NOTAS:
[691] Lo que señalamos con puntos suspensivos está indicado en el original con comas: una coma en cada lugar.
Yendo Marcelia, y subiendo sin llamar en su casa, asconde la hija vn estudiante en vna nassa dé pluma, y haze a la madre encreyente que tiene allá la criada de Gracilia huyda. Vase Marcelia a reñir a la Gracilia por la criada: entiende lo Gracilia, y dissimula con Marcelia. Vase Marcelia a Floriano con su mensaje de Belisea. Gracilia va a Liberia, y echan el estudiante fuera de mala manera.
Marcelia, Liberia, Gracilia, Pinel, Estudiante.
[Mar.]—O, quán dichosa he estado oy en venturas. Y pues oy todo me va de bien en mejor, quiero aguijar tras la fortuna, e yr a mi casa a sólo dejar estas preseas, y caminar por la ganancia que espero de Floriano. Pero qué encerrada esta mi hijuela, y otras vezes tiene toda la casa de par en par. Ta, ta, ta. Asuadas que, segun sus cuydados, que duerme ella agora. Quiero ver si podra caber me la mano, y abrir esta aldaua desta escalera. Bien está, [a]un hasta en esto tuue dicha de abrir tan presto, y por tanto dizen que es peligroso el ladron de casa.
Lib.—Ay, mala landre me mate, desdichada y perdida yo, que mi madre suena ya arriba. Ay, señor, por la passion de Dios, que te metas en aquella nassa de aquel rincon que está a lo obscuro, porque mi madre luego entrará acá en la camara. Y en tanto yo salgo a detener la en palabras. Ay, Jesus, madre, y cómo abres ansi la puerta sin llamar, que toda me has turbado de miedo, que pense que era otro.
Mar.—Mas esta te tú dormiendo al cabo de medio dia, que ansi se haze la labor!
Lib.—Mejor me ayude Dios que dormia.
Mar.—Pero acechauas[692] los ratones. Mas con todo, qué suena en la camara? espera, vere quién es.
Lib.—Oye, madre, lo que passa, ques vna poquedad, que hauras verguença de oyrlo.
Mar.—Qué es?
Lib.—De mi prima, que porque le quebro la su muchacha vn cantaro, la dexó medio muerta, y ella se me acogio a casa, tal que no está de uer; que por mi vida si ella se fuera a los alcaldes (como quiera si yo la dexara), que no le fuera bien a mi prima; en especial que esta es vna muchacha callada, y esclaua en seruicio, y sabe quantas flaquezas ay en mi prima. Mira, pues, si fuesse con ellas a plaça, qué ganaua mi prima, que no sabe suffrir algo.
Mar.—Pues qué es de la moça?
Lib.—Ay la tengo medio por fuerça, que desque te oyó llamar, pensando que era su ama, se me abscondio. Pero como ya te reconoscimos ser tú, estaua me agora rogando que no te dixesse nada, y creo que se metio tras tu cama, más arañada la cara que no sé qué me diga.
Mar.—Anda, saca la acá.
Lib.—Ay, madre, por amor de mí y por el siglo de mi padre que no la afrontemos, porque se encomendo a mí que la encubriesse, y mejor será que por bien yo la torne a mi prima, que no que se nos huya de entre manos.
Mar.—Pues luego esté se, que yo la dexaré, y quiero entrar allá a desembaraçar me desto que traygo.
Lib.—Pues daca, que yo lo pondré allá.
Mar.—Y calla, boua, que pues ella está escondida e yo no la buscaré, mejor es que me vea entrar y que no la veo ni hago caso de ella, y ansi no pensará que yo sé que está dentro. Y luego en saliendo, yre a tu prima, y la daré vna mano sobre ello de lengua.
Lib.—O soberana vírgen sancta Maria, y guarda me oy con mi honra, que yo no osaré entrar con ella dentro, porque si halla al otro, yo no paro en esta casa.
Mar.—Dime, Liberia, por qué no hazes esta cama? que paresce que puercos la hoçaron. En toda tu vida has de ser para nada; cata, hija, que las moças han de ser calladas, y desembueltas, y suffridas, y estar en su casa, y no andar de vezino en vezino, y cata que dizen, que oy te reñire y mañana te halagaré.
Lib.—Por mi salud que aquella plática endereça mi madre a la moça, que piensa que está allá escondida.
Mar.—Este joyel quiero guardar en este cofre mio (que la capa aquí se quedará sobre esta cama hasta que yo buelua, que la coja y la guarde). Pero cata, qué diablo de loba es esta que está en este estradillo de mi cama? y qué porqueria tan grande! Jesus, Jesus que hedor de orines! que el jarro está derramado. O, maldita sea esta lebronaza, que de vn dia para otro se los dexa en el jarro, que basta a dar pestilencia tal hedentina. Di, maldita tú seas, que huyendo salgo de tal hedor, no puedes derramar los orines luego de mañana? y aquella loba que alli queda cúya es, o cómo está alli?
Lib.—Luego no te lo he dicho?
Mar.—Y qué?
Lib.—Que diz que queda vn abad o estudiante en casa de mi prima, y ella que dio en la moça, y la moça tomó la puerta, y con su loba a cuestas; a gran dicha yo que asomé a la puerta la vi que se yua a presentar y a quexar al alcalde Ronquillo, y lleuaua la loba para testigo de las cosas de mi prima. Por esso mire si hize chico bien en detener la moça, segun yua denodada y mal parada, y con su loba a vista de todo el mundo.
Mar.—Que esso passa?
Lib.—No te añado punto.
Mar.—O, maldita sea aquella loca, que nunca mirará lo que haze, que todo piensa que es ser de su llaneza de condicion! O, hi de puta, pues y a qué paxaro se yua la muchacha! si vna vez entrara en este barrio, por nuestros peccados que hallara razonable presa. Y aquella necia, despues de que él la eche la garra y la afrente en Dios val con su sentenciar en cerco, busca me por ay la suelda.
Lib.—Y aun por esso, madre, hize yo lo que he hecho.
Mar.—Heziste lo mejor del mundo. Dame acá la loba, y lleuar se la he so el manto, y dire le lo que no quiera oyr. Que, por mi vida, que a mi sombra está tenida y honrada y acreditada, que no es poco en este barrio. Y mirad vos qué cuenta diera de sí y de mí: traer me alcaldes (y aun tales) a mi casa y la suya.
Lib.—Toma la loba, aunque me paresce fuera mejor que por ella viniera mi prima, para que ansi por fuerça yo haga los perdones.
Mar.—Y calla, boua, y si está el dueño en casa, cómo saldra? en espeçial si ya ay allá enojos sobre ella, de manera que los vezinos sean públicos testigos de nuestros occultos defectos. Queda te, hija, y mira por tu casa y por la honra, y no me aguardes a comer; pues tienes harta vianda, come e alaba a Dios. Y si el despensero embiare algo, adereçalo todo a punto, y aun si vieres que es menester, llama a tu prima, o si no, essa su moça que te ayude.
Lib.—O, bendita sea la reyna de los angeles, que de tal pielago me ha sacado. Pero agora queda otro barranco, en que sepa mi prima oyr, y suffrir, y dissimular con mi madre. Y estotro asno, maguera polidillo, y que tanta ciscadera tuuo, que ni guardó loba, y quiera Dios que la cobremos, y tambien derramó los orines. Abaxo me voy, para que si torna mi madre, y allá no se hizo bien, acá lo tornemos a soldar de otra manera.
Grac.—Dónde bueno por acá tan sobarcada, señora tia? traes algo que comer?
Mar.—Traygo que reñir: que si en tu casa te hallara como estás a la puerta, tú oyeras oy de mí; a, veamos si es cosa de muger cuerda, y más teniendo el estudiante en tu casa, arañar la moça porque te quiebre vn cantaro; de manera que si tu prima no la tomara esta loba, ella yua buena a quexar se a Ronquillo de ti, tal que no yua para ver. Por tu vida, que mires más por la honra.
Grac.—Ya, ya, algun trasparamento deue tener mi prima en casa, y quiso escusarse conmigo; porque mi muchacha bien contenta y almorzada fue. Pero, porque no lo entienda mi tia, quiero yo dissimular y hazer de la enojada.
Mar.—Pues no me respondes? paresce te que ponias buena tu honra y aun la mia, que tengo de tornar por ti de audiencia en audiencia?
Grac.—Y que podia lleuar aquella picuda, que yo la quemaré oy la lengua, porque vaya con nueuas de lo que la persona no sospecha. Y dado que algo haga, es para los ojos de Dios y en su casa; pero aquella nouelera, golosa putilla, yo la marcaré oy, aunque en tu casa esté; perdona me por ello, e dexa me yr por ella.
Mar.—Anda ya, loquilla, no juegues ansi con la honra con rapazas, que diran lo suyo y lo ageno. Toma la loba y entra te luego en casa, y despide al dueño, y reposa te y loa a Dios, y despues te puedes yr con tu prima, que queda sola, y comereys juntas, y aun quiça cenareys, que yo voy a vn poco de priesa, y no sé qué espacio me daran allá. Y cata que no me has de dezir a la mucha ha peor que su nombre, por esta de agora; despues, si otra hiziere, que lo pague junto, como el perro los palos. Y queda te a Dios, y acoge te luego con esse vestido, que no sabes quién passara que le conozca, y te oya, y te entienda lo que passas dentro de tu casa; y tambien que ya sabes qué vezindad tenemos en este barrio, que todos son cintinelas de casas agenas.
Grac.—Agora, señora tia, ve donde vas, que boluiendo nos veremos, y verás que no soy tan culpante como me hazes, por el dicho de vna muchacha; pero al fin, por amor de ti, yo digo que toda mi justicia dexaré en tu mano, aunque mucho me violentas en no me dexar en mi casa hazer lo que deuo. Pero ve con Dios, que ella hará otra, y pagar lo ha todo. Agora que es yda, guardo por sí o por no la loba, que siquiera por la infamia que me cuesta no la lleuará con tan poco rescate el licenciado que deue tener mi prima; que poco más o menos, por lo que aqui vi este día, lo imagino. Agora voy a ver qué haze mi prima, que por mi salud que toma bien el officio de la madre, y aun que las haze y las cubre bien, y aun saca bien brasas con mano agena.
Lib.—Ya no paresce nadie, y mi madre ya la vi yr de en casa de Gracilia, y pues deue de quedar bien soldada la quiebra, pues mi madre no boluio a mí, quiero yr a echar le de la nassa, y aun de casa. Pero mezquina yo que no sé qué me haga de la loba!
Grac.—Qué hazes, prima? qué alboroto es este tuyo? y el con qué fue tu madre a mí? Qué tienes, qué tienes acá? que por poco lo borraramos todo, sino que quiso Dios que luego entendi en las pláticas de mi tia que deuias tú de tener algun tras paramento.
Lib.—Ay, mezquina de mí, que estoy tan turbada y cortada, que ni estoy para menearme, ni para saber responder te; pero qué fue de la loba?
Grac.—Mas di me, qué fue del asno?
Lib.—Ay, mezquina, que en la nasa de la camara de mi madre está.
Grac.—En aquel gran ceston que está en lo obscuro de la camara?
Lib.—En aquel donde vaziamos la pluma de vnos cabeçales este dia.
Grac.—Hermoso estara en suda y en blando. Pero asuadas que será el matriculado de sant Julian.
Lib.—El mesmo es; mala landre me mate, que de importuno no pude valer me dél.
Grac.—Pues que lo pague como asno. Por esso, pues [es] el gallillo loquillo de los requiebros de mi puerta destotro dia, dexa me con él, que la loba no la viste él más, y aunque es poco, por ser lo que yo creo, ya tú se lo haurias a él pagado, y no te me corras, que por mi salud que hazes bien, porque tan donzella te pediran agora por muger como antes. Pero dime, qué haremos antes que buelua tu madre? si ya ella no lo entendio o vio o barruntó.
Lib.—Ella ni poco ni mucho, sino que me creyo que tenia tu moça, y que le tomé aquella loba que lleuaua de no sé quién que quedaua en tu casa.
Grac.—Pues luego, por mi salud, que pues con tú hazerlo lo pago yo en la sospecha, que yo haga de la boua como si lo ouiera hauido él conmigo lo que haurá contigo, si él no fue muy lerdo y tú muy boua, aunque no te tengo por tal.
Lib.—Ay, dexame a mí si hize o no de correr tanto; pero mira que sin la loba no le echaremos de casa, ni aun por medio del dia no sé cómo él yra en cuerpo, donde todos digan: He le va nuestro licenciado. Cata que más hemos de mirar del interes.
Grac.—Agora te digo que estás restituydora del todo. Pero he alli a Pinel, que soldará estos embaraços.
Pin.—O señora Gracilia, qué mala eres de sacar de rastro!
Grac.—Donde no estoy no parezco, como el rey, pero ya, pues Dios te traxo a tal coyuntura, ayudanos a echar fuera vn loco que se le ha metido en la camara de mi tia a mi prima, que está tanmañita de miedo que venga su madre y piense otra cosa.
Pin.—Pues vamos luego, porque de priesa vengo a te hablar dos palabras.
Grac.—Pues dexa nos subir a nosotras, y si le pudieremos hazer baxar, Dios que bien, y si no, subiras a nos fauorescer.
Pin.—Aqui aguardo en el portal; sea presto.
Grac.—Pues mira, prima, que yo hablaré alto, de manera que él piense que soy tu madre, y verás lo que oy hago por ti. A, Liberia, di, maldita seas, no te menearás más vn dia que otro? acaba ya, que viene aqui el señor mi primo por essa nassa que está en mi camara, que ya dias ha que me la pide para echar trigo.
Lib.—Y tú no ves, madre, que está llena quasi de pluma?
Grac.—Anda ya, maldita seas, esté como estuuiere, que tal se la he mandado; desembaraça se la, no le hagas aguardar, que estan ay los hombres que la han de llenar, y tú ya sabes que él, que es vn renegado, y no cabremos aqui con él si luego no le desembaraçamos.
Estud.—O, al diablo encomiendo estas putas, y si no me tienen peor que pato con pluma, y aun agora que me aya de ver nadie! O, qué gran mal es andar el hombre sin armas! que yo saliera oy de manera que lo lleuara el diablo todo. Pero no creo en los grados que tengo si aqui está mi loba; pero pues yo tengo el pago de mi locura, con esta capa de grana me cubro, y boto a la mano de Dios; pero no sé por dó tengo de salir ni cómo.
Pin.—No me paresce que le pueden hazer baxar: quiero amenazar le de acá. Qué es dél, qué es dél? que no creo en tal si no le saco el alma si allá subo.
Estud.—No es cosa ésta de parar.
Grac.—Ya, señor, no aya más; dexa le por tu vida, no cures de subir, que ya va por la escalereja del corral huyendo.
Pin.—Descreo de mi si no le tengo de conoscer y sacar le el alma.
Grac.—Ten le, Liberia, ten le, no suba y le mate; que yo miraré por esta escalera del corralejo, que no suba nadie.
Estud.—A la fe, esto ya va de hecho; no me atrampen oy en esta casa puta: salgo, que más vale verguença en cara, etc.
Grac.—Ay, ay, Jesus, Jesus, el ladron, que lleua hurtada la capa.
Pin.—Esto ya va de veras; subo a ver qué es. Qué es esto, señora Gracilia, cómo estás tan emplumada?
Grac.—Ay, que va el loco y ladron con su capa colorada arreboçado y sembrando pluma, y veys quál me paró al passar, y aun me arrojó dos puntapies, sino que me quiso Dios librar, que matara me.
Pin.—Y essa capa? si es la que le falta a Fulminato!
Lib.—Ay, mezquina yo, que ella debe ser; y qué dira mi madre?
Pin.—Yo voy tras él, qué no se me irá.
Grac.—Calla ya prima, que esto está hecho. Y si Pinel no le pudiere cobrar, ya todos le vimos salir con el hurto, y delante todos se nos fue; no tienes culpa. Y tambien cuya es la capa la cobrará, y aun nos uengará del que la lleua, pues ya sabemos quién es; quanto más que Pinel es tal moço, que dará cobro dél. Yo me voy a mi casa a poner en cobro la loba, que no lo sabra si Dios y nosotras y della harás mañana en mi casa vna saboyana, porque sepa el licenciado a cómo se vende la carne en tu tablaje. Y agora te queda, y cierra bien tu puerta por sí o por no, que yo voy a aguardar a Pinel que me quiere hablar, y si truxere la capa, allí la tendras con la loba.
Lib.—Pues ve con Dios, hasta que esto lo riamos otro dia con más sosiego plaziendo al Señor.
NOTAS:
[692] En el original, acehauas.
Estando Lydorio el camarero tractando con Fulminato de lo que succedio a Floriano, llega la Marcelia, y con ella entra Lydorio a Floriano donde él esta.
Lydo[rio], Fulminato, Marcelia, Felisino, Pinel.
[Lyd.]—Grande es el reposo que oy veo en esta casa; Dios quiera que sea para mayor bien, porque veo a Floriano metido en vn camino, que no sé qué tal querra Dios que sea el paradero. Ayer tarde me paresce que se tractaua de que hauia de yr a verse con la que él llama su señora, y no me paresce que quiso acompañar se de más de solos tres moços y vn paje, teniendo tantos continos y gente de casta a su mandado, que comen su pan. Pues andar de noche no lo tengo por bueno ni seguro; pero no andar muy á lo seguro tengo lo por locura, porque de noche ni se conosce quál es bueno ni quál es malo. Pues ya que va de noche, mejor es que lo digan: quién passa, por ver le con autoridad y a recaudo, que no que digan: perdonele Dios, que le mataron pensando ser otro. Y lo que me paresce mal es que no ay hombre en casa, ni contino, ni mayordomo, ni veedor, ni otro que diga que le ha visto, más de que dizen que duerme. Gran descuydo ha sido este mio, porque dado que yo haga la voluntad de Floriano en dexar le solo, pues él se acompaña de muchachos y gente de baxa suerte, pero al fin, viendo yo el daño, no hago lo que deuo a la fe del buen duque Florineo su padre, que en buen passo[693] esté su alma. Cierto que de oy más la consciencia me carga, y el temor del daño pide que yo ande más alerta sobre las cosas de Floriano. Pero qué puede mi buen zelo y gran lealtad hazer con sólo buen desseo y poca possibilidad? Porque el auiso y correction fraternal deue la dar el hombre a donde cabe, y callarla donde con el consejo hareys mayor daño, y causays malquerencia, y cresce la malicia, y dobla se la pertinacia. De manera que lo que se hazia en el que erraua con sola inclinacion moça y sensual, y con persuasion de los aparejos, y con falta de resistencia de la razon, despues lo haga con doble peccado de voluntad maligna peccando contra Dios, con pretender de dar os pena a vos que le auisastes y corregistes. De Floriano, pues, yo tengo lástima a su honra y grauedad y hazienda y alma. Lo primero, porque le comiençan a cobrar en opinion de poco assentado y mal concertado en sí y en su casa. Lo segundo, porque da parte de sus flaquezas, y tracta y communica vn duque Floriano, y en ojos de una corte imperial, con vn paje y vnos moços despuelas. Lo tercero, he lástima a su hazienda, que la veo andar baylando en manos de amigos publicos de ella, y enemigos secretos dél. Y veo le yr tras chismosos, tras rufianes, tras putas, tras alcahuetas, y con gente que con sus dones se honren, y de la honra dél despedacen camino de los burdeles, do se gaste mal la hazienda del que la heredó bien, y la possee bien, y la dispensa y gouierna mal. Lo quarto, he lástima a vn alma que, con ser por sí noble, en ser hechura a imagen de Dios, y con hauer le dado Dios compañia de cuerpo no de sangre y ralea vil, pero noble y generosa y real, con todas estas circunstancias ella es peor tractada y más mal mantenida de virtuosas obras, que si cayera en suerte de ser vn porquero. Porque alli, tras su vil ganado, ella se podia saluar; y aqui mandando a tantos buenos y sabios, y nobles, y virtuosos, y generosos, ella anda aperreada y hecha estropajo a la disposicion de la sensualidad moça y libre y rica y mal aconsejada, como la ay en Floriano al presente, si Dios no lo remedia. Porque veo que el oydo y el creer de Floriano pende de las mentiras y embustes desta gente que con él tracta a salvo de su ganancia y a pérdida de Floriano. Y vereys que no dara audiencia ni credito a vn criado antiguo, leal, seruicial, amador de su honra, defensor de su persona, augmentador de la gloria de su estado, y aun, lo que peor y más peligroso es, que os cobrará enemiga porque le retraeys de los vicios, le desseays la salud, y le procurays por la hazienda, y le tractays de ensalçar su honra. Y esto es el por qué ay oy en dia pocos criados antiguos fieles bien medrados en las casas de los señores. Porque el fiel criado, condoliendo se del daño del señor, atreue se con buen zelo y amor a le auisar y retraer; y como por esto ve que cae en desgracia del señor, alça se a su mano, busca vn achaque, y el señor, que huelga que él le tenga para yrse a su casa con sus hijos y muger, y dexa de autorizar el palacio del señor moço y mal aconsejado, y ansi faltan las muchas canas, y sobran las muchas chismerias. Y aquellos por fieles van se con quitarles la racion porque no assisten, y dar les a más librar (más por verguença que compelle al señor que por voluntad que le combide) el medio acostamiento, porque se van como buenos, y lleuan le doblado los livianos que asisten, porque se pican de andar más galanes que graues. Y porque éstos, con lo no merescer, por medrar se subjectan a todo, y los otros, con hauer lo ya merescido, confian en su bondad y lealtad que merescen algo. Y ansí oy en dia la gente que más mentiras y más adulaciones oye, y menos verdades espera, son los señores, que se hazen enemigos de quien los ama, queriendo los sanctos y virtuosos, y amigos de quien los aborresce en la virtud. Porque tanto menos medra vn criado soberuio quanto el señor es más humilde, y tanto más medra vn criado luxurioso, que anda callejero y ventaneros los ojos a ver qué cobdiciar, y a ver qué poder auisar al señor de que vio acullá la hermosa, quanto más el señor es dado a las mugeres. Y ansi se han tornado los palacios acorro de viciosos, porque se despueblan de viejos, y se acompañan de moços, y porque ay poca audiencia de verdades y gran gula de mentiras; porque oy en dia es muy cierto el vulgar que mal me quieren mis comadres, etc. Y por esto con poca autoridad de los palacios, los seruientes de pelillo, los mentirosos, chismosos, malsines, truhanes, dezidores maliciosos, chocarreros, como hallan audiencia en el señor, ansi los tornan de su talle, si Dios y la buena condicion no los defiende de inuiciarse. Porque, como dize el Psalmo, con los sanctos serás sancto, y con el peruerso serás peruertido. Y aun en tanto es muy peligrosa al bueno la mala compañia, en cuanto más ayna se nos pega la mala costumbre, que no la buena; porque más daña vna viciosa palabra que aprouecha vn largo sermon. Y ansi dize la escritura: que corrompen las buenas costumbres las peruersas palabras. Y el que quiere guardar se del mal no deue fiar de sí mesmo, con dezir que tiene buena inclinación, que es sabio, y alcança lo que es malo, que es noble, y que la nobleza le combidará a la virtud. Porque donde no anda el fauor particular de Dios, y donde tercia la ruin compañia, y la propria sensualidad obra, no ay muro firme que defienda. Porque si el señor no guarda la ciudad (dize el Psalmo) por de mas vela el que la guarda. Que agora ninguno más sabio que Salomon, ninguno más rico, ninguno más acatado; pero ni le valio el ser rey, ni le mamparó la su sabiduría, ni se le acordó del fauor que Dios le hauia mostrado, con terciar la sensualidad propria, con la compañia de las mugeres estrangeras, que le hizieron ydolatrar, que es el mayor de los peccados; porque, tras el negar a Dios, nada queda que perder el hombre que algo sea. Pero he aquí asoma vna buena joya de los de la confradia; quiero saber dél lo que ha passado, aunque dudo si él sabra dezir me verdad, ni aun yo pensar que él la diga para me obligar a creer le, porque el que por mentiroso es tenido, aunque diga verdad, no es creydo. Ha, Fulminato, de dónde vienes?
Ful.—Vengo de la armeria, y de hazia Santiago.
Lyd.—Todo esso es vn camino; por qué tú lo diuides?
Ful.—Porque allá fuy a diuersas cosas; porque a la cal de Santiago fuy a buscar mi capa de grana que me auia dado Floriano en pago de la que me harparon los seys por su seruicio y honra en la cal de Francos.
Lyd.—El que te la dio Floriano, bien lo sé; el por qué, dias ha que te lo oy a ti contar, que para tus hazañas pocas vezes buscas tú más testigos de tu lengua que lo relate; pero cómo la vienes de buscar, y de alli?
Ful.—Luego no sabes lo que passó anoche?
Lyd.—Y qué?
Ful.—Pues porque no digas que no ay testigos de mis hazañas, preguntar lo has a los que iuan anoche con mi amo.
Lyd.—En tanto que ellos no parescen, dime lo tú breuemente; porque si lleuare camino de creer se, creer te lo he, y si no, oyr lo he.
Ful.—Ya sabras la yda de Floriano.
Lyd.—Bien la sé.
Ful.—Pues tambien sabras el a qué y a dónde.
Lyd.—Presumo lo; ven al punto.
Ful.—Pues yendo por aquella calle, yo que iua delante asegurando el campo, salieronme vnos quatro de traues, que por yr ellos bien armados, y a mí me ver con sola espada y capa, presumieron de se me atreuer; pero en dos palabras los puse en tal estrecho, que por la calle abaxo, tomando las viñas, se me saluaron por pura pata. Yendo, pues, yo tan ceuado en ellos y tan goloso de alcançar los, y ellos tan sueltos en el correr, me hizieron descuydar de la capa, hasta que oy la eché menos, queriendo la cubrir.
Lyd.—Son tus hazañas tales, y tan extraños tus hechos, que ni te culpo, porque yendo desarmado, y siendo tan buen corredor, y yendo ellos armados no los alcançaste, mayormente si corriades en oppuesto, vnos para huyr de los otros. Pero pues que en tal caso, y por tan buen señor perdiste la capa, quien te dio aquélla por vn hecho te dara otra por esta valentia. Pero a qué iuas a la armeria?
Ful.—Diziendo te lo que passé, bien deues de adeuinar a qué iua yo a los armeros, porque las armas quedaron tales, que no eran para traer, ni la espada buena para poder entrar en la vayna con mellas.
Lyd.—Di me, Fulminato, cómo diste a adobar las armas que yendo corriendo tras los otros desarmado no lleuauas? ni la espada se melló en los que por su buen correr no alcançaste?
Ful.—Cuentas me los bocados? pues espera, que yo te respondere por tiempo entero. Muy ganoso estás, señor Lydorio, de que no te calle nada; porque como aquellos se me fueron por pies, vine a la posada y armé me con boluer los a buscar; quando quise vestir me de sobre capa para tapar la malla, halléme sin capa, pero tomé otra. Y saliendo en busca de mi caça topé otros seys, que en el herir no me parescieron los primeros; pero como Fulminato yua a buen recaudo, a fieros golpes los desbaraté, y aun heridos [dos] de ellos, me tomaron las viñas todos.
Lyd.—Ya has contado de ti; agora me di, qué fue de Floriano y los otros?
Ful.—Aunque con peligro, por la falta de mi persona, pero con buena ventura, fueron, y negociaron, y tornaron se en saluo, porque yo hauia andado al ojeo.
Mar.—O, gracias a Dios que ya llegué acá, y me pude descabullir de tan importuna cosa como este mayordomo del Abad, que al cabo al cabo nunca veo que su arbol me da más de hoja de parola; y con quién lo ha!
Lyd.—Cata, cata, he alli la partera de los partos de Floriano. A buen tiempo viene para informarme de lo que passa, que harto mal es el nuestro, quando ha de preguntar hombre a vna gente tal de los secretos del señor que ellos no siruen. O, que norabuena vengas, señora Marcelia! ay algo de bueno en tus nueuas?
Mar.—Siempre yo las he traydo buenas a esta casa. Y agora, si me pones con Floriano, no las haurá menos; y que sé yo que en qualquier occupacion que él esté se desoccupará en el plazer de mi venida.
Lyd.—Esso creo yo antes que si fuera vn varon de Dios.
Mar.—Dizes algo, señor?
Lyd.—No más de que, pues tales nueuas traes, y con tanta priesa, anda acá, entremos.
Ful.—No mirays el majadero, que, estando hablando conmigo, me dexó y se va acompañando vna menos muy poco que pública del burdel? Pues reniego de la espada de sant George, y aun de la escriuania de sant Lucas, si al cielo no se me acoge, si no escriuo con el cuchillo del puñal en aquella cara puta el nombre de Fulminato porque quien la comprare sepa que me deue mi decima, y aun que a Lydorio yo le dé a conoscer cómo se despide otro dia de la persona.
Fel.—Qué es aquello que haze el valiente? qué tal tirar de barba tiene y dar de pie, y mirar en arco! quiero ver qué cuento tenemos nueuo, y si son enterrados los de anoche. Di, Fulminato, de qué te muestras tan enojado?
Ful.—Y cómo no lo tengo de estar? y aun de mí mesmo.
Fel.—De essa manera tú mesmo harás tus amistades: pero qué fue?
Ful.—De acordar me quán poco corri anoche.
Ful.—Herieron te?
Fel.—Qué herir? pluguiera a Dios que no me conoscieran, porque me esperaran, y aun me lo pagaran, porque no es menester más de que me reconozcan los que saben mis golpes, para que en viendo mi espada fuera me huyan, tanto que me pesa muchas veces porque me conoscen. Y ansi me dissimulo quanto me suffre la accelerada condicion; porque si esto no fuesse, más de tres gallillos traeria yo de mi mano sin las crestillas de orgullo que traen tan salidillas. Pero ya sabes, hermano, que mudar costumbre es a par de muerte; que te doy mi fe que si con mi condicion pudiesse acabar de ser algo asegurado, que yo tuuiesse más pesca, aunque no tengo redes, ni aun caña.
Fel.—Por esso dizen: cata que quien no asegura, no prende; pero mira quánta mentira ay en el mundo, y aun embidia de tus hechos: ya hauian dicho que te corrieron la çapata vnos dos.
Ful.—Di me quién lo dize; porque vna tal vellaqueria, quando vaya a oydos de mi amo, lleue ya el castigo a cuestas.
Fel.—No ay para qué sepas quién. Pero, mudando hitos, no quiero que me digas qué hiziste anoche, que luego disparaste a nunca más ver; porque bien presumo que andarias en passos de tu officio; mas ruego te que me digas, qué fue de tu capa de grana?
Ful.—Huelgo que me ayas conoscido; porque quiero, como amigo (que otro no lo ha sabido de mí) que sepas que anoche fuy en seguida de vnos no sé quántos rufiancillos atreuidillos, y como los amonté, valiendo les los pies, bolui en vuestra busca y nunca os pude encontrar. Pero para satisfazer me a mí mesmo, salté sobre el muro de la huerta de la dama, y como no senti dentro bullicio, dexé de saltar dentro a buscar os allá. Y ansi tornando a saltar al suelo para venir en vuestro rastro, por temor de que me tendriades menester, y hallé que al subir de presto se me cayó la capa, y voto a la sancta letra dominical deste año de quarenta y siete, que en tantico que fue todo ello, ni hallé rastro de quién me la lleuasse, ni sonido de pies a quien seguir, y ansi me vine en cuerpo, dando se me poco de vna capa, perdida por buen coraçon. Y cierto he pensado sobre ello, y hallo por mi cuenta que algunos ladronzillos, hijos de vezinos, se deuen de andar de noche siguiendo me a trecho de mí, como ya todos me conoscen, para que si hago algun hecho ellos sepan contar lo por ganar honra en que estauan a mi lado, y aun tambien para coger las capas de los que ya saben que me han de huyr, y jugar a como dizen: si me viste, alcéos la; y si no me viste, lleuéos la.
Fel.—Y aun esso deuio de ser, y cierto que ellos te merescen poca cortesia. Pero cata alli a Pinel, que es buen testigo de quánto ha que te buscamos, porque anoche, pidiendo por ti Floriano ya que veniamos, nos mandó buscar te, y que todos tres le hablassemos hoy.
Ful.—El tambien se huelga de saber mis hazañas; porque más lecion toma en mis obras para sus cauallerias que en quantos libros tiene de Romanos antiguos, pues en ellos lee de dizesse, y en mí vee de hazesse; y, como sabes, ay gran rato del dicto al facto.
Pin.—Esteys en buen hora.
Fel.—Cómo vienes tan alterado el rostro?
Pin.—Pues no lo puedo encubrir, no quiero callar que he corrido en seruicio de Fulminato.
Ful.—Cómo ansi?
Pin.—Porque vn ladron salio den casa de tu amiga con tu capa hurtada, y aun sembrando pluma. Yo que llegaua en tu busca y le vi salir de mala manera, y las moças gritando tras él, tomo su seguida, y acogiose me en sanct Julian; de arte que, no pudiendo hauer le, bolui a Gracilia, y contóme vna farsa de que uengo atonito.
Ful.—Pues esso quede para su tiempo, que yo voy a sacar le de la iglesia.
Fel.—Pues él va tan denodado, vamos nos a buscar de almorzar.
Pin.—Sigue, que despues lo reyremos todo, que bien ay de qué.
NOTAS:
[693] Así en el original, pero probablemente será errata por buen posso.
Sabiendo Lydorio de Marcelia de lo que a Floriano le ha succedido, entran a Floriano. Marcelia le da su anillo que traya de Belisea, contando le lo que le allá auino. Floriano le manda para casar la hija en albricias; con otras cosas que más passan de notar.
Lidorio, Marcelia, Polytes, Floriano.
[Lyd.].—Por cierto tú me has contado grandes cosas, y aunque yo siempre pretendi apartar a Floriano desta cosa, pero pues ella es tal, y la cosa va tan trauada, no culpo a Floriano, pues como mancebo le prendio el amor, y como cauallero sabio se ha empleado tambien, que si el padre de ella huelga, todo yrá encaminado por Dios, y no tendre por tan vana la ganancia de nuestra jornada, en lleuar tal señora a los vassallos del duque.
Mar.—Ay verás cómo, aunque a harto peligro mio, pero mis passos guiaua Dios en seruicio de tan buen cauallero. Y quiero que sepas que Lucendo, el padre della, con ser cauallero de tanta estima y casta y poder en el reyno, y con ser vno de los más sabios que oy tienen ditado en España, quiere y tiene en tanto a la hija, que no pensará que errará en cosa que haga; y hecho, qualquier cosa le perdonará ligeramente. Pero bien tengo yo por mí que, aunque he sido yo harta parte para poner la en el grande amor que tiene a Floriano, que ni yo, ni él, ni todo el mundo la harán caer en lo que Floriano querria de ella luego. Y sey cierto que ella está de las enamoradas y penadas de amor de Floriano, que jamás amor prendio. Pero está la más casta y constante en el no errar en tal caso que oy ay donzella en el mundo, la menos combatida, y la más recogida, y la más guardada que sea.
Lyd.—Por tanto me confirmo en más pensar que nos la tiene Dios para que nos mande y la siruamos, y con razon, pues pocas tales flores tendra oy el mundo. Dime, Polytes, duerme aún?
Pol.—Mas ya se viste, y salgo a que se vista el capellan a la missa, que la quiere oyr.
Lyd.—Pues entremos, señora Marcelia, que ya ha mucho que te detienes.
Mar.—Oyamos, si mandas, qué es lo que dize, que hablando está, y no nos ha sentido.
Flor.—O venturoso Floriano, cómo es poco el plazer que muestras para tu tan gran gozo! O mi señora Belisea, y si este sospiro te fuesse a dezir como estoy en tu contemplacion! pero bien sé que te deuo más y más, y mucho deuo a Justina, en gran cargo soy a la buena Marcelia, y no lo perdera en mí. De manera que Polytes y Justina tengan bien con que me seruir, pues los casé, y me lo mandó mi señora, cuyo es quanto tengo, y el señorio con ello. Y a Marcelia yo la dare con qué en su casa, mientras viuiere, tenga por qué se acordar de mí. Y a todos los de mi casa quiero hazer mercedes, para que cada vno segun es ansi sienta parte de mi alegria, pues a todos los de mi casa tengo obligacion; que me siguieron sin pedirme dónde yo yua, y me han servido honrosamente. Yo quiero que todos vean qué señora tienen, porque yo la tengo. Y a mí me quiero yo tractar no como mio, sino como cuyo me conozco. Por manera que con la mejoria de mi salud y con mi buena ventura, crezca el bien y gozo de toda mi casa. Pajes, pajes, quién estay?
Lyd.—Señor, aqui estoy yo, que agora entro con Marcelia.
Flor.—Que ay está Marcelia? bien me daua el alma que cosa de mi señora Belisea estaua cerca de mí, de cuya participacion crescia tanto mi gozo. Llega te acá, llegate acá, que ya te veo, que como a tercera de mi bien te tengo de dar vn abraço; y no te me enojes, que todo nasce de buen amor.
Mar.—A la fe, sí, sus abraços me mantendran!
Flor.—Qué dizes, mi Marcelia?
Mar.—Que me paresces adeuino, pues agora vengo de en casa de mi señora Belisea, y aun si bien supiesses qué de secretos te traygo!
Flor.—Cata, hermana, que el coraçon amante muchas vezes adeuina. Pero dime, dime, qué me traes?
Lyd.—Da me licencia que me salga, porque te querra en secreto esta dueña.
Flor.—No quiero que te vayas, sino que, pues es cosa de mi señora, lo oyas todo, para que te confundas viendo del bien que me pretendiste siempre quitar.
Lyd.—Por el fauor y por la reprehension (pues veo que tú acertaste e yo sali errado) te tengo en gran merced lo que me has dicho agora.
Flor.—Pues oye y calla; dime, Marcelia hermana, queda buena mi señora?
Mar.—Buena, y más tuya que podras creer; porque esta mañana me mandó que te lo certificasse y jurasse ansi.
Flor.—Ay, qué poco me monta que ella lo diga, si ansi no es!
Lyd.—Oye, señor, a Marcelia, y cree a lo que tu señora dize.
Flor.—Ay, Lydorio, que muy con razon me riñes mi mal hablar, y aun quisiera que con peores palabras me retraxeras de lo que el orgulloso plazer hizo desmandar mi lengua.
Mar.—Pues oye, señor, lo segundo que te manda tu esposa dezir, que aunque esté Lydorio delante lo dire, pues son ya embaxadas de muger a su marido, aunque tambien hasta os besar a entramos las manos por mis señores no te deuria a ti llamar marido y señor de mi señora.
Flor.—Anda, Marcelia, que sin besar las a entramos lleuarás de mí las mercedes, y di.
Mar.—Pues agora que no es tiempo de hablar te por circunloquios, ni guardar secretos en esto, digo que tu esposa no ve la hora que la veas y te vea. Y ansi te embia a dezir que no faltes para la hora que te mandó, y en señal de tu esposa te embia como a su esposo este anillo, que yo le vi quitar del su dedo del coraçon, y que quiere que luego te le pongas tú, para que de tu mano, quando vayas, ella te le tome por tuyo. Esto es lo que me dixo, con otras muchas cosas. Y queda me aguardando, que antes de yr a mi casa tengo de boluer a darle cuenta de lo que he hecho, y sepas que ya me dio mercedes de desposada. Agora he dicho mi embaxada; dame licencia, porque ando desmayada de çanquear en ayunas, y tambien es hora que tú ya comas.
Flor.—Tus buenas nueuas he recebido de grande alegria, y quiero hazer lo que me dizes en comer, y aun quiero forçarte a que comas conmigo oy.
Mar.—Señor, aurás me de perdonar, que no soy para tu mesa sin grande nota, en especial que me aguardará mi señora Belisea; por esso mira qué mandas que le diga, y dame licencia.
Flor.—Pues que ansi quieres, te ruego que le des este papel, en que lea hasta que yo vaya a mi glorificacion a cumplir su mandado. Y quiero que le digas que esta mañana, en su contemplacion occupado, yendo la mano escriuiendo lo que la mente yua pensando, al cabo salio essa lauor, la qual no sé qué es, ni aun lo he leydo, más de como lo he contemplado y lo hallé escripto de mi mano, y que poco ha que lo acabé de escriuir. Y en pago de tus trabajos, quiero que te den (porque me dizen que tienes vna hija para casar ya), para en dandole marido, treynta mil marauedis, y tú, Lydorio, harás la cedula, y que le acudan con ellos el dia que la madre la entregue a su marido. Y más quiero que, si a dicha la casare con persona de mi casa, que tú, Lydorio, seas padrino, y le des para ayuda de los vestidos a entramos otros veynte mil marauedis, los quales tú tomarás de mi recamara, y dar se los has de tu mano a la de ellos. Y quiero que les hagas la costa del dia de su boda, como de tu mano, honrosamente. Y a Marcelia dar le has vna librança de veynte cargas de trigo, que se las den esta semana, para mantenimiento de su casa deste año, y oy la lleuen de comer de mi plato, porque no haurá guisado nada andando en mi seruicio, y luego la den cinquenta ducados para sus menesteres, y perdona.
Mar.—Tus illustres manos me has de dar por mi señor.
Flor.—Anda, hermana Marcelia, que no dexaré de siempre te fauorescer; ve con Dios. Y tú, Lydorio, dame presto de vestir, oyre missa, y luego me den de comer, porque quiero yr oy a palacio, que ha dias que no fuy allá.
Lyd.—Yo salgo a dar obra en todo. Tú, señora y hermana Marcelia, huelgo que lo ha mirado Floriano bien contigo, y porque por mí no lo perderas, mira quién te lleuará los dineros y la cedula del pan, y más la del casamiento de tu hija; que para buen pro, de sobremesa te lo lleuará Fulminato, que es mucho tuyo, si quieres.
Mar.—Mas antes bastará que los lleue Polytes, o si no, quien tú mandares.
Lyd.—Pues yo lo embiaré, aunque lo dexes en mi credito. Y tú tracta de casar la hija, que yo haré lo que su señoria me mandó, de muy libre voluntad por cierto.
Mar.—Nuestro señor te lo pague; que bien conosces que tengo necessidades de pobre viuda, que luego tienes intento de dar me la merced, asituada por el que Dios en todo prospere, y pues que tienes que hazer, y a mí no me falta, con tu licencia te encomiendo a Dios, y me voy. Pero o, vala me Dios, y si todo esto sale verdad, en buen ora entró esta gente por mis vmbrales. Yo me voy a mi casa a esperar la vaquilla con la soguilla (como dizen) y si juegan a luego toma en lo de agora, yre alegre a ver a Belisea, y tendre esperança de lo venidero. Y esta mi alegria quiero desde agora enfrenar con temperancia, porque de la mucha alegria y gasajado mio no sepan todos mi riqueza, y sabida, no me tracten de la muerte. Porque diz que no ay vida más contada de dias de la del rico, en especial de los que pretenden dél más su moneda que dexará que no los consejos que les dará; y es bien escarmentar en cabeça agena. Porque a Celestina (segun dizen) los dones de Calisto con la cobdicia de los que la tractauan, le quitaron a ella la vida, y a ellos ellos la justicia en castigo. Que dado que ella fue sagaz para los otros, alomenos no lo fue para sí en ganar y guardar; porque más prudencia quiere el guardar lo ganado que el allegar lo incierto. Y ansi los hombres que preuienen sus cosas, las menos vezes las yerran; porque dizen: hombre apercebido, medio combatido. Y con esto encamino para mi casa, loando a Dios.
Fulminato, hecho el ademan de yr tras el que lleuaua la capa, se va a Marcelia, y passan muchas pláticas. Despartense con la venida de Polytes, Felisino y Pinel.
Fulminato, Liberia, Marcelia, Gracila, Polytes, Pinel, Felisino.
[Ful.].—Reniego del sepulcro de Absalon y del sceptro de Roboan si no me burló Pinel, y que por hazer del valiente, y echar me a cargo que corrio tras el otro por mi capa, dijo que la lleuaua el ladron, etc. Bien dizen que ni ay que fiar en los hombres, ni son de creer todas palabras. Y pues fue mayor mi boueria en creer lo que su mentira en dezir lo, quiero que pasen, mocha por cornuda, a pagar en la mesma moneda. Y pues por aquí no hallo rastro de cosa mia, voy a Marcelia, y sabre de ella por qué no me habló oy quando habló al camarero, y aun si no me aplaca con algo de la ganancia y la hallo sola, si no la marco, para que sepa en qué estima me ha de tener. Y aun le pidire mi capa, diziendo que la dexé en su casa, porque ni creo que dexa de ser puta con otros como conmigo, ni aun de estas sus venidas tan a menudo la deue de hauer ydo mal. Y pues yo la meti en el juego, ha de partir por medio la ganancia, porque tan poco no me tengo por tal, que piense de albardar me sin que dé corcobos; porque no ay que fiar destas que han perdido la verguença y traen el alma en venta, porque no les da más penar por poco que por mucho, y ansi a todo hazen rostro, diziendo: preso por mil, preso por mil y quinientos. Y pues dizen que la tierra ni la hembra, quien no la ara en balde la siembra, quiero dar le vn torcedor con que me pague la capa, o que a lo menos por falta de no le mostrar yo el diente no piense de almorzar me y merendar y embaucar me; y al cabo diga que ladre me el perro y no me muerda, y echar le he la cuerda. Y de oy más, pues no me querra restituyr, será bien que andemos a hecho y pago. He alli viene la hijuela den casa de la prima: asuadas tales tres joyuelas para los lobos, que agora que bulle la ganancia, todos hazen sopas en la miel del modorro; pues veo que esto todo le llueue a Floriano en casa, o por mejor hablar, le llueue de su casa.
Lib.—Espantada vengo de quánto paño traen estos estudiantes en vn manto; que ouo saboyana en la loba, y aun sobró a mi prima para vn sayuelo; el diablo del sastre, que tambien sacó para su pendon; y maguera del corrillo! cómo se desasnaua el buen zabbi, y qué hazia de desboronar requiebros! Aunque mi prima, con sus raposias, ella le encestará de manera que en el hazer de las ropas sea el sastre de Ciguñuela, que ponia la costa y hazia de balde la obra. Pero he aqui el que fuera bien escusado, en especial si busca la capa.
Ful.—Qué hazeys por acá?
Lib.—Vengo de sacar vna lauor den casa de mi prima, que verna agora tras mí, porque sola he miedo.
Ful.—Y dó está tu madre?
Lib.—Es yda a la joyeria a buscar lauor de tienda; pero qué mandauas?
Ful.—Vengo por mi capa.
Lib.—Y adónde la dexaste, que vienes por ella?
Ful.—Anda, que no estoy para burlas agora.
Lib.—Pues si tú no vienes para mis burlas, menos estoy yo para tus veras, y si te ensañas, ensaña te a solas; que yo bueluo me para mi prima.
Ful.—Y valga la el diablo, y con qué raueada me dexó sin más ni más en blanco! Pues subo arriba y cierro esta escalera; que si veo en qué, yo me entregare de mis daños.
Mar.—Quién sube ay?
Ful.—Cata, cata, no ay que fiar en bagassas. Y cómo me dixo que no estaua acá la madre! Pues aun si tuuiese algun gayon en casa? pues subo, que si la hallo sola, quiça pelaremos el pato a medias. Parescete que te han tomado de sobresalto en el hurto?
Mar.—Siempre te armas más de malicias que despierten ira, que no de armas que atemorizen contrario. Pero cierto que mi hijuela pone tal cobro en la casa, que a hauer qué, tenian buena medra los que juegan de alça ropa.
Ful.—Lindo lançar de alesna ha sido esse, para te hazer pobre y para te escusar de no me dar mi capa de grana. Pues a la fe, tambien tiene culpa quien da la occasion por poner mal cobro, como el que lo hurta.
Mar.—Ay, sancta Maria, y si es verdad que ha entrado ladron en mi casa hoy?
Ful.—Gentil discante es esse; si tú no lo sabes, quieres que lo sepa yo? Da me mi capa, no se cubra oy el diablo con ella en esta casa.
Mar.—Agora que pienso que hablas de veras, di, qué capa pides a mí?
Ful.—La mia.
Mar.—Y dónde está?
Ful.—Qué renegadero para vn tal renegador como Fulminato! Dexando yo mi capa en tu casa, me preguntas dónde está?
Mar.—Cata que tornes en ti. Y si buscas achaques para reñir, no conmigo; que en paz alabo a Dios en mi casa.
Ful.—Agora te canonizarán por sancta! pero en tanto, acortemos razones, y da me mi capa que te di a guardar.
Mar.—Y quándo?
Ful.—La noche que fuy a guardar a Floriano y los suyos; que si no por mí, ya los comiera la tierra.
Mar.—Y aun anxi xexona.
Ful.—Qué dizes entre dientes?
Mar.—Que la busques por allá donde se te cayó o la dexaste.
Ful.—Aun pesará a tal con la cayda; bien sé que te la di por yr más suelto, para que por pies no se me fuesse nadie.
Mar.—Aun quiça lo creyera, sino que entre oy...![694]
Ful.—Pues dime quién te dize de mí otra cosa, para que te trayga en su mesma gorra su cabeça?
Mar.—Ya, ya, bien conozco tus blasones.
Ful.—Qué dizes?
Mar.—Digo que no querria en mi casa altercaciones sin por qué. Porque no puedo creer que dexasses caer la capa por huyr, vn tan valiente como tú, de solos dos enemigos.
Ful.—Essas y otras tales cosas te dirá a ti aquel chismoso de Lydorio. Pues no oyre missa antes que no me deua nada, y aun quiça vos, doña bagassa, si no os saco el alma, porque en mi presencia, y sin más hazer caso de mí, os me encerreys con nadie, y que agora vengays a parir antes de los nueue meses essas vellaquerias de que os empreñastes con aquel gayon, que se nos haze vn sancto de pajares, y al cabo deue de ser por ganar tierra con Floriano, por malsin.
Mar.—Calla, calla, infamador de buenos, maluado, que no abres boca que no sea tu lengua de viuora.
Ful.—No veys quán sin verguença se me torna a los ojos la...?
Mar.—Soy mejor que vos; que si no por mi, no ouierades descargado los piojos de acuestas.
Ful.—Essas palabras a mí? de las que tengo en la cara reniego si no os saco el alma; no os cale huyr por la escalera, que yo os acabaré oy los dias.
Mar.—Virgen Maria de los Remedios, libra me deste furioso.
Grac.—Bien te dezia yo, prima, que hauia yo visto entrar a tu madre en casa rato ha; pero oye, oye qué tropel baxa por la escalera.
Ful.—No os me yreys, doña mala hembra.
Lib.—Ay, sancta Maria, val me! qué gran mal es este, que a mi madre oyo en el entresuelo y la escalera está cerrada? Jesus, Jesus, Justicia, aqui del rey, que mata aquel traydor a mi madre.
Ful.—Pues yo reniego de todos los adoradores del sol si oy no quiebro la puerta, y os embio a poblar la silla que en el infierno os espera.
Pol.—Quán a buen tiempo llego, que no tendre que llamar; que en el portal veo a la de Pinel y la de Felisino. Pero qué es aquello, que dan gritos? quiero aguijar, que gente se allega.
Pin.—A, hermano Felisino: al paje que hemos traydo en ojo veo yr corriendo; aguija, que algo ay allá.
Fel.—Alarga el passo, que gente corre en cas de Marcelia.
Pol.—Apartá os afuera rapazes; a, señoras, qué es esto?
Lib.—Ay, señor, por vn solo Dios, que matan a mi madre.
Pol.—Calla, calla, que mejor lo hará Dios. Cerrad essa puerta, que ya conozco quién es; no será nada; mira me, señora Gracilia, por essa plata, que yo quebraré esta puerta del escalera, que tan cerrada está por de dentro.
Grac.—Daca, y acorre antes que la mate.
Fel.—Qué es esto? fuera, fuera, rapazes. Ea, gente de pro, que no es nada; andad con Dios, que todos somos de casa.
Pol.—Cierra, Pinel, essa puerta de la calle, no venga la justicia; que Fulminato no deue de estar agora en sí. Allá irás, diablo de puerta, qué rezia estaua.
Mar.—Justicia, que me mata este ladron.
Ful.—No os valeran vozes oy.
Pin.—La puerta de la calle ya la cerre: da le, da le, Felisino, a esse diablo, pues que tan mal mira por la honra de Floriano.
Pol.—Qué sin sentido está de passion, que le tengo la espada por los gauilanes, y el braço quedo, y aun no lo siente.
Fel.—Qué es esto, Fulminato? quieres que por tu locura hagamos aqui algun desatino?
Ful.—Cata, cata, y por dónde entrastes a quitarme de ceuar el espada en putas carnes, ya que no alcancé a los otros?
Fel.—Y calla, y subete arriba.
Ful.—Pues dexad me el espada.
Pol.—Subamos arriba, que luego te la dare en te viendo más manso.
Ful.—Dexad me, que yo acá haré oy a esta embaydora...
Mar.—Vos mentis como vn gran rufianazo. Ansi me han de tractar en mi casa? Justicia demando a Dios, y al rey me voy a quexar, y no tengo de parar hasta los pies de Floriano, para ver si por ser le yo tan seruidora, me han de mal tractar los suyos.
Pin.—Y calla, señora Marcelia, pues ya sabes que todos somos criados de Floriano, y por él te seruiremos, y por tu persona te honraremos; que bien sabes ya que Fulminato te ama y quiere, sino que tiene aquellos impetus primeros furiosos.
Mar.—A la fe, el malaventurado, con las de seguida vaya él a tractar de fieros a cada passo; que en mi casa estoy, y no le deuo nada, y él a mí más que vale.
Lib.—Ay, madre, no llores más, y adereça essos atuendos de tocados, que pues lo quiere nuestra desuentura que por hazer bien se nos atreuan como a solas mugeres, demos gracias al señor del cielo en todo.
Mar.—Tú me causas esto, en andar te me fuera de casa.
Grac.—Por mi vida, que no hazia sino yr me a mostrar una lauor. Pero pues en lo hecho no ay suelda, remedie se lo de adelante en mirar, tia, a quién das tu puerta y tu silla; y tú sube te luego arriba, y tú, prima, vamos a la puerta de la calle y abramos la, porque oyo de fuera gran tabahola, y asoseguemos lo con sentar nos seguras a la puerta, y no llamemos testigos de nuestras flaquezas.
Pin.—Bien hablas, señora Gracilia; yo me baxo con vosotras, por más assegurar lo todo.
Lib.—Mas antes os yd entramos, porque la justicia no entre a escodriñar nuestros rincones; que mi madre e yo nos iremos arriba, y lleuaré yo essos platos con que estás embaraçada.
Grac.—Pues hagan se las amistades luego.
Pin.—Y aun ayudaremos a descorchar los platos antes que la vianda se enfrie.
Lib.—Pues anda, madre, que subo delante.
Mar.—Agora que hay terceros, quiero meter las cabras en el corral a este panfarron, con hazer de la enojada, pues tengo por qué, y dezir que me voy a quexar a Floriano.
Ful.—Paresce os que haueys hecho poco mal en quitar me de hazer seruicio a Dios en quitar malos del mundo?
Fel.—Y quién te hizo a ti Justicia de Dios? calla, que no quieres mirar por la honra de la casa de Floriano.
Pol.—Por Dios, la honra estaria buena, fiada de quien no la sabe estimar.
Ful.—Qué dizes, Polytes? y da me mi espada, que no sé cómo te la fié.
Pol.—A la fe, a más no poder. Pero digo que si esto viene a oydos de Floriano, tú has echado oy buena madrugada.
Fel.—Y aun por esso temo yo que Marcelia no vaya con quexas; que no cabremos en casa con Floriano.
Mar.—Esperad, pues, que yo os confirmaré en esse temor. Liberia, da me presto mi manto, porque ansi como estoy me voy a Floriano.
Fel.—Veys lo que yo dezia? que agora tracta de yrse.
Ful.—Pues que no me dexastes acabar la, estorualde la yda; si no yo la acortaré los passos antes que allá llegue.
Pol.—Esperad, que yo lo soldaré todo; que aqui viene en mi manga vn paño, vn buen acalla necios. A, señora Marcelia, pues yo no fuy el malhechor, oye me dos palabras en esta alcoba.
Mar.—Por amor de ti más que esso haré; pero sea que me dexeys yr presto.
Fel.—Ay, señora, no te fies de esse barbiponiente.
Pol.—Pues mando os yo tener embidia! señora, ues este no es lugar ni tiempo de largas pláticas: cata aqui cincuenta ducados en oro todos, y más esta librança; y que Floriano te ruega que luego comas esso, que por amor de ti tomé trabajo de traer, que te embia de su plato; que por su mano me dio su mesmo plato que le siruieron. Y por amor de mí que perdones los enojos todos, y no se hable más en lo passado; y de aquí adelante mira más por tu casa, y mira que Felisino es muy tu seruidor, y harto ha reñido a Fulminato; por esso baste ya.
Mar.—Por amor de ti mucho haré, y digo que no hablaré más en ello; y tú toma essas quatro pieças de oro para guantes, y no porfies en no las tomar, y perdona lo poco.
Pol.—Por amor de ti las tomo. Y mira que ninguno destos sabe nada desto; por esso, sal a ellos, y dissimula, y cumple con todos.
Pin.—A, señora Gracilia, pues ya se ha derramado el tropel que estaua a la puerta, y arriba ya callan con la paz, subamos a comer del alboroque.
Grac.—Subamos luego.
Pol.—A, hermana Liberia, dame mis platos.
Lib.—En esta alazena estan como los truxiste.
Pol.—Señora Marcelia, Floriano te embia esto, con que combides a Fulminato.
Pin.—Esso me paresce bien.
Fel.—Y aun a mi me paresce que Fulminato desmanche dos rucios o vno de a dos reales para el vino y fruta tras la comida, y no se repita aqui palabra de renzilla passada.
Pol.—Pues que quedays apareados tres por tres, e yo sobro del juego, con tu licencia, señora Marcelia, me voy, pues ya Liberia me ha desembaraçado y aun limpiado los platos. Y tú, Fulminato, toma las armas, aunque de derecho eran de la señora Marcelia.
Fel.—No passe la plática adelante.
Ful.—Pues cata, hermano Polytes, que esto no buele en casa.
Pol.—Por mi parte queda seguro, y todos quedeys con la paz de Dios.
Mar.—Pues en pago de que he hecho todo lo que me has agora mandado, te ruego que bueluas por la respuesta de tu embaxada, pues el tiempo no da lugar a que agora tú te pares, e yo no haga lo que he menester, que es comer, pues aún estoy oy ayuna.
Pol.—Queda te a Dios, que todo se hará como mandares. Pero mejor te ahorquen que no te entiendo; ni aun mejor yo viua que tienes remedio conmigo.
Grac.—Yo voy a llamar mi moça que vaya por vino, y lo que fuere menester, pues ya tengo los dos reales; y en tanto poned la mesa, que no tardo nada, con ayuda de Dios, pues aún no tengo gota en los pies.