COMEDIA DE EVFROSINA
TRADVCIDA DE LENGUA PORTUGUESA EN CASTELLANA
POR EL CAPITAN
DON FERNANDO DE BALLESTEROS Y SAAVEDRA
AL SERENÍSIMO SEÑOR INFANTE DON CARLOS
Con privilegio. En Madrid, en la Imprenta del Reyno.
Año de 1631. A costa de Domingo Gonçalez.
SVMA DEL PRIUILEGIO
Tiene Priuilegio de su Magestad, Don Fernando de Ballesteros Saabedra, para imprimir por diez años este libro, intitulado la Eufrosina, como parece por su original. Despachado en el Oficio de Francisco de Arrieta, Escriuano de Camara, y firmado de Iuan Lasso de la Vega. Dado en Madrid a diez y seis dias del mes de Diziembre de mil y seiscientos y treinta.
SUMA DE LA TASSA
Los Señores del Consejo tassaron este libro, intitulado la Eufrosina, a quatro marauedis cada pliego en papel, el qual tiene veinte y dos pliegos, que a los dichos quatro marauedis monta ochenta y ocho marauedis. Dada en Madrid a onze dias del mes de Agosto de mil y seiscientos y treinta y vno.
FE DE ERRATAS
Este libro intitulado la Eufrosina está bien y fielmente impresso con su original. Dada en Madrid a veinte y quatro dias del mes de Iulio de 1631 años.—El Lic. Murcia de la Llana.
APROVACION DEL M. IOSEPH DE VALDIUIELSO. CAPELLAN DE HONOR DEL SERENISSIMO SEÑOR INFANTE Y CARDENAL DE ESPAÑA.
M. P. S.
En la comedia llamada Eufrosina, que me mandó ver V. A., que traduxo de la lengua Portuguesa a la Castellana Don Fernando de Ballesteros y Saabedra, no hallo cosa no conforme a la verdad Catolica de nuestra Sagrada Religion, ni contraria a las buenas costumbres. Está traducida con acierto y con dicha, por la dificultad de las frases de ageno Idioma. La Fabula es sentenciosa y exemplar, despierta auisos y auisa escarmientos: deuerá al traductor Castilla estos diuertimientos y Portugal estos honores. Este es mi parecer. Saluo, etcétera. En Madrid en veinte y nueue de Otubre de 1630.—El Maestro Ioseph de Valdiuielso.
APROVACIÓN DE D. LORENÇO VANDER HAMMEN, DE LAS OBRAS DE FRANCISCO DE LA TORRE[593].
Las obras que escriuio en verso castellano Francisco de la Torre, y pretende dar a la estampa D. Francisco de Queuedo (raro ingenio deste siglo) he visto atentamente, y no sólo las juzgo por merecedoras de comunicarse a la luz comun, sino por dignas de ladearse con las de aquellos celebres varones que veneramos por Principes de la Poesia castellana. Estan escritas con la verdad, propiedad y pureza que pide nuestra lengua, cosa singular en estos tiempos, mas escriuieronse en aquellos en que se sabía más bien y se hablaua mejor, y assi no hay mucho que admirar. Esta verdad no la confessarán los que aora la ignoran, pero importa poco su juyzio, sientan lo que quisieren. Padecieron esta misma desdicha que oy aflige a España casi todas las naciones, y en especial la Hebrea. Hablo della primero que de otra alguna por ser su lengua madre y principio de todos los lenguages, y la postrera y vnica en el mundo. Introduxeronse pues en ella por la larga antigüedad, por los cautiuerios, por el descuido de dexar oluidar las vozes propias, y por la permision en el vsar de vocablos estraños, algunos tan obscuros, que los mismos maestros y naturales de las sinagogas despues los desconocian. Esto que vemos en el Idioma Hebreo y que confiessa S. Geronimo, hallamos en la lengua Latina, con ser tanto más nueua y más continuamente cultiuada y sin estas caidas. Y assi se quexa Tulio de que a vezes encuentra con muchas vozes en ella que no conoce, aunque las vsaron Marco Varron, Caton y otros. Lo mismo pudiera dezir de la nuestra, porque casi hemos hecho de los vocablos tantas mudanças como de la ropa, y podriamos hazer dos lenguajes tan diferentes, que el vno al otro no se entendiessen, porque nos damos tanta priessa a inuentar vocablos (o por dezirlo como ello es) a tomarlos prestados de otras lenguas, que por enriquezerla hemos de venir a desconocerla. Esto nace de parecerles a algunos ignorantes deste tiempo que es humilde el lenguaje Castellano, si no le ponen estos afeytes de vozes nueuas y le pintan con este colorido, y no aduierten que el bueno y casto, como dize Ciceron, ha de ser el que nos enseñaron nuestras madres y el que hablan en sus casas las castas matronas y mugeres bien criadas.
En esto, pues, está escrito este libro, aunque exornado con todo lo que permite el arte. Trabajo desigual a menor ingenio, y en que no hallo cossa dissonante a nuestra Santa Fee, o a las buenas costumbres. Tiene muchas imitaciones Italianas y Latinas, hermosas figuras y sentencias, y muy delgados conceptos, y assi puede vuessa merced, siendo seruido, mandar se dé la licencia que se suplica. Este es mi parecer. Madrid y Setiembre diez y siete de 1629 años.—D. Lorenço Vander Hammen y Leon.
APROVACION DEL MAESTRO BARTOLOME XIMENEZ PATON
El libro intitulado Eufrosina, traducido en lengua Castellana de Portuguesa, por el Capitan Don Fernando Ballesteros y Saabedra, Regidor desta Villa-Nueua de los Infantes, que me cometio el señor Don Florencio de Vera y Chacon, del abito de San Tiago, Iuez ordinario, Vicario y Visitador general deste partido, he leydo con toda atencion y cuydado vna y más vezes, no he hallado en él cosa que contradiga a las de nuestra Santa Fee Catolica y buenas costumbres: antes con apacible estilo se notan y censuran muchos vicios, porque aunque Fabula, es de muy delicada corteza, con sustancia y copia de sentencias y consejos, de que me parece es justo todos participen, y el ingenio y trabajo de su segundo autor quede premiado imprimiendose. En este Estudio de Villa-Nueua de los Infantes a veinte y quatro de Iulio de mil y seiscientos y treinta años.—El M. Bartolome Ximenez Paton.
DEDICATORIA AL SERENISSIMO SEÑOR INFANTE DON CARLOS
Bien pudo la modestia del autor desta Comedia ser hazañosa en quitarse la gloria que de auerla escrito le resultará en los siglos. Mas si su noticia se adelantara a entender mereceria venir a las manos de V. A., tengo por cierto que por tan esclarecida ambicion dexara tan rigurosa templança. De mi caudal solas ofrezco á V. A. la habla Castellana y la eleccion del amparo; deuerame en esto mas que a si propio qualquiera que fue inuentor desta obra; pues si fue su alabança el hazerla buena, es su felicidad el emplearla tan altamente. Guarde Dios la serenissima persona de V. A., etc.—D. Fernando de Ballesteros y Saabedra.
DON FRANCISCO DE QVEVEDO VILLEGAS, CAVALLERO DE LA ORDEN DE SAN TIAGO, A LOS QUE LEYEREN ESTA COMEDIA.
Esta Comedia Eufrosina, que escríta en Portugues se lee sin nombre de autor, es tan elegante, tan docta, tan exemplar, que haze lisonja la duda que la atribuye a qualquier de los mas doctos escritores de aquella nacion. Muestra igualmente el talento y la modestia del que la compuso, pues se calló tanta gloria que oy apenas la conjetura halla sujeto capaz a quien poder atribuirla.
Mañosamente debaxo el nombre de Comedia enseña a viuir bien, moral y politicamente, acreditando las virtudes y disfamando los vicios con tanto deleyte como vtilidad, entretiniendo igualmente al que reprehende y al que alienta; estraña habilidad de pluma, que sabe sin escandalo ser apacible, y prouechosa condicion que deuen tener estas composiciones. Assi lo juzgó Seneca, Epistola 115. Refiere que en vna Tragedia de Euripides, Beleforonte, que era la persona que hablaua, dixo tales palabras: Dexa que me llamen maldito, como me llamen rico; pues todos preguntamos si vno es rico, no si es bueno. No preguntan por qué y de dónde, sino quánta hazienda posee. En toda parte es cada vno tanto como tiene. Preguntas qué cosa nos está mal tener; respondo que nada, y quiero viuir rico, y si soy pobre, morirme; bien muere quien muriendo gana algo. Si en la cara de Venus resplandece cosa como la riqueza y el oro, con raçon enamora a los hombres y a los Dioses.
En acabando de pronunciar estas palabras postreras, todo el pueblo se leuantó con impetu a apedrear al representante y a los versos, hasta que Euripides mismo se leuantó entre todos, pidiendo que aguardasen a ver qué fin tenia en la Tragedia este Idolatra del oro. Oyeronle, y Beleforonte en la Fabula tenia el castigo que merecia su insolencia.
Hasta aqui son palabras de Seneca, que aprouando la buena composicion y exemplar de Euripides, preuino desde entonces aplauso y alabanza á nuestra Eufrosina, donde estan distribuidas las ruynas y las afrentas sobre los vicios, y los premios sobre las virtudes y meritos. No quede sin alabança aquel vulgo que se amotinó en el teatro contra la insolencia de las palabras quando no se lee de los Iueces y Magistrados algun enojo.
Con grande gloria de la virtud y buen exemplo se han escrito en España con nombre de Comedias, fuera de las Fabulas, historias y vidas que a la virtud y a el valor enseñan y mueuen con mas fuerça que otra alguna cosa. Como se ve con admiracion en las de Lope de Vega Carpio, tan dignas de alabança en el estilo y dulzura, afectos y sentencia, como de espanto por el numero, demasiado para vn siglo de ingenios, quanto más para vno solo, a quien en esto siguen dichosamente muchos que oy escriuen este entretenimiento decente a soberanas ocupaciones; que el ocio de los Reyes tiene estatutos de magestad, y no deue admitir alibio que no sea calificado. Por esto tiene lugar en los oydos de los Principes este de las Comedias, a quien han dado su atencion contra la proligidad de los cuydados los más y mejores Monarcas del mundo, sin que a esto ofenda lo que algunos malician, para reprouar los ingenios que dichosamente se ocupan en esta composicion, ni el entretenimiento, que es gustoso, y docto, y exemplar, y limosnero por el socorro frecuente con que alimenta los espitales. Pocas Comedias ay en prossa de nuestra lengua, si bien lo fueron todas las de Lope de Rueda. Mas para leydas tenemos la Seluaga, y con superior estimacion la Celestina, que tanto aplauso ha tenido en todas las naciones. En portugues ay vna de Camoes, dos del doctissimo Corte Real y esta Evfrosina, de que careciamos, porque su original no cerzenado por Lobo es dificil por los idiotismos de la lengua y los Proueruios antiguos, y que ya son remotos a la habla moderna.
Don Fernando de Ballesteros y Saabedra con suma diligencia le ha traducido, de suerte que hablando Castellano no dexa de ser Portugues, ni deseó de verse cómo nació, donde empieza aora a viuir. Merece D. Fernando grande alabança en auer hecho que tenga Castilla parte en obra tan grande y digna de encarecida estimacion.—Don Francisco de Quevedo y Villegas.
NOTAS:
[593] Esta Aprobación de las obras de Francisco de la Torre nada tiene que ver con la Eufrosina, pero se encuentra en todos los ejemplares que hemos visto, y no hemos querido defraudar de ella á los lectores, en obsequio á la integridad del libro, aunque seguramente se introdujo en él por descuido.
COMEDIA DE EUFROSINA
Cariofilo, cortesano.
Zelotipo, cortesano.
Filtria, tercera.
Andrade, criado.
Vitoria, moça de cantaro.
Estudiante.
Duarte, oficial.
Siluia de Sosa, donzella.
Andresa, moça de cantaro.
Eufrosina, dama.
Galindo, cortesano.
Polonia, moça de cantaro.
Don Carlos, cauallero.
Doctor Carrasco, legista.
Cotrin, criado.
Filotimo, ciudadano.
ACTO PRIMERO
SCENA PRIMERA
Cariofilo, Zelotipo, Cortesanos.
Car.—Beso os las manos, Zelotipo, qué se haze?
Zel.—Por mi fe, Cariofilo, otro hombre aureis visto más contento que yo estoy aora.
Car.—Vos siempre fuistes amigo de andar con el tiempo, y de seguir el camino de los melancolicos; porque dizen que es nueua discrecion andar triste y ceñudo, y a mi entender es guarida de la poca habilidad, y assi empeçad a publicaros por achacoso, guardaos del sereno, huid de los lugares humedos, abrigaos la cabeça con virrete de seda, preciaos de mal regido, que es vna gran cosa.
Zel.—De todo esso estoy lexos; lo que no es natural mal se finge mucho tiempo; pues qué cosa para mi condicion viuir con arte, ni seguir ninguna, por más calificada que sea? Sabed de mí, que si alcançara el tiempo que se vsaua el cabello rizado, no me pusiera cabellera, aunque fuera muy calbo.
Car.—O qué enfadosa gala fue essa, pero ya passó; aduertid. Por dos cosas doy de ordinario gracias a Dios. La primera por hazerme Portugues, y no alguno de aquellos más barbaros de juyzio que ellos juzgan a nuestra lengua; y la segunda por auerme librado dessa gala de cabeça, que fue otro Alcoran por sí, y vna de las señales del Diluuio.
Zel.—Teneis razon; pero yo aora estoy poco ocioso, y no para ocuparme en essos discursos vanos.
Car.—Dias ha que os esperó vn Caton Censorino, si os fauoreciesse la fortuna; mas por no hurtar el viento á la saeta, sepamos, en qué os ocupais? ó qué hazeis?
Zel.—Deshago la vida con nouedades del alma.
Car.—Vos estais más bemolado que vna dulçayna: yo no estoy para tanto, porque despues que venimos de la Corte, ando más zafio que vn aldeano, y en quanto no boluieremos a ella, no espereis de mí cosa buena, ni discurrais conmigo en sutilezas. Aora que no es tiempo de muda, ayudadme a caçar estos perdigoncillos, digo estas moças de cantaro, que son alegres, y con facilidad se acomodan, y al primer reclamo caen en las perchas: despues ya sabeis que tengo buen natural, y soy a proposito para piloto de alta mar.
Zel.—Assi presumia yo de mí, mas toda subita mudança causa turbacion. El ánimo confuso no admite contento; mi desventura parece que esta conjurada contra mi descanso, y me tiene con tal suspension, que ageno de mí pienso que no hago poco en resistir mis pensamientos para no enloquecer.
Car.—Esso fuera malo? Dos estados me agradan por estremo, el de el loco y del Predicador osado, porque desengañan a su saluo a quien quieren vengarse sin palo ni piedra, viuen sin sujecion de la ley del mundo, no guardan fuero, que es la bienauenturança humana, que los Filosofos Gentiles desearon, y no alcançaron a conocer, y aora está llano ser esta la mayor.
Zel.—Otra sé yo que lo es más.
Car.—Tambien yo. Vencer vna batalla campal, traer a puerto con bonança vna naue cargada de plata y oro, aqui no ay duda.
Zel.—Essa es mayor ceguedad; errais de proa a popa.
Car.—Sere inocente, pero vos ni otros más discretos (de quien yo me burlo) no me aueis de dar fondo esta vez por más versados que seais en la bruxula, porque no ay palmo en mí en que no perdais el Norte.
Zel.—Parece que me juzgais en tiempo que podeis hazerme anotomia, y yo tengo ciertas redes para coger hombres o conocellos, que exceden a las de Vulcano.
Car.—Quereis mostrarmelas por me hazer merced? Vere cómo estais de estimativa[594] para astrologo.
Zel.—Si en esso os siruo, harelo. Hombre que se alegra de abatir a quien no tiene por enemigo, que burla de los que dél confian, que tiene animo no compassiuo de la miseria agena, y con cortesias disimula su mala intencion, creed que es naturaleza de Satanas, y profunda baxeza de espiritu.
Car.—Poned punto, que no os puedo sufrir tanta confiança, y de ahi a querer hazer prouerbios no ay mucho, y hablar bien es el más discreto proceder, porque ocasionado, el más humilde suele dar congoxas y el perro a su amo con rabia muerde. Dexemos a los Troyanos, que sus males no los vimos. Vengamos a nuestra intencion: Perdistes algunos nauios? Entraistes en alguna renta? o de qué os lastimais tanto de los temporales?
Zel.—En quanto anduuieredes por las ramas, no tocareis en el tronco de mi dolor: en el qual los sentidos me fallecen para sentir su grandeza, el coraçon para sufrir, el alma para padecer; en el sufrimiento espero el remedio, este me falta y quanto más merezco pena tanto más lloro la culpa.
Car.—Bueno estauades aora para glosar
recuerde el alma dormida,
o, quán antiguo es traer vos pendencia con altos pensamientos, y suspirais? Aqui topa el negocio, amores son de alguna monja. Quisiera más algun buen empleo para la India. Que aueis venido á caer en essa vejez! Pues aduertid, señor mio, que esto ya passó, con la soberbia de los fanfarrones, y todas essotras antiguallas de
por aquel postigo viejo,
buen Conde Fernan Gonçalez[595].
Seguid otro rumbo, si caistes en vaxio tan peligroso, que no perecer en él es destreza y primor de buen galan; demas que es contra el limite del Psalmista: Nolite tangere Christos meos.
Zel.—Vos direis oy más latines que vn Bedel, y perdereis mucho conmigo si os parece que he caydo en essa enfermedad. Tan hambriento de amores os he parecido despues que me tratais? Conocedme mejor, y sabed más de mis cosas, si no quereis perder el credito en que os tengo, porque de otra manera os desengañaré.
Car.—Todo desengaño es odioso: no querais competir con Minerua; tengamos paz y moriremos viejos; y no se diga por vos: Habló Roldan y habló por su mal; que yo soy tan buen lagarto, que si me pican, saco poluo debaxo del agua.
Zel.—Brauo venis, picado de gracioso, pero tinto en desabrido.
Car.—Si os pareciera otra cosa, me muriera. Teneis vos los espiritus muy groseros; los mios leuantan las pajas de finos.
Zel.—Ha mucho que aprendistes esso?
Car.—A seruicio de V. m. dias ha que sé quán mal estomago os hará, porque mirad, mi Rey, esto para vos es Griego; yo no os niego que sabeis muy bien de viguela y de canto, poner los pies en vna sala con brio y donayre, atrauesar el antecamara seguro y descuydado sin leuantar el cuello ni concertar la pretina, salir del retrete bufando priuança, fingir gran negocio en cosas de poca importancia, mostrar diligencia adonde no es necessario, traer comparaciones a proposito, tener puntual noticia de la casa de la Reyna, conocer todos los galanes de Palacio, entender dónde se ha de dar el golpe para hazer la seña, buscar ocasiones de ostentar luzimientos y gastos; pues seruidor de damas, no ay que hablar en esso, que estas y otras semejantes acciones son primores de vuestra profession, y de aqui no subis por más que el mar se leuante.
Zel.
Perderme fuera gloria
Si tuuiera
Esperança en que viuiera.
Car.—Burlais de todo? y respondeis ad Ephesios? Pues sabed que me cogeis en tiempo que estoy para chocar con un toro.
Zel.—Aora bien, dexemos esso, qué pajaro nueuo es éste?
Car.—Mucho hay que dezir.
Zel.—Contaldo luego.
Car.—Aueisme de alabar, porque soy hombre para vn hecho portugues, con que lo he encarecido más que si dixera vn hecho romano.
Zel.—Guarde Dios a los que allá no fueron; pero quántos quedan muertos?
Car.—Siete, y ocho heridos. El caso es éste. Paseando aora por la puerta de mi moça hallela hablando con vna vezina al pie de la escalera de adentro; y como en estos casos de repente yo muestro mi suficiencia, y tengo preuenidas cautelas para tales sucessos (porque la ocasion de hazer bien nunca se ha de perder), tercié el ferreruelo como soldado, y llegandome al umbral de la puerta preguntéla si estaua alli el señor su padre. La rapacilla estaua bonita como vn oro, con vna basquiña amarilla, ropa negra, en mangas de camissa, los cabellos trençados con vn liston encarnado, que parecia Sirena pintada; y para encender más el fuego, en viendome, se puso como vnas brasas. Dixome: Fuera de la ciudad está, vendra mañana en la noche. Y al despedirme hizo vna reuerencia con tal donayre, que me eleuó, y vengo suspirando, lançando más centellas de amor que ay estrellas en noche serena.
Zel.—Toda essa era la historia de la Cabra Amaltea, essos son vuestros huertos de Adonis?
Car.—Esperad, que aora empieço. Qué pensais que hize entonces? Parti como vn rayo a casa de mi amiga Filtria, escudriñé, miré los rincones; asegúreme de que no auia nadie, y díxela: Ea, apercebios, que aora es tiempo; y poniendole la boca dulce con grandes promesas, sin reparar en que me citasse luego de remate por ser passadas las ferias, y estar en tiempo de execucion de mis esperanças, fue al punto a tratar la conclusion deste negocio, y aora viene; y si la trae y me veo con la rapacilla en conuersacion, desde aora hago voto (porque no se me oluide) que me ha de pagar lo nueuo y lo viejo y el tiempo que me ha entretenido con largas, muerto de amores.
Zel.—Quién no lo estuuiera más!
Car.—Cierto será no ser vos.
Zel.—Pues por mí lo digo, que me veo entre el yunque y el martillo (como dizen) cogiendo pensamientos en los huertos de Tantalo, para morir de deseo. Mordiome la serpiente aspid, herida incurable, y se puede dezir por mí: Atlante se puso a sustentar el cielo, pues naci para gritar por Hilas, sin poder valerme. Metiome amor en vn laberinto de dolores, de donde desespero salir, por castigar en vn dia mil ofensas que le he hecho en muchos.
Car.—Otro Macias tenemos; pero qué lexos estais de passar cada noche el Mondego a nado, como Leandro el Helesponto, por más apassionado que os mostreis!
Zel.—El alto estanque Cocito, la laguna madre de la vitoria temida de los Dioses passara sin la barca de Aqueronte, y mouiera a piedad con la razon de mis sentimientos a Ditis y Hecate, como otro Orfeo, mas esto no puede remediarme.
Car.—Sabeis la causa? Porque sin ramo de oro ninguno entró allá, y en estos tiempos en ninguna parte, y tenerle vos, lo veo dificultoso, segun las minas de España se han agotado; mas no me diera Dios mayor vengança que veros muy rendido de amor.
Zel.—Si lo deseais, dalde gracias, que yo os doy por muy vengado en esta parte, pues me veo tan estraño, que me desconozco como el Sosia de Plauto.
Car.—Si esso es cierto, no puedo yo estar triste; mas sepamos quién es essa señora para ir a besarle las manos por tantas mercedes.
Zel.—Dexemos donayres, que no estoy para ellos; que a los desdichados hasta la risa les ofende, y acordaos de las desgracias agenas para compadeceros dellas, y que sois hombre nacido en la misma suerte y sujeto a tenerlas, y ninguno sabe lo por venir, ni se deue reir de los infelices; que la Fortuna quando halaga, entonces azecha, y la próspera es más de vidrio, y sospechosa. Quien de los mezquinos se compadece, de sí se acuerda. Las furias de las nouedades que en el alma siento y los tormentos que la opinion de mis deseos causa, exceden a los que dan los golpes de la[s] Eumenides y Gorgonas. En este dolor desesperado sólo me esfuerça contemplar en la ventura, que es padecer por quien tiene en la menor de sus perfeciones el premio de mis trabajos, aunque fueran mayores que los de Hercules, y lo peor de todo es viuir sin esperança condenado á la pena que dize la letra de la puerta del infierno.
Car.—Mucho os engañais conmigo si pensais cogerme con reclamo, porque naci del vientre de vn fingimiento dessos, y sé tanto como vos, y dos puntos más cumplir dessa materia. Para mí escusadas son inuenciones y dezir «huid, que rabio». Todos sabemos quántas son tres. Las Iliades de males que fingís, aunque me las dixeran cien Predicadores, no las creyera.
Zel.—En que las creais ó dexeis de creer no está mi saluacion; porque este mal desesperado me tiene tan sin sentido, que no sé resistir estas venganças de Netolemo, que el vengativo amor de mí toma, indignado de las burlas que le tengo hechas, y puedo dezir: «Donde me quisieron no quise, y quiero a quien no me quiere». Heme transformado en vn eco de vozes vanas, mis quexas son mas sentidas que las de Cigno por su amigo Faeton; los suspiros son de Polifemo por Galatea, y las lagrimas, de las hijas de Belo sobre su hermano.
Car.—Segun esso diremos:
O Macias, o Macias,
no llores pasiones tuyas[596].
Zel.—No me enfadeis con essa risa traidora, pues sabeis quán pesadas son las gracias sin tiempo. Estoy hablando cosas del alma, por darle algun descanso, y quereis fundar burlas sobre mi dolor. Pareceme que sois como los que por dezir vn dicho agudo pierden vn amigo. Tratemos de lo que conuiene, y no sea todo flores, si no me quereis matar.
Car.—Si va de veras, hablareos a lo cuerdo, y como experimentado, para que veais quién soy, y porque, segun voy conjeturando, vuestra enfermedad más está en tiempo de medicina blanda que de reprehensiones asperas, y el más fuerte se leuanta mejor dandole la mano. Manifestad al Médico vuestra llaga, si quereis remedio, que el mal descubierto halla la salud. Declaraos conmigo, vere de dónde proceden essos humores colericos, miraré las casas del Zodiaco, en que los doze animales tienen su assiento, y si en aquella ocasion estaua en ascendente el Planeta benevolo, y reuolvere toda el arte judiciaria, con tal primor, que os espantareis; porque yo en esta ciencia de amores puedo escriuir mejor que Tolomeo en la Astrologia, y con las reglas que yo os diere, reios de los aforismos de Hipocrates y Galeno para vuestra cura.
Zel.—Si yo la tuuiera, no fueran mis dolores impacientes; los demás que se padecen la medicina los sana, sino es el del verdadero Amor, que es como la herida de la lança Pelias.
Car.—Esso es por lo moral; mas por mi arte, que es de experiencia, os curaré como ensalmador con tres palabras, que traigais por nomina en vn bolsillo: porfia, mata, caça; que tanto da la agua en la piedra, etc., y aquella es casta que no fue rogada; guardad mi regimiento y yo pondre mi cabeça en vuestra salud.
Zel.—Esta llaga es Chironiana, mayor que la que curó el hijo de Febo á Hipolito despedaçado, y no tuuo tan gran tormento como el mio Filatetes, herido de la saeta de Hercules.
Car.—Esso es al primer impetu como Frances, el tiempo lo gasta todo; y assi lo pedia Dido a Eneas por remedio de su pasion. Este amor es accidental, vuestra condicion no es melancolica para estoruar el salir de vos essa passion; confiad que sanareis presto.
Zel.—Con essa esperança me consolara como Penelope, mas desconfio desse y otro cualquier remedio.
Car.—Qué coraçon de mancebo! nunca vos matareis Moro Ali; deseo saber si os enamorastes de vuestra figura como Narciso? ó de alguna estatua como Pigmaleon? o si está essa dama tan guardada como Danae? Qué hombre vos para la guerra! qué Peritoo o Teseo, que robaron á Proserpina y Elena; renegad de amante que no se atreue a todo, por dificultoso que sea. Nunca os rindais a la fortuna, si quereis vencer, que para todo ay remedio. El buen enamorado ha de acometer más de lo que le parece possible, y vencer el temor de las dificultades que la razon le ofrece, de manera que responda siempre la esperança a los pensamientos.
Zel.—Si me valiesse auenturar la vida, Piramo por Tisbe no se ofrecio a la muerte con tanta voluntad como yo lo hiziera. Los Decios no se arriesgaron por su patria, ni Paulo Emilio no acetó el morir con el ánimo que yo tengo pronto al sacrificio, de quien me arrastra asido al carro de sus perfeciones, como Achiles arrastró á Etor. Pero mi mal es de calidad, que en la osadía tiene condenacion desesperada, en la couardia tormento inmenso. Qualquiera destos estremos niega medio á mis cuydados: veome entre ellos con el trabajo que se vio Fineo entre las Harpias.
Car.—Pues ahorcaos como Ifis por Anaxarte. Pesar de mi padre, essa Diosa come niños? o es de naturaleza de demonios? a Lucrecia la Romana solicitara yo de amores, y a Penelope confiara alcançar.
Zel.—No come niños, mas encantalos con su persona y belleza, nacida para retrato de hermosura humana; porque la suya no admite comparacion, sino es con el Sol ó las Estrellas; y a ser possible alguna dar luz a las tinieblas, sola esta pudiera darla.
Car.—Pariran los montes y nacera vn raton. Dezid quién es? que yo no os he de creer, porque la passion hasta los inocentes haze mentir, y quien feo ama, hermoso le parece; y no temais, que os sacaré de estar satisfecho, que ya sé que vn engaño de aficion es mas blando que belludo, y vale vn tesoro para la recreacion de vn enamorado. No rezeleis que os la despreciare; dezid su nombre sin temor, que yo soy poco escrupuloso.
Zel.—Cómo me atreueré a poner lengua en quien mis espiritus contemplan indignamente como el pastor Indimion en la casta Luna? Su amor me tiene sujeto, sus gracias me vencen, su valor me cautiua. Reconuencido por tantas y tan superiores razones, no me atreuo a dezirlo, y lo quisiera encubrir, porque me parece ofendo la causa en tener tal pensamiento, quanto más publicalle.
Car.—No seais necio, y perdonadme, que quando aueis de ser sabio entonces dexais de saber. No hagais caso de hombre que no aprende de la experiencia, y del discreto que con prouidencia no vence los malos sucessos, porque discrecion sin entereza no vale nada. Yo no os he de consentir, ni sufrir flaquezas de voluntad, que son defetos de culpa; y como los Principes muchas vezes pecan más por lo que disimulan a otros que por lo que cometen, assi son los amigos que no dizen lo que sienten a los que tienen por tales. Sufrirles los vizios es hazellos; en el buen ánimo está la principal parte del próspero sucesso: tenedlo en esta ocasion, y no sentimiento tan costoso que os lo disminuya, y estorue los medios que os han de redimir. La ventura viene a quien la procura, y más ven dos ojos que vno; aqui estoy yo que hago sombra como qualquier hombre, con la de Iuanes me fecit a la cinta, para ponerme por vos a riesgo de la muerte; y la buena Filtria nuestra comadre, que nunca se negó, ni negará, y por vnas chinelas que le deis, subira al cielo en dragones, como Medea quando fue a buscar las yeruas para boluer moço al viejo Eson.
Zel.—Poco puede ella aprouechar en esta parte; vos hablais con quietud de ánimo, y no considerais que tanta culpa es ser furioso como flaco. La prouidencia ha de ser desconfiada y medrosa. Es de soberuios parecerles todo possible. Los prudentes alaban los fundamentos de las acciones; los ignorantes, los sucessos que da la ventura y ocasion. Destos nunca es alabado el Capitan vencido, aunque pusiesse los medios necessarios para vencer. Fiarme de atreuimientos que traen consigo pena, no lo tengo por cordura; vos dezid lo que quisieredes.
Car.—Todo se estima segun dello se juzga; assi les sucede a mis consejos. No ay cosa que tanto daño haga a los buenos ingenios y leales animos como la ingratitud. Para aconsejar y ser aconsejado es muy necessario tener el juyzio desnudo de propia aficion, y libre de sus passiones, porque es muy falso el parecer recebido primero de la voluntad que del entendimiento. Si quereis tratar de lo que os conuiene, guardad esta regla: En las desuenturas y aduersidades, o tened ánimo para sufrirlas o amigo con quien passarlas; los sucessos preuenidlos, pero no afligiendo el ánimo, considerando que no aprouecha saber el que ha de ser malo, si no se puede euitar, y si es incierto, de nada aprouecha temer lo que está en duda, y es tormento rezelarlo, si no se puede huir; lo que a otro no osais comunicar, no lo hagais solo, que el ánimo noble es testigo de sí mismo.
Zel.—Pareceme bien lo que dezis; mas quien sabe temer, sabe acometer sobre seguro: porque de conocer el peligro, nace saber vencerlo. Quien no teme, acomete temerariamente, y no es valentia, pues no vencio conocimientos de riesgo, sino viciosa osadía.
Car.—El amante sabe lo que desea, mas no lo que le conuiene. Al coraçon apassionado en nada se le ha de dar crédito. Prudencia es conocer en el mal ageno lo que se ha de huir, que es lo que dizen escarmentar en cabeça agena. En mí teneis exemplo de amores; como acuchillado, me podeis dar más crédito que a los Oraculos de Delfos; descubridme el fuego desse rapaz Cupido antes que me enfade, que el enfermo impaciente haze el médico cruel.
Zel.—Quiero concluir en este punto, por satisfazeros, pues entre amigos no se consiente coraçon doblado; descubrireos lo que os suplico que no salga de vos en ningun modo, si me estimais: porque me va la vida y fin de mi esperança en el secreto desto que os digo, confiado en vuestra amistad, lo que de otro no fiara por ninguna cosa del mundo.
Car.—Para qué son historias y conjuros? Quándo hallastes por mí vuestras cosas en la plaça? Seguro os doy que seré por ellas vn Harpocrates, si importare, y entre nosotros escusadas son palabras de cumplimiento; fiad de mí, y que el tiempo testificará con obras lo que callo, que a él me remito.
Zel.—Yo os lo merezco, y creed lo mismo de mí, porque en buenos deseos a ninguno doy ventaja; assi que passemos aora desto y vamos a lo que es el caso. Bien conoceis a D. Carlos, Señor de las Paboas, en sangre noble y rico en renta.
Car.—En reputacion está de hombre de gran linage y hazienda; pienso que ha poco que enviudó, y tiene vna hija, preciosa joya, prenda de gran marca en toda hermosura y virtud.
Zel.—Y se llama Eufrosina, a quien las tres del monte Ida concedieran la mançana de la discordia de conformidad, si la vieran, y sus conocidas ventajas la libraran de inuidia.
Car.—Pues qué ay?
Zel.—Esta dama es de quien os dezia, descubriendoos lo que de mí encubro.
Car.—Y essa es la Reyna de Chipre por quien teneis desesperacion anticipada? los misterios que él me hizo, de que yo esperaua quando menos alguna Mora encantada o Ninfa de la fuente de los amores! Qué coraçon éste para librar a Andromeda o a Esiona de los monstruos marinos! De tales espiritus flacos como el vuestro vino la idolatria, y de entendimientos que se admiran de qualquiera cosa, como si no hubiessen visto gente. Pero dónde la vistes? que me dizen está muy encerrada.
Zel.—Silua de Sosa mi prima es muy parienta suya, criose con ella y está en su casa, hasta que Troilos de Sosa, mi primo y su hermano, venga de la India. Hame embiado mil recados con quexas de que no la he visto despues que vine de la Corte, y me ha regalado mucho, y por acudir a su gusto fui antedeayer a visitarla, para verme qual me veo: porque vi a la bella Eufrosina en hora que no deuiera, tan hermosa, que triunfa como vencedora de toda la hermosura del mundo, con vna frente serena como la de Diana entre sus Ninfas, compuesta de vnos cabellos de Febo, que si los viera Neron, los antepusiera a los de Popea.
Car.—Heregias de enamorados; essa tal en despoblado pareciera figura de las transformaciones de Ouidio.
Zel.—Vnos arcos del cielo por cejas con más primor que las lineas de Apeles.
Car.—Ay disparate como este? qué tiene que ver lo vno con lo otro? lo mejor es dexarlo bañar en sus pinturas, y veremos un Metamorfoseos dando mas bueltas que vn bolatin.
Zel.—Vna boca de Venus vertiendo sangre de los labios llenos de nectar y ambrosia, cuyas palabras, que son las flores de la hermosura, eran de Caliope.
Car.—Bueno va, bien tuuiera Zeusis que pintar aqui despacio; quiero dexarlo cebarse en esta imaginacion y dar rienda a su furia hasta su tiempo.
Zel.—La proporcion y alegre forma de rostro sobre honesto no diferencia á la Luna llena, o a la estrella de Venus, quando salen sobre nuestro Oriçonte, que es el amor que se apoderó desta alma luego que vi tanta perfecion.
Car.—Por esso tenia razon Teofrastro en llamar a la hermosura engaño mudo, y Xenofonte, peor que el fuego, el qual quema al que lo toca, y la hermosura inflama de lexos; y Aristoteles respondio a quien le preguntó por qué eran amadas las cosas hermosas, que era pregunta de ciego.
Zel.—Pues qué hará quien vio vn pecho y miembros de Palas, vna grauedad de Temis, labrando con vnas manos de Minerua y los dedos de marfil, más dignos de sentir a Iupiter que Heues y Ganimedes?
Car.—Mejor fuera dezir de carne, y hablar sin mentir; pero no quiero ser como algunos que estrañan los estremos que hizieron Hercules y otros por mujeres, siendo lo menos que por ellas hazemos, no solo por aficion, pero por apetito.
Zel.—Y estando assi, leuantaua de quando en quando vnos ojos de Iuno verdes, claros, tiernos, bañados de alegria, tan grandes y graciosos, que mostrauan todo el primor de las tres Gracias, y con razon se le puede llamar la quarta y primera dellas. Ponialos en mí a tiempos hurtados con vn mirar tan disimulado y blando, que me atrauesaua el coraçon, como Filomena a Tereo.
Car.—Ahi fuera yo hombre para obrar y no contemplar; más que presto la ablandara como vna cera.
Zel.—Pareciasele vn pie de Tetis con vna çapatilla amarilla, para entristecer del todo el coraçon desesperado del bien que veia.
Car.—Bonissimo sois para espia, vn lince no vee tanto, passando siete paredes con la vista.
Zel.—Estauamos mi prima y yo sentados en la antecamara, y Eufrosina estaua en vn valcon que cae sobre el rio, de manera que yo la veia por entre vna antepuerta de traues, y como puse los ojos en ella, nunca los pude apartar, y con trabajo encubria mi eleuacion.
Car.—Por esso se dize, las manos en la rueca y los ojos en la puerta; y vuestra prima, qué os dezia?
Zel.—Alabesela lo mejor que supe, y ella alabola de muy discreta y hermosa, y de singular condicion, y que se hallaua en su compañia como si fuera su hermana, y con quien se huuiera criado toda su vida.
Car.—Todo esso es bueno y haze a nuestro proposito, porque quanto me la dieredes más Merlin, tanto os la doy más muger para vn hecho. Guardeos Dios de muger boba, que no ay quien la entre en camino. Como ella sea de vnas que leen y más leen, muertas por discreciones, melancolicas, malas de contentar, eleuadas de pensamientos, tenemos el medio camino andado, porque con estas tales querria yo tener mis pendencias. Estuuistes allá mucho tiempo?
Zel.—Estuuiera mil años sin acordarme de venir: tan embelesado me tenia aquel retrato del amor, y tan diuertido, como quien oye el canto de la sirena, y más quando a tiempos la cogia mirandome, si bien hazia luego mas mudanças que Proteo.
Car.—Ni essa es mala señal, que el amor nace de la vista y los ojos lo parlan. Pues cómo os venistes?
Zel.—Aunque estaua transformado en Eufrosina, y eleuado como Argos con la musica de Mercurio, el temor de parecer importuno y prolixo, y enfadar donde deseaua agradar me acordó el despedirme; pedile que de mi parte le hiziesse grandes ofrecimientos para que me tuuiesse por muy suyo, porque no ay más bien que pretender ni desear en esta vida que ser admitido por tal.
Car.—Bueno está esso en essa forma.
Zel.—Sí, mas quién lo esperará?
Car.—Quien no desesperare, y para guiar bien este negocio hazeos amigo con vuestra prima para tener entrada.
Zel.—En quanto a esso mucho lo quedamos, y me pidio que la fuera a ver muchas vezes, y dixo que no auia tenido tan buen dia en su vida, y en palabras no quedé inferior.
Car.—Tanto mejor; desso mucho, que no cuesta dinero, y las de cumplimiento no obligan; y muy escaso es quien dellas tiene dolor.
Zel.—Antes conforme a razon deuian obligar mucho, pues son el gouierno del mundo; mas ya el vsar mal dellas se ha hecho costumbre y en que algunos ponen el caudal de su trato.
Car.—Passo, que os desembolueis mucho; dexemos estas melancolias para los pretendientes. Andemos con el tiempo aora que nos conuiene; que por esso dizen ama el Rey la traicion, pero no al traydor, y querer ser bueno entre malos es gran trabajo. Los hombres pueden reprehender el mundo, mas a enmendarlo solo Dios es poderoso, y de aquí procede mal lograrse los trabajos desta calidad; hazedme merced de iros con el corriente de la gente, y como dizen: Errar antes con los muchos que acertar con los pocos, porque no ay atajo sin trabajo, y dexad essos sutiles seguir sus intentos, con seguro que os doy que terneis poca embidia del fruto que dellos alcançan. Assi que siguiendo nuestro camino carretero, ya que dexastes hecho el fundamento del buen lenguaje, y quedastes corrientes en la conuersacion, tornad allá mañana, que este negocio quiere ser solicitado. Porque no seas pereçoso, y no serás deseoso; la diligencia es madre de la buenauentura, y quando os vieredes con vuestra prima poned la verguença a vna parte, y dezidla el sueño y la soltura, contandola vuestras congoxas, manifestadas con algunas lagrimas que hareis venir con disimulo y cera de los oidos; que vn repique destos es de mucha eficacia para con ellas, aunque pudieran no darles credito por lo prontas que las tienen quando las han menester.
Zel.—No tengo necessidad de fingir, sino tratar de mis dolores delante de quien más sienta y conozca los que son verdaderos. Pues con solo contarlos excedere a los sentimientos de Priamo en presencia de Aquiles.
Car.—Dessa manera no hay cosa que os detenga; y si la veis piadosa, pedilde que os sea abogada delante de vuestra deidad, y si os fauorece, no dudeis del sucesso a vuestro gusto.
Zel.—Y si no quiere fauorecerme seré del todo perdido, porque no me siento con ánimo para sufrir vn desengaño.
Car.—Gracioso sois. En esta causa nada os ha de dar escandalo; creed siempre lo que hiziere a vuestro proposito, y de lo demas no se os acuerde, que la tierra cria buenas y malas plantas, y junto a la ortiga nace la rosa. Mil yeruas ay que hazen mal, y mil que dan salud. Echad el remo por donde fueren las ondas, que no ay quien no tenga causas de dolor; hazeos a las armas del sufrimiento, que pocos passan la mar sin contar tormenta; no temais antes de oir la trompeta, reforçaos de paciencia para sufrir injurias, guardaos de lugares solitarios que dañan mucho a los tocados desta enfermedad. Acudid siempre a mí con vuestras congoxas y tendreis vn Pilades para Orestes; no adiuineis el mal anticipado, aferraos con la esperança, que quien no se auenturó ni perdio ni ganó. En las cosas dudosas vale mucho la osadia; y pues todo sucesso es incierto, no se ha de temer ni presumir el peor. Si quereis acertar, gouernaos por estos documentos. O, que moço yo para estas cosas, cómo lleuara de parola a vuestra prima y le hiziera del cielo cebolla!
Zel.—No está en esso la dificultad, que yo tambien tengo lenguage.
Car.—Pues en qué?
Zel.—Córrome de pedirle cosa tan fuera de razon.
Car.—No aueis oido que mejor es verguença en cara que mancilla en coraçon? y al pobre necessitado no le está bien tenerla, porque haze malauenturados, como el atreuimiento venturosos. La necessidad no guarda ley, y esta nos manda esperimentar muchas cosas, y es maestra de las artes y quien las conserua. Tener ánimo en las aduersidades es conuertir la fortuna en vuestra ayuda, corrida de verse vencida. En esta opinion os he hallado siempre, y en muchas ocasiones atreuido; aora no sé que mudança es esta.
Zel.—Amar y saber sólo á Dios se concede; y quien sabe temer, sabe acometer. Los negocios que me vistis tratar sin temor, no eran desta calidad. En este soy como el Espartano coxo, que preguntandole que para qué iba a la guerra, respondio que lleuaba proposito de no huir, y assi voy temeroso, porque sé que ha de cargar sobre mí todo error que cometiere, sin ser possible retirarme; y ya aureis oido dezir del soldado de Antigono, que estando enfermo era arriscado en acometer a los enemigos en las batallas, y no estimaua el viuir. Hizieronle curar y fue couarde, porque con la salud temia perder la vida que ya amaua. Quando segui amores que no estimé dexar, a todo me auenturaua; aora que tengo hecho empleo del alma, no ay cosa que no tema, y esto juzgo por lo mejor, porque me lo enseña vn puro y verdadero amor, que es propio maestro de virtudes: y quien muda la mala condicion en buena, el escaso en liberal, el ignorante en discreto, el inconsiderado en prudente, el cobarde en osado.
Car.—Dessa tiña os ha caido en la cabeça, que el cruel amor os ha enseñado a sufrir las amenazas que el pensamiento os pone dessa señora, y os ha dispuesto a consentir en mentiras; pues creed por verdad que los más duros pechos se vencen con blandos ruegos; despues de las tempestades viene el dia sereno. En las cosas arduas crece la gloria de los hombres. La osadia ha de ser al principio de la obra, despues la fortuna disponga los sucessos.
Zel.—Arquidamas, Espartano, viendo a vn hijo suyo pelear con los Atenienses atreuido y temerario, le dixo: «acrecienta las fuerças o dexa el ánimo», dando a entender ser peligro conocido atreuerse ninguno a más de lo que puede, y vos quereis que me atreua yo a declarar con persona tan encastillada como Eufrosina, que hallará tan altos casamientos y prosperos? Reconozcome indigno.
Car.—Y vos no os casareis con ella?
Zel.—Para qué es hablar en esso? no naci yo para tanto bien.
Car.—Ha, qué moço para vn pan y dos hueuos. Ruin sea quien por ruin se tiene; por ventura nunca vimos otros mayores milagros?
Zel.—No veis que se passó ya el tiempo dellos?
Car.—La necessidad los causa, nada se pierde en intentar, y se puede ganar mucho; más vale vn buen consejo que fortuna; en los principios de las acciones no ay que reparar en la razon, y en las de amor, menos. En vuestra prima teneis vn buen medio, que es el todo. Dexad essa nueua verguença y abraçad esta buena ventura, y agradecedla a Dios, y encomendaos a él, y asios a los cabellos de la ocasion, que si no teneis los tesoros de Creso, que en este tiempo dan los quilates del valor a la persona, segun la suma de sus toques, sin ellos enamoró el pastor Paris a la ninfa Enone; y más vale a quien Dios ayuda que quien mucho madruga; y si él os la tiene prometida, todos los del mundo no os la quitarán. Prouad vuestra estrella, que tentando rindieron los Griegos a Troya. Todo lo vence el continuo trabajo. No ay cosa en el mundo que no se pueda esperar, y a Dios nada es dificultoso.
Zel.—O quánto gusto de oiros!
Car.—Assi le sucede a quien habla a sabor del paladar. Vos imaginastes que auia de estrañar vuestros deseos; allá lo haga vuestro confessor, que yo, amigo mio, sé muy bien quán poca impresion hazen reprehensiones cuerdas en voluntades aficionadas. No soy cura de vuestra alma, de lo que entiendo os trato. Quando fueres a Roma, habla Romano: comunicaisme amores, no espereis que os los resista. Todo tiene su ocasion, y por no guardarla, he visto que muchos cuerdos por atajar rodearon. El amor en el viejo es culpa, en el mancebo fruto de la edad. Ay tanto trabajo en esta breue vida, que no se puede passar sin alguna recreacion: esta toman algunos en jugar, que está cerca de hurtar, y es ocasion de renegar; otros en caçar, y segun dan a entender las fabulas antiguas, es exercicio, si bien noble, que haze a los hombres brutos y montaraces, y gusto de mucho trabajo y peligro; pero en esto no doy por ley mi opinion, que todas las cosas tienen la estimacion segun la voluntad de cada vno. Para mí no me den otra cosa sino amores; sin ellos no sabré viuir, y assi estoy tan platico, que en mi concepto todo negocio desta calidad me parece possible, y más si me dais ocasiones, aora se hallan con facilidad, si se saben buscar los medios que la buena diligencia siempre descubrió; y si vos no os atreueis a recauar con vuestra prima que os sea intercesora, hazedme su conocido, que yo os la traere a la mano, y podria estar de caudal de manera que no nos desconcertassemos en el partido, que yo soy de á más Moros, más ganancia.
Zel.—Pues os certifico que no es de desechar, y el dote que tiene no es poco.
Car.—Miraldo bien, que yo no me he de negar, y como sea cosa que os importe, cortaré por lo sano.
Zel.—Nunca entendi que erades para tanto, mas ya veo que lleuareis por raçones las armas a Vlises.
Car.—Y no me alabais más? pues dexadme hazer, que yo os pondre del lodo.
Zel.—A Dios y a ventura he de hazer lo que me dezis, y donde va lo más vaya lo menos. Yo tengo vna carta de mi primo y su hermano, que embió en un[597] pliego de la India; auiasela de embiar, mas aora me determino a ser el portador.
Car.—Ya os veo con viento en popa, porque de ahi vendreis a echar cadenas, como dizen. Vamos a hablar á Filtria, veamos lo que dize, y desta manera haremos primero mi negocio y despues el vuestro, que todo tiene su tiempo.
Zel.—Vamos donde quisieredes, que ya me siento más alentado con la esperança que me dais.
Car.—Persuadios que soy grande alquimista destas materias: verdad es que nunca me doy a negocios que piden la cura a lo largo, porque soy más amigo de estar a sabor que a olor; mas para saberles los puestos y guaridas y hazerles venir á los laços, no ay perdigon que en llamarlos me gane, porque la experiencia me ha hecho maestro.
Zel.—Sabeis de tomar el Sol?
Car.—Por estremo. Allá veo assomar a Filtria; ya se rie, sin duda ay conclusion, vamos tras della a hablarle.