Honorio lleua la carta y buelue.
Logistico, Honorio, Heraclio.
[Log.].—Queria que parassen estos amores en lo que suenan, porque no hay que fiar en pelo roxo, mas a la fin se canta la gloria o llora la pena. Si por razon se rigen los negocios, meresce mucho más: noble, auisado, polido y prompto para vna empresa; pues si en amor o lealtad estamos, en esso passa todo. Pero es vn ladron el mundo, sordo y ciego, que todo compra por el olor. La hipocrisia le huele a sanctidad, la soberuia a grauedad, a templança el auaricia, el saber a necedad, y los dineros a nobleza. Pongase de lodo, que a la postre vence la verdad estas mentiras. Algunos ay que ponen su bienauenturança y summo bien en la abundancia de bienes de fortuna, otros en la fuerça corporal, y otros en la hermosura o buena proporcion de miembros y otras gracias. Y aunque el Philosopho lo diga ser partes éstas de que ella se compone con la virtud d'el ánimo, con su licencia, yo soy de opinion que ésta sin las otras basta, y no las otras sin ésta, como dixo el otro por la castidad: y si fuere menester, daré testigos. Mas, boluiendo a lo vulgar, vn cauallo muy hermoso, bien señalado y con ricos jaezes, atrauessandose con cierto distincto natural, o gloria de aquella vanidad, no passa nunca de cauallo. La razon tiene otros grados, la qual bandida de sí la carne como cosa impropria, athesora en el alma lo que más natural y proprio le paresce; y como centinela en lugar alto, de allí oye, de alli vee, de alli come, y de alli vela los asaltos y engaños d'el enemigo. Logistico, esto para solo es ya mucho y para entre los muchos nada. Recoger con tiempo, porque no venga Pythagoras o Epicuro que tomen entre puertas. Pero qué haze al caso? llamariamos a Luciano en nuestra ayuda o a Charon, que es el verdugo d'estas burlerias; acá viene Honorio, panal, pero sin miel, cargado de cera para el sello de la sententia que trae de la corte. Paresce que dentea; si le dieron allá en qué morder? que las damas son liberales y muy complidas.
Hon.—Pese a tal, que buena estaua la moça.
Log.—Ojo.
Hon.—Por vida de su madre que se podria comer sin sal.
Log.—Oreja.
Hon.—O qué lance para Honorio!
Log.—Más o qué lança!
Hon.—No creo en tal, si no biuiese de señor, hermosa, rica y auisada.
Log.—Burlaros eys?
Hon.—Hazer d'el graue y passear cara a cara con mi amo, assi y assi, y si su merced no lo tragasse, domine, ya es muerto por quien repican.
Log.—Donoso está el asno.
Hon.—Pues paresce que me mira de buen ojo, no lo dudo, porque yo soy más alto que mi amo, tengo copado el cabello, y apuntame la barba, y más hablo con sonidos.
Log.—No os falta á lo menos el badajo.
Hon.—Quién habla aqui? o señor Logistico, aqui estaua tu merced? guay de mí si me a oydo.
Log.—Aqui está la mia; pero la tuya aun no llegó; deuio quedarsete por allá el ánima segun te veo demudado.
Hon.—No fuera mucho, señor, que angeles auia que la asechauan.
Log.—Serian de Ginea.
Hon.—Dios nos guarde.
Log.—Guardará, pues soys innocente.
Hon.—Tambien yo peco, señor; si no preguntenlo al cura.
Log.—Ora está bien; qué nos traeys? hijo o hija?
Hon.—Dó está mi amo?
Log.—Bien te puedes fiar de mí, porque él me dexó por presidente d'esta embaxada y no deue tardar.
Hon.—Pues sea norabuena; traygo madre y hija, que es mejor; entraremos sin licencia.
Log.—Cómo assi?
Hon.—Toda la casa es nuestra; fue bulda la carta para ellas; no faltó más que besarla; todo allá suena a nos, y todo es nos, como todos nos allá.
Log.—Digoos que lo concluys muy auisadamente.
Her.—Mantengaos Dios, señor Honorio.
Hon.—Pues a la fe, señor, que harto pan auria menester, a segun vengo desanimado.
Her.—No oystes dezir que no biue el hombre de sólo pan?
Hon.—Esso para los delicados, como su merced, que no se contentan sino con perdizes y ansarones; pero los moços es menester que se contenten.
Her.—Teneys razon, y d'el resto qué me dezis?
Hon.—Logistico me lo a tomado todo; faltaua solamente que dize su merced holgará mucho de ver mañana a tu merced, y que dessea ver claridad si llueue, porque es escura la casa sin candela.
Her.—Esso es enigma de pelo y medio; bueno será que nos vamos a casa a decifrarlo.
Log.—Es vna Sybilla la Gemila.
Hon.—Yo lo soletrearé, señor.
Her.—Cantando.
Hon.—Sea assi: amor, amor, más te pido.
Log.—Cebolla, pan y tocino.
Her.—Buena.
Heraclio yendo a casa de Astasia, topa Asosio que speraua por Melania, y passan otras damas con que se requiebra, no le viendo.
Heraclio, Asosio, Amertia, Mania, Melania.
[Her.].—De manera que tiene mi gloria tanta fuerça, que de los brutos se dexa sentir y ver. No sabe este necio de mi moço hablar en otra cosa que en la gracia y perfectiones d'estas señoras: y es lo mejor que está medio enamorado. Lo que me incita más a gratificar amor y a la fortuna tan altos dones. Yo estoy emplazado para aora con un criado suyo; creo que es temprano, por ser fiesta y auer visitas. Mas quién es éste que se passea por acá como figura muda? habla con todo: O d'el traydor, Asosio es el Melanio, y no le quieren mal. A quién se va tan apressurado? Amertia es la señora; de asilla[708] aurá: gozemos d'estos amores mientras no nos vee.
Aso.—Qué peccados son los mios, señora Amertia, pues ha vna ora que te sigo y me huyes? No seria bueno que se boluiesen tus hermosos ojos a alumbrar mis passos?
Her.—Assi te pelen como lo dizes de verdad.
Amer.—O señor Asosio, por vida de mi madre que no te conoscia; pensé que era Logistico, que no me dexa con sus burlas.
Her.—Noramala para vos, quándo las merescistes?
Aso.—Pues, señora, qué diras en mi absencia, si a esse gentilhombre, siendo dechado de los otros, tratas assi?
Amer.—Por su vida, vn dechado de burleria.
Her.—No está loca.
Aso.—Ora sea como fuere, que no es tiempo de examinar a nadie, ni yo quiero reñir contigo.
Her.—Como sesudo.
Aso.—Quál a de ser el fin, o quándo, de mi pena?
Amer.—El infierno, si allá vas.
Aso.—Siempre me hablas fuera de proposito, pues tambien tú allá yrás si me matas.
Amer.—Va de retro.
Aso.—Pues no me mates.
Amer.—No veys qué muerto que anda y habla? y en qué te mate yo?
Aso.—Con tus mentiras.
Amer.—Hablando con reuerentia.
Aso.—Digo mal? que jamas cumples lo que prometes, como en la fiesta de antaño y lo de marras del combite.
Amer.—En la huerta d'el amiga?
Aso.—Señora, sí.
Amer.—Pues no sabes por qué lo dexé? y que me llevó mi tia a otra parte?
Aso.—Nunca te falta vna escusa.
Amer.—No es por cierto.
Aso.—Y aora no lo emendarás?
Amer.—Quándo?
Aso.—Ayer, pese a mi padre.
Amer.—Es tarde ya.
Aso.—Sea oy.
Amer.—Tengo que hazer.
Aso.—Mañana.
Amer.—No sé si podré.
Aso.—Que te pongas de lodo[709].
Her.—Seria lo mejor.
Amer.—Essos son los regalos?
Aso.—Qué quieres que diga, vida mia, que la sobra de mi desseo causa estas locuras, y busca mi passión mil modos de engañarse?
Amer.—Si assi fuesse, algo haria.
Aso.—Pese a mis males, que vees arder medio mundo y tienes frio aun.
Amer.—Más fingido es esse fuego que mi frio verdadero.
Aso.—Ayna me harás morir con tus desconfianças.
Her.—De cossario a cossario los barriles.
Amer.—No mueras todavia, que yo lo emendaré.
Aso.—Quándo?
Amer.—Mañana.
Aso.—Do?
Amer.—Fuera.
Her.—D'acuerdo estan.
Aso.—En el sobredicho lugar?
Amer.—Si, o a otra parte nos yremos passear; mas qué diran los que nos vieren? que el tiempo es malo y la gente sospechosa.
Her.—Esso lo impide.
Aso.—Se[710] que no tengo yo vna yerua que haze inuisible.
Her.—Natural seria.
Amer.—Como lo demas, baste lo dicho, que viene gente.
Aso.—Cómo a de ser?
Amer.—Yo te haré señas.
Aso.—Pues adios, amores.
Her.—Nuestra es la presa.
Aso.—O hideputa, la ciudad aqui no vuo menester diez años como en Troya.
Her.—Aosadas.
Aso.—Pero esto es gracia gratis data, que otros ay que qualquiera aldea les cuesta toda la vida: yo hablo luego a proposito, y nunca me empleo todo en vn lugar por evitar estas necedades de amores, estos suspiros, lamentaciones y otros milagros que parescen cosa de farsa.
Her.—No os apartays mucho d'el camino.
Aso.—Quántas pensays que tengo emplazadas d'esta manera? no falta más de vna para la dozena. Hecho barro a la pared, y la negra es que todo pega, aunque de principio lo ponga en duda. Yo no soy de altenarias, porque éstas tales no se entregan sino a fuerça de encantamientos y cauallerias, y todo es mentira. Vntalde los dedos con algo de lo de Midas, y diros an bene veneritis, de mi reyno soys.
Her.—Al diablo tal acertar.
Aso.—Acá mis gentes contentanse con otros metales; hagoles creer con mis astrologias que ando a la caça de la piedra philosophal, y pongolas assi en la sphera de los camaleones, comiendo yo de lo que hay por casa.
Her.—Que lo creo.
Aso.—Pues acá viene otra de las onze; por vida d'el Rey que no se va sin toque.
Her.—Salado está el amigo, y todo le viene a dar en las manos.
Aso.—Pensareys de passar assi, señora Mania?
Man.—Bien, señor Asosio, qué hazes por aqui? que de lexos te conosci.
Aso.—Y yo de lexos te spero, y de hallar vn dia gracia contigo.
Man.—Comigo, hermano? búrlaste.
Aso.—Esse es el fruto que yo saco de te seruir, dexando por ti a otras sanctas.
Man.—Assi lo dizen todos, y cada vna es en presencia la diosa Venus, mas debaxo limones.
Aso.—Bien está, si tu quieres conoscer los coraçones y juzgar por conjecturas.
Man.—Las obras dan fe d'ello y la contina experiencia.
Aso.—Pese a mi aguelo, y pagarán justos por peccadores?
Man.—Iustos?
Aso.—Iustos y buenos.
Man.—Deues tú ser vno d'ellos.
Aso.—Ni tampoco de los peores. Pero dexemos este pleito a su juez y tratemos de lo que haze más al caso.
Her.—Qué pieça! tornaos con él.
Man.—No tan cerca, señor Asosio, ni tan desembuelto, que nos pueden ver.
Her.—En esso está.
Aso.—Qué menos puedo hazer con esse fuego que sale de tus ojos y con essa gracia de ruyseñor, sino dexar el seso a la natura? Por vida desse gesto, que te duela la pena que padesco y no dilates tanto el remedio. Y si quieres saber si te meresco algo, prueuame y veras mi acendrada y pura fe.
Her.—Sin el carbon.
Man.—Pensaré en ello.
Aso.—Como siempre.
Man.—De verdad.
Aso.—Dame la mano.
Man.—Toma.
Aso.—La paz tambien, pues que la guerra a durado tanto.
Her.—Qué diligente es!
Man.—No sabes dizen que el villano por el dedo toma la mano?
Aso.—No se me da; todo se acomete por reynar.
Man.—Quedas sin culpa.
Her.—A la razon se allega.
Aso.—Pues quándo acabaremos este hijo?
Man.—Vn dia.
Aso.—El d'el juyzio.
Man.—Yo lo buscaré y te daré auiso si passares por allá. Y no puedo negarte que me pesa quando te veo.
Aso.—No quiero mas, ánima mia; la Magdalena vaya contigo.
Man.—Y quede contigo.
Aso.—Ya son dos; presto entraremos por la tercera.
Her.—Ha, ha, ha, esso tengo yo de ver.
Aso.—Esta tiene gentil garbo y es aparejada para dar quantos reales tiene, que yo no busco otros enfermos. Pero todo lo demas seria nada, si Melania acá quisiesse concluyr.
Her.—Ay te speraua.
Aso.—Porque ay de vno y otro, mas sabe más la perra que Merlin: veremos do llegará la barra haziendo diligencia, la qual venze lo impossible. Por dulçuras, coplas, requiebros, musicas y otras obras assi de manos no escapará. Y si fuere menester hazer d'el valiente y ordenar ruydo hechizo, tambien se porna de casa, saltar paredes, o passear de noche en verano; que dormir al sereno o a la lluuia en inuierno no me lo mande vuessa merced, ni tampoco dar dineros, porque soy enfermo de los riñones. Por guantes de Valencia o d'el citrino para el caron no nos desauendremos.
Her.—Demasiadamente se conforma con el tiempo; no irá d'esta vez al hospital si el meollo no le dexa.
Aso.—Todavia esto; es ora de maytines ya, quiero ver si su merced es lleuantada.
Her.—Hasta consigo vellaquea, haziendo de la vispera maytines.
Aso.—Que si no se le a oluidado dormira con piedra en mano como grulla; mira que nigromante soy y ella que assomaua, cantaremos pues,
por la calçada va el moro
por la calçada adelante,
porque la señora es entonada y dize el tenor allá.
Her.—Y vos todas las partidas, sino el tiple.
Aso.—Quién podra engañar vn amador?
Mel.—Cómo assi, señor Asosio?
Aso.—Aunque el pensamiento y natural orden de las cosas me representassen mil phantasmas y sospechas, amor, por vias ocultas, fortalescia mi sperança, dandome essos ojos, essa boca y dientes en rehenes d'el coraçon.
Her.—Ya este rio sale de madre, mas todavia bien lo finge.
Mel.—Deues hauer soñado con Carcel de Amor, o Guarino Mezquino[711].
Aso.—Antes despierto estoy en ella siempre, paresciendome mezquina toda otra guarida que no sea de tu mano.
Mel.—Y respondesme por Aristoteles.
Aso.—Qué mal hago yo en obseruar las letras de la entrada de la escuela de Platon, no entrando sin Geometria, y de como para ti tenga necessidad de todo, hize prouision en casa de vn guante lleno de artes liberales.
Mel.—Amuestra, amuestra, amores.
Aso.—Velo ay, piensas que te engaño?
Mel.—No son malas, si las otras assi saben y tienen color de datiles.
Her.—Qué par de pieças, ambos cantan a compas; quisiera estar sin mascara para tambien me doctorar, mas qué tragar haze la nouia!
Mel.—Porque no digas que no te quiero bien, como tus logicas de tan buena gana.
Aso.—Come norabuena, vida, que más quedan allá: o, pese al caballo con la mula, con esto auremos de bridalla, ya que le sabemos esta maña. Pues entraremos?
Mel.—No es posible aora, que hay gente de fuera, mas tengo pensado vn auiso de los tuyos para mañana, que nos dará más tiempo y menos recelo.
Aso.—Qué es?
Mel.—Aqui vienen aldeanos algunas vezes a vender pollos, hueuos, mançanas y otras frutas en sus cestos; toma d'esto lo que mejor te paresciere y los habitos conformes, y uernas entre nueue y diez, que seran ydos a la missa, y entrarás.
Her.—No más, no más, todo va perdido.
Aso.—Y esso no es peligro o podria saberse? que yo estimo mucho tu honrra.
Mel.—Ya lo veo, pero dexame hazer, que mi honrra y la tuya quedarán en su lugar.
Aso.—Pues d'el resto, no doy un higo por los doze Pares.
Mel.—Por esso te asseguro, y vete antes que venga nadie; pero dize si vernas?
Aso.—Qué duda! No creo en tal con la borracha, si tiene armada alguna ratonera en que me tome biuo.
Mel.—Callentura lleua.
Aso.—Pensaremos bien en ello, y si no assentare bien, podreys colgaros de vuestros lindos cabellos como Absalon, que se me da muy poco d'ellos, por seren de Saba.
Her.—Y yo assi os lo aconsejo; no le quiero hablar aora, despues se reyra por junto; mas si ello es assi, no ay que fiar, y pues ay gente, dare la buelta y boluere.
NOTAS:
[708] Azilla en la edición original.
[709] De dolo corrige la edición de 1614. De todos modos el sentido no está claro.
[710] Parece que debe decir Si.
[711] Alude á las dos novelas que llevan estos títulos.
Idona a solas hablando en Heraclio y en sus auisos y lamentandose tambien de amor.
Idona
Ya este mal no sufre compañia, porque sólo el pensamiento me descança; esto son vezes d'el tiempo, por cada vno an de passar sus auenturas. Bien pudiera la fortuna sperarme vn poco más, pues la edad y inocencia me escusauan, mas tuuo embidia a mi reposo. Esto es amor aqui entre nos, amador y amante, que él no puede estar muy lexos, si sus affectos no son fingidos, y tanto más lo entendera de mí quanto más el sexo y la honestidad defienden publicarse. O escondido fuego que me consumes! por la potencia que te mueue, que assi abrases y occupes a Heraclio los sentidos que no participe d'esta gloria con mi pena. Qué harmonia la de su carta y quán poca resistencia hazen los oydos al dulce canto de las Serenas! Despues me embió este soneto, no estando en casa mi señora, y yo vsé de vna cautela, que lo ley y trasladé y torné a embiarselo como vino. No sé de qué suerte lo tomará; estoy medrosa, aunque su discretion salue mi recelo: el tomar nada está mal a las donzellas, y peor el responder; con vn renglon pagué á ambos: perdoname, porque no sé leer otra ninguna letra que la de mi padre y madre; si oy viene por acá, como sospecho, en el gesto se lo conoscere. No puedo dexar de l'elle[712] muchas vezes ni de dalle su lugar, que es el que duele.
SONETO
El frio que penetra en cuerpo sano
Causa calor en él naturalmente,
Porque pelean ambos diestramente
Y vense vno al otro mano a mano.
Mas vuestro hermoso gesto sobrehumano
Sea en mi alma tan astutamente,
Que el fuego que la enciende, al accidente
D'el blanco y duro pecho prende en vano.
Paresce que reconosce[713] de do viene,
Y no quiere boluer por no offenderos
Sino templado y menos encendido.
Pero si en vuestros ojos se detiene
Por ver si assi podria deteneros.
De nueuo buelue todo a yr perdido.
Y pues he dado al spirito su reffection, quiero boluerme al cuerpo y esperar el ánima, que no tardará, si no ay en el campo otra que la detenga.
NOTAS:
[712] Sic en las dos ediciones, en vez de leelle.
[713] Para que conste el verso ha de leerse conosce, en vez de reconosce.
Melania sola ayrada contra Asosio y deliberada de burlalle.
Melania
Nunca medre saya, ni los dientes me aprouechen si no doy a muchas de muchos vengança oy; o hombres, dónde esta la fe, la justicia, el natural amor? en el apetito sin otro miramiento? todo es tierra mala y el artificio de satan. Estaua en la gloria de Niquea, con los amores de Amadis, teniendolo por santo, y todas sus palabras por plata fina, los sueños por reuelaciones; y aora veo todo ceniza; quisolo Dios assi, y alumbrar mi ceguedad, vista la innocentia. O traydor peruerso, yo era la Nimpha de tu fuente por quien offrescias sangre y spirito a amor? y en vn momento (sin que me viesses que te veya representar la farsa con otras dos) te alabaste al ayre y a essas paredes que trayas onze en la rueda; aguzando para mí más el ingenio, como si fuera furia infernal. Que por más no fuera que por la sinceridad de mis palabras, deuieras franquearme y romper por otra parte de la villa. Bien conosco yo las damas, y aunque no sean principales, qualquiera d'ellas se afrentara, procurando la vengança, que nadie quiere ser engañado, ni que otro le prefiera; grande fue mi sufrimiento, pues no sali luego a dar señal de tal despecho, mas la razon tiene otra fuerça. Ello está assi bien; el cauallero d'el ardiente rauia verna vender sus pollos y spero que no le falten compradores ni retorno, y que esta ira se conuierta en risa, por el señor Protheo, dios marino, que llegará a saluamiento.
Heraclio haze su visita, en la qual ha discursos varios entre él, Astasia y Idona.
Heraclio, Astasia, Aplotis, Idona.
[Her.]
De mi ventura quexoso,
de quien me agrauia contento,
de mi remedio dudoso,
mas no de mi perdimiento.
Nadie me puede priuar d'esta gloria de mi firmeza, aunque la muerte a la vida, la fortuna a lo demas lo hagan, y en la mayor fuerça de mi mal este bien solo me consuela: ni puede aquella Nimpha accusarme de descomedido en las circunstancias de mi afficion, que si en limpieza y fe deue fundarse, qualquiera della guardan mis sentidos con tanta vigilancia, que se oluidan de su officio, poniendo al fatigado cuerpo en duros terminos. Pensé que mi soneto exprimiendo los affectos del coraçon pudiesse más que los versos de Zoroastro, o las yeruas de Medea; mas el duro pecho, blanco de mis saetas ó de amor, no menos las despunta y hecha de sí que si fuera de diamante. No bastaua la licencia para no tomar ni responder, sino el oraculo dudoso, que con el sentido vario me mata, sin me quitar la vida para más pena. Aora veremos la color; puede ser que d'ella se comprehenda lo que el juyzio no alcança. Cerca estoy, quiero llamar. Ta ta ta.
Apl.—Quién llama?
Her.—Quien quiere paz y le dan guerra.
Apl.—O señor Heraclio, tu merced era?
Her.—Era, que ya me conuerti en otra piedra.
Apl.—Muchas ay que valen más que el oro.
Her.—Sí, mas no les sabemos tan particularmente las virtudes como a esse cauallero.
Apl.—Creolo.
Her.—Qué hazen por acá?
Apl.—Lo acostumbrado.
Her.—Pues yo vengo buscar más.
Apl.—Todo es prouar ventura.
Her.—D'ella soy yo bien prouado o tentado.
Apl.—No ay cosa que no se acabe.
Her.—Si antes yo no me acabo.
Apl.—Que no, señor Heraclio.
Ast.—En la oreja me sonaua tu boz, allá en mi cámara.
Her.—No seria en la izquierda.
Ast.—No, pero buenos dias.
Her.—No queria que tuuiessen otro nombre.
Ast.—Siempre vienes armado.
Her.—Y sin armas soy vencido.
Ast.—Mas no rendido.
Her.—Ay!
Ast.—Qué te duele?
Her.—Tu poco dolor.
Ast.—No lo dezia yo? entremonos si mandas.
Her.—Y aun para quedar toda la vida.
Ast.—Enfadarte ias.
Her.—Prueualo.
Ast.—Costaria caro.
Her.—Yo daria lo que queda.
Ast.—Para qué? sentemonos aqui fuera de mano, porque no venga alguno que nos estorue.
Her.—Sea assi, mas de qué te ryes?
Ast.—Tú lo sabes.
Her.—Tan clara y transparente eres!
Ast.—Sí, a quien me mira sin antojos que hazen major la letra.
Her.—Es al contrario en mí, pues no me muestran tu coraçon, ni encarescen lo que veen.
Ast.—No ves que te arguye la consciencia? pero passemos a otro proposito, cuyo principio sea preguntarte cómo estás.
Her.—Tambien yo pudiera reyrme aora y responderte que tú mesma lo sabias si dessearas entendello.
Ast.—Muy proueydo andas contra mí y sabes todauia quán senzilla y sin malicia soy.
Her.—Otra cosa me dixiste tú vna vez.
Ast.—Qué?
Her.—Que no auia malicia que no entendiesses, aunque lo dissimulasses.
Ast.—Es muy gran verdad, y aun aora te lo affirmo.
Her.—Qué puedo yo luego sperar de ti?
Ast.—No es consequencia, porque el astuto cauallero deue saber el lugar de la emboscada para hazer otra contra ella, y el diligente caçador dónde tendera sus redes sin errar. Qué daño hiziera entender Eua a la serpiente? qué pensatiuo está! qué dizes? tengo razon o no?
Her.—La que yo de amarte a pesar de todas las sierpes que me tientan.
Ast.—Qualquiera pena merescias auiendo aora juez en medio.
Her.—Por qué?
Ast.—Por diuertir de vn argumento bueno a otro que no es tal.
Her.—Deliberado estoy sufrirte sin culpa ni desculpa, porque me salua la intencion; guya pues, que yo te siguire.
Ast.—Si en mí lo dexas, no pararé hasta llegar al cielo: no miras qué sereno está, produziendo estas flores y sus alteraciones[714] con las más?
Her.—Essa es la mejor contemplacion, puesto caso que en la más pequeña parte d'ella esté vn abismo incomprehensible: pero en lo de fuera y do la vista puede llegar, ay tanta diferencia de sabores, que el menor d'ellos basta a sustentarnos quarenta años, quedando siempre el vestido nueuo y el calçado, que es en su ser naturaleza, que la virtud todo conserua como balsamo verdadero d'el spirito.
Ast.—No ves qué buena guya soy? y quán sin trabajo te lleué tan alto? pues más as de subir; no leyste alguna vez quán lexos sea de aqui al cielo?
Her.—Sy, mas deue de ser más, pues lo es tanto d'el cuerpo al ánima estando en él.
Ast.—Mas por tu fe?
Her.—Hállasse auer desde el centro de la tierra hasta la sphera de Saturno más de ocho mil años de andadura.
Ast.—Qué me cuentas?
Her.—Lo que ley.
Ast.—Qué marauillas, y qué tantos son los cielos o quál es mejor opinion? porque vuestros philosophos no concordan: cuyas reuoluciones holgaria de entender, que como sea mujer, estoy tan pobre en esto, que quando lo oygo me parescen cosas d'el otro mundo.
Her.—Ya veo que no siendo Hercules ni Atlas, pretendes ponerme el cielo sobre los hombros[715], porque desecho con el peso, se deshaga la occasion de te enfadar, mas yo haré como Adam, que dio la culpa a Eua en auer comido d'esta fruta, y tú a tus culebros maliciosos, y a cada vno cabrá assi su parte d'el castigo de la golosina.
Ast.—Cómo eres vengatiuo! mas si quieres, quede todo sobre mí, y tú en parayso contemplando.
Her.—No ves que conuerna siguir la compañia?
Ast.—Ora, pues assi a de ser, no temas nada.
Her.—Contigo no ay de qué temer, cuya vista enfrena toda ponçoña.
Ast.—Callo porque hables, y no sean todo questiones.
Her.—Essas no cesan dentro de mí, mas no para impedir seruirte. El cielo o cielos comprehenden lo criado, siendo comprehendidos del que los crió, a quien nadie comprehende, como nuestro entendimiento a las cosas corporales y a él ninguna dellas: aunque los sentidos, como medianeros y participantes de vno y otro, sean ministros de la razon en esto: que es comparada o produzida de l'ánima d'el cielo, como ella de la mente angelica, verdadera Venus, de quien Amor nascio, alçando la cara a Celio, suprema fuente de toda hermosura.
Ast.—Aora veo menos que de antes, pienso que quieres que espantada de la mucha claridad me buelua a mi primera sombra.
Her.—No hago, antes pongo vna nuue delante el sol para que puedas encarar en él sin offender los ojos.
Ast.—Menos te pidia yo.
Her.—Ay verás si me deues más de lo que confiessas.
Ast.—Prosigue, pues.
Her.—El noueno arrebata y lleua consigo todos los otros, con tal velocidad y impeto, que en veynte cuatro oras buelue a su primer lugar, haziendo ellos dentro del contrario mouimiento cada vno como le cupo en suerte, tardyo o apressurado, de cuya discordia nasce otra más suaue concordantia que esta de los elementos, que siendo materiales de las formas inferiores, son los cielos con sus planetas los instrumentos con que labran aquellos diuinos intellectos, repartidos tambien en nueue ordenes. El decimo despues del nono es el impireo imoble, forma y luz de toda otra forma y luz inferior y rayo de aquella luz inaccesible y no criada.
Ast.—Bien está, si tú me ouieras leydo otras lectiones.
Her.—Basta siendo tú el eslauon[716] y pedernal del fuego que ay en mí.
Ast.—Bien creo que qualquiera milagro haze amor, quando.
Her.—No passes de ay, que ya te entiendo. Sabete que el mio no se aparta de su sposa, mas tú adrede me persigues. Si es por acendrarle más para que meresca gozar d'ella, ya pagas todo: mas si con ánimo de verme caydo para mostrar gratitud en leuantarme, mucho más te apartas d'ella y de aquella modestia singular que en tí auia. Dessea, señora, pagarme quando yo de ti tenga necesidad, y no desseys para pagarme que yo la tenga; porque seria querer que el cielo fuesse cruel para tú te monstrares piadosa; y bien ves quánto en ello ganarias.
Ast.—Si dudas de mi intencion? aun estás muy lexos donde yo pensaua, y d'esta suerte pequeño inconuiniente seria verte caydo para ayudarte a lleuantar, lo que yo desseo, y no que caygas, por pagarte. Pero acaba lo que començaste y no te arrepientas, si no quieres que yo lo haga de deuerte.
Her.—Lo que quedaua por dezir es tanto y tal, que no admite lengua, y que en parte lo hiziesse es prohibido.
Ast.—De quién?
Her.—De quien trató d'ello.
Ast.—Aora me quexaré de ueras, pues tienes por prophanado lo que me dieses, sabiendo por quán prophano yo tenga al vulgo.
Her.—Engáñaste; todo fiaré de ti a la oreja.
Ast.—Quién está aqui que oirte pueda?
Her.—De la Luna para baxo todo es lleno de espias que nos accusan quando peccamos.
Ast.—Dizes bien, si ellas no entrassen tambien en casa.
Her.—No podran ni osarán.
Ast.—Assi, pues, dize.
Her.—Entiendes?
Ast.—Son grandes marauillas, pero en tu proceder y habla veo que te enfadas.
Her.—Desse modo ya conosces quán a tuerto me accusaste y que desseo de seruirte a tu sabor y al mio. Toma la voluntad que forçada passó los limites del ingenio y pone al juyzio en condicion de ser condenado por su loco atreuimiento, y auiendo hecho mi sermon, resta pidir la gracia que se me oluidó, por premio d'el trabajo sin otra oracion.
Ast.—Essa está en su lugar.
Her.—No lo dudo, y con esto seria tiempo de me dexar.
Ast.—Cómo?
Her.—Yo no me veo sino quando estoy contigo, porque absente estoy sin mí.
Ast.—Y si yo sé otro altar a do vienes hazer tus sacrificios?
Her.—Será de ti tan cerca, que la mayor parte del olor y fuego participes; y si andas por ay, no ay hoja en este arbol en que tú no estes scripta.
Ast.—Holgara mucho de tener que darte.
Her.—Nunca yo te pediré lo que no tienes, y con lo que me dieres seré contento, porque presumo lo harás conforme a tu magnanimidad y mi trabajo.
Ast.—Y si ruego a Dios te vea bien casado, no es harto?
Her.—Sí por cierto, y con tanta más instancia lo rogarás, quanto más prueuas que el contrario es enojoso; mas ya no puede ser, pues eres muerta, que si biuieras, sperara yo resuscitar d'estos descontentos.
Ast.—A lo imposible no ay que dizir, y más yo soy vna sombra.
Her.—Pues yo te affirmo no buscara otra ni la dexara por ningun cuerpo deste tiempo, aunque algunos me llamasen necio.
Ast.—Mal peccado, mas poco haria al caso.
Her.—Tan poco, que ya todo me sabe a lo que es.
Ast.—Essa es la salud.
Her.—Acá viene por quien el cielo se muestra más sereno, como causa efficiente de tales monstros.
Ast.—Quién? o mal hombre, tan prompto estauas? que ay, Idona?
Ido.—Tu compadre, señora, que quiere hablarte.
Ast.—No desiste que tenia compañia?
Ido.—Sí, y todavia quiero dezirte vna palabra solamente.
Her.—Ve, señora, que será algo que te importe.
Ast.—Perdonarme as?
Her.—Sí, haziendo la señora Idona penitencia.
Ast.—Iusto es; Idona ya le entiendes, trabaja por le engañar.
Ido.—No podré.
Her.—Ni es razon que el alma engañe al cuerpo.
Ido.—Ni el cuerpo al alma, como se vsa.
Her.—No en cuerpos glorificados como el mio, que de la contemplacion de tu figura todo lo malo se despide como neblina que la calor del sol gasta y consume. No me respondes?
Ido.—No ay a qué.
Her.—Harta ingratitud paresce, ya que verme no quieres boluiendo a otra parte tus hermosos ojos, no oyrme.
Ido.—Soy contraria a extremos, y suena lo que dizes a estos milagros ordinarios.
Her.—O Dios, y en qué lengua tengo de hablarte?
Ido.—En la mejor, pues que la sabes, y no sea honrra de labrios estando tan lexos d'ellos el coraçon.
Her.—No se dixo esso contra mí, pero quiere la suerte que tú lo interpretes a tu modo.
Ido.—La suerte es esclaua de la verdad.
Her.—Mucho sabes, y quien prueua lo contrario y ve el bien seruir al mal?
Ido.—No pierde todavia la virtud su natural lugar aunque sea herida y mal tratada por vn tiempo.
Her.—Qué puedo hazer sino rendirme a la dulçura de tu boz y resplandor de tus hermosos ojos? todauia no me respondes?
Ido.—Si perseueras.
Her.—Qué ingrata eres, y a eso te supo mi soneto?
Ido.—Podria ser.
Her.—Y el concierto?
Ido.—Yo no interuine en él.
Her.—Y la obediencia?
Ido.—No la passé: entendiase en presencia de mi señora, porque yo no sé leer otra letra que la suya.
Her.—Y yo la tuya quanto basta para morir.
Ido.—Hazes d'ella ponçoña?
Her.—Ponçoña no, mas oraculo dudoso.
Ido.—Poco auia que dudar en él.
Her.—Ora yo te perdono con que lo enmiendes.
Ido.—No quiero perdon.
Her.—Esso es peor; quieres decirme vna verdad?
Ido.—Si la supiese.
Her.—Sabes que te amo?
Ido.—No.
Her.—Ni lo sospechas?
Ido.—No.
Her.—No lo soñaste?
Ido.—No sueño como tú.
Her.—No te lo dixo algun spirito?
Ido.—Aun no passé la barca de Charon.
Her.—Cómo respondes fuera de lo que te meresco!
Ido.—Como me preguntas lo que no deuias.
Her.—Qué mal hago yo en amarte! concedeme vna merced.
Ido.—Qué tal?
Her.—Prometesla?
Ido.—Dize qué es.
Her.—Que seas contenta dello.
Ido.—Cómo pides tan grande sinrazon?
Her.—Por qué?
Ido.—No sabes que no es libre mi querer y que está en el aluidrio de mis señores?
Her.—Y si ellos fuessen contentos?
Ido.—Ay no ay que preguntar.
Her.—Con esso sólo me contento. Si fuesse a veros en hábitos de pastor al villar vn dia, pesarte ia?
Ido.—Ni esso deves preguntar.
Her.—Acá viene quien me hará justicia.
Ido.—Estemos a derecho.
Her.—Porque el juez es de tu parte.
Ido.—No acceptamos aqui personas ni tomamos pechos.
Ast.—Qué razones son estas? algun secreto deue ser.
Her.—Todo son sinrazones para mí.
Ast.—Por qué tratas mal los peregrinos?
Ido.—Qué meresce quien no quiere estar por las leys?
Ast.—Que le castiguen.
Ido.—Proponga su quexa y juzgalo, que yo me voy.
Her.—Porque sabes lo que lleuas y lo que dexas, ay.
Ast.—Ah, ah, ha, qué te duele, hermano?
Her.—La pena, y reyste?
Ast.—No puedo hazer menos viendo que amas y no determinas.
Her.—Si todo aquí está en que tengo de determinarme, no ves que voy y quedo? que corro y no me mudo?
Ast.—No me diras lo que piensas?
Her.—Lo que tú mesma, sin pensamiento que de seruirte pueda.
Ast.—Plazeme hasta su tiempo, por esso biue sin recelo.
Her.—A mucho me quieres obligar, haziendo vn dia solo algunas vezes tanta differencia en los hombres: quánto más los coraçones enamorados que siempre juegan a toma biuo te lo doy.
Ast.—Pues cómo a de ser?
Her.—Como quisiese el tiempo y la ventura.
Ast.—Todavia quiero que me prometas trabajar de contentarte y creresme.
Her.—A qualquiera juramento me puedes atraer dessa manera.
Ast.—Quiero ver.
Her.—Pues quándo bolueré?
Ast.—Vn dia.
Her.—Inciertamente quieres que pene?
Ast.—Mejor es que no a tiempo limitado, porque se spera cada ora.
Her.—Acuerdate de mi cuydado.
Ast.—Y tú de mi señora.
Her.—Quál d'ellas?
Ast.—De la razon, que otras vezes ya te dixe, sin la qual no deues jamas de ir acostarte, por las muchas phantasmas que la escuridad de la noche representa.
Her.—Quien a ti sirue y ama a Idona, no se parte un punto della.
Ast.—Pero sea con las circunstancias.
Her.—No tienes tan mal guarnescido mi concepto que sea de otro modo, y todavia voy por no serte más enojoso. Encomiendote en ella a mí.
Ast.—Ve en paz y buelue a vella.
Her.—Mas a buscarme sin visitar templo de dios estraño.
Ast.—Dessa manera la ternás.