Mi pena manda que muera;
dame aliuio mi esperança;
para que mi querer quiera
esperar, venga de fuera
nueua de mi buena andança.
Y ansi con tal diuision
mi morir se suspendiera
esperando redempcion,
por do con justa occasion
quien espera desespera.

Lyd.—Qué te paresce, Fulminato, qué vida ha dado al refran que tú alegaste poco ha, que no paresce sino que adeuinó auer le tú dicho a su proposito?

Fel.—La capa diera por la glosa.

Ful.—Calla, que en disposicion está que no parará en sola vna copla, pues dizen que quien haze vn cesto, hará ciento.

Pol.—A, señor, mira que te aguardo con la respuesta de la carta que lleué á tu señora Belisea.

Flor.—O nombre de toda suauidad, que en lo oyendo viuificó mis ya muertos sentidos! Dime, dime, mi querido y secretario de mi bien, ha mucho que eres venido y me aguardas? para que yo me castigue de mi tardança en te oyr tal nombre.

Pol.—Señor, porque tengo pocas palabras: aunque passaron y precedieron a la respuesta muy duros empellones y gran peligro de mi vida; pero con el fauor de vna su donzella, todavia le dexé tu carta. Y sabe que si no fuera por aquella donzella no era possible ni yo parar ante su furioso y honesto sentimiento. Pero todavia si a la donzella no la afloxa falta de gualardon, me mandó tornar por respuesta.

Flor.—Gualardon? para tan gran beneficio no le ay; pero lleuar le as mañana de la pieça de altibaxo azetuni, que saqué para las fiestas passadas, diez varas para vna ropa, rendiendole de mi parte las gracias por lo hecho, y conoscimientos grandes para gratificar lo por venir como yo pudiere.

Lyd.—Ansi, ansi, que por esse camino haurá de yr esso, y lo al todo con el diablo, pues se gasta en su seruicio.

Pol.—Señor, no podre lleuar le tanto bulto sin ser visto y aun descubierto, en que no ay poco peligro.

Flor.—Muy bien dizes; pues lleuar le as el collar de los esmaltes morisco, que yo algunas vezes traygo.

Ful.—O, descreo del que de Dios desconfia con tal desmallar; no se hizo él con cien castellanos. Ya ya no es de sufrir esto, que por ser yo negligente, me he perdido este lançe, que me sacara de lazeria.

Fel.—Calla, no gruñas tanto, que te oyran.

Ful.—O, pesar de quien te cosio la ropa, y cosa es de callar ésta?

Flor.—Agora pues me di: con qué semblante te recibio por mio?

Pol.—Con vn tan gracioso enojarse, que por ver la claridad que su rostro enojado mostraua, y sus ojos resplandecientes llenos de rayos de amor, holgaras de verla enojada.

Flor.—Pues que confiança me das?

Pol.—Mandóme que no paresciesse ante ella.

Flor.—O sin ventura Floriano: para qué nasciste en esta vida, acompañado de tanto atreuimiento y desnudo de algun merescer? Pero qué digo? que bastame a mi que sepa ya mi señora sepultarse mi coraçon en tormentos por ella, para que me sea muy grande precio de mis trabajos. Pero dime, dime, mi Polytes, dónde la viste? con quién estaua? qué hazia? qué semblante mostraua oyendo mi nombre?

Pol.—O, pesar de la vida con tal interrogatorio: aun creo que me haurá de coger en palabras.

Flor.—Dime, dime, pues, algo.

Pol.—Digo que para primera entrada que está ganado mucho, si no perdemos aquella donzella suya. Y ansi me profiero que lleuandole el collar, te traere mañana respuesta de otra carta, si luego me la dieres, aunque es tarde.

Flor.—A mucho te offresces; pero al fin hazeslo por mí, que te lo he de agradescer, Dios queriendo. Y luego escribo: ve tú y llámame al camarero, y tú toma cuidado de salir con tu promessa.

Pol.—Quien tiene el cuidado andará el camino. A, señor Lydorio, ya oyste como te llama Floriano.

Lyd.—Agora lo oyo y entro.

Ful.—Ola vos, don muchacho, maestro haureys de salir desta buelta. Pues guardaos de tomar los grados del magisterio sobre el scalera con vn açumbre de miel y la vestidura de vn paxaro[657].

Pol.—Essas mercedes se dan a los tales como tú, que yo siruo a mi señor. Y si más me tratas ansi, sabralo Floriano: porque más es la afrenta suya que no mia, que soy mandado y le deuo seruicio.

Ful.—Qué qué? Y cacareays en el caxcaron? de Dios no descreo si no os despierno.

Fel.—Buelue acá, hermano Polytes, no des enojo a Floriano.

Pol.—Que él ha de saber si se me ha de atreuer vn rufian por yo hazer su mandado.

Ful.—Qué vays gruñendo? esperá.

Fel.—Por Dios, lleuas talle de medrar enojando al que adora Floriano.

Ful.—Pues sólo esso me haze detener: aunque el pesar del collar yrá conmigo a la sepultura.

Pol.—Brabear, panfarron.

Fel.—Qué dizes hermano? sea este nublado agostizo, y calla, que todos somos compañeros.

Pol.—No lo quiere él conseruar.

Ful.—Y creo, hermano, que lo tomauas de veras?

Pol.—Pues cómo se auia de tomar, sino como se dezia?

Ful.—Más palacio pense que auia en ti.

Fel.—Baste ya, que todo fue burla, y vamos abaxo.

Pol.—Idos vosotros, que yo quiero esperar al camarero.

Flor.—Estás ay, Lydorio?

Lyd.—Señor, sí, rato ha.

Flor.—Pues quiero que sepas mi alegria, porque el gozo conmunicado cresce.

Lyd.—En todo recibo merced.

Flor.—Pues sabras que mi señora, por fauor de vna su donzella, despues de sus enojos está aplacada, y le quedó mi carta allá que me aconsejastes que le escriuiesse. E porque la donzella no desmaye en me ayudar, con otra carta que quiero escreuir a mi señora, lleuará Polytes a la donzella el collar de los esmaltes moriscos, y a él darle as el jubon de brocado bordado con las calças que saqué para estas fiestas. E aunque no sea paga, será principio de lo que pienso darles. Porque la prueua del amor son las obras, y el que recibe, cargase de obligacion o al pagar, o al seruir, o al ser desconocido.

Pol.—Bueno va esto; veamos cómo tercia el camarero.

Lyd.—Señor, la liberalidad es anumerada por virtud; pero quiere por compañera la temperancia, para no ser prodigalidad, que es vicio.

Flor.—Cata, Lydorio, que para tachar vn acto de suyo bueno muchas causas ha de auer. Porque ni en dar yo esta miseria allego a lo que a mí mesmo deuo, sin respecto a otro alguno, ni tú en defender esso vas fundado.

Lyd.—Bien sé que si de tu parte es de permitir el magnifico dar, pues contigo han de medrar los que te siruen. Pero bien sabes que el copioso dar y sobrado recebir no merescido suele acarrear desconocimiento e ingratitud a Dios, y a las gentes vicio intolerable. E satisfacion ni es de parte de la donzella el dar vna carta por vn tal collar, ni de parte del paje (aunque más meresce) el hauella lleuado, para lo demas. Porque con tales portes y por tan poco camino muchos se hallarian por dichosos mensajeros. Y tambien el premio al que afana, suele se dar al fin de la jornada; porque siempre vi: a dineros pagados, braços cansados.

Flor.—De mayor precio es mi contentamiento que toda la hazienda.

Lyd.—Ansi es.

Flor.—Pues luego dar yo quanto tengo es muy poco a trueque de vn contentamiento tal: porque la hazienda se ha de tomar como por medio para ganar la holgança del spiritu. Y en tal caso antes ouieras de aprobar el excesso en el dar (aunque agora no le ay) que no la auaricia en el retener; porque el mucho dar es vigilia del mucho recebir, ya que a esto mires. Quanto más que siempre se atiende a la largueza del que da y no a la condicion del que recibe.

Lyd.—Ansi dizen del franco Alexandro, que dando vna ciudad a vn hombre baxo que le pidio merced, y él quiso darsela, siendo retraydo del que la recibia por ser tan excessiuo a él, diz que dixo el monarcha: Si para ti que lo recibes es mucho, para mí que lo doy es muy poco.

Flor.—Pues luego oye y aprueua y ponlo por obra, y haurás gualardon de quien te manda.

Pol.—Este diablo es el perro del ortolano. Quiero atajar la plática escusada con mi presencia a mí prouechosa: porque viendome delante juegue a luego toma, e yo a luego daca; y pues me dan la vaca, acudo con la soga. A, señor, el maestresala ha llegado dos vezes con el manjar.

Flor.—Y es ya hora de comer?

Lyd.—Dadas eran las doze quando yo entré; mira, señor, lo que haure estado contigo y verás qué hora sera.

Flor.—Pues por el relox que gouierna los compases de mi vida, aun no es amanescido: porque hasta que la luz de mi señora despida las tinieblas de mi coraçon, acompañadas de mortal tristeza, jamas haurá dia para mí.

Lyd.—Cata, señor, que con esso tal matas a ti, desconciertas tu casa y desasosiegas los tuyos; y si miras en ello, ni podras conseruar la vida sin comer, y perdida la vida, pierdes tú la esperança del gozo de tu señora. E aun tu señora no podra ni aliuiarte ni atormentarte, porque si se ha de seruir de ti, ha de ser viuo, porque muerto seruiras a la sepultura. Ansi que tratate bien, si no por ti como tuyo, sea por tu señora, cúyo te dizes ser. Pues que quanto más la amares, has de amar y tractar mejor sus cosas: pues dizen que quien bien quiere a Beltran, bien quiere a su can.

Flor.—Por te ver tan del vando de mi señora, quiero hazer lo que me aconsejas, por tratar bien las cosas de mi señora. E pues yo suyo soy, por ella viuo, su amor me sustenta el spiritu, traygan me de comer para el cuerpo: y tú ve, da a Polytes lo que mandé, y entiende en que me den de comer luego.

NOTAS:

[657] En el original paxo, por falta de la tilde propia de la abreviatura.


ARGUMENTO DE LA SCENA IIII

Fulminato lleua a Felisino en casa de Marcelia. Felisino les promete vna cena por amor de la hija de Marcelia llamada Liberia. Felisino no puede vençer a Liberia, aunque haze Fulminato vn entremes para ello. Bueluense los dos a casa de Floriano, quedando ellas en su casa.

Fulminato, Felisino, Marcelia, Liberia.

[Ful.]—Agora que, hermano, nos hallamos desembaraçados de ruyn compañia, te quiero dezir algo de lo que me apuntaste en la sala, adonde el lugar estoruó a tu desseo. E pues en casa entienden en lleuar el manjar, demos vn arremetida y bolueremos a la racion de palacio.

Fel.—Y dónde yremos?

Ful.—A la cal nueua, adonde si algun dia faltare en casa, me puedes hallar más cierto que por las estaciones de la semana sancta, porque las andan todos.

Fel.—Agora confirmaste el amistad que me tenias en darme parte de tus cosas, pues que entre los amigos el plazer y el pesar ha de ser de por medio: vn sí en el sí y vn no en el no. E pues voy con quien me entiende, precede y guia.

Ful.—Tú sabras como la fortuna, que fauoresce a los osados, me dio uentura en ganar trauacuenta con vna viuda de hasta treynta y quatro, que en aspecto está como de diez y ocho. Esta no tiene en casa padre ni madre ni can que la ladre, más de sola vna hija bonita y harto muchacha, de diez y siete para menos: ésta le sirue en casa de moça, y fuera de hija y authorizada donzella. Y porque en todas las cosas la esperiencia saca maestro, encaminemos[658] allá y verás mi buena posada, loando mi felice ventura. E aun si yo puedo y tú te das maña, tú hallarás allá presa y jugaremos dos á dos mofando de los desnudos.

Fel.—En lo que de mí dizes te agradezco, pero no te ofrezcas a más de lo que puedas en casa ajena.

Ful.—Calla ya, no tengas essos escrupulos: a la prueua, buen amor, que verás que en su casa, donde yo asomo con la voluntad, luego lo acompaña la obra, y donde yo pongo el pie pone ella los ojos para contentarme. Que no pienses que estoy tan de emprestado, que voto a la casa de Mecha, que no faltan sino las palabras y bendiciones para pacífico matrimonio. Pero de esto, guarda fuera: horro Mahoma.

Fel.—Cata, Fulminato, que estos amores tan fundados suelen ser muy costosos.

Ful.—Ya te entiendo. A la fe, vna vez en la semana, como viernes, y aun entonces de priesa, y aun que lo tenga por fiesta: porque si andays a su contento, son insaciables.

Fel.—Por la bendicion de mi padre que eres marcado: mira cómo me entendio! que no digo que son costosos sino de parte del dar.

Ful.—Ya, ya, dar o qué? Ansi se puede secar esperando que se me caya blanca de la bolsa, que tras un quarto doy quatro ñudos. Antes sabras que ha de pitar con ruegos y dineros si quiere tablaje.

Fel.—Toda via te digo que si recibes aurás de dar; porque dizen: manos que no dades, qué esperades? y el amor quiere liberalidad; y no me hagas entender que tú solo tengas las cubas llenas y las suegras beodas.

Ful.—Malo eres de persuadir; pues vamos, que a la vista te espero.

Fel.—Bien que sea como dizes; pero yo por mí juzgo que las mugeres tienen la lengua larga en el pedir y las manos abiertas al recebir: que a todo dizen adveniat, porque pensemos que rezan el Pater noster por nosotros.

Ful.—Cómo! y porque tú seas boçal lo ha de ser Fulminato? quieres tú ser don Ximeno, que por su mal juzga el ajeno? pues calla, que estamos a la puerta, que yo te enseñaré a viuir a vso moderno.

Fel.—Dentro hablan: huespedes deue de auer en tu absencia.

Ful.—No me digas esso si quieres mi amistad.

Fel.—Anda ya, que no serás tú solo: que dolencia es muy vsada, y que oy se tiene en menos que el mal de las bubas, que otro tiempo espantaua las gentes. E aun tambien mira que tú ni tienes título de prescripcion por antiguedad, ni te han dado el sí de matrimonio para que como eres vn huesped no pueda auer otro y otro si menester fuere, y aun tú que te has de hazer a la malla.

Ful.—No te piques de jurista y escucha lo que passa, que yo ya sé lo que me tengo.

Mar.—Dime por qué quieres dar alguna afrenta de ti y de mí: no te tengo retraydo el ser tan ventanera?

Lib.—O desuenturada yo, si ha de auer dia de paz? pues tanto me hará que le haga sospechar sobre hecho fue.

Ful.—Y aun a esso te espero.

Fel.—Bien dizen que no hay mejor cirujano que el bien acuchillado. La madre como deue de bardar su vergel, piensa que planta la hija.

Ful.—Al fin es madre; y aunque le dé mal exemplo, es bien que le dé buen castigo.

Fel.—A la fe ansi es, y fue, y será, que en la enmienda agena todos sabemos mucho, y podemos mucho, y hablamos mucho, y en la propria las manos atadas.

Ful.—No quiero contigo argumentos. Llamo. Ta, ta, ta.

Mar.—Ve, mira, hija, quién llama a tal prisa.

Lib.—Ay, madre, que es Fulminato y otro que viene con él.

Mar.—Ve, abre la puerta, y en tanto pondre en cobro este par de perdizes que nos embió el despensero de Lucendo, porque en mesa de viuda pobre este manjar engendra sospecha.

Lib.—Ay, Jesus, y quán mala es de abrir esta aldaua; como se abre pocas veces.

Ful.—Mas creo que, como se cierra menos, abre de mala gana y cierra de peor. O, qué norabuena estés, hermana Liberia, con quién eran las questiones?

Lib.—Ni sé qué te diga, ni estoy para esso.

Ful.—Pues subo, que yo haré las amistades. E tú, hermano Felisino, mira qué pieça de paño para el inuierno que vendrá: por esso no quede por ti.

Lib.—A la he. Dios lo guarde al gracioso; anda ve, sube tu escalera y calla.

Ful.—Ansi lo hago.

Fel.—Señora de mi vida, quién os enojó? que yo os dare vengança.

Lib.—Anda, gentil hombre, tras el compañero y calla, que quiero cerrar esta escalera, porque quien viniere llame antes que salude.

Fel.—Todo me paresce de oro: subo por no te enojar.

Mar.—A, Liberia, en qué te detienes?

Fel.—Señora, seguro soy; quedó a cerrar la puerta.

Ful.—Anda, señora, dexate de essos enojos y comamos.

Mar.—Los manteles nos quedaron en la mesa como ves, que acabamos de comer essa lazeria que tenemos, más que a Dios merescimos. De manera que trayendo qué, sientate. Pero dexando una razon por otra, di, cómo hallaste la huella del camino? que si hierua ouiesse nunca la quebrarias mucho con tus pisadas.

Ful.—Si dizes que vengo tarde, pues vengo, no tardo. Y aun agora ten en mucho cómo me pudo traer aca Felisino, que por le hazer plazer, que desseaua verte y conoscerte y saber tu casa, vine.

Mar.—Bastame por testigo de que sea ansi tu desamor, y ansi a él agradezco la visita.

Fel.—Por Dios, señora, que está burlando, que con solo desseo de verte, y con gran razon, viene, y a mí trae por testigo de su buena ventura en tener te por señora.

Mar.—Dios lo mejore todo, que por dezir lo tú passaré por ello.

Lib.—A la fe, madre, él viene a ver si le aguardauamos a la mesa con el pan y queso que hemos comido.

Ful.—Ni te dan tormento, ni lo riñas a mí, que yo paz quiero, y como dizen, a la boda vengo.

Fel.—Mas no tuuiesses paz con ella, que no faltaria quien te lo retraxesse.

Mar.—Calla, boua, ya que viene tarde, no digan que con mal.

Lib.—Yo con Fulminato lo he, que a estotro galan desseo seruirle.

Fel.—E aun yo me preciaré de seruirte por mi señora.

Mar.—Ea, no passe más adelante la plática.

Ful.—Y calla, no seas tan zelosa, y no lo quieras todo para ti, ni muestres pesar del plazer ajeno. A la fe harias mejor en darnos con que beuiessemos.

Mar.—El qué trae tú, que el con qué, por mucha pobreza que aya en casa, no faltarán vn par de vidrios, aunque no sean de Venecia.

Fel.—A la fe, señora, para tal combidado sobran de Cadahalso, y aun que fue la respuesta qual la pedia la peticion. Quién jamas vio venir hombre y galan a comer vianda en casa de hermosa, si no la ouiesse él mandado? y aun entonces auia de ser combidado y rogado.

Ful.—Si te bulle la bolsa, haz de las tuyas para ganar tierra, que yo en mi possession me estoy.

Fel.—Ni voluntad ni poder faltará, a Dios merced, mientras ouiere este real de a dos en la bolsa.

Ful.—Cómo hablas en derecho de tu dedo! E dime, quién de todos quatro puede yr por nada a la plaça, que no quede el tercero solo? Mira que no somos más de dos por dos, y guarda tu rucio para otro alarde, que no faltará su san Martin si antes no te desmancha.

Mar.—Pues por mi salud que me hallo muy sola, sin moça para semejantes casos; que Liberia e yo en nuestro ordinario, el lunes nos proueemos para toda la semana.

Fel.—Mucho es no se corromper las viandas ansi añejas.

Lib.—Las que éstos de palacio comen delicadas corromper se han; pero, madre, el pan y queso de nuestro ordinario no se corrompe ansi.

Fel.—Esse es manjar de ratones.

Ful.—O Felisino, cómo te engaña Liberia: cata que más auisado pense que eras.

Mar.—Miralde el saco de malicias, que siempre viene con alientos de pupilo de mesa pobre.

Lib.—Tú, madre, tienes la culpa en tenerle mal vezado a sufrirle sus malicias.

Ful.—Agora, Liberia, no ay quien pueda contigo. Pero dime, eras tan braua antaño?

Lib.—Y aun tanto más, que te espantaras; y guarte de furia de muger.

Fel.—Que por Dios, señora, que tienes justo, y que a tales palabras peores abrian de ser aun las respuestas.

Ful.—Y que qué? nascente alas con el calor de la dama? pues sey mejor comedido, si no, medirse ha la amistad con los filos del espada. No pienses que será por ti dicho: de fuera venga quien de casa nos eche.

Fel.—A lo menos será esto; que si a estas señoras das penas con tus parlas, que las has de cortar, y que la amistad nuestra ha de ser en lo honesto, y no que en mi presencia enojes a estas hermosas.

Ful.—Y cómo, no sabes que soy Fulminato? Descreo de los adoradores del vezerro y destas que tengo en la cara, y de Dios no me aparto, si echo mano, si no te hago el juego que hize a Furnil el temeroso en Barcelona: que de un reues le puse la cabeça par de los çapatos, sin perder el passeo por la ciudad, por ser Fulminato.

Fel.—Ya tengo decorado essos refranejos. E sepas que a esse Furnil que tú quitaste la cabeça de vn reues yo se la auia puesto de un tajo, y ansi haré a ti agora.

Mar.—Ay Felisino, por vn solo Dios que mires la honra de mi casa.

Fel.—Pues el callar yo por esse respecto da occasion a Fulminato de hazer del boto a tal. Y suelta me si mandas, que yo vere oy quién sea Fulminato.

Ful.—Aun creo que el diablo me metio oy aqui. Y quán de veras ha tomado el necio lo que yo hazia por solo diuidir mesa. Pero cumpleme hazer del fiero, porque me teman estas mugeres: que ellas le tienen de suerte que aunque le pese estará quedo.

Mar.—Y detente agora, Fulminato, por vn solo Dios: no llamemos testigos donde no ay para qué.

Ful.—E sueltame, que de Saturno ayuso reniego si no le hago.

Mar.—Pues por mi vida que no te suelte, y que as de venir a mi cámara.

Ful.—Y aun esso quiere el moço.

Mar.—Qué gruñes, mal acondicionado?

Ful.—Mira que me as rasgado la cuera y quebrado los talabartes y cierrasme? descreo si tal passa.

Lib.—Quién no se las entendiesse a mi madre: aun, aun si haure yo de començarlo oy? que acá está quien no se rogará mucho. Cierra le, cierra le, madre, que a estotro yo le tengo. Agora a mí el cargo que ellos dos se auengan; y estotro algun asno deue ser, que me ve sola y abraçada consigo y aguarda a que yo le desempañe y le combide: lo qual aun haria si más le conosciesse de oy.

Fel.—Por Dios que se han quedado los dos a hazer las pazes, quantes que esto de Dios ha uenido. Quiero dar vn tiento a la muchacha, que desembuelta me parece y de buen pegar.

Lib.—Agora que, señor, te falta el aduersario, me quiero tornar vn poco a mi almohadilla, porque en esta casa si no lo trabajamos no lo comemos.

Fel.—Señora, ansi es en todas; pero si alguna necessidad al presente tienes, auisamelo, como a quien dessea seruirte. E con todo esso no me dexes solo, porque no sabes si hurtaré algo.

Lib.—Por nuestros peccados, aunque fuesses ladron, mala medra tendria tu officio en esta casa. Pero con todo, porque no digas que no hago por ti algo, me siento en esta ventanilla a labrar.

Fel.—O, qué gran merced, y cómo descubres al manifiesto no estar en ti la perfecion de hermosura sola.

Lib.—Dios enmiende las faltas. E sabe te que, aunque más mofes, tal me quieren en mi casa.

Fel.—E aun en la mia si me valiesse.

Lib.—Muy de cosplaz (sic) estás por mi salud. Pero mira que aprendas en esta casa a estar quedo con las manos. Y si vienes mal vezado de con mugercillas de al pregon, aqui sólo se da licencia a la lengua a que hable lo que sufre buen palacio. Cata que mi buen comedimiento y mi soledad no enciendan fuego a tu cobdicia. Aprende, señor, a guardar en cada tierra sus vsanças y leyes, y auisa para adelante, si esta casa te aplaze para más de vn dia, que acá no se vsan essas desembolturas ni aun a los de casa, quanto más para ti, que esta es la primera entrada. E tambien te sé dezir que ni tú as visto en mí soledad por que te me atreuas, ni mi honestidad te sufrira para otro dia: excepto si no quieres esta casa para tan sola esta entrada, que si ansi es, luego la da por concluyda y puedes tomar la puerta.

Fel.—Mi señora, no te enojes, y perdona, que miraua el cabeçon de tu camisa: que esso poco que descubren las tocas se muestra gallarda labor.

Lib.—Bien que sí, guardele sant Anton el inocente como zorra, y aun essa deue ser ella. El hurtar de que me auisaste deue ser éste, que no pequeño despojo de la casa de mi madre seria á robarme tú mi limpieza. Pues por demas es la citola al molino: que para responder al llamado de tu dañada intencion as aportado con quien no oye, y ansi puedes reposar y auer plazer.

Fel.—O, cómo me condenas por malicioso sin por qué: que si algo hize que no deuiera, segun me condenas, manda me lo tu hermosura, que como fuera de mí, en tus amores trasportado, no sé lo que hago.

Lib.—De marauilla eres bouillo. Pues sabete que si quisiste comer con mi innocencia, que yo almorzaré antes con tu malicia con oyr te la lengua, y mirar te las manos, y preuenirme de guarda a tus desseos.

Fel.—Ay vida mia, y qué robadora de coraçones soys!

Lib.—Ay, Jesus, y qué desuerguença, y no miras quál me tienes parada? si mi madre saliesse a la sazon! y valga le el diablo, y otra vez a doze: qué porfia que tiene! Pues yo te seguro por oy que te quedes del agalla.

Fel.—O, mi señora, y qué sacudida soys sin por qué! Pero yo te juro para estas que en la cara tengo que o yo reuiente por los yjares o tú me cayas al sello de mi marca antes de seys dias; y aun quiza que a no salir ya los encamarados, aun aun.

Mar.—A señor Felisino, ya bien osaremos salir sin miedo de tu espada. Mas qué te paresce de nuestra tardança?

Fel.—Que tengo por más venturoso a Fulminato que a mí: que aun la señora Liberia, que está más hazendosa que desposada, de mal acondicionada se ha huydo a los rincones, dexando me sólo encomendado al sueño, guardando os los cuerpos como en monumento.

Mar.—A la fe hemos menester afanarlo para tenerlo en esta casa. Por esso perdona: que con estas condiciones ha de hallar mi casa el que viniere a ella, si le fuere dada entrada como a ti. Y en lo demas que dixiste, aunque hablaste con malicia, te la perdono por el enojo que has auido con la muchacha. Pero quiero deshazer tu sospecha, que no caya en juyzio, con certificarte que no hizimos sino escriuir vna carta: sino que con estar tan furioso estotro galan, no podia acabar con él.

Fel.—Ansi seria, señora; pero al goznear de la cama lo pregunten.

Mar.—De qué te ries? que me afrentas si no me crees.

Fel.—Que sí creo el Euangelio. Pero a, Fulminato, torna por tu color allá dentro y marchemos, que se nos passará la mesa, y perderemos racion y hauremos mal grado. Y mañana nos ten, señora Marcelia, por combidados, quedando a mí de proueer el con qué.

Ful.—Bien digo yo que te bulle el argen: que él, ni amores y diablos y locura, mal se dissimulan.

Fel.—Anda, que ni al gastador falta que gastar, ni al jugador que jugar, ni al escaso que endurar; y con esto te queda a Dios, señora Marcelia, y tú, mi señora Liberia, pues ya seran deshechos tus nublados, qué me mandas?

Lib.—Que vayas con Dios. Alla yrás diablo, importuno moledor. Pero cómo me queda abrasado el coraçon en su amor! o, cómo fuy mal auisada y descomedida en no le aplazer! o, cómo si él me oluida yo soy muerta! Bien dire yo cierto que no conosci el bien hasta perderle.

Mar.—Qué hazes, Liberia, allá baxo?

Lib.—Heme aquí; que por cerrar la puerta me detuue, que luego se fueron y de priesa.

Mar.—Pues que en paz quedamos, loado Dios, sin embaraço, entendamos en algo.

Ful.—Bien será sanearme con Felisino, que aun me mira de concha. Y agora ni nunca me agradó el tener enemistad de veras con nadie. Porque aun no me hallo tan enemigo del biuir que le quiera arriscar, y traer el cuerpo cargado de hierro y el coraçon de sobresaltos.

Fel.—Qué vienes hablando a solas? que paresce hagas inuocaciones. Si tienes algo más de lo passado, di me lo, que a todo me hallarás.

Ful.—Agora me sacaste verdad lo que venia hablando entre mí.

Fel.—Si de mí es, di me lo.

Ful.—De quán de veras lo ouiste en denantes.

Fel.—O, pese a tal; y era cosa que yo pude menos, so pena de no ser hombre?

Ful.—Luego no me entendiste?

Fel.—Entendite, que si no ouiera partidores fuera el diablo.

Ful.—Pues toma lecion de mí, que soy Fulminato: que por diuidir los partidores, y que la diuision la ouiessemos con ellas y nos cayessen debaxo, como ya me cayó Marcelia, lo hize. Y aun tu asuadas[659], que no heziste menos con la moçuela, segun que os oya de dentro el gruñir.

Fel.—Ya, ya, mira quién te auia de entender, por esso eres tú ya marcado, e yo por boçal aprendere de ti de oy más. Pero dexando esto: cómo te fue? que gran goznear de tablados passaua.

Ful.—Tú me di a mí qué heziste, que yo no anduue camino que ya no supiesse de otras vezes lo auer caminado.

Fel.—No sé qué te diga de moça tan indomita.

Ful.—Pero con todo creo que te podré llamar yerno y tú honrarme por suegro, porque ella mucho gruñía como primeriza. Ansi que sabe agradescer la honra a quien te la haze. Y sufre y calla, y guiate por quien sabe, si quieres medrar.

Fel.—Esso te agradesco con tu buena voluntad. Pero tampoco pienses que se hizo la copula, aunque o yo podré poco o ello se concluyra presto.

Ful.—Pues mira que al sangrar no la manques, y tú desmayes.

Fel.—Aunque bouo, no pienses que lo soy en todo: yo sabre qué haga, visto en el caso. E pues estamos en casa, callemos, y dexa me entender en mi prouision.

Ful.—Pues mira que aunque seas auisado, jamas hizo mal consejo de amigo. Lo que te auiso es que salgan del cuero las correas, y a buen entendedor no más.

Fel.—Ansi será: porque bastará poner yo vn real para aloxa si fuere menester; y en todo lo demas que me acorran despensa y botillería, pues yo en seruicio de mi amo me gasto.

Ful.—Ya te podras graduar de maestro de baratar; y ansi sea, que a los amos y a los enemigos comellos y roellos, y despues sisar para dos reales para componernos. E con todo esso en este caso más es menester hazer que no dezir.

Fel.—Entremos, que al cabo lo verás, Dios queriendo.

NOTAS:

[658] En el original, por errata, encaminenos.

[659] Manera vulgar de decir, por aosadas ó ausadas, como solía escribirlo Santa Teresa de Jesús.


ARGUMENTO DE LA SCENA V

Floriano y Lydorio passan grandes platicas sobre la fuerça de amor. Y Polytes lleua la carta a Belisea.

Floriano, Lydorio, Polytes, Fulminato.

[Flor.]—O omnipotente hazedor de todo compuesto, y cómo sapientissimamente gouiernas todas las cosas, a la consecucion del fin para que fueron criadas las inclinando. E con saber yo esto añado a mis flacas fuerças confianças de esperar, comprehender y alcançar cosa de tan sobrado merescimiento para mí, como es mi señora Belisea; y en mí tal perseuerancia donde falta merescimiento. Conozco que me crió Dios para seruir a mi señora Belisea. Porque de uer que mi desseo y mi voluntad y mi entendimiento y memoria van dirigidas a ella, ansi por la fuerça del delicado amor con que la amo y desseo, soy violentado por mi querer a querella, pues para tal me crió Dios. E como para tal bien mio me da natural inclinacion del amor, como por objeto de mi contentamiento. Pero ay de mí, que como esta gloria que yo sigo, y amo, y procuro, y tengo como por último fin, excede tanto a la capacidad del supuesto de mi flaqueza, temo, como no capaz de tanta gloria, ser para siempre priuado de ella. O amor falso, o halaguero, o engañador, o inconstante: que con saber tus amadores y los que son de tu valia y siguen tu estandarte que eres largo en promesas y muy abreuiado en el pagar, tienes tantos debaxo tu vandera que muy sin difficultad serian contados los que auiendote conoscido se han escapado de tu subjection. O, cómo te muestras en tus hechos muy villano, que a los que te siguen mas subjectos, a essos tratas más asperamente. E como villano suez muestras tus fuerças contra los más abatidos y menos resistidores.

Lyd.—Di, Polytes, duerme Floriano o qué haze?

Pol.—Está haziendo consigo tanta variedad de cosas differentes de hombre sin ningun sossiego, que no te sabre dezir qué es lo que haze. Pero oye oye, que ya torna a tocar la vihuela, y escucha e oyras marauillas y nouedades como yo he oydo en poco rato que ha que estoy aguardando coyuntura para entrar.

Lyd.—Pues está atento.

ROMANCE O DISCANTE DE LOS AMORES
DE FLORIANO

Flor.

Quando con menos cuidado
mis cuidados yo sentia,
me conosci ser lleuado
por nueva guia guiado
do mi desseo queria;
ajeno de compañia
sino solo mi querer,
sin atras passo torcer,
sali tras quien me guiaua:
vime puesto donde estaua
un sol que el sol obscuresce,
d'una dama que meresce
de nadie ser merescida,
do, mi libertad perdida,
hice punto a mi jornada,
de mi bien siendo mirada
siempre via más que ver;
propuesto pues de saber
nombre de tal hermosura,
en pago de mi locura
y sobrado atreuimiento
fui lançado en vn momento
en carcel tenebregosa,
do con gran morir reposa
mi coraçon affligido,
que aunque se siente perdido
se dessea más perder,
pues siente no merescer
más premio del conseguido.

Lyd.—O, quán en alto stylo a discantado en principio de sus amores, mostrando bien su pena y señalando bien la causa!

Pol.—Pues oye, oye, que ya torna a la deshecha.

DESHECHA AL ROMANCE

Flor.

No se compara mi pena
con qualquier mal desta vida,
ni hay pena más merescida.

LETRA

Es mi pena tan sobrada
quanto en mi falta poder
del poder do esta encumbrada
la gloria de mi querer:
que aunque sobra mi perder
a qualquier mal desta vida,
no hay pena más merescida.

Lyd.—Bien dizen los philosophos que la vexacion o necessidad[660] (si no se toma con sobradas fuerças) que abiua el entendimiento, y que los amores hazen eloquentes aun a los mudos. Entrar quiero, que no es razon de no comunicar contino con vn hombre de tan viuo entendimiento, y tan claro juyzio, y tan buen razonamiento; y tal, que aunque enferma y daña a si, aprouecha a los oyentes.

Flor.—Está alguno ay fuera?

Lyd.—Señor, agora llego yo a ver si mandauas alguna cosa.

Flor.—Quiero, si tú me quieres bien, que me ayudes a dar fin a mi tan penada vida.

Lyd.—Quitar la querria yo a tus enemigos y dar te la a ti, y todo descanso, si en mi mano estuuiesse.

Flor.—O, qué bien dizes si estuuiesse en tu mano: pues quiso Dios que mi viuir pendiesse de Belisea, y mi muerte está en su querer, y mi descanso en su libertad, y mi salud en su deliberacion y aluedrio, y todo mi bien en su disposicion. Pues tiene vniuersal dominio en este inferior mundo que da habitacion a los mortales.

Lyd.—Mira, señor, que hablas fuera del lenguaje de la fe, que affirma (como es ansi) ser Dios principio y causa y gouierno de todo lo causado, inferior y superior.

Flor.—Dime, Lydorio, tú no sabes que en el disponer de las cosas subjectas al criador, que es Dios, y a las celestes influencias, que ay causa primaria y general, que es Dios, y causas segundarias? y no sabes que a estas que llamamos secundas causas, con darles Dios poder de influir sus qualidades en lo elementado, tambien a las veces les dexa el gouierno de algunos particulares effectos: para que despues del concurso general de Dios estas segundas causas se puedan llamar principio o causa en algun compuesto?

Lyd.—Sé bien que, segun philosophia, algunas vezes causas segundas produzen algun compuesto, pero con tanto que el tal ser dependa del de la primera causa, que es Dios, como paresce al sentido que la reuolucion del sol y planetas y elementos produze la alegria de los campos en la seca tierra, trayendo el verano. Pero todo esto y otros effectos que haze la influencia del sol lo dispone aquel primer principio que todo lo crió con la palabra. Pero esto a qué fin: para prouar tú, señor, que vna muger, que en género de criatura es menos perfecta que tú, te pueda ser causa de vida ni alegria, ni las demas qualidades o accidentes que en ti pueden causar las celestes influencias, que como segundas causas te disponen a lo que Dios te quiere inclinar y ordenar de ti? Ansi que no sé cómo puedes dar a tu señora poder de algun effecto causal.

Flor.—Aunque auia otras cosas que resultan de tu departir, a que te podia responder, reprouando tu hablar, en ser (si fuesse como dizes) menos perfecta mi señora o no, porque sé que el tú dezillo fue solo yerro de lengua, callando en esto, passo a lo que de principal dudas cómo sea mi señora la que despues de Dios disponga en mí su querer. Ya sabes que en quanto mi sér sea deriuado de Dios, del qual no menos emana mi señora, que ansi entramos (aunque en gran desigualdad) tenemos respecto a Dios como primera causa y hazedor. Pero yo, que conozco que todo quanto en mí puso Dios lo puso con obligacion y debaxo de condicion que fuesse gouernado por mi señora, ansi por no faltar de la ley natural como del querer de Dios que en mí quiso esto, quiero, y amo, y desseo, y adoro a Belisea.

Lyd.—Ay, por Dios, señor, que te moderes en tal desenfrenamiento de hablar: pues basta ser ella muger y tú ser hombre.

Flor.—E aun como hombre y tan buen entendimiento y ley como tú me dizes, conozco bien lo que affirmo ser ansi. Porque ni tú en ello para me incusar tienes razon, ni yo excusable excusa, sino confiesso que consiste mi felicidad en la memoria de Belisea. Ansi es, y ansi lo affirmo, y ansi lo confiesso. Agora di contra mí todo lo que te pluguiere, pues me conosces ya bien firme en la fe de mi señora. Y aun más te digo, que si el sér de hombre dize perfection (como tú dixiste), que en ninguno la ay tal ni tanta como en mi señora, que para mayor manifestacion del poder de Dios, que puede poner las perfectiones donde quiere, y como le plaze, por particular priuilegio fue hecha muger y en ella asentó el criador sus perfectiones, y la comunicacion de las mias y el retracto de las del orbe.

Lyd.—A la fe, señor, guialo como te plaze: pero la necessidad haze conoscer quién sea el varon para tener ánimo generoso, y en esto muy al descubierto discrepa el varon de la hembra. Porque en tener buen dezir, buena muestra, dorados meneos, en presteza de lengua, en viueza de juizio para de repente, mayormente para mal; en pensar insultos, en inuentar trayciones, en hablar maldades, en descubrir sotilezas de engaños, en forjar mentiras, en hazer embaucamientos, en querer abominaciones, en cometer insultos, en tractar adulterios, en dessear homicidios, en amar crueldades, en tener soberuias, en affection de glotonias, en sin freno en luxurias, en caminar por estremos, en querer siempre la suya en pie, si me dizes que en estas y otras tales consiste el ánimo y fuerça o perfection del ser varon, pocos varones ay tanto como ellas, si a lo menos no en el ser natural, en el ser vicioso.

Flor.—Anda, que essas vniuersales siempre admiten algun excepto. Y aun tambien como la perfection de que tú dizes ser dotado el varon ha de ser de género de virtudes. Y vemos comunmente auer más bondad moral en las mugeres, quanto más que algunas van en la cumbre en esto; y ansi lo está mi señora Belisea en todo atributo de bondad.

Lyd.—Bien te confiesso, señor, que a lo comun las mugeres son más deuotas, más rezadoras, más estacioneras, más molles de coraçon para en quien se imprima la piedad, y de entrañas más compassibles y tiernas para con los affligidos, y más sermoneras, y finalmente más ductiles para ser persuadidas a deuocion y a la virtud exterior. Pero esto las que no lo hazen de fingido hazenlo porque Dios y naturaleza las hizo subjectas, y a los hombres más libres. Pero ansi como son blandas para la impression del bien, ansi son tambien más flexibles al mal. E la que cae de veras y al descubie[r]to, más daño haze que vn hombre; por la inclinacion que puso Dios y naturaleza para la amar, y amandola seguilla, y siguiendola imitarla. E tornando a mi intento sin dezir de ninguna en especial, hallarás muchas veces grandes maldades e insultos e embustes debaxo de las largas y honestas tocas y faldas. E ansi dize el vulgar: que grandes males encubren faldas. Porque si las miran a defuera yendo parescen vnas senadoras, con gran grauedad de cuerpo y con gran terneza de pies, y descaymiento de piernas: que paresce que han menester cuentos para se tener como casa vieja, y ver las heys con vna grauedad y serenidad de rostro, que no ay que pedir más ni que poder tachar. Pero tengan lugar y tiempo y libertad y occasion (o si no, ellas la buscan) que alli os digo yo que no ay (en su possibilidad) gamo por collados, ni hardica por montes, ni conejo hasta el viuar, ni pega de rama en rama, ni rebeço de peña en peña, que ansi se desembueluan. Y aun si ay arboleda o frutales, que no ay mona tan trepadora, ni oruga tan destruydora. Pues a los hombres que las han de sustentar son tan costosas, que si las quieren complazer, todo el tiempo se yrá en daca el verdugado, la saboyana, la vasquiña, la mantillina, el volante, la toca, la gorguera, la crespina; finalmente, no ay más que decir, pues no se acabará de escriuiar (sic) lo que ellas jamas acaban de imaginar e inuentar e vsar y engañar. Pues si miras en ello como curioso, verás que con los verdugados cubren quiebras y defectos del cuerpo, y con sus lagrimas someras dissimulan y encubren males de la voluntad, y falsias de ánimo deliberado: que contra los que más muestran amor suelen tener en el pecho. Y porque no me digas que hablo de coro y que las infamo por mi cabeça, no acotando qué digan los que las conoscieron y qué vieron de ellas los que las trataron, mira en lo primero al sabio Salomon, que tanto las amó y tanto daño le vino por ellas, lo que de ellas dize en sus escrituras, quando se le offresce hablar de mugeres. Lee al Mantuano en vna egloga; mira al Petrarcha; escucha al Ouidio, y atiende al Juuenal, y finalmente quantos sabios Gentiles, Judios, Christianos, Moros, Paganos, offresciendoseles en sus escritos materia en que hablar de mugeres, afanan y se desuelan en cómo auisar a los leyentes que se guarden de sus conuersaciones. Porque si os han menester, se os muestran muy humildes, muy halagueras, muy amorosas, muy ductiles, muy affables, muy conuersables, muy subiectas y muy temedoras de enojaros. Pero si salen con su facto y tienen la suya en hito, viendo la vuestra discayda, luego tornan muy altiuas, muy çahareñas, muy mandonas, muy mal suffridas, muy señoras, muy sacudidas, muy esquiuas; finalmente, si os sienten molleja, luego piensan comeros. E si os les subjectays vn poco, vos les days el dedo, y ellas toman la mano en todo y por todo, porque os quieren dar a entender que las ayays menester. Pues hablando de lo que refieren de ellas los escriuientes, qué vieron de hechos muy atroces y feos! mira quán canina fue a todo el humano linage la golosina y soberuia de la mujer primera del mundo! Pues quién por cobdicia de oro hiziera lo que Tarpeya, en dar el Capitolio Romano a los enemigos? en género de luxuria torpe, quién hiziera lo que Pasiphae ni Minerua? quién perpetrara lo que Scylla, hija de Lizo[661] en matar a su padre? Pues quién se atreuiera a lo que Judit, ni a lo que Jael, puesto que lo aprueua la escritura sacra? y si no fuese fastio recopilar males agenos, seria no acabar de contar cosas atroces y feos hechos de audacissimas mugeres. Pero concluyendo mi plática prolixa a su breue intento, digo que atiendas que en te affectionar a vna muger has de mirar que tú eres hombre y criado para mandar, y ella es muger y criada para seruir.

Flor.—Ya no puedo suffrir ni oir las blasphemias que tu dañada y canina intencion declara por tu lengua contra las mugeres, por sólo dañar a la que yo tengo por angel en forma de muger, a la qual amo, y adoro, y estimo, y temo reuerencialmente.

Pol.—O hi de puta el diablo, y cómo ha entretexido alta y compendiosamente muchas cosas Lydorio a un fin! pero quiero oir qué dirá Floriano, que está hecho vn ciego de amor.

Lyd.—Pues que por aqui empeora y se pone más obstinado y dize más errores, quiero, tomando de dos males el menor, hablalle en cosas de amor.

Flor.—Qué dizes del amor?

Lyd.—A la fe, do el coraçon, ay las mientes. Señor, no digo sino que he oido hablar a muchos y escriuir a muchos contra las mugeres; los quales dexando sus dichos y mirando sus hechos, veo que se perdieron vnos y otros fueron puestos del lodo por su amor. Y espántome cómo auisando sabiamente a otros, ciegamente yuan ellos cayendo.

Flor.—E aun yo huelgo que tú te vayas leuantando de tu tesonia, y mires quán grande sea el poder del amor.

Lyd.—Dizen los que le discantan que tiene poder sobre todo hombre, y aun sobre todo el hombre.

Flor.—Los que lo dizen ansi, en lo primero hablaron como sabios y en lo segundo escriuieron como experimentados. Porque el que es tocado del tal poderio, ninguna potencia tiene que no sea más del amor que no del proprio cuyas son las tales potencias: porque está de sí mesmo ajeno.

Lyd.—Vna cosa tengo por aueriguada, y es, que el libre aluedrio del hombre no admite subjection sino á Dios. Y ansi tengo por difficil que vna buena aparencia de vna muger baste a priuar a vn libre hombre de su propria libertad, en la qual Dios, aun de ordinario poderio, vemos que no quiere meter la mano. A muchos lo he oydo y en muchos lo he leido, y en ti, señor, veo esto, y no puedo persuadirme a que no aya otra cosa que al hombre fuerce más que el amor, en quanto solo amor.

Flor.—Bien muestra la desemboltura de tu lengua no auer sido tocado tu coraçon de su flecha. Porque si supiesses del poder del amor, sabrias que contra él ni ay letras, ni astucias, ni fuerças, ni artes, ni cosa que estoruar pueda su querer.

Lyd.—Oydo he que todas las cosas vença y subjecte a su poder toda viuiente criatura elemental. Pero como los dichos remueuan menos que los exemplos, refierome todavia en creer lo que veo. Porque si vn hombre tiene cuenta de tornar por la honra de su nobleza y libertad con que fue del criador adornado, que no caera al primer tras pie, si no quiere enfermar su propria voluntad.

Flor.—O, Lydorio y quánta suauidad trae el hablar de la guerra en la quietud de la paz, que donde interuiene el amor ni ay honra, ni fama, ni libertad, ni antojo, ni parescer proprio, ni negar, ni conceder, ni odio, ni amistad, ni muerte, ni pérdida de la vida que se le anteponga para que no haga lo que quiere y nosotros no le obedezcamos. De manera que te digo, que si fuesses suyo como eres agora tuyo, verias cómo del tu dezir al su hazer ay mucho, y verias que vno es dar documentos estando sano al que está doliente para que sane, y otro es poder y saber se aprovechar de ellos mesmos en el mesmo menester puesto.

Lyd.—Oydo he, señor, discantar, y a muchos discantar del poderio del amor, pero en nadie le he hallado con tantas fuerças como contigo.

Flor.—Bien creo yo, Lydorio, que essos que escriuiendo lo discantauan y diffinian como maestros, que aun no deuieron entrar en su escuela del amor como discipulos; quiero dezir, que tractan del amor como letrados e ignoranle como experimentados. E ansi dizen que no ay más sabio cirurjano que el bien acuchillado. E ansi digo que el que no fuere tocado de su dorada flecha mal sabra conoscer la fuerça que el amor haga en las voluntades, y cómo enagene toda libertad y mude todo humano querer, y ocupe todo el entendimiento.

Lyd.—Holgaria saber de plática algo de su poderio para ver si me podré persuadir a tenerle por tan poderoso y brauo como le pintan, aunque deue ser la pintura del leon: que quanto más fiero le pintan paresce mejor leon.

Flor.—Puesto que te falten principios en esto, que quieres saber ya como maestro, pues no eres tocado de su rabia, pero lo que del amor yo te puedo declarar, por tu contentamiento y mi deleyte en tractar en él, es que aquesto que en nosotros los amantes llamamos amor no es otra cosa sino vn familiar y secreto enemigo. Es vna rabia, de la qual todo humano entendimiento tocado, se trastroca y desencasa de su proprio ser y querer y libertad. Por cuya razon, siendo el hombre el mesmo, dexa de ser el que era antes de ser herido de tal poder. Es vna commixtura de males contrarios que para más presto fenescer la vida, guian contra el coraçon, y alli parando, tiene fin la tal muerte. Es vn poder que fuerça las potencias del alma y captiua la voluntad, y desarrayga la libertad del libre aluedrio. Es vn sello de muerte impresso en el ánima; vna muerte que, sin quitarnos el viuir, haze nuestra vida vn contino desfallescimiento; vn tan entricado enredamiento, que el más sabio no se sabe dél desenredar. Es vn cossario robador de todo plazer; vn amigo cuya amistad es muy desseada y muy prejudicial; vn confactionado veneno de cosas delectables; vna suaue delectacion a la vista y vn sobrado trabajo al entendimiento; vn embaydor que nos muestra las cosas al contrario de lo que son; vn astuto tahur, con quien mientras más jugamos más desseamos y más perdemos; vn ladron casero; vn amado enemigo; vna voluntariosa subjection, que sin quererle nosotros dexar nos subjecta; vn flechero acertado que tiene por blanco nuestro coraçon y heriendole lo dexa hecho ceniza; vn tan poderoso, que quiere y puede juntamente, por cuya causa annumerandole vno de los sus dioses, le dauan poder sobre todos ellos.

Lyd.—Y aun ansi creo yo que como essos fingian dioses sin lo ser, ansi él deue tener más sér en atributo que en existencia, ni potencia, si no fuere imaginada; porque al fin ni él es tan artero que si no queremos nos engañe, ni él es cosa actual ni corporea.

Flor.—O Lydorio! que ni ay quien se le absconda ni defienda, porque es vn sagaz negociante, que se sabe a su saluo hazer tosco con los toscos, con los encerrados habita, a los solitarios no oluida, a los fuertes se muestra poderoso y con los abatidos se acompaña. Finalmente, es tan vniuersal para todo lo que quiere, que se sabe hazer todo con todos, para todo lo tener. A nadie desdeña, desde el pastor en su aprisquero y cabaña, que se acompaña con solo su hato y caramillo, al tal caça, y dél passa al emperador. Ansi que todo lo tiene, y todo lo comunica, y todo lo prende, y a nadie perdona, y a ninguno concede ventaja. Varía la forma, ansi que aun a los irracionales no da desuio; pero con toda sensible criatura tracta de su poder, sin dexar aun las moradas de los peces en las profundas aguas.

Pol.—O, qué bien discantado ha el poderio del amor; quán bien gastado es el tiempo con tal entendimiento de hombre.

Lyd.—Por mucho tengo su poder; pero por más estimo no ser conoscido de los que le tractan, porque quien obra tan en contradiction, vna vez que otra no puede dexar de ser conoscido su engaño.

Flor.—Para esso, quién te podra contar los differentes estilos que tiene en hazer sus hechos? qué ayrado se muestra con los humildes? quán halaguero, quán soportador de injurias con quien le resiste? qué ligero cuando quiere? qué graue quando es menester? qué fuerte quando siente que le temen? qué franco prometedor hasta auer prendado, y qué auariento despues quando le piden? Vnos le hallan piadoso, otros cruel; vnos manso, otros seuero; vnos muy comunicable, otros muy çahareño. Qué rhetorico, qué sabio, qué enbaydor? y con todo esto, es querido, y seguido, y reuerenciado, y estimado, y loado de todos, y desseado del vniuerso?

Lyd.—Dessearle han hallar los que a sí dessearen perder; buscarle han los que a sí no se hallaren, y ganarle ha el que fuere perdido.

Flor.—Qué dizes de perdido?

Lyd.—Digo que harto es perdido el que, hallandole, con conoscelle no le pierde.

Flor.—O, Lydorio, cómo hablas de talanquera! no ay medio para alcançar sus estremos. Porque si lo desseays hallar ayrado para resistille y tomar occasion de le dexar, entonces le vereys muy subjecto y muy halaguero hasta que os pesca. Pero despues torna tan altiuo, tan enojoso, tan coxquilloso, que perdemos de nuestra justicia, por no perder su amistad. Finalmente, es tan amigable su conuersacion, que quando más pena nos da a los que le seguimos, entonces es de nos más amado y codiciado. Y quando viuimos sin la continua muerte los que le siguimos, entonces nos juzgamos por más muertos. Y quando más nos hallamos de muerte heridos, nos hallamos con vida vana gloriosa.

Lyd.—De manera que concluyes, señor, que no tiene el amor más ser de quanto le da el que le sustenta; y ansi no aurá que temer el hombre de ser derrocado de su libertad de libre aluedrio.

Flor.—Mas quiero perdiendo de mi justicia callar que respondiendo no te acabar de satisfazer. Que pues tan casto estás en tu firme libertad, ruega a Dios por buenos temporales, y no digas desta agua no beuere. Porque si te tocare tal rabia, al cabo de tu libre vencimiento te dare la corona de la victoria, y el pregon público de alabança; aunque me temo que si te vieres como yo, que harás como los muchos.

Pol.—Y aun quiça entrará tarde y prenderá ayna; porque si el amor viene a braços con él, o él caera como otros hombres más fuertes que no él, o él será angel entre los hombres.

Lyd.—Ni quiero, señor, justificarme en lo que dizes, ni condenarme: porque como libre de razon sé lo que deuria hazer; pero no sé lo que haria por no perder mi libertad, aunque más hiziesse el amor, si Dios fuesse de mi valia.

Flor.—Al fin tú hablas de la feria como te ha ydo en ella, y tractas del amor como hombre oluidado dél. Y pues yo no le puedo negar subjecion, llamame a Polytes: darle he esta carta, de la qual no te doy parte por ver tu poco gusto en lo que yo me como las manos y aun las entrañas de goloso tras ello.

Lyd.—Del no me dar cuenta más me hazes merced: pues en ello no te sé ni puedo seruir, y voy a llamar al paje. A, Polytes! entra dentro, y ruegote que mires los pasos que andas, porque se traen las veneras segun do son las romerias, y mira que por nueuo al mundo, aun no sabes quexar donde te duele.

Pol.—Señor, todo lo entiendo y te lo agradezco: pero al fin cada qual a de saluarse por su justicia, y salir por sus cauales como las ánimas del purgatorio, que ni ando caminos que ya no anduuieron, por quien puedo guiando auisar, y si cayere, quien me da el empellon al caer me dara la mano al leuantar. E ya que no, el caer de otros muchos consolará mi daño, y con tanto entro.

Flor.—A, Polytes, qué oluido tienes de la promessa!

Pol.—Mas aguardaua a entrar llamado a sazon, que no por oluido de lo que tengo en memoria, y muy de voluntad.

Flor.—Pues toma esta carta, y por no detenerte no te doy auisos.

Pol.--El buen desseo de seruirte me auisará; yo traere respuesta.

Flor.—Para mucho serías. Pero vete luego y lleua contigo los moços que quisieres.

Pol.—Señor, como mi buen negociar consista más en buena diligencia y dicha que en fuerças, mejor ire solo secreto que acompañado público.

Flor.—Pues no te detengas: sigue como te plaze, y auisa que me den cenar.

Pol.—Señor, esso está a punto: voy me de tu mandado.

Ful.—A, hermano, vas perdido? dónde a tal hora, y mudado el vestido?

Pol.—A un negocio.

Ful.—Creo que yrás a los parrales del morisco; pues guarte del mastin.

Pol.—Hallado has el goloso de vuas tan caras; y aun yo hallé el adiuino.

Ful.—Todavia no puedo acabar con el amor que te tengo de dexarte yr solo, en especial si vas a la puerta del campo; que en tales estaciones siempre hallarás algun mal encuentro a tales horas.

Pol.—Agora te digo que lo acabaste de adobar; como si me viesses yr mucho a tales pasos y faltassen por acá mugeres?

Ful.—Aya argen, que en cada calle hallarás cobro; pero assegurame dónde vas, porque veas si has menester mi persona, pues te quiero para mas de vn dia.

Pol.—Pues yo me quiero para más de diez; pero voy por mandado de Floriano, y aun mandóme que te lleuasse conmigo.

Ful.—Pues escusaste te de ello por mostrar couardia en mi?

Pol.—No por cierto, pero dixele que iria mejor solo que sin ruido.

Ful.—E aun acertaste en no me lleuar, si no ha de auer sangre, como yendo yo no faltara, y vete con Dios, pues que ansi cumple.

Pol.—A Dios quedes hasta la buelta.

Ful.—Siquiera bueluas como el trigo que passa en Asturias, que no sabe retorno; pero o, hi de puta y qué necio buen comedimiento el mio, y aun él si lo acceptara, y qué neciamente lo hiziera él en pensar que yo hablaua de veras, e yo mucho más en hazerlo, aunque lo mandaran siete Florianos. Aunque al fin como tuue el sí fingido, si le viera que lo acceptaua, tuuiera el no dissimulado. E con tanto me subo arriba, que ya lleuan el manjar: quiça se me pegará algo con que más medre que con la yda con estotro. Que dudo yo si él de allá buelue sino en lengua de quien diga que queda muerto. Y contento pues que yua él, quiero afufar, no se arrepienta y buelua por mí: pero seríe ya escusado, y tampoco lo hará: porque se pica de gallillo loquillo, que le hierue la sangre, que aun nunca espada agena le ha sacado: Dios le guie, allá se auenga, y a nos no oluide acá.