá la veo, y se me riye: maldita seas con tus engaños, qué palabras tiene y dissimulada es.
Ast.—Para bien aparesca su merced, pues, señor Heraclio, qué oluido es este de tantos dias?
Her.—Bien dizes que los dias de mí se oluidan, pero son accidentos d'este tiempo, y ver o no ser visto d'ellos viene, que yo por cierto no me escondo ni huyo a nadie.
Ast.—No, no, mal hombre, otro queda allá.
Her.—Todo es acá, sin auer allá ninguno.
Ast.—Ora entremos, que yo bien sé que durará vn rato esta disputa.
Her.—Disputa, señora? Dios nos libre; todo será a tu modo, y si te plaze, allá en la huerta deue estar más fresco por no auer sol.
Ast.—Dizes bien.
Log.—Aqui do vienen Orlando enamorado con doña Vrraca. Bien cumple su palabra; veremos lo demas. Qué risueña y amadiosa es. Pluton la bendiga.
Ast.—Sentemonos aqui, es más escuso.
Log.—Señora sopa, cayste en la miel.
Her.—Está lindo esto; nunca d'aqui saldria si fuesse myo.
Ast.—Pues cómo, y aora lo tienes por ageno?
Log.—O qué principio!
Her.—Cómo puede ser mio lo ageno? Si lo mio no lo es, y si dello me priuaste y me lo tienes, cómo creere lo que me dizes?
Log.—O pese a tal, que ya se le cae el albarda al asno!
Ast.—Hombre de poca fe, ya te arrepentiste?
Her.—De qué?
Ast.—De creer, siendo la principal estrada de la fe y de justicia.
Her.—En Dios solamente, que en los hombres ya está dicho ser maldicion.
Log.—Veamos qué responde Celestina.
Ast.—Bien te entiendo, y esso de que quieres preualerte haze más a mi proposito.
Her.—No me marauillo, porque las leys tuercen con las varas de los Corrigidores, que de blandas y delgadas inclinan a la parte que ellos quieren.
Ast.—No assi, no assi; mas si tú faltas en la constancia prometida y te buelues como la hoja a qualquiera viento de tu opinion, haziendo della juez, paresce que deuo de ti quexarme como de hombre.
Log.—No veys el entablar de juego de la señora Claudia?
Her.—Yo de ty como de muger.
Log.—Andar, en las cejas le dio con la mostaza.
Ast.—No podras passar de ay, que es la plaga o injuria general.
Her.—Quando a las palabras las obras no responden, y se prueua cosa no sperada, la disculpa más ordinaria es dezir: O, son mugeres; mas no lo es, porque entonces quedan más condenadas por muchas vias.
Ast.—Queria saber de qué te quexas y en qué te offendi?
Log.—Sancta Cecilia, y qué deuota está!
Her.—A, mi señora! Solo en no mandarme, que en lo demas passan las mercedes de cada dia por mi merecimiento.
Ast.—Ya en esso te apartas de la justicia, diziendo otro de lo que tienes en tu pecho, que no es officio de amistad desengañada.
Her.—Bien dizes, y a do la ay?
Ast.—En algunas partes.
Her.—Cómo lo sabes?
Ast.—Por experiencia.
Her.—Experiencia? ah, ah, ah!
Log.—Bien a proposito.
Ast.—De qué te ries?
Her.—De lo que dizes. Cómo conosces lo que nunca viste? Si en ti han faltado y faltan todos los terminos y condiciones que en ella se requirian, qué experiencia tienes, sino de lo falso de que vsas con quien nunca te engañó?
Log.—O hideputa[732], bien tornó mi hombre.
Her.—Qué verdad, qué fe, qué amor, qué obra o effecto de amistad ay en ti, ni en tu casa? qué as dexado de ver en mí, o qué viste para mudarte? esto era lo que me dizias y prometian tus palabras falsas, fingidos affectos? por quién me dexaste? a quién boluiste tus engañosos ojos? Do está la razon de que tanto te preciauas, llamandola señora de tu casa?
Log.—Oxe a coces ha de venir el juego, assi, noramala, assi, qué contrita está la nouia.
Her.—El amor de Dios, el temor, la charidad del proximo, la cortesia, la gratitud que affirmauas ser en tus donzellas familiares? la templança, desprecio del mundo, encarescer la soledad y aborrescer la compañia, auiendo de huyr y dexar los hombres por los brutos, y d'el oloroso y deleytoso campo de nuestras platicas, si auias de entrar en tan ahumado y escuro laberinto?
Ast.—Mal me tratas, señor Heraclio; muy encendido vienes; rompe la neblina de tu pensamiento con el sol de la razon, y verás quán sin ella me condenas y injurias.
Her.—Injuriar? Dios me guarde, no traygo esse proposito, ni me tengas por tan mal mirado que no aya estado lo que aora digo en mi pecho escondido ha mucho tiempo. Pero quise hazer experiencias y guardar las circunstancias todas antes de llegar donde aora estoy. Paresce que el que te di de penitencia ha seruido sólo de más endurescerte y doblar mi mal. Fuego del cielo te consuma, hembra maluada; las infernales furias te atormenten; manjar de fieras sean tus carnes. No se te acuerda que me engañaste ya otra vez? y que tu descortes desden y crueldad me hechó en destierro, negando a quien te adoraua por otro que tu adorauas, guyada de tu juyzio enfermo?
Ast.—Mesurate, señor Heraclio; si no daremos fin a esta cuenta.
Her.—Doyte menos de lo que meresces y aun te quexas? Yo cuento todo por acabado, ni imagines que torne al juego en que perdi y me ganaste con dados falsos. Esto es lo que speraua. No pienses que me viste, ni seas tan atreuida que bueluas la cara por me ver; contenta tus ojos, tu lengua y tus orejas tan sin respecto como hazes, y sigan tus pies y manos al coraçon y él a tus sentidos. Prueua lo que el mundo da de sí sin anteponer nada a tus deleytes mentirosos, que en la fin de la jornada hallarás mis consejos y reprehensiones vestidos de los habitos que les rompiste y estragaste por despecho.
Log.—Gran Philosopho está mi hombre; más vale colerico que otros mil sin colera. Y qué afilada trae la lengua!
Ast.—Por tu vida que me digas sin passion la culpa que me das.
Her.—No deuias preguntar mentira tan manifiesta, que es indicio de pertinacia y no de arrepintirte[733]. Quántas vezes te dixe lo que te complia que agradesciendomelo falsamente heziste por el contrario? Quántas vezes no quesiste admitirme a tu conuersacion, teniendola guardada para otros, y dandoles las obras que me deuias, a mí las palabras con que les pagaras? Quántas vezes te escondiste o escusaste con honestas ocupaciones, siendo el effecto tan differente, y murmuraste en mi absentia con tus presentes apetitos o demonios? Quándo me diste lo que otros rehusan, o yo te pedí lo que no podias dar? Quándo me visitaste estando enfermo, o yo no te visité y obedescí? Quándo me diste parte de tus plazeres, o yo no la tomé de los pesares? En qué te offendí para me offenderes? en qué te burlé para me burlares? en qué no viste en mí amor sincero, o tú me lo mostraste verdadero? Qué bien empleé mis ojos, mi pensamiento y todas mis potencias y sentidos! Mas que merecido viene lo que tengo, auiendo hecho de Egipto Dios, spirito de sus cauallos y no carne.
Log.—Nunca hombre tan bien a cantado. O qué diestro, o qué lindo, o qué concertado! que tal está la conuertida.
Ast.—Ora no más, señor Heraclio, no aya más; perdoname, por tu fe, que yo conffiesso auer peccado; engañome la vanidad y esta peruersa de Iesabel; todo emendaré si Dios me da la gracia, y spero no me falten para ello tus oraciones.
Her.—No, pues se a mandado, pero en lo demas no ay que dizir está sellado en mi alma este proposito. Si yo dexare el mundo y sus engaños, gózate tu dellos y queda en paz.
Ast.—No consiento en tal partida; yo quiero estar en tu gracia y que quedes sin scrupulos.
Her.—Si haré, no me detengas.
Ast.—Pues y assi quieres dexarme? No sabes ser contra natura faltar perdon donde sobra penitencia y deseo de complacerte? yo profiero lo biuo y lo pintado, las obras y pensamientos para seruirte.
Log.—O gran passo, qué tal soy yo para alchimista; en dos dias hallará su Lexir o piedra philosophal, no ay secreto que se me esconda. Moderate, hermano, aora, que esso basta.
Her.—Pues que assi te justificas, qué menos puedo hazer? Aqui me tienen, corta a tu modo y despedaça.
Mor.—Muger.
Ast.—El diablo lo trae aora. Qué ay, marido?
Log.—O maduro; algo deue traer de bueno.
Mor.—O, señor, aqui estaua tu merced? Beso las manos de tu merced; cómo le va a tu merced; mucho ha que no he visto a tu merced; ha estado malo tu merced? Dios dé salud a tu merced.
Log.—Ahogado le ha con las mercedes.
Ast.—Qué pesadumbre!
Her.—Seruidor de tu merced.
Ast.—Pues, Morio, ay algo?
Mor.—Vino el grangero con la paja.
Her.—Tal mereciste tú.
Ast.—Qué dices, señor Heraclio?
Her.—Que no lo mereciste tú, mas que el mundo lo da, y voyme; vea tu merced qué manda.
Ast.—Que me mandes, y seamos muy amigos; será assi?
Her.—Como quisieres.
Ast.—Dios te acompañe.
Her.—Y a ti dé gracia.
Mor.—Beso las manos de tu merced; deme la mano tu merced.
Ast.—Basta, Morio.
Her.—Vela aquí.
Mor.—Rebezbeso otras millenta vezes las manos de tu merced.
Log.—Desollado le ha las manos. Acabose la comedia. Valete et plaudite los comedores.