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Orígenes de la novela, Tomo III cover

Orígenes de la novela, Tomo III

Chapter 45: SCENA QUINTA
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About This Book

Una introducción ofrece un estudio crítico sobre la génesis de la novela española, centrándose en el análisis de la Celestina: cuestiones de autoría, fecha, fuentes clásicas e italianas, variantes textuales, caracteres, estilo y su influencia en drama y novela. La segunda parte reúne novelas dialogadas y textos contemporáneos que ilustran temas, lenguaje, modismos, ortografía y rasgos tipográficos de la época. El volumen expone además los criterios editoriales y de transcripción empleados, respetando la ortografía original en las reproducciones (corrigiendo solo errores evidentes) y adaptando la ortografía académica en la introducción para facilitar la lectura.

Bit.—Jesús, qué grande testimonio! hombre, hombre, tienes temor á Dios? lo que digo es que se ahorque todo el mundo, que yo aun viuo conmigo y viuiré quanto Dios quiere; quando vos me dieredes de comer, entonces tapáme la boca; nunca el diablo acaba con sus zelos; dexadme, dexadme viuir, que aun moça soy; haga cada vno lo que quisiere y lo peor ó mejor que supiere, que a mí no se me da nada de nadie, y lo que me huuieredes de dar assado, dadmelo cozido, que Dios á nadie desampara: miren a lo que aora se arrimó, diz que no he de hablar a un vezino si me habla.

Duarte.—La verdad amarga; pues alguna pierde más que yo, y quien bien tiene y mal escoge, por mal que le venga no se enoje, y si assi vos lo quereis, assi sea, que por ventura algun dia dareis dos vueltas á la oreja y no echará sangre; pero por demas es zitola en el molino si el molinero es sordo, y perdido es quien tras perdido anda; y en tales como tú el buen consejo es legia en cabeça de asno, y a la muger y a la gallina, si es mala y la quieres hazer buena, torcelle el cuello.

Bit.—Muchos amenazados comen pan; que quien amenaza, vna dize y otra espera; él se va enojado, doite quatro higas; siempre me he de encontrar yo esto, pues no me he de matar ni llorar: tanto me doy por vno como por otro; el Sol me alumbre, que de otra luz no tengo cuydado: el buey suelto bien se lame; yo le tostaré la sangre y él me rogará más de dos dias, si ya no es ésta la postrera.


SCENA QUINTA

Zelotipo, Siluia de Sosa.

Zel.—Ayer me estoruó vn negocio venir a besaros las manos, y por no parecer inobediente, vengo aora a recebir la pena que me dieres[606] por estas culpas, si no admitis mi descargo.

Sil.—Pues estad cierto que si con esta diligencia no vinierades, que os culpara, como quien estaua con ojos deseosos de tornaros a ver.

Zel.—Si por mí solo fuera, tuuiera por oficio el visitaros, mas temo que podria enfadar de manera que os fuesse doblado trabajo el desembaraçaros de mí, y me acuerdo de lo que dizen: adonde te quieren bien, acude pocas vezes, porque con esto estare libre de zeño y de que digan: quién traxo acá este cansado, que nunca acaba de irse? de que aora no estoy muy seguro.

Sil.—Ay Jesus! guardeme Dios, corrome de que me digais esso, mas bueluo en mí, porque me persuado que os burlais. Assi me salue Dios y a las cosas que bien quiero, que me alegro tanto de hablar con vos como con mi hermano, que Dios trayga con bien.

Zel.—En esse lugar me tengo yo, y él me dexó en tal possession, y por traeros su carta y pediros perdon de la tardança vine aora.

Sil.—Buen perdon es esse, y segun esso a la carta, y no a vos, deuo esta visita.

Zel.—Señora, no os libreis por ahi que yo sé quién se holgó tenerla por ocasion.

Sil.—Por cortesia lo quiero creer, mas si me quereis hazer merced, no teneis necessidad de buscar ocasiones, porque siempre me hallareis con los braços abiertos para recebiros y estimaros; y no es poco en este tiempo hallar quien sepa o quiera agradecer las buenas obras.

Zel.—Teneis razon, mas á vos qué bien os puede faltar? y creed de mí que os lo merezco y que estimo en mucho lo que hazeis.

Sil.—Pues empeçais a hazerme merced, dadme licencia que lea la carta, aunque soy mala letora de letra tirada.

Zel.—Como fueredes seruida.

Sil.—Dize que passó grandes tormentas, y que perecieron tantos, que ya él se contaua entre los muertos, y sólo tenia por consuelo mirar hazia Portugal; y qual otro Arion en el Delfin con su vihuela tenia aliento, recreandose en los cuydados de ausencia. Mi hermano siempre tuuo este humor, pareceme que le estoy viendo.

Zel.—Las almas contemplatiuas tienen los gustos muy diferentes de la otra gente. Destilase vn cuerpo en la contemplacion de su gusto; y no ay contento general que valga la sombra de vna tristeza particular. De mí os sé dezir que no trocaria el estar triste dos horas por quantos placeres ay en la vida, porque estas viuo para mí y las otras para el mundo. De donde se sigue, que me enfadan las fiestas públicas y es a mi proposito el passatiempo solitario, y no me conformo, antes aborrezco los amigos de regozijos publicos y que son comunes con todos en holgarse.

Sil.—Esso, señor primo, es de personas discretas como vos.

Zel.—No la llameis discrecion, porque es condicion natural, aunque no se niega que nace de sentir bien; pero suele auer algunos que lo vsan con arte impropia, mas mi primo tiene muy viuos los espiritus, y buela alto con la imaginacion. Lee adelante.

Sil.—Despues de grandes trabajos dize que llegó a la India, que está muy adelante en su aumento, y que no quiere pretender por la guerra, porque es de poco prouecho, sino por la mercancia, que es la más cierta y principal negociacion de la India, y a mi parecer tambien lo es ya en Portugal.

Zel.—A tales hombres no se permite en estos Reynos lo que allá está en costumbre, aunque ya muchos dan en vsarla, pareciéndoles lo más seguro.

Sil.—Mi hermano pudiera seruir al Rey, y si no se cansara de ser su criado, con este nombre hallara vn buen casamiento, con que viuiera muy descansado y honrado, y se escusara de tantos trabajos.

Zel.—Esso, señora, acaso pudiera ser en otro tiempo, mas en este no ay cosa que tan poco valga, ni menos estime la más triste muger para casamiento, porque son tantos y tan de diferentes calidades, que no hazen caso dellos, aunque den buena cuenta en lo que se les encarga; porque la experiencia ha enseñado que no sacan otro prouecho sino gastar lo mejor de su edad, tras largas esperanças, a la sombra de otros que la fortuna premió para hazerlos reclamo de los demas; y si es contraria, como suele serlo siempre a los merecimientos justos, por remate desta peregrinacion, y en satisfacion de la vida que han ocupado, embarcanse para las Indias, donde a costa de su salud purgan su engaño, y los que alcançan algun oficio se tienen por dichosos, y como tales son embidiados, y van muy contentos por pensar que mereceran por sus seruicios entrar en nueuos trabajos al tiempo del descanso, y lo consideran tan mal, que se venden por el precio por que deuian ser comprados. El Emperador Otauio Augusto ordenó lugar de reposo a los soldados que peleauan diez años, y aora a quien sirue veinte lo aposentan en guerras y peligros; y desto procede valer los hombres tan varatos, que ruegan en las armadas que los reciban, y quedan por assentar plaça la mitad, y se van la mayor parte dellos sin más fundamento que huir la crueldad destos tiempos, en que se vsa premiar a los que menos lo merecen.

Sil.—No sé quál es lo peor; vemos ir tantos y venir tan pocos!

Zel.—Assi es, pero más vale muerte con honra que vida deshonrada, y el camino de la guerra es profession de hombres de bien para prouar ventura, si bien se conoce que en todas las ocasiones que los hombres emprenden, el trabajo es de los muchos y el fruto de los pocos; pero cada vno piensa llegar primero y ser de los escogidos; mas la fortuna responde muy mal a las opiniones, y el mundo premia a los que menos aprueua, por desengañarnos, y no le basta.

Sil.—Lo demas lo leere despues, porque os detendre mucho, y este rato que puedo emplearlo tan bien, no quiero diuertirme en otra cosa.

Zel.—Yo, señora, os quiero aduertir que no me sé despedir de donde tengo gusto; y si os enfadare, despedidme antes que os llamen como ante de ayer.

Sil.—Pareceme essa escusa de mal entretenido, para iros a vuestros passatiempos de gusto.

Zel.—Antes hallo esta tierra de manera que todo es para mí enfados.

Sil.—Será assi para quien viene enseñado a los entretenimientos de la Corte.

Zel.—No por esso, mas yo vine sin tiempo, por hazer la voluntad de mi madre, y ha de costarme caro, segun me va de mal pocos dias ha.

Sil.—Pues cómo? teneis alguna enfermedad?

Zel.—Del cuerpo no, del alma sí, y muy peligrosa.

Sil.—Esso es: yo ya me acongoxaua; de amores será el mal, no tengo lástima de vos, porque sé que sabeis remediaros.

Zel.—Antes no podia tener dolor que assi pidiesse tenerla, porque esta ponçoña obra por dentro y es incurable, y segun me siento opilado, me voy a hetico, si no lo estoy ya.

Sil.—Callad, primo, que hombre galan y moço sois, y Dios os hará merced, y en este mal más son las vozes que el dolor.

Zel.—Pocas son las vozes para lo que siento, porque yo tengo natural de morir callando.

Sil.—Mucho me espanto, que os atormenten tanto essas ansias de ver a vuestra dama, pues la esperança aliuia trabajos, y os puede consolar y la podeis tener de verla quando quisieredes.

Zel.—No es cortesana como imaginais; que si lo fuera, no soy tan enemigo de mí que me pusiera en destierro de mi alma. La causa de mis nueuos y estraños accidentes es criada en los dulces aires de Coimbra; y mal dixe, es la Reina de las Ninfas de Mondego y la Deidad desta tierra.

Sil.—Con esso me alegro yo mucho, porque me puede ser ocasion de teneros más en ella, y sabe Dios que me ponia ya triste de rezelar vuestra partida apresurada.

Zel.—Cómo auia yo de tener atreuimiento para apartarme de los ojos que me dan vida? mas ay, que muero, y quiero lo que no puedo ni oso acometer.

Sil.—Tan fuerte cosa es, que vn hombre de vuestro entendimiento y partes, y con essa gallardia, no se atreue a intentar? pues yo soy vna flaca muger y no temiera tanto.

Zel.—Qué cierto será, si os la nombrasse, temblar como el leon al canto del gallo!

Sil.—No sé, puede ser; y desde quándo teneis essa passion?

Zel.—Desde ante de ayer, y creedme, prima, que como os tengo por discreta, os digo esto con gusto, porque sé que lo sabreis entender y encubrir, como de quien os estima por hermana de su alma.

Sil.—Mi voluntad lo merece, y me obliga la razon a hazerlo.

Zel.—Con esso escuso las que pudiera dar por mi parte, y por lo mucho que os quiero y la grande confiança que de vuestro secreto tengo, gusto deziros mi mal. Será possible, como muger que conoce las voluntades de las otras, podais valerme con vna Diosa desta vida, a quien no supe ni pude negar el alma, que se la deuia desde la primera vista.

Sil.—Primo, a gran ventura tendria poder seros de prouecho en alguna cosa, y más en essa que tanto mostrais sentir.

Zel.—Pues no muestro tanto como siento, ni me es possible manifestar la menor parte de mi dolor, y assi tengo por mejor encubrirlo y mostrar su grandeza, como lo hizo el pintor en el que tuuo Agamenon en la muerte de Ifigenia su hija.

Sil.—Quién fuera tan dichosa que os pudiera remediar esse mal, que me duele como a vos mismo?

Zel.—O señora, a vos esse dolor no os quita el aliento, mas este que yo padezco enflaqueze mis espiritus de tal manera, que parece tengo sobre ellos el monte Etna, como el Encelado Ciclope; anegóme el alma en tan profundo mar de rezelos y temores, que perdi de vista todo el esfuerço; y assi es sin duda que forzejaré en estas flaquezas hasta que entregue la vida a la desesperacion: lo qual será presto, segun el coraçon se me aprieta.

Sil.—Iesus, no digais esso, que no lo puedo oir; mejor lo hará Dios, y si yo os soy de prouecho, desde aora me ofrezco para todo lo que yo valiere.

Zel.—Besoos las manos por esse fauor; prometeislo con veras?

Sil.—Prometo.

Zel.—Mirad lo que dezis, no falteis despues a la palabra.

Sil.—Ay Dios mio, y cómo me teneis confusa y muerta por saber lo que es, qué cosa puede auer que yo no haga por vos?; pues a Hipolita Amazona, si os importasse, iria a quitar el cinto más atreuida que Hercules.

Zel.—Assi lo creo yo, y que sois para mayores empresas que él.

Sil.—Acabad ya; dezidme quién es vuestra dama, que pienso que estais burlando conmigo.

Zel.—Bueno estoy para burlas, voime consumiendo en mi sentimiento; y de ser leal a mi muerte, no me atreuo a nombrar la señora de mi vida, y vos dezisme que burlo, como si no se viera claro en mí el bien o mal que tengo.

Sil.—Ay gracia cómo esta? nunca tal se vio, conozcola yo?

Zel.—Muy bien, y la quereis y comunicais, y valeis mucho con ella.

Sil.—Iesus, Dios mio, quién puede ser? es Cremonia mi amiga?

Zel.—No.

Sil.—Que me maten si no es mi prima Francisca, que es muy vizarra y muy a proposito para vuestra condicion, y pienso que ayer visitó a vuestra hermana.

Zel.—Essa mucho menos. Mis pensamientos, señora, siempre pidieron grande alteza y algunas vezes me valio, pero todo fue sueño y burlas de amor, que me dexaua los deseos a mi elecion; mas aora hurtó el viento a mi libertad y pusola presa de pies y manos, como culpada, delante de quien la condenó luego a carcel perpetua con vna señal en el pecho que muestra la razon de mi fuerça, y como donde la ay, derecho se pierde, assi me perdi sin culpa, y quedé con tal pena, que no me dexa dezilla.

Sil.—Yo me rindo, no puedo pensar quién sea, y no estoy poco deseosa de saberlo, por ver cómo os empleaistes.

Zel.—Qué haze aora la señora Eufrosina?

Sil.—En la sala está haziendo deshilados por su passatiempo. Mas por qué lo preguntais?

Zel.—Por vna parte desatino y muero, por otra no sé qué diga ni qué haga. Ay prima mia! Aora sé qué cosa es amor, y pienso que se me acabó la fortuna con él, y me amenaça en su vengança larga desventura, y no puede ser mayor que auer de ser enemigo de mí. Conozco que da dolor alegre, razon loca, temor animoso, plazer triste, luz escura, gloria con pena, salud enferma, vida que es muerte. Todo esto lo siento ahora por experiencia, y huuo tiempo en que nada sentia; y assi creo que estareis lexos de compadeceros de mí, porque no me conocereis ni dareis crédito a lo que digo, y quereis enfrenar vn juyzio particular con la razon comun, y obligarlo a que la siga; mas triste del triste que muere.

Sil.—No os consumais, primo, y si yo os puedo aprouechar, os juro por vida de quanto bien quiero, y assi Dios trayga a mi hermano delante de mis ojos, que es lo que más deseo en esta vida, que haré por vos lo que por mí misma.

Zel.—No de valde se dize que la sangre no aguarda a ser rogada; yo, señora, en vuestra confiança saco fuerças de flaqueza, entregandoos la vida con quantas razones os obligan a defendermela; y si considerais por vanos mis pensamientos, dissimulad con mi intento, pues lo que tuuiere de malo ya es passado, y no tiene remedio el desistir dél, y será cruel la reprehension en la aduersidad; dadme consejo para lo poruenir, pues lo entendeis y sois tan poderosa con la señora Eufrosina.

Sil.—Yo, señor, no os entiendo.

Zel.—Ni yo sé declararme más; sólo sé padecer y sentir lo que se deue a una perfecion tan grande como la suya.

Sil.—Mucho me espanto de vos, señor primo, siendo tan discreto, ponerseos esso en la fantasia, y no puedo creer sino que os burlais; porque lo demas desdize de vuestro entendimiento.

Zel.—Pluguiera a Dios que estuuiera en mi mano hazer lo que entiendo, que ninguno es tan enemigo de sí propio, que consienta en su daño si puede escusarle; conozco que hablo heregias, no me puedo resistir, ni será possible limitar mis deseos, sino es la muerte, y dichosa suerte la mia si me viniesse por tal causa.

Sil.—Los hombres moços, como todo les parece facil y siempre juzgan mal de las mugeres, buscan essos entretenimientos, que siempre paran en mal, y más en partes tan peligrosas como ésta, de que no se puede esperar otro fruto sino grandes escandalos y tiempo perdido. Y si fue esta vuestra intencion, pesame mucho por vuestra parte y por la mia. Por la vuestra, porque no correspondeis a quien sois y a lo que entendeis. Por la mia, porque parece que me teneis en poco y no estimais mi honra.

Zel.—Ay prima mia, no me afrenteis, que no estoy para esso; matadme si erré, y no juzgueis por mis palabras ni disputeis sobre ellas.

Sil.—Yo no quiero hazer caso desso, aunque tengo bien de qué sentirme, mas considerad esto. Vos, primo, no veis quién es Eufrosina, tan noble, que no se le auentajan los Principes, tan rica, que le sobra todo, y que su padre trata de casarla muy aprisa; pues qué fundamento es el vuestro, o a qué proposito emprendeis ocupacion tan disparada?

Zel.—Yo no niego la razon de lo que dezis, mas amor no me consiente seguirla, si bien todos essos inconuenientes me dan continuos combates, porque quien ama sabe lo que desea, pero no ve lo que le está bien, y yo passo más adelante, que veo lo que me conuiene para viuir, y que me importa morir por lo que deseo, pues he conocido que no ay más vida. Una cosa podeis creer de mí, que quando llegué a deziros mi pensamiento, ya fue tan vencido de mi dolor, que no fue possible escusarlo; aora culpadme como quisieredes, que yo no he de huir de los castigos a que me condenaredes, pues el más riguroso me abreuiará la vida y el tormento.

Sil.—Qué bien me estuuiera a mí hablar en esso con la presuncion de Eufrosina, qué cosa para su vanidad! piensa la otra que está por nacer quien la merezca, y es de condicion tan vidriosa, despues de tenerla buena, que en no hablandole a su gusto quiere tomar el cielo con las manos; y bien veis que es fuerte caso poner yo mi vida y honra en el filo de su voluntad; escusad esso lo que más pudieredes, y podreis si quisieredes, y esto es lo más seguro; que todo lo demas es peligroso. No ay furia que al principio no se pueda resistir con buena prouidencia: el daño pequeño si toma fuerças, impossibilita el remedio; frenar apetitos es virtud animosa, y seguirlos peligrosa ignorancia.

Zel.—Prima, no me mateis, que no he hecho por qué; esso es a mala llaga mala yerua; bien conozco que tengo perdida la esperança, y sin ella os descubri lo que vuestras promesas quisieron; gusté de comunicarlo con vos solo, por lo que os quiero, y tambien por dezirlo en estas casas donde enterré la libertad, quedandome por herencia della los cuydados de mi engaño, que no me quereis dexar lograr. Mas pues la desuentura assi lo quiso, sea ella la condenada y padezca yo, que a mí me disculpa quien por fama y experiencia es conocido de todos por sin razon, ciego, y fuerte. Desdichado el dia en que pensé venir a esta tierra, pues hasta el contento que tenia con vuestra conuersacion me pone aora más triste, pronosticando mis males en la cueua de Trofonio[607], con que me falta el gusto de viuir. Perdonadme, señora, qualquier enojo que os dé, considerando la causa que me obliga; dexadme morir en las manos de mis deseos, que son más crueles que las Arpias y que las furias Eumenides; y sabe Dios quánto más querria seruiros que enojaros, mas parece que naci para daros disgustos.

Sil.—Veo os tan aflixido y siento vuestras congoxas tanto, que no sé qué hazerme; por vuestro respeto qualquiera cosa intentara, estorualo el temor de Eufrosina.

Zel.—Yo, señora prima, no puedo obligaros a más de a lo que os obligare vuestra voluntad, pero entiendo lo que podeis, y nunca pensé que faltarades de sustentar el esfuerço que me pusistis; mas bien adiuinaua mi mal quando no lo osaua descubrir, y vos, señora, me sacastis de juyzio y me hizistis mudar la resolucion que tenia de morir antes que confessar.

Sil.—Quién auia de pensar cosa tan impropia? y sabe Dios quánto me pesa aora de saberla, por no poderos valer en essa passion, que yo la tengo muy grande, por tenerla vos.

Zel.—Pues ya que assi es, yo me determino (esto solo para vos) irme a la sierra de la Ossa, donde el cuerpo pene junto con el alma, y assi ganaré la gloria eterna, ya que me desesperais desta, en que pende mi vida.

Sil.—No hagais tal, que es gran flaqueza poner en efeto tales determinaciones y no perseuerar en ellas hasta la muerte, como les sucede [a] algunos, que se entran en Religion, más por los afanes del mundo, que los oprime, que por espiritu que los mueue.

Zel.—El Espiritu Santo inspira donde quiere, y siempre acude con la gracia a quien se prepara para recebilla.

Sil.—Esso es para otros, mas vos sois muy delicado, y criado en regalo, y lleuareis mal essos trabajos.

Zel.—Es tan benigna y fauorable la madre naturaleza, que en todo nos concede y da segun nos disponemos, y aora conmigo no querra ser madrastra.

Sil.—Para qué es hablar en cosas escusadas, y menos en essa, que os la juzgarán a flaqueza de coraçon?

Zel.—Essos son los juyzios que Satanas siembra, mas la verdad está al contrario, y que la mayor vitoria es vencerse el hombre a sí mismo.

Sil.—Antes que os vais, he de poder yo con vos que no os acordeis de tal determinacion, por que tendre por gran culpa ser yo la ocasion.

Zel.—Qué quereis que haga, desengañado de que por todas partes me falta el amparo que me podia assegurar de qualquier peligro? Edipo halló vn pastor que lo saluó de la muerte en la edad de su inocencia. A Ciro le sustentó vna perra. A los fundadores de Roma crió vna loba; sólo yo, desdichado, no hallaré agua en el mar, pues me ha faltado vuestra piedad.

Sil.—Primo, cosas dezis, que me sacais de juyzio, y os quiero tanto, que me duele el coraçon; pero yo no os he de prometer que haré más de lo que pudiere, que será poco y trabajo en vano; yo le tentaré a Eufrosina la voluntad por el mejor modo que supiere, y segun lo que sintiere en ella, assi me atreuere; pero desde luego os digo que me parece cosa impossible; pero ninguno es obligado a más de lo que puede.

Zel.—Ay, prima mia, con menos que esso me sustentareis cien vidas, quanto más que con vuestra buena dicha no me puede faltar esperança, y con ella me quiero ir luego, por no enfadaros; dezidme quándo me mandais que os torne a ver, porque como dexo acá los sentidos, viuiendo allá sin ellos, pueden traerme sin tiempo.

Sil.—Porque desso estoy bien segura, podeis venir cuando quisieredes; pero para tan ardua empresa es necessario que me deis tiempo.

Zel.—Os doy el que mi sufrimiento diere; y si yo tardare, lo que no creo de mí, mandad de parte del amor a las aues enamoradas de vuestro jardin que me llamen, que yo las entendere.

Sil.—Qué cosas teneis, quién vio que entendiessen las aues?

Zel.—Aueis de saber, señora, que todo animal tiene sentido, memoria interior y exterior; y ya se vieron personas a quien la naturaleza, liberal de sus dones, concedio entender las aues, como fue Teresias[608]. Y de Apolonio Tianeo se dize que estando con amigos suyos, vino vna golondrina a dezir a otras que fuessen a la otra parte del muro, donde auia caydo vn asno con trigo, y él entendio lo que dixo; lleuolos allá, y hallaron ser assi.

Sil.—Mas si quisieredes aora hazerme creer essos disparates! y si teneis esa virtud, encomendadlas que tengan cuydado de ver lo que acá passa, y os lo digan.

Zel.—Sabed que tengo tal opinion del estremo de mi amor, que no tendre esso por milagro, que por la fe los montes se mudan y por amor todo se acaba, quando los hados no son enemigos, y ninguno me puede assegurar dellos como vos; assi que tened memoria de mí, si no quereis que se os muera quien tiene la vida para seruiros en lo mismo, de que os doy el tiempo por testigo.

Sil.—Idos en buen hora, que trabajo me ha de costar.

NOTAS:

[606] ¿Diéreis?

[607] Trifonio dice el original.

[608] Sic, por Tiresias.


SCENA SEXTA

Zelotipo, Andrade, Andresa.

Zel.—Algun tanto voy más alentado con la esperança que lleuo, mas es tan incierta, que me pone en mil temores. Bien dezia el filosofo Secundo que era refrigerio de trabajo y dudoso sucesso. Mas el otro Poeta llamole largo dolor: porque esperar las promessas del amor es trabajo y carga de gran peso: y como dize Ouidio, muchas vezes se engaña la buena esperança con presunciones de la fantasia y cae vencida del solicito temor; yo le tengo de la grandeza de Eufrosina y de su opinion; porque estas hermosas con estremo siempre lo tienen de locura, y no ay quien les satisfaga; y siendo tan altiua como todas son, no hará caso de mí. Por otra parte considero que la fortuna suele armarse para las tales y la naturaleza ninguna cosa puso tan alta, que el animoso trabajo no la pueda alcançar, esperimentando lo que otros desesperaran, y más si la voluntad es esforçada de su apetito: porque como la necessidad en las aduersidades es más eficaz que la razon, siempre descubre remedio con su diligencia, atropellando inconuenientes; mas éstos son consuelos de condenado, y como no ay esperança sin temor, temo lo que espero y espero lo que temo. Estos dos accidentes tan desconformes causan diuersos mouimientos, cabeças de la Idra con quien mi alma pelea; por esso llamaua Menandro y dezia: O Iupiter, qué graue mal es la esperança! a la sombra della se crió el amor, y éste todo es temores, mas sin él nada es gustoso, y me da ser, de que careceria no teniendole; y quando muera, como Macias, la gloria de ser por Eufrosina me satisfaze, quando no alcance otro premio. En fin, en todo se ha de esperar. A Dios todo le es facil, y nada impossible. Los discretos con la esperança han de conseruar la vida, y el hombre afortunado con ella se sustenta; quiero ir a verme con Cariofilo, contarele lo que he hecho y enseñaráme lo que deuo hazer, pues a todos sobra el consejo en las causas agenas, que en las propias falta. Quinto Curcio lo dize bien: que nuestra naturaleza se puede llamar corta y menguada, pues cada vno en su negocio naturalmente es más ignorante que en el ageno. De otro error vsamos muy grande, que se junta a éste, que siempre tenemos más cuenta con lo passado, que prouidencia en lo por venir. Andrade.

And.—Señor.

Zel.—Qué ay? concertaste alguna cosa con Vitoria?

And.—Doyla a trecientos cuerbos.

Zel.—Por qué?

And.—Fuila siguiendo, por si tenia ocasion de hablarla, y luego aqui a la buelta desta calle dio audiencia a vn estudiante, con achaque de vezino; mas pareceme que será como el otro, que por via de compadre quiere hazer la hija madre. Y acabada esta estacion, adelante en otra calle sale de trauiesa vn zapatero muy galancete, y éste le fue dando caça hasta junto al rio, y de lo que pude entender le pedia zelos.

Zel.—Qué propia condicion de picaros! y de ahi viene a hazer cierto su rezelo, porque despiertan al perro que duerme.

And.—Con todo, él no daua lexos del blanco con la saeta, porque la señora es de las de viua quien vence; y quando vi que la conuersacion iba tan despacio, desesperé de tener ocasion, y vineme por no perder a V. m.

Zel.—Pues mira que te encargo que la comuniques, y veremos de qué pie coxea.

And.—Yo la buscaré, y aora que sé que es golosa, la hablaré más atreuido.

Zel.—Diste mi recado a Cariofilo?

And.—Ya dixe a V. m. que respondio que le esperaua.

Zel.—Vamos a hablarle, que sospecho dormira, porque veló la noche passada, y más con el descanso que tiene, que trae sueño sin cuydados que lo despierten; llama.

And.—Ta, ta.

Andresa.—Quién está ahi?

And.—Sí está, gente de paz. Está en casa el señor Cariofilo?

Andresa.—Quién lo busca? O, señor, V. m. es? suba, que arriba está durmiendo en su aposento desde que comio.

Zel.—Qué vida ésta! tanto regalo no se sufre; vete a casa, que luego voy.

And.—Mas que nunca vayas; que yo tambien he de ir a holgarme y ahorquese todo el mundo, que no tengo vida de juro; y al fin, quien mejor sirue tiene peor paga.


SCENA SEPTIMA

Zelotipo, Cariofilo.

Zel.—Ola, cauallero, es de dia? Vos sois vn liron, no haze aqui falta el sueño de Epaminides[609] y Endimion; la vida es breue, y para ayudar a serlo más, quereis pasarla en la imagen de la muerte.

Car.—Qué filosofo es, bendigalo Dios; fue gran pérdida que no fuessedes fisico; cómo disputarades sobre vn plenilunio, y qué misterios hizierades sobre los Eclipses!

Zel.—No perdierades en esso mucho; al menos leuantara figura sobre vuestro nacimiento y supiera qué fortuna os espera.

Car.—Qué grande engaño es esse y quántos nobles sé yo que se han perdido por dar crédito a essos prodigios; y si hablaran conmigo, a ojos ciegos les contara su historia sin errar punto, por la experiencia de sus condiciones, que son los más ciertos Planetas errantes que los hombres tienen. Mas dezidme, qué hora es?

Zel.—Dara las cinco, si ya no las ha dado.

Car.—No puede ser.

Zel.—Sí puede, pues es.

Car.—Mucho he dormido; aora bien, qué cuenta de sí el Monsiur de la capa roja? Vos, don traydor, contento venis, que yo os lo conozco en los ojos.

Zel.—Qualquiera flaca esperança con sufrimiento es poderosa para resucitar vn enamorado muerto de muchos dias, y la calidad del dolor humano es tener esfuerço en el vso dél.

Car.—Sentencioso es el mancebo; pareceme que sois como cierto género de gente que andan siempre pensando deriuaciones para sus propositos, y hallandose perdidos les ponen puntales de grandes risadas para tenerlas en pie.

Zel.—De prudentes es pensar; de necios dezir no pensé.

Car.—Vos, amigo, estudiais más por Caton que por los Meteoros. Sabeis cómo se entiende esso? ay pensar y acertar, y no pensarlo bien y hazerlo mal. Hazedme merced de no fiaros de pensatiuos solitarios, que con especulaciones se venden al mundo. Iuzgad siempre al discreto y prudente por su vida y obras, y por el proceder que tiene en los casos que se le ofrecen, y no os engañe la compostura del rostro y vestido, ni la abundancia de palabras; antes quando le vieredes que se florea con ellas para acreditar su opinion, espera dél menos fundamento, porque todo se le va en flores, y menos si se precia de dezir donayres por parecer discreto. El hombre prudente y cuerdo ni ha de ser triste ni gracioso, sino apacible y bien acondicionado, y de quien no tiene agradable condicion no esperes nada bueno.

Zel.—Vos hareis mil reglas de viuir en paz, pero aueis menester registrallas, y por lo menos no dexar nada de la mano sin que yo lo vea.

Car.—Dexemos esso, y dezidme de vuestro negocio: qué tenemos, hijo o hija?

Zel.—Creedme que soy para mucho, pues entré en tal laberinto.

Car.—Bien digo yo que no venis vos Portugues.

Zel.—Antes vengo tanto, que pues esto acometi, no hallo impossible que no me atreua a intentar.

Car.—Pues más es esso por lo moral que baxar al profundo Reyno de los Heroycos sin ramo de oro.

Zel.—Escogi vuestro consejo, como Iupiter la aguila, y persuadios que me fuistes la codorniz para Hercules.

Car.—Ahi vereis que quien me pario no pario bestia, y que mi cabeça no la hizo platero; en lo demas me podeis enseñar, mas en esta materia muy pintado ha de ser el que me echare el pie delante. Dad crédito a lo que os dixere en esta ciencia, porque a éstas les entiendo los pensamientos.

Zel.—Plegue a Dios que me aproueche, que yo por más cierto tengo que fui a buscar la muerte que la esperança.

Car.—Que será si el cielo se cayesse? lo que os aconsejo es que no embieis naue a Flandes ni pagueis renta adelantada, pues teneis tan flaco ánimo.

Zel.—Cómo hablais sobre seguro! si passara por vos lo que nos passa a los enamorados, no hallarades esta quexa antes de tiempo. Poco nos daña mucho y nadie viue con más trabajo, principalmente el amante pobre es Principe del amor, venciendo con sus fortunas a las de Hercules: porque pelear con el leon Nemeo, que ninguna arma le dañaua, coger el cieruo de los cuernos de oro, traer el puerco cuya vista dio tal temor a Eristeo[610] que se metio en el vaso de metal, atar el Canceruero que escupia veneno, vencer al transfigurado Acheloo, derribar a Anteo, quitar al pastor Español, que tenia tres cabeças y seis braços, las vacas, y despues matar a Caco, que se las hurtó, todo esto es nada en comparacion de los rezelos, sospechas, zelos, temores, cuydados, passiones, desuelos, desdichas, locuras, deseos, injurias, gastos y otros mil males que se sienten y no se dizen por los enamorados; y si no, considerad al mismo Hercules despues de tantas vitorias y ser tan animoso y sabio, cómo le hizo el Amor parecer otro Sardanapalo, y le quemó viuo.

Car.—Con esso me mecieron y cantaua mi ama:

por amor que no conuiene
se pierde el bien y el mal viene.

Zel.—Esso es lo que temo; veome delante dél sin merecimientos, oygo dezir que prendio a Marte y que sujetó a los demas Dioses, y desde entonces quedó tan encarniçado, que a los altos y generosos ánimos afrenta mucho más, como hizo al esforçado Sanson, al diuino musico Dauid y al sabio Salomon.

Car.—Ahi os esperaua, que propio es de los enamorados traer estos exemplos por disculpa de sus culpas y no para imitacion de sus virtudes.

Zel.—Bien parla Marta despues de harta; vos porque os veis en los cuernos de la Luna a vuestro saluo, hablais de gorja; pues en las aduersidades se conocen los hombres.

Car.—Cómo, os engañais conmigo, que sé más que siete, y si empieço os dare quinze y falta? porque, mal pecado, todos sabemos vn poco de albeyteria, y más quien la trae tanto entre las manos como yo; ya no hay inocentes; bien sé que es el amor vn cuydado lleno de temores, composicion de males para el coraçon, fuerça que la haze a las potencias del juyzio, quitandole la libertad, oluido de la razon, vezino de la locura, suaue deleyte para los ojos, demasiada fatiga del entendimiento, llaga agradable, sabrosa ponçoña, dulce amargura, deleytosa enfermedad, blanda muerte, mal de males infinitos. Qué os parece, quereis más? vos no sabeis otro tanto, con quanto os preciais de contemplatiuo; pues aun os dire adelante, porque os espanteis y veais que tengo teorica y prática deste negocio. Todo enamorado milita en los Reales deste rapaz Cupido, donde yo tengo autoridad de cabo de ciento, en saber como diestro africano embestir con estas rapacillas y ponelles el hierro, y no ando en escaramuzas y puntos con ellas, que son matreras y saben mucho, y por puntillos no hay quien las lleue, porque en sintiendoos aficionado, os ponen los pies en la boca, y os hazen mil muecas; yo no las sufro sino hasta cierto tiempo, y en teniendolas sujetas, tomo vengança y nunca me las doy a conocer tanto, que no las dexe de manera que imaginen que si no me contentan, que me perderan; y si vos lo hizieredes assi, hareis vuestro negocio, y os reireis dellas como yo.

Zel.—Dize el sano al doliente: Dios te dé salud. Si vos os vierades como me veo, de otra manera lo sintierades, que no es perfeto el amor donde el juyzio no se pierde. Transformarse Iupiter en toro, Neptuno en cauallo, Febo en pastor, qué es sino perder el sentido racional con el bruto apetito, segun nos enseña Apuleyo en su asno de oro?

Car.—Los pusilanimos sienten esso, pero lo contrario hizo Alexandro con la mujer y hijas del Rey Dario y con la amiga de Antipater.

Zel.—Y despues cómo le fue con Rojanes? tratar de la virtud facil es, vsalla obra de Sanson, y de lo que no se tiene experiencia es ignorancia hablar, y assi lo sintio Anibal quando derribó a Glisco de la catedra.

Car.—Muy poco ganareis vos con esso; atengome a sacudillas y dexallas, que assi hazian los dioses de la Gentilidad; lo demas es burla, porque es tan mala ralea la de mugeres, que ya ninguna quiere bien, si no es por el interes, y en quanto ay que darles; yo conozcolas por el diente, y en tanto, lo que la loba haze al lobo le place, y a vn ruin ruin y medio. Amor enseña mil caminos de engañar; prometiendo con franqueza, de promessas las hago ricas; al tiempo de la paga no faltan escapatorias; destos soliades vos ser, mas ya no os parece bien, porque os traxo Dios a estado de gracia, con que renunciastes al hábito destas artes del mundo, que las soliades vsar. Aora os dire, como suelen ellas dezir: perdonele Dios, que buen pecador era. Vos de aqui adelante hablad con voz baxa y traed el rostro modesto, como quien pretende obispar, que el buen enamorado refinado como açucar ha de ser, amarillo, flaco, honesto, asseado, curioso en galas, no afectado, en el andar graue, los ojos eleuados, y tan ventores, que entre las nubes descubran la caça, la persona segura, pronta para qualquier caso de repente, poca risa, mucha cortesia, afable, presuntuoso, constante, solitario, paciente, mortal enemigo de su competidor, si lo tuuiere, zeloso de los vientos, sin darlo a entender, graue, compassiuo, liberal, osado, en ocasiones temeroso, mañoso, musico, contemplatiuo, eleuado, inquisidor de los secretos de los galanes, prático entre damas. De todas estas calidades os conuiene hazer profession para merecer la palma y corona de los martires de Cupido, y ser escrito en el catálogo de los escogidos.

Zel.—Poco se le da al harto del hambriento; como me aueis sobrecogido, hablais dessa manera; guardad la buelta del toro, que a cada puerco le viene su S. Martin, y ninguno diga desta agua no beuere; y siempre se ha visto que los muy resabidos caen en el laço: porque el amor azecha a los más recatados y toma dellos vengança, como hizo Baco de Penteo y Palas de Aragnes.

Car.—La mona no se caza con lazo, y quando esso sea, lo que os digo es que no puede ser más que llouer sobre mojado; yo no niego que soy de los suyos, mas doile del pan y del palo. Pero dexadas porfias, pues más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la agena; tratemos de nuestro negocio, qué es lo que teneis hecho? que quiero ver cómo os ayudastes de mis consejos.

Zel.—Sucediome mejor de lo que pensé, porque al descubrir mi passion, como yo estaua más medroso que Pisandro, acudio la sangre al coraçon, como a parte principal, por socorrer su necessidad, y quedé descolorido como muerto: mi prima, a lo que yo entendi, imaginó que era el negocio con ella.

Car.—Esso será possible que dañe y sea ocasion de mostrarse despues contraria, porque ellas a nadie quieren como a sí mismas, y quanto ven apetecen; y destas cosas son golosas en extremo.

Zel.—Quando yo acabé de descubrir mi pensamiento, despues de passados grandes coloquios, flaquezas y desmayos, me lo contradixo fortissimamente; y quando vio que por mal ni bien no desistia de mi intento, protestando (no sin lagrimas) morir en él, al fin compadeciose de mí.

Car.—Pues quién lo duda? soy vn inocente, no las conozco? y qué os dixo?

Zel.—Que haria lo que pudiesse, tentando el vado de la voluntad de Eufrosina; ahora juzgad qué bien se puede esperar desto.

Car.—El mayor del mundo; teneis subido el segundo escalon, porque luego como la señora Eufrosina, que aora está apartada dessos gustos, sepa que la quereis bien, lo primero dara gracias al amor, porque se acordó della, y cobrará nueuos pensamientos, y hallareis en las constituciones deste rapaz que nadie sabe que le quieren que no quiera poco o mucho, y lo poco el vso y tiempo lo haze mucho: porque todas las cosas nacen, crecen y se enuejezen, y si quereis triunfar desta guerra, como Capitan Romano, aueis de ser tan sagaz como Fabio contra Anibal: guardarle el tiempo y esperarlo, que el buen Romano, estandose quedo, vence, y el buen enamorado disimulando engaña; y en viendo la vuestra, sereis atreuido en acometer; y para serlo, presumid de vos, que vencereis quanto intentaredes, aunque sean brauas más que Iuno, más fuertes que Palas, más castas que Diana. A nosotros nos toca acariciarlas, á ellas obedecernos; y quanto al principio se muestran rigurosas, son despues mansas. Los soldados praticos como yo, aora que sé quando alcanço fauor de vna muger de calidad, que me es de gusto y prouecho, en teniendola rendida y señalada de mi señal, por no aficionarme mucho y venir a ser esclauo de mi gusto, procuro diuertirlo, por no criar cuerbo que me saque el ojo, y ocúpome en hazer empleo en otra y en otras. Desta manera juego con cartas dobladas, y no puedo perder, y aseguro mi mercaduria, por no estar pendiente de la cortesia de la fortuna, y con esto me escuso grandes disgustos. Las mujeres, por lo que deuen a sí mismas, quando menos, son obligadas a guardar castidad; si tienen amor, guardan fe, o con el coraçon o por la verguença, por la estimacion que de las tales hazemos, y assi son mejores amantes que nosotros. Los hombres no es necessario ser castos como Amadis, porque luego les achacan impotencia; y quien tal fama cobra entre las mugeres, dadlo por perdido, y si no preguntad a Orfeo cómo le fue con las de Tracia. Conuiene al que las ha de tratar tener fama de valiente en las ocasiones, de afable y muy secreto; y si tiene esto no le tengais lástima, que yo fiador que no se pierda por lo que a él toca, y no ha menester mejor gayta para pedir por las puertas. Y tomad de mí vna licion, que os aprouechará: nunca desistais de proseguir lo que vna vez empezaredes, por más desdenes que os hagan, que son como gestos de monos; y si no os cansais, cantareis al fin: ya os tengo, peces, en las redes, que se dixo a este proposito; y vuestra prima por mi cuenta que fue a pedir albricias a la señora Eufrosina, y essas carantoñas que hizo son como las de la otra esta noche passada.

Zel.—Pues contadme lo que passó.

Car.—Esta suerte es de las mias, y para escriuirse en la Coronica del mundo con letras de oro; aun aora me rio de cómo fui más determinado que Tarquino y más temeroso[611] que Apio Claudio.

Zel.—Cómo es esso?

Car.—Yo os lo dire; en entrando hallé a la rapaza en armas ligeras, sólo vn manteo y jubon açul; los cabellos trençados, y con vna cofia carmesi y oro, toda temblando y no de frio, con vna apacibilidad que amansara vn leon; empeço a querer hazerme arengas, pensando obligarme, mas yo no tuue paciencia, y lleuela en los braços, sin dexarla tomar tierra, y hizeme sordo y mudo; vierades las lagrimas cocodrilas, como si yo no huuiera oido la facilidad con que las fingen las mugeres; los ayes eran exprimidos, como siluo de culebra, los requerimientos y conjuros humeauan, las culpas y amenazas echauan fuego, y yo callar; las brauezas y fuerças hazian una bateria; no quiero, no quiero, mas echámelo en esta capilla. Lo que os digo es que no fue tan cruel la contienda del juego de los cestos de Hercules; huuo enojos y temas de parte a parte, y fue de manera que desesperé y pensé quedarme burlado; ella mostrando que se rezelaua de que la sintiessen, y yo fingiendo desuios y enojos, sin desaferrar. Finalmente, fuimos al monte, auenturé el resto.

Zel.—Qué, llegastis tan adelante?

Car.—No sino de burlas, tenganlas conmigo; toda la gracia fue, despues de las escaramuzas, oir sus quexas y malas venturas, el culparse y fingirse muerta.

Zel.—Y vos que le deziades?

Car.—Yo reiame, y echandolo todo a burla, toméla en los braços, beuiendole dos rios de lagrimas, y por consolarla, empezé a hazerle mil juramentos, que con el coraçon desdezia.

Zel.—Y esso es bueno? creed que me enfadan essos modos de jurar.

Car.—Más me enfada a mí essa vuestra obseruancia. Hipocresias aora, mi padre? yo reniego dellas; muy recoletos en las cosas que no son de su gusto y muy desreglados en sus apetitos. El codicioso no sufre el diuertimiento estragado del sensual, el soberuio aborrece al ladron, el homicida estraña que aya auarientos. Toda culpa agena es muy graue, por diminuir la propia, que no se ve o la dan disculpa. Todos enmiendan y murmuran vidas vezinas, y las suyas las abonan. Sabeis lo que os digo, amigo mio? o tuerto o derecho, mi casa hasta el techo; aun no estoy à porta inferi, allá vendran los aborrecidos ochenta años; dexadme aora lograr mis años floridos, en quanto tengo tiempo; despues no faltará la merced de Dios y su misericordia, de que la tierra está llena. En poco espacio se saluó el buen ladron.

Zel.—Essa es vna gentil cuenta; por qué cedula teneis vos assegurado esse momento y essa contribucion, que baste para merecer en él? Pues como os acogeis a la misericordia, considerad que anda de compañia con la justicia, la qual no se dobla como la del mundo.

Car.—Esso que vos aora contestais es la misma flaqueza de espiritu, y no fuera yo tan prouido por ningun precio; y aunque dezis verdad y os lo concedo, yo vine al mundo para lograr mi vida, pues tengo tan cierta la muerte, que no es pequeña pena y descuento éste; y si aora no la logro, quando la edad lo pide y permite, el tiempo se me va huyendo, y yo no querria que me dexasse a buenas noches, sin dexar fruto ni señal de la jornada con la congoxa de quién tal pensara. Si yo tuuiera vida de nouecientos años, como los antiguos, anduuierame regalando? Todo era dos dias más o menos, porque auia paño para cortar y desperdiciar; mas vida de quatro negros dias, y estos inciertos y alternados en mal y bien, y que los passe llorando, mala Pascua a quien tal hiziere, y no fuere moço quando moço para ser viejo quando viejo.

Zel.—Essa es vna mala conclusion. Essos esfuerços juveniles y essas quentas vanas tienen muy cierto el castigo; guardeos Dios de pecador obstinado; las más vezes se ven desdichados fines a tales distraymientos. El hombre discreto ninguna cosa ha de temer tanto como a su gusto; nunca os precieis de culpas, porque desmerecereis el perdon; hazed siempre la cuenta de cerca, y no perdereis de vista el arrepentimiento; y aureis oido dezir: tantos mueren de corderos como de carneros: pues mirad por vos, que quien se guardó no erró, y el Señor mandó velar a los suyos por la incertidumbre de la hora; y yo tengo por sin duda que a excessos sensuales no dilata Dios la paga para el otro mundo, y assi se han visto muy grandes castigos.

Car.—No me canseis aora; mirad vos vuestra alma y no tengais cuydado de la mia; yo dare cuenta de mí quando llamen a mi puerta, y no me faltará vn texto para hazerle a vna ley que venga a mi proposito y me ponga en saluo. Y Monseñor Ouidio dize que se rie Iupiter de los amantes perjuros.

Zel.—Al dar la cuenta lo vereis; y tambien ay otro parrafo: No siempre Iupiter se rie de los perjuros amantes, mas a las vezes los oye con orejas sordas. Por esso ninguno presuma que engaña, porque siempre él queda engañado; y por amor de mí, que nunca hagais essos juramentos, porque son segun la intencion de quien los oye. En quanto Dios, estais obligado a essa moça en todo lo que le prometistes; mirad lo que aueis hecho, no engañeis vuestra alma.

Car.—No me canseis con amonestaciones; no sabeis que toda la ciencia que aora se vsa es cautelas sobre propio interes? pues quereis que condene el saber ser vn hombre discreto? Estamos en tiempo de aprender ad panem lucrandum, como dizen los trampistas, que nos siembran la tierra de mentiras, y hallase aora derecho para poder robar y hazer todo lo que pide la voluntad a los poderosos; pues yo soy hijo de peor madre? o por ventura padecio Dios más por ellos que por mí? Lo que veo hazer hago, iré donde los otros fueren. A la rapacilla puse de manera con lo que le dixe, que me quedó tan obediente, que tuue dolor de la cuytada, viendola tan eleuada y aficionada de mí; y pareciendola que lo tenia todo seguro con mis palabras, entretuuome con mil donayres, y quando oyó el pito, que me despedi della, no auia remedio para apartarla de mí, y con grandes ansias se queria venir conmigo: porque éstas son como los musicos, malas de entrar y peores de salir.

Zel.—Assi se destruyen las inocentes, que se fian de nuestros engaños; mas esse negocio es para tener miedo del castigo de Dios, y vna obligacion muy para huir el no cumplilla: vos guardaos no os la hagan pagar y os halleis con el mal en casa.

Car.—Cómo sois gracioso! Soy yo inocente, que me ha de engañar vna moçuela que no tiene mas que la armaçon de los huesos y aquella carilla? pues aunque fuera vna Policena, me riyera della. El mancebo es de los que se aficionan de manera que dexan que lo engañen!

Zel.—No murmureis della, porque podria ser que os deis los golpes en vuestra cabeça; no os fieis de vos en estos casos, que a las vezes corre mas el diablo que la piedra: yo quitárame desse trato por escusar inconuinientes; lo que importa es callar, que yo no daré culpa a ninguna muger que se engaña de promessas de lo que desea y pretende, porque juzga por su coraçon el ageno; y si no huuiesse hombres malos y falsos, no auria mujer errada.

Car.—Y ellas qué hazen? Vino jamas al mundo mal sino por mugeres, armas del diablo, cabeça del pecado? preguntadlo a Salomon y vereis lo que os dize.

Zel.—Mas preguntadle vos cómo le fue con ellas, y vereis cómo les sale siempre al rostro a quien las murmura; y parece permission diuina que paguen por donde pecaron, y tambien por la sinrazon que vsa quien dellas dize mal, siendo dignas de toda alabança; porque la naturaleza no tiene cosa tan necessaria como la muger, y por tal la formó Dios del hombre. Y quánta sea su bondad, dexando las de nuestra ley, que son infinitas las que en virtud y constancia en los martirios no daran ventaja a los hombres, mirad entre las gentiles. Porcia comio brasas por el amor de Bruto, Hisicratea quán fiel compañia fue de Mitridates en todas sus aduersidades, Iulia de grande aficion murio viendo ensangrentada la toga de su marido Pompeyo, Artemisa beuió los poluos de los huessos de Mausolo. Ebandre tanto amó a su marido Capareo, que se lançó con él muerto en el fuego, Hipone, cautiua por sus enemigos en el mar, se arrojó[612] a él por saluar su castidad, y lo mismo hizo Bretona[613] por huir del Rey Minos; y otras muchas que huuo admirables en esta virtud, y en las demás que los hombres tuuieron en paz y en guerra, de que ay muchos exemplos, que testifican sus merecimientos.

Car.—Aunque más las alabeis, no las podeis saluar de que por ellas nos vienen y vinieron todos los males, como lo muestra la fabula de Pandora, y por esso se dize: Quien con damas anda siempre llora y nunca canta. Bolued la hoja, vereis Medea matar hermano y hijos, Clitinestra al marido, la muger de Anfitreon[614] vendello por vn collar de oro, y las de aora la imitan y son otras tales; Tarpea entregar la fortaleza a los enemigos; y todo lo dize el refran: Por mugeres van al infierno, etc.

Zel.—Quántos mayores males hallareis en los hombres, si los mirais con cuydado! y como son maliciosos, embidian la virtud dellas, y con esta rabia murmuran y procuran disfamarlas y con ocasionar escandalos; y aunque reciben de nosotros tantos daños, nos sufren por su buena condicion; mas ya muchas dicen mal y se quexan con razon.

Car.—Qué aprouecha, pues les falta la autoridad? yo os digo que las enredo y las sé burlar; ellas tratan siempre engaños, yo nunca les digo verdad ni tengo ley con ellas; ellas interessadas, yo escaso; ellas mudables en el amor, yo desamorado; ellas libres, yo raposo; assi nos damos en los broqueles, mas yo quedo siempre en pie como gato.

Zel.—Vos sois venturoso, que alcançais lo que quereis y quedais libre; plegue a Dios que sea siempre assi.

Car.—Yo sé echar el arpon donde aferre, y esto es lo cierto, y no eleuaciones y castillos de viento.

Zel.—Essa ley teneis los actiuos de amor, que no tenemos los contemplatiuos, verdaderos martires de Cupido, que pretendemos antes el prouecho de quien amamos que nuestro interes.

Car.—Essos tales ganan lo que ganó Paris Troyano, que despreció dos damas hermosas que le daua Poltis[615] por la gentil Elena, y yo dierala con mil gustos por cualquiera otra de menos peligro con algun contrapeso prouechoso, porque no soy de los que dizen que sabe mejor lo que más cuesta.

Zel.—Esso nace de ser muy sensual. Paris, como perfecto enamorado, amaua más la amorosa conuersacion de Elena que todo otro deleite dessotras; y así deuemos antes amar la hermosura del ánimo que la del cuerpo, porque más durable gusto es contemplar los bienes racionales sin el defeto que la edad causa en la más hermosa cara; los que aman el cuerpo más parecen codiciosos médicos que verdaderos enamorados, y assi leereis que por caricias de blanda conuersacion vencio Cleopatra a Iulio Cesar y a Marco Antonio.

Car.—Para essas tales soy yo Otauiano, y me rio mucho dessotras filosofias; lo que importa es saber a cada vna de qué pie coxea, y en esto vereis quánto más vale el buen natural que la ciencia. Mas quedesse assi la question, pues cada vno tiene su costumbre, y quantos hombres, tantas opiniones. Vamos a dar vna buelta a los puestos, que sobre tarde suele caer caça. Passaré por la calle de la descalabrada, veré si está amarilla del sobresalto de la noche passada, que creo deue de estar algun tanto asolanada; no me tenga por desconocido y desamorado, quiça querra que tornemos esta noche otra vez a vernos, y no quiero desacreditarme en los principios, que no dexo de tenerle alguna aficion a la rapaza.

Zel.—Vamos, y entre dos luzes daremos buelta por mi puesto; quiça contentaré mis ojos, dando sustento a mi alma con ver a la bella Eufrosina.