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Orígenes de la novela, Tomo III cover

Orígenes de la novela, Tomo III

Chapter 61: SCENA SEXTA
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About This Book

Una introducción ofrece un estudio crítico sobre la génesis de la novela española, centrándose en el análisis de la Celestina: cuestiones de autoría, fecha, fuentes clásicas e italianas, variantes textuales, caracteres, estilo y su influencia en drama y novela. La segunda parte reúne novelas dialogadas y textos contemporáneos que ilustran temas, lenguaje, modismos, ortografía y rasgos tipográficos de la época. El volumen expone además los criterios editoriales y de transcripción empleados, respetando la ortografía original en las reproducciones (corrigiendo solo errores evidentes) y adaptando la ortografía académica en la introducción para facilitar la lectura.

NOTAS:

[630] Sic, por «Deyanira».


SCENA QUINTA

Siluia de Sosa, Vitoria, Eufrosina.

Sil.—Vitoria, Vitoria.

Vit.—Quién me llama? qué me quieren ya? nunca me han de dexar.

Sil.—Amiga, vas al rio?

Vit.—Voy, qué me quereis?

Sil.—Hermana, quieres ir a casa de mi tia?

Vit.—No puedo ir aora, qué camino es esse para el rio? qué dira quien me viere con el cantaro en la cabeça?

Sil.—Todo se facilita con dexarlo en vna casa de camino, y no es mucho el trabajo, de más que yo te daré vna cosa.

Vit.—Qué cosa?

Sil.—Ve tú, que no nos desconcertaremos.

Vit.—Me dareis de vuestro jabon frances para labar la cabeça?

Sil.—Sí daré, y del estoraque para que perfumes. Irás?

Vit.—Prometeislo?

Sil.—Prometo.

Vit.—Sea en buen hora, yo iré.

Sil.—Ruegote, hermana, mucho que no hagas otra cosa, porque me importa.

Vit.—Perded cuydado.

Sil.—Hermana, dirasle a mi primo que le beso las manos mil vezes y que si sabe alguna cosa del negocio que le encomendé, que le suplico me haga merced de verme, porque tengo que hablar con él sobre esso y que no passe de mañana. Se te acordará?

Vit.—Qué gran cosa para no acordarseme; teneisme por niña?

Sil.—Mira, amiga, que en ninguna manera hagas otra cosa.

Vit.—Ved si me lo podeis dezir otra vez; qué importuna sois.

Sil.—Ya va [a] aquel recaudo, señora.

Euf.—Estará en casa?

Sil.—Dizeme mi tia que todo el dia está recogido en su aposento, y su entretenimiento es tomar vna vihuela, que la tañe y canta marauillosamente, y haze muy buenos versos; y en esto se ocupa lo más del tiempo.

Euf.—Teneis algunas coplas suyas?

Sil.—El otro dia cantauan vna quartilla las moças con su hermana, y él le añadio otras que me embiaron, y dixo que las boluiesse luego; mas yo no lo he hecho, y pienso que las traygo.

Euf.—Por qué no me las mostrastes? Enseñámelas.

Sil.—Veislas aqui. Esta es la copla que las moças cantauan, y las añadidas éstas:

Cauallero que sois mio,
Señora no quiso Dios,
Pues yo lloraré por vos.
Dentro en mi pecho esculpida
Vuestra figura poseeo:
Acabar puede mi vida
Primero que mi deseo;
Con los ojos de alma os veo,
Con los del cuerpo por vos
Lloraré, pues quiso Dios.

Sil.—Qué os parecen?

Euf.—Muy buenas.

Sil.—Pues dizen que las compuso diziendo y haziendo, y que no tiene otro descanso ni sale de casa ni trata con nadie; y es con tanto estremo, que le pesa a su madre verlo tan melancolico, y piensa que lo causa deseos de ir a la Corte.

Euf.—Y se ha de ir tan presto?

Sil.—Cómo es esso? dize el otro que no ay para él otra muerte sino verse donde no os vea. Pareceme a mí que no tiene pensamiento de ausentarse.

Euf.—Sabeis que deseo mucho comunicar a su hermana? hazed que venga acá vn dia.

Sil.—Todas las vezes que quisieredes, y más que no os ha de desagradar su persona, y se parecen mucho ambos.

Euf.—Vamos al terrado, y dexemos la costura.

Sil.—Dios me ha venido a ver con esso.

Euf.—No veis qué gracioso está el rio aora sobre tarde?

Sil.—Por estremo.

Euf.—Y aquellos arenales solitarios y contemplatiuos a la orilla del agua, quién tuuiera libertad para ir aora a ellos a coger de sus blancas guijas!

Sil.—Sabeis lo que más me agrada? la harmonia que hazen estos paxarillos de vna parte y de otra.

Euf.—No ay más que desear, yo soy perdida por oir un ruiseñor que canta en nuestra morera.

Sil.—Quereis que vamos el Sabado primero a nuestra Señora de Esperança? Pedid licencia a vuestro padre.

Euf.—Sabeis adonde yo querria que fuessemos, y seria mejor? al Espiritu Santo, y ordenariamos que fuesse allá vuestra prima.

Sil.—Quereis hazer esso?

Euf.—Yo os diré cómo será: diré que me duele la cabeça y que prometi ir a rezar vna deuocion, y pondremos a mi ama por intercesora, y vos y ella ordenareis el armuerço.

Sil.—Esso será muy bien, y mañana embiaré a combidar a mi prima.

Euf.—Ay.

Castigado me ha mi madre
Por vos, gentil Cauallero.
Mándame que no os hable,
No lo haré, que mucho os quiero.

Sil.—Qué cosas hiziera aora vn alma que yo sé, si os oyera.

Euf.—Yo soy muy aficionada a esta copla por el tono.

Sil.—Y tambien por la letra; en la harpa la cantais lindamente.

Euf.—O si fuera yo aora hombre, para meterme esta noche en vn barco, y irme por esse rio a publicar mis ansias con mi harpa. Cautiua suerte fue la de las mugeres.

Sil.—En buena fe, señora, no puede ser más, pues estan siempre sujetas y encarceladas. No hizieran los hombres para sí esta ley; al diablo que los ofrezco, todos en vn cordel.

Euf.—Fuera de vno.

Sil.—Ya os dolia, señora.

Euf.—Como proximo. Qué estudiante es aquel que alli va, conoceislo?

Sil.—El diablo me lo dio a conocer; pienso que es aqui nuestro vezino, y preciase de muy aficionado, segun me quiere dar a entender Vitoria entre juego y burlas, y viene de ordinario a su casa vna manada de visiones dellos. Y con las fiestas y musicas que hazen, tales que parecen diablos, segun ella dize, y vuestro padre algunas veces se enfada de oirlos, porque confina el aposento en que viuen con el suyo.

Euf.—Bien de espacio estuuiera quien se ocupara en amores de estudiante, que todos son grasientos. Quién es el otro del cauallo y borceguies amarillos?

Sil.—De aquí es de la ciudad, hijo de vn arrendador vecino de mi madre, y dizen que es muy rico.

Euf.—Qué vano que va, pensará que mata a quantas ve. Miró acá; o gran ventura!

Sil.—Tengolo yo muy amartelado, señor. Otro anda aqui muy erguido, de cabello tan rizado, que es contento verlo, muy perdido por mi; quando me ve da de los pies al cauallo y lo corre hazia donde estoy: mas yo nunca le veo galan sino es el Domingo; es deudo de vnas parientas mias, y dizenme ellas que matará por mí su perro.

Euf.—Pues mirad acullá, quién es aquella de los escuderos tan aliñada?

Sil.—Es muger de vn escriuano.

Euf.—Grande autoridad lleua, pareceme que viue confiada de sí.

Sil.—Es muy asseada y anda siempre tocada de rodetes, y pienso que se alegra que la hablen, y a mí me han dicho que es vna gran parlera.

Euf.—Alli viene otra con vnas chinelas bien airosa; pareceme muger soltera.

Sil.—Es la de nuestro çapatero, y dizen allá no sé qué con vn estudiante vezino suyo; podria ser mentira, que, mal pecado, no vienen ellos a otra cosa a esta tierra sino a deshonrar a muchas.

Euf.—Siempre es menos de lo que dizen; que ellos precianse de acreditarse a costa de la fama agena, que es la mayor baxeza que vn hombre puede hazer.

Sil.—Señora, quereis ver vn siruiente de vuestra Vitoria?

Euf.—Quál es?

Sil.—Aquel de los borceguies bueltos.

Euf.—Mal apersonado es el picaro: talle tiene de darle muchos palos.

Sil.—El otro dia me pedia ella consejo; dezia que era oficial y que se queria casar con ella, sin que lleuasse más que su persona; mas pareceme que le quiere poco o nada.

Euf.—Son muçuelas locas, que cada dia quieren el suyo. Mirad que viene mi padre.

Sil.—Retiremonos, porque no tenga que reñir.


SCENA SEXTA

Cariofilo, Zelotipo.

Car.—Pidiome aora mi moça zelos, y yo puseme más vano que vn pabon. Lleuela con traça, de manera que quedamos concertados. En pago desto me mandó que le dé a Zelotipo vn recaudo de su prima, deue de ser sobre su pretension. Quiero ir a buscarlo, que quiça viene esto por Eufrosina; mas yo, aunque lo esfuerço, no tengo mucha esperança del hecho, si bien con las mugeres nada se acaba por razon, porque nunca se inclinan sino a lo que más se aparta della. Demas que el atreuimiento nunca carecio de buen fruto, y la mayor parte de las cosas del mundo se hazen más por ventura que por orden de nuestro juizio; y assi es risa pensar ninguno que por quentas y reglas de discrecion ha de hazer nada, pues siempre vemos los efetos diferentes de lo que imaginamos. Lo cierto es encomendarlo a Dios, como dizen, y echarse a nadar, preuenirse para lo que viniere y seguir la derrota de los hados, que es la ordenacion diuina, y con esto dame buena ventura y echame en la calle. A la ventana está Zelotipo, voy a hablarle; qué me recomendó, señor?

Zel.—Pues qué ay?

Car.—Yo vengo a [a]diuinar, a [a]diuinar, pague pena quien no acertare.

Zel.—Quereis que esté yo siempre de humor para celebrar vuestras gracias?

Car.—Sé que no está aora la luna sobre el horno. Pues no va por ahi el gato a sus hijos. Primero vereis los libros que la vieja truxo a Tarquino Prisco que deis en el blanco.

Zel.—Mis penas me bastan para tener en qué entender.

Car.—Háblole yo en vno, y respondeme en otro; qué tiene que ver lo que respondeis a lo que yo os digo? dadme albricias, y nos entenderemos a coplas.

Zel.—Ya os digo que no estoy tan ocioso que pueda tratar negocios agenos; en los mios tengo bien en que ocuparme.

Car.—Y si os truxesse yo para ellos y su remedio vna yerua?

Zel.—Apolo, inuentor de la medicina, dize que no la ay.

Car.—No lo alcançaron todo los antiguos, aunque se desuelassen mucho sobre esso. Prueuolo por la cosmografia, que dezian que las dos Zonas vezinas a los polos por muy frias, y la torrida de entre los dos tropicos por muy calida, eran inhabitables, y nosotros hemos visto lo contrario; y como cada dia se descubre vn Piru, podria yo soñar, como Alexandro para curar a Tolomeo, y hallar vna yerua más prouechosa que el palo de la China, pues los Fisicos dizen que ay en estos barrios Cohimbranos muchas de gran virtud.

Zel.—Ninguna la tendra para mí, quanto más que si es para oluidar este amor, antes quiero morir con él.

Car.—Qué dezis? dessos sois? yo os dexaré a que obre en vos naturaleza; porque mal se cura quien desprecia la medicina y desconfia del medico; pero con todo vos me haueis de pagar muy bien la nueua que os traigo, porque es de gran precio: quedamos aora yo y la gentil Vitoria concertados.

Zel.—Hagaos buen prouecho, que yo no os tengo inuidia; essa era la gran nueua de mucho prouecho? cómo sois gracioso sin serlo y fuera de sazon!

Car.—Pues quereis saber quánto os importa? que me dixo que dezia vuestra prima que fuesedes alla, que le conuiene mucho hablar con vos, y sobre mí, que no es sin misterio.

Zel.—Ya os he dicho que no os burleis conmigo, pues sabeis lo rendido que estoy; porque si tal creyesse poco era perder la vida con el alboroço, como la otra Matrona con el contento de ver el hijo que tenia por muerto.

Car.—Mirad acá, monseñor, yo no puedo hazer más que dezir lo que me dizen; si no me creeis, id a buscar a Vitoria.

Zel.—Y es verdad?

Car.—Passa assi lo que os digo.

Zel.—O poderoso enamorado de Psichis, y tú, piadosa Venus, no me niegues la cinta que diste a Iuno, para que me salue en esta tormenta.

Car.—A quien Dios quiere dar bien, a casa se le viene; de mi consejo, quando te dan la ocasion ásela del copete; la tardança en todas las cosas es dañosa, si bien algunas vezes da opinion de prudentes, y muchas se pierde por pereza lo que se ha ganado por justicia; dezid esta noche como dizen los muchachos: dormiré, dormiré, y buenas nueuas hallaré, y por la mañana idos allá, Dios delante, que a quien él quiere ayudar, el viento le compone la leña, y quedaos en buen hora, que tengo que hazer; mañana nos veremos.


SCENA SETIMA

Silua de Sosa, Zelotipo, Eufrosina.

Sil.—Beso las manos de quien viene tan gentilhombre.

Zel.—Yo beso las de quien espero recebir nueuas de mucho contento, que no se puede esperar menos de su buena persona, si no me engaño.

Sil.—En qué lo conoceis?

Zel.—En essa gracia y agrado diferente de otros dias.

Sil.—Mucho me deueis, primo.

Zel.—Conozco que os deuo la vida, y creed, señora, que me precio de muy agradecido, y os doy por testigo el tiempo. Contadme, señora prima, mis bienes, si los tengo, que aun no sé qué crea ni qué espere, antes que el deseo de saberlo me mate.

Sil.—Qué me dareis vos?

Zel.—No sé poner precio a cosas que no le tienen.

Sil.—Ya sé que sois elegante en hablar; aora en fin quiero fiarme de vos. Eufrosina leyó la carta; sabiendo que era vuestra se puso braua como Ecuba quando vio sacrificar a Policena, y a Polidoro muerto en la playa.

Zel.—Esse es el bien?

Sil.—Escuchadme, que mayor le tenemos de lo que penseis; yo tambien hizeme enojada, y fui luego a quemarla por escusar el peligro que muchas vezes viene por estos testigos.

Zel.—O, quién se viera alli juntamente quemado como Plaucio con Ostilia! matara assi vn fuego con otro.

Sil.—Finalmente, quando bolui me confessó no podia resistir el amor que os tenia.

Zel.—O, bienauenturados oidos que tal oyen, dichosos males destinados para tantos bienes! Mejor nueua es esta que las tres que dieron juntas a Filipo Rey de Macedonia. O fortuna, si me quitareis que no llegue a lograrte, sea con la muerte, que ya recibire contento, pues [he] alcançado de la vida lo más que tenia que darme. Contadme, señora prima, muy menudamente por estenso todo lo que passastes y lo que ordena de mí esta adorada mia.

Euf.—Silua de Sosa?

Sil.—Señora.

Euf.—Qué hazeis? O estais ocupada? perdonadme, que no lo sabía.

Zel.—Beso las manos de V. m. y ya que mi buena ventura me dio este dicho[so] acierto sea para alcançar de V. m. que me tenga por suyo.

Euf.—O, perdonadme el estoruaros, que en verdad que no sabia que estauades aqui.

Zel.—El perdon, señora, yo lo pido de mis atreuimientos, obras de essa perfecion que veo y contemplo, y esta tan grande deuda de mi ventura, que assi lo oso dezir a V. m. la reconozco para que sea mayor, con que me doy por obligado de nueuo, despues de auer mucho que lo estoy en mis pensamientos a perder la vida en seruicio de V. m. y no la memoria desta obligacion.

Euf.—Mirad lo que prometeis, que las palabras son faciles de dezir y dificultosas de cumplir.

Zel.—Esso es a quien no le salen del alma, mas bien seguro estoy que nunca en mí falte esta verdad, quanto más que cuando en algun tiempo pudiesse auer defeto en mi fe, qué mayor pena se me puede seguir que tener delante de V. m. culpas? y más yo, que me precio tanto de buena eleccion y juizio, por lo que con él he alcançado a sentir y sabe Dios lo que me questa?

Euf.—Son estas cosas de tanto peligro, que de mi consejo deueis escusarlas, por vuestro descanso y el mio.

Zel.—Voluntad determinada ningun peligro teme; demas, señora, que en esto no veo otro sino es que vuestra condicion no me sea fauorable, y si yo la viesse inclinada a hazerme merced no ay temor en los temores que para mí lo sea.

Euf.—Como el tiempo descubre y aprueua lo que ay en la voluntad, sin él mal puedo juzgar y menos conocer.

Zel.—Aora acabo de saber quán grande bien fuera que la naturaleza pusiera vna puerta en el pecho para que se mostrara la pureza del coraçon, para que viendolo no mereciera el tiempo que a él se le deue. En esta turbacion que se ve en mí está claro el sentimiento del mío; concedelde, señora, el acetarlo por vuestro, y dexad a mí el cargo de su lealtad, que yo os hago pleito omenaje de defender al mundo esta fortaleza de mi fe por vuestra.

Euf.—Sí haré, con tal que me lo agradezcais y tengais memoria de lo que en esto hago por vos, assi para estimarlo como para sepultarlo en secreto.

Zel.—Es tan grande mi reconocimiento, que aun passando desta vida (si es posible) no podré oluidar esta ventura, y si por mis memorias y agradecimiento que se os deue lo es mereceros, ya me sois deudora, porque me tiene tan rendido mi aficion, que el mayor trabajo que siento es pensar cómo afinaré con demostraciones euidentes esta verdad.

Euf.—Quiera Dios que sea como dezis, y no sean vuestros intentos a costa de mi inocencia. De mi parte os prometo hazer lo que merecieredes; voyme, no parezca mal hablaros tanto.

Zel.—Aora veo quánto la esperança de la gloria alibia todas las penas presentes; señora prima, mirad por mí, no enloquezca.

Sil.—Alégrome mucho de veros tan contentos; idos en buen hora, que ando ocupada en ordenar la reposteria a su padre de Eufrosina, que va a cumplir un voto a Santiago, y a holgarse en su encomienda; despues de su partida tendremos lugar para todo.

Zel.—Pues no se os oluide hazer recuerdo de mí.

Sil.—Yo tengo esse cuidado.

Zel.—Teniendolo me dareis la vida.


SCENA OCTAUA

Cariofilo solo.

Car.—Esta borracha de Filtria siempre me da (como dizen) por vna verdad diez mentiras; quiere aora de nueuo darme hambre, como á gabilan, de mi muchacha; no sé con qué fin lo haze, ni á qué mira; parecela que me siente aficionado y traeme en mil quimeras, y al fin toda es nada: queda tan descansada y segura en mentir, como quien ni teme ni deue; maldita la verguença que tiene: tened por cierto que tratar con éstas es lo propio que con el mismo embuste y maraña. Escusado es pensar ningun hombre que ha de saber tanto como la más ignorante muger del mundo, pues la primera, en naciendo nos vendió, y ellas en lo que no quieren nunca se engañan. Las alcaguetas no se puede dezir quán mala ralea es y la dificultad que tiene conseruallas en amistad, porque tienen por ley el prouerbio: quien da y no da siempre, quanto da, tanto pierde. Aunque les ayais dado los ojos de la cara, en sintiendo la bolsa vacia, muerto es el ahijado por quien teniamos el compadrado; por esso dize Plauto con razon, que no ha de auer piedad que lo sea para las tales. Traen vn latin, beati que tienen, y de otra manera aullan y os dizen: a essotra puerta, que ésta no se abre, que quien me quiere, dizeme lo que sabe y dame lo que tiene, y si no ay que dar, que hará? Ahorquese en buen dia claro y comanle lobos; con esto quién suplirá tanto como es menester? la dama pela por vna parte, ellas desuellan por la otra, y donde quitan y no ponen, mira qué será? Yo no puedo ya viuir con Filtria, porque soy vn Lazaro y ha quinze dias que me dize mal el juego, y no leuanto cabeça; quiero pagarle con palabras, y ella sabe más durmiendo que yo despierto, y no me vale mi engaño: pideme descaradamente y pagame con mentiras. O pesar de mi quinto abuelo! sirue vn hombre toda su vida á un Principe trabajando, porque no le eche menos vn momento, estirandose delante dél como melcocha, echando los bofes porque le vea, sufriendo mil afrentas por ponersele delante, mudando los pies como grulla, durmiendo con los ojos abiertos como liebre, y le lleua lo mejor de su edad, muchas vezes sin fruto, y si le paga, despues de dar vozes sobre su largo seruicio, dize que le haze merced, y es sobre su sudor, y halla razones para que aun le quede deuiendo; y vna perra destas os mete en peligros del alma y de la vida, a costa de vuestra diligencia y buena dicha, y nunca se tiene por pagada, y muchas vezes la comprais mentiras, sin valerme andar siempre preuenido de cautelas. Y como la necessidad haze a los hombres sabios, a mí nunca me faltan escusas; sé dilatar promesas por estremo, dar color a engaños como un Vlises; soy vn laberinto de colores retoricos y terminos logicos, y un abismo de las ideas de Platon: nada me aprouecha, y tengo por cierto que todo lo que se compra es más barato: pero si yo no supiera assi granjear en mis tratos y amainar sus tempestades, anduuiera á los grillos, como raposa. Bien sé que es cosa más real dar que recebir, mas naci para entender y desear, como otros muchos para tener y no saber lograrlo ni vsar dello; desquentos son del mundo, congojas generales, que á solo Dios pertenece el remedio: voy passando assi mi viage como mejor puedo; compro mis gustos con mi trabajo, como otros con su dinero. En estas maculas manuales hallo la ganancia más cierta y a menos costa, porque son boçales en mis traças: loquillas, elebadas y golosas, auenturan sus personas á qualquiera siete, todo lo creen; pagaisle con bien te quiero, y quando mucho, en señal de amor y reconocimiento con vnas memorias de plata, sortija de bufalo, cuentas para el cuello, y con qualquiera cosa de poca costa las obligais mucho. Aora estotra mi madama Laura Polinia me embia quanto puede hurtar a su padre, y piensa ella que me tiene assido para casamiento; mas yo echariame antes en la mar, sólo por no ver al villano ruin de su padre. Pues la madre, tambien es de las lindas, a mí me maten si no beue como tata[631] y más dinero huuo en la casa de los Medicis de lo que su padre deue de tener por más que gane en su oficio de platero, aunque lo tienen por muy rico; goçaréla este verano, a la entrada del invierno ireme a la corte, y ojos que le vieron ir no lo veran más en Francia. Zelotipo anda muy próspero con Eufrosina; fuesse su padre en romeria a Santiago aurá dos meses; hablale todas las noches por las rejas de vna ventana, escriuele cada dia, y segun me dize, ayer mandó hacer una llaue falsa para entrar con ella. Si el rapagon entra reboluerale ochenta hojas: el padre está caçando y holgándose, confiado en la vigilancia de vna vieja que tiene por aya, que no ve ni oye, y a quien ella y Siluia de Sosa hazen del cielo cebolla, y piensa que la tiene para honra y casamiento muy cerrada y guardada. Estas, por la mayor parte matan á sus padres antes de tiempo y son unos ministros de Dios con quien castiga las culpas que ellos cometieron: porque quien con hierro mata con hierro ha de morir, aunque aora ni ay padre para hijo ni hijo para padre, cada vno va por su parte, como cangrejos; en los padres falta el amor y en los hijos la obediencia, y no ay cosa que tanto me canse como vnos perdidos por hazer mayorazgos, ansiados por dexar casa fundada nueuamente, con grandes clausulas de firmezas: porque dizen queda alli su nombre viuo, y el alma quiçá está muerta en el infierno, padeciendo los gustos del heredero, que queda dandoles pocas gracias, y tal ha de ser la señora Eufrosina, que es la niña de los ojos de su padre, porque nunca hijo muy regalado dexó de ser hiel á los padres que en ellos ponen su gusto con demasia. Aora quién dirá que vna dama como Eufrosina, discreta, noble, virtuosa, se venciesse por un hombre desigual a su calidad, sin tener respeto más que a su aficion? en fin, son cosas que trae el mundo, venturas con que nacen las personas, juego de passa passa de la fortuna con los estados humanos: por esso ninguno desespere de la merced de Dios. Este es vn caso de que muchos pueden tomar exemplo para muchas cosas; de ninguna muger ay que fiar, y de todo hombre ay mucho que temer. No hay ley que assegure tanto como quitar las ocasiones del daño. El saber y la cuenta y razon humana nunca aciertan el hecho, si no es teniendo a Dios por padrino. Mas quién es este que veo venir hazia acá? dame el ayre que lo conozco: pareceme Galindo, mayordomo de don Tristan; quiero irme a él, que sin duda me traera cartas de la corte.

NOTAS:

[631] Así en el original; quizás cāta, canta.


ACTO QVINTO

SCENA PRIMERA

Cariofilo, Galindo.

Car.—Sed preso.

Gal.—O, señor, besoos las manos; de vuestra posada vengo aora, y no me supieron dezir dónde estauades.

Car.—Yo soy peor de hallar que aguja en pajar.

Gal.—Andareis en las paranças?

Car.—Busca el hombre su mantenimiento por donde mejor puede; cuándo fue la buena venida?

Gal.—Aurá quatro horas.

Car.—Y adónde posais?

Gal.—Con un estudiante pariente mío.

Car.—Y yo no estaua en esta tierra?

Gal.—Sí, mas no teneis posada propia, y no os quise poner en cuidado: veis ai una carta de Grisandor vuestro amigo.

Car.—Si me dais licencia la leeré luego, por cumplir con el alboroço y obligacion de amistad.

Gal.—Iesus, señor, y es muy justo; yo aseguro que viene echando fuego, segun el se precia de saber dar dos toques; os reis? pareceme que gustais; aunque sea demasia, sepa yo lo que dice.

Car.—No se puede dexar de comunicar; oid.

Gal.—Brabo hombre es éste, yo no he podido calar su intencion.

Car.—Acá nos entendemos, que vos nauegais por los rumbos vulgares.

Gal.—Estremadamente ha dicho; y yo no juzgara que era deste humor.

Car.—Quién Grisandor? es grande hombre, y tiene un estilo apacible y corriente: no es de vnos retorcidos, amarrados a sentencias de Tulio, que inuentan vocablos de conserua.

Gal.—Aora tengo en grande opinion a Grisandor; no parece lo que es.

Car.—No aueis oido decir, debaxo de mala capa ay buen bebedor? a quien vos vieredes que es de mi quadrilla no lo estimeis en poco, porque yo no me entiendo con gente vulgar.

Gal.—Sabeis quién me dió grandes recaudos para vos, y os quisiera escriuir? Artian Labares.

Car.—Soy muy suyo; decidme, cómo le va con su christiana nueua?

Gal.—Partiose el Rey para Almerin, y quedose todo en esperanças.

Car.—Pues assiguroos que le acude ella a su gusto; y yo no tenia por sin duda que estauan casados: contadme más. En Almerin, mucha gente?

Gal.—En pipa, como sardinas: matónos su Alteza en traernos alli, porque es la más mala tierra que pensé ver.

Car.—No digais mal de los buenos dias de Almerin: aquella gracia de aquellos campos, aquellas salidas apacibles, y más aora quando viene el tiempo de cantar las aues; no ay cosa que le llegue en el mundo, ni se puede pintar mejor casa de placer, ni recreacion Real.

Gal.—Esso no tiene aora, porque en Lisboa no ay tanta gente, ni tanta confusion.

Car.—Creedme, que nuestras demasias lo destruyen todo; pues con ser naturalmente todos diferentes en los pareceres, y contrarios en aprobar el ageno, vemos en estos casos, que en oyendo una opinion luego van con ella todos; y queremos que vn Rey, que es solo vn hombre, satisfaga a tantos y tan diuersos juicios en todas sus acciones; siendo assi que no me dareis dos hombres que los tengan conformes. Esto se ve en nosotros, en lo diferente que sentimos de Almerin; mas quántas sentencias daran aora por aquellas posadas los escuderos?

Gal.—Es la suma de los gustos verlos: essos estan aposentados en el meson de Santaren, entre dos tizones, quemando botas. Vno cuenta lo que dixo al Rey, y lo que él le respondio; otro lo que le ha de dezir; otro se quexa que no se puede hablar y de aqui vienen discurriendo a la vida y estado Real, y dan resoluciones de pareceres aprouados en media hora, que el Consejo de Estado no se atreuiera a determinar en cien años; y toda su quexa es del Confessor del Rey, porque no le dice la verdad, y que los Predicadores no hablan con libertad.

Car.—Qué diferente conuersacion será la de los moços de monteria, ocupados en dar filos[632] a chuzos y cuchillas, y todo nada. Dezidme, por vuestra vida: sabreis darme razon si anda alli un ayuda de camara que llaman Amador de Frisa?

Gal.—Y le vi dos dias antes de mi partida, camino de Santaren, emboçado corriendo la posta con otros a porfia.

Car.—Sabeis si está despachado?

Gal.—Pienso que [no], porque yo le vi poco antes desto haziendo graues reuerencias delante de los del Consejo, como hombre pretendiente, y que grangeaua su favor, que es vn miserable estado.

Car.—Pues aun no lo sabeis bien. Quanto más seguro y menos costoso sería tratar en sardinas? Si los hombres considerassen lo que en esso passa, antes de empeñarse en el tiempo! Veis ai vn hombre que tiene muchos seruicios, mas nada aprouecha sin fauor. Esto no por culpa de quien reyna, sino por malicia de algunos, que procuran impedir los premios a quien los merece; y creed que traer pretension es la suma desuentura, porque no ay oficial ante quien passe que no os maltrate y aniquile por su gusto; y aunque al principio se muestre afable, en sabiendo que sois pretendiente, al mismo punto se os pone graue, y con presuncion de arrastraros: lo que importa es, si se pudiesse, tratar con la persona Real, que esta grangeria nunca mintió, y nunca os pone en empressa que no sea muy honrosa: ya passó el tiempo de amigos, fiaos sólo de quien Dios fió su pueblo.

Gal.—Sabeis quién está muy bien despachado? Frison Silueira: dieronle un nauio de alto borde, y viage para la China, y va este año.

Car.—Alégrome por vida mia, que él lo merece todo: quién lo despachó?

Gal.—Allá tuuo sus minas.

Car.—Buenas le fueron.

Gal.—Saueis otro que tambien ha tenido buen sucesso? conoceis vn criado de vn desembargador, que andaua alli asqueroso y deslucido, perdido por traer çapatos curiosos, y tenia de su mano tendera?

Car.—Muy bien, gran valenton: llamase Mateo Rosado.

Gal.—Esse lleua vn gouierno por tres años.

Car.—Holgaos con esso: yo juraré que no siruio dos años continuos. No ay que cansarnos, sino entender que el hombre honrado que por sí quiere medrar, es lo mejor hazerse tahonero, gozará vida descansada; porque la sugecion y el trabajo no se hizo sino para los que tienen nobles pensamientos y presuncion honrada, y el mundo no leuanta a quien lo estima poco y espera dél mucho. Mas dexemos estas quexas antiguas, que quando Dios no quiere, los santos no ruegan, y la fortuna ya tuuo otro tiempo más juridicion para leuantar y derribar que aora. Dadme nueuas de mis señoras moças de camara, gente de nuestro estado, aunque ellas no quieren serlo.

Gal.—Daros he quantas quisieredes: vine todo este camino con ellas, porque truge a mi cargo seruir vna cierta dama por don Tristan, y acompañé y parlé a cien mil; en mi vida he tenido dias como aquellos: anduue en estremo picado toda la jornada con vna del retrete. Alli serui tambien a vuestra dama un dia que cayó en vn pantano, y en vuestro nombre la acudi, y le dixe que lo pusiesse a vuestra quenta, hizele mil cumplimientos por vuestra parte, senti della que os quisiera ver alli.

Car.—Grandes nueuas me dais: o pese a mí, que huue yo de perder essa ocasion.

Gal.—Pues yo os certifico, que segun tomé el tiempo del peso cuando la subi al sillon, que es valiente moça.

Car.—No hay más que desear: es fuerte y rolliça, y soy muy aficionado a las tales.

Gal.—Venimos hablando en vos dos grandos horas, y os acredité de muy rico; hizome despues muchas amistades con mi dama.

Car.—Todas son amigas de cumplir essas obras de misericordia. No la hallariades boba.

Gal.—Qué decis? nunca hablé con muger que assi me contentasse.

Car.—La rapacilla tiene ingenio, y una suauidad en mirar que mata. Vistis a su criada?

Gal.—Mil vezes, y tiene pico; y no sé si me afirme que la vi inclinada a Bicho de Monteira.

Car.—No es en esso necia; siempre le dara algun fruto. Dezidme, Etor Tristan cómo anda con la suya?

Gal.—Dizen que estan casados de secreto; lo que me parece es que está muy fauorecido, porque lo vi muy entremetido con ella.

Car.—A esso auia de venir esse inocente; ninguna embidia le tengo, porque la señora ya passó por los bancos de Flandes, y no muda aora los dientes.

Gal.—Todo esso no importa; ellos se quieren bien mucho tiempo ha, y ya sabeis quán sesudas y mansas salen de aquel toril, y que palacio haze milagros.

Car.—Siempre estuuistes en Almerin desde que llegó el Rey?

Gal.—Antes poco tiempo, porque luego me bolui a Lisboa, donde estuue un mes, hasta que parti para aqui.

Car.—Contadme, pues, cómo está Floriana.

Gal.—Muy próspera: cogió entre manos vn Burgales; diola tantas joyas, que no sé que aya otra más rica; despues robó tambien a vn Indiano.

Car.—Fue dichosa siempre, y es vna picara fea, y no tiene más de los huesos: sólo tiene gracia y agrado, y canta muy bien.

Gal.—Saueis quién anda aora muy perdida, y dissoluta? una, que posaua en la Betesga, y la hablaba Troylo de Flores.

Car.—Y él, qué se ha hecho?

Gal.—Gastadissimo, y empeñado con estos males y otros, se va este año a la India.

Car.—Cómo se ha perdido esse mancebo, que tenia mucha hazienda heredada y la gastó toda con essa muger, y en el juego! Dezidme, señor, vna mulata muy gallarda, que viuia en la calle de los Cauides, que nos festejó mucho, si os acordais, quando fuimos a los toros de Almeida, dónde está? Tercia todavia por sus amigos?

Gal.—Poco antes de mi partida comí en su posada: dixele que os venia a ver; quiso escriuiros, diome mil recados para vos, y dixome que no auia en el mundo tal hombre.

Car.—Somos grandes compadres, y tiene ella hechos por mí algunos buenos negocios. Os acordais de la confitera? qué nueuas me dais della?

Gal.—Está muy buena, y quexosa de vos.

Car.—Ha, que no ay tierra en el mundo como Lisboa: la conuersacion de la gente, el donayre de las mugeres, la liuertad de la vida: no creais que se puede viuir en otra parte. Aora bien, quién os echó en esta region? teneis aqui algun negocio o es de passo?

Gal.—Queremos casar á mi amo.

Car.—Quién, al señor Don Tristan?

Gal.—Sí.

Car.—Y con quién?

Gal.—Aqui en esta ciudad, con la hija de don Carlos, señor de las Paboas.

Car.—Santa Maria, contadme cómo es esso. Venis ya sobre concierto o a hazer alguna diligencia?

Gal.—Yo os lo dire, que hombre soy de negocios. Yo llegué diez dias ha aqui de noche; supe que don Carlos fue a Santiago en romeria, pero que se estaua en su encomienda: partime por la mañana, por alcançarlo en ella antes que se alongasse: hallélo en la quinta que tiene de su mayorazgo, cosa estremada y lindo sitio para assistir en ella vn Cauallero. Dile las cartas que le traia de sus parientes; holgueme en la monteria, y otras caças con sus caseros, y él muy contento me mostró todas sus heredades[633]: y segun me dio cuenta, lleuo el negocio concertado. El se partió a su romeria para boluer luego.

Car.—Qué negro despacho este para Zelotypo! y sabeis lo que le da?

Gal.—Quanto possee despues de muerto, porque no tiene otro heredero, y sin la encomienda, de ordinario el mayorazgo que tiene llega a seis mil ducados de renta vn año con otro, y dale luego treinta mil escudos con sus joyas y alhajas.

Car.—A quánto llega la renta de don Tristan?

Gal.—Está aora arrendada por tres años en nueue mil ducados cada año.

Car.—Honradamente casa la señora.

Gal.—Conoceisla vos? dizenme que es muy hermosa.

Car.—Tales fuessen las pulgas de mi cama; mas es tan vraña, que luego como la ven huye.

Gal.—Un poco es esso de moça de villa; porque la dama que es señora, lo mejor que ha de tener es seguridad y confiança, sin llegar a presumir que nada le pueda ofender, y guardando los terminos del recato y honestidad, cumplir con la cortesia; pero tenga dineros, y sea tuerta o manca.

Car.—Pareceos que tardará mucho el efeto?

Gal.—Si vos quereis baylar en la boda, no os vais de aqui, que antes de dos meses vendremos a efetuarla.

Car.—Y quándo os ireis?

Gal.—Querria en la mañana, si Dios fuesse seruido; mas en todo caso he de ver a la señora antes que me vaya, para dar nueuas al galan, que está muy aficionado por la fama.

Car.—Aora, señor, yo tengo una posada, mala ó buena, recibira V. m. la voluntad.

Gal.—Beso las manos de V. m., yo la doy por recebida, y por tan poco no es justo dexar a mi pariente.

Car.—No fuera bueno que os acordarades que me haziades agrauio? Aunque sea por fuerza, aueis de ir a cenar conmigo; despues el dormir será como quisierades.

Gal.—Aure de obedeceros en vuestra tierra, como en vuestra casa.

Car.—Assi os conuiene, si quereis escapar de mis manos.

Gal.—Vos sereis hombre para darme de quien me enamore en esta tierra?

Car.—No faltará.

Gal.—Dessa manera sereis mi padre. En esta ciudad hay buena gente?

Car.—No es mala.

Gal.—Estas que topamos aquí, son de las que se vienen a la mano?

Car.—Hablad vos, que todo lo nueuo aplace.

Gal.—Si pegare, pegue, haré presencia por la honra de los Cortesanos.

NOTAS:

[632] Filios en el original.

[633] En el original, por errata evidente, herades.


SCENA SEGUNDA

Polonia, Vitoria, Galindo, Cariofilo, Andresa.

Pol.—Ya vienes del rio, amiga? Pues yo voy aora.

Vit.—Tú eres vna perezosa: si fuera yo, que sin esta vez he ido otras tres.

Pol.—Has de boluer acá? tengo muchas cosas que contarte.

Vit.—De qué, por tu vida?

Pol.—Mira tú si puedes venir, que no puedo hablar tan de prissa. Pues a fee que te has de holgar mucho de saberlo.

Vit.—Yo tengo ya llenos todos mis cántaros.

Pol.—Qué boba eres, haz tú como yo: cada vez que quiero venir a holgarme, trastorno vn cántaro que no lo vea mi ama, y entonces vengo con él.

Vit.—Esperame aqui, que no haré más que tomar vna cántara y venir.

Pol.—Quiero ver si vienes antes que se seque esta saliba.

Gal.—Dexadme con esta que canta, vereis cómo le hincho las medidas.

Car.—Id, que si cayeredes, yo iré por vos.

Gal.—Bendigaos Dios, mi señora.

Pol.—Y a vos el diablo.

Gal.—Buena ventura le venga a quien parecistes bien cantando.

Pol.—Pues cada vno canta como tiene la gracia, y casa como tiene la ventura.

Gal.—Si sois tan sentenciosa, no sé cómo me he de atreuer a hablar.

Pol.—No ayais miedo, que preso va por el vendo.

Gal.—Vos, señora, bullireis como loca y hareis como moça.

Pol.—Tened el asno, Iuana, que no cayga.

Gal.—O, pesar de los Moros, y en esta tierra ay tal gracia?

Pol.—Vistes tan gran bien? y ésta qué tiene más que las otras? no aueis visto corça con cola?

Gal.—Vi os[634], señora, a vos en fuerte punto, pues assi me aueis muerto con essa gentileza y gallardia, sin tener remedio para librarme.

Pol.—Sin tener remedio? Vistes aquello? O, qué gran mal! Pero passará, acabado esso es, noche son desastres.

Gal.—No serian sino astres[635]: si vos quisieredes sauer de mí, como soy seruidor de damas.

Pol.—Viste aquel consuelo, mi amor? de aora, ogaño, que os haré este año: paguemos el vuestro, y partios.

Gal.—No maltrateis assi a los forasteros, que os desean seruir: podreis en algun tiempo ir por allá, y nos vengaremos.

Pol.—Hazeldo assi, si allá me halláredes.

Gal.—Mejor compañia os haré yo, si quisieredes ir conmigo.

Pol.—Assi os tome a vos aquel que passa el agua y no se moja.

Gal.—Bien parece que no me paristes.

Pol.—Despues que lo di a criar, nunca más me he acordado dél.

Gal.—Cariofilo, llegaos acá, me ayudareis a entender a esta señora, que yo no la entiendo.

Pol.—Ayudadle, que no puede: qué azafema de tripas de cabron!

Car.—Ellas cuando quieren hablan germania.

Gal.—Tambien yo la sé, si nos viessemos tal á tal.

Pol.—Supolo dezir, y no se le cayeron los dientes; cómo es bonito y dorado! miren no le den quebranto.

Gal.—Para esta cara, que he de viuir con vos, para que me enseñeis essa algarauia.

Pol.—Assentalde la paga.

Car.—Señora, no aya más, sed piadosa para con los vuestros.

Pol.—Pues hablad vos desde allá, y oiros han. Sois vos su tutor?

Car.—Sí soy, porque me pesa veros con tan poca razon con quien os desea seruir.

Pol.—La razon mata a razon, y el cayado la liebre.

Car.—Para qué es ser tan zahareña con quien está hecho vn cordero delante de vos?

Pol.—Yo soy de esta hechura, y luego él parece vn inocente sin mal: mas quien no tiene que hazer, compre un ganso.

Gal.—La anade de Mondego que comprara yo fuerades vos, si tuuierades precio.

Pol.—Ahogose en una alcuza de medio real, de noche y sin candela.

Gal.—Digo os que no me atreuo a entrar en juego con esta moça.

Car.—Pegad con estotra que viene aqui; quiça más apacible.

Pol.—Dios le ayude, no cayga en el atolladero.

Gal.—No quiero sino a esta gentil persona, porque le soy aficionado.

Pol.—Si verengenas ay en la villa, alcaldadas ay en la plaça.

Vit.—Madre, tardé mucho?

Gal.—Antes venistes que yo quisiera, hija.

Vit.—Aun no os llaman a vos acá: habló el buey y dixo mu.

Pol.—Desatose por la boca como odre; con su madre fue a los ramos.

Gal.—Pareceme que se han comunicado. Qué par de palomas para un casal! Essas piedras no tienen dolor de herir aquellos pies tan bien hechos; que se sufre esto!

Pol.—Si no fuera por la bota, cortárale la pierna.

Vit.—Veis alli dónde viene mi suegra Andresa!

Gal.—Estas vuestras muchachas son todas tan diabolicas?

Car.—Pues aún no vistes nada, que hallareis otras que no hablan sino latin: quereis que nos vamos?

Gal.—Despedireme de estas damas.

Car.—Hazeldo assi.

Gal.—Pues no me quereis, voy a buscar quien me quiera; y con todo, soy vuestro.

Pol.—Tengolo en merced; plegue a Dios que os suceda como lo deseais.

Car.—Andresa, decid allá en casa que ha de ir este señor a cenar conmigo.

And.—Muy grande merced es.

Vit.—Y de dónde vino aora aquella buena pieça?

And.—Qué sé yo?

Pol.—Comadre, lauas tú mañana?

And.—Si Dios quiere.

Vit.—Y nosotras tambien; ya vendras de hazer grande fiesta.

Pol.—Pues ya me han prometido a mí la merienda, y espero que no ha de ser mala.

And.—Oy hurté a mi ama de la masa, con que hizo una torta: tened vosotras cuydado.