[276] Fócide, región de la Grecia que confinaba al este con la Beocia, al oeste con la Etolia, al NE con el mar de Eubea y al sur con Corinto. Sus ciudades principales eran Delfos y Elatea. Estrofio, padre de Pílades, era su rey.
[277] Los agnados, lo mismo entre los griegos que entre los romanos, eran siempre preferidos a los afines, y de aquí que Orestes insista en esto particularmente.
[278] No olvidemos que Eurípides habla a un pueblo democrático.
[279] Este diálogo entre Pílades y Orestes, rápido, natural y animado, es uno de los mejores trozos de esta tragedia, y de los más notables del teatro antiguo.
[280] Atreo y Tiestes, deseosos de reinar, se habían convenido en dejarlo al arbitrio de los dioses cuando estos les manifestasen su voluntad. En efecto, apareció una oveja de vellón dorado en los rebaños de Atreo; pero Tiestes, con ayuda de Aérope, su cuñada, mujer de Atreo, pudo sustraerla y usurpar el trono.
[281] Obsérvese el poco miramiento con que el mensajero anuncia a Electra nada menos que su sentencia de muerte. En un drama moderno no se haría así, porque se seguirían convulsiones y una explosión de dolor demasiado violenta. Pero realmente Electra estaba ya preparada a oírla, y las primeras palabras del mensajero lo hacen presumir.
[282] Sobre esta colina, estaba edificado el castillo o ciudadela de Larisa, y en ella, según parece, se reunía el pueblo para emitir sus sufragios en tales casos. El litigio a que se refiere Eurípides fue el promovido por el asesinato de los hijos de Egipto a manos de las hijas de Dánao.
[283] Este Diomedes debe ser el hijo de Tideo, rey de Etolia, y uno de los griegos más esforzados que sitiaron a Troya. Peleó con Héctor y Eneas, se apoderó de las flechas de Filoctetes y de los caballos de Reso (véase el Filoctetes de Sófocles y el Reso de Eurípides), robó el Paladión y, asistido de Atenea, combatió contra los dioses, hiriendo a Ares y a Afrodita. A su vuelta, vendido por su esposa Egialea, huyó de su patria y, según cuentan, fundó en Italia a Arpi y Benevento.
[284] Algunos han creído que Eurípides aludía al demagogo Cleón, fundados en estas palabras, porque, según dice Aristófanes, no era ateniense, sino extranjero; sin embargo, Eurípides solo da a entender que no obraba como lo hubiera hecho un ciudadano probo y honrado, un argivo patriota. Por lo demás, este retrato es el de todos los demagogos, y así es aplicable a Cleón como a cualquiera otro.
[285] Los pelasgos fueron un pueblo indo-germánico que penetró en la Grecia hacia el año 2000 antes de Jesucristo. Poblaron primero el Norte, la Tracia, la Macedonia, la Iliria, el Epiro y la Tesalia, y después se extendieron por toda la Grecia. Fueron vencidos por los dorios, y de ellos vinieron los ilotas de Lacedemonia. Aunque era un pueblo bárbaro, tenía conocimiento de la metalurgia y de la arquitectura, como lo prueban las construcciones ciclópeas de la Grecia y de la Etruria, y de la poesía. Su gobierno era generalmente monárquico y sacerdotal; su religión, una especie de fetichismo combinado con el culto de ciertos dioses orientales.
[286] Ínaco, fenicio fundador de Argos que residió también en Egipto, desde donde vino con pastores fenicios, egipcios y árabes.
[287] Alude a la próxima llegada de Orestes con Pílades y otros amigos.
[288] Hartung, en sus Comm. a esta tragedia, pág. 219, dice así: Die Nägel sind nur bei den Leichen weiss, bei lebenden Menschen haben sie die Farbe der Finger. «Solo las uñas de los cadáveres son blancas, las de los vivos del color de los dedos»; pero Eurípides las da el epíteto de blancas porque son de una princesa. Los esclavos, ocupados en trabajos mecánicos, no debían tenerlas así.
[289] Cadena de montañas entre la Macedonia y la Tesalia.
[290] Mírtilo fue un cochero de Enómao, rey de Pisa, y padre de Hipodamía, la esposa de Pélope, y fue sobornado por este para vencer a Enómao a la carrera. En efecto, le dio un carro cuyas ruedas, sujetas débilmente al eje, se estrellaron en el certamen, muriendo su dueño. Hipodamía, su hija, premio de la victoria, se casó con Pélope, y Mírtilo fue arrojado al mar cuando pidió el premio de su atentado.
[291] Promontorio de la Eubea.
[292] Horrorizado el sol de las atrocidades cometidas por Atreo y Tiestes, retrocedió en su carrera.
[293] Por pueril que parezca esta exclamación de Orestes, es, sin embargo, la más natural.
[294] En la edición de Théob. Fix, que hemos tenido a la vista, dice así el texto griego:
que traducido al latín es: O carissime, o qui desiderabile et dulcissimum habes nomen (fratris) ex tua sorore et unam (cum ea) animam, cuyas palabras, vertidas al castellano, dan un verdadero absurdo bajo todos aspectos, así en el fondo como en la forma. Lo más probable, como observa oportunamente Hartung (Comm., página 225), es que en vez de ὄνομα, causa del error, dijese ὄμμα.
Electra debió sentir aún más la pérdida de su hermano, porque se asemejaban sus facciones a las de su padre y a las suyas propias, como sucede de ordinario en las familias.
[295] En opinión de Eurípides, a la muerte del hombre los átomos que lo componen vuelven a su antiguo ser, el cuerpo a la tierra y el alma al éter, en donde vive inmortal. Supp., 533, πνεῦμα μὲν πρὸς αἰθέρ᾽, τὸ σῶμα δ᾽ εἰς γῆν. Hel., 1016, ὁ νοῦς τῶν κατθανόντων ζῇ μὲν, οὔ γνώμην δ᾽ ἔχει ἀθάνατον, εἰς ἀθάνατον αἰθέρ᾽ ἐμπεσών.
[296] Eurípides, casi siempre que habla de la espada, acero, cuchilla o puñal, usa de los epítetos μέλαν, μελαίνον o μελάνδετον, negro, oscuro, de negro puño. No se refiere, pues, a la muerte o a la sangre, sino a la materia o instrumento que la causa o derrama.
[297] Pílades alude aquí a su madre Anaxibia, hermana de Agamenón, o a Cidrágora, hija de Atreo y esposa de Criso, padre de Estrofio, su abuelo.
[298] Según dice el escoliasta, este pensamiento es de Estesícoro, en cuya tragedia Helena esta pronuncia dicha frase en el momento en que van a apedrearla, y hace tal efecto que sus verdugos, admirando su belleza, dejan caer las piedras de las manos.
[299] Seguimos aquí a Hermann, porque lo natural es que los semicoros pronuncien estos versos, no Electra, a la cual corresponde lo que dice más abajo.
[300] El lenguaje ampuloso del frigio y sus continuas repeticiones caracterizan a esta clase de personajes, con arreglo a las ideas que reinaban entre los griegos acerca de los bárbaros.
[301] Este calzado bárbaro de que habla Eurípides, cuya descripción no hemos encontrado en ningún escoliasta ni comentarista, ni en muchas obras de Arqueología, debió ser una especie de borceguí que cubría todo el pie y parte de la pierna, según es de colegir de los antiguos monumentos que representan a Paris vestido.
[302] Triglifos (τρίγλυφος, de τρεῖς, tres, y γλύφω, esculpo), ornamento arquitectónico, especie de almohadillado, que en el friso dórico ofrece ranuras profundas y verticales, llamadas glifos o canales: se compone de dos estrías en medio y dos semiestrías a los lados, que juntas hacen tres. Los triglifos están separados por las metopas, y representan las extremidades de las vigas transversales que descansan en el arquitrabe. En su origen eran pequeñas ranuras prismáticas destinadas a facilitar el paso de las aguas. Como Helena era mujer de Menelao, rey de Esparta, los adornos arquitectónicos son dóricos.
[303] Océano, que, según Homero, rodea a la tierra y abraza todos los mares; dios cuyo poder solo cedía al de Zeus, y esposo de Tetis. Moraba con esta en un palacio situado al occidente. Hesíodo dice que era hijo de Urano y de Gea, el primogénito de los Titanes, padre de tres mil ríos y otras tantas oceánides o diosas de las fuentes subterráneas que provenían del Océano. Se le representaba con cabeza de toro para indicar su fuerza.
[304] Las murallas de Troya fueron construidas por Apolo y Poseidón en el reinado de Laomedonte. Apolo había sido desterrado del cielo por haber dado muerte a los cíclopes, forjadores de los rayos que exterminaron a su hijo Esculapio.
[305] Dárdano, natural de Córito, en la Etruria. Intentó asesinar a su hermano para apoderarse del trono, y tuvo que huir al Asia Menor, en donde se casó con la hija del rey de Teucria. Mírasele como el fundador de Troya.
[306] Hijo de Agamenón.
[307] Para comprender estas palabras del frigio, tengamos presente la construcción de las casas griegas, que, según se colige de los distintos datos que se han reunido; era la siguiente: entrábase por la puerta (θύρα) a un vestíbulo (θυρωρεῖον) que tenía distintos aposentos a derecha e izquierda, y servían de establos o cuadras, de portería y de habitaciones para los esclavos; seguía el primer patio con su peristilo y aposentos en los corredores, todo destinado a los hombres (ἀνδροῖτις), y separado por una puerta del gineceo, compuesto también de patio, peristilo y habitaciones (γυναικωνῖτις). En el extremo del gineceo, opuesto a la puerta, había una sala en donde residía de ordinario la dueña de la casa; junto a ella el tálamo nupcial, y detrás las piezas en que trabajaban las esclavas.
[308] Cibeles, hija del Cielo, esposa de Cronos y madre de Zeus, Hera, Poseidón y otros muchos dioses. Representaba a la Tierra, y era adorada principalmente en Frigia y en Creta.
[309] Áyax, hijo de Telamón, rey de Salamina, el más valiente de los griegos después de Aquiles. Peleó con Héctor un día entero sin decidirse la victoria por ninguno de los dos. Tomada Troya se atravesó con su espada, no habiendo conseguido las armas de Aquiles, que disputó a Odiseo, y lleno de vergüenza por haber degollado en su delirio los rebaños de los griegos. (Véase el Áyax furioso, de Sófocles).
[310] Esta escena entre Orestes y el frigio es más bien cómica que trágica, no obstante la situación especial del primero, poco a propósito para abandonarse a tan divertidos diálogos.
[311] Pílades aparecía sin duda como personaje mudo cubierto con su máscara, y el mismo actor representaba su papel y el de Menelao. El tercero, en todo caso, se reservaba para el de Apolo, que no tarda en presentarse.
[312] Los paganos observaban la costumbre de sacrificar antes de ciertos actos solemnes, como las declaraciones de guerra, las batallas, etc., lo cual hacían en Esparta los reyes, como los cónsules en Roma. En este caso era requisito indispensable que el sacrificador no estuviese manchado, como Orestes, con la sangre de su madre. Eurípides, sin embargo, no parece muy conforme con estas ceremonias externas, cuando indica más abajo que lo principal es tener el alma pura.
[313] Esta exclamación de Menelao retrata al vivo su carácter de esposo débil y apasionado de su esposa infiel. Su recuerdo le atormenta, y no puede menos de expresarlo.
[314] Quizá la intervención de Apolo, mirada por algún crítico moderno como un simple adorno de la tragedia para darle más pompa o interés, es necesaria, en nuestro concepto, para desatar el nudo, porque el pueblo argivo, dado caso de intervenir en la contienda, solo trataría de cumplir su sentencia y matar a Orestes, no de incurrir en tan corto plazo en una flagrante contradicción.
[315] Plazo indispensable para purificarse en el destierro del asesinato; según las costumbres griegas.
[316] Región de la Arcadia, llamada así de Parrasio, hijo de Licaón, cerca del monte Estínfalo. Ovidio en el libro II, Fast., dice: Altaque Trœzene Parrhasiæque nives.
[317] Azanes, en la Arcadia, del monte Azán o Azón, próximo al Peneo y Estínfalo, célebre por la fuente de Azania, que, como la Clitoria, tenía la virtud de infundir la sobriedad. Estacio en el libro IV, Teb., dice: Venit et Idæis ululatibus æmulus Azan.
[318] Atenas.
[319] Hebe o la Juventud, hija única de Hera, que servía el néctar a la mesa de los dioses. Resbalose un día en el ejercicio de sus funciones y cayó al suelo, avergonzándose tanto que no quiso comparecer más ante la celestial asamblea. Entonces robó Zeus a Ganimedes, que fue desde su ascensión al cielo el copero de los dioses. Hebe se casó después con Heracles.
[320] Admeto, rey de Feras, en Tesalia, uno de los argonautas y de los cazadores del famoso jabalí de Calidón. Apolo fue protector de su familia porque habiendo sido su pastor fue tratado con benevolencia, y por esta causa libró a su protegido de la muerte, prometiendo a las Parcas otro muerto. Ninguno de su familia quiso dar por él su vida, excepto su virtuosa esposa Alcestis, salvada por Heracles.
[321] Esculapio, hijo de Apolo y de Coronis, dios de la medicina, que le enseñó su protector el sabio centauro Quirón. Acompañó a los argonautas, y a su vuelta resucitó a Esculapio, si bien lo trasladó al cielo, en donde forma una de las constelaciones del Zodiaco. Adorábasele principalmente en Epidauro, Atenas, Pérgamo y Esmirna, y le estaban consagrados el gallo y la serpiente, símbolo de la vigilancia y de la prudencia. Apolo, para vengarse de su padre, mató a los cíclopes, forjadores de los rayos, y por esta causa fue desterrado del cielo.
[322] Feres, según dice Apolod., Bibliot., 1, 9, 11, 14, fue hijo de Creteo y de Tiro, fundador de Feras, ciudad de la Magnesia, a algunas millas de la costa.
[323] Recuérdese que Artemisa dice lo mismo cuando se acerca el momento en que debe expirar Hipólito.
[324] Ni ahora ni después cuenta Eurípides cuál fuese este primer engaño de Apolo. El escoliasta, siguiendo a Esquilo, Euménides, 728, dice que embriagó a las Parcas.
[325] Uno de los trabajos de Heracles, de orden de Euristeo: apoderarse del carro y de los caballos de Diomedes, rey de la Bistonia o Tracia, que se alimentaban de carne humana.
[326] En Electra, en el sacrificio celebrado por Egisto y Orestes, el sacrificador corta también algunos pelos de la víctima y los arroja al fuego. Virgilio, en la Eneida, IV, 698, dice así:
Adviértase que se trata de la muerte de Dido, y que Iris es la mensajera enviada para acelerar su muerte.
[327] Pelias, hijo de Poseidón y de la ninfa Tiro, rey de Yolco. De Anaxibia, hija de Biante, o según otros, de Filómaca, hija de Anfión, tuvo a Acasto y a Alcestis, Pisídice, Pelopia e Hipótoe. (Véase la Medea).
[328] Alusiva a las abluciones que se hacían al cadáver.
[329] Licia, región del Asia Menor, al sur de la Frigia, entre la Caria y la Panfilia, cuyas ciudades principales eran Mira y Patara, famosa por su templo de Apolo. A él alude Virg., Eneid., IV, 143, cuando dice, comparando a Eneas con Apolo:
[330] Esculapio.
[331] Dice la esclava que es tan débil la vida de Alcestis, que se puede llamar muerta. Por esto añade al coro que tanto monta llamarla viva o muerta.
[332] A Admeto, su señor.
[333] Es probable que esta diosa a quien invoca Alcestis sea la Ἑστία griega (Vesta romana) que presidia al hogar doméstico, y cuyo culto, entre los helenos, era muy semejante al de los latinos. Era hija de Cronos y de Rea.
[334] Las de los dioses penates o domésticos, patronos de la familia, así de las personas como de los bienes.
[335] Παιάν, nombre que da Homero al médico de los dioses, y sobrenombre de Apolo y de su hijo Esculapio, como de dioses que curan los males físicos.
[336] Muy sabido es que Caronte, hijo del Érebo y de la Noche, tenía la obligación de transportar a los muertos de una a otra orilla del Aqueronte, siempre que hubiesen sido sepultados y que le pagasen el óbolo del pasaje. Su barca era birreme, y llevaba, además un garfio para atracarla a la orilla.
[337] El texto griego dice así: ... καὶ τόδ᾽ οὐκ ἐς αὔριον, οὐδ᾽ ἐς τρίτην μοι μηνὸς ἔρχεται κακόν. Hartung traduce Ich muss ja sterben: dieses Schicksal stellt sich auch nicht etwa morgen oder übermorgen ein. Fúndase sin duda en estas palabras del escoliasta: οὐκ εἰς τὴν αὔριον τοῦ μηνος τούτου οὐδ’ εἰς τὴν μετὰ τὴν αὔριον, en las cuales el τρίτην μοι μηνὸς se comprende como el día que sigue al de mañana. La exactitud y la fidelidad que merece el original nos impiden aceptar su opinión, porque así no sería la versión cual debiera ser. Según todas las probabilidades, Alcestis alude a un plazo, vulgar entre los atenienses y muy conocido, ya sea que se refiera al que se concedía a los deudores por sus acreedores para el pago de sus deudas, ya al de los condenados a pena capital, que era de tres días, ya, en fin, porque en general se pagasen las deudas el día primero del mes.
[338] Chócanos no poco lo que Alcestis hace valer su sacrificio a los ojos de su marido, con escasa modestia y excesiva alabanza de sí misma, lo cual no está muy acorde con nuestras costumbres. A pesar de esto y de lo inverosímil que parece tan larga tirada de versos en boca de una moribunda, no puede negarse que es un bello trozo de poesía dramática, tanto por el patético que en él domina, cuanto por la naturalidad de las ideas y sentimientos que expresa. Si ella insiste con tanto ahínco en el sacrificio que hace por su marido, es para obligarlo más a cumplir sus deseos y llevada de su amor maternal, que la fuerza a mirar con previsión por la suerte de sus hijos. Solo así se disculpan algún tanto sus exageradas alabanzas.
[339] No hay necesidad de decir que la hermana de Eumelo, personaje mudo, está presente, puesto que ya lo advertimos a la llegada de Alcestis. Es fácil de deducir que no debía ser muy tierna la edad de este hijo de Admeto y de Alcestis, porque sus razones y quejas casi son ya de hombre, y porque en edad más temprana solo se imita lo que se ve hacer a los demás.
[340] Representábase de ordinario a Hades con una corona de ébano en la cabeza, en la mano unas llaves, y en un carro tirado de negros caballos.
[341] Carnos fue un poeta, hijo de Zeus y de Europa, que debió morir con violencia, pues Apolo, para vengarlo, envió crudísima peste a los dorios. Para aplacarlo instituyeron en su honor las fiestas Carneas, que duraban nueve días del mes Carneo (agosto), casi en la misma época que las Olímpicas, y poco después de las Jacínticas. Había carreras y luchas, y según dice Aten. (XIV, pág. 635 D.) leíanse también composiciones poéticas. Adviértase que Apolo amó mucho a Carnos, a Alcestis y a Jacinto.
[342] El Cocito era un arroyo del Epiro, de aguas negras y fangosas, que desembocaba en la laguna Aquerontia. De aquí la fábula de que corría por los infiernos.
[343] Porque reinaba en Tirinto, ciudad de la Argólida, a corta distancia del golfo Argólico y al NE de Nauplia. Fue fundada por Tirinto, hijo de Argos.
[344] Parte de la Tracia, al sur del monte Ródope.
[345] No es fácil de explicar cómo ignora Heracles este apetito antropófago de las caballos de Diomedes, sabiéndolo el coro, a no suponer que su desidia y ningún temor a los peligros y ciega sumisión a las órdenes de Euristeo le impedían informarse previamente de las hazañas que acomete.
[346] Ares fue dios muy venerado de los tracios.
[347] En los mitólogos griegos solo encontramos un Licaón, hijo de Pelasgo y de Melibea o Cilene (Apolod., III, 8.º-1.º), a quien mató Zeus con un rayo; pero no puede ser este hijo de Ares, según asegura Eurípides. Cicno fue hijo de Ares y de Pelopia, y murió a manos de Heracles.
[348] Alcmena fue hija de Electrión, y este de Perseo.
[349] Adviértase que Admeto no contesta a Heracles categóricamente, y que unas veces le dice que vive y que ha muerto, otras da a entender que falleció hacia ya tiempo, y otras, en fin, le habla en términos vagos y generales. Para nosotros, que conocemos su muerte, son claras sus palabras; no así para Heracles, que nada sabe.
[350] El texto griego dice: δωμάτων ἐξωπίους ξενῶνας, la hospedería que se halla fuera del palacio, puesto que ἐξώπιος es un adjetivo, derivado del adverbio ἔξω, fuera. Aristófanes, Tesm., 881, dice también αὐτὸς δὲ Πρωτεὺς ἔνδον ἔστ᾽ ἢ ᾽ξώπιος. Esta hospedería era, por tanto, un ala lateral del palacio, ya a la derecha, ya a la izquierda de los aposentos que daban al patio, y no detrás de él, porque en este lugar estaban las habitaciones de las mujeres. Es probable que estuviera unida al edificio por un corredor y una puerta intermedia, y de aquí el epíteto μέσαυλος con que la distingue el poeta. Una vez cerrada, la hospedería quedaba incomunicada con el resto del edificio.
[351] Esto es falso, porque los linces, animales carniceros, no se alimentan de hierba.
[352] El monte Otris estaba al S de Feres, y llegaba hasta el Osa. Entre uno y otro, de SE a NO, hallábase la laguna Bebia. Los Molosos, famosos por sus perros, eran habitantes del Epiro. Según la descripción que hace aquí el coro, los dominios de Admeto tenían por límites al O el país de los Molosos, y el Pelión al E hasta el mar Egeo.
[353] No puede negarse que en estas quejas de Admeto, según nuestras ideas, encontramos mucho que reprender y poco o nada que alabar. Parécenos el colmo del egoísmo, de la cobardía y de la infamia que un hombre digno injurie nada menos que a su padre por no haber querido morir por él, y que consienta en el sacrificio de su esposa, por salvar su vida, cuando en nuestro juicio debiera hacer lo contrario. Nosotros, en efecto, creemos que esto es lo racional, lo justo y lo verdadero. Tengamos, no obstante, en cuenta que, a pesar de la veneración que se mostraba en general a los ancianos antiguamente, y mucho más a los padres, con arreglo a sus creencias los viejos se miraban como una verdadera carga del Estado, y en algunos pueblos se sacrificaban inexorablemente. Sabido es también que la mujer se miraba de ordinario como un mal irremediable y necesario, y que en esas épocas heroicas lo primero y más sagrado, aquello a cuya salud todo se sacrificaba, era la persona del rey, cabeza y eje del Estado, porque faltando, venían guerras y revueltas que se habían de evitar a toda costa. Sin embargo, esta escena entre Admeto y su padre Feres es más bien cómica que trágica, y en vez de excitar el terror y la compasión, solo a risa nos mueve, porque ridículo es, a no dudarlo, que un padre y un hijo se injurien tan gravemente, defendiendo lo que ambos defienden.
[354] Los lectores recordarán que entre los griegos eran muy frecuentes estas sustituciones y exposiciones de hijos, como veremos en Ion, y como nos lo prueban algunas comedias de Terencio y de Plauto, y hasta ciertas leyes que se han conservado de romanos y griegos.
[355] Verdadera y oportuna es esta observación, ya porque el amor a la vida nunca nos abandona, ya porque, en realidad y contra la común opinión, los bienes humanos son más numerosos que los males, y en fin, porque el hombre, por grande que sea su fe, teme siempre dejar un mundo conocido por otro desconocido. En esta verdad se funda la fábula de El Leñador y la Muerte.
[356] Los lidios y frigios en la antigüedad, como sucedía hace algunos años en nuestras colonias de América con los negros de Loango y de Angola, vendían sus hijos y prisioneros de guerra a los demás griegos. Debían ser los que más abundaran y los más baratos, porque el poeta los nombra como a los más despreciables.
[357] Poco edificante es, en verdad, este diálogo, y escandalosa o irreverente en sumo grado la conducta de Admeto. Llama cobarde a su padre, reniega de él, amenázale no sepultarlo como conviene a su rango y abandonarlo si algún día lo necesita, y por último le desea la muerte, y todo ello por no haber querido dar por él su vida. Con nuestras ideas modernas es incomprensible todo esto.
[358] Acasto, hijo de Pelias y de Anaxibia o Filómaca (Apolod., Bibl., libro I, 10), era hermano de Alcestis. Su esposa Creteida se enamoró de Peleo, el padre de Aquiles, y viéndose despreciada como la mujer de Putifar y Fedra, hizo creer a su esposo que había querido seducirla. Acasto intentó ahorcar a Peleo; pero pudo escaparse y después se vengó matando a uno y a otra, apoderándose de Yolco, su reino.
[359] M. Artaud, I, 340, observa muy oportunamente que hay pocos ejemplos de que el coro abandone la escena, como sucede ahora. Solo ocurre esto en Las Euménides, de Esquilo, y en el Áyax, de Sófocles.
[360] Ya hemos visto antes que Heracles ni siquiera sabe las extrañas propiedades de los caballos antropófagos de Diomedes; y ahora, consecuente el poeta con la idea singular que había formado del carácter de este héroe, nos lo ofrece entregado por completo a los placeres de la gastronomía, sin dársele un ardite de la aflicción de su huésped. Nada tiene, pues, de extraño que Aristófanes nos lo presente en sus comedias como un glotón borracho y grosero, ya para satirizar a Eurípides, ya quizá acomodándose a las ideas de su tiempo acerca de este personaje.
[361] Eurípides, por boca de Heracles, condena aquí el ascetismo y la mortificación corporal como lo hubiese hecho un economista moderno. Adviértase, sin embargo, que con esta doctrina sucede lo que con otras muchas de aplicación práctica, que raras veces se observan con rigor. Los antiguos ascetas conocían la naturaleza humana mucho mejor que los materialistas modernos, puesto que sabían que, a pesar de los rigores de su predicación, pocos la observaban, y que para alcanzar una mediana virtud, era preciso defender el ascetismo. Para que el hombre llegue a la mitad siquiera del camino que ha de recorrer, debe poner su mira en lo más alto, porque su naturaleza lo arrastra hacia la tierra, y si no se le contiene, se hunde por largo tiempo en el cieno y la inmundicia.
[362] Como antes preguntó Heracles a Admeto claramente si habían muerto sus hijos o su padre, replicándole aquel que uno y otros vivían, y ahora repite la misma pregunta al esclavo, es de presumir que lo hace, o por creerse engañado y para averiguar la verdad, o porque con sus libaciones y cánticos se ha olvidado de lo que antes dijo.
[363] Ciudad de la Tesalia, a orillas del Peneo, capital de Ftiótide, en donde reinó Aquiles.
[364] Según nos dice Cicerón, De leg., l. II, cap. XXV, in Athenis jam ille mos a Cecrope, ut aiunt, permansit ocius terra humandi; quam cum proximi injecerant, obductaque terra erat, frugibus obserebatur, ut sinus et gremium quasi matris mortuo tribueretur. Los primeros monumentos funerarios de los griegos fueron montones de tierra, γῆς χῶμα, rodeados de un muro circular que los sostenía, κρηπίς. El sepulcro de Patroclo, τύμβον, que edificó Aquiles junto a los muros de Troya, era de esta especie. El de Aquiles, que se ve en el promontorio Sigeo, no era distinto de estos, y lo mismo debieron ser los de otros muchos héroes celebrados por Homero. Consistían en verdaderos túmulos, κολῶναι, formando eminencias más o menos elevadas. Tales eran las de las Amazonas, las de los frigios, la de Enómao, el padre de Hipodamía, la de Ífito, Ticio y otros. Todavía se encuentran en Grecia muchos túmulos de esta suerte, observados unos por los viajeros modernos y descritos otros por Pausanias. Sirva de ejemplo la eminencia que se ve cerca de Psófide a orillas del Erimanto, cercada de cipreses, la cual, según opina M. de Pouqueville, es la tumba de Alcmeón. Hállanse túmulos como este en Italia y en el Asia Menor, y cerca de Micenas se veían otros, descritos por Pausanias, que tenían la forma cónica. Otros pueblos de la Grecia enterraban sus muertos en sepulcros abiertos en la roca viva, como se ve en los laberintos de Nauplia.
[365] La de salsa mola, que se rociaba con la sangre de las víctimas.
[366] El texto griego dice terminantemente μία γὰρ ψυχή, porque su alma es solo una. Estas palabras que pronuncia Admeto, inmorales en absoluto, porque revelan un deseo egoísta y antisocial, son, sin embargo, muy naturales en su estado, porque el hombre a quien ciega una pasión, no suele ser enteramente responsable de lo que dice. Verdad es que pocos debieran callar como él, porque si se ve solo, a sí, no a otro lo debe.
[367] Estas palabras que Eurípides pone en boca del coro, han servido a varios glosadores para levantar castillos en el aire. Unos han sostenido que aludía a algún hijo de Pericles, cuando se sabe que los dos que tuvo murieron casi al mismo tiempo, y aquí solo se habla de uno; y otros que a Anaxágoras, del cual dice Cicerón en su Tuscul., III, 14: Fuerat enim auditor (Eurípides) Anaxagoræ, quem ferunt, nuntiata morte filii, dixisse: Sciabam me genuisse mortalem. La verdad es, en nuestro concepto, que el coro dice esto en general para exhortar a Admeto a que sufra con resignación la pérdida de una esposa, cuando no ha faltado quien soporte con moderación la muerte de un hijo único.
[368] La antorcha se componía de pedacitos de pino unidos empapados en resina, y servía en las nupcias y procesiones; su figura era cónica, encendiéndose por la base, no por el vértice, y en este caso los romanos le llamaban tæda. La fax era de un solo trozo de madera resinosa, acabado en punta y mojado en aceite o pez, o bien manojos de estopa bañada en cera, sebo, pez, resina otras materias inflamables metidas en un tubo de metal, ya continuo, ya formando una especie de enrejado.