NOTAS:
[731] Quiera en la segunda edición.
[732] Hidiputa en las dos ediciones.
[733] Arepintirte en las dos ediciones.
SCENA 4. DEL QUARTO ACTO
Asosio buelue a su figura y busca sus amigos para contalles sus auenturas.
Asosio, Doleria, Logistico, Heraclio.
[Aso.].—Mal año para don Galaor o qualquiera de los doze Pares que más auenturas acabasse o venciesse más batallas. Qué de padrones he passado esta jornada; será bueno aora buscar Vrganda y agradecelle de su socorro, para que otra vez lo dé de buena gana y boluerme al viejo pelo, que no embargante que el officio me agradaua y determinasse vsallo algunos dias, seria todauia mucho cauallo y a pocos trechos podria cantar el De profundis. Reposemonos aora, que más fiestas ha en el año, hará hombre lo que dixiere el reportorio. Estays aca, señora Doleria mis amores?
Dol.—Quién llama? o qué noraenella vengays.
Aso.—O qué norauellaca esteys; qué ay por acá, hermana?
Dol.—Los huessos de la carne que comiste.
Aso.—Por tu vida, hermana, que quiero empezar a entrar en quaresma y comer pescado, o hazer dieta para conseruar el apetito, porque estas aguas son muy hondas y podria yr la soga tras el caldero.
Dol.—Dessos soys? nunca medre si no os acertasse la vena.
Aso.—Nunca medre si no lo creo con tus magicas.
Dol.—Mas hazes bien en guardar para la vejez.
Aso.—Esso digo yo, hermana, y que es necedad matarse hombre por quien se lo agradesce tan poco tiempo. Más conquistado he de lo que piensas.
Dol.—La de marras?
Aso.—Marras y marranas, a la fe; la torre Mania y el castillo Amertio, y ganara la ciudad si siguiera la victoria; pero es valentia huyr y retirarse quando es tiempo.
Dol.—Tienes razon, y dessa manera más alquiler deues.
Aso.—Confiesolo; toma la mascara y pagate en los vestidos, si no basta, por el cuerpo que es todo tuyo.
Dol.—Los vestidos serviran en su officio; mas tú pagarás con otros que me armen.
Aso.—Por vida de Asosio que assi sea. Dissimula con la señora mi mujer; y dile recibi cartas que Alfama era tomada, y soy ydo buscar otro aposento para los dos. Que le ruego no se oluide de la fiesta.
Dol.—O, vellaco, qué tal queda, y cómo heziste la tuya!
Aso.—Descuente.
Dol.—Ven acá, toma esta agua y lauate.
Aso.—Para boluerme a Asosio.
Dol.—Si quieres.
Aso.—Toma si quiero; hablas como Reyna, no hay tal saber en Babilonia. Dame el vestido.
Dol.—Ay lo tienes.
Aso. Bueluete a tu majada, pastor,
toma tu çurron,
que no ay más dongolondron.
Dol.—Qué concertado glosador!
Aso.—No lo sabes bien; vn dia haré algo en tu loor.
Dol.—Yo se lo agradesco; mas por cortesia, mi señor, que me lo dé antes en alfileres.
Aso.—Vete de ay, no seas tan amiga de tu prouecho, que no es auiso.
Dol.—Muchas mercedes por el consejo, mas yo no se lo pido, señor Doctor.
Aso.—Callate, que Venecia te daré.
Dol.—Bastará Padua, que ay en ella studios y studiantes.
Aso.—Como quisieres.
Dol.—Veremos, y vete, que tengo que hacer.
Aso.—Hablar con tus vasallos?
Dol.—Podria ser.
Aso.—Tus pies, las ochauas de la fiesta seria ahora topar con los amigos; tengo de yr a ver si estan en el templo de Lamia, que es lugar de homiziados.
Log.—Este es Asosio, si no me engaño.
Her.—No es otro.
Log.—Harto se detuuo.
Aso.—Yo soy menos supersticioso; mas qué embidia me ternan los vellacos quando sepan de mis tropheos?
Log.—No ves qué borracho viene del juego; que no nos vee estando cabe nos, y de vellacos nos haze fiesta?
Her.—Donoso está.
Aso.—Ya podria partir con ellos si se contentassen, pues voto a mí que ay carnero de cinco quartos en el rebaño.
Log.—Ah, ah, ah, noramala lo acertastes para vos.
Aso.—Más noramala le asecheys; con sus mercedes era la brega, y dexays me loquear?
Her.—Si tú vienes soñando en tus glorias, quién quieres te quite dellas?
Aso.—Or, andar, hermanos; el mundo es grande y vos no sabeys dél la mitad.
Log.—Basta que lo traygas por scripto, pues qué dizes? pario Doleria lo de que andaua preñada?
Aso.—Si pario preguntas? tres de un vientre.
Her.—Cómo assi?
Aso.—Es menester tomallo más de spacio y el prohemio sea besar las manos de sus mercedes de parte del cortesano de oy.
Log.—Dónde le dexas?
Aso.—En brazos de Doleria.
Her.—Al diaño, ay pararon los passos y contemplaciones?
Aso.—Cómo eres necio! Los vestidos quedan con ella en prendas del almuerzo, que el cortesano aqui está. De manera que me seruistes oy de media farsa, hablandoos y no me conosciendo.
Log.—Qué dizes? burlas?
Aso.—No me podia tener de risa, de veros tan innocentes y a Heraclio tan entonado por sustentar la honrra de la patria, que ayna me hablara latin y griego si yo diera lugar a ello, y contara algo de Sparta y Thebas, que su merced es todo heroico.
Her.—Pudiera ser, pero tú eres vn burlon y mientes.
Log.—Por vida de Logistico, que lo creo; este es vn caso estraño, tanto sabe esse diablo?
Aso.—Hará verguença a la infanta Melia; es vna alchimia lo que he hallado; no lo podia creer hasta que hize cien experiencias.
Log.—Valga la el diablo, metiote en agua fuerte o qué hizo?
Aso.—Más trabajas tú en lauarte las manos. Vamonos a mi posada y sabreys de spacio como Proteo se transformó y con qué peces lo vuo, y tambien veremos si hay en qué morder, porque el camino ha sido largo.
Her.—Desse modo no vienes medio.
Log.—No es tan necio.
Aso.—Assi lo jura tú.
SCENA 5. DEL QUARTO ACTO
Astasia sperando sus nueuos seruidores, llega Heraclio y sin ser visto vee lo que entre ellos passa.
Astasia, Idona, Apio, Metio, Heraclio.
[Ast.].—Mal viene nuestra gente, Idona.
Ido.—No tardan aun.
Ast.—Qué ora es?
Ido.—Las tres.
Ast.—No más? luego temprano es.
Ido.—Estás en aquel propósito, señora?
Ast.—No aurá tormenta que me quite dél; cansada estoy de tan pesada carga.
Ido.—No miras, señora, que es ofender a Dios?
Ast.—Mas lo offendo en las tentaciones de cada dia; buscaremos tierra conforme a mi disseño, sacando de casa lo que bastare para passar la vida.
Ido.—Sin despedirte de Heraclio?
Ast.—Ah, ah, ah, qué lindo!
Ido.—De qué te ryes, señora?
Ast.—De tu inocencia.
Ido.—Y la amistad reconciliada? faltarás de tu palabra?
Ast.—Fue por complir, porque no enloqueciese o hiziesse desatino alguno.
Ido.—Mayor lo hará despues.
Ast.—Qué se me da a mí? cumpla yo my voluntad, venga despues lo que viniere.
Ido.—Haré la buelta por acá por ver si veo mi desseo; allá está, paresce lo adeuinaua el coraçon. Creo me spera, porque la paz quedó más firme que vna peña y el amor con la yra reintegrado como el Comico lo dize.
Ast.—Acá vienen, no se les ha oluidado.
Ido.—Oluidado? no duermen con otros ojos que con los nuestros.
Her.—Engañado andays conmigo, mi buen amigo; éstos son Tito y Vespasiano, destruycion de Ierusalem; d'acuerdo estauan. Aora daré fin a este cuydado o principio más verdadero, como el gallo lo cantare. Qué dicha fue la mia, caerme en suerte este lugar, do no podré ser visto, para desengañarme de la postrera contricion!
Apio.—Ya tardauamos, señora, no haziamos.
Ast.—No tardan los que llegan.
Ido.—Yo bien os desculpaua, si me lo agradesceys.
Ido.—Quién podra agradescer tal sancto?
Her.—Gentil respuesta.
Apio.—No bastan nuestras fuerças para pagar lo que deuemos.
Ast.—Todo está pagado con vuestras gracias y buenos coraçones.
Her.—No les engañays, por cierto, ni son las complexiones differentes.
Apio.—Pues, señora ama, qué nos mandas que hagamos por tu servicio?
Ast.—Lo que desseo tanto tiempo ha y sé hareys de buena gana. Ya os dixe que vence la pena al sufrimiento; llegó la ora en que estoy deliberada, si estays en la promesa y os atreueys, esta noche se porna por obra.
Her.—Qué más ay que oyr? todo queda dicho. O mundo!
Ast.—Sacaremos prouision que baste para biuir contentos, tú conmigo, Apio, Metio con Idona; por eso, resolueos.
Apio.—Señora, sí; pues Metio?
Met.—Pues Apio?
Apio.—Qué te paresce?
Met.—Qué te paresce?
Apio.—Qué dizes?
Met.—Qué dizes tú?
Her.—Que os ahorquen a todos assi como estays.
Apio.—No sé si se sabria.
Met.—Sabria.
Apio.—Pues?
Met.—Auria peligro.
Ast.—No ay de qué recelaros; yo lo remediaré.
Apio.—Yo bien holgaria.
Met.—Yo tambien, mas...
Apio.—Es verdad.
Her.—O cielos que lo veys, o tierra que tragaste a Dathan y Abiron!
Ast.—No temays, amores.
Apio.—Sí, pero señora...
Ido.—De qué aueys miedo? qué verguença!
Met.—Sí, señora, mas...
Her.—El mas es el paradero.
Apio.—Qué te paresce, hermano?
Met.—Qué te paresce a ti?
Apio.—Buen corage. Hagamos plazer a las señoras, y más ternemos muy buena vida. No es assi, señora?
Ast.—Buena y rebuena.
Ido.—No podra faltarnos passatiempo.
Apio.—Pues, señora, saca buena summa.
Ast.—Yo me tengo el cargo. Ora mañana a la noche os speramos entre las dos y la vna; proueyos de posada para algun dia hasta buscar otra tierra.
Met.—Yo sé vna poco más o menos.
Her.—Y yo vn fuego en que me queme y vna mar en que me heche. O justicia del cielo!
Ido.—Mirad que no falteys.
Apio.—No haremos.
Ast.—Traed armas para si fuere menester.
Met.—Guay de vos.
Apio.—Noramala essa sería, sí, señora, aunque venga Golias el gigante.
Her.—Los huessos de vn camello como tú bastarian para mataros; buen recaudo lleuan.
Ast.—A Dios, hermano, pues hasta la buelta.
Met.—Aya flasquillo.
Apio.—Bien dizes, y algo sobre qué para esforçar.
Her.—Essa es la guya y el piloto.
Ast.—De todo aurá, porque no desmayeys.
Apio.—Me recomendo. Guay de nos, y todauia quieren éstas esto? no sea el diablo para nos.
Met.—No seria mucho, pero dizen que no temamos.
Apio.—Basta; auran proueydo los caminos, que son sesudas.
Met.—Y auisadas.
Her.—Si la presa fuera otra, no dexará de hazeros compañia para seruiros. Pero no vale sino oluidalla, y con ella al mundo, boluiendo la cara y el pensamiento al soberano bien, que hará justicia deste mal y de otros. Mas sepalo primero el leal amigo, porque no se quexe. Quién me lo hallasse en este punto!
SCENA 6. DEL QUARTO ACTO
Logistico topa con Heraclio, que desesperado se parte dél, sin querer tomar otro consejo.
Logistico, Heraclio.
[Log.].—En qué clima estarán nuestros amores? porque en éste, de verano se haze inuierno, y de dia noche en vn momento. Quán misera es la suerte de los nauegantes desta mar, a do por vn ora de bonança ay ciento de tormenta, sin que valga el menor mal todos sus bienes. Los temores, las sospechas, los cuydados, las tristezas, desconfianças y engaños, con qué se pagan? con vna risa, vn mirar de traues o vna palabrilla, si se les antoja. Sol de inuierno finalmente, y nublado todo lo demas; lluuia, granizo con que se ahoga el triste sin tener lugar de respirar, y maldita la verguença que hay en ellas ni differencia; tanto me da Penelopes como diablos. Allá assoma, si os plaze, nuestro mareante; no trae muy buen gesto; consigo habla; oygamos si llora o canta.
Her.—La seueridad será el testigo de mi consciencia. Solo y apartado de pensamientos irracionales.
Log.—No os desuiays de la strada.
Her.—Que en tan pequeño término de tiempo aya tantos en la miseria humana!
Log.—Nueua cancion es ésta.
Her.—Quán confiado quedé yo y cómo creo lo que paresce justo, y mostróme la fortuna que en vn momento solo está la felicidad o su contrario. O mentirosos bienes, quebrantada fe, o falsa hembra; mas bien pagada está, consumidos que sean los vapores del appetito.
Log.—Essa es la vengança y tu remedio si te contentas.
Her.—O, hermano, aquí estauas tan callado?
Log.—Por oyr si la razon a solas te acompaña.
Her.—No falta conoscimiento si ouiesse obediencia, pero la fuerça de la carne es muy antigua.
Log.—Mas antiguo es el spirito.
Her.—Yo hize mi poder, y rendido aora a mi flaquesa, busco el vltimo remedio, renunciando la mentira por la verdad.
Log.—Esse seria el mejor fruto que esta planta nunca dio, aunque sea accidental.
Her.—Siempre lo bueno tiene vigor.
Log.—Pues qué ay? no sabremos desta tragedia?
Her.—Bien viste el desafio y la paz.
Log.—Señor, sí.
Her.—Oy se tornó todo vinagre. Ido al solito a passear, vi el más extraño flete que nunca hizo patron de nao.
Log.—De qué manera? abreuia, por tu vida.
Her.—De las Driadas con los Faunos, mañana a la noche para otros bosques y otras fuentes con lo portable y lo potable.
Log.—Qé me dizes?
Her.—Passada media noche lo puedes ver si quieres.
Log.—Búrlaste?
Her.—Es realmente como te digo, en lo que verás los disbarates desta vida y quál sea mi paciencia.
Log.—No estoy en my de tal pensar, ni menos procedia tan adelante, aunque tenga visto algo y sepa lo poco que de mugeres fiar se deue; acuerdese con que afficion le declaraua la verdad.
Her.—Yo dare de mi descargo con que quedemos pagados todos, que bien veo el daño que me hizo no obedescer a tus consejos.
Log.—Pues qué? en vez de mostrarte alegre del desengaño y procurar vengança? Vamonos a Asosio y todos a Doleria, para tender alguna red.
Her.—Esso no; yo no quiero ser juez y parte; cada vno será remunerado de sus obras, y vale más assi y es más loor poner los ojos a do la virtud visiua se fortifique y el alma se desempeñe.
Log.—Bien me está esso, no siendo loca la occasion, ni por honrra de los dos lo quiero consentir.
Her.—Está scripto stilo ferreo et vnge adamantino.
Log.—Su peccado della para tu bien, pero tu mal para más mal, no me contenta, y si no ay más amistad, voyme y no te hablo más.
Her.—Antes yo lo haré por no darte enojo. Pidote que no se sepa la causa desta absencia, que el tiempo hará su officio, ni oluides a tu Heraclio, que hasta la muerte lo será.
Log.—Y todauia va de verdad? o hombre perdido, que de mugeres haze cuenta y les paga tan al reues, viniendole aora tan a proposito vengar a sí y a otros. Deliberado va, no parará hasta hermitaño; tiempo es de aueriguar el amistad y remitir las palabras a las obras. Voyme a Asosio, y los dos con su amiga buscaremos inuencion alguna de remediar estas locuras.
SCENA 7. DEL QUARTO ACTO
Heraclio trueca los vestidos con su criado Honorio y despedido d'el se encuentra con Asosio, que despues de dissimular con él se los pone de hurto.
Heraclio, Honorio, Asosio.
[Her.].—Honorio!
Hon.—Señor.
Her.—Bien sabes el amor que te tengo.
Hon.—Ya sé, señor, que siempre tu merced me daua de sus jubones y calças viejas con que yo me paraua muy galan y me tenian en la ciudad por gentilhombre.
Her.—Esso es lo menos, hermano mío; no digo sino quererte bien, dessear verte en estado.
Hon.—Pues, señor, y no andaua yo en estado, pecador de mí?
Her.—No me entiendes; quiero dezir rico y honrrado.
Hon.—Ya, ya, señor; tambien yo siempre lo deseé, por sauer que tu merced lo desseaua.
Her.—Pero dexemos aora esso.
Hon.—Dexemos, señor.
Her.—Ya sabes...
Hon.—Ya sé, señor.
Her.—Dexame hablar.
Hon.—Habla, señor.
Her.—Quánto tiempo serni a estas señoras y cómo me lo an pagado.
Hon.—Ya lo sé, señor, que nunca te dieron nada.
Her.—Ni yo lo pretendi, que amor con amor se paga.
Hon.—Amor, señor? es muy vieja essa moneda, cómo la podia conoscer gente tan moça?
Her.—Harto bien dizes.
Hon.—Mas con todo, bueno fuera dar de la nueua y no mentir; que prometia aquella morcielaga, acá vernemos, allá yremos, señor Heraclio, esto haré, estotro lo dare, y maldita la cosa que cumplio la mentona.
Her.—Es oluidadiza y tenia otro en que entender.
Hon.—Y el papel de tus cartas no lo pagará, señor? que nunca te dio siquiera vn medio pliego.
Her.—Empleaualo mejor.
Hon.—En quién, señor? en aquellos Apios y Menchiones? o qué buenas espaldas!
Her.—Para lleuar los cargos, assi es bueno, y buena prol les hago[734] a todos.
Hon.—Diria yo una soga.
Her.—Arrepentido aora, aunque tarde, del engaño y mal gastado tiempo, estoy deliberado dexar el mundo como él hizo a mí y hazer penitencia de mis peccados.
Hon.—O cuytado, para qué tierra, señor? no es mundo por allá tambien? pues quedaré yo solo?
Her.—No te congoxes, que esta es la verdadera vida y burla todo lo demás. Queria mandar hazer vn habito de hermitaño de sayal, y porque no sé cómo hazer sin que me entiendan, tengo pensado trocar contigo los vestidos y buscar sastre que no pueda conoscerme ni dar señas de mí; los mios te quedarán, y todo lo que en esa bolsa hallares. Perdoname que por ser tan lexos de mi tierra no puedo darte más, y no tomes pasion.
Hon.—O señor, y assi me dexas? malditas sean las vellacas. O mundo perro, o traydoras, o señor, y cómo podra biuir sin ti Honorio?
Her.—Dexate desso y dame tus vestidos.
Hon.—Aqui estan, señor; tengo con todo yo de ser tú y tú yo?
Her.—Quiso assi la suerte.
Hon.—Qué muger es essa suerte? dónde mora, señor? los ojos le sacaria.
Her.—No los tiene.
Hon.—Las narizes. Ay, Honorio, dónde te lleuan; tratale bien, señor.
Her.—Tú a Heraclio como quissieres.
Hon.—Voto a tal, que estoy hecho un alguazil. Ciñire la espada tambien, señor?
Her.—Por qué no? esso es lo principal.
Hon.—Ah, ah, ah, quál está mi amo! bueluase tu merced, oh, oh, oh, desotra parte; natural yo; camine tu merced.
Her.—Quieres más? ora passeate tú tambien y veremos.
Hon.—Yo, señor? hijo de hombre no me terna por otro.
Her.—Si no fuere en el cuerpo, que todo lo demás es mio. Ora, hermano, quiero abraçarte antes de partirme. Dios te haga conforme a los vestidos.
Hon.—Cuytado, a dó me lleuan? Peccador de ti, señor, dónde te quedas?
Her.—No más, hermano, no te fatigues y a Dios quedes.
Hon.—Señor, señor.
Her.—Qué dizes? no miras que no me has de llamar señor aora. Si te oye alguno, qué pensará?
Hon.—Perdone tu merced, que se me oluidaua. Honorio, Honorio, si me demanda nadie por tí.
Her.—Lo mejor es que no te vea nadie, porque luego serias conoscido.
Hon.—Pues desse modo tambien yo quedo fuera del mundo.
Her.—No, que te yrás para tu tierra, y allá es otra cosa.
Hon.—Pues sea assi. Mas primero yo dare vna vista por aca, y haré del gentilhombre, pues la bolsa queda.
Her.—Qué dizes?
Hon.—Que me ternan todos allá por gentilhombre.
Her.—Tanto mejor, que se andarán tras ti las moças.
Hon.—Esso está en la mano, cómo me huelgo.
Her.—A Dios, hermano.
Hon.—O, o, o, mi señor y mi amo tan querido; ya se es ydo. Dios le perdone, qué buen hombre era mi amo. Ora yo estoy brauo; vestido como vn palmito, ceñida vna espada que vale más que yo, y con vna bolsa llena de ducados; no falta más que vna buena moça. Dare la buelta por la otra calle, para ver si hallo en qué emplear, y auiendo un rato braueado, porne los pies en villa diego, y podria ser llegase a la corte a hazer vn ademan.
Aso.—Qué diablos veo yo? o estoy borracho? a Honorio con los vestidos de su amo. Matenme si no se los lleua hurtados y va huyendo; quiero fingir lo tengo por él y solazarme vn poco. No veys la postura del ladron asno? A, señor Heraclio, mi señor.
Hon.—Guay de mí, este es Asosio; perdido va lo que mi amo me encomendó si me conosce. Señor?
Aso.—Qué mortal se ha parado! qué priessa es essa, a donde bueno?
Hon.—Bueno va, no me conosce aun, haré del graue. Por aqui voy passeando.
Aso.—Buscar alguna moça?
Hon.—No quiero moças yo, pues las viejas me engañaron.
Aso.—Aun atinays, muy feo vienes, dónde has estado? no te conosciera si no fuera por el vestido.
Hon.—Doliame la cabeça y çahumaronme.
Aso.—Que diablo de çahumerio! Tomaste todo el ayre de tu moço Honorio.
Hon.—Pegase el ayre de la conuersacion.
Aso.—Y de mí se os pegue este coscorron, traydor villano, que mataste a vuestro señor y lleuays hurtado sus vestidos; a la ora hago que os ahorquen.
Hon.—Misericordia, señor Asosio; yo contaré la verdad a tu merced, porque no es assi.
Aso.—Entendamos, pues.
Hon.—As de saber que es ydo mi amo fuera del mundo.
Aso.—Y aun por esso lo digo yo d'vn traydor.
Hon.—Oyga tu merced.
Aso.—Y los vestidos!
Hon.—Tomó los mios por no ser conoscido allá, hasta hazer vn hábito de frayle, que assi dize que se vsa.
Aso.—Ah, ah, ah, mira la necedad en que dio nuestro philosopho. Villano, no mintays.
Hon.—Ve aqui la bolsa con los dineros por testigos.
Aso.—Aun me suenas a ladron.
Hon.—O peccador, no sabe tu merced quién es Honorio?
Aso.—Dixote algo?
Hon.—Toma si dixo, y lloramos juntos; yua muy lastimado de las borrachas.
Aso.—Esse es el punto; hombre perdido, quién me lo hallasse! Ora, amigo, yo lo entiendo ya: venios conmigo a mi posada y direys el resto de spacio allá; y consultaron los medicos sobre alguna medicina para esta enfermedad?
Hon.—Por tu vida, señor.
Aso.—Doleria aurá de ser la boticaria.
NOTAS:
[734] Parece que debe de ser haga.
SCENA 8. DEL QUARTO ACTO
Logistico halla a Asosio con Doleria y deliberan entre sí lo que harán sobre la cura del amigo Heraclio.
Logistico, Asosio, Doleria.
[Log.].—Qué se hizo d'este? que no ha quedado juego de pelota ni de pelar, rio o fuente, ramo de Laurel o sombra de yedra do no le buscasse. Argel es como cauallo que falta en lo mejor. Yo veo todo desaliñado si por acá no lo remediamos.
Aso.—Es a punto como te digo, Doleria hermana, y si tus artes obran lo que saben, podria siguirsenos de aqui fama inmortal.
Dol.—Yo porne todo mi caudal por te seruir y ayudar a esse enfermo, pero bien sabes que...
Aso.—Ya te entiendo; fiate de mí como si fuesse el mesmo Rey Saul, vencedor y no vencido, y repartidor de los despojos.
Log.—Quién habla aqui? o qué lindo, de vn tiro he matado dos, de rienda la trae el cauallero, alquilada deue venir.
Dol.—Assi lo creo que no me engañes, ni menos esse gentilhombre de que oygo dezir mil bienes.
Log.—A nos me huele esta comida, no es tiempo de aguardar más. Para bien le hallemos, mi señor, que no quedó escuela de esgrima, latin y griego donde no embiasse mis escuchas; tengo de dar a Venus vna quexa destos amores, que nos han de lleuar un dia a su merced, como Iupiter el pescador a Europa la holgazana, y diran entonces que vas en los cuernos del toro.
Aso.—Por cortesía, señor mio, que aguarde tajo para mis besamanos y despues diga; y quanto a Iupiter el rufian y Venus la ramera, y a essa gente amores, sepa que estoy más percatado que Diana la caçadora para el bobo de Acteon y la fuente para Narciso y otros majaderos como nuestro primo Heraclio por Dianira, que nos mete en trabajo aora de buscar Astolpho de Inglatierra con su hypogrifo, que le vaya por el meollo al cielo como hizo al de Orlando.
Log.—Ya me paresce luego sabes la glosa de mi cancion. No viste qué trastornar de medidas hizo este necio? y qué preciosa es la mercaderia? no podra dezir que no se lo prophetizé.
Aso.—Domine, ello es hecho ya y bien sabe tu latinidad que es doctor de lo por hazer lo hecho. Aora es menester prouar las fuerças y dar señal de que no somos endemoniados.
Log.—A punto, porque amistad perfecta no cabe sino en animos altiuos. Pero cómo?
Aso.—Quiça no sabes tú del negocio tanto como yo.
Log.—Creo lo; di, por tu fe.
Aso.—Es vna salsa para comereste los dedos de sabrosa. Auiendo oy topado con Honorio nuestro amigo, hecho su amo, y dando tras él (despacio lo reyremos y de la treta que me declaró temblando)...
Log.—No passes adelante; en tu posada me lo contó aora.
Aso.—Assi, pues, basta. Pero qué supito accidente le mouio? que el moço no lo sabe.
Log.—Yo te lo dire: vn concierto para esta noche de las lobas y los perros, con los más gordos carneros del rebaño a las montañas, sin otro testamento.
Aso.—Si me lo asseguras, toma mi capa y todo el resto hasta la camisa.
Log.—Cómo assi? qué determinas?
Aso.—Respondele tú, Doleria.
Dol.—Qué quieres que responda? ordildo vos, que yo lo texere.
Log.—Tú, señora, has de hazer lo vno y lo otro, y con ello de nuestros bienes tuyos y de nos esclauos, no embargante de ser heroica la obra, y porque ternás vna corona.
Dol.—Será verguença mia no ser primero vuestro parescer.
Aso.—Por vida deste cuerpo y destotro y del cuerpo del ciuil derecho, que el tuyo sea el primero y el postrero, y que nos has de seruir aora de Iuno, Venus y Palas, hiriendo a diestro y a siniestro con oro y plomo y todo otro metal.
Dol.—Tú sabes quán falta estoy de todos ellos; mandad hazer vosotros las saetas, que yo porne de casa el arco.
Log.—Esse es el blanco, donde tirays negro.
Aso.—Bien te entiendo. Quieres a Logistico por fiador, no es assi?
Log.—Si no está en más, señora, palabra y prenda te daremos.
Dol.—No creas nada a este trugeman, señor Logistico, que es demasiadamente malicioso; mas pues quereys por mí guiaros, la historia ha llegado a los terminos que pudieramos pedir y tengo ya imaginado cómo pongamos cada cosa en su lugar y le demos mejor fin de lo que tuuo comienço, sin pretender otras ganancias que ser el titulo de mi nombre. Quanto a lo primero. Asosio y yo, hechos peregrinos, nos haremos con Heraclio encontradizos, y yo me prouere de salsa que le haga otro apetito; dél mesmo entenderas el resto, señor Logistico, y vete a casa, que allá te yrá buscar, y en ello sabras quién soy.
Aso.—A Aeneas no siguiera de mejor gana a los Campos Heliseos.
Log.—In manus tuas, señora.
Dol.—No son muy delicadas; mas saben adereçar muchos guisados.
Aso.—Que tales los a prouado Asosio.
Dol.—No perdamos tiempo.
Aso.—Correre si mandas.
SCENA 9. DEL QUARTO ACTO
Andronio, cortesano requebrado de Melania, se lamenta della y ella dél estando ambos engañados.
Andronio, Melania, Mania.
[And.].—O anima peccadora, quándo saldras del purgatorio? El rio Meandro no da más bueltas que yo por estas calles. Sospechaua que me queria esta traydora, y veo que todos son engaños.
Mel.—Allá paresce solo mi Andronio; por algo viene; ya no soy más mia; cumple obedescer. Quién viesse ya el dia de estar en libertad! Bien, amor mio, qué hazes por aqui? cómo no passas adelante?
And.—Esta es, ay!
Mel.—Por qué suspiras, mi señor? ay alguna nouedad?
And.—Viejo es tu descuydo de mi pena y el matarme cada ora.
Mel.—Dios nos guarde, cómo lo finge mi señor!
And.—Mas cómo lo burla mi señora. Di, leona hambrienta de mi sangre, quándo estaras harta d'él?
Mel.—Por tu vida, amores, que esso venia desseando.
And.—Assi lo creo yo.
Mel.—No me entiendes.
And.—Pues qué?
Mel.—Libertad para gozar de tu dulce compañia, la qual me es más que la propria ánima chara.
And.—No dexas de burlar.
Mel.—Más tú.
And.—En qué moneda me pagas lo que te quiero, o qué obras salen de tus palabras?
Mel.—Donoso estás. Qué más podia darte, o qué más me queda?
And.—Segun esso, no eres más que palabras o más ayna burlas, ni lo serás.
Mel.—Palabras llamas al cuerpo y ánima y a la fe que te di y me diste? y demás si estoy preñada?
And.—Aora pienso hazes de mí loco, o tú lo estás, pues hablas tan de seso y con tan poco, o lo perdiste todo.
Mel.—No será mucho que te lo aya dado con la prenda que te di para no quedarme nada y estar mi seso y mi locura de tu mano como está. Burlareste de mí y hazeresme morir con tus descuydos?
And.—Antes yo. Nunca tan de veras te vi matarme, o cruel!
Mel.—Ora no más, amores, basta lo soñado; recuerde tu merced y hablemos a proposito; yo temo con todo lo que digo y no sé cómo hagamos, si el plazo que tomaste no fuesse ya complido.
And.—De qué temes?
Mel.—Otra suya, de la preñez, que no me trataste de manera que quedasse sin sospecha dello.
And.—No sé por qué me hazes rebentar. Qué preñez? qué diablos del infierno? quándo lo soñaste?
Mel.—Dizes de verdad?
And.—Si no que biua de mentira.
Mel.—Basta, basta; confirmada es la malicia; o traydor maluado, qué determinas? no, no, no soy quien piensas; con mil vidas no pagarás mi honra.
And.—Qué loca está!
Mel.—Loca, mal hombre, y tú, herege, no me importunaste para casar conmigo? y por el grande amor que publicauas, y los ruegos de Doleria, en su casa me tomaste por tu sposa y ay fueron las bodas; con ella lo as de uer; veremos si te atreues a negarselo.
And.—No es tiempo de sperarte más, perdida y loca confirmada, o beuiste demasiado?
Mel.—Nunca beuiera de tan villano vino y desabrido, triste de mi; allá me voy con esto; disbarates.
And.—Della serás mejor desengañada. O esto sin duda es sueño, o ésta ha perdido el seso, y para que mi ventura haga su deuer assi conuiene. Bien le dara Doleria algo con que le saque el mal de la cabeça, que para todo es. Mas qué diablos sé yo si dormiendo hize lo que ella dize que despierto, o si mi spirito anda de noche por do de dia el pensamiento, que todo ay en amores y en diablos. Libreme Dios de tal encuentro, estoy borracho dél; bueno será tambien encaminar hazia Doleria para que juntamente nos desencante.
Man.—A, gentilhombre.
And.—Solia yo de serlo, quién será la dama? qué manda mi señora?
Man.—Que desempeñe su cadena y prenda con ella otras captiuas.
And.—Con otro piensa auello; captiuo queria yo ser de tales ojos, si los braços fuessen la cadena.
Man.—Qué bueno! Ora, señor, pag[u]e el escote, pues ha merendado, y no se persuada que sus criadas biuen del ayre como camaleones.
And.—No es gran marauilla, pues esse basta para sustentarme, y la gracia con que lo dize.
Man.—Yo digo, su merced haze; pero no curemos de requiebros sin proposito, passen las burlas adelante; porque, sin los seruidores, tengo hermanos y parientes, que desharán estos agrauios, y no me ensañe yo.
And.—Tambien yo ajudaré por la parte que me cabe. Mas su merced está engañada, que no soy quien piensa, ni es mi costumbre de mojar, sino seruir las tales.
Man.—Qué bien lo propone, si no me cortara ya la bolsa. No vengo ahumada, ni haze neblina, mi señor; mande deshazer el yerro y guarde la joya para otra nouia; aqui do está, todo va perdido, ya no ay que fiar.
And.—Y porfiays? esta es otro como la de ogaño; holgara de venir de otro temple, pero trayo dolor de baço.
Man.—No ay que pensar en ello más, ni murmurar entre dientes o desculpa que le salue de burlarse de quien le quiere bien.
And.—Por mi fe, señora, que está en error.
Man.—Assi me lo paresce, si su merced perdio el seso o ha beuido.
And.—Gran caso es este: o los diablos andan sueltos, o yo estoy dormiendo; tornese, señora, que yo le affirmo no ser quien busca.
Man.—Pues quién seria luego su merced?
And.—Andronio hasta la muerte, y aun despues.
Man.—Andronio o andrajo, yo le conosco rasonablemente, y aun me duelen los mordicones que me dio en este braço.
And.—Quándo?
Man.—Quando en los suyos me tenia, y me vendia por miel vinagre, haciendole tantos regalos en mi casa. Mal ayan tales obras. Por vida de Mania y de su madre, que no lo comays sin escaueche por más peynado que seays.
And.—Estoy fuera de mi, qué ha de ser esto? perdido soy, y de mas si Doleria se me buelue vna d'estas, y todos son dolores.
SCENA 10. DEL QUARTO ACTO
Heraclio en habitos de hermitaño reposandose en vn prado dan con el Asosio y Doleria hechos peregrinos, a saber Doleria es Dicheo, Asosio es Synesio.
Heraclio, Doleria Di[cheo], Asosio Syne[sio].
[Her.].—Soberanos cielos, virtudes superiores, regidas por aquel summo principio, ajudadme a celebrar mi nueua proffession y terminar la vanidad passada en el perfecto número; las potencias dementadas con su concordancia natural me fauorescan; las aues del ayre, los animales de la tierra, la mar con sus pescados, den señal de mi alegria. Porque aora que el viejo hombre es muerto y las speranças vanas se acabaron, descansará el triste coraçon, dando comienço a otros pensamientos, y los sentidos de su alto objecto ternan el verdadero refrigerio, con el blando ayre, dulce harmonia de las corrientes aguas y suauidad de tan diversas flores, hechado sobre estas yernas olorosas. Y vos, ojos, occasion de tantos daños, reposareys en este prado deleytoso.
Dich.—Hijo Synesio.
Syn.—Padre señor.
Dich.—Qué hermoso está el campo esta mañana y quán agradable es de oyr la melodia de los paxarillos; peccado es no gozar d'esto de contino.
Her.—Aun aqui el mundo no me dexa; qué gente será esta?
Syn.—Es vn consuelo para enamorados coraçones.
Her.—Pues y aqui llega este nombre?
Dich.—Cómo lo saues? prouaste ya essa passion?
Syn.—No, pero oy hablarte algunas vezes della.
Dich.—Es assí, y harto mal me hizo esse mal.
Her.—Compañia tengo.
Syn.—Mal llamas, padre, a lo que otros llaman bien? siendo amor vn medio sin el qual no obra la natura, y vna cierta colligantia desde el cielo hasta la tierra, a la qual el ciego sabio dio nombre de cadena de oro.
Her.—Mucho te deue luego el niño ciego por esse titulo que le das.
Dich.—Verdad es, hijo, que todo se rige por amor, pero va en los hombres por vias differentes la orden prevertida, improprio el nombre a los effectos. Con este peliscon recordará, aunque no duerma; oyes, Asosio?
Aso.—Al cabo estoy, Doleria; prosigue, pues, y philosophemos a su modo y al nuestro, sin que parescan nuestros nombres.
Dol.—Qué necio eres, los ojos y los oydos le tengo en la mano. Buelue a tus coles.
Aso.—No sé cómo es improprio, padre, pero quando la yra d'amor incitada sale de curso, adquiere el nombre de valentia, de templança el sufrimiento, y de todos sus contrarios las otras virtudes compañeras.
Her.—No estays bien en la cuenta, porque esta mia es o paresce mentirosa por la occasion.
Dich.—Pusilanimidad no es templança, ni Dios lo quiera; temeridad no es fortaleza, ni lo fue nunca; obediencia vil o subjetion no es justicia, ni lo será; acertar acaso no es prudencia.
Her.—No lo aueys mal estudiado.
Dich.—Si el amor es de virtud diuino o fundado en la razon, podran caber en él essas condiciones todas, y no hablo sin experiencia.
Syn.—Ha sido tu merced enamorado?
Dich.—Mas que vna vez, y muchas engañado.
Syn.—Cómo, padre, no hallaste fe?
Dich.—Fe en mujeres, monstro sería.
Her.—Este es mi hombre.
Dich.—No ay en ellas cosa buena, sino el callar si callan, aunque pocas veces acontesce, si no es por deffecto de natura o accidente de enfermedad. El amor dellas es apetito solamente, sus cortesias son engaños, es negar su prometer, y el negar darse del todo. Mira, por tu fe, qué sciencia ésta para entenderse, a do los que más saben menos aciertan y más los que menos saben.
Her.—Es oraculo este hombre.
Dich.—Quise tanto a vna, que passara el arco de los leales amadores, pensando ser no menos querido della; mas a la postre, porque no me reyesse de los otros, vue de descendir al infierno de Anastarax; que por vn antojo solo perdi en vn dia todos mis trabajos de muchos años.
Syn.—Seria alguna necia.
Dich.—Passaua de prudencia a Sapho al parescer, de constancia a Portia, de fuerças a Camila; ésta me llegó al punto de la muerte o de dexar el mundo y biuir entre las fieras, si la razon no lo estoruara. Al cabo de muchas experiencias y de tentar si mi estado misero, seruicios, obediencia y promptitud la podian ablandar, viendo quán poco aprouechaua todo, arrebatado de encendida ira, supitamente se conuirtio el amor en odio y en ardentissimo desseo de vengança. Por esta causa sola, dandome al estudio de la Magica, en breue tiempo sali maestro y restauré con ella, assi lo passado como por venir: dexando al mundo vn gran exemplo, con vna burla que le hize, poco menor que la de Vergilio. Estás en esta cuenta, hijo?
Her.—Como que estoy en ella, padre, y quasi arrepentido de mi locura; pero andar.
Dich.—Qué es esto, quien duerme aqui?
Syn.—Si a la fe, padre, no lo veya.
Dich.—Hermitaño es.
Her.—Visto me han; todauia haré que duermo.
Syn.—Quién puede ser en lugar tan solo?
Dich.—El libro me lo dira. O qué gentil donayre, de los nuestros es.
Syn.—Qué nuestros?
Dich.—Desesperados de amor; despertalle quiero para saber de su fortuna.
Her.—No duermo, padre onrrado, antes he oydo tus razones todas, que no han hecho en mí pequeño mouimiento.
Dich.—Tanto mejor, mas por tu fe que me cuentes, si te plaze, la causa deste apartamiento y soledad,
Her.—Para qué? a quien ya dijo lo principal.
Dich.—Leamos, pues, un poco más. Basta, hallada es la mula; madre y hija son entrambas, y esta noche se nos vone: palabras que yban diziendo monedas de oro sone, que se mataron por dos, que no valen medio none[735].
Her.—Qué es esto? yo sueño, este es un gran saber. Ora, padre mio, socorreme por tu fe, que de creer es puedes, pues tanto sabes.
Dich.—Soy contento, con que tú lo seas de lo que hiziere.
Her.—Más que contento.
Dich.—Pues a la mesma ora te buelue por do veniste, y vete a tu fiel amigo, que tanta ansia tiene por ti; Logistico se llama.
Her.—Y esto más? o gran misterio!
Dich.—Y dexados estos habitos yreys los dos a la ora limitada oxear aquellos cueruos para que nos quede la carne desembargada y te la entreguemos tomando sus figuras, y tú puedas guisalla a tu plazer.
Syn.—No será malo, esfuerce tú merced.
Her.—Dios te ha embiado por mi bien aqui. Voy sin tardar poner en obra lo que mandas, padre.
Dich.—No te descuydes, pues.
Her.—No ayas dello miedo.