NOTAS:
[694] Ha de entenderse, no entre hoy, sino entreoí.
Hablando Belisea y Justina de sus cosas, sobreuiene Lucendo, y queriendo tractar con la hija de effectuar de casar la, ella se dize estar mala, por dilatar el término de la respuesta de lo que el padre le pide.
Belisea, Justina, Lucendo.
[Bel.].—Dime, Justina, qué te paresce que podra hazer agora aquel cuya memoria tiene occupados todos mis sentidos? porque te hago saber (pues ya no es tiempo de callar te cosa) que queriendo más recoger me, para más quitar me de pensamientos penosos, el pensamiento que más me dexa atormentada es el que en otra cosa no me occupa, sino en memoria de Floriano: porque le amo y quiero, y con su memoria viuo, y su absencia me mata. Pero ay de mí, que no puede mi poca libertad dexarme le ver, ni mi recogimiento me le dexa hablar: mi castidad me haze illicita su conuersacion, y el amor querria siempre conuersar le; la honra de la casa de mi padre me cierra sus entradas y salidas secretas, que la sensualidad querria, por manera que para más bien le querer me tengo de aborrescer a mí y a mis cosas. Pero, al fin, yo lo he querido, y Dios lo tiene determinado, y ansi torno a dezir que soy suya, y que nunca otro será señor de mi cuerpo sino Floriano, que lo es de mi voluntad.
Just.—O, qué grande es el poder del amor, que ansi desencasa vn compuesto bien concertado y derrama vna voluntad bien ordenada!
Bel.—No me respondes, Justina?
Just.—Qué te respondere debaxo de la gran compassion que te tengo, por la batalla que en ti ay de la sensualidad contra la razon, que tiene temor de perder la posession de su señorio en ti?
Bel.—Pues con más piedad y con más razon te apiadarias de mi triste coraçon, que anda ya a punto de su perdimiento, si bien supiesses mi mal; el qual, aunque yo le passo, ni le sé ni le entiendo, mas de que veo que el tú compadescerte de mí me monta nada, si el que tiene mi coraçon no se apiada dél. Y como temo que me oluida, no descansa mi voluntad, ni cessa de pedir a mis ojos que se le pongan delante, para que todas las potencias se auiuen y reconozcan el bien de dónde les viene. E yo te digo, Justina, que yo bien querria que mi voluntad fuesse muy obedescida en esto; porque yo viendo le, pensaria que no me oluidaua, pues la absencia es madrastra del amor.
Just.—Quando el amor no es postizo, ni cresce en la presencia, ni mengua en la absencia, ni se varia con los tiempos, pues la voluntad y entendimiento de donde quiera buelan a ver lo que aman. Y Floriano amar te, prueua lo bien los tormentos que le causaua tu amor; y dessear te, bien tengo yo por mí que cuenta los momentos hasta verse en la hora; y visto delante de ti, presumo que aun apenas cree, porque dizen: que lo que mucho se dessea, no se cree aunque se vea.
Bel.—Pues que ansi me aseguras del temor que yo podia temer, e yo lo estoy bien de que él no deue tener duda de que le amo y jamás le oluido, qué te paresce que haremos en lo que esperamos de nos ver? Pues ni yo le podré dexar de amar como a señor y amigo y marido, ni podré hazer por él cosa que passo tuerça de la razon en guarda de mi honra y honestidad.
Just.—Pues que estamos a solas, para qué tendre la boca llena de agua, en no te dezir lo que, por hauer bien pensado, no será possible callarlo, vista occasion de dezir te desengañadas verdades?
Bel.—De esso huelgo, y no esperes de mí más licencia, sino que sin salua me digas lo que te paresce libre, que yo deuo hazer tan captiua.
Just.—Digo que no presumas tener las cubas llenas, y las suegras beodas. Y cata que si le amas marido, que toda eres suya de justicia muger. Y si te honras de lo vno y te huelgas de ver le y querer le, huelga de obedescer le. Pues mal meresceras la honra de su muger, sin tener él el prouecho del matrimonio, pues dizen que honra y prouecho no van en vn saco.
Bel.—Bien dixeras (que ya te entiendo tu intento) que honra y prouecho no van en vn saco, quando el prouecho no deroga a la honra, y quando la honra y el prouecho son de vno. Pero agora tú quieres ascribir me a mí la honra (y tienes razon que lo es en ser suya) y a él el prouecho en el gozo.
Just.—Pues bien sabes que quando velan los nouios les dizen que seran dos personas en vna sola carne. Porque quiero que oyas, que bien lo sabes ya, que la honra y prouecho de tu marido es tuya, y la tuya de tu marido juntamente.
Bel.—Bien has hablado; pero cata que la honra es cosa muy vedriada, y muy sotil, y muy fragil, y junto con esto, la que haze immortales los hombres, la que los haze de estima, la que les da imperios, la que los haze ser seruidos, pues vemos que los antiguos por sola la honra arriscaron quanto fuera de ella tenian.
Just.—Ansi es que la honra, mayor contentamiento da al hombre que qualquier temporal otro prouecho. Pero tornando a mi intento, nunca la muger pierde honra con su marido, debaxo deste vinculo de dos voluntades, no se teniendo respecto a otra disparidad, como es si él es de mucha estima, y ella de baxa ralea, o al contrario; o el vno en estremo pobre, y el otro muy rico; o en las qualidades del alma, quando el vno Moro o Judio, o muy vicioso notoriamente, y el otro notoriamente contrario de aquello. Pero donde no ay estos estoruos, quando dos personas que van a las parejas, que solo ay la differencia en ser el vno hombre y el otro muger, se ayuntan, como concurre Dios en aquel vínculo para hazer vna persona de dos voluntades que eran antes y despues se tornan en vna, alli ay mayor honra de entramos quanto más entramos son solo vno. Y con esto baste; porque no soy tan desuergonçada que tenga vocablos más claros; que más vale verguença en cara sobre tal vínculo hecho, que no manzilla en coraçon con tan no castos pensamientos y tan desasosegados desseos.
Bel.—Embuelues tantas razones para concluyr lo que quieres, que algunas vezes como de los cabellos traes la razon para que aprueue tu justicia. Y por tanto, ya no quiero sino que, pues siempre me lo persuadiste, me aconsejes cómo se concluya de manera que lo que a Dios es notorio que passa entre nosotros sin su offensa a mi parescer, sea público a las gentes sin escandalo y de manera que entiendan juntamente ser guiado por Dios, pues sabes que no sólo el buen nombre le ha de buscar hombre con Dios, pero aun con las gentes.
Just.—Y aun es ansi que el buen nombre vale más que toda riqueza, y que éste más tarde se cobra delante las gentes, y aun más presto se pierde con ellas, que no delante Dios, pues el vno mira más en la voluntad, y los otros aun calumnian las buenas obras. Pero lo que me paresce en estotro es: que pues a las mugeres en semejantes casos no se nos permite acometer, y aun se nos dan auisos para guardar nos de no ser acometidas como flacas en la resistencia y muy impugnadas en esto a la virtud, y al hombre como más libre, lo vno y lo otro le es permitido, digo que Floriano te pida por muger a mi señor Lucendo tu padre; que como ello ya esté hecho, y Dios lo ha encaminado, él lo concluyra, y hará que el viejo, veniendo en ello Dios, se sirua, y vosotros gozeys, y el mundo lo loe, pues no hay disparidad de las que arriba ya dixe en entramos. Y aun más digo, que si quieres la cosa más breue, y mandas, yo lo hablaré a tu padre, aunque bien sé que arrastro paño de tan alto negocio para tan baxo delegado.
Bel.—Lo que yo quiero que tú hagas, es: que tú como de tuyo lo persuadas a Floriano esso.
Just.—Que lo haré venida la hora. Pero alli viene mi señor solo; asuadas que venga a te hablar en casamiento; porque hoy han estado con él dos señores, los más altos del reyno, que sé que tenian hijos, que te recibiria por muger qualquier de ellos.
Bel.—Ay, Justina, si vieres que me quiere a solas, busca occasion con que nos diuidas presto; si no, yo soy perdida.
Just.—Pierde cuydado. Pero cobra le en estar sobre auiso en que no te cace en algo de Floriano; que ya sabes qué sabio y sagaz padre tienes.
Luc.—Qué hazes, hija, estás buena?
Bel.—Por cierto, señor, que aún no he tornado bien en mí desde estotro dia.
Luc.—No me marauillo, hija, porque tú eres delicada, y el mal que entra poco a poco, sale de tarde en tarde. Siempre ten cuydado de mirar por ti, y no salir de los consejos de los médicos, para no tornar a recaer. Sienta te, hija, en tu estrado, y tú, Justina, sal te allá fuera. Ya sabes, hija, cómo Dios lo manda y naturaleza inclina a los padres en el cuydado de la prouision de los hijos; en especial de aquellos hijos que la naturaleza más desnudó en su nascimiento. Porque vn paxarito, despues de sacados los hijos, en muchas cosas no tiene menester mirar por ellos, como es el vestir los, el limpiar los, ni el enseñar los hablar ni andar, ni dezir les lo que han de comer, porque con sólo traer se lo mientras no son para yr por ello, naturaleza y la necessidad les dize quál coman y quál dexen, y vn animal por su mesma manera, cada vno como es. Pero al hombre, con dar le Dios esta excellencia de tener vso de razon, le hizo en lo demás menesteroso de las abundancias agenas; porque de ageno viste y come y calça, y aun no a todos se les da el saber lo buscar, y hallado, guardar lo. Y si el cuydado de los hijos ansi pende de los padres, mucho más carga y solicita el de las hijas, como más menesterosas. Y como vno destos cuydados sea dexar en estado las hijas en que puedan seruir a Dios, ansi yo con esta obligacion natural, como por el gran amor que te tengo, quito de mis proprios cuydados muchos ratos del dia, para dar lugar a los que me vienen de contino, de verte ya en mis dias en estado del matrimonio puesta. Y porque ya muchos de mis vezinos han caminado tras el pendon de la muerte, y no sé quándo a mí me llamará su trompeta, cierto de que no he de quedar, incierto del quándo tengo de yr, querria te, hija, dar antes mi bendicion con tu compañero en el thalamo conjugal. Muchos de grande estado al mundo te me piden, y a ninguno (aunque muy importunado) he dado sí ni mano, porque te querria emplear (como thesoro que yo más estimo despues del alma propria) muy a mi honra y tu contentamiento. Porque en todas las obras politicas del hombre humano hauria de hauer voluntad del que las obra, y en especial en este estado, que con paz es de gran bendicion, y contra voluntad tomado, y en desgracia, es gran seruidumbre y vida peor que de galera. Por tanto, sin me detener más dias, me di tu deliuerada voluntad en esto, porque sobre aquella asiente yo la mia, en la conclusion de lo que ya tanto y tantos me molestan. Y cierto si en alguna cosa me paresce a mí hauian de hazer su querer las hijas, hauria de ser en esto; pero hallo que por las leyes diuinas y canonicas y ciuiles las constriñen a no salir de la obediencia de los padres. E por esso aprouando lo por bueno, tú harás mi voluntad en que me digas la tuya luego.
Bel.—Siendo yo la hija que más deue a su padre que de mi manera haurá en esta vida, nunca Dios quiera que comience en mí el exemplo de la ingratitud y mal consentimiento en el no te obedescer muy por entero a lo que me mandares. Porque si otras hijas son obligadas a sus padres porque son padres, yo a ti porque eres padre y madre, y señor y regalador y abrigo mio. Pero más pienso que meresceré delante de ti en hazer tu mandado en esto, en forçar me a querer hallarme sin ti vn hora, que no por otras causas que la honestidad suele mouer a las honestas hijas, en obedescer a sus buenos padres. Y ansi sepas que quando me dieres marido, le tomaré; quando me metieres monja, lo seré; y quando me mandares yr de tu casa, yre; y quando quisieres que no vaya, no yre; aunque tanto más mejor te obedesceré en que quieras que no te dexe, quanto menos regalo espero tener sin tu presencia. Pero más quiero como hija hazer tu voluntad, que como regalada dessear mi contentamiento. Y ansi como no determino de dezir nó a cosa que tu voluntad sea, ansi no te quiero sacar condicion alguna, porque en apartar me de ti hallo la mayor pérdida que jamás hija perdio, y en no hazer tu voluntad sería la más de culpar del mundo.
Luc.—Has hablado, hija, tan prudentemente, que con tu sí tan libre que me das me dexas más captiuo mi querer al tuyo. Y ansi te prometo al amor que te tengo: que tractando esto, no te mire como hija en te mandar, sino como a muger en no hazer cosa sin tu expresso consejo y contentamiento. Y por esta razon te quiero en particular dezir quiénes son los que te me piden, y con quién soy más inclinado a cerrar en esta cosa: para ver lo que de cada vno sientes.
Bel.—Ay, mezquina yo, que agora que entramos en lo especial temo, que hasta agora todo ha sido querer en general; y ansi no estaua yo tan constreñida a declarar me con quién quiero por nombre, y a quién no quiero.
Luc.—A quién dizes que te inclinas más en lo particular? que no te oy bien. E ya te digo que ni por dezir me tu parescer te tendre por más atreuida, ni por hablarme claro por menos buena y honesta.
Bel.—Señor, a Dios gracias, la poca contractacion que tengo fuera de con mi gente me quita del vicio que llaman accepcion de personas, en tachar a vnos y aprouar a otros, pues a todos los ignoro, y a todos quiero bien, y a mí tengo por no merescedora del menor, y más suez que tu voluntad fuere de me dar. Pero mira que viene Justina, y deue de querer te algo.
Just.—Mucho va adelante la plática: quiero despartirlos.
Luc.—Quieres algo, Justina?
Just.—Señor, que mires que ha rato que se apeó el adelantado mayor, y deue estar te aguardando.
Luc.—Pues voy, que esta plática se concluira para la obra otro dia plaziendo a Dios; queda te, Justina, con tu señora, y tú, hija, mira que te solazes, pues de tu plazer huelgo yo mucho.
Bel.—Yo te haré esse plazer de oy más.
Just.—Que te paresce, señora, quán a mano tramé la mentira?
Bel.—Ay, que peor es si sale en balde, que luego tornará enojado.
Just.—Entonces no faltará otra y otras diez; en especial que ya él vino endenantes. Pero como viene tantas vezes, no sé si se tornó a yr o no. Pero, cómo te ha ydo?
Bel.—Qué quieres que me vaya? Pues ya a lo claro quiere concluyr de casarme.
Just.—Y qué le dixiste?
Bel.—Que no saldre de su mandado.
Just.—Bien fue ansi; pero en lo particular, de quién te nombró?
Bel.—Ya lo començaua quando nos atajaste; pero quedó que otro dia me lo dira, para que yo escogiesse quál mejor me agradasse a mi parescer.
Just.—Agora te digo que está andado el medio camino, y piensa que ordena Dios esto. Yo auiso esta noche a Floriano, para que sea él vno de los que te pidieren, para que si a bueltas de los otros te lo nombrase tu padre, puedas cerrar con él, y ansi no se sentirá.
Bel.—Bien está; ansi se hara bien; encomendemos lo a Dios todo.
Estando en palacio Fulminato y Felisino y Pinel, tractando de lo que acontescio a Fulminato con Marcelia, sobreueniendo Polytes y Lydorio, tractan de qué cosa sea la fortuna, y despues se desparten para yr se a apercebir para la jornada de la noche.
Fulminato, Felisino, Pinel, Polytes, Lydorio.
[Ful.].—Agora que, hermanos, estamos en casa, quiero daros razon de lo que en casa de Marcelia vistes que passó, que me haueys pedido que os diga.
Fel.—Como ya te lo hauiamos pedido tantas vezes, ya yo tomaua el tu callar por respuesta.
Pin.—Yo porque sospeché que fue sobre la capa, callaua yo ya; porque veo que no lo recibe Fulminato de buen gusto.
Fel.—Agora digo que me espanto de tantos chismosos, y por esso dizen que el miel y la mentira para el fondo tira; y ansi luego es alcançado vn mentiroso. Dicho me auian a mí, pues, que anoche hauian capeado a Fulminato, y aun que si no tuuiera buenos pies, que quiça con el capear fuera el caparle.
Pin.—Tirte a fuera: esso malo era. Pero dixeron me a mí que el dexó la capa por huyr de dos garçones que le corrieron la çapata. Pero como despues yo mesmo la vi lleuar al ladron que yo no pude alcançar, y sacar la den casa de Marcelia, todo lo tuue por burleria.
Ful.—No en balde dijo Esopete a su amo: que no hauia cosa más amarga ni más aguda que la lengua. Y no en balde es dicho la muerte y la vida está en poder de la lengua, y que no ay peor cosa ni mayor pestilencia para toda congregacion pacífica que la lengua doblada que siembra discordias. Y ansi huelgo que veays qué crédito se ha de dar a semejantes flaquezas dichas de Fulminato de oy más. Pues que si dexé la capa caer, fue porque no cayesse el ánimo desseoso de alcançar a aquellos vellacos, que senti por más sueltos de pies que yo.
Fel.—A la fe, en tal caso poco es dexar la capa. Pero dexando esto, nos di, qué auias con Marcelia? que no ay quien os entienda a los dos vuestras algarauias; vosotros os enojays, y os confederays quando se os antoja.
Ful.—Y aun essa más gracia me dio Dios, que nunca muger me acabó de entender, porque con ellas siempre os haueys de hauer bien, vuestro derecho a saluo: de manera que si la castigaredes, os tema y si la halagaredes, no se os atreua.
Pin.—Y aun ansi dizen que la muger y la sardina, de rostros en el fuego. Y aun que la muger y el fuego para que luzgan, a coces, aunque esto tiene haz y enues. Porque si la muger se aueza al castigo, y os toma el pulso hasta quanto os pese la mano, tiene ya, como hecha a las armas, el ser castigada, por solo dar os enojo y salir con la suya.
Ful.—A la fe, no la dexar criar malas costumbres desde nueua; porque vna bestia mular, cobrando vn siniestro, ella muere, pero no le pierde: y ansi no menos es de la muger. Por donde digo que el ser buena o mala vna muger, todo consiste en saberla tractar a los principios, que la hazeys a la carga de vuestra voluntad.
Pin.—Pues dessa manera, cómo quieres tú apoderar te, con Marcelia, que la començaste a entrar al cabo de Dios os salue? porque ni le podras ya quitar la marca del que la selló primero, ni las costumbres en que ya se ha criado, y madurescido, y aun començado a enuejecer, la pienses quitar, pues ya en ella mudar costumbre es le a par de muerte.
Fel.—Y aun por esso me paresce a mí que haze mal Fulminato en querer domar ya yegua con potranca, tan grande como la madre; en especial que no la tiene tan por suya, que con tales tractos no le cambie por otro que la regale.
Pin.—Más quiça está ya hecho, porque no la veo yo tan buena de contentar, que con la ordinaria prebenda de Fulminato se mantenga. Pues hartar, bien vemos que es por demas, pues es muger, y no vieja, y suelta; que diz que buey suelto bien se lame.
Ful.—A la fe, en sólo el apetito hambriento de recebir y pedir la he hallado siempre suelta.
Pin.—Pues cómo, y agora sabes que la muger es vn género de animal imperfecto, que para suplir su imperfection en lo vno, siempre dessea al varon como la tierra al agua? y no sabes que ansi abre las manos al tomar, que no sabe tener rienda en el recebir? Y no me pidas más de que sea vna muger auarienta, que yo te la vendo por viciosa y confusion de toda virtud; y si esto no es ansi, diga lo el señor Lydorio, pues lo traxo Dios a tan buen tiempo.
Lid.—Qué es lo que tengo de dezir?
Fel.—Que estaua prouando Pinel que el vicio de la auaricia es muy peligroso, mayormente en las mugeres: esto te preguntan si es ansi?
Lyd.—Digo que dize muy gran verdad, porque ansi está escripto: que la rayz de todos los males es la cobdicia. Y aun ansi dize el sabio: que no ay mayor maldad que amar el dinero; y en tanto es malo el vicio de la auaricia, que es contado por idolatria, que es dexar de adorar al criador, adorando la criatura.
Ful.—En ley de christiano no ay peor mal.
Lyd.—Pues esse tan grande, le causa la auaricia en el hombre, como vicio más detestable de los otros vicios, porque donde asienta roba todas las virtudes, y donde él está ay tiniebla, y este vicio es vn ñublado de las virtudes, que todas las absconde. Y ansi aquel potente Marco Crasso amató en sí muchas virtudes que tuuo con solo ser auariento. Y aun es vicio que, con hazer robar lo ageno, haze al que lo ha robado ser robado y enagenado de sí mesmo, por ser esclauo de la riqueza que ha robado y tiene; y ansi dizen que el auariento más es tenido de la riqueza que la riqueza dél. A esta causa muchos de los amadores antiguos de la sciencia desterraron de sus academias la riqueza, por poder aposentar la sciencia; y de sus casas lançauan el thesoro, por encerrar el sosiego; y de sus personas alongauan el amor del dinero, por se hazer amadores ricos de la virtud.
Ful.—Si las cosas hauian de yr medidas por esse pesso, a pocos conuenia el pesso de la moneda, y menos a la muger, por lo que yo me sé.
Lyd.—Ansi es, que a todos es dañosa la auaricia, y a la hembra es pestilencia, y aun pestilencia de las modernas, que no las hallan cura los medicos. Porque dad me una muger auarienta, y no me nombreys virtud que le quadre, ni vicio que no aya en ella, o se presuma hauer. Porque si es moça y hermosa y auara, yo os la daré más comun que el pan en la plaça y los abbades en las iglesias; y si es fea y moça y auara, potajes haze de su persona, y embustes para contentar los hombres, para ganar les la moneda, que no se pueden nombrar, porque faltaria tiempo, ni se deuen dezir, por a reuerencia de las que son buenas.
Fel.—Y aun cierto oy en dia gran acatamiento se deue hazer a vna muger buena.
Lyd.—Y aun en tanto se deue estimar la cosa, quanto con más difficultad se halla; porque sin perjudicar ninguna en particular, mi opinion es: que pocas ay que quieran dexarse caer a la mano del hombre, que no quieran que es de. Y si no lo sabeys: quántas casadas y ricas, y que tienen hechos los maridos a mandado suyo y muy a su mano, y vienense a pegar a vezes con vno que es asco verle?
Pin.—Que digo, señor (hablando con perdon) que aunque los maridos sean muy viles, y los amigos muy loçanos, y muy a desseo y contento de ellas, y ellas en estremo ricas, siempre quieren doblada substancia, que es la del marido en todo, y la del amigo, en el cuerpo y en la bolsa. E ya que les falte buena color para pedir a los pobres, que lo han de lazerear por darlo a ellas, que les sobra, a lo menos toman achaque de pedir con dezir: dad me qué trayga por vuestro amor.
Ful.—Por el cerrojo de Burgos, que hablas como experto.
Fel.—Asuadas que en tales andolencias se le desgaja a él el partido.
Pin.—Sea lo que fuere, cada qual siente sus duelos, y Dios remedia los de todos. Y di, señor Lydorio, hasta concluyr tu plática, porque si no tractas de todo género de mugeres, injurias las vnas y abonas las otras: porque, a mi ver, más presa haze la auaricia en los viejos, aunque no alcanço el por qué.
Lyd.—Porque como les va faltando el mundo en el viuir, querrian tenerle (como dizen) por los cabeçones, y buscan la virtud adquisita terrena, como les va faltando la virtud natural, y ansi todos guardan; porque como ellos van faltando ya al mundo, ansi piensan que todo les tiene de faltar a ellos. Y por tanto bueluo a mi intento, que la auaricia en la muger, y muger vieja, es más peligroso mal, porque la haze embaidora, hechizera, alcahueta, y amiga y aliada del demonio.
Ful.—Y aun pese a tal con las que desde temprano aprendieron todos eassos officios.
Pin.—Ay te duele aún? pues con tu pan te lo comas, que a la verdad ello es ansi; que como ay oy en dia imitadores de los virtuosos passados, tambien ay remedadores de los viciosos antiguos.
Lyd.—Y aun para el remedar los viciosos más precipites son las mugeres; y para intentar vn vicio qualificado. Porque quién de los hombres intentará hechos procaces y nefandos y feos y malos en todo genero, como muchas de las mugeres de los siglos primeros? Y porque calle los que en historias sacras son referidos, por la grauedad y magestad de las sacras escrituras, quién, empero, yguala con la auaricia de aquella Tarpeia, siendo donzella y recogida, y a quien no faltaua cosa en la casa del alcayde del Capitolio, su padre? Pues no diremos que andando por el mundo aprendió tanto que con auaricia pudiesse poner a Roma en el estrecho que la puso. Quién por tan poca cosa hiziera tan gran mal como Eriphile, en vender al marido tan bueno y tan estimado, y que tanto la queria? Quién hiziera, con suzia carnalidad, lo que Pasiphae, muger del rey Minos? Quién con saña vengatiua perpetrara lo que las dos hermanas Progne y Philomela? Quién por solos amores, aun no gozados, ni aun más fundados, con solo ver el amante, y aun desde lexos, se dexara prender de la yerua de flecha de amor en la manera que Scylla, para executar su venenosa ponçoña en cortar la cabeça a su viejo y dormido padre el rey Niso? Quién se atreuiera a lo que Myrrha, enamorada de su padre Cinara? Quién pudiera abatir tanta gloria de reyes, y desolar tantos reyaos, y acocear tanta gloria de famas de monarchas, como el mal gouierno de la persona de Cleopatra en Egypto? ni Helena en Troya y Grecia? y si concluymos: con la nuestra Caua en España? Es nunca acabar escodriñar libros en buscar exemplos, para probacion de cosa en sí tan notoria.
Ful.—De aqui infiero yo, para salir de la plática, que tenian razon los antiguos en tener por cosa de gran tomo y poder a la fortuna, pues podia y bastaua a fauorescer a que personas tan effeminadas y suezes y flacas saliessen poderosamente con hechos de tanto mal y daño, como las antiguas que Lydorio ha contado, y como[695] muchas de las modernas que yo me sé, que tracto con gente que las sabe y las haze. Pues más agudo tiene el ingenio vna mala hembra para cien males[696] que diez varones para intentar de repente vn mal, y vn caso feo, y vn hecho espantoso a los buenos, y temeroso a los flacos.
Fel.—Pues por Dios que tú, Fulminato, leuantaste plática cuya consideracion muchas vezes me tiene atonito: ver quán dispares cosas encamina la fortuna.
Pin.—A la fe, los males encamina los la astucia del nuestro enemigo, y accepta los y aun obra los la nuestra propria, y los bienes encamina los el gouierno y prouidencia diuina. Porque si yo quiero y Dios quiere guardar me, ni basta vna fortuna imaginada, ni muger artera, ni aun el diablo tan poderoso, para derrocarme a vn mal que sea daño del alma, que en lo demás temporal callo y subjecto me al parescer de los sabios en esto, y a la iglesia en la fe.
Lyd.—Tú dizes bien, Pinel: que la escusa que no los escusará a los que no quieren enmendarse del mal, es dezir que lo hizo el demonio, que fue su hado, que lo gouernó ansi la fortuna, que fingidamente era deificada de los insipientes y ciegos antiguos, teniendo la por diosa, con otros muchos mentidos dioses que ellos inuentauan a sus propositos cada vno.
Pin.—Pues porque vno de los bordones comunes de los enamorados que hablan de sus amores escriuiendo o trobando, luego a mano tractan querellas de la fortuna, nos di, señor Lydorio, algo de la fortuna.
Lyd.—Digo que más querellas formaria ella de ellos si supiesse quexar se.
Ful.—Pues qué cosa es, que tanto de ella hablamos, y tan poco la conoscemos?
Lyd.—Segun el error de los antiguos, ella era vna de sus dioses mentidos (como ya dixe) y fingieron la que gouernaua a su libre querer este mundo, y traya los hombres en vna voluble rueda asentados, por manera que al que le plazia, boluiendo su rueda, baxaua, y al que le plazia leuantaua; a vnos daua lo que a otros primero quitaua, y a vnos vestía, desnudando a otros.
Ful.—Esso a cada passo lo vemos, que muchos que no merescian la sal que comen, les sobra el bien, y otros que lo merescen y son para ello no tienen vn pan; y vnos bien siruiendo no medran, y otros crescen sin por qué como esponja, con no ser para dar migas a vn gato, porque salga cierto el vulgar: que da Dios hauas a quien no tiene quixadas. Y ansi como parezca que estas sean obras de fortuna, cierto, como no guarde la justicia en su distribuyr, no deue de ser buena cosa.
Lyd.—La fortuna es vn subito y no pensado caso de las cosas que suelen acontescer.
Fel.—Y aun ansi, veo que la fortuna es vna manera de feria, que cada merchan habla de ella como en ella le fue. Porque la fortuna por muchos es llamada, por otros culpada, por muchos desseada y por otros huyda, por muchos loada y por otros muy reprehendida; por muchos honrada y, por otros baldonada y menospreciada y tachada; por vnos es tenida por ciega, vagabunda, inconstante, varia, incierta, fauorescedora de indignos, y enemiga y contraria de buenos y valerosos y animosos; y por otra parte, si la miramos la veremos en sus effectos totalmente contraria de todo esto.
Lyd.—Todo esso y aun más cabe en el ser sin ningun actual ser de la fortuna. Porque a las vezes vence la potencia de mil y el consejo de ciento, con sólo vno; y amata la juventud, y anima la edad decrepita, segun le plaze; y ansi la llama vn poeta inconstante, fragil, fementida, deleznable. Y por tanto, los antiguos, que la adorauan por diosa, la fingieron como donzella, ciega y con alas, y dauan le vn cuerno o bozina en la mano, para tocar le como a monteria, y con él derramaua oro por vna parte y esparzia sangre por la otra. Y dauan le en la otra mano vn gouernalle de nauio, y ponian la vn pie sobre el qual se sustentaua, puesto sobre vn ancora, y en aquello declarando sus atributos que ellos le dauan, entendiendo de ella que gouernaua el mar y la tierra. Porque tenia vn pie en el ancora, y el otro encaminaua a poner sobre la tierra, sin llegar con él al agua. Y que daua riquezas a vnos, y afanes y muertes a otros de los que seguian tras su llamado. Y llamaua a son de monteria, por la inconstancia que ella en sí tenia, y el poco sosiego que tienen los hombres que andan en la monteria occupados, y por la incertinidad que a manera de caça, inciertas son las ganancias de la caça, y vn muy engolosinado afan de incierta posession de lo que muchas vezes buscando, o no pueden descobrir lo, o sólo lo pueden ver, y las menos vezes cobrar. Pintauan más a la fortuna ciega, o bendauan la los ojos, significando que los fauores o riquezas o afanes que daua son por vn caso fortuyto y por vn acaescimiento no pensado. Pero esto que ellos llamauan fortuna, y algunos llaman por nombre de hado, que tambien los ciegos gentiles, cuydadosos de buscar dioses, y descuydados de conoscer al Dios criador verdadero, venerauan las hadas que ellos llamauan Parcas por diosas hijas de la diosa de la necessidad; porque les dauan poder aun sobre los otros dioses, en lo que ellas disponian quanto a la gouernacion de los hombres y del mundo. Y ansi dezian que lo que ellas tenian determinado entre sí, que de necessidad acontescia, y no por puro acertamiento. Pero esta fuerça o poder de los hados no tiene más ser ni más poder (como ni el de la fortuna), ni más eran de en quanto los que las venerauan les querian dar. Porque desde siempre que ay cosas causadas, han de tener principio en la causa primera, y todas las cosas que en sí tienen successo e orden natural las dispone naturaleza imperada por Dios. Y todo lo que se haze, que su ser no sea priuacion (como es el peccado), pero sea cosa que tenga ser, en quanto es causado, procede de la causa primera que es Dios, y es cosa ordenada, la guia, y ordena, y dispone la diuina prouidencia y saber infinito de Dios, o que por sí, o que por sus causas generales, que en él tomaron la tal virtud. Porque ni ay más fortuna, ni ay más hado que fuerce al hombre a hazer lo que en su libre poder consiste, ni es escusacion de los que quieren larga licencia para peccar, dezir que les forço el hado o la fortuna; que si bien hazen, por Dios lo obran, y si mal, por sí mesmos. Puesto que quanto á las inclinaciones naturales, variamente son en los hombres: que vnos son más inclinados a vn plazer o a vn vicio que otros, y otros más a vna virtud que otros; pero en solo esto, ni consiste el merescimiento ni desmerescimiento, ni es causa principal ni de nuestro bien ni de nuestro mal. E si el paje no saliera ya a llamar me, más dilatara en esto, porque es plática prouechosa a mancebos que quieren saber oyendo y acertar sabiendo.
Fel.—Y aun ansi nos pluguiera a todos de que fuera ello adelante. Pero desde agora te lo suplicamos para otra semejante coyuntura y vagaroso espacio como el que agora hemos tenido, que no ha sido poco.
Pol.—A, señor Lydorio, Floriano llama a ti y a Fulminato.
Ful.—Pues bien fuera que me embiara a dezir para qué, para que de camino lleuara mis armas si el caso lo pide.
Pol.—Anda ya, que baste la capa que dexaste caer huyendo, y la espada que yo te saqué de la mano algun dia.
Pin.—O, pese a tal, que si te oyera, no cupieramos en casa. Y tú anda luego a Marcelia, que te queda aguardando, y rogo me que te lo dixese; que creo que te ha hallado buen fregadero de su comezon.
Pol.—Pues ser le ha escusado pensar de rascar se con tal mano; ay está el brauo de Fulminato.
Ful.—Qué dizes de mí?
Pol.—Que entres a Floriano, porque ya ha entrado el camarero, y llamando os juntos, pondras sospecha en Floriano que te acouardas en la obra, si algo de tomo te quiere mandar.
Ful.—Pues por quitar a él y aun a vosotros de essos scrupulos, entro.
Fel.—Pues, Pinel hermano, vamos a la despensa y preuengamos los cuerpos antes que por ventura los hallen flacos las armas, si nos las mandan tomar.
Pol.—Y aun esso es lo acertado; yo tambien entro tras Fulminato; que Marcelia, aunque sea entendida, a lo menos no será de mí ni oyda ni creyda ni obedescida.
Marcelia lleua la carta y mensaje de Floriano a Belisea, con la qual y con Justina passa grandes pláticas sobre los bienes y males que ay entre los casados. Va se Marcelia a su casa, y queda Belisea con Justina, y lee el papel de Floriano. Justina torna a persuadir a Belisea que concluya el matrimonio con Floriano, venida la noche.
Marcelia, Liberia, Belisea, Justina.
[Mar.].—Pues que ya claramente he visto el desapegado amor que Polytes me muestra tan al descubierto, ni yo en le aguardar más hago mi prouecho, ni aun para lo que le yo quiero, ya que venga, tengo buena esperança dél. Y pues él tiene ya muger con quien cumplir y niña y apropriada a su juuentud, quiero contentar me ya dél con lo passado, en lo por venir perdiendo esperança. Pues si con no se hazer lo que queremos, esso hemos de querer que podamos, y ansi como ansi no lo hauia gana, dixo la raposa. Yo quiero dar conmigo en casa de Belisea, con la carta que traygo en el seno, de Floriano, porque no es razon que tan presto a dineros pagados le muestre los pies quebrados. Pero maldita sea esta rapaza, qué callejera se ha tornado, que no para de ydas y venidas en casa de Gracilia, que ni agora la veo para poder me yr, ni he tenido tiempo, ni ella ha parescido para preguntar le qué fue de la capa de aquel desuella caras. Voy me de aqui, que quiça de camino le dare mala ventura.
Lib.—O, bendito Dios, que ansi se ha hecho tambien que aun está mi madre arriba. Asuadas que tambien haurá tenido occupaciones acá, como yo en casa de mi prima con aquel diablo de ropauejero. Y no vistes el diablo quántos rodeos traxo con mi prima, hasta que la hizo quedar me sola con él? y aun que pienso que tambien lo entendio mi prima como el que lo negociaua. Y aun como yo, que no me pesó mucho a la verdad, porque al fin aquello me gané por el presente, y más mi sauoyana muy a mi proposito, y guarnescida, que por lo menos lleua vna vara de raso, y la costa de la seda de los pespuntes, y la hechura, que por mi salud él me pagó harto mejor que vn escuderote peynado; aunque al diablo lo encomiendo si con ser tan orgulloso, no me daua vn hedor de sí, que a hadafina me paresce que tengo de oler toda esta semana. Pero pues tiene la persona lo que le cumple, y a su prouecho, passar cochura por hermosura; que á mi prima, pues le traygo la llaue de la puerta que le cerré, quando venga por ella, si mi madre no está en casa, me tengo de mostrar tan enojada, que con hauerse hecho, yo quede por ser entendida, y ella quede espantada de mí. Pero mi madre baxa, quiera Dios que de camino no ayamos bregas por la capa, que sabe Dios quánto rehuso este trance. Pero al fin el otro se quedará sin ella, y el que la lleuó sin la loba, y con mi madre no faltará con qué la satisfazer, quanto más que pocos ñublados duran vn mes, ni tales renzillas allegan al año.
Mar.—De dónde vienes di? nunca has de parar en casa?
Lib.—Vengo de acabar de sacar esta lauor de en casa de mi prima, antes que le lleuassen vn dechado donde está, que es agora nueua y se la emprestaron, y muy de priessa, vna donzella que la hurtó a su señora por cosa muy preciada.
Mar.—Pues di me, qué fue de la capa de grana?
Lib.—Para qué, madre, buscas achaques de reñir conmigo el mal de Fulminato? ya no diste palabra a Polytes y a los otros de no hablar mas en ello? pues ya el Fulminato la da por perdida, pues en presencia de Pinel y de mi prima y mia se nos coló el ladron con ella, que Pinel no bastó a le alcançar.
Mar.—Pues paresee te que fuera mejor para que tú te la cubrieras, que no que la hurtaran por tu descuydo, ya que Fulminato la dexa?
Lib.—A la he, bien ansi: déxala él porque más no puede, y aun por no se afrontar en dezir que la dexó caer por huyr de los otros; pero por mi salud que no es tan franco que si él supiera que la teniamos nos la perdonara; y aun que si él pudiera, y gente no viniera, que él no lo hauia oy sino por sacarte alguna moneda por ella. Y aun por mi salud, dexando todo esto, que en ser suya no la viesse nadie a mis cuestas, porque ni era mi honra, ni él acabara de çaherir que fuera suya y me la hauia dado. Ansi que, madre, más me quiero libre descubierta que con capa de tanta subjection.
Mar.—Bien dizes, pues, hablando la verdad. No te vayas de casa, y cierra tu puerta, y adereça essa casa, y ten auisada a tu prima que no te falte a la cena, pues la tendremos a discrecion a costa agena. Y no te descuydes de la puerta quedar abierta, pues vale más que llame quien viniere, y no estando yo en casa, a todos puedes escusar la entrada, pues más hemos de tener del ser buenas y honestas, porque al mundo maligno y la vezindad sospechosa hemos de ser recatadas. Ansi que anda, cierra, que lo vea yo, que luego torno.
Lib.—Bien me ha querido Dios, pues tan a mi saluo se ha hecho todo; yo quiero entender en adereçar mi casa, que a mí se me trasluze que esta noche hauremos mi madre e yo tener platos y aun camas dobladas. Porque segun veo, el despensero, si viene, no querra yr fuera a dormir, y si al compañero yo le albergo como a Felisino la primera noche, sin que mi madre lo entienda, como aun no ha imaginado lo otro, yo andaré a las parejas con mi madre el camino del plazer, sin gastar calçado del crédito de mi integridad. Y si no fuere ansi, salga por do saliere, pues al fin ella lo ha de saber, e yo no lo tengo de dexar de hazer. Pues quiero, como dizen, a tuerto o a derecho, que mi casa vaya hasta el techo, como lo va la de mi madre; pues bien aya quien a los suyos sale.
Bel.—Qué hazias agora, Justina?
Just.—Estaua pensando cómo nos ha de succeder esta noche, y cómo diré a Floriano lo que le tengo de dezir.
Bel.—Y qué es esso que le has de dezir?
Just.—Que te pida por muger mañana en todo caso.
Bel.—Y que aun toda via te paresce que será bien ansi?
Just.—Tanto, que no me paresce consejo mejor.
Bel.—Cata que estas cosas suelen salir muy a otro puesto que las encamina el desseo de los que las tractan, quando a Dios le plaze.
Just.—Contra tal poder no ay lança enhiesta; pero aquí no pienso yo que vamos contra Dios, sino con él y por él.
Mar.—Bien me ha encaminado Dios, que no he visto ni he sido vista de cosa que ponga estoruo; y pues ya me sé el por dónde, entro en busca de Justina.
Just.—Señora, señora, cata dónde entra Marcelia.
Bel.—Pues yo me entro a mi camara; queda te y lleua me la allá, pues que no ay por aqui quien nos vea.
Just.—A la fe, señora, como ladron de casa: tan presto será contigo en tu camara como tú, pues ya ella viene dentro.
Mar.—O, qué buen encuentro, hermana Justina! pues y cómo huye de mí mi señora Belisea?
Just.—Calla y anda y sigue me, que te quiere en su camara, pues esta sala es lugar comun.
Bel.—O Marcelia, vengas por cierto muy en buen hora. Cierra, Justina, essa puerta de mi camara, y torna te aqui conmigo, y tú, hermana Marcelia, te sienta aqui par de mí en este estrado. Y di me, porque acortemos pláticas (pues es tiempo éste donde entran y salen las mugeres, y aun otros, a ver me) fuyste a lo que te rogué en casa de aquel cauallero?
Mar.—Y luego de camino, y vengo de buelta, que antes no me ha dexado preguntando me cosas, vine a te dar la respuesta de lo que hize. Que yo le di tu anillo, y él le puso luego con muy grande acatamiento en el dedo del coraçon.
Bel.—Pues qué hazia?
Just.—Torno me [a] apartar, pues que hablas en secreto, señora.
Bel.—Anda, llega, que bien huelgo que seas testigo del gozo que siento en hablar con Marcelia destas cosas; pero di me, qué hazia Floriano?
Mar.—Señora, toma esse papel que a la sazon que yo llegué acabaua de escreuir, que lo que me dixo dando me lo, fue: Toma, hermana, y lleua a mi señora este papel, para que hasta que yo vaya a ver la y cumpla su mandado, ella tenga en qué se occupar en leer le. E diras le que le suplico enmiende lo que faltare, porque yo no sé lo que en él va escrito, mas de que estando meditando en la gloria de su presencia, la mano, adestrada por el entendimiento, yua escriuiendo sin yo pensar qué escriuia, aunque bien sé que pensaua y meditaua en mi señora; y sé tambien que la mano no sabra escreuir cosa que no sea de mi señora. Ansi que en esto podras ver lo que Floriano hazia, y en lo que agora te doy en este papel verás asuadas lo que él querria que tú hiziesses por él. Y mira que ya te lo he dicho de mí para ti, y agora te pongo por testigo a Justina, que no me culpará Dios el no te hauer aconsejado: que mires que (por honesta y casta que seas) ya él es tu marido, y tú su muger, y entre el marido y la muger, para que aya perfecto vinculo de matrimonio, son menester las cosas que te quiero dezir si me das licencia.
Bel.—Antes holgaré de oyr las, y Justina no menos holgará, pues a ella como a mí le incumbe saber las, y a ti que lo has tramado, y tienes tan buen crédito de mí y aun de ella, compete el dezir lo, que la falta de experiencia a nosotras escusa no saber, y a ti obliga dezir.
Mar.—Pues que ya me paresce que, loado Dios que lo encaminó tambien y lo acabará mejor, lo tengo de hauer con entramas, digo que entre el marido y la mujer, para que el estado del matrimonio les sea bueno de lleuar, es menester lo primero, que aya la liga del amor, y lo segundo el sí del consentimiento de las voluntades en lo interior, y el sí de las promesas en las palabras en quanto a lo de fuera. Y es menester que tengan vn querer y vna voluntad y vn no para en lo malo, y vn sí para en la virtud. Es menester que aya paz en la habitacion: porque donde no ay paz, no mora Dios; y donde no mora Dios, no ay ni puede hauer bien de perpetuidad.
Just.—Por cierto, en todo me paresce que hablas sabiamente, y que no ay más que dezir.
Mar.—Pues antes quiero que sepays, pues os tengo de hablar al claro, que si no ay más que dezir en mí, que ay más que hazer en vosotras.
Bel.—Y qué?
Mar.—Los effectos del matrimonio, en quanto al ánima, y en quanto es sacramento, digan lo los letrados castos y estudiosos. Pero los effectos en quanto al ayuntamiento de las personas, dire lo yo, que ya, por hauer passado por ello, me veo con vna hija en mi casa viua y otro hijo que me lleuó Dios al cielo. Y creed me, aunque entramas os mireys más, y os concomays más, y os compongays más: que mientras los maridos no os descompusieren de virgines, que ni saldra a luz el por qué del matrimonio, ni aun faltará en vosotras qué dessear, y en ellos de qué se querellar, y por esso dizen que antes que te cases, mires lo que hazes. Y este refran entiendo le yo ansi: que antes que la muger o el hombre se casen, miren lo que hazen: que todo es en casa agena, y todo será con peccado, y todo será malo. Pero despues de dicho el sí la muger y el hombre, más es menester el hazer que el mirar: pues, como dizen, todo se cae en casa.
Bel.—No tengo por buena tu declaración, ni aun por seguro tu consejo; que ya no quiero dezir que no te hemos entendido adonde nos encaminan tus razones, porque esso ha de hazer la muger, de que no tengan que la retraher.
Mar.—A la fe, ya, señora, sobre mojado llouerá, segun veo; porque, pues tú dixiste sí, por donde te llamen casada, muy annexo es el dezir que hauras de salir preñada; pues en la preñez de la casada no se hablará de que se empreñó, sino de que dio sí por donde a ello se obligó.
Just.—Caro costaria si tras el dicho anduuiesse luego el hecho, pues más serian las arrepentidas, y aun las escarnescidas, que las escogidas.
Mar.—Y aun sin esso y con esso son más las arrepentidas, y quiera Dios que acabado el meollo del pan de la boda, y hauiendo de entrar por la corteza de los cuydados y sinsabores del mantener de la casa, y seruir al marido, y contentar a los hijos, y pagar los criados, no os comience a salir el descontento. Pero porque ya han tocado a visperas, y a mí el cuydado de la casa me quita el reposo, y a vosotras el regozijo que esperays os quitará el sueño, tú, señora Belisea, me da licencia para me yr, y perdon por lo hablado, si en algo tengo excedido, y ruego te que no te arrepientas de no te hauer aprouechado del tiempo, y con esto me voy, porque tú puedas leer tu papel, que te lleua las atenciones en lo que te hablan. Y para el dia de la boda no me despido de te venir presto a besar las manos, y aun despues a empañar los hijos.
Bel.—Esso será como Dios lo ordenare; ve con Dios.
Mar.—Los angeles queden en tu guarda, y Dios me dexe ver te como yo lo he tramado y desseo, para que me hagas continuas mercedes como a vna dedicada a tu seruicio. Y con esto, de tu licencia me voy a oyr visperas y encomendar estas cosas a Dios.
Bel.—Ansi te lo ruego que lo hagas, pues yo me tendre el cuydado de mirar por tus necessidades; ve con Dios. Tú, Justina, torna a cerrar essa camara, y ven acá. Dime agora qué te paresce quán al descubierto me he hauido con Marcelia en le oyr sus palabras, que algun dia no se osaran dezir delante de mí?
Just.—Y aun por esso dizen que de sabios es mudar paresceres, segun la sazon y tiempos lo piden. Porque creeme, señora, que aunque no le quise fauorescer en sus razones, pero bien veya que no yua tan fuera de camino, que no nos conuenciesse en sus dichos; porque ya que te casas, has de hazer, no lo que quieres, pero lo que deues. Pero porque en esto está ya harto hablado, te suplico que, pues estamos a solas y hauremos menester el tiempo que nos queda, de occuparle en dormir vn poco antes de media noche, porque no andemos desueladas despues, segun lo poco que esperamos dormir de media noche adelante; por tanto, me da essa carta o papel para que yo te le lea, y tú le vayas premeditando. Y aunque te parescera que pido mucho, pero pues ya te tornaste a encerrar conmigo, y no es razon de estar mucho sin le leer, y tú leyendo le querras despues darme parte de lo que diga, da me la luego en que yo te le lea, porque tu entendimiento ande más libre entendiendo lo que yo leyere, y lo que tu buen esposo estaua en ti meditando a solas.
Bel.—Aunque hago mal en poner su letra en otro poder, pero porque, como dizes, tú leyendo, yo vaya mejor gustando, toma, y lee me lo muy de tu espacio, y segun la autoridad de la escriptura lo requiere, y mi contentamiento dessea, y el tiempo nos da lugar a ello, pues no ay quien nos estorue. Y quiero, Justina, que agora muy del todo acabes de conoscer lo mucho en que te estimo, y lo mucho que fio de ti, pues te doy parte de mis cosas, y las pongo a tus ojos que las vean antes que yo, y a tu lengua que me las relate antes que yo las aya gustado.
Just.—No quiero de nueuo rendir te gracias de esto, pues no bastaré a ello; pero porque no se pierda tiempo, de que tengas que te arrepentir, oye, que la letra es muy buena y legible y clara, conforme al entendimiento del que la notó, que dize ansi la letra, que me paresce, señora, que es en troba.
CONTEMPLACION DE FLORIANO EN ABSENCIA
DE SU SEÑORA