NOTAS:

[668] ¿Tal vez yerro por Fulminato?


ARGUMENTO DE LA SCENA XI

Tractando Polytes de yr a ver a Justina, Felisino le lleua a casa de Marcelia, y ansi se le estorua su viaje.

Polytes, Felisino, Marcelia, Liberia.

[Pol.]—Algun buen Pater noster se habrá oy rezado por mí, pues que con ya no yr Floriano fuera oy, el desseo con que oy me leuanté de visitar a Justina, creo que aurá sazon y effecto. Quiero agora dar comigo en casa de Lucendo.

Fel.—A dónde tan cogitatiuo?

Pol.—Si ouiera qué te comunicar, creeme que a ti antes que a otro. Pero aca pensaua con migo cómo hazer cierta cosa.

Fel.—Ya sabes que essa manera de no te me declarar es combidarme a más querer saber lo que sea. Porque si es de las puertas adentro, te sere amigo, y si de las puertas afuera, acompañaré tu persona con mis armas y presta voluntad.

Pol.—Dios te lo pague, e yo lo agradescere en semejante menester; que si no es la moneda, no sé quién mal me quiera. Pero mira si tienes dónde yr, y guia.

Fel.—A lo que dizes de la moneda, dolencia de muchos buenos es, agora tan vsada como el mal frances; y a lo segundo, no tengo, por mis peccados, dónde me aluergar. Pero querria yr a la cal nueua por vn guante que oluidé en la posada de Fulminato ayer.

Pol.—Anda, vamos, que calçar deues de querer el guante. Pero guarda, no te desuelles las manos con el menudear.

Fel.—Pues me entendiste sin me declarar: sabes ya, hermano, que, si quiera por cobrar buen crédito á los principios, es menester orgullo. Pero despues de bien posseyda la heredad, vna vez en la semana, como pan bendito.

Pol.—Para contigo basta y aun sobra. Pero cómo tomas pleyto con quien sobre tal hazienda no sabe tener medio, ni perder hambre de tal mantenimiento? Piensa que tendras trabajo. Y mira que entras a nadar en pielago donde otros más expertos nadadores que tú no hallaron vado. Y auisa que competidor tienes que pocas vezes le hallarás satisfecho; no sólo con lo suyo, pero aun con todo tu caudal, y tiempo, y fuerças, porque aun harás todo lo que puedes, y si descaes del ordinario, y que sea harto ordinario, te meterán a ojos vistas otro en la heredad, y te harán que la veles, y el otro desfrute, y tú no lo creas. Cata que no te contentes en esta feria, si compras, con solo marcar la mercaduría, y aun esto no sé si aurás hecho.

Fel.—Andando hazia allá, te diré cómo me pienso auer. Abezar el estomago a poca vianda, y ansi, quando tuuieren extraordinario, tomándolo loaran a Dios por poco que sea, como pupilos de plato tassado.

Pol.—Hi, hi, hi, qué ordinario quieres tú donde quantos escriuieron desto no hallan en mugeres medio, sino vno, que en esto las pone en extremos de contentamiento?

Fel.—Pues yo no lo que los libros, pero lo que mis fuerças basten les daré; y aun de alli quitando algo, y si más quisieren, que musen.

Pol.—Si ansi lo guias, tú serás vezino de Cornualla, y tendras possession en Ceruantes conoscida, adonde andes a caça de cuclillos.

Fel.—Por esso bien que no tienen mi palabra por más de quanto turare el vso y fruto; que por temor de essas aues temo el perpetuo vinculo. Y ansi más quiero andar a lo fresco, oy aqui, mañana alli, que perpetuar casta.

Pol.—Si ansi te sabes auer, serás sabio, porque gran afan es buscar carretas y requas a cada passo andando en estos palacios, para lleuar hijos quiça que hechos a medias.

Fel.—No no, horro Mahoma, todo mi axuar a cuestas como el caracol, porque buey suelto bien se lame. E ya que aya de tomar estado, será en mi naturaleza, porque cada gallo canta en su muradal, y en la tierra agena la vaca acuerna al buey.

Pol.—Y aun ansi es lo acertado. Porque el que se casa en tierra agena, toma la muger mala y hazensela buena. Y aunque vea el gayon, que calle el cornudo y vaya a trabajar: y aun siempre le diran que todo lo huelga y todo lo gasta. Y aun, hermano, en esta tierra vende la tienda la hermosura de la muger que te dieren de dia, y despues a la noche desnudando se quando le pidieres virgo, dar te ha la verdugada o emprestada o alquilada, y a la mañana todo lo paga la sangre de un palomino, y lo ha de llorar el triste paciente.

Fel.—No creas tal cosa.

Pol.—Si estos principios no sabes, presto venderas cestos, y aun quemarás en tu casa cuernos, y te lo harán olor de ambar gris ó menjuy. Y pues estás a la puerta, mira por ti, y queda te a Dios, y mira que llamen antes que saludes, si no quieres ser mal recebido en estas casas de tracto secreto, con presumpcion de buena fama y humos de honra; en especial que arriba ay gran trastauillar de pies; que te auran visto y aurá algun trasparamento, o puerta falsa (si la tiene esta casa) y voyme.

Fel.—Perdona, que has de ser testigo de lo que ouiere; y llamo, ta, ta, ta.

Mar.—Presto acaba, hija, pon en cobro esse galan, que no escusamos abrir a Felisino y Polytes.

Lib.—Anda, abre les la puerta, madre, y detenlos algo, mientras le echo por la puerta del corralejo.

Pol.—Cata que, aunque me llamas sospechoso, la tardança en abrir y el bullir del sobrado saca mi malicia cierta y mi sospecha verdadera.

Mar.—Quién llama a la escalera tan apriesa? O qué buen encuentro por cierto!

Fel.—Bueno le es para nosotros en verte; pero pensauas auerlo a solas?

Mar.—De tal compañia huelgo yo en mi casa. Pero dónde te subes?

Fel.—Señora, quedo se me vn guante este dia, y aunque no tiene adobo, pero porque no aprouechará éste a mí ni el otro solo a nadie, le voy a buscar, y con achaque dél, vine a te ver.

Mar.—Bien parescen vnos guantes a vn galan. Pero tú, señor Polytes, buscas guante?

Pol.—Sí buscaría, si me aprouechasse.

Mar.—Pues cata que muchas vezes hallan vnos lo que pierden otros. Pero qué priessa es essa, Felisino? y espera que todos nos subiremos.

Pol.—A mí me perdona, que me voy a vn negocio de prisa.

Mar.—Pues sabe que en esta casa ni comen los hombres ni te quieren mal. Y tú, Felisino, sube, que tras ti me voy, y ten en mucho fiar se te la casa ansi.

Fel.—Ansi lo tengo por cierto; pero mejor te ahorquen que no te las entiendo. Pues anda, que sendas nos tendremos, que si a ella le contenta el muchacho de abaxo, a mí la muchacha de arriba.

Lib.—O, bendito Dios que me libró de hombre tan moledor; pero buen albalá de quatro reales me queda en las vñas, sin lo que dió a mi madre. Bonica, pues, me estuuiera yo royendo con hambre de mi casta honestidad, molestada de mil deseos de lo que agora me viene a manos llenas. Y pues que mi madre con su dissimular aprueua mi hecho, andemonos a ellas. En cargo soy a Felisino, que con pensar que me robaua me libertó, para que siendo suya de nombre pueda[669] vestirme de tales ropas como la que agora desnudé. Pero o, qué dicha la mia, que helo venia ya tras mí, y por poco no me topó viendo su possession que él primero labró. Pero ha se de hacer a la carga, y aun que lo vea y no lo crea, sino que piense que sueña. Pero algun embaraço tiene mi madre que ansi le dexó subir, aunque no se me da nada; que ésta, que es la primera y no será la postrera, no me la quitarán ya.

Fel.—A, mi señora Liberia; vengo a verte porque no sossiego sin ti; qué hazias por allá abaxo?

Lib.—Norabuena vengas; no sé si te crea: essas entradas qué decoradas teneys todos para embaucar a las que os atienden lealtad. Y vosotros, ésta os mata, y la otra os mata, y todas os matan, y nunca morys, ni aun os acordays sino de lo que gozays por el momento que tura.

Fel.—Anda, que no me acuerdo de mí por tu causa.

Lib.—Pues ya que digas lo que quieres, dexa estar mis tocados, y mira que estamos solos, y subira mi madre.

Fel.—Y que esso me dizes, y entraste a la cámara? pues espera.

Pol.—Señora Marcelia, sube a poner cobro en tu casa, y perdona mi priessa.

Mar.—O, valas me Dios, qué desamorado eres; quitemonos ya de la puerta y subamos a este entresuelo, que te quiero preguntar vn poco mientras baxa tu compañero con el guante.

Pol.—Al fin aurá de salir con la suya.

Mar.—Mucho te agradezco esto. Pero mira que no seas tan atreuido como este dia, y toma de mí la sana intencion y llana conuersacion.

Pol.—Ya no puedo con honra dissimular más, pues que harto se me declara en dichos y meneos. Señora, perdona mi pesadumbre, porque no quiero que taches mi couardia.

Lib.—Parescete pues, señor, que si mi madre agora subiera, que dauas donosa cuenta de mi?

Fel.—Anda, mi señora, que ya me querrias ver fuera, porque tendras otro que más ames que a mí.

Lib.—Ay, perdida yo por quererte, pues ya me juzgas por muger comun. Vete, vete [de] delante de mí, que aunque quede escarnida mi innocencia en te amar, auisará mi malicia en tener de ti el crédito que devo.

Fel.—Anda, vida mia, que me burlaua.

Lib.—Y aun ansi lo veo yo que te burlas de mí. Desdichada, que me robaste mi limpieza, y por ti engaño a mi madre, que piensa que soy la que ella me tenía. Anda, anda, engañador, destruydor de mi honra, y de oy más no te fies en mi llaneza y fidelidad que te he tenido.

Fel.—Agora que tu sentimiento me pregona tu bondad, te tendre y querre más. E ya sabes que los amigos ciertos son los prouados.

Lib.—Vete luego [de] delante de mí.

Fel.—Pues di que me perdonas y no quedas enojada, e yreme.

Lib.—Vete y no quedo.

Fel.—Pues a Dios quedes.

Mar.—Ay, cómo te as auido mal comigo; pero yo me tengo la culpa, que conosciendo te me fié de ti sola.

Pol.—Donoso tirar de alesna es esse.

Fel.—A, hermano, baste ya, y vamos; y tú, señora Marcelia, perdona y haz las pazes de arriba.

Mar.—Doy al diablo el majadero derramasolazes. Ay, señor Felisino, no te escandalizes de que a solas estaua preguntando a Polytes vn poco; pero qué son las enemistades?

Fel.—A dónde le acudio? Digo que nos hagas amigos a mí y a Liberia, que le pedi vna aguja por tomar mi guante.

Mar.—Traele vna dozena y hechas seran las pazes.

Fel.—A Dios quedes, que yo lo haré.

Mar.—Dios os guie. Y tú, señor Polytes, no oluides esta casa.

Pol.—Pierde cuydado. Allá quedarás, diablo bagassa, que para tu hambre, ésta y no más, si puedo.

Fel.—Pues para yr ya tú a otra parte no tendras tiempo, encaminemos para palacio. Y dime cómo te fue, que demudado saliste de color.

Pol.—Que quisiera que baxaras antes; pero creo que tambien huyes tú la compañía.

Fel.—Y aun que si bien lo supieses, aregañarias, dixo el Bizcayno. Pero la viuda de buen fregado es, y en ti que hallaria buen coçadero para su comezon.

Pol.—No sé qué se hallo en mí, pero sé que en el pueblo no la aurá muger tan lasciua. Y no tengo en nada ser amiga de Fulminato, sino como no es ropa comun; pues no seran menester rethoricas para halagarla, ni fuerças para derrocarla.

Fel.—Pues no piensa el otro sino que tiene thesoro en caxa.

Pol.—Bien mantendria estotra con palabras huecas del otro su grauedad, y con sólo su pasto su hambre.

Fel.—Aun creo que te abrió la bolsa?

Pol.—Abrio para echarme en ella este real de a quatro con que me compró, y aun barato, y para nunca más.

Fel.—Esso no diga nadie, que no caera otra y otra vez, si Dios no le guarda. Pero esse yo se le vi a Fulminato, con que ayer hazia alarde. Y segun veo, pagate sus cuernos con los quatro sueldos.

Pol.—Pues no tengas esto en nada que me diessen para comprar ropa tan basta y de balde costosa. Pero mira que tú no los pagarás con los quarenta, si el otro con quatro. Porque el pato ya te costó vna cena; y aun apenas entraste en la confradia de los de esta casa, porque la hija ha de aprender de la madre.

Fel.—Anda, hermano, que si me costó caro el pato, compréle, y degolléle, y comíle fresco, y trinchéle de mi mano.

Pol.—Dichoso fuyste, pues con essos adherentes compraste barato. Y aun creo que te vendieron lo que tenian gana de echar de sí, y que aparaste vianda que otros te coman del mesmo plato, y abriste por donde te entren al melonar. E ruega a Dios por salud, que verás como en casa del herrero todos aprenden a majar hierro, y en casa del escriuano a escreuir, y la hija aprendera el officio de la madre.

Fel.—Calla ya, que no entiende ella más las algarauias de su madre que si nunca la conosciera.

Pol.—Ay, peccadora de la bouilla! Tú eras proprio para casado, porque en tu opinion siempre fuera buena tu muger, y viuieras con las hechas, sin las sospechas.

Fel.—Mal me conosces. Antes por prouarla la pedi zelos sin por qué, y ansi saltó como granizo de aluarda.

Pol.—Y aun por ay me confirmas en mis sospechas; porque quien se quema, ajos ha comido.

Fel.—Anda, que quando ay algo, malo es de encubrir.

Pol.—Tú deues llamar algo el hallarle en la cama.

Fel.—Di tú lo que quisieres, que yo bien sé lo que me tengo en Liberia.

Pol.—Vna trabajosa guarda, si ella no quiere ser guardada.

Fel.—Y aun porque conozco yo en ella muestras de muy buena, no dudo de su seguridad.

Pol.—Pues si tú crees las muestras y compras el paño por la lista, yo dudo de las obras. E si tú eres cierto de su seguridad, yo no seguro de su bondad; porque al fin es hija de madre, y de vnas puertas adentro; de manera que con quien pasce y de quien nasce. Pues mirá si bastando lo vno a que se le pegassen de sus maternas costumbres, qué será viendola y entendiendola, siendo ya para lo que ella, sin mancarse ya en la labor?

Fel.—Anda ya, que es tan buena que no la derrocará la madre aunque sea más peor que tú la pintas.

Pol.—Pues mira que si buena fuera la hija, que no se diera a ti, y si no aprendiera de la madre, no supiera ya cumplir contigo. E al cabo dame la tu muger, y dar te la he inconstante; damela moça, daretela peligrosa; damela que se vea algo hermosa y no sea muy guardada, que yo te la doy por perdida; damela loquilla y golosa, que yo te la doy por barata; damela nouicia o principiante en el officio o lauor que tu la enseñaste, que yo te digo que para ver si podra cansar y por ver si podra matar su desseo, ella busque cómo experimentar sus fuerças, y obrar sus desseos, y aprouechar sus mañas, y cumplir su nueuo apetito experimentado, aunque viejo en ser desordenado.

Fel.—Aun dirás algo que me pusiesse temor, pero es muy desapegada y çahareña. Lo qual como no tenga su madre, veo que cada vna sigue por su natural inclinacion: la vna al vicio y la otra a la virtud.

Pol.—Y cómo agora sabes que por muchacha que sea, que quando les cumple, sacan de las del saco? y ansi se saben mostrar buenas, y honestas, y çahareñas, y halagueras, y amorosas, y muy pegajosas, y muy sacudidas y desamoradas. Y quiero que sepas, si no lo sabes, y si lo sabes oye mi opinion, y es: que las que más sacuden de sí los hombres y hazen de las honestas y turbadas, de vergonçosas, essas por la mayor parte con la turbacion estropieçan y caen, no de manos como el gato, pero de lomo. Y más te digo, que lo querria yo auer (tractando en lo que tractamos agora dellas) con las que a los primeros golpes son más sacudidas, porque todo lo que tienen de furia lo muestran luego, y como se acceleran en el combate y gastan la municion de colera que tienen, al segundo tiento, si vos como boçal no desmanchays a los primeros golpes, como no ay que hablar que no ayan hablado, ni que reñir que no ayan desembolsado, ni colera furiosa que no ayan gastado, quedan vnas flematicas turbadas para caer, y sanguinas de bien acondicionadas para conceder; y aunque la melancolia de mala inclinacion les haga huyr, los chapines y faldas las hazen estropezar sin que aya en qué, más de las duras piedras que ellas os tiraron a los principios.

Fel.—Mouerme yan tus maliciosas y caladas razones viuas si no supiesse yo que ella no espera aun las primeras palabras. Porque aun conmigo, que tiene por qué conoscerme ya, no quiere sufrir de tres palabras arriba estando solos; que luego me dize: ay, señor, mi honra; ay, vete, no des sospecha; ay, por Dios, que vendra mi madre; tanto que ya me da pena verla tan sentible.

Pol.—No la has aun entendido: no querria tres palabras, sin luego obras. Y no querria que no se quebrasse su honra, porque si con el hazer no pierde el buen crédito, haze y goza, y mete moros, y siempre es la que era, y descuyda los otros de que miren por ella, y con los otros se descuydar, quedan le a sus apetitos más lugar. Y si teme el venir la madre, es porque quiere que no dilates el pleyto, sino que luego concluyas, y pongas los tus testigos a la prueua; y enséñate que el que ha de pleytear no ha de temer el gasto, y ha de hablar poco y obrar quanto pudiere. E ansi dizen las tales allá entre sí en sus audiencias, blasonando y mofando de los que en esta causa somos pleyteantes; que gato muy miador, nunca buen murador. E si no digo la verdad, dime tú si puesta en juego si se pone mal al jugo, y entonces condename.

Fel.—No sé: peligroso eres. Yo te prometo que, aunque no por antiguo, pero que por maestro podras ya bien leer en esta escuela, y ser abogado en estos pleytos que dizes.

Pol.—Pues que ya estamos en casa y en esta plática recibes pena, entiende en buscar las agujas, y ata bien la bolsa, y mira bien por el amigo; y perdona, que yo marcho para arriba ver qué aya.

NOTAS:

[669] En el original, puedo.


ARGUMENTO DE LA SCENA XII

Passando Marcelia consigo y despues con la hija pláticas de la bondad de la hija, el despensero de Lucendo les haze vn banquete de cena. Y sobreueniendo Fulminato y Pinel, haze Marcelia á Fulminato guisar lo que el otro auia de comer. E sobre cierto achaque Fulminato se va huyendo y viene el despensero.

Marcelia, Liberia, Despensero, Fulminato, Pinel, Gracilia.

[Mar.]—O, mezquina yo y cómo se me abrasan las entrañas y me acompaña gran soledad en la absencia de Polytes! O, quán sin ventura soy, pues siento que no me ama, e yo me aborrezco a mí, y mi honra, y casa, y a todos por él! O amor, qué grande es tu poder! O, cómo si la honra no contradixesse a la voluntad y me atasse los pies, tras él yria desbalida como tras cosa necessaria a mi descanso! Pero o, desacordada de mí, yo qué digo? quiero subir a ver qué haze esta muchacha. Porque si la mano de Dios no la sostiene, y ella no es muy inclinada a virtud, con mi perdicion, o ella es perdida tras mí, ó no escapa de serlo. Porque el no poderla yo proueer como yo querria y mi honra pide, me haze dissimular con ella en algunas desembolturas, con la conuersacion de éstos que tractan en casa. Y quiera Dios que no aya tomado para su mal las libertades que yo le doy, y que mi mal hazer no la aya enseñado a perder la simplicidad y a abrir puerta a la deshonestidad. Porque el mi no hazer con qué enmendarla me ata la lengua al corregirla, ni puedo castigarla; donde mi vida me muestra a mí digna del castigo, y me embaraça el poderla yo a ella abonar. Porque poco monta ser madre reprehensora de lengua, con vida y obras viciosas y occupacion reprehensible, porque el enseñar ha de ser obrando y platicando bien yo.

Lib.—Mi madre sube: quiero ganar por la mano en mi abono, para que de quantas ella haze, que haziendo yo alguna errada, o no la vea, o no la crea, como ella piensa que no la entiendo yo sus vrdiembres. Ansi, ansi, y no vistes quán de reposo se anda mi madre de iglesia en iglesia, y dexa la casa franca a quantos van y vienen? Dios me libre de tan buen crédito como tiene de todos, que piensa que son como ella a las buenas. Y no vistes qué descuydo? que harto tengo que sacudir de mí importunidades de locos, que con la buena confiança de mi madre a mí querrian robar de mi limpieza, y estragar mi innocencia, y deshonrar su casa, y amenguar la a ella.

Mar.—Buenas nueuas de mi hija son éstas. Pero quiero halagarla, pues mi vida no me permite reprehender su innocente vida. Calla, hija, no me reñas por tu vida, que vengo de encomendarme a nuestra señora. Pero dime, fuese el de endenantes?

Lib.—Y aun despues, que no deuiera, vino Felisino.

Mar.—Esse como por de casa le dexé subir, que le encontré á la puerta. Y fuese ya?

Lib.—Tal venia él para parar mucho con él yo en casa! y anda ya, madre, dexame allá con tus confianças que de todos tienes, que éstos son hombres y de palacio, y oy aqui y mañana alli. Ansi como no paran en lugar, ansi no dexan cosa de intentar, ni aun mujer por burlar.

Mar.—Y qué hizo?

Lib.—Qué? qué hiziera me di, si yo le dexara! que lo que hizo fue poco en rasgar me la lauor y perderme vn aguja, que segun lo que quisiera fue nada.

Mar.—Dexalo, que él lo pagará, que es vn burlon; pero calla, que llaman: suba quien es.

Desp.—Dios guarde la honra y gentileza desta casa.

Mar.—E tú eras? perdona el no te auer respondido antes. Pero no sé por qué oluidas tanto esta casa do no te dessean mal?

Desp.—Mis occupaciones impiden mi voluntad en te seruir.

Mar.—Y aun por vna onça de libertad que tengo en mi casa suffro vna arroba de pobreza; porque la vida arriscan los hombres por la libertad. E ansi dizen, que mi casa y mi hogar cien sueldos val. Pero qué es lo que mandas agora?

Desp.—Tengo vn poco de Olanda y vengo a saber si me podras vestir de tu mano de vnas camisas al moderno.

Mar.—Por cierto sí para otros; pero no faltará tiempo y voluntad para lo que tú quisieres.

Desp.—Pues, señora, porque este es para mí tiempo muy occupado en mi officio, me perdona que luego embio el lienço, y mandaré con que cenes. E si mandas vendre, sossegada la gente, a te ayudar a quitar los manteles, para que sobre mesa me cortes las camisas.

Mar.—Por tu seruicio huelgo de ello, con que mires que ay vezinos que velan vidas agenas en este varrio.

Desp.—Yo proueere de venir en quietud de todos, y por señal que soy yo, tiraré tres piedrezuelas a esta ventanilla, por no pararme a llamar. Y con tanto me da licencia, y perdonando mi pobreza, toma esse real de a quatro, para que se aya proueydo de fruta.

Mar.—No le tomara a no incurrir en mala criança. Ve con Dios, que en todo se proueera. Allá yrás, majadero, que acá dexas para la lampara de los necios, y despues daras para la vela de los cornudos. Cata, hija, que a quien Dios ama, la casa le sabe. Mira qué haze este hombre de hazernos bien: darnos ninguna molestia. Pon, hija, esse hogar a punto, que yo seguro que no tarde en embiar, y aun que sea menester desemboluerte.

Lib.—Yo bien tengo para mí que él proueera de suerte que aya para nos y aun las vezinas; pero no te congoxes, madre, que para todo aurá tiempo. Yo voy a mi prima que se passe acá; y con ayudarnos al trabajo, ahorrará ella la costa.

Mar.—Bien dizes; ve luego y buelue, que me quedas sola. O, bendito el que lo gouierna todo, y quán sin resabio de malicia anda mi hija sobre tantos estropieços como yo le pongo por esta negra de honrilla y ganancia, que pocas veces son de vna mesa estas dos cosas. Pero cata, cata, y qué presto y que gimiendo viene! asuadas que trae cobro. Qué es esso, loquilla, que si fueras casada pensara que te hazia gimir tanto la preñez?

Lib.—A la fe, ya que nos libró Dios de essos afanes, catanos aqui en otros de más prouecho y ganancia; y plega a Dios que tales gemidos nos visiten cada dia; pero no veys qué prisa se da mi madre viendo que no puedo con la carga?

Mar.—Anda, boua, que de alegria no miraua en tanto; pero muestrame essa bota de buen año. O, qué cosa de ángeles! por tu vida que es de Madrigal, y aun de más de tres hojas.

Lib.—Ansi, ansi, madre; si truxera ponçoña, del lodo estauas.

Mar.—Bien sé yo que tan buen liquor no podria suffrirla. Pero desembaraçate ya, y assese vn capon de essos, y essa ternera ençorça, que harto aurá.

Lib.—Anda, madre, que el dia de mañana no le vimos, y no diga que lo hurtó el moço, mayormente que ya verna Gracilia, y aun de aqui a la noche acudira alguien más al buen olor.

Mar.—Dizes bien; pero qué fue del lienço?

Lib.—Como que no entiendo yo que sabe mi madre qué corte de camisas busca el otro!

Mar.—Qué dizes, hija?

Lib.—Que no pudo el moço traello todo.

Mar.—Nunca y no que la paga acá está. Ay viene tu prima, desembolue esso; yre yo por vna ropa limpia de mesa a mi arca.

Ful.—Tienes, hermano Pinel, qué hazer?

Pin.—No lo aurá para no occupar la persona y las armas por ti.

Ful.—Pues vamos a vn salto.

Pin.—Pues espera me quanto visto vn jaco de malla y tomo vna rodela.

Ful.—Anda, que aqui va mi Valenciana.

Pin.—Pues porque no temas que busco escusas, guia.

Ful.—O, descreo de los desconfiados de Dios, y miedo en Fulminato? Pues sigueme, que tú verás esta noche quién es Fulminato, y cómo por ser tú no lo tomo por injuria.

Pin.—Al diablo encomiendo tal hombre aun oy. Pero si me pusiere en más de lo que puedo, que lo haga a solas: tomar viñas, porque otro dia auise en lo que mete a los amigos.

Ful.—Ya creo que te arrepientes de venir.

Pin.—No quieras de mí más de vn sí.

Ful.—Pues guio por tras sant Julian, que me salieron esta noche vnos tres a quitar la capa; pero a no tener buenos pies, pagauan me el pato.

Pin.—Pues por essas callejuelas lugar es para esse officio. Pero cómo te libraste?

Ful.—No quisiera que me lo acordaras por el enojo que de mi poco correr tengo.

Pin.—Dizen que el que va a hazer mal, que ya va medio herido.

Ful.—Por el sancto molde de la Litanía que a no me conoscer en el denuedo del desenuaynar, que auia acometido con buen semblante.

Pin.—Si ello fue ansi, tenian la vida en los pies, y ansi dizen que vale más salto de mata.

Ful.—Mal me salio la peroña, pues sin presa estoy ya a la entrada de la cal nueua.

Pin.—Y aun ay serian las tus bregas. Pero en esta calle quando Dios amanesce, aun hallo yo dia.

Ful.—Y aun yo os descubri este Peru, y vosotros mal agradescidos.

Pin.—De Dios aurás lo bien hecho. Pero pues ya estamos a la puerta de tu manida, cata que ay bullicio arriba; no sea que los que te huyeron aculla se te acogieron aqui.

Ful.—Pues por esso solo subo sin llamar, a puerta abierta.

Mar.—Ay, mezquina yo, quién quedó abierta la puerta, que no sé quién sube?

Ful.—Sí suben, que por tanto me llaman a mi Fulminato. Y ésta qué burleria es?

Mar.—Ay, qué fiero viene el desuellacaras, triste de mi! Pero reniego de la leche que mamé si sobre hazerle oy cornudo no le hago que guise la cena al otro.

Pin.—No te turbes, señora, con los de casa.

Lib.—Y cómo no nos hemos de turbar de la voz de hombre de subito, viniendo tan descuydadas a la llana?

Ful.—Y esta qué boda es?

Mar.—No tuya.

Ful.—Pues cúya en esta casa?

Mar.—Oyste, necio, y no veys qué señor de la posada?

Ful.—Sacame desta duda antes que haga algo.

Mar.—Y qué has de hazer? a la fe en mi casa no deuo si [no] a Dios y al rey tributo; que aunque pobre, de todos sino de ti soy honrada.

Pin.—Ni aun pienses que Fulminato te haga desaguisado, sino que viene enojado de vnos que se le fueron por pies.

Mar.—Pues nadie se deue ensañar, si no tiene buen desensañadero. Y vayase allá, que aqui no le deuen centeno.

Grac.—Y calla, señora tia, que estos de palacio son ansi maliciosos.

Lib.—No es sino el diablo que reyna en ellos como ociosos, y ansi son tan absolutos y aun dissolutos.

Grac.—Caya ya, prima, que vendra el señor tu tio y no hallará la cena hecha.

Mar.—O astuta moça!

Lib.—En cargo me eres, prima, llamarte a tomar enojos escusados.

Pin.—Anda, señora, que no hay nublado que ture vn año; que si no me tuuiessedes por de casa, nunca acá asomaria, ni seria amigo de quien tal no fuesse, aunque Fulminato e yo seamos de vn señor.

Ful.—E aun por tanto paso yo por tus desafios, y en presencia de amiga.

Grac.—Todas le queremos bien, no digas esso.

Ful.—Bien paresce que hazes la salsa, que te quemas con ella.

Pin.—Mas con todo, no seamos, Fulminato, estoruo donde no traemos pro.

Ful.—Baste que esta confradia nos trayga a nosotros pro.

Mar.—Mejor te ahorquen.

Pin.—Dexemos las, que será alguna apuesta de comadres.

Ful.—Pues seamos nos compadres.

Grac.—Qué por demas es tener la boca llena de agua, sino dezirles la verdad; que esto se adereça para vn hermano de mi tia, que vino oy de fuera, que es tutor de mi prima y uendra agora, que anda a visitas de parientes.

Mar.—O, bendicion de Dios en tan sagaz moça.

Ful.—Pues para hombre tan de casa yo quiero assar estos capones; y si viniere, conoscerme ha por amigo.

Pin.—Pues yo rodearé las perdizes, y quiera Dios que no sea afan de caçuela que dizen, guisarla y no comella.

Grac.—Pues qué te paresce, tia, quál estan los pacientes?

Mar.—Que eres como as de ser, y ansi temo que Liberia nunca valdra nada. Pero mira que a Pinel tengas tú cobro dél, que al otro yo le mostraré la puerta, y aun el cuerno al ojo.

Pin.—O, pesar de la vida con los vellacos! dos pedradas han dado en la ventanilla.

Ful.—Aun si han de tener los abbades oy responsos, si son los que te dixe, Pinel! Baxa, baxa, defiendeles la escalera, que yo salto por la puerta del corral a tomarles el passo, antes que sepan que yo estoy acá y se acogen.

Pin.—Pues anda, que nuestros son, que en el portal suenan.

Ful.—Pues calla, no me sientan, si no, yr se me han como la otra vez. Pero aun el diablo aurá parte oy en estas bagassas, si no creo que nos han vendido. Pero si yo llego a mañana, no se me yran sin el pago. No ay nadie, bien está; yo me acojo para palacio, que despues todo será dezir mañana a Polytes, si no muere de bouo agora, que se me acogieron por pies.

Mar.—Ya se fue aquel panfarron; deten sobrina, a Pinel, que va muy denodado, pues ya sabes quién llama. Y tú, Liberia, ve, cierra el corralejo, que el esforçado no le esperemos por agora.

Pin.—Dónde vas, hermana Liberia? espera, yo voy contigo, que aun por Dios no entiendo esto de estos entremeses, aunque con todo no sé si me tienen por seguro.

Grac.—Anda ve, que la bondad de mi prima assegura las partes.

Lib.—Aun pues no seria mucho que te burlasses para mi sanctiguada; porque el buen aparejo abre la dañada voluntad a las vezes.

Pin.—Por Dios, que agora a solas me paresce mejor la moçuela. Y aun que si no fuesse por la parentela suya y de Gracilia, que aun, aun.

Desp.—Buenas noches, señora Marcelia; y perdona que no esperé que me alumbrassen, por deslumbrar sospechosos. Pero dime, quién salio de la puerta del corral de tu casa? porque es el más suelto de pies que jamas vi; porque pense que fuesse algun ladron, y seguile como le vi salir de corrida, pero como alcançar vn galgo, ansi le pudiera yo alcançar ogaño, si ansi corre siempre.

Mar.—Mal peccado, aunque fuera ladron, no tenia qué lleuar, si no nos lleuasse los mantos. Pero dime, viste le la cara?

Desp.—Por Dios que aunque reconoscio que yo solo le seguia, que no parescio sino aue: hazia sanct Benito me desaparescio.

Grac.—Asuadas que era él valiente, que mejor se amañaua a assar que a defender lo assado. Pero pues no soy ya menester, me da licencia.

Desp.—No consiento que te vayas porque yo vengo.

Grac.—Ya sabe mi tia que tengo huespedes. Voyme por la puerta del corralejo, porque la cierre mi prima, y perdona me.

Mar.—Ya, ya, agora te entiendo. Dize bien, que tiene con quien cumplir.

Desp.—Pues porque no me consentiran acompañarte, no porfio a ello; pero lleua vn capon déstos que cenes, y perdona.

Grac.—Muchas mercedes, y a buenas noches.

Mar.—Mira, sobrina, al oydo. Tractame bien al galan. Diras a essa muchacha que cierre bien la puerta y se suba luego, y anda con Dios.

Lib.—Dónde te vas, prima, por aquí?

Grac.—A mi casa. Sube presto, que está tu tio aguardando para cenar. Y tú, Pinel, pues acá no seras menester, te allega conmigo a mi casa.

Pin.—De muy buena voluntad.

Lib.—Hasta la puerta dize? yo seguro que sea hasta la cama. Y aunque ésta es más venturosa que yo; pero algun dia vendrá Dios por mi consuelo; voy me arriba.

Mar.—Ay, señor, qué mal lo has hecho conmigo! sientate y dissimulemos con comer, que sube mi hija.

Desp.—Por mi fe, señora hermosa, que con poco más no os aguardaramos a la mesa.

Lib.—Haga buena pro, que yo ya he comido dos bocados, que me bastan agora.

Mar.—Ni aun yo puedo passar bocado, sino a poder de beuer, que pensando que tardaras más comimos sendos pocos.

Desp.—Pues yo alla cené; por mí no se detenga la vianda.

Mar.—Sueltamente lo hazes; pues no pienses yrte assi. Anda acá, que te quiero dezir vn poco a esta mi camara. Y tú, hija, pon en cobro esso como te paresciere.

Lib.—Asuadas que agora se corten las camisas; pero allá lo aya mi madre, que yo quiero cenar de mi espacio e yrme a dormir, que mi madre ya tiene occupacion hasta el dia. Y aun para mi santiguada, que si yo puedo que me tengo de entregar, que no me lleue de oy mas (pues ansi juega) carta de más ni embite que no se le rebide, Dios queriendo.


ARGUMENTO DE LA SCENA XIII[670]

Fulminato cuenta a Lydorio el destroço que hizo essa noche, y entran a Floriano. Y encargase Fulminato de buscar alcahueta que remedie a Floriano.

Fulminato, Lydorio, Floriano.

[Ful.]—O, reniego de Venus y aun de mí si aquellas bagassas no me lo pagan, y si no tengo por mí que me tenian entrampado, que por secreto que sali, aun vuo gente para mí. Pinel como visoño haria rostro y harianle criba. Perdonele Dios, que era buen mancebo. Y aunque él fue por mi causa allá, no tengo yo culpa de su muerte, pues no deuiera él de hazer más que el compañero. Ya, ya, no más de noche, que aunque bien sé que no me alcançaron, aun pienso que me hirieron. Muchos me parescieron; nunca en tal peligro me vi de veras. Quiero oy llamar mi dia primero, y buscar cómo mi huyr no menoscabe a mi estima, pues ya bien me atreuere a correr el palio. He alli a Lydorio y muy denodado. Aun el diablo seria si acá saben ya de la muerte del triste de Pinel y de la huyda del gozoso Fulminato.

Lyd.—O, qué malo eres de descubrir, Fulminato!

Ful.—Si es cosa de armas dime el qué, y por dónde comience, que verás si halla defensa esta Valenciana.

Lyd.—Anda, que pones gran dubda en tu ánimo con andar tan preuenido en acometimientos de armas. Porque pocas veces vi perro que bien apresasse que mucho ladrasse.

Ful.—Agora lo vieras qué passé.

Lyd.—Qué fue?

Ful.—En el doblar de campanas lo sabras, por vnos tres que no conosciendo mis golpes, me acometieron solo.

Lyd.—Si ansi es bien te fue, pues solo y sin armas te libraste; pero vamos a Floriano, que ya ouiera de auer cenado y espera a ti para encargarte sus negocios.

Ful.—Vamos, que descreo de Mars si no se concluyan presto estos negocios, y a aun costa de más de tres cabeças.

Lyd.—De aues seran; pero entra passo hasta ver si duerme.

Ful.—Agora os digo que estamos todos de vn son; y cantando está, oye, oye.

LAMENTACIÓN DE SU PENA, DIRIGIDA Á SU
SEÑORA, LLAMANDO FLORIANO LA MUERTE

Salga la voz lastimera
publicando mi passion
y tormento;
salgan mis sospiros fuera,
que riesguen mi coraçon
al momento;
abranse ya mis entrañas
si tú, dama, eres seruida,
y verás
las mis bascas tan estrañas
y dolor tan sin medida
que me das.
En el campo del amor
yo sin armas desafio
al que dixere
auer tan ygual dolor
ni tormento como el mio,
ni se espere;
porque yo, triste, penando
ni espero gualardon
ni soy creydo,
y mi pena publicando
siempre cresce la occasion
de ser perdido.
Toda pena desta vida
con la mia comparada
gloria es.
O, muerte no fenescida,
o, vida desesperada,
qué me quiés?
Di me en qué te aya offendido,
muerte buena para mí,
pues me huyes;
pide licencia a Cupido
que a él vengas y a mí
si concluyes.
Ya me falta sufrimiento,
pues tanto cresce mi fuego
tan rabioso;
ya mis dolores no siento,
y a tino voy como ciego
sin reposo;
porque do quier que ya fuere
yre la muerte buscando
con clamores,
pues mi tan querida quiere
estar se siempre ceuando
en mis dolores.

CONCLUYE

No sé qué remedio halle
para de mí más vengarte,
mi señora;
si el remedio es que yo calle,
callaré por no enojarte
desde agora;
que aunque yo quiera otra cosa,
pues tú mi lengua gouiernas,
no podré;
o linda más que la rosa,
con que mires que me infiernas
callaré.

Ful.—Ya calla; y mal aya hembra que a vn tal hombre se niega, que es para mouer a compassion a las fieras. Que de las que en la cara tengo y de todos los Talmudistas reniego, si Floriano quiere, si no le traygo la dama a las vñas, que todo es ayre andar ruando, y trobando, y sospirando, sino dezir y pegar. Que descreo de quantos adoran el sol, si me vuiera yo puesto en amar a Belisea, si no la vuiera yo hauido, y aun quiça aborrescido; porque al fin donde las otras lo tendra, y de carne.

Lyd.—Calla, que si te oye esso no cabremos en casa; porque la tiene por dechado de hermosura, aunque a la verdad ella es joya tal.

Ful.—Pues si con la hermosura no tiene cordura, la tal cae más ayna; y las tales caydas son peores de leuantar, y aun de hartar.

Flor.—Pajes, meted me vna vela, o abrid las ventanas si es de dia.

Lyd.—A, señor, mira que arden dos velas y es media noche. Y aqui está Fulminato, que mandaste llamar.

Flor.—Y para qué?

Lyd.—Para que te buscase remedio.

Flor.—No le hay, sin el de Dios, fuera de aquella que me mata.

Ful.—Si no quedassen más muertos los que me acometieron, bien les yrá.

Flor.—Muerte corporal para mi vida es. Pero qué fue esso?

Ful.—Que haze Fulminato de las que suele.

Lyd.—Holgarás oyr las cosas de Fulminato de su boca.

Ful.—A la fe qualquiera que diga verdad te contará que de los seys que me salieron, los cinco les valieron buenos pies; pero el vno, que por sus pecados alcancé, aunque por no afrentar la espada le di de llano, por tener la mano cargadilla le hize a seys golpes perder la habla. Y aun yo seguro que ya le esten llorando, si tiene quien le duela.

Lyd.—Doy a la muerte este lebron, que ansi descose mentiras.

Flor.—Qué dizes, Lydorio?

Lyd.—Que él me auia dicho poco ha que eran solos tres, y agora ya son seys, y mañana seran diez.

Ful.—Y qué, los bocados me cuentas? pues no sabes que no trae contradicion de antes tres y agora seys, pues que tres es la meytad de seys? Y a ti bastaua dar cuenta de lo medio que yo hago, pero a mi señor de todo, y con esto te quiero tapar la boca y soldar tus malicias.

Lyd.—Más me la taparas con la verdad; porque ya sabes que el que en mentira es asido, quando dize verdad no es creydo.

Flor.—Cata, Fulminato, que no quiero los de mi casa reboltosos; basta mi desassosiego, sin que le aya en mi casa. Y tú no andes solo hasta que esso se aplaque, en especial que estás en tierra estraña.

Ful.—A la fe, señor, mis obras me la hazen ser tierra propria. Y por esso te suplico no encomiendes ni fies tus cosas de muchachos, pues yo pondre la vida por tu sosiego, y piensa que lo que me encargares, que saldre con ello.

Flor.—Mira lo que dizes.

Ful.—A la prueua buen amor; porque al fin ya yo sé dónde ay la puta, y la buena, y la alcahueta, y la hechizera en el pueblo; y aun sé por qué canales ha de venir el agua que amate tu fuego.

Flor.—Di, serás para traerme retorno de vna carta?

Ful.—Y aun a la dama si menester fuere. Pero ha de ser con que me hagas vna merced.

Flor.—Pide.

Ful.—Que luego me desembaraces, y tú que cenes, que es media noche, y duermas a sueño suelto.

Flor.—Qué te paresce, Lydorio?

Lyd.—Que te aconseja como leal, y que cumplira lo que dize como animoso; en especial si tú le animas con alegrarte.

Flor.—Luego me traygan de cenar, y en tanto escriuire. Y tú vete en tanto a cenar, y cenen luego los que tú quisieres que vayan contigo. Y tú, Lydorio, daras a Fulminato la mi cuera de bufano con la guarnicion de carmesi, pelo y passamanos de hilo de oro, y daras le para calças quatro pieças de oro, y daras le de mis espadas la que él quisiere, con que me dexes la que al presente anda en los talabartes, que agora yo suelo ceñir, y a la respuesta le haré las mercedes.

Ful.—Pues yo espero con mi buen negociar recuperarte el alegria y salud.

Lyd.—Luego voy a entender en que te den de cenar y a todo lo que más mandastes.

Flor.—Pues yo escriuo luego. Tú, Fulminato, buelue luego acá.

Ful.—Señor, ni me detengas ni escriuas, sino sí por sí lo que quieres de allá, que yo me voy a poner a punto.

Lyd.—Mira, Fulminato, que salgas con lo que te has encargado, pues las mercedes ya anteuienen al seruicio; por tanto, huye de la ingratitud, y vamos, darete lo que me mandó. Y sabete que no me pesara que fuera más: pero no se hizo Roma en vn hora.

Ful.—Pues cree me, señor Lydorio, que has de pensar que labras tu heredad, porque en mí no perderas tu buena voluntad y trabajo. Y piensa (dexando vno por otro) y que bien veo, que si no fuesse por tu cordura, que yua de cayda la casa de Floriano; porque la cabeça enferma no les puede yr bien a los miembros. Y aun esto veo por los que andamos en lo suez del mundo, que no podemos rehusar algunas no buenas compañias algunas vezes, y de ellas, con la ayuda de nuestra peruersa inclinacion, más nos damos a lo vicioso que a lo virtuoso. Y ansi proueyó Dios que en vna casa donde ay tanta juuentud y tan suelta a los malos apetitos con estar la mano que nos auia de castigar enferma, que aya en ti vn seso más viejo en saber que experimentado por los dias, para que a los vnos como yguales vayas a la mano, y a otros mandes como inferiores, y a otros ruegues como mayores, y a otros aconsejes como sabios, y a otros loes como virtuosos, y a otros reprehendas como viciosos.

Lyd.—Dios lo remedie todo de su mano, que Dios sabe el temor y lástima que tengo a Floriano: vno de la perdicion presente, y otro del temer que aun vaya a peor, y que se pierda rocin y mançanas[671]. Por esso me di qué remedio piensas tú poner?

Ful.—Contenta te que tienen manos el pandero que le harán sonar, y no me pidas más hasta que veas al claro quánto puedo yo con ayuda de Dios.

Lyd.—Pues no quiero sino dexarlo nadar como corcho en agua. Toma lo que te mandó dar Floriano, y no tengas en poco la merced, que es más de lo que piensas. La cuera ella dize su valor, pero esta espada vale vn cauallo, y toma las pieças de oro, y no falte tu seruicio, porque sobrara tu ingratitud.

Ful.—En esso dexa hazer. Pero en lo que dizes de la espada, quiero que sepas que no suffre qualquier hoja los golpes de mi braço, y que ha de menester el ser tal para turar conmigo. Y aun la cuera que quiça aurá de mandar vna dozena a Ceruantes por mis caseros tras los que allá tengo: que gran marauilla será si esto colorado no entorpece oy alguna bouilla, para que desmayada me cayga en los braços.

Lyd.—Pues luego entra a Floriano y desembaraça le presto porque cene.