APPENDICE.
I
PASSAGES DES MOCEDADES DEL CID[552]
DE GUILLEM DE CASTRO
IMITÉS PAR CORNEILLE ET SIGNALÉS PAR LUI[553].
De mis hazañas escritas Vers 185.
daré al Príncipe un traslado,
y aprenderá en lo que hice,
si no aprende en lo que hago.
Var. Podrá para dalle exemplo203.
como yo mil veces hago...?
Rapprochement tronqué. Le passage est cité plus complet dans la deuxième section de cet Appendice, p. 209.
Yo lo merezco.... 223.
tambien como tú y mejor.
Llamadle, llamad al Conde,251.
que venga á exercer el cargo
de Ayo de vuestro hijo,
que podrá mas bien honrallo,
pues que yo sin honra quedo...
Ese sentimiento adoro,262.
esa cólera me agrada,
esa sangre alborotada
.....................
.....................
es la que me dió Castilla,
y la que te dí heredada.
Esta mancha de mi honor267.
que al tuyo se extiende, lava
con sangre, que sangre sola
quita semejantes manchas.
Cette phrase était transcrite avec quelques inexactitudes, qu'il est plus court de rectifier que de détailler. Dans les Observations de Scudéry on trouve le texte suivant:
Lava, lava con sangre,
porque el honor que se lava
con sangre se ha de lavar;
Mais ce n'est là bien probablement qu'un arrangement banal fait de mémoire sans se soucier du texte.
Poderoso es el contrario.276.
Aqui ofensa y allí espada,286.
no tengo mas que decirte.
Y voy a llorar afrentas289.
mientras tú tomas venganzas.
Mi padre el ofendido! estraña pena!298.
y el ofensor el padre de Ximena!
Fin de phrase qui ne donne pas la construction du texte.
Yo he de matar al padre de Ximena.310.
Que mi sangre saldrá limpia.344.
Citation estropiée par Scudéry; voyez la deuxième section de l'Appendice, p. 221.
Haviendo sido348.
mi padre el ofendido,
poco importa que fuese (amarga pena!)
el ofensor el padre de Ximena.
Corneille, en citant ceci, omet à tort la parenthèse amarga pena! dont il s'est inspiré.
Confieso que fué locura,351.
mas no la quiero enmendar.
Y con ella has de querer373.
perderte?
Le pronom ella représente condicion de honrado du vers précédent. C'est ce titre qui défend à don Gormas de réparer le tort qu'il a commis.
Que los hombres como yo376.
tienen mucho que perder.
Y ha de perderse Castilla378.
antes que yo.
Aquel viejo que esta allí[554],398.
sabes quien es?
Habla baxo, escucha.398.
No sabes que fué despojos399.
de honra y valor?
Corneille a lu despojo dans une édition fautive.
Sí seria,401.
Y que es sangre suya401.
la que yo tengo en el ojo?
Sabes!
Il faut lire d'après une meilleure édition:
Y que es sangre suya y mia
la que yo tengo en los ojos,
sabes?
Y el sabello402.
qué ha de importar?
Si vamos á otro lugar403.
sabrás lo mucho que importa.
Depuis le vers 398, des numéros trop multipliés dans les renvois de Corneille séparent souvent ce qui se suit dans le texte. Scudéry avait donné sans interruption tout ce dialogue en remontant un peu plus haut que Corneille:
Conde.—Quien es?—A esta parte
quiero decirte quien soy.
—Que me quieres?—Quiero hablarte.
—Aquel viejo que está á parte [lisez está allí],
sabes quien es?—Ya lo sé.
Por qué lo dices?—Por qué?
Habla baxo, escucha.—Dí.
—No sabes..., etc.
Como la ofensa sabía,634.
luego caí en la venganza.
Justicia, justicia pido.647.
Rey, á tus pies he llegado.648.
Rey, á tus pies he venido.648.
Señor, á mi padre han muerto.652.
Scudéry avait indiqué une autre source au vers:
«Il a tué mon père.—Il a vengé le sien.»
Señor, mi padre he perdido.
—Señor, mi honor he cobrado.
Havrá en los Reyes justicia.653.
Justa venganza he tomado.654.
Yo ví con mis proprios ojos659.
teñido el luciente acero.
Yo llegué casi sin vida.667.
Escrivió en este papel676.
con sangre mi obligacion.
Me habló678.
con la boca de la herida.
Si la venganza me tocó,719.
y te toca la justicia,
hazla en mí, Rey soberano.
Castigar en la cabeza722.
los delitos de la mano.
Y solo fué mano mia724.
Rodrigo.
Con mi cabeza cortada729.
quede Ximena contenta.
Sosiégate, Ximena.739.
Mi llanto crece.740.
Que has hecho, Rodrigo?741.
No mataste al Conde?746.
Importábale á mi honor.747.
Pues, señor,748.
quando fué la casa del muerto
sagrado del matador?
.... Yo busco la muerte,752.
en su casa.
Y por ser justo,754.
vengo á morir en sus manos,
pues estoy muerto en su gusto.
[Ximena] está765.
cerca Palacio, y vendrá
acompañada.
Ella vendrá, ya viene.771.
La mitad de mi vida800.
ha muerto la otra mitad.
[Y] al vengar801.
de mi vida la una parte,
sin las dos he de quedar.
Descansad.803.
Qué consuelo he de tomar?805.
Siempre quieres á Rodrigo?809.
Que mató á tu padre mira.
Es mi adorado enemigo.810.
Piensas perseguille?825.
Pues como harás?846.
Seguiréle hasta vengarme,848.
y habré de matar muriendo.
Corneille a interverti l'ordre de ces vers, dont le second doit être le premier, comme fin d'une phrase antérieure.
Mejor es que mi amor firme849.
con rendirme,
te dé el gusto de matarme
sin la pena de seguirme.
.... Rodrigo, Rodrigo,852.
en mi casa!
—Escucha.
—Muero.
—Solo quiero
que en oyendo lo que digo
respondas con este acero.
Tu padre el Conde Lozano873.
........................
puso en las canas del mio
la atrevida injusta mano.
Y aunque me ví sin honor,879.
se malogró mi esperanza,
en tal mudanza,
con tal fuerza que tu amor
puso en duda mi venganza.
Scudéry ajoute ici quatre vers qui relient la citation précédente à celle qui correspond aux vers 886 et suivants du texte français:
Mas en tan gran desventura,
lucharon á mi despecho,
contrapuestos en mi pecho,
mi afrenta con tu hermosura.
Y tú, señora, vencieras,886.
á no haver imaginado
que afrentado,
por infame aborrecieras
quien quisiste por honrado.
Cobré mi perdido honor,897.
mas luego á tu amor rendido
he venido,
porque no llames rigor900.
lo que obligacion ha sido
Haz con brio903.
la venganza de tu padre,
como la hice del mio.
No te doy la culpa á ti908.
de que desdichada soy.
Que en dar venganza á tu afrenta911.
como caballero hiciste.
Le premier vers n'est pas indiqué par Corneille, mais il est donné par Scudéry.
Mas soy parte,940.
para solo perseguirte,
pero no para matarte.
Considera961.
que el dexarme es la venganza,
que el matarme no lo fuera.
Me aborreces?963.
—No es posible.
Disculpará mi decoro970.
con quien piensa que te adoro
el saber que te persigo.
Vete, y mira á la salida975.
no te vean....
.... si es razon976.
no quitarme la opinion
quien me ha quitado la vida.
Corneille a omis ce dernier vers, qu'il faut nécessairement ajouter à la citation, car il contient le sujet du verbe quitarme.
Mátame.980.
Déxame.980.
Pues tu rigor qué hacer quiere?980.
Por mi honor, aunque muger,981.
he de hacer
contra ti quanto pudiere,
deseando no poder.
Ay, Rodrigo, quien pensara....987.
Ay, Ximena, quien dixera....987.
Que mi dicha se acabara!988.
Quédate, iréme muriendo.993.
Vete, y mira á la salida997.
no te vean.
Ce dernier rapprochement n'est pas de Corneille, mais de Scudéry.
Es posible que me hallo....1025.
entre tus brazos?
Hijo, aliento tomo1027.
para en tus alabanzas empleallo.
Bravamente provaste, bien lo hiciste,1028.
bien mis pasados brios imitaste.
Le premier de ces vers n'est donné que par Scudéry.
Toca las blancas canas que me honraste.1036.
Llega la tierna boca á la mexilla1037.
donde la mancha de mi honor quitaste.
Alza la cabeza,1039.
á quien como la causa se atribuia
si hay en mí algun valor, y fortaleza.
Entendez á quien comme s'il y avait tú á quien. Le vers précédent, que nous complétons,
Dame la mano, y alza la cabeza....
tient à un assez beau mouvement de scène, qui n'est que dans l'espagnol. Le père s'est dit fier de s'incliner devant la gloire de son fils: le fils lui répond de relever la tête, en même temps qu'il lui demande sa main à baiser, en fléchissant le genou selon l'usage. Don Diègue réplique par ce vers, que Corneille a omis, mais qui est indispensable pour entendre suya de la phrase suivante:
Con mas razon besara yo la tuya.
Si yo te dí el ser naturalmente,1054.
tú me le has vuelto á pura fuerza suya.
Con quinientos hidalgos deudos mios1085.
sal en campaña á exercitar tus brios.
No dirán que la mano te ha servido1092.
para vengar agravios solamente.
REY DE CASTILLA. (Inexact; c'est le jeune Prince1222.
qui fait cette remarque.)
El mio Cid le ha llamado.
REY MORO.
En mi lengua es mi Señor.
REY DE CASTILLA.
Ese nombre le está bien.
REY MORO.
Entre Moros le ha tenido.
REY DE CASTILLA.
Pues allá le ha merecido,
en mis tierras se le den.
Llamalle el Cid es razon.1225.
En premio destas victorias1334.
ha de llevarse este abrazo.
Tanto atribula un placer,1350.
como congoxa un pesar.
Son tus ojos sus espias,1378.
tu retrete su sagrado,
tu favor sus alas libres.
Si he guardado á Rodrigo,1392.
quizá para vos le guardo.
Conténtese en mi hacienda,1738.
que mi persona, Señor,
llevaréla á un monasterio.
Ces deux derniers vers sont séparés dans le texte par celui-ci:
si no es que el Cielo la lleva,
vers qui n'est pas à dédaigner, et qui répond assez à ces mots: jusqu'au dernier soupir.
II
ANALYSE COMPARATIVE DU DRAME
DE GUILLEM DE CASTRO:
LA JEUNESSE DU CID
(LAS MOCEDADES DEL CID, PRIMERA PARTE[555]).
SOMMAIRE DE LA PREMIÈRE JOURNÉE[556].
1o Scène dans le palais de Fernand I er à Burgos. Brillante introduction: le jeune Rodrigue reçoit l'ordre de chevalerie des mains du Roi et des princesses en présence de la cour et de Chimène.
2o Séance du conseil. Le Roi motive et déclare le choix qu'il fait de don Diègue comme gouverneur de son fils. Arrogance et colère du comte Gormas; l'outrage fatal est infligé en présence du Roi.
3o Maison de don Diègue. Salle d'armes. Ses trois fils s'entretiennent au retour de la cérémonie. Don Diègue rentre, il les éloigne, et pour s'essayer à la vengeance il brandit la grande épée de Mudarra, devenue trop pesante pour ses mains; il lui faut pour vengeur l'un de ses fils; il les éprouve successivement: les deux plus jeunes ne savent que gémir quand il leur serre violemment la main; Rodrigue seul à qui il mord un doigt s'emporte et se montre capable du ressentiment que désire son père. Le vieillard, sans savoir son amour pour Chimène, lui confie l'épée et lui nomme son ennemi. Monologue de Rodrigue, sa douleur, sa résolution.
4o Place devant le palais et devant la maison de don Diègue. L'Infante et Chimène à une fenêtre du palais, s'entretenant de Rodrigue. Le fier Gormas passe; il confie à l'un de ses amis qu'il a quelque regret de sa violence, mais se montre résolu à ne point s'humilier par une amende honorable. Rodrigue armé le cherche; d'abord il se voit avec peine en présence des dames, obligé de répondre par des propos courtois aux compliments de l'Infante. Le Comte reparaît; provocation, de plus en plus animée: les dames, en les voyant de loin, s'alarment; don Diègue se montre debout devant sa porte, il échauffe de ses regards le courroux de Rodrigue. Le duel sur cette place même est rendu nécessaire par l'extrême insolence de Gormas. Le Comte, blessé à mort, tombe dans la coulisse. Chimène accourt avec des cris. Rodrigue résiste héroïquement à l'assaut de toute la suite du Comte, et l'Infante intervenant fait cesser ce combat.
REMARQUES.
Scène Ière. L'appareil sacré, les formules, les propos rapides de cette foule de personnages propre au théâtre de Valence, le premier qui ait été construit en Espagne, ne convenaient guère à notre poëte. Il écartera donc de son plan et la Reine et le Prince royal à qui cette histoire (c'est le titre, comme on sait, de beaucoup de pièces de Shakspeare) réserve un rôle assez marqué. Il se dispensera de faire de don Arias et de Peranzules des conseillers de cour, unis par des liens de parenté l'un à don Diègue, l'autre au Comte. Il invente un seul personnage, le pâle rival de Rodrigue, réservé pour être le champion malheureux de Chimène, et il l'appelle, on ne sait pourquoi, don Sanche, quoique ce nom soit celui du jeune prince espagnol.
Quant à la scène en elle-même, cette pompe trop extérieure n'est point nécessaire à son dessein.
Scène IIe. Celle-ci au contraire devait certainement lui convenir. Nous oserions affirmer que les circonstances du temps, les sévérités de Richelieu contre le duel, l'humeur susceptible de Louis XIII, ont seules empêché Corneille de transporter la fière dispute et le fatal soufflet dans l'intérieur du conseil et en présence de la majesté royale.
..... Conde tirano,
............................
la mano en mi padre pusisteis
delante el Rey con furor.
Ce sont les paroles de Rodrigue (empruntées à un vieux romance par l'auteur de la pièce). Corneille dit seulement:
«Ce que n'a pu jamais Aragon ni Grenade,
Ni tous vos ennemis, ni tous mes envieux,
Le Comte en votre cour l'a fait presque à vos yeux[557].»
C'est une combinaison propre à Corneille d'avoir supposé les deux pères instruits de l'amour de leurs enfants et disposés à le favoriser. Il en a tiré quelques traits remarquables, et le nœud devient par là plus complexe dès le commencement. Quant à la grande donnée du drame, nullement historique en elle-même, cet amour des deux jeunes gens antérieur à la querelle, Castro en a le mérite, mais ne paraît pas en être le premier inventeur. C'est au moins ce que donne à penser un mot du passage cité de Mariana (voyez p. 79), peut-être aussi quelques romances de date peu ancienne relativement, mais pouvant remonter au commencement du dix-septième siècle, époque de cette composition dramatique.
Dans la pièce espagnole la dispute des deux rivaux pour la prééminence a lieu en présence du Roi; c'est à lui que leurs arguments sont d'abord adressés, et cette circonstance ajoute à l'intérêt. Les vers suivants, non traduits, mais imités, que Corneille met dans la bouche du Comte, peuvent être cités comme un emprunt de plus à Guillem de Castro:
«Joignez à ces vertus celles d'un capitaine:
Montrez-lui comme il faut s'endurcir à la peine, etc.[558].»
Y quando al Principe enseñe
lo que entre exercicios varios
debe hacer un caballero
en las plazas y en los campos,
podrá para darle exemplo,
como yo mil veces hago,
hacer un lanza hastillas,
desalentando un caballo?
Mais après la réponse de don Diègue, la querelle proprement dite n'occupe que six vers, d'un dialogue fort entrecoupé, entre les deux adversaires et le Roi qui les rappelle au respect. Cette vigueur et cette rapidité étaient d'un fort bon exemple, et n'ont point l'inconvénient de ce mot un peu excessif: .... ne le méritoit pas[559]! qui donne au vieillard quelque tort de provocation.
Le jeu de scène qui doit suivre le soufflet n'est suffisamment indiqué ni dans l'un ni dans l'autre texte. Il est fâcheux que les grands maîtres ou leurs éditeurs (à remonter jusqu'aux Grecs) aient si souvent négligé ce genre d'indication. Dans le Cid de Corneille, la tradition théâtrale nous fait voir un duel à l'épée qui ne dure que quelques instants, le Comte faisant tomber tout d'abord l'arme des mains de don Diègue[560]. Celui-ci, dans l'espagnol, n'est pas armé peut-être, ou n'a pas recours à son épée. Il lève le bâton sur lequel il s'appuyait. Peranzules, cousin germain du Comte, lui retient le bras. Le Roi, indigné contre Gormas, appelle ses gardes, et ordonne qu'on l'arrête. Il nous faut continuer de deviner l'action scénique: Gormas ne se laisse pas arrêter, il tire probablement du fourreau son épée redoutable, et s'éloigne lentement en adressant au Roi des remontrances et des excuses hautaines, entre autres: «.... Pardonne à cette épée et à cette main de te manquer ici de respect.» Le Roi le laisse sortir, s'efforçant inutilement de le rappeler. «Oui, rappelez, rappelez le Comte, s'écrie énergiquement don Diègue, qu'il vienne remplir la charge de gouverneur de votre fils! etc. Llamadle, llamad al Conde..., etc.» Corneille cite ce mouvement sans expliquer comment il en a fait une éloquente apostrophe dans son fameux monologue: Comte, sois de mon prince à présent gouverneur ...[561], etc.
«Achève, et prends ma vie après un tel affront,
Le premier dont ma race ait vu rougir son front[562].»
De ces deux vers, l'un est trouvé par Corneille, l'autre provient du romance Pensativo estaba el Cid, que Castro a transcrit presque entier, notamment les mots imprimés ici en lettres italiques:
Todo le parece poco
respecto de aquel agravio
el primero que se ha fecho
á la sangre de Lain Calvo.
La scène royale, dans la pièce de Castro, se termine d'une manière que Richelieu n'eût pas plus admise que ce qui précède. Don Diègue se retire à son tour, songeant déjà à sa vengeance, et n'est pas non plus retenu par l'ordre du Roi. Celui-ci se laisse persuader par ses deux autres conseillers de renoncer à faire justice, de peur de compromettre envers un puissant vassal sa propre puissance. Le scandale pourra d'ailleurs n'être pas ébruité, et il espère vaguement assoupir cette querelle.
Scène IIIe. La salle d'armes de don Diègue. Nous n'avons pas besoin d'insister sur l'embarras et la difficulté d'illusion que s'impose Corneille en se refusant à déterminer les divers lieux de son action.
Don Diègue a trois fils; Rodrigue est l'aîné[563]. Les deux plus jeunes s'occupent à débarrasser le nouveau chevalier des armes qu'il a reçues, entre autres de l'épée du Roi, qu'il veut laisser suspendue au mur jusqu'à ce qu'il l'ait réellement gagnée par cinq batailles rangées. Dialogue élégant et paisible. Leur père arrive, sombre, égaré, tenant les deux fragments de son bâton qu'il a brisé. Son désordre émeut surtout Rodrigue, mais don Diègue ne veut point s'expliquer, et il exige que tous trois le laissent seul.
Son monologue fait penser, dès les premiers mots, à celui de Corneille[564]:
Cielos! peno, muero, rabio....
Le second vers, quoique s'adressant au bâton brisé qu'il jette à terre, a visiblement suggéré aussi les beaux vers (v. 255 et suivants): Et toi, de mes exploits glorieux instrument, etc.
No más, báculo rompido!...
«Va-t'en, bâton brisé, qui n'as pu servir de soutien ni à mon honneur ni à ma colère....» Suivent des traits d'un goût plus recherché. Le vieillard songe à se procurer une épée. Là est suspendue celle que lui transmit le fameux bâtard Mudarra, vengeur des sept infants de Lara, dans une héroïque histoire de l'âge antérieur. Ce glaive est un de ces grands espadons du moyen âge qui se manœuvrent à deux mains. Il le saisit dans l'espoir de l'employer à sa vengeance, et s'en escrime quelque temps avec de vains efforts: scène forte et naïve, à laquelle l'acteur pouvait donner un grand intérêt:
«Mais, ô ciel! je m'abusais.... à chaque coup de taille ou de revers, l'arme m'entraîne après elle.... ma main la tient bien ferme, mais par mes pieds elle est mal assurée.... Et voilà qu'elle me paraît de plomb.... et que ma force défaille[565].... et je tombe, et il me semble que le pommeau soit à la pointe.»
Si loin que nous soyons ici de Corneille, nous rencontrons toutefois des exclamations douloureuses dont il s'est souvenu:
O caduca edad cansada!
Estoy por pasarme el pecho....
Ah, tiempo ingrato, qué has hecho?
Il faut donc qu'il s'adresse à l'un de ses fils pour avoir un vengeur. Il les appelle successivement, les plus jeunes d'abord, pour les mettre à l'épreuve. Ce qu'il cherche en eux c'est l'énergie vindicative qu'il ne trouvera à son gré que chez Rodrigue. L'épreuve, pour Hernan Diaz, puis pour Bermudo, consiste à leur serrer les os de la main: les jeunes gens ne manifestent qu'une douleur plaintive, tandis que Rodrigue à qui son père mord le doigt, s'écrie: «Lâchez-moi, mon père, lâchez-moi à la malheure! Lâchez; si vous n'étiez pas mon père, je vous donnerais un soufflet.—D. Diègue: Et ce ne serait pas le premier!—Rodrigue: Comment?—D. Diègue: Fils de mon âme, voilà le ressentiment que j'adore, voilà la colère qui me plaît, la vaillance que je bénis....» Cette tirade, qui se prolonge, est une des plus belles de Castro, et Corneille a reconnu son obligation[566], malgré le noble détour par lequel il a su épargner à son public français le naïf récit des romances. L'autorité en était si absolue pour les Espagnols, que Castro, ici et ailleurs, semble se plaire à en copier le texte littéralement; et que même, chose assez bizarre, le traducteur espagnol du Cid français, quarante ans environ après Castro, Diamante, qui destinait sa traduction à la scène, n'a pas cru pouvoir se dispenser d'ajouter au dialogue de Corneille l'épreuve de la main serrée. Il traduit d'abord assez fidèlement le Rodrigue, as-tu du cœur?
DIEGO.
. . . . Tendrás valor?
RODRIGO.
Qualquiera otro que no fuera
mi padre, y tal preguntara,
bien presto hallára la prueba;
mais ensuite il imagine un long aparté de don Diègue pour motiver la nécessité de l'expérience corporelle; le vieillard demande pour faire amitié la main de son fils, qui s'agenouille; mais sentant sa main cruellement pressée, Rodrigue mord jusqu'au sang celle de son père. La traduction de Diamante se rattache ensuite à Corneille comme elle peut, mais en ayant bien soin de recommander l'épée de Mudarra. C'est ainsi qu'à cette époque on entendait le devoir des traducteurs; mais il faut s'en prendre aussi à l'exigence d'un public espagnol en un sujet consacré comme le Cid.
Revenons à l'œuvre intéressante de Castro[567].
Le petit vers: Aquí ofensa y allí espada, cité par Corneille comme emprunté par lui:
«Enfin tu sais l'affront, et tu tiens la vengeance[568],»
est un assez frappant exemple de la distance de l'action aux paroles qui sépare les deux poëtes. La vraie traduction de l'espagnol est dans le double geste du père, montrant d'abord sa joue visiblement meurtrie depuis le soufflet reçu, puis remettant aux mains de son fils l'épée de Mudarra. Nous ne pouvons plus savoir si pour réaliser le: Tu tiens la vengeance, Corneille conseillait à l'acteur de placer son épée dans la main de Rodrigue, comme un jeu de scène indiqué plus haut par ce vers:
«Passe, pour me venger, en de meilleures mains[569].»
Quand le vieillard épuisé par sa véhémence quitte Rodrigue, dont il ignore l'amour pour la fille du Comte, il semble moins précipiter sa retraite que le don Diègue français, qui n'attend pas un mot de réplique à sa fatale révélation: le père de Chimène[570]. Tout cela est à considérer comme matière d'étude et non dans un injuste esprit de censure.
Le monologue en stances, Percé jusques au fond du cœur[571], réclamerait un attentif parallèle avec l'espagnol. Là nous lisons aussi trois stances d'une coupe soignée, d'un mouvement et d'un refrain semblables, avec des rimes croisées d'une manière analogue et un peu plus artificielle encore, par le privilége de la poésie lyrique méridionale. Corneille eût pu citer au bas de la page:
Suspenso de afligido
estoy....
représenté par:
«Je demeure immobile, et mon âme abattue
Cède au coup qui me tue.»
En écrivant le vers:
«Et malheureux objet d'une injuste rigueur,»
notre poëte reste obscur ou inintelligible, là où l'espagnol est très-clair, puisqu'il entend parler de la rigueur injuste de la Fortune, dont il n'est rien dit dans le français.
. . . . Fortuna. . . .
Tan en mi daño ha sido
tu mudanza. . . . et plus loin. . . . tu inclemencia....
Rodrigue, après ce morceau lyrique, emprunte encore une trentaine de vers de romance, où il n'est plus question de son amour, mais où l'on aperçoit le germe du vers si connu:
«La valeur n'attend point le nombre des années[572];»
. . . . . pues que tengo
mas valor que pocos años.
Scène IVe. Le Comte, suivi de serviteurs armés, se promène avec son cousin Peranzules. Il convient, comme chez Corneille il avoue à don Arias[573], qu'il a eu le sang un peu chaud dans la querelle; mais il n'entend pas s'humilier en satisfactions.
Ici se place un emprunt que Corneille n'a pas dû signaler. Dans un temps où l'on punissait les duels, il ne pouvait conserver ces vers remarquables:
«Ces satisfactions n'apaisent point une âme:
Qui les reçoit n'a rien, qui les fait se diffame,
Et de pareils accords l'effet le plus commun
Est de perdre d'honneur deux hommes au lieu d'un[574];»
et en effet il les supprima avant l'impression. Dans la pièce de Castro cette superbe doctrine est développée par don Gormas avec moins de précision, mais avec vigueur:
PERANZULES.
. . . . Y no es razon
el dar tú....
CONDE.
. . . . Satisfaccion?
Ni darla, ni recibirla!
PERANZULES.
Por qué no? No digas tal.
Qué düelo en su ley lo escribe?
CONDE.
El que la da y la recibe
es muy cierto quedar mal:
porque el uno pierde honor,
y el otro no cobra nada.
El remitir á la espada
los agravios es mejor.
Suivent d'autres propos de raffiné duelliste: don Gormas compare toute excuse à une pièce de couleur douteuse, qui, recousue à l'honneur d'un homme, laisserait un trou à l'honneur d'un autre.
En somme, cette petite scène est toute d'emprunt dans Corneille. L'ami officieux agit, comme dans l'original, par commission du Roi, bien qu'ici le Roi n'ait pas été témoin de la querelle. Il reste à signaler certaines nuances qui caractérisent l'époque de Richelieu, soit dans ce vers de l'orgueilleux Gormas:
«Et ma tête en tombant feroit choir sa couronne[575],»
soit dans l'utile correctif des maximes de don Arias sur l'obéissance due au pouvoir absolu des rois.
Vient immédiatement le défi de Rodrigue, imité par Corneille, mais avec choix, et avec autant de vigueur que d'élévation. Tout ce qu'il élimine d'incidents accessoires, de mouvements scéniques compliqués, est presque inimaginable dans nos habitudes théâtrales, soit que le théâtre espagnol, ennemi de l'austère simplicité tragique, fût plus exercé à la mise en scène, soit que son public docile se contentât, à peu de frais, de moyens assez grossiers d'illusion.
Il faut supposer complaisamment la place assez grande pour qu'on s'y promène et qu'on y agisse séparément de divers côtés. Le défi et le combat, solitaires dans Corneille, vont avoir le plus de témoins possible. Les dames sont toujours à la fenêtre du palais; Chimène s'inquiète de l'air irrité de son père, puis s'alarme de la figure pâle de Rodrigue, qui survient en tenue de combat et armé de sa grande épée. Ignorant ce dont il s'agit, l'aimable Infante appelle l'amant de son amie, et l'engage en quelques propos de délicate galanterie qu'il interrompt par des aparté douloureux. C'est bien pis quand le Comte reparaît d'autre part, se promenant avec Peranzules et ses officiers (car il ne se soumet pas à l'ordre du Roi, qui lui a fait signifier de garder les arrêts dans sa maison). Déjà les regards courroucés se croisent de loin: nouvelles alarmes de Chimène; le trouble de Rodrigue augmente, dans une hésitation qu'il se reproche, et bientôt, sur le seuil de sa demeure, apparaît morne et sombre le vieux don Diègue, tournant vers son fils chancelant ses yeux pleins de fureur et sa joue meurtrie. Son ami don Arias l'interroge en vain; en vain de son côté Peranzules veut détourner le Comte de passer fièrement devant ses ennemis.... A ce moment Rodrigue se décide:
«(Pardonne, objet divin, si je vais, mourant, donner la mort!) Comte!—Qui es-tu?—Par ici; je veux te dire qui je suis. (Chimène, à part; Qu'est-ce donc? Ah, je meurs.)—Que me veux-tu?—Je veux te parler. Ce vieillard qui est là[576], quel est-il, le sais-tu?—Oui-da, je le sais. Pourquoi cette question?—Pourquoi? Parle bas[577]; écoute.—Dis.—Ne sais-tu pas qu'il fut un exemplaire d'honneur et de vaillance?—Soit.—Et que ce sang dont mes yeux sont rougis[578], c'est le sien comme le mien, le sais-tu?—Et que je le sache (abrége ton propos), qu'en résultera-t-il[579]?—Passons seulement en un autre lieu, tu sauras tout ce qu'il en doit résulter.—Allons, jeune garçon, est-ce possible? Va, va, chevalier novice; va donc, et apprends d'abord à combattre et à vaincre: tu pourras ensuite te faire honneur de te voir vaincu par moi, sans me laisser au regret et de te vaincre et de te tuer. Pour à présent laisse là ton ressentiment; car ce n'est pas aux vengeances sanglantes que peut réussir l'enfant dont les lèvres sont encore abreuvées de lait.—Non, c'est par toi que je veux commencer à combattre et à m'instruire. Tu verras si je sais vaincre, je verrai si tu sais tuer; mon épée conduite sans art te prouvera par l'effort de mon bras que le cœur est un maître en cette science non encore étudiée; et il suffira bien à mon ressentiment de mêler ce lait de mes lèvres et ce sang de ta poitrine.» Vives exclamations de Peranzules, d'Arias, de Chimène, de don Diègue brûlant d'impatience; car il paraît que Rodrigue a porté la main sur le Comte, soit en lui touchant la poitrine, soit en voulant l'empêcher d'avancer dans la direction qu'il a prise. «Rodrigue: L'ombre de cette demeure est inviolable et fermée pour toi.... (Chimène: Quoi, Monsieur, contre mon père!)—Rodrigue: Et c'est pourquoi je ne te tue point présentement.—(Chimène: Écoute-moi!)—Rodrigue: (Pardonnez, Madame; je suis le fils de mon père!) Suis-moi, Comte!—Le Comte: Adolescent, avec ton orgueil de géant, je te tuerai si tu te places devant moi. Va-t'en en paix: va-t'en, va, si tu ne veux que, comme en certaine occasion j'ai donné à ton père un soufflet, je te donne mille coups de pied.—Rodrigue: Ah, c'en est trop de ton insolence!» Interruptions rapides des divers témoins. «D. Diègue: Les longs discours émoussent l'épée.» Quand le combat commence, il s'écrie encore: «Mon fils, mon fils, en t'appelant ainsi, c'est mon affront et ma fureur que je t'envoie[580]!»
On passe en se battant dans la coulisse, d'où le Comte s'écrie: «Je suis mort!» Chimène a couru éperdue après son père. Mais une mêlée remplit de nouveau le théâtre; ce sont les gens du Comte réunis pour le venger contre Rodrigue seul, mais terrible. L'Infante, de son balcon, fait entendre sa voix, et arrête les assaillants. Rodrigue s'arrête aussi en lui adressant des paroles de respect, poétiques et chevaleresques, qu'elle accueille gracieusement. Les spadassins intimidés refusent de suivre Rodrigue pour renouveler plus loin le combat, et se dispersent. «O valiente Castellano!» s'écrie Urraque; et ainsi finit la première journée.
SOMMAIRE DE LA DEUXIÈME JOURNÉE.
1o Le palais du Roi. Chimène demande le châtiment de Rodrigue; don Diègue prend la défense de son fils.
2 o L'appartement de Chimène, où Rodrigue ose pénétrer et se montrer à Chimène, revenue du palais.
3o Un lieu désert, près de Burgos, où don Diègue revoit secrètement son fils, et lui confie une troupe des siens armée contre les Maures.
4o Une campagne et le château de plaisance où l'Infante, le soir, au balcon, voit passer Rodrigue allant en guerre, et lui adresse de tendres encouragements, reçus avec une courtoisie délicate par l'amant de Chimène.
5o Les montagnes d'Oca, au nord de Burgos, où la victoire du Cid sur les Maures est mise autant qu'il est possible en action.
6o Le palais du Roi, à Burgos, où d'abord le jeune prince don Sanche offre des traits singuliers de caractère, qui font prévoir son histoire future; puis arrive Rodrigue amenant le chef qu'il a fait prisonnier; Chimène alors reparaît en deuil, demandant encore sa vengeance dans les termes mêmes de l'ancienne ballade. Le Roi la congédie avec égards, et bannit Rodrigue en l'embrassant.
REMARQUES.
C'est ainsi que s'étend d'une manière illimitée le champ et le mouvement de l'action, que Corneille s'applique surtout à resserrer. C'est la lutte du poëme dramatique contre l'épopée. Corneille veut se conformer à des règles qu'il croit être celles de la raison et de l'antiquité, mais qui en réalité, comme on l'a compris seulement de nos jours, dérivent purement et simplement de la présence continuelle du chœur sur la scène grecque.
Scène Ière. Des six tableaux de la deuxième journée, le 1er termine le second acte de Corneille, le 2e et le 3e suffiront pour tout le troisième acte. Il faut bien convenir que notre poëte, en se refusant la grande représentation où tant de personnages sont en jeu, s'est condamné à relier son action par un certain nombre de petites scènes en quelque sorte de transition et un peu languissantes. Ainsi la nouvelle de la dispute des deux pères et celle du combat n'arrivent que successivement à Chimène et au Roi. Dans l'intervalle, Chimène, alarmée de la dispute, est faiblement consolée par l'Infante, trop intéressée, malgré son grand cœur, à la ruine des espérances de son amie. Le Roi dissimule à peine en un beau langage l'embarras de son autorité compromise. Un artifice manifeste fait intervenir dès lors le personnage de don Sanche, pour qu'il ne paraisse pas trop brusquement plus tard quand on en aura besoin. Même précaution pour faire annoncer par le Roi l'attaque probable des Maures, et de trop faibles dispositions de défense. Les deux poëtes vont se rejoindre au commencement de la seconde journée. Là, le Roi dans son palais vient à peine d'apprendre la catastrophe, qu'il voit entrer par deux portes différentes Chimène et don Diègue, l'une tenant à la main un mouchoir trempé du sang de son père, l'autre décoré des traces du même sang dont il a frotté sa joue pour en laver l'affront. Ce sont deux traits des anciennes coutumes. Les deux personnages ont pu se rencontrer auprès de la victime: c'est à l'orpheline de réclamer vengeance aux pieds du Roi, au père vengé de défendre son fils. Voilà une situation, un très-bel antagonisme dramatique et oratoire; le triomphe appartient incontestablement à l'éloquence de Corneille; mais il est juste de rapporter l'invention à Castro, car les romances n'offraient à celui-ci que des démarches isolées, réitérées de la part de Chimène auprès du Roi, avec les naïves doléances propres à l'épopée du moyen âge. Castro reproduira plus loin ces souvenirs disparates: ici il invente en une poésie âpre, sans ampleur quoique assez ampoulée, la dispute entre la vengeance invoquée et la vengeance satisfaite. Ce que Corneille a cité d'espagnol suffisait à sa loyauté; mais nous cherchons dans le texte des Mocedades ce qui peut s'ajouter à ses citations, comme l'ayant inspiré, comme motif saisi par lui, et librement traité, corrigé hardiment.
«Je l'ai trouvé sans vie. Excusez ma douleur,
Sire, la voix me manque à ce récit funeste;
Mes pleurs et mes soupirs vous diront mieux le reste[581].»
Cette douleur filiale manque chez Castro, où on la trouve absorbée tout entière dans l'esprit de vengeance, point d'honneur de la jeune fille espagnole. Chimène a pourtant des larmes, que le poëte français a épurées, comme on va voir. Elle présente le mouchoir sanglant: c'est d'abord ce qu'il faut noter pour entendre la citation y escribió en este papel, texte d'un heureux contre-sens: son sang sur la poussière[582].... Ce mouchoir est le testament écrit de son père, et elle dit au Roi en s'agenouillant: «Ces lettres qui sont empreintes dans mon âme, je veux les exposer à tes yeux: elles attirent dans les miens, comme un aimant, des larmes vengeresses, des larmes d'acier:»
A tus ojos poner quiero
letras que en mi alma están,
y en los mios como iman
sacan lágrimas de acero.
La phrase suivante de Castro eût assez bien comporté une citation textuelle de Corneille, car il n'a corrigé que tard, en 1660, l'imitation qu'il en avait faite.
«Immolez, non à moi, mais à votre couronne
...........................................
Tout ce qu'enorgueillit un si haut attentat[583].»
Sa première leçon, longtemps conservée, disait:
«Sacrifiez don Diègue et toute sa famille,
A vous, à votre peuple, à toute la Castille.»
C'était bien l'entraînement du texte espagnol: