NOTAS:

[1] Para conocer estas poesías, su argumento y su mérito, puede leer el curioso dos artículos dedicados é su exposición y crítica, que se publicaron en el Tägliche Rundschau de 26 de abril y 2 de agosto de 1885, firmado el primero por Ernesto Koppel, y el segundo por Federico Bodenstedt.

[2] Véase la obra del Dr. F. W. Rogge, titulada Eine literarische Skizze, Berlín, 1883, Verlge von Otto Janke.

[3] Allá va una prueba: Ochoa fija en 1641 el nacimiento de Francisco de Rojas, cuando el primer volumen de la colección general de sus comedias apareció en 1640, y cuando Montalván, en su Para todos (Huesca, 1638), le nombra entre los célebres dramáticos. El yerro de Ochoa es tanto menos disculpable, cuanto que en dicho artículo apela al testimonio de Montalván, cuya muerte, ocurrida en 1639, debía serle conocida: lo peor es que ese mal compilado tesoro tiene cierta autoridad entre muchos, y que sus errores han pasado por esta causa á otros libros.

[4] Parécenos oportuno añadir aquí, que Moratín, creyendo acaso que es preferible para escribir una historia útil y verdadera ilustrar poco á poco sus principales períodos, publicando monografías extensas, esmeradas é interesantes, que facilitasen después á historiadores universales su trabajo, se limitó á investigar los orígenes del teatro español, dejando al cuidado de escritores posteriores la continuación de tan patriótica empresa, cuya primera y más difícil parte realizó con tanta gloria suya. ¡Lástima grande que diera á sus orígenes la forma de un simple discurso, y que su estilo conciso y nervioso en demasía, no ofrezca al lector aclaraciones y ampliaciones más latas y ordenadas, no obstante la selecta erudición y recto juicio que después resplandece en sus notas!—(N. del T.)

[5] J. Cristóbal Gottsched, natural de un pueblo inmediato á Koenigsberg (Prusia), enseñó literatura en Leipzig en la primera mitad del pasado siglo. Laborioso, paciente y muy erudito, proponía como modelos únicos, dignos de imitación, las obras clásicas de la antigüedad y de los franceses, insistiendo en la necesidad de escribir con claridad, pureza, elegancia y corrección; sostuvo con Bodmer largos años continuas y acres polémicas literarias, porque este decidido partidario de Milton y Shakespeare miraba la crítica de Gottsched como pobre, dañosa y estrecha, creyendo que la imaginación del poeta debía campear más libremente, dando la preferencia al fondo de sus obras sin cuidarse de su forma. Los sectarios de Gottsched se denominaron gottschedianos ó leipzigianos, y los de Bodmer, bodmerianos ó suizos. Gottsched, como poeta, es frío, sin nervio, sentimiento, ingenio ni imaginación, aunque castizo siempre y correcto en su lenguaje. Escribió odas, epístolas, elegías y tragedias, y en prosa un ensayo de arte poético y un tratado de elocuencia académica, en los cuales tuvo la singular modestia de insertar ejemplos en verso y prosa sacados de sus obras, y además otros libros de filosofía y bellas artes. Su esposa, la señora Kulmus, es tan célebre como él, porque escribió también en prosa y verso, y porque sabía griego, latín, inglés y francés. Quien desee conocer mejor la influencia de Gottsched en la literatura alemana, puede consultar el Handbuch der Geschichte der poetischen National-Literatur der Deutschen de Gervinus, págs. 200 y siguientes, 236 y 37; la Geschichte der Deutschen National-Literatur de A. L. C. Vilmar I. 256, II, 68, 69 y siguientes, 94 y 126, el Lehrbuch der deutschen Literatur de Friedrich Rossell II, 259 y 60, ó la Histoire de la Littérature allemande de M. Em. Lefranc, págs. 80 y siguientes.—(N. del T.)

[6] Heldenbuche ó Libro de los héroes, publicado hacia la mitad del siglo xv, por Gaspard de Roen, en donde se compilan muchas canciones heróicas alemanas, aunque casi todas considerablemente alteradas.—(N. del T.)

[7] V. á Ticknor, History of Spanish Literature, página 31, t. I. London, 1863.—(N. del T.)

[8] Augusto, conde de Platen Hallermünde, nació en 1796 en Ausbach, vivió casi siempre en Italia, desde 1826, y murió en Siracusa en 1835.—(N. del T.)

[9] Carlos Leberech Immermann nació en Magdeburgo en 1796, y murió en Dusseldorf en 1840, autor también de una novela satírica, titulada Münch hausen.—(N. del T.)

[10] La historia de esta traducción es la siguiente. En el año de 1863 se publicó en Madrid un periódico, titulado La Gaceta Literaria, cuyo propietario y director era el Sr. D. Felipe González Vallarino, y cuya parte literaria se había confiado por éste al traductor de la presente obra. El propietario de dicho periódico, entonces joven, ilustrado y deseoso de servir, aun á costa de sus intereses pecuniarios, á las letras españolas, no perdonó medio lícito ni sacrificio posible en dar á su periódico importancia y agrado. Con este objeto invitó á los escritores más distinguidos de aquella época, entre los cuales recordamos ahora á Hartzenbusch, Selgas, Catalina (Don Severo), Cañete y otros varios, á que colaborasen en La Gaceta. Además, con el mismo propósito loable, publicó también á su costa el tomo I de la Historia de la Literatura y del Arte dramático, de Schack, viéndose, sin embargo, obligado á suspenderla juntamente con la del periódico, porque, como es sabido, empresas generosas de esta índole son imposibles en España, faltando público que las favorezca, capitales que las protejan y editores que se arriesguen á terminarlas.

El traductor de esta historia hizo después cuanto estuvo en su mano para continuar la publicación de la misma, no habiendo podido lograr, á pesar de sus esfuerzos, el raro hallazgo de un editor, que, haciendo caso omiso de noveluchas y libros insignificantes, pero de venta inmediata y más segura, se expusiese á dar á la estampa una obra entonces tan nueva é importante como esta, pero que exigía hacer previamente gastos de alguna consideración, y que, á pesar de lo muchísimo que honra á España, habría acaso de venderse con más lentitud de lo que pide la codicia y el afán poco escrupuloso de lucro.

Algunas páginas del tomo II (unos tres pliegos de impresión), vieron después la luz en el folletín del periódico El León Español. Más tarde, y empeñado el Sr. D. Antonio Cánovas del Castillo en que se imprimiese en castellano esta Historia, habló con interés á un editor y librero de Madrid, de cuyo nombre no hay necesidad de acordarnos, para que acometiese esta descomunal empresa. En efecto, este personaje habló sobre dicho objeto con el traductor, quedando con él en completo acuerdo sobre todo lo relativo á tan difícil asunto. Se revisó, pues, el tomo I, ya publicado, se le hicieron algunas innovaciones y adiciones, se le pusieron más notas, se distribuyó en capítulos, etc..., y cuando ya estaba pronto para la impresión, y hasta escrito y firmado el recibo de pago de su propiedad, faltando sólo que el editor se llevase el original para la imprenta, se presentó éste en casa del traductor para participarle que había variado de resolución, y que ya no lo publicaba. Esta informalidad inexplicable, puesto que no se dió razón alguna que siquiera la disculpara, merecía seguramente, cuando menos, alguna agria censura y justa reconvención; pero ni aun ese desahogo fué permitido al atónito traductor, por cuanto el editor comenzó su discurso de entrada diciéndose á sí mismo todo lo que en otro caso le hubiera dicho el traductor, y ya se sabe que, cuando dos se proponen reñir por algún motivo, y el culpado descarga sobre sí mismo, como artículo de previo pronunciamiento, la ira y los denuestos que competen á su adversario, éste se queda desarmado y reducido al más profundo silencio.

Por último, cuando había ya motivo sobrado para desesperar por completo de la publicación de este libro, la tomó á su cargo el Sr. D. Mariano Catalina, que tantos servicios ha hecho á la literatura española con su notabilísima Colección de escritores castellanos. El traductor se puso inmediatamente en comunicación con el autor, deseoso de que contribuyese con su saber y su erudición en esta materia al mayor lustre de la versión de su obra al castellano, y con el propósito de hacer en la misma todas las variaciones necesarias ó útiles en su fondo y en su forma, ó en lo principal y en lo accesorio. Por desgracia la edad del Sr. Schack (setenta años), y sobre todo la enfermedad en los ojos que padece, lo imposibilitan por completo consagrarse á este trabajo, que ha de ser personal y que no puede ni debe delegarse.

Así, aunque el traductor tiene licencia escrita del mismo Sr. Schack, para hacer en su libro todas las correcciones y variaciones que estime convenientes, no se propone usar de ellas sino con la mayor sobriedad y parsimonia, para no desnaturalizar su índole ni disminuir su mérito, y porque entonces, en vez de ser un libro escrito por un extranjero en honra y loor de España, perdería este carácter que tanto lo enaltece á nuestros ojos.

Conste, pues, que si ahora, al fin, se publica en castellano la Historia de la Literatura y del Arte dramático en España, escrita (¡oh vergüenza!) desde el año de 1845, esto es, hace cuarenta años, se debe única y exclusivamente al Sr. D. Mariano Catalina.

Por lo demás, no se crea que, á pesar del tiempo transcurrido desde que vió la luz en lengua tudesca, ha perdido en lo más mínimo su interés. Los conocimientos tan vastos como profundos y selectos del autor; su buen gusto literario; su inmensa erudición y el cariño ferviente que profesa á España y á su literatura dramática, y sobre todo su buen juicio en todas las cuestiones que trata, hacen de su libro un monumento interesante de crítica histórica, que tendrá siempre valor y estimación. Las obras, que se han escrito después, y las ilustraciones tan valiosas que, á diversos puntos de la literatura dramática española, han hecho Hartzenbusch, Don Cayetano Alberto de la Barrera, Mesonero Romanos, D. Manuel Cañete, Menéndez Pelayo y otros muchos que no mencionamos, no alteran en lo más substancial las ideas y apreciaciones emitidas por el Sr. Schack, y su libro es hoy casi tan nuevo como lo fué al publicarse en el año de 1845.—(N. del T.)

[11] Solís, Conquista de Méjico, lib. III, cap. 85.—Garcilaso de la Vega, Comentarios Reales, lib. II, cap. 23.—Dumont d'Urville's Reise um die Welt, deutsche Ausgabe, Band II, S. 151.

[12] Cook's und Clerke's Tagebuch einer Entdeckungsreise nach der Südsee mit Ammerkungen von Fooster, S. 136.—Dumont d'Urville, a. a. O., Band I, S. 267.—Journal historique de M. Lesseps an Kamtschatka, páginas 101 á 104.

[13] Clapperton, Journal of a second expedition into the interior of Africa (London, 1839).—Choris, Voyage pittoresque autour du monde, pág. 9.

[14] A. Burnes, Travels into Bokhara, vol. II.—Cyries Malerische Reise in Asien, deutsche Ausgabe, S. 120.—Milbert, Voyage pittoresque á l'Ile de France, tomo II, pág. 183.

[15] La palabra griega de que se ha derivado esta, significa intérprete (v. gr. de oráculos), bribón, disimulado, actor.—(N. del T.)

[16] Benares Illustrated by James Prinsep. London, 1831-32, 3.ª serie.

[17] Sir H. Jones Brydges, Mission to the court of Persia. London, 1834, vol. I, págs. 124 y siguientes.

[18] Palabra de origen griego, que significa acción de cantar solo, aria.—(N. del T.)

[19] Aristót., de Poét., cap. 4.º, 6.—Dióg., Laert. Plat., lib. III, 56.

[20] Distintas denominaciones de los actores, según representaban papeles de dioses, héroes ó sátiros, y más tarde de personajes privados.—(N. del T.)

[21] Carlos Magnin, en sus Origenes du Theatre (París, 1838), tomo I, trata con extensión de este punto, si bien la primera parte de su obra, que tanto promete, sólo habla exclusivamente del teatro antiguo, y no hay que abrigar la más leve esperanza de que aparezcan algún día los restantes volúmenes que faltan. De aquí que le debamos importantes indicaciones, relativas al método que debe seguir el investigador de los primeros albores del drama.

[22] Tertul., Ad nationes, lib. I, cap. 10.—Martial, De spectaculis. Epigr. 7.

[23] Aunque la Historia secreta de Procopio, protegido de Belisario y prefecto de Constantinopla bajo Justiniano, que cita el Sr. Schack, es de grande interés para los que desean conocer á fondo el reinado del gran legislador de Oriente, debe tenerse en cuenta que tampoco merecen entero crédito sus infames y ocultas venganzas de los que tanto lo favorecieron antes, las cuales prueban el extremo de degradación á que llegan á veces los hombres, y las incalculables contradicciones á que los arrastran el interés, la adulación, el miedo y la rabiosa ira.—(N. del T.)

[24] V. las Anécdotas en el lib. IX de Suidas, tomo III de Kuster, y las Menagina, tomo III, páginas 254 á 259.

[25] Tertul., De idolatría, cap. 2.º, y Passión.

[26] Tertul., De spectaculis.

[27] Arnob., lib. VII, Disput. adversus gentes.—Sidonius, lib. III, cap. 13.—Agustín, Confes., III, 2.—De vera religione, cap. 22.—Salvianus, De gubernatione Dei, VI, cap. 138 y siguientes, ed. Oxon, 1733.—Isidor. Carthag., Etymolog., lib. XVIII.

[28] Cyprian. Epist., 103.—Lactant. Instit. div. I, 20.

[29] Tertul. Opp. ed. Semler, tomo IV, cap. 10, 16.

[30] Crysost. Homil. 7 in Matthæum, 113 y siguientes.

[31] Minut. Fel. in octav, cap. 37.

[32] Cod. Theod., lib. XV, tít. VII, lib. IV y VIII.—Cod. Justin., lib. V, tít. XVII, lib. VIII.—Nov. CXV, cap. 3, 10.—Synod. Carthag. (en el año 398 de J. C.)—Synod. Illiber. (en el año 305 de J. C.)

[33] Bibliotheca patrum, tomo I.

[34] Augusti, Christliche Archeologie, B. 1, S. 229, nota 329.

[35] Chronicón Turonense, por Martene, tomo IV, Collectio amplissima, pág. 924. Hildeberto de Tours describe así la manera con que se cantaba este himno:

Angelicum pos hæc sacrifex pater incipit chorum,
Incœptum complet vociferando chorus.
Incipiat, memoret quæ salvatoris in ortu
Gaudia pastores Angelus edocuit.
Cantica quæ pos hunc superi cecineri recenset
Gloria, quam complet vociferando chorus.

La traducción de estos versos latinos, que no se halla en el texto alemán, es la siguiente: «Después de esto, el ministro que celebra el sacrificio, comienza el coro angélico, que completan los fieles (chorus) en alta voz. Recordará al empezar la alegría que infundió en los pastores el Angel anunciador del nacimiento del Salvador. La Gloria, que completará el coro con sus voces, repetirá los cánticos, que entonaron después los habitantes del cielo.»

[36] Augusti I. c. S. 272 y 305.

[37] Ser. IV, d. Epiphan. Domini et de Innocentibus, págs. 138 y 139. Ved á Augusti I, c. S. 309.

[38] August. Opp., tomo IV, Append., págs. 361 y siguientes.

[39] Officium Syr. Rom., 1656, pág. 625.—Ephraim. Opp., tomo VI, págs. 601 á 603.

[40] Augusti, Th. II, S. 44 y siguientes.

[41] Epiphanii, Opp. Ed. Petar., París, 1622. fol., tomo II, págs. 251 á 258 y 301 á 303.

[42] Oratio in sacrum Parasceves diem, ed. Augusti. Bonnæ, 1820.

[43] Gregor. Nacianz., Opera, V. II, páginas 253 y siguientes. Col., 1690.

[44] χριστος παοχων (Cristo Paciente) Gregorio Nacianceno, Adjudicetur quæstionum patris, biga Vratislariæ, 1816, IV, páginas 10 y siguientes.—Augusti, L. c., vol. V, pág. 341.—V. Valkenær, Præf. ad Euripid. Hippol., págs. 11 y siguientes, y Fabric., Bibl. Gr.

[45] Sozom., Hist. eccl., lib. V, cap. 18.

[46] Catál. n. XV in Assemanni Biblioth. Or., tomo III, P. I, pág. 24.

[47] Collier, History of english dramatic poetry and Annals of the stage, vol. I.—Voltaire, Essai sur les mœurs et l'esprit des nations.

[48] August., Serm. 311 in Natal. div. Cypriani.

[49] Binterim, Denkwürdigkeiten der katholischen Kirche, P. IV, tomo I, pág. 555.

[50] Quint., De oratoribus, C., 9, 11.—Plim., Epist. VII, 17.

[51] De dos palabras griegas, que significan oro y plata.

[52] Voss., de Hist. Gr., II, 21, pág. 319.—Fabr. Bibl. Gr., tomo II, pág. 325; VI, pág. 380.

[53] Marc. Aurel., lib. XI, párr. 56.—Müller., Comment. de genio, moribus et luxu ævi Theodosiani.—Gotting., 1798, pág. 91.—Procop., Hist. arc., cap. 9, página 70.

[54] Athenæus, lib. XIV, págs. 615 y siguientes.—Xenoph., Sympos., cap. 1.º, párr. 12, y cap. 4.º, párr. 50.—Juven., sát. XIV, versos 301 y siguientes.—Quinct., libro X. cap. 7.º, párr. 11.—Séneca, epist. 45, etc.

[55] Aristophan., Nub., v. 1, 364 y siguientes.—Schol., ibid.—Xenophonte, Sympos., cap. 9.º—Macrob., Saturn., lib. II, cap. 9.º, pág. 359.

[56] Plutarch., Syll., párr. 36.—Cicer., Philipp., II, párrafos 24 y 27 y siguientes.

[57] Tit. Liv., lib. XXXIX, cap. 6.º—Suet., Domit., cap. 7.º—Plinio, lib. VII, ep. 24.—Macrob., Saturn., lib. II, cap. 7.º

[58] Ammianus, lib. XIV, cap. 6.º—Vopisc., Carin., cap. 16.—Memoires de l'Academie des inscriptions, tomo I, págs. 121 y siguientes.

[59] Cassiod., lib. IV, ep. 51; lib. I, ep. 20.

[60] Riccoboni, Hist. du theatre italien, tomo I, páginas 21 y siguientes.—Sin embargo, parece errónea la etimología de la palabra sanni (nombre común de las máscaras italianas), derivada del mímico romano Sannio. Es más probable que sanni sea corrupción de Gianni, esto es, Juan.

[61] Pollux, Onomast. lib. IV, cap. 18, segm. 117.

[62] Riccoboni, tomo II, pág. 317.—En Ficoroni, Le maschere sceniche e le figure comiche degli antichi romani, pág. 48, se ve un grabado de la estatuita de un macco, viva imagen de Polichinela, hallada en el año de 1727.

[63] Conc. Turon. III, can. 7. Sacerdotes histrionum turpium et obscœnorum insolentias jocorum effugere jubentur. (Absténganse los sacerdotes de las torpezas é insolente obscenidad de los histriones.)—(T. del T.)—Sin duda este canon, como observa Muratori (Antiquitates Italiæ, tomo II), es también del antiguo concilio de Laodicea. ¿Y por qué razón había de repetirse en éste, no existiendo la causa que lo produjo en el otro?

Conc. Aquisgranense d. a. 816, can. 83: Quodnon oporteat sacerdotes aut clericos quibuscumque spectatulis in scenis aut in nuptiis interesse. (Porque no conviene que los sacerdotes ó clérigos asistan á ninguna clase de espectáculos, ya escénicos, ya en celebridad de bodas.)—(T. del T.)

[64] También en una crónica antigua de Milán se habla de un teatro, super quo histriones cantabant sicut modo cantatur in Rolando et Oliverio. Finito cantu, bufoni et mimi in citharis pulsabant et decenti motu corporis se circumvolvebant. (En el cual cantaban los histriones como ahora se canta en Rolando y Oliverio; y acabado el canto, los bufones y mímicos pulsaban las cítaras y danzaban en círculo moviendo sus cuerpos con decencia.)—(T. del T.)—Muratori, Antiquitates Italiæ, tomo II, pág. 840.

[65] Muratori, l. c.—Du Fresne dice en su Gloss., que mimus, en el latín de los monjes, sólo significaba el músico; lo cual, en tal extensión, es indudablemente falso. Aunque ya esta voz hubiese perdido la significación estricta, que tuvo entre los romanos, muchos documentos que la usan, especialmente cuando hablan de spectacula mimorum, no indican ni con mucho que los mimi de la Edad media cantasen haciendo gestos mímicos, ni que expusiesen sus relaciones ni aun semi-dramáticamente. La palabra histriones, que se encuentra con tanta frecuencia en las obras de la Edad media, alude más claramente á representaciones dramáticas, aunque sin determinar su especie ni forma.

[66] Capit., lib. V, cap. 388, pág. 1509 de Heineccio: Si quis ex scenicis vestem sacerdotalem aut monasticum vel mulieris religiosæ, vel qualiscumque ecclesiastico statu similem indutus fuerit, corporoli pœna subsistat et exilio tradatur. (Si alguno de los que salen á la escena vistiere hábito sacerdotal, ó monástico, ó de monja ó de otro cualquier estado eclesiástico, sufra pena corporal y sea desterrado.)

[67] Herm., Contracti Chronicon.—Schmid, Historia de Alemania, tomo II, pág. 367. De la voz latina joculator viene la francesa jongleur y la española joglar. Parecía natural que hablásemos ahora de los cantores y mimos que llevaron dichos nombres; pero no lo hacemos, porque siendo este punto muy interesante para conocer los orígenes del teatro español, hemos preferido dejarlo para más adelante.

[68] Du Chesne, Scr. hist. Franc., tomo II, pág. 279.—Joh. Sal., lib. I, cap. 8.º, De nugis curialium.

[69]

For I am siker there be sciences
By which men make divers aparences
Soche as these sotill tragetores playe,
For oft at festis hare I well heard saie,
That tragitors within an halle large,
Have made to come in watir and a barge
And in the halle rowin up and dound;
Sometime hath semid come a grim lioun;
And sometime flouris spring as in a mede;
Sometime a vine and grapis white and rede;
Sometime á castill all of lime and stone,
And when'hem likid voidin'hem anon;
Such semid to every maun'is sight.
Chaucer's works, pág. 111.

(Porque estoy seguro de que hay ciencias que enseñan á los hombres á evocar ciertas apariciones, semejantes á las de los sutiles trágicos, que, según he oído decir, llenan de agua en sus funciones un ancho salón y traen á él una barca que navega á uno y otro lado, y á veces parece que se presenta un león terrible, y otras que florece la primavera como en un prado, ya figurando blancas uvas ó rojos racimos, ya castillos de tierra y piedra, que desaparecen á su antojo, y tales que cualquiera afirmaría verlos.)—(T. del T.)

[70] Así se comprende que algunos piensen que los mimi, histriones y joculatores de la Edad media (denominados singari, scirno (scurra), sprangari y goukalari en los glosarios de los siglos ix y x) son los sucesores degenerados de los antiguos bardos, fundándose, al menos en cuanto á ciertas especies de cantores, en documentos decisivos, como, v. gr., en el inserto en Witich, corb. I, pág. 636, en donde dice que inito certamine tanta cæde Franci mulctati sunt, ut a mimis declamaretur, ubi tantus ille infernus esset, qui tantam multitudinem cæsorum capere posset.—(Comenzada la batalla murieron tantos francos, que los mimos declamaban admirándose de que hubiese un infierno tan vasto, que pudiera contener tanta muchedumbre de muertos.)—(T. del T.)—La costumbre á que aluden estas palabras, de llevar cantores á las batallas, venía sin duda por tradición de la más remota antigüedad germánica.

[71] Sabido es que muchos arqueólogos han sostenido la opinión de que la fiesta de Navidad provino de la Brumal romana de 24 y 25 de diciembre, ó de la consagrada al sol. V. á Wernsdorf, De orig. solemn. natal. Chr. ex festivitate Natalis Invicti, Viteberg, 1757, IV.

[72] August., Serm. V de Calend., Jan., Opp., tomo X, págs. 621 y siguientes.—Tertul., De idolatría, cap. 14.—Cons. á Bingham, Antiq. Chr., vol. IX, págs. 6-8.

[73] Conc. Ant Isidor., can. 1.—Turon. II, a. 576, can. 17.—Roman., a. 744, can. 7.

[74] Concil. Trullanum. d. a. 692, can. 62.

«Por tanto, decretamos que sean abolidas entre los fieles las fiestas llamadas Calendas, y las llamadas Bota, y la que se celebra el día 1.º de marzo. Y reprobamos las danzas públicas de mujeres, causa de mucho daño y perjuicio, y las de hombres ó mujeres, que se celebraban entre los griegos en alabanza de sus falsos dioses, antigua costumbre contraria á la vida de los cristianos; y mandamos que ninguna mujer se disfrace de hombre ni al contrario, ni que se pongan máscaras cómicas, trágicas ó satíricas, ni que aclamen al abominable Baco al pisar la uva en los lagares ni al llenar de vino los odres; ni, por último, que arrastrados de su muy vana ignorancia, den furiosas carreras.»

[75] Bingham, Antiq. Christ., vol. VII, págs. 228 y 229, indica que los [Greek: bota] griegos no son distintos de los Vota latinos.

[76] Indudablemente son restos de las Dionisiacas, ó acaso de las Anthesterias ó fiestas celebradas en la primavera á Dionisio de Nysea, en el mes de febrero. V. Böckh, Staatshaushalt der Athener II, pág. 170, y las Abhandlungen der Berl., Acad. d. W. hist. philol. Classe, 1816, XVII, pág. 70. Siglos hacía ya que se habían prohibido las fiestas del dios del vino, aunque todavía subsistiesen vestigios de ellas; no sé si ya se ha hecho la observación de que probablemente dieron nacimiento á la fiesta del Carnaval.

[77] Sermón de San Eligio (nacido en 588, muerto en 659), inserto en d'Achery, spicileg., tomo V, págs. 215 y siguientes (en París, 1661), en donde dice:

Nullus in Calendis Januarii nefanda aut ridiculosa, vitulos aut cervulos, aut jotticos (al. uterioticos) faciat,—nullus in festivitate S. Joannis vel quibuslibet sanctorum solemnitatibus solstitia aut vallationes vel saltationes aut caraulas aut cantica diabolica exerceat.—Ludos etiam diabolicos et vallationes vel cantica gentilium fieri vetate nullus hæc christianus exercat, quia per hæc paganas efficitur. (V. Grimms deutsche Mithologie, Anhang., pág. 29.)

(Que ningún cristiano ejecute en las Calendas de enero acciones nefandas ó ridículas, ni remede novillos ó cervatillos ó enanos; que ninguno en la fiesta de San Juan ni en las de otro cualquier santo, sea el que fuere, celebre el solsticio con bailes, ni danzas, ni músicas, ni cánticos diabólicos.—Prohibid los juegos diabólicos, las danzas y los cánticos gentílicos, y que ningún cristiano haga esto, pues por ende se hace pagano.)—(T. del T.)

[78] Antigua costumbre romana, de que habla Dionisio de Halicarnaso. Fué abolida en. el Conc. Ant.-Isid, can. 1, y en el Pœnitential Roman. (Ap. Hetlinyarum, lib. VI, cap. 6.º)

[79] Neues Jahrbuch der Ber. Gesellsch. für deutsche Sprache und Altertumskunde von, V. D. Hagen., I. B. pág. 357.

[80] Grimms deutsche Mythologie, pág. 169. De esta procesión en honor de la diosa Holda, que se celebraba en las casas, para premiar las buenas hilanderas y castigar las holgazanas, viene sin duda la de la Virgen María en la vigilia de Navidad con San José y el siervo Ruperto.

[81] Augustinus, in homilia de Kalendis Januarii.—Du Tilliot, Memoires pour servir à l'histoire de la fête des foux; Laus. et Gén., 1741.—Baumann, Dissert. de Kalendis Januarii; Viteberg, 1666.—Du Fresne, Glossar. voce Kalendæ.—Frankenstein de novo anno; Lips., 1673.—Warton, History of english dramatic poetry, tomo I, pág. 247.—Menestrier, Representations en musique ancienne et moderne, cap. 10.—Vetus liturgia aleman., página 367.—Durandus, Ratio div. officii, lib. VII, can. 42.

[82] Dos jóvenes, representando al verano y al invierno, luchaban entre sí hasta que el último sucumbía. V. Grimms deutsche Mythologie, págs. 440 y siguientes.

[83] Gregorii M., Epístola ad Melitum Abbatem, in Gregorii; M. Opp., par. 2.795, fol. Tomo II, págs. 1.176 y 77.

[84] Gregorius, M. l. c. Et quia boves solent in sacrificio dæmonum multos occidere, debet his etiam hac de re solemnitas immutari, ut die dedicationis vel notalitiis sanctorum Martyrum, quorum illic reliquiæ ponuntur, tabernacula sibi circa easdem Ecclesias, quæ ex fanis commutatæ sunt, de ramis arborum faciant, et religiosis convivis solemnitatem celebrent. (Y porque suelen sacrificar muchos bueyes á los demonios, conviene alterar esta solemnidad, de suerte que el día de la dedicación ó aniversario de los santos mártires, cuyas reliquias se hallan allí depositadas, levanten tiendas con ramas de árboles cerca de las mismas iglesias, que antes fueron templos (de los falsos dioses) y celebren en ellas la fiesta con banquetes religiosos.)—(T. del T.)—V. á Jacobus Gretser, de Festis Christianorum et benedictionibus en sus Opp. Regensburg. 1735, tomo V, pág. 145.

[85] Heinecc., Capit., lib. V, can. 308, pág. 1.509.

[86] Conc. Germ. IV, pág. 257, tít. III. Syn. Diœces. Wormat. In Ecclesia ludi fiunt theatrales, et non solum in Ecclesia introducuntur monstra larvarum, verum etiam presbyteri, diaconi et subdiaconi insaniæ ludibria exercere præsumunt, facientes prandia sumptuosa et cum tympanis et cymbalis ducentes choreas per domos et plateas civitatis.—Præterea destricte inhibemus, ne sacerdos, qui, ut in festo S. Johannis, more solito Missam celebret, assumetur, aliquam personam Ecclesiasticam vel mundanam, mimos, vigellatores vel tympanatores ad cœnam, vel ad prandium invitet, vel illos aut alios, qui muricis instrumentis canere consueverunt, in Ecclesia vel extra in domo vel platea eundo vel chorizando sequetur.—(Represéntanse en la iglesia espectáculos teatrales, y no sólo penetran en ella enmascarados fantasmas, sino que los presbíteros, diáconos y subdiáconos se prestan á acompañarles en su locura, y celebran banquetes suntuosos, y guían á los coros con tímpanos y cimbales por las calles y plazas de la ciudad.—Prohibimos además terminantemente que el sacerdote elegido para celebrar la misa el día de San Juan, según costumbre, invite á cenar ó á comer á algún eclesiástico ó seglar, á mimos, tocadores de vihuela ó de tímpano, y que en la iglesia ó fuera de ella, en las casas ó en las plazas, los siga y acompañe en sus coros, ya se trate de ellos, ya de cualesquiera otros de los que suelen tocar instrumentos músicos.)—(T. del T.)