NOTAS:
[704] En las dos ediciones antiguas están escritos estos versos como prosa.
[705] De Elezaro, en la segunda edición.
Astasia queda hablando con Melania sobre los dos amigos y dissimula su afficion.
Astasia, Melania.
[Ast.].—Ya d'esta vez no nos lleuais ventaja. Que cierto amigo es el coraçon; en viendolos lo sospeché. No veys este mal hombre quán sin asco descubre sus locuras?
Mel.—Señora, en amor no hay orden; paresce que le incita el demasiado fuego, y harto te meresce.
Ast.—No me engañará por más que sepa.
Mel.—A qué llamas engañar, señora?
Ast.—Hazerse muerto para que yo le toque.
Mel.—Essa seria la verdadera muerte si lo oyesse.
Ast.—No se passarán muchos dias que no lo oyga.
Mel.—Eya, señora, que correrias más que vna Leona tras quien te lo lleuase.
Ast.—Para esso es la presa.
Mel.—Natural cosa de quien se muere de amores.
Ast.—Qué dizes?
Mel.—Que no son amores para todos los hombres; el pecador arde y muere por te tener contenta, y tú estás elada para él.
Ast.—A qué proposito? otros pensamientos son los mios.
Mel.—Fueron; mas aora con tan cierta prueua de su fe y experiencia de sus gracias es impossible.
Ast.—Muy de veras os poneis, señora, de su parte; deueis de estar rogada.
Mel.—De my consciencia, que es d'ello testigo.
Ast.—No hay para qué te afficiones tanto á Heraclio.
Mel.—No lo digo yo?
Ast.—Porque es hombre, y son todos vnos.
Mel.—Con mal estaria el mundo si assi fuesse; nunca faltan diez, si no se hallaron en Sodoma, que lo permite Dios para salvar los otros.
Ast.—Pocos milagros tengo visto hasta ahora.
Mel.—No está dicho que de la abundancia d'el coraçon habla la boca, y que por el fruto se conosce el arbol?
Ast.—Qué parte soy para esso yo siendo muger, a quien no se conceden essas pesquisas? hombre fuera, que presto lo alcançara; algunos frutos ay que debaxo de hermosa vista y suaue olor amargan, y otros que sólo el gusto es dulce, lo demas aspero y desabrido.
Mel.—De todo haze el tiempo anothomia descubriendo neruios y huessos.
Ast.—Aunque tarde, por ser muy hondo el coraçon d'el hombre, y este tu amigo paresce sancto.
Mel.—Es por demás la citola en el molino; no se partirá d'él que la maten.
Ast.—No oygo lo que dizes.
Mel.—Digo, señora, que no será otro en que le maten.
Ast.—Auemos hecho vna gran jornada; esté callado hasta su tiempo, y vete para Idona mientras yo me passeo por aqui pensando en otra cosa que me sea más prouechosa.
Mel.—Bien harás, señora, reseruando todavia su derecho al proximo.
Ast.—Está bien; haré lo que sea justicia.
Astasia sola lamentandose porque ama; despues habla con Morio que sobreuiene.
Astasia, Morio.
[Ast.].—Tan dificil cosa es el fingir lo que no es, como cobrir el fuego con las pajas; triste de mí, que quanto más trabajo por escondello tanto más se enciende y me abrasa, dando en los ojos con contrario effecto muestras de mi mal; aora que estoy sola pensaré en él y en estos desuarios de Cupido que vsa comigo de sus tiros, estando ya desengañada d'ellos; a qué proposito, enemigo; qué mal te hize? quándo blasfemé tu nombre o accusé a nadie, no confessando estar subjecta mi flaqueza a qualquiera siniestro humano, o hize concierto con mis potencias y sentidos de no passar los limites de la razon, sin atribuir la resistencia a aquella suprema fortaleza? traidor, que si con razones euidentes prueuo tu sinrazon y quán a tuerto me persigues, con habitos largos, mesurado gesto, y palabras dulces, otra vez me engañas, haziendo fantasmas en el ayre, sea en el campo, o en poblado, sea de noche, sea de dia, con que yo me desconosca y oluide de mí mesma. Es virtuoso Heraclio? por cierto que más lo fue Dauid; es sabio? mas lo fue Salomon; es fuerte? fuerte fue Sanson; es continente? es de carne; es casto este amor? es amor cuyo nombre altera; si es spiritual, porque atormenta el cuerpo? los spiritus inuisiblemente se communican a todas oras, sin auer absencia para ellos, ni el vso d'estos organos, que son contrapesos de la carne. A esto me responde el sophista que no es mala la presencia ni el vso de los sentidos, porque con él despierta la virtud, que la vihuela si no tocays las cuerdas no sonará o dará de sí aquella suauidad y harmonia que está inuisible en ellas y en la mano, antes se queda muerta. Finalmente, que los oydos, ojos, y lenguas, den testimonio de los animos; pero esto no haze en mi fauor, si es necessario: las passiones d'el alma siendo el amor d'ella son superfluas. Si yo no duermo, por qué? si su absencia me da pena, por qué? si tanto me plazen sus burlas y alegro con su vista, por que? qué desuarios [son] éstos? tengo de ser yo hecha de extremos o ánima sin cuerpo? en el desierto fuera mucho. Assi es la presumption humana, que nos haze a amor odiosos y al mundo y a Dios algunas vezes so specie de virtud. Haga la casa cada vno a la medida de su cuerpo y no estreche tanto la consciencia o la ensanche que se muera de calor o frio; el pobre hombre pregona fe, zelo y charidad, y a mí figuranseme chimeras, que son mucho y no son nada. Qué fructo saca desto? no no, no le seré ingrata, pues todavia perseuera no le auiendo tratado humanamente, que es razon bastante de sus querellas; mas quién es este que acá viene con tan descompuestos passos?
Mor.—Allá veo Astasia, si los ojos no me mienten; qué de paradillas haze, deue auello con algun sancto.
Ast.—O qué norabuena vengays, madero.
Mor.—No lo digo yo? grande amor me quiere.
Ast.—Qué ay Morio? de dó vienes? nunca me hazes compañia.
Mor.—No basta de noche y al comer, muger?
Ast.—Ah, ah, ah, qué donoso está; pues no as verguença?
Mor.—No ay nadie aqui.
Ast.—De Dios.
Mor.—El no se mira por estas cosas.
Ast.—Cómo no? de qualquiera palabrilla ociosa se a de dar cuenta en el juyzio.
Mor.—Aun viene lexos essa muger, y podria ser que se le oluidasse.
Ast.—A quién?
Mor.—Al mesmo juyzio. Qué tanto aurá de aqui allá?
Ast.—Para vnos poco, para otros más.
Mor.—Quieres dezir a segun caminaren o fueren grandes o pequeños?
Ast.—No más ni menos en esso está.
Mor.—Para entonces quiero hazerme vnos buenos çapatos y prouision para el camino.
Ast.—Pobre animal, menester es.
Mor.—No ay ventas por allá?
Ast.—No, ni otro pan sino lo que lleuamos; por esso cumple trabajar por que no falte.
Mor.—O sancto dios, hermana, y qué pan es esse?
Ast.—De amor de Dios y con el proximo, de charidad.
Mor.—Pues, y la charidad se come, aquella madre de los niños hermosos?
Ast.—Essa mesma, hartando los hambrientos, visitando los enfermos, recogiendo los peregrinos, y enterrando a los muertos, y enseñando los ignorantes.
Mor.—Pecadorzilla, tantos oficios tiene?
Ast.—Pobre pecador, que tan poco entiendes.
Mor.—Mas pobre creatura que tanto quieres astrologar podiendo dezirlo de media vez; pero dexemos esso; di, hermana, el amor de Dios es hombre?
Ast.—Hombre, hermano, y muy honrado.
Mor.—No puede menos ser, porque su merced deue tener en casa gente de bien; pues dime, cómo lo auriamos por aca?
Ast.—Buscandolo y contemplando sus grandezas, cielo, tierra y mar, con todo lo criado, y pidiéndole la gracia.
Mor.—Qué muger es essa gracia?
Ast.—Hija suya muy estimada.
Mor.—Qué me dizes? es casada?
Ast.—Y rica y bien aparentada. Valgalo la mona a este pallo.
Mor.—No te entiendo.
Ast.—Digo, hermano Morio, que será bueno recoger la leña y el heno que descargó en el patio el grangero.
Mor.—Por tu vida, amores, que lo pensaua; allá me voy.
Ast.—Y yo a mi labor. O Dios, qué marauillas, quánta diuersidad de hombres, y cómo va todo repartido, la riqueza, honrra y razon con estos contrapesos y con otros muy differentes, sus contrarios; pero quién es tan rustico que no entienda que esta es la estrada y que cada vno en el viage tiene su carga cierta y peso que lleuar? si éste me cupo a mí, es menester andar y callar.
Idona, hija de Astasia, reprehende a Melania de la ociosidad y tratase d'el officio de las Donzellas y otros propositos.
Idona, Melania.
[Ido.].—Qué perezosa y holgazana es esta Melania; pues, señora, y assi se biue? d'esta manera gastays el tiempo?
Mel.—Con quién lo haueys, condesa?
Ido.—Oxala lo fuera, para te hazer mercedes por lo que hazes de labrar y coser.
Mel.—No veys qué sancta?
Ido.—No veys qué perezosa? aqui no ay sino jurar y mentir.
Mel.—Con perdon.
Ido.—No es verdad? no estauan las oras repartidas?
Mel.—Valganos Dios, y qué contrita está; pues quién cayó?
Ido.—El seso de tu cabeça; harta vernas de passear?
Mel.—Preguntalo a my señora.
Ido.—Con ella fuiste?
Mel.—Y vine.
Ido.—Desse modo perdona, amiga; pensé que au[i]as hecho algun viage de los tuyos.
Mel.—Ya murio todo esso, hermana; otros son aora mis cuydados.
Ido.—Todavia lo confiessas sin açotes; entendida eres.
Mel.—Todo lo meresce la causa d'ellos.
Ido.—Assi te lo paresce.
Mel.—Mucho antes me lo parescio; primero vadeé el Rio.
Ido.—Gran auiso, nunca ay llegó la Reyna Dido.
Mel.—Burlaysos, vida? llegareys vos en sueños vn poco más acá de ayer a noche.
Ido.—Como mandaredes, mis amores; mas de veras, adonde aueys estado?
Mel.—No te lo negaré por vida de tu padre.
Ido.—Tanto le quieres?
Mel.—Y no es para querer tal viñadero?
Ido.—No ves lo que tengo en la mano desasisada?
Mel.—La costura; bien creo que por poco la arrojareys.
Ido.—Mas, por tu fe, di.
Mel.—Con condicion que calles.
Ido.—Quándo hablé que te pesasse?
Mel.—Ya lo sé, pero cumple assi.
Ido.—Meresçe el euento tantas saluas?
Mel.—Y aun más.
Ido.—Acaba ya, no me tengas tan suspensa.
Mel.—Topamos con Heraclio y Logistico.
Ido.—Todo esso era? no veys el milagro? adonde?
Mel.—Junto a la huerta.
Ido.—Solos los dos?
Mel.—Solos.
Ido.—Qué hazian?
Mel.—Estuuimos vn buen rato escondidas por oyr lo que hablauan.
Ido.—Pues?
Mel.—Grandes cosas.
Ido.—La guerra de Troya o la tomada de Constantinopla?
Mel.—Acertaste.
Ido.—Mas por tu fe?
Mel.—De nos fue todo; ya nos trayan entre las manos; contaua Heraclio sus auenturas dende que conosce a mí señora, los fauores y diffauores, y finalmente que se quema.
Ido.—Mirá, por vida vuestra, qué locura.
Mel.—Son grandes amigos.
Ido.—Qué importa esso o qué bondad ay en esse fuego?
Mel.—El todo lo echa a buena parte, certificando que por su gran virtud y honestidad le quiere bien y alabandola hasta el cielo.
Ido.—Desdichada, pues no hizo de nos mention?
Mel.—Spera, que a esso voy; contigo lo remató, haziendo de ti la diosa Venus.
Ido.—Mejor fuera Pallas.
Mel.—Si tú fueras Panthesilea, Reyna de las Almazonas.
Ido.—Diana luego.
Mel.—Faltante los perros.
Ido.—Ay estás tú que los darás.
Mel.—Landre en tal saber.
Ido.—Ah, ah, pero seria contrahecho.
Mel.—No le vi essa color.
Ido.—Qué bien tamaño, que aun no estoy oluidada!
Mel.—Assi lo fuesse yo; no paras mientes do pone los ojos quando acá viene y qué de mudanças haze en te partiendo o asomando?
Ido.—Engañasme.
Mel.—No hago a fe; quieres que se lo pregunte vn dia?
Ido.—Qué desuergonçada; esso auyas de hazer?
Mel.—Por qué no? medio burlando, quanto más que será por terminos que no lo entienda.
Ido.—Assi es el niño bobo; adeuina lo que pensamos.
Mel.—Y aunque esso sea, qué mal sería?
Ido.—No muy grande, pero sobrada desemboltura para donzellas.
Mel.—A tan buena vista vn ojo bastaria.
Ido.—Y a ti la media lengua; todavia me pesaria si lo ha comigo.
Mel.—Por qué, amores?
Ido.—Quiero ser monja.
Mel.—Como yo frayle.
Ido.—Pues a fe que no estuuiesse mal el hábito, y representases en el pulpito lindamente con tus cien lenguas y dos mil ademanes y la color sobre morada.
Mel.—Ay dareys, traidora; yo me vengaré de vos dexando os sola, haziendo contemplaciones como vuestra madre, y a pesar de vos y d'ella sereys de los nuestros.
Ido.—Qué dizes, qué dizes? buelue acá.
Mel.—Que sereys de los nuestros, y que todos auemos de dançar al son de leuantese el pensamiento.
Ido.—No seria mala la cancion, aunque es vieja y no se vsa.
Melania sola contrapunteando los amores de sus amas, sobreuiene Asosio, su requebrado, que la espia y despues le habla.
Melania, Asosio.
[Mel.].—Donosa anda la caça; mis amas vieja y moça ambas se mueren de amores, sin querer darse por condenadas, y el mochacho de Heraclio que lo entiende y passease a dos lados, cantando alto y baxo sin dexar punto, cada vna lo toma por sí, aunque las cartas, coplas y otros donaires vengan a la madre. Quién las viesse vn dia picadas de los celos andar a los cabellos, y que Morio las despartiesse! o qué lindo! sin duda ella es carcoma d'el diablo y guarda poco el parentesco, que, mal pecado, ya lo sé con aquel traidor de Asosio, que me haze mil despechos sin razon; pero amor causa estos desuarios, trocandolo todo a su plazer y antojo, como el otro dia, que de verle dezir a Aplotis vna nonada a la oreja me nascio vna apostema, pensando que estauan ya d'acuerdo y me lo lleuaua el ayre, y cayendose hombre en la necedad se muere de auer muerto vn inocente; que de otra assí, tomó frio ya y callentura al peccador, a mí pedian la cuenta d'él si se muriera; lo mejor es andar de sobre auiso en estas niñerias, sin dar occasion de penar a otro, o tomandola sin proposito para sí, porque despues no se os sossiega la consciencia. El es de los de Heraclio, y algunas vezes les veo de compañia; algo le diria, que el lobo y la bulpeja ambos son de una conseja.
Aso.—No es esta Melania? la mesma, voto á tal; consigo sola lo ha; algun huesso tiene entre dientes; qué embeuescida está, que aun no me vee; agora sabre si me miente el coraçon.
Mel.—Y no ay que fiar de nadie.
Aso.—Por ay andays?
Mel.—Pero tambien nos acá (si fuere menester) haremos conjuracion.
Aso.—No lo digo yo, que a este huesso nunca falta perro? no es tiempo de aguardar mas; contra quien, señora, pese al turco? entre yo en ella por amor de Dios.
Mel.—Bien que es esto? no veys este mal hombre? inuisible deuio venir; es esta la costumbre, tomar de sobresalto a las donzellas? peligro corria si fuera más antojadiza.
Aso.—El coraçon es la guia destos caminos, regiendo los passos ocultamente como amor a él, y no te pese de mi buena fortuna, ya que de la mala tanto te plaze; pero sepamos d'esta conjuracion.
Mel.—Y si fuesse contra ti?
Aso.—Pornia las manos su merced, yo las armas dandole esta espada luego.
Mel.—Cómo lo saben dizir, y las necias que todo creen.
Aso.—Si quieres ver la prueua, no está en más que en mostrarte d'ello contenta; pero ya puede ser que te pesasse de ver muerta la verdadera fe de Asosio.
Mel.—Calla, amor, que no me sufre el pecho tales golpes, y biue ledo.
Aso.—Con qué sperança?
Mel.—De morir.
Aso.—Desse modo no speres que ya más te veré ni me verás.
Mel.—Cuytado d'él, a do se yrá?
Aso.—A casa de mi padre; ea, ladrona, que estás burlandote aqui de quien te adora; descreo de la casa de Meca y d'el Pago de Tremel, si no estoy para arrojarme por esse suelo.
Mel.—Arrojate, que yo te leuantaré.
Aso.—Ora, señora, no an de ser todo burla; determinese su merced a que estemos vn dia solos.
Mel.—Para qué?
Aso.—Para dezirte mi passion.
Mel.—Ygual seria la de Christo.
Aso.—Para todo aurá tiempo.
Mel.—Empieça aora, que yo la lloraré.
Aso.—Doy te al diablo.
Mel.—No veys qué negros amores?
Aso.—Essa es su gracia principal, y por quien yo estoy conuertido en lo que soy.
Mel.—Por tu vida que de antes no lo estauas.
Aso.—Como quisieres, con condicion que me respondas.
Mel.—Qué más quieres? no te digo que tienes tiempo aora.
Aso.—Quedese todo por dezir, pues assi responden tus obras a mi fe, y voime.
Mel.—Spera, spera, hermano.
Aso.—No quiero sino desesperar; si oyes que hize desatino alguno, no te espantes.
Mel.—Esso no quiero yo, antes te dare todo lo que pides.
Aso.—Prometeslo?
Mel.—Sí.
Aso.—Quándo?
Mel.—Para el domingo, y vete, que ay gente acá.
Aso.—Pues adios, ánima mia.
Mel.—Contigo va.
Aso.—O beato.
Heraclio va visitar a Astasia y passa con ella y con Idona muchos requiebros.
Heraclio, Astasia, Idona.
[Her.].—Tiempo es ya de ir a ver a mi señora Astasia y no dexar la vida a beneficio de absencia, aunque verdad y amor, sin los cuales no doy vn passo ni osso entrar en la fortaleza, me la asseguren algunas vezes, y otras cresciendo mi pena, no me sobre la speranza, que es el salario de mis engaños, y de no acabar de me entender, no sé por qué se me desasosiega tanto el alma; si este amor es limpio y honesto, cómo recelo tanto de llegar y despues de llegado de partirme? si este fuego es bueno, por qué me quema? y si el temor no es malo, por qué me yela? qué contrarios estos! Nadaré todavia en este golfo mientras el viento y las ondas me dexaren esperando la ventura. O más cerca estoy de lo que pensaua y me paresce veo vno de mis trabajos, o refrigerios a la puerta; el otro deue estar en emboscada; visto soy tambien, que ya se me rie. Quán cierto amigo es el coraçon, señora Astasia.
Ast.—Algunas vezes; mas por qué lo dizes?
Her.—Primero te dare los buenos dias, aunque no los tenga.
Ast.—Cómo assi? dónde los dexas?
Her.—Mucho ha que se me oluidaron en tu casa.
Ast.—Aora está peor, pues no fue de grado.
Her.—Esso es lo que me adiuinaua el coraçon, jugar siempre contigo al gana pierde; cómo podia yo, pues él quedaua y todo lo demas?
Ast.—No es gran caso? que todo eres misterios.
Her.—D'el primer dia que la hermosa idea de tu figura se imprimio en mi alma soy assi.
Ast.—Blando, señor, que si pretendeys venderme no comprareys assi, aunque metays todo el caudal.
Her.—No compré yo caro para vender barato, ni sé por qué tu saber y noble condicion consiente las chismerias d'el pensamiento.
Ast.—Si yo mirasse en ellas y las creiesse, ya hiziera mil desatinos.
Her.—Uno bastara para acabar inconuinientes.
Ast.—Qué tal?
Her.—Matarme.
Ast.—Cuitado d'él.
Her.—Soylo, y no me pesa, mientras sé d'ello te plaze; pero viendo la inconstancia d'este mundo y la differencia de los dias, no me determino.
Ast.—Esse enigma me declara.
Her.—Ni por ay te escusarás de compassion; salesme algunas vezes al camino tan llena de amor y d'ella, que me pones en la tercera sphera, tan lexos otras de los dos, que desseo alas de paloma para volar y reposarme en el desierto.
Ast.—Solo?
Her.—Con la imaginacion, pidiendole estrecha cuenta si te ofendi.
Ast.—Mejor es que esse desierto venga a nos y que la hagamos todos a lo cierto, quemando los ramos que no dan fruto.
Her.—Si guardaras essa ley conmigo no ardiera tanto en el fuego de tus oluidos, ni se secaran las hojas de mi sperança; pero veo que te cansas de lo bino y buscas lo pintado, como enfermo que dexa lo mejor por lo dañoso.
Ast.—Pues, y assi me tratas, deseando yo de complazerte en todo?
Her.—Está por ver el primer milagro dessa verdad.
Ast.—En qué se a de ver?
Her.—Dentro d'el alma.
Ast.—Tan mal ves lo qu'en ella está scripto y figurado?
Her.—A juzgarlo por las impresiones que haze en mí, o por lo que siento, ni la letra es muy legible, ni las figuras claras.
Ast.—Qué buen interprete! sé que no eres tú espejo que representa lo que tiene delante.
Her.—No por cierto, mas tú el sol de cuyo calor templado o excesiuo reciben mis sentidos o pensamientos ser.
Ast.—Para todo te doy licencia, sino para idolatrar.
Her.—Desso no me puedes accusar, pues en la tierra no adoro a otro sancto.
Ast.—Confirmada está luego la heregia, porque a Dios se deben los estremos, el qual haze justicia de quien no paga.
Her.—Por esso biuo yo, aunque en pena.
Ast.—Cómo assi?
Her.—Sperando que me la haga.
Ast.—Y de quién?
Her.—De ti.
Ast.—Por qué, mal hombre?
Her.—Porque me entiendes como quieres, y a mi razon y causa justa llamas desuario.
Ast.—Quando assi fuesse, passas la ley que manda oluidarnos las injurias.
Her.—Tambien ella se hizo para ti, pero rompesla como telaraña.
Ast.—Fuerça es essa de mi condicion agena.
Her.—Respondan las obras a tus palabras; mas por qué me remocaste de idolatra, si sólo por su contrario te he buscado y te quiero, y basta la menor centella d'este fuego para encenderme en biuas llamas?
Ast.—Por qué usas luego algunas vezes de terminos que tanto saben a la sensualidad?
Her.—Porque me rige amor como el sol al ayre, cuya presencia lo enciende, y el absencia yela.
Ast.—De manera que no hay desculpa, y yerro contigo todos los golpes?
Her.—Sino los mortales.
Ast.—Bien se paresce en ti.
Her.—Causalo tu presencia, que yeruas ay que marchitas y al salir d'el sol rebiuen y florescen.
Ast.—Y otras que la absencia d'él y el frescor de la noche reuerdesce con vn olor suaue.
Her.—De todo ay sino.
Ast.—De verdad.
Her.—Mas de amor ygual para mí, porque las sobras dessa contigo faltan en él.
Ast.—Aun buelues ay? no te tengo dicho que te amo y venze el pensamiento a la razon?
Her.—No los affectos.
Ast.—Ingratitud es no ver ni oyr lo que mi alma siente, en lo que paresce que tu amor no llega allá, antes se queda muy abaxo. Que si es assi, puedo dezir ser muerto ya todo lo que en ti biuia.
Her.—Quando el fuego arde, no van todas a vna parte las centellas, sino vnas altas y otras baxas, pero no pierde el nombre ni su virtud; por esso si mi graue dolor algunas oras rige los actos y la lengua, qué culpa tiene el coraçon?
Ast.—Está bien dicho; por esso te perdono, y ruego por la fuerça d'el escondido Genio que nos incita a estos impetos que te contentes, templando y moderando con la razon, que es la señora, los desconciertos de los criados, que yo prometo de no faltarte hasta el altar.
Her.—Ni yo tampoco pido más, y bien afortunada ora que merescio lo que los años no pudieron; confieso que passa todo y que me cumple merescer de nueuo.
Ast.—Justificandote assi, hallarás siempre piedad.
Her.—Y no bastaua la color y la flaqueza?
Ast.—Pues tambien me has de prometer de remediallo.
Her.—Con qué?
Ast.—Con huyr de celos y sospechas que perturban mucho los sentidos, figurandome en ellos al natural de lo que soy.
Her.—Que me plaze, con vna condicion.
Ast.—Qué condicion?
Her.—Que me des licencia que te escriua aun y me respondas para engañar el tiempo que no te veo.
Ast.—Idona lo hará mejor.
Her.—Sea ella.
Ast.—Veamos lo que dize; Idona, Idona.
Ido.—Señora.
Ast.—Sal acá.
Ido.—Qué mandas, señora?
Her.—Que me mates, pues que con menos priuilegio se goza de tu vista que d'el espantoso Basilisco.
Ido.—Dios nos guarde; más valdria luego que no me viesse nadie, si tan extraño nombre y natural me das.
Her.—Sí, pero tu matas para doblar la vida.
Ido.—Nunca vy muerto que resuscitasse.
Her.—Y todavia hablas con vno.
Ast.—Tiene razon, Idona.
Ido.—Puede ser, mas no lo entiendo.
Her.—Porque no quieres; la señora Astasia me a otorgado que respondas a mis cartas o desuarios; no pido más que el effecto de la obediencia que le deues.
Ido.—Pues a qué proposito?
Her.—Al de mi callentura, porque despues no te llamés al engaño y me condenes.
Ast.—Contigo lo a. Idona: no respondes?
Ido.—Otro dia, que me ha tomado aora muy de supito.
Ast.—Bien dizis, hija.
Her.—No spero más, porque esse es el passaporte.
Ast.—Contentate, que lo tienes para volver.
Her.—El cielo te lo pague.
Ast.—Y sea contigo.
Astasia tienta a su hija de casamiento con Heraclio, y passan sobre ello algunas razones.
Astasia, Idona.
[Ast.].—Qué te paresce de nuestro amigo, Idona?
Ido.—Que meresce el nombre que le das.
Ast.—En qué lo vees?
Ido.—En el spirito de sus palabras, donde creo que le salen.
Ast.—Tan facilmente crees?
Ido.—Lo que veo; mas tú, señora, hazesle desesperar, y no sé qué parte es essa para conseruar el amistad y buena conuersacion.
Ast.—Por tal la tienes?
Ido.—A mi iuyzio.
Ast.—En verdad que le quiero como a hermano, y que todo es porque diga algo a la cortesana.
Ido.—Tienes razon, señora, mas yo veo que te entristesce.
Ast.—Pesate d'ello?
Ido.—Ni me pesa ni me plaze, pero...
Ast.—Ya, ya, esso es passion.
Ido.—Antes no, pues hablo contra ti.
Ast.—Cosas ay que no miran en parentesco.
Ido.—La justicia a lo menos, si a de dar lo suyo a cada vno, como es su officio.
Ast.—Huelgome que assi lo entiendas, y quando bien fuesses su apassionada, él lo meresce. Dize, hija, no te agradaria?
Ido.—No sé.
Ast.—Mas de veras?
Ido.—Dexa te desso, señora, que es temprano aun, y más quiero ser monja.
Ast.—D'el monesterio de Adam; mas, por mi vida, qué te paresce?
Ido.—Con tal prenda no lo callaré, no auria desconformidad de conditiones segun veo, puesto caso que sea forastero, pero mi padre no querrá, y tú, señora, tentasme.
Ast.—No hago en buena fe, y tu padre no juega aqui con otras manos que con las nuestras.
Ido.—No, no, señora; más vale tenerte compañia.
Ast.—No puede ser.
Ido.—Por qué?
Ast.—Conuiene representar tu parte d'esta Comedia con los habitos que el maestro lo ordenare.
Ido.—No lo entiendo.
Ast.—Yo te lo declararé; este mundo es el Theatro, nosotros las figuras, Dios el que ordena la comedia; en ser Rey en ella, Monarcha, o capitan, no está la gloria, sino en representar bien su figura cada vno, o sea de loco, de cozinero, labrador, pastor, o moço de cauallos. Es menester obedescer al dado y no extrañar lance ninguno, porque viene de alta mano.
Ido.—A cosa tan verdadera no ay que responder; aqui estoy, señora.
Ast.—Hasta su tiempo; recogete por aora a tu stantia.
Logistico, acaso sin ser visto, halla a Astasia sola haziendo discursos.
Logistico, Astasia.
[Log.].—Allá veo la diosa Ceres, o qué lance se perdio Mercurio! entre sí habla; veamos aora qué pelo trae, porque no me verá aqui, aunque lo mande el Rey. Y más si le tura aun la fiebre.
Ast.—Yo con todo no me engañaua; Idona tiene buena voluntad a Heraclio y no le pesará de su compañia.
Log.—Al diablo tal adeuinar, brauo spirito tengo.
Ast.—Y a la verdad tiene razon, por la conformidad de las costumbres. Ella es mansa y mensurada[706], él no soberuio ni descortes; inclinada á la virtud, él apartado de todo vicio; si es discreto, ella no es nescia.
Log.—Dentro estays; a dó te lleuó el viento, hombre perdido?
Ast.—Si es hermosa, él no es feo, demas de su gentil gracia y ayre.
Log.—Qué cierta cosa de enamorados!
Ast.—Finalmente, él es modesto y ella no destemplada. Contraria a fiestas y a combites, palabras ociosas y trajes arrogantes; contentandose con lo honesto, que es de generoso coraçon y altivez de spirito.
Log.—Porque ves, mucho de noramala, sabeys guardar y no gastar o despender.
Ast.—Que anteponer el resto a él y componer lo mortal, arguye gran baxeza.
Log.—Qué linda esta la cartuxana!
Ast.—Los hombres embaraçados con el resplandor d'el oro...
Log.—Ay daras.
Ast.—Y diferencias de colores, toman lo negro por lo blanco y lo flaco por lo fuerte.
Log.—Y vos trays antojos.
Ast.—Qué lustre da a vn estado grande vn principe tirano? a vn cuerpo hermoso vn'alma fea? a las fuerças corporales, flaqueza d'ánima o cobardia? en cuerpo noble, spirito rustico?
Log.—Bien canta la señora.
Ast.—Yo no quiero siguir los más sino los menos, y tirar al verdadero blanco.
Log.—De Ribadauia puro.
Ast.—Más que engaño reciben nuestros ojos.
Log.—Untalos.
Ast.—Qué principios tuuo el mundo? quál fue la criacion d'el hombre? qué hizo las differencias o dissimilitud entrellos, sino la sciencia y discurso natural? quál es la cabeça d'esta scientia? la virtud.
Log.—Bien lo pintays.
Ast.—Pintemos aora.
Log.—No lo digo yo?
Ast.—Salir de dentro de la tierra hombres desnudos de vn parescer y gesto todos...
Log.—Sembrados a los dientes de la sierpe como Cadmo.
Ast.—Las diuersas inclinaciones los harán diuersos y la nobleza o villania las obras de cada vno.
Log.—Doyte al diablo con tanta philosophia.
Ast.—En verdad que si me tomara este desengaño en otro tiempo, no tuuiera de qué quexarme. Pero quieresse esta vida assi contrapesada, y que siruan algunos para exemplo de los otros y se rodee todo con mysterio.
Log.—Assi biuas como biues.
Ast.—Que venga de tan lexos quien assi nos quiera y nos agrade, no es sin causa.
Log.—Y cómo no es sin causa!
Ast.—Que Idona se le afficione no es sin causa; que le amemos ambas sin embidia o celos, no es sin causa.
Log.—Mentir, hija, mentir, y no tanto.
Ast.—Porque el amor es ciego y no guarda priuilegio a nadie. Que todos aqui le miren, conuersen y hablen de tan buena voluntad, no es sin causa.
Log.—O pese a tal con la trampona, que toda es causas!
Ast.—Es gracia o merescimiento particular sin duda.
Log.—Qué nueuas estas de Clopatra para Marco Antonio!
Ast.—Pues ver sus cartas, su inuencion y stilo de escriuir, mata de amores.
Log.—Algo dize.
Ast.—No me terne que no tiente a Morio.
Log.—Aora se perdio.
Ast.—Si fuere capaz d'ello.
Log.—Bien ha tornado, que carpintero él.
Ast.—Estare en atalaya.
Log.—Ojos teneys de gauilan, si os quitays las antifaces.
Logistico busca a Heraclio para darle las buenas nueuas, y hallale con Honorio su criado que le buscaua assi.
Logistico, Heraclio, Honorio.
[Log.].—Qué nueuas estas para Iupiter! Dó estara aora? en su ysla de Creta o transformado en toro, encomendando Io a Argos? Quién le topasse!
Her.—Honorio.
Hon.—Señor.
Her.—Viste a Logistico, o sabrias imaginar adonde lo hallassemos?
Hon.—El suele a las tardes yr passeandose hazia el rio y requebrarse alli con las hermosas.
Her.—Bien apuntaste.
Hon.—Señor, señor, acá viene, voto a mí.
Log.—Qué veo? no es otro. Ao, ao.
Her.—Cómo es cierto hablar en el ruyn y assomar!
Log.—La mesma cancion cantaua yo, y más que ruyn seas tú, pues no oyste la más suaue musica que dessear pudieras.
Her.—Por tu fe?
Log.—Y por la de Mancias.
Her.—A dónde o cómo?
Log.—En el Laberinto con Pasiphae y Dedalo. Ya estaras al cabo?
Her.—De no entenderte; no diras esse milagro con menos circunloquios?
Log.—Algo a menester que sufras, como yo, quando me cargas de algunos cuentos de su legua cada vno.
Her.—Yo? quándo? iniustamente me accusas.
Log.—Mal de cabeça jamas admite cómo ni quándo.
Her.—Gentil hombre, mesuraos, si no quereys que os haga bolar.
Log.—Podria ser, pues os sobra el viento, aunque falten alas.
Her.—Algo porná de casa su merced. Pero dexados los donayres, sepamos desta metaphora musical.
Log.—Con condicion que seas oy mi conbidado.
Her.—Essa es mejor; tan barato compras lo que querias vender tan caro?
Log.—Essotra es más sotil: hazer d'el graue, quiça no estando la olla al fuego.
Her.—Noramala para tal adeuinar.
Log.—Ah, ah, ah, ora solo esso tomo por penitencia de tus peccados, sin darte la de otra dilacion. Sabras que saliendo de mi casa con proposito de visitarte y echando en el Nilo la red por no perderte, tomé vn crocodilo que me la ouiera de romper si no me ayudara de mis artes: que fue a la de marras, sola, inuocando dioses marinos.
Her.—De verdad?
Log.—Paresceme que si, como es graja, fuera aguila, te lleuara al cielo como la otra a Ganimedes.
Her.—Quiça te auia sentido.
Log.—Sentiria mi padre; tenia yo el anillo de Giges y estaua vna Angelica para Orlando.
Her.—Pues?
Log.—Qué quieres mas? sino que eres tú el Neptuno de su mar, o el Satyro de su bosque, metiendo en la dança todas las Ninphas d'él. Y affirmando que sin controuersia te daria la corona y ceptro de la monarchia, siendo en su mano.
Her.—Vete de ay, burlon, que mientes.
Log.—Si tú as de salir de seso, miento, pero si me prometes ser magnanimo y generoso, es más aun de lo que digo.
Her.—Grandes nueuas traes; mas en qué concluyó?
Log.—En tratallo con Vulcano.
Her.—Sol y viento a menester.
Log.—No sino Mars su amigo, que le dé de pallos[707] o vna hanega de algarismo, porque el rapaz sabe de cuenta.
Her.—Y aun por esso ay allá tanto carbon; mas no me dizes particularidad alguna?
Log.—Que tus cartas le plazen mucho y son muy auisadas.
Her.—Basta, y viene a nascer vna que aqui traygo para le embiar con Honorio, aunque no responden.
Log.—No se atreueran, que tú buelas más alto que vna garça, y por esso te alaban, siendo ordinario entre ellas tener por auiso lo que no entienden, todo lo otro por necedad.
Her.—As caydo en esso?
Log.—Antes que nasciesses, pero cómo osaste entrar en sagrado sin licencia d'el Cura?
Her.—Ya la tenia.
Log.—Y assi la comiste solo, y las señoras cartas?
Her.—Enmendarse a, y ve aora ésta.
Log.—Amuestra.
Her.—Yo la leere, porque no pierda la reputacion, por falta de algun accento.
Log.—Muy medido andas; esso tienes de mal enamorado, que los finos todo son desconciertos.
Her.—No basta el d'el tiempo y de la vida en estas necedades?
Hon.—Assi lo digo yo, señor; mas tu merced no quiere creer a Honorio.
Log.—O qué embite!
Her.—Valgalo el diablo a este bobo cucharron; apartate allá, asno.
Hon.—Coces da este cauallo.
Her.—Qué dizes de cauallo?
Hon.—No nada, señor.
Her.—Habla, bestia.
Hon.—Que más quiero ser asno que cauallo.
Log.—Qué lindo!
Her.—Que lo seas norabuena; oye, hermano, y está atento.
Log.—Estoy.
Her.—As de coger higos, que te pones en las puntas de los pies?
Log.—Como entiendes mal, poniame de alto porque no me escapassen tus auisos, que está dicho buelan.
Her.—Estragarás medio mundo; todo an de ser burlas? oye si quieres.
Log.—En el nombre de fraudador de los ardides, entonate, que ya vees en qué postura estoy.
Her.—Mi señora la fortuna quiere...
Log.—Discreta entrada, porque todo esto de fortuna, ventura, desgracia, pensamiento, pasion, tormento y otras drogas assi, les quadra mucho, y piensan que no terná mal vino vaso con esta çapadera; adelante, hermano: la fortuna quiere.
Her.—Que siga este camino de hablar a quien no me oye y responder a quien no me habla.
Log.—Bueno, que es principio de lamentacion.
Her.—Y para prueba de mi constancia, con tus oluidos cresce mi fe, sin saber ni querer arrepentirme.
Log.—Pura obligacion.
Her.—Escucha: y tomaria por galardon que fuesses d'ello contenta o me dexasses pasar mi mal sin reueses: que aun d'él, porque de alguna manera me descansa, priuar me quieres.
Log.—Por vida d'el Rey, que tocas en el centro.
Her.—Pero si tu gentil spiritu, mouido de mis affectos, a piedad se inclina, dame cierta ley con que te sirua para merescer el premio de la obediencia o el castigo d'el peccado. Porque con bien o mal se a de acabar mi mal.
Log.—Enternesceras las piedras.
Her.—Y que no te lo dé Dios a prouar, sea el remate de tus desconfianças y mis locuras. Qué te paresce? lo mucho enfada y a buen entendedor, etc.
Log.—Sí, mas éstas no buelan tan alto, y por no persuadirse muchas vezes a sí y a otros que no entienden, arman carracas en el ayre, o de cada palabrita hazen vna phantasma, con tan incierta anothomia, que en vez de bien dan de pies en nuestro mal.
Her.—Aueriguado, mas aqui va de monte a monte la philosophia. Veamos aora lo que aprouecha. Honorio, llegate acá. Ve a casa de Astasia y dale esta carta, o a Idona, a quien primero hallares, y buelue.
Hon.—Mejor seria quedar allá.
Her.—Qué dizes?
Hon.—Sí, señor, que boluere.
Log.—Y si hallas aparejo, que retoces.
Hon.—No soy dessos yo, señor Logistico.
Her.—Vamonos por acá a sperar el fin d'esta jornada.
Log.—Hagase, pues todo va fuera de quicio.
Her.—Pero será mejor que yo dé la buelta solo y tú te quedes.
Log.—A su plazer.