Car.—De grande duda me quitais, y si lo escriuiesse en las ondas del agua, qué remedio entonces?
Dot.—Y queda claro ser desheredado aquel por quien digo desta manera. Titius filius meus est haeres, esto por quanto cessante causa cessat effectus. Y porque en lo que toca a testar quasi la mayor parte de los hombres yerran, hazerlo hemos V. m. y yo con las solenidades que se requieren para [que][646] quede de cal y canto[647] y el reo se vaya a holgarse y cantar al sol.
Car.—De quanto dize el Doctor en fin nada ata, porque el engaño está en dilatar la cura al paciente.
D. Car.—Aora, señor Doctor, yo estoy de vuestro parecer; mañana os uere y resolueremos cómo se ha de poner en execucion: porque no he de sufrir que triunfe este rapaz de mí, y os confiesso que estuue inclinado a mandarlo matar, y aun no estoy muy lexos de esso.
Dot.—No, no, para qué es más vengança que la que podeis tomar por justicia y el derecho os permite? lo demas seria tirania y contra todas las leyes, no ay cosa que [no] llegue a uengarse sin palo ni piedra.
Car.—Es nuestro padre y madre el Doctor, buen padrino tenemos aquí; mas quán propio es destos vengarse con los oficios! Naturalmente las letras son cobardes, y tal hizieran a la tierra: porque la locura es parte de valentia y el mucho juizio se acouarda con pensar y tantear mucho los inconuinientes. Ellos se van, y don Carlos muy firme en seguir la opinion del Doctor, que es dar querella que dure sin fin. Quiero ir a verme con Zelotipo, trataremos de hablar a Philotimo mi pariente, que es muy amigo de don Carlos y cauallero muy honrado, de buena intencion, discreto y platico en los sucessos del mundo, hombre de mucho seso y desengaño de toda apariencia, sabio para bien y libre de fingimientos para mal. Quiça le templará aquella furia, que no es de los que dizen vna cosa y hazen otra, y en vez de confirmar amistades siembran ciçaña y tienen por gran discrecion vsar estas virtuosas mañas.
Dot.—Domine, V. merced me crea, y persuada con toda solicitud a su hija que niegue a pies juntos, y luego echese a dormir, y sobre mí el sucesso: porque ella en esta parte queda rea a fortiori, y es regla infalible cum iura partium sunt obscura reo potius est fauendum quam actori. Y tenemos para esto los juezes dos textos que nos dan grandes mangas para lo que queremos, que es iudices promtiores debent esse ad absoluendum quam ad condemnandum, et melius est redargui de nimia misericordia quam de nimio rigore. Finaliter, yo estudiaré el caso de raiz y daré vna buelta a los Doctores, y de mañana vayase a mi casa, que todo se hara como conuiene, Deo volente, y no ha de perder de su derecho vna migaja de lo que yo entendiere. Pues el fauor, que es el sello desta causa, no nos ha de faltar, y en el interin ensanche esse coraçon.
NOTAS:
[645] El refrán completo es: «Bolsa sin dinero, dígole cuero». Sabido esto, se explica bien la expresión siguiente.
[646] Suplimos este que, que parece necesario para el buen sentido de la frase. Suplido se halla también en la edición de 1735.
[647] En el original como un solo vocablo: calicanto.
SCENA NONA
Andrade, Cotrin.
And.—Siempre temi el sucesso de los amores de mi amo. Bien despachado está: su prima fuera de casa de don Carlos; Eufrosina encerrada como emparedada: él temeroso que lo mande matar el padre, segun está indinado desde que lo supo. Y yo no sé que tan seguro estoy, que muchas vezes paga el justo por el pecador y la soga siempre quiebra por lo más delgado. Aora tomara yo de buena gana ir a mi tierra, en quanto anda la cosa assi baraxada, que quien se guardó, no erró. Podia el diablo hazer más que meterme en esta rebuelta, en que no soy parte para gusto ni prouecho? y querra mi pecado, segun soy desgraciado, que lo sea en lleuar lo peor. Mejor lo hizo Cotrin el de Cariofilo, que se fue con tiempo a su tierra, y estará aora repleto de churiços, en tanto que yo ando en este enredo. Mas qué estoy diziendo? Si es aquel que allí viene? No es otro, quiero ir [á] abraçallo, sabré algunas nueuas de mi gente, con que me consuele en este peligro. Sea bien venido, señor Cotrin.
Cot.—O señor Andrade, esteis en hora buena.
And.—Quándo fue la venida?
Cot.—Aun aora vengo de camino.
And.—Pues cómo queda toda la gente?
Cot.—Con salud; vnas cartas pienso que traigo para vos, con no sé qué lienço para camisas, y viene con el harriero.
And.—Alegrome con essa nueua. Aora bien, contadme si os holgastes mucho?
Cot.—Diablo eres, yo te prometo que tuue dias de mucho contento: porque no auia alli sino buena ventura, comer hasta no poder más, y tan bien hallado estaua, que no podia arrancar de allá.
And.—Trataste de amores?
Cot.—Con treinta, y si estuuiera más dias hiziera de mi señal la entenada del Prioste.
And.—No es muy pequeña?
Cot.—Mal hora para ella, creció como mala yerua y se ha hecho muy discreta. Sabes tambien a quien no conocerás? a Marica la del Iurado.
And.—Essa no es niña aunque lo parece, y siempre tuuo buen pico. De manera que dexarás allá grandes ansias y cuidados de ausencia?
Cot.—Las que no puedo dezir; contarete despacio cosas que admirarás. Mas qué ay por acá? Cómo estan nuestros amos?
And.—Dolo al diablo, ay grandes rebueltas.
Cot.—Quenta por tu vida.
And.—A tu amo hallaron una destas noches passadas con vna hija de vn platero, que dizen que es rico, mas ya creo en Dios; la moça en cogiendolos dixo que estaua con su marido, y tu señor no lo negó, o con miedo o con voluntad, o con todo, que en estos casos es muy cierto hablar a lo cuerdo. En fin, dexaronlos juntos por entonces, y otro dia como se vio en saluo determinose a negar. Apartose de la conuersacion de su dama, y entendido por el padre de la señora no curó de más historias sino de lleuallos delante del Vicario, y a la primera audiencia le mandó recibilla por muger. El padre de tu amo está para tomar el cielo con las manos y no lo quiere ver, y assi anda retirado fuera de casa y se recoge con mi amo; dizen que lo deshereda y le da toda la hazienda a la hermana, y yo assi lo creo, porque ay padres que empobreceran cien hijos por enriquecer vna hija.
Cot.—Bien remediado está mi amo, y en esso vino a parar el pensar que las mataua en el aire! Mas fuerça era caer en alguna quien hazia tantas trampas: por esso dizen, quien con hierro mata, etc.
And.—Pues si tú lo vieras antes burlarse della y desdeñarla, apodar la suegra y despreciar el suegro!
Cot.—Nunca vimos otra cosa.
And.—Y sobre todo me parece á mí que no quiere mal a la moça, aunque dize della las tres leyes.
Cot.—Y ella qué tal es?
And.—Vna feguela, que no tiene más que los huessos, y no se quita de la ventana: lo que te asseguro es que tienes en ella ama y zanfonia.
Cot.—Y esso vino acá a hacer de la Corte? toda su vida se burló de todo el mundo, y aora dio en su cabeza. Y tu amo qué dize a esso?
And.—A él sus duelos le bastan.
Cot.—Por qué? también cayó?
And.—No sé quál fue peor, y siempre oi dezir que quien quiere subir de priessa, de priessa cae. Casóse de secreto con vna hija de vn gran cauallero, rica y hermosa, que lo es tanto, que no ay más que pedir. El padre de la señora dize que la matará antes que dársela. Ha dado aora querella y jura que le ha de hazer ir a Roma. Tiene la hija encerrada, que no ve a persona viua, y afírmase que ha de entrarla monja, si no halla por otro camino mejor salida; mas sospéchase que lo detiene el rezelarse que tendra ella en el monasterio más ocasion de tener correspondencia con mi amo, y lo peor es que dizen que pretende mandarle matar quando no tenga otro remedio.
Cot.—Muy malo es esso; grandes cosas me quentas, pero di tú lo que quisieres. Yo estoy de parecer que tu amo lo hizo galantemente, si asseguró el negocio, y todo essotro es brauear del cauallero y vn poco de viento. Despues que el mal recado es hecho en vano es porfiar, que si ella es suya el Vicario se la dará. Assi sucedio aora en nuestro lugar al hijo de Pedro Alfonso carpintero con la hija del escriuano; anduuo y anduuo, y por más que hizieron, al fin se la entregaron.
And.—Y si el cauallero lo manda matar?
Cot.—No ayas miedo.
And.—No he miedo, mas rezelo, y no tanto por su cabeça como por la mia, porque me temo que lo cojan a tiempo que yo vaya con él; y en estas pendencias a las vezes padecen los que tienen menos culpa, porque el culpado se preuiene con tiempo.
Cot.—Anda tú siempre apercebido.
And.—Bien dizes si ellos acometiessen por delante, mas de recuentros de trabiessa me libre Dios, y assi ando asombrado.
Cot.—Burlate de esso, que yo te doy seguro. Ya no se acostumbra matar, y estos más ricos lo escusan más por lo mucho que pueden perder; y tambien has de saber que es inmenso trabajo tomar vengança, y hazesse muy pocas veces, sino es en aquel instante que se recibe el agrauio.
And.—No sé; yo de mí te confiesso que me quisiera alexar de aqui; y si veo que el negocio no se encamina bien, por sí ó por no he de irme á mi tierra con algun achaque, y no venir de allá hasta ver en qué para.
Cot.—Y pues aora qué medio se trata?
And.—Antes de anoche, delante de la puerta, anduuo nuestro viejo largas tres horas con Filotimo su amigo, y tambien lo es grande del cauallero, y yo escuché y oy[648] que concertaron que hablasse al padre de la dama, porque ha estado todos estos dias fuera de la ciudad y vino antes de ayer. Con esto me animo yo aora, aunque flacamente; y porque oy se auia de ver con el cauallero para saber su determinacion, voy a acordarselo y saber si está el negocio en tiempo de verse él y mi amo el viejo, que no descansa por assegurar el hijo.
Cot.—Notables historias me quentas; por esso dezia bien Iuan de Espera en Dios, que caça, guerra y amores, etc. Ahora vete en buen hora, y veamonos oy, que tengo que contarte de la tierra mil cosas con que te has de holgar.
And.—Yo te buscare.
Cot.—Digote de verdad que si yo allá supiera lo que passaua de mi amo, que no huuiera venido, y no sé con qué cara seruire yo aora a quien hizo tal necedad.
And.—Siempre sucede que estos que burlan de todo el mundo son los burlados.
Cot.—En fin iremos a essa India.
And.—Yo essa quenta hago, despues hablaremos.
NOTAS:
[648] Sic por «oí».
SCENA DECIMA
Don Carlos, Filotimo.
D. Car.—Seais bien venido, y sabe Dios quánto os deseaua ver.
Fil.—Señor, yo quise venir luego tras de V. m., mas aquel dia que partio de su quinta llegó a la mia vn pariente mio que va a ganar el jubileo de Santiago, en compañia de otros cortesanos; festejélos alli con caças y pesqueria, y esta fue la causa de dilatar mi venida más que yo pensé y dixe quando nos apartamos.
D. Car.—Señor y amigo, si bien nos holgamos los dias que alli estuue, acá lo he descontado bastantemente con mayores disgustos.
Fil.—Orden es del mundo no dar buena comida sin mala cena. Pues qué ay aora?
D. Car.—Desdichas que siguen a los hombres, segun nuestros pecados, que nos dan el fruto conforme sembramos.
Fil.—Con essa consideracion las deuemos sufrir, pues para todo dolor el remedio más cierto es la paciencia, con la qual deuemos siempre dar gracias a Dios, que escoge los suyos en las batallas de los contrastes y fatigas humanas, experimentando assi si son capaces y habiles para subir a los muros de la alta fortaleza de su gloria. Y si vemos a los malos prosperos y a los buenos abatidos, es porque reciben aqui su premio; mas despues se hallarán, como dizen, de la otra parte del agua: porque las mercedes de la fortuna sin merecimiento son tales espias, que guian y echan en la emboscada de su perdicion quien va tras dellas ciego y engañado con vanas esperanças. Haze a los hombres ignorantes, porque la prosperidad entorpece el ingenio, y los males y la aduersidad lo auiuan; y quien quisiere viuir más seguro y con menos sobresaltos, euite y desprecie los vanos beneficios con que ceba y caça nuestra vanidad a los inocentes humanos, y trae por juego dar a quien quita y quitar a quien da. Los virtuosos acrisolanse en las miserias y desuenturas, y con la esperiencia de los trabajos. Hazense sabios conociendo la facilidad humana; assi, que los buenos son los que por la mayor parte pelean con los infortunios de la vida.
D. Car.—Muchos malos vemos tambien padecer aduersidades dignas y deuidas a sus culpas, y muchos buenos descansados y libres de desassosiegos, que a la prosperidad no le está negado ser premio de la virtud. Assi, que por esse discurso mal se puede hazer la diferencia de malos y buenos. Yo hallo, cotegeando los sucessos de las cosas, que todo consiste en ventura o desgracia.
Fil.—No digais tal, señor, que es opinion gentilica, de los buenos que estan prosperos. Presumese que siente la prouidencia diuina en ellos tal flaqueza, que caeran con las persecuciones; y sobre esto dize el Apostol: Fiel es el Señor, y no permite seamos tentados por su gran bondad más de en lo que podemos, y los males nos siguen con tal orden, que los podamos vencer con sufrimiento y evitar con prudencia, y a los que vemos muy perseguidos son más fuertes: porque es propio del grande ánimo despreciar las injurias y ofensas de soberuios y gouernarse por la razon del espiritu y no por las leyes que el demonio puso en el mundo, como fortalezas desde donde nos haze guerra; y es cierto que teniendo nosotros claras señales de la fee que professamos y creemos para passar este cañal de la ley de Dios seguros, puede tanto vna mala opinion del mundo contra nuestra flaqueza, que tiene leyes contrarias a la nuestra, mucho más costosas y más guardadas. Y si nos sucede bien lo que pretendemos por la liberal voluntad diuina, atribuimoslo a cuenta de nuestra dicha; y si erramos los medios para conseguirlo, acusamos a la fortuna de lo que nosotros las más vezes somos causa por nuestro mal gouierno.
D. Car.—Entended que todo se rige por los hados, que es vna disposicion de la inclinacion de los cuerpos celestes, dirigida a causas inferiores, que por su influencia se mueuen en tantos efectos varios; por lo qual el hombre no puede alcançar a saber los sucessos, y destos dizen que guian a quien los sigue y arrastran a quien los resiste.
Fil.—Guardenos Dios de tal proposicion. Cómo, señor, dezis tal cosa? Tambien a vos puede la passion hazeros gentil? Dexad esso para las condiciones flacas y regaladas. Si tal fuesse verdad, todo lo que acontece seria de necessidad y no auria merecer y desmerecer, y dessa opinion a la que afirma que no ay sino nacer y morir ay muy poco. Y si el bien no tiene premio ni el mal castigo, peor es la suerte de los buenos que la de los malos.
D. Car.—Pues qué dezis de tanta desorden como uemos en las cosas humanas?
Fil.—Assi lo juzga nuestro flaco juizio por su natural defeto, y es vana ocupacion la de la criatura en querer comprehender los juizios y obras del Criador, sino es en lo que él quiere dar a entender. Si vn hombre comunicandose en continua conuersacion cien años, nunca se acaba de conocer, qué osadia puede ser mas ciega que conjeturar por terminos humanos los secretos diuinos? y lo peor es que siendo sieruos inutiles y dignos de mucha pena, queremos ser muy regalados del Señor, a quien ofendemos cada hora. Con el fauor y la prosperidad todos somos justos, en quanto la justicia no viene por nuestra casa; mas en visitandonos, con cualquier indicio que muestre de ser castigo de nuestra vida passada, luego es todo perdido, y tenemos a Dios por escaso y que se oluida de nosotros, borramos la obligacion del bien passado con la quexa del mal presente. Atribuimos nuestras culpas a desgracia y no la tiene. Sabeis qué llamamos hado? que de fuerça ha de ser la orden del mundo correr el Sol por los doze signos del Zodiaco, haziendo los seis dellos dia y los otros noche, y los aspectos del cielo solamente son vnas señales y auisos de poder ser lo que muestran, pero no es de fuerça que nos ponga en obligacion: porque la diuina prouidencia nos dio arbitrio propio para vsar dél segun nuestra voluntad y distinto, y tenemos natural eleccion del mal o del bien; por lo qual dize Iubenal: No tiene la fortuna ni los hados deidad si nos gouernamos con prudencia. Nuestras quexas la hizieron diosa. Nosotros la ponemos y colocamos en el cielo con el bruto sentido de nuestras aficiones. Mas si nos conformamos con el claro entendimiento, que es en nosotros Presidente diuino, por él seremos semejantes a Dios. El sabio y prudente sabe sufrir lo que le sucede siempre, constante en qualquier lugar, y la que llamamos comunmente fortuna es buena para quien la sufre para enmienda de sus errores y mala para quien la toma por pena y desespera. Mas boluiendo a vuestra passion, señor, qué causa es esta que assi desassossiega vuestro sufrimiento?
D. Car.—Estoy el más triste hombre del mundo, y el caso no es para que ninguno que le suceda dexe de estarlo.
Fil.—De qué? Si se puede dezir.
D. Car.—Ya os comuniqué allá[649] en la quinta el casamiento que tenia concertado para Eufrosina.
Fil.—Sí, y a mi parecer es muy bueno para vuestra honra y descanso, y para el suyo.
D. Car.—Por esso me quexo de la fortuna o de mis pecados, que me guardaron para esta vegez deshonrada. No sin causa dizen que quien más viue más causas de pesar le suceden, como al viejo Rey Priamo de Troya. Velé el quarto de mi vida como mejor pude: gouerné el timon de mi proceder y el remo que me tocó con mucho sudor. A ninguno di ventaja en los exercicios de virtud y caualleria; gané por mi lança lo que tengo, a fuerça de mi trabajo y cuydado. Passé hasta aqui mi derrota de vna onda en otra. Aora que me parecia que iba assegurando el puerto, entrando por esta barra a vista dél, con que pensé acabar el viaje contento, se me anegaron todas mis esperanças y fundamentos de tan lexos tanteados, como naue que toca en las rocas.
Fil.—Bien, cómo es esso?
D. Car.—Ya vistes cómo dexé nuestras recreaciones por venir a hazer apercebimientos para este negocio. Sabed, pues, que llegando a mi casa, al segundo dia, que no aguardaron mas, fui informado que en este tiempo que yo he andado ausente se me casó Eufrosina de secreto con vn hijo de Hetor de Abreu vuestro vezino.
Fil.—No puede ser esso.
D. Car.—Parece que puede, pues es.
Fil.—Santa Maria valme! Esse es el más raro caso que yo vi en mis dias, ni pensé ver, ni lo puedo acabar de creer: porque esse mancebo ha poco tiempo que reside en esta ciudad, y ha estado muchos años en la Corte, y ella es muy retirada, y en sus costumbres y vida no parece moça.
D. Car.—Pues por esso digo yo que quando han de suceder desgracias, nunca falta modo. Las ocasiones todo lo facilitan: tuuieronla grande, y parece se enamoraron con los medios que él puso de su parte, siguiendo el entretenimiento que tienen todos los hombres moços y ociosos, que no hay cosa que no intenten. Y si las mugeres no se guardan a sí mismas, no ay quien las pueda guardar: si bien a mi parecer pocas yerran, sino es por persecuciones de insolentes atreuidos, y luego las malas consejeras, que no ay peste más eficaz para dañar que el familiar amigo engañoso; y el mayor enemigo que el hombre tiene es otro hombre, y por el consiguiente la muger, cuya lengua es ponçoña. Siluia de Sosa, prima deste mancebo, con su comunicacion traçó estos enredos y vino a efetuar la maldad. Y para que sepais que Dios es justo Iuez, y no dexa triunfar a los malos, parece que por pagarle la buena obra tenia concertado casarla con vn Cariofilo su compañero.
Fil.—Yo lo conozco, criado tambien del Rey y hijo de vn ciudadano muy honrado.
D. Car.—Será assi; vna destas noches passadas amanecio casado con vna hija de vn platero, que lo cogió en su casa.
Fil.—Grandes cosas me dezis; aora acabo de creer que todos los tratos de amor se efetuan segun ay los medios, y que al grande amor todo le es facil y nunca respeta inconuinientes. Mirad essa historia: Cariofilo pensó engañar y quedó engañado, y siempre lo vi en estos negocios, y Zelotipo juraré que no empeçó su pretension con esperança de lo que sucedio. Mas son tan solicitos los hombres en sus engaños, que parece que ninguna muger tiene culpa de dexarse vencer, si bien dellas en estos casos no ay que fiar, y vnas que se precian de parecer hermosas y agradar a todos, dificultosamente se guardan, y las más confiadas de sí y que libremente pueden hablar, caen primero. Muger desconfiada y que teme el peligro nunca erro mucho, mas quántos exemplos de desengaños nos da el mundo en sus obras si supiessemos aprouecharnos dellos! Aora dezid, cómo lo venistes a saber?
D. Car.—Por Galaor Falcon mi compadre, que sospecho que tiene con el galan alguna comunicacion, y segun entendi vino por su orden a dezirmelo porque parece que alcançó a saber que yo queria casar esta desdichada. Entró a contarme el caso con grandes preambulos y razones; diome consejos, diziendo que pues ya era sucedido hiziesse mis cosas con prudencia y cordura, porque los medios ajustados a equidad siempre eran loables.
Fil.—Jesus, esso me dezis de Eufrosina? Absorto me he quedado, ya en ninguna creeré. Desconfiado estoy de las mugeres, porque son flacas, y más perseguidas; pero sobre mi conciencia jurara por Eufrosina, porque siempre me parecio cuerda y de juizio assentado, aunque pienso que en éstas se imprime más eficazmente el amor que en las despejadas y parleras.
D. Car.—Si hizo mal, para sí lo hizo más que para otro. Yo aun no me he declarado con ella, esperando vuestra venida, por no hazer nada sin vuestro consejo; lo más que hize fue embiar a Siluia[650] de Sosa a casa de su madre y encerrar a Eufrosina en vn aposento donde no hable con ella sino su tia: a la qual le confessó todo el caso, y por mucho que la importunó, no la pudo conuencer a que lo negasse. Dize que nunca Dios quiera que ella niegue la verdad, y estoy resuelto de ponerla vna daga en los pechos y hazerla negar por fuerça, sino que me hallo tan indignado y conozco de mi condicion que la mataré si me pierde el respeto; y negando ella me haze cierto el Doctor Carrasco, con quien lo he comunicado, el descasarla por pleito, y quando no la pueda conuencer por temor, determino de lleuarla secretamente a Jesus de Aueiro a que sea monja, y hazerla professar y dexar mi hazienda a mis parientes, pues quiso ella desmerecerla; y a ninguna destas cosas me determiné sin vos. Ved aora lo que os parece mejor, y esso hagamos luego, que bien sabeis que de vos solo confio mis resoluciones.
Fil.—Yo, señor don Carlos, como me tengo por el mayor amigo y servidor que teneis, y esta voluntad pienso tendreis por muy cierta, tendria por mala correspondencia y yo mismo juzgaria mal de mí si en caso que tanto os importa no dixesse sencillamente lo que entiendo, no procurando complaceros, como hazen los falsos amigos deste tiempo, hablandoos a gusto, sino proponiendoos la verdad desnuda de lo que siento, la qual aunque sea aspera a los oidos es saludable para el alma. Vos, señor, podeis hazer lo que quisieredes, mas aueis de hazerme vna merced, que os resoluais sin passion; porque toda cosa hecha con ella pocas vezes dexa de tener fines de mayor daño y doblados errores. Señal de ser sabio es poder enseñar y regir y no ser regido. En vos ha lucido esto siempre, sobrandoos buen gobierno en vuestras acciones y sano consejo para vuestros amigos. Lo que en mí sembrastes quando fué tiempo que lo huue menester y me conuino, esso cogereis aora, que os importa. No os falte para vos lo que para otros teneis; haced ageno este negocio y trataldo como si no fuessedes parte. Acuerdeseos que la afliccion entorpece la naturaleza, el amor y el odio peruierten el juizio; y como los quatro vientos de las quatro partes del mundo demas de sus colaterales alborotan la mar, assi son nuestras almas conmouidas y perturbadas de quatro furias o passiones, que son esperança, miedo, dolor y temor; y como los aires ocasionan truenos y lluuias, escondiendo el sol, assi las passiones cegando la razon con nubes y turbaciones del ánimo, no derraman los rayos del entendimiento para poder gouernar las velas de la sensualidad, y quien no está libre destas Sirtes y Ciclades, peligros del mundo, y se halla en el eterno descanso, no puede librarse de sus mouimientos ni viuir en reposo; y assi no me admiro que esteis aora ciego con esse dolor: porque siempre al primer rebato rinde el sufrimiento, por no estar preuenidos en la bonança para los peligros de la tempestad; y para no caer en tal desorden conuiene no perder el norte regimiento superior: porque la vida humana deue gouernarse por la semejança de la orden de arriba, y como las esferas inferiores, obedeciendo a la superior, son gouernadas por su mouimiento, assi deuen ser regidos nuestros sentidos por la virtud racional; y pues aora repugna la sensitiba, segun la carne al espiritu, mirad que vencida la racional queda vil y bruta, por lo qual deuemos sobre todo procurar no tenga imperio la fuerça de nuestros deseos y pasiones, porque ocupada el alma en cuidados de cosas temporales, carece del conocimiento de la verdad, y por este camino de engaños se va al infierno, donde no ay redencion, y nuestra ciencia es tan limitada, que sabemos en qué lugar nacemos e inoramos dónde auemos de ir; y la vida es sombra que passa: fue Ilion y los Troyanos, fueron otro tiempo los Milesios grandiosos. Todo es assi; lo futuro es lo que deuemos preuenir. Si de quanto tiempo ocupamos en vanidades, en alguna hora considerassemos lo poco que dura y mucho trabajo que cuesta todo, y conociessemos el engaño en que estamos, quiça viuieramos con más aduertencia. Mas ay, que ni considerallo pienso aprouecha: porque anda la comun inclinacion tan abituada a malos exercicios, que lo suelen hazer peor los que más noticia alcançan del mal. Hazemos las quentas siempre de lexos, estando tan cerca de dar las finales. Repartimos la vida en vanos fundamentos, que llorando seguimos. Damos poder a la costumbre, fuerça a naturaleza, disculpa a las inclinaciones, de manera que hazemos nosotros otra ley que quiere competir con la de Dios, todo para mayor fatiga nuestra, que el mundo y el pecado nunca dieron descanso, y digamoslo claro. Vos, señor, sois de la edad que sabeis (Dios os la aumente); lo que más os conuiene es estar bien con Dios, que os espera de dia en dia, no con el mundo: porque oy somos y mañana no somos. Viene la muerte siempre de prisa, y conuiene estar apercebido para acudir a su llamamiento. Tomad exemplo en el Rico Auariento, que nos enseña que importa no estar descuidado. Quanto a Dios, viuir como si huuiessemos de morir luego; quanto al mundo, como si la vida fuesse perpetua; en las cosas del alma muy escrupulosos, en las del mundo muy prouidos, que aquel se llamará sabio que se sabe saluar. Pensad aora en esto por mi amor: vuestra hija es ya esposa de esse mancebo, y libreos Dios de lo que llaman hecho es. No se la podeis quitar sin hazer pecado mortal y[651] estar en el es el mayor peligro: porque perder hazienda, honra y vida es nada, pues al fin se ha de perder. El peligro del alma es el que se deue temer, porque es como la piedra, que si la echamos de las manos no la podemos recoger. Somos Christianos, ninguna cosa deuemos de traer tanto delante de los ojos como guardar los estatutos de nuestra profession. Esta es la caualleria, esta es la honra, esta es la nobleza verdadera, y si no, idos al infierno por falsas honras del mundo, que es vna niñeria.
D. Car.—Vos me poneis en vna gran confusion, porque no os puedo negar que no es suma inorancia tener más respeto á las leyes que Satanas puso al mundo que con la clara y pura que nos dio el Hijo de Dios, y tenemos recibida. Pero respondiendoos a lo que dezis, que es su muger, digo que lo sea muy en hora buena, no se la quiero quitar; por lo que conuiene a mi conciencia, lleuesela con la bendicion de Dios donde quisiere, mas de mi hazienda no espere vn real. Esto me lo podeis quitar, ó ay ley que me obligue a dar lo que es mio a quien me lo desmerece?
Fil.—Bueno va: pues se ha rendido en lo más dificultoso, presto vendra a la razon. Aora venid aca, señor; muy bien me parece esso de vos, obra es en que no solo mostrais ser buen Christiano, mas aprouais la noble sangre de que os preciais, que los tales parece que tienen más obligacion que los demas a guardar essa lealtad a su Criador. Y les está bien por el exemplo que dan al pueblo; y como a la nobleza le es propio tener liberalidad, y más en las obras de Dios, en que se deue vsar della siempre con presteza, ya que lo es ésta, y por su respeto la hazeis, no la disminuyais en nada: porque no darle vuestra hazienda es más tema que gusto, y se puede juzgar a poco saber y a menos virtud, pues está fuera de tenerla el ánimo furioso. Y todas las cosas guiadas por buena orden llegan a perfeccion. El hombre abariento de la hazienda es pródigo de la honra, y quien tiene su pundonor en mucho, deue tener su dinero en poco. Rico es el que nada desea, y pobre el abariento por mucho que tenga, y mayor virtud es obrar bien que dexar de hazer mal, porque del bueno es hazer bien; siendo assí, y que la buena opinion se ha de preferir al dinero, no es justo la perdais y dexeis de obrar bien por él: lo que no se puede euitar hase de sufrir y no culpar, y el mal no se ha de vencer con mal. Ya esso sucedio a vuestra hija como a otras muchas ha sucedido, que no fue ella la primera: qué le aueis de hazer, sino remediarla con toda cordura? Obra de prudencia es poder hazer daño y no hazerlo, y de loco no poder vengarse y desearlo. De sabios esforçados es hazer con gusto lo que es fuerça, porque los trabajos tomados de voluntad, no lo son; y assi a solo a el prudente le sucede no hazer nada forçado, porque se conforma en todos los casos con el corriente del tiempo, y como dicen: mejor es llorar con los sabios que reir con los necios. Al ánimo generoso nada le haze injuria: si essa moça erró, al fin es hija, y aunque el pecado sea grande, el padre ha de dar ligero castigo. Fuluio absoluió de culpa a su hijo, que lo quería matar despues de cometer adulterio con su madrastra. Qué hizo vuestra hija? Venciose de amores de vn mancebo galan y discreto; cada día vemos esso por otros de menos partes. No os falte aora el juizio y cordura de Alexandro, que fauoreció a su hermana enamorada; cosas tan naturales y vsadas no se deuen estrañar. Segismunda Tarentina fue perdonada de su padre hallandola delinquiendo. Mal hizierades vos, como Seleuco, que dio su propia muger Estratonica[652] a Antioco su hijo, porque supo que estaua enemorado della siendo su madrastra. Pisistrato, tirano, perdonó a vn mancebo que publicamente le besó su hija, diciendo: Si matamos a los que nos aman, qué haremos á los que nos quieren mal?
D. Car.—Bien hablais si no huuiera de cumplir sino conmigo; mas qué diran mis parientes de mí, viendo que no sólo sufro, mas fauorezco tan grande deshonra?
Fil.—Buena conclusion es essa; hermosura agena, sin la propia, a ninguno hizo hermoso; aquel es de clara sangre que sus obras lo hazen claro, y como dizen: Hasta vn cabello haze su sombra; todo hombre tiene su ser; la virtud da nobleza, y no la opinion que cada vno tiene de sí; de honrado soy yo, y mi abuelo, tal, y mi primo, fulano. Todo esto concedo que incita y ayuda para la virtud, pero si vos no la vsais, tengo yo por mí que deshonra más. Sabeis qué son los parientes? si sois rico van a vuestra casa, por lo que de vos pretenden; si pobre, os desprecian. Pocos o ninguno dan ya de su hazienda; consejos, quantos quisiéredes, mas de manera que si huuiera peligro queden ellos fuera dél: y es engaño conocido sugetarse al parecer de los parientes y en todas las cosas seguir su opinion, sin reparar en lo conueniente, porque de ordinario se inclinan a la parte próspera. No niego ser muy bueno tenerlos, y cumplir con ellos las obligaciones naturales y las de buena correspondencia, y en todo lo possible conseruar buena amistad, auenturando por ellos la hazienda y vida conforme a lo que se pratica en este mundo; pero en el Reyno eterno tambien teneis diuinos parientes, con quien es más necessario cumplir, y éstos son de parecer que hagais siempre lo que os obliga la ley en que viuis, y es justo la sigais, y que no dexeis de hazerlo por la honra del mundo, que quien pone en Dios su esperança y su fundamento, y no en los hombres, tiene a Dios y a los hombres. Y mucho mayor deshonra y afrenta hazeis a vuestra alma no cumpliendo con ella, pues por su respeto os dieron esse cuerpo, que podeis hazer incorrupto que passe las nubes y los cielos y resplandezca más que el sol[653]. Este es el verdadero punto de la honra, y considerad esto. Si se honra vn cauallero de mostrar las heridas que recibio en la batalla, quánto mayor honra será mostrar vn cuerpo sin las corruciones[654] humanas el dia del juizio? Casóse vuestra hija pobremente, para sí lo hizo; si le viniere mal, ella lo sienta, y vos no os condeneis. Aueis de hazer bien a los estraños, hazeldo a los vuestros; porque desheredar los hijos y heredar los parientes es gusto culpable.
D. Car.—Pues cómo se ha de sufrir en el mundo casarse mi hija sin mi licencia con hombre tan inferior suyo, teniendo yo tratado para ella vn casamiento tan noble y rico?
Fil.—Pareceme que no era suyo, pues Dios quiso estotro, aunque este y todos los demas sucessos que tienen los hombres mal se pueden juzgar; porque la inorancia es en dos maneras: natural como en los mancebos por falta de esperiencia, que no se puede alcançar sin tiempo, y es madre de las cosas y vn conocimiento de particularidades, que la poca edad no comprehende, porque no juzga sino lo presente. Puede tambien auer inorancia en los muy viejos por fallecimiento de los sentidos. La otra procede de la negligencia de los hombres quando nos entristecemos de las cosas humanas. Sin razon ni entendimiento, dos asquas que sustentan nuestra luz, los mortales atreuense a pedir lo que desean, que assi nos lo dixo Christo quando orando en el huerto representó la flaqueza de nuestra humanidad: Dios lo oye todo, y da lo que ve que es mejor. Dexad a los vientos mouer las velas, tomad el puerto que os dieren, que por ventura os aconseja mejor el viento que os guia. Dexad essa ira que teneis, no os ocupe y rinda el dolor las torres de vuestro ánimo. Dize Iubenal muy bien: si quieres consejo da lugar a los Dioses que te le den, pues que saben lo que nos conuiene y es más prouechoso, y por cosas gustosas te daran otras más necessarias, que mucho más aman ellos al hombre que se ama él a sí mismo. Nosotros mouidos por ciego deseo pedimos casamiento, parto de la muger y otras cosas que nos parecen de gusto y prouecho, pero ellos saben quál ha de ser la mujer y el hijo y lo demas: pues si este gentil conocia esto, quien se precia deste tan grande apellido de Christiano mucho más le conuienen las obras que lo confirmen en este grado. Por esso el que lo es deue conformarse en todo con la voluntad de Dios. Assi lo hizo Dauid, llorando el hijo en quanto estuuo enfermo; muerto, vistióse de gala. Contentaos, señor, con el marido que vuestra hija escogió, pues ella está contenta, que nada se haze sin permission diuina. Mirad la fabula del mar de Galilea, que viendo las nubes cargadas de agua, mouidas de los vientos, pensando serian montes que podian caer sobre él y secarle, fuese retirando lo más que pudo, pero deshaziendose las nubes sobre él convertidas en agua crecio con doblada corriente. Así que de donde temia el daño le vino mayor prouecho, porque la diligencia de los hombres siempre se engaña en las cosas dudosas. Mal pueden los coraçones adiuinar lo que les puede suceder, aunque se diga que no hay cosa más leal que el coraçon, a quien muchas vezes hieren rezelos de lo que sucede, pero esto es incierto; de manera que vos, señor, os deueis consolar con muchos que gustaron esse acibar. El fin de las cosas se ha de medir con prudencia; no os falte ésta para agradecer a Dios el cuidado que tuuo de vos, que yo espero que ha de ser para más descanso vuestro, porque yo conozco el mancebo, y es discreto, muy cuerdo y de gentiles partes, y os ha de saber grangear la voluntad y conserbar la vida, que essotro quiça deseara quitarosla más aprisa; y podria ser de algunos locos vanos que acabado de gastar el dinero que les dan en dote, con juegos y otros diuirtimientos (para los quales no ay tesoro que baste) desprecian el suegro y dan triste vida a la muger. Estotro tiene en vos toda su honra y continuamente os ha de tener obediencia. Mirad si es mejor tener yerno a quien mandeis o que presuma mandaros. Vuestra hija ha de ser muy estimada, y señora dél; quierense bien y seran bien casados; conforme a la ley de Dios y del mundo es suya por derecho; si dexais vuestra hazienda a otro agradeceraoslo poco y no dará vna limosna por vuestra alma. Hazeis mal a vuestra hija y encargais vuestra conciencia. Segun esto, ved lo que os conuiene: a mí me parecia mucho mejor recoger vuestro yerno, pues lo es ya forçosamente, y con vn beneficio forçado sugetais dos voluntades. Echad de vos el odio y la opinion del mundo, y considerad que no puede ser mayor desuentura que negar el merecimiento a la persona por darlo al dinero, y que sea la pobre virtud tan aniquilada. Este es, señor, mi parecer, y esse Doctor Carrasco que os aconseja essotras marañas y querellas quiere triunfar con vuestro dinero a costa de vuestro trabajo, y tales consejos son para destruir hazienda, vida y alma; y de aqui procede auer tan poco sossiego, tanto odio, tanta cudicia. Quántas letras de mal zelo estan sembradas en esta tierra? Las armas que la ganaron y honraron conuirtieronse en leyes que la destruyen; las demandas son tantas, que ninguno trae la capa segura: porque de vn ladron os podeis defender y de vn mal legista no, que tiene hechos dos testos que son contraminas para assegurar robos y destruir la verdad. Assi lo entiendo; hazed, señor, lo que deueis a virtud, que es la propia nobleza, sin tener atencion a los injustos fueros del mundo, que las leyes se hizieron para castigar malos y no para destruir buenos. No os desassossieguen malos consejeros; segui antes el consejo malo de buen zelo que el consejo bueno de mal zelo, pues sabemos la quenta que Dios tiene con las buenas intenciones: la mia es de ueros descansado los dias que os restan de vida; conformaos con la voluntad Diuina y lo demas passe por donde pudiere.
D. Car.—Señor amigo, concluisme tanto con la razon, que yo sería de mal juizio si hiziesse[655] della, y con esto os confiesso que el amor de padre me lleua quanto puedo a vuestro parecer: porque a la verdad, mi hija es para mí tan obediente, que no tengo de qué quexarme della. Si erró, como vos dezis, es muger como las otras. El consejo del Doctor Carrasco ya veo que es para mucho desassossiego, y que el vuestro es lo cierto y qual yo de vos esperaua. Aora conozco quánta razon tenia Alexandro en dezir que era bien empleado gastar vn Principe sus tesoros por conquistar vn Reyno, por comunicar vn hombre discreto, si en él lo huuiesse. Esto no se entenderá si el sabio es mal inclinado, porque en la mala inclinacion no puede auer sabiduria; y es sin duda que en esta vida no ay cosa tan preciosa como el verdadero amigo. O, quánto vale el buen consejo, a quien dél tiene necessidad; tal beneficio puedese agradecer, mas la paga a solo Dios compete. O, gran fuerça la de la verdad, que contra todos los ingenios, sagacidades, malicias y espias del mundo facilmente passa venciendo; y assi lo que más nos conuiene es tratar con amigos fieles, y quando nos engañamos en la eleccion dellos, basta por vengança dexar la conuersacion de los falsos y sustentar la de los buenos. Mi honra, alma y vida os deuo, pues me quitastes de mil ceguedades con que me destruia, y assi nunca Dios quiera que yo salga de vuestro parecer. Venid conmigo, vamos a buscar a mi yerno Zelotipo y lo traeré a mi casa con la bendicion de Dios, y pues le fuistes tan buen padrino, quiero que os deua el consejo y a mí agradezca el executarlo liueralmente, y mis parientes digan lo que quisieren, que grande engaño es no usar de virtud por lo que puede dezir el mundo. Señores, no espereis lo que resta para la conclusion de las bodas, que dentro se harán.
A la censura de nuestra Santa Madre Iglesia.
FIN
EN MADRID, EN LA IMPRENTA DEL REYNO.
AÑO M.DC.XXXL
NOTAS:
[649] En el original «hallá», como en algunos otros lugares.
[650] En el original, Silua.
[651] En el original, ó, pero el sentido de la frase pide y.
[652] En el original, stEratonica.
[653] Son en el original.
[654] En el original, por errata, conuciones. En la edición de 1735 se lee conexiones, pero es enmienda desacertadísima.
[655] Parece errata, ¿acaso huyese? En la edición de 1735 dice lo mismo.