The Project Gutenberg eBook of Florante

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Title: Florante

Author: Francisco Balagtas

Translator: Epifanio De los Santos

Release date: April 3, 2005 [eBook #15531]
Most recently updated: December 14, 2020

Language: Spanish, Tagalog

Credits: Produced by Tamiko I. Camacho, Pilar Somoza and PG
Distributed Proofreaders, from page scans provided by
University of Michigan. Special thanks to the Music Team
for their work on the musical scores.

*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK FLORANTE ***
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Florante


FLORANTE


VERSIÓN CASTELLANA DEL POEMA TAGALO
CON UN ENSAYO CRÍTICO


POR


EPIFANIO DE LOS SANTOS



REIMPRESO

DE LOS NÚMEROS 7 Y 8 DE

THE PHILIPPINE REVIEW
DE 1916

POR
GREGORIO NIEVA, Editor y Propietario

MANILA




VIDA

DE

FLORANTE Y LAURA


En el Reino de Albania, deducida de la historia o
crónica pintorescade las gestas del antiguo Imperio
Heleno y versificada por un amante de la Poesía Tagala



ÍNDICE

A CELIA
AL LECTOR
COMIENZO DE LA NARRACIÓN
BALAGTÁS Y SU FLORANTE
RASGOS BIOGRÁFICOS
FLORANTE, NOLI, PRECURSORES Y TRADUCTORES
CASTELLANISMOS DEL POEMA
VERSIFICACIÓN DEL POEMA
OBSERVACIONES
CONCLUSIÓN

A CELIA

1.


Cuando en el pensamiento torno a leer,

de nuestros amores los idos días,

¿habría acaso imagen grabada en él,

que no fuera Celia, la que puso nido en mi pecho?


2.


Aquello, Celia, que solía infundirme pavor

que a amor pusieses en olvido,

abismó a este infortunado

en la honda breña del dolor.


3.


¿Olvidaría, por ventura, de leer

los tiempos idos de nuestro cariño,

el amor de que me hiciste objeto

y mis desvelos y desventuras?


4.


Pasó el día asaz dulcísimo;

tan sólo quedó amor;

anhelo supremo atenazará mi pecho

hasta que en la fosa mi cadáver descanse.


5.


Hoy que la orfandad entristece mi alma,

lo que hago para divertir la pena

es recordar tiempos idos,

con tu imagen, y la entrevista felicidad.


6.


Imagen trazada por pincel amante,

grabada en el corazón y en el entendimiento,

prenda única confiada a mi custodia

y que no será robada ni en la sepultura.


7.


Mi alma, de suyo, vaga

por las revueltas y barrios hollados por sus plantas,

y a los ríos, no profundos, de Beata e Hilom,

mi corazón enamoradizo suele emigrar.


8.


Mi fantasía suele apoyarse

en el pie de la manga, donde pasábamos,

y con los colgantes frutos que deseabas coger

dar alivio a mi corazón huérfano.


9.


Mi ser todo se iba

en suspiros cuando tú enfermaste,

las desesperaciones se me volvían cielo,

Paraíso también la llovediza habitacioncilla.


10.


Adoraba tu imagen

en el Macati río donde se reflejaba;

rastreaba también en el bullicioso embarcadero,

sobre la piedra del piso, las impresiones de tus plantas.


11.


Vuelven, y como si tuviese delante,

aquí, los venturosos tiempos,

cual madrugador bañista que se aprovecha del agua dulce

antes de enturbiarla la salobre del mar.


12.


Creo aún oir tu decir favorito:

por tres días no se ha dado en el blanco
,

a que contestaba jubiloso;

¡y para una persona hay tanto en mantenimiento!


13.


Cierto que nada hay que no recuerde

mi pensamiento de la huida alegría

que sólo de imaginarla corren mis lágrimas

al tiempo que gimo "¡Oh, qué infortunio!"


14.


¿Dónde estás, Celia, alegría del vivir?

Y nuestro amor ¿por qué no echó raíces?

¿Dónde está el tiempo en que una mirada tuya

era mi vida, alma y cielo?


15.


¿Por qué, cuando nos separamos,

no se cortó el hilo de mi maldita existencia?

Tu memoria es mi muerte,

porque en mi corazón, Celia, eternamente vives.


16.


Esta aflicción sin tasa,

por causa tuya, o por la dicha que huyó,

es la que me invita a cantar,

narrar la vida de un infortunado.


17.


Celia, harto comprendo cuán tímida

e ignorante mi musa, y cuán melancólico es su canto,

sobre baladí, asperísimo;

mas, séanle propicios tus oídos y entendimiento.


18.


Es el primer fruto de mis cortos alcances,

que ofrendo a tus nobles huellas;

recíbelo, aunque, de valer, ajeno,

porque viene de un corazón sincero y amante.


19.


Aun cuando vaya e insultos hagan carne en ella,

mis desvelos serán bien pagados,

si su lectura te arranca un sollozo

que recuerde al ofrendador.


20.


Alegres ninfas de la laguna Bay,

sirenas de canción inefable,

a vosotras hoy os invoca,

con harto dolor, mi pobre musa.


21.


Surgid a la ribera y márgenes circundantes,

y acompañad con vuestra lira mi pobre canción,

que, aunque la parlante vida se corte,

es su deseo que el fiel amor cunda.


22.


Tú, flor de mis ensueños,

Celia, que llevas por divisa M. A. R.,

a la Virgen Madre ora

por tu devoto servidor que es F. B.



AL LECTOR

1.


Gracias a tí, lector querido,

si a mis desvelos das valer;

que la poesía, aunque brote de mi caudal escaso,

la aprovechará quien sondearla quiera.


2.


Si a las primeras de cambio parece acedo y acre,

por la agrura e inmadurez de la corteza,

pruebe la vainilla pulposa del fruto

y catará sabor agradable el docto lector.


3.


No pretendo estima en demasía,

haga chacota y ludibrio de mis pobres versos;

haz lo que quieras, que el arpa está en tus manos,

pero no cambies únicamente el verso.


4.


Si a tu lectura hallas verso impropio,

antes de darlo al raspadillo, o por erróneo,

examínalo bien de arriba a abajo,

y lo verás limpio y correcto.


5.


Si viene, anotado, cualquier pie de verso,

si no lo entiende porque es un erudito decir,

fije la vista hacia abajo,

y comprenderá todo su sentido.


6.


Hago punto aquí, ¡oh lector discreto!

Así no me pase lo de Segismundo,

que un tan dulce y sabroso lenguaje

trocó en salobre, a fuerza de cambiar el verso.



COMIENZO DE LA NARRACIÓN

1.


Érase un sombrío, melancólico bosque,[1]

maraña sin intersticios de espinoso bejuco;

donde con harta fatiga pugnaban los rayos de Febo
[2]

por visitar su interior de sobejana espesura.


2.


Gigantescos árboles daban allí

tan sólo apesaramientos, congojas y tristura;

canto todavía de las aves ponía espanto

al ánimo más sereno y regocijado.


3.


Cuantas yedras sarmentosas se enredaban

en las ramas, iban armadas de púas;

y las frutas, afelpadas, picaban

al que se acercaba y las tocaba.


4.


Las flores de los enhiestos árboles,

paramentos salientes de las hojas,

eran negras y armonizaban

con el olor que producía vértigos.


5.


En su mayoría cipreses y bajunas higueras,[3]

cuya sombra abochornaba,

sin frutos y de anchas hojas

que oscurecían el interior del bosque.


6.


Todavía, los animales que aquí pululaban

eran en su mayoría serpientes y basiliscos en abundancia,

hienas y tigres carnívoros, que así devoraban

al hombre como a los de su especie que vencían.


7.


Este bosque hallábase a la vera de la puerta

del Averno,
[4]
reino del huraño Plutón,
[5]

y sus dominios regaba

el río Cocito de venenosas aguas.
[6]


8.


Hacia el centro de este mustio bosque

se levantaba una higuera de desteñidas hojas;

aquí estaba atado el infortunadísimo

a quien su mal sino persiguió.


9.


Su continente era de mancebo,

a pesar de tener manos, pies y cuello sujetos,

si no era Narciso,
[7]
era verdadero Adonis,
[8]