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Orígenes de la novela, Tomo III cover

Orígenes de la novela, Tomo III

Chapter 44: SCENA TERCERA
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About This Book

Una introducción ofrece un estudio crítico sobre la génesis de la novela española, centrándose en el análisis de la Celestina: cuestiones de autoría, fecha, fuentes clásicas e italianas, variantes textuales, caracteres, estilo y su influencia en drama y novela. La segunda parte reúne novelas dialogadas y textos contemporáneos que ilustran temas, lenguaje, modismos, ortografía y rasgos tipográficos de la época. El volumen expone además los criterios editoriales y de transcripción empleados, respetando la ortografía original en las reproducciones (corrigiendo solo errores evidentes) y adaptando la ortografía académica en la introducción para facilitar la lectura.

NOTAS:

[598] Sic. Acaso quiere decir sirvas.

[599] En el original, si en quanto.

[600] En el original, viene.

[601] En el original, por errata, pensadumbre.


SCENA QUARTA

Zelotipo, Cariofilo.

Zel.—Demonio es ésta.

Car.—No ay que buscar mejor oficial de su oficio.

Zel.—Y vos en el vuestro no le dareis ventaja.

Car.—Esso yo os lo juro, que ley con ley se entiende.

Zel.—Lindamente se las tuuistes tiessas, y os distes en los broqueles.

Car.—Ella se desuela por cogerme, y lleua sin paciencia hallarme con poco dinero. Mas muchas cosas sabe la çorra y el erizo vna sola, por donde nunca me coge descubierto; y como la tengo empeñada en lo que ha hecho por mí sobre mi palabra, pretende mejorarse, y sufreme, que el sufrimiento no lo hallareis sino en quien tiene necessidad; y de aqui viene que con los Principes, quanto más los seruimos, estamos menos libres y más prendados, y su obligacion es sujecion nuestra. Para con éstas, si quereis que buelen, comed siempre con ellas adelantado. Ardides son de pobreza, que todo lo alcança a fuerça de braços y maña; por auerla yo vsado con ella, hablaré esta noche a mi dama a pesar de quien le pesare.

Zel.—Quiteseos tal cosa del pensamiento, y persuadios que os miente esta borracha de Filtria.

Car.—Mentir, cómo? Hallado aueis el moço sufrido, pues con quién lo ha para no ir a sacarle vn ojo y mostrarselo al otro?

Zel.—Yo nada creo de los que tengo por mentirosos, y es regla que guardo con los tales.

Car.—Pues vos sois todo dudas. Estás tu aqui, Culebrina, pues por éstas que la ahorcasse de vn pie o le cortasse las orejas si me engañasse; y si tuuiesse culpa la gentil señora, le daria desde vno hasta mil açotes.

Zel.—Mayor castigo merece la mentira, autor de toda maldad, porque en la primera se abrio la puerta de los vicios; y para mí los mentirosos son el más baxo género de gente que ay, como el tiempo lo baraxa todo y conuierte las buenas opiniones en malas costumbres. Acuerdome que lei de los Lacedemonios, que pareciendo delante dellos vn Embaxador con cabellera, Arquidamo no le consintio dar su embajada, diziendo: Cómo puede hablar verdad quien no sólo trae la mentira en el alma encubierta, mas publica en la cabeça? Tanto se estrañaua todo fingimiento en aquella Republica, y aora se viue con él, y se tiene el mentir por buen arte.

Car.—En esso reparais? poco viuireis, porque ya el logro de la vida está en ser fingido y falso. Intencion sencilla y pura no es moneda que corre en trato del mundo. En el que alcançamos quiere hombre que sepa acomodarse a la necessidad y sazon, y tantear el retorno de sus ocupaciones; essotras finezas y primores son inutiles. Si quereis ser tenido por inhabil, tened palabra y dezid verdad. A quien oyeredes llamar buen hombre, dalde limosna y doleos dél. Seguid las pisadas de los que llaman Ladinos, y triunfareis, que éstos tienen habilidad para franquear el camino sin correrse de que los conozcan. De Marco Caton el primero cuentan que si vestia armas, parecia nacido en ellas; si trataua de letras, que se auia criado estudiando; quando fue labrador, ninguno entendio mejor la agricultura; quantas vezes le acusaron, tantas se defendio por sus razones, y que en todo fue eminente con marauillosa industria, teniendola ochenta y seis años que viuio en sus acciones, opinion que ganó por saber dar a cada cosa su propio ser. Pues si viniera aora a tratrar con estos que tienen por discretos, no viera palmo de tierra y pareciera rezien nacido; porque para ellos es cosa de ayre el contrahazer del Momo, las colores del pulpo, las lagrimas del cocodrilo; y quantas figuras la naturaleza haze respeto de los personages que representan si les conuiene, y traen la astucia tan por sus puntos, que si dizen de Iulio Cesar que era autor de adulterios, no tanto por el vicio, como por saber de las mugeres las determinaciones de sus maridos contra él, por donde atajó algunas conjuraciones: assi este género de gentes el fin a que mira su saber es a la codicia que los guia, y enseña a contraminar interesses; y las cautelas de Vlises y de Bruto, que se hizieron locos, no son comparables a las que vsan, porque fingirse vn hombre sin juizio, es luego entendido; mas hazerse inocente para venderos, mostrarse liberal para robaros, amigo quando pretende algo de vos, sufrido para lo que le conuiene; y quando no os ha menester descubrir su malicia y ser ingrato y desconocido, esta discrecion es fruta nueua y dificultosa de conocer, y se halla mucha en esta tierra. Aconsejauan los Sabios de Grecia que no se procurassen muchas amistades para escusar sentimientos de trabajos y enojos agenos, pues sobran los propios. Aora triunfa el que tiene muchos amigos, porque se ayuda de todos, y no haze sino por el que pretende retorno en prouecho propio, ni dize verdad más de en quanto le está bien.

Zel.—Pues si se averiguó delante de Dario que la verdad era superior al poder del Rey, de la muger y el vino, cómo la vemos tan despreciada y abatida?

Car.—Porque los ojos de la vanidad humana, deslumbrados con el interes propio, son ciegos para participar de su luz, y muy de antiguo se dize que engendra odios y la lisonja amigos, y por no conocer el precio que tiene no la estimamos.

Zel.—Lo contrario dezia Pitagoras, que preguntandole si hazian los hombres alguna cosa semejante a Dios, respondio: quando hablan y tratan verdad.

Car.—Ellos dizen muy bien a esso que quien no miente, no viene de buena gente, y presumo que imitan a los caçadores, exercicio que da mucha materia de mentir, y entre ellos los de más presa son vnos que escondidos en vna choza caçan con redes, y por ser a pie enjuto y de prouecho, es gustoso, como a los que no dizen verdad el vso de no tratarla, y assi buscan modos extraordinarios de hablar y dilaciones para que dure su traça, y la costumbre les haze cada día más diestra su naturaleza, porque quien entre miel anda, vntarse tiene. Entendeis este Latin?

Zel.—Ya os entiendo; no ay tal cosa como hablar con el estilo de los oraculos antiguos.

Car.—Esso es lo que digo; quereis crédito para hazer leyes de errores a vuestro saluo, que lo tengan mayor que las de Minos y Licurgo, sin que las atribuyan a los Dioses? pues hablad lo que no os entiendan, vsad terminos estraños, palabras breues y equiuocas, con vn dezir assi, assi, ya me entendeis; mostrad que estais adelante en lo que se dize. Dad a entender que reseruais más en el entendimiento de lo que dezis, con lo qual tendreis suspensa la gente del vulgo, que se eleua con qualquiera nouedad; y de aqui resultó el hazerse los Indigetes, que desapareciendo, se conuertian en estrellas; y esta es la causa porque los Filosofos hablauan por simbolos, por eternizar sus escritos y hazerlos más célebres y de estimacion, que se lo da el no ser claros y ocasion a que los interpreten por más agudos que ellos los escriuieron, y de ser assi ha resultado su duracion: porque a los que por virtud dixeron verdades si se entendieran, huuieran quemado sus libros: porque ya llaman truhan á quien desengaña; y si alguna buena dotrina se recibe, es por venir cubierta con regalo y blandura, que ya en el mundo se trata tanto dél, que hasta los preceptos que son de nuestro prouecho y que enseñan lo que nos conuiene, queremos cubiertos a manera de pildoras açucaradas para poderlos passar.

Zel.—De manera que llamais saber filosofico a la simulacion; nunca vos vseis della, porque los Filosofos que tratauan de virtud no vsaron essos rodeos, sino hablaron verdad con claridad, y padecieron persecuciones por ella, y éstos que su trato es fingir, vsan mentiras y viuen dellas.

Car.—Enseñadme vno dellos, por ver qué conocimiento teneis.

Zel.—Qué gracioso sois! entre tantos quereis que haga vna golondrina verano. Esta es vna tiña general, que muy valida anda siempre de máscara en vanquetes, de que se sigue no poco trabajo, por serlo comunicar con hombres fingidos, conuersacion que es acertado recatarla: porque demas de ser enfadosa, tiene peligro, y en lugar de amor engendra odios; y si con éstos se tiene coraçon sencillo, vais perdido; es necessario ir con el fuero de la tierra, porque lo que se vsa no se escusa, y de otra manera es ser fabula del pueblo, que se deue euitar, y si bien esta es enfermedad de nuestros tiempos, las rayces las tiene muy hondas, y su daño es muy antiguo: porque Iubenal dezia: qué haré en Roma, que no sé mentir?

Car.—Mas qué gran tratado se podia hazer de cosas desta calidad de más prouecho que otros que salen!

Zel.—Por esso pocas vezes me satisfazen los Predicadores, que no saben tomar vna materia alta y profunda como ésta, en que metan la espada hasta los vltimos tercios.

Car.—Pareceme que os picais, que es mal caso y término de negociante, que enfadado del mal despacho y poco efeto de su diligencia, quiere hazer Corretor al Confessor del Rey.

Zel.—Dezid lo que quisieredes, que quando sea assi y passe a murmurar, no es para escusarlo a tiempos, por espantar congoxas, aunque la mordedura sea satirica y llegue al coraçon; y no ay gusto ni medio para aliuiar cuydados como censurar y reprehender el mundo, a quien dél anda sentido, y más de alguna gente que ay en él, que se pudiera escusar mejor que moscas.

Car.—Triste condicion es essa y diferente de la mia: porque veo que los reprehendidos que dan grande ocasion para serlo, triunfan de los reprehensores; atengome con el mundo enamorado, en que se va siempre nauegando á costa con viento próspero y haze todo el año vn eterno Abril, la noche escura y tempestuosa, flores de Mayo. En este viaje corre todo franco, el interes y la codicia no vogan. Finalmente la vida enamorada es la de los campos Eliseos, y no tengo paciencia con que aya algunos que por calificarse de modestos, la anden con estremos publicando por vana, y passen a desacreditar y anichilar las mugeres.

Zel.—Essos tales son como aquel de quien se cuenta que siguiendo vn leon vna cierua, ella huyendo se escondio en vn bosque a la vista de vn pastor, al qual el leon preguntó por la cierua, y él con voz alta le dixo: no la he visto, mostrandole con el dedo dónde estaua, de manera que con el miedo del leon fue falso a la cierua. Assi los que blasfeman del amor y burlan de las mugeres, muestranse esforçados en resistirse en público, y con el alma le reconocen; quexanse dellas y son los culpados, contraminando su inocencia con malicia, de donde se sigue querer introduzir por mala la mejor cosa que tenemos, y quien es tan poderosa con nosotros, que no ay flaqueza ni mal que por su respeto no cometamos, ni peligro a que [no] nos dispongamos por su gusto.

Car.—Todo se deue a las mugeres como a lo mejor del mundo.

Zel.—Ellas se emplean mal en tan mala cosa como el hombre; pues porque nos creen, las engañamos; si nos aman, las destruimos; si se defienden, las deshonramos; si se rinden, no las estimamos; y para verificar lo que se dize contra ellas ser blasfemias en apocar su saber, su constancia, su verdad y perfecion, y que son más fuertes y constantes que los hombres y quán rendidos les estamos; vimos a Salomon idolatrar por complacer vna muger, y adorar los Dioses que ella engañada tenia por deidades; y no vimos a Salomon conuencella que creyesse en el verdadero Dios, que él claramente conocia y creia, y ofendia por ella. Qué saber es éste del hombre? qué constancia? qué verdad? qué fe? Si esta muger fuera Iudia y Salomon Gentil, ella le hiziera Iudio. La muger sustentó lo que creia, y el hombre lo nego: ella vencio con la sinrazon, y él con la razon fue vencido; de más que nos tienen tan rendidos, y sus vitorias contra nosotros son tantas, que pretender resumirlas sería imposible; y siendo esto assi, toda alabança y estimacion se les deue, confessando que la virtud que en ellas florece es natural, y si cometen errores, son culpas nuestras, que las solicitamos y nos desvelamos por engañarlas; por lo qual justamente somos merecedores de gran pena, y que sea condenada por baxeza, y caso indigno de discrecion y nobleza murmurar de mugeres y no reconocerlas por la mejor cosa del mundo; y es lo mismo que los maldizientes, que murmuran de Religiosos, siendo tan cierto que viuen con ordinario exercicio de virtudes; y si acaso alguno por los continuos combates del enemigo comun cae y[602] leuantase luego a continua penitencia; y no reparan en sí mismos, que como mundanos, libres, sin temor ni verguença cometen todas las horas mil pecados que tienen por veniales, y sin ningun arrepentimiento, atreuidos alaban en sí lo que estrañan en los buenos.

Car.—Ha llegado a tal punto el estilo cortesano y de los que lo siguen, que llaman discreto y gracioso al murmurador, y al que lo es más desenfrenado le hallan más sal, y lo admiten en su conuersacion, celebrando por agudezas lo que dize destas materias.

Zel.—A ningun género de gentes tengo tanta lástima, ni estimo menos, que a los murmuradores de Religiosos y mugeres, porque por sus sacrificios y virtudes me persuado que nos sufre Dios, y por ellas tengo por cierto que se sustenta el mundo, y a mi parecer sería sin juyzio y demasiado malicioso quien esto negasse.

Car.—Pues hemos llegado a censurar, sabeis quién me enfada? vnos hombres que de su mala opinion quieren hazer ley y se precian de sustentar vando por su autoridad sola contra lo que está muy recebido y la verdad aprueua.

Zel.—Dessos y de sus conuersaciones se ha de huir[603], y yo tengo vna regla para apartarlas y conocellos.

Car.—Dezidla, veremos qué tal es.

Zel.—El que no teme a Dios, burla de su discrecion; el que por mostrarse muy hombre pone atreuida lengua en jurar, tenedle por necio; y si es assi que no puede ser amigo de su diuina Magestad quien no le obedece y a su nombre tiene deuida reuerencia, culpa será graue el comunicarle y sufrirle.

Car.—Amigo mio, no os pongais en hazer el mundo obseruante; dexad esse cuidado a quien le pertenece por obligacion; conformome con que sólo aceteis conuersaciones que se acomoden a vuestra condicion, porque éstas son de gusto y sin achaques, y las demas son vn perpetuo enfado; y si las comunicaciones se buscan para entretener la vida en contento y amistad, tenerlas para lleuar pesadumbres, de donde nacen odios, es locura y necedad.

Zel.—No condeno yo tener muchos conocidos, lo que reprueuo es que la amistad no sea particular con algunos.

Car.—Muchos tienen por discrecion tenerla y comunicar con toda suerte de hombres para ayudarse dellos en sus necessidades.

Zel.—Essos no tienen amor ni verdad; el interes es su Dios.

Car.—Hora es de cenar: vamos a cumplir con nuestra naturaleza. Passadas las de nuestras venturas, yo ire a buscaros.

Zel.—Sea assi, que ya quisiera que amaneciera, para tener passada noche tan larga para mí, pues no puedo contentar estos ojos con la vista de otros. Para vos será breue, ocupandola en vuestros gustos.

Car.—Essas ponderaciones son viejas; voyme antes que os alargueis más.

NOTAS:

[602] Parece que sobra aquí la conjunción y.

[603] En el original dice luzir.


SCENA QUINTA

Andrade.

And.—Mi amo Zelotipo anda muy lastimado pocos dias ha; muero por saber la causa, y no la puedo entender; solia no encubrirme pensamiento suyo, y aora no sé qué demonio tiene o qué no, que no está para pedirle mercedes. La noche passada no cerró los ojos; vino de fuera quando quería amanecer, y el cuydado de Andrade velar como grulla para abrirle la puerta, porque no le sintiessen en casa, que, mal pecado, esta es siempre la vida que yo tengo con él, y por esso se dize: negra es la cena en la casa agena, y mas negra a quien la cena; y viuir siruiendo es más tristeza que morir, porque no ay señor que no tenga por razon su voluntad, y no sólo la aueis de sufrir, mas alabarsela, si no quereis seruir de valde; y yo tan necio, que perseuero con éste y no me voy aprender oficio, sabiendo muy bien que quien en Palacio enuejece, en hospital muere; pero en fin, quierole bien, que parece que me cortó el ombligo. Mas si por desgracia le huuiessen acuchillado en alguna encrucijada? que son los gages que lleuan los que rondan toda la noche, porque estos estudiantes son desesperados y andan en quadrilla armados como reloges, no sé qué juzgue ni qué haga; él entró sin hablarme palabra fuera de su costumbre; paseose por la sala, suspiraua, daua golpes con las manos, y tirauase los dedos; yo me afligia de verle con tales estremos, imaginando que estaua loco; en fin, despues que se mitigó algo la furia, rendido se acostó por buscar algun consuelo. Quando empeço a ser de dia, durmio sin despertar hasta que le llamaron para la mesa, y no comio dos vocados; alguna cosa le sucedio que le quema la sangre, y no puede ser menos; yo de muy agudo cortéme, preguntéselo, respondiome con darme dos golpes; y tuue por buena suerte no me diesse más, porque por vna paja se pega fuego al molino y poca hiel haze amarga mucha miel. Retiréme luego sacando pies, que a quien has de rogar no deues enojar, y al criado lo que le toca es obedecer a su señor y no darle consejos, que ellos sufren mal y lo reciben peor; lo que importa es mirar cada vno lo que le conuiene, y del mal ageno no tener cuydado. Experiencia tengo desto, aprovechéme della, apartéme como pude de la primera furia, porque de pequeña herida se haze grande llaga; hizeme mudo, consideré que quando el martillo[604] da la yunque sufre y no hay bien ni mal que cien años dure; de colera de señor y de justicia guardar el primer impetu, que despues en quanto la piedra va y viene, Dios dara de sus bienes. Embiame aora con vn recado a Cariofilo, otra tal cabeça como la suya; fue su compañero en la Corte; es hijo de vezino desta ciudad; aurá quinze dias que vinieron a holgarse a su tierra, porque les faltó la moneda que ellos gastan sin dolor, a costa de barba larga y sudor ageno; conuieneme bolar con los pies, porque no cobre lo que ayer perdi; que éstos gustan de quebrar sus pesadumbres en nosotros, y assi arde lo verde por lo seco, paga el justo por el pecador, seruis de noche y de dia, y más aueis de pagar su disgusto, sentir sus dolores como propios. Yo no siruiera a mi amo, mas como ha dias que estoy en su casa, no querria perder lo seruido, porque a piedra mouediza nunca la cubre moho; y como allá dizen, mal amo has de guardar por miedo de no empeorar, yo lo he de sufrir hasta ver dónde llega su ruindad; porque por otra parte passo vida de Rey, y si está contento, es todo buena ventura, su caudal tengo en mi poder y gasto sin cuenta; assi passo, fiandome de sus esperanças; no es segura ganancia, pero voyme por el hilo de las gentes; entendido he, por mis pecados, que no ay para ellos buen proceder ni vida tan ajustada que baste a que nos hagan merced, que assi llaman todos al pagar el seruicio, porque las conciencias son largas y las manos cortas; quanto mayor obligacion nos tienen, tanto más nos aborrecen. Si nos nacen canas siruiendo, dizen ellos que nos criaron y que entonces empeçamos a seruir; con cualquier achaque nos despiden, y si nos bueluen a recebir, publican que es por misericordia, y se ha de merecer de nueuo. Los muy justificados ponen el juyzio de nuestro seruicio, que ellos vieron y saben quál es, en el Confessor, que nunca supo el trabajo que es seruir; luego vienen Letrados liberales del sudor ageno y Harpias de su interes, y rebueluen Bartulos y Baldos, y hallan vna ley que les desobliga hasta de los mandamientos de Dios, que no sufren entendimientos nuevos. Assi que venga el diablo y escoja; y con razon se dize que el bien del amo no es heredad cierta; lo mejor era no seruir a ninguno, mas todos lo dizen y lo desean, y la codicia vence al conocimiento que tenemos de lo que nos conuiene ver. Los pensamientos de mi amo, el mundo es poco para él, dize que ha de traer de la India montes de oro; pues no será tan ruin que lleuandome consigo, no me haga bien, diziendo, como me ha dicho muchas vezes, que hará y acontecera; si no lo cumpliere, no me faltará con qué pasar la vida, Dios me ayudará y con su fauor confio venir con mucho dinero y comprar en mi tierra vn par de buenas casas, y ser más honrado que todos, y comer gallinas y perdizes. Esta es la casa de su padre de Cariofilo: quiero llamar.

NOTAS:

[604] En el original, martilo.


SCENA SEXTA

Andrade, Cariofilo.

Car.—Ola, ola, quién está ahi?

And.—Yo soy, señor.

Car.—Quién sois?

And.—Andrade.

Car.—O señor, V. m. es? suba su bellaqueria, llamais como loco, digo como priuado.

And.—Yo reniego de tantas honras.

Car.—Cubrios, señor.

And.—Bueno estoy assi.

Car.—Dónde andas, picaro, que no pareces, ni me has venido a ver desde que venimos de la Corte?

And.—Con más razon me puedo yo quexar, pues V. m. no da lugar que le hable despues que está en su tierra; en tiempo de higos no ay amigos, sea en buen hora: bolueremos á la Corte y mi peral tendra peras, y alguno me aurá menester y querra le lleue recaudos.

Car.—Pareceme, señor, que me amenazais; pues doyte mi palabra, Andrade, que tengo necesidad de tu fauor aora para cierto negocio de nuestro oficio.

And.—Ojala, mas V. m. tiene á su Cotrin.

Car.—Esse villano para nada es bueno; yo no confio mis secretos sino de ti, que fuiste siempre mi priuado, y somos amigos antiguos; demas que ayer se partio para su tierra.

And.—El me lo dixo y lo bien que V. m. lo vistio; no lo haze dessa manera mi amo con migo, y no porque me falta amor y fidelidad, que en esso bien sé que le lleuo ventaja; son venturas: en dos dias alcança vno lo que se deue a otro por muchos años; tambien yo querria que V. m. le pidiesse de mi parte licencia á mi señor para ir a holgarme a mi tierra quinze dias, y traere churizos para lleuar a la Corte, quando en buen hora boluamos.

Car.—Y a qué quieres ir?

And.—A qué, señor? a comerme una gallina solo.

Car.—Ha picaro, y cómo eres castizo.

And.—Pues, señor, tambien somos gente, y cada gallo canta en su gallinero.

Car.—Y con essa cara de Zigarra, y esse mostachillo determinais vos de ir allá, sin más prouision y passaporte?

And.—Que no sea possible que V. m. dexe essas burlas?

Car.—Bien será que te engrudemos otras barbas y te rapemos essas a rapazadas.

And.—Estas creceran, y a fe que tengo para mí que no me han de conocer allá.

Car.—Podra ser, mas vos estais muy mal azepillado y más ancho que largo.

And.—Aun he de crecer.

Car.—No creo yo tal, porque ya estais añudado; ha te nacido el diente cordal?

And.—No sé, pienso que sí.

Car.—Veis, no os digo yo? guardate si allá fueres de casarte, porque espero en ti vn gran cornudillo.

And.—Esso está muy lexos, porque yo he de ir con mi señor á la India.

Car.—Resolucion me parece de hombre de ánimo; pues yo sé de tu amo que te quiere bien, y lo ha de mostrar con obras.

And.—Confiança tengo de su voluntad y yo se la merezco.

Car.—Y pues, qué te parece desta tierra? huelgaste en ella?

And.—Bien, pero mejor me hallo en Lisboa, que es madre de todos, y en el mar ancho se cria el pez grande.

Car.—Ya sé que tienes allá vna hermosa vendedera.

And.—Esso nunca falta, mas en la Corte viue hombre a su plazer, y no siruo más que a mi señor, que le sé su condicion, y aqui su padre manda, la madre manda, la hermana manda, y no me dexan sossegar vn instante, y aunque aya cien moços en casa, a mí solo han de mandar, y muchos componedores echan a perder la nouia, y asno de muchos, lobos se lo comen; demas que en la Corte nunca me faltan dineros, y aquí no ay sino el comer hasta no poder más, y no puedo allegar vn quarto; y como dizen, la tierra que sé por madre la he. Tal es Lisboa, en quien nunca falta el trato y la buena ventura para todos.

Car.—Lo que yo sé es que no teneis aora qué comprar, porque ya me entendeis; que quien trae las manos en la massa, siempre se le pega della.

And.—Esso no se puede negar, la verdad Dios la amó de ordinario; se sisa poco o mucho, ay pieças viejas que vender, baratos de juego y otros percances que nunca faltan.

Car.—Qué te parece, Andrade, de nuestras damas de Palacio, estaran aora muy cuydadosas o tendran otros galanes?

And.—Es el mal que no: todas son muy prouidas en no estar fiadas en vn ancora, por no ser como el raton, que no sabe más de vn agujero.

Car.—En esso te afirmas?

And.—Y se lo daría yo por consejo, porque quando vna puerta se cierra, otra se abre, y vn ruin ido, otro venido, y no estan obligadas a guardar lealtad hasta el dia del juyzio final, y ni Sabado sin Sol, ni moça sin amor.

Car.—Segun esso, diremosles luego, que a quien Dios se la diere, San Pedro se la vendiga; y tu amiga Eluira de Almeida, tendra ya amigo?

And.—Menos me fiaré dessa, por mas juramentos que ella hizo, porque costumbre pongas que no quites, y vezerrillo que suele mamar, proueelle el paladar, y sea tuya la higuera y comame yo los higos. Lloraua quando yo fui allá por las camisas de V. m. y estaua con vna toalla rezia y negra por toca, y juróme y tresjuróme que no se auia de poner otra hasta que le viesse delante de sus ojos, ni auia de salir de aquella casa sino los Viernes, quando fuesse a nuestra Señora del Monte a pedirla que durasse poco esta ausencia; mas si ella es la que yo imagino, hará como viere hazer a sus amigas; y no dudo que tendra amparo para no morir de frio; pero yo asseguro que assi como vamos, que ay campo franco, porque le es muy aficionada, y negará por V. m. a todo el mundo.

Car.—Y la madre reñira aora?

And.—Essa tuerta par diez que es la más falsa y interessada vieja que vi jamas. Siempre me dezia: No dan morcilla a quien no mata puerco, y no estaua contenta sino quando la lleuaua alguna cosa. Llamauale a V. m. esse vñas de hambre, y a mí ladron bellaco mentiroso; ella no tenia verguença para dezir lo que queria, y yo reiame. O, lo que beue, valame Dios; y yo asseguro que no fuera la hija tan ruin si la madre no la hiziera a sus costumbres. Predicauala siempre que no se fiasse de mí, y mucho menos de V. m., y a la fe no sé si eran ellas el lobo y la bulpeja todos son en la conseja; con todo ambas muy llorosas mostraron sentimiento de su partida de V. m., pero yo voyme por lo que dizen: No cries gallina donde la raposa mora, ni creas lagrimas de muger que llora; y para mí es cierto que nunca nacio ni nacera peor cosa que la mala muger.

Car.—De mí te sé dezir, Andrade, que no las trato más que para mis horas de plazer; doyles poco, y nunca pago adelantado.

And.—Esso es lo que importa y no ser como su amigo Galindo, que las da lo que tiene y lo que no tiene, y ellas se burlan dél.

Car.—Qué me diras de nuestras vezinas las botoneras?

And.—O señor, qué inquieta traia a la hermana más moça; si no nos vinieramos, antes de muchos dias se la echara en las manos a mi señor, y en buena fe yo soy muy gran necio en no recauar para mí, que ellas todas me quieren, y él nada me agradece, y todo lo atribuye a su bizarria; pero yo me atreuia a negociar mejor por mi buena platica.

Car.—Y lo alcançaras sin duda, porque tú lo entiendes con ventaja, mas nunca fuiste para hablar para mí la otra hermana.

And.—Essa tenia cuyo, y era más zahareña, y zelaua tanto a estotra, que no la dexaua a sol ni a sombra, y conmigo dissimulaua por ser mi amiga.

Car.—Y de la tendera qué me dizes?

And.—Que es bonita y astuta; ninguna vi tan entremetida y resabida, y es la más segura y disimulada muger que pensé ver, y el cornudillo de su marido me quiso matar, porque me halló vn día hablando con ella dentro en su casa: escapéme con dezirle la señora que me enseñaua vnas camisas que le auia ido a comprar.

Car.—Y si te cortara las orejas?

And.—Si he de hablar la verdad, yo no estaua en cielo ni en tierra, pero tuue siempre la mano en mi daguilla y él temiome; mas yo imaginé que auia hecho la ida sin venida como potros a la feria, y mi señor me ha dicho que si pusiera en mí las manos que lo hiziera tajadas. Bueno está lo hecho, que la vengança es tarda y es mala de tomar de quien se guarda, y el gusto que da es breue; y más vale salto de mata que ruego de buenos; porque quando siruas al Conde, no mates al hombre, que morira el Conde y pagaras el hombre, y el preso y el cautiuo no tiene amigo. Lo cierto es que quando me vi fuera, di gracias a Dios y me acordé que muchos perros lamen en el molino, y todo el mal es para el que cogen; ella me tenia aduertido de lo que auia de hazer, y como la cosa bien negada nunca es bien creyda, valiome la dissimulacion que tuue.

Car.—Y tu señor qué haze aora?

And.—Durmiendo quedaua en el regazo de su hermana, que le traia la mano por la cabeça.

Car.—Es hermosa?

And.—Al diablo! como mil angeles.

Car.—Por tu vida que le des vn recaudo de mi parte y me hagas su conocido.

And.—Guarda, nunca Dios tal mande; auia yo de ser traidor á mi señor? ni V. m. lo querra.

Car.—Hate hablado en mí en alguna ocasion?

And.—Muchas vezes ha tratado de V. m. y dize que le parece muy galan y de buen talle.

Car.—Y tú que le dizes?

And.—Qué le he de dezir, sino lo que en V. m. ay, y luego me pregunta si tenian V. ms. amores en la Corte y lo que hazian, y assi esto como lo demas que trata es con mucha discrecion: porque en todo tiene mil gracias, y lee y escriue estremadamente, y lo que a mí más me importa es que tiene muy buenas entrañas y me da regalos para comer.

Car.—Es enamorada?

And.—No sé, ella anda muy vizarra, y la muger muy lozana dar se quiere a vida vana, y más ésta que está tan regalada de su padre, que la madre no se atreue a hablarla; pero para aqui y para delante de Dios, que me parece moça cuerda y de estimacion y altiua de pensamientos.

Car.—Pues guardala destos estudiantes, que son sanguijuelas de conuersaciones, y con sus armas daran combate al Cayro.

And.—Dize V. m. verdad, y a fe que los temo, porque son tantos y tan ociosos, que no ay cosa que se les escape, si bien todo su deseo es comer a lo seguro, y nunca salen de malcocinado; mas ella está mejor con los Cortesanos.

Car.—Es muy amiga de tu señor?

And.—Con estremo; su mayor deseo es acertar a regalar a su hermano.

Car.—Y pues él qué dize aora?

And.—Ya se me oluidaua, pues bien de prissa me lo mandó.

Car.—No perderas tus mañas.

And.—Dize que no salga V. m. de casa hasta que sea muy tarde que vendra a verle; y si ha de salir V. m. que le embie a dezir dónde le hallará para darle á V. m. cuenta de lo que sabe. Ayer por la noche fue V. m. con él?

Car.—No.

And.—Yo no puedo entender lo que haze, o en lo que anda estos dias, porque todas las noches va fuera de casa y viene a dormir a la mañana, y con esto anda sin gusto ni juyzio.

Car.—Mira no le ayan hecho alguna supercheria entre muchos.

And.—Aunque más fueran, no se la harian, que es muy valiente, y no dexa la capa en el terrero; mas el diablo que sepa esso, por ninguno se puede jurar; deseo saber lo que es, y lo he de alcançar si no me muero. Su hermana anda más curiosa, y le pregunta la causa muchas vezes; él desimula; ella piensa que es cuydado de la Corte, y si lo es no espero remedio tan presto, porque su padre no tiene orden para embiarlo hasta coger los frutos, ni puedo.

Car.—Vete y dile que yo me echo a dormir la siesta, y le aguardaré hasta que venga; y, amigo mio, veamonos más vezes, que tenemos mucho que hablaren cosas de importancia.

And.—Dios delante, todo se hará bien.


ACTO SEGVNDO

SCENA PRIMERA

Zelotipo.

Zel.—O, quán poco reposo permite ni consiente el amor en el alma de que tomó possession con tirania, pues sólo espera el descanso de sus trabajos en la dura muerte: la qual si bien se considera, se ha de llamar blanda, pues para los desdichados no es tormento, sino fin de desuenturas; y assi dezia muy bien Epicureo[605] que no era mal el padecella, el camino para tenerla sí; y no hallo otro más breue para alcançarla que este por donde voy, segun lo que de mí siento, y la dilacion me aflixe y atormenta, dando bueltas sin cesar en esta rueda de mis varios pensamientos, como el cuytado Ixion en la infernal por sus amores, huyendo de mí propio, como la hija de Inaco de su nueua figura, y assi estoy estraño de lo que solia ser, siguiendo la esperança que huye de mí, como Inaco de Esperies. O ciego niño! con razon te dan este nombre, pues tus apetitos y mouimientos carecen della y de todo juyzio claro. Triste del que te está tan sujeto, que conociendo y padeciendo tus daños, los busca con incessables deseos, y atropellando quantos inconuenientes se me ponen delante, sigo la materia de mis culpas, de las quales mis propios sentidos me dan la pena, como sus perros a Acteon. No te llamen amor, sino comun desuentura, como dezia Sofocles, porque tú eres Pluton, tú la molesta y forçosa necessidad, la furiosa rabia, el mismo luto; en ti se encierran la verdad y la mentira, la inquietud y el sossiego, la flaqueza y la fortaleza. Tú reynas en todo género de animales, en la tierra y en el mar, y ninguno de los Dioses se escapó de tu tirania, y quien por tal no te conoce carece de sentido. El gran Iupiter te obedece; tienente los hombres por maestro; tú haces la vida gustosa, enseñas los ignorantes, sustentas el sufrimiento, esfuerças en las aduersidades, venzes la pobreza, y por el contrario, conuiertes los racionales en brutos, a los sabios hazes idolatrar, corrompes lo más puro, entristeces la alegria; tu esperança es desesperada, paraiso triste, pensamiento sin cuydado, ojos sin vista, paz con discordia, honra con verguença, destruydor de fuerças, engendrador de vicios, conquistador de ociosos, robador de libertades, sin razon, sin orden y sin confiança. En tanta confusion, qué sentirá quien ha de seguir tu vandera? O desventura de enamorados! a quien no llegan los males de Nioue, ni el peligro que mostró a su amigo el tirano Dionisio en el combite. O triste alma apassionada de sus furias, como Atamanta que está ahogada en dolores en la playa de mis desesperaciones, como Ceicis, sin hallar quien me ampare y aliente. En mis determinaciones me saltean desesperados rezelos, intento acometer y a nada me atreuo, quisiera ir a verme con mi prima Silua de Sosa, por consejo de Cariofilo, y no me resueluo: porque pedirla que me ayude en esta empressa tan ardua y dificultosa es cosa fuerte y demasiado atreuimiento, y me pongo a riesgo de perder su conuersacion; si no intento este medio perdere la vida; no sé qué me haga. O qué poco ánimo para enamorado! Atreuiose Paris a enamorar y robar a Elena en su Reino, Pluton a la hija de Ceres, Bulcano acometer a Palas, Neso huir con Deyanira, Boreas hurtar a Oritia; pues es menor el amor que yo tengo a Eufrosina para no atreuerme? Detieneme considerar que aun para quererla desmerezco tanto, quanto sus merecimientos exceden a todos los destas, consideracion que me rinde a que no me atreua a esperar, quanto más acometer; no solia yo ser desta condicion, ya no sé qué soy. La noche passada que estuue con Cariofilo fui acongojado de la embidia que tuue de sus amores, por la poca esperança que de los mios tenia, passela en vn suspiro despierto en mi dolor, y aunque desuelado no me consintieron mis pensamientos vn breue sueño; y si algun reposo tuue, se passó en visiones causadas de mis temores. Aora en fin el cuerbo no puede ser más negro que las alas; yo me he de arriesgar a tentar fortuna, pues dizen que vn palmo de pereza acrecienta diez de daño, y la negligencia corrompe el ánimo, y ser diligente lo conserua y aumenta; no quiero quede por mí, que no ay quien caue como el dueño del huron; haré de mi parte lo que pudiere, sin mirar inconuenientes; lo que fuere mio, a la mano se me vendra; querer medir las cosas de ventura por razon es demasiada prudencia, y hombre muy comedido nunca subió mucho. En el mundo, que no tiene orden, valen los pensamientos desordenados. César triunfó por entregarse temerariamente a la fortuna, y Pompeyo fue vencido por fiarse de su juyzio: medirlo todo por él es querer limitar el poder de Dios, que tiene por costumbre vencer cosas fuertes con debiles instrumentos; en él me encomiendo, como todo poderoso, y como Dauid en su nombre con vna onda y cayado mató a Golias, a quien temia todo vn exército armado, assi puedo y espero alcançar lo que pretendo con sana intencion, y para seruicio suyo; yo me resueluo a ir a ver a mi prima; no sé si será ya hora. Ola moço, Andrade.

NOTAS:

[605] Sic., por Epicuro.


SCENA SEGUNDA

Andrade, Zelotipo, Vitoria.

And.—Señor.

Zel.—Qué labios traeis, villano, y qué monton sois de sueño! Ola, con quién hablo?

And.—Señor.

Zel.—En pie os dormis, sabeis qué hora es?

And.—Poco ha que vine de casa de Cariofilo, y dieron las dos.

Zel.—Mi vestido está limpio?

And.—Aora lo limpiaré.

Zel.—Yo no sé qué ocupaciones y negocios son los vuestros, que no teneis cuydado de mí despues que estamos en esta tierra.

And.—No me dan a mí esse lugar.

Zel.—Sea en buen hora, que no todos los tiempos son vnos; pero yo os prometo que os he de poner en orden de oy adelante, y daros leyes de viuir antes que del todo os hagais saluage. Vn picaro como éste, que nunca se ha de ver harto de dormir!

And.—Si yo no velasse toda la noche, no dormiria de dia; mas de traer quebrado el sueño a sus horas, nace tomarlo a todas las que puedo.

Zel.—Velas tú? mucha pereza y bellaqueria que tienes en esse cuerpo; pues miren el asseo de su persona, y aquella pretina cómo la trae atada. Pues yo os asseguro que estais lexos de ser Iulio Cesar.

And.—Mucho tiene Dios que dar y aun está donde solia.

Zel.—No sé si sabeis que sois muy feo, y nada bien hecho.

And.—Muy poco se me da a mí desso; querria más mucho dinero.

Zel.—Gran socarron me pareceis.

And.—Bueno está aora mi amo; no deue correr buen humor; mejor seria darme vnos çapatos antes que me dexen éstos.

Zel.—Por qué engordais tanto? pareceme que se os echa de ver el buen pasto.

And.—Yo me soy de buena complision, mas esto que digo: Estos pies no andan ya para ir con V. m.

Zel.—Qué ha de ser, si los teneis tan mal hechos que no ay herradura que os arme? yo me determino a mandar que os azepillen las piernas, y amoldaros essa cara, que me corro de dar de comer a vna bestia tan desaliñada. Calçaos aquellos çapatos mios y lauaos esse rostro con alguna legia; iremos a hablar a mi prima Silua de Sosa.

And.—Quando V. m. me embió a casa de Cariofilo, fui a lleuarle vn recado y vn poco de fruta de parte de mi señora, y me preguntó por V. m. y dixo que le besaua las manos, y que le embiasse aquella carta de la India, y que no se oluidasse V. m. de ir a verla.

Zel.—Cómo no me lo has dicho?

And.—Si V. m. dormia y me mandó que no lo dispertasse quando viniesse, cómo lo auia de dezir? Pues qué contaré á V. m.? Vi a la señora Eufrosina tan hermosa, que nunca pense ver cosa tal.

Zel.—Inuencion de mis hados, que a los brutos dara entendimiento. Dime qué hazia? o cómo la viste?

And.—Llegó la señora su prima a recebir el recado a la puerta de la antecamara, y venia abraçada con ella, con los cabellos trençados, con tanto donayre, que mal año para quantas ay en Palacio.

Zel.—Todos estos son soplos del fingido Ascanio para encender mi fuego. Y Cariofilo qué te dixo?

And.—Que esperaua en su casa.

Zel.—Limpiame estos çapatos y vente conmigo. O Venus, que tantas vezes consumiste el furor deste que desprecia las armas de Tifeo; tú que lo libraste de la prision en que lo atormentauan los heroycos Varones, pues voy en su dia y hora, guiame como guiaste en Cartago a tu hijo Eneas.

And.—Qué suspiros y murmuraciones son estas que mi amo tiene consigo? Que me maten si él no emprehende alguna quimera; mas si se le ha metido en la cabeça enamorar a Eufrosina? No será mucha marauilla, segun es loco, y en su opinion presume que por discreto y galan ha de rendillo todo, y yo quisiera más dinero que todos sus versos, porque este franquea el campo y lo demás es martillar en hierro frio.

Zel.—Qué agradable sombra tiene esta calle con el ayre, que ya siento más blando que el de Aurora a Zefalo en sólo llegar a esta puerta. O escalones de mi ventura, quién osará subir, entendiendo que me pongo en ocasion de mayor cayda! libreme Dios del aguero de la subida de los Franceses, que descubrieron los gansos. Sube tú, Andrade, y auisa a mi prima que estoy aqui. Dexa, dexa, que esta señora lo hará. Señora Bitoria, adónde lleua su viaje?

Bit.—Señor, a su seruicio, al rio.

Zel.—Antes que baxeis, por me hazer merced, dezid como estoy aqui, y perdonad este atreuimiento.

Bit.—Buen orden es esse, a buena dicha tengo que se ofrezca ocasion de hazer á V. m. este pequeño seruicio.

Zel.—Es mucha merced, y yo os lo seruire, y dessa buena persona no se podia esperar menos.

And.—Ladina es la fregona y á proposito para vn par de toques.

Zel.—Pues qué se perdera en trabar con ella estrecha amistad?

And.—Veremos, que aun aora yo soy nueuo en esta tierra.

Zel.—O coraçon vandolero, ya siento que me dexas por irte con quien me tiene el alma y los sentidos. Todo el cuerpo se me estremece en pensar que he de entrar en tan gran batalla, sin voluntad libre, con que todo lo solia acometer atreuido.

And.—Malo va el negocio o yo soy inocente. Mi amo está más palido que si entrara en desafio; de quándo acá es tan vergonçoso y confuso? Mucho me da que pensar; sin duda él viene con alguna mala determinacion; pues matenme si yo no lo supiere, por más que de mí lo encubra.

Bit.—Señor, suba, que ya le espera.

Zel.—Besoos, señora, las manos mil vezes; quedate tú aqui, Andrade.

Bit.—Yo las de su merced.

And.—Señora, quiere que la acompañe?

Bit.—No es necessario, ni por acá lo acostumbramos.

And.—Pues a fe que no es muy seguro ir sola vna cara como la vuestra.

Bit.—Hazeis burla ó cortais?

And.—No burlo, por este cielo que nos cubre.

Bit.—Esso os deuo, y aqui me tiene a su seruicio.

And.—Y yo, señora, estoy como muy su cautiuo con hierros. Contenta va la rapacilla y vfana porque la alabé; no es mal principio éste, pero yo muero por saber el intento de mi amo Zelotipo; y en quanto está con su prima, me parece que no será malo seguir el camino desta moça, y trabajar por hazerla a mi mano y de nuestro vando; podra ser que aproueche, pues no ay tan mala yerua que no tenga alguna virtud.


SCENA TERCERA

Bitoria, Estudiante, Andrade.

Bit.—Estos cortesanos son buena gente, tan comedidos, que os perdereis por ellos; en fin, en fin tienen cortesia; estotros de la villa son mal dotrinados, hablan siempre de tú por tú, por daca las pajas os deshonran. Todo es dixete y dixisteme, y andar azechando por ver lo que passa; si ven alguno destos de Palacio, se espantan, y en su ausencia lo mormuran y dizen dél las tres leyes, y en su presencia no aciertan a hablar palabra de corridos; por esso se dize que la peor gente para tratar es la de poco saber, y más si son aldeanos. Estos estudiantes buenos mancebos son, si no fueran tan locos, tan parleros y alabanciosos de hecho y por hazer. Ay, acá está mi enamorado; alguna cosa me dira.

Est.—Señora Bitoria, por qué lleuais tan mala vida? y no os cansais de ir tantas vezes al río? hazer de vos azacan, no es de derecho.

Bit.—De derecho o de tuerto, quien más no puede, morir se dexa. Va el Rey donde puede y no donde quiere.

Est.—Es verdad: Non omnes possumus omnia; pero no responde al caso ni es veresimile, porque vuestra impossibilidad procede de esencia de propia culpa. De donde podemos inferir vn predicamento, que si quisieredes, sin daño ni injuria de otro podeis embiar por essa agua a mi costa, y con esto escusar el mal tratamiento de vuestra persona, que yo querria muy descansada y regalada, y segundariamente es contra la mia, que de agente hazeis paciente por lo que os quiero, y quedo yo con dos contrarios en vn sujeto que no se compadecen.

Bit.—Sí, mandaré a mi negrilla de los pies quemados.

Est.Per Deum verum, que me tuesta esso la sangre; parece que hazeis poca cuenta de los vuestros, que es caso de injuria en su género, porque el dinero ha de seruir a la persona y la persona no al dinero; y vos estais remota desta consideracion.

Bit.—Bien sé que me puede enseñar, y que lee y entiende.

Est.—Pues por tanto.

And.—Muy mansa veo esta señora; no sé si soy malicioso, ella escucha y espera; conocimiento es de muchos días, no estoy bien con tanta conuersacion en achaque de vezina, que estopas junto al fuego no estan seguras; quiero esconderme en aquel rincon, estare cerca, y sin que me vean los oire, que aqui ha de tomar fundamento mi negocio.

Est.—Tenemos vn poeta que nos da grandes reglas para esta negociacion, que los vulgares no alcançan ni saben poner en terminos.

Bit.—Por esso ellos, mal hora, saben tanto.

Est.—Es de congruo, pues estudiamos.

And.—Qué diablos tiene que ver el congrio con los amores? alli entra la malicia.

Est.—Yo os diré, para que veais cómo habla a proposito acerca de que no se ha de perder vn momento de gusto quien puede tenerlo, y empieça: Creditè, eunt anni more fluentis aquae, y va assi diziendo: agua que passa no se puede recuperar, y claro lo veis en el río, por lo qual dize: Vtendum est aetate: logrese cada vno en la edad que se escurre como vnto, y nunca sigue hora tan buena como la passada.

And.—Buen Consejero está éste, y aquella es la verdad; no ay que negar que son diablos éstos y que todo lo saben.

Est.—Por esso os digo yo, señora Bitoria, que teneis la culpa de perder las ocasiones, y yo no quiero ser poderoso en otra cosa sino en quitaros dessos trabajos.

Bit.—No mereci tanto con Dios, mas en fin sana y sin lision estoy, y en quanto tuuiere salud, no quiero que otra me sirua.

Est.—O, o, que no; assi Dios me haga bien que muchas vezes siento en el alma que seais tan poco amiga de vos misma, que pudiendo ser seruida querais seruir, y la costa no importa, pues por mi cuenta podeis estar riyendo y holgando en casa con nuestra ama, sin que lo sientan ni entiendan las aues del cielo.

And.—Vizcayno es el estudiante, sí por sí y no por no; con pies de lana quiere cogerla; mucha raposeria saben éstos, fiaos por amor de mí en perro que coxquea.

Bit.—Ay, señor, que soy tan desdichada que lo que no pienso se sabe, quanto más lo que hago; pues qué coraçon el mio para no creer que luego se publicará todo?

And.—La muchacha es medrosa en dia claro, a escuras más segura estará al herrar. Ay, amiga mia, y qué aprissa os veo caer.

Est.—Cómo sois graciosa! nada es imposible al hombre. Omnia vincit.

And.—No vi amores de libro como éstos; qué gritos diera aqui Cariofilo si los oyera! los que vsan este lenguaje andan a qual más necedades dixere; atengome al mio, que es canto llano, y con él cortenme las orejas si no les enseñare a todos; sólo reconozco a vn amigo mio, que no sé qué les dize a las mugeres, que ninguna se le escapa.

Est.—Yos os poneis conmigo? hareos inuissible cada vez que quisiere; dareos palabras escritas que traigais con vos para que no os muerda perro, otras para que os quiera bien todo el mundo y enmudezcan todos aquellos que quisieren hablar mal de vos.

And.—Sopla, essas mañas teneis? juro a tal, que no sé si lo acierto en estar aqui.

Bit.—Quiero darme por vencida, porque sé que con essas artes, mal pecado, hazen ellos lo que quieren; y en buena fe que no le niego que holgaria hazerme inuisible para prouar; mas guardeme Dios, parecerame a mí que me lleuan por essos aires.

Est.—Aora callad, que yo os he de dar vna nomina muy aprouada para que tengais ventura con todo el mundo, hecha el dia de San Iuan a vista del Sol, quando bayla, y con ciertas yeruas cogidas antes que nazca; y no la tengais en poco, que yo sé que os acordareis de mí, que este vuestro amo parece muy celoso, y con esto le hareis del cielo cebolla.

Bit.—El diablo se lo ha dicho; enfadase que no halla remedio contra sus musicas, y dize, nunca estos guitarreros callan.

Est.—En verdad? pues ahorquese, que yo soy de Viuere ad libitum, y no tengo que fare con Rey de Aragone.

And.—Estos son gente sin ley ni Rey, todo su cuydado es buscar recreacion; la ciencia está en los libros, el estudiar, ir y venir a su tierra, y despues de largo tiempo malgastado: Bachiller soy, bien votado o mal votado, y dan sentencias de golpe, como palo de ciego, que lleua el pelo y el pellejo, y el mal es para quien les cae en las manos.

Est.—Aora bien, señora Bitoria, pues la alcançais de mí, siquiera por la honra no traereis vnas çapatillas en essos pedecillos porque no os los hieran las piedras?

Bit.—En buena fe que no es por falta de tenerlas, sino por pereza de calçarlas y descalçarlas en el río.

Est.—Yo sospecho que las guardais por tener paz con la escaseza de vuestro amo.

Bit.—Esso es de lo que aora él se acuerda.

Est.—Yo me corro de que andeis assi por lo que me toca; hazedme merced en recebir de mí las que pudieredes romper; porque, señora, no querria que otros ojos gozassen de lo que yo tomaria ver por fauor y gusto.

Bit.—Poco desso, que me corro.

Est.—Quereis darme la medida y las mandaré hazer?

Bit.—Yo las doy por recebidas, no se ponga en esse trabajo.

Est.—Hasta en essa poquedad no quereis fauorecerme? hazeis mal, que tengo padre rico, y soy muy regalado de mi madre.

Bit.—Pues quién mejor que él? busque quien se lo agradezca.

Est.—Y me cubren regalos de la tierra.

And.—Vos, amigo, no dais en el punto, que éstas con lo que se caçan es con pasteles y buñuelos.

Est.—Y más aora que espero muchas colaciones.

Bit.—Haganle buen prouecho.

Est.—Assi harán a vos, si quisieredes.

Bit.—Fuera va de pulla, esso es hablar con muchos entenderes.

Est.—Sabed de mí que no tengo cosa propia que no sea vuestra.

Bit.—Dios os lo agradezca, que yo no soy parte, y otra hallareis en quien mejor se emplee.

Est.—No tan a mi gusto para quien nacistis hecha y cortada, y voluntad es vida, y deseo mucho saber qué desdicha es ésta que tengo con vos, pues pienso que no soy de mal talle.

Bit.—No es sino muy gentilhombre, bendigale Dios.

Est.—Yo por tal me tengo y holgaria parecerlo a vos, y que me veais con estos habitos cumplidos propter honestatem, en tiempos escusados, quando aliter non licet. Tambien sé vestir los cortos y traer espada y daga, para si fuere necessario, que los estudiantes tambien somos hombres.

Bit.—Pense en buena fe que eran bestias.

Est.—Bien me honrais por buenas palabras; el sufrimiento omnia sustinet; si es possible, señora Bitoria, alcance yo algo de lo que pretendo de vos, y cuesteme la vida.

And.—Detienese tanto, que tengo miedo de perder a mi amo, y él anda aora muy poco cortesano; no quiero que su ignorancia me dé experiencia, no sé si será bien irme; esperar quiero vn poco, mas porque deseo tentarla por ver si es cetrera, y más por la necesidad que sospecho ha de tener mi dueño.

Bit.—Dexesse desso, señor, y deme licencia, que me detengo mucho, no me vea alguno de mi casa.

Est.—Esperad, no seais de mala condicion, no desprecieis a quien os estima; sabedme engañar, vereis marauillas.

And.—Bueno va el negocio. Estos son la misma porfia. Réplicas van, réplicas vienen, y con dilaciones consumiran cien vidas de quien espera, y ella es más mansa que el sueño, no dudó el salir con su intento; el agujero llama al ladron, y si espera como paloma zurana, no seré yo fiador de su abono.

Est.—Quereis recebir de mí vna merienda? Quándo labais?

Bit.—Mañana.

Est.—Aora le vinieron a mi compañero regalos, que él quiere partir con vuestra amiga; juntaos ambas en el tendedero y mi ama os los lleuará; iremos yo y mi compatriota y entraremos por entre estos vallados para veros, si nos quisieredes ver y hablar.

Bit.—Señor, dexeme ir, que tardo mucho; en lo demas haga lo que quisiere, que yo haré lo que concertare mi amiga.

And.—La merienda acetó, y quien toma, da; la amiga será otra tal como ella; ya se va, parece cosa de compadreria, no se me escapará la empresa: porque quanto a lo primero seré compañero en la merienda, si llegare a tiempo, porque yo me sabre entremeter de manera que con voluntad o sin ella me combiden, y tambien estoruaré que no lleguen a conclusion los seruidores de bonete.

Est.—No en valde llamaua Diogenes a las riquezas Vomitum fortunæ; marauillosamente dicho, por aqui la he de caçar. Regla es de Ouidio: Munera, crede mihi, capiunt hominesque Deosque, Placatur donis Iupiter ipse datis. Donde dezia bien Horacio, Aurum per medium ire satelitis; y puede ser que paguen las mis amigas luego el escote, para lo qual haremos vna instruccion a nuestra ama in genere suasorio, para que la cosa esté preparada quando vamos; si no bastare, caminaremos assi pian pian, intrat amor mentes vsu, didicitur vsu. Ella no se me escapará, si yo puedo: porque es vna de las frescas rapacillas que pensé ver, y aunque venda los libros, he de saber lo que es, y señalarla de mi hierro, y si mi padre lo supiere, consuelese con Cipion, que se enamoró de vna criada de su muger Emilia; y él no hizo milagros, que muchas vezes le oi alabarse de semejantes cosas, demas que mi madre lo allanará todo: porque el enfado del estudio no se puede sufrir si no es a fuerça de necessidad. Esta dio letras a mi padre, y no he de ir yo por sus pisadas a fortiori, que no todos tienen vna inclinacion, tot homines, tot sententiæ. Rico es, lograrme quiero con su trabajo; pues es veresimile que él allegó y guarda para que yo desperdicie; y no ha de ser todo preuenir lo futuro y guardar reglas de viuir, como él haze; quanto más que yo podré graduarme por suficiencia, y con estar dos dias en Sena o en Bolonia, espantaré toda esta tierra, y con dos sentencias que traiga de la Rota, pensará mi padre que vengo hecho vn Oraculo, porque él menos letras sabe que no yo; vino en tiempo acomodado y valiole su buena traça, y porque le dixo bien, quiere que no aya otro modo seguro de viuir. El hijo raras veces imita al padre, y pocos saben encaminarlos, porque quieren ajustar las inclinaciones de la mocedad con las flaquezas de la vejez; conformidad impossible, porque cada cosa sigue a su natural, y en el descanso y lo violento no permanece. Con Bitoria querria concertarme; podra ser que la lleue conmigo a Italia, que si yo hallo dinero prestado, con breuedad haré almoneda y me partire: Homo nascitur ad laborem, y más: Per varios casus, per tot discrimina rerum tendimus in Latium, sedes vbi fata quietas ostendunt. Mucho vale la experiencia, el hombre ha de ver el mundo. Por peregrinar fue Vlises tan celebrado, Platon por discurrir por diuersas naciones supo tanto. En fin, yo no me he de dexar morir en la cascara. Dii ceptis aspirate meis, que no espero más que tener dinero.

And.—Quiero ir dandola caça, y allá delante trabaré conuersacion, que ella es muger que a nadie desechará, y haze bien, que las personas generales son bien quistas y hazen su negocio, sin obligarse a lo que no quieren y con facilidad se apartan de lo que no les agrada. Yo no sé qué dexa por contraminar este estudiante, y tiene talle de seguilla a sol y a sombra; porque el rendilla tendra por la mayor dicha del mundo, y estas sus amas, que son como cabeças de lobos, con que piden, no tienen verguença, y son el propio señuelo para esta ralea; assi que no tengo por segura mi diligencia, mas como nada pierdo, vere lo que puedo, por cumplir con mi amo.


SCENA QUARTA

Duarte, Andrade, Bitoria.

Duarte.—Ha, señora, hablad a los vuestros y guardad lo que es vuestro.

Bit.—Yo no hablo a hombres que se atufan como niños.

And.—Vengais muy en hora mala, bueno ando yo oy; bien dizen que quien por agugero escucha sus duelos oye; pensé que me valiera seguirla a lo largo por asegurar sospechas de su casa, y ella vno dexa y otro toma. Vana ha de ser mi diligencia, segun tiene conocidos; comanme perros, pues assi es. Mal le va a la raposa quando anda a grillos, al juez quando va para la horca; pues ver tengo en qué para esto.

Bit.—Pues qué cosa para mi condicion sufrir vidrios!

Duarte.—Y quien tiene razón, qué hará?

Bit.—Esso es, dilo antes que te lo digan; pues si la tienes, por qué me hablas? Ay, Duarte, Duarte, a ti se te entraron los sessos del asno prieto en la cabeça despues que aprendiste oficio, y yo riome de todo. No he de ser cautiua de ninguno antes de tiempo, que quien puede ser toda suya, está loca en sujetarse a otro, y más quieres aora que te diga: quien palabras en sí no detiene, siempre le dizen que mal sesso tiene, y no puede ser amado quien siempre quiere ser enojado. Todo ha de ser achaques: aora me veais, aora no me veais, y la verdad es en fin que, sea en juego, sea en saña, siempre el gato araña; y como allá dizen, quien no te ama en la plaza te difama, y por esso abrir el ojo y ahorquese todo el mundo, que yo no he de consentir me pisen la boca.

Duarte.—Pues yo tambien tengo mi fantasia como mis vezinos, y aun aurá más de dos que me rueguen y lo tengan a buena dicha.

Bit.—Hagales buen prouecho, que yo no se lo estoruo.

And.—Las colores que haze el mecanico! cómo se pone sobre las puntillas de los pies con sus borceguies de carnero! yo os digo que aueis de ser Antecuco, si yo puedo, porque me enfadais; que la señora Bitoria, si no la conozco mal, es de las que quieren vno en la mano y otro en el saco, por no ser como el raton que no sabe más de vn agugero, y aora no mira muy derecho, porque el villano es atestado y tiene cara de darle pesadumbres y pedirle perpetuos zelos, que es lo mismo que recordar el perro que duerme, y Alcalde, búscame aqui alguno: y con esto caen siempre en el laço.

Bit.—Para qué es andar á caça con huron muerto?

Duarte.—Porque el diablo lo quiere, y no podia ser otro el que a mí me reboluio contigo.

Bit.—Qué tamaña gracia! quierome reir y no puedo.

Duarte.—Esse es siempre tu juyzio, toda burlar. Pues donde hay mucha risa ay poco seso.

Bit.—Pues no es para reir mucho de lo que dizes? mira, si andas endemoniado, ó tienes el mal de ojo, vete a buscar vna santiguadora.

Duarte.—Bien lo auia menester.

And.—La muchacha es alegre y risueña, rapacilla es de traça para vn hecho; que me maten si ella no burla del mancebo; mas yo me puedo despedir oy, que éste no la ha de dexar tan presto, y mi amo no sé cómo admitirá la disculpa.

Duarte.—Bitoria, tiempo ay de tener juyzio, tiempo para holgar, y ya pudieras cansarte de ser loca.

Bit.—Poco desso, que me corro; vistes qué negros amores? siempre tuue yo de ti essas honras, y cada dia olla, amarga el caldo. Como si yo estuuiera para sufrir mucho!

Duarte.—No te enojes con el castigo, que no te le da tu enemigo, que por quererte como te quiero me queman la sangre tus cosas.

Bit.—Vistes aquello? y yo que hago? No me hablen dessa manera, que no lo sufriré, pues dessas soy; bien dizen, hijo ageno, brasa en seno; deme Dios contienda con quien me entienda.

And.—Pareceme que riñen, propio término destos andar siempre en pendencias; tornarme quiero a donde está mi amo, que más dias ay que longanizas, y sentaré á esta señora en mi catálogo, y a su tiempo la buscaré, que ella me parece de buena condicion, y en quanto la piedra va y viene, Dios dará de sus bienes.

Bit.—Por otra parte me alegro mucho con estos achaques, porque qual te dizen tal coraçon te hazen; como si él me hallara haziendo moneda falsa o me sacara de la mancebia, assi me trata: yo soy muy buena hija, aunque pese a ruines, ninguno me halló por casas agenas, como otras que yo sé, que presumen de muy honradas. Si yo rio y me alegro, es de mi condicion, que para todo el mundo tengo buenas entrañas, y el coraçon sencillo no piensa maldades.

Duarte.—De qué sirue trabar conuersacion con todos? pues quien mucho habla a sí se daña, y en boca cerrada no entró mosca, y assi dizen: ama a quien te ama y responde á quien te llama, andarás carrera llana. Tú, Bitoria, no miras sino tu gusto, y el mundo está malo y a nadie perdona, y quien adelante no mira atrás se queda, y por no reparar el daño pequeño, se haze grande.

Bit.—Pues qué he de hazer, llorar? de aquí adelante andaré siempre derramando lagrimas por la muerte de mi abuela.

Duarte.—Búrlaste? sea en buen hora, que yo siempre oi dezir que del ruge, ruge se hazen los cascabeles; y si tuuieras cuenta con lo que te conuiene repararas en lo que hazes, pues sabes que de los muertos dicen, cuanto más de los viuos; y quien se precia de buena muger, todo lo ha de mirar, y que es menester para serlo más que ser casta.

Bit.—Ahi topa todo, y nunca acaba con su buena muger. Si yo soy mala, voyte a rogar? pues a quien no te ruega, ni voga, no lo lleues á la boda. Pidote que me dexes y no me persigas, y tú porfiar; yo sé muy bien lo que me conuiene, y que el reir y holgar no me quita el ser buena, y a vezes las dissimuladas son las que Dios sabe; yo no he de mudar condicion; quien assi no me quisiere, ahorquese en buen dia claro.

Duarte.—Ahora, pues quieres que hable, qué ganas en ser amiga de Filtria?

Bit.—Ya me espantaua yo, essa es toda tu rabia.

Duarte.—Pues digo verdad, porque es vna alcagueta, y todo el mundo la conoce por tal, y de ruin cabeça no puede salir buen consejo, y no se mira con quién naces sino con quién paces; y lo cierto es que si no fuera por las tales, no huuiera tantas mugeres malas.

Bit.—Qué dizes, boca de maldades? triste de quien cobra mala fama, cuytada de la inocente juzgada de maldiciente, que no tienen temor á Dios; pues mire cada vno por sí, que tambien se dice: perdi mi honor diziendo mal y oyendo peor; y si quieres que digan bien de ti, no digas mal de nadie; mas el ladron todos piensa que son de su condicion.

Duarte.—Estas tales compañias nunca dieron buena paga, y quien haze un cesto hará ciento, y en el aldea más mal ay que se suena; y si no eres casta, see cauta, que quitadas las ocasiones se quitan los pecados; demás, pues hemos llegado a tratar de todo, bien sé yo, señora, que os habla vn estudiante, quando passais por su puerta, y le respondeis y os deteneis en conuersacion.