Dedúcese sobradamente de lo dicho que una vida más lozana y vigorosa anima hoy á la escena española. ¡Plegue á Dios que este impulso no sea pasajero, sino que ese antiguo teatro, tan lleno de gloria, se regenere con arreglo al espíritu y á las exigencias modernas!
GIL VICENTE.
LA biografía, que precede á la nueva edición de sus obras, no ofrece noticias nuevas importantes acerca de la vida de este poeta portugués, pero también de mucha valía en la literatura castellana; y, por consiguiente, trataremos á continuación de sus composiciones dramáticas.
Las églogas religiosas de Gil Vicente, que fueron sus primeros trabajos, son imitaciones de Juan de la Encina, como observaron ya sus coetáneos: algunos pasajes y algunas escenas, señaladas por Barreto y Monteiro, no dejan sobre este punto la menor duda; pero también es cierto que estos primeros ensayos del portugués se distinguen de los del español en que están inspirados por una poesía más viva, y porque constituyen un paso más á la acción dramática, propiamente dicha. El auto de Los cuatro tiempos merece, sobre todo, nuestra atención, porque en él, aunque sólo en esbozo, se ven ya los rasgos fundamentales de los autos posteriores. Las diversas estaciones del año se ofrecen como representantes de la división peculiar de las cosas terrestres, de la ciega discordia, que se bosqueja en el mundo de los fenómenos, y al fin aparece Dios, hecho hombre, como principio de la conciliación y del amor, á quien han de rendir homenaje todos los poderes, que en el mundo luchan entre sí, y evocándose también á la antigua mitología para celebrar el cristianismo.
Por lo que hace al mayor número de personajes, y á la mayor riqueza de la fábula de las obras religiosas de espectáculo de Gil Vicente, los nuevos editores portugueses de este poeta han echado á volar la especie, aunque sólo como sospecha, de que deben provenir del conocimiento de este autor de los misterios franceses. Fúndanse, para justificar esta presunción, en que Lucifer se llama en los últimos prince des diables y procureur des enfers y en las primeras mayoral do inferno y meirinho da corte infernal. A nuestro juicio, sin embargo, esa circunstancia, ó más bien dicho, esa concomitancia insignificante, no autoriza de ningún modo á deducir la consecuencia que sacan los editores, porque esas denominaciones, como otras, son peculiares, en general, del círculo de ideas dominantes de la Edad Media, no habiendo necesidad ninguna de que, para aplicarse, pasaran de unos pueblos á otros. Nuestra persuasión, por tanto, de no haberse ajustado el portugués á otros escritos semejantes, indígenas de la Península transpirenáica, es ahora la misma que antes.
Para formar una idea de estos autos, haremos un extracto del argumento del que lleva por título Mofina Méndez. Comienza con un largo sermón de un fraile, citando muchos autores, entre otros, á Boetius, de Consolatione; á San Agustín, de Angelorum Choris, y á San Remigio, de Dignitate Sacerdotum. «Estos hombres doctos, dice, me mandan venir á este santo anfiteatro para anunciar los personajes que saldrán en seguida; la obra que veréis, se titula Los misterios de la Virgen.»
Preséntanse luego cuatro ángeles con música; detrás de ellos la Santa Virgen, como Reina del Cielo, y rodeada de cuatro doncellas, la Prudencia, la Pobreza, la Humildad y la Fe. Siéntanse éstas, y cada una de ellas comienza á leer una profecía relativa al Mesías esperado. La Virgen dice que sería la más feliz de las mujeres, si pudiese servir, como la más ínfima de las esclavas, á la madre del Salvador tan deseado. Viene entonces el Arcángel Gabriel á decirle que ella ha sido la elegida, y la Virgen, con humildad y gratitud, se somete á los mandatos del Altísimo. El fondo del teatro en que se representa esta escena, se cierra después de lo expuesto, y se ve llegar una tropa de pastores en la forma en que se reunen por la noche, después de sus trabajos, á bromear y solazarse con juegos campestres; distínguese entre ellos la labradora Mofina Méndez, por su vivacidad y por su ingenio: divierte á los pastores con sus trovas y cánticos, durmiéndose todos después de recrearse largo tiempo de la manera indicada. Abrese de nuevo el fondo, y la Virgen aparece de rodillas adorando al niño Jesús; las cuatro virtudes, representadas por las cuatro doncellas, cantan un salmo, y un ángel despierta á los pastores dormidos para anunciarles el nacimiento del Hijo de Dios. El auto termina con cantos y bailes de los pastores alrededor del pesebre.
Muy acertado estuvo Bouterwek al calificar la comedia Rubena de novela dramática, atendiendo al somero enlace de sus escenas: en la parte primera de esta pieza, como ya dijimos, se describe la apurada situación de Rubena, hija de un prior, seducida por un joven clérigo, y que, por evitar la cólera de su padre, se decide á parir al aire libre. Una hechicera, con ayuda de espíritus infernales, evocados por ella, la auxilia en este trance, confiando la niña recién nacida, que recibe el nombre de Eismena, á la guarda de las hadas. Rubena desaparece por completo, y en la escena siguiente se nos presenta Eismena, ya pastora, apacentando sus ganados en un valle solitario. Aconséjanle las hadas protectoras que se encamine á la ciudad de Creta, porque en ella recibirá una dicha sorprendente é inesperada. Las obedece, y gana pronto con su afabilidad las simpatías de una dama distinguida que la prohija. En la última escena, Eismena, en la flor de sus años, hereda, por muerte de su madre adoptiva, una fortuna considerable, y es solicitada por muchos pretendientes. Esta escena (palabra que vale aquí tanto como acto) es independiente por completo de las anteriores, y viene á ser como una pequeña comedia con existencia aparte. Entre los varios galanes se cuenta un príncipe de Siria, disfrazado de paje, y que triunfa al fin de todos sus rivales.
Mucha más traza dramática tiene la comedia titulada El viudo, pieza muy agradable, que ostenta en todo su brillo el talento de Gil Vicente. Comienza con un diálogo entre el viudo y su padre. El primero no puede consolarse de la pérdida de su esposa; pero su padre le dice que él mismo sería el hombre más feliz de la tierra si fuese también viudo, trazando un cuadro muy divertido de los disgustos y contrariedades que sufre con su mujer. Mientras el viudo visita el sepulcro de su difunta consorte, se presenta á sus hijas un Príncipe disfrazado, que se llama Rosbel: se hace pasar por tocador de gaita gallega, rogándoles que intercedan con su padre para que lo tome á su servicio. El viudo vuelve en seguida y sujeta al forastero á un examen rigoroso por infundirle algunas sospechas; pero al fin lo recibe por su criado. Roberto cumple todas sus obligaciones con la mayor puntualidad: parte leña, ordeña las cabras y, mientras tanto, hace la corte á las dos doncellas. Sus galanterías son acogidas con agrado por las dos jóvenes, y cuando el padre quiere obligarlas á casarse con otro, ambas lo rehusan, declarando que sólo aman á Rosbel. El Príncipe se ve entonces en el mayor apuro, porque no puede casarse con las dos, y las propone recurrir á la suerte. Ellas lo aprueban, y la afortunada da su mano al Príncipe; para dejar á la otra satisfecha se presenta un hermano de Rosbel, que ha peregrinado largo tiempo por el mundo, buscando á su perdido hermano, y extrañando sobremanera encontrarlo vestido con tan humilde traje: ofrece, pues, su mano á la segunda hermana, y se termina la comedia, celebrando el viudo una fiesta con música y baile para solemnizar el casamiento de sus hijas con dos príncipes. El encanto, que el poeta portugués ha sabido comunicar á este pequeño cuadro de género, sin duda alguna de la infancia del arte, no puede ser nunca bastante encomiado.
Entre las tragicomedias de Gil Vicente sobresale la de Don Duardos, no sólo por ser la más extensa, sino también porque cuenta con más títulos para ser calificada de verdadera obra dramática. Es una composición seria y caballeresca, con desafíos, justas, aventuras románticas, encantamientos y amores que se cruzan, en una palabra, un libro de Amadís, distribuído, y no sin arte, en escenas. Don Duardos, príncipe de Inglaterra, llega á la corte de Palmerín, emperador de Constantinopla, para desafiar á su hijo Primaleón, á causa de un agravio que ha de vengarse con la muerte. Mientras pelea con él y lo vence, ve á la princesa Florida, hermana de su enemigo, haciendo en él su belleza la más viva impresión; pero no atreviéndose á permanecer con su verdadero nombre en la corte, se resuelve, aconsejado por la princesa Olimba, encantadora que lo favorece, á disfrazarse de jardinero para estar cerca de su amada; un filtro amoroso que prepara su protectora ha de inclinar á su favor el ánimo de Florida. Todo va á pedir de boca: la enamorada pareja (porque el bebedizo ha hecho el mejor efecto) se ve á menudo en el jardín; pero se tropieza con el inconveniente de que se case con un jardinero la hija de un Emperador. Entonces ofende á Florida un caballero: Duardos se viste de nuevo de Príncipe; vence en la lid al ofensor, y su heroísmo contribuye á que el Emperador, al saber quién es, le perdone su triunfo anterior con Primaleón y le conceda la mano de su hija. Cantando un bello romance se despiden al fin los felices amantes de la corte de Constantinopla, y se encaminan á Inglaterra.
No es justo que, por seguir la opinión de Bouterwek, se consideren las farsas de Gil Vicente como las principales y auténticas pruebas de su talento, porque no se ve en ellas el arte que en la tragicomedia de Don Duardos, en punto á traza y ejecución de un plan dramático. Casi todas son, al contrario, escenas sueltas de la vida ordinaria, y se nota en ellas un enlace menos motivado que en los entremeses posteriores. Agrada, sin duda, el ingenio sereno y plácido de su autor, la animación que les infunde, la perspicacia con que pinta el tráfago y el bullicio de un pueblo impresionable, y hasta las bellas pinceladas que las elevan de la realidad común. Sin embargo, no debe sostenerse que esas farsas hayan tenido grande influencia en el drama español: esa influencia podrá haber existido por lo que hace á los entremeses, aunque esas imágenes de lo presente se ofrecían por sí mismas á los ojos de españoles y portugueses, y la facilidad de representarlas más bien es un don natural que aprendizaje ó estudio; y cuanto se relaciona con esto último, el desarrollo íntimo de la acción y el enlace hábil de las escenas, hubo de buscarse más bien en Torres Naharro que en Gil Vicente. Como prueba de lo expuesto, pueden servir la Farsa do velho da horto y la de Dos Almocreves: en éstas se nota poco más arreglo y enlace que el casual de las manifestaciones de la vida que describen; lo mismo sucede con las demás composiciones suyas de esta índole, descollando sólo la de Inés Pereira por su forma algo más artística. Extractamos ya con brevedad la acción de esta comedia; pero la ampliaremos ahora, por ser á nuestro juicio la mejor de todas las de Gil Vicente. Inés, hija de una mujer de una clase baja, pero de pretensiones superiores á su estado, trabaja con tan mala voluntad, que su madre le regaña por su ridículo orgullo. Una alcahueta trae á la bella joven una carta amorosa de Pero Márquez, rico labrador. Pronto llega en persona el galán, estúpido personaje, que hace reir mucho con sus torpezas; Inés le da calabazas, declarando que prefiere no tener marido á casarse con un pollino semejante; después se presentan dos judíos como agentes matrimoniales, y le hablan de varios caballeros deseosos de tomar estado. Ella dice entonces que quiere un marido listo é ingenioso, diestro en cantar y tocar, y en efecto, poco después llega un galán con estas habilidades, sabiendo cantar y tocar la guitarra; lo acepta, y las bodas se celebran con fiestas y diversiones. Pronto, sin embargo, toman las cosas mal aspecto: el marido es receloso y despótico, y no deja á la mujer, que desea vivir con la necesaria libertad, solaz ni entretenimiento alguno lícito. Quéjase Inés de no haber preferido á su primero y tosco pretendiente, regocijándose sobremanera cuando, por el inesperado fallecimiento de su verdugo, queda en situación de aceptar las pretensiones de su galán, antes despreciado. Pone en noticia del rico Pero Márquez que puede volver si quiere á enamorarla, porque ella no ha de rechazarlo; justifica su resolución con el refrán Más quiero asno que me lleve que caballo que me derrueque: y no se engaña, porque el sencillo labrador le deja hacer en todo cuanto quiere. No largo tiempo después de su casamiento llama un ermitaño á la puerta de Pedro: Inés acude á dar una limosna; pero el ermitaño le dice que es un caballero que se ha disfrazado por su amor. Pronto se entienden los dos, y la joven esposa hace creer á su marido que se propone ir en romería á visitar un ermitaño. El bondadoso Pedro alaba esta resolución de su piadosa Inés, y hasta la acompaña parte del camino; y cuando llegan á un río se cumple á la letra el refrán del asno, porque el marido ha de sujetarse á llevar á la mujer á cuestas, y á llevarla de este modo á su costa á los brazos de su amante.
Para fijar como ensayo el número de las comedias de Calderón y su orden cronológico, copiamos primero, por el valor auténtico que ofrece, la carta ya mencionada en la página 195 del tomo IV, del duque de Veragua, en que éste pedía al poeta que le remitiese un catálogo de sus comedias y autos, y la respuesta dada á esta carta por Calderón[73].
«Carta del Excmo. Sr. Duque de Veragua, escrita á Don Pedro Calderón de la Barca, siendo Virrey y Capitán general del reino de Valencia.
»Habiendo deseado recoger todas las comedias de V. md., más para crédito de mi buena elección, que para vanidad de mi inteligencia, he hallado tan confundidos sus títulos y tan menoscabado su número, que me he resuelto á recurrir á V. md., para que pasando de oráculo de los ingenios en común oráculo de su ingenio, en particular me declare estas dudas, pues no puede haberla en que será más digno empleo de su numen el desagraviarse de los descuidos propios ó de las equivocaciones ajenas, que el haber por tan dilatado curso de años sido objeto de los aplausos ajenos con los cuidados propios, cuanto va de ser V. md. quien se califique, á ser los demás los que le veneren. Y así, pues debo á mi fortuna la natural inclinación que siempre le he profesado, suplico á V. md. tenga á bien expresar con toda individuación cuáles son todas sus comedias, enviándome una nómina de sus títulos, para que pueda yo con esta regla irlas buscando, con la seguridad de que no me defraudará la diligencia la incertidumbre de conseguir las de otro; y para este fin incluyo á V. md. la memoria de todas las que hasta ahora tengo en cinco partes, que corren con el nombre de suyas, pidiéndole me diga si hay más; y también dónde hallaré las de la otra memoria, que también incluyo, en que he apuntado las que por ahora he echado de menos. Y este primer punto asentado, pasemos á otro, y permítame V. md. que empiece riñéndole, pues cuanto ha granjeado del mundo en aplausos, parece se los retribuye en desprecios; y por rígida que sea la filosofía, no hallo yo que toquen sus desengaños en ingratitudes.
»¿Qué cosa es que, siendo V. md. la gloria de nuestra nación, logre con tanta flojedad este timbre, que no se acuerde de la obligación en que le impone, para no dejar aventurado el lustre que á todos los españoles nos resulta en sus obras, en la contingencia de su desperdicio? Y especialmente en los autos, donde después de haber tenido sudando tanto número de años la paciencia de los doctos y la curiosidad de los discretos, imprime un tomo, ofreciendo los demás para recrecer la sinrazón de no haberlo hecho. No, Sr. D. Pedro: V. md. está demasiadamente bien consigo, ó demasiadamente mal con los otros; y cualquiera de estos extremos es muy contra la verdadera templanza, y así protesto á V. md. en nombre de todos (ya que la casualidad de un intento me constituye voz prorrumpida de la expectación), que eso es injuriar muchos deseos y muchas estimaciones; por lo cual vuelvo á suplicar á V. md. prosiga la impresión de sus autos (no digo bien que la prosiga, que la fenezca digo), dando á la estampa á un tiempo todos los que ha hecho; y si para ello le faltan á V. md. los medios que corresponden, dígame cuáles quiere que yo le ofrezca, y se pondrán donde fueren menester las cantidades que fueren necesarias, siendo bien infeliz muestra del siglo que, á quien lo merece todo, se llegue á recelar le pueda faltar nada. Y lo que de esta insinuación me ha de dar V. md. en agradecimientos, démelo en puntualidades, que me serán la verdadera satisfacción; y en el ínterin que se logra, hágame V. md. el gusto de enviarme, también con las comedias, una memoria aparte de los títulos de todos sus autos, y trate V. md. de no negárseme á uno ni á otro, engañando su modestia con su atención. Guarde Dios á V. md. muy largos años. Real de Valencia y junio 18 de 1680. Su más aficionado servidor de V. md.
El Almirante Duque.»
Respuesta de D. Pedro Calderón.
«Excmo. Sr.: Bien ha sido menester, Excmo. Sr., la suma dicha de tenerme V. E. en su memoria para consuelo de las penalidades en que me hallo, á causa de una leve caída, á quien han hecho grave achaques y años, pues ha resultado de ella el haberme impedido de todo un lado: con que por no escribir á V. E. de ajena letra, lo he dilatado hasta que algo convalecido me permite tomar la pluma. Pero no por eso he perdido tiempo en obedecer á V. E., pues lo retardado me ha servido de hacer acuerdo en orden al cumplimiento de lo que me manda y me riñe, bien que con más aprecio de lo que me riñe que de lo que me manda. Y cuando una y otra razón no me sirvan de disculpa, discúlpeme el que tomar plazo para responder á V. E. ha sido por no hallarme con razones que signifiquen la estimación, respeto y veneración en que me ponen las no merecidas honras que V. E. me hace. Y aun no para en eso la disculpa, sino en que, después de haberlas meditado, me hallo tan sin ellas como antes; y así, remitiéndome á que la benignidad de V. E. me salga por fiadora (pues su grandeza puede ser desempeño de mi reconocimiento), paso á la obligación en que me pone su mandato.
»Yo, señor, estoy tan ofendido de los muchos agravios que me han hecho libreros é impresores (pues no contentos con sacar sin voluntad mía á luz mis más limados yerros, me achacan los ajenos, como si para yerros no bastasen los míos, y aun esos mal trasladados, mal corregidos, defectuosos y no cabales), tanto que puedo asegurar á V. E. que aunque por sus títulos conozco mis comedias, por sus contextos las desconozco; pues algunas que acaso han llegado á mi noticia, concediendo el que fueran mías, niego el que lo sean, según lo desemejadas que las han puesto los hurtados traslados de algunos ladroncillos que viven de venderlas, porque hay otros que viven de comprarlas, sin que sea posible restaurar este daño por el poco aprecio que hacen de este género de hurto los que, informados de su justicia, juzgan que la poesía más es defecto del que la ejercita que delito del que la desluce. Esta desestimación y poco caso que los señores jueces privativos de imprentas y librerías tal vez han hecho de mi queja, me han puesto en tal aborrecimiento que no hallo más remedio que ponerme de su parte, haciendo yo también desprecio de mí mismo. En este sentir pensaba mantenerme, cuando la no esperada dicha de tenerme V. E. en su memoria me alienta de manera, que con su patrocinio proseguiré la impresión de los autos, que son los que sólo he procurado recoger, porque no corran la deshecha fortuna de las comedias, temeroso de ser materia tan sagrada, que un yerro, ó de la pluma ó de la imprenta, puede poner un sentido á riesgo de censura; y así remito á V. E. la memoria de los que tengo en mi poder con la de las comedias que así esparcidas en varios libros, como no ofendidas hasta ahora, se conservan ignoradas, para que V. E. disponga de uno y otro, en cuyo nombre proseguiré la impresión de los autos, luego que me halle convalecido, de que daré parte á V. E., reservando la liberalidad que me ofrece para cuando necesite valerme de ella. Cuya vida Nuestro Señor guarde con las felicidades y puestos que merece y este humilde capellán suyo le desea. Madrid y julio 24 de 1680.—Excmo. Sr.: B. L. M. de V. E. su humilde capellán D. Pedro Calderón de la Barca.»
Memoria de comedias de D. Pedro Calderón, enviada al Excmo. Sr. Duque de Veragua.
TOMO I.
La vida es sueño.
Casa con dos puertas.
El purgatorio de San Patricio.
La gran Cenobia.
La devoción de la Cruz.
La puente de Mantible.
Saber del mal y del bien.
Lances de amor y fortuna.
La dama duende.
Peor está que estaba.
El sitio de Bredá.
El Príncipe constante.
TOMO II.
El mayor encanto, amor.
Argenis y Poliarco.
El galán fantasma.
Judas Macabeo.
El médico de su honra.
La Virgen del Sagrario. El mayor monstruo del mundo.
Hombre pobre todo es trazas.
A secreto agravio, secreta venganza.
El astrólogo fingido.
Amor, honor y poder.
TOMO III.
En esta vida todo es verdad y todo es mentira.
El maestro de danzar.
Mañanas de abril y mayo.
Los hijos de la fortuna.
Afectos de odio y amor.
La hija del aire (primera y segunda parte).
Ni amor se libra de amor.
El laurel de Apolo.
La púrpura de la rosa.
La fiera, el rayo y la piedra.
También hay duelo en las damas.
TOMO IV.
El postrer duelo de España.
Eco y Narciso.
El monstruo de los jardines.
El encanto sin encanto.
La niña de Gómez Arias.
El gran príncipe de Fez.
El Faetonte.
La aurora en Copacavana.
El conde Lucanor.
Apolo y Clímene.
El golfo de las Sirenas.
Fineza contra fineza.
Las que siguen son las no coleccionadas y las inéditas hasta entonces:
Fieras afemina amor.
El Turaní de la Alpujarra.
Amado y aborrecido.
El jardín de Falerina.
Darlo todo y no dar nada.
De un castigo tres venganzas.
¿Cuál es mayor perfección, hermosura ó discreción?
Luis Pérez el Gallego.
Mujer, llora y vencerás.
Basta callar.
La Virgen de los Remedios.
Auristela y Lisidante.
Mejor está que estaba.
Mañana será otro día.
La Virgen de la Almudena (primera y segunda parte.)
El mágico prodigioso.
San Francisco de Borja.
Los dos amantes del cielo.
Amigo, amante y leal.
El secreto á voces.
Hado y divisa de Leónido y Marfisa.
Las armas de la hermosura.
Duelos de amor y lealtad.
El segundo Scipión.
El castillo de Lindabridis.
Don Quijote de la Mancha.
La Celestina.
No hay cosa como callar.
El José de las mujeres.
El triunfo de la Cruz.
Los empeños de un acaso.
Primero soy yo.
Agradecer y no amar.
Para vencer á amor querer vencerle.
No siempre lo peor es cierto.
Gustos y disgustos son no más que imaginación.
Dicha y desdicha del nombre.
Manos blancas no ofenden.
El escondido y la tapada.
Cada uno para sí.
La desdicha de la voz.
Antes que todo es mi dama.
Los tres afectos de amor.
El pintor de su deshonra.
No hay burlas con el amor.
Dar tiempo al tiempo.
¡Fuego de Dios en el querer bien!
La cisma de Ingalaterra.
El acaso y el error.
Celos, aun del aire, matan.
Andrómeda y Perseo.
El alcalde de Zalamea.
La banda y la flor.
Con quien vengo, vengo.
El alcaide de sí mismo.
El carro del cielo.
De una causa dos efectos.
Bien vengas, mal, si vienes solo.
Certamen de amor y celos.
Los cabellos de Absalón.
A 111 asciende el número de comedias que Calderón declara, en el catálogo que acompaña á esta carta, como auténticas y escritas por él. Este dato, el más fehaciente, ha de servir de base á todos nuestros cálculos. Sin embargo, ha de tenerse presente que, como esa enumeración del autor se hizo probablemente sin el esmero necesario, han de considerarse también como suyas, porque lo son indudablemente, las seis que siguen:
La señora y la criada.
Nadie fíe su secreto.
Las tres justicias en una.
Céfalo y Proclis.
La Sibila del Oriente, y
Las cadenas del demonio.
Vera Tassis asegura ser también suyas algunas otras y muy particularmente
La Virgen de Madrid.
El condenado de amor.
El sacrificio de Efigenia, y
Los desagravios de María.
Con arreglo, pues, á estos datos, el número total de las comedias de Calderón que, en virtud de sólidas razones, han de considerarse verdaderamente suyas, asciende á 121. Hay sin duda otras muchas impresas, no siendo tampoco imposible, puesto que ya indicamos que no merecen completa confianza los datos del autor, que se encuentre alguna otra escrita por él; pero en lo general es verosímil que no sean auténticas las rechazadas también por Vera Tassis.[74] Siguiendo la costumbre observada en su tiempo, Calderón se asoció con otros poetas en distintas ocasiones para escribir juntos algunos dramas. Del testimonio de su amigo y primer biógrafo resulta que nuestro poeta escribió:
La primera jornada de Enfermar con el remedio y de El monstruo de la fortuna.
La jornada tercera de La fingida Arcadia.
El pastor Fido.
Circe y Polifemo.
La Margarita preciosa.
El mejor amigo el muerto, y
El privilegio de las mujeres.[75]
Las dos ediciones generales de las comedias de Calderón, de las cuales se publicó la primera por los cuidados de Vera Tassis, poco después de la muerte del poeta, en el año de 1684, y la segunda por Apontes, en 1750, contienen sólo 108 de las piezas antes citadas. Proponíase Vera Tassis añadir á los nueve tomos de su edición otro más, el X, que debía contener
La Virgen de los Remedios.
La Virgen de la Almudena (primera y segunda parte).
San Francisco de Borja.
Don Quijote de la Mancha.
La Celestina.
El acaso y el amor.
El carro del cielo.
Certamen de amor y celos.
La Virgen de Madrid.
El condenado de amor.
El sacrificio de Efigenia, y
Desagravios de María.
Pero este tomo X no llegó á publicarse, y las comedias que se destinaban á componerlo, excepto la que lleva el título de El Fénix de España San Francisco de Borja,[76] se han perdido por completo[77], según todas las apariencias. Las piezas en que Calderón escribió sólo alguna parte, no se hallan en las colecciones de sus obras, y sólo existen en alguna comedia suelta.
Vera Tassis afirma que Calderón compuso más de cien autos. El poeta, sin embargo, en el catálogo de su carta al duque de Veraguas, sólo menciona 68; pero si este catálogo, como observamos respecto del de las comedias, tampoco puede ser considerado como exacto, no se puede tampoco admitir que el autor, que atribuía especial importancia á esta clase de composiciones, omitiese nada menos que 30 autos, por cuya razón el número indicado por Vera Tassis será exagerado, como lo es también el estilo de su artículo biográfico.[78] La colección más completa de Autos sacramentales de D. Pedro Calderón de la Barca, que publicó en Madrid Apontes en el año de 1760, sólo contiene 72 títulos.
De las 200 loas, de que habla Vera Tassis, sólo se ha conservado hasta nosotros un número muy insignificante. Las que preceden á los autos, provienen en parte de otros autores, si nos atenemos á la declaración expresa del editor, y entre las comedias hállanse sólo un par de fiestas, con esas poesías preliminares.
De los 100 sainetes que hubo de escribir Calderón, se han perdido casi todos, y los pocos que hay son tan raros, que todos mis esfuerzos han sido inútiles, hasta ahora, para adquirir alguno. En el catálogo, muy incompleto, de sainetes españoles publicados por La Huerta, se enorgullecen con el nombre de Calderón los siguientes:
El asturiano en el Retiro.
El dragoncillo.
La muerte.
La plazuela de Santa Cruz.
La premática, y
La tarasca de Alcorcón.
En todas las colecciones están confundidas las comedias de Calderón, sin orden ni concierto, y sin dato alguno relativo á la época en que se escribieron, y sin haber ocurrido á ninguno de sus editores disponerlas en orden cronológico; pero habiéndose omitido el hacerlo, en la época en que eran posibles tales investigaciones, claro es que la imposibilidad de ejecutarlo ahora es mucho mayor, tan apartados como nos hallamos de la vida literaria de aquellos días, y estando ahora incapacitados por completo de llenar lagunas ni de hacer correcciones de esta especie. Hay, no obstante, en nuestra época algunos datos útiles para este objeto; y como, por otra parte, es del mayor interés averiguar, si se puede, por sus obras, y trazar la historia de los progresos sucesivos del poeta, no será tampoco estéril el trabajo de señalar el orden cronológico de las comedias, si se sabe con seguridad la fecha en que se escribieron.
Esos datos, á que aludimos, son ciertas alusiones históricas, que se encuentran en esas composiciones, con arreglo á las cuales puede fijarse á menudo con exactitud la fecha en que se escribieron y representaron, sirviendo también para igual propósito las ediciones más antiguas de las comedias de Calderón, porque si bien no se indica el año de ninguna, contienen preciosas indicaciones para saber esas fechas. Según dijimos antes, el tomo I de las comedias de Calderón de la edición más antigua es del año 1635, y el II del año 1637. Las 24 comedias contenidas en estos dos tomos, pertenecen, sin género alguno de duda, á la época primera de la vida del poeta. Las 12 de la tercera parte se imprimieron en 1664; las 12 de la cuarta en 1672, y esta circunstancia ha de tenerse en cuenta, aun cuando no pueda deducirse de ella que todas éstas se hayan escrito en sus últimos años, pudiendo haber sucedido que algunas obras, escritas y representadas antes, hubiesen podido subsistir hasta entonces manuscritas. Los volúmenes posteriores, todos los cuales aparecieron después de la muerte del autor, no sirven para fijar la cronología, y, al contrario, nos ayudan las grandes colecciones de comedias españolas de diversos autores, en las cuales se imprimieron por primera vez muchos dramas de Calderón. Si hay, pues, cierto número de ellas, cuya fecha puede conocerse, existen también otras que no se encuentran en este caso, si consultamos los datos externos; pero que, sin embargo, suministran otras señales indudables, y más que ninguna otra la del estilo, para inducirnos á afirmar si corresponden á los años primeros, á los intermedios, ó á los últimos de la vida del poeta. Bástanos, pues, apuntar á continuación las comedias, cuya fecha ó año en que se escribieron consta con alguna seguridad; entre ellas insertaremos aquéllas, de las cuales sólo se puede decir que no han sido escritas después de los años que se indican; y, por último, formaremos un catálogo de algunas, sobre las cuales no existe dato alguno cronológico, y cuya aparición sólo podría determinarse en virtud de una crítica particular y hasta prolija.[79]
El carro del cielo. Este drama es sin duda el más antiguo de Calderón, probablemente perdido para siempre, y escrito, según el testimonio de Vera Tassis, hacia el año de 1613.
El sitio de Bredá, escrita y representada el año de 1625, ó á lo más en el siguiente, porque Bredá fué tomada por los españoles en 2 de julio de 1620, cuyo suceso se celebra en la comedia, y porque toda ella presenta los caracteres de una obra compuesta por esta causa ocasional, así como se desprende de sus últimas palabras que se obedeció, al hacerlo, á alguna indicación de la corte, al llegar á Madrid la noticia de ese hecho.
Casa con dos puertas, mala es de guardar, escrita probablemente en el año de 1629, y representada también en el mismo, porque los versos
..... La Reina
Que infinitos siglos viva,
Para que flores de Francia
Nos den el fruto en Castilla,
aluden á Isabel de Francia, primera esposa de Felipe IV, y porque el fruto, que en los mismos se menciona, debe ser, según todas las apariencias, el príncipe D. Baltasar, cuyo nacimiento debía estar próximo, y que, en efecto, ocurrió en octubre de 1629. Otro dato, que apoya esta presunción, se encuentra en las palabras siguientes de la misma comedia:
La dama duende será,
Que volver á vivir quiere.
Parece que se anuncia con ella la representación cercana de La dama duende, y hubo, á la verdad, un drama anterior de este título, arreglado después por Calderón. En los primeros versos de La dama duende se habla también del nacimiento del príncipe Baltasar, y la mención que de él se hace no tendría interés alguno, si esta pieza no se hubiera puesto en escena inmediatamente después de ese suceso. Hay motivo, por tanto, para creer que la Casa con dos puertas se representó por vez primera en el verano de 1629, y La dama duende en el invierno de igual año.
Mejor está que estaba. La fecha verosímil de la composición y representación de esta comedia, es el año de 1631, porque la descripción prolija, que en ella se intercala, de la solemne recepción de la infanta Doña María en Alemania, no tendría después interés alguno, sino estaría fuera de su lugar, y el casamiento de esta Infanta con Fernando, rey de Hungría, se celebró el 26 de febrero de 1631.
La banda y la flor hubo de representarse en el año de 1632, por hablarse en esta comedia detalladamente de la declaración del príncipe de Asturias, hecha á principios de 1632 (Teatro, de Ludof, tomo II, pág. 143), y porque también se hace mención de los dos hermanos de Felipe IV, de los infantes D. Fernando y D. Carlos; y como el último murió en el año de 1632, si esta desgracia hubiera ocurrido antes de representarse la comedia, se habría hablado de ella, sin duda alguna, deplorándola como era natural.
Los tres mayores prodigios, representada entre los años de 1629 y 1634, porque se habla en ella del príncipe Baltasar, que nació en 1629, y al principio del primer acto se dice que la representó la compañía de Tomás Fernández Cabredo, y este director escénico murió en el año de 1634. (Pellicer, Tratado histórico, tomo II, página 139.)
Mañana será otro día. Al principio de esta comedia se hace mención, con palabras que manifiestan el más vivo interés, de la muerte del duque de Lerma, que falleció en el sitio de Maestricht en el verano de 1639, cuya circunstancia hace conjeturar que este drama se representó probablemente poco después de esa fecha. (Véase la continuación de Ferreras, tomo XII, pág. 194.)
La vida es sueño.
El purgatorio de San Patricio.
La gran Cenobia.
La devoción de la Cruz.
La puente de Mantible.
Saber del mal y del bien.
Lances de amor y fortuna.
El príncipe Constante, y
Peor está que estaba, se imprimieron, por vez primera, en el año de 1635.
El escondido y la tapada, representada probablemente, por vez primera, en 1637. Los versos
En Italia estaba Celia
Cuando la loca arrogancia
Del francés sobre Valencia
Del Pó, etc...
aluden al cerco de Valenza del Pó por los franceses, que se levantó el 28 de octubre de 1835 (continuación de Ferreras, tomo XII, pág. 230), y únicamente el caso de que esta comedia se hubiese escrito muy poco después de esa fecha, puede explicar que se haga mención de esa ventaja, en sí poco importante; y que debió olvidarse en seguida, por sobrevenir otros sucesos de más transcendencia.
El mayor encanto, amor.
El galán fantasma.
Judas Macabeo.
El médico de su honra.
La Virgen del Sagrario.
El mayor monstruo del mundo[80].
Hombre pobre todo es trazas.
A secreto agravio secreta venganza.
El astrólogo fingido, y
Amor, honor y poder, se dieron primero á la estampa en el año 1637.
No hay cosa como callar, escrita hacia 1638, por hacerse frecuente mención del sitio de Fuenterrabía por los españoles, que ocurrió en el año 1638.
Certamen de amor y celos, hoy ya perdida, según parece, y escrita por Calderón, por testimonio de Vera Tassis, en el año de 1640 por orden del Rey.
Con quien vengo, vengo, compuesta probablemente en 1646 ó poco después, puesto que más tarde no tendría importancia alguna la pintura, que se hace en ella de la acción entre españoles y franceses junto á Casales, en Montserrat. (Este hecho tuvo lugar en 1640. V. El teatro. de Ludof, tomo II, pág. 753.)
Mañanas de abril y mayo, escrita á todas luces antes del 6 de octubre de 1644, puesto que no se hablaría de la reina Isabel, como si viviese, habiendo muerto ese mismo día.
Los empeños de un acaso, compuesta lo más tarde en el año de 1646, porque Corneille d'Isle, en 1647, hizo representar una imitación suya en el teatro francés, con el título de Les engagements du hasard. (V. N. Lucas, Histoire du theâtre française: París, 1843, pág. 393.)
El gran príncipe de Fez, escrita poco después del año 1644, por hablarse en ella del papa Inocencio X (1644-1655).
En esta vida todo es verdad y todo es mentira. Dijimos antes, en el tomo IV, pág. 392, nota, que esta comedia se había impreso ya en 1637, por habernos referido al tomo II de las comedias de Calderón, siendo así que este drama se inserta por vez primera en el III, y, sin embargo, creemos (á causa de la casi seguridad, indicada ya por Voltaire, de que el Heraclius, de Corneille, es un arreglo de esta comedia), que antes de 1647 hubo de publicarse como suelta. Voltaire (cuyo testimonio no es sin duda muy fehaciente) añade además que se hace mención de la comedia de Calderón en una colección de romances de 1641.
Guárdate del agua mansa. Verosímilmente representada á fines del año 1649 ó á principios del siguiente, cuando podía hacer particular impresión la brillante pintura, que hace, de la recepción de la segunda esposa de Felipe IV (15 de noviembre de 1649).
No siempre lo peor es cierto.
La exaltación de la Cruz, y
Luis Pérez el Gallego, impresa en el año 1652 en la gran colección de Comedias escogidas, tomo I[81].
El alcaide de sí mismo, impreso primero en 1653 en El mejor de los mejores libros que han salido de comedias nuevas: Madrid, María de Quiñones.
El alcalde de Zalamea, en el mismo punto y en el mismo año, aunque con el título El garrote más bien dado.
Amigo, amante y leal. La impresión más antigua del año 1653, en el tomo IV de las Comedias escogidas.
Agradecer y no amar, impresa por vez primera en 1653 en el tomo V de la misma colección.
Para vencer amor, querer vencerle. La impresión más antigua es de 1654, en el tomo VII de la misma colección.
Darlo todo y no dar nada.
Gustos y disgustos son no más que imaginación.
Amado y aborrecido, y
Las manos blancas no ofenden. Impresas todas primero en el año de 1657, en los tomos VIII y IX de las Comedias escogidas.
El laurel de Apolo. Calderón, en un principio, escribió sólo la loa y el acto primero, representándose en la fiesta del nacimiento del príncipe Felipe Próspero (18 de noviembre de 1657). Después, en el reinado de Carlos II, arregló esta pieza y le añadió otro acto.
La fiera, el rayo y la piedra se escribió y representó de 1651 á 1660, porque se habla en ella de la infanta Margarita, que casó luego con el emperador Leopoldo I: nació en 1651, y se indica además que esta comedia se escribió por orden de María Teresa y por ende en 1660, en cuyo año abandonó á España esta Princesa para casarse con Luis XIV.
El golfo de las Sirenas. También esta pieza cae entre 1651 y 1659, porque se habla en ella de las mismas personas que en la anterior.
La púrpura de la rosa, destinada á solemnizar la paz de los Pirineos y casamiento de la infanta María Teresa con Luis XIV, por cuya razón hubo de representarse á fines del año 1659.
El encanto sin encanto hubo de escribirse antes de 1660, porque en este mismo año se puso en escena en Francia una imitación, hecha por Lambert, de la comedia de Calderón, titulada Magie sans magie. (Véase H. Lucas, Histoire du theâtre française, pág. 395.)
Los tres afectos de amor.
Fuego de Dios en el querer bien, y
El José de las mujeres, impresos por primera vez en 1660, en el tomo XIII de las Comedias escogidas.
Las tres justicias en una, y
El conde Lucanor, en el de 1661, y tomo XV de las Comedias escogidas.
Cada uno para sí, impreso por vez primera en 1661, en el mismo tomo.
Como se hace mención de la toma de Barcelona por D. Juan, hijo bastardo de Felipe IV, aparece claro que el drama hubo de escribirse, lo más pronto, en el año de 1652, por haber ocurrido en él dicho suceso. (Véase Theatrum europaeum, 1656, tomo VII, pág. 213.)
Dar tiempo al tiempo.
Antes que todo es mi dama, y
Mujer, llora y vencerás, dadas primero á la estampa en 1662, en el tomo XVII de las Comedias escogidas.
Dicha y desdicha del nombre. La impresión más antigua, de 1662, en el tomo XVIII de la colección citada.
Celos, aun del aire, matan, impresa primero en 1662, en el tomo XIX de esta misma colección.
El mágico prodigioso.
Auristela y Lisidante, tomos XX y XXI de esta colección, del año de 1663.
El maestro de danzar.
Los hijos de la fortuna.
Afectos de odio y amor.
La hija del aire.
Ni amor se libra de amor.
También hay duelo en las damas, impresas todas primero en 1664, en el tomo III de las Comedias de D. Pedro Calderón de la Barca.
Fortunas de Andrómeda y Perseo. La más antigua impresión del año de 1664, en el tomo XXI de las Comedias nuevas escogidas.
Amar después de la muerte.
Las palabras con que se apostrofa á D. Juan, hijo natural de Felipe IV,
Generoso Don Juan de Austria,
Hijo del águila famoso,
Que al sol mira cara á cara,
demuestran que esta comedia hubo de representarse después de la muerte de Felipe; pero no antes de 1667, hasta cuyo año estuvo el teatro cerrado.
La estatua de Prometeo. De varias alusiones de esta fiesta, consta que hubo de representarse después de la muerte de Felipe, el aniversario del nacimiento de la reina madre María Ana, acaso durante la minoría de Carlos II.
No hay burlas con el amor. Si nos atenemos á ciertos indicios, hubo de escribirse mucho antes; pero si tenemos en cuenta otros externos, sólo puede señalarse la fecha de su aparición en el año de 1672. En este año se puso en escena en el teatro francés Les Femmes Savantes, de Molière, imitación de esta comedia calderoniana.
El postrer duelo de España.
Eco y Narciso.
El monstruo de los jardines.
La niña de Gómez Arias.
El hijo del sol, Faetón.
La aurora en Copacavana.
Fineza contra fineza, y
Apolo y Clímene, impresas primero en 1672, en el tomo IV de las Comedias de D. Pedro Calderón de la Barca.
Fieras afemina amor. Se dice en la loa de esta fiesta que se escribió por indicación de Carlos II, para solemnizar con su representación el día del nacimiento de su madre. Hubo de escribirse, por tanto, según todas las probabilidades, después del 6 de noviembre de 1675, en cuyo día fué declarado el joven Rey mayor de edad.
El segundo Scipión, y
Duelos de amor y lealtad. Muchas alusiones de estas dos comedias á Carlos II, á quien se adula sobremanera, hacen pensar que hubieron de escribirse después del 6 de noviembre de 1675.
Debemos hablar también ahora de El conde Lucanor, porque esta comedia, en la forma en que se encuentra en la compilación de Vera Tassis, es el último arreglo de la del mismo título de 1661.
Hado y divisa de Leónido y Marfisa, última comedia de Calderón, según el mismo Vera Tassis, y escrita á los ochenta y un años de su edad. Como es una de las incluídas por el poeta en su catálogo, y por consiguiente anterior al 24 de julio de 1680, parece probable la presunción de que alguno de los dramas, que faltan en el mismo, ha de ser posterior.
Las demás comedias de Calderón, sobre cuya fecha no hay dato directo ni indicación alguna indirecta, son
Los dos amantes del cielo.
De una causa dos efectos.
El jardín de Falerina.
Basta callar.
La Sibila del Oriente.
Primero soy yo.
El secreto á voces.
La desdicha de la voz.
El pintor de su deshonra.
La cisma de Ingalaterra.
Los cabellos de Absalón.
Las cadenas del demonio.
Las armas de la hermosura.
La señora y la criada.
Nadie fie sus secretos.
Céfalo y Proclis.
El castillo de Lindabridis.
San Francisco de Borja.
Bien vengas, mal, si vienes solo.
Un castigo en tres venganzas, y las señaladas en la pág. 48 de este apéndice, que probablemente deben haberse perdido.
CATÁLOGO DE LOS ESCRITOS MÁS IMPORTANTES SOBRE TODA LA LITERATURA Y ARTE DRAMÁTICO EN ESPAÑA, Ó SOBRE ALGUNA PARTE DE ELLA.
Blas Nasarre, prólogo á la segunda edición de las Comedias y entremeses de Cervantes: Madrid, 1749, y Apología del discurso preliminar á las comedias de Cervantes: Madrid, 1750.
Montiano y Luyando, Discurso sobre las tragedias españolas: Madrid, 1750.
Velázquez, Orígenes de la poesía castellana: Málaga, 1754. Repite, en cuanto á la dramática, los escritos anteriores; la traducción alemana de Velázquez, por Dieze, Göttinge, 1769, contiene adiciones importantes biográficas y bibliográficas.
Lampillas, Saggio Storico-apologetico della litteratura spagnuola: Génova, 1768-81, seis volúmenes (traducido al español por Josefa Amar y Borbón: Zaragoza, 1782). Por lo que hace al teatro, no contiene muchas cosas importantes.
Andrés, Dell' origine, de' progressi e dello Stato attuale d'ogni litteratura: Parma, 1783-97, siete volúmenes. Tampoco es de mucho valor lo que se refiere á la literatura dramática.
Signorelli, Storia critica dei teatri antichi e moderni, nueva edición: Nápoles, 1813.
Riccoboni, Reflexions historiques et critiques sur les différents theâtres de l'Europe: París, 1738.
Du Perron de Castera, Extraits de plusieures pièces du theâtre espagnol avec reflexions: París, 1738, trois volumes.
Linguet, Theâtre espagnol (con una introducción): París, 1770, cuatro volúmenes.
La Huerta, Teatro español: Madrid, 1785 y siguientes, 16 tomos. Contiene una introducción crítica y algunos breves artículos biográficos.
Pellicer, Tratado histórico sobre el origen y progresos de la comedia y del histrionismo en España: Madrid, 1804, en dos tomos.
Jovellanos, Memorias sobre las diversiones públicas: Madrid, 1812.
Bouterwek, Geschichte der Poesie und Beredtsamkeit, dritter Band: Göttingen, 1804.
Moratín, Orígenes del teatro español (impreso primero en las Memorias de la Academia española; después en el Tesoro del teatro español, de Ochoa).
A. W. v. Schlegel, Sobre el teatro español, en la Europa, de Fr. Schlegel; después, con más extensión, en las Vorlesungen über dramatische Kunst und Literatur, 14ª Vorlesung [82].
Blankenburg, Literarische Zusätze zu Sulzér's Allgemeiner Theorie der schönen Künste: Leipzig, 1796. Contiene una colección de noticias bibliográficas, hechas con esmero, atendiendo á los medios auxiliares entonces existentes.
Martínez de la Rosa, Sobre la comedia española, como apéndice á la Poética, en sus Obras literarias: París, 1827, tomo II.
Sismondi, De la litterature de l'Europe: París, 1813, cuatro volúmenes (traducido al alemán por L. Hain: Leipzig, 1816, dos tomos).
Lord Holland, Some account on the lives and writings of Lope de Vega and Guillén de Castro: London, 1817, dos volúmenes (extractado en alemán y precediendo á las comedias de Lope de Vega, traducido por J. Grafen von Soden: Leipzig, 1820).
Chefs-d'œuvre du theâtre espagnol: cinco tomos (en la Colección de Chefs-d'œuvre des theâtres étrangers: París, 1822); en el tomo I se encuentra un artículo sobre Lope de Vega de un Sr. La Beaumelle, escrito con cuidado, y que me ha servido, de índole esencialmente biográfica. El de Calderón vale menos.
Damas-Hinard, Theâtre espagnol, cuatro volúmenes: París, 1842. En las introducciones á esta nueva traducción antológica de las obras de Lope y de Calderón, se repite algo de la Colección anterior, pero también se añaden nuevos datos.
M. Enk, Studien über Lope de Vega: Wien, 1839. Esta obra extracta el argumento de 24 comedias de Lope, con algunas observaciones estéticas. Respecto á la preferencia que atribuye á las comedias analizadas, sólo conviene en cuatro conmigo.
Malsburg, prólogo á la traducción de las Comedias de Calderón: Leipzig, 1819 y siguientes, y á Stern, Scepter und Blume de Lope: Dresde, 1824; Heiberg, De poeseos dramaticae genere hispanico, praesertim de Calderone dissertatio inauguralis: Hafniae, 1827.
Observaciones varias, de J. Tieck, sobre el drama español en las Dramaturgischen Blättern, y en el prólogo á la Leben des Marcos de Obregón.
Solger, Crítica de las lecciones de Schegel en sus Gessammelten Schriften: Leipzig, 1829.
Val. Schmidt, Uebersicht und Anordnung von Calderon's Dramen, en el Anzeigeblat der Viener Jahrbüche de 1822.
Louis Viel-Castel, diversos artículos sobre el teatro español en la Revue des Deux mondes: 1840.
Colección general de comedias escogidas: Madrid, 1826 y siguientes. Esta Colección, después de cada obra dramática, inserta algunas observaciones estéticas, críticas y de otras clases, que en parte se han ampliado luego en el Tesoro del teatro español, de Ochoa.
| Págs. | |
CAPÍTULO XIII.—Los autos de D. Pedro Calderón.—El pintor de su deshonra.—La cena de Baltasar.—El divino Orfeo.—La vida es sueño.—La serpiente de metal. | |
CAPÍTULO XIV.—Francisco de Rojas. | |
CAPÍTULO XV.—Continuación del examen de las obras dramáticas de Rojas. | |
CAPÍTULO XVI.—Agustín Moreto y Cabañas.—Sus obras serias. | |
CAPÍTULO XVII.—Comedias de Moreto. | |
CAPÍTULO XIX.—Matos Fragoso.—Cristóbal de Monroy.—Juan Bautista Diamante. | |
CAPÍTULO XX.—Antonio de Mendoza.—Alvaro Cubillo de Aragón.—Juan de la Hoz.—Antonio de Solís.—Agustín de Salazar. | |
CAPÍTULO XXI.—Crítica de este período.—Nuevas tentativas para reformar el drama al estilo antiguo.—Colecciones de comedias españolas.—Extraordinario número de poetas en tiempo de Felipe IV y Carlos II.—Francisco de Leyba.—Jerónimo Cáncer.—Los hermanos Figueroa.—Fernando de Zárate.—Antonio Coello.—Jerónimo de Cuéllar. | |
CAPÍTULO XXII.—Luis de Benavente.—El conde de Villamediana.—Juan de Zavaleta.—Otros poetas dramáticos de esta época.—Bances Candamo.—Ojeada retrospectiva acerca de la edad de oro del teatro español.—Actores más famosos de este período.—Influencia del teatro español en los demás teatros de Europa. | |
| CUARTO PERÍODO. | |
|---|---|
| DECADENCIA DEL TEATRO ESPAÑOL EN EL SIGLO XVIII.—IRRUPCIÓN Y PREDOMINIO DEL GUSTO FRANCÉS.—ÚLTIMOS ESFUERZOS. | |
CAPÍTULO PRIMERO.—Circunstancias desfavorables á la poesía dramática en tiempos de Felipe V.—Cañizares.— Zamora.—Otros poetas dramáticos.—Esfuerzos hechos por los críticos afrancesados.—Luzán, Blas Nasarre, Montiano y Luyando. | |
CAPÍTULO II.—Reformas hechas en los teatros.—Traducciones de dramas franceses.—Tragedias de D. Nicolás Fernández de Moratín y de otros.—Comella.—D. Ramón de la Cruz.—La Huerta. | |
CAPÍTULO III.—D. Leandro Fernández de Moratín.—Cienfuegos.—Reforma del teatro español y desaparición del sistema clásico.—Gorostiza.—Martínez de la Rosa.—Bretón de los Herreros.—Gil y Zárate.—D. Angel de Saavedra.—Hartzenbusch.—Larra.—García Gutiérrez.—Escosura.—Zorrilla.—Otros poetas dramáticos modernos.—Nueva afición al antiguo teatro nacional. | |
| APÉNDICES. | |
Apéndice al capítulo V del tomo I.—Gil Vicente. | |
Apéndice al capítulo XVIII del tomo V.—Del número y cronología de las obras dramáticas de Calderón. | |
Apéndice al tomo V.—Catálogo de los escritos más importantes sobre toda la literatura y arte dramático en España, ó sobre alguna parte de ella. | |
Este libro se acabó de imprimir
en Madrid, en casa de
Manuel Tello, el día
25 de Enero
del año de
1888.