NOTAS:
[722] Llege, en las dos ediciones.
Logistico, auiendo dado las nueuas a Heraclio de sus competidores, a tercan sobre ellos vn buen rato.
Logistico, Heraclio.
[Log.].—Finalmente que podemos ya cantar,
maldito sea aquel dia
que nascio mi pensamiento.
Her.—Mas,
recuerde el alma dormida.
Log.—Y
abiue el seso y despierte
contemplando.
Her.—Todauia no creo que va esso tan de verdad; son damas, precianse de corteses, sin querer escandalizar a nadie. Essos hombres son muy familiares, por parte de otro a quien tienen obligacion las sobredichas. Y las amistades proceden de grado en grado harto lexos.
Log.—Consiento, por aora, que lo imagines assi, porque no se te gaste el estomago del todo. Pero sabete que soy más experimentado en estas drogas que cuantos boticarios ay en Paris, y doyte dello el tiempo por testigo de ocho o diez dias solamente.
Her.—En menos hizo Dios al mundo.
Log.—Ay verás si puede deshazello.
Her.—En parte holgaria que tu sospecha fuesse cierta, para hartarme de hablar y hazer vna larga penitencia.
Log.—Dacuerdo quedauan para otros dias. Y las Nimphas con tanta pena de vellos partir, que hasta el invierno no se cansaran. Porque entonces el frio yela estas calores.
Her.—De modo que el amor dellas anda con el tiempo?
Log.—Aueriguado; sino que ay fallencia en la regla en vna cosa.
Her.—En qué?
Log.—Que haze el vino causa como la imaginacion, el qual alegra el coraçon del hombre y tiene singulares operaciones.
Her.—No deues hablar sin expiriencia.
Log.—Aosadas que he visto sin antojos y palpado sin guantes calliente y frio.
Her.—Pues cómo haremos?
Log.—Yo seré la centinela y haré señal porque no escape cosa; entonces operibus credite, como el Rey Ramiro, y nuestro amigo Asosio que está más cerca.
Her.—Essa te digo fué burla intolerable; mas si él trae a luz su trama, quedará pago para otra vez.
Log.—El pandero está en buena mano; tú verás el son que haze, y puede ser que auiendo por qué, como yo lo traygo en las narizes, tambien tañamos a su modo, que en la señora Doleria todo ay.
Her.—No me podria saber bien vna vengança assi de tranfiguracion.
Log.—Mejor seria hallar las fuentes de Merlin de amor y desamor para poner la vna al opposito de la otra, y hazer morir Angelica por Reynaldos, y él que huyesse d'ella como d'el diablo.
Her.—Tan poco queria esso, ni fuerça de encantamiento en mi fauor.
Log.—Busquemos luego a Oedipo que nos declare esse enigma. Vistes el Sphinge? Qué poco sabes tú del mundo!
Her.—Confiesso que no falta a su merced para Pedro de malas artes vn solo marauedi.
Log.—Mas faltárame, que ya no ouiera pelo. No sabes que la prudencia tiene dos caras, vna delante, otra detras, y que es la razon la luz de sus quatro ojos y el gran Iupiter el objeto ó fin?
Her.—Hablas como emperador, y todo lo que sueñas son reuelaciones. Quedese assi la traça, para si fuese menester empeçar alguna obra, acudir con los materiales.
Log.—Dexame hazer, que no quiero pongas de casa sino los ojos y las orejas. Y con esto vamos a uer en qué rumo está la nao de Asosio.
Her.—Por vida tuya.
Doleria sola tratando de los estados enamorados y llega Melania.
Doleria, Melania.
[Dol.].—Esto es muger; a la fe, que tiene andado ya medio camino, mas la buena paga haze milagros, que palabras lleualas el viento como a las plumas, y maldita la cuenta que yo hago dellas. Con todo, despues de bien recuchillada. Porque algunos por consiguir sus apetitos os prometen luego el Arabia Felix y dan os con la Petrea en la cabeça: de lo que no cuesta, a montones. Ay otros tan tristes y pelados, y es tan raydo lo que traen, que tan solamente do hechar el anzuelo no hallays. A estos tales, pelalles más, pues no teniendo qué comer combidan huespedes. Los caualleros muy peynados piensan que se deue todo a su sangre y gentileza, y que os hazen merced si os encargan; y quando mucho, por mano del camarero, os meten diez reales en la boca, porque si acaso os lamentays, respondan: pese a tal con el traydor, que diez ducados le mandé te diesse y guardólos para sí o los jugó el truan. Estudiantes lo hazen muy mejor, los quales no tienen camareros, y de ciertas bolsas de cuero viejas sacan siempre la merced de Dios, o parten con vos de sus raciones. Carniceros, pescadores, grosseros, mesoneros, y toda otra suerte de aues desta pluma, son liberales, por traer la massa entre las manos. Mas otras ay más nobles que todas éstas, quien se quiera lo podria adeuinar: los banqueros, mercaderes gruessos o Burgaleses, que francamente pagan las obras y jornaleros. Diez ducados es el menor bocado de vn escote; sayas, mantos, chapines, calças o tocados, aun no lo pedis quando lo teneys. Si no ved que, no auiendo dado vn passo por Asosio, hecha vn doblon para capones, quedando mi derecho reseruado y entero para la buelta. El saber y diligencia os sobra para éstos. Yo tengo tramada ya la burla, agora la texeré. A la señora no se le cuece el pan ni le toca el trasero la camisa; mas yo por el authoridad de mi officio quise dilatallo, que las yeruas hazian luego operacion y los amigos son diligentes para todo. Y de más si es ésta que acá viene? Ella es, sola; paresce gruñe; será de dolor de dientes. Gentilhombre, poneos delante por que no nos vea y oyremos de qué temple viene.
Mel.—Triste de mí, do la hallaria yo aora?
Dol.—No lo digo?
Mel.—Que no puedo ya estar sin ella, que blanda y apazible es.
Dol.—Muchas mercedes.
Mel.—Y la embidia no lo puede comportar: vnos de hechizera, los otros de falsaria y otros de otras chismerias. Qué mundo este?
Dol.—Hazeys bien de lo sentir assi y de guardar las circunstancias de amistad.
Mel.—No ay verdad ni desengaño sino donde menos se presume, que todo el resto son hypocrysias. Yo buscaré algo de bueno que le dé.
Dol.—Dessa suerte siempre me terneys para vuestras necessidades.
Mel.—Quien me topará por aqui mi gentilhombre; qué lindo y agraciado es, qué bien hablado y qué discreto.
Dol.—Aun no lo sabeys del todo.
Mel.—Paresce que halló el coraçon por natural distinto o particular virtud, su semejante. En hablandome Doleria en él, dio el sentido y la razon lugar a mi deseo y quedó presa mi libertad. Do estará?
Dol.—No se congoxe, que presto la verá.
Mel.—No tengo otro descanso que hablar con ella, y aunque el freno de la verguença y honestidad ate la lengua, los affectos muestran lo que siente el coraçon, y el escondido fuego haze su officio.
Dol.—No es tiempo de más palacio; quiero apparescer a Tisbe, porque no se mate, y lleualla al señor Piramo. Señora, señora, no os vays assi.
Mel.—Quién me llama? O madre mia Doleria, que hasta el ánima me penetró tu boz, dónde estauas?
Dol.—A vn ora que te llamo y no me oyes.
Mel.—Y es posible? no te marauilles, que va hombre pensando en otras cosas.
Dol.—Pues como estás, hija?
Mel.—En verdad que no me hallo bien.
Dol.—Cómo assi?
Mel.—Siento dos dias ha vn dolor incomportable del coraçon.
Dol.—Tienesle otras vezes?
Mel.—Sí, mas no tan grande.
Dol.—Ordinario mal es de mugeres, y puede ser que venga de la madre.
Mel.—No lo sé; dame algun remedio si lo sabes.
Dol.—Y cómo que lo sé!
Mel.—Qué, por tu vida?
Dol.—A la oreja te lo diré, que no lo oyga nadie.
Mel.—Quién está aqui?
Dol.—El ayre, que fauoresce los amadores y los auisa de muy lexos. Los braços de aquel amigo y sus regalos.
Mel.—Mira qué dize; siempre te burlas, mi señora, y me hablas fuera de proposito.
Dol.—Por vida vuestra, qué quieres? soy amiga desengañada y médico propicio, que no procura de dilatar la cura, sino la salud de su paciente. Y no me lo agradesces.
Mel.—Calla, señora, que soy tuya; pero digolo porque sospecho no se acuerda de my esse señor, ni se le da de mi muerte o de mi vida.
Dol.—Y esso más, y ves su passear tan a menudo por la calle, pues de noche con qué suspiros y la color del gesto. Si supiesses lo del comer y del dormir, manzilla es ver la pena que padesce. Solia de ser vn pino de oro, no está aora alli la mitad dél. No sé cómo te lo sufre el coraçon, y más quiere tu honrra.
Mel.—Con esa condicion le acepté.
Dol.—Pues qué hazes por él, que te a de agradescer?
Mel.—Que no le quiera mal, mas es menester hablarse a mi señora.
Dol.—Qué necia eres, no lo hará por todo el mundo.
Mel.—Por qué?
Dol.—Ay cierto inconueniente por causa de su padre. Pero secretamente, si te paresce, el hará lo que yo quisiere.
Mel.—Está bien, mas temo, porque los hombres no se contentan sino con todo.
Dol.—Y quando assi sea, qué le das sino lo suyo?
Mel.—O cuytada!
Dol.—No veys qué lastima? Ora yo me voy a él y quedará esto para mañana; todo estara a punto y algunos menudicos para la nouia.
Mel.—Ay triste!
Dol.—Ay boba! que no desseas otro.
Mel.—Para dessear era la fiesta. Mas no podré mañana.
Dol.—Por qué causa?
Mel.—Tiene mi señora combidados.
Dol.—Quién son?
Mel.—Apio y Metio, sus amigos speciales.
Dol.—Speciales? Otros pensara yo.
Mel.—No, señora, son muy pesados essos; éstos es otra cosa.
Dol.—Creolo, que la señora Astasia es auisada; tal sea su vida si lo entiende assi. Será para el otro dia.
Mel.—Sí, madre; yo terné cuydado.
Asosio va en busca de Heraclio y de Logistico para dalles cuenta del concierto y del banquete.
Asosio, Logistico, Heraclio.
[Aso.].—Doy la al diablo que tanto sabe y que assi los trae a su mandado. Si yo llego esta empresa al cabo, en más lo terné que el reyno de Mandinga, su tierra de la señora, para que cante si de mí se reyó. Qué música tengo de dalle, en levantandome de dormir! Voyme a los amigos, porque no ay plazer si no es communicado; y discantaremos, y haze más al caso por la traycion que se nos ordena allá. Qué cosa son mugeres! pensé que era Heraclio el norte de la casa, y bien consideradas sus partes dél, solamente les agradescia no tener mal de ojos: mas aora veo quán enfermos son, pues por rosas cogen ortigas, y en lugar de pan se comen tierra, no de la buena. Mal fuego que las queme!
Log.—Este es Asosio, priessa trae.
Her.—Quiça anda en bisperas de Comedia y busca los vestidos. A de la nariz!
Aso.—Aqui estays, cuerpos sin cabeças? que a gran rato que os voy buscando y aora os hallo en emboscada.
Log.—Assi te lo paresce con el poluo de la caça. Pues qué va?
Aso.—No va, mas viene lo possible.
Her.—Mas por tu vida?
Aso.—Y por la tuya.
Log.—No sea otra como la de antaño, con que acabes de quedar graduado.
Aso.—Cerca estamos de la prueua; yo os lo haré ver y palpar.
Her.—De compañia para juzgar mejor.
Aso.—No se me da, que ya estos bienes son comunes; si no preguntenlo a la señora Amertia.
Log.—Dexate desso y adelante.
Aso.—Plazeme, aunque te pese. La señora Andromade estará mañana en poder de Perseo, por contemplacion de la cabeça de Medusa, mi señora, que tiene la virtud de conuertir hombres en piedras; y oy pudiera ser, si no fuera otra cabeça con que os porneys ambos de lodo, si no os buelue asnos.
Her.—Qué cosa, por tu fe?
Aso.—Dende aora las podeys encomendar a la señora mi huespeda.
Her.—Cómo assi?
Aso.—Quando pensé que tenias el remate de tus cuentas y que determinaua de pagarte, hallo que te hazen banquirota y son combidados oy Apio y Metio, mercaderes alemanes o de Coria, para tomallas y acordaros, y prepárase allá vna gran cena, segun lo dixieron a Doleria mis amores. Será el prologo de nuestras bodas. Añadieron más los sobredichos no auer tales angeles en Ethiopia, ni más queridos de damas, allá en su Grecia do son más venerados que el gran Dedalo y el gran Icaro, aunque cayó; será por buenos maestros de su officio.
Log.—De quán lexos he olydo yo esta vianda y quán sin respecto te la defendia, Heraclio, como médico experimentado.
Aso.—Soy yo dello buen testigo, y trabajaua por remar mi remo, aunque perdi la nao en otros bancos.
Her.—En qué pararon mis confianças! qué gran desgracia o engaño que de mi mesmo recibo! Ciertamente no soy yo lo que paresco, o no paresco lo que soy.
Log.—A proposito; ellas no son lo que parescen. Ay más falsa moneda que vna ropa larga y vn tocado blanco y vn torcer de manos, morder de labios, hablar cansado y andar mesurado? Es la calor y el olor del vino, que os combidan a gustalle muy a menudo, hasta os poner en Capricornio. Ya esto era viejo para su merced, pero quiso nueuas experiencias como si los tiempos no fuessen vnos, como está dicho.
Her.—Qué me aconsejays vosotros? porque ya se me va conuirtiendo este amor en otra passion. Yo lo siento.
Aso.—Que hagas como yo.
Log.—No dizes bien.
Aso.—Veamos, pues, tus letras.
Log.—Soy de opinion que lo dissimules algunos dias, hasta que ellas mesmas te quiten el reboço, y entonces, con occasion más manifiesta y sin auer lugar de otros argumentos, lo harás: Que éstas naturalmente siguen á quien las huye y huyen de quien las sigue. Acabada esta jornada, en que aurás tantos golpes que las señales lo testifiquen, viendo que lastimado y con sobra de razon te retiras y aborresces en vez de amar, bolueran la hoja, y como cieruas heridas a la yerua, daran tras ti, y quedará tu causa más legitima, tanto más si perseuera la falsedad y ingratitud en ellas. Lo que agora me paresce seria buscar algun disfrace con que allá fuessemos esta noche, trabajando todauia por encobrirnos, y no siendo possible tanto mejor quedando al toque.
Aso.—Nunca mejor hablaste; aora te digo que eres bachiller.
Her.—Qué disfrace lleuariamos?
Log.—Alguno con que pudiessemos hablar.
Aso.—Yo os lo daré excelentissimo y tomaré el trabajo del adereço, que será delicadissimo.
Her.—Veamos.
Aso.—A la Egiptiana, hechos ciganas, para hablar en falseto.
Log.—Spirito tienes, serás Licenciado. Por vida de Doleria, y assi gozes de sus promesas, que lo pongas luego por obra.
Aso.—Pierde cuydado, que yo os armaré al natural antes de noche.
Her.—Serás mi padre.
Aso.—Ya tu madre es muerta.
Her.—O vellaco!
Log.—Vamos todos a entender en ello, que tanto más presto se concluyra.
Aso.—No dizes mal.
Apio y Metio van al combite de Astasia, y en mascara los tres amigos a la fiesta, y passan entre sí algunos trances.
Apio, Metio, Astasia, Melania, Idona, Morio, Aplotis, Asosio, Heraclio, Logistico, Page.
[Apio.].—Metio, es ora ya; no hagamos sperar las damas.
Met.—Vamos si te paresce, no embargante que en esto de banquetes es menester ser graue y hazerse hombre de rogar.
Apio.—Alli no, que es la casa de buena ventura y entra hombre quando le plaze; tanto me da en la camara como en la cozina, donde quiera os reciben con alegre cara, y antes os tienen por más familiar.
Met.—Y si por caso hallasses a la señora en camisa?
Apio.—La buena voluntad lo disculpa todo.
Met.—Qué buenas personas.
Apio.—Yo soy amigo viejo; todas me quieren mucho.
Met.—Quánto aurá que las conosces?
Apio.—Va en quatro años.
Met.—Otros ay más viejos, pero no llegan a tu capote en esso.
Apio.—Todo está en el saber. Yo soy de todo trance y hagoles mil seruicios, acompañolas a vna parte y a otra, embioles coplas, oliuas, cartas, castañas, baylo, lucho, ordeno juegos de pasatiempo.
Met.—En suma, que sirues de silla y de albarda.
Apio.—Señor, sí; voy con ellas fuera de la villa y estoyme allá los quatro, los cinco días, y es un passatiempo vernos.
Met.—La rapaza es hermosa; haze algo y tengamos bodas.
Apio.—No ves que estoy tomado ya para las cargas?
Met.—Es verdad, mas no auria remedio con el cura?
Apio.—No me curo desso; más quiero el amistad a buen engaño sin mala fe. Mas tú que puedes, quieres que hable en ello?
Met.—Si te paresce, despues hablaremos.
Apio.—Tomemos por esta callejuela, que es más cerca y más escusa.
Met.—No será malo, voto a mi, que allá veo nuestra gente.
Apio.—De reñirnos auran por la tardança.
Ast.—A sperardes más vn poco, haziamos llamaros de debaxo de la mesa.
Met.—Bien empleado fuera. Beso las manos de sus mercedes.
Mor.—Ya yo tenia tragado medio pan; beso las manos.
Mel.—Besso las manos de mi confessor, toda la fiesta es de beso las manos.
Ast.—Harto ruyn costumbre, mejor andaria Dios delante.
Mor.—Muger, esto es más a la cortesana. Pues qué haze Aplotis, que no ha besado aun?
Apl.—No las besaré a nadie, que esse priuilegio tienen las donzellas.
Ast.—Buena pascuas tengas, hija.
Apio.—No es tiempo, señora?
Ast.—Tiene razon el señor Apio, pues qué hazemos? vamonos assentar. Eya, Morio, agasaja los combidados.
Mor.—Eya, señores, sientense.
Ast.—Yo aqui por empeçar, Apio cabe mí, destotra parte Metio, cabe Apio Idona, Melania cabe Metio, Morio cabe ella, junto d'él Aplotis, y aun queda lugar para vn buen amigo si viniere. Moço, aguamanos.
Page.—Aqui está, señora.
Mor.—Laue V. m.
Met.—Laue V. m.
Apio.—Laue V. m.
Mel.—No veys qué donaire, laue V. m.?
Met.—Laue V. m.
Ido.—Las donzellas no lauan primero que los hombres.
Mor.—Laue V. m., señora Aplotis.
Apl.—Laue Dios a todos.
Ast.—Amen, ora yo quiero empeçar; hecha moço, y vosotros seguid mi orden; laue el señor Metio.
Met.—Por obedecer.
Ast.—Laue el señor Apio.
[Apio.].—Soy contento.
Ast.—Laue Morio.
Mor.—Que me plaze, amores.
Ast.—Lauen las moças aora sin reñir. Page, la bendicion.
Mor.—Yo la dire más breue.
Ast.—Norabuena.
Mor.—Dios, que lo bendixo en el campo, lo bendiga en el papo.
Apio.—Ah, ah, ah! Paresceme que tiene gana de comer el señor Morio.
Ast.—Creolo, que no a almorzado Eya, moço, venga de comer.
Page.—Aqui viene.
Ast.—Señor Apio, deste pernil primero mientras el señor Metio trincha el capon.
Met.—Sí haré señora, o qué tierno está!
Ido.—Es de los nuestros.
Mel.—No se podia assar de gordo.
Apio.—Quiere tu merced?
Ast.—No como salado, pero da a las donzellas.
Ido.—Tan poca sal tenemos, señora?
Mor.—Ah, ah, ah! qué bien respondió Idona; yo quiero to lauia.
Apio.—Tome tu merced.
Mor.—No, no; yo lo cortaré.
Apio.—Metio está ocupado, no le quiero dar.
Met.—Por la pareja.
Apio.—Esso no; toma, toma.
Ast.—Con qué gracia lo dize el señor Apio; señores, aqui oliuas; hecha de beuer y da al señor Apio, que tiene sed.
Apio.—Puede ser que adeuinaste.
Ast.—Yo lo veo.
Apio.—A quién tengo de beuer, si es al uso de Flandes?
Ast.—A quien te quiere más.
Apio.—Será luego a tu merced, que se acordó de mí.
Ast.—Buena prol te haga; qué te paresce?
Apio.—Buen vino es.
Ast.—Hecha, page.
Page.—Aqui, señora.
Ast.—A ti me encomiendo, señor Metio.
Met.—Haré lo que mandas, mi señora; señor Morio, a V. m. ruego por las donzellas.
Mor.—Norabuena, a ti donzellas.
Mel.—Esso es meternos en el saco, Morio.
Apio.—Qué trauiessa es la señora Melania!
Ido.—Buena prol te haga, padre.
Mel.—Muchas mercedes, Morio.
Mor.—Todos me dizen las mercedes, sino Aplotis.
Apl.—Dios se las haga: pensé que entraua con las otras.
Ast.—No comeys desta espalda; Morio, qué hazes?
Mor.—Menear los dientes.
Ast.—Y las manos por qué no?
Mor.—Tambien me ayudo d'ellas.
Ast.—Corta desta espalda y sirue a estos señores; de la ternera, señor Apio; Idona, d'aquella gallina de Indias, muestra tu habilidad. Llega acá los perdigones, Melania.
Mel.—Toma, señora.
Ast.—Estos quiero repartir yo.
Ast.[723]—Buenos están.
Apio.—Todo está como de tu mano, señora Astasia.
Ast.—No se va a burlar; otro dia será mejor. Qué oygo? antojaseme que ay mascaras.
Apio.—Muchas.
Ast.—Cómo lo sabes?
Met.—Ay muchas bodas y es sereno el tiempo.
Mor.—Tememos acá algo?
Apio.—Podria ser.
Ast.—No, no, por amor de Dios.
Met.—Sí, pero si vienen no es justo no les abrir.
Ast.—No tenemos instrumentos.
Met.—Puede ser que ellos los traygan.
Apio.—Si no, la señora Idona les hara el son para que nos holguemos.
Ido.—No estan los mios acordados.
Mor.—Con Aplotis dançará Morio.
Apl.—Con los pies será mejor, que me tratariais mal.
Met.—Bien acordada es la señora Aplotis a la fe.
Apl.—A la mesa no se a de dormir.
Ast.—Tiene buenos dichos.
Mel.—Pues Aplotis, quieres auergonçarnos?
Apl.—Y en qué? no os he dicho mal ninguno.
Ido.—Qué sotil está mi prima.
Apl.—No tanto que puedan coser conmigo como aguja; aun occupo vn escabello.
Mas.—Ta, ta, ta.
Mor.—Con nos lo an. Page, quién llama?
Page.—Es una mascara.
Ast.—Si antes lo recelaramos, antes llegara. Qué tal es?
Page.—Linda, señora.
Ast.—Son muchos?
Page.—No más de tres.
Ido.—Traen menestriles?
Page.—Paresceme que sí.
Apio.—Aqui somos hombres; aparejaos, moças.
Met.—Cómo me huelgo!
Ido.—Tanto rauias por dançar?
Mel.—Vos no?
Ast.—Pues cómo haremos? será bueno dezirles que estamos a la mesa? que perdonen sus mercedes y bueluan de aqui a vn rato.
Apio.—Será descortesia, auemos comido harto ya; manda quitar, señora, y entren.
Mor.—Mas entren sin quitar y beueran, que yo quiero comer aun.
Met.—Señor, sí, que pueden ser amigos. Cómo vienen, Page?
Page.—Como Egiptianas.
Ido.—O qué bueno; entren, señora.
Ast.—De más si son nuestros philosophos?
Mel.—El diablo los traeria acá.
Ast.—Por qué? no son tambien amigos? Abre, moço.
Ido.—O qué lindos vienen; no he visto cosa más galana.
Apio.—Gentil por cierto.
Met.—Muy galanes vienen.
Ast.—Qué buena entrada.
Apio.—Señores, quiten las mascaras y beueran.
Aso.—Buenas noches, buenas noches, hermosa eres, daca la mano, marido tienes, vna blanca tienes, otra negra tienes, vn chiquitico, buena ventura tienes.
Ast.—Bueno va, veamos qué dize estotra.
Her.—Mucho de fuera, poco de dentro, gran coraçon tienes, grande hombre tienes.
Apio.—Quién serán?
Ast.—Los mesmos, algo de bueno, señor Apio.
Apio.—Que me plaze, vn villano, señora mascara.
Log.—Mas sean dos, garrido.
Ast.—Qué bien lo haze Apio. Mira, Morio, a Apio; no ves, Idona, a Apio? Melania, mira para Apio. Qué gentil es el señor Apio!
Ido.—Muy gentil, señora.
Ast.—No ay otro Apio en todo el mundo.
Log.—Bien nos podemos yr, porque todo aqui es Apio; no comen otra salsa, a lo menos la ventera.
Her.—Y aun todas, mirá la fiesta; pues yo sé que nos conoscen.
Aso.—Qué linda compañia!
Log.—Y tú qué hazes, no relinchas?
Aso.—Todo lo guardo para despues del salto.
Mor.—Quiten las mascaras, mascaras, y haremos vna dança de besar.
Aso.—Con ellas besaremos.
Mor.—Oxe.
Apio.—Eya, señores, por cortesia.
Log.—Poca ay aqui.
Her.—Antes les sobra.
Aso.—La necedad.
Her.—Dissimulemos todauia y saquemos éstas a dançar.
Log.—Dizes bien.
Her.—Quieres dançar, señora?
Ido.—Como mandares, aunque es al reves.
Her.—Assi va todo.
Log.—Essa mano, señora.
Apl.—Y la voluntad, que todo meresce la compañia.
Log.—No lo miran assi todos.
Apl.—Es mal de ojos.
Log.—O de cabeça.
Apl.—D'ay nasce la vista.
Log.—Testimonio da la tuya de otra cosa.
Apl.—No falta el desseo, si él meresce algo.
Log.—No se me oluidará essa palabra.
Aso.—Que por fuerça tengo que encontrarme con este diablo? Adrede me la dexaron estos vellacos; eya, señora, por de mi tierra os quiero festejar.
Mel.—Quién eres, mascara? descubrete.
Aso.—El mayor seruidor tuyo.
Mel.—Bien te sabes esconder; conosco los compañeros y pensé lo hazia a ti, pero aora te desconosco.
Aso.—Yo espero que presto me conoscas.
Apio.—Yo no tengo de dançar sino con tu merced.
Ast.—Mirad el señor Apio. O señor Apio, no por tu vida, no más, no más, qué gentil gracia la de Apio, señor Metio!
Met.—No ay otro tal.
Mor.—No beueran todauia sus mercedes?
Ast.—Sí, sí; trae vino, moço.
Log.—No ay sed, señora; ni la aurá tan presto.
Ast.—Qué fina pieça! o no aueys aun comido?
Log.—Harto comimos, pero no estaua muy salado.
Ast.—Bien te entiendo, mascara; algun dia te responderé.
Log.—Y yo algun dia lo oyre.
Apio.—Aun no an dicho la buena dicha toda.
Aso.—Que vos la tengays basta, y seays tambien amado.
Ast.—Señor Apio, otro villano.
Her.—Cómo se huelga la señora con los villanos!
Log.—Tiene razon, que son alegres.
Apio.—Pláceme, señora.
Ast.—Qué bien lo haze; no veys la gracia, no veys el ayre del señor Apio? o señor Apio.
Aso.—Doy al diablo tanto Apio, ya me tiene medio borracho.
Her.—Buelta, buelta a los franceses.
Log.—Con coraçon a otra lid[724].
Her.—Buena dicha tengas, buena dicha tengas.
Ido.—Plega a Dios.
Her.—Hermosica, nouia serás presto, hombre que te quiere mucho.
Apio.—Pero, Cigana, no será Cigano.
Her.—Hombre de paja, rico de paja, muchas tierras tiene, baylará villano. Cigano andar a Egypto.
Log.—Señora, voy todo tuyo.
Apl.—Mio, señor? no meresco tanto.
Aso.—Amores, no los oluides.
Mel.—Oluidar? es impossible.
Apio.—No se vayan, señores, sin colacion.
Her.—Hazelda vos por nos.
Ast.—Pues tanta priessa.
Her.—Harto nos detuuimos ya.
Ast.—Paciencia.
Her.—Yo fio que no la perderas.
Apio.—A Dios, hermanos, pues.
Log.—No en las armas; buena gentezilla es esta, hermano.
Her.—Rasonable.
Aso.—Aora se quedan a su plazer y contrapuntearán la fiesta.
Log.—Que se pongan mucho de lodo.
Aso.—A fe de gentilhombre que mañana a estas oras yo esté satisfecho de mi parte.
Her.—No lo dudo, y spero que a cada puerca venga su San Martin, y con esto nos recojamos a reposar lo que se queda de la noche.
Log.—Bueno será, y soñemos en otras fiestas si puede ser.
Her.—O no dormir por no soñar.
NOTAS:
[723] Repetido Astasia en las dos ediciones, pero debe hablar otro personaje, quizá Metio.
[724] Son versos de un romance viejo:
Vuelta, vuelta, los franceses,
Con corazon a la lid.
Quedan los del banquete motejandose de las Egiptianas partidas ellas, y despues se recoge cada vno a su posada.
Morio, Astasia, Apio, Metio, Idona, Melania, Aplotis.
[Mor.].—Boto a qual y a tal, que fue gustosa la carantoña.
Ast.—Sí a la fe.
Apio.—A poco costo.
Met.—Aquéllo quien quiera se lo hiciera.
Ido.—Poco se detuuieron.
Met.—Ternian que hazer en otra parte.
Apl.—O gente sin virtud!
Mor.—Son buenas personas, aunque no han querido beuer.
Ast.—Al tercero holgara de conoscer.
Mel.—Bien hize yo por ello.
Ast.—Y de más si es Asosio tu seruidor.
Mel.—Mi aguelo vee en mí el diablo; en asomando por una calle, se buelue por la otra; ya me arrepiento, porque tengo menos vn seruidor.
Ido.—Bien lo pudieras escusar.
Apio.—No hagas, señora Melania, que heziste de Romana.
Apl.—Conforme a tu discrecion, como fauoresce el asno el partido de los hombres, assi lo haze Heraclio.
Met.—Guárdeme Dios de tal encuentro.
Mor.—La fiesta es acabada; vámonos acostar, muger, que canta el gallo.
Ast.—Es muy temprano.
Apio.—Es temprano, señor Morio.
Mor.—No para mí, que estoy ya medio soñando. Si vosotros quereys, baylad, que yo baylaré con las señoras sáuanas.
Ast.—Buelue acá, Morio.
Apio.—Dexale yr, señora, al costal de paja.
Ast.—Cortés hermano!
Apio.—O corto.
Met.—Pues qué haremos, dançaremos?
Mel.—Como nuestro amo.
Ido.—Qué dormilona.
Mel.—Calla, hermano, que tengo de madrugar.
Apl.—A algunas de las tuyas. O, si los pechos tuuiessen puertas, quántas cosas se verian!
Apio.—Las Egiptianas van corridas.
Met.—De qué?
Apio.—De la poca cuenta [que] se hizo d'ellas.
Ast.—Poco va en ello. Qué más se auia de hazer? La cuenta y la fiesta tú la remataste, señor Apio, con tus bayles y gracias, de que eres lleno.
Apl.—Bien lo alcanza, fuera buena para juez. Heraclio muerto vale más que estos dos biuos.
Mel.—Luego ternemos lamentaciones de Ieremias.
Ast.—Ah, ah, ah, algo le daremos porque se calle.
Ido.—Media ora de conuersacion, que éste es su manjar.
Apl.—Tambien vos? qué vergonçosa niña!
Apio.—Yo tomaria dello plazer.
Ast.—Plazer? no queria ver tales hombres.
Met.—Tienes razon.
Mel.—Sí por cierto.
Apl.—Sí por cierto, o traydora, y esta es la inocencia de que hazes profesion?
Ido.—El Logistico es del consejo.
Mel.—Esse es su Esculapio, Asosio fue Mercurio, mas despues de la desdicha no paresce.
Met.—Pésate dello?
Mel.—No me a de pesar?
Ast.—Todauia yo quiero yr acompañar a Morio, que es tiempo ya.
Apio.—Bien harás, señora, que tambien me estoy dormiendo yo.
Apl.—Quándo no dormiste tú? mira qué seruidor tiene la dama.
Ido.—Yo me estuuiera hasta ser de dia.
Mel.—Yo no, que se me huyen tambien los ojos.
Met.—Pues hagámosle la voluntad. Buenas noches tenga tu merced, señora, y la compañia.
Apio.—Yo no yré sin dar la paz en el carrillo; aora sí.
Ast.—Mucha licencia es essa; a Dios, hijos, a Dios.
Ido.—A Dios, hermanos.
Mel.—Mirá que no soñeys.
Met.—No se puede escusar.
Apl.—De ser tales unos y otros.
Apio.—Beso las manos.
Met.—Beso las manos.
Ast.—Muy adelante es esso; cierra, Aplotis, y vámonos acostar.
Apl.—D'el todo se pudiesse, mas lleua mal camino.
Asosio va á casa de Doleria en otros hábitos, y ella con cierto vnguento le transfigura, y él va prouar sus aventuras.
Asosio, Doleria, Logistico, Amertia, Mania.
[Aso.].—Doleria hermana, quanto al vestido ya vees que vengo a la forastera; del resto por más que me prediques estoy vn sancto Tomas.
Dol.—El espejo te quitará de duda.
Aso.—Mi padre, no creeré en cien espejos. Qué se yo si estan de acuerdo contigo ellos, y daran comigo en algun fuesso; pensar yo que me mudarás de gesto y de figura es por demas.
Dol.—Qué desconfiado y enojoso eres; toma, vntate la cara y ve buscar a tus amigos y amigas, y si alguno te conosce mátame.
Aso.—Hablas como reyna; essa es la más cierta experiencia. Pero no sea éste el de Apuleyo, y tú Andria para mí? Noramala acá vernia a ser asno toda mi vida.
Dol.—No ves que estamos en el mes de mayo, y que terniamos a la ora rosas?
Aso.—O pese al mundo, en mayo fue lo otro; pero el asno vuo primero hartos pallos y seruió mil amos con cien mil lazerias.
Dol.—Sí, mas ya estamos aduertidos, y esso fue en Thesalia.
Aso.—Doyte al diablo, que en cualquiera parte se hallan ya Milones y ladrones.
Dol.—No ayas miedo, y vntate sobre mí.
Aso.—Sobre ti venga el fuego de Sodoma si me engañas.
Dol.—Valgalo el diablo a este necio, dexalo.
Aso.—No más, hermana, no te enojes, que ya me vnto. Mas, por tu vida, ello es cierto?
Dol.—Aun porfias?
Aso.—Ora yo lo haré, aquí Circe, aquí Sybilla. Pero di, que se me oluidaua.
Dol.—Qué quieres?
Aso.—Seria malo hazer testamento?
Dol.—Perdiste el seso?
Aso.—Si tengo de ser otro, y no Asosio, o me quedo assi, y no me hallan, quién heredará mis bienes?
Dol.—Tus males, o hombre de poco, desatinado.
Aso.—Nunca en mi vida tuue más seso, y esse es el peor señal que paresce se viene a despidir de mi.
Dol.—O tú d'él.
Aso.—Yo? pues tomo tu vntura, y todauia me engañauas?
Dol.—Damela acá.
Aso.—No, que me burlaua. Ora me encomiendo [a] aquella diosa enamorada y al ciego ballestero. Haze lo tú, hermana, y vee no dexes lugar vacio que por tantico seria luego conoscido, y pornianme de hurto todo lo demas.
Dol.—No te congoxes; mira aora si te conosces.
Aso.—Amuestra, no hay que dudar, esta es la cara de nuestro cortesano.
Dol.—No es sino la tuya, asno; guay de ti que no hay rosas ya, yo te molere aora.
Aso.—Maldita seas, que assi me asombras aunque te burles; no queria ser asno por quantas yeguas de buena raça ay en España.
Dol.—Despachate y ve hacer tus prueuas, para acabares a las dos de cumplir tu rameria aqui, que aqui verna la nouia; pero mira traygas la lengua en la bolsa y saques della contadas las palabras.
Aso.—A mí el cargo; voy, pues, y no a sido malo auer comido, no hauiendo de boluer tan presto a casa.
Dol.—Qué niño de bendicion; ve norabuena, que yo os dare de merendar.
Aso.—Toma ay otro doblon.
Dol.—Qué hombre eres! aun serás Rey.
Aso.[725].—Porque te doy en el papo. Este es Logistico, nunca vino tan a proposito, haré del graue passando sin hablar y escarraré, que es muy de corte.
Log.—Acá viene el cortesano del otro dia, muy entonado va; holgaria de hablar con él por uer si es auisado o conforma con los habitos el parescer, mas no hay conoscimiento.
Aso.—Mirame todauia como a estrangero.
Log.—Qué importa hazello y cortesmente preguntalle nueuas?
Aso.—A mí se viene, todo es burla; por coger a las manos la vellaca me laua la cabeça. Terné con todo tiesto.
Log.—Beso las manos de V. m.
Aso.—Y yo las de V. m.
Log.—Señor, perdone el atreuimiento atribu[y]endolo a cortesia y desseo de lo seruir. Vuessa merced viene de corte?
Aso.—Señor, sí, a su seruicio, y antes es merced, porque los peregrinos tienen necessidad de fauor en toda parte.
Log.—V. m. por sí vale tanto, que yo podria esperallo dél, y todavia me profiero.
Aso.—Bien va, no disimula; beso las manos de V. m.
Log.—Ay nueuas desta guerra, señor mio?
Aso.—Muchas, pero Dios sabe las más ciertas: ay apparato y sperasse rebuelta.
Log.—No deue pesar a los soldados.
Aso.—Essos señores ya sabemos que tienen guerra con la paz.
Log.—No hay duda en ello, y los cortesanos, señor, cómo lo toman?
Aso.—Como hombres dados a seruir damas y calçar guantes adobados, hacer sonetos, jugar a la pelota y a la francesa y otras gentilezas que hazen blandas las manos.
Log.—Pienso condena su suerte V. m. porque no tenga que respondelle. Ya está sabido que lo principal de la verdadera cortesania es el exercicio de las armas, justas, torneos, y dessear fuesse de veras y no de burlas.
Aso.—Essos pongo yo con los primeros, pero hablo de los ociosos, en el numero de los quales no me cuento.
Log.—Su presencia y arte, señor myo, dizen la verdad; vuessa merced me tenga por seruidor, que si algo se le offresce en esta tierra, será merced mandarme.
Aso.—Beso las manos de V. merced; quando esso fuesse, yo se lo suplicaria, porque a los nobles es hazer seruicio pedir mercedes.
Log.—Beso las manos de vuessa merced por essa honrra.
Aso.—Esto está assi de Emperador. Doleria es mujer de prol; mas porque éste es gran xabonero y podria dissimular o fingir no conoscerme, quiero certificarme más adelante y correr dos lancas muy al proposito, vna con Amertia, la otra con Mania. Por estotra calle será mejor, que las señoras no posan lexos vna de otra; a la puerta veo Amercia en su labor, quiero dalle vn mote a la forastera, y a segun que respondiere assi replicaré. Dios salue la gracia de tan gentil donzella.
Amer.—Beso las manos de su merced.
Aso.—En verdad, señora, que estoy en condicion de hazerme natural desta ciudad.
Amer.—Por qué, señor?
Aso.—Porque no veo sino angeles en ella.
Amer.—No burle su merced de las mal tocadas, que ya sabemos no ser acá de las muy lindas.
Aso.—En esso está lleuar el precio, serlo y hazer dello poca cuenta; pero assi fuessen mis seruicios y voluntad acceptos de alguna dama, como yo lo mostraria con effecto.
Amer.—Damas, señor? no las ay aqui, y mas quién podria merescer a semejante cauallero?
Aso.—Ya veo quiere afrentarme mi señora; pues sepa que la fe y amor serian tales, que supliessen la falta desso.
Amer.—De verdad lo digo, por mi vida.
Aso.—Hagame, pues, vna verdad.
Amer.—No soy condesa ni duquesa.
Aso.—Sea luego como reyna.
Amer.—Quántas cosas.
Aso.—Haga, señora, lo que le pido.
Amer.—Primero lo sabre.
Aso.—No la tengo de obligar a lo impossible.
Amer.—Pues sea norabuena. Qué es?
Aso.—Que me dé licencia que la sirua.
Amer.—Ay, señor, y qué gran carga seria tener tal criado si le ouiesse de pagar y entretener como meresce.
Aso.—Yo porne todo de casa, solamente con este título me contento, en cuya virtud me atreueria vencer el Leon Nemeo y la Hidra Lernea; ora vea, señora, qué podria nascer de la verdad, haziendo la sombra tales milagros.
Amer.—Bien a estudiado su merced, que tan apuntado anda a su proposito.
Aso.—Más diria si me valiesse, mas estoy viendo en essos ojos vnas niñas muy crueles.
Amer.—Qué mal le hacen, señor mio?
Aso.—Partir por medio mi coraçon y cegarme de todo punto.
Amer.—No tienen ellas edad para tanta fuerça.
Aso.—No estoy más aqui, pues mis golpes dan en vazio; la consciencia le dira despues cómo le meresco que me trate.
Amer.—Esse auogado basta par yr más descansado y no desesperar.
Aso.—Ay está el punto principal; beso las manos de V. m. hasta la buelta.
Amer.—Y yo las de V. m.
Aso.—Esta va la más donosa burla de todo el mundo; no podré dexar de me andar assi vn par de meses, y encantar más tierras que el sabio Alquife; todo será acordarme con Doleria o yrme a vn meson para despender doblado. Allá está la Nimpha de los desdenes, que conciertan bien con su nombre. Veamos de qué temple está. Todo en esta tierra son milagros; holgaria, señora, que me preguntasse V. m. el por qué.
Man.—A essotra puerta, que esta no se abre.
Aso.—Deue estar en casa algun tesoro.
Man.—Passe, señor, que si lo ay es para otro.
Aso.—Bien aventurado él; es natural, señora, o estrangero?
Man.—Todo tenemos aquí de casa, que lo de fuera no nos agrada, y por esso es tan barato.
Aso.—Peccador de mi, señora; de manera que nadie me comprará?
Man.—Tal puede ser el precio; á cómo da V. m. la libra de sy?
Aso.—A onça de V. m. y menos si mandare.
Man.—Bien se comide; ora buelua lunes, que aora no labran.
Aso.—Y esa gracia, no conuertira las oras y mudará los dias?
Man.—Pensaré en ello; cubra que llueue, o passesse a la sombra.
Aso.—Que entre? o gran favor.
Man.—No lo entendistes. Iuan, trae leña.
Aso.—Esso palos son.
Man.—No sperallos si no los quereys.
Aso.—Harto me apallean essos ojos, sin que otros me den.
Man.—Cuydado dél, que está ya muerto; todauia, señor, yo estoy de horno; buelua siendo el pan cozido y comera vna torta.
Aso.—Tan hermosa boca no podrá mentir, yo lo haré assi.
Man.—Acertará la puerta?
Aso.—Si algun fauor no me desatinare.
Man.—Pues está como estaua.
Aso.—Seruidor de V. m.
Man.—No se auenture.
Aso.—Esta es vna cruel bellaca. Qué haria si me conosciesse? El caso es, señora, que a essa garganta estará muy bien vna cadena d'oro que tengo en la posada.
Man.—Podreys ser oydo si por ay entrays. Pesa mucho, señor mio?[726].
Aso.—O traydora, cómo te conosco; quarenta ducados por lo más, que no es cosa que le trabaje.
Man.—Amuestremela mañana paseando por aquí.
Aso.—Sí haré, mi reyna, y todo el resto queda por suyo.
Man.—Beso las manos de su merced; assi haga su merced desta posada, y queriendo refrescarse con algun regalo, más merced seria.
Aso.—Mañana, que aurá más tiempo.
Man.—Como mandare; pero, señor, no se le oluide.
Aso.—Mal podré yo oluidarme á mí.
Man.—Beso las manos de su merced.
Aso.—Y yo la boca si me dan licencia.
Man.—No se emplee tan mal.
Aso.—Hablaremos. Maldito sea metal que assi enternesce, que más sangre de cabrón es menester para labrar diamantes, por vida de Asosio, que acabando la en que ando, entienda en ésta, a trueque de quarenta marauedis que la cadena puede costar, y verna por ducado a marauedi, poca es la diferencia. Pero con estas burlerias se me passó la ora y deuen sperarme.