Polytes lleua la carta, passa grandes platicas con Justina: dale el collar; lleua respuesta de Belisea a la carta de Floriano. Polytes da cuenta de sus passiones proprias a Justina, queda muy en su gracia y danse palabras de casamiento.
Polites, Justina, Belisea.
[Pol.]—Agora que voy en mi cabo quiero preuenir con el entendimiento los passos desta jornada; porque segun el delicado sentimiento de Belisea, y lo que de ella este dia pude collegir en sus palabras sangrientas, no está en más mi vida de antojar se le a ella que no ando en passos de su seruicio, ni le busco su honra, ni tracto de su ganancia. Porque estas señoras y donzellas muy recogidas, la honra las suele tornar tan timidas y sospechosas, que en lo que a ellas se les assienta vna vez, tarde salen de tal scrupulo, y con tal alteracion, la pulga les paresce toro. Pues si mis passos y tramas salen en luz, descreo de la vida si al mejor librar sobre justo vel injusto mientras saben cuyo soy, y mientras conoscen que soy pariente de Floriano, y de mientras acude Floriano por su honra y mi fauor, si no me atacan las calças de color con algun jubon incarnado bordado de la tigneria y pespuntado por algun gurrea, pues guardeos Dios, de hecho es, que no me lo quitará Floriano. No en balde dizen: que estando con el conde, no mates al hombre: ni en huzia del fauor, no seas malhechor: porque quien adelante no mira, atras se halla. Pues querer yo librar a Floriano tan a mi costa, es boueria; porque por otro tengo yo y deuo poner lo que él pondra por mí: y por Floriano perder yo o arriscar lo que perdido me podria él restaurar, justo era; pero la vida ni la honra mala suelda tienen: peor es que vidrio: que al fin quedan las pegaduras a mejor librar. Pues pensar que me hiede ya el viuir quando aun apenas comienço, no es razon. E tambien yo sé que por librarme no dara Floriano muchos passos, aunque yo doy hartos por él y con assaz peligro de la persona. E oy en dia siempre en los palacios quieren los señores los criados sanos, bulliciosos, atreuidos, trabajadores, callados y no pedidores. Pero si tantico afloxays con el trabajo, o mostrays cansancio de la carga, al punto no vale el criado nada. Y junto con esto paganle los seruicios atrasados con vna desgracia presente, y aun a las veces con embiarle[662] al hospital, si no tiene de proprio heredado y confia en lo ganado. E si por auentura por sus buenos y muchos seruicios passados la razon les calla la lengua en el despedirle, tambien la ingratitud les ata las manos en el darle, y les tulle la memoria en el acordarse dél para acorrerle. Por manera que de las ningunas mercedes, tome él causa para se yr. Y ansi no le dizen que se vaya, mas hazenle obras con que él se commida: y ellos huelgan de tomar occasion para escusar su ingratitud, diziendo que él se fue. Ansi que, mancaos en su seruicio, que no faltará quien eche menos vuestro trabajo, aunque no aya quien mire en hazeros algun beneficio. Pero yo qué digo? con quién lo he? yo no voy solo? quién me hizo a mí tan timido en el daño que o será o no? Yo mesmo me paresce que llamo al desastre, pues lo lloro ya por presente. A la burla, que mientras el hombre hallare donde poner los pies, siempre yr adelante: que si cayere, buscar el remedio, y en tanto holgar, pues Dios sabe lo que será: que los males si han de venir, no se escusan: en tanto tomar plazer, que el pesar el verná sin buscalle. E aun quiça que primero que venga, o morirá (dizen) la burra o quien la tañe. E la obligacion que yo más que ninguno de casa tengo a Floriano y su liberalidad es razon que quite mi tibieza. Y lo que más me deue animar es la buena esperança que tengo de auer a Justina, y de ambas partes me viene la ganancia al ojo. La muchacha es como vn oro, y su señora la ama; ansi que si cuajassen estas cosas, todos podriamos ganar y gozar. Porque con el gozo de entrambos, crescer les ya la franqueza en el dar, y a nosotros en el recebir la medra: porque a rio buelto, ganancia de pescadores. A la puerta estoy, y no sé qué camino tome; gran temor me rodea; quán cierto es acompañar el temor al mal hazer! pero si ello ha de ser para seruirse Dios, él me encaminará, pues muchas vezes de malos amores salen sanctos matrimonios. E aun agora va Dios delante, porque ay combidados de cena en casa de Lucendo, que gran tauahola passa. Entro, encomendando me al nieto de santa Anna, que entre muchos no sere yo echado de ver. Ea, Polytes, si quieres honra y prouecho, cata que a los osados ayuda la fortuna, y el que no auentura no passa mar, ni aun se toman truchas a bragas enxutas. Quiero buscar algun paje que me llame a Justina; dire me ser su pariente: que basta que lo seamos de parte de Adam. Pero, o, qué buena ventura la mia, que alli la veo por so el corredor a vna reja de los entresuelos baxos, y aun creo que me ha visto y conoscido con la clara luna que reuerbera del patio acá en lo abscondido de sombra. Allá voy, que me llama.
Just.—Hola paje, a, gentil hombre! con perdon del atreuimiento, dadme vn guante que se me cayó en el suelo.
Pol.—Poco es daros vuestro guante quien os tiene dado su coraçon.
Just.—Ay, mala landre me mate si no es el paje de Floriano; quiero escusar me con ser obscuro, para mejor y más sueltamente hablarle, pues él es bien razonado, y haré que no le conozco. Ay Jesus, y quién soys, que tan suelto hablays, sin saber con quién?
Pol.—Más sin medida es vuestra crueldad contra quien por conoscer os no conosce a sí mesmo.
Just.—No siento quién soys, ni si me cumple sabello, ni sé qué responder a tales pláticas.
Pol.—Vuestra hermosura me tiene tal parado, que no es mucho no sepa yo deziros quién soy, ni vos desconoscerme: porque por vos mil vezes me hallo ser muerto, y sin jamas despedir la vida, siempre ando a los braços con la muerte.
Just.—Ay, valas me Dios, y si soys algun cuerpo fantastico?
Bel.—Qué hazes ay, di?
Just.—O, qué buen salteamiento! oye, oye marauillas de aquel mi requebrado, que a caso llegó aqui.
Bel.—Mas quién es?
Just.—El paje de Floriano, de la carta de ayer del jardin.
Bel.—Ay ay, quita te acá; vamos que ya cenan los combidados.
Just.—Por tu vida que oyas si buscas plazer: y oye, que llama, no sienta que estás tú aqui.
Pol.—A, mi señora, no quereys el guante?
Just.—Ya le quisiera en la mano, y aun a vos absente, pues no me dezis quién soys.
Pol.—Tomad, señora, vuestro guante, y perdonad que os le doy en la punta del espada, pues quedé tan baxo de cuerpo quanto en merito ante vos.
Just.—E cómo puedo saber vuestro merito sin conoscer vuestra persona?
Pol.—Soy el que tiene puesta su vida en vuestras manos.
Just.—Ay, que no miraua en ello; pues deuo de ser medico, o sy no, cómo dezis que estays enfermo y está en mis manos vuestra vida?
Pol.—Verdaderamente con solo vuestro querer me podeys quitar del todo la vida y tornar me la a restituyr; pues vos sola bastays a hazer mouimiento en todas mis potencias y sola podeys dar remedio a mi mal.
Just.—Qué te paresce, mi señora, si me puedo loar de tal requebrado?
Bel.—Digo que bien sabe encarescer su pena.
Just.—Pues espera te, que yo le hare desbastar más. Dezid, galan, conosceys me por ventura? o cómo me veys con las tinieblas de la noche?
Pol.—Porque la claridad de vos procediente tiene lumbroso el circunstante ayre donde yo ando.
Just.—Lo que entiendo de lo que dezis es que deueys de tener ojos de mochuelo, que veen de noche.
Pol.—Como yo siempre ande en la noche del penar, y en la obscuridad de mi tormento; como a vos os contemplo en mi memoria, y os hallo en mi coraçon, por la passion que por vos padesce, viendoos, pues, en tal manera no puedo sino veros en la noche; porque quanto más os contemplo, más por vuestro amor soy puesto en obscuro tormento.
Just.—Como no os entiendo, no sé qué responder a esso, mas de que, pues sin más me conoscer os mostrays tan penado por mí, que no me marauillo que ansi engañeys a las no auisadas y recatadas mugeres con vuestras lástimas, que los hombres decorays para las dezir, dentro de las quales va como anzuelo en ceuo abscondida su perdicion.
Pol.—Tanto yo, mi señora Justina, os conosco, quanto por vos, oluidando a mí, no sé cómo llamarme, sino vuestro; ni quiero sin vuestro conoscimiento conoscer me a mí.
Just.—Ya, ya. Jesus, Jesus, y qué ciega he estado en este punto; porque en la desemboltura del hablarme te vuiera de auer conoscido. Pero y qué mandas a tal hora donde a caso te vi, cosa no acostumbrada?
Pol.—Queria hablarte, señora, sin pregon, y tambien traygo vna carta.
Just.—Pues no tengo de quién me recele, bien puedes hablarme, porque el que anda sin malicia (dizen) que anda sin temor. Ansi que para quién o cúya es? que no nos oye nadie.
Pol.—Señora, perdoname el declararme más en cosa que a otro toca, y si no me has entendido, entiende que las paredes suelen oyr; mayormente de noche, donde la vista no anteuiene la distancia del sonido de la voz.
Just.—Ea, mi señora, da me licencia para que entre por esta portezuela del entresuelo, aqui tan solo en esta sala.
Bel.—Anda, dexame, que ni ya puedo oyr las vaziedades de aquel sandio, ni a ti te querria tan golosa de tal habla. Pero porque no acabaremos oy contigo, y tambien porque quiero auisar a esse paje que no aborrezca su juuentud con tales venidas, anda, abrele.
Just.—A, gentil hombre, tocad a essa portezuela, que la dexó vn paje en denantes sólo apretada, que salio por ay, y tornando la, pasito a apretar, subid. E tú, mi señora, esfuerçate a forçarte en hablarle y responderle, pues ya oyste que te trae carta.
Bel.—Mucho deroga a su bondad la honesta muger en admitir mensajes semejantes, como quiera que vengan, y no menos abre puerta a su perdicion en parar se a dar respuestas. Porque en estas cosas lo mejor es tapar los oydos, y baxar los ojos, y tapiar la lengua, y huyr el cuerpo. Porque ansi como el fuego de vna morceña en otra se atisa y sube llama, ansi no menos de vn mirar toman occasion de hazeros señas, y de atendelles las señas en hablaros, y de oyrles las sus hablas, vienen por ventura a ser abrasada la hembra y él enloquecido.
Just.—Anda, señora, que al fin, aunque oya y él sea atreuido, la hembra con dura respuesta despide la importuna peticion y el duro aduersario amansa las furias.
Bel.—Bien dizes, cierra essa ventana y descubre aquella vela porque nos veamos.
Pol.—Dios prospere vuestra magnifica gentileza y prosperidad de estado.
Bel.—Vengas, paje, en buen hora: y porque de ley de mensajero no meresces pena, aunque no te limpias de la culpa, quiero acortar razones contigo. Yo sé que me traes carta, y aunque me vuiera de escarmentar tu mensaje e innocencia de raposo en lo passado, pero por ver que nunca acabarás, quiero concluyr tus mensajes no buenos. Da la carta a essa donzella, que yo ni la tomaré, ni la leere, y espera luego por la respuesta. E tú, Justina, alumbrame a este retretillo: y darasme alguna huelga con ver que hago lo que tú quieres. Agora por contentarte, me lee essa carta, que de mi prouecho ni bien yo sé que vendra desnuda.
Just.—E calla ya, mi señora, que ni tú eres ya vieja para no holgar y passar semejantes palacios, quedando entero tu señorio, y bondad sana, y honra sin quiebra, y honestidad limpia. Cata que estos y otros tales suelen ser los seraos de las damas, que rien y mofan de los galanes de corte; pero por esso son tenidas algo en menos? E tú mira que ni has de ser monja, pues no querra tu padre perder su heredera de mayorazgo. E dado que lo fuesses, aun no te estrañarias tanto si no fuesse a más no poder, como passa entre las que se conoscen para ello. Y dexando estas razones, te leo la carta, que trae buena letra.
CARTA DE FLORIANO A SU SEÑORA
Es ya tan intolerable mi tormento, que con dolorosos sospiros que el mi tan penado vuestro coraçon os embia, y con penosos alaridos y grandes vertientes de lagrimas, que lançan de sí los ojos por mandado del triste coraçon, las duras y secas piedras insensibles tienen ya blandas, y las indomitas irracionales fieras tienen inclinadas a mansedumbre y llenas de piedad y dolorosas de compassion de la poca que yo tengo de mí mismo por vos mi señora. Empero con todo esto, como el gran estado de vuestro merescimiento mora tan en la cumbre, y mi baxeza y poco merescer me tiene a mí tan submergido en el profundo, no alcançan las vozes de mis alaridos, ni las muestras de mis dolores a subir al audiencia de vuestra misericordia. Porque de otra suerte, bien sé que oyendome vuestra nobleza, en oyrme os despertaria a benignidad: y sabiendo vos tan gran daño no sufriria vuestra generosidad no remediarme; y esto solo alcançaria para mí en vos vuestra bondad, sin tener atencion en mis atreuimientos, viendome tan perseverante en pedir os fauores con la gran fe que en amar os tengo. E pues las passadas peticiones no tuuieron audiencia, merezcala esta con más algun fauor. No porque agora me piense ser más ante vos, pero porque en el merito de la tolerancia de la pena me juzgará el amor por martyr vuestro. E porque vuestra misericordia se vea tan al claro como vuestra hermosura, de aqui confio en vos que, respondiendome, me mandareys vn sí de que o viua para más penar, y en ello más os seruir, o vn no al mi viuir, para que se concluya la passion de este que se osa firmar por vuestro, Floriano.
Bel.—Paresce te, Justina, que a vn tan público aduersador de mi honra y honestidad, que le deuo de oyr ya más? Dame, dame tinta y papel, y salte fuera: que no quiero que se me passe la ira, para con ella le dar su merescida respuesta.
Just.—Aqui todo a punto. Y mira, mi señora, que la passion es vn género de embriaguez que ciega las potencias. Y el ciego aun lleuando guia, no va bien seguro por llano que sea y trillado el camino. E no te digo mas: y salgome hasta que llames a esta sala.
Bel.—Pon cobro allá fuera, y mira que no vean esse paje, y no entre acá nadie hasta que yo salga.
Just.—En todo tendre cuydado, Allá quedaras: que agora de Dios me ha venido este rato que lo hauremos Polytes e yo: y vere qué tiene tras el buen razonar.
Pol.—O, qué gran merced ha sido ésta en no me dexar sin tu presencia en estos obscuros palacios.
Just.—Pues agora que ay candela, no te congoxarás. Pero dime, en mucho tienes esto que hago por ti?
Pol.—Por gran parte de mi gloria.
Just.—Anda, que plaziendo a Dios y andando el tiempo, más hare y más podré, pues mucho más tú meresces.
Pol.—O, qué alegria me ha puesto tal esperança! porque tu valor y mi baxeza quebrauan las alas de mis altos pensamientos, para esperar de ti algun fauor.
Just.—Anda, señor, como sea amor no ha de estar ocioso en que no obre algo el que ama por el que es amado. E pues por tu bondad yo te amo de vn amor limpio y casto y seguro, no puedo no te seruir y hazer todo plazer: con tanto me di cómo le va a Floriano? y dime si está ya con más esperança de sus deseos?
Pol.—Toda su esperança tiene él en ti, e yo toda mi gloria.
Just.—Pues por mi salud que puedes tú dezir lo que te pagares; pero que me es él bien en cargo, aunque más lo es a ti; porque por ser tú el tercero, soy yo acá de contino su abogada.
Pol.—Pues por la solicitud tuya, para primera vista del processo, te embia mi señor este collar de oro, no de poco precio, ni menos galano; y embiate a dezir por mí que le perdones, que para más dias le tienes, y a mí para siempre por tuyo. E por tal te pido essas manos, y licencia para ponerte le por mi mano al cuello.
Just.—Al señor Floriano daras mis copiosas regracias de agradescimiento por tan magnifica merced. E tú tampoco te atreuas con mi soledad y buen amor a ser descomedido.
Pol.—Perdoname, que miraua cómo paresces vna reyna.
Just.—Sí que bien, pues que te encomiendas para alcançar perdon?
Pol.—Aqui me pongo de rodillas hasta que me perdones, y me des essas tus manos por mi señora.
Just.—Algo es bouo el moço; estamos a solas y pone se en cortesias?
Pol.—Qué dizes, vida mia?
Just.—Que no hagas essos estremos tan sobrados y te sientes luego en tu silla.
Pol.—No quiero desobedescerte.
Just.—Pues menos me deues de destocar. Cata, amigo, que andas por quedarte solo. Mira que te quiero bien, y tú no tienes razon ni occasion de enojarme, ni lo aciertas, y descubrirte ansi tan al primer golpe, no viendo en mí por qué.
Pol.—De enojarte me guarde Dios. Cata me aqui hecho vn cordero.
Just.—Mucho necio ha comido el mancebo, que luego me cree que digo que me enojo. Y él creo que piensa que le tengo yo de dezir que se desembuelua!
Pol.—Qué dizes, mi vida? que temo enojarte, y tu hermosura me engolosina a ello.
Just.—Pues está quedo ya, y baste, que aunque mi hermosura dizes que te dé licencia, mi honestidad te vieda tales atreuimientos, quando no ouiesse muy descubiertas occasiones en mí.
Pol.—Señora, esta ha sido la fruta de palacio, y las señales de tenerte yo en obligacion por señora, y en amor perpetuo por esposa; pues que en tal vinculo o a ti o a ninguna dare el sí.
Just.—Pues yo a ti no menos. Y pues tal ha querido Dios, de aqui adelante te llamo de verdad mi señor, pues que con el hazerte yo todo plazer has querido que mi honra no tomasse quiebra, tomando me por muger.
Pol.—Digo que soy el dichoso en llamarte mi muger, y por tal como en rehenes te pido y tomo este abraço.
Just.—Ay, por Dios, que te baste ya: pues agora me has de querer para más de vn dia. Y déxame de quebrantar más, que sale ya mi señora. E pues no ay más tiempo agora, toma éste en señal de marido, y para otro dia que ordenares nos veamos.
Pol.—En todo me hazes merced.
Just.—Apartate, que pues para lo hecho no llamamos testigos, no los tomemos en mala sospecha.
Bel.—Toma, paje, daras esta carta a el tan sobrado de tu amo, y tú no veas más mi cara con tales embaxadas. Cata que la furia más alcança a los cercanos; digolo porque huyas de darme enojo, y ve con Dios. E tú, Justina, cierra la puerta baxa, y vente tras mí a mi recamara, que te aguardo.
Just.—A, señor, no sé qué lleuas en essa carta allá, que las muestras de lo que acá queda no son de bien.
Pol.—Lo que yo sé que lleuo es que lleuo respuesta a Floriano, y voy yo amenazado de tu señora, y de ti muerto, y aunque muy favorido. E ansi me tendras cada dia por acá, si tu voluntad no me lo vieda.
Just.—Yo no podré quitar tus venidas, pues seran descanso mio. Pero ruegote que como por cosa tuya mires ya por mi honra. Porque quiça el amor que te tengo me pondra a mi en esto descuydada alguna vez. E pues ya de mi bien y de mi mal es tuya la parte, encargandote el silencio en lo hecho y el miramiento en lo por uenir, te digo que no afloxes en tus embaxadas. Porque con el curso de los tiempos se mudan a las vezes los paresceres a las personas: y con mucho se tractar vna fruta se haze madurar o ablandar antes con antes: y concluydo lo principal, aurá lugar nuestra ganancia, y aun la publicacion de lo que hemos hecho con nuestra honra. Y pues eres cuerdo, no pidas más para entenderme. Y en pago del collar, y en señal que doy contigo por aprouado todo lo hecho, te doy este anillo de oro con este jacinto, el qual quito agora de mi mano y le pongo en tu poder, para que quando tú te ouieres entregado en mí de todo en todo de lo que queda, me le tornes. Y en tanto sepas que este te sea memoria de que traes contigo mi coraçon, y acá quiero me quedes el tuyo; y ve con Dios, que viene lumbre por el patio, no encamine acá, y se borre lo bien escrito, por ser tan al fresco. E no des en mí mal cobro de aquello que para te seruir yo tanto amo, que es mi honra.
Pol.—Las entrañas se me arrancan en esta partida. Pero donde fuerça hay, derecho se pierde. Y en lugar del anillo te quedo mi coraçon en este abraço, y tracta me le bien como cosa tuya.
Just.—Ay, señor mio, no te querria tan oluidadizo ni tan atreuido. E pues en el despedir aure yo de hazer comienço, me perdona que cierro la puerta. E quando vinieres, o sea por este lugar, o por la puerta, y ve con Dios. Pero agora que se va resfriando la herida, veo, captiua yo, quán desmandadamente me he gouernado como mal preuenida donzella. Pero pues a lo hecho no ay enmienda, y no lleua más de voluntad y palabra, aun no es de llamar yerro el mio, pues el matrimonio Dios le manda y él lo encamina. Y encomendandolo a su magestad todo, me voy a mi señora bien descuydada de mis cosas. Y ansi veo en mí que de pocas mugeres es de fiar su honra propria, libertadas.
Pol.—Desde aqui a casa en mi cabo quiero retornar sobre las palabras tan sangrientas de Belisea; porque a lo que ella mostró y dixo e yo veo, yo ando el más cercano al peligro. E ansi si mal sale, luego es en mi casa, y el mal que a otros costaria hazienda, a mi costará la vida: que no hallará en otra cosa donde tope. Pues ay de quien muere si no va al cielo, y el yr al cielo no es de todos los que mueren, aunque el cielo se hizo para todos los que viuieren con razon de hombres. Pero dexando esto al saber diuino, boueria mía es querer yo calças y jubon si los tengo de atacar con la vida. Pues yo muerto, para qué quiero huerto? Pero tambien que dexe yo de venir a gozar de mi Justina? y que huya yo la cara al fauor de la fortuna? quiero seguir tras mi venturosa dicha, y buscarla, y amarla, y tenerla, y morir por ella. O, mi Justina, no creas a lo que este tu anillo te dixere, de lo que agora en mí haurá sentido. Fuera estaua de mí, no pensando en tu gracia en hablar, y donaire en el meneo, y auentajada hermosura. Nunca pense ganar de ti lo que oy; nunca pense ser recebido a tu seruicio; y que agora lleuo el sí de muger al estilo de nuestra Christiana yglesia, y que de oy más pueda verte, y hablarte aun sin offensa de Dios ni tuya, ni del mundo. O, qué semblante de tristeza de amor me mostró al despedirme! Fuera, fuera ingratitud: que pues Dios me busca, quiero salirle al camino. Y con esta deliberacion, pues ya estoy en casa, me acojo a buscar de cenar, que la respuesta mañana la dare a Floriano: pues duelo ageno del pelo cuelga. Y pues racion de palacio quien la pierde no ha grado, entro al hilo y bullicio de la gente, que a buen tiempo llego, que si me echaron menos a la mesa en el servicio, no me echarán menos en la mesa agora al mi prouecho.
NOTAS:
[662] En el original, por errata, embiale.
Felisino lleua a Fulminato y a Pinel a la cena aplazada, y quedanse a dormir en casa de Marcelia, donde Felisino alcança a Liberia y Pinel a Gracilia, prima suya.
Felisino, Fulminato, Pinel, Marcelia, Liberia, Gracilia.
[Fel.]—A, hermano, segun veo que tan de re mi fa sol aparejas el sentarte a cenar agora, no deues tener memoria que será tarde para lo que tenemos que hazer?
Ful.—Y qué es? que juro al sancto calendario que se me ha colado de la memoria, que traigo diuidida en cosas que penden de mi. Di, di, que pienso que es el tracto que se ha de dar al bodegonero de la plaçuela vieja por la demasia de su lengua en lo que ayer se dexó descoser. Pero reposa, que todas las cosas tienen tiempo. Y en esto está seguro, que está en manos el pandero, que le sabra tañer; y cata que tambien quien no assegura no prende. Ni pienses que más de mi espada y braço solo tengo de embaraçar en tan poca pesca, como él y toda su casa, ni aun me lleuará vanagloria de cuchillada, porque espaldarazos, o palos, o coces, o talegazos, le han de dar castigo, y aun quiça que muerte, y a otros escarmiento. Que ni pienses que ni tú con aquel borrachon perderas sueño, ni mi espada la vayna.
Fel.—Agora te digo que no vamos por vn camino todos.
Ful.—Y cómo agora adeuinas: que vno piensa el vayo, y otro el que lo ensilla; pero dime qué es, antes que la cholera más reyne en mí, sin saber el de qué.
Fel.—En mí auia ella de reynar contra tu desacuerdo: en lo que sabes que se ha embiado a donde sabes.
Ful.—Que de Dios no me aparto si te entiendo, que en mi lenguaje no ay más de pan por pan.
Fel.—O, qué memoria de Aristotil! anda ya, que es tarde para yr a la cal nueua.
Ful.—Ya, ya, al cabo estoy, no nombres más: que es noche y ay muchos oydos. Vamos, que tal puesto no es de perder: que para esso lleuarme has por vn cabello sin quebrarle. Peor dime, qué has embiado?
Fel.—Porque no vayas con temor de auer hambre, te lo dire. Allá están dos pares de perdizes, y tres aues, y vna pierna redonda de carnero, y vn solomo de vaca, y vna gran puesta de pernil para hazer la olla.
Ful.—Vianda ay para diez abbades. Pero si no ay más, no voy allá.
Fel.—Ya te entiendo. Allá tengo de lo bueno de Toro, que passa de dos açumbres, tintillo, y de Madrigal blanco poco menos.
Ful.—Pues marchemos: que la fruta de ante y pos yo la perdono con tales çumos.
Fel.—Pues aun de esso, ay prouision de dos dozenas de camuessas.
Ful.—Fino hombre eres. Pero mira que con tales embiones presto desmancharás el partido: aunque mal pagado y bien seruido.
Fel.—Anda, vamos, e ire te leyendo vna lecion de baratar, porque veas que no lo sabes tú solo todo.
Ful.—Pues dime, tienes de acá algun tercero?
Fel.—Porque no creo que tendrá allá compañia de plato no le lleuo.
Ful.—A la fe, no creas, hermano, en tal sancto. Hi de puta, pues qué cosa mugeres, para en oliendo vn tal ceuo, no acudir como moscas a la miel! y nunca faltará vn dezir es mi vezina, es mi sobrina, es mi prima, que nos vino [á] ayudar a el adereçar para vosotros. Porque bien sabes, y si no lo sabias sabraslo, que ay primas que son para continuar el parentesco, y primas para trauar nueua parentela: y estas llamo yo en mi lenguaje primas para en baxo de grado.
Fel.—Primas de solo plato y cama, deues de dezir.
Ful.—Tales las hallan, pues, estas mugeres que buscan vida gananciosa. E ya que no pueden vender os las por primas, vendenlas por parientas o (como dixe) por vezina llamada para en vuestro seruicio. En manera que quieren que les agradezcays lo que ellas hazen por vuestra costa y su prouecho. En especial que como en aquella casa vean que entran mancebos, luego acudiran como buytres al ceuo. Pues despues que las veys en torno de la mesa, no es gentileza no dezirles que alcancen del plato, y aun del hato.
Fel.—Caladamente hablas; pero sean las que fueren, que mientras más moros más ganancia. A Pinel, que me ayudó a leuallo de acá, será bien llamar, que es mancebo de bien, y de hecho.
Ful.—Es lo cierto; pero ya ellas no sabran allá que para él, que ha de auer compañia? pues allá lo veras si no hay tercera, y llamale y mouamos, que son cerca de las diez y tañeran a queda.
Fel.—Pues qué tienes tú con las campanas? temes quiça al aguazil?
Ful.—Hallado has quien no dessea hallalle.
Fel.—Pues de mí ve seguro, que te acompañaré.
Ful.—E aun pues por saber yo de ti esso, y por conoscer me, que si lo topamos, con que presuma estoruarnos el passo, que con la vara le tengo de quitar juntamente la vida, por tanto no querria necessitarme a que se dilatasse la cena vn hora por mi espada. E aun esto, si bien sabes no es couardia, mas antes fortaleza: porque a la fortaleza acompaña la prudencia.
Fel.—Es ansi: que no es de sabios y fuertes todo acometer, ni aun de necios ni couardes todo huyr, quando el esperar no espera victoria.
Ful.—Pues esso sabes, vamos, que cata alli a Pinel a solas.
Pin.—Qué se tractaua de mí? y dónde bueno?
Ful.—Que vamos a hazer cierta riça en vnos contrarios.
Pin.—Pues a mí me teneys a todo, con persona, espada y capa, y buena voluntad, y vamos.
Fel.—Pues ha de ser adonde ayer me ayudaste a desembarcar, y acá a hurtar.
Ful.—Agora que vamos fuera, me aclara esse punto.
Fel.—El botiller y despensero te lo diran al echar de su cuenta.
Ful.—Que por Dios, que escotaron!
Pin.—Mas pagar dixeras mexor; porque si en todo lo que allá está ellos estan confiados para el gasto de acá, saldran del agalla con el sueño del perro, buscando tocinos donde no tienen estacas. Aunque al cabo todo lo paga Floriano, y del cuero salen las correas: sólo les costará vn item más de otros dos renglones.
Ful.—Descreo de los adoradores de Mars si no soys los que yo buscaua. Agora te digo, Felisino, que aurá tercera y aun quinta donde vamos: porque de la miel del modorro, a cucharonadas.
Pin.—A la fe, a la cuenta de sobre mesa, si ouiere más de para cada sendas, seremos tres a tres, y a las demas dalles señal para otro dia vaco. Pues todos los dias no son yguales, ni todos los años abundosos.
Fel.—Hablas al punto.
Pin.—A la fe, hablo a vso de mi tierra.
Ful.—Y aun al vso de cuerdos. Porque necedad es poner cartel quien no piensa salir con el campo: ni con mugeres es bouo el que aun de lo que puede no les quita algo para tener que les dar otro dia.
Fel.—Anda ya, que dando lo que puedo, cumplo: pues ley humana ni diuina no obligan a más del poder.
Pin.—De ley ansi es y de razon, pero no con las mugeres: que en tal desseo les falta ley y razon, porque no quanto puedes, sino quanto quieren te pidiran. Porque despues de ser amigas de todo extremo, aun en recebir y ganar el tal extremo, ya que salen con lo que quieren, de mal contentadizas, pocas vezes muestran que hazeys lo que y como lo dessean, por quedar fuera de obligacion de os dar gracias.
Ful.—No aguarda Fulminato a que me den gracias, sino tomo las yo en cessar a la obra: mayormente en esta tecla: porque dizen que antes la muerte que la hartura hallan a la muger carnal.
Pin.—Yo no jugaua tan al descubierto: pero pues tú guiaste, baste que en el comer y en el vestir son tan altas de pensamientos y de tan reales estimaciones de su merescer, que jamas hallan causa de satisfazerse de lo que les days, por parescerles todo menos de lo que quieren y merescen, y siempre en sus cosas querrian ser solas: solas en gouernar, solas señoras de todo passatiempo, solas no ser contradichas, solas en su parescer, solas en mandar nos, solas en salir con sus temosas porfias donde les vale el porfiar, solas en buscar arreos, aposturas, inuenciones, para enbaucar los sandios hombres; y en todo lo que hazen quieren solas el loor, solas la estima, solas el seruicio, solas el dar consejo; pero en vn caso, a mi ver, nunca se querrian solas.
Ful.—En la cama.
Pin.—Ay sí la compañia, y no de muger, por temor de las fantasmas, pero de varon: y tal varon que no las dexe dormir toda la noche; y si él se descuyda, ellas como son tan medrosas, de puro miedo se meten en él, de manera que le sacan de aron. Pues despues desque os hallan el que quieren, luego os acuden con: O, el diablo y qué importuno; Jesus y qué moledor; ay, Dios me libre de vos; por mi vida que esta y nunca más. De manera que al cabo de la labor le pagan al pobre su afan con vn sobreçejo enojoso e ingrato.
Fel.—Bien dizen: que del agua mansa me guarde Dios. Espantado me tienes, Pinel, con lo que sabes.
Ful.—Ansi han de ser los hombres de seguida.
Pin.—A la puerta estamos.
Ful.—Ya te paresce que querrias verte en la colacion de sobre cena.
Pin.—Oxala ya estuuiesemos en la color del paño, que todo seria, a faltar tiempo, acompañar parte de la mañana con la noche. Pero temo de quedar lauando mis manos mientras vosotros amolays los gañiuetes. Porque vosotros ya traeys ojeados solos dos platos de vianda que ay en esta casa, y entonces a mí paparme han duelos, y vosotros vestidos, mofareys de mí desnudo, diziendo: pesa me de vos el conde[663].
Fel.—Anda que no hizo Dios a quien desmampare: que a donde ouiere dos camas o dos platos para nosotros, no faltará algun escaño o salsereta para ti.
Pin.—Ansi te honren tus hijos desque los tengas. Pero pues que no me embiaste al establo a despollinar pesebreras, me heziste honra. Pues auisa, que carne assan: que te digo que tengo tanto y más mullida y segura la cama que tú, y no de peor ropa.
Ful.—Mas vao: que venias tan a lumbre de pajas.
Pin.—Anda que todos sabemos la cal nueua, y escucha si ay dentro caça, porque de tales no ay que fiar si os hazeys del bueno.
Mar.—No es possible, hijas, que no les ha succedido algun embaraço, que ansi tardan.
Gra.—Ea, mira, prima, por essa gelosia.
Lib.—Ay, a la puerta estan tres: pero no seran ellos, que no auian de ser tantos.
Gra.—Anda ya, que tambien somos acá tres: que Pinel el vn compañero suyo será, que es un angelonazo.
Lib.—Bien me daua a mí el coraçon que algo esperauan tus rodeos.
Gra.—Qué dices entre dientes?
Lib.—Digo, prima, que todas andamos tras vna pesca.
Gra.—Pues qué quieres, prima? que, guardando la honra, con algo ha de mantenerse oy la persona. Y aun esto haze a tu madre acoger a estos moços, que más ayna desgajan el real que el hidalgote peynado que os paga con largo haré. E tú, prima, pues me entiendes y tienes tiempo, no aguardes allá a la vejez al caer de la hoja, quando entra el arrugado y triste y encogido frio. Y mira que con sola essa verdugada cada dia pocos inuiernos harás.
Lib.—Pues ansi me remedie Dios, esto para contigo: que con entenderlo todo y ver la poca renta que nos quedó de mi padre, hago de la boua con mi madre. Porque bien mantenernos oy, no pueden sola rueca y almoadilla. Y buen vestido y pobreza[664], no compadescen limpieza. Y la pública necessidad apregona lo que haze y no haze la muger. Por tanto, dessimulo, por ver que quiere mi madre que reluzgamos al mundo, que no sabe perdonar cosa.
Fel.—Miras algo, Fulminato?
Ful.—Pense que venia el aguazil y quise me yr a él.
Fel.—Con la justicia, que tiene horca y cuchillo, no te burles; porque al fin buscan cómo se mantengan de hazienda de bouos.
Ful.—Mala la tienen con migo, que no me para blanca.
Pin.—Mal de muchos es esse; pero si no con la bolsa, pagar lo yas con la gorja, y al fin la soga quiebra por lo más flaco.
Ful.—Sea lo que fuere: llamo, y quitaremos achaques de calle. Ta, ta, ta.
Mar.—Anda, anda, Liberia; abre sin llamar sospechosos vezinos, veladores sobre vidas agenas, durmiendo las suyas.
Gra.—Anda, que yo voy a abrir; apareja tú la mesa.
Ful.—Oye, oye, que esta voz no es de mis ouejas.
Pin.—Anda, calla, entra, sea quien fuere, que dentro podras tomar tu racion, y cada qual al tanto.
Gra.—Nora buena vengan los galanes, aunque tarde.
Ful.—Esso me dizes?
Fel.—Pues yo te sigo, Pinel acompañará a esta hermosa y cerrarán la puerta.
Gra.—Ay, señor, que me heziste caer la candela de la mano. Ay, por tu vida que me dexes, que dare gritos.
Pin.—Dare yo vozes. Y tú gruñe, que al fin eres muger.
Gra.—Asuadas, que otro dia que yo me guarde de ti, y qué tan atreuido eres. Sube por amor de Dios; no des cuenta de ti y de mí a quien la podemos escusar.
Pin.—Perdoname y sigueme. Buenas noches, señores.
Mar.—En buen hora vengas, y cómo subis a escuras?
Ful.—Calla, entendamos en cenar, que se correra la hermosa.
Pin.—Pesate? o que te va a ti de los otros?
Ful.—Que te digo que eres hombre de chapa; sientate: y tú, señora Marcelia, oy sea campo franco.
Mar.—Por amor de Florisino yo huelgo de todo lo que la mesa altar permite. Pero pues la mesa es grande y no ay quien sirua, todo estará en la mesa, y cada vna coma con el suyo. E cata ay los plateles: corte cada vno lo que más le agradare, pues que sabeys que donde ay hombre, siempre ha de seruir de trinchar.
Ful.—E la muger ha de seruir de plato de corte.
Lib.—Ya dizes malicias acostumbradas.
Ful.—E tú que no la entendiste.
Pin.—A la fe, la señora Marcelia haze bien, que anda tras el vino.
Mar.—No dizen que toda buena cena del beuer comiença?
Ful.—Ansi dizen. Pero el vino, más templado y no tan empinado: porque ansi pudrir te ha los higados, siendo tan rezio.
Mar.—Bien sabes de médico. E tú no sabes que la muger que es de su naturaleza fria y que por tanto ha menester calor? y ansi verás que vsamos chapines todas, y los hombres si traen corcho, son pocos y necessitados de calor.
Pin.—Yo de mala gana traeria corcho. Pero menos me atreueria a ygualarte en essa corrida. Porque con tres bocados de assado as beuido ya dos reuentones: no sé qué harás al cabo de tanta cena.
Mar.—Aunque oueja que bala bocado pierde, no dexaré de te satisfazer. Y sepas que el vino más cumple a la muger que no al hombre, que es más fuerte. Porque a la muger conforta le la virtud natural flaca, ayuda a la digestion, cria nueua y limpia sangre, alegra el coraçon, quita mal de madre, conforta la vista, sanea la memoria, haze buena tez, pone color viua al rostro, limpia la dentadura, da buen anhelito, ayuda al calor natural para el parir, cria leche y alegra la cria de las que dan teta a los niños.
Fel.—Luego tú deues de andar en essas occupaciones.
Pin.—Calla ya, que la virtud sin el acto no hazen effecto.
Fel.—Bien dizes, Pinel: que no miré que era casada la señora Marcelia, para el parir o criar.
Mar.—Tambien tú eres malicioso?
Lib.—Anda, madre, que algo le ha de pegar con quien tracta.
Ful.—Haga las pazes entre mí y ti, hermana Liberia, esta taça de tinto, que beuas por amor de mí: porque te ayude al parir.
Lib.—Si no por la mesa, dixerate que pariré para ti.
Gra.—Graciosamente das antes que amagues, Liberia prima.
Lib.—Más gracia tienes tú en empinar.
Pin.—Hazelo por cortar bien las flemas y dormir mejor.
Fel.—Veo que el que peor lo haze no ha menester yr a Francia.
Mar.—Anda, que el buen instrumento saca maestro, y el buen vino él se beue; y éste que anda por la mesa es tal, porque tiene buen olor, y buen color, y buen gusto, y mal dexo.
Pin.—Antes lo que mejor ha de tener es buen dexo.
Mar.—Pues qué no me entendeys lo que digo? mal dexo quiero dezir mal lo dexo: que de mala gana se dexe por ser tal.
Lib.—Y aun por ser él tal y nosotros guardalle essa condicion, nos ha dexado antes que le dexemos.
Mar.—Pues yo limpio este escamocho por assentar la cena.
Ful.—Siempre buscays achaque para lo que os cumple.
Gra.—Dexemos las pláticas, pues ya la vianda está parada.
Ful.—Pues aun cuerpo de mí, que de los mal librados tú fuiste ya la mejor, y aun ya se te haze tarde?
Mar.—Ea, digo, todo el mundo quedo. E tú, Felisino, no te desmandes con Liberia, y tú, Pinel, no te quiero tan retoçon de mi sobrina, que soy muy zelosa, mayormente que aun estamos a la mesa.
Pin.—Pues si la mesa le estorua, yo acá me aparto: buena pro haga.
Gra.—Ea, prima, guardemos todo esto, cada cosa en su lugar.
Ful.—Pues por que la fiesta sea entera, oye, señora Marcelia, vna puridad al oydo.
Mar.—Qué dizes?
Ful.—Que como al plato, seamos tres por tres al lecho.
Mar.—Ay, Dios me guarde: no, no, tal cosa no en mi casa. Basta me que yo peque contigo, sin que dé a otros causa, en especial que Liberia seria por demas, aunque yo quisiesse, porque no imagina ella cosa de varon en tal manera.
Ful.—Pues mal seria yrse a la calle, y yo con ellos, a tal hora.
Mar.—A Dios gracias, para esso camas aurá en mi casa: que aunque pobre, no faltarán vn par de camas.
Fel.—A, Pinel! qué secretos de sobre cena son éstos de los dos? y las muchachas, que se nos trasportaron?
Pin.—Luego no as entendido como Fulminato gana la voluntad a la huespeda, para que nos dé las muchachas?
Fel.—Pues terciemos jugando de mala, que por Dios que es marcado compañero Fulminato. A, señora Marcelia, da nos licencia al compañero y a nos, que es tarde.
Mar.—Esso me estaua diziendo Fulminato: que no se quiere yr; ni aun seria hora de abrir la puerta ya, porque tenemos vezinos sospechosos. Hija Liberia, aposentareys a essos dos galanes en la cama del entresuelo, y tú y tu prima en estotra camaretra de arriba par de la mia.
Ful.—Pues qué a mí me dexas solo? enseñame la cama, que luego marcho.
Mar.—Y espera, que sólo eres para ti; dare cobro a estotros.
Lib.—Cuydados agenos matan a mi madre sobre tener ella su cobro, pues mando te yo...
Mar.—Qué dizes, hija?
Lib.—Que pierdas cuidado, que todo se hará bien.
Mar.—Pues tú, sobrina, mira por la casa, y [á] acostar todo el mundo: no oya yo más a nadie.
Gra.—Mira, prima, lo que ha de ser conuiene que sea; tú alumbra abaxo a Felisino, que yo lleuo a Pinel a estotra cama, y despues allá cada vno hará como viere.
Lib.—Ay, Jesus, no osaré yr sin ti.
Gra.—A, señor Felisino, mi prima te yrá [á] alumbrar y enseñar la cama, y sea luego, y no la dexes subir sola, que es medrosa, y tú, señor Pinel, sigueme.
Fel.—Cómo vas ansi tan rostri tuerta y de mala gana con migo, sabiendo quánto soy tuyo, mi señora?
Lib.—Esta es la cama, ay queda essa vela, y quedate a buenas noches.
Fel.—Mi señora, perdona me, que me auisó tu prima que eras medrosa.
Lib.—Pues ya que yo soy medrosa, y para qué tú cierras la puerta? y esso, señor Felisino? y forçarme quieres en mi casa?
Fel.—Perdone tu hermosura mi atreuimiento, pues me fuerça tu amor a te forçar, sin poder hazer menos.
Lib.—Ay, por un solo Dios que me dexes.
Fel.—Perdona me, pues aun tú no me lo tendrias a bien en tal tiempo comedimientos, pues bien sé que te has de quexar.
Lib.—Ay, cuitada de mí, o deshonrada de mi madre, y qué mala hija tienes ya en mí, y qué mal huesped en Felisino, qué mal te ha pagado el buen hospedaje!
Fel.—Pues que yo estoy desnudo, y tú, vida mia, no te has de yr esta noche desta camara, y lo hecho ya es hecho, para en lo por hazer te ayudo a desnudar, que es tarde.
Lib.—Pues mi madre dio la occasion, y tú, Felisino, tienes de mí lo mejor, e yo soy forçada, y donde fuerça ay derecho se pierde, no te quiero negar lo restante. Y cata me aparejada a cumplir toda tu voluntad, en todo mi daño y perjuyzio.
Fel.—Pues sobre tan soberana merced, mato la vela; a buenas noches.