COMEDIA INTITVLADA DOLERIA

D'EL SUEÑO D'EL MUNDO

CUYO ARGUMENTO VA TRATADO POR VIA DE PHILOSOPHIA MORAL

AORA NUEUAMENTE COMPUESTA POR


PEDRO HURTADO DE LA VERA



(Escudo del duque de Medinaceli, á quien va dedicada la obra, encerrado en un óvalo.)

En Anvers. En casa de la Biuda y los herederos de Iuan Stelsio. Año de M.D.LXXII.

Con gracia y priuilegio.

PRIUILEGIO

Concedio el Rey nuestro señor, a la Biuda de Iuan Stelsio, que ella sola, ó quien su poder tuuiere, pueda imprimir y vender la Comedia intitulada Doleria d'el sueño d'el Mundo, aora nueuamente compuesta en lengua Castellana, por Pedro Hurtado de la Vera. Y prohibio que ningun otro la imprimiesse o hiziesse imprimir, dentro de seys años primeros siguientes, sob las penas contenidas en el priuilegio, otorgado en Brusellas en 20 Septiembre. 1572. Firmado, De Perre.

al muy illustrissimo señor don iuan de la cerda, duque de medina celi, conde d'el gran puerto de sancta maria, señor de la villa de cogolludo y su marquesado, gouernador y capitan general por su magestad en las tierras baxas. My Señor.

Si es verdad (como lo es) Principe Ill.mo pesarse[701] los presentes más con la voluntad d'el que presenta que con su valor, ó con la grandeza de a quien son presentados, ni Orsines, Satrapa de Dario, a Alexandre, ni el Rustico a Artoxerces (saltando de vn extremo en otro extremo) presentaron nada, en respecto de lo que yo aora a V. Excellentia hago. Si no bastare por testigo d'ello su consciencia propria, cuyo natural (por oculta virtud d'el alma) es adeuinar el amor ó odio ageno, doy á V.

Excellencia los de Salomon, el qual mandandonos no murmuremos de los principes, ni en lo secreto, porque las aues d'el cielo (sean aues o spiritus) se lo lleuan, queda entendido tambien lo hagan a nuestras affectiones y desseos. Siendo pues assi, yo, en virtud d'estos, me atreui armar esta Comedia contra toda saeta enaruolada, de su fauor y nombre, sperando lo que no quiero suplicar (por ser deuda ya de su sangre clarissima). V. Excellencia la defienda, y tome, no por liuiana ó sensual como paresce, sino por los Sylenos que dizen de Alcibiades (eran estos Sylenos ciertas caxuelas pintadas por de fuera, con figuras de Satyros y otros animales desprezibles y ridiculos, mas lo de dentro no tenia precio) o a lo menos si allá no llega, por la sal que haze comer y no se come sola. Poca necessidad auria d'esto si los estomagos y gustos fuessen en todos, como el de V. Excellencia, sanos y perfectos, no dañados. El argumento es soñar el mundo lo que suele, que son engaños y mentyras, y la verdad por accidente, y que la muerte le despierte y la iusticia alumbre todo. Leyendo V. Excellencia con este presupuesto, quedo yo libre de culpa, culpado quien me la diere; por impedir ó pretendello, otros impetos mayores y meyores en lo futuro: que es su proprio officio de la embidia: de la qual por su bondad inmensa, nuestro señor por muchos años y contentos á V. Ex.cia guarde.

AL LECTOR

Amonestate el autor (Lector Benigno) si no quieres offender los dos, leas esta Comedia como cosa moral y traslado de la vida humana. Amor es el argumento d'ella, por ser en el mundo Amor la causa de todo mal y bien. Duerme el Mundo y sueña ser Heraclio amor de virtud y fama, con el contrapeso de vanagloria, que es Honorio su criado. Logistico, la razon que manda sobre ella, la qual cae alguna vez para leuantarse con más fuerça como Antheo y reconoscer la fuerça soberana. Astasia es la sensualidad y hiprocrisia en habitos de virtud. El deleyte, Idona, hermosa de cara, de obras fea. Melania, la malicia, cuyo fruto es el trabajo, que la color d'el negro significa, y á la postre queda subjecta á Morio, que es la ignorancia, y con él casada. Asosio, la carne vagabunda, pero al spirito reduzida, con el castigo y experiencia. Las Egycianas son las tentaciones que procuran de ajuntar los buenos á los malos. Andronio, la ciuil costumbre que declina de la malicia á Aplotis, la simplicidad. Apio, Metio, Amercia, Mania, son los vicios. Doleria, la casamentera d'ellos, engaño y castigo juntamente. El bosque de las sombras, la vanidad de la cosas d'esta vida. Aglaia, Thalia, Caliope, Melpomene, las sciencias y virtudes que voluntariamente se presentan á sus amadores. Los saluajes, penitencia y contino remordimiento de la consciencia. Nemesis, la justicia que yguala[702] todo y manifiesta lo que hizo dissimuladamente y disfraçada con Asosio; tomando despues por instrumento de castigar los malos á los malos, de remunerar los buenos á los buenos. Es Charon la muerte que despierta al Mundo y da principio de vida á vnos, de muerte á otros. Si el argumento ó estilo no te contenta, hagalo el desseo que es de contentar los auisados; si no, casate con la hermana de Melania, muger de Morio, y sereys cuñados.

HERACLIO

Preguntanme quién soy; no oso publicallo;
Del poco que meresco, nasce este temor;
Podria ser tambien, de ser nueuo pintor.
Vos respondereys, pintura, lo que callo;
Que yo detras me escondo, a ver si hallo,
Demas de la correa, quien haga el reprehensor,
O le detenga allí la embidia en lo peor,
Para del fauor y bien gratificallo.
Pero, sacra Musa, tú que al sacro canto
Al alto amor y fuego tanto me inflamaste,
Aclara las tinieblas de la enferma vista,
O toma las armas, para herir de espanto
Los ojos que contemplarte no dexaste
Y á los pies que no entraron en tu lista.

NOTAS:

[701] En la primera edición pesarense, por errata. Está bien corregido en la de 1614.

[702] Por errata en la primera edición ygualia. Corregido en la segunda.


INTERLOCUTORES

Mundo.
Morpheo, Dios d'el sueño.
Heraclio, Enamorado.
Logistico, Amigo.
Astasia, Matrona.
Melania, Criada morisca.
Idona, Donzella hija de Astasia.
Morio, Bobo, marido de Astasia.
Asosio, Amigo de Heraclio y enamorado de Melania y otras.
Honorio, Bobo, criado de Heraclio.
Amercia, Labrandera.
Mania, Labrandera.
Doleria, Magica.
Aplotis, Donzella, prima de Idona.
Apio, Competidor de Heraclio.
Metio, Seruidor de Idona.
Page de Astasia.
Andronio, Enamorado de Melania.
Aglaia, Gracia d'el cielo.
Thalia, Gracia d'el cielo.
Caliope, Musa d'el verso heroico.
Melpomene, Musa de los Tragicos.
Nemesis, o Iusticia diuina.
Charon, o Muerte.

SCENA 1. DEL PRIMER ACTO

El Mundo muy entonado y vestido de diuersas colores. Morpheo Dios d'el sueño le sale de traues y le hace dormir despues de algunas altercaciones.

Mundo, Morpheo.

[Mun.].—Yo soy el Mundo.

Mor.—Qué necio, y yo el Sueño.

Mun.—La presencia, el hábito y la grauedad lo dizen.

Mor.—Grauedad? o hydeputa, falsa y contrahecha!

Mun.—En mí estan los Imperios, Reynos, y la diuersidad de los Estados, altos, medianos, baxos; las riquezas, las grandezas y las miserias; el saber y la hermosura; las fuerças y la gracia.

Mor.—Qué de viento trae, por qué no dize el perdido la mentira, la locura, la malicia y el pecado?

Mun.—Quién como yo?

Mor.—Quién como él a mengua de hombres buenos? Spera que yo te haré callar, o hablar menos y pensar más. Ao, ao, hombre honrado, ao.

Mun.—Qué loco será este desatinado, que assi me llama descortesmente? mirá el villano, qué quieres o qué dizes, alimaña?

Mor.—Que mentí, y conciertan tus disparates con las colores d'el vestido; eres quiça, hermano, charlatan o sacamuelas?

Mun.—Gran cosa es esta, que no está jamas vn sabio sin un necio; es tentacion o penitencia? qué pesada carga!

Mor.—La de tu cabeça con tanto viento.

Mun.—Sabes con quién hablas?

Mor.—Muy bien.

Mun.—Dilo, pues.

Mor.—Con vn loco perenal.

Mun.—O monstro de naturaleza, tientasme?

Mor.—Pues quién eres? Veamos lo que dize.

Mun.—Yo? soy el Mundo.

Mor.—El Mundo, ha, ha, ha, aora te digo que acertaste, tú el mundo? quál?

Mun.—Quál ha de ser el Mundo?

Mor.—Otros desuariados como tú dizen que ay muchos.

Mun.—Nunca yo tal consenti, si ellos me quisieran entender.

Mor.—Todavia te dura la calor, y apesar d'el seso y de razon quieres ser el mundo.

Mun.—Quién seria yo luego si no fuesse él?

Mor.—No te lo dixe ya?

Mun.—Qué enojoso y pesado eres; si no me fuera por ensuziar las manos, te castigara.

Mor.—Prueuelo su merced, señor Papagayo; veremos quién gana la hogaça.

Mun.—Quitateme de delante, no me hagas salir de curso.

Mor.—Ah, ah, ah! esso seria de mundo boluerte rio, y a la postre verás que ganarias; mas sin passion, me di aora qué menester es el tuyo, o de qué tierra eres, porque assi los habitos como el lenguaje te me hazen estrañissimo.

Mun.—Buelues a tus treze? de qué tierra será el mundo, o qué menester el suyo?

Mor.—Porfias tanto, que estoy medio embarbascado; qué señas me daras, o qué testigos d'ello?

Mun.—No embargante que tu calidad y la mia sean diferentes y no admitan tantos golpes y argumentos, te alumbraré la vista interior; pero recelo no sea capaz de tanta luz.

Mor.—Dexo uaziar aora a este cantaro; seruira despues de alhaja a mi hermano el Riso: e ya, pues, sé liberal y no te quede nada por dezir, que yo te oyre.

Mun.—Harta merced es essa de tan gran Rey.

Mor.—No te burles ni me juzgues hasta el cabo, porque dentro d'el vaso está la virtud d'el balsamo, no de fuera.

Mun.—No hablaste mal; por esso quiero començar y contarte de mi linaje, padres y hijos. No oyste d'el gran Promotheo, que se enamoró de Iuno?

Mor.—Sí.

Mun.—Mi hijo fué de los antiguos Titanes, que con su fuerça presumian subir al cielo.

Mor.—Tambien dessos?

Mun.—Mis hijos fueron Deucalion y Pirrha, segundos padres despues de la general inundacion.

Mor.—D'essos assi.

Mun.—De mí descienden Nembrot, Nino, Belo, Syro, Dario, Xerxes, Alexandre, Iulio, Augustos Monarchas d'el mundo; Hercules, Antheo, Teseo, Hector, Achiles, Aiax, Milon.

Mor.—Tambien essos?

Mun.—Scipion, Hanibal, Pompeo, Bruto, Metelos, Fabios, Camilos, Lucios, Torcatos, de my proceden.

Mor.—Alargaste mucho; tanto me diras que no te crea.

Mun.—Pues creeme; los Chaldeos, los Phenices, los Hebreos, los Asirios, Medos, Persas, los Griegos, los Romanos, mis hijos fueron.

Mor.—Qué llena de humo está uuestra cosina, y es posible?

Mun.—Semiramis, Cleopatra, Hecuba, Helena, Stratonice, Medea, Lucretia, Porcia, Sapho, y las Sibillas todas, mis hijas fueron; las altas, las baxas, las hermosas, las feas, los fuertes, los flacos, los sabios, los simples, los pobres, los ricos, los venturosos, los miseros, los locos, los cuerdos, todos son mis hijos.

Mor.—Donoso padre.

Mun.—Las Monarchias, los Imperios, los Reynos, los Principados, yo los doy, yo los quito; la guerra, la paz, los impetus, las iras, el trabajo, el sosiego, por mí se haze, por mí se mueue todo; el oro, la plata, los metales todos, las piedras preciosas, las joyas, los vestidos, las pompas, las galas, loçanias, los triunphos, juegos, las ciudades, villas, fortalezas, las artes, armas, la hermosura, las damas, los caualleros, en mí se halla todo.

Mor.—No tiene más drogas vn Boticario.

Mun.—Los combites, los amores, los disfraces, los motes, danças, justas, torneos, yo lo ordeno todo. Quieres más? Finalmente, que yo soy el Mundo, y debaxo d'este nombre se comprehende todo.

Mor.—Mucho es parescer tan moço siendo tan viejo: estoy hecho tonto y arrepentido de no creerte de principio; pero viendote tan desconcertado en los vestidos y en el andar y echando palabras por ay, pense otra cosa. Perdoname por tu fe, hermano el Mundo.

Mun.—Aora me dexarás de sinsabores y oyras de mejor gana, que tu simpleza y poco vso escondian mi ser y authoridad. De manera que yo soy el Mundo.

Mor.—Si que tú lo eres, no ay duda en ello; mas sabes qué todavia estoy pensando?

Mun.—Qué?

Mor.—Que soy tu amo yo y tú mi moço.

Mun.—No lo dezia yo que era este loco? aora llegó la conjunction.

Mor.—Y aun que te lo haga confessar.

Mun.—Di algo con que reyamos.

Mor.—O lloremos. Di, essos Gigantes, essos Monarchas, Emperadores, Reyes, essas hermosuras, fuerzas, loçanias, essas riquezas, sciencias y artes, dó estan, en qué pararon? respondeme y no te pasmes.

Mun.—Ya es passado todo, es el curso de las cosas, vnas van y otras vienen.

Mor.—Y a la postre no para todo en sueño? no hablamos d'ello, o nos recordamos d'ello como de sueño? despierta, que aun duermes, pan perdido.

Mun.—Y tú quién eres, que assi hablas denodado?

Mor.—Quién te paresco?

Mun.—Loco al comienço; aora hereje.

Mor.—Por qué esso?

Mun.—Por te hazeres Dios, siendo mi amo, que yo no tengo otro.

Mor.—Bien atinas. Pues yo te afirmo que antes de llegar a él ay otro despues de mí.

Mun.—Esse mysterio me declara.

Mor.—Primero me diras si te paresce sueño lo que dixe.

Mun.—Lo passado sueño paresce.

Mor.—Y lo presente, sueño presente d'el adormido mundo.

Mun.[703].—Sea assi, y acaba ya.

Mor.—Yo soy Morpheo, el Sueño.

Mun.—Tú? o traydor, y el otro que es tu amo?

Mor.—El Tiempo, el qual haze d'el Sueño lo que él hizo d'el Mundo; el señor d'el Tiempo es Dios omnipotente, que como sea sempiterno no hay tiempo en él, antes es principio y fin de todo; entiendes, bobo?

Mun.—Vete de ay, que no te creo nada.

Mor.—Aora lo verás, que yo te haré dormir mal que te pese y soñar algo con que des plazer al tiempo.

Mun.—Ay, ay.

Mor.—Seré en mis braços, y la Comedia o Tragedia o lo que se es, terna por sobrenombre Sueño d'el Mundo.


COMIENÇA EL SUEÑO

Heraclio enamorado comunica con Logistico sus amores, y él le
persuade no fiarse de mujeres.

Heraclio, Logistico.

[Her.].—Qué dizes a esta consideracion del sabio, Logistico hermano? todo tiene su tiempo y corre por sus spacios limitados, sin que baste saber, arte o fuerça humana que lo estorue.

Log.—Antigua es ya essa philosophia, pero holgaria de entenderte, que la preñez de tus palabras nunca para en menos que en Pithias o en Apollo.

Her.—No sea en ratones, segun el refran.

Log.—De todo ay, porque no se alabe.

Her.—No ayas miedo, que ya me declaró tu amigo Socrates las letras de Delphos.

Log.—Bien has trotado si no lo oluidas.

Her.—Soberuia seria presumillo, porque lo sensual haze su officio.

Log.—Dessa manera más puede que nos.

Her.—A tuerto o a derecho, ley de natura es.

Log.—Esso a la diuina contraria, y assi escusarnos ya d'el pecado, porque nadie puede seruir a dos.

Her.—En alguna parte, que de otra suerte poca sperança auria.

Log.—Sí, quanto al primer impeto, que es de ladron o salteador, que de lo pensado no ay Logica que nos defienda. Mas quedandose esto para más de spacio, digame su merced lo que pretende, para que yo mejor entienda al sabio y la differencia de sus tiempos.

Her.—Fue acaso lo que dixe; y quando ouiera otro mysterio, yo nunca doy a los amigos pesadumbre, todas las guardo para mí.

Log.—Mal guardas luego las circunstancias de amistad, que comprehenden qualquiera honesto extremo, antes les contrarías en dos cosas.

Her.—Qué tales?

Log.—La primera escondiendo el secreto de tu pecho, y la segunda dexando entrar en él hábito tan vil, como es no recebir por no deuer, que es enfermedad de spiritos baxos.

Her.—Muy lexos me interpretas de lo que soy, y bien puedes ya poner en cuenta de amistad esta paciencia.

Log.—Tambien yo podria retorcer esse cordon, mas la seda no lo sufre.

Her.—Mejor es que se palpe y vea de una parte á otra.

Log.—D'acuerdo estamos; falta aora lo principal, que es darme cuenta de tu necessidad distinctamente.

Her.—Soy contento; conosces a Astasia?

Log.—Aquella por quien priuauas de luz al Sol y a Orpheo de su musica?

Her.—La mesma, y aun te affirmo no auer dicho nada por que meresca culpa, mas la ternia no lo confessando y quien d'ello me culpasse.

Log.—No deue ser sin causa, pues tanto en ello perseueras.

Her.—La verdad, es más musica que el mesmo Orpheo, y enternece todo, quanto más los hombres, con cuya lira piensa que lo alcançó.

Log.—Qué peligroso es arguir con los Sophistas de amor!

Her.—Consiento si no es con ánimo de injuriarme.

Log.—Injuriar? Dios nos libre, antes te tengo embidia, y ay deue estar el punto de tus Philosophias.

Her.—Assi hallasses la cura como la llaga.

Log.—De suerte que amas?

Her.—Y amaré.

Log.—A Astasia?

Her.—A Astasia y la tierra que pisa.

Log.—Qué gran heresia! siempre hablaste en ella con essa afficion, cuya fuerça haze d'el dia noche, y te podria transformar en otro animal.

Her.—Mas en ella, que es natural d'esta passion; pero no pienses que guiado d'ello o de accidente supito me rendi, sino con la experiencia de sus gracias, que derrocara aquel Timon Atheniense.

Log.—Puede ser que el juyzio te engañasse o tu propia virtud.

Her.—De qué manera?

Log.—Yo te lo dire; facilmente se persuade el noble coraçon con un dulce mirar, vna palabra dulce, o vna risa, aunque sea fingido: que paresciendo nascer de cordial affecto, con las mesmas condiciones se rescibe que paresce darse, y obliga a la constancia aun despues d'el desengaño.

Her.—Más valdria ay la fortaleza para boluer atras y no ser pasto de villanos, que este es el nombre de la ingratitud.

Log.—Assi es, mas vn gentil spirito más ayna dissimulará la pena que ser hablilla de la gente, que atribuye generalmente estas desgracias a falta de juizio, y tambien estimase más la victoria auida con trabajo que sin él; porque vencer al enemigo con fuerça, vigilancia y maña es triunphar d'el tiempo y d'el y de fortuna, quedando con más gloria, y si no acontesce como se speraua o se pensó, no ay culpa, auiendose hecho ya el deuer. De modo que en los principios estan los yerros escondidos, y en el creerse o fiarse de ligero. Y tú quieres en quatro dias pintallo todo en tu fauor.

Her.—Si con mis ojos lo viesses, de otra suerte lo sentirias: esta es la Diotima de Socrates y la mesma ánima de Minerua.

Log.—Ya esso es más que sacrilegio, robar ánimas agenas.

Her.—Digolo por no auer en ella lugar vazio de aquellos quatro metales de que se compone la beatitud.

Log.—Para conoscellos, particularmente deuen tocarse, lo que no puede ser en menos tiempo que Alcibiades á Socrates: y enemigos ay que nos engañan disfraçados con sus habitos.

Her.—No pienso puedan hurtarselos para esse effecto.

Log.—Contrahacen las colores tan al natural, que facilmente se engañan nuestros ojos en lo que mucho no vsaron, que si tú no viste lo colorado, o verde más de vna vez, algunos dias despues tomarás por ellos lo encarnado o verde escuro; assi el vicio aparesce muchas vezes sob specie o semejança de virtud, lo que con esta señora te podria acontescer.

Her.—No oyste que en la frente y en los ojos se lee la letra d'el coraçon y quanto con su diuinidad las ánimas comprehenden?

Log.—Sí, pero las puras de las accidentes de la carne, que haze lo que la leña verde, que es amatar el fuego y henchir de humo toda la casa. Y pensar otro, seria necedad.

Her.—La cortez sola de mis palabras deues tomar, si lo de dentro paresce de mala digestion, o echame en destierro.

Log.—Alçartelo queria y sacarte de prision, que tal es vna porfiada phantasia.

Her.—Assi lo quiere el amor reciproco, mas tornemos al proposito.

Log.—Ay te speraua, que es el effecto de la phrenesia.

Her.—No tengo razon?

Log.—Siendo la causa tan justa, como lo es mi opinion en cosa de mugeres, te lo conffessaré sin golpes ni heridas: mas as de dizirmela tan de spacio como el caso, valor y precio de tu persona lo demandan, y auiendo que replicar, yo lo haré con que ambos quedemos satisfechos, con condicion que abras los ojos.

Her.—Apartemonos hazia estos arboles, cuya sombra con la armonia de los paxarillos meresce mi cancion.

Log.—Mas quedese para despues, por ser tarde ya, y tomarás aliento para el vltimo trago de confession.

Her.—Sea ansi.

NOTAS:

[703] Mor. en el original.


SCENA 2. D'EL PRIMER ACTO

Astasia con su criada Melania saliendose a vna huerta suya, veen a Heraclio y Logistico embeuescidos en sus razones, y sin ser vistas d'ellos, oyen lo que hablan.

Astasia, Melania, Logistico, Heraclio.

[Ast.].—Qué agradable y deleytoso es el verano! mira la fresca sombra d'estos arboles, oye el ruido d'el ayre con sus hojas y la melodia de las aues. No paras mientes, Melania, cómo en respecto d'esto todo lo demas cansa y enfada?

Mel.—Assi es, señora.

Ast.—Qué pintura ay o obra de manos que sirua de más que de engañar la vista? o qué aprouecha al cuerpo o ánima si no es el paño con que nos cobrimos, auiendo proveydo de todo la natura? y aun en ello nos han sido harto liberales los animales con sus pellejos, acomodandonos segun los tiempos y necessidad, si nos contentassemos, o la razon mandasse al apetito como de principio se ordenó.

Mel.—Nadie se cura desso, sino de hazello todo al reuez y burlarse de contemplaciones.

Ast.—Mal pecado, y va tan adelante, que la costumbre está por ley.

Mel.—Oygante tus orejas.

Ast.—Qué dizes?

Mel.—Que no hallan ya orejas las verdades, mas de verdad que está lindo el campo y que tiene tu merced razon, que dentro de casa aora todo es humo.

Ast.—Melania, Melania.

Mel.—Señora.

Ast.—No ves allá a nuestro Philosopho Heraclio con su amigo, altercando entrambos y muy embeuescidos en su platica? no hariamos d'el ruyn y les assechariamos para ver si son los hombres en absencia como lo juran en presencia?

Mel.—Sí a la fe, mas temo que nos vean.

Ast.—Qué se pierde en ello, que no ganemos más en tener testigos de sus obras, si quieren despues hazer d'el graue y vender por suyo lo ageno? que tal es el que con habitos de Hermitaño da color de verdad a la mentira.

Mel.—Muchas veces acontesce, pero no toca a nos juzgar a nadie.

Ast.—Es verdad.

Mel.—Cómo les cargas luego de la mentira?

Ast.—Y si les hallo con el hurto?

Mel.—Ni el cielo ni la tierra nos da tanta licencia, antes paresce que todos nuestros actos deuen ser senzillos y poco ocasionados á entender malicia, que es la ponçoña de honestidad.

Ast.—Tambien vos quereys philosophar? parte es essa agena dessa simplicidad.

Mel.—Por qué? para persuadir lo bueno no ha menester prouallo?

Ast.—No tan retorcidamente, que es tan fino en lo interior y superficie, que nada se le yguala, y aun aprueuo lo que dixe para saber andar y no caer, que si los pies caminan y los ojos quedan atrás, el cuerpo lo sentira, y oxala no fuese el alma; en casa propria la solicitud y astucia defenden la de la lluuia y tempestad.

Mel.—Seria proceder muy adelante, señora, el replicarte, y siempre ganarias, que el saber y experiencia son armas de ventaja, y con esta conclusion sigamos nuestro proposito.

Ast.—Será mejor.

Log.—Ya aurás tomado aliento para lo que te quedaua por dezir, y bien paresce te sale d'el coraçon.

Her.—Más d'el alma, que es más noble posada, que el huesped todo meresce.

Log.—Otro pensaua yo que tú le auias dado a quien se deue con más razon.

Her.—Tambien esse consiente compañia si es conforme, o le antepone a todo.

Log.—Quién passea tan limitado?

Her.—Nadie, sino a tiempos, y vnos más que otros, siguiendo cierta mediania que con el vso se haze naturaleza.

Log.—Ora yo no quiero mouer questiones, ni menos subir al cielo o descender a los abismos, sino quedarme en la tierra con las otras criaturas, y pues que el tiempo nos da en ella este rincon libre de contrastes, tomemoslo, y la serenidad d'el cielo y suavidad d'el campo nos ayudarán.

Ast.—No oyes el tocar de declas que haze Logistico? tambien canta como Heraclio.

Mel.—Y aun por esso son tan amigos; quiça nascieron con los pies para delante.

Ast.—Veamos qué responde.

Her.—Plazeme que no se pierda la ocasion y nos siruamos d'el buen dia, que no podria ser mejor para my, estando entre ty y Astasia, que el vno por virtud, por amistad el otro, me tratareys como os meresco.

Ast.—Cuytada de my, comigo lo a este traydor; luego pensé que nos auia visto, mira cómo lo dissimula sin reyr ni boluer los ojos.

Mel.—Calla, señora, que no pueden vernos, pero de lexos se començo la platica, y pues la fortuna a este tiempo aqui nos traxo, no lo perdamos.

Log.—Ya te vas poniendo, segun esso, en el tercero cielo y determinas de visitar á Venus.

Her.—Pues no quieres guste d'este manjar y resciba tan dulce engaño como será pensar que está presente?

Log.—Aora doy por firme tu callentura, pues al segundo paroxismo desuariaste.

Mel.—No ves, señora, que era otro el sentido de las palabras? no podran vernos aunque quieran.

Ast.—Assi paresce.

Her.—Grauemente me persigues, mas ni por esso lo dexaré.

Log.—No te faltaua para buen Amadis otro capitulo.

Her.—Vete de ay con esse nombre, que ni mi pena ni la razon d'ella sufren mentiras.

Log.—Sea luego Leandro.

Her.—En mar embrauescida, sin poder llegar al puerto de mi descanso, faltandome la luz de sus hermosos ojos y la fuerça de su imaginacion, que es el piloto.

Ast.—Cuytado.

Mel.—No es ello mucho para burlar, señora, pero tú eres muy cruel.

Ast.—Más lo tengo de ser para vengar a amor y matar en él todos los falsos.

Mel.—Y si él no lo meresce?

Ast.—Todos son vnos.

Log.—Assi que speras morir en la mar de Abido?

Her.—Señor, sí, y que pag[u]e el cuerpo sus offensas.

Log.—Mucho te entonaste en esta vltima lamentacion; estoy en cantar algo que te alegre o entristesca más, que es virtud de la musica particular, y en cierto modo alegra al triste la tristeza.

Her.—Es cierto, y por tu vida, hermano, que lo hagas.

Log.—Plazeme.

De vos y de mí quexoso,
de vos porque soys esquiua
y de mí que nunca biua
si mi mal deziros oso.

Mel.—Esto tambien, señora?

Ast.—Qué te paresce?

Mel.—Que andamos a descobrir thesoros.

Ast.—Oye la buelta.

Log.

Quando estoy de vos absente
hallo en mí tal compasion,
que pienso que soys presente
á deziros mi passion;
mas vuestro gesto sañoso
y presuncion tal altiua
me hazen que nunca biua
si mi mal deziros oso[704].

Ast.—Qué lindamente canta Logistico; sea tambien de los nuestros, pues tiene tal abilidad.

Mel.—Sea, señora.

Her.—Si en la fin de mi mal, mi bien no se començaua, el mal porqué se acabaua, ni tu cancion, la cual es harto a mi proposito?

Ast.—No dexará passar nada por la vida.

Mel.—Allí le duele.

Log.—Pues quién te lleuó a palacio en figura de hombre? mejor te quedaras en el campo hecho buey, haziendo sonetos a los arboles y mirando strellas.

Ast.—Qué pieça!

Mel.—Harto fina.

Her.—Hable cortés, señor, o buscaremos qué le arrojar.

Log.—Su merced rodaria sin trabajo.

Her.—Paciencia, pero dexame llegar al cabo, y hazé despues lo que quisieres.

Log.—Sea, pues, en el nombre de las tres griegas enamoradas.

Ast.—Madrugado a este moço.

Mel.—Aosadas.

Her.—As de saber que d'el primer año de mi peregrinacion la conosco.

Log.—Gran ojo tuuiste al nacer y en las manos no menos diligencia, pues tocaste moneda en viniendo al mundo, lo que no hizo Diogenes en su tonel.

Her.—Doyte al diablo, piensas que hablo por metaphoras?

Log.—Ah, ah, ah, de cómo eres todo milagros; pensaua los auias hecho al nascer; de manera que ha mucho que la conosces?

Her.—Mucho.

Log.—Con qué principio, por tu fe?

Her.—Ya cantas más a compas, y si me lo oyes con sabor, estaré en parayso.

Log.—En quál?

Her.—En el de Gnido, si assi quieres, por via de vn amigo que era todo suyo, passando vna vez con él y hablandole a su puerta me quedó este desseo de la seruir toda mi vida.

Log.—Y más si es más possible, por tener compañia al gran Rugiero.

Her.—Sea assi.

Ast.—Buena va la plática.

Mel.—No parará aqui.

Ast.—Silencio, que despues se glosará.

Log.—De suerte?

Her.—De suerte que su humanidad a sido la occasion de llegar a la experiencia que me puso en tal estado, oluidandome de toda otra compañia.

Log.—Sentias la mesma afficion en ella?

Her.—Natural es de amor no hazerse de rogar: bien sabes que se encuentran los spiritos que salen por los ojos y se inficionan de la sangre d'el coraçon.

Log.—Cómo los boluio tan presto a otra parte?

Her.—Ay!

Log.—Doliote el golpe?

Her.—Vn poco, mas no sabria determinarme en la razon, sino que mi absencia causó en ella nueua secta de amor, que bien considerado queda sin culpa.

Log.—Pues cómo absencia tiene fuerça contra essa fuerça?

Her.—Paresce que el tiempo deshaze todo.

Log.—En largo curso de años, pero que siendo breue trueque las leyes de amor y de verdad, procede de no auer vno ny otro.

Her.—Pudiera aun más la causa d'ello siendo el mesmo Apolo o Zoroastro con su magica.

Log.—Beato quien halló tan afficionado competidor, más lo estimara que la famosa trompeta de Achiles, por la qual Alexandre suspiraua.

Her.—En esso verás la fuerça que tiene la verdad.

Log.—Juzgo que por la gran preeminencia desse estremo y de entendello assi cayste en él, aunque tambien sospeché que tu amor era tibio, pues hazias con él tales partidos.

Her.—No respondo a esso, porque más adelante lo haré con los afectos y palabras embueltos en mi sangre: todavia como era huesped y residia en mi lugar, hallé a la tornada vazia gran parte d'ella, y me recogieron con las condiciones de la absencia breue que dixiste, la qual algunas vezes aprouecha y es más agudo clauo que el de la solicitud y perseuerancia.

Log.—De todo ay, mas no seria por muchos dias, porque a las espaldas de todo lo nueuo agrada, vienen otras desgracias ordinarias.

Her.—A la verdad el primer encuentro fue glorioso y de verano sin quedar flor en el campo que no reyesse, mas despues empeçó a llouer y escurescerse todo.

Log.—Y aora truena.

Her.—A lo menos dentro de mí, que soy hecho de contrarios, sin poder contentarme o sossegar la fantasia.

Log.—Cómo fue esso, por tu vida?

Her.—Vna tarde que estauamos en su huerno haziendo más anothomias que Democrito, entrando Morio a pedille las albricias de la venida de Sytirio, fue olido el humo d'ello con tanto gusto, que lleuó tras sí el ánima y lo demás, dexandome los ojos de sí tan llenos, que luego alli dieron el testimonio d'ello, y hartos dias despues culpando a mí y a ella.

Log.—No lo entiendo bien.

Her.—En summa, que la arrebató de alli el gran plazer sin despidirse ni otro cumplimiento, auiendo sido más que breuissima su absencia.

Log.—Conmigo se tomara para entregar a la mesma ora la fuerça al enemigo.

Her.—No admite la prudencia tanta colera: justo era tentar el vado más adelante.

Log.—No oyste dezir que gran paciencia causa gran injuria?

Her.—Su peso y medida tienen las cosas; speré el tiempo, no como hombre que le dolia nada ni entendia tanto d'el mundo, y continuando la conuersacion, cantando de mi parte lo más dulce y a compas que supe, quiso aplicalla la segunda o tercera vez a aquello para otros dias poniendole delante la conformidad de entrambos; rechaçóme el golpe tan de presto (diziendo que las oraciones de aquel santo no le dexauan oyr otras) con un mirar tan tibio y vna color tan diferente de la mia, que se me dobló la callentura y despedido maldiziendo yua al Rey y quantos en la corte auia.

Log.—Pues en qué paró?

Her.—En desterrarme dos años enteros.

Log.—Y essa fue la occasion de tu partida tan repentina? procurara yo otra venganza que le doliera más.

Her.—Ay verás quién soy, que quise esconder su ingratitud con mi destierro; paresce que este estremo a remouido aora el humor de la consciencia y triumpha la verdad de amor y de su plomo, mostrando de mi venida vna alegria singular, de la qual yo doy señal en todo quanto hago por no ser ingrato a la fortuna.

Log.—Como los endemoniados en el agua con la yerua o raiz de Eleazaro[705]; si todavia perseuera tienes razon, pero es tan vario este animal, que aun temo otra peor.

Ast.—Bien me trata.

Mel.—Es perro viejo, aunque no de dias.

Her.—No no, los terminos son otros; el entendimiento y su virtud son raros.

Log.—Desso me dize.

Her.—Qué quieres que te diga? tiene en el pecho a las nueue hermanas, y Diana en la cabeça hechando agua a Acteon para que sea comido de sus perros.

Log.—Mucha gente es essa; no sé si le bastará el pan de casa o será menester hurtalle a otros.

Her.—Para todo ay.

Log.—No dexaste nada a Idona?

Her.—Esse es el Sol que resplandesce por estos valles y embaraça la vista humana.

Log.—Mucho encaresces tus pensamientos; deue ser con el recelo de las culpas; no dare sentencia sin que me informe por otra parte y de otros ojos, pero seria lo mejor conoscer que son los de Alinde los de amor, con que lo poco pareste mucho y grande lo pequeño, y que con dificultad suple el arte adonde falta la natura, boluiendo la cara y los sentidos a otro Sol.

Her.—Ya te entiendo; este es el fuego que me enciende a ello.

Log.—Dios mande no te consuma y busquemos en la ceniza otro Heraclio, y pues es tarde ya, quedese el resto para otra fiesta.

Her.—Sea assi, mas yo dare la buelta por ver si gano alguna tierra.

Log.—Mira no la pierdas.

Her.—Todo es prouar ventura.