[502]

“Ya cabalga Calaínos
A las sombras de una oliva,
El pie tiene en el estribo,
Cabalga de gallardía”.

Así principia el romance de Calaínos, que cita Cervantes en su Quijote, 2, 9, rústica improvisación de algún iletrado juglar sobre asunto dado. El señor don Agustín Durán lo insertó en su Romancero general, extrañando que pare en proverbio el refrán que dice: Tan malo como las coplas de Calaínos; porque el romance es de los mejores de su clase, su narración interesante y animada, sencillo y bien sentido a veces, y menos pesado que otros.

Según el texto, lo más usual en tiempos de Quevedo era decir: Cuentos son ésos de Calaínos, denotando los razonamientos o escritos impertinentes y frívolos de cosas que no importan. Y se tomaba la frase de las aventuras de aquel paladín señor de Montesclaros y Constantina la llana, que vino a España a servir a Almanzor, rey de Sansueña, por amores de su hija la infanta Sevilla. Pidióle ésta que le trajese en arras tres cabezas de los doce Pares de Francia, y el valeroso alarbe pereció en la empresa a manos de Roldán, después de haber vencido a Baldovinos. No se remonta la antigüedad del romance de Calaínos más allá del siglo xv, puesto que en él se habla del preste Juan, del soldán de Babilonia y de las tierras del Gran Turco. Corr., 145: “Ya cabalga Calaínos; ya cabalga, ya se va. (Quedó de unas de sus coplas)”. Ídem, 548: “Las coplas de Calaínos. (Por cosa de poco valor. Fué un moro)”. Ídem 558: No se me da las coplas de Calaínos, las coplas del perro de Alba.

[503] Corr., 75: “El ánsar de Cantimplora, que salió al lobo al camino. (Adelante se dirá la gansa de Cantipalos, con su origen)”. Ídem, 172: “La gansa de Cantimpalos, que salía al lobo al camino. Los de este lugar cuentan por tradición de los pasados que una mujer llamada la Gansa salía al camino de otro lugarejo vecino a tratar a solas con el cura de allí, que se llamaba Lobo. Cantimpalos o Cantipalos es cerca de Segovia; el otro lugarcillo del cura ya está despoblado. El vulgo ha trocado este refrán en el otro: El ánsar de Cantimpalos o Cantimpalo, porque a los nombres que empiezan en A, aunque sean de hembras, se pone el artículo el: el ánsar por la ánsar, hembra”. Yo supongo que estos cuentos se inventaron después, y que cant-i-palo se aplicó al pueblo ése; pero que de suyo sólo significaba el ánsar o ganso bobo, que él mismo se mete en peligro, y por ello cantos o piedras y palos merece o le dan.

[504] De un orejón, muy arrugada.

[505] “lámpara” (dice la edición de Barcelona, 1635).

[506] El ab initio et ante saecula, frase del Eccl., 24, 14, para indicar aquí la vejez de la vieja, desde la eternidad.

[507] Cecina, carne curada, por lo vieja.

[508] Dueña se decía siempre en España por oposición a doncella; pero dueña y doncella se comprendía en el nombre general de dama. Con el tiempo, y en el siglo XVII, vino a circunscribirse el nombre de dueña, aplicándose tan sólo a aquellas “luengas y repulgadas tocas, escogidas para autorizar las salas y los estrados de señoras principales”, que tan al revés de lo que debían usaban, según Cervantes, “su ya casi forzoso oficio”. El mismo peregrino ingenio afirmaba que todas son amigas de saber, entender y oler, y general en ellas la costumbre de ser chismosas, llamándolas en El celoso extremeño “perdición de mil recatadas y buenas intenciones”. El pueblo, conforme a la irrecusable autoridad de don Quijote, se burlaba de ellas, comparándolas a la dueña Quintañona, quien fué nada menos que la Hebe de Lanzarote del Lago, puesto que le escanciaba el vino, como canta el popular romance:

“Nunca fuera caballero”, etc.

y la medianera en sus amores con Ginebra. Quintañón, de cien años, como el quintal, cien libras, del muy viejo. Góngora, Dec. burl.: “De un Serafín quintañón | el menor hoy blanco diente”.

[509] Chisme, murmuración, y a ella alude la que sigue, de la frase desenterrarle los huesos, por murmurar, y díjose por la mayor ignominia, que se hacía a los insignes malhechores, muertos sin castigo legal, de desenterrarlos. Cácer., ps. 72: “Les desenterraran los huesos”. Gallo, Job, 30, 4: “Son dientes mordaces, y cuando no hallan corteza de que morder, desentierran las raíces y aun los huesos de sus abuelos para decir que no son virtuosos los que viven”.

[510] Aquel dice: llamen a la dueña, esto es, cualquiera de casa acude a ella.

[511] En los sótanos, guardados y calientes; zaquizamíes, en lo alto y bien aireado.

[512] Coram vobis, ante vosotros. Es la presencia grave y autorizada de uno, y así se dice que tiene gran coramvobis el de tal presencia y persona. J. Polo, pl. 123: “Éste es nuestro coramvobis; | mas no es razón que le falte | el usado titulillo, | gran soplón de suae aetatis”. De aquí la cara o rostro, y hoy la panza gorda y respetable.

[513] Influyen, pronostican, indican, verbo astrológico. Quiere decir que auguran enfermo a quien cuidar y tarea nocturna, por ser dos ocupaciones de las dueñas. De las acelgas y lentejas véase Laguna, que dice ser resolutivas de opilaciones.

[514] Cabo de año, oficio religioso por un difunto al año de morir, con su catafalco, etc.; viejas sin cabo, tan viejas que no tienen fin.

[515] De tejadillo, alude al llevar el manto encima de la frente, dejándola descubierta, que así los labios y encías dejan descubierta la boca sin dientes o sin hueso, que dice luego.

[516] Dueñas, población cerca de Valladolid, y todavía más de Palencia. La picota estaba a la salida de poblado y era algún altozano, cuando lo había: allí estaba el rollo, por ser una columna con su base, lugar de ignominia.

[517] Corr., 405: “Púsele cual digan dueñas; poner cual digan dueñas. (Es maltratar de arte que las dueñas hayan lástima y hablen de ello las dueñas)”. Ídem, 597: “Cual digan dueñas. (Por tratar y poner mal)”. Las dueñas charlan y chismean en sus juntas y nunca para bien.

[518] Ruégote, olvidando Quevedo el os pido, por el paréntesis.

[519] Envergonzante, vergonzante. Quev., Rom., 76: “Mujer moza es mucho gasto | para envergonzante lindo”. Píc. Just., 2, 2, 4, 3: “La ramera envergonzante”. Aquí alude al de Noche, encubierto que tal suena envergonzante, y como tal lo ha pintado antes Quevedo.

[520] Es don Diego de Noche figura imaginada para significar cualquier paseante embozado de los que viven de gorra, susto perpetuo de los transeúntes, coco de los padres y maridos y acíbar nocturno de los saraos y bailes de candil. Fué muy común en el siglo XVI llamar también don Fulano de Noche a los que hasta puesto el sol no mostraban sus primores y habilidades. Argote de Molina, en la Sucesión de los Manueles nos ha conservado la memoria de don Pedro de Guzmán, que llamaron don Pedro de Noche, por la dulzura de su garganta y suavidad de su música, que tuvo sobre todos los que había entonces en Castilla, la cual solamente de noche ejercitaba. Este don Diego es en parte el sablista moderno, que sablea o da sablazos, esto es, gorrón y pedigüeño. Corr., 582: “Don Diego de noche. (Poner don a quien no le tiene, y para burlarse de mujeres enamoradas)”. Este dicho de Correas alude a la explicación dada, que concuerda con lo que dice Quevedo. A lo tío Diego es en Andalucía obrar uno con socarronería, afectando sencillez y procediendo con malicia. Tal los presuntuosos del dicho de Correas, que ostentan lo que no tienen y con que se daba vaya a las enamoradas, y tal el gorrón rebozado del texto y de la explicación, donde de noche indica el rebozo y la socarronería.

[521] Ramplón, dícese de la pieza de hierro que tiene las extremidades vueltas, como herradura ramplona, y por extensión del zapato tosco de mucha vuelta o que sobresale, y el zapato de patinar o patín, ganchudo. Coloma, G. Fland., 2: “Mandó hacer doce mil pares de ramplones con que servirse de los hielos”. Barbad., Corr., vic.: “Traía medias de cordellate y zapatos de ramplón”.

[522] Geomancía, adivinación por los cuerpos terrestres o por lineas y círculos hechos en tierra.

[523] Restañando el ventanaje, remendar agujeros. Entintar. Quev., Letr. satír., 10: “Yo conozco caballero, | que entinta el cabello en vano”.

[524] Hacer el coco es arrebujarse para meter miedo al niño con el coco o bu o fantasma.

[525] Vuelta de la espada, torcimiento del filo o corte. Santillana: “No hay espada sin vuelta, ni puta sin alcahueta”. Juega del vocablo vuelta, acción de devolver, como dicen los muchachos al recibir una cosa: “¿Tiene tornillo? Pues al bolsillo. ¿Tiene tornaco? Pues al bolchaco. ¿Tiene tornón? Pues al bolsón”. Al prestar algo suele decirse: “Tiene tornillo”, esto es, que se ha de volver a su dueño.

[526] Diles... los dones, alude a la explicación de Correas.

[527] Bigotera, asiento enfrente de la testera, para que vaya el criado u otra persona, en cupés y berlinas; además funda de gamuza o badanilla para meter los bigotes, cuando se estaba en casa, para que no se ajasen y para componerlos, como hoy se usan de otra clase.

[528] Mi sombra, dícelo por lo enjuto y delgado de su personilla, como pudiera haber dicho mi raspa; por lo mismo le llama luego caballero visión, cuya vista puso hambre en los muertos.

[529] Súpito, vulgar en todas partes. F. Silva, Celest., 26: “Cata, señora, que no seas tan súpita”.

[530] Corr., 363: “Cochite hervite. (Dícese a los que quieren las cosas muy aceleradas)”. De cocharse, que se usa en Segovia, de cocho o cocido, y de hervir, y alude al Antes cocho que hierva. Cácer., ps. 105: Quisieron ellos que cochite hervite los metiera luego Dios en la tierra, que les había prometido.

[531] ¿Doña Fáfula será doña Fábula, corrompido el nombre por la malicia de los villanos o de los mosqueteros, cruel pesadilla de los poetas dramáticos? A valer esta conjetura, tendría entonces aquella frase la misma significación que hoy tiene el manoseado chiste: En la comedia no salió al fin el argumento, que algunas almas pandas y no nada caritativas repiten cuando es trivial el asunto y se maneja con ruda Minerva. Es crítica de comedias.

[532] “día: Señora, tanto” (P).

[533] Corr., 612: “Tuvieron gran pelotera. (Por gran grita y voces alterando; varíase)”. Del enzarzarse riñendo, como haciéndose una pelota.

[534] De voleo, de vuelo, en volandas, volando, esto es, de prisa. Cabr., p. 226: “Sus llagas y dolores le llevaban de voleo a la muerte”. Cácer., ps. 25: “Ello mesmo se le viene de voleo”.

[535] Corr., 302: Güela la casa a hombre, y él iba rodando la escalera.

[536] “y Cristo muy mansueto, que parece que apenas echa la habla por la boca?” (Edición de Pamplona, 1631).

[537] “Cristo, pues puede”, etc. (Edición de Pamplona, 1631). Sin esta corrección no se entiende lo que luego añade: aunque es la misma paciencia...

[538] Bu, del soplar, y lo decía el diablo metiendo miedo en comedias. S. Badaj., 2, p. 73: “Diablo: Bubu, bu, bu, bu, bu, bu”. Ídem, 1. p. 212: “Diablo: Bu, bu, bu, bu”. (Cejador, Tesoro, B, 2).

[539] En palos y riñas o en canto y baile acababan casi siempre; véanse los de Lope de Rueda, Sánchez de Badajoz y Quiñones de Benavente.

[540] Corr., 617: “Marizápalos. (Por mujer desaliñada que arrastra y da las faldas en los zancajos)”. Es por lo mismo la que ahuyenta a todos, de ¡zape!, y así dice luego: “Mira que digáis cómo la he puesto”. Además, la desechada de todos con el ¡zape! Así Balcón de Marizápalos fué el que improvisó en la plaza Mayor de Madrid Felipe IV una noche para cierta favorita que no tenía dónde presentarse. Fué además nombre de un baile. Zamora, Gurruminas: “Marizápalos era muchacha | y enamoradita de Pedro Martín, | por sobrina del cura estimada, | la gala del pueblo, la flor del abril”. D. Torres, Ronda al uso: “Marizápalos era”... Bibl. Gallardo, 2, 204: “Marizápalos bajó una tarde | al fresco sotillo de Vaciamadrid... | Respondió Marizápalos ¡zape! | levando sus voces cariños de miz”. Véase Cejador, Tesoro, Silb., 212, zápele, etc.

[541] “doña Fábula” (P).

[542] Corr., 617: “Marirrabadilla. (Los desiguales y ruines que quieren ser tanto como otros buenos)”. Los junto a la cola, dicen también. Corr., 170: “La necesidad obliga al más desvalido nombre, que es de Marirrabadilla. (A sorrabar a otros, que así llaman al rogar y pedir con sumisión)”. Corr., 118: “Los hijos de Marirrabadilla, cada uno en su escudilla, o En casa de Marirrabadilla, cada uno con su escudilla. Estar como los hijos de Marirrabadilla”. Esto es, que en las familias como la de esta ruin señora, todos riñen por la comida.

[543] Piullido, de pi-ular o pi-ar las aves cuando son pequeñas, sobre todo los pollos, y úsase en Murcia; diminutivo -ol, de pi-ar.

[544] Pius Aeneas le llama Virgilio.

[545] Corr., 71: “Allá se lo haya Marta con sus pollos. (El descuido vulgar deshace la consonancia, habiendo de ser la postrera palabra Marta)”. Ídem, 60: Acá lo ha Marta con sus pollos. Estos refranes salieron de aquel otro de Corr., 353: ¿Con qué viene Marta, la que los pollos harta? Ídem, 442: “Marta, la que los pollos harta. (A desdén de la impertinente)”. Y díjose del ser piadosa. Corr., 449: Más piadosa que Marta con sus pollos. Ídem, 442: Marta la piadosa, que daba el caldo a los ahorcados. Ídem, 442: Marta la piadosa, que mascaba el vino a los enfermos. Ídem, 442: Marta la piadosa, que mascaba la miel a los dolientes. Ídem, 442: “Marta la piadosa. (Dícese a personas piadosas y a veces con ironía y reprende imprudencias y blanduras dañosas)”. ¿Por qué a la mujer activa llamó el pueblo Marta? Creo que por Marta, la que servía a Jesús, que la reprendió por ello (Luc., 10, 40 y 41): Satagebat... sollicita es. Marta es la que marra y yerra o otros dichos, y así daba a sus pollos lo contrario de lo que habían menester.

[546] Corr., 471: Muera Marta y muera harta.

[547] Corr., 220: No hay tono como el del pito.

[548] Corr., 309: Bien canta Marta después de harta.

[549] Corr., 205: Los pollos de María, que piden pan y danles agua. Timoneda, p. 393: Los pollos de Marta, que piaban por beber y dábanles a comer.

[550] Corr., 359: “Como el alma de Garibay, que ni la quiso Dios ni el diablo. (Cuando algo se da por perdido, se dice: tan perdido es como el alma de Garibay)”. Es explicación de la etimología de Garibay, aunque no falta la correspondiente leyenda, que trae Sbarbi. Es el desecho o aechaduras de la criba, gari, trigo, y bay, criba, en éuskero, criba de trigo. Por eso del aechar se dijo estar como el alma de Garibay, que ni pena ni gloria, indeciso, del estar meneándose como el cedazo.

[551] “todas las almas quiere y por todas las almas murió” (B).

[552] Corr., 601: “Perico de los palotes. (Apodo de bobo y necio)”. Covarr.: “Un bobo que tañía un tambor con dos palotes. El que se afrenta de que le traten indecentemente, suele decir: Sí, que no soy yo Perico el de los Palotes”. Protodemonio le llama el Diablo cojuelo, 10, y en los Entrem. s. XVII, 473: “Periquito el de los palotes | si no tienes cuartos | que dame doblones”. Acaso, más que a los palillos de tambor alude a los palotes del que no sabe escribir; o a las muletas del diablo cojuelo. Pateta, el diablo, como Patillas, el diablo cojuelo, por lo aviesos que suelen ser y malos los cojos, que cojo significan todos estos nombres, luego el diablo, y porque cuentan las viejas que el diablo quedó cojo al caer despeñado del cielo, que es decir que se hizo avieso y malo. Corr., 601: “Llevárselo Pateta, perderse, irse al infierno”. No dijera más Pateta (Quev., C. de c.). “Juan de las calzas blancas. (Dícenlo por un difunto que salía de la sepultura)”. (Corr., 571). Lope, Dorot.: “No para damas, que las hacen piernas de difuntos, y desde Juan de las calzas blancas son contra la pramática del buen gusto”. Don. hablador, 1, 7: “Me decía por libre, saliendo de Santarsis como Juan de las calzas blancas, en piernas a lo soldado, sin capa, sin sombrero ni cuello”. “Pedro por demás. (Sin hacer nada)”. (Corr., 601). B. Garay, 4. “El Bobo de Coria, que empreñó a su madre y a sus hermanas y preguntaba si era pecado”. (Corr., 88). Un cuento sobre ello hizo Villergas (El tío Camorra, paliza 22, año 1848). “Pedro de Urdemalas. (Es tenido por un mozo que sirviendo hizo muchas burlas a los que sirvió)”. (Corr., 601). Añaden: o todo el monte o nada. Es el que urde muy malas artes, y Cervantes hizo de él un entremés.

[553] El santo Macarro jugando al abejón (Corr., 82). Vanle tiznando la cara los demás, sustituyéndole el que se ríe, y él ha de estar muy serio, zumbando como abejón. Torr., Son. a M. A. Cast.: “Quiere llamarse ingenio, si es macarro, | si trata los asuntos con desbarro”. Confundióse con mocarro. Q. Benav., 2, 266: “Ya que éste es | un mocarro”. Figueroa, Plaza, f. 255. Díjose por las muecas y visajes del tiznado.

[554] Corr., 172: “La de santo Leprisco. (Dicho de donaire, como San Ciruelo, San Pito)”. Sin duda, del prisco.

[555] Corr., 565: “San Ciruelo. (Por santo no determinado ni cierto, y así, diciendo para tal día, es para nunca jamás)”. Dícese del torpe, necio, y bruto y se dijo del santo, por la madera de ciruelo o de prisco, de que salió alguna imagen de santo. Entrem. romanc.: “Aunque es largo mi negocio | la vuelta será muy breve: | el día de san Ciruelo | o la semana sin viernes”.

[556] Corr., 519: “El santo Pajares. (Dicho a desdén)”. El santo de Pajares, que se quemó el santo y se salvó la paja. Dícese santo de Pajares del que, jugando, le van tiznando la cara sin haberse de reír, so pena de tomar su lugar, lo cual se hacía con pajas o cosa carbonizada. De aquí el refrán del que no supo mirar por sí, aprovechando a otros, y del hipócrita y del parado y necio. Comed. Florin., 9: “Pensé que eras un santillo.—De Pajares, que ardía él y no la paja”. Lope, Dama boba, 2, 8. “Fray Jarro, fraile cucarro. (Apodo a niños frailitos)”. (Corr., 583). Ídem, 87: El fraile cucarro, deja la misa y vase al jarro. Decimos A propósito, fray Jarro, de lo sin sazón ni ocasión, aludiendo al bebedor, que con cualquiera ocasión echa mano al jarro, y sin duda era el fraile cucarro o cuco el primero que tal costumbre tuvo.

[557] San Porro, dícese como porro, del bruto, por ser romo como una porra.

[558] Concomos; carcomos en P; corcovos en la edic. corregida. Es la acción de concomerse o menear mucho los hombros, como sierra al serrar. Moreto, Las traves., 3: “Hubo concomo de lomos?” Lo mismo vale concomio.

[559] Vargas podrá ser el alcalde de Corte por los años de 1480, a quien cometía la averiguación de los memoriales la Reina Católica, u otros varios que dice Corr., p. 66; pero de suyo es personificación del monte muy enzarzado, y Averígüelo Vargas alude al dicho enzarzamiento. Monte y ramaje es lo que varga significa (Tesoro, B).

[560] Véase La Celestina (mi edic). sobre Villadiego.

[561] Eso no, Miguel de Vergas. Tuvo principio en Salamanca. Fuera de la puente hay una ermita de la Trinidad, donde, al pie de una imagen de Dios Padre, se hizo pintar un devoto ciudadano llamado Miguel de Vergas, con una copla que decía así:

“Querría honra y provecho
Y que nada me faltase,
Y cuando Dios me llevase,
Irme a la gloria derecho”.

Al pie de la copla escribió un estudiante: Eso no, Miguel de Vergas. (Doctor Francisco de El Rosal, Biblioteca Nacional, T. 127. Origen y etimología de todos los vocablos originales de la lengua castellana, alfabeto III, p. 31). Correas, p. 133, lo confirma: “Eso no, Miguel de Vergas, que tenéis muchos pecados”. (Este refrán nació en Salamanca, adonde hubo un ciudadano rico y que casó dos hijas con dos doctores y hizo racionero un hijo, que después fué canónigo y tuvo otras dignidades; y en la torre de la Trinidad, parroquia del arrabal, están dos pinturas de bulto relevadas en la pared por la parte de afuera: la una de Dios Padre y la otra de un hombre arrodillado delante, y por los efectos ya vistos y por la postura de las figuras, fingió el vulgo que Miguel de Vergas hace esta oración: “Señor, case yo mis hijas con dotores y a mi hijo véale canónigo en la Iglesia mayor, y después de mis días, llévame con vos a la gloria”. A esto dicen: “Eso no, Miguel de Vergas”; y parece que lo dice el ademán de la pintura, dando a entender que no puede haber dos glorias, acá y allá. Fué Miguel de Vergas virtuoso y pío y hizo la dicha torre y reparó la iglesia y fundó en ella una capilla para su entierro y lucióse su virtud en su descendencia).

[562] Empuñadura de conseja, comienzo de cuento en fórmula tradicional. Corr., 74: “Érase que se era, el bien para todos sea y el mal para la manceba del abad”.

[563]En Martes, ni tu tela urdas ni tu hija cases. (Opinión del vulgo contra el martes, y nace de ser tenido Marte en la gentilidad por dios de las batallas, y este planeta domina en ese día, y por eso le tienen por aciago los ignorantes, tomándolo de la gentilidad, que no hacía casamientos en martes por su dios de disensiones y batallas)”. (Corr., 122). Ídem, 111: En el martes, ni paños cortes ni hija cases. Ídem. 122: En martes, ni tu casa mudes, ni tu hija cases, ni tu ropa tajes. Nacer en martes es ser desgraciado, como lo dice una canción popular: “Dar con la del martes, con la mala”. (Corr., 575).

[564] “Mátalas callando y tómalas a tiento y pálpalas a tiento o a ciegas. (Dícese del que con sosiego y secreto hace las cosas cautamente)”. (Corr., 458). Esto es, del hipócrita. Mátalas hablando lo inventa Quevedo al propósito, no menos que Resucítalas callando. Yo creo se dijo propiamente de las pulgas.

[565] Portante, paso apresurado. Quev., Cart. Viaj.: “Soy tartamudo de zancas y achacoso de portante”. G. Alf., 2, 3, 5: “Porque iba de portante y según llevaba el paso presto saliéramos de muda”.

[566] Las aventuras de Lanzarote constituyen la parte festiva y amena de los libros caballerescos de Artús o Arturo, príncipe de los silures, que floreció a fines del siglo VI y fué el Pelayo de la Gran Bretaña contra los sajones, dueños a la sazón de toda la isla. Instituyóse en tiempos de este buen Rey, según la irrecusable autoridad de don Quijote, la famosa Orden de la Tabla redonda, y pasaron sin faltar un punto los amores de don Lanzarote del Lago con la reina Ginebra, hija del rey de Escocia y mujer de Artús, siendo mediadera de ellas y sabidora la honrada dueña Quintañona, de donde nació aquel tan sabido romance y tan decantado en nuestra España de

“Nunca fuera caballero
De damas tan bien servido
Como fuera Lanzarote
Cuando de Bretaña vino”.

Pasa como autor del libro de Lanzarote Arnaldo Daniel, poeta provenzal de fines del siglo XII.

[567] Certifico, lo abono, lo fío.

[568] Corr., 273: “Juan de buen alma. (A uno que es bonazo y flojo)”. T. Ramón, Dom. 17. Trin. 5: “De unos Joanes de buena alma”. Gran., Comp., 3, 3: “Los que en las religiones no tienen más que esta bondad natural, no son más que un Juan de buen alma”. Laguna, Diosc., 4, 96: “Al que no es revoltoso ni sabe ofender a nadie, antes sufriendo injurias y dando gracias por ellas pasa la vida, dicen que no es deste mundo, sino un Juan de buen alma”.

[569] Corr., 173: La gata de Juan Ramos cierra los ojos y abre las manos. Quev., C. de c.: “Con mucha sorna se vino mano sobre mano, hecho gatica de Juan Ramos”. Dícese del que disimuladamente y con melindre pretende una cosa, dando a entender que no la quiere, o que se hace la muerta y boba. Corr., 173: “La gata de Marirramos, que se hacía muertecina para cazar los ratos. (En éstos, unos dicen Juan Ramos, otros Mari Ramos, otros Marcos)”. Corr., 87: “El gato de Marcos Ramos, halaga con la cola y araña con las manos”. Ídem, 492: “Hacer del gato de Juan Hurtado. (Es hacerse mojigato)”. O hacer de la gata muerta (Corr., 492).

[570] Febrero, mes de los gatos y gatas, que suele decirse a los niños, cuando preguntan por qué andan alborotados y gritan, que les duelen las muelas.

[571] El sastre del Campillo o de Piedras Albas, que ponía de su casa aguja y hilo, o el alfayate de la encrucijada, pone el hilo de su casa. El sastre del cantillo, cosía de balde y ponía el hilo. (Corr., 82). El sastre de Peralvillo, que hacía la costura de balde y ponía el hilo (ídem, 82).

[572] De las uñas, por lo que hurta.

[573] Escarapela, riña. F. Silva, Celest., 23: “Si tú hubieras visto en la escarapela que nos hemos visto”. (Véase Tesoro, Silbant., 299).

[574] Todo lo anterior, desde el principio del párrafo, donde se habla de Vargas, hasta este punto, falta en la edición de Pamplona, y debió ser añadido por Quevedo en 1629. Ya en adelante conforman ésta y la de Barcelona de 1635.

[575] Deshonrabuenos, el que murmura quitando la honra y el que desdice de su linaje. J. Polo, pl. 223: “Volvedme mi honra, que sois un deshonrabuenos”. Cácer., ps. 21: “Dicen que soy deshonrabuenos”. Corr., 579: “Deshonra buenos y linajes. (Al bellaco)”.

[576] Al cielo, y para desviar el voto del cielo añade de la cama.

[577] Diego Moreno, de buena disposición, bien vestido y de buena cara. Quev.: “Y para nosotros | vino la (edad) de cuerno, | rica de ganados | y Diegos Morenos”.

[578] Entremés o diversión de todos, dice Diego Moreno que le hicieron. Es el consentidor, por lo cual dice antes Quevedo que iba bien vestido, y de buena cara, y luego que fué marido de tomo y lomo, porque tomaba y engordaba de lo que ganaba su mujer.

[579] Aunque se llamen Juanes, esto es, sean bobos (Celest., mi edic.), se vuelven Diegos, que viven de gorra, como hemos visto. Por eso se llaman Diego y Moreno, por llamarse así los negros. J. Rufo, Apotegm., f. 105, del 1596: “Al chico de cuerpo se le ha de llamar mediano; al moreno, trigueño, y al negro, moreno”.

[580]De tomo y lomo. (Por cosa fornida)”. (Corr., 758); esto es, muy marido.

[581] Sietedurmientes, que ni oía ni veía a los que solicitaban a su mujer, si eran ricos, y grulla, esto es, vigilante, si pobres: “cogen una piedra pesada con el pie derecho y le levantan, porque si acaso se duermen, cayendo la piedra, las despierta” (Valdecebro, Aves, 11, 50).

[582] Dios me le guarde..., es un consentidor.

[583] “desmocharan las testas” (P).

[584] Poetas, por ser pobres; ginoveses, por ser ricos.

[585] Marido postizo, el que siempre hace de acusativo, que padece, mientras otros hacen de nominativo, que obra, en frase del Guzmán de Alforache, en cuya pte. 2, l. 3, c. 5, se trata largamente de ellos.

[586] Medellín, acaso alude a los ganados extremeños, como en el barbar de cabrío, o tener barbas de chivo.

[587] Endureció, con la cornamenta, y lo mismo da a entender con las frases que siguen.

[588] Y a la grita y ruido..., me desperté, tenía intención de escribir Quevedo; pero se le fué al cielo el santo y el período quedó desbaratado.

[589] Atienden, sujeto de este verbo plural es el colectivo gente.