NOTAS:
[735] Parece fragmento de algún romance antiguo.
Logistico halla a Heraclio ya con sus vestidos, y muy alegres ambos van acabar su auentura de Apio y Metio.
Logistico, Heraclio, Apio, Metio.
[Log.].—Quien viesse ya esta nao en el puerto! por diligencia de Pyloto y marineros no quedará, y spero nos fauorescan todos los spiritos enamorados. Qué se hizo deste hombre? a qué parte de la tierra será hechado? hazia nuestro Polo, que le es aficionado.
Her.—Dicha fue hallar a Honorio para tomar otro vestido. El amigo falta aora, estara quexoso, pero el supito accidente causó el desuario.
Log.—Si yo no duermo, allá veo a Heraclio; paresce obran ya las medicinas de Doleria. Gran cosa es; a, señor, señor, no se alexe tanto, si no lo dura aun la colera.
Her.—Este es, o quán a propósito. No, señor, que ay otros humores que la contrapesan, y es de nosotros sabios mudar consejo.
Log.—Por esso solamente no puse luto, y assi speraua a su merced como si lo viera. Pues en qué paró el viaje y el nauio?
Her.—Aun no puedo respirar. Mouidos a compasion los cielos, me embiaron a Mercurio en forma humana que me alumbrasse en tan escura noche.
Log.—Cómo assi?
Her.—Despedido ya del mundo y de todos sus engaños, en despoblado, hallé dos hombres, que a cabo de otros chistes que despues sabras, en cierto librillo que tenia el vno dellos, gran nigromante, leieron mis desgracias y me prometieron reduzillas a otros terminos: mandandome luego te buscasse, que es lo que más atonito me hizo, para que fuesemos entrambos hazer boluer los Satyros a los montes. Yo desesperado de poder hallarte, acercandose la ora, acometia solo el auentura.
Log.—Mucho me cuentas, y ay verás que no se oluida de ti la prouidencia. Quiero abraçarte como a hombre resuscitado, y hagote saber que lleuaua esse proposito tambien, pero mejor lo reyremos en compañia, y no podran tardar, porque es ya dada la vna.
Her.—Por lo más cierto, nos lleguemos a este canton.
Log.—Bien dizes.
Her.—Aqui son; oygamos lo que hablan.
Apio.—Metio?
Met.—Apio?
Apio.—Qué hazemos?
Met.—Vna gran locura: si nos toman con el hurto, adios amores.
Log.—Bien oyes.
Her.—Toma si oygo.
Log.—Mira qué lanças.
Her.—Nunca las tuue por mejores.
Apio.—Qué escurana haze, las carnes me tiemblan; no seria mucho auer por aqui capeadores.
Met.—Comigo no aurá lid, luego doy la mia.
Apio.—No vale más assi? otras nos tenemos, quién lo aurá de saber?
Log.—Bien se emplearon.
Her.—No merescen más.
Apio.—Todauia, ya que se lo prometimos, es menester complir con ellas.
Met.—Doylas al diablo, que mejor se estauan. Qué harémos dellas? dónde diablos las lleuaremos?
Apio.—No faltará; ellas traen prouision.
Her.—Bien remediadas van.
Log.—No es tiempo de más palacio. A, traydores, vellacos, dexad las capas y las vidas.
Met.—Apio.
Apio.—Metio. Guay de vos. O, señores, por amor de Dios, aqui quedan y las espadas.
Her.—Qué priesa lleuan!
Log.—Eran buenos para liebres. Vamonos aora y demos lugar a nuestros medicos para que ordenen sus receptas con las señoras boticarias.
Her.—Lleuaremos el despojo?
Log.—Sí, para seruir de testimonio.
Astasia y Idona se salen a la huerta a sperar sus seruidores, y vienen Dicheo y Synesio, con quien se van, pensando eran ellos.
Astasia, Idona, Synesio, Dicheo.
[Ast.].—Es ora de speralles allá en la huerta?
Ido.—Cerca de la vna.
Ast.—Oyste algun ruido?
Ido.—Sí, señora.
Ast.—Qué seria?
Ido.—Gente que passaua.
Ast.—Paresceme que entreconosci la voz de Apio.
Ido.—Podria ser que speren y ayan querido burlar de alguno, que son mancebos y hierueles la sangre.
Syn.—Hermana, esto es para nos carnestollendas.
Dich.—Queria ya la olla entre las manos.
Syn.—Al fuego está.
Dich.—Pues yo te vntaré las barbas.
Syn.—Bueno es que aya de todo, pero yo estimo más la burla que ser Emperador de Trapizonda. Sentiste bolar a nuestros paxaros?
Dich.—De la buena suerte bien guardadas yuan; harto nos quedan a deuer por les quitar tal embaraço, y hablemos paso, que ya las veo, y ellas a nos.
Ido.—Aqui viene, señora, nuestra guarda.
Ast.—No podia faltar.
Ido.—En punto vienen como si ouiessen de combatir.
Dich.—Pues qué piensas, mi señora? esto y más es menester a quien thesoro tan preciado se encomienda.
Syn.—Tambien quiero mi parte; ha mucho que sperays?
Ast.—Media ora, y con recelo de aueros algo acaescido, porque oymos cierto rumor.
Syn.—Es posible, y aca llegó?
Ido.—Qué cosa fue?
Dich.—No nada.
Ast.—Mas por mi vida.
Syn.—Dos vellacos que querian conoscernos, y vuo de costalles capas y espadas; pero de piedad se las boluimos.
Dich.—Doyte al diablo que assi lo vendes.
Syn.—Señoras, no es tiempo de detenernos más, traen todo su recaudo?
Ast.—Todo.
Dich.—Pues vamos.
Syn.—Dad acá.
Dich.—Que priesa tiene este gloton; no aun, hermano, que no es cordura si acontesce algo yr cargados; allá fuera de bancos se lo tomaremos.
Ido.—Mejor será.
Ast.—Caminemos pues.
Syn.—La que más quiere cada vno; yo con esta moça lo auré.
Dich.—Yo con esta señora de mis entrañas.
Ast.—Ya soy vieja para regalos.
Dich.—No es de vieja esta hazaña; mas eres vieja en darme la vida y en el matarme.
Ast.—No veys? bueno viene el señor Apio esta mañana.
Ido.—Estan más promptos los spiritos a esta ora.
Syn.—Los tuyos a lo menos, mi señora, con el vnico resplandor dessos ojos matadores, que hazen clara la noche, escuro el dia.
Ido.—Qué tocar de teclas, madre mia!
Dich.—Callando por aquí.
Syn.—Cómo callará el que arde?
Ido.—No parescia tal el señor Metio.
Dich.—Las tinieblas descubren muchas tachas que alguna vez la luz esconde.
Ast.—Quién lo diria?
Syn.—Quien lo vee y palpa.
Dich.—Ya estamos buen trecho de la ciudad; bueno sera que nos entremos en el bosque y os dexemos allá cabe la fuente, donde de ventura aporta nadie, mientras ymos proueernos de posada.
Syn.—Señor, sí.
Ido.—Y quedaremos solas?
Dich.—Conuiene assi y de parescer los dos allá; escondamos aqui detras estos dineros, para quitar las occasiones, y si viniesse alguno, que no fuesse tentado de cobdicia.
Ast.—Pecadora de mí, y es lexos?
Dich.—No, ánima mia, sino muy cerca.
Ast.—No haze pues al caso, norabuena vays.
Syn.—A Dios, vida, mas no a los aquillos[736]; passito no seas sentida.
Dich.—No sabes que soy Angelica?
Syn.—Diabolica te llamaria yo.
Dich.—Algo te va en que lo sea.
Syn.—Me recomendo, ya estamos en otra tierra, ay os guardareys, mi bien, aora en los campos verdes sola.
Dich.—Aun bolueremos a visitallas, y verás que no pudiera Arachne la sotil, ni Palas la embidiosa, ordir o texer tela más fina.
Syn.—Si traes contigo a Proserpina y todas sus donzellas, qué menos puede ser.
Dich.—Entremos por acá y haremos otra colacion.
Syn.—Desta vez quedo maestro.
NOTAS:
[736] Sic, en las dos ediciones, por saquillos.
Morio sale en busca de su muger y halla Melania que venia de buscar a su marido, y conciertanse los dos, casandose ambos por despecho.
Morio, Melania.
[Mor.].—Qué es d'ella, muger, muger, amores, vida, riñones, coraçon, qué viento os ha lleuado? O mal viage haga la nao: Idona, hija, palomina, golondrina, ansaron, ternera, que es de ti? Si son ydas al villar a pie por penitencia? que mi muger queria hazer quaresma, mas los lobos en el camino las tragarian, que era de noche y no las conoscian, o, o, o, ya lloro.
Desdichadas, cómo les dolian los dentazos de aquellas malas bestias, Dios les perdone; pero quién sabe si saldrian por no ser de buena digestion, a lo menos mi muger, que era un poco añeja, y mi hija por causa de las llaues y alfileres (que lobatos no comen hierro como auestruezes). Boto a mí que he apuntado como un Doctor; qué será d'ellas, pues? apostaré que almuerzan del pernil que se quedó alla anteayer: dexad para mí algo, amores, que tengo sed, y comeré para beuer, no beueré para comer como dizia el otro asno. O amiga tan querida, cómo me dexaste assi huerfano? Boto a tal que yo lo soñaua ha media ora. Quiero ver si me recuerdo. Qué soñauas, Morio? ya, ya, que se yuan con dos galanes las galanas y me casaua yo con Melania. Iuro a mí que es buena moça y no le falta nada, aunque sea algo morena; ella sabe amassar, fregar, lauar, labrar, coser, baylar, cantar, hablar, andar, trotar, comer, dormir, besar, soñar y es muy buena cozinera. Qué bueno estaba el puerco de ha seys años, qué linda la tortada de ayer, qué sabrosas las coles y el tocino del entruejo; pues vna ensaladica de nabos y lechugas y dos dozenas de ajos y cebollas, mal año para el Xarife. Mas guay de Astasia, que ya se me oluidaua la pecadora: oh, oh, oh, qué buena muger era; si ella no buelue, tengo de quexarme al alguazil. Por todo la he buscado y no la hallo; en la cozina, en la cámara, en el patio, en la sala y en la saleta, en la otra camara y en la otra, y en la camarilla, por los graneros, porque solia la pecadora hazer subir allá los gatos a visitar a los ratones; en la cantina, que pense quiça auria sed, y se le oluidó de cerrar la boca al torno y se ahogaria la mesquina. Por esso es bueno beuer por cangirones.
Mel.—Algun diablo de los suyos la ha lleuado. No estar de dia en casa con sus ocupaciones no era milagro, mas aora no puede menos ser que ellos andan de noche segun dizen.
Mor.—Gana me toma de almorzar, aunque es temprano, hablando en ello, mas estoy tan alterado con esta yda de mi muger, que beueria por otros quatro.
Mel.—Quién habla aqui? y de mas si es aquel traydor de Andronio, que no le dio reposo la consciencia, despues de auerse burlado assi comigo, y torna a emendallo.
Mor.—Esta deue ser, boto a tal; en el tocado la conosco, porque veo de noche mejor que un gato. Cómo me huelgo! a, muger, adonde diaño fuyste, amores?
Mel.—O desdichada, Morio es este; perdida soy, que me han sentido; qué dire? Ya, ya, que estaua mi prima en passamiento y me embiaron a llamar: Melania diras, amo. Pues amo, qué te hazes por aqui a esta ora?
Mor.—A do las dexas? ellas pense que eran.
Mel.—Quién?
Mor.—Tus amas la grande y la pequeña.
Mel.—Cómo assi?
Mor.—No las hallo, ni sé quál diablo las lleuó.
Mel.—Búrlaste?
Mor.—Para burlar es el negocio: estoy ya medio casado.
Mel.—No lo digo yo?
Mor.—Oh, oh, oh! Menester es llorar.
Mel.—De veras va, a la fe; entrarme quiero a saber deste mysterio.
Mor.—Llegó muy aproposito Melania, porque casados que seamos nos podremos yr acostar y dormir hasta la mañana, y si buelue Astasia, que se tome otro marido, pues se ha ydo sin despedirse.
Mel.—Más mal ay de lo que yo pensaua, qué sera esto! matenme si no son ydas con Apio y Metio, que yo lo olia ya. Qué dirán las gentes? no ternee cara con que parescer. Peccador de Morio, no soy yo sola el agrauiada.
Mor.—Pues qué te paresce?
Mel.—Assi no fuera.
Mor.—O, o, o, qué será dellas? si entraron los ladrones y las hurtaron?
Mel.—No hurtan ladrones hurtos que coman.
Mor.—Si son ydas al villar?
Mel.—A estas oras? donoso estás.
Mor.—Si se ahogaron las desdichadas?
Mel.—En qué mar?
Mor.—En el pozo, que aun no he ydo á ver.
Mel.—Ni vayas.
Mor.—Si son ydas a conffesarse con los frayles, para ajunar oy, que es dia de pescado?
Mel.—Podria ser, mas es temprano. O si estan en la huerta plantando ajos??
Mor.—Allá he estado. Si son ydas a Santiago que eran deuotas dél?
Mel.—Esso deue ser.
Mor.—Dessa manera no bueluen más, que es lexos. Oh, oh, oh, Astasia, mi salsa, mi culantro y mi yerua buena, adonde te fuyste?
Mel.—Consuelate, Morio, por tu vida, que muchos desgraciados ay por el mundo, y yo soy vna dellos.
Mor.—Eres, amiga, cuytadilla? pues yo no veo mejor remedio que casarse el desgraciado con la desgraciada, y no curar de los graciosos.
Mel.—Assi andaria todo derecho.
Mor.—D'aca la mano, amores.
Mel.—No, no, Morio, no tan ayna.
Mor.—Ayna dizes? y ha dos horas que se partieron.
Mel.—Y si boluiesen?
Mor.—Que se busquen otros.
Mel.—Si ya no los tienen.
Mor.—Tanto que mejor; dormiremos más a plazer lo que se queda por dormir. Eya, mis entrañas, que ya te quiero bien.
Mel.—En buena fe que me viene Dios a ver y dexar los diablos para quien son. Búrlaste, Morio?
Mor.—Entremonos, vida, y verás si burlo; qué le falta? pesa más sola que quatro Astasias.
Andronio busca Melania, y halla Aplotis que llora por su tia y prima, y que va buscar Logistico su seruidor, y despues de trauar amores se conciertan.
Andronio, Aplotis.
[And.].—Doleria afirma que está loca, y no puede ser menos, segun sus disbarates: yo no sabía qué dezirme, y ayna me tornara como ella. Esto me faltaua para prouar de todo: adonde yre que no me acompañe la desgracia? Quiso mi ventura sacarme de la mar, para hecharme en este fuego, si me auia resfriado. Desterrado de mi tierra por amores, y aqui medio perdido por la perdida, y loco por la loca, con dolores. Qué remedio, que está ya crescida la rayz: yo no lo siento, si Doleria no lo halla[737] como promete. Lo que más me lastima y haze que la ame, hasta tambien enloquecerme, es que por mí se enloquecio, tanto me queria la pecadora. Bien se paresce en sus palabras; porque aquel hablar de casamiento, de preñez, de soñar y de velar, y otros requiebros, no es otra cosa que publicar aora la causa de su locura, y hechar fuera de rondon lo que tenia guardado y escondido el pensamiento como agua represada. Pero la otra labrandera que despues me salio al camino con otra tal, me hace estar en duda y confuso de qué parte esté la locura; porque tengo dos testigos contra mí; y yo soy solo, si no hay otro que me paresca y aya hurtado o comido lo que éstas quieren que pague. O en sueños me lleuó el enemigo como estriega, aunque las estriegas sueñan lo que dicen, y yo seria assi Stryon Doctor haziendo lo que estas mis amigas sueñan. Pero Doleria dize que la labrandera es muy refalsada, y oyendo la question de Melania sin ser vista, quiso despues burlar de mí para hazerme perder de todo el seso. Yo quiero todauia yr por allá[738]. Si la veo y habla más a proposito es buen señal; si no, puedo proueerme de vn hospital para los dos.
Apl.—Mesquina, qué haré? a dó me yre con tamaño desaliño?
And.—Demas si es ésta? No lo paresce; Aplotis es, qué desaliño trae.
Apl.—Mi tia Astasia y mi prima Idona se son ydas.
And.—Ydas? qué quiere dezir ésta?
Apl.—Con aquellos recueros, dias ha que lo recelo.
And.—Estás aqui, Andronio? atiento.
Apl.—Mal año para ellas y para ellos.
And.—Y para Melania y para mí si les hizo compañia.
Apl.—Mirá por vida vuestra, qué gentileza y discrecion, que más parecen mulos, aunque recueros.
And.—No acabará ésta de dormir y de soñar yo? qué mulas o qué mulos quiere alquilar?
Apl.—Igual era la de Heraclio y su intencion que a ambas seruia y veneraua y defendiera el passo de Tintoil por amor dellas. Vendianle higos maduros, danle aora por ellos higas verdes, y por melones a la prueua calabaças.
And.—Luego todos somos sanos.
Apl.—Lo más salado de todo está el casamiento de la mula con el asno; el aurá de parir, que ellas no paren.
And.—Qué mula es esta, pese al diablo, o qué parir de asno?
Apl.—Melania con Morio? Ah, ah, ah, reyré aora, que ya he llorado un rato.
And.—No es este muy buen verso; menester es salir de duda. Qué lluuia o sol es éste, señora Aplotis? o qué desaliño por allá!
Apl.—Andronio es, su parte le cabrá.
And.—No me respondes?
Apl.—Dios te guarde, señor Andronio; estaua vn poco enuelesada, perdonáme.
And.—Qué ay por allá, señora Aplotis? dizenme que está mala Melania.
Apl.—Harto mala.
And.—No me engañó luego Doleria.
Apl.—Qué te dixo?
And.—Que estaua loca, porque yo se lo fuy a preguntar por ciertas locuras que le oy.
Apl.—Ah, ah, ah, despues lloraremos tú y yo, señor Andronio.
And.—No te entiendo.
Apl.—Si la mujer es hija del marido, como dizen, ella está loca siendo casada con el loco.
And.—Cómo casada? con qué loco?
Apl.—Yo te lo dire, para que de oy más busques mujer: son ydas mi tia y prima con Apio y Metio, y con los dineros de la casa, para no boluer. Morio y ella guardan el resto, y son casados, y aun más que quedan en la cama, por no poder arrepintirse.
And.—Es possible esso?
Apl.—Como ser de dia aora. Escoziole y está medio pasmado; maldita sea ella que tal trueque ha hecho. Estas y las otras hazen perder el crédito a las buenas. Daria esta sortija por hallar en casa a Logistico y darle parte desta caualgada, aunque le duela por el amigo; de vna vez o dos que le he hablado le quiero como a mí, y segun se me trasluze no me engaño.
And.—Ay, ay, ay, que muero; socorreme, Aplotis, mi señora.
Apl.—Pues, señor Andronio, qué cosa es esta? qué animo es este de gentilhombre?
And.—Ay, ay, ay, o falsada fe, falso amor, hembra falsissima!
Apl.—Triste de mí, si se me muere entre las manos. Marauillome de ti, señor Andronio, morir por quien no meresce tu çapato? Lastima tengo, hermoso y dispuesto mas que vn aleman. Maldita sea la vellaca.
And.—Qué dizes, señora Aplotis? o qué me aconsejas?
Apl.—Que la des al diablo y tomes otra que te meresca; que no aurá ninguna que no se tenga por dichosa; y más es poquedad no holgarte de ser quito della.
And.—Bien me aconsejas, pero recelo ya que otra qualquiera se me torne Melania.
Apl.—No hará, y assi no ouiera hecho voto yo de ser monja.
And.—Monja, señora?
Apl.—Sí.
And.—Pues y no lo mudarás? yo te auré licencia.
Apl.—No sé.
And.—Si harás, señora, por quien comiença ya a arder por ti.
Apl.—Tan ayna?
And.—Quiere mi suerte satisfacerme, vista mi fe y lealtad mal empleada; por esso acceptame por tuyo y toma estos ojos, este coraçon y a esta mano en prendas d'ello.
Apl.—Qué auisadamente lo dize su merced! Auré mi consejo.
And.—Si quieres verme muerto sea assi.
Apl.—No, no, no, señor Andronio, he aqui la mano.
And.—Quede, pues, en ella el anillo de la fe hasta su dia.
Apl.—Soy contenta.
And.—Y yo bienauenturado.
NOTAS:
[737] Haya en la edición de 1572. Está corregido en la de 1614.
[738] Aya en la primera edición.
Asosio y Doleria transfigurados en Astasia y Idona, bueluen a Apio y Metio.
Asosio, Doleria, Apio, Metio.
[Aso.].—Pues, Doleria, qué determinas? tenemos tú y yo de ser Deucalion y Pyrra y entrambos representar el mundo?
Dol.—Calla, que presto se acabará el diluuio y saldremos a tierra. Mas aora es menester que con sus vestidos dellas vamos a ellos y les demos otro asalto.
Aso.—En qué en los cabellos?
Dol.—En las capas y en las espadas, como hizieron nuestros hombres, porque nos lleuen menos ventaja.
Aso.—Y dónde los hallaremos?
Dol.—Aora, aora te porne con ellos.
Aso.—Cómo sabes que tienen ya otros vestidos?
Dol.—Sin más astrologia es de pensar se ayan ydo armar de nueuo para boluer a sus amores.
Aso.—Doy al diablo tal saber; si es assi, y no escapan, luego nos casamos.
Dol.—La mitad está hecho, y para el resto te pornas de lodo, vellaco, mesonero del consejo, o qué niño!
Aso.—No, que todos los huespedes conoscidos te seruirian y con los otros dissimulariamos por los despojos.
Dol.—Aun te quedó sed? no ves que estamos ya proueydos para algunos dias?
Aso.—Cómo eres necia! Dure el officio, que quanto más moros más ganancia.
Dol.—O Moras. Guay de Agar si le dexaste Ismael en el regaço.
Aso.—Algun angel la socorrera, y ella es para todo; mas por tu vida dime, qué será della en estos trances? marauillome de cómo tan bien no se embarcó esta marea.
Dol.—Para andar seruiendo por suertes la peccadora, ay le queda Morio o Morrion; podria ser se concertassen, y tanto más ayna, si trae carga, haziendole creer que se parescen como la cebolla con el hueuo.
Aso.—Y otra que alli ay por nombre Aplotis, linda y honesta como vna sancta?
Dol.—Sé por quien dizes: quedará por heredera de su prima, y assi estará todo acomodado; y si hombre fuera, nunca a otra me pegara.
Aso.—Marido le hallaremos tiempo andando.
Dol.—Qué buena pieça; tú querias hazer parentesco con todo el mundo y auer más hijos que Gedeon.
Aso.—No faltaria vno que los degollasse.
Dol.—Assi acaesce. Calla aora, que entramos en el puerto y vienen nuestros marineros; oygamos con todo lo que dizen.
Met.—Doy al diablo estas andadas; mejor fuera no las conocer.
Aso.—Assi lo digo yo.
Apio.—También yo tuerço las orejas; de tales caldos, hermano, tales pallos.
Dol.—Tarde caystes en la cuenta.
Met.—Ayna nos mataran los ladrones, si no les dieramos lo que pedian.
Aso.—Más teneys que andar.
Apio.—Auemos sido cuerdos; pero qué te paresce, es tiempo aun o auran salido solas?
Dol.—Aora lo sabreys.
Met.—Boluamos hazia allá.
Apio.—Los cabellos se me herizan.
Dol.—Aparescamosles como ánimas destotra parte.
Aso.—Bueno será.
Met.—Acá vienen dos mujeres.
Apio.—Ellas son.
Dol.—Pues, señores, qué demora ha sido ésta? ayna nos perdierades.
Aso.—Por cierto sí, qué buenos enamorados!
Apio.—Si supiessen, señoras, lo que passa.
Dol.—Cómo? tuuistes algun encuentro?
Apio.—Encuentro, señora? vn ora andamos a las cuchilladas con seys vellacos que querian nuestras capas.
Aso.—Ay, triste, y cómo os sucedió?
Apio.—Metio lo dirá.
Met.—Digalo Apio.
Apio.—Pienso quedan los dos muertos, y los otros huyeron mal heridos.
Aso.—Bien oyes?
Dol.—Calla, o mesquina, y vosotros venis heridos?
Apio.—No, mas cansadissimos; caminemos presto y reposaremos.
Dol.—Mas antes os yd luego para el bosque a sperarnos, porque nos tenemos de boluer a casa por lo mejor que se nos ha oluidado.
Apio.—Todos yremos.
Dol.—Yo no quiero, que essos heridos bueluan por los muertos con otra compañía y os hallen.
Aso.—Es assi, madre, porque podrian aun entrar en colera y reñir de nueuo.
Met.—Pues solas?
Dol.—No importa, lleuaremos vuestras capas y espadas para parescer hombres, que a mujeres quienquiera se les atreue, y presto somos con vos.
Apio.—Toma, pues, mi reyna de las Almazonas[739].
Met.—Toma tú, mi alma, y no me oluides.
Dol.—Oluidar? No son para oluidar tales amigos. Qué te paresce, Asosio? la vitoria para buena ha de ser sin sangre, y dan entonces más gusto los despojos.
Aso.—No lo supiera tramar mejor la hada Manto; tórnome loco en pensallo.
Dol.—No hagas, que tengo aun de ti necessidad para otras fiestas.
Aso.—Al infierno yre contigo, que allá as de yr.
Dol.—Será malo do tengo tanta amistad? Quanto más que es andar haziendo justicia esto como corrigidor de la comarca, y viene dispensado de la corte, y mas yo sé el Miserere y el De profundis.
Aso.—El De profundis creo yo, duerme descansada; pero boluiendo a nuestras cabras, qué queda aora por hazer?
Dol.—Dar auiso a los griegos de los troyanos y ordenar ciertas Nimphas y saluages que den fin a la comedia, como exemplo de gloria y pena segun las obras; tú lo verás y me alabarás por muger de prol, y despues dello reposaremos.
Aso.—Assi? Camina, pues.
NOTAS:
[739] Sic, en las dos ediciones.
Astasia y Idona se encuentran con Apio y Metio en el bosque y ay entr'ellos grandes altercaciones.
Astasia, Idona, Apio, Metio.
[Ast.].—Qué espanto haze, hija, esta soledad!
Ido.—Yo estoy temblando y elada de puro miedo.
Ast.—Ya se acerca la mañana, que es gran consuelo.
Ido.—Mucho tardan nuestros hombres; no les aya acaescido desastre alguno.
Ast.—Mal consejo fue no quedarse vno.
Ido.—Triste de mí.
Ast.—Qué has?
Ido.—No sé qué me adeuina el coraçon.
Ast.—Qué loca está? no sabes que no deue creerse en sueños?
Ido.—Bueno fuera, señora, no auer dormido por no soñar.
Ast.—Qué poca fe. Ayna se acabará este trabajo.
Ido.—Plega a Dios.
Ast.—Gente ay aqui cerca, que oygo hablar.
Ido.—Será el echo de nuestra boz.
Ast.—Bien dizes, nuestros Echos son.
Apio.—Metio, ves algo?
Met.—A nuestras Nimphas.
Apio.—Tan ayna, cómo es possible?
Met.—Auran hallado alguna senda.
Ast.—Si más tardarades nos escondiamos y os dauamos por penitencia correr el bosque.
Apio.—Quién auia de pensar que erades aues, para boluer a casa como dixistes y que bolariedes!
Ido.—Quién lo dixo?
Apio.—Su merced y tu merced.
Ast.—Soñastelo? Pues adonde quedan las espadas y las capas? en prendas de la palabra?
Met.—O qué bueno, mas do las escondiste?
Ido.—Aun duerme Metio, madre.
Ast.—Ya lo veo: quieren burlarse los chocarreros. Caminemos, hijos; dexays allá[740] recaudo? que sperando nos moriamos de miedo, y es razon yr descansar.
Met.—Nos somos los burlados o encantados, que nos dexastes venir solos, diziendo que se os oluidaua lo mejor, y nos hurtastes la buelta ansina.
Ido.—No lo digo, madre, que aun duerme? o quiza han beuido demasiado.
Apio.—Antes pienso yo que el sereno de la noche os ha penetrado las cabeças.
Ast.—No salimos de la huerta todos? no llegamos aqui todos? no os partistes de nos los dos para yr buscar albergue?
Apio.—Dios del cielo?
Met.—Sanctos del parayso!
Apio.—No, señora, si porfias, no te hallamos ya de casa un trecho? y nos dixiste que se os oluidaua lo principal? y queriamos acompañaros, mas no quesistes, con recelo que boluiessen los heridos por los muertos? y por no ser conoscidas por mujeres lleuastes nuestras capas y espadas, embiandonos al bosque do os hallamos con este disbarate?
Ast.—Y nos con otro muy mayor venir os vemos; esta deue ser alguna de las milagrosas fuentes de Merlin.
Ido.—Ellos la traen en las cabeças; no seria malo templarla con ésta.
Met.—Cortesmente, señora.
Ast.—Calla, sandia.
Apio.—Esta es la pena del peccado.
Ast.—Yo lo confiesso, pues assi desatinamos todos. No escondistes alli cerca los saquillos? qué más testigo es menester?
Apio.—Saquillos nos? qué tales?
Ido.—No más, no más, confirmada está la burla. Traydores, assi quereys tentarnos?
Met.—Tentar? vosotras lo hazeys en buena fe.
Ast.—Saquemoslos, Idona, y hablen ellos. Do los pusieron, hija?
Ido.—Ay do estás.
Ast.—Aqui no ay nada.
Ido.—Burlas?
Ast.—No por cierto; busca tú más allá.
Ido.—Ni aqui tampoco.
Ast.—Ni por acá menos.
Apio.—No ves?
Met.—Toma si veo; mas qué trato es este?
Ast.—Ah, ah, ah, y esto más aun, que escondistes los dineros?
Met.—Nos?
Apio.—Nos?
Met.—Nunca Dios lo quiera.
Ido.—Ni lo quiere, basta lo burlado; no se burle más, hermanos.
Met.—Nunca yo burlé de nadie.
Apio.—Ni yo tampoco.
Ast.—Ni yo menos.
Ido.—Ora estemonos assi hasta ser de día claro.
Ast.—Do posistes los dineros, hermanos, por mi vida?
Apio.—En tu cabeça; no veys qué donosa está nuestra ama?
Ido.—Mas no vistes qué gentil donayre?
Ast.—Mas, de verdad, do los escondistes?
Apio.—Otra suya; de verdad que ni tan solamente los tocamos.
Ido.—Esto es perder el seso.
Met.—El afrenta a nos se haze.
Apio.—Pues no?
Ast.—En qué? entremonos más en el bosque y allá disputaremos para ver si vos encanta este lugar, o podra ser que hallemos otra fuente y otros nos.
Apio.—Sea assi, que ni vos tampoco soys las vos si porfiays.
Ido.—Podria ser que nos hallassemos todos duplicados, sin los saquillos, que algunos de nos deuen ser éstos.
Ast.—Tiene razon.
Apio.—No veys qué dize?
Met.—A esto fue nuestra salida?
Ast.—No sea ésta la de Ferraguto viuo, que llevaua a Ferraguto muerto.
NOTAS:
[740] Aya, en la primera edición. Corregido en la segunda.
Heraclio, Logistico, Asosio y Doleria se van al bosque transfigurados en Astasia, Idona, Apio y Metio, y les hazen creer que son sus sombras y ser aquella la propriedad del bosque.
Heraclio, Apio, Doleria, Astasia, Logistico, Metio, Idona, Asosio.
[Her.].—Guia tú, señora Doleria, pues tan diestramente danças.
Log.—Nunca tal creyera.
Her.—Traya el saber dissimulado.
Aso.—Esso es lo bueno para entrar y salir, como hazia Malgessi ayudando sus doze pares.
Dol.—Affeytadme vos aora a vuestro modo; pero sabed que lo principal teneys por ver; cerca estamos: quando paresca que nos oyen, yo lo tramaré; no aya hombre que se ria ó se acuerde de su nombre.
Ast.—Gente ay aqui.
Apio.—Cuytado.
Ido.—No temas.
Met.—Por las espadas solo.
Ast.—Estemonos queditos, que no podran vernos.
Ido.—Oygamos, pues.
Dol.—No es gran marauilla la de este bosque?
Aso.—Grande.
Her.—Qué tal, señora?
Dol.—Que las sombras aqui se hazen cuerpos.
Aso.—De los hombres solamente; no otros animales.
Dol.—Lo de que más es de espantar que todos los metales se derriten.
Ast.—Qué oygo?
Ido.—Qué veo?
Apio.—No estoy en mí.
Met.—No sé qué me diga; éstas son luego nuestras sombras, o nos las suyas? yo veo allá a ti, señora Astasia.
Ast.—Y yo a ti.
Ido.—Y yo a todos.
Apio.—Y nos a ti. Sancta Maria, qué cosa es esta?
Aso.—No vistes los saquillos que traximos, que tú Apio y Metio alli escondistes?
Her.—Estoy frio, Metio.
Log.—Y yo ardo, Apio.
Dol.—No te lo dizia yo, Idona?
Aso.—Señora, sí.
Ast.—De manera que nos somos los duplicados y los saquillos no parescen.
Ido.—Gran cosa es ésta.
Apio.—Y que tambien los busquen nuestras sombras.
Met.—Yo duermo, no es possible menos.
Apio.—Fregate los ojos; guay de tal sueño.
Ast.—Gran desuentura es ésta, que de nos mesmos estemos escondidos, sin saber aun lo que somos, cuerpos o sombras.
Ido.—O Dios, alumbra estas tinieblas.
Her.—Do piensas, señora, anden aora nuestras sombras?
Dol.—Por el bosque libres y sueltas de los cuerpos.
Log.—Podria ser hallarlas?
Dol.—Por qué no?
Her.—Y hablarán?
Dol.—Toma si hablarán, y aun te digo porfiarán que son los cuerpos.
Apio.—Oye, oye, señora.
Ast.—Estoy loca.
Ido.—No es para estar?
Aso.—No hará la mia esso.
Log.—Por qué, señora Idona?
Aso.—Terná verguença.
Her.—Iuro a mí que auemos de luchar si viene a esso.
Met.—Apio, aparejate.
Apio.—Tú tambien, Metio; mas sabes que veo que las sombras de nuestras amas traen cubiertas nuestras capas.
Met.—Tienes razon por cierto; desse modo sombras somos, pecador, porque las capas no se pueden duplicar sigun paresce.
Dol.—Quién habla aqui?
Her.—Seran nuestras sombras.
Aso.—Las mesmas son; voyme para la mia. Dónde andays, sombra? cómo os partis assi de vuestro cuerpo?
Ido.—Y vos quién soys?
Aso.—Idona.
Ido.—Quién seria luego yo?
Aso.—Mi sombra.
Dol.—Y tú la mia.
Ast.—Sea assí.
Dol.—Pues abracemonos por la bien venida.
Ast.—Ay, sombra, cómo aprietas.
Dol.—Cuerpo diras de amores; ha rato que no nos vimos.
Ast.—Esta es vna gran fuerça, que ayamos de ser sombras de nuestros cuerpos mal que nos pese, y que sombras nos maltraten.
Dol.—Callaos, sombra.
Aso.—Yo con mi sombra me estoy: no es assi, señora sombra?
Ido.—Tú eres sombra, que yo soy Idona; pero hagasse la voluntad del bosque.
Her.—Y tú, Metio?
Log.—Y tú, Apio?
Her.—Lleguemonos a nuestras sombras; llegaos, sombras.
Apio.—Qué os plaze, cuerpo?
Met.—Qué quieres, yo?
Log.—Llegaos.
Apio.—Aqui estamos.
Her.—Abracemonos tambien.
Met.—Ay, cuerpo!
Apio.—Que no soy sombra yo, pese al diablo, que assi me aprietas.
Log.—O vellaca sombra, toma.
Apio.—Ay qué gran bofeton me dió tu cuerpo, Metio!
Her.—Tenelde compañia vos.
Met.—Ay, cuerpo de Apio!
Dol.—No más, sombras, que es gran verguença; no veys nuestra paz?
Log.—Sí, pero sombras de mugeres no lo son de hombres.
Ast.—Ora no más, cuerpos de nuestras sombras.
Her.—Por seruirte, sombra de mi señora Astasia.
Ido.—O Dios, qué cosa es esta?
Aso.—De qué te congoxas, sombra vida mia?
Her.—No te fatigues, sombra de mi señora Idona. Idona, señora mia, vete para mi sombra y dexame con la tuya.
Aso.—Que me plaze. Apio hermano, sombra de Apio?
Apio.—Yo soy, señora Idona.
Aso.—Pues abraçame.
Apio.—Quién rehusaria tal merced, por más sombra que fuesse? Ay, ay, señora, bien paresce que no eres sombra.
Aso.—Cómo assi?
Apio.—Aprietas como cuerpo.
Her.—Ora bien, sombra de mi señora Idona, de qué te quexas?
Ido.—De auer perdido el cuerpo y el alma.
Her.—No te congoxes, vida mia, que yo te doy el mio si lo quieres.
Ido.—Y qué hará tu sombra, Apio hermano?
Log.—Luego le buscariamos otro cuerpo.
Ido.—Las sombras no tienen poder en sí.
Aso.—Señora sombra de mi señora, cómo estays?
Ast.—Como sombra, Idona.
Met.—Como estás, Apio?
Apio.—Que no soy Apio mas sombra di.
Dol.—Sombra.
Ast.—Cuerpo.
Dol.—Viste nuestros saquillos?
Ast.—Ni las sombras dellos, y estoy marauillada de cómo tambien no tengan sombras, ni sé qué se ha hecho de los cuerpos.
Dol.—La propriedad del bosque es derretirse todo metal. Apio.
Her.—Señora?
Dol.—En qué parte los posiste?
Her.—Alli, Metio y yo.
Log.—Es verdad, y demas si los tienen nuestras sombras.
Apio.—Ni las sombras vimos, que como sombras, sombras buscauamos.
Dol.—Era por demas.
Ast.—Cuerpo, no auria remedio?
Dol.—Preguntaremos de que seamos en poblado.
Aso.—No es para oluidar.
Met.—Yo antes quisiera perder mi cuerpo.
Log.—Perdido seas.
Apio.—Y yo el mio.
Her.—Y tú tambien.
Ido.—No yo por cierto.
Dol.—Ora todauia ello es gran marauilla o confusion; será bueno buscar vn nigromante que la deshaga.
Her.—Yo soy de la mesma opinion, señora Astasia.
Log.—No me paresce mal.
Aso.—A do lo hallariamos?
Log.—Yo sé vno.
Dol.—Sombra, quedate aqui con las demas sombras.
Ast.—Assi nos dexas, cuerpo?
Aso.—Mientras boluemos.
Ido.—Yo speraré.
Her.—Sombra, no te mueuas.
Apio.—Y cómo es possible si se va mi cuerpo?
Log.—Cómo eres necia, sombra de Apio; es la virtud del bosque.
Met.—Es verdad, cuerpo; a Dios vays.
Dol.—Todauia os queden las espadas y capas, porque si vienen otras sombras ayan miedo de llegarse.
Apio.—Bien dices; damela acá, señora Astasia.
Aso.—Toma tú, sombra de Metio.
Met.—O señora Idona, con ellas guardaremos vuestras sombras.
Dol.—Por esso es, a Dios quedays.
Ast.—A Dios vaiays.
Ido.—Más al diablo, malditos sean tales cuerpos.
Met.—Yo no quiero, señora sombra de Idona.
Ast.—No sé qué me diga.
Ido.—Que estamos ya en el infierno cogiendo el fruto de nuestras obras, porque siendo sombras tenemos hambre y sed, frio y calor, ira, temor, y las otras passiones de los cuerpos.
Apio.—Yo no lo puedo creer.
Met.—No lo viste?
Apio.—Deben ser diablos.
Ast.—Tanto peor, que quedamos siendo sombras de diablos; pues qué haremos?
Ido.—Que nos boluamos a los cuerpos si ellos no bueluen, y tengamos más cuenta con las ánimas de aqui en adelante.
Ast.—Bueno seria.
Met.—Y los saquillos?
Apio.—Qué preguntas tú por los saquillos, siendo sombra? allá se auengan con los cuerpos.
Ast.—Qué marauilla esta!
Ido.—No se ha visto otra tal; boluamonos a casa, no faltará vna disculpa.
Ast.—Donosa estás; y si hallamos allá los cuerpos que nos hechen con la maldicion?
Ido.—No miras que solamente es en el bosque la diuision?
Ast.—Tengo miedo lo sea para nos por todo el mundo; veamos en qué para, y si bueluen estos negros cuerpos.
Apio.—A la fe que no lo son sino muy blancos, y que no sabria yo atinar de sombra a cuerpo.
Ast.—Metamonos más allá dentro del bosque.
Ido.—Sea assi, veremos si nos hallan todavia.
Apio.—Podra ser que topemos con los cuerpos de los talegones.
Met.—Qué necio, siendo sombra?
Apio.—Ya se me oluidaua.
Ast.—Silencio.
Aglaia y Thalia, Gracias del cielo, se quexan de la ingratitud de los hombres, sobreuienen dos Musas, Caliope y Melpomene, como Nimphas del bosque que fingen ser ellas.
Aglaia, Thalia, Astasia, Apio, Metio, Caliope, Melpomene[741].
[Agl.].—Hermana Thalia, podemos boluernos de oy más al cielo.
Tha.—Por qué lo dizes?
Agl.—Mas por qué lo preguntas?
Ast.—Qué es esto que vemos?
Apio.—Angeles sin alas. Metio, qué dizes?
Met.—Que me toma dentera.
Ido.—Qué desuergonçado!
Agl.—Qué ves acá en los hombres para no huyr dellos como del proprio mal?
Ido.—Sí aosadas.
Ast.—Calla y oygamos este sermon.
Agl.—Muerta la fe y el amor desterrado, qué verdad ay entre ellos? no es todo mentira? mira los ricos y todos los grandes, que deuian ser spejos de otros, de qué manera gratifican al cielo aquella preeminencia y estado?
Tha.—De spacio lo tomas, si por ay andas.
Agl.—La carne es la guya de todas sus obras; a quién viste valer que meresca en sus casas?
Tha.—A los que más saben del mal y menos del bien.
Agl.—Quatro maneras de hombres, a saber: los mas principales, que en vez de persuadilles a la justicia y otras virtudes, les hablan a su apetito, inclinando la lengua y ademanes alli do ven que ellos se inclinan.
Tha.—Tanto más pena merescen los tales, quanto estan más entre el cielo y la tierra y entienden lo de arriba, veen lo de abaxo y son los ojos del rico.
Agl.—Bien dizes, pues dan con los miseros en el precipicio; mas esso no los desculpa, porque el que ha de dar cuenta de sí y de otros es menester que conosca a sí y a los otros.
Tha.—Si no preguntenlo al griego de antaño.
Agl.—Si a la fe. Los grandes, para merescer este nombre, deuian hazerse primero pastores y guardar ganado.
Tha.—Buen cargo les das; desuarias?
Agl.—Desuaria quien otro siente.
Tha.—Esso queria yo entender.
Agl.—No sabes que el que es pastor a derechas no recela, por mejorar su ganado, frio o calor, lluuia, viento o granizo, y que no deue dormir ni comer sino a hurtadillas?
Tha.—No tanto, no tanto; por qué?
Agl.—Por qué? ternias por bueno dormir el pastor quando duerme el ganado?
Tha.—Esso no.
Agl.—Pues menos si vela, si ha de guyalle de valle en valle y de collado en collado, y buscar los pastos mejores y aguas. Y aun le conuiene que los conosca de antes, y sepa do ay yeruas malas y por qué parte pueden entrar los lobos que siempre andan rastreando tras él y otras fieras, si quiere conseruar lo presente y adquirir lo futuro.
Tha.—Pues todo ha de ser trabajo sin otro prouecho?
Agl.—Tampoco; bien puede seruirse de la leche, carne y lana, por la medida de lo que puede el vno ha menester el otro, sin dejar las ouejas desnudas y sin sangre, y dar todo a los perros de que se fia y sobre que descarga su cargo, los quales seruiendose del sueño del amo, muchas vezes se hacen de acuerdo con los lobos.
Tha.—Aora te entiendo; de suerte que querias assi hiziessen los ricos? Desse modo esclauos les podrias llamar.
Agl.—Ah, ah, ah, gana me toma de reyr.
Tha.—Por qué?
Agl.—Por quál carga de agua piensas se les da el estado? para hartarse de carne y seguir sus antojos a rienda suelta? engañado estás; la más aspera y trabajosa suerte es de todas, por lo qual Ulisses dexó escoger a los otros primero, tomando despues la más infima, y por que todos pasauan, affirmando y jurando que si mil vezes boluiese al mundo, tantas rehusasse la de grande que auia sido.
Tha.—Pues y las otras tres, quáles son?
Agl.—Valasme Dios, ya se me auia oluidado. La segunda, de los officiales, que éstos haziendo el reporte de lo que por las manos les passa al reues y falso, confunden las colores todas, passando lo negro por blanco, blanco por negro, con tener más el ojo a su proprio gusto y interes que a la honrra y prouecho licito del señor; y aun les cumple sean buenos pintores y anden siempre con el pincel en la mano para reboçar lo que está debaxo y el daño que la verdad les haria, si acaso paresciesse algun rayo della. De los otros me toma juntamente risa y verguença.
Tha.—Reyamos, pues, todos, hermana. Quién son essos?
Agl.—Los señores chocarreros.
Tha.—Ya me reyo tambien sin que oyga más adelante.
Agl.—Sentinas proprias de males, qué vicio ay que éstos no tengan? glotones, no en secreto sino en la presencia y con mucho gusto de sus proprios señores; borrachos, suzios, hediondos y estragadores de lo que falta a los pobres, los quales si tomassen todos estos vicios por occasion de reprehender los agenos y incitar sus señores a virtud alguna, entresachando col y lechuga (como se dize), merecerian loor, como Democrito, que se fingia loco para el mesmo effecto. No embargante que la virtud sea libre, y no ay para qué vsar destas mañas. Pero éstos, todo lo que hazen y dizen es tal que me viene asco en pensallo (aunque sus señores le hallen tal gusto) con tanta libertad de entrar y salir, que bien podemos dizir que estan siempre abiertas las puertas a los peccados y tan occupadas con ellos, que no entrará vna sola virtud aunque quiera.
Tha.—No fueras tú Aglaia ni no lo sintieras assi.
Agl.—Los quartos son de más importancia, puesto caso no sean tan conoscidos. Ah, ah, ah.
Tha.—Algo tienes no menos sabroso; dilo por tu vida, hermana, de presto.
Agl.—Las espias.
Tha.—Las espias? qué dizes? no son necessarias essas para guardarse de los enemigos?
Agl.—O de los amigos.
Tha.—No lo entiendo.
Agl.—Creolo, es otra suerte de espias de hermosuras.
Tha.—Ya, ya; dónde estaua yo?
Agl.—Dessean tanto la hermosura de sus señores, que se la ajuntan de todas partes, y para que les pueda seguir y vaya liviana, apartan della primero lo más pesado, que es la virtud, por muy pegada que ande, con sus instrumentos que para ello traen; porque de otra manera se quedarian en el camino sin poder llegar por el graue peso. De aqui podras colligir el resto.
Tha.—Entendido se está; pero, hermana, algun aliuio cumple que tenga el gran peso que tienen los grandes sobre sus espaldas.
Agl.—No lo ay mayor que el de la virtud, si vna vez se tiene por habito, el qual facilita a lo impossible; mas anda la peccadora tan lexos de poblado y mal vestida, que no ay quien la conosca ni quiera su conuersacion.
Tha.—A la verdad el nombre de Rey declara su obligacion, porque quiere dezir mensajero, de quién? sino de Dios.
Agl.—Has concluydo breuissimamente.
Tha.[742].—Pues los otros estados de alli para baxo allá van, y todos hazen el mono al natural y contra natura, que tanto más carga a sus amos. Pero esto no escusa los subditos, pues, como dizen, es cada vno señor de su tienda. Ora, hermana, con tan buena gracia de hombres, qué tienen que hazer por acá las Gracias?
Tha.—Y de mugeres no dizes?
Agl.—Todo es vna massa, mugeres y hombres; si no mira las alteraciones que van por el mundo, que si engaña Hulana a Cicrano y se burla dél, engaña despues Cicrana a Hulano, y cada vno se apressura a començar primero, o sea hombre o muger, los tratos contratos entrellos, que más virtud o primor tienen que los dísbarates de entrellas.
Ast.—Triste de mí.
Apio.—Lloremos, señora, y prometamos alguna romería.
Ido.—Ya es tarde.
Met.—Tambien yo estoy para pelarme las barbas. Metio, qué heziste?
Melp.—Caliope.
Cal.—Qué mandas, hermana?
Melp.—Bien oyste el discurso de nuestras dos Gracias.
Cal.—Toma? no me paresce andan menos aborridas de los hombres que nos, los quales tienen el mesmo odio a las sciencias que a la virtud que ellas dizen.
Melp.—Como sean parientas, paresce no puede amar lo vno quien aborresce lo otro.
Cal.—No les hariamos vna burla?
Melp.—Qué tal?
Cal.—Como la de los enamorados vnos con otros.
Melp.—Hazer dellas sombras?
Cal.—Sí.
Melp.—Comiença tu.
Cal.—Ola ola, sombra, por qué os partistes de mí?
Ast.—No veys vosotros que tambien hacen sombras las Gracias.
Ido.—Ya aora no ay que dudar; sombras somos.
Apio.—No lo dizia yo?
Met.—Ay de mi cuerpo!
Agl.—Cómo, sombra? qué dizes tu o quién eres? soys Nimphas deste bosque quiça?
Melp.—Qué buen dissimular; sabed, si no lo sabeys, que aqui en él se apartan de los cuerpos las sombras.