Para qué paristes, madre,
vn hijo tan desdichado[621].
Car.—Pues ay otros mesurados que presumen viuir con tratos secretos y hazer contraminas a las sospechas del mundo, que proponen sus argumentos Logicos con autoridades de sentencias en Latin, y luego lo declaran en Romance, y andan muy a lo traidor con los mancebos que tratan de gala, que no aspiran a faldas de olanda. Estos escriuen amores muy a lo discreto; pero vengome dellos con saber que son esclauos de su gusto, y que otros logran sus tributos y burlan de sus donaires, porque siempre los vi burlados del amor, que es niño traidor y apartado de los que con libertad lo tratan y no le esperan a tiro, y a los que aficionados se le rinden, les haze mil pesares.
Zel.—Vos con quanto aueis dicho no llegais a mi puesto, y no os culpo, porque aqui no llegó Rui de Sandi.
Car.—Vna impresa como la vuestra, como es rara, assi tiene dificultosa la bateria; mas en tales casos muestro yo mi suficiencia: porque sabed que el amor que no es fingido mucho mejor se sabe declarar, y en las materias más arduas acuden razones más viuas; y por menos trabajo tengo escriuir a quien os entiende que a quien os aueis de dar a entender, y assi para essa tal que examina pensamientos y responde por Clarimundo[622], conuiene ir muy por sus puntos con introducion y argumento, tomar la tema de alabanças y misericordia, que éstas quieren ser muy alabadas y piensan que consiste en la hermosura el sumo bien. De donde se infiere que es muy de las hermosas la piedad que esperais y pretendeis; y al descuydo entremeted alabanças vuestras, porque os estime.
Zel.—Todo esto es tan comun que en cada rincon se halla, y no es al tiempo ni lo que se vsa.
Car.—Ninguna cosa podemos dezir que ya no sea dicha, mas el amigo se ha de sufrir con su falta, y con ésta se deue fauorecer lo que se dize o haze con buena intencion. En esta materia pocos aciertan y todos reprehenden, y no dexan de aferrarse con Carcel de Amor[623] en lugar solitario, y tienen por tanto conuertillo en Portugues como si fuesse Homero; mas pues llegamos a tratar de antiguedades, qué malo sería hablar por Marco Aurelio[624], que tiene gran copia en dezir?
Zel.—Esso es lo que no quieren aora, sino breuedad, saluo en tratar cada vno su negocio; y con todo creed que tienen en ella grande guarida, pero de qualquiera manera tened por cierto que no se puede escriuir carta de amores sin estar obligada y sujeta a censura y burla.
Car.—Si la materia es de locos, cómo quereis que carezca el argumento de poco juyzio? Mas en esto ay vn bien, que se trata la causa con mugeres, que la más cuerda es muy loca y nunca les parecio mal carta de amores, por más necia que vaya.
And.—Bien os podeis tambien meter en la cuenta de los locos, pues todos los enamorados lo son, ninguno se conoce; y mi amo todo es aora hazer principios a su carta y ninguna acaba.
Zel.—Aora ved lo que tengo escrito, en quanto aueis hecho la correccion.
Car.—Dessa manera poca dotrina lleua mia, y me parece que no sois de vnos que se encierran solos a escriuir, porque alguna mosca no los diuierta de su imaginacion.
Zel.—Yo estoy más diestro de lo que vos pensais.
Car.—Dezid, pues, que yo la he de glossar con vuestra licencia.
Zel.—Para esso estamos aqui.
And.—La vida que estos traen, y quieren ir al cielo! no creo yo en tal santo.
CARTA
Zel.—Si para librarme de la condenacion que temo, la disculpa de mi atreuimiento valiesse, la razon de la fuerça que me hazeis da vozes por mí contra vos; mas por no incurrir en más culpas, escuso darla a quien sin ellas nacio, y para confirmacion de mi inocencia yo me la doy a mí con la pena de las penas que por ella mereciere. Y si este conocimiento con tal contricion es merecedor de alguna remission dellas, sea en descuento de las quentas, que yo de mí le cometo.
Car.—Nada dezis, y perdonadme, porque aquellas penas y aquellas culpas parece estilo de Bula, que absuelue de culpa y pena, y es insufrible, y essotros quentos y desquentos es vn guarismo de vnidad y decena, y assi lo errais todo de proa a popa.
Zel.—No juzgais bien; no veis cómo van engaçadas estas razones?
Car.—Sí, mas hazeis ahi vn[a'] lista de tres partes de la penitencia, contricion, confession y satisfacion, y son vna letania.
Zel.—En este negocio no se puede escusar hablar por pena, dolor y passion, que son los terminos desta ciencia, como cada vna tiene los suyos, si vos no quereis ponerle aora otros nombres y renouar el estilo.
Car.—No seria malo, si pudiesse ser, por satisfazer a los discretos escrupulosos.
Zel.—Aora veis aqui otro principio. Y conuatiendo amor a mi entendimiento especulatiuo, en la contemplacion de vn primor tan primo, por la fantasia ofrecido a lo prático eleuado, forçó la voluntad vencida forçosa, y voluntariamente obedecio a la sensualidad, a lo que la razon no resistio, porque la tengo en ser vencido, y sobre esso perder la vida.
Car.—Todo esso no está bueno ni haze a nuestro proposito; essos terminos son más escuros que los de los pescadores de Homero, y no los entendera Delio nadador; de mí os digo que no entendi palabra.
Zel.—No es forçoso que lo aueis de saber vos todo; y no me marauillo, porque sólo Dios es perfeto. El saber está repartido y cada vno sabe lo que aprendio.
Car.—Pues yo, mal pecado, qué aprendi? Reios de pensar que aya otro soldado más prático que yo.
Zel.—Sí, mas no lo sois con las desta calidad: porque sabed que para con estas que matan en el ayre, importa mucho y es el todo hablar en la carta escuro, porque la tienen por más discreta quanto menos la entienden; y va mucho en esto, y más en la primera, a que no dan respuesta, porque acostumbran responder á la segunda.
Car.—Con todo, si quereis que vaya por ambos, mudad el estilo, y si no vaya todo por vos, que yo lauo mis manos deste hecho; y quando os importare embiar vna carta muy refinada, hablad conmigo y pagadmelo.
Zel.—Dexadme aora errar por mi cabeça.
And.—Si el mal es que mi amo se auia de sujetar a la reprehension que ninguno sufre ni por ella se enmienda; todos piensan que lo saben todo por sí solos, y por más amigos que sean, menosprecian el saber de los otros ellos, y vnos a otros se llaman ignorantes; yo no sé quál es el discreto.
Zel.—Mirad si os agrada otra.
Car.—Dezid.
Zel.—Con justa disculpa pudiera la grandeza de mi dolor negarme el sufrimiento que tengo para viuir en la gloria dél, si yo pretendiesse otra vida; mas como no la siento de mayor gusto, por razon del estremo de mis pensamientos...
Car.—Essa me suena aora en la oreja; cómo lo bueno luego haze consonancia! dadme essa pluma, dexadme empieze otra.
Zel.—Essa va más a proposito, mas no sé si está cumplida.
Car.—Está marauillosa, todo esto se me ofrece aqui:
Por lo que auenturo querer, antes castigo en secreto de vuestra mano que culpas de mi flaqueza en público por escusar ofenderos.
Esta gentil clausula no hay más que pedir; yo me inclino mucho a estas razones, que afierran como ancoras, y acaba muy bien en ésta:
Porque en saber vos sentir me sois deudor de lo que siento y pido consintais que sienta.
Porque esto, señor, remata; ella no perdiera en ir más breue, respeto de la comun opinion, mas la mia es que se ha de escriuir largo a las mugeres.
And.—Alabado sea Dios que acabaron, qué contentos quedan! y yo juraré que es tal la vna como la otra, y aun me inclinara a la primera.
Car.—Vamos, os acompañaré hasta su varrio.
Zel.—Y despues qué aueis de hazer?
Car.—Ire a ponerme en la puente sobre el rio a ver las moças que vienen por agua, y si encontrare vna que ando por su rastro, darele mis toques; por ventura sacaré fuego, que yo no doy passo de valde. Andrade?
And.—Señor.
Car.—Limpiadme estos çapatos y por lo que deueis a virtud componedme el vestido; ya sabeis que teneis en mí vn buen amigo.
Zel.—No veis cómo engorda este pícaro? no cabe en el pellejo.
Car.—Trae conmigo vna cierta pretension, y hemos de ponerlo muy galan y embiallo a su tierra a enamorar todas las moças, y yo dare mi parte.
Zel.—Todo se hará bien quando sea tiempo, mas temo que se nos casse allá.
And.—La mayor prisa que tengo es essa.
Car.—Este moço es de importancia.
Zel.—Cierra essa puerta y vete por ahi.
And.—Id en buen hora, y mirad no vais por lana y vengais tresquilado.
Zel.—Ya entramos en esta calle; no hagais mudança, ni mireis arriba, por si acaso estuuiere Eufrosina en la ventana, no entienda lo que sabeis. O gran ventura! Yo la veo ya, ella se fue, como vió que yo la veia.
Car.—Buena señal; desde aqui hago juramento que lo sabe ya.
Zel.—Esse es otro nueuo adiuinar por lo Pitagorico.
Car.—Apuesto.
Zel.—Apuesto.
Car.—Ea, qué apostais?
Zel.—Idos, que es burla, ojalá fuessedes verdadero.
Car.—Vos lo vereis, que yo soy buen lagarto; a la buelta idos á ver conmigo.
NOTAS:
[618] En el original casa, pero es errata evidente.
[619] Así este segundo verso ni consta ni hace buen sentido; quizás veslo es errata, por véalo.
[620] Alude al poeta García Sánchez de Badajoz.
[621] En el original estos versos están impresos como prosa.
[622] Alude al libro de este título compuesto por Juan de Barros.
[623] Alude al libro de Diego de San Pedro.
[624] Alusión al libro de Fr. Antonio de Guevara.
SCENA TERCERA
Eufrosina, Siluia de Sosa.
Euf.—Siluia de Sosa, allá viene aquella buena cabeça de vuestro primo, muy eleuado; yo estaua en la ventana, y como lo vi, quiteme luego.
Sil.—Pues cómo, señora, huis assi de un tan gran seruidor vuestro?
Euf.—Sealo vuestro, que sois otro tal juyzio como él.
Sil.—Para qué es tanto menosprecio y dezir tanto mal?
Euf.—No puede dezir lo que en él no haya.
Sil.—Pues qué remedio?
Euf.—Quien le viere andar con el cuello como de grulla, la cabeça de gabilan, que parece que no pone los pies en el suelo de afectado, luego dirá que muestra el viento que trae, como el Triton de Vitrubio.
Sil.—Aora me quiero reir: donde tiene la gallina los hueuos, allí se le van los ojuelos.
Euf.—Assi viua él poco y malo...
Sil.—Como ella querria vista en sus ojos.
Euf.—Quién no ha de echar de ver sus humos? No me guarde Dios si no parece que está embelesado quando mira, como quien nunca vió gente.
Sil.—Cómo te conozco, besugo! quierote bien y digo de ti mal, por dissimular. Busca siempre ocasion para hablar dél y luego dize que lo dira al juez.
Euf.—Pues vistoso es el mancebo para perderse por él.
Sil.—Ni es para despreciallo.
Euf.—Antes lo querria perder que hallar; parece milano hambriento.
Sil.—Poco desso, que me corro: graciosa está la señora.
Euf.—Bueno era para picota de villa, segun es largo.
Sil.—Dexadme, señora, os lo ruego, que me consumo con essas cosas.
Euf.—Iesus, pues no es para consumirse decirla mal de aquel Principe, de la alta Alemania, como si ninguna tuuiera primo sino ella.
Sil.—Pues cada vna estima los suyos.
Euf.—Bendigalo Dios, que no le lama el gato; no le toquen en su primo, ay Iesus!
Sil.—Aora a fe que tantas vezes me ha de dezir de proposito mal dél, que he de venir a dezirle que os aborrezca y dexe de quereros bien.
Euf.—Quanto á esso, nunca dire yo otra cosa; pero sabeis vos, señora, lo que aueis de hazer? ya que despertastes el perro, que estaua durmiendo, y me lo acordastes, desengañarlo de manera que no sepa yo que él habla en mí.
Sil.—Nadie diga desta agua no beuere; cómo entiendo yo estas brauatas!
Euf.—Pues si mi desuentura a tal llegasse, y ella estase riyendo!
Sil.—Pues qué quiere, que llore?
Euf.—No, mas reid y tened placer; de tal cabeça tal seso, y todauia os reis?
Sil.—Voyle aora a dezir como vos, señora, beueis los vientos por él.
Euf.—Hazedlo assi, y mirá no hagais alguna cosa que luzga y parezca; despachaos, no esteis allá cien horas, que nunca acabais quando os poneis á parlar con essa buena joya; no venga mi padre, que bien sabeis como es sospechoso.
Sil.—Bueno va el negocio, pues ya le duele para encubrirlo.
SCENA QUARTA
Siluia de Sosa, Zelotipo.
Sil.—No direis, señor, que no salgo á recebiros á la puerta.
Zel.—No es pequeña merced para mí.
Sil.—Yo estaua reboluiendo vn cofre, y Eufrosina me dixo que os vio venir.
Zel.—Yo la vi, y fue muy gran ventura para quien anda tan ciego, y mayor el fauor de su memoria.
Sil.—Ay Iesus, qué cosas teneis; yo pense que se os auia oluidado esso.
Zel.—Poco cuydado teneis del mio, segun lo que dezis, pues por vuestro descuydo juzgais de mí tan mal; bien parece que pena agena de pelo cuelga.
Sil.—No hablemos en essas ociosidades, pues el más cierto fruto que dan es disgustos, y gastar en ellas la vida nunca dio buen nombre, ni el crédito que de vos tengo me da lugar a creer sino que os burlais conmigo por prouarme.
Zel.—Más cierta burla es dezirme vos esso; y si creyesse que lo decis con verdad, lo sentiria mucho, porque me precio de tratarla con todo el mundo, quanto más con quien me obliga tanto.
Sil.—Todo lo creo de vos, señor primo; mas como he oido que el amor es ocupacion de ociosos, y sé que lo estais aora, he sospechado que puede nacer de aqui vuestro fundamento, y os pido que me hagais merced en dezirme quál es.
Zel.—Querer un grande bien sin ninguna esperança, de donde nacen los deseos homicidas del descanso, que yo solia tener, como se vee en mí: porque no ay saber que baste para acreditar mucho tiempo mentiras, y ser fingido no es de hombres de estimacion, antes de baxo espiritu el tener la malicia y engaño por industria. Y como yo sin ella, forçado de mi suerte, me entregué á mi pensamiento, padezco lo que vos no creeis; sin tener atencion a lo poco que sentis mi dolor, en él me deshago: porque la tristeça con esperança esfuerça el entendimiento, quanto con desesperacion lo consume.
Sil.—Y en todo vuestro juyzio tratais esso?
Zel.—Antes con ninguna parte dél: porque donde ay voluntad no gouierna la razon, y en grande determinacion no hay memoria de inconuenientes. En lobo como Licaon me transformé: en mí se renueuen las crueldades de Busiris y Diomedes: rayo de Palas me haga polvo como á Aiax Oileo[625].
Sil.—Iesus, guardeos Dios de mal; mejor estrella tengais, no digais esso.
Zel.—Si os lo dixe y os lo digo es por no poderlo encubrir, y tened por cierto, que muriendo con el alma en los dientes, confessando esta fe, he de ir suspirando al otro mundo por la señora Eufrosina, ministro de mi desuentura. Tened dolor de mí y acuerdeseos que quien no siente el mal ageno es castigado con no sentir ninguno el suyo.
Sil.—Más os deuiades de acordar vos que es grande error y vicio el apetito, y que es muy falso el parecer que se aceta de la voluntad y no del entendimiento, y me espanto mucho que pueda en vn hombre discreto más su gusto particular que la razon. No hagais caso dessas torres vanas, que cualquier viento las deshaze.
Zel.—Por esso tengo yo vn buen remedio, que a todo repique de mi dolor los leuanto con dobladas fuerças de mi intencion, y quanto más desesperado, tanto más sufrido y sujeto, como quien anticipó tanto el amor a la esperança, que no repara en ella, y como se hizo fuerte en mi voluntad, que lo recogio sencillamente, cerróse por de dentro con la gloria de mi tormento, y dize a los demas esfuerços: Afuera se abre, que en saluo está quien repica. Para qué sois tan cruel y inhumana que no os apiadais de vn estado tan miserable como el mio, estando en vuestra mano el remedio?
Sil.—Mejor me dé Dios el cielo, que en esso puedo nada, y si pudiera, hiziera quanto en mí fuera possible por no veros assi. Tan engañada me teneis, aunque conozco que es mal hecho.
Zel.—El mal para mí solo nacio, y en ser por quien es soy tan auariento dél, que lo zelo de qualquier otro bien que sea de otra naturaleza estraña de mi intencion. Con todo, me persuado (siquiera por viuir) que no sois tan poco mi señora que se os oluidasse quando menos de nombrarme delante del idolo de mi alma. Dezidme la verdad, no me la negueis, si creis que consiste en esso mi vida, que quiero para seruiros. Dadme algunas nueuas, que con qualquiera de mi fauor me pondreis tan contento quanto aora estoy triste. Y acordaos, señora, que la tristeza es causa de muchos males, y que della procede enloquezer y muchas otras enfermedades, de tal manera que llega a darse muerte el que la tiene. Imaginad que soy humano, sujeto a desuenturas humanas; y sucediendome qualquiera destas desgracias, como aora las temo todas, ved qué sentireis; pues yo os digo que estoy muy cerca de enloquecer, y que no duermo con esta imaginacion, y no siento enfermedad que no trocasse por la tristeza en que me consumo: porque más ligero es padecer qualquier tormento que esperallo.
Sil.—No sé qué os diga ni qué haga; en las cosas de peligro toda determinacion es ventura; vos quereis que yo me pierda sin aprouecharos, no sé en qué ley de amistad hallais que busque con mi daño vuestro gusto y que lo querais más que mi razon: matadme antes y descansaré.
Zel.—Ha, señora prima, que vos me matais con essos temores. Al hombre medroso todo le espanta y nunca le ayuda la fortuna. No os quiero yo ni estimo tan poco que no perdiera con facilidad cien vidas por escusar vn disgusto vuestro; y si por esta ocasion presumiera yo que os auia de suceder disgusto, no os metiera en ella.
Sil.—Está mal visto, y me espanto mucho de vos, que me pongais en tan cierto peligro, pues sabeis tanto, y el atreuerse mucho nace del poco saber.
Zel.—Antes el mucho saber haze que no se tema nada, conociendo lo poco que se pierde en todo; mas como no me quereis hazer merced, hallais dificultad, porque no ay cosa tan facil que hecha sin voluntad no parezca muy dificultosa. Muy mal cumplis conmigo lo que me prometistes.
Sil.—Vos no quereis mirar más que vuestro gusto; ruego a Dios que no sea cierta mi profecia. Primo, antes me mataré con mis manos que hablar en esso determinadamente: porque las cosas sin razon no las intenta sino demasiado despejo, y yo tengo muy poco, ni cabe el hazerlo sino en baxos pensamientos o en poco discretos. Assi que no es justo querais de mí lo que no soy para hazer. Verdad es que el dia que me descubristis vuestro pensamiento hablamos en vos, assi como os fuistes, y la dixe que la vistes y alabastes mucho: porque sé que se alegra de ser alabada, como todas; y passando adelante la plática, entre juego y burla, toqué en que me quisistes dar a entender que os enamorastes de su hermosura; mas esto dixelo assi ligeramente.
Zel.—O bienauenturado cuydado el mio, que por más aspero que sea, pues me subio a tal estado, no sentire la cayda de Faeton ni de Icaro, pues basta por dicha auer subido; y si muriere, ire satisfecho en saber que la causa sabe de que muero, que lo que más sentia de mi anticipada muerte era perder la gloria que se alcança de ofrecer la vida. Dadme essa mano, os la besaré por tanta merced, que con razon estaua yo satisfecho que no me auiades de desamparar.
Sil.—Mirad cómo hablais, no os oiga, que he miedo que nos azeche, como el otro dia lo hizo.
Zel.—Por vuestra vida? O, qué cosa seria para mí presumir esso! Vos me vereis aora turbado, que no acertaré a dezir palabra. Grandes cosas me contais, y como quien no dize nada os las dexais dezir, sin hazer caso dellas, siendo tales que me hallo incapaz de merecerlas. Sin duda deueis de ser de ánimo muy liberal, pues de lo que es mucho hazeis tan poco aprecio.
Sil.—Bien presumo tener essa condicion, si me aprouechasse.
Zel.—Pues yo en agradecido no me quedo atras, y mirad cómo todo viene a proposito. Vos inclinada a hazer mercedes y yo a saberlas estimar, parece que no ay más que pedir. Mas qué me dezis, que me azechó? Aora atended acá, esto no se puede ponderar. Vos me certificais que yo le di essa ocupacion? Ay, ay, no, no lo puedo creer; mas no os desdigais, porque ya aureis oido dezir: engañasme y huelgome. No me veis ya otro color? El coraçon me quiere saltar del cuerpo: no de valde se dize que son raros los que tienen juyzio en la prosperidad.
Sil.—Primo, no quisiera que en cosa de tanto peso tengais tan poco recato. No tener secreto es de animos vanagloriosos. Mostrais tanto alboroço, que he miedo que lo oya o lo note, porque nada se le encubre; y si ella entendiesse que os descubri que lo sabe no tendra sufrimiento, y si me consintio que se lo dixesse fue haziendola juramentos que no os diria que lo sabia.
Zel.—O prima mia, si yo os tuuiera de mi parte, quánto más atreuido que Vlises con Diomedes lo acometiera todo! yo, señora, no os pido ya que me sustenteis la vida, que si me la aborrece quien me la da, no la quiero. Pido os que no me quiteis la vanagloria (que assi la quiero llamar, pues assi lo quereis) desta muerte, y haga la señora Eufrosina lo que su condicion y mis hados quisieren.
Sil.—Y yo en qué soy contra vos? qué cierto es todo buen consejo, si no conforma con la voluntad del que lo ha de acetar, ser mal recebido y peor interpretado! no veis quán peligroso es todo lo que intentais?
Zel.—Ya os entiendo; dadme aora dineros y no consejo; fiaos de mí que sé guardar mucho secreto y que soy muy atentado, y que os sacaré en saluo en qualquiera ocasion.
Sil.—Quien bien sentado está no se leuante; y quien bien tiene y mal escoge, por mal que le venga no se enoge; no me quiero ver en esse peligro, ni vos me lo aconsejareis.
Zel.—No me quereis entender; sobre mi cabeça que no lo ha de saber persona viua; yo no quiero más de que me deis entrada, y luego salios a fuera y dexadme que me libre por mi justicia; y si me quisieredes hazer vna muy grande merced...
Sil.—Suplico os no me metais en estas cosas, a que no me acomodo ni tengo coraçon para ellas.
Zel.—Esta vez no más, por mi vida, y si no que mala muerte me lleue.
Sil.—Mejor suerte os dé Dios.
Zel.—Dadle vna carta mia, por vida de quanto más quereis.
Sil.—Iesus, guardeme Dios que tal me atreuiesse, ni vos, señor, me lo mandeis, que en ninguna manera lo he de hazer. Buen gouierno es esse, bien me gouernara yo si hiziera esso.
Zel.—Ha, señora prima, aqui del Rey, que me matais. No podre yo alcanzar de vos que me deis este soplo para poder bolar, y subir a esta fortaleza, y hazeros señora de ambos, como lo sereis, si la tuuiere por mia? por qué no quereis reparar que me va en esto el alma y honra, dos cosas inmortales a que todas las vidas se deuen, y muchos por ellas las perdieron, y que mi honra es vuestra?
Sil.—No sé en qué podeis fundar alcanzar cosa tan impossible.
Zel.—En mis pensamientos, que no sin causa me subieron tan alto, y su naturaleza es nauegar sin velas de la razon: porque la fortuna que los habilita no tiene en sus obras más respeto que obligarse a fauorecer a quien se le entrega, y la opinion de los espiritus es como la fee, que no pende de razon ni carece della, porque la tiene en lo que pretende tanto que lo pretende. Dios haze de los humildes grandes, la orden de sus obras se nos encubre a nuestro juyzio: porque solo assi se entiende, y ninguno es su consejero.
Sil.—Esso es edificar sobre arena. No es ya tiempo dessas cosas. Bien sabeis quán poco valen aora merecimientos; sólo en la ventura consiste todo, y ésta vemos que pocas vezes o ninguna ayuda a quien lo merece, y de los que el mundo más espera vemos más aniquilados, que parece que Dios deshaze la rueda de nuestra opinion.
Zel.—Lo mismo digo yo. Quanto más sin razon os parece esta empresa, tanto más cierto está el conseguilla, porque Dios con las cosas pequeñas confunde las grandes.
Sil.—Señor primo, emplead vuestros cuydados en tierra firme, que quien corre por el muro no da passo seguro. No perdais el tiempo en cosa tan fuera de razon.
Zel.—Vos, señora, dezid lo que quisieredes; mas vn desengaño os doy, que soy tan satisfecho y vano de mis pensamientos, porque bolaron tan alto, que si alguno de cobarde se me abatiesse, como a vastardo lo echaria fuera de mí, como la aguila arroja del nido al hijo que no mira derecho al Sol.
Sil.—Quiero tener enojo y no puedo, porque soy vna alma de cantaro; mas qué os parece: si se lo dixesse a su padre, daria yo buena cuenta de mí?
Zel.—No es tan necia ni tan poco amiga vuestra que lo dira; no quiero más de vos de que dexeis caer esta carta donde la pueda ver.
Sil.—Libreme Dios de vuestras demasias; dexaos de tales presunciones, que siempre suceden mal.
Zel.—Cómo hablais sin pena y fuera de sentir mi mal! vos me aueis de hazer esta merced. En todo caso veis ahi la carta, hazed della lo que quisieredes.
Sil.—No, no, no; tomad, tomad.
Zel.—Echalda en esse suelo, porque en ninguna manera la he de boluer a tomar, aunque sepa que he de perderos.
Sil.—Ay triste de mí, si Eufrosina la ha visto! en qué pendencia me aueis metido! yo he de ir luego a quemalla.
Zel.—Quemadme a mí tambien y acabareis conmigo y yo con todo.
Sil.—Ya no quiero oiros más, idos, idos muy en buen hora, que ya he conocido que me quereis mal.
Zel.—Más mal me quereis vos, señora. Voyme, pues assi lo mandais, tan fuera de irme, como de esperança de viuir, pues assí lo quiere la fortuna; y sabed que quedo aqui como Archimenides en Sicilia a la sombra que soy de mí. Esta se va a la compañia de los muertos sin sepultura, y quien aora me mata sois vos.
Sil.—Todo vais consumido; nunca vi muertos hablar sino aora.
Zel.—La muerte no es más que el apartamiento que el alma haze del cuerpo.
Sil.—Por esso digo que no estais vos avn muerto, pues teneis alma.
Zel.—No tengo, que el alma claro está que reside donde ama y no donde anima, y la mia más que todas, porque tiene más razon.
Sil.—Ay, primo, primo, dessas filosofias sabeis vosotros muchas para engañar a las inocentes que os creen. Pues cómo andais y hazeis las demás acciones como viuo?
Zel.—Quedóme vn aliento del alma que me sustenta assi los miembros, que por ella mueue este cuerpo mortal. Assi como en vuestro cofre, en que teneis almizcle, si lo quitais, queda el olor de manera que parece estar presente el almizcle.
Sil.—O, mala cosa, y quánto sabeis; no quiero hablaros más, que estoy muy mal con vos.
Zel.—Sea para hazerme bien, que de los buenos es no pagar mal con mal. No me dexeis del todo a la fortuna.
Sil.—Idos, que todo se hará bien; el diablo me hizo tan aficionada vuestra.
Zel.—Acordaos que viuo no más de en quanto vos quereis que viua.
Sil.—Dexadme, parlero, que nunca acabais.
NOTAS:
[625] En el original, por errata, Atix Olileleo.
SCENA QUINTA
Andresa, Vitoria.
And.—Comadre, esperame, comadre, sorda Vitoria.
Vit.—Quién llama?
And.—O, mal pesar veais de los Moros, todo oy te vengo llamando.
Vit.—Pues yo no te oia.
And.—Irás pensando en la picaça.
Vit.—Has visto oy aquella persona?
And.—Menos ha de vn año que estuue con él.
Vit.—Y qué te dixo, por su vida negra?
And.—Mira, hermana, contarete muchas cosas que passamos.
Vit.—Estamos aora muy reñidos?
And.—Pues de ahi le viene la tos al gato.
Vit.—Ha, no me lo digas, ya te lo fue a dezir?
And.—Ay, hermana, si tú lo vieras huuieras dolor del cuytado, cómo se desbautizaua, ponia las manos en la hijada, leuantaua el cuello y decia: Dexalda vos a ella, que adelante lo hallará.
Vit.—O mal pesar, quién quiere tener vida? y dónde te halló, hermana?
And.—Venia yo del horno, y porque passaua sin verlo, dixo él: ni yo a vos.
Vit.—Poco ha que me passeó la puerta, y yo entraua; dixome a las espaldas: Ya no quereis hablar como soliades; mas yo le respondi: Quien os deuiere que os pague.
And.—Essos son siempre sus dichos. Mas qué te dixo[626], preguntóme si te auia visto.
Vit.—Y tú que le dixiste?
And.—Fui yo en mala hora y acerté a dezirle, pensando que lo contentaua: poco ha que nos reimos sobre vuestra persona, y en tan mala hora y negra yo se lo dixe.
Vit.—Por qué?
And.—Torna él luego como abispa muy enojado: assi lo pienso yo, por esso soy vn necio, que si tengo alguna pesadumbre con ella, no como ni duermo.
Vit.—Ay, mal hora, assi es, cortado está el niño de frio; no comera con el enojo, bien se le echa de ver en la cara.
And.—Aora escucha, hermana; dixo él hecho vn odre: Aora andar.
Vit.—Dixerale yo: quien pudiere.
And.—Pues assi se lo dixe yo. Él mirando al traues, muy ceñudo, los ojos en el suelo: No he de ser yo siempre bobo; sobre cuernos cinco sueldos. Algun dia me echará menos; entonces me creera, que el bien no es conocido hasta que es perdido: porque yo le digo la verdad de lo que le conuiene. Está ella mal conmigo y no dexa de hablar con quantos van y vienen, sin tener recato vna hora más que otra, aunque le estoy predicando siempre.
Vit.—Hermana, yo me rio desso. No sabe el asno qué cosa son alfeloas[627]. El piensa que soy su esclaua y que me ha de tener sujeta: qué placer, pues, de marido, la cera gastada y él viuo! Mejor juizio me dio a mí Dios que esse. Vieja escarmentada arrejazada va por el agua. Yo conozco a éstos muy bien; todos son aora me veis, aora no me veis; y quien a su enemigo popa, a sus manos muere. He de hablar y reir con quien a mí me diere mucho gusto, y él ni otro más pintado que él no me ha de quitar el poder que tengo. De aqui adelante no seré yo boba, que quien con mal vezino ha de auezindar, con un ojo ha de dormir y con otro velar.
And.—Pues escucha lo que me dixo: si yo caso con ella, sepa por cierto que yo no me fio de mi padre; y cornudo sea yo luego si no la hiziere tener juyzio a su costa, y andar derecha.
Vit.—Esso te dixo? Huelgome mucho, que qual te dizen, tal coraçon te ponen. Por la boca muere el pez, y la liebre cogen a diente; pues [por] sólo esso no me alcance la bendicion de mi madre, que come tierra fria, si más le hablare; que en fin y no de valde dizen: Sea en juego, sea en saña, siempre el gato araña.
And.—Y mañana moriras por hablarle, que quien el diablo conoció vna vez, siempre le queda memoria dél.
Vit.—Pues qué amargura y qué mercado de verças! En buena fe, hermana, yo te digo: vn ruin se nos va de la puerta y otro llega que nos consuela.
And.—Da al diablo tales cuentas; que quien se enoja en la boda la pierde toda, que a él no le ha de faltar, y quien boca besa, boca no desea. Peor será que él se enamore de otra; y sardina que el gato lleua, perdida va, y si él no te quisiera bien, no te dixera esso.
Vit.—Andar en buen hora. Pues qué bien el suyo, yo qué le hago? nunca el demonio acaba con rabio acá, rabio acullá. Dexeme, dexeme aora hablar, que boca tengo de mio y no la voy a pedir prestada, ni le quito la suya. El se podrá escusar de tratar siempre de mí, que por esso dicen; quien no te ama en juego, te disfama. Sea en buen hora, que quien muchas piedras mueue, en alguna se hiere. Toda su rabia es que por qué yo hablo con Filtria y soy su amiga; pues he de serlo y hablarle, aunque más le pese y amargue, y digan lo que quisieren, que donde no hay fuego no se leuanta humo.
And.—Y si el amigo[628] se enoja y se casa y te dexa a buenas noches?
Vit.—Esso querria ver; sí, en buena fe; qué pérdida! venga buen año de pan y vino, que tanto se me da que me quiera como que me dexe de querer; no he de perder por esso el dormir a pierna tendida; hermana, no me quiero cautiuar antes de tiempo; en quanto soy moça quiero lograr la vida, que despues no sé qué será de mí; lo que fuere mio, a la mano me vendra, que, en fin, quien con saluados se mezcla, malos perros lo comen, y quien en ruin sitio pone viña, en las espaldas trae la vendimia. Si aora anda él con este run run, despues mataráme a palos, que quien casa por amores viue con dolores. Algun angel bueno habló ahora por ti en decirme esso, y quiça será él. Quien todo lo quiere todo lo pierde, quien escupe al cielo en la cara le cae; y tanto haze el lobo entre semana, que el Domingo no va a Missa, y si le topo, yo le desengañaré de nueuo, le haré rabiar, que quien dize lo que quiere oye lo que no quiere, y quien mal habla, peor oye. El con aquella negra fantasia de ser ya oficial, piensa que el Rey es su porqueriço. No aya miedo, yo se lo aseguro, que yo le vaya a rogar, que si éste no me quiere, estotro me ruega. Muger soy yo para casarme en camissa, sana y sin lision, ni suzia, ni desaliñada como otras que veo, y para ayudar á mi marido; no me he de perder por apocada, y como dizen: antes quiero vn page holgado, etc.
And.—En buena fe, hermana, dizes verdad. En fin éstos de Palacio nunca salen de casa sino aliñados y luzidos, que es contento verlos; son tan corteses, que siempre tienen la boca llena de señoría.
Vit.—Aquellos nuestros todo el dia no entienden en otra cosa sino en limpiarse y peynarse; todas las noches dan musicas y no entra en ellos pesar. Mas sabes tú qué dizen? que andan siempre sobre su prouecho donde pretenden, y quieren mucho la conclusion.
And.—Conocellos y andar sobre seguro.
Vit.—Lo que yo te digo, que esso es lo mejor; su ventura les valga, pues nos dexan enteras.
And.—O, los enemigos te lleuen, desvergonçada.
Vit.—Pues digote verdad; al fin éssas vemos mejor casadas, estimadas y queridas, y más vale vn dia de placer que ciento de pesar.
And.—Con esso ellos oy buscan vna y mañana otra, y andan prouando vinos.
Vit.—Yo sé vno que no me dexa a sol ni a sombra, y se casará conmigo de bueno a bueno, y lo tendra por gran ventura, mas no lo puedo ver ni pintado.
And.—Quál, aquella cosa que nos dio la fruta quando lauamos, que traia los guantes muy picados?
Vit.—Esse tambien se me oluidaua. Anda beuiendo los vientos, mas empero estotro, yo sé persona a quien le dixo con trecientos juramentos que estaua perdido por mí, y que si yo quisiera, que hiziera y aconteciera.
And.—Sí, mas ellos no tienen sino dia y vito, y en fin, son pajes, que oy estan aqui y mañana en Francia, y en cada tierra reciben vna.
Vit.—No, que estotro es camarero y manda toda la casa, y es toda la priuança de su señor. Bien me conoces: assi es la moça boba, que auia de mirar moços de espuelas?
And.—Luego por esso desprecias estotro, nuestro conocido, y lo traes assi por los aires? Pues assegurote que todos hablan de gorja.
Vit.—Bien sé yo cierto que si yo quisiesse, que daria él gracias a Dios. Pues vno destos de cabello rizado, recien venido a esta tierra, que se derrite como alfeñique, te digo que me sigue sin perderme de vista, y es muy gentil hombre.
And.—Quál es esse?
Vit.—Vno que anda aqui pocos dias ha, y segun me dizen vino de la Corte: de muy brauo se hace corcouado; anda medio embozado, echa la capa a izquierdas, habla con la cabeça, yo hago burla dél, él me dize: luto a tal que os he de hurtar[629], porque essos ojos me matan. Veslo, aculla viene: al ruin, como lo mientan, luego lo encuentran.
And.—No digo yo assi, que éste es nuestro Cariofilo.
Vit.—Este es el hijo de tu señora?
And.—Este es.
Vit.—Bien parecido es a su hermana, como si lo pintaran; dauame el aire y no caia en esso. Poco ha que lo veo aqui.
And.—Poco ha que vino, aurá vn mes, con vn primo de vuestra Siluia de Sosa.
Vit.—Tambien esse es galan mancebo, mas tan graue y sesudo, que no habla palabra.
And.—No hables tú en estotro nuestro, que es la mejor persona que pensé ver en mi vida, tan afable, tan chocarrero; todo es el mismo entretenimiento, y en casa muy gracioso.
Vit.—Luego sera tabanillo hablador.
And.—Verlo con su hermana hará morir de risa con las cosas que le dize, las burlas que con ella haze, y luego vase con nosotras y nunca nos dexa.
Vit.—Ella lo querra mucho con esso?
And.—Pierdese por él, no le den otra cosa sino a su hermano; él tambien se mira en ella como en vn espejo, ruegale que le diga si es enamorada. Entonces dizeme él a mi: Veni aca, mi señora Andresa, vos deueis de ser la Secretaria; si me mostrais el galan, teneis de mí vnas chinelas, que lo deseo conocer para darle la obediencia y hazerle la cortesia cuando lo topare.
Vit.—Será grande amigo tuyo?
And.—El mayor del mundo; ver los consejos que me da, dizeme: Mira acá, moça, fiate de mí. Quieres vn consejo de amigo? no cures de enredarte con amores mecanicos, que hieden a zerotes, ni los vayas a buscar mas lexos, ya que hallaste los mios en casa; lo que has de hazer por vn villano ruin que te quiebre las costillas a palos hazlo conmigo, que te lo sabre agradecer, y más que yo contribuyo largamente, doy çapatillas, tocas, jubones y cintas; y luego dize cosas que no tienen fin.
Vit.—Ay, ay, algun gran desvergonçado es; pues aun a mi no me ha dicho tantas cosas.
And.—Callemos, que llega junto a nosotras.